{"id":22610,"date":"2026-07-28T09:36:17","date_gmt":"2026-07-28T14:36:17","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=22610"},"modified":"2026-07-28T08:46:35","modified_gmt":"2026-07-28T14:46:35","slug":"opinion-asi-saldremos-de-nuestra-distopia-de-alimentos-ultraprocesados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=22610","title":{"rendered":"Opini\u00f3n: As\u00ed saldremos de nuestra distop\u00eda de alimentos ultraprocesados"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/07\/28\/espanol\/opinion\/alimentos-ultraprocesados-salud.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Cuando Bryce Martinez empez&oacute; a sentir un dolor alrededor del coraz&oacute;n, pens&oacute; que podr&iacute;a ser un ataque de asma. Pero en la enfermer&iacute;a de la escuela, descubrieron que su presi&oacute;n arterial era tan alta que lo llevaron de urgencia a la sala de emergencias. All&iacute;, los m&eacute;dicos le diagnosticaron diabetes tipo 2 y enfermedad del h&iacute;gado graso.<\/p>\n<p>Bryce, que entonces ten&iacute;a 16 a&ntilde;os, estaba desconcertado. Hab&iacute;a desarrollado obesidad en la primera infancia, pero hasta ese dolor de pecho, no hab&iacute;a tenido ninguna otra se&ntilde;al de que algo anduviera mal con su salud. Ni siquiera sab&iacute;a que los ni&ntilde;os pudieran padecer diabetes tipo 2.<\/p>\n<p>De vuelta en casa, busc&oacute; en internet informaci&oacute;n sobre sus enfermedades y devor&oacute; art&iacute;culos de noticias y videos. Se enter&oacute; de que los ni&ntilde;os estadounidenses viven en entornos alimentarios disfuncionales, donde las opciones menos saludables tienden a ser las m&aacute;s asequibles y accesibles. Que a medida que los padres asum&iacute;an m&aacute;s horas de trabajo, hab&iacute;a menos tiempo para cocinar que en generaciones anteriores. Que las empresas alimentarias llenaron el vac&iacute;o con alimentos convenientes y ultraprocesados, que contienen ingredientes manipulados industrialmente que no encontrar&iacute;as en la comida casera. Que estos alimentos suelen estar llenos de sal, az&uacute;car, grasa y aditivos. A Bryce le sorprendi&oacute; que los reguladores no evaluaran la salud y la seguridad de todos los aditivos alimentarios, y que las empresas pudieran poner etiquetas de saludables en comida chatarra sin valor nutricional.<\/p>\n<p>La chatarra, se dio cuenta Bryce, era mucha de la comida con la que creci&oacute; en Pensilvania. Incluso la comida que no parec&iacute;a tan mala. Un taz&oacute;n de cereal para antes de salir corriendo de casa, comercializado para ni&ntilde;os y que a veces anunciaba fibra y nutrientes, pero que tambi&eacute;n era alto en az&uacute;car. En la escuela, los almuerzos inclu&iacute;an pizza, hamburguesas y macarrones con queso. Los padres de Bryce intentaban cocinar comidas nutritivas siempre que pod&iacute;an, pero ambos ten&iacute;an trabajos a tiempo completo. Cuando &eacute;l llegaba a casa antes de que sus padres salieran del trabajo, sacaba una lata o caja de la alacena o el congelador para calentarla en el microondas: m&aacute;s macarrones con queso o una comida lista para calentar. Beb&iacute;a jugos en bolsita para pasar las comidas. Algunos de los alimentos que consum&iacute;a como golosinas (papas fritas, helado) parec&iacute;an estar dise&ntilde;ados para que no pudiera dejar de comerlos. Antes sol&iacute;a culparse a s&iacute; mismo por eso.