{"id":12864,"date":"2026-06-12T14:53:09","date_gmt":"2026-06-12T19:53:09","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=12864"},"modified":"2026-06-12T14:21:23","modified_gmt":"2026-06-12T20:21:23","slug":"en-el-sindicato-de-cesar-chavez-las-mujeres-solian-trabajar-con-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=12864","title":{"rendered":"En el sindicato de Cesar Chavez, las mujeres sol\u00edan trabajar con miedo"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/06\/12\/espanol\/estados-unidos\/cesar-chavez-dolores-huerta-abuso-sexual.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Muchas de las mujeres que ayudaron a liderar la lucha por los derechos civiles de los latinos dicen que, en silencio, libraban sus propias batallas contra el acoso, la misoginia y las agresiones sexuales dentro de la poderosa Uni&oacute;n de Campesinos.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de ver en el colegio un documental sobre trabajadores agr&iacute;colas que eran golpeados en los piquetes, Anita Romero Torres tuvo un sue&ntilde;o: unirse a Cesar Chavez y a la Uni&oacute;n de Campesinos (conocida como UFW, por su sigla en ingl&eacute;s). En 1977, con 17 a&ntilde;os, lleg&oacute; a <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/03\/29\/us\/cesar-chavez-la-paz.html\" rel=\"nofollow\">la sede del sindicato en La Paz<\/a>, en las monta&ntilde;as de California. Pero a las pocas semanas, empez&oacute; a sentir miedo, no de los agitadores en los piquetes, sino de los hombres con los que trabajaba.<\/p>\n<p>En el departamento al que la asignaron, su supervisor empez&oacute; a llamarla varias veces al d&iacute;a, record&aacute;ndole que pasar&iacute;an juntos mucho tiempo a solas en los campos. &#8220;A veces ser&aacute; muy tarde por la noche en lugares muy aislados&#8221;, le dijo &eacute;l, seg&uacute;n ella. &#8220;Nadie sabr&aacute; d&oacute;nde estamos&#8221;.<\/p>\n<p>Las llamadas &#8220;me parec&iacute;an muy extra&ntilde;as e inc&oacute;modas&#8221;, dijo. &#8220;B&aacute;sicamente me estaba diciendo que me iba a llevar a alg&uacute;n campo y violarme&#8221;.<\/p>\n<p>Cuando denunci&oacute; las llamadas a Chavez, la respuesta fue, para ella, una lecci&oacute;n devastadora sobre las prioridades institucionales. Chavez le dijo que el hombre era demasiado importante para la causa como para despedirlo. Su soluci&oacute;n fue trasladar a la esposa del hombre a su departamento para que lo vigilara.<\/p>\n<p>El acoso, dijo, no se detuvo ah&iacute;. Otro compa&ntilde;ero de trabajo la manose&oacute; en la oficina. Otro la acorral&oacute; en una habitaci&oacute;n cerrada con llave e intent&oacute; abusar de ella antes de que ella lograra escapar por poco. Tres a&ntilde;os despu&eacute;s de empezar, Romero Torres renunci&oacute;.<\/p>\n<p>&#8220;Se volvi&oacute; imposible hacer lo que hab&iacute;a venido a hacer, lo que amo hacer&#8221;, dijo. &#8220;Lo que me rompi&oacute; el coraz&oacute;n de la UFW es que sent&iacute; que me fui por la forma en que se comportaban los hombres all&iacute;&#8221;.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/03\/18\/espanol\/estados-unidos\/cesar-chavez-abuso-sexual-ninas.html\" rel=\"nofollow\">Una investigaci&oacute;n de The New York Times<\/a> este a&ntilde;o sac&oacute; a la luz pruebas sustanciales de que Chavez, una figura clave en la historia de los derechos civiles de Estados Unidos, hab&iacute;a abusado sexualmente de j&oacute;venes adolescentes y se hab&iacute;a involucrado en otras conductas sexuales inapropiadas durante d&eacute;cadas. Las revelaciones provocaron un ajuste de cuentas a nivel nacional, con comunidades de todo el pa&iacute;s <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/03\/21\/us\/cesar-chavez-statues-murals-removed.html\" rel=\"nofollow\">cancelando eventos, retirando estatuas<\/a> y <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/04\/23\/us\/cesar-chavez-art-changes.html\" rel=\"nofollow\">reevaluando obras de arte<\/a> que homenajeaban a Chavez.