{"id":13367,"date":"2026-06-16T05:10:05","date_gmt":"2026-06-16T10:10:05","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=13367"},"modified":"2026-06-16T08:33:42","modified_gmt":"2026-06-16T14:33:42","slug":"que-pasa-cuando-el-mayor-experto-en-deepfakes-ya-no-confia-en-sus-propios-ojos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=13367","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 pasa cuando el mayor experto en &#8216;deepfakes&#8217; ya no conf\u00eda en sus propios ojos?"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/06\/16\/espanol\/estados-unidos\/deepfakes-ultrafalsos-ia-experto.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Los correos &#8211;como sol&iacute;a pasar con los peores&#8211; empezaron a llegar un domingo por la ma&ntilde;ana. Hany Farid abri&oacute; el primer mensaje en su casa, en las colinas que rodean Berkeley, y vio un enlace a un video viral que supuestamente mostraba un misil estadounidense impactando en una escuela primaria de Ir&aacute;n, donde hab&iacute;an muerto m&aacute;s de 150 personas, la mayor&iacute;a menores. &#8220;&iquest;Es esto un enga&ntilde;o de internet o un crimen de guerra internacional?&#8221;, dec&iacute;a una nota. &#8220;Estamos intentando verificar qu&eacute; es real&#8221;.<\/p>\n<p>Farid tom&oacute; un l&aacute;piz y un bloc de notas, se inclin&oacute; hacia su computadora y procedi&oacute; a verlo. Vio un cielo azul, cables de telefon&iacute;a y unas cuantas palmeras meci&eacute;ndose con el viento. Entonces, un misil atraves&oacute; la pantalla, n&iacute;tido e inconfundible, incluso a 800 km\/h. Parec&iacute;a una escena de un videojuego. En los &uacute;ltimos d&iacute;as, Farid hab&iacute;a revisado decenas de videos convincentes, generados por IA, de bombardeos falsos, accidentes a&eacute;reos falsos, incendios falsos y ejecuciones falsas. Su instinto era dudar. Estaba casi seguro de que este video tambi&eacute;n era falso.<\/p>\n<p>Mordisque&oacute; el l&aacute;piz y lo volvi&oacute; a ver, ralentizando el video y analiz&aacute;ndolo cuadro por cuadro. La c&aacute;mara temblaba de una forma que parec&iacute;a cre&iacute;ble para un aficionado grabando con un celular. Las sombras eran geom&eacute;tricamente precisas. Vio c&oacute;mo el misil impactaba en un edificio y not&oacute; un breve retraso antes de o&iacute;r una explosi&oacute;n y gritos agudos, lo que parec&iacute;a consistente con la velocidad del sonido. Quiz&aacute; el video era real. Ya hab&iacute;a sido visto al menos 1,1 millones de veces en las redes sociales. Con cada segundo que pasaba se iba convirtiendo en realidad, fuera real o no.<\/p>\n<p>&#8220;Cualquiera puede crear un video de cualquier cosa o persona, haciendo o diciendo lo que sea&#8221;, escribi&oacute; Farid como respuesta. &#8220;Esto tomar&aacute; un poco de tiempo&#8221;.<\/p>\n<p>Durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas, Farid, de 60 a&ntilde;os, hab&iacute;a sido el principal experto mundial en el campo de la investigaci&oacute;n forense digital, pero en los &uacute;ltimos seis meses hab&iacute;a dejado de confiar en sus propios ojos. Hab&iacute;a construido una carrera basada en distinguir la realidad visual de las im&aacute;genes ultrafalsas &#8211;o <em>deepfakes<\/em>&#8211;, atendiendo diariamente peticiones de gobiernos, organizaciones de derechos humanos, periodistas, fuerzas del orden y miles de personas m&aacute;s que se sent&iacute;an cada vez m&aacute;s confundidas y enga&ntilde;adas por el mundo digital. Las propias investigaciones de Farid hab&iacute;an demostrado que ya casi nadie pod&iacute;a distinguir una fotograf&iacute;a real de una creaci&oacute;n digital, una voz real de un clon de IA, un video real de una fabricaci&oacute;n total. &Uacute;ltimamente, &eacute;l mismo estaba fallando en sus propias pruebas.