{"id":16514,"date":"2026-07-09T04:46:46","date_gmt":"2026-07-09T09:46:46","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=16514"},"modified":"2026-07-09T09:19:51","modified_gmt":"2026-07-09T15:19:51","slug":"la-guaira-entre-los-escombros-de-los-terremotos-y-el-fin-de-la-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=16514","title":{"rendered":"La Guaira, entre los escombros de los terremotos y el fin de la revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/07\/09\/espanol\/america-latina\/venezuela-terremotos-hugo-chavez-vivienda.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Conoc&iacute; a Jacqueline Z&uacute;&ntilde;iga en la ciudad portuaria de La Guaira, justo cuando Venezuela empezaba a sumirse en una crisis econ&oacute;mica de la que nunca ha salido.<\/p>\n<p>Era 2014 y yo acababa de mudarme a Venezuela como reportero novato. Quer&iacute;a saber c&oacute;mo reaccionaba la base del Partido Socialista en el poder ante el colapso, y le&iacute; en internet sobre el trabajo de Z&uacute;&ntilde;iga.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga, que siempre ha cre&iacute;do en las causas sociales, dirig&iacute;a un proyecto de derechos de las mujeres en La Guaira, uno de los miles de los llamados &#8220;movimientos sociales&#8221; que serv&iacute;an de base a la pir&aacute;mide de poder del gobierno.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga acababa de conseguir decenas de apartamentos para su grupo en unas nuevas torres de viviendas construidas por el gobierno en el este de La Guaira, una franja estrecha y destartalada de concreto entre las monta&ntilde;as costeras de Venezuela y el mar Caribe.<\/p>\n<p>A pesar de los crecientes problemas econ&oacute;micos, fue un momento de enorme orgullo y, para algunos, el mayor logro de sus vidas.<\/p>\n<p>La semana pasada, volv&iacute; a encontrarme con Z&uacute;&ntilde;iga y regresamos a esas torres. Casi todas hab&iacute;an quedado reducidas a escombros. Vimos c&oacute;mo los equipos de rescate sacaban bolsas con cuerpos, una tras otra, de entre las ruinas.<\/p>\n<p>Esas torres estaban entre el mar de edificios que quedaron destruidos por los dos potentes terremotos que sacudieron Venezuela el mes pasado. Los terremotos han causado m&aacute;s de 3800 v&iacute;ctimas mortales, la mayor&iacute;a en La Guaira.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga, que ahora tiene 52 a&ntilde;os y algunas canas, hab&iacute;a conocido a muchas de las v&iacute;ctimas del terremoto a lo largo de sus tres d&eacute;cadas de activismo social en un peque&ntilde;o estado donde todo el mundo parece conocerse. Mientras manej&aacute;bamos por la ciudad destruida, el paisaje le tra&iacute;a a la mente un mont&oacute;n de recuerdos.<\/p>\n<p>Mencion&oacute; a amigos cercanos, vecinos y conocidos lejanos. Habl&oacute; de gente con la que se cruzaba a menudo en panader&iacute;as, bancos y mercados. Hab&iacute;a enemigos pol&iacute;ticos, gente con la que hab&iacute;a competido por los recursos cada vez m&aacute;s escasos de un Estado en bancarrota.<\/p>\n<p>Todos estaban muertos o desaparecidos.<\/p>\n<p>La destrucci&oacute;n f&iacute;sica de La Guaira se produjo tras el desmoronamiento del proyecto pol&iacute;tico al que Z&uacute;&ntilde;iga ha dedicado su vida. Cuando nos conocimos, Hugo Ch&aacute;vez hab&iacute;a fallecido el a&ntilde;o anterior. La revoluci&oacute;n socialista que &eacute;l proclam&oacute; tras convertirse en presidente de Venezuela en 1999 <a href=\"https:\/\/www.bloomberg.com\/news\/articles\/2015-01-19\/venezuela-poor-keep-faith-in-maduro-s-subsidies-as-oil-plunges\" rel=\"nofollow\">ya estaba en declive<\/a>.