{"id":17431,"date":"2026-07-15T05:59:39","date_gmt":"2026-07-15T10:59:39","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=17431"},"modified":"2026-07-15T08:54:06","modified_gmt":"2026-07-15T14:54:06","slug":"opinion-como-supere-mi-adiccion-al-algoritmo-sin-ayuda-de-la-tecnologia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=17431","title":{"rendered":"Opini\u00f3n: C\u00f3mo super\u00e9 mi adicci\u00f3n al algoritmo sin ayuda de la tecnolog\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/07\/15\/espanol\/opinion\/adiccion-tiktok-instagram-algoritmo.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>A pesar del odio que est&aacute; recibiendo &uacute;ltimamente, a veces me gusta el algoritmo. He adiestrado mi TikTok como si fuera un perro obediente, solo que en lugar de traerme aves silvestres a mis pies, me trae videos de artistas en bodas egipcias, influentes culinarios de las zonas rurales de Vietnam y presentaciones de diapositivas de algo llamado &#8220;est&eacute;tica balc&aacute;nica&#8221;. Me gusta cuando los anuncios de Instagram me ense&ntilde;an alg&uacute;n objeto de cocina sin sentido con forma de un tomate lindo.<\/p>\n<p>Pero estos regalos vienen acompa&ntilde;ados de las muchas ardillas muertas que mi algoritmo tambi&eacute;n me trae: el vac&iacute;o que te invade al ver los detalles mundanos de la vida de tanta gente, la sensaci&oacute;n molesta de que todo el mundo est&aacute; en otro sitio divirti&eacute;ndose sin ti, el empobrecimiento de tus gustos y tu sensibilidad. &iquest;De verdad me gustan las zapatillas ballerinas o Meta y tres influentes de moda a los que sigo en Europa han conspirado para que me las compre?<\/p>\n<p>Por eso he estado intentando vivir un &#8220;verano de Ludd&#8221;, un t&eacute;rmino que he tomado prestado de <a href=\"https:\/\/www.washingtonpost.com\/style\/trends\/2026\/06\/22\/activists-launch-irl-push-tech-free-summer\/\" rel=\"nofollow\">un grupo<\/a> que lleva unas semanas pegando carteles por toda la ciudad de Nueva York para intentar que la gente deje los celulares. &#8220;NO TODO EST&Aacute; EN INTERNET&#8221;, dec&iacute;a un cartel que vi descascarill&aacute;ndose de una pared en el East Village. Para m&iacute;, cada vez hay menos cosas ah&iacute;. Llevo unos meses haciendo un experimento: he borrado todas mis aplicaciones de redes sociales &#8211;Instagram, Twitter, TikTok&#8211; y las he pasado a un iPhone viejo que ten&iacute;a en casa. A este tel&eacute;fono lo he bautizado como mi &#8220;tel&eacute;fono de <a href=\"https:\/\/fundeu.do\/escrolear-hispanizacion-de-scrollear\/\" rel=\"nofollow\">escroleo<\/a>&#8220;. He elegido un &uacute;nico sitio en mi casa donde puedo usarlo: un sill&oacute;n a rayas de mi sal&oacute;n, al que ahora he bautizado como el &#8220;sill&oacute;n de escroleo&#8221;.<\/p>\n<p>El tel&eacute;fono de escroleo no tiene tarjeta SIM, solo wifi, y puedo usarlo todo lo que quiera, siempre y cuando est&eacute; sentada en el sill&oacute;n de escroleo. El sill&oacute;n de escroleo existe para que no acabe haciendo exactamente lo mismo que hac&iacute;a cuando mi tel&eacute;fono de verdad tambi&eacute;n era mi tel&eacute;fono de escroleo: cenar con mi tel&eacute;fono de escroleo, ver la tele con mi tel&eacute;fono de escroleo, sentarme en el ba&ntilde;o con mi tel&eacute;fono de escroleo. (T&uacute; tambi&eacute;n lo haces, no finjas que no). El sill&oacute;n de escroleo me permite limitar mi uso de las redes sociales a un &uacute;nico lugar. Si estoy con el tel&eacute;fono de escroleo, tengo que estar en el sill&oacute;n de escroleo. Incluso me compr&eacute; un soporte para el tel&eacute;fono con forma de cerdito para dejarlo en mi estanter&iacute;a, una forma de recordarme lo que estoy haciendo cuando lo cojo: devorando las redes sociales como un cerdo en el comedero.<\/p>\n<p>A veces, mis amigos se quedan incr&eacute;dulos cuando se enteran de la existencia del tel&eacute;fono de escroleo. Da la impresi&oacute;n de que estuviera sumida en una grave adicci&oacute;n a las redes sociales. De hecho, ya estaba reduciendo su uso, publicando en Instagram como mucho cada pocas semanas. Pero hab&iacute;a pasado por cambios dif&iacute;ciles en mi vida en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y las redes sociales no me ayudaban. Me di cuenta de que, en mis momentos m&aacute;s vulnerables, me pon&iacute;a a navegar para distraerme, y solo consegu&iacute;a hundirme m&aacute;s en la ansiedad y la inseguridad. Borraba o desactivaba mis cuentas durante meses enteros, solo para volver a descargarlas y darme un atrac&oacute;n, llegando una vez m&aacute;s al mismo callej&oacute;n sin salida emocional y deprimente.