{"id":5088,"date":"2026-04-11T06:50:27","date_gmt":"2026-04-11T11:50:27","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=5088"},"modified":"2026-04-11T06:12:34","modified_gmt":"2026-04-11T12:12:34","slug":"el-caso-minerliz-20-anos-sin-respuestas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=5088","title":{"rendered":"El caso Minerliz: 20 a\u00f1os sin respuestas"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/04\/11\/espanol\/estados-unidos\/adn-muestras-abandonadas-crimen-bronx-minerliz-soriano.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Joseph Martinez entr&oacute; en el restaurante New Rochelle Diner y recorri&oacute; la sala con la mirada buscando a una mujer sentada sola. Ella le hizo una se&ntilde;a y &eacute;l se acerc&oacute; y se sent&oacute; en su mesa. Se present&oacute; como Lisa; hab&iacute;an intercambiado mensajes, pero nunca se hab&iacute;an visto en persona.<\/p>\n<p>Dijo que hab&iacute;a o&iacute;do buenos comentarios sobre las clases de astronom&iacute;a que &eacute;l daba en el Bronx, donde lo conoc&iacute;an como &#8220;Jupiter Joe&#8221;, por sacar su gran telescopio para observar las estrellas. Lisa quer&iacute;a contratarlo como profesor particular de su hija de 11 a&ntilde;os. &Eacute;l le cont&oacute; el origen de &#8220;Jupiter Joe&#8221;: c&oacute;mo desde ni&ntilde;o le fascinaban las estrellas y los planetas, y c&oacute;mo ahora compart&iacute;a ese inter&eacute;s con sus hijas.<\/p>\n<p>Un camarero trajo agua y refrescos, pero no comieron. Lisa y &eacute;l charlaron y, al cabo de una hora, ella le dio las gracias, prometi&oacute; que se mantendr&iacute;a en contacto y se march&oacute;. Martinez pidi&oacute; un s&aacute;ndwich de queso a la plancha con tocino, bebi&oacute; sus bebidas &#8211;tom&oacute; dos&#8211; y, al terminar, se march&oacute;.<\/p>\n<p>Cuando la puerta de la cafeter&iacute;a se cerr&oacute; tras &eacute;l, un hombre discreto que estaba en una mesa cercana se levant&oacute;, se puso unos guantes de l&aacute;tex y recogi&oacute; cuidadosamente las pajitas usadas de J&uacute;piter Joe, metiendo cada una en su propia bolsa de pl&aacute;stico.<\/p>\n<p>Era enero de 2021 y el restaurante era la &uacute;ltima parada en una b&uacute;squeda de un asesino que duraba d&eacute;cadas. La pista se hab&iacute;a enfriado hac&iacute;a mucho tiempo. Hab&iacute;a llegado el momento de ser creativos.<\/p>\n<p>Veintid&oacute;s a&ntilde;os antes, un fr&iacute;o d&iacute;a de febrero de 1999, un empleado de mantenimiento trabajaba su turno de fin de semana en un centro comercial de Co-Op City, en el Bronx. Not&oacute; una gran bolsa de basura en un contenedor detr&aacute;s y sinti&oacute; curiosidad; no era raro encontrar DVD desechados del videoclub.<\/p>\n<p>Rasg&oacute; la bolsa y retrocedi&oacute;, horrorizado.<\/p>\n<p>La noticia se propag&oacute; r&aacute;pidamente entre la polic&iacute;a esa ma&ntilde;ana de domingo. El beeper de un detective son&oacute; mientras asist&iacute;a a misa en el Bronx. Era una llamada de su brigada, con &#8220;911&#8221; al final: urgente. Sali&oacute; apresuradamente de la iglesia.<\/p>\n<p>Dentro de la bolsa hab&iacute;a un cuerpo. El de una ni&ntilde;a.