<\/p>\n<p>Pero el abuso no empez&oacute; ni termin&oacute; con Chavez, seg&uacute;n muestran nuevas entrevistas y documentos. Muchas otras mujeres sufrieron acoso y agresiones sexuales devastadoras por parte de hombres con los que trabajaban &#8211;incluidos altos directivos&#8211; incluso mientras ayudaban a organizar las marchas, los boicots y las campa&ntilde;as de afiliaci&oacute;n que sentaron las bases del movimiento por los derechos civiles de los latinos en Estados Unidos.<\/p>\n<p>Antiguos compa&ntilde;eros de trabajo, familiares y amigos ayudaron a corroborar los relatos de varias de estas mujeres, al igual que los documentos de los archivos del sindicato. Algunas de las mujeres pidieron que no se identificara p&uacute;blicamente a los hombres a los que acusaban de abusos por miedo a demandas o represalias f&iacute;sicas.<\/p>\n<p>A lo largo de los a&ntilde;os, la UFW empoder&oacute; a las mujeres de formas poco habituales en una &eacute;poca menos progresista. Chavez ascendi&oacute; a varias a puestos de liderazgo, incluida Dolores Huerta, quien fund&oacute; la UFW con &eacute;l. Las mujeres sol&iacute;an desempe&ntilde;ar funciones de organizadoras, jefas de piquetes y l&iacute;deres de boicots.<\/p>\n<p>Pero, en privado, seg&uacute;n muestran las entrevistas y los registros del sindicato, las mujeres sufr&iacute;an bajo una cultura mis&oacute;gina. M&aacute;s de una decena de mujeres dijeron en entrevistas que fueron acosadas, manoseadas, presionadas para mantener relaciones sexuales o agredidas por hombres vinculados al sindicato, desde trabajadores agr&iacute;colas hasta altos cargos, desde la d&eacute;cada de 1970 hasta mediados de la de 1990.<\/p>\n<p>Sus acusaciones sol&iacute;an ser ignoradas o descartadas como algo secundario respecto a la misi&oacute;n del sindicato y como un comportamiento inevitable de los hombres. A algunas de las que alzaron la voz se las tach&oacute; de esp&iacute;as seductoras o provocadoras.<\/p>\n<p>Una mujer relat&oacute; una pelea en un dormitorio donde un compa&ntilde;ero organizador intent&oacute; violarla. Otra dijo que ten&iacute;a 18 a&ntilde;os cuando accedi&oacute; a tener relaciones sexuales con su supervisor en una habitaci&oacute;n de hotel; a la semana siguiente, &eacute;l la traslad&oacute; a una oficina lejana.<\/p>\n<p>Huerta, de 96 a&ntilde;os, <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/03\/19\/espanol\/estados-unidos\/dolores-huerta-cesar-chavez-union-campesinos.html\" rel=\"nofollow\">revel&oacute; en una entrevista con el Times en marzo que Chavez la hab&iacute;a agredido sexualmente<\/a> en una ocasi&oacute;n y la hab&iacute;a presionado a mantener relaciones sexuales con &eacute;l en otra. Pero el nuevo reportaje del Times, que incluy&oacute; entrevistas con antiguos compa&ntilde;eros del sindicato y un an&aacute;lisis de los archivos del sindicato, sugiere que varias mujeres se quejaron de que Huerta a menudo no las apoyaba y rechazaba sus denuncias de sexismo.<\/p>\n<p>La UFW de la d&eacute;cada de 1970 no es la UFW de hoy. Gran parte de los abusos se produjeron en una &eacute;poca en la que casi no hab&iacute;a espacio social ni organizativo para que las mujeres denunciaran las agresiones sexuales.<\/p>\n<p>En 2018, Teresa Romero se convirti&oacute; en la primera mujer presidenta del sindicato. Despu&eacute;s de que The New York Times publicara su investigaci&oacute;n sobre Chavez en marzo, Romero ayud&oacute; a la UFW a establecer un sistema para que las mujeres contaran sus historias de abusos por parte de Chavez y a iniciar un proceso de reconciliaci&oacute;n.<\/p>\n<p>En la actualidad se ofrece a estas mujeres asesoramiento y una <a href=\"https:\/\/www.workingideal.com\/healinglacausa\/\" rel=\"nofollow\">l&iacute;nea de atenci&oacute;n para casos de crisis<\/a> disponible las 24 horas. Los l&iacute;deres sindicales cuentan con pol&iacute;ticas de prevenci&oacute;n del acoso sexual que se revisan y actualizan peri&oacute;dicamente, dijo.<\/p>\n<p>&#8220;Nunca habr&iacute;a imaginado algunos de los testimonios que hemos escuchado, bas&aacute;ndome en mis experiencias personales como mujer en la UFW, y solo puedo imaginar el valor que hace falta para dar un paso al frente y compartir historias como estas&#8221;, dijo Romero en un comunicado.