<\/p>\n<p>A los 18 a&ntilde;os empez&oacute; a entender que la responsabilidad no reca&iacute;a solo en &eacute;l. Martinez demand&oacute; a 11 grandes fabricantes de alimentos (incluidos Kraft Heinz, Coca-Cola, PepsiCo y Nestl&eacute; USA), y aleg&oacute; alegando que el consumo de sus productos le provoc&oacute; su diabetes tipo 2 y su enfermedad del h&iacute;gado graso en la infancia. La demanda, presentada a finales de 2024, fue el primer caso de lesiones personales relacionado con alimentos ultraprocesados.<\/p>\n<p>Desde entonces, he rastreado m&aacute;s de media decena de otras demandas por lesiones personales presentadas contra grandes fabricantes de alimentos, todas alegando que los alimentos ultraprocesados, dise&ntilde;ados para generar adicci&oacute;n y comercializados para ni&ntilde;os, causaron enfermedades cr&oacute;nicas en alguien menor de 18 a&ntilde;os. He seguido estos casos porque cada vez estoy m&aacute;s convencida de que los litigios pueden ser nuestro &uacute;nico camino hacia un entorno alimentario saludable.<\/p>\n<p>Las encuestas <a href=\"https:\/\/pubmed.ncbi.nlm.nih.gov\/42233207\/\" rel=\"nofollow\">muestran<\/a> que en todo el espectro pol&iacute;tico, una mayor&iacute;a de estadounidenses ahora cree que los alimentos ultraprocesados pueden ser adictivos, que las empresas intentan enganchar deliberadamente a los ni&ntilde;os y que se necesita <a href=\"https:\/\/lsa.umich.edu\/psych\/news-events\/all-news\/faculty-news\/americans-of-all-political-stripes-want-to-regulate-ultraprocess.html\" rel=\"nofollow\">regulaci&oacute;n<\/a>. Pol&iacute;ticas que parec&iacute;an pol&iacute;ticamente t&oacute;xicas en la era de la prohibici&oacute;n de los vasos gigantes &#8220;<a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2013\/07\/31\/nyregion\/appeals-court-rules-against-bloomberg-beverage-rules.html\" rel=\"nofollow\">Big Gulp<\/a>&#8221; en Nueva York bajo el mandato del alcalde Michael Bloomberg ahora lo parecen menos. Ashley Gearhardt, experta en adicci&oacute;n a los alimentos de la Universidad de M&iacute;chigan, ve la presencia de la econom&iacute;a del antojo en el mundo de la alimentaci&oacute;n y m&aacute;s all&aacute;. &#8220;Como madre, siento que hay buitres corporativos que solo est&aacute;n revoloteando sobre mi cabeza esperando a que tenga un mal d&iacute;a, para poder lanzarse en picada y hacer que mi hijo sea un leal de por vida a su da&ntilde;ino producto&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>De fondo, la ciencia de la nutrici&oacute;n ha madurado. <a href=\"https:\/\/www.thelancet.com\/series-do\/ultra-processed-food\" rel=\"nofollow\">Los investigadores han descubierto<\/a> c&oacute;mo los alimentos procesados anulan las se&ntilde;ales del cuerpo para la saciedad y la nutrici&oacute;n y aumentan el riesgo de padecer diabetes tipo 2 y obesidad, entre otras enfermedades cr&oacute;nicas.<\/p>\n<p>Pero esto no significa que los estadounidenses vayan a ver una nueva legislaci&oacute;n en el corto plazo. Si bien el gobierno de Donald Trump, y en particular el ala MAHA (sigla en ingl&eacute;s del movimiento &#8220;Hagamos a Estados Unidos saludable de nuevo&#8221;) de Robert F. Kennedy Jr., ha tenido mucho que decir sobre los alimentos ultraprocesados, toda esa charla no ha generado nuevas regulaciones sustanciales. Pero el problema es m&aacute;s profundo. &#8220;Desde hace 30 o 40 a&ntilde;os la gente habla de la naturaleza t&oacute;xica del entorno alimentario, de c&oacute;mo la industria alimentaria est&aacute; contribuyendo a ello y de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas que deber&iacute;an implementarse, y casi no ha pasado nada&#8221;, dijo Kelly Brownell, investigador de salud p&uacute;blica de la Universidad de Duke.