<\/p>\n<p>Las primeras horas en un homicidio son cruciales y este moviliz&oacute; a tantos agentes como fue posible. Muchos detectives del Bronx fueron convocados al lugar de los hechos, entre ellos Malcolm Reiman.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando hay un homicidio infantil, b&aacute;sicamente, la sociedad se horroriza, y el p&uacute;blico se horroriza, el Departamento de Polic&iacute;a tambi&eacute;n se horroriza&#8221;, declar&oacute; m&aacute;s tarde. &#8220;As&iacute; que se produce lo que se llama una situaci&oacute;n de &#8216;todos a una'&#8221;.<\/p>\n<p>El relato del hallazgo del cuerpo, la respuesta de la polic&iacute;a aquel d&iacute;a y otros detalles del caso proceden de transcripciones judiciales y de entrevistas con personas implicadas.<\/p>\n<p>La investigaci&oacute;n empez&oacute; de forma prometedora. <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/1999\/03\/03\/nyregion\/bronx-girl-missing-for-days-is-found-slain-in-garbage-bin.html\" rel=\"nofollow\">R&aacute;pidamente se identific&oacute;<\/a> a la ni&ntilde;a como Minerliz Soriano, una estudiante de 13 a&ntilde;os de s&eacute;ptimo a&ntilde;o que viv&iacute;a con su familia en un edificio de apartamentos de Pelham Parkway South, a tres kil&oacute;metros de distancia. Hab&iacute;a desaparecido a la salida del colegio cuatro d&iacute;as antes, y pronto se colocaron carteles de b&uacute;squeda en la zona.<\/p>\n<p>Los detectives visitaron su edificio y su escuela. Reconstruyeron su recorrido a casa. Entrevistaron a vecinos, que recordaban c&oacute;mo vend&iacute;a dulces y adornos navide&ntilde;os puerta a puerta con su hermana menor. Hab&iacute;a muchas pistas, varios sospechosos.<\/p>\n<p>Minerliz estaba vestida y hab&iacute;a sido estrangulada. Una pista clave y perturbadora surgi&oacute; del equipo forense: dos peque&ntilde;as manchas en su sudadera eran semen.<\/p>\n<p>Los analistas del laboratorio de la Oficina del M&eacute;dico Forense Jefe realizaron varias pruebas en las manchas y revelaron un perfil de ADN individual. Pero el perfil no coincid&iacute;a con el de nadie en el sistema de justicia penal del estado. Quien dej&oacute; esas manchas no hab&iacute;a sido registrado antes, y su identidad segu&iacute;a siendo desconocida.<\/p>\n<p><em>&#8216;Ya ver&aacute;s&#8217;<\/em><\/p>\n<p>Minerliz era una alumna brillante de la escuela Frank D. Whalen, alegre y algo fuera de moda, con sus sudaderas holgadas, jeans y zapatillas viejas. Le gustaban Britney Spears y &#8216;N Sync y saltar con dos cuerdas afuera del colegio. Se mord&iacute;a las u&ntilde;as.<\/p>\n<p>A los 12 a&ntilde;os, en un programa despu&eacute;s de la escuela, conoci&oacute; a Kimberly Ortiz, que estaba un grado por encima de ella, y pronto se volvieron mejores amigas. Kimberly era m&aacute;s experimentada; le interesaban los chicos. Minerliz se guiaba por la curiosidad. Le dijo a su amiga que quer&iacute;a ser astronauta.<\/p>\n<p>&#8220;Le dije: &#8216;Somos del Bronx'&#8221;, record&oacute; Ortiz a&ntilde;os despu&eacute;s. &#8220;&#8216;No vamos a ser astronautas'&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Ya ver&aacute;s&#8221;, contest&oacute; Minerliz.<\/p>\n<p>A veces las chicas se escapaban del programa extracurricular para pasar el rato en una biblioteca a unas cuadras. Miraban p&aacute;ginas web, todav&iacute;a una novedad en aquella &eacute;poca. Astronom&iacute;a, cometas, pel&iacute;culas, clases de franc&eacute;s&#8230; Minerliz clasificaba sus intereses con un sistema de estrellas en un cuaderno.