<\/p>\n<p>Las entrevistas con mujeres de &eacute;pocas anteriores dejan claro que los problemas no terminaron con la muerte de Chavez en 1993.<\/p>\n<p>Ese mismo a&ntilde;o, Paulina Gonzalez-Brito, hija de una trabajadora de la confecci&oacute;n, se uni&oacute; al sindicato a los 18 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Un d&iacute;a, en la oficina de Los &Aacute;ngeles, cont&oacute;, un compa&ntilde;ero organizador la empuj&oacute; sobre una silla de oficina y empez&oacute; a frotarse contra ella mientras se re&iacute;a. Acudi&oacute; a la esposa de un miembro de la junta del sindicato en busca de ayuda.<\/p>\n<p>&#8220;Se lo tom&oacute; muy a la ligera&#8221;, dijo Gonzalez-Brito. &#8220;Me dijo: &#8216;Oh, solo est&aacute; bromeando&#8217; o &#8216;Seguro que solo estaba payaseando'&#8221;.<\/p>\n<p>Al a&ntilde;o siguiente, mientras trabajaba para el sindicato en Delano, California, Gonzalez-Brito dijo que un trabajador agr&iacute;cola la empuj&oacute; contra una pared y la bes&oacute; a la fuerza. Denunci&oacute; la agresi&oacute;n a un l&iacute;der veterano de la UFW, quien prometi&oacute; darle una respuesta, pero no se tom&oacute; ninguna medida, seg&uacute;n ella.<\/p>\n<p>&#8220;Esperas que vivan seg&uacute;n sus valores&#8221;, dijo Gonzalez-Brito. &#8220;Esperas que te protejan porque eso es lo que hace un sindicato&#8221;.<\/p>\n<p>En una demanda federal presentada en 1997 en California, dos trabajadoras agr&iacute;colas, Leticia Maravilla y Gloria Perales, demandaron al sindicato por acoso sexual. Alegaron que Efren Barajas, quien dirig&iacute;a la campa&ntilde;a de organizaci&oacute;n en Watsonville, les hab&iacute;a ordenado que ofrecieran favores sexuales a los trabajadores de las plantaciones de fresas como incentivo para que se afiliaran al sindicato.<\/p>\n<p>&#8220;Si los trabajadores agr&iacute;colas no quieren firmar la tarjeta sindical, acu&eacute;state con ellos &#8211;&iquest;a qui&eacute;n le importa si te ensucias un poco?&#8221;, le habr&iacute;a dicho Barajas a Maravilla, quien reiter&oacute; las acusaciones en una entrevista. Barajas no respondi&oacute; a las solicitudes de comentarios.<\/p>\n<p>La UFW neg&oacute; las acusaciones cuando se present&oacute; la demanda, y Huerta dijo en ese momento que se trataba de un intento de la industria de la fresa de descarrilar la organizaci&oacute;n sindical. Los abogados del sindicato argumentaron que las mujeres no hab&iacute;an agotado sus recursos administrativos antes de recurrir a una demanda, y las demandantes retiraron posteriormente el caso.<\/p>\n<p>Impulsadas por el deseo de ayudar al sindicato a conseguir justicia para los trabajadores agr&iacute;colas, muchas de las mujeres con las que habl&oacute; The New York Times mantuvieron sus historias en secreto durante d&eacute;cadas, incluso dentro de sus propias familias. Muchas dijeron que segu&iacute;an sufriendo estr&eacute;s postraum&aacute;tico y pesadillas recurrentes, y describieron su paso por el movimiento como uno de los periodos m&aacute;s devastadores de sus vidas.<\/p>\n<p>&#8220;Es como tener un secreto tan vergonzoso que te sientes responsable de &eacute;l&#8221;, dijo una antigua voluntaria del sindicato, Amanda Chavez, quien no tiene parentesco con Cesar Chavez. Describi&oacute; un episodio que, seg&uacute;n cont&oacute;, ocurri&oacute; en 1991, poco despu&eacute;s de unirse al sindicato, cuando un organizador de la UFW la tir&oacute; al suelo de un apartamento en Chula Vista, California, la desnud&oacute; e intent&oacute; violarla, mientras ella se defend&iacute;a desesperadamente.<\/p>\n<p>Todav&iacute;a sue&ntilde;a con el ataque. &#8220;Siempre es en la oscuridad, estoy en el suelo, hay barro y maleza que me sujeta, y alguien encima de m&iacute;, y s&eacute; que es &eacute;l&#8221;, dijo.<\/p>\n<p><em>Una violaci&oacute;n en el campo<\/em><\/p>\n<p>Liz Sullivan, originaria de los huertos de melocotoneros y los arrozales de Marysville, California, ten&iacute;a 19 a&ntilde;os cuando se uni&oacute; al sindicato. En 1975, ya hab&iacute;a ayudado a establecer un centro de servicios de la UFW en su ciudad natal.