{"id":9309,"date":"2026-05-13T13:04:23","date_gmt":"2026-05-13T18:04:23","guid":{"rendered":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=9309"},"modified":"2026-05-13T12:20:32","modified_gmt":"2026-05-13T18:20:32","slug":"el-arte-de-cortar-jamon-iberico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/cablesdenoticias.prensalibre.com\/?p=9309","title":{"rendered":"El arte de cortar jam\u00f3n ib\u00e9rico"},"content":{"rendered":"<p>This <a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/es\/2026\/05\/13\/espanol\/mundo\/jamon-iberico-corte.html\" target=\"_blank\">post<\/a> was originally published on <a href=\"https:\/\/nytapi.wieck.com\/subscribed\/stories.xml?feedId=5BDTx&authKey=94e0c15c-491f-4d65-bdab-c7b42f57186e\" target=\"_blank\">this site<\/a>.<\/p><div>\n<p>Los espa&ntilde;oles hacen fila en bodas, torneos de tenis y galas para comer jam&oacute;n servido por Ernesto Soriano, uno de los mejores cortadores de jam&oacute;n ib&eacute;rico del mundo.<\/p>\n<p>El mes pasado, en el Madrid Open, Ernesto Soriano, un veterano calvo con una salvaje barba gris, el torso tatuado y una barriga que sobresal&iacute;a bajo su uniforme blanco, hipnotiz&oacute; a los aficionados con sus precisos cortes con la derecha.<\/p>\n<p>&#8220;Muchos tenistas que juegan hoy no tienen el brazo que tienes t&uacute;&#8221;, dijo Jacinto Medina, mientras sosten&iacute;a dos copas de vino tinto en una mano y tomaba con la otra un plato de jam&oacute;n serrano cortado a la perfecci&oacute;n por Soriano. El ejecutivo se encontraba entre los cientos de VIP que formaban una larga fila en una zona de comida situada detr&aacute;s del estadio de la cancha central, donde la estaci&oacute;n de corte de jam&oacute;n de Soriano era la atracci&oacute;n estrella.<\/p>\n<p>&#8220;S&iacute;&#8221;, respondi&oacute; con una sonrisa Soriano, de 53 a&ntilde;os, mientras su cuchillo atravesaba una pata de jam&oacute;n curado de la reserva de 2020. &#8220;Mi saque probablemente sea mejor&#8221;.<\/p>\n<p>Soriano es el mejor cortador de Joselito, uno de los productores de jam&oacute;n ib&eacute;rico &#8211;un jam&oacute;n curado elaborado con una raza especial de cerdos negros alimentados con bellotas&#8211; m&aacute;s antiguos y prestigiosos de Espa&ntilde;a. Para &eacute;l, el Madrid Open supuso un gran momento en su carrera y un reto. El que era el mejor cortador de la empresa no se hab&iacute;a recuperado de una lesi&oacute;n de codo relacionada con el jam&oacute;n tras el Open del a&ntilde;o pasado y Soriano se hab&iacute;a colado en el primer puesto.<\/p>\n<p>Adem&aacute;s de sus obligaciones de alta presi&oacute;n a la hora del aperitivo, tuvo que dirigir a un gran equipo encargado de cortar y emplatar m&aacute;s de una decena de patas de jam&oacute;n, cada una de ellas de casi 9 kilos, para ayudar a alimentar a miles de invitados durante los agitados turnos vespertinos y nocturnos.<\/p>\n<p>&#8220;Hoy la responsabilidad recae en m&iacute;&#8221;, dijo, y a&ntilde;adi&oacute; que tambi&eacute;n tendr&iacute;a que trabajar en los comedores para explicarles la crianza del cerdo y las notas de cata del jam&oacute;n a los grandes derrochadores ah&iacute; reunidos. &#8220;Ya empiezan los nervios&#8221;.<\/p>\n<p>La historia del jam&oacute;n est&aacute; entrelazada con la historia de la pen&iacute;nsula espa&ntilde;ola. Los historiadores de la alimentaci&oacute;n dicen que ha sido as&iacute; desde que los pobladores antiguos empezaron a curar la carne de cerdo en sal, hace miles de a&ntilde;os. &#8220;Puede mejorar cualquier plato&#8221;, dijo Mar&iacute;a Jos&eacute; Sevilla, experta en gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola y entusiasta del jam&oacute;n.<\/p>\n<p>Los historiadores tambi&eacute;n se&ntilde;alan c&oacute;mo se utiliz&oacute; el jam&oacute;n durante la Reconquista, las campa&ntilde;as militares medievales para capturar los territorios peninsulares gobernados por los musulmanes, y luego durante el apogeo de la Inquisici&oacute;n espa&ntilde;ola, cuando los dirigentes cat&oacute;licos trataban de castigar, entre otras v&iacute;ctimas, a quienes se hab&iacute;an convertido p&uacute;blicamente al cristianismo pero en privado segu&iacute;an siendo fieles a su fe original. En algunos casos, dicen los historiadores, el jam&oacute;n se utiliz&oacute; para identificar a musulmanes y jud&iacute;os, cuyas religiones proh&iacute;ben consumir cerdo.