<\/p>\n<p>&#8220;Siento que me estoy quedando ciego&#8221;, dijo Farid. Le preocupaba que la IA estuviera ocultando la verdad, distorsionando la realidad, fracturando las democracias y, poco a poco, quebr&aacute;ndolo a &eacute;l tambi&eacute;n. &Eacute;l y su esposa hab&iacute;an empezado a hacer planes para irse de California y cambiar la cultura tecnol&oacute;gica de Silicon Valley por una granja en la zona rural de Vermont.<\/p>\n<p>Reinici&oacute; el video y volvi&oacute; a reproducir el clip. Cielo. Bomba. Humo. Gritos. En la &uacute;ltima hora, m&aacute;s de una decena de medios de comunicaci&oacute;n le hab&iacute;an escrito para preguntarle sobre el video. Hab&iacute;a sido publicado y compartido por una agencia de noticias oficial iran&iacute;, pero eso no significaba gran cosa para Farid, porque recientemente hab&iacute;a visto ultrafalsos creados y compartidos por gobiernos extranjeros y por personal de la Casa Blanca. Geolocaliz&oacute; el video usando una base de datos con millones de im&aacute;genes de todo el mundo, y el resultado apuntaba a una calle de Minab, Ir&aacute;n, a unos cientos de metros de una escuela primaria.<\/p>\n<p>Quiz&aacute; el video en s&iacute; era real, pens&oacute; Farid, pero alguien hab&iacute;a insertado un misil Tomahawk en la escena. Estabiliz&oacute; el video para eliminar el temblor y luego traz&oacute; la trayectoria del misil a trav&eacute;s de una serie de fotogramas fijos, buscando inconsistencias. La trayectoria del misil era recta, su velocidad constante. Ampli&oacute; la imagen para medir los p&iacute;xeles y calcul&oacute; que el misil parec&iacute;a medir alrededor de 5,5 metros de largo, exactamente el tama&ntilde;o adecuado.<\/p>\n<p>Cielo, bomba, humo, gritos. Lo vio al menos cien veces m&aacute;s, dudando de su instinto y revisando sus c&aacute;lculos. Durante la mayor parte de su carrera, se hab&iacute;a encargado de identificar las pocas falsificaciones que hab&iacute;a en un mundo de verdades compartidas. Pero ahora las falsificaciones eran la norma y la verdad era evasiva. Incluso despu&eacute;s de un d&iacute;a entero de an&aacute;lisis y consultas con otros expertos visuales &#8211;todos confirmaron la autenticidad del video&#8211;, &eacute;l no se atrev&iacute;a a declararlo real.<\/p>\n<p>&#8220;En general, no encontramos pruebas convincentes de que el video sea falso o haya sido manipulado&#8221;, escribi&oacute; Farid.<\/p>\n<p>Apag&oacute; la computadora y sali&oacute; a la calle. Recorri&oacute; las colinas de Berkeley en su bicicleta de monta&ntilde;a, acelerando cada vez m&aacute;s, cortando el viento. Se fum&oacute; un puro y se fue a la cama, y m&aacute;s tarde, esa misma noche, volvi&oacute; al video en sue&ntilde;os. Ahora no contaba p&iacute;xeles ni med&iacute;a sombras. Estaba dentro de la escuela, sentado en un aula con ni&ntilde;os de 10 a&ntilde;os, viendo c&oacute;mo detonaba la ojiva, absorbiendo la onda expansiva, tosiendo polvo y escuchando los gritos de los ni&ntilde;os. Se despert&oacute; y volvi&oacute; a la computadora, buscando noticias sobre el atentado en internet.