<\/p>\n<p>La trasladaron al valle de Coachella en el invierno de 1976. En aquel momento, Coachella era un crisol del movimiento: una vasta y &aacute;rida extensi&oacute;n del desierto de Colorado conocida por sus palmeras datileras y uvas de mesa, pero famosa entre los organizadores por ser territorio hostil. Los agricultores se resist&iacute;an con fuerza a la apuesta del sindicato por conseguir contratos laborales.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de una reuni&oacute;n de organizaci&oacute;n en 1977, Sullivan le di&oacute; un avent&oacute;n al hijo de un capataz de una granja cercana y al hijo de un exmiembro del sindicato. Dijo que iban por un camino apartado entre vi&ntilde;edos cuando sus neum&aacute;ticos se atascaron en el suelo arenoso.<\/p>\n<p>Los dos hombres, quienes hab&iacute;an estado bebiendo cerveza, le exigieron tener relaciones sexuales con ella. Sullivan empez&oacute; a correr, pero los hombres la arrastraron por las piernas de vuelta al coche, donde ella dijo que los hombres la obligaron a subir al asiento trasero y se turnaron para violarla.<\/p>\n<p>A duras penas, Sullivan regres&oacute; a pie a una casa del sindicato y denunci&oacute; la agresi&oacute;n a su supervisor, David Martinez, y a una de las directoras, Ruth Shy. En la cl&iacute;nica del sindicato le ofrecieron Valium para calmar sus nervios, pero luego le pidieron que volviera al vi&ntilde;edo a recoger el veh&iacute;culo del sindicato que hab&iacute;a estado conduciendo.<\/p>\n<p>El interior del coche, record&oacute; Sullivan, era una escena repugnante que ol&iacute;a a cerveza y semen. Eso la oblig&oacute; a revivir la horrible experiencia.<\/p>\n<p>Sullivan dijo que decidi&oacute; no denunciar la violaci&oacute;n a la polic&iacute;a, ya que los ve&iacute;a como hostiles al sindicato y tem&iacute;a que los viticultores utilizaran el episodio para desacreditar el movimiento si se hac&iacute;a p&uacute;blico. Pero varios antiguos miembros del sindicato, incluidos miembros de la junta, dijeron que se les hab&iacute;a informado de la agresi&oacute;n.<\/p>\n<p>Aunque el sindicato acab&oacute; asignando un guardaespaldas para que acompa&ntilde;ara a Sullivan en el campo, otras organizadoras fueron enviadas a la granja donde se hab&iacute;a producido el ataque sin protecci&oacute;n alguna, dijo ella.<\/p>\n<p>Semanas despu&eacute;s de la agresi&oacute;n, en la misma granja, otra organizadora recibi&oacute; insultos de car&aacute;cter sexual y los agricultores embistieron su coche, seg&uacute;n concluy&oacute; la Junta Estatal de Relaciones Laborales Agr&iacute;colas en una investigaci&oacute;n por pr&aacute;cticas laborales injustas.<\/p>\n<p>Durante ese mismo periodo, circulaba entre los trabajadores agr&iacute;colas de la zona un folleto con el dibujo de una organizadora sindical que ofrec&iacute;a &#8220;beneficios&#8221; a los trabajadores. La ilustraci&oacute;n, que la junta de relaciones laborales determin&oacute; m&aacute;s tarde que hab&iacute;a sido creada y distribuida por la empresa propietaria del rancho donde ocurri&oacute; la violaci&oacute;n, suger&iacute;a que las organizadoras vend&iacute;an sexo a cambio de votos para el sindicato, en un aparente intento de desacreditar los esfuerzos de organizaci&oacute;n del sindicato.<\/p>\n<p>Sullivan empez&oacute; a contactar directamente a las mujeres para darles consejos de seguridad sobre c&oacute;mo evitar ir solas a los campamentos de trabajo. Otra organizadora, Phyllis Hasbrouck, sugiri&oacute; que formaran un grupo de seguridad para mujeres.<\/p>\n<p>Un grupo incipiente de unas ocho mujeres &#8211;organizadoras de campo, secretarias y trabajadoras de cl&iacute;nicas, incluida Linda Rodriguez, la hija de Chavez&#8211; se reuni&oacute; para hablar de seguridad y de lo que ellas llamaban la &#8220;condici&oacute;n de segunda clase&#8221; de las mujeres en el sindicato. Pero poco despu&eacute;s de la formaci&oacute;n del grupo, se anunci&oacute; una reuni&oacute;n obligatoria con todo el personal.