{"id":14795,"date":"2026-06-24T14:29:28","date_gmt":"2026-06-24T19:29:28","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=14795"},"modified":"2026-06-24T13:38:57","modified_gmt":"2026-06-24T19:38:57","slug":"las-ciudades-sede-estan-recibiendo-con-los-brazos-abiertos-a-los-atletas-de-la-copa-del-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=14795","title":{"rendered":"Las ciudades sede est\u00e1n recibiendo con los brazos abiertos a los atletas de la Copa del Mundo"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/06\/20\/style\/world-cup-us-host-cities-fans.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Riley Sealander, un barista de 26 a&ntilde;os de Greensboro, Carolina del Norte, es el t&iacute;pico fan&aacute;tico del Mundial. Lleva la camiseta de su equipo favorito y ve sus partidos mientras prepara capuchinos. Decora su lugar de trabajo con los colores rojo, blanco y azul y se esfuerza por reclutar nuevos seguidores para los incipientes clubes de aficionados.<\/p>\n<p>Pero Sealander no est&aacute; promocionando a la selecci&oacute;n de Estados Unidos. Por el contrario, apuesta por la selecci&oacute;n de Noruega, cuya llegada este mes a Greensboro ha desencadenado una gran bienvenida al equipo escandinavo por parte de toda la comunidad.  As&iacute;, se fusiona la hospitalidad sure&ntilde;a con un entusiasmo genuino por una de las selecciones m&aacute;s de moda en Europa, despu&eacute;s de que Noruega eligiera la ciudad como su hogar temporal.<\/p>\n<p>&#8220;No estamos en Raleigh, ni en Charlotte&#8221;, dijo Sealander, que llevaba una camiseta personalizada de Noruega debajo del delantal, &#8220;as&iacute; que fue algo muy relevante&#8221;.<\/p>\n<p>Desde que los equipos comenzaron a trasladarse a Estados Unidos a principios de este mes, esa mezcla de orgullo por una peque&ntilde;a ciudad y el alcance global del f&uacute;tbol internacional ha dado lugar a un romance inesperado entre los estadounidenses de a pie y las selecciones de todo el mundo, una yuxtaposici&oacute;n de culturas diversas que ha provocado momentos de alegr&iacute;a &#8211;como un gol en el tiempo de compensaci&oacute;n&#8211; tanto en los anfitriones como en los visitantes.<\/p>\n<p>Esta historia de amor, que ya lleva varias semanas, se ha podido ver en sedes m&aacute;s grandes como Boston, donde los aficionados escoceses, euf&oacute;ricos y sedientos, se han bebido todo lo que hab&iacute;a en la ciudad y han publicado videos emotivos sobre su renovada fe en el sue&ntilde;o americano. Se ha visto a argentinos, conocidos por sus filetes, devorando alegremente hamburguesas en Kansas City, Misuri; los austriacos se han apoderado de los restaurantes de San Francisco, con jarras gigantes de cerveza en la mano, alabando la ciudad (y quej&aacute;ndose de su famoso fr&iacute;o veraniego).<\/p>\n<p>La reputaci&oacute;n internacional de los estadounidenses ha deca&iacute;do en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, seg&uacute;n las encuestas, y muchos de estos testimonios sobre el Mundial tienen un elemento de sorpresa: Al parecer, Estados Unidos tiene todo tipo de rasgos apreciables y los visitantes est&aacute;n alabando tanto a los caimanes como a las m&aacute;quinas de hielo.<\/p>\n<p>Pero ese sentimiento de asombro y admiraci&oacute;n ha sido rec&iacute;proco y parece especialmente intenso en localidades menos conocidas como Greensboro, que recientemente se ha convertido en una especie de sat&eacute;lite de Oslo, con los bares deportivos llenos de nuevos aficionados a Noruega, as&iacute; como escaparates y porches adornados con las banderas del pa&iacute;s. Unos 20.000 aficionados clamaron por entradas para un entrenamiento abierto al p&uacute;blico. En la sede del equipo se ha desplegado la alfombra roja, al igual que el flet&aacute;n, que se trajo en avi&oacute;n para el equipo (y se ha cocinado a la barbacoa, porque estamos en Carolina del Norte).