<\/p>\n<p>&#8220;El cristianismo se asociaba a comer cerdo&#8221;, dijo Sevilla. Incluso el mes pasado, un funcionario de un equipo espa&ntilde;ol de f&uacute;tbol <a href=\"https:\/\/www.dailymotion.com\/video\/xa53xhm\" rel=\"nofollow\">persigui&oacute;<\/a> a los jugadores musulmanes de su club por el campo con un jam&oacute;n. El funcionario se disculp&oacute; en medio de las reacciones negativas, y Sevilla insisti&oacute; en que los d&iacute;as del jam&oacute;n como prueba de fuego del cristianismo hab&iacute;an quedado atr&aacute;s.<\/p>\n<p>A medida que el jam&oacute;n se ha convertido, quiz&aacute;s, en un elemento a&uacute;n m&aacute;s fundamental para la identidad espa&ntilde;ola y su econom&iacute;a de exportaci&oacute;n, los mejores cortadores, como Soriano, han ido ganando protagonismo. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, un puesto de corte de jam&oacute;n se ha convertido en un elemento habitual en los eventos de la alta sociedad. Hoy en d&iacute;a, dijo Soriano medio en broma, una boda se juzga menos por la santidad de la uni&oacute;n que por el estado del jam&oacute;n.<\/p>\n<p>&#8220;No miran tanto a la novia y al novio&#8221;, se&ntilde;al&oacute; Soriano, y a&ntilde;adi&oacute; que el n&uacute;mero de bodas en las que &eacute;l y su equipo trabajan se hab&iacute;a disparado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Aquella ma&ntilde;ana, dijo un jefe de ventas de Joselito, la empresa hab&iacute;a cerrado un acuerdo para cortar seis jamones en el bautizo de un solo beb&eacute;.<\/p>\n<p>En 2024, Soriano fue seleccionado para cortar un jam&oacute;n Joselito de 18 a&ntilde;os, valorado en m&aacute;s de 70.000 d&oacute;lares, para un acto en el museo del Prado. En 2025, en la Casa Batll&oacute; en Barcelona, Soriano llor&oacute; al cortar un a&ntilde;ejo de 20 a&ntilde;os rebosante de sabor umami que, seg&uacute;n dijo su empresa, val&iacute;a unos 94.000 d&oacute;lares.<\/p>\n<p>&#8220;Me emocion&eacute;&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Soriano, un tipo despreocupado que a menudo hac&iacute;a hincapi&eacute; en la necesidad del trabajo en equipo, proyecta humildad. Dijo que lo que impulsa su &eacute;xito es la pasi&oacute;n por el cerdo, m&aacute;s que la ambici&oacute;n personal.<\/p>\n<p>El jam&oacute;n &#8220;es la estrella&#8221;, dijo. Se encogi&oacute; de hombros con indiferencia ante la menci&oacute;n del campeonato mundial de corte de jam&oacute;n, que este a&ntilde;o gan&oacute; un rompecorazones de pelo engominado que, en contraste con Soriano, se mueve dram&aacute;ticamente alrededor del jam&oacute;n como si fuera su pareja de flamenco.<\/p>\n<p>Soriano prefer&iacute;a hablar de c&oacute;mo un cortador debe extraer el sabor de una pierna, y extraer de la grasa diferentes texturas y complejidades.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a aprender el arte del cuchillo jamonero hace casi 40 a&ntilde;os, cuando &eacute;l ten&iacute;a 15, hab&iacute;a abandonado el instituto y trabajaba en una charcuter&iacute;a del barrio obrero donde viv&iacute;a su familia en Madrid. Durante el primer mes, m&aacute;s o menos, tuvo que cortar mortadela a m&aacute;quina. &#8220;No te dejan tocar el jam&oacute;n&#8221;, dijo. Pero el jefe vio que el joven aprendiz, como dijo Soriano, se &#8220;mor&iacute;a de ganas por cortar&#8221;. Soriano, que en aquel entonces era muy delgado, cort&oacute; el pesado jam&oacute;n con dificultad mientras lo sujetaba contra su pecho, como dicta la tradici&oacute;n. &#8220;Sol&iacute;a doler&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Recorri&oacute; otras charcuter&iacute;as y supermercados, y estudiaba lo que hab&iacute;a detr&aacute;s de un gran jam&oacute;n. Se form&oacute; con un maestro que deshuesaba jamones en poco m&aacute;s de un minuto con cuchillos de media luna tan cerca de su propio vientre que Soriano pens&oacute; que el maestro se destripar&iacute;a a s&iacute; mismo.<\/p>\n<p>Por el camino, conoci&oacute; a su esposa, que era cajera en un supermercado, tuvo un hijo y una hija e invirti&oacute; en mejores cuchillos. Cuando consigui&oacute; un trabajo como cortador en un elegante evento en el centro de Madrid, casi lo rechazan. &#8220;Parec&iacute;a de los &Aacute;ngeles del Infierno&#8221;, dijo Jorge D&aacute;vila, quien dirig&iacute;a el evento y ayud&oacute; a poner en contacto a Soriano con Joselito.