{"id":11640,"date":"2026-05-31T21:26:47","date_gmt":"2026-06-01T02:26:47","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=11640"},"modified":"2026-05-31T21:26:25","modified_gmt":"2026-06-01T03:26:25","slug":"en-el-epicentro-del-ebola-medicos-y-voluntarios-estan-desbordados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=11640","title":{"rendered":"En el epicentro del \u00e9bola, m\u00e9dicos y voluntarios est\u00e1n desbordados"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/05\/31\/espanol\/mundo\/ebola-epicentro-mongbwalu-congo.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>En el estrecho y ruinoso pabell&oacute;n de &eacute;bola, un ni&ntilde;o de 5 a&ntilde;os languidec&iacute;a en un colch&oacute;n desnudo, con un pa&ntilde;uelo de papel que le taponaba la nariz para detener la incesante hemorragia. Su padre estaba junto a &eacute;l, con los ojos nublados por la preocupaci&oacute;n.<\/p>\n<p>A pocas camas de distancia yac&iacute;a el cuerpo de Christiane Bahati, de 21 a&ntilde;os, quien hab&iacute;a muerto siete horas antes pero a&uacute;n no hab&iacute;a sido trasladada. Sus zapatos segu&iacute;an metidos debajo de la cama y sus familiares lloraban reunidos a las puertas de la sala.<\/p>\n<p>El cuerpo, cubierto por una fina s&aacute;bana, era muy contagioso. Sin embargo, casi nadie en el pabell&oacute;n estaba protegido. Los familiares iban y ven&iacute;an, llevando comida y agua a los pacientes enfermos porque el hospital no ten&iacute;a nada que darles. Algunos llevaban guantes de goma o un pa&ntilde;uelo en la boca. La mayor&iacute;a no llevaba nada.<\/p>\n<p>En el pabell&oacute;n contiguo yac&iacute;a el t&eacute;cnico de laboratorio del hospital, tambi&eacute;n enfermo. Otros siete trabajadores del hospital ya hab&iacute;an muerto por lo que se sospechaba hab&iacute;a sido &eacute;bola. Pocos de los miembros del personal hab&iacute;an recibido formaci&oacute;n para combatir la enfermedad e incluso los equipos m&aacute;s rudimentarios escaseaban peligrosamente: pruebas, trajes protectores, gafas, mascarillas, incluso agua potable.<\/p>\n<p>Fuera, el ruido de los martillazos rompi&oacute; el silencio. Los trabajadores de ayuda humanitaria de M&eacute;dicos Sin Fronteras se apresuraban a levantar tiendas de aislamiento y puestos de desinfecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Alex Bogole, m&eacute;dico congole&ntilde;o de la unidad de cuidados intensivos del hospital, estaba furioso.<\/p>\n<p>El virus llevaba meses propag&aacute;ndose pr&aacute;cticamente sin obst&aacute;culos, &#8220;&iquest;y esto es lo mejor que podemos hacer?&#8221;, dijo, con una frustraci&oacute;n que traspasaba su equipo de protecci&oacute;n.<\/p>\n<p>Este es el epicentro del brote de &eacute;bola en la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo, y la primera l&iacute;nea est&aacute; completamente desbordada.<\/p>\n<p>El ministerio de Salud congole&ntilde;o declar&oacute; el brote el 15 de mayo, y ya se ha convertido en el tercero m&aacute;s grande del que se tiene constancia. Dos semanas despu&eacute;s, la respuesta internacional se est&aacute; viendo superada por el virus, y no hay casi nada que lo frene. Los grupos de ayuda humanitaria <a href=\"https:\/\/www.rescue.org\/press-release\/irc-watchlist-flash-alert-ebola-outbreak-eastern-drc-spreading-faster-response\" rel=\"nofollow\">advierten<\/a> que, sin una intervenci&oacute;n urgente, este podr&iacute;a ser el brote de &eacute;bola m&aacute;s mort&iacute;fero de la historia.<\/p>\n<p>Bogole nunca entren&oacute; para esto y estaba enfadado con todo el mundo: con el gobierno congole&ntilde;o por no detectar el brote hasta quiz&aacute; seis semanas despu&eacute;s de que empezara, y con el mundo, que apenas ha movilizado ayuda aqu&iacute; en Mongbwalu, un remoto pueblo minero de oro de unos 150.000 habitantes donde se cree que empez&oacute; el brote.