{"id":15565,"date":"2026-07-03T16:26:06","date_gmt":"2026-07-03T21:26:06","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=15565"},"modified":"2026-07-03T15:35:43","modified_gmt":"2026-07-03T21:35:43","slug":"pensaba-que-el-divorcio-significaba-dejar-atras-el-pasado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=15565","title":{"rendered":"Pensaba que el divorcio significaba dejar atr\u00e1s el pasado"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/06\/26\/style\/modern-love-i-thought-divorce-meant-walking-away-from-the-past.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p><b>Mi matrimonio tuvo muchas cosas buenas que me costaba olvidar. Me alegro de no haberlo hecho.<\/b><\/p>\n<p>Hace dos a&ntilde;os, mientras atravesaba un divorcio que no hab&iacute;a querido ni esperado, luch&eacute; contra los recuerdos que quer&iacute;a olvidar: lo feliz que hab&iacute;a estado en nuestra boda; lo orgullosa que me sent&iacute; cuando despeg&oacute; su carrera profesional y qu&eacute; tan firmemente cre&iacute;a que, si aguantaba lo suficiente, podr&iacute;amos lograr que durara.<\/p>\n<p>Esos recuerdos me atormentaban. Cre&iacute;a que eran se&ntilde;ales de qu&eacute; tan ingenua hab&iacute;a sido, una tonta. No pod&iacute;a escapar de ellos. Aunque la menor de mis hijos se iba a la universidad y el mayor ya se hab&iacute;a ido, todav&iacute;a hab&iacute;a muchos recuerdos de m&aacute;s de veinte a&ntilde;os de matrimonio acechando nuestra casa familiar, nuestros amigos y en nuestros lugares favoritos.<\/p>\n<p>As&iacute; que, tras d&eacute;cadas como esposa, madre y m&eacute;dica en Oreg&oacute;n, vend&iacute; la casa; me desped&iacute; de amigos queridos; llev&eacute; a mi hija a su primer a&ntilde;o de universidad y escap&eacute; a otro estado a 950 kil&oacute;metros de distancia para convertirme en la directora m&eacute;dica de una cl&iacute;nica rural de metadona, en un peque&ntilde;o pueblo donde no conoc&iacute;a a nadie.<\/p>\n<p>El puesto y el lugar eran nuevos para m&iacute;, pero no el trabajo. Me especializo en el tratamiento de las adicciones. A lo largo de mi carrera, he trabajado en cl&iacute;nicas de metadona que son pr&aacute;cticamente iguales. Abren temprano, a las 4 o 5 de la ma&ntilde;ana, para que los pacientes puedan recibir la dosis y llegar a tiempo al trabajo. Tienen una fila que conduce a una ventanilla de dispensaci&oacute;n. Al otro lado de la ventanilla, enfermeras o m&eacute;dicos, vestidos con uniformes como si fueran cajeros de banco, pasan vasos de pl&aacute;stico con metadona con sabor a cereza a trav&eacute;s de una ranura. A veces, las filas se extienden hasta el estacionamiento.<\/p>\n<p>Rent&eacute; y me mud&eacute; a una casa victoriana azul con molduras blancas, a solo 10 minutos caminando de mi trabajo. La casa ten&iacute;a un techo a dos aguas, pisos de madera rayados y un ventanal que daba a la calle. &iexcl;Me encantaba! Me despertaba en la oscuridad para ir al trabajo y no me preocupaba por hacer ruido; no hab&iacute;a nadie que pudiera voltearse y refunfu&ntilde;ar: &#8220;&iexcl;Por Dios! &iquest;Qu&eacute; diablos pasa?&#8221;.<\/p>\n<p>Al final de un d&iacute;a largo, no hab&iacute;a infelicidad que me recibiera en casa. Solo estaba yo, pregunt&aacute;ndome si deb&iacute;a alzar un rato los pies y tal vez, &iquest;tomar una taza de t&eacute;? &iquest;O tomar una siesta?<\/p>\n<p>Por las noches, seguido hablaba durante horas por tel&eacute;fono con mis hijos, desesperada por conocer detalles de su vida y me inundaba la culpa cuando me preguntaban con tanta dulzura si me gustaba mi nuevo hogar, que no era su hogar y nunca lo ser&iacute;a.<\/p>\n<p>A veces mi soledad era un b&aacute;lsamo. A veces el dolor era una ola que surg&iacute;a de la nada y me ahogaba.