Los primeros archivos incluyen imágenes fijas borrosas que muestran lo que podría ser cualquier cosa. El gobierno estadounidense dijo que publicarán más de forma continua.
El Pentágono publicó el viernes lo que denominó archivos “nuevos y nunca vistos” sobre ovnis, y calificó la medida de ejemplo del compromiso del departamento, el cual echó a los periodistas a principios de año, con la transparencia.
“Ningún otro presidente o gobierno en la historia ha alcanzado este nivel de transparencia sobre los U.A.P.”, dijo el Pentágono en un comunicado de prensa, en referencia, por su sigla en inglés, a lo que el Departamento de Defensa denomina fenómenos anómalos no identificados, pero que la mayoría de la gente llama ovnis u objetos voladores no identificados.
La colección se “aloja”, decía el comunicado, en war.gov/ufo. Los archivos se publicarán de forma gradual.
Los primeros archivos incluyen imágenes fijas borrosas que muestran lo que podría ser cualquier cosa. En una, aparece un grupo de puntos en la pantalla. En otra, aparecen objetos de forma extraña.
En 2017, The New York Times informó que el Pentágono tenía un programa secreto y clasificado, que comenzó en 2007, que investigaba los episodios que le presentaban miembros del servicio que habían informado de encuentros con lo que parecían ser objetos espaciales. Desde entonces, los legisladores han presionado para que el gobierno desclasifique su trabajo sobre los ovnis.
Helene Cooper es corresponsal del Pentágono. Anteriormente, fue editora, corresponsal diplomática y corresponsal de la Casa Blanca.
Un grupo de hackers se atribuyó la vulneración de datos que afectó a la plataforma de aprendizaje y puso en peligro los datos personales de millones de usuarios.
Canvas, una plataforma utilizada por más de 8000 universidades y centros de enseñanza primaria y secundaria para sitios web de cursos, tareas y comunicación, dejó de funcionar el jueves durante varias horas. Un grupo de piratas cibernéticos se atribuyó la responsabilidad de una vulneración de datos que afectó a la empresa propietaria de la plataforma y puso en peligro los datos personales de millones de estudiantes y profesores.
Instructure, que provee Canvas a aproximadamente la mitad de las universidades de Norteamérica, dijo la noche del jueves en una alerta publicada en su sitio web que el software estaba disponible para la mayoría de los usuarios. Pero la empresa añadió que dos servicios independientes, Canvas Beta y Canvas Test, seguían en modo de mantenimiento.
Varias universidades importantes, como la Universidad de Míchigan y Harvard, alertaron a los estudiantes previamente el jueves que Canvas no estaba disponible. En todo el país, los estudiantes se han estado preparando para los exámenes finales, o ya los están realizando.
Instructure, que no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios, dijo anteriormente que estaba investigando por qué el software no estaba disponible.
ShinyHunters, el grupo de hackers que dijo ser responsable de la vulneración de los datos de Instructure, dijo que había accedido a los datos de más de 275 millones de personas de casi 9000 centros educativos, según una carta de secuestro compartida el 3 de mayo por Ransomware.live, que rastrea a los grupos de secuestro de datos.
Un correo electrónico compartido con estudiantes del Barnard College de Nueva York decía que la interrupción había parecido ser “el resultado de un ciberataque anterior contra Instructure”.
Instructure reveló el 1 de mayo que había sufrido un “incidente de ciberseguridad perpetrado por un actor criminal amenazador”. Steve Proud, director de seguridad de información de Instructure, dijo que la empresa había recurrido a expertos forenses para minimizar el impacto de la vulneración.
En una actualización compartida al día siguiente, Proud dijo que la información vulnerada incluía datos de identificación personal como nombres, direcciones de correo electrónico, números de identificación de estudiantes y mensajes de Canvas.
La empresa no encontró pruebas de que se hubieran violado contraseñas, fechas de nacimiento, identificadores gubernamentales o información financiera, dijo. La vulneración estaba “contenida” desde el 2 de mayo, añadió Proud.
“Canvas está plenamente operativo y no observamos ninguna actividad no autorizada en curso”, dijo la empresa en su sitio web el miércoles.
ShinyHunters, que se cree que se formó alrededor de 2020, se atribuyó la responsabilidad de la vulneración el jueves en un mensaje que apareció en las páginas de Canvas de los estudiantes y que fue obtenido por The New York Times.
El grupo dijo que había accedido a Instructure “de nuevo” después de que la empresa no se pusiera en contacto con él para resolver su problema de seguridad. En su lugar, el grupo afirmó que Instructure “nos ignoró e hizo algunos ‘parches de seguridad’”.
