{"id":15626,"date":"2026-07-04T05:18:42","date_gmt":"2026-07-04T10:18:42","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=15626"},"modified":"2026-07-04T06:47:32","modified_gmt":"2026-07-04T12:47:32","slug":"opinion-trump-me-arruino-el-4-de-julio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=15626","title":{"rendered":"Opini\u00f3n: Trump me arruin\u00f3 el 4 de julio"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/07\/04\/espanol\/opinion\/trump-4-julio-estados-unidos.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de &#8220;Dios y patria&#8221;. Aplaudimos a los aviones de combate que dejan una estela de humo rojo, blanco y azul. Nos encantan las bandas marciales. Cada a&ntilde;o, el 4 de julio, en todo el territorio estadounidense, convertimos el atrac&oacute;n de perros calientes en una forma de amor competitivo por nuestro pa&iacute;s mientras celebramos la independencia de nuestra naci&oacute;n de un rey.<\/p>\n<p>Antes, esta fiesta se volv&iacute;a una pasarela de pantalones de mezclilla de corte cl&aacute;sico y tops cortos, y todo el mundo ten&iacute;a un aspecto un poco rid&iacute;culo, pero el ambiente era cordial y acogedor. Todo el mundo disfrutaba lucir el l&aacute;baro estadounidense en la parrillada nacional.<\/p>\n<p>Era un poco <em>kitsch <\/em>y un poco bobo. Pero tambi&eacute;n me hac&iacute;a sentir euf&oacute;rica y orgullosa, sobre todo en Washington, adonde me mud&eacute; hace m&aacute;s de 30 a&ntilde;os para trabajar en The Washington Post. La ciudad se revel&oacute; como un lugar a menudo ineficiente, pero tambi&eacute;n idealista, lleno de personas ambiciosas y superdotadas que eleg&iacute;an el servicio p&uacute;blico en lugar de las riquezas de Wall Street o Silicon Valley. En concreto, las mujeres que conoc&iacute; y a las que empec&eacute; a considerar mis amigas destacaban en campos que yo apenas pod&iacute;a comprender: la lucha contra el terrorismo, la ayuda y el desarrollo internacionales, la banca mundial.<\/p>\n<p>Durante uno de mis primeros veranos aqu&iacute;, una amiga que cubr&iacute;a la Casa Blanca de Bill Clinton me invit&oacute; a acompa&ntilde;arla para ver los fuegos artificiales del 4 de julio desde los jardines de la residencia oficial. La explosi&oacute;n de color fue gloriosa. Dondequiera que te hubieras sentado para ver los fuegos, contemplarlos sobre la capital del pa&iacute;s era algo especial, no porque el espect&aacute;culo fuera inmenso, sino porque era aqu&iacute;. No hay nada como ver cohetes y bengalas rojos, blancos y azules con la Casa Blanca, el Monumento a Washington y la Explanada Nacional como tel&oacute;n de fondo.<\/p>\n<p>Vuelve a ser el 4 de julio; esta vez, el punto &aacute;lgido de un a&ntilde;o entero de celebraciones por el 250.&ordm; aniversario de la naci&oacute;n. Las conocidas guirnaldas rojas, blancas y azules cuelgan de las ventanas de los monumentales edificios federales de Washington, as&iacute; como de sus encantadoras casas adosadas. Banderas del tama&ntilde;o de piscinas de entrenamiento cubren edificios enteros, y los visitantes de la capital se envuelven en el equivalente de &#8220;The Star-Spangled Banner&#8221;. La habitual avalancha de turistas se ha convertido en un espect&aacute;culo casi caricaturesco de visitantes festivos, que compiten entre s&iacute; con camisetas que gritan &#8220;USA&#8221;, bermudas con rayas como las de la bandera y gorras de b&eacute;isbol con lentejuelas en forma de estrella.<\/p>\n<p>Pero este a&ntilde;o, apenas puedo soportar ver el rojo, el blanco y el azul. Cuando se combinan en una exhibici&oacute;n exagerada de entusiasmo nacionalista, esos colores me parten el coraz&oacute;n.