<\/p>\n<p>Las cuadras entre la escuela y casa eran lo suficientemente tranquilas como para que dos ni&ntilde;as caminando despu&eacute;s de clase se sintieran seguras, con muchas caras amigas y conocidas por el camino.<\/p>\n<p>Estas horas despu&eacute;s de clase eran la v&iacute;a de escape de Minerliz. Kimberly lleg&oacute; a creer que la vida familiar de su amiga estaba dominada por las tareas dom&eacute;sticas y el cuidado de su hermana menor. Viv&iacute;a con su madre y su padrastro, y en los seis meses que llevaba conoci&eacute;ndola, Kimberly nunca los hab&iacute;a visto.<\/p>\n<p>El 24 de febrero de 1999, Minerliz le pidi&oacute; a Kimberly que faltaran al programa extracurricular para ir a la biblioteca. Pero la escuela hab&iacute;a llamado a la madre de Kimberly para informarle que Kimberly hab&iacute;a faltado otras veces, as&iacute; que ten&iacute;a que ir.<\/p>\n<p>Esa tarde de mi&eacute;rcoles fue la &uacute;ltima vez que hablaron. Cuatro d&iacute;as despu&eacute;s, en el departamento de Kimberly son&oacute; el tel&eacute;fono; su madre contest&oacute; y escuch&oacute; al interlocutor.<\/p>\n<p>&#8220;Dios m&iacute;o&#8221;, la oy&oacute; decir la chica.<\/p>\n<p><em>T&aacute;cticas antiguas y nuevas<\/em><\/p>\n<p>A pesar de las prometedoras pistas iniciales, el caso empez&oacute; a enfriarse. Los miembros de la familia de Minerliz fueron descartados como sospechosos: ninguno coincid&iacute;a con la muestra de ADN de la sudadera de la ni&ntilde;a. Pasaron meses tras el asesinato sin nueva informaci&oacute;n. Hab&iacute;a muchos otros cr&iacute;menes en el Bronx de finales de la d&eacute;cada de 1990.<\/p>\n<p>&#8220;A veces ten&iacute;amos tres homicidios al d&iacute;a&#8221;, record&oacute; Reiman. &#8220;Homicidios el d&iacute;a anterior. Y semanas antes. Todo eso estaba pasando&#8221;.<\/p>\n<p>Luego pasaron los a&ntilde;os. Aun as&iacute;, los detectives volvieron al caso de Minerliz Soriano con los a&ntilde;os, retom&aacute;ndolo, sin encontrar nuevas pistas, volvi&eacute;ndolo a dejar. El ADN segu&iacute;a sin coincidir con el de nadie en las bases de datos. Tampoco coincid&iacute;a con el ADN de ninguna otra escena del crimen.<\/p>\n<p>Para 2011, Reiman se especializaba en casos sin resolver y retom&oacute; esta investigaci&oacute;n con seriedad. Empez&oacute; a rastrear las cajas de notas de los detectives de 1999, dispersas por las salas de archivos de toda la ciudad, y estudi&oacute; detenidamente las declaraciones de los vecinos de la &eacute;poca. Prest&oacute; especial atenci&oacute;n a lo que dec&iacute;an los hombres.<\/p>\n<p>&#8220;Tal vez alguien se interes&oacute; en ella&#8221;, dijo en un informe televisivo. &#8220;Un inter&eacute;s malsano&#8221;.<\/p>\n<p>Finalmente supervis&oacute; la elaboraci&oacute;n de una lista de 43 hombres que viv&iacute;an en el edificio Pelham Parkway South en el momento del asesinato. Para entonces, m&aacute;s de 10 a&ntilde;os despu&eacute;s, algunos se hab&iacute;an mudado y otros segu&iacute;an all&iacute;. Algunos hab&iacute;an sido encarcelados por otros delitos.