<\/p>\n<p>Conozco muy de cerca este estancamiento. He escrito sobre enfermedades cr&oacute;nicas y alimentaci&oacute;n durante m&aacute;s de una d&eacute;cada. Cuando la gente pregunta c&oacute;mo podemos arreglar el sistema alimentario, suelo responder con alguna versi&oacute;n de: &#8220;exige un cambio en todos los niveles que puedas (la escuela, el lugar de trabajo, la ciudad, el pa&iacute;s)&#8221;. Pero, para ser sincera, la lucha a menudo se ha sentido in&uacute;til cuando pienso en el poder de cabildeo de la industria global de alimentos y bebidas de 10 billones de d&oacute;lares.<\/p>\n<p>Fue solo al profundizar en la historia de los litigios de salud p&uacute;blica cuando comenc&eacute; a sentir algo de optimismo. Una y otra vez, grupos de abogados astutos interesados en la salud p&uacute;blica y la justicia social lucharon por protecciones que los legisladores no hab&iacute;an logrado brindar, mucho despu&eacute;s de que se establecieran los da&ntilde;os de un producto. Los litigios obligaron a una regulaci&oacute;n sustancial de los opioides. Ayudaron a reducir el uso de pintura con plomo y asbesto, e hicieron que la conducci&oacute;n de autos fuera m&aacute;s segura. Pero el uso de litigios m&aacute;s plenamente desarrollado para la salud p&uacute;blica involucra al cigarrillo.<\/p>\n<p><em>Durante la mayor parte del siglo XX, el p&uacute;blico estuvo inundado<\/em> de publicidad de tabaco y humo de segunda mano en formas que hoy parecen absurdas. Los anuncios de revistas mostraban las marcas de cigarrillos favoritas de los m&eacute;dicos. El dibujo animado Joe Camel, un &#8220;chico <em>cool<\/em>&#8220;, aparec&iacute;a en la televisi&oacute;n para atraer a los ni&ntilde;os. El humo llenaba los hospitales y los aviones.<\/p>\n<p>A partir de la d&eacute;cada de 1950, los denunciantes individuales se presentaron para demandar a las empresas tabacaleras. Estaba el trabajador de f&aacute;brica que fumaba dos cajetillas al d&iacute;a y que, al final, perdi&oacute; un pulm&oacute;n a causa del c&aacute;ncer. Estaba la viuda que demand&oacute; por homicidio culposo en nombre de su difunto esposo, un fumador empedernido desde los 9 a&ntilde;os. La industria se deshizo de este tipo de demandas a lo largo de la d&eacute;cada de 1980. Pero, aunque los demandantes perdieron de forma abrumadora, como el historiador Allan Brandt <a href=\"https:\/\/www.hachettebookgroup.com\/titles\/allan-m-brandt\/the-cigarette-century\/9780465070480\/?lens=basic-books\" rel=\"nofollow\">detall&oacute;<\/a> en <em>The Cigarette Century<\/em>, los casos se multiplicaron como una bola de nieve y llevaron a un descubrimiento de pruebas legales que pusieron a la vista documentos condenatorios de la industria.<\/p>\n<p>Las empresas tabacaleras, que ajustaban con precisi&oacute;n los niveles de nicotina para fomentar la adicci&oacute;n y se dirig&iacute;an a los &#8220;prefumadores&#8221; (tambi&eacute;n conocidos como ni&ntilde;os), ten&iacute;an registros que mostraban que sus productos causaban c&aacute;ncer, mientras que sus ejecutivos afirmaban p&uacute;blicamente lo contrario. Los documentos que salieron a la luz en la fase de descubrimiento de pruebas no solo dejaron al descubierto el enga&ntilde;o y la hipocres&iacute;a de la industria, sino que tambi&eacute;n desmintieron la afirmaci&oacute;n de que fumar era una cuesti&oacute;n de responsabilidad personal. Y lo que es m&aacute;s importante, impulsaron litigios masivos por da&ntilde;os y perjuicios y dejaron a los gobiernos sin otra alternativa m&aacute;s que actuar.