<\/p>\n<p>&#8220;No puedes matar a 100 ni&ntilde;as y limitarte a decir &#8216;ups'&#8221;, le escribi&oacute; a un colega mientras le&iacute;a publicaciones en redes sociales. Algunas personas citaban el an&aacute;lisis de Farid para confirmar que el video era real. Otras lo descartaban como alguien supuestamente sesgado y dec&iacute;an que el video parec&iacute;a falso. Ya hab&iacute;an empezado a aparecer en l&iacute;nea varios videos nuevos generados con IA sobre el atentado, en los que se ve&iacute;a a generales falsos dando &oacute;rdenes o a padres falsos llorando la muerte de ni&ntilde;as falsas. El internet ya estaba dejando atr&aacute;s lo que resultar&iacute;a ser uno de los bombardeos m&aacute;s mortales de la guerra, y entonces Farid vio llegar una nueva solicitud a su bandeja de entrada. Era un video diferente, que mostraba otra explosi&oacute;n en otra parte del mundo.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Por favor podr&iacute;as ayudarnos a entender qu&eacute; diablos est&aacute; pasando aqu&iacute; realmente?&#8221;.<\/p>\n<p><em>Esa era la pregunta<\/em> que llegaba a su bandeja de entrada una decena de veces al d&iacute;a: &iquest;Qu&eacute; demonios estaba pasando?<\/p>\n<p>&iquest;De verdad estaba el presidente Joe Biden llamando a miles de votantes dem&oacute;cratas el d&iacute;a antes de las primarias de New Hampshire para decirles que no votaran? &iquest;De verdad el presidente Donald Trump estaba lanzando bolsas de basura por una ventana de la Casa Blanca? &iquest;Esas fotos de ni&ntilde;as de noveno grado desnudas que estaban circulando en un bachillerato de Pensilvania eran reales, o se trataba de im&aacute;genes que un compa&ntilde;ero hab&iacute;a generado con una aplicaci&oacute;n gratuita? &iquest;De verdad estaba Tom Hanks anunciando un dudoso plan dental a sus fans? &iquest;De verdad estaba el director de la empresa pidiendo una transferencia de 25 millones de d&oacute;lares en la videollamada de Zoom, o se trataba de un impostor norcoreano? &iquest;Era una pistola de verdad lo que estaba en la mano de Alex Pretti, o solo una sombra? &iquest;De verdad era una hija de 12 a&ntilde;os la que ped&iacute;a ayuda a gritos por tel&eacute;fono, diciendo que la hab&iacute;an secuestrado?<\/p>\n<p>&#8220;Echo de menos los d&iacute;as en que era un video borroso de un tibur&oacute;n nadando por la calle&#8221;, dijo Farid una noche, sentado en la terraza trasera de su casa con su esposa, Emily Cooper. Dej&oacute; el tel&eacute;fono y se sirvi&oacute; un whisky. &#8220;La tecnolog&iacute;a se est&aacute; volviendo demasiado buena. Me lleva a un lugar oscuro&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Porque ya no puedes saber con solo verlo?&#8221;, pregunt&oacute; Cooper.<\/p>\n<p>&#8220;Porque nadie puede&#8221;, respondi&oacute; Farid. &#8220;No conf&iacute;o en nada. Cada imagen que veo, trazo l&iacute;neas para las sombras y hago c&aacute;lculos geom&eacute;tricos en mi cabeza, intentando averiguar qu&eacute; es lo que estoy viendo. Se acab&oacute;. En uno o dos a&ntilde;os, todo nuestro sistema visual ser&aacute; completamente in&uacute;til&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Y entonces qu&eacute;? &iquest;Te rindes? &iquest;Te retiras?&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;No lo s&eacute;&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Farid y Cooper se hab&iacute;an conocido quince a&ntilde;os antes, cuando &eacute;l fue a dar una conferencia a la Universidad de California, en Berkeley, a&uacute;n convencido de que ten&iacute;a las soluciones. Su padre hab&iacute;a trabajado durante 50 a&ntilde;os como qu&iacute;mico en Eastman Kodak, y Farid hab&iacute;a crecido visitando el cuarto oscuro, viendo c&oacute;mo las fotograf&iacute;as se revelaban en ba&ntilde;os qu&iacute;micos y se convert&iacute;an en pruebas. M&aacute;s tarde ayud&oacute; a dise&ntilde;ar una huella digital que detectaba pornograf&iacute;a