<\/p>\n<p>El modelo econ&oacute;mico de Venezuela, basado en el control de precios y divisas e inspirado en el sistema estatal cubano, se derrumb&oacute; como un castillo de naipes cuando los precios del petr&oacute;leo se desplomaron en 2014. La <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/05\/05\/espanol\/america-latina\/acuerdos-petroleros-venezuela.html\" rel=\"nofollow\">corrupci&oacute;n<\/a> y la incompetencia del gobierno de Ch&aacute;vez se hicieron evidentes cuando termin&oacute; la bonanza petrolera.<\/p>\n<p>Venezuela, que en su d&iacute;a fue el mayor exportador de petr&oacute;leo del mundo, perdi&oacute; la <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2019\/05\/17\/espanol\/america-latina\/venezuela-crisis-economia.html\" rel=\"nofollow\">mayor parte de su producci&oacute;n econ&oacute;mica<\/a> y, a lo largo de la d&eacute;cada siguiente, millones de venezolanos &#8211;hasta uno de cada seis&#8211; se dispersaron por todo el mundo.<\/p>\n<p>La incursi&oacute;n estadounidense de enero, que derroc&oacute; al sucesor elegido a dedo por Ch&aacute;vez, Nicol&aacute;s Maduro, fue el ep&iacute;logo de un experimento socialista que, el a&ntilde;o pasado, ya <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2020\/02\/05\/espanol\/america-latina\/auge-caracas.html\" rel=\"nofollow\">exist&iacute;a en gran medida solo en papel<\/a>. El partido socialista sigue en el poder, pero est&aacute; <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/06\/23\/espanol\/america-latina\/venezuela-economia-trump-delcy-rodriguez.html\" rel=\"nofollow\">bajo el control del gobierno de Donald Trump<\/a>, que se concentra en exportar los recursos venezolanos a Estados Unidos.<\/p>\n<p>Durante la &uacute;ltima d&eacute;cada, el grupo de Z&uacute;&ntilde;iga intent&oacute; mantener sus iniciativas sociales. Sus miembros crearon talleres de ebanister&iacute;a y proyectos de turismo y de agricultura urbana, todos ellos con el objetivo de empoderar a las mujeres de clase trabajadora.<\/p>\n<p>La mayor&iacute;a de estas iniciativas fracasaron.<\/p>\n<p>A medida que se agravaba la crisis econ&oacute;mica de Venezuela, Z&uacute;&ntilde;iga y su grupo se vieron envueltos en disputas cada vez m&aacute;s intensas con facciones rivales del partido gobernante por los beneficios cada vez m&aacute;s escasos del sistema clientelar del gobierno. Ella cay&oacute; en desgracia con las autoridades actuales de La Guaira.<\/p>\n<p>Algunos de esos enfrentamientos pol&iacute;ticos fueron duros, con desahucios y redadas policiales. Otros fueron tragic&oacute;micos. Una amiga de Z&uacute;&ntilde;iga, Joanna Corro, cont&oacute; c&oacute;mo, una vez, su grupo secuestr&oacute; brevemente a un funcionario de vivienda para conseguir una mayor cuota de apartamentos.<\/p>\n<p>Estas eran algunas de las mismas viviendas que Z&uacute;&ntilde;iga y yo visitamos en 2014, poco despu&eacute;s de que los primeros vecinos se mudaran desde los barrios marginales cercanos. Estos edificios se conocen como OPPPE, una abreviatura que refleja la complejidad de la burocracia venezolana. Significaba Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, aunque pocos residentes lo sab&iacute;an.<\/p>\n<p>Muchos hab&iacute;an sido v&iacute;ctimas de los deslaves repentinos de 1999 que arrasaron sus antiguos hogares en los barrios marginales de las laderas de La Guaira, un desastre que quienes viv&iacute;an ah&iacute; llaman simplemente &#8220;la tragedia&#8221;.<\/p>\n<p>En total, Z&uacute;&ntilde;iga calculaba que 120 de los aproximadamente 600 miembros de su grupo activista, el Movimiento de Mujeres Jos&eacute; Mar&iacute;a Espa&ntilde;a, hab&iacute;an recibido viviendas sociales en La Guaira. Viv&iacute;an all&iacute; con sus hijos y, a veces, con otros familiares.<\/p>\n<p>Para la mayor&iacute;a de las familias, que hab&iacute;an vivido en casas que ellas mismas construyeron, los departamentos fueron su primera vivienda formal. Cuando los visit&eacute; en 2014, unos dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su construcci&oacute;n, la pintura ya se estaba descascarillando por el calor tropical, y el enlucido de las paredes o bien no exist&iacute;a o era de p&eacute;sima calidad y solo funcionaban algunos de los ascensores.