<\/p>\n<p>En la d&eacute;cada de 1990, los fiscales generales de los estados comenzaron a demandar a las empresas tabacaleras por una crisis de salud p&uacute;blica que, en gran medida, los contribuyentes terminaron pagando. El <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/1998\/11\/14\/us\/cigarette-makers-and-states-draft-a-206-billion-deal.html\" rel=\"nofollow\">acuerdo global<\/a> resultante restringi&oacute; el mercadeo del tabaco y orden&oacute; que las empresas pagaran miles de millones en da&ntilde;os a los estados. Los legisladores finalmente tuvieron las municiones pol&iacute;ticas para restringir de manera significativa el tabaquismo. Limitaron el acceso a los productos de tabaco y aumentaron los impuestos a los cigarrillos. Las tasas de tabaquismo en adultos se han desplomado del 42 por ciento en 1965 al 9 por ciento en 2025.<\/p>\n<p><em>La demanda de Bryce Martinez fue desestimada<\/em> en un Tribunal Federal de Distrito el a&ntilde;o pasado porque el juez, aunque &#8220;profundamente preocupado&#8221; por los efectos de los alimentos ultraprocesados en los ni&ntilde;os, al final estuvo de acuerdo con la afirmaci&oacute;n de los demandados de que no hab&iacute;a evidencias suficientes para demostrar que productos espec&iacute;ficos causaron las enfermedades de Martinez. (Los demandados, en su moci&oacute;n conjunta para desestimar el caso, tambi&eacute;n argumentaron que sus productos son seguros, est&aacute;n regulados a nivel federal y cumplen la ley).<\/p>\n<p>En junio, el juez deneg&oacute; la moci&oacute;n de Martinez de enmendar el caso con detalles adicionales. Sus abogados de la firma Morgan &amp; Morgan afirman que planean apelar la desestimaci&oacute;n y continuar&aacute;n presentando demandas similares en todo el pa&iacute;s. Mientras tanto, los otros casos siguen avanzando. Nada de esto ser&aacute; f&aacute;cil.<\/p>\n<p>Brandt, el historiador, me dijo hace poco que esperara m&aacute;s derrotas. Con el tabaco, hubo cientos de casos perdidos, y esos casos eran m&aacute;s simples porque solo requer&iacute;an probar que un solo producto enferm&oacute; a alguien. Aun as&iacute;, Brandt es optimista respecto a los litigios contra la industria alimentaria. Los estadounidenses se est&aacute;n volviendo &#8220;cada vez m&aacute;s esc&eacute;pticos, y de manera justificada, sobre que la industria est&eacute; actuando en torno a los alimentos a favor del inter&eacute;s del p&uacute;blico&#8221;, dijo. &Eacute;l cree que estamos entrando en la era de los juicios del tabaco, pero con las grandes empresas de la industria alimentaria.<\/p>\n<p>Los expertos en derecho y en salud p&uacute;blica con los que habl&eacute; ven el mayor potencial en que las ciudades y los estados tomen medidas. En diciembre del a&ntilde;o pasado, el fiscal de la ciudad de San Francisco anunci&oacute; una demanda sin precedentes en nombre del pueblo de California contra las mismas 11 empresas alimentarias a las que Martinez demand&oacute;. Esa demanda alega que las empresas empeoraron una crisis de salud p&uacute;blica que afecta a un gran segmento de la poblaci&oacute;n y que presiona los presupuestos de salud (se calcula que el costo de la diabetes por s&iacute; sola en California asciende a unos 47 millardos de d&oacute;lares). Creo que otras jurisdicciones, que tambi&eacute;n se enfrentan a costos crecientes, deber&iacute;an seguir su ejemplo con sus propias demandas.