infantil oculta en internet, una tecnolog&iacute;a que dio lugar a m&aacute;s de 30 millones de reportes de abuso al a&ntilde;o, cientos de arrestos y varios rescates. Cuando los ultrafalsos comenzaron a propagarse por internet, cre&oacute; un software para detectar el momento en que la boca de una persona se desincroniza con el audio. Cofund&oacute; una empresa, GetReal Security, y ayud&oacute; a inventar herramientas para medir la iluminaci&oacute;n, las sombras y los puntos de fuga, comparando las im&aacute;genes de internet con la f&iacute;sica del mundo real.<\/p>\n<p>Cooper era una destacada cient&iacute;fica de la visi&oacute;n en Berkeley. Ella investigaba c&oacute;mo los humanos perciben la realidad mientras su marido investigaba c&oacute;mo se pod&iacute;a falsificar esa realidad. Hab&iacute;an colaborado en estudios sobre <em>deepfakes<\/em>, pero en los &uacute;ltimos meses esa investigaci&oacute;n hab&iacute;a empezado a seguirles hasta casa. En lugar de ocuparse de un caso cada pocas semanas, Farid trabajaba como asesor y perito, manejando una decena de casos al d&iacute;a o m&aacute;s. Por primera vez en su carrera se hab&iacute;a convertido no solo en analista, sino tambi&eacute;n en v&iacute;ctima: alguien falsific&oacute; su n&uacute;mero de tel&eacute;fono y us&oacute; inteligencia artificial para clonar su voz. El hacker llam&oacute; a uno de los colegas de Farid en un caso delicado, suplant&aacute;ndolo y presionando para obtener informaci&oacute;n confidencial. Ahora Farid y Cooper hab&iacute;an decidido no dar nunca por sentada la identidad del otro. Inventaron una palabra clave para confirmar que eran reales al inicio de cualquier llamada delicada.<\/p>\n<p>Farid ech&oacute; un vistazo a su tel&eacute;fono y vio un correo nuevo: &#8220;Estoy verificando este video viral de una madre y un ni&ntilde;o que se acercan a un ata&uacute;d cubierto con una bandera, que sospechamos que fue generado con IA&#8221;, dec&iacute;a. Dej&oacute; el tel&eacute;fono a un lado y mir&oacute; desde el porche las colinas de Berkeley, la bah&iacute;a de San Francisco y el sol poni&eacute;ndose sobre el puente Golden Gate.<\/p>\n<p>&#8220;Ya no soporto este lugar&#8221;, dijo. &#8220;Estos gigantes tecnol&oacute;gicos van a destruirlo todo mientras sigan obteniendo una ganancia. No les interesa nada que vaya a frenarlos&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Me pone nerviosa, por nuestros estudiantes&#8221;, dijo Cooper. &#8220;Empieza a darme miedo&#8221;.<\/p>\n<p>Ella no cre&iacute;a en la exageraci&oacute;n. Su marido pod&iacute;a ser impulsivo e irascible: un optimista por naturaleza que se hab&iacute;a vuelto cada vez m&aacute;s pesimista ante la evidencia. Ella se aten&iacute;a a la precisi&oacute;n y a los hechos, pero incluso esos se hab&iacute;an vuelto innegables. Su propia investigaci&oacute;n se centraba en la percepci&oacute;n tridimensional y el dise&ntilde;o de pantallas, pero la amplia crisis que se estaba desarrollando en su campo era imposible de ignorar.La gente pasaba cada vez m&aacute;s tiempo en interiores, mirando pantallas, y menos tiempo mirando el horizonte, lo que a veces provocaba que el globo ocular se alargara de forma permanente. El resultado a menudo era visi&oacute;n borrosa, tasas de miop&iacute;a en aumento, un mayor riesgo de enfermedades oculares y una inminente epidemia de ceguera evitable que muchos de sus colegas hab&iacute;an empezado a considerar una crisis de salud p&uacute;blica.