<\/p>\n<p>Pero los apartamentos ten&iacute;an agua corriente, inodoros con cisterna, lavadoras, conductos de basura y aire acondicionado. El gobierno los regal&oacute;; no cobraba alquiler.<\/p>\n<p>La vivienda gratuita era la guinda de un extenso sistema clientelar que ha ayudado a mantener al Partido Socialista Unido de Venezuela en el poder durante casi tres d&eacute;cadas.<\/p>\n<p>Corro enumer&oacute; las ventajas: &#8220;Autos, apartamentos, comida, televisoras, cr&eacute;ditos, &uacute;tiles escolares&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Todo, de todo, de todo&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>Todo gratis.<\/p>\n<p>A cambio, se esperaba que los beneficiarios asistieran a los m&iacute;tines del gobierno, votaran por sus candidatos y presionaran a otros para que hicieran lo mismo. Quienes apoyaban a la oposici&oacute;n se arriesgaban a perder las prestaciones, incluidos sus apartamentos.<\/p>\n<p>La alta densidad de estas viviendas sociales es una de las razones por las que parecen representar una parte significativa del total de v&iacute;ctimas mortales del terremoto. Tambi&eacute;n hay <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/07\/05\/espanol\/america-latina\/venezuela-terremotos-mision-vivienda.html\" rel=\"nofollow\">dudas sobre su integridad estructural<\/a>.<\/p>\n<p>&#8220;Mira d&oacute;nde los metimos&#8221;, dijo Corro, de 43 a&ntilde;os, sin dirigirse a nadie en concreto mientras miraba los escombros de una de las torres. &#8220;Nunca imaginamos que fuera as&iacute;&#8221;.<\/p>\n<p>Su hermana Isamar, de 35 a&ntilde;os, estaba en alg&uacute;n lugar entre las losas de concreto que se derrumbaron como naipes; se la da por muerta.<\/p>\n<p>La relaci&oacute;n entre el partido socialista y los pobres de Venezuela era profundamente transaccional. Pero la sensaci&oacute;n de empoderamiento pol&iacute;tico entre sus seguidores era real y ha perdurado m&aacute;s all&aacute; de las ayudas.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga record&oacute; la discriminaci&oacute;n racial que sent&iacute;a antes de que Ch&aacute;vez, mestizo y de familia rural pobre, llegara al poder.<\/p>\n<p>&#8220;Siempre me sent&iacute;a inc&oacute;moda en lugares formales. &iquest;Debo estar aqu&iacute;? &iquest;Puedo estar aqu&iacute;?&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>&#8220;Ahora me siento orgullosa de ser negra&#8221;, dijo Z&uacute;&ntilde;iga. &#8220;La gente sabe que tiene valor, que son visibles&#8221;.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga naci&oacute; en un barrio obrero de Caracas, la capital venezolana, en el seno de una familia colombiana que hab&iacute;a huido de la guerra civil de su pa&iacute;s.<\/p>\n<p>Sol&iacute;a venir a La Guaira a visitar a su padre, que trabajaba all&iacute; en la construcci&oacute;n.<\/p>\n<p>Se involucr&oacute; en proyectos locales, organizando una cooperativa de transporte p&uacute;blico y presionando para que se asfaltaran las calles. Cuando Ch&aacute;vez lleg&oacute; a la presidencia, se apunt&oacute; a uno de sus primeros programas de lucha contra la pobreza y recibi&oacute; un pr&eacute;stamo subvencionado. Lo utiliz&oacute; para comprar un apartamento en un barrio de clase media de La Guaira.<\/p>\n<p>Vivi&oacute; en ese apartamento por casi 27 a&ntilde;os, hasta que qued&oacute; destruido el mes pasado por los terremotos consecutivos. Sali&oacute; ilesa, pero perdi&oacute; todas sus pertenencias.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Sabes c&oacute;mo uno lucha por esta casita?