<\/p>\n<p>En general, el primer Mundial celebrado en Estados Unidos desde hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os ha esparcido por todo el pa&iacute;s a miles de deportistas de talla mundial, funcionarios y aficionados, muchos de los cuales est&aacute;n viviendo la misma emoci&oacute;n y hospitalidad que en Greensboro.<\/p>\n<p>En Chattanooga, Tennessee, los lugare&ntilde;os acampan frente a un Embassy Suites para poder ver de lejos a la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola. Los residentes de Lawrence, Kansas, ya dominan la pronunciaci&oacute;n de &#8220;&iexcl;Viva l&#8217;Alg&eacute;rie!&#8221; para animar a la selecci&oacute;n argelina. Asimismo, por las calles de Spokane, Washington se intercambian con entusiasmo los avistamientos de la selecci&oacute;n egipcia.<\/p>\n<p>El torneo, uno de los m&aacute;s grandes y costosos hasta la fecha, llega en un momento tenso para Estados Unidos, ya que las celebraciones del aniversario n&uacute;mero 250 del pa&iacute;s ponen de relieve puntos de vista contrapuestos sobre la historia y desencadenan disputas partidistas entre los organizadores. A la par, el pa&iacute;s ya lleva mucho tiempo encontrando la unidad en la pasi&oacute;n por el deporte, que sigue tan ferviente como siempre y  re&uacute;ne, por ejemplo, a dos millones de aficionados de los New York Knicks de todos los distritos y va m&aacute;s all&aacute; de las fronteras estatales para brindar por el equipo campe&oacute;n en el desfile celebrado el jueves.<\/p>\n<p>Algunos estadounidenses ven el torneo en t&eacute;rminos similares: como una oportunidad para renovar la reputaci&oacute;n de la naci&oacute;n como un lugar acogedor para los visitantes internacionales, en medio de las agresivas medidas contra la inmigraci&oacute;n y de pol&iacute;tica exterior del gobierno de Trump.<\/p>\n<p>&#8220;La gente de este pa&iacute;s siempre ha sido muy acogedora y amable con los visitantes&#8221;, dijo Peter Helseth, un ingeniero de Greensboro de 45 a&ntilde;os, que llev&oacute; a su hijo de 6 a un entrenamiento de la selecci&oacute;n noruega. &#8220;Ha sido realmente agradable ver esto como un respiro de aire fresco frente a las noticias nacionales&#8221;.<\/p>\n<p>Otros habitantes de Greensboro comparten ese mismo sentimiento y tienen un cari&ntilde;o especial por sus nuevos amigos noruegos.<\/p>\n<p>&#8220;Siempre voy a apoyar a Estados Unidos&#8221;, dijo Matt Kirkman, encargado del mantenimiento de los terrenos de la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro y que pas&oacute; dos meses preparando el c&eacute;sped bermuda del campo de f&uacute;tbol para el equipo mundialista.<\/p>\n<p>&#8220;Pero si ganan el torneo&#8221;, dijo refiri&eacute;ndose a la selecci&oacute;n de Noruega, &#8220;va a ser realmente incre&iacute;ble haber podido formar parte de esa historia&raquo;.<\/p>\n<p>Tanto aqu&iacute; como en otros lugares, el contacto entre los equipos y las localidades ha sido a menudo cercano y de persona a persona, algo que est&aacute; muy alejado de las tensiones sobre el destino de la OTAN, por ejemplo, o la guerra en Oriente Medio u otras disputas gubernamentales que a menudo dominan y definen los sentimientos de un pa&iacute;s hacia otro.<\/p>\n<p>De hecho, los visitantes y las comunidades est&aacute;n creando v&iacute;nculos a trav&eacute;s de momentos cotidianos y algunos internautas se est&aacute;n refiriendo al Mundial como &#8220;la gran pijamada internacional&#8221;, que sugiere una cordialidad hogare&ntilde;a. Ver a una superestrella del deporte en su vida cotidiana &#8211;tomado caf&eacute; o yendo de compras sin prisas&#8211; bien podr&iacute;a contribuir m&aacute;s al deshielo que muchas conversaciones diplom&aacute;ticas.