<\/p>\n<p>Hasbrouck y Sullivan dijeron que se sentaron con el resto del personal en una sala sofocante mientras tres de los principales lugartenientes de Chavez &#8211;Eliseo Medina, Marshall Ganz y Jim Drake&#8211; proced&iacute;an a interrogar y atacar verbalmente a las mujeres involucradas en el grupo de seguridad, a quienes acusaron de intentar arruinar el movimiento.<\/p>\n<p>M&aacute;s tarde, Hasbrouck se vio obligada a dimitir, acusada de contraorganizaci&oacute;n. Un dirigente sindical se quej&oacute; ante otros miembros de la junta de que ella hab&iacute;a destrozado su matrimonio con &#8220;la liberaci&oacute;n femenina y todas esas tonter&iacute;as&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Eso me destroz&oacute;&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Sullivan dijo que abandon&oacute; el sindicato asqueada.<\/p>\n<p>&#8220;En lugar de abordar las importantes preocupaciones de seguridad que surgieron a ra&iacute;z de mi violaci&oacute;n&#8221;, dijo, la UFW &#8220;tach&oacute; de &#8216;contraorganizaci&oacute;n&#8217; cualquier conversaci&oacute;n sobre seguridad&#8221;.<\/p>\n<p>En entrevistas recientes, tanto Medina como Ganz dijeron que no recordaban la reuni&oacute;n de todo el personal, aunque s&iacute; recordaban haber o&iacute;do hablar de la violaci&oacute;n de Sullivan, y los registros de las reuniones de la junta directiva muestran que los altos dirigentes discutieron tanto sobre el grupo de mujeres como sobre el despido de Hasbrouck. Drake falleci&oacute; en 2001.<\/p>\n<p>Ganz dijo que no recordaba haber presionado a Hasbrouck para que dimitiera. Sin embargo, afirm&oacute; que hab&iacute;a llegado a la conclusi&oacute;n de que la direcci&oacute;n del sindicato hab&iacute;a ido demasiado lejos al llevar a cabo las purgas de Chavez contra aquellos que &eacute;l consideraba desleales o ineficaces.<\/p>\n<p>&#8220;Eliseo, yo y otros, hubo un momento en el que deber&iacute;amos haber alzado la voz y haberle plantado cara&#8221;, dijo Ganz. &#8220;Nos convencimos a nosotros mismos de que, de alguna manera, esto pasar&iacute;a porque el trabajo que est&aacute;bamos haciendo ten&iacute;a mucho valor&#8221;.<\/p>\n<p><em>Una cultura de abuso<\/em><\/p>\n<p>Chavez estaba en el centro de la cultura de sexismo y abuso del sindicato. Despu&eacute;s de que el Times publicara el relato de mujeres que afirmaron haber sido acosadas repetidamente por el l&iacute;der sindical cuando eran menores de edad, varias m&aacute;s dieron un paso al frente y dijeron que a ellas tambi&eacute;n las hab&iacute;an presionado para que mantuvieran relaciones sexuales con Chavez cuando eran j&oacute;venes en el movimiento. Muchas siguen sin querer compartir sus historias p&uacute;blicamente, y algunas temen la condena de sus propias familias.<\/p>\n<p>Romero Torres, quien se hab&iacute;a quejado de su jefe, dijo que tambi&eacute;n hab&iacute;a sufrido acoso por parte de Chavez.<\/p>\n<p>A las pocas semanas de su llegada a la sede del sindicato, dijo, Chavez empez&oacute; a llamarla para que hiciera tareas nocturnas en su oficina, donde intent&oacute; besarla, le dijo que quer&iacute;a que tuviera hijos con &eacute;l y le propuso repetidamente retirarse a un apartamento secreto, financiado por el sindicato, donde pudieran estar a solas.<\/p>\n<p>Ella se dio cuenta de que &eacute;l no har&iacute;a nada respecto a los hombres del sindicato que le hac&iacute;an insinuaciones no deseadas cuando &eacute;l mismo se comportaba de manera similar.<\/p>\n<p>&#8220;Tuve que renunciar a lo que m&aacute;s quer&iacute;a en el mundo&#8221;, dijo, &#8220;por culpa de todos esos hombres a los que no les importaba lo mucho que me hicieron da&ntilde;o&#8221;.<\/p>\n<p>El esposo de Romero Torres, Henry Torres, que en aquel momento trabajaba en el sindicato, dijo que en aquel momento ten&iacute;an poco de haberse conocido, pero que ella le hab&iacute;a contado algunas de sus quejas. Dos antiguos trabajadores del sindicato recordaron que a Romero Torres la citaban con frecuencia en la oficina de Chavez, pero el Times no pudo verificar de forma independiente su relato sobre las burlas de su antiguo supervisor, que, seg&uacute;n ella, &#8220;me aterrorizaban&#8221;.<\/p>\n<p>El supervisor neg&oacute; haber hecho tales comentarios, calific&oacute; su relato de &#8220;calumnioso&#8221; y &#8220;disparates&#8221;, y se neg&oacute; a hacer m&aacute;s comentarios.