<\/p>\n<p>Incluso si estos casos cobran fuerza y algunos se ganan, las grandes empresas de la industria alimentaria no desaparecer&aacute;n. Pero litigios como el de Martinez podr&iacute;an motivar a los legisladores a obligar a las empresas a actuar en inter&eacute;s del p&uacute;blico, como lo plante&oacute; Brandt, fomentando la capacidad de decisi&oacute;n individual en lugar de erosionarla. Esto podr&iacute;a significar impuestos, <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2024\/06\/30\/opinion\/food-warning-labels-ultra-processed-food.html\" rel=\"nofollow\">etiquetas de advertencia<\/a> y requisitos de reformulaci&oacute;n para reducir el consumo de alimentos poco saludables, y &#8211;de manera fundamental&#8211; subsidios y un mejor acceso a opciones saludables.<\/p>\n<p>Si las jurisdicciones presentan demandas, tal vez incluso aprendamos algunas cosas en la fase de descubrimiento de pruebas legales. &iquest;Qu&eacute; saben los fabricantes de alimentos sobre el cerebro de los ni&ntilde;os y sobre c&oacute;mo atraerlos? &iquest;Qu&eacute; saben sobre c&oacute;mo incluir la cantidad justa de az&uacute;car o la medida perfecta de textura crujiente para que la gente no pueda dejar de comer?<\/p>\n<p>Da la casualidad de que ya conocemos algunos fragmentos a trav&eacute;s de los documentos sobre el tabaco. Philip Morris compr&oacute; Kraft en 1988 y, un poco antes, RJ Reynolds adquiri&oacute; importantes marcas de alimentos y se fusion&oacute; con Nabisco. Los documentos del tabaco muestran que las tabacaleras aplicaron sus conocimientos sobre optimizaci&oacute;n de sabores, mercadeo juvenil y qu&iacute;mica del cerebro a los alimentos ultraprocesados para aumentar sus ganancias.<\/p>\n<p>A diferencia de los primeros demandantes del tabaco, Martinez se enferm&oacute; cuando era ni&ntilde;o. Lo hizo en un hogar donde &eacute;l no compraba la comida, en un sistema alimentario que &eacute;l no dise&ntilde;&oacute;. Cuando sali&oacute; del hospital tras su dolor de pecho hace unos a&ntilde;os, regres&oacute; a la escuela y se enfrent&oacute; a una nueva realidad. Inyectarse insulina se sent&iacute;a inc&oacute;modo, cuenta, y provocaba que la gente le hiciera preguntas que no siempre quer&iacute;a responder.<\/p>\n<p>Hoy controla sus enfermedades con un medicamento GLP-1, pero a sus 20 a&ntilde;os est&aacute; preocupado por el futuro. &iquest;Conseguir&aacute; un trabajo con un seguro m&eacute;dico que cubra sus facturas m&eacute;dicas? Cuando le pregunt&eacute; qu&eacute; deseaba haber sabido sobre la comida cuando era ni&ntilde;o, dijo: &#8220;Al final, la comodidad tiene un precio&#8221;.<\/p>\n<p>Eso a&uacute;n puede estar poniendo demasiada carga en el consumidor. Parafraseo una pregunta que el excomisionado de la Administraci&oacute;n de Alimentos y Medicamentos, David Kessler, hizo durante los juicios sobre el tabaco. &iquest;De qui&eacute;n es la elecci&oacute;n que est&aacute; impulsando la demanda de alimentos ultraprocesados en Estados Unidos? &iquest;Es una elecci&oacute;n de los consumidores seguir consumi&eacute;ndolos? &iquest;O de las empresas alimentarias para mantener la dependencia del p&uacute;blico hacia ellos?<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.juliabelluz.com\/\" rel=\"nofollow\">Julia Belluz<\/a> es colaboradora de Opini&oacute;n y autora del libro <a href=\"https:\/\/www.penguinrandomhouse.com\/books\/671334\/food-intelligence-by-julia-belluz-and-kevin-hall-phd\/\" rel=\"nofollow\"><em>Food Intelligence<\/em><\/a>.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando Bryce Martinez empez\u00f3 a sentir un dolor alrededor del coraz\u00f3n, pens\u00f3 que podr\u00eda ser un ataque de asma. 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