<\/p>\n<p>Las banderas de los edificios federales son impresionantes, pero cuelgan junto a pancartas con la cara ce&ntilde;uda del presidente Donald Trump. El presidente se pas&oacute; buena parte de la primavera enfocado en limpiar y reparar fuentes que llevaban mucho tiempo inactivas en algunas de las plazas y parques m&aacute;s emblem&aacute;ticos de Washington, incluida la fuente conmemorativa de Crist&oacute;bal Col&oacute;n, frente a la estaci&oacute;n Union.<\/p>\n<p>La escultura de granito blanco, que antes ten&iacute;a el color de un cenicero sucio, ahora resplandece. Es una maravilla ver c&oacute;mo baila el agua en una fuente que llevaba casi 20 a&ntilde;os seca. Pero ese placer viene acompa&ntilde;ado de la certeza de que las reparaciones las ha orquestado un gobierno que se ve m&aacute;s a s&iacute; mismo como un r&eacute;gimen que como guardi&aacute;n de una democracia.<\/p>\n<p>La imagen desenfadada del &#8220;azul de la bandera estadounidense&#8221; se ha asociado ahora con el desastre apestoso y pantanoso en que el presidente ha convertido el estanque reflectante, que antes era elegante pero temperamental. Ahora est&aacute; <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/07\/01\/us\/politics\/trump-washington-dc-construction.html\" rel=\"nofollow\">vallado<\/a>, como tantas otras cosas en Washington en este momento, desde el parque Lafayette hasta gran parte de la Explanada Nacional.<\/p>\n<p>Y hace solo unas semanas, el presidente <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/06\/15\/opinion\/ufc-freedom-250-fight.html\" rel=\"nofollow\">organiz&oacute;<\/a> un combate de la Ultimate Fighting Championship en el jard&iacute;n sur para celebrar su cumplea&ntilde;os, y convirti&oacute; las majestuosas salas p&uacute;blicas de la Casa Blanca en un vestuario glorificado.<\/p>\n<p>Todo esto est&aacute; al servicio de la visi&oacute;n que tiene de Estados Unidos un solo hombre.<\/p>\n<p>La est&eacute;tica del patriotismo en la capital del pa&iacute;s ya no tiene nada que ver con cestas de picnic, neveras port&aacute;tiles a rebosar ni bolsas de lona de LL Bean. Se ha esfumado esa idea inspiradora de que todo el mundo es bienvenido al patio trasero de la naci&oacute;n: amigos, familia y tambi&eacute;n los reci&eacute;n llegados. Cuando la gente se re&uacute;na en la Explanada Nacional para ver los fuegos artificiales, el espect&aacute;culo se clasificar&aacute; como &#8220;Evento Nacional de Seguridad Especial&#8221;, similar a una toma de posesi&oacute;n o al discurso sobre el Estado de la Uni&oacute;n. Con el aumento de la vigilancia, los visitantes tendr&aacute;n que llevar un documento de identidad oficial y pasar por detectores de metales. El Servicio Secreto ha <a href=\"https:\/\/www.notus.org\/metro\/trumps-july-4-rally-shut-down-national-mall\" rel=\"nofollow\">prohibido<\/a> las neveras port&aacute;tiles, las sillas de jard&iacute;n y los frisbis. Puede que no tengamos un atuendo tradicional, aparte de pantalones de mezclilla y camiseta, pero ahora s&iacute; que tenemos la tradici&oacute;n de llevar nuestras cosas a los eventos p&uacute;blicos en bolsas de pl&aacute;stico transparentes, sacar fotos de nuestros monumentos m&aacute;s bonitos a trav&eacute;s de un laberinto de vallas que no se pueden escalar y encontrarnos, pr&aacute;cticamente en cada esquina, con un despliegue de seguridad que incluye a alguaciles federales, polic&iacute;a de parques, Polic&iacute;a Metropolitana, agentes de la Administraci&oacute;n de Control de Drogas, el Servicio Secreto y la Guardia Nacional. Hasta los perros est&aacute;n en patrullaje.<\/p>\n<p>Podr&iacute;a ser tentador decir que se trata de circunstancias inusuales, de sucesos excepcionales. Pero as&iacute; es como se ve Washington incluso en los d&iacute;as tranquilos. Las barricadas no desaparecen del todo. Las que quedan est&aacute;n entreabiertas solo un poquito para permitir un paso a rega&ntilde;adientes, pero pueden cerrarse de golpe en cualquier momento.