{"id":4978,"date":"2026-04-10T12:08:58","date_gmt":"2026-04-10T17:08:58","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=4978"},"modified":"2026-04-10T11:28:56","modified_gmt":"2026-04-10T17:28:56","slug":"puedo-acabar-con-mi-vida-mientras-estoy-de-visita-en-tu-casa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=4978","title":{"rendered":"\u00bfPuedo acabar con mi vida mientras estoy de visita en tu casa?"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/2026\/04\/03\/style\/modern-love-myalgic-encephalomyelitis-chronic-fatigue-syndrome.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>MI AMIGA TOM&Oacute; LA DECISI&Oacute;N M&Aacute;S IMPORTANTE POSIBLE MIENTRAS SE ALOJABA EN MI CASA. A M&Iacute; ME FUE MUY DIF&Iacute;CIL ACEPTAR LO QUE SIGNIFICABA.<\/p>\n<p>Si mi amiga Beth Mazur me hubiera preguntado: &#8220;&iquest;Te importa si acabo con mi vida mientras te visito?&#8221;. Habr&iacute;a dicho que no y habr&iacute;a hecho todo lo posible por imped&iacute;rselo, pero no me lo pregunt&oacute;.<\/p>\n<p>Cuando lleg&oacute; a Santa Fe a mediados de diciembre de 2023, mi marido John y yo acab&aacute;bamos de terminar de construir nuestra casita, una peque&ntilde;a casa de invitados, y Beth era nuestra segunda hu&eacute;sped. Ella y yo nos hab&iacute;amos visto en persona solo unas cuantas veces. Sin embargo, cuando su visita de cinco d&iacute;as llegaba a su fin, nos sent&iacute;amos tan c&oacute;modos juntos que John y yo le pedimos que se quedara durante Januc&aacute; y Navidad. El &uacute;nico problema, brome&oacute; John, era que ya se nos hab&iacute;an acabado los chocolates que hab&iacute;a tra&iacute;do.<\/p>\n<p>Una docena de a&ntilde;os antes, Beth y yo nos conocimos en un grupo de pacientes en l&iacute;nea que parec&iacute;a, en parte, grupo de laboratorio y, en parte, campo de refugiados. Ambas est&aacute;bamos enfermas de encefalomielitis mi&aacute;lgica\/s&iacute;ndrome de fatiga cr&oacute;nica o E.M.\/S.F.C., una enfermedad devastadora que la medicina ha abandonado en su mayor parte.<\/p>\n<p>Como periodista cient&iacute;fica, me sorprendi&oacute; encontrarme lo bastante desesperada como para ir tras tratamientos en la frontera de la ciencia. Beth, condisc&iacute;pula de M.I.T. y cient&iacute;fica inform&aacute;tica, ten&iacute;a un enfoque relajado y razonado que hac&iacute;a que me sintiera segura al examinar incluso las ideas m&aacute;s extra&ntilde;as.<\/p>\n<p>A lo largo de los a&ntilde;os, escrib&iacute; investigaciones sobre ciencia casi fraudulenta y un libro de memorias y ciencia sobre la E.M. Beth, m&aacute;s callada pero con un mayor alcance, cofund&oacute; la organizaci&oacute;n de defensa #MEAction, y transform&oacute; una comunidad de pacientes enfadada y ca&oacute;tica en una fuerza coordinada para el cambio. Organiz&oacute; protestas, presion&oacute; al Congreso, inst&oacute; a Google a reescribir sus p&aacute;ginas m&eacute;dicas sobre la EM.<\/p>\n<p>Cada ma&ntilde;ana, durante su visita a Santa Fe, le llevaba panqu&eacute;s sin gluten mientras se esforzaba con trabajos para ponerse en posici&oacute;n vertical. Cada tarde se acurrucaba en el sof&aacute; mientras nuestro gato, Lao, se acomodaba en el hueco perfecto entre su barriga y la almohadilla t&eacute;rmica, y nuestro perro, Roo, apoyaba la garganta en los dedos rascadores de Beth. Masaje&eacute; la cabeza y el cuello de Beth; sent&iacute;amos dolor en los mismos lugares, as&iacute; que mis dedos sab&iacute;an d&oacute;nde ir. Sent&iacute; que canalizaba todas las caricias tranquilizadoras que John me hab&iacute;a dado, agradecida por estar lo bastante bien como para transmitir el consuelo.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a pasado por cuatro a&ntilde;os brutales &#8211;m&uacute;ltiples neurocirug&iacute;as, convulsiones, par&aacute;lisis&#8211;, pero &uacute;ltimamente hab&iacute;a mejorado. La visita de Beth me pareci&oacute; sorprendentemente normal; incluso fuimos a un balneario. Para ella, sin embargo, la enfermedad nunca ofreci&oacute; cambios dr&aacute;sticos. Simplemente avanzaba, implacable.