<\/p>\n<p>Ese ciclo de borrar y repetir era solo una estrategia. Prob&eacute; poner mi celular en escala de grises durante varios meses, un truco pensado para que nos sintamos menos tentadas por esos dispositivos adictivos que todos llevamos en el bolsillo. Elimin&eacute; Instagram del celular y solo lo miraba en la computadora. Ten&iacute;a los temporizadores diarios que ahora ofrece Apple en las aplicaciones. (Casi siempre los ignoraba, como seguro que t&uacute; tambi&eacute;n haces). Aunque consegu&iacute;a pasar menos tiempo en las aplicaciones, nada de eso acababa realmente con esa sensaci&oacute;n molesta de querer mirar y volver a mirar, como un tic nervioso, igual que me pasaba cuando fumaba cigarros. Recuerdo que un amigo me dijo: &#8220;&iquest;Por qu&eacute; no te lo tomas con calma?&#8221;, cuando me quejaba de querer estar conectada pero de sentirme fatal cada vez que lo estaba. Pero no pod&iacute;a tom&aacute;rmelo con calma; hiciera lo que hiciera, sent&iacute;a que el algoritmo me volv&iacute;a a atrapar.<\/p>\n<p>Hay cosas que no prob&eacute;: Brick, un dispositivo que bloquea las aplicaciones de tu celular hasta que lo acercas a un peque&ntilde;o cuadrado magn&eacute;tico; plugins que hacen que la pantalla de tu celular sea aburrida; una aplicaci&oacute;n que se llama, literalmente, Brainrot, que convierte en un juego la reducci&oacute;n del tiempo que pasas desplaz&aacute;ndote por la pantalla. Luego est&aacute;n los llamados <em>dumbphones<\/em>, o tel&eacute;fonos tontos, dispositivos fabricados a prop&oacute;sito sin acceso a estas aplicaciones que parecen <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2025\/10\/30\/style\/lamp-club-luddites.html\" rel=\"nofollow\">haberse puesto de moda<\/a> entre los neoluditas. Pero a menudo su uso <a href=\"http:\/\/google.com\/url?q=https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/02\/17\/style\/brick-app-phone-addiction.html&amp;sa=D&amp;source=docs&amp;ust=1784056090751870&amp;usg=AOvVaw2NFhHRRwADR_tqkAnT9fkq\" rel=\"nofollow\">parec&iacute;a m&aacute;s una pose<\/a> que una soluci&oacute;n que pudiera aplicar realmente a mi vida.<\/p>\n<p>Cuando lo configur&eacute; por primera vez, supuse que el tel&eacute;fono de escroleo ser&iacute;a otra m&aacute;s en una larga lista de ese tipo de soluciones a medias. Pero, de alguna manera, ha cambiado por completo mi forma de usar las redes sociales; creo que, en parte, porque logr&eacute; recrear la sensaci&oacute;n que tuve cuando empec&eacute; a interactuar con el algoritmo. Estaba en secundaria cuando empez&oacute; Facebook, y en la universidad cuando lo hizo Instagram, as&iacute; que soy de la generaci&oacute;n que se lanzaba a las salas de computadoras de la universidad para ver qui&eacute;n hab&iacute;a subido un &aacute;lbum en Facebook con las fotos de la fiesta de la noche anterior. La primera vez que alguien tuite&oacute; algo negativo sobre m&iacute;, no recib&iacute; una notificaci&oacute;n instant&aacute;nea avis&aacute;ndome de su comentario malicioso de 140 caracteres. Un chico me lo cont&oacute; antes de una clase de biolog&iacute;a; para cuando me conect&eacute;, ya hab&iacute;an pasado d&iacute;as desde que esa persona hab&iacute;a tuiteado. Para consultar las redes sociales hab&iacute;a que ir a un sitio concreto; depend&iacute;an de computadoras, que a su vez estaban conectados a cables ethernet, a los que b&aacute;sicamente solo pod&iacute;as acceder si estabas sentado y en un lugar cerrado.<\/p>\n<p>Para nosotros los mil&eacute;nials, la nostalgia por los inicios del internet es f&aacute;cilmente mercantilizada por las marcas y los montajes de &#8220;recuerdas cuando&#8221;, pero hay una raz&oacute;n por la que podemos recordar con cari&ntilde;o una &eacute;poca en la que el uso de internet se limitaba a un lugar y momento: pod&iacute;as tratarlo como cualquier otro pasatiempo, no como la extra&ntilde;a extensi&oacute;n de tu psique que conlleva tener acceso constante a informaci&oacute;n, tanto importante como trivial, sobre todas las personas que has conocido en los &uacute;ltimos 10 a&ntilde;os.