<\/p>\n<p>En Chattanooga, que cuenta con una poblaci&oacute;n de menos de 200.000 habitantes, se recibi&oacute; en el aeropuerto a la selecci&oacute;n espa&ntilde;ola, una de las favoritas del torneo, con aficionados que agitaban banderas tras su vuelo desde Europa. Se le agasaj&oacute; con sangr&iacute;a, d&aacute;tiles envueltos en tocino y brochetas de sand&iacute;a, cortes&iacute;a del &uacute;nico restaurante de tapas de la ciudad.<\/p>\n<p>Las ciudades que sirven de campamento base &#8211;m&aacute;s de tres docenas est&aacute;n en Estados Unidos&#8211; las seleccionan los propios equipos. Algunas son min&uacute;sculas, como White Sulfur Springs, en Virginia Occidental, donde se encuentra la selecci&oacute;n de Irak y cuenta con menos de 3.000 habitantes. Greensboro es enorme en comparaci&oacute;n, con una poblaci&oacute;n de unos 310.000 habitantes.<\/p>\n<p>El equipo espa&ntilde;ol podr&iacute;a haberse alojado en una ciudad m&aacute;s grande, pero se sinti&oacute; atra&iacute;do, en parte, por el ambiente discreto y el nivel de anonimato que ofrec&iacute;a Chattanooga, seg&uacute;n Tim Kelly, alcalde de la ciudad. El equipo reserv&oacute; el Embassy Suites en su totalidad durante un mes y los fan&aacute;ticos no han dejado de asediarlo con la esperanza de ver de lejos a Lamine Yamal, la joven estrella del equipo espa&ntilde;ol, que cuenta con casi 44 millones de seguidores en Instagram.<\/p>\n<p>&#8220;La hemos nombrado la &#8216;Guardia Lamine'&#8221;, expres&oacute; Sam Crickmar, presidente del club de f&uacute;tbol masculino de la Universidad de Tennessee en Chattanooga.<\/p>\n<p>Parte de la cordialidad de la ciudad anfitriona se ha visto impulsada por otro valor muy apreciado en Estados Unidos: la competencia.<\/p>\n<p>Lori Jenkins, directora regional de ventas del grupo propietario del Embassy Suites, cont&oacute; que sinti&oacute; fuego en su interior cuando un miembro de la Federaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de F&uacute;tbol le mostr&oacute; un video de la bienvenida que hab&iacute;an dado al equipo en otra ciudad.<\/p>\n<p>&#8220;Pens&eacute; &#8216;No, tenemos que superar eso'&#8221;&raquo;, exclam&oacute; Jenkins.<\/p>\n<p>El personal del hotel puso manos a la obra y convirti&oacute; parte de una planta en una sala de juegos equipada con mesas de ping-pong, consolas de videojuegos, mesas de billar, mesas de p&oacute;quer y tableros de dardos. A los cientos de habitantes de Chattanooga que animaban desde fuera para dar la bienvenida al equipo, les repartieron gafas de sol, collares de cuentas y banderas espa&ntilde;olas.<\/p>\n<p>&#8220;Son los deportistas m&aacute;s famosos del mundo y nosotros les estamos doblamos la ropa&#8221;, dijo Jenkins. &#8220;Eso es algo que podr&eacute; contar el resto de mi vida&#8221;.<\/p>\n<p>A menos de una hora del &aacute;rea metropolitana de Kansas City (donde entrenan Inglaterra, Argentina y los Pa&iacute;ses Bajos), se ha extendido un entusiasmo similar en Lawrence (Kansas), una ciudad universitaria con menos de 100.000 habitantes, donde los residentes han llenado las calles de verde, blanco y rojo, los colores de la selecci&oacute;n argelina.<\/p>\n<p>Chuck Magerl, propietario de Free State Brewing en la calle principal de Lawrence, dijo que quiz&aacute; se haya subestimado a la ciudad.<\/p>\n<p>&#8220;A Kansas se le considera una zona de paso que, seg&uacute;n algunos, no tiene mucha cultura ni proyecci&oacute;n internacional&#8221;, dijo Magerl de 70 a&ntilde;os, al destacar la diversidad de Lawrence. &#8220;Esa capacidad para acoger otras culturas se ha puesto de manifiesto en la forma en que Lawrence ha recibido a la selecci&oacute;n argelina&#8221;.