<\/p>\n<p>La posible cura era la luz natural y las vistas lejanas<em>,<\/em> y durante los &uacute;ltimos meses hab&iacute;an buscado propiedades en la zona rural de Vermont. Al final compraron una caba&ntilde;a de la d&eacute;cada de 1920 a media hora del Dartmouth College, donde pod&iacute;an trabajar como profesores titulares mientras Farid segu&iacute;a analizando im&aacute;genes para su empresa. La propiedad ten&iacute;a 40 hect&aacute;reas de senderos boscosos para caminar, sin ninguna otra casa a la vista.<\/p>\n<p>&#8220;Necesito un reinicio&#8221;, dijo Farid. &#8220;Aire, espacio. Tengo muchas ganas de sentirme lejos&#8221;.<\/p>\n<p>Su tel&eacute;fono se ilumin&oacute; sobre la mesa.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Crees que siquiera es posible escapar?&#8221;, pregunt&oacute; Cooper.<\/p>\n<p>&#8220;Probablemente no&#8221;, respondi&oacute; Farid. &#8220;Al menos no completamente. Pero tenemos que averiguarlo&#8221;.<\/p>\n<p><em>Baj&oacute; de las colinas<\/em> en su motocicleta para dar su &uacute;ltima conferencia p&uacute;blica del semestre de primavera en Berkeley, pasando junto a las vallas publicitarias de IA que se hab&iacute;an vuelto ubicuas en toda el &aacute;rea de la Bah&iacute;a de San Francisco. Eran de empresas emergentes que promet&iacute;an reinventar la medicina, revolucionar la educaci&oacute;n y transformar el futuro de los negocios. &#8220;Deja de contratar humanos&#8221;, dec&iacute;a un anuncio. Farid estacion&oacute; su auto en el campus y entr&oacute; en el aula, donde 75 estudiantes lo miraban.<\/p>\n<p>Era uno de los profesores m&aacute;s populares de Berkeley: en&eacute;rgico, directo al hablar y genuinamente entusiasmado con los avances en tecnolog&iacute;a de IA que constitu&iacute;an el n&uacute;cleo de sus cursos. Ten&iacute;a agentes de IA que escrib&iacute;an c&oacute;digo por &eacute;l. Ten&iacute;a un coche que se pod&iacute;a conducir solo por la autopista. En su tel&eacute;fono ten&iacute;a aplicaciones que pod&iacute;an pulir la redacci&oacute;n de sus correos electr&oacute;nicos o convertir una foto de su caj&oacute;n de especias en una receta de chili para una cena entre semana. Pero los estudiantes de inform&aacute;tica de sus clases estaban batallando para encontrar trabajo, ya que las empresas estaban esperando para ver qu&eacute; pod&iacute;an hacer las m&aacute;quinas. Por primera vez en su carrera, Farid a veces se encontraba frente a los estudiantes sin saber qu&eacute; decirles.<\/p>\n<p>Pens&oacute; en una pintura que no hab&iacute;a salido de su cabeza desde que era un joven profesor en Dartmouth, donde la biblioteca albergaba un mural del artista mexicano Jos&eacute; Clemente Orozco. Este mostraba a un grupo de acad&eacute;micos representados como esqueletos con sus togas de graduaci&oacute;n, aferr&aacute;ndose a libros, de espaldas a un mundo en llamas, mientras uno de ellos daba a luz a un esqueleto beb&eacute; que sosten&iacute;a un nuevo t&iacute;tulo. &#8220;Gran parte del mundo acad&eacute;mico se conforma con dar vueltas a problemas esot&eacute;ricos y protegerse mutuamente de la verdad&#8221;, dijo Farid. Hab&iacute;a pasado su carrera intentando no ser ese esqueleto. Cre&iacute;a que era su responsabilidad darse la vuelta y enfrentarse al fuego.<\/p>\n<p>&#8220;Esta tecnolog&iacute;a se est&aacute; usando como arma contra nosotros&#8221;, les dijo a los estudiantes. &#8220;El tren ya sali&oacute; de la estaci&oacute;n. Est&aacute; acelerando a una velocidad incre&iacute;ble&#8221;.