<\/p>\n<p>&#8220;Celebran reuniones y reuniones&#8221;, dijo, luchando por contener su desprecio. &#8220;&iquest;Cu&aacute;l es el prop&oacute;sito de estas reuniones? La gente est&aacute; muriendo, la gente se est&aacute; infectando, la gente est&aacute; en peligro. Es muy lento&#8221;.<\/p>\n<p>Llegu&eacute; aqu&iacute; con Arlette Bashizi, fot&oacute;grafa de The New York Times, tras emprender un accidentado viaje de tres horas desde la capital regional, Bunia, a trav&eacute;s de lo que se ha convertido en la autopista del &eacute;bola, un camino de tierra lleno de baches que empez&oacute; a propagar la enfermedad mucho antes de que nadie la detectara.<\/p>\n<p>Los gigantescos camiones, que atraviesan frondosas colinas, dejan nubes de polvo cegadoras. Los soldados congole&ntilde;os de aspecto nervioso vigilan puestos de control que a menudo son poco m&aacute;s que cordeles. Los mineros del oro y las personas que huyen del conflicto rebelde entran y salen a raudales de Mongbwalu, lo que constituye un vector excelente para la propagaci&oacute;n del virus.<\/p>\n<p>Durante el mes de abril y principios de mayo, los m&eacute;dicos de Mongbwalu lucharon contra una misteriosa enfermedad que se estaba cobrando decenas de vidas en la ciudad. Result&oacute; ser el virus de Bundibugyo, que causa &eacute;bola. No existen vacunas ni tratamientos aprobados.<\/p>\n<p>Hasta el jueves, se hab&iacute;an registrado al menos 1077 casos sospechosos y 246 muertes sospechosas en este brote, <a href=\"https:\/\/www.reuters.com\/business\/healthcare-pharmaceuticals\/funding-pledges-ebola-outbreak-almost-halved-africa-cdc-says-2026-05-28\/\" rel=\"nofollow\">seg&uacute;n<\/a> los Centros para el Control y la Prevenci&oacute;n de Enfermedades de &Aacute;frica. M&aacute;s de 400 de esos casos se encuentran en Mongbwalu, una ciudad situada en el coraz&oacute;n del territorio del oro y rodeada de zonas controladas por los rebeldes, aqu&iacute; en la provincia de Ituri, en el noreste de la Rep&uacute;blica Democr&aacute;tica del Congo.<\/p>\n<p>El &eacute;bola ha desbordado las escasas capacidades de este hospital.<\/p>\n<p>Los kits de pruebas para esta especie de la enfermedad son muy dif&iacute;ciles de conseguir, y no hay una estaci&oacute;n de triaje, por lo que los pacientes que llegan que no tienen &eacute;bola corren el riesgo de ser infectados por los que s&iacute; lo tienen. De hecho, es dif&iacute;cil saber qui&eacute;n tiene &eacute;bola porque los resultados de las pruebas de la capital regional, a unos 80 kil&oacute;metros de distancia, tardan cuatro d&iacute;as o m&aacute;s en llegar, dijo el director del hospital, Richard Lokudu.<\/p>\n<p>Para entonces, muchos pacientes ya han muerto.<\/p>\n<p>&#8220;He estado dici&eacute;ndole a la gente que necesitamos los resultados de inmediato&#8221;, dijo Lokudu.<\/p>\n<p>Los lamentos llegaban hasta su despacho. Varias veces al d&iacute;a, la noticia de la muerte de un paciente de &eacute;bola desencadena explosiones de dolor, dijo. Los familiares gritan, gesticulan y se revuelcan por la hierba. Mirando en su cuaderno, Lokudu hizo un recuento: al menos 30 pacientes hab&iacute;an muerto en el hospital en los 12 d&iacute;as anteriores. Muchos m&aacute;s hab&iacute;an muerto en sus casas por todo el pueblo.<\/p>\n<p>M&aacute;s all&aacute; de las puertas del hospital, los residentes estaban sumidos en el miedo y la confusi&oacute;n, dijo. Mongbwalu no se hab&iacute;a visto afectada por el &uacute;ltimo brote de &eacute;bola en Ituri, que comenz&oacute; en 2018 y termin&oacute; en 2020. Ahora, ante el repentino aumento de muertes, muchos se negaron a aceptar que el virus era real y centraron su ira en el hospital, el Hospital General de Mongbwalu, que tiene 135 camas.<\/p>\n<p>Algunos dijeron que el brote era un complot para ganar dinero urdido por m&eacute;dicos congole&ntilde;os y trabajadores de ayuda humanitaria extranjeros. Otros lo calificaron de maldici&oacute;n. Seg&uacute;n los m&eacute;dicos, los primeros s&iacute;ntomas del &eacute;bola suelen parecerse a los de otras enfermedades, como la malaria o la fiebre tifoidea, de modo que cuando los pacientes acuden al hospital, muchos ya est&aacute;n muy enfermos y mueren r&aacute;pidamente, lo que aumenta las sospechas y la desconfianza.