ShinyHunters dijo en su mensaje que filtraría una cantidad indeterminada de datos el 12 de mayo si no recibía noticias de Instructure. En su nota de secuestro del 3 de mayo, el grupo amenazaba con filtrar “varios miles de millones de mensajes privados entre alumnos y profesores”.
El grupo también animaba a las escuelas afectadas, entre las que se encuentran la Universidad de Duke y la Universidad de Maryland, a consultar con expertos en ciberseguridad y a ponerse en contacto “para negociar un acuerdo”.
Algunos estudiantes vieron más tarde que el mensaje de ShinyHunters cambiaba a una alerta que decía que Canvas estaba “actualmente en mantenimiento programado”. La interrupción parecía estar activa a las 8 p. m.
No se sabe mucho sobre ShinyHunters, pero su objetivo parece ser obtener registros personales y venderlos. El grupo de piratas informáticos ya ha atacado a Ticketmaster, Microsoft, AT&T y a decenas de empresas en Estados Unidos y otros países.
Recientemente, el grupo también ha apuntado a empresas de educación, comoInfinite Campus, un sistema de información para estudiantes de primaria y secundaria, yMcGraw Hill, una importante editorial de libros de texto.
John Yoon colaboró con reportería.
Hannah Ziegler es reportera de información general para el Times, y cubre temas como el crimen, los negocios, el clima, la cultura pop y las tendencias en internet.
El lugar de México en el mundo es difícil de definir. Puede estar en Norteamérica o en América Latina según el criterio —cultural, político o geográfico— que se use.
Económicamente es un país rico con mucha pobreza. Militarmente es un país grande pero sin demasiado poder de fuego. Políticamente es un actor relevante que, sin embargo, suele abstenerse, al menos en apariencia, de jugar un rol protagónico.
Hay quien podría decir —tal vez lo diría el difunto escritor Octavio Paz— que esto es un rasgo idiosincrático de una gente “insondable”, como calificó a los mexicanos en su “Laberinto de la soledad”.
“El mexicano excede en el disimulo de sus pasiones y de sí mismo. Temeroso de la mirada ajena, se contrae, se reduce, se vuelve sombra y fantasma”, escribió en el famoso ensayo de 1950.
Pero cuando se trata de definir el lugar de México en el mundo hay mucho más que un rasgo “fantasmal”.
En realidad, hay una política de Estado con casi un siglo de historia que casi todos los gobiernos, con algunos matices, han preservado.
En la ONU, por ejemplo, México, según estudios en la materia, suele apoyar las resoluciones cuando el tema es de baja controversia —la mayoría— y se abstiene cuando el asunto es polémico. Evade, salvo contadas excepciones, jugarse demasiado.
Este año, mientras Donald Trump revivía los traumas del intervencionismo, la Cancillería publicó un extenso libro que recoge buena parte de esa tradición diplomática.
La presidenta, Claudia Sheinbaum, lo señala con frecuencia.
“La política exterior de nuestro país está en contra de las intervenciones y a favor de la solución pacífica de cualquier conflicto”, dijo sobre la guerra de Irán.
Y sobre la captura de Nicolás Maduro en Venezuela señaló: “La intervención militar nunca ha traído democracia, bienestar ni estabilidad; solo los pueblos pueden decidir sobre su destino”.
¿Qué hay detrás de esta tradición mexicana? ¿Es una cuestión de principios, una respuesta al trauma histórico o un as bajo la manga?
Ni siquiera los gobiernos de derecha rompieron relaciones con Cuba. En la foto, Vicente Fox y Fidel Castro en 2002.
En busca de un protagonismo posible y prestigioso
México salió traumatizado del siglo XIX.
Tras la independencia, España trató —sin éxito, pero con costos— reconquistar el país. Luego, en 1838, los franceses invadieron Veracruz y obligaron al país a pagar una costosa indemnización. Después, la guerra con Estados Unidos entre 1846 y 1848 despojó a los mexicanos de la mitad de su territorio. Y por último una segunda intervención francesa impuso, entre 1863 y 1867, un gobierno autoritario al mando de Maximiliano de Habsburgo.
Todo esto, en parte, porque se trataba de un territorio estratégico al lado de la potencia emergente.
Entonces la prioridad de los gobernantes mexicanos durante todo el siglo XX —la obsesión casi— fue la estabilidad. Razón por la cual, entre otras cosas, crearon un ejército relevante, de enorme poder simbólico, sin gran poderío militar.