<\/p>\n<p>Otras mujeres han denunciado acoso similar. Clara Solis, quien tambi&eacute;n trabaj&oacute; para el sindicato en la d&eacute;cada de 1970, dijo que a ella y a otra trabajadora un miembro de la junta del sindicato les ofreci&oacute; alojamiento en una caravana durante un mes durante una huelga de hortalizas en Calexico, California, en 1979. Dijo que una noche se despertaron y se encontraron con que el hombre se hab&iacute;a metido en la cama con ellas. En otra ocasi&oacute;n, dijo, otro miembro del personal del sindicato intent&oacute; obligarla a mantener relaciones sexuales, y aunque ella escap&oacute;, &eacute;l le advirti&oacute; que guardara silencio al respecto. &#8220;Me dijo: &#8216;Si se lo cuentas a alguien, matar&eacute; a tus padres. S&eacute; d&oacute;nde vives'&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>No hay pruebas de que Chavez diera expl&iacute;citamente luz verde a ninguno de los hombres que trabajaban para &eacute;l para que agredieran a las mujeres. Pero a menudo desestim&oacute; o rest&oacute; importancia a las acusaciones que las mujeres formularon contra esos hombres. Y las grabaciones de archivo de reuniones con ejecutivos de la UFW de la d&eacute;cada de 1970 muestran a Chavez participando en discusiones desenfrenadas en las que a menudo menospreciaba a las mujeres con chistes mis&oacute;ginos e insultos.<\/p>\n<p>En las grabaciones, Chavez utilizaba repetidamente insultos contra las mujeres, incluida Huerta, a quien orden&oacute; que &#8220;se callara&#8221; y a la que llamaba &#8220;est&uacute;pida&#8221; o &#8220;maldita zorra&#8221; cuando ella lo desafiaba. Incluso mientras manten&iacute;a m&uacute;ltiples aventuras extramatrimoniales, le dijo a la junta que su esposa, Helen, estaba recibiendo llamadas an&oacute;nimas de mujeres que, seg&uacute;n &eacute;l, ment&iacute;an sobre tener una relaci&oacute;n rom&aacute;ntica con &eacute;l para sabotear el sindicato.<\/p>\n<p>&#8220;Mi matrimonio est&aacute; en crisis ahora mismo&#8221;, dijo. &#8220;Esto es lo que hacen&#8221;.<\/p>\n<p>Tanto &eacute;l como Huerta acusaron a algunas de las mujeres del sindicato de actuar como manipuladoras, informantes o agentes sexuales con la intenci&oacute;n de socavar la lealtad dentro del movimiento.<\/p>\n<p>&#8220;Los est&aacute;n alborotando, se acuestan con ellos, est&aacute;n entablando una segunda relaci&oacute;n&#8221;, dijo Huerta.<\/p>\n<p>Chavez acus&oacute; a una enfermera del sindicato, Caitlin McCarthy, de ser una agente peligrosa y de inventar una denuncia de violaci&oacute;n contra su antiguo supervisor, Marcos Mu&ntilde;oz. Las grabaciones de una reuni&oacute;n de la junta muestran a Huerta y a otros aparentemente restando importancia a la supuesta denuncia de violaci&oacute;n. &#8220;Ella viol&oacute; a Marcos, eso es lo que pas&oacute;&#8221;, brome&oacute; un miembro masculino de la junta. &#8220;Fue al rev&eacute;s&#8221;. Se oyen risas entre los presentes en la sala, incluida una breve carcajada de Huerta, quien dej&oacute; claro que pensaba que McCarthy era una infiltrada, no una v&iacute;ctima.<\/p>\n<p>McCarthy dijo en una entrevista que nunca hab&iacute;a presentado una denuncia por violaci&oacute;n contra Mu&ntilde;oz, quien falleci&oacute; en 2021, aunque hab&iacute;a sufrido un trato abusivo y sexista mientras trabajaba para &eacute;l. Cuando Chavez la despidi&oacute;, acus&aacute;ndola de ocultar su verdadera identidad, le cost&oacute; entender lo que sucedi&oacute;. Una vez al a&ntilde;o, le escrib&iacute;a una carta a Chavez, haci&eacute;ndole la misma pregunta: &#8220;&iquest;Qu&eacute; hice mal?&#8221;<\/p>\n<p>La propia Huerta fue blanco constante de abusos verbales por parte de muchos de los l&iacute;deres masculinos del sindicato, en particular de Chavez. Los l&iacute;deres sindicales masculinos a menudo restaban importancia, menospreciaban o se atribu&iacute;an el m&eacute;rito de su trabajo, seg&uacute;n muestran las entrevistas y las grabaciones de las reuniones de la junta directiva. Algunos de ellos la criticaban por ser demasiado firme en lo que respecta a la &#8220;liberaci&oacute;n femenina&#8221;.