<\/p>\n<p>La sede federal de Washington tiene un aspecto inquietante mientras el pa&iacute;s celebra su cumplea&ntilde;os. Parece a la defensiva y paranoica. En los &uacute;ltimos meses, la Polic&iacute;a del Capitolio ha instalado controles en la calle que separa mi casa de mi ferreter&iacute;a. Dupont Circle, el lugar emblem&aacute;tico que da nombre al barrio de alrededor &#8211;con sus profundas ra&iacute;ces en la historia LGBTQ&#8211;, fue vallado por la Polic&iacute;a de Parques Nacionales durante el desfile del orgullo en la capital el 20 de junio.<\/p>\n<p>Solo unos d&iacute;as antes, mientras las c&aacute;maras de televisi&oacute;n enfocaban al p&uacute;blico repartido por el c&eacute;sped con motivo de la inauguraci&oacute;n del Centro Presidencial Obama en Chicago el 18 de junio, me fij&eacute; en lo acogedora que parec&iacute;a la escena. La multitud era diversa en cuanto a raza, edad y g&eacute;nero. No se ve&iacute;a mucho rojo, blanco y azul entre esa multitud de Chicago. En el c&eacute;sped del Midway Plaisance de Chicago, donde se celebr&oacute; la fiesta oficial para ver la inauguraci&oacute;n del centro, unas mujeres llevaban una bandera del Juneteenth y los vecinos luc&iacute;an una mezcla variopinta de camisetas y mezclilla. El p&uacute;blico escuch&oacute; a Jennifer Hudson cantar el himno nacional, a Christina Aguilera interpretar &#8220;What a Wonderful World&#8221; &#8212;<a href=\"https:\/\/www.instagram.com\/p\/DZ5xGanEmQm\/\" rel=\"nofollow\">a sugerencia<\/a> del presidente Barack Obama&#8211; y a John Legend y Common ofrecer una versi&oacute;n de &#8220;Glory&#8221;, su himno a la justicia social.<\/p>\n<p>Cuatro expresidentes estuvieron sentados en el escenario con cortes&iacute;a y cordialidad. Michelle Obama <a href=\"https:\/\/barackobama.medium.com\/president-obama-and-mrs-obamas-remarks-at-the-opening-of-the-obama-presidential-center-cb614fd04bdd\" rel=\"nofollow\">habl&oacute;<\/a> con franqueza sobre los obst&aacute;culos que se hab&iacute;an interpuesto en el camino de su esposo.<\/p>\n<p>&#8220;Ocho a&ntilde;os en el crisol, y ni una sola vez te derretiste por el calor, ni una sola vez dejaste que te endureciera&#8221;, dijo. &#8220;Y hacerlo todo siendo el primero, con la vara m&aacute;s alta que eso conlleva&#8221;.<\/p>\n<p>Estas son instant&aacute;neas del tipo de celebraci&oacute;n que, en mi opini&oacute;n, se merece el 250.&ordm; aniversario del pa&iacute;s, im&aacute;genes que transmiten cordialidad, tranquilidad, orgullo y dignidad. Muestran expresiones de patriotismo m&aacute;s reflexivas, generosas e inclusivas que casi cualquier cosa de la Gran Feria Estatal Estadounidense en la Explanada Nacional, o que la promesa de Trump de que los fuegos artificiales de este a&ntilde;o batir&aacute;n un r&eacute;cord mundial Guinness al lanzar m&aacute;s de 860.000 cohetes. Pero antes de que empiece la fiesta pirot&eacute;cnica, el presidente va a dar un discurso. Y si se mantiene fiel a su estilo, hablar&aacute; y hablar&aacute; y hablar&aacute;.<\/p>\n<p>Quiero disfrutar de las vistas y los sonidos de los fuegos artificiales sobre la capital del pa&iacute;s igual que lo hice cuando vine por primera vez a Washington. Tal y como lo hice hace solo unos a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Como espero volver a hacerlo. Alg&uacute;n d&iacute;a.<\/p>\n<p>Robin Givhan es una cr&iacute;tica de moda ganadora del Premio Pulitzer y antigua cr&iacute;tica s&eacute;nior de The Washington Post.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de &#8220;Dios y patria&#8221;. 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