<\/p>\n<p>Durante los 11 a&ntilde;os siguientes, Soriano ascendi&oacute; en el escalaf&oacute;n de Joselito. Su jefe, Jos&eacute; G&oacute;mez, cuya familia ha sido propietaria de Joselito desde hace seis generaciones, dijo que, adem&aacute;s de saber c&oacute;mo tratar un jam&oacute;n, Soriano &#8220;sab&iacute;a c&oacute;mo comportarse&#8221; con clientes exclusivos.<\/p>\n<p>G&oacute;mez llevaba una gorra en la que se le&iacute;a &#8220;Jam&oacute;n&#8221; y un alfiler de solapa rojo con una nariz de cerdo. &Eacute;l, como Soriano, hablaba del jam&oacute;n con veneraci&oacute;n. Explic&oacute; que, &#8220;como el agua&#8221;, el jam&oacute;n curado pod&iacute;a consumirse &#8220;en cualquier momento del d&iacute;a&#8221; y que la empresa hab&iacute;a creado un laboratorio para conocer mejor las condiciones de elaboraci&oacute;n del jam&oacute;n de primera. Hab&iacute;an recopilado la informaci&oacute;n en una base de datos llamada Pig Data. &#8220;El nombre&#8221;, dijo, &#8220;fue m&iacute;o&#8221;.<\/p>\n<p>Mientras Jannik Sinner, el mejor tenista del mundo, se preparaba para entrar en la cancha central, Soriano tambi&eacute;n se puso el uniforme. Con unas zapatillas rojas patrocinadas por Joselito, reservadas para los mejores talentos de la empresa, el cortador fue a reunir a su equipo.<\/p>\n<p>&#8220;&iexcl;Acabamos un jam&oacute;n y limpiamos otro!&#8221;, dijo para preparar al grupo para un d&iacute;a de ajetreo sin descanso. &#8220;&iexcl;Vamos al l&iacute;o!&#8221;.<\/p>\n<p>Poco despu&eacute;s, se uni&oacute; a su equipo en un rinc&oacute;n de la inmensa cocina. Mientras descargaba pesados jamones de cajas de cart&oacute;n, enumer&oacute; las secuelas que cortar jam&oacute;n le hab&iacute;a dejado.<\/p>\n<p>&#8220;Tres hernias&#8221;, dijo. &#8220;Tengo mal el hombro, el codo y la espalda&#8221;. Pero su postura hab&iacute;a mejorado con la edad, dijo, algo que intentaba transmitir a los aprendices que lo rodeaban. &#8220;No hay que forzar la postura&#8221;, dijo, mientras consultaba su reloj y encajaba la pezu&ntilde;a negra de una pierna de cerdo en el tornillo de un soporte para jam&oacute;n. &#8220;Hay que estar c&oacute;modo&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Desenroll&oacute; su funda de cuchillos y dej&oacute; al descubierto toda una colecci&oacute;n digna de un torturador. Algunos de ellos, tras 15 a&ntilde;os de cortar y afilar, estaban tan desgastados que parec&iacute;an agujas.<\/p>\n<p>&#8220;Estos&#8221;, dijo, &#8220;son para la guerra&#8221;.<\/p>\n<p>Empez&oacute; a quitar la corteza oscura del jam&oacute;n como si arrancara la corteza de un &aacute;rbol, y luego desliz&oacute; una cuchilla a trav&eacute;s de una capa brillante de grasa como si fuera mantequilla caliente. Luego fue a ponerse su chaqueta de cocinero blanca y planchada. Poco antes de la 1 p. m., se coloc&oacute; en posici&oacute;n ante el puesto de Joselito, a la espera de que se abrieran las puertas. Cuando eso ocurri&oacute;, irrumpieron cientos de clientes, todos hambrientos de jam&oacute;n.<\/p>\n<p>Durante la hora siguiente, cort&oacute; fren&eacute;ticamente.<\/p>\n<p>&#8220;Trato de no levantar la cabeza para no ver la cola&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Cuando solo quedaban huesos sobre la mesa, se encogi&oacute; de hombros para disculparse con un rezagado. Soriano enroll&oacute; los cuchillos y volvi&oacute; a los vestidores para ponerse un traje de chaqueta y charlar con los peces gordos de los comedores. No parec&iacute;a entusiasmado.<\/p>\n<p>&#8220;Yo prefiero cortar jam&oacute;n&#8221;, dijo.<\/p>\n<p>Carlos Barrag&aacute;n colabor&oacute; con reporter&iacute;a.<\/p>\n<p><em><a href=\"https:\/\/www.nytimes.com\/by\/jason-horowitz\" rel=\"nofollow\">Jason Horowitz<\/a><\/em> es el jefe del bur&oacute; en Madrid del Times; cubre Espa&ntilde;a, Portugal y c&oacute;mo vive la gente en Europa.<\/p>\n<p><em>Carlos Barrag&aacute;n colabor&oacute; con reporter&iacute;a.<br \/><\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los espa\u00f1oles hacen fila en bodas, torneos de tenis y galas para comer jam\u00f3n servido por Ernesto Soriano, uno de los mejores cortadores de jam\u00f3n ib\u00e9rico del mundo. 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