“México es un país importante en términos internacionales y es un país estructuralmente débil por su casi nulidad militar”, dice Humberto Beck, historiador del Colegio de México.
“Sabiendo que nunca iban a poder entrar en las grandes ligas de la política internacional por su debilidad militar, el régimen (surgido de la Revolución Mexicana, entre 1910-1917) desarrolló una política exterior que buscaba convertir a México en protagonista de la diplomacia, por un lado, y por el otro ganar prestigio internacional”, añade.
En 1918 nació la Doctrina Carranza, dictada por el presidente Venustiano Carranza, cuando surgía —siempre, de alguna manera, la hay— la amenaza de una nueva intervención estadounidense. En ella se estableció el principio de no intervención y de igualdad ante la ley de todos los países.
Después, en 1930, aparece la Doctrina Estrada, creada por el canciller Genaro Estrada, según la cual México no juzga ni reconoce gobiernos extranjeros y reduce su acción a la manutención de relaciones diplomáticas.
Bajo esos principios se fue moldeando el rol de México en los asuntos internacionales.
Durante la guerra civil española, entre 1936 y 1939, el gobierno de Lázaro Cárdenas dio asilo político a 40.000 exiliados, muchos de los cuales son hoy referentes de la cultura mexicana.
Después, durante el apogeo de la Guerra Fría en los años 60 y 70, México fue un actor central en las iniciativas de desnuclearización: en su capital se firmó un crucial acuerdo, el Tratado de Tlatelolco, que comprometió a todos los países latinoamericanos a abstenerse de desarrollar armas nucleares y le valió al canciller, Alfonso García Robles, un Premio Nobel de la Paz.
En los conflictos de Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Chile y Colombia, México jugó un rol central de mediación entre partes para la firma de acuerdos de paz y transición hacia la democracia.
Más que abstenerse de actuar en la escena internacional, México intenta mostrarse neutral. Incluso cuando no lo es.
Fue el único país latinoamericano que no rompió relaciones con Cuba tras la revolución en 1959, por ejemplo.
Desde entonces, México usó esa relación como un factor de equilibrio en su interacción con Estados Unidos: como ocurrió hace unas semanas, con la interrupción del envío de petróleo a la isla, México siempre aumentó o redujo su apoyo a Cuba “en busca de un reducto de soberanía y para amortiguar la relación con Washington”, dice Beck.
La política mediadora —que se jacta de no tomar partido al tiempo que apoya a un régimen acusado de dictatorial— es tanto una cuestión de principios como una herramienta para contrarrestar la presión intermitente de Washington.
No es en la práctica, aunque sí en la retórica, una política abstencioncita. Es más bien una postura funcional al lugar de México en el mundo.
La firma de la paz en El Salvador, en 1992, se hizo con la mediación de México, en su capital, y bajo el auspicio del presidente Carlos Salinas.
La 4T, la versión más “extrema”
Para Rafael Rojas, un historiador cubano que hizo una laureada carrera académica en México hace tres décadas, el origen del rasgo mediador de México tiene que ver con su condición geográfica, el trauma de las intervenciones decimonónicas y la necesidad de entenderse con la mayor potencia del mundo.
Según él, en los últimos ocho años, con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (Amlo) y Claudia Sheinbaum, la tradición de no intervención no se ha traicionado, aunque sí radicalizado.
“Lo que ha sucedido en los dos últimos gobiernos es que el juego de equilibrios o contrapesos se extrema, porque la 4T (la Cuarta Transformación, el proyecto político de Amlo y Sheinbaum) ha debido interrelacionarse al tiempo con Trump en Estados Unidos y con Maduro en Venezuela, por solo poner dos ejemplos a cada lado de esa gran frontera que es México”, asegura.
México, en efecto, sigue siendo la frontera entre Estados Unidos y América Latina. Por eso sigue siendo un actor clave que, sin embargo, no puede tensar demasiado la cuerda, porque, al estar más cerca, es el que más arriesga.
La cuestión palestina es otro ejemplo: México fue de los primeros latinoamericanos que apoyó la solución de dos Estados y de los últimos que reconoció a Palestina como Estado.
Y no todos los mexicanos están de acuerdo con Rojas: para muchos, la 4T ha convertido la política de no intervención en una herramienta.
En Bolivia, en 2019, cuando la presión social, policial y militar tras el contestado recuento electoral forzaron a Evo Morales a renunciar y salir del país, Amlo mandó un avión de la fuerza aérea mexicana para rescatar al exmandatario.