<\/p>\n<p>Una multitud enfurecida se congreg&oacute; ante la puerta principal del hospital, donde soldados armados montaban guardia. &#8220;&iexcl;Asesinos!&#8221;, nos gritaron cuando llegamos, al confundirnos con trabajadores de ayuda humanitaria extranjeros.<\/p>\n<p>Dos noches antes, unos agresores hab&iacute;an incendiado una sala de aislamiento del hospital, poco despu&eacute;s de que M&eacute;dicos Sin Fronteras la instalara. En medio del caos, 18 pacientes sospechosos de tener &eacute;bola huyeron de sus camas y desaparecieron en la ciudad, lo que pod&iacute;a propagar a&uacute;n m&aacute;s el virus.<\/p>\n<p>Un todoterreno con la ventanilla destrozada estaba estacionado frente a la oficina de Lokudu. Un d&iacute;a antes, unos residentes enfurecidos lo hab&iacute;an perseguido por los terrenos del hospital lanz&aacute;ndole piedras, dijo.<\/p>\n<p>&#8220;Realmente estamos en una crisis terrible&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>&#8220;Estamos aqu&iacute; para salvarlos&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;. &#8220;Creen que queremos matarlos&#8221;.<\/p>\n<p>Otros factores ayudan a explicar por qu&eacute; Mongbwalu es el centro del brote. Los murci&eacute;lagos frug&iacute;voros, que seg&uacute;n los cient&iacute;ficos son un reservorio natural del virus de Bundibugyo, se posan en grandes cantidades en los &aacute;rboles de las afueras de la ciudad, lo que introduce el riesgo de transmisi&oacute;n.<\/p>\n<p>La miner&iacute;a de oro y el conflicto hacen que un flujo diverso de personas atraviese constantemente la ciudad. Los mineros que buscan ingresos llegan aqu&iacute; desde otras provincias, o incluso a trav&eacute;s de las fronteras, y luego regresan a casa. El negocio del oro atrae a comerciantes, prostitutas y contrabandistas.<\/p>\n<p>Antes del brote, la ciudad era un refugio en una regi&oacute;n inestable donde los conflictos &eacute;tnicos han hecho estragos durante d&eacute;cadas. Los desplazados acuden a Mongbwalu desde las zonas rurales circundantes en busca de seguridad. Pero tambi&eacute;n regresan, quiz&aacute; ahora con el virus.<\/p>\n<p>&#8220;Es una suma de factores&#8221;, dijo Esther Sterk, asesora de medicinas tropicales de M&eacute;dicos Sin Fronteras, quien lleg&oacute; a Mongbwalu esta semana.<\/p>\n<p>Lokudu, el director del hospital, cree que puede haber tratado a una de las primeras v&iacute;ctimas del brote.<\/p>\n<p>Dijo que el 6 de abril hab&iacute;a operado a una joven que hab&iacute;a sufrido un aborto espont&aacute;neo en una fase avanzada de su embarazo. Mientras le practicaba una ces&aacute;rea, observ&oacute; unas manchas de sangre inusuales en sus &oacute;rganos. Seis horas despu&eacute;s, dijo, la mujer muri&oacute;. En las semanas siguientes, los m&eacute;dicos que la trataron enfermaron.<\/p>\n<p>El anestesista muri&oacute; el 9 de mayo, dijo Lokudu. El asistente quir&uacute;rgico muri&oacute; un d&iacute;a despu&eacute;s. Lokudu dijo que &eacute;l tambi&eacute;n enferm&oacute; casi al mismo tiempo, pero sobrevivi&oacute;. No est&aacute; seguro de c&oacute;mo, aunque se&ntilde;al&oacute; que se hab&iacute;a vacunado durante el brote anterior, aunque contra una especie diferente de &eacute;bola.<\/p>\n<p>&#8220;Quiz&aacute; eso me salv&oacute;&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Ahora, su atenci&oacute;n se centraba en la multitud de la puerta. Eran seguidores de Sylvestre Atama, un carism&aacute;tico predicador cat&oacute;lico que hab&iacute;a muerto el d&iacute;a anterior, solo unas horas despu&eacute;s de que las pruebas confirmaran que ten&iacute;a &eacute;bola. Sus seguidores, atormentados de dolor, convergieron en el hospital para exigir su cuerpo para celebrar su funeral. Lokudu se neg&oacute;.