<\/p>\n<p>Hablamos de todo lo que la E.M. nos hab&iacute;a arrebatado. A ella le hab&iacute;a robado su carrera, sus hijos imaginarios, el &#8220;snowboard&#8221;, a menudo incluso la fuerza para levantarse de la cama, pero el peor robo fue su brillante mente de tecn&oacute;loga. Me dijo que se sent&iacute;a constantemente conmocionada, como si cada intento de relacionarse con el mundo requiriera aplastar su fr&aacute;gil cerebro contra un muro de hormig&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8220;Siento que en realidad no existo&#8221;, me dijo, con la voz entrecortada. Su disfunci&oacute;n cognitiva no se notaba &#8211;desde fuera, su brillantez segu&iacute;a resplandeciendo&#8211;, pero esa invisibilidad agudizaba su frustraci&oacute;n. Hab&iacute;a probado cientos de tratamientos, cada uno de los cuales exig&iacute;a investigaci&oacute;n, dinero, riesgo, a veces viajes, y siempre reavivar la esperanza. Ninguno hab&iacute;a restaurado su cerebro lesionado.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de su sufrimiento f&iacute;sico y cognitivo, a veces ve&iacute;a c&oacute;mo la depresi&oacute;n retorc&iacute;a sus pensamientos en espirales oscuras y pegajosas. Una vez, cuando sent&iacute; que ca&iacute;a, le ped&iacute; que recordara una &eacute;poca en la que se sintiera segura. Se acordaba de cuando ten&iacute;a 19 a&ntilde;os y sal&iacute;a con sus amigos de la universidad. La invit&eacute; a sumergirse en aquel sentimiento, pero su voz se volvi&oacute; ronca: &#8220;&iexcl;Ha pasado tanto tiempo! Ya nunca me siento segura&#8221;.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a luchado contra la depresi&oacute;n con tanta fuerza como contra la E.M., y prob&oacute; un tratamiento tras otro. Los antidepresivos le hab&iacute;an fallado, pero estaba a punto de volver a tomarlos.<\/p>\n<p>En v&iacute;speras del solsticio de invierno, encendimos un fuego. Ella apoy&oacute; la cabeza en mi regazo; acarici&eacute; su pelo inmensamente suave. &#8220;Si supiera que nunca me pondr&eacute; mejor &#8211;dijo&#8211;, acabar&iacute;a con mi vida, pero s&eacute; cu&aacute;nto da&ntilde;o har&iacute;a eso a la gente que amo. Pero entonces solo vivir&iacute;a para los dem&aacute;s, y&#8230;&#8221;.<\/p>\n<p>La escuch&eacute;, pues conoc&iacute;a demasiado bien los pensamientos que pueden venir con el sufrimiento. Esperaba que presenciar su dolor aliviara ese peso en ella.<\/p>\n<p>Al final, bostezando, me levant&eacute; de donde nos est&aacute;bamos acurrucando para irme a la cama. Los ojos de Lao estaban cerrados de placer. Beth estaba acariciando su pelaje, con la respiraci&oacute;n tranquila.<\/p>\n<p>Por la ma&ntilde;ana, recib&iacute; un correo electr&oacute;nico suyo con los resultados de sus pruebas cognitivas: en algunas &aacute;reas, estaba en el primer percentil, el &uacute;ltimo de la escala. Me pregunt&eacute; por qu&eacute; me lo hab&iacute;a enviado; por supuesto que le cre&iacute;a cuando me contaba sobre eso.<\/p>\n<p>Entonces llam&oacute; a nuestra puerta un conductor de FedEx con chocolates que Beth hab&iacute;a encargado para reponer los que nos hab&iacute;amos comido.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Sab&iacute;as que hay alguien tirado ah&iacute;?&#8221;, me dijo.<\/p>\n<p>Beth hab&iacute;a creado un nido junto al arroyo congelado con una manta y una almohada. A su lado hab&iacute;a un vaso vac&iacute;o, cubierto de residuos.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s de encontrarla, recib&iacute; un mensaje de texto que hab&iacute;a programado para despu&eacute;s de su muerte: &#8220;Por favor, no te sientas mal de ninguna manera: no puedo imaginar una mejor &uacute;ltima noche. Incluso Roo y Lao se unieron al consuelo&#8221;.<\/p>\n<p>Rid&iacute;culamente, se disculp&oacute; por no haber limpiado nuestra casita.<\/p>\n<p>La polic&iacute;a revis&oacute; un cuaderno que hab&iacute;a dejado. Junto a un testamento garabateado, escribi&oacute;: &#8220;Me siento en paz. Es una sensaci&oacute;n poderosa&#8221;.<\/p>\n<p>Despu&eacute;s de que todos se marcharan y mis l&aacute;grimas jadeantes se redujeran a un goteo, me sent&eacute; tranquilamente en mi casa. Parec&iacute;a como si pudiera sentir en mi cuerpo la noticia de su muerte extendi&eacute;ndose, mientras los llantos pasaban de la familia a los amigos &iacute;ntimos y a la gente de todo el mundo.<\/p>\n<p>Intent&eacute; imaginarme sus pensamientos de la noche anterior: &iquest;La hab&iacute;a hecho enojar? &iquest;Estaba justificada su decisi&oacute;n o hab&iacute;a cometido un terrible error?