<\/p>\n<p>Caminaba de un lado a otro al frente del aula y empez&oacute; a mostrar diapositivas de videos generados por IA de los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Una imagen falsa del Pent&aacute;gono explotando hab&iacute;a sacudido brevemente el mercado burs&aacute;til en 2023, eliminando m&aacute;s de 500 millardos de d&oacute;lares en cuesti&oacute;n de minutos. Las im&aacute;genes ultrafalsas de la guerra en Ucrania a&uacute;n eran bastante f&aacute;ciles de identificar, con explosiones descoloridas y edificios deformes. Las de Gaza eran mucho mejores. Al inicio de la guerra de Ir&aacute;n, era pr&aacute;cticamente imposible distinguir videos cortos generados con IA de los videos reales. Ahora, miles de agentes del gobierno norcoreano estaban solicitando empleos a distancia en empresas estadounidenses, utilizando IA para hacerse pasar por estadounidenses en tiempo real en videollamadas de Zoom y luego financiando un programa de armas nucleares con sus salarios. Un delincuente sin conocimientos t&eacute;cnicos, dijo Farid, ahora pod&iacute;a usar una foto fija y un clip de audio de 10 segundos para suplantar a cualquier persona en internet.<\/p>\n<p>&#8220;Quiz&aacute; pienses que puedes fijarte y notar la diferencia mientras est&aacute;s ah&iacute; sentado deslizando en tu tel&eacute;fono&#8221;, dijo. &#8220;Cr&eacute;eme, no puedes. Ah&iacute; es donde entran en juego nuestros m&eacute;todos&#8221;.<\/p>\n<p>&Eacute;l hab&iacute;a ayudado a inventar herramientas algor&iacute;tmicas para verificar los gestos, las inflexiones vocales y el flujo sangu&iacute;neo de una persona. Cuando una persona real hablaba, los ojos se dilataban y el coraz&oacute;n bombeaba sangre hacia y desde la cara. A veces Farid pod&iacute;a medir diferencias sutiles en el color de la piel para ver el latido del coraz&oacute;n de una persona en tiempo real, mientras que una persona hecha con IA no mostraba signos de actividad vital.<\/p>\n<p>Farid dijo que segu&iacute;a confiando en que pod&iacute;a resolver casi cualquier misterio de la IA, pero el problema era que cada investigaci&oacute;n llevaba tiempo. La vida media de una publicaci&oacute;n en redes sociales era de menos de 90 segundos. &#8220;En 20 minutos, todo el asunto b&aacute;sicamente ha terminado&#8221;, dijo Farid. Muchas veces, terminaba su an&aacute;lisis, levantaba la vista de la computadora y se daba cuenta de que el da&ntilde;o ya estaba hecho. Una falsedad se hab&iacute;a convertido en un hecho. Un hecho se hab&iacute;a difuminado en una duda.<\/p>\n<p>Entre la concurrencia alguien levant&oacute; la mano, y Farid se&ntilde;al&oacute; a un estudiante de la primera fila.<\/p>\n<p>&#8220;Entonces, crear <em>deepfakes <\/em>es f&aacute;cil, barato, r&aacute;pido y confiable&#8221;, dijo el estudiante. &#8220;Detectarlos es costoso y dif&iacute;cil&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;S&iacute;&#8221;, dijo Farid.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Hay alguna soluci&oacute;n en un futuro cercano, o simplemente estamos perdidos?&#8221;.<\/p>\n<p>Hizo una pausa y respir&oacute; hondo. Pens&oacute; en el mural de Orozco, en la escuela de Ir&aacute;n, en los ultrafalsos que se amontonaban en su bandeja de entrada y en la granja que lo esperaba en Vermont. Segu&iacute;a creyendo que hab&iacute;a soluciones. Pero primero quer&iacute;a que la gente entendiera a qu&eacute; se enfrentaban.<\/p>\n<p>&#8220;En gran medida, estamos perdidos&#8221;, dijo.<\/p>\n<p><em>La motosierra rugi&oacute; al arrancar<\/em> una ma&ntilde;ana de martes a finales de primavera, y Farid se puso las gafas protectoras y sinti&oacute; c&oacute;mo las vibraciones iban de sus manos a su pecho. Cort&oacute; un arce ca&iacute;do y vio c&oacute;mo la madera se divid&iacute;a en troncos limpios, que Cooper luego introduc&iacute;a en la cortadora y colocaba en una pila ordenada. Cortar, dividir, apilar. Llevaban menos de dos semanas en Vermont y ya se hab&iacute;an sumergido de lleno en el trabajo.