En 2022, en Perú, México —incluso invocando la Doctrina Estrada— ofreció asilo al presidente izquierdista Pedro Castillo tras su destitución y llamó “usurpadora” a su sucesora, Dina Boluarte. Las relaciones siguen rotas y Sheinbaum fue declarada persona non grata en Perú.
También está el caso de Ecuador, en 2023: México alojó al exvicepresidente izquierdista Jorge Glas, condenado por corrupción, en su embajada en Quito alegando persecución política. Hoy las relaciones con ese país también están rotas.
Andrés Rozental fue embajador de México en Reino Unido y Suecia, representante ante la ONU y subsecretario de Exteriores. Estuvo 35 años en el servicio diplomático antes de la llegada de la 4T al poder.
Para él, la doctrina de no intervención se vació de contenido y se convirtió en una pose utilitaria: “Hoy es más una herramienta retórica; una forma de mostrarse interesadamente neutral en ciertas cosas, pero al mismo tiempo ejercer soberanía para otras”.
Y añade: “Es una política exterior esquizofrénica, por decirlo de alguna manera total: cuando conviene, se habla de estos principios universales; y cuando conviene lo contrario, pues se hace lo contrario”.
Por principio o por interés, la doctrina de no intervención ha sido una herramienta que responde a la condición única de México en el mundo: la de tener que lidiar con la mayor potencia del mundo a diario, en todos los temas, con presidentes más y menos intervencionistas.
No es tanto que los mexicanos no tomen partido, como alegaba Octavio Paz. Es que, para tomar partido, es mucho lo que se juegan.
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En las elecciones municipales y autonómicas de Reino Unido no se conocen los resultados finales, pero lo que si parece garantizada es una debacle de los laboristas, el partido del primer ministro Keir Starmer.
Y lo hace en favor de un partido cuyas propuestas lo sitúan en el espectro político de la derecha británica, Reform UK, liderado por el populista Nigel Farage y con un discurso centrado en la inmigración.
Este jueves se eligieron miles de concejales para alcaldías y autoridades locales y todo apunta a que el país seguirá la tendencia de sus vecinos europeos donde los partidos de derecha populista, desde Francia a Países Bajos pasando por Alemania, protagonizaron un ascenso meteórico en comicios celebrados en los últimos años.
La otra tendencia clara que revelan estas elecciones es la decadencia del bipartidismo: los votos se dividen en cinco o más direcciones diferentes: esto representa una de las mayores transformaciones de la política británica en el último siglo.
El primer ministro británico y líder laborista, Keir Starmer, ganó las elecciones generales 2024 con mayoría absoluta.
Las elecciones a 136 alcaldías y concejos municipales de Inglaterra, junto con los parlamentos autónomos de Escocia y Gales, representan la prueba de opinión pública más significativa antes de las próximas elecciones generales de 2029.
La magnitud del cambio en la votación del jueves se mide a estas horas con el paso de 2 a casi 500 concejales para el partido de Farage, que propone el endurecimiento de las políticas contra la inmigración, escepticismo con el cambio climático y la reducción del Estado del Bienestar y de los controles a las empresas.
El portavoz de asuntos internos del Reform UK, Zia Yusuf, dijo que un gobierno de Reform UK crearía como prioridad absoluta un organismo encargado de coordinar la deportación de inmigrantes ilegales.
Deportaciones, una prioridad
Según explicó, los agentes “localizarían, detendrían y deportarían a todos los inmigrantes ilegales”, los alojarían en instalaciones modulares y, posteriormente, operarían cinco vuelos de ida y vuelta al día.
Yusuf afirmó que también era necesario tomar medidas para proteger la cultura británica, incluyendo nuevas normas para evitar que las iglesias se conviertan en mezquitas. Asimismo, expresó su apoyo a la prohibición de las prendas que cubren el rostro, como el burka.
Personas como Andriy Sukhodub, ciudadano británico nacido en Ucrania, afirma haber votado por Reform UK a pesar de tener reservas sobre la postura del partido en materia de inmigración.
Este hombre de 55 años le dijo a la BBC que estaba “indignado” por los partidos tradicionales y afirmó que han traicionado a la “gente trabajadora”.
Nigel Farage, líder de Reform UK, es amigo y aliado del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Farage dijo que los resultados hasta el momento “superaban con creces” sus expectativas y prometió que “lo mejor está por venir” para su partido, refiriéndose a que los resultados son una señal de que su partido se encaminaba a la victoria en las elecciones generales que se celebrarán en 2029.
Mientras, Starmer confirmó que no dimitirá y que continuará como primer ministro a pesar de la derrota del Partido Laborista en las elecciones locales.