<\/p>\n<p>Mi verano de Ludd me ha devuelto a los h&aacute;bitos de aquellos a&ntilde;os, pero mejor: ahora experimento una ausencia casi total de FOMO. Es dif&iacute;cil sentir envidia de lo que est&aacute; haciendo en Berl&iacute;n el amigo de mi antiguo compa&ntilde;ero de piso en un d&iacute;a cualquiera, porque no lo veo. Rara vez siento la necesidad de sacar el celular y capturar lo que estoy haciendo, porque ya no estoy creando contenido sobre mi vida, ese reflejo que estas aplicaciones nos han inculcado a todos. Me da un poco de verg&uuml;enza ajena ver a la gente grabando o fotografiando algo que simplemente deber&iacute;an estar viviendo. Cuando hago fotos, han adquirido un aire <em>boomer<\/em> que he llegado a disfrutar: suelen ser horizontales, no verticales, menos compuestas, sin espacio muerto para textos ni pies de foto.<\/p>\n<p>Y esta observaci&oacute;n es tan obvia que roza lo trillado: cuando vivo mi vida, me siento m&aacute;s presente. Cuando limitas tu p&uacute;blico a la gente que est&aacute; f&iacute;sicamente a tu lado, es m&aacute;s f&aacute;cil dejar de preocuparte por c&oacute;mo te perciben. &iexcl;Hay menos gente que me est&aacute; mirando!<\/p>\n<p>Cuando me acomodo en el sill&oacute;n de escroleo, hago lo que hacemos todos: disfruto de la oleada del algoritmo que me envuelve. Me pongo al d&iacute;a con los mensajes directos; a veces, los amigos me env&iacute;an historias que caducaron hace tiempo y que ya no puedo ver. &iexcl;Bueno, qu&eacute; le vamos a hacer! Si fuera importante, habr&iacute;an hecho una captura de pantalla y me la habr&iacute;an mandado por mensaje. (Nunca lo es). De hecho, he marcado un horario para comunicarme con las personas a trav&eacute;s de las aplicaciones: cuando estoy en casa, por las noches y las ma&ntilde;anas de los fines de semana. A veces, cuando hablo con gente en las redes que sabe lo del tel&eacute;fono de escroleo, me dicen: &#8220;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;Est&aacute;s en tu tel&eacute;fono de escroleo ahora mismo?&#8221;. Si te respondo en Instagram, puedes estar seguro de que te estoy escribiendo desde un lugar muy concreto de mi departamento.<\/p>\n<p>De vez en cuando publico algo en Instagram, pero el proceso es tan engorroso (tengo que enviar las fotos por AirDrop desde mi tel&eacute;fono principal al tel&eacute;fono de escroleo antes de subirlas a Instagram) que, a mitad del proceso, me doy cuenta de lo tonta que es la foto para empezar. Cuando no publicas nada sobre varios acontecimientos importantes de tu vida, el atractivo de hacerlo para los futuros tambi&eacute;n se desvanece, y pronto se trata solo de pasarlo bien de vez en cuando.<\/p>\n<p>Aunque no voy a fingir que soy <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2025\/02\/01\/opinion\/how-quit-smartphone-addiction.html\" rel=\"nofollow\">una ludita rigurosa<\/a>. Leo un mont&oacute;n de noticias, <em>blogs<\/em> y publicaciones de Reddit en mi tel&eacute;fono de verdad. Chismeo, env&iacute;o mensajes, y mi tiempo de pantalla sigue siendo de m&aacute;s de dos horas al d&iacute;a (&iexcl;he bajado de seis, que conste!). De vez en cuando pido ver el celular de un amigo cuando salgo; es como darle una calada al vaporizador de alguien en una fiesta. Simplemente hago la mayor parte de todo eso donde el algoritmo no puede encontrarme. A diferencia de los neoluditas, sigo disfrutando de las redes sociales, siento un atisbo de cari&ntilde;o por lo que podr&iacute;an ser si se usaran con moderaci&oacute;n en lugar de en exceso. No hace falta destruirlas; solo hay que dejarlas en un rinc&oacute;n, en una estanter&iacute;a, sobre un soporte con forma de cerdito que me recuerde que las redes sociales siempre estuvieron pensadas para no ser tomadas tan en serio.<\/p>\n<p>Meher Ahmad es editora de la secci&oacute;n de Opini&oacute;n.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A pesar del odio que est\u00e1 recibiendo \u00faltimamente, a veces me gusta el algoritmo. 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