<\/p>\n<p>Todos los d&iacute;as ve&iacute;a a los mismos pacientes, algunos viajaban durante horas para recibir su medicaci&oacute;n. El hombre mayor con barba larga, encorvado sobre su andador e incapaz de llegar del auto a la ventanilla sin detenerse a recuperar el aliento. La madre cansada con un ni&ntilde;o peque&ntilde;o. La maestra que entraba y sal&iacute;a a toda prisa, con la capucha levantada y la cabeza agachada. El tipo corpulento con tatuajes de l&aacute;grimas debajo del ojo derecho que, seg&uacute;n me dijo el consejero de la cl&iacute;nica, significaban que hab&iacute;a estado en la c&aacute;rcel, pero la enfermera dijo que no, que significaban que hab&iacute;a matado a alguien. Lo &uacute;nico que yo sab&iacute;a era que era muy amable y cort&eacute;s conmigo.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n estaba el hombre enojado de cola de caballo con cabello grasoso, que no saludaba ni hac&iacute;a contacto visual y cuya rabia reprimida me manten&iacute;a a m&iacute; tambi&eacute;n en silencio.<\/p>\n<p>Siempre digo que no esperaba el divorcio ni lo quer&iacute;a, pero eso no es verdad. Hab&iacute;amos ido a terapia durante a&ntilde;os mientras los resentimientos se acumulaban y nada cambiaba. Yo era demasiado reservada, dec&iacute;a &eacute;l, demasiado contenida. Adem&aacute;s, nunca estaba satisfecha. Lo cual era cierto. Tambi&eacute;n me sent&iacute;a terriblemente sola, muchas veces en su compa&ntilde;&iacute;a. Escrib&iacute; tantas veces en mi diario sobre lo mismo: &#8220;Me tengo que ir, me tengo que ir, me tengo que ir&#8221;.<\/p>\n<p>Pero no pod&iacute;a hacerlo. Hab&iacute;amos amado y criado a nuestros hijos juntos. Hab&iacute;amos llorado juntos la muerte de nuestros padres. No hab&iacute;a nadie que me hiciera re&iacute;r m&aacute;s que &eacute;l, ni antes ni despu&eacute;s. Preparaba ensalada de at&uacute;n salada con mostaza para el almuerzo y tacos perfectamente grasosos para la cena. A veces, jug&aacute;bamos Scrabble.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a destruir el futuro que, seg&uacute;n yo, estaba a la vuelta de la esquina; ese en el que todo ser&iacute;a diferente. En ese futuro, disfrutar&iacute;amos el tiempo con nuestros hijos y el uno con el otro. Dar&iacute;amos paseos; tendr&iacute;amos conversaciones sin rumbo fijo y disfrutar&iacute;amos de los nietos mientras a&uacute;n tuvi&eacute;ramos salud. No importaba que a &eacute;l no le gustaran mucho los beb&eacute;s. O, con el tiempo, ya no le gustara yo.<\/p>\n<p>As&iacute; que no me fui. Pero, al final, &eacute;l ya se hab&iacute;a cansado de la distancia entre nosotros. Al final, &eacute;l tuvo el valor de dejarme a m&iacute;.<\/p>\n<p>Durante semanas, todos los lunes, llenaba y etiquetaba frascos de metadona para llev&aacute;rselos a una mujer que estaba encarcelada. Trabaj&eacute; en la cl&iacute;nica durante meses antes de que la liberaran y pudiera conocerla en persona.<\/p>\n<p>Esperaba encontrarme con una mujer dura, abatida. Pero era una rubia peque&ntilde;a de unos 20 a&ntilde;os con ese tipo de energ&iacute;a vivaz que asocio con las porristas. Mientras colocaba el vaso de pl&aacute;stico debajo de la m&aacute;quina, me cont&oacute; que se hab&iacute;a sorprendido mucho cuando le informaron que la iban a liberar. Llam&oacute; a su novio para dec&iacute;rselo. &Eacute;l no ten&iacute;a auto, as&iacute; que no podr&iacute;a ir a recogerla, pero ella quer&iacute;a que &eacute;l supiera que iba a salir.<\/p>\n<p>Y pues, &iexcl;ah&iacute; estaba! &Eacute;l esperaba afuera cuando abrieron la puerta. No pod&iacute;a creerlo. Estaba tan feliz de cont&aacute;rmelo, con una enorme sonrisa, el cabello rubio recogido con una cola de caballo y las puntas te&ntilde;idas de azul.<\/p>\n<p>Los d&iacute;as que no trabajaba, le&iacute;a libros enteros sin interrupciones y daba largos paseos por las colinas que rodeaban el pueblo, dejando que mi mente divagara. Record&eacute; el &#8220;&iquest;Est&aacute;s segura?