Reconoció que había sido una noche difícil para la izquierda laborista, pero afirmó: “Días como este no debilitan mi determinación de lograr el cambio que prometí”.
Lindsay Beaton votó por el Partido Verde, mientras que Timothy Pye votó por el Partido Laborista, según le dijeron a la BBC.
Para el politólogo británico y experto en votaciones John Curtice, “los resultados electorales demuestran que la política en el Reino Unido está fragmentada” y que el electorado está altamente polarizado.
“El partido de Nigel Farage ha obtenido mejores resultados en los lugares que votaron mayoritariamente a favor del Brexit en 2016. Por el contrario, en los lugares donde menos del 49% apoyó el Brexit, Reform UK obtuvo una media de apenas el 10%”, le dijo el experto a la BBC.
Los resultados pusieron de manifiesto el profundo descontento de los votantes con el gobierno de Starmer y suscitaron nuevas dudas sobre su futuro, apenas dos años después de su aplastante victoria en las elecciones generales.
Su victoria en 2024, en la que consiguió una amplia mayoría absoluta, puso fin a 14 años de gobiernos conservadores, y parecía abrir paso a una nueva etapa dorada para el laborismo.
En Gales, se prevé que el Partido Laborista pierda las elecciones nacionales por primera vez en más de un siglo, mientras que el Partido Nacional de Escocia -que está a favor de independizarse del Reino Unido- seguirá siendo el partido mayoritario en ese país tras 19 años en el poder, según los primeros resultados.
Además de Reform UK, los otros dos partidos que aumentaron su representación son los Liberales Demócratas y el Partido Verde, mientras que los conservadores también sufrieron grandes pérdidas.
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El Departamento de Estado declinó dar detalles sobre lo que implicaría esa revisión, pero dijo que podría conducir al cierre de algunos consulados.
El Departamento de Estado dijo que revisaría los 53 consulados mexicanos en Estados Unidos, la más reciente señal de las crecientes tensiones entre el gobierno de Donald Trump y uno de sus aliados extranjeros más importantes.
El Departamento de Estado declinó dar detalles sobre lo que implicaría dicha revisión, pero dijo que podría conducir al cierre de consulados mexicanos.
La inspección se produce después de que en los últimos meses hayan circulado en los medios de comunicación conservadores afirmaciones de que los consulados mexicanos interfieren en la política estadounidense y fomentan la migración masiva a Estados Unidos.
Las acusaciones proceden en gran medida de Peter Schweizer, autor de derecha y colaborador de Breitbart News, quien ha promovido teorías conspirativas sobre la influencia de gobiernos extranjeros. Sus afirmaciones incluyen que funcionarios consulares mexicanos han alabado protestas contra las políticas migratorias estadounidenses, han ayudado a migrantes objeto de redadas de inmigración y han distribuido libros de texto en español en algunas escuelas, lo que desalienta a los migrantes mexicanos de asimilarse.
El gobierno mexicano ha rebatido repetidamente sus afirmaciones y la presidenta Claudia Sheinbaum ha calificado la cuestión de “absolutamente falsa”.
El miércoles, la embajada de México en Estados Unidos respondió a una publicación en línea de Schweizer, diciendo que los consulados mexicanos ayudan a los mexicanos “en una amplia gama de asuntos, desde asegurarse de que su documentación está al día hasta apoyar a las personas que han sido víctimas de un delito”. Y añadía: “No hay nada político en el trabajo consular, solo el compromiso de garantizar que se respetan los derechos de las personas”.
Un portavoz del gobierno mexicano declinó hacer comentarios sobre la revisión de sus consulados en Estados Unidos, y afirmó que el gobierno no tenía información al respecto.
Dylan Johnson, portavoz del Departamento de Estado, dijo en un comunicado que el departamento estaba “revisando constantemente todos los aspectos de las relaciones exteriores estadounidenses para garantizar que estén en consonancia con la agenda de política exterior de ‘Estados Unidos primero’ del presidente y que promuevan los intereses estadounidenses”.
CBS News informó anteriormente que el Departamento de Estado iniciaría una revisión de los consulados mexicanos.
Trump y Sheinbaum han cooperado a menudo en cuestiones de seguridad y en la aplicación de las leyes migratorias, pero también han tenido discrepancias en varios frentes. Más recientemente, Sheinbaum se ha mostrado molesta por la revelación de que dos agentes de la Agencia Central de Inteligencia participaron el mes pasado en una operación del gobierno estatal mexicano en el norte del país para desmantelar un laboratorio de drogas. La presencia de los agentes de la CIA se reveló cuando murieron en un accidente automovilístico durante la operación.