<\/p>\n<p>Todo lo que ten&iacute;an era el ADN an&oacute;nimo de la escena del crimen. As&iacute; que decidi&oacute; visitar a cada uno de los hombres y obtener una muestra de ADN.<\/p>\n<p>Pod&iacute;a solicitar una muestra bucal y arriesgarse a alertar al asesino, que podr&iacute;a huir, u obtenerla subrepticiamente, recogiendo algo que el hombre en cuesti&oacute;n hubiera desechado &#8211;una botella de agua, una colilla de cigarro&#8211; y analizarlo. Estos objetos se conocen como muestras abandonadas.<\/p>\n<p>No lleg&oacute; a terminar su lista antes de decidir jubilarse tras 31 a&ntilde;os de trabajo. Dejar&iacute;a el caso en manos de otros detectives.<\/p>\n<p>&#8220;Llega un momento en que te das cuenta de que este trabajo te va a matar&#8221;, dir&iacute;a m&aacute;s tarde. &#8220;Siempre hay un caso m&aacute;s, &iquest;sabes? Tienes que poner un l&iacute;mite y marcharte o te quedas para siempre&#8221;.<\/p>\n<p>Antes de marcharse, ten&iacute;a otra idea que probar. Algo totalmente nuevo.<\/p>\n<p><em>Los cinco hijos<\/em><\/p>\n<p>Para 2019, los avances en an&aacute;lisis llevaron a un nuevo m&eacute;todo para identificar ADN an&oacute;nimo, localizando a un familiar de quien dej&oacute; la muestra. Se trataba de una pr&aacute;ctica algo controvertida, denominada b&uacute;squeda de ADN familiar, y la fiscal&iacute;a del distrito del Bronx la busc&oacute; como v&iacute;a de investigaci&oacute;n en el caso de Minerliz Soriano. Nunca antes se hab&iacute;a utilizado en la ciudad de Nueva York.<\/p>\n<p>Esta nueva prueba en la muestra de la sudadera podr&iacute;a identificar a un pariente consangu&iacute;neo de quien dej&oacute; la mancha. Eso podr&iacute;a reducir los sospechosos de innumerables a un pu&ntilde;ado.<\/p>\n<p>Se trata de una herramienta policial que debe utilizarse como &uacute;ltimo recurso, cuando se hayan agotado otras v&iacute;as de investigaci&oacute;n. Los cr&iacute;ticos han advertido que basarse en una coincidencia parcial del ADN podr&iacute;a llevar a que la polic&iacute;a vigilara a personas inocentes que no ten&iacute;an nada que ver con las acciones de un familiar.<\/p>\n<p>La mancha de la sudadera de Minerliz fue analizada de nuevo y, en 2020, se obtuvo un resultado por primera vez. El ADN de la sudadera correspond&iacute;a a un familiar de un hombre arrestado a&ntilde;os antes por hurto menor en Nueva York. Hab&iacute;a fallecido, pero le sobreviv&iacute;an cinco hijos.<\/p>\n<p>Los detectives recopilaron informaci&oacute;n sobre los hijos. R&aacute;pidamente descartaron a los dos m&aacute;s j&oacute;venes, que en 1999 ten&iacute;an solo 5 y 10 a&ntilde;os. Eso dejaba tres posibles responsables de la mancha en la sudadera.<\/p>\n<p>Los detectives no quisieron dirigirse directamente a ellos para obtener una muestra de ADN. Eso podr&iacute;a alertar al asesino. As&iacute; que necesitaban muestras abandonadas.<\/p>\n<p>Dos de los hijos mayores viv&iacute;an en el Bronx, el tercero en Florida. La polic&iacute;a se puso en contacto con sus hom&oacute;logos de Orlando, quienes siguieron a ese hijo, esperando a que tirara algo &#8211;al final, una mascarilla durante la pandemia de covid&#8211; que pudieran utilizar.