<\/p>\n<p>Su caba&ntilde;a estaba al final de un camino de tierra, en una colina empinada con vista a los valles fluviales y a las Monta&ntilde;as Verdes. No hab&iacute;a servicio de recolecci&oacute;n de basura, reparto de correo ni otras casas a la vista. Para pasar el invierno, tendr&iacute;an que quitar la nieve de su propio camino y calentar la casa. Farid calcul&oacute; que necesitar&iacute;an unas 10 toneladas de le&ntilde;a. Trabajaron durante una hora y luego dieron un paso atr&aacute;s para observar la pila.<\/p>\n<p>&#8220;Vamos genial&#8221;, dijo Farid. &#8220;Es tan satisfactorio ver c&oacute;mo crece&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Est&aacute;s cansado?&#8221;, dijo Cooper.<\/p>\n<p>&#8220;Me siento bien&#8221;, dijo &eacute;l. &#8220;Sigamos. Necesitamos m&aacute;s&#8221;.<\/p>\n<p>Se pusieron botas y se adentraron en el bosque en busca de le&ntilde;a seca. Hab&iacute;an ido descubriendo su propiedad poco a poco, aprendiendo solos a volver a tomarse las cosas con calma, a observar con atenci&oacute;n: un prado florecido de trillium y violetas silvestres, un arroyo primaveral que ca&iacute;a en cascada sobre granito cubierto de musgo, un mirlo de alas rojas zambull&eacute;ndose en un peque&ntilde;o estanque, una caba&ntilde;a abandonada que se desmoronaba hasta los cimientos. Ahora llegaron a un claro en lo alto de la colina, y Cooper se detuvo a contemplar las monta&ntilde;as circundantes mientras Farid recorr&iacute;a el per&iacute;metro. Encontr&oacute; un abedul ca&iacute;do, tom&oacute; una rama y llam&oacute; a Cooper por encima del viento.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Qu&eacute; te parece?&#8221;, pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>&#8220;Es precioso&#8221;, dijo ella.<\/p>\n<p>Lo vio llevar el abedul de vuelta a trav&eacute;s del prado, sosteni&eacute;ndolo por encima de la cabeza como un trofeo. Desde que hab&iacute;an llegado a Vermont, casi pod&iacute;a ver c&oacute;mo se le quitaba un peso de encima, y Cooper tambi&eacute;n lo estaba sintiendo. Ella beb&iacute;a su t&eacute; por la ma&ntilde;ana, saboreando el silencio y dejando que la mirada se perdiera en el paisaje. Estaba probando a escribir ficci&oacute;n. En oto&ntilde;o, Cooper y Farid volver&iacute;an a trabajar e investigar en Dartmouth, pero a&uacute;n faltaban unos meses. La &uacute;ltima vez que hab&iacute;an vivido en Vermont, hab&iacute;an dependido de una inestable conexi&oacute;n telef&oacute;nica a internet, sin el ancho de banda necesario para participar en reuniones por Zoom, ver videos en <em>streaming<\/em> o muros interminables en redes sociales. Tal vez ese nivel de desconexi&oacute;n era posible de nuevo.<\/p>\n<p>Llevaron la madera de abedul al cobertizo y Farid encendi&oacute; la motosierra. Cortar, dividir, apilar. Trabajaron hasta que el prado se sumi&oacute; en la penumbra, los hombros de &eacute;l ard&iacute;an y el serr&iacute;n le cubr&iacute;a los brazos. Dio un paso atr&aacute;s y vio que la pila de le&ntilde;a ten&iacute;a m&aacute;s de un metro de altura y cubr&iacute;a una pared del cobertizo casi por completo.<\/p>\n<p>&#8220;Mira lo que hicimos hoy&#8221;, dijo. &#8220;Este es el avance m&aacute;s tangible que he logrado en cualquier trabajo en los &uacute;ltimos seis meses&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Ya est&aacute;s cansado?&#8221;, dijo Cooper.