Sheinbaum también se ha negado a detener a un gobernador mexicano a quien los fiscales estadounidenses acusaron públicamente la semana pasada de ayudar a un cártel de la droga mexicano. Sheinbaum ha dicho que no protege al gobernador, quien pertenece a su partido político, y ha sostenido que Estados Unidos no ofreció pruebas suficientes para justificar la detención.
Ed Wong colaboró con reportería desde Washington.
Jack Nicas es el jefe de la oficina del Times en Ciudad de México y dirige la cobertura de México, Centroamérica y el Caribe.
Expertos advierten que ciertos exámenes y fármacos podrían ser innecesarios en pacientes de más edad.
Había pasado suficiente tiempo desde la colonoscopia anterior de la paciente como para que cumpliera los criterios para someterse a otra, dijo Steven Itzkowitz, gastroenterólogo de la Facultad de Medicina Icahn del Mount Sinai, en Nueva York.
Estaba en “un estado de salud razonablemente bueno”, y los riesgos de la intervención –hemorragia, reacción a la anestesia, perforación del colon– eran bastante bajos. Pero tenía 85 años. Y tendría que suspender brevemente los anticoagulantes que tomaba debido a los stents cardíacos que mantenían abiertas sus arterias; hacerlo podría aumentar los riesgos.
No es el único médico –ni paciente– que está reconsiderando estas decisiones. Los riesgos y beneficios de exámenes, procedimientos y medicamentos habituales se acumulan de forma distinta en edades avanzadas, y las investigaciones siguen señalando nuevos ejemplos de prácticas que podrían llegar a ser innecesarias.
Recientemente, los investigadores se han planteado cuestiones sobre lesiones cutáneas comunes que probablemente no necesiten ser extirpadas, un medicamento tiroideo muy utilizado que muchos pacientes mayores pueden dejar de tomar sin peligro, y colonoscopias que reducen la mortalidad por cáncer de colon de forma tan leve que los riesgos pueden superar los beneficios.
Feas pero probablemente inofensivas
Las manchas enrojecidas o ásperas de la piel se denominan, en lenguaje médico, queratosis actínicas. Como son consecuencia de la exposición prolongada al sol, suelen aparecer en la cara, el cuero cabelludo, los antebrazos y el dorso de las manos.
Estas lesiones aparecen con más frecuencia en pacientes de edad avanzada. Un amplio estudio de beneficiarios tradicionales de Medicare descubrió que, en un periodo de cinco años, a casi el 30 por ciento se les diagnosticó una queratosis actínica. ¿Y después qué?
“La gran mayoría de las veces, se extirpan”, dijo Allison Billi, dermatóloga de la Universidad de Míchigan y autora de un comentario reciente sobre el tema en JAMA Internal Medicine. Eso suele implicar criocirugía (congelación con nitrógeno líquido), cremas tópicas o terapia láser.
La lógica es que las manchas podrían volverse cancerosas. Pero “para el paciente promedio sin antecedentes de cáncer de piel, la probabilidad de que progrese a cáncer de piel es inferior a uno entre 1000”, dijo Billi, citando un metaanálisis de 2013. Es mucho más probable que las lesiones desaparezcan por sí solas.
“El tratamiento puede ser más pesado que la propia enfermedad”, añadió. La extirpación “es en realidad muy dolorosa, tanto durante como después”. Puede causar hinchazón, irritación y decoloración duradera.
Además, es probable que una queratosis actínica reaparezca, o que surjan otras nuevas. “Es una afección crónica”, dijo Billi.
En su lugar, ha propuesto la vigilancia activa: los médicos de atención primaria podrían observar las lesiones anualmente en busca de señales de alerta como hemorragia, dolor o crecimiento rápido, que podrían justificar su extirpación. Pero “en muchos casos, no es necesario”, dijo. “No siempre es necesario hacer todo lo posible”.
Eso sí, recomienda usar protector solar.
Tratamiento cuestionable
Los pacientes toman levotiroxina, uno de los medicamentos más recetados del mundo, cuando sus glándulas tiroideas no pueden producir suficiente hormona tiroidea.
Con este trastorno, llamado hipotiroidismo, “la gente aumenta de peso. Tienen menos energía. Se les seca el pelo y la piel”, explica Jacobijn Gussekloo, médica de atención primaria e investigadora del Centro Médico de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos. “Todo se ralentiza”.
Los médicos también la recetan cada vez más para un trastorno límite llamado hipotiroidismo subclínico, que no suele causar síntomas, pero puede evolucionar a hipotiroidismo.