<\/p>\n<p>El hijo mayor del Bronx, Joseph Martinez, ten&iacute;a 27 a&ntilde;os en el momento del asesinato. Ten&iacute;a un historial intachable: ninguna detenci&oacute;n antes ni despu&eacute;s de 1999. Hab&iacute;a trabajado en soporte inform&aacute;tico en el World Trade Center a finales de la d&eacute;cada de 1990 y ahora, en 2021, trabajaba en una compa&ntilde;&iacute;a de seguros.<\/p>\n<p>M&aacute;s recientemente, hab&iacute;a convertido su inter&eacute;s por la astronom&iacute;a en una actividad secundaria. Compr&oacute; un telescopio potente y organiz&oacute; fiestas de observaci&oacute;n en el Bronx y sus alrededores. Asist&iacute;a a eventos en el USS Intrepid, en el r&iacute;o Hudson, y sol&iacute;a llevar a sus dos hijas peque&ntilde;as.<\/p>\n<p>En estas salidas, utilizaba un apodo: Jupiter Joe.<\/p>\n<p>Parec&iacute;a un asesino inveros&iacute;mil. Entonces la polic&iacute;a hizo un hallazgo impactante: en 1999 viv&iacute;a en el mismo edificio que Minerliz Soriano. Los detectives recuperaron la declaraci&oacute;n que hab&iacute;a prestado a los agentes inmediatamente despu&eacute;s del asesinato. Claro, hab&iacute;a visto a la chica por el edificio, hab&iacute;a dicho. Pero no la conoc&iacute;a.<\/p>\n<p>Ahora necesitaban una muestra de ADN.<\/p>\n<p><em>La cita en el restaurante<\/em><\/p>\n<p>Con los a&ntilde;os, un detective llamado James Menton se hab&iacute;a hecho conocido por su forma creativa de obtener muestras abandonadas. Una vez se hizo pasar por ayudante de camarero en un concurrido restaurante chino para recoger el tenedor de un sospechoso. Y cuando el conductor de un cami&oacute;n al que segu&iacute;a por el puente de Manhattan se asom&oacute; y escupi&oacute; sobre la calzada, el detective Menton detuvo el tr&aacute;fico para recoger una muestra con su hisopo.<\/p>\n<p>As&iacute; que cuando necesit&oacute; ADN de Martinez, lo busc&oacute; en Google para averiguar sus rutinas. Se fij&oacute; en la astronom&iacute;a.<\/p>\n<p>Menton, haci&eacute;ndose pasar por una madre llamada Lisa, envi&oacute; un mensaje de texto a Martinez. A modo de presentaci&oacute;n, Lisa escribi&oacute; que la mejor amiga de su hija asist&iacute;a a una de las observaciones callejeras organizadas por Jupiter Joe. &#8220;Quer&iacute;amos saber si das clases particulares&#8221;.<\/p>\n<p>Pod&iacute;a funcionar, dijo. Podr&iacute;an hablarlo en persona o de forma virtual.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Te parecer&iacute;a bien tomar un caf&eacute; o comer y hablar m&aacute;s?&#8221;, le escribi&oacute; el detective. &#8220;Invito yo, por supuesto&#8221;.<\/p>\n<p>S&iacute;, respondi&oacute; Martinez. Acordaron reunirse en el New Rochelle Diner, a unos 15 minutos en coche del Bronx.<\/p>\n<p>Menton, que trabajaba con agentes del FBI en un grupo especial, pidi&oacute; a una agente que se hiciera pasar por Lisa en el restaurante. Se sent&oacute; en una mesa cercana, solo, y observ&oacute; a &#8220;Jupiter Joe&#8221; entrar, saludar a la agente y beber sus dos copas.<\/p>\n<p>Cuando Martinez se fue, el detective Menton embols&oacute; las dos pajitas y las llev&oacute; directamente a un laboratorio para que las analizaran.<\/p>\n<p>Llegaron los resultados. No hab&iacute;a ninguna duda. El ADN de las pajitas coincid&iacute;a exactamente con las manchas en la sudadera de Minerliz.<\/p>\n<p>En noviembre de 2021, los detectives contactaron a Martinez y le pidieron que acudiera a la comisar&iacute;a para responder a preguntas rutinarias sobre el caso: c&oacute;mo era Minerliz en el edificio, si alguien parec&iacute;a sospechoso, ese tipo de cosas.