<\/p>\n<p>&#8220;Agotado&#8221;, respondi&oacute;. En Vermont se estaba acostando con el sonido de la motosierra todav&iacute;a zumb&aacute;ndole en los o&iacute;dos y dorm&iacute;a hasta la ma&ntilde;ana siguiente.<\/p>\n<p><em>El primer correo<\/em> lleg&oacute; antes del amanecer.<\/p>\n<p>Durante la noche, el internet se hab&iacute;a inundado con otra oleada de im&aacute;genes falsas, entre ellas cientos de Cole Tomas Allen, quien hab&iacute;a irrumpido en la cena de corresponsales de la Casa Blanca con una escopeta en un intento de asesinar al presidente Trump. Ahora hab&iacute;a un video de seguridad mejorado con IA en Facebook que mostraba a Allen pasando junto a guardias que en realidad no exist&iacute;an. En X hab&iacute;a fotos manipuladas de Allen posando junto a Tom Hanks y Barack Obama. Hab&iacute;a sido corredor de los Dallas Cowboys. Hab&iacute;a sido astronauta en la misi&oacute;n Artemis II. Hab&iacute;a sido el chofer privado de Taylor Swift y del papa Le&oacute;n XIV.<\/p>\n<p>&#8220;Cada vez que hay una noticia importante, nos ahogamos en esta bazofia&#8221;, dijo Farid.<\/p>\n<p>Se guard&oacute; el tel&eacute;fono en el bolsillo y sali&oacute;. Cort&oacute; le&ntilde;a y dio un paseo por los senderos con Cooper, pero los correos segu&iacute;an llegando como siempre.<\/p>\n<p>&#8220;Estamos viendo este video nuevo del incidente del vuelo 179 de United&#8221;, dec&iacute;a uno.<\/p>\n<p>&#8220;Estoy verificando un video que supuestamente muestra c&oacute;mo se bombardea una mezquita en el sur del L&iacute;bano&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;He estado encarcelado desde 2019 por pruebas de video falsas&#8221;.<\/p>\n<p>Se desvi&oacute; del sendero y se adentr&oacute; m&aacute;s en el bosque, buscando el l&iacute;mite de la propiedad. Subi&oacute; una colina y encontr&oacute; un viejo muro de piedra, a la altura del pecho y de al menos 30 metros de largo, que atravesaba el centro del bosque. Farid se qued&oacute; ah&iacute; un rato, pasando la mano por el musgo y las piedras grises descoloridas antes de volver al sendero y mirar su tel&eacute;fono.<\/p>\n<p>&#8220;Me gustar&iacute;a pedirte ayuda para investigar material de abuso sexual transmitido en directo&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Es esta una explosi&oacute;n real en el aeropuerto de Dub&aacute;i? &iquest;Podr&iacute;as aportar tu experiencia?&#8221;.<\/p>\n<p>Volvi&oacute; sobre sus pasos hacia la entrada de su propiedad. Pas&oacute; junto a la pila de le&ntilde;a y entr&oacute; en la casa.<\/p>\n<p>&#8220;Voy a ponerme al d&iacute;a con algo de trabajo&#8221;, le dijo a Cooper.<\/p>\n<p>&#8220;Bueno&#8221;, dijo ella. &#8220;Bien. Yo tambi&eacute;n&#8221;.<\/p>\n<p>&Eacute;l se instal&oacute; en su oficina y encendi&oacute; la computadora. Fuera de la ventana, los abedules se mec&iacute;an con el viento y el sol se ocultaba tras las Monta&ntilde;as Verdes. Subi&oacute; el volumen, abri&oacute; un video y escuch&oacute; una serie de explosiones. Se inclin&oacute; hacia el resplandor azulado del monitor y observ&oacute; c&oacute;mo ard&iacute;a el fuego.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/eli-saslow\" rel=\"nofollow\">Eli Saslow<\/a><\/em> escribe reportajes en profundidad sobre el impacto de los grandes temas nacionales en la vida de las personas.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/erin-schaff\" rel=\"nofollow\">Erin Schaff<\/a><\/em> es fotoperiodista del Times y cubre historias en todo Estados Unidos.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los correos &#8211;como sol\u00eda pasar con los peores&#8211; empezaron a llegar un domingo por la ma\u00f1ana. 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