<\/p>\n<p>En una entrevista, Huerta habl&oacute; de lo dif&iacute;cil que fue trabajar en lo que describi&oacute; como la antigua &#8220;cultura mis&oacute;gina&#8221; de la UFW y mencion&oacute; varios casos en los que hab&iacute;a tomado medidas ante denuncias de acoso sexual y hab&iacute;a ascendido a mujeres a puestos de liderazgo.<\/p>\n<p>&#8220;Tengo que decir que, en mi conciencia, desde el primer d&iacute;a que estuve en la organizaci&oacute;n, siempre defend&iacute; a las mujeres&#8221;, dijo Huerta, y a&ntilde;adi&oacute;: &#8220;porque as&iacute; es como me criaron. Me cri&oacute; una madre soltera, mi madre, quien siempre defendi&oacute; a las mujeres&#8221;.<\/p>\n<p><em>El legado del abuso<\/em><\/p>\n<p>Varias de las mujeres que dijeron haber sufrido abusos por parte de hombres guardaron sus recuerdos para s&iacute; mismas durante a&ntilde;os. Pero algunas se negaron a permanecer en silencio.<\/p>\n<p>&#8220;Quiero que me escuchen&#8221;, dijo Amanda Chavez, quien describi&oacute; el intento de violaci&oacute;n de 1991, en una entrevista. &#8220;Todav&iacute;a tengo esta rabia dentro de m&iacute;, este dolor, y me consume&#8221;.<\/p>\n<p>En 1994, Sullivan empez&oacute; a escribir en diarios sus recuerdos sobre la violaci&oacute;n en el vi&ntilde;edo. Las pesadillas y los <em>flashbacks<\/em> en los que pensaba que los hombres estaban a punto de matarla segu&iacute;an siendo v&iacute;vidos, dos d&eacute;cadas despu&eacute;s.<\/p>\n<p>Decidi&oacute; escribir a su antiguo supervisor, Martinez, exigiendo un ajuste de cuentas.<\/p>\n<p>&#8220;Me gustar&iacute;a invitarte a reflexionar sobre la cultura de organizaci&oacute;n que existe en la UFW&#8221;, escribi&oacute; en enero de 1996. &#8220;Cuando las personas fusionan su identidad con la de un &uacute;nico l&iacute;der, cuando nos convertimos en &#8220;chavistas&#8221;, cuando subordinamos las relaciones individuales a la causa de la justicia, traicionamos nuestra propia dignidad humana&#8221;.<\/p>\n<p>Sullivan dijo que Martinez respondi&oacute; de inmediato, disculp&aacute;ndose por c&oacute;mo la hab&iacute;an tratado los l&iacute;deres sindicales. (Martinez se neg&oacute; a hacer comentarios, al igual que Shy). Sullivan, en cualquier caso, quer&iacute;a que se rindieran cuentas a un nivel superior. Entonces escribi&oacute; a Arturo Rodriguez, quien hab&iacute;a sucedido a Chavez como l&iacute;der del sindicato, amenazando con hacer p&uacute;blico el asunto si no recib&iacute;a una respuesta oficial. Tras la carta, dijo Sullivan, Rodriguez envi&oacute; a Huerta a reunirse con ella en su casa. Pero la reuni&oacute;n no fue el momento de reconciliaci&oacute;n que Sullivan hab&iacute;a esperado.<\/p>\n<p>Sullivan dijo que la conversaci&oacute;n fue respetuosa y que Huerta le escribi&oacute; m&aacute;s tarde, en una carta a la que tuvo acceso el Times, diciendo que entre los dirigentes del sindicato hab&iacute;a preocupaci&oacute;n y simpat&iacute;a por ella. Pero Sullivan dijo que sinti&oacute; que Huerta se hab&iacute;a negado a responsabilizar al sindicato, dici&eacute;ndole que la violaci&oacute;n era &#8220;simplemente algo que los hombres les hacen a las mujeres&#8221;.<\/p>\n<p>Tras la reuni&oacute;n, Sullivan envi&oacute; una carta de seguimiento a Huerta.<\/p>\n<p>&#8220;Creo que la violaci&oacute;n fue una forma de intimidaci&oacute;n utilizada por los agentes de los agricultores para silenciarme&#8221;, escribi&oacute;. &#8220;La UFW estaba enzarzada en una batalla con los agricultores del Valle de Coachella. La violaci&oacute;n en el contexto de una batalla es un crimen de guerra, no &#8216;simplemente algo que los hombres les hacen a las mujeres'&#8221;.<\/p>\n<p>Huerta dijo que no recordaba haberse reunido con Sullivan ni haber dicho nada que restara importancia sobre las violaciones.<\/p>\n<p>Pero Huerta dijo que a los l&iacute;deres masculinos de la organizaci&oacute;n a menudo no les interesaba investigar la conducta sexual inapropiada ni reprender a los hombres acusados de acoso. En la d&eacute;cada de 1980, dijo Huerta, trabaj&oacute; con otra mujer para recopilar denuncias de mujeres que hab&iacute;an sufrido sexismo. Dijo que se entreg&oacute; un informe con los resultados a los dirigentes del sindicato. &#8220;Nunca vio la luz&#8221;, dijo Huerta.