La mayoría de los pacientes toman el medicamento de por vida –pero ¿es necesario? El equipo de Gussekloo ha descubierto que en muchos adultos mayores con hipotiroidismo subclínico, los niveles hormonales se normalizan por sí solos.
Como cualquier medicamento, también puede causar daños. Puede interactuar con otros medicamentos que suelen tomar los pacientes mayores. Además, “requiere análisis de laboratorio y seguimientos frecuentes, más visitas y costos”, dijo Maria Papaleontiou, endocrinóloga de la Universidad de Míchigan y autora de un editorial en JAMA que acompaña al último estudio neerlandés.
“En dosis altas, puede causar hipertiroidismo, que puede provocar arritmias cardiacas y pérdida ósea”, añadió. Los pacientes que lo toman también tienen que ajustar sus dietas y sus horarios de comidas.
Para determinar si algunos pacientes podían dejar de tomar levotiroxina, los investigadores neerlandeses diseñaron un protocolo que reducía gradualmente las dosis a lo largo de 30 semanas, con análisis de laboratorio continuos y consultas médicas.
Al cabo de un año, una cuarta parte de los 370 participantes, todos mayores de 60 años, habían dejado de tomar el medicamento y mantenían una función tiroidea sana. La mayoría había comenzado con dosis más bajas.
Los pacientes no deben dejar la levotiroxina por su cuenta, advirtió Papaleontiou. La suspensión requiere una reducción gradual, con análisis y seguimiento. Algunos pacientes siempre necesitarán el medicamento.
Pero parece que “un grupo selecto de adultos mayores de 60 años puede no necesitar este tratamiento de por vida”, dijo Papaleontiou.
Un examen con riesgos
La cuestión de cuándo los pacientes mayores pueden dejar de hacerse pruebas de detección de cáncer de colon de forma segura ha generado años de debate. El influyente Grupo Especial de Servicios Preventivos de Estados Unidos otorga a estas pruebas una tibia calificación C después de los 76 años, y califica su beneficio de “pequeño”.
Sin embargo, a casi el 60 por ciento de los pacientes mayores que ya se han realizado colonoscopias y tienen una esperanza de vida limitada (menos de cinco años) se le aconseja someterse a otra prueba, según un estudio de 2023.
Como gastroenterólogo de la Universidad de California en San Diego, Samir Gupta se enfrenta regularmente a este dilema con pacientes mayores. “Sé que realmente tienen un bajo riesgo de cáncer de colon, y los estoy sometiendo a más riesgos”, dijo.
El riesgo de complicaciones tras una colonoscopia aumenta con la edad. Según un estudio reciente, casi el 7 por ciento de los pacientes mayores de 75 años fueron hospitalizados o acudieron a urgencias dentro del mes posterior a la intervención.
¿Vale la pena? Gupta es el autor principal de un nuevo estudio de casi 92.000 pacientes de Asuntos de los Veteranos mayores de 75 años que se habían sometido anteriormente a una colonoscopia. En alrededor del 28 por ciento, la intervención había detectado un adenoma, un tipo de pólipo que puede volverse canceroso. Aunque solo una pequeña fracción lo hace, los gastroenterólogos suelen extirparlos.
Los investigadores descubrieron que, tras 10 años, los veteranos con un adenoma previo tenían más probabilidades de desarrollar cáncer de colon que los que no lo tenían, aunque la tasa era extremadamente baja en ambos grupos.
Pero solo el 0,5 por ciento –sí, la mitad del 1 por ciento– de los que tenían un adenoma previo murieron de cáncer de colon, frente al 0,4 por ciento de los que no lo tenían: “una diferencia mínima”, dijo Gupta.
Ambos grupos quedaron eclipsados por la cantidad de veteranos –casi la mitad– que murieron en la década por otras causas.
“Incluso si el procedimiento sale bien, o no encontrará nada o encontrará algo que no tendrá un impacto real en su longevidad”, dijo Itzkowitz, autor de un editorial publicado junto al estudio.
Sin embargo, ha observado que muchos pacientes a quienes se les han extirpado pólipos quieren seguir haciéndose colonoscopias.
Las colonoscopias son menos agradables, por lo que quizá los pacientes mayores estén dispuestos a prescindir de ellas. “Incluso con pólipos, la probabilidad de morir de cáncer de colon es tan baja en comparación con todo lo demás que puede afectarte”, dijo Itzkowitz.
Así que le dijo a su paciente de 85 años que podía saltarse otra colonoscopia. Ella pareció complacida.
La nueva vejez se produce en colaboración con KFF Health News.