<\/p>\n<p>Las pr&aacute;cticas funerarias tradicionales implican tocar el cad&aacute;ver. Lokudu tem&iacute;a que un funeral no controlado se convirtiera en un evento de supercontagio, que transmitiera la enfermedad a a&uacute;n m&aacute;s personas. La multitud atac&oacute; a Lokudu golpeando su coche con piedras. Aunque hab&iacute;a soldados apostados en la puerta, las amenazas continuaron.<\/p>\n<p>&#8220;Quieren el cuerpo a como d&eacute; lugar&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Esa noche, mientras nos instal&aacute;bamos en el hotel, sonaron disparos. Una multitud de m&aacute;s de 100 hombres, algunos armados con machetes y palos, atacaron el hospital para llevarse el cuerpo del predicador. La polic&iacute;a y los soldados hicieron disparos de advertencia para repelerlos, dijeron los testigos.<\/p>\n<p>La batalla dur&oacute; cinco horas, seg&uacute;n me cont&oacute; el jefe de polic&iacute;a, Djuma Yaweli. En medio del caos, m&aacute;s enfermos de &eacute;bola abandonaron sus camas y corrieron en busca de seguridad, lo que pudo llevar el virus a sus seres queridos.<\/p>\n<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, tras cuidadosas negociaciones, una fila de soldados escolt&oacute; el cuerpo de Atama a trav&eacute;s de la ciudad hasta un entierro seguro junto a la iglesia cat&oacute;lica.<\/p>\n<p>Los expertos de la OMS afirman que el desarrollo de una vacuna contra esta especie de &eacute;bola podr&iacute;a llevar entre seis y nueve meses. Hasta entonces, &#8220;debemos hacer lo que podamos con lo que tenemos&#8221;, dijo Lokudu. &#8220;Si no, &iquest;qui&eacute;n lo har&aacute;?&#8221;.<\/p>\n<p>Las puertas del pabell&oacute;n de &eacute;bola se abrieron. Sali&oacute; un trabajador de la Cruz Roja, con el mismo tipo de traje protector que nos hab&iacute;amos puesto para entrar en las salas del hospital. Rociando desinfectante a su paso, le segu&iacute;an unos voluntarios que llevaban una bolsa blanca sellada.<\/p>\n<p>Conten&iacute;a los restos de Bahati, la joven de 21 a&ntilde;os cuyo cuerpo se hab&iacute;a quedado all&iacute; muchas horas tras su muerte.<\/p>\n<p>Los dolientes se afligieron mientras colocaban la bolsa con los restos en un ata&uacute;d, lament&aacute;ndose y golpe&aacute;ndose. &#8220;&iexcl;Ens&eacute;&ntilde;anos su cuerpo!&#8221;, gritaba uno.<\/p>\n<p>El esposo de Bahati, H&eacute;ritier Alezo, observaba desde la distancia. A&uacute;n no hab&iacute;a dicho a sus hijos, de 2 y 3 a&ntilde;os, que su madre hab&iacute;a muerto. &#8220;&iquest;C&oacute;mo iban a entenderlo?&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Rechazaba con hast&iacute;o las teor&iacute;as conspirativas que circulaban por las calles para explicar el azote. &Eacute;l ten&iacute;a la prueba definitiva, la m&aacute;s dolorosa.<\/p>\n<p>&#8220;En mi opini&oacute;n&#8221;, dijo con firmeza, &#8220;el &eacute;bola existe&#8221;.<\/p>\n<p>La puerta del pabell&oacute;n de &eacute;bola volvi&oacute; a cerrarse. Pero tambi&eacute;n hab&iacute;a destellos de esperanza. Emmanuel Cyrille, un ni&ntilde;o enfermo de 5 a&ntilde;os, segu&iacute;a luchando.<\/p>\n<p>Solo unos d&iacute;as antes hab&iacute;a estado en la escuela, hasta que los maestros lo enviaron a casa cuando le subi&oacute; la fiebre. Pronto empez&oacute; a sangrar.<\/p>\n<p>El viernes por la tarde, su padre envi&oacute; un mensaje diciendo que Emmanuel estaba sentado y pidiendo sus juguetes. La hemorragia hab&iacute;a cesado.<\/p>\n<p>Dijo que esperaba volver pronto a casa.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/declan-walsh\" rel=\"nofollow\">Declan Walsh<\/a><\/em> es el corresponsal principal en &Aacute;frica para el Times, radicado en Nairobi, Kenia. Antes ha reportado desde El Cairo, cubierto el Medio Oriente, e Islamabad, Pakist&aacute;n.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el estrecho y ruinoso pabell\u00f3n de \u00e9bola, un ni\u00f1o de 5 a\u00f1os languidec\u00eda en un colch\u00f3n desnudo, con un pa\u00f1uelo de papel que le taponaba la nariz para detener la incesante hemorragia. Su padre estaba junto a \u00e9l, con los ojos nublados por la preocupaci\u00f3n. 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