<\/p>\n<p>Para algunos de los fan&aacute;ticos del f&uacute;tbol, la repentina aparici&oacute;n de sus jugadores favoritos en sus ciudades natales ha sido un golpe de suerte. En Spokane, Washington, Hamza Abohoush, un estudiante de 16 a&ntilde;os del instituto West Valley High School, pudo conocer a la estrella egipcia Mo Salah, uno de sus h&eacute;roes.<\/p>\n<p>&#8220;Se comporta como un chico normal, como nosotros&#8221;, dijo Abohoush.<\/p>\n<p>En un pa&iacute;s construido por inmigrantes, y en un momento de acalorado debate sobre la migraci&oacute;n, el Mundial tambi&eacute;n ha ofrecido a algunos la oportunidad de expresar el orgullo que sienten por sus ra&iacute;ces.<\/p>\n<p>La selecci&oacute;n alemana tiene su base en Winston-Salem, Carolina del Norte, una ciudad con unos 250.000 habitantes, donde las banderas alemanas adornan las jardineras del centro y ondean en lo alto del antiguo edificio R.J. Reynolds.<\/p>\n<p>En un entrenamiento del equipo en la Universidad de Wake Forest el jueves, un aficionado de 16 a&ntilde;os, Raphael Olivier, llevaba la camiseta de la selecci&oacute;n y dijo que la afinidad con el pa&iacute;s hab&iacute;a surgido de forma natural: sus dos padres eran de Alemania y hablaban alem&aacute;n en casa.<\/p>\n<p>Olivier calific&oacute; el hecho de ver al equipo de cerca como &#8220;una experiencia &uacute;nica en la vida&#8221;. &#8220;No creo haber visto nunca tantos aficionados de habla alemana como ahora&#8221;, coment&oacute;.<\/p>\n<p>Otros, como Ashley Frit, de 35 a&ntilde;os e ingeniera de datos en Winston-Salem, dijeron que realmente nunca les hab&iacute;a interesado el f&uacute;tbol, pero ah&iacute; estaban ella y su hija de 10 a&ntilde;os, que le gusta este deporte, entre las 3.500 personas que consiguieron entradas para asistir al entrenamiento abierto de Noruega en la UNC Greensboro. (M&aacute;s de 20.000 personas solicitaron entradas, por lo que se tuvo que realizar un sorteo).<\/p>\n<p>Fritz dijo que ha sido emocionante ver &#8220;c&oacute;mo todo el mundo se ha apoyado mutuamente a lo largo de este evento&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Creo que estamos pasando por tiempos dif&iacute;ciles y puede haber mucha tensi&oacute;n entre las personas&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>&#8220;Es como una historia que transmite pura buena vibra&#8221;, exclam&oacute; Fritz.<\/p>\n<p>Ese mismo sentimiento se repet&iacute;a el mi&eacute;rcoles en la sede del equipo noruego, el Grandover Resort &amp; Spa, donde el ambiente era relajado.<\/p>\n<p>Uno de los chefs del equipo, Christian Karllson, se preparaba para hacer la cena para los amigos y familiares del equipo; compr&oacute; un flet&aacute;n para asarlo en la parrilla y expres&oacute; &#8220;vamos a hacerlo tipo barbacoa americana porque eso es lo que conocen&#8221;.<\/p>\n<p>Heath Putman, un portero del complejo tur&iacute;stico que escuchaba la conversaci&oacute;n, expres&oacute; con asombro m&aacute;s tarde ante la escena: deportistas de talla mundial hablando de barbacoas, aqu&iacute; mismo, en Greensboro.<\/p>\n<p>&#8220;El Sur no siempre ha tenido muy buena reputaci&oacute;n sobre algunos de nuestros puntos de vista&#8221;, dijo Putman.<\/p>\n<p>&#8220;Pero&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;, &#8220;aqu&iacute; estamos, con los brazos abiertos&#8221;.<\/p>\n<p>El alcalde Tim Kelly, de Chattanooga (Tennessee), en su despacho del centro de la ciudad, el 18 de junio de 2026. (Julie Holder\/The New York Times).<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Riley Sealander, un barista de 26 a\u00f1os de Greensboro, Carolina del Norte, es el t\u00edpico fan\u00e1tico del Mundial. Lleva la camiseta de su equipo favorito y ve sus partidos mientras prepara capuchinos. 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