&#8221; que mi mam&aacute; me dijo en voz baja cuando le cont&eacute; que nos &iacute;bamos a casar. Record&eacute; a una buena amiga que, apenas unas semanas antes de la boda, me pregunt&oacute;: &#8220;&iquest;Y si nada m&aacute;s se van a vivir juntos?&#8221;.<\/p>\n<p>Pens&eacute; en mi pap&aacute; durante los primeros a&ntilde;os de casados y luego, otra vez hacia el final, cuando llamaba cada par de meses para preguntar: &#8220;Jessie, &iquest;te est&aacute; tratando bien? Aseg&uacute;rate de que te trate bien&#8221;. Yo lo tranquilizaba porque quer&iacute;a que fuera verdad y porque a veces, incluso mientras el matrimonio se desmoronaba, era verdad: &#8220;S&iacute;, pap&aacute;, me trata bien. Estamos bien&#8221;.<\/p>\n<p>Al d&iacute;a siguiente de que la peque&ntilde;a rubia saliera de la c&aacute;rcel, el hombre enojado regres&oacute; transformado. Lo vi llegar mientras caminaba por el vest&iacute;bulo. Estaba impecable, se hab&iacute;a lavado el cabello, que ca&iacute;a en hermosas ondas casta&ntilde;as hasta los hombros y sonre&iacute;a. Se ve&iacute;a como Jes&uacute;s en su mejor momento. Hermoso y radiante.<\/p>\n<p>La rubia bajita tambi&eacute;n estaba en el vest&iacute;bulo. Cuando lleg&oacute; su turno, marqu&eacute; su n&uacute;mero y, mientras le llenaba el vaso con l&iacute;quido rojo, llamaron al hombre que ya no estaba enojado a la ventanilla de al lado. A pesar de que estaba prohibido, se acerc&oacute; r&aacute;pidamente a su lado y dej&oacute; caer una paleta en el borde frente a ella. Luego regres&oacute; r&aacute;pidamente a la otra ventanilla para recibir su dosis.<\/p>\n<p>&iexcl;Ay, la expresi&oacute;n en su rostro! Result&oacute; que el hombre enojado era su novio. No ten&iacute;a ni idea.<\/p>\n<p>Por supuesto, su relaci&oacute;n estaba condenada al fracaso. &Eacute;l segu&iacute;a consumiendo fentanilo y ella acababa de salir de la c&aacute;rcel, tratando de recuperarse. Ninguno de los dos ten&iacute;a una vivienda estable. Iban a enfrentar dificultades, por separado y juntos, que yo apenas pod&iacute;a comprender. Quiz&aacute;s est&eacute; un poco hastiada, pero el final era previsible.<\/p>\n<p>Aun as&iacute;: la paleta, su sonrisa, ese brillo. Y &eacute;l hab&iacute;a aparecido afuera de la c&aacute;rcel para esperarla, a pesar de no tener auto, como un milagro. No importa lo que venga despu&eacute;s, todo eso era verdad. Todo eso pas&oacute;.<\/p>\n<p>As&iacute; como fueron los tacos grasosos, las risas desenfrenadas y los hijos bien criados y profundamente amados. Todo eso tambi&eacute;n era cierto. En mi matrimonio, todo eso sucedi&oacute;.<\/p>\n<p>Aproximadamente un mes despu&eacute;s de que el hombre no tan enojado y la peque&ntilde;a rubia se reunieran, dej&eacute; mi trabajo y me volv&iacute; a mudar, no de regreso a Oreg&oacute;n, sino a mi ciudad natal en Nuevo M&eacute;xico. Despu&eacute;s de recorrer varios kil&oacute;metros por las colinas, de sufrir la p&eacute;rdida lo suficiente y superarla, de disfrutar muchas horas, para mi sorpresa, de mi propia compa&ntilde;&iacute;a y de presenciar momentos de alegr&iacute;a inesperada en los dem&aacute;s, me di cuenta de que ya no quer&iacute;a, ni necesitaba, estar sola.<\/p>\n<p>No s&eacute; qu&eacute; pas&oacute; con el hombre ya no tan enojado y la peque&ntilde;a rubia. No puedo asegurar si su relaci&oacute;n dur&oacute; o no. Pero ahora lo entiendo: si su amor acaba, no significa que hayan sido unos tontos y no anular&aacute; la alegr&iacute;a que hubo mientras dur&oacute;. Solo significa que se acab&oacute;. As&iacute; que creo que tal vez sea bueno que no sepamos cu&aacute;ndo el amor est&aacute; condenado al fracaso. Creo que me alegra saber que no hay nadie ah&iacute; para leer las se&ntilde;ales de lo que se avecina.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi matrimonio tuvo muchas cosas buenas que me costaba olvidar. Me alegro de no haberlo hecho. 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