<\/p>\n<p>Al cabo de una hora, m&aacute;s o menos, de la conversaci&oacute;n grabada en v&iacute;deo en una sala de interrogatorios &#8211;&#8220;la caja&#8221;, en jerga policial&#8211;, el detective Dominic Robinson fue al grano.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;T&uacute; y Minerliz tuvieron relaciones sexuales alguna vez?&#8221;, pregunt&oacute; el detective.<\/p>\n<p>&#8220;No&#8221;, respondi&oacute; Martinez.<\/p>\n<p>&#8220;Tenemos pruebas de que tu ADN estaba sobre ella&#8221;, dijo el detective. &#8220;Dame cualquier explicaci&oacute;n de c&oacute;mo eso es posible, c&oacute;mo pudo pasar. Estoy dispuesto a explorar cualquier versi&oacute;n contigo&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Quisiera contactar a mi abogado&#8221;, respondi&oacute; Martinez. Fue detenido y el interrogatorio se dio por terminado.<\/p>\n<p><em>La teor&iacute;a de la saliva<\/em><\/p>\n<p>En el juicio de septiembre, el abogado de Martinez, Troy Smith, no cuestion&oacute; que el ADN de su cliente estuviera en la sudadera de Minerliz.<\/p>\n<p>Pero argument&oacute; que no era semen.<\/p>\n<p>Las pruebas realizadas sobre las manchas en 1999 han evolucionado y mejorado con los a&ntilde;os, y lo que en las pruebas de entonces parec&iacute;a semen, bas&aacute;ndose en los niveles de una prote&iacute;na espec&iacute;fica, puede haber sido en realidad saliva, argument&oacute; Smith.<\/p>\n<p>As&iacute; pues, las manchas podr&iacute;an haber llegado a la sudadera de muchas maneras, dijo.<\/p>\n<p>&#8220;Si tosiera en mi mano &#8211;no lo har&iacute;a contigo&#8211; y te diera la mano&#8221;, pregunt&oacute; a un testigo de la oficina del forense, &#8220;mi ADN podr&iacute;a transferirse a tu mano, &iquest;correcto?&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;Correcto&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;&iquest;Si luego te tocas la camisa, mi ADN podr&iacute;a estar en tu camisa?&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;Correcto&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Si despu&eacute;s de darte la mano t&uacute; le das la mano a otra persona, &iquest;mi ADN podr&iacute;a estar en esa otra persona?&#8221;<\/p>\n<p>&#8220;S&iacute;&#8221;.<\/p>\n<p>La familia y los partidarios de Martinez se aferraron a esa idea en su defensa.<\/p>\n<p>&#8220;Cuando est&aacute;s con alguien d&iacute;a tras d&iacute;a, te das cuenta de algo&#8221;, dijo una exnovia, Denise Matos, de 50 a&ntilde;os, que estuvo ocho a&ntilde;os con Martinez hasta poco antes del asesinato. Destac&oacute; que Martinez no ten&iacute;a antecedentes penales.<\/p>\n<p>&#8220;Un depredador no act&uacute;a una sola vez&#8221;, a&ntilde;adi&oacute;.<\/p>\n<p>En su alegato final, el fiscal John Miras explic&oacute; al jurado los resultados del laboratorio, se&ntilde;alando que los altos niveles de prote&iacute;na en la mancha eran t&iacute;picos del semen, mientras que esos niveles son min&uacute;sculos en la saliva.<\/p>\n<p>&#8220;No se puede eludir la ciencia&#8221;, argument&oacute;. &#8220;No hay pruebas de que pasara junto a ella un d&iacute;a en el ascensor y estornudara&#8221;.