<\/p>\n<p>Me detuve. Ten&iacute;a que creer en sus palabras y en mi propia experiencia: Se sinti&oacute; amada cuando muri&oacute;. Adem&aacute;s, yo no pod&iacute;a juzgar su decisi&oacute;n, sin saber lo que era vivir dentro de su cuerpo y su cerebro.<\/p>\n<p>Tres a&ntilde;os antes hab&iacute;a estado a punto de hacerlo, pero no lo llev&oacute; a cabo. Durante esos tres a&ntilde;os se hab&iacute;a entregado al mundo, y sigui&oacute; luchando por los enfermos de E.M. Me ofreci&oacute; su amistad y apoy&oacute; a todos los que la rodeaban. En lugar de juzgar su decisi&oacute;n de marcharse, me sent&iacute; agradecida por todas las veces en que decidi&oacute; quedarse.<\/p>\n<p>&iquest;Por qu&eacute; aqu&iacute; y ahora? &iquest;Acaso imagin&oacute; lo que esto provocar&iacute;a en m&iacute;?<\/p>\n<p>&iquest;D&oacute;nde si no? No habr&iacute;a querido que su pareja la encontrara, o su madre, o una amiga con ni&ntilde;os en casa. Quiz&aacute; la dulzura de nuestro tiempo juntas hizo posible su aterrador acto. Quiz&aacute; confiaba en que yo tendr&iacute;a la fuerza necesaria para afrontarlo. &iquest;Ten&iacute;a yo esa fuerza?<\/p>\n<p>Pens&eacute; en c&oacute;mo hab&iacute;a soportado el fr&iacute;o de la noche. Ten&iacute;a que haber sido por mi bien, pues protegi&oacute; la nueva casita de im&aacute;genes traum&aacute;ticas.<\/p>\n<p>Estaba segura de que reflexionar&iacute;a sobre estas preguntas durante a&ntilde;os. Pero sent&iacute; una claridad inmediata: sin importar si estaba de acuerdo con su decisi&oacute;n, aceptarla y cuidar de su comunidad tras su muerte eran formas de amarla.<\/p>\n<p>Escrib&iacute; un hilo en las redes sociales en el que le contaba a la comunidad lo que entend&iacute;a sobre su muerte. Durante una semana, celebramos &#8220;shivas&#8221; diarios en l&iacute;nea, que reunieron a decenas de personas de todo el mundo. Su funeral atrajo a cientos de personas en persona y en Zoom.<\/p>\n<p>La gente cont&oacute; historias que revelaron un alcance que yo no hab&iacute;a visto. Form&oacute; a investigadores y concedi&oacute; a los Centros para el Control y Prevenci&oacute;n de Enfermedades con el fin de que crearan centros de investigaci&oacute;n E.M.\/S.F.C. Ella y su pareja fueron de las primeras personas en advertir que la pandemia de COVID pod&iacute;a desencadenar una oleada de casos de E.M.\/C.F.S. Se convirti&oacute; en la madrina de activistas del COVID persistente, y les ense&ntilde;&oacute; c&oacute;mo volverse influyentes, elaborar estrategias y cuidarse mutuamente.<\/p>\n<p>Hab&iacute;a sido tan modesta con su trabajo que no me hab&iacute;a dado cuenta de que era la maga oculta detr&aacute;s de casi todos los cambios importantes. Mi amiga era un gigante.<\/p>\n<p>Tambi&eacute;n supimos qui&eacute;n era antes de la enfermedad: la que les ganaba a todos en el juego de los corazones durante la universidad; una alegre &#8220;snowboarder&#8221; de casco rosa rodeada de amigos.<\/p>\n<p>Su familia y yo construimos un altar en un toc&oacute;n de &aacute;rbol junto al arroyo. Sobre &eacute;l, colocamos un amuleto protector en forma de palma llamado &#8220;hamsa&#8221;, una caja de donativos de la sinagoga de Polonia en el periodo de antes de la guerra, figuritas de un perro y un gato y, por supuesto, un poco de chocolate.<\/p>\n<p>Un a&ntilde;o despu&eacute;s, su familia regres&oacute;. Hicimos barcos rojos de origami y los llenamos de flores y un poco de sus cenizas. Los barcos flotaban por el arroyo, quedaban atrapados un momento y luego se soltaban.<\/p>\n<p>No pod&iacute;a retenerla. Pero pod&iacute;a acompa&ntilde;arla, casi hasta el final.<\/p>\n<p><em>Si tienes pensamientos suicidas, llama o env&iacute;a un mensaje de texto al 988 para ponerte en contacto con la L&iacute;nea Nacional de Prevenci&oacute;n del Suicidio o visita SpeakingOfSuicide.com\/resources para obtener una lista de recursos adicionales.<\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This post was originally published on this site. MI AMIGA TOM&Oacute; LA DECISI&Oacute;N M&Aacute;S IMPORTANTE POSIBLE MIENTRAS SE ALOJABA EN MI CASA. A M&Iacute; ME FUE MUY DIF&Iacute;CIL ACEPTAR LO QUE SIGNIFICABA. Si mi amiga Beth Mazur me hubiera preguntado: &#8220;&iquest;Te importa si acabo con mi vida mientras te visito?&#8221;. 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