&#8221;, me pregunt&oacute; Z&uacute;&ntilde;iga mientras miraba el edificio da&ntilde;ado, llamado La Marina. Una cortina verde se agitaba en la ventana de su apartamento, en el sexto piso. En la entrada hab&iacute;a pintada con aerosol una &#8220;D&#8221; roja, que indicaba una orden de demolici&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8220;Hemos vivido tantas cosas para que venga el de all&aacute; a derrumbar la casa&#8221;, dijo, refiri&eacute;ndose a Dios. &#8220;Mucha gente que conozco muri&oacute;. Eso me tiene tan confundida&#8221;.<\/p>\n<p>La fe de Z&uacute;&ntilde;iga y sus amigos en el gobierno venezolano se desvaneci&oacute; hace tiempo. Pero han mantenido su creencia en la justicia social y su desconfianza hacia el libre mercado. Sobre todo, a&ntilde;os de activismo les han dado un sentido de comunidad, lo que les ha ayudado a capear repetidas adversidades.<\/p>\n<p>Se ten&iacute;an los unos a los otros, y su apoyo mutuo qued&oacute; patente durante la m&aacute;s reciente y, para la mayor&iacute;a de ellos, la mayor tragedia.<\/p>\n<p>Nos quedamos junto a montones de escombros y vimos c&oacute;mo sobrevolaban helic&oacute;pteros militares estadounidenses y c&oacute;mo rescatistas estadounidenses, musculosos y con muchos tatuajes, vestidos con pantalones cargo, trabajaban entre los edificios destruidos.<\/p>\n<p>Z&uacute;&ntilde;iga dijo que desconfiaba de los estadounidenses y que ten&iacute;a poca fe en el gobierno interino de Venezuela, encabezado por la exvicepresidenta de Maduro, Delcy Rodr&iacute;guez. Dijo que, aun as&iacute;, votar&iacute;a por un candidato de izquierda cuando se celebren las pr&oacute;ximas elecciones, pero no necesariamente por uno del partido de Rodr&iacute;guez.<\/p>\n<p>Le pregunt&eacute; a Z&uacute;&ntilde;iga si las d&eacute;cadas que hab&iacute;a pasado haciendo campa&ntilde;a por las consignas antimperialistas y socialistas de Ch&aacute;vez hab&iacute;an valido la pena.<\/p>\n<p>&#8220;Ch&aacute;vez tuvo la mejor intenci&oacute;n del mundo, pero falt&oacute; formaci&oacute;n&#8221;, dijo. &#8220;Tuvimos la oportunidad de hacer cosas muy bonitas. A tantas mujeres les dimos tranquilidad, oportunidad, visibilidad&#8221;.<\/p>\n<p>Desde los terremotos, Jacqueline duerme en un puesto de un mercado al aire libre en el centro de La Guaira. Ha acondicionado el puesto con un colch&oacute;n, unas cortinas improvisadas y un ventilador el&eacute;ctrico. Por la noche, cierra con llave la puerta del mercado para estar segura.<\/p>\n<p>El mercado forma parte de la iniciativa de distribuci&oacute;n de alimentos que Z&uacute;&ntilde;iga ha impulsado desde hace varios a&ntilde;os, y que permite a los vecinos de La Guaira comprar productos frescos directamente a los agricultores de la regi&oacute;n. Los agricultores con los que ha entablado amistad a lo largo de los a&ntilde;os le han dado a Z&uacute;&ntilde;iga un lugar donde dormir, comida y un pago modesto por ayudar a atender a clientes.<\/p>\n<p>Ha convertido un comedor comunitario que fund&oacute; cerca de su casa en un centro de distribuci&oacute;n de ayuda y en un refugio temporal para ni&ntilde;os que han perdido sus hogares o a sus familiares en el terremoto. Dijo que est&aacute; deprimida, pero que se obliga a ir porque la gente tiene hambre y necesita ayuda. &#8220;Yo lloro un ratito y me levanto&#8221;, dijo en su habitaci&oacute;n improvisada.<\/p>\n<p>Nos levantamos para visitar a unos amigos que segu&iacute;an buscando a familiares entre los escombros. Al salir, la esposa de un agricultor cogi&oacute; a Z&uacute;&ntilde;iga del brazo y le dio un abrazo.<\/p>\n<p>&#8220;Te vas a levantar como una guerrera&#8221;, dijo la mujer, &#8220;como siempre has sido&#8221;.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/anatoly-kurmanaev\" rel=\"nofollow\">Anatoly Kurmanaev<\/a><\/em> cubre la actualidad de Venezuela y su gobierno interino.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Conoc\u00ed a Jacqueline Z\u00fa\u00f1iga en la ciudad portuaria de La Guaira, justo cuando Venezuela empezaba a sumirse en una crisis econ\u00f3mica de la que nunca ha salido. 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