<\/p>\n<p>En noviembre, tras un juicio de varias semanas, el jurado emiti&oacute; su veredicto: culpable.<\/p>\n<p><em>El regreso de una vieja amiga<\/em><\/p>\n<p>Kimberly Ortiz qued&oacute; destrozada cuando Minerliz fue asesinada. Su madre le prohibi&oacute; asistir al funeral. Pero Kimberly fue igual. Quedaba lejos de su barrio, y tom&oacute; varios trenes para llegar.<\/p>\n<p>Ten&iacute;a 13 a&ntilde;os; este a&ntilde;o cumple 40. Ahora vive en Jacksonville, Florida, donde trabaja para Humana Medicare, y vol&oacute; a Nueva York para declarar en el juicio de Martinez, como &uacute;ltima testigo de la fiscal&iacute;a. Su testimonio no aport&oacute; datos nuevos sobre el asesino de su amiga; al fin y al cabo, ella no lo hab&iacute;a visto.<\/p>\n<p>Pero devolvi&oacute; a su amiga al centro de la escena, describiendo su risa, su timidez con los chicos y sus intereses por la ciencia ficci&oacute;n y la tecnolog&iacute;a.<\/p>\n<p>&#8220;Yo era m&aacute;s despierta y ella era m&aacute;s ingenua&#8221;, declar&oacute;. &#8220;Era inocente, graciosa y, en general, divertida&#8221;.<\/p>\n<p>Kimberly le compr&oacute; un anillo que dec&iacute;a &#8220;Mejor amiga&#8221; una vez&#8221;. Los fiscales le mostraron una foto de la mano de Minerliz despu&eacute;s de que encontraron su cad&aacute;ver. S&iacute;, dijo. Ese es el anillo.<\/p>\n<p>La semana pasada, Ortiz volvi&oacute; al tribunal del Bronx por &uacute;ltima vez, para la sentencia de Martinez.<\/p>\n<p>La jueza Audrey Stone escuch&oacute; al fiscal describir la reputaci&oacute;n de Martinez como una farsa: &#8220;tres d&eacute;cadas enga&ntilde;ando al mundo&#8221;. Tambi&eacute;n escuch&oacute; al acusado: &#8220;Desde el comienzo de este juicio, he sostenido mi inocencia&#8221;.<\/p>\n<p>La jueza lo conden&oacute; a una pena m&iacute;nima de 25 a&ntilde;os, con una m&aacute;xima de cadena perpetua.<\/p>\n<p>Algunos de los detectives que trabajaron en el caso, ahora jubilados o con nuevos empleos, permanec&iacute;an sentados en silencio en la parte trasera del juzgado. Entre ellos estaban Malcolm Reiman, a quien llamaron aquel d&iacute;a de 1999 en que se encontr&oacute; el cad&aacute;ver de la ni&ntilde;a, y James Menton, quien recogi&oacute; las pajitas en el restaurante.<\/p>\n<p>La familia Soriano y sus parientes salieron ante las c&aacute;maras de los informativos y Ortiz se uni&oacute; a ellos para recordar juntos a Minerliz. Cuando las ni&ntilde;as faltaban a su programa extraescolar para pasar el rato en la biblioteca, hac&iacute;an &#8220;tableros de visi&oacute;n&#8221;, recortes de revistas que mostraban los futuros que imaginaban para s&iacute; mismas.<\/p>\n<p>Una iba a ser actriz. Y la otra, la primera mujer astronauta del Bronx.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/michael-wilson\" rel=\"nofollow\">Michael Wilson<\/a><\/em> cubre la ciudad de Nueva York y ha sido reportero del Times por m&aacute;s de dos d&eacute;cadas.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>This post was originally published on this site. Joseph Martinez entr&oacute; en el restaurante New Rochelle Diner y recorri&oacute; la sala con la mirada buscando a una mujer sentada sola. Ella le hizo una se&ntilde;a y &eacute;l se acerc&oacute; y se sent&oacute; en su mesa. 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