<\/p>\n<p>Antes, en la d&eacute;cada de 1970, Huerta se enter&oacute; que un dirigente sindical le dijo a una trabajadora agr&iacute;cola que la &uacute;nica forma de que ella recibiera su paga semanal era acost&aacute;ndose con &eacute;l. &#8220;Se lo plante&eacute; a la junta, para que todos los miembros supieran que este tipo se negaba a darle a una mujer su paga porque ella no quer&iacute;a acostarse con &eacute;l&#8221;, dijo Huerta. Chavez interrumpi&oacute; la reuni&oacute;n de la junta y se llev&oacute; a la l&iacute;der sindical a un lado para dar un paseo con &eacute;l. Pero al final, a&ntilde;adi&oacute;, la denuncia no se tom&oacute; en serio.<\/p>\n<p>&#8220;Eso fue todo: un paseo por el parque&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>El sexismo, dijo, era una constante. En algunas de las reuniones de la junta, dominadas por hombres, ella contaba los comentarios degradantes e insultantes. &#8220;Cada vez que hac&iacute;an un comentario sexista, pon&iacute;a un peque&ntilde;o guion en mi papel&#8221;, dijo. &#8220;Al final de la reuni&oacute;n, dije: &#8216;Tengo un anuncio que hacer. Durante el transcurso de esta reuni&oacute;n, han hecho 58 comentarios sexistas'&#8221;.<\/p>\n<p>Rodriguez, quien se convirti&oacute; en el l&iacute;der del sindicato en 1993, dijo en un comunicado que el movimiento depend&iacute;a en gran medida de sus organizadoras y activistas y que &eacute;l hab&iacute;a intentado crear un &#8220;ambiente de respeto&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Nuestro movimiento, al igual que otros movimientos por los derechos civiles y laborales de la &eacute;poca y, en general, en este pa&iacute;s, ha tenido dolorosas deficiencias&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;. &#8220;La cultura de la organizaci&oacute;n ha evolucionado con el tiempo. Hoy en d&iacute;a, la UFW y muchos de sus aliados en el movimiento est&aacute;n liderados por un grupo diverso de mujeres, con las que muchas de las cuales tuve el privilegio de trabajar&#8221;.<\/p>\n<p>Romero Torres, que ahora tiene 66 a&ntilde;os y est&aacute; jubilada, dijo que estaba a a&ntilde;os luz de ser la trabajadora sindical de 17 a&ntilde;os quien fue amenazada y acosada.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado d&eacute;cadas intentando comportarse de manera que evitara la atenci&oacute;n no deseada y los acosos. Ahora, dijo, quiere que las mujeres puedan ser amables y alegres sin que los hombres vean esos rasgos como una invitaci&oacute;n. Imagina una simple reuni&oacute;n en la que las mujeres del movimiento puedan simplemente abrazarse y sanar.<\/p>\n<p>&#8220;Ser&iacute;a tan bonito si pudi&eacute;ramos reunirnos todas en alg&uacute;n sitio&#8221;, dijo. &#8220;Ni siquiera hace falta que hablemos de ello&#8221;.<\/p>\n<p>Susan C. Beachy colabor&oacute; con investigaci&oacute;n. Jesus Jim&eacute;nez colabor&oacute; con reporter&iacute;a.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/manny-fernandez\" rel=\"nofollow\">Manny Fernandez<\/a><\/em> es el editor general de California para el Times. Anteriormente fue editor pol&iacute;tico adjunto y pas&oacute; m&aacute;s de nueve a&ntilde;os cubriendo Texas como jefe de la oficina de Houston.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/sarah-hurtes\" rel=\"nofollow\">Sarah Hurtes<\/a><\/em> es una reportera del Times que trabaja en investigaciones internacionales desde Bruselas.<\/p>\n<p><em>Susan C. Beachy colabor&oacute; con investigaci&oacute;n. Jesus Jim&eacute;nez colabor&oacute; con reporter&iacute;a.<br \/><\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchas de las mujeres que ayudaron a liderar la lucha por los derechos civiles de los latinos dicen que, en silencio, libraban sus propias batallas contra el acoso, la misoginia y las agresiones sexuales dentro de la poderosa Uni\u00f3n de Campesinos. 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