Los que llegamos a la madurez junto con la protagonista ahora podemos ver que amar tu trabajo no tiene por qué significar convertirte en Miranda Priestly. Puede significar ser Andy Sachs.
Cuando la adaptación cinematográfica de la novela de Lauren Weisberger El diablo viste de Prada se estrenó en los cines en junio de 2006, fui directamente de un largo día en la oficina a verla sola porque todos mis conocidos estaban ocupados en el trabajo. También como todos mis conocidos, yo tenía mi primer trabajo de adulto, y el trabajo –hacerlo, pensar en él, planificar su futuro– ocupaba la mayor parte de mis horas de vigilia.
Tenía 22 años, más o menos la misma edad que la heroína de la película, Andy Sachs. Las dos vivíamos y trabajábamos en Nueva York, y las dos teníamos un dominio excepcionalmente vacilante de la alta costura, pero ahí acababan las similitudes, al menos de manera superficial. Ella aspiraba a ser escritora en The New Yorker, pero de momento era la ayudante junior de Miranda Priestly (Meryl Streep), la pesadilla de editora de la lustrosa revista de moda Runway; yo era analista de negocios en un gran banco de inversiones, buscaba únicamente mi propio café y ni una sola vez me había planteado seriamente una carrera periodística.
Mientras presenciaba la evolución de Andy, de abrumada empleada recién contratada a hipercompetente asistente de confianza, y luego a aspirante a un puesto en un periódico con un corte de pelo mucho mejor, vi en ella un ejemplo a seguir. La película me encantó, y la he visto decenas de veces en los últimos 20 años, pero con el tiempo he llegado a verla de otra manera, y no solo porque yo también haya cambiado.
Un año antes, en mi propia orientación para nuevos empleados, un directivo de alto nivel nos había exhortado a mí y a otros cien recién graduados: “Si quieren tener éxito en el trabajo”, dijo, alisándose la corbata, “conviértanse en la persona indispensable en su departamento”. Sean los primeros en llegar a la oficina y los últimos en irse, explicó. Nunca rechacen una tarea. Asuman que les tocará hacer el peor trabajo y nunca digan que no, y por Dios –la implicación era clara–, si no les gusta cómo los trata su jefe, no acudan a recursos humanos. Aguanten y sigan adelante.
El diablo viste a la moda mejoró la novela. Se deshizo del quejumbroso monólogo interior de Andy ante la indignidad de tener que recordar el pedido del almuerzo de su jefa y colgar su abrigo. Pero la película conservó todos los rasgos de la ansiedad femenina de mediados de los 2000, dilatados por el entorno de la revista. El elemento más atroz es su fijación con el tamaño corporal, el pesaje de las almendras, la declaración del director artístico Nigel (Stanley Tucci) de que “la celulitis es uno de los ingredientes principales de la sopa de maíz”. Cuando Andy, interpretada por la esbelta Anne Hathaway, le dice a Nigel que ha pasado de la talla 6 a la 4, él brinda por ella con champán, y el momento se interpreta como una aspiración, no como una ironía.
No importa que su pérdida de peso sea claramente producto de la ansiedad laboral: Andy está mejorando en su trabajo, y su figura cada vez más reducida es una señal. También lo son otros cambios en su vida. Lo más anticuado de El diablo viste a la moda es la seriedad con la que se toma los consejos que la alta directiva nos dio a los nuevos empleados del banco. Todavía faltaban siete años para Vayamos adelante de Sheryl Sandberg, y la fundadora de Nasty Gal, Sophia Amoruso, no popularizaría el término #girlboss hasta un año después. Pero Miranda Priestly era el prototipo, una jefa que caía mal porque subyugaba a sus subordinados, y por mucho que a Andy le molestara, también llegó a parecerse a ella.
En otra escena, Nigel y Andy están en Central Park, dirigiendo una sesión fotográfica de moda. “Mi vida personal pende de un hilo”, se queja Andy a Nigel.
“Eso es lo que pasa cuando empiezas a tener éxito en el trabajo, cariño”, le dice él. “Avísame cuando toda tu vida se esfume. Eso significa que es hora de un ascenso”.
En la página, las líneas suenan a arrepentimiento, pero en la pantalla son consejos vitales de un mentor, y Andy los asimila. El costo del trabajo, para Miranda y Nigel, es la vida. Es cierto que, al final de la película, Andy ha visto cómo Miranda traicionaba a un amigo, se ha dado cuenta con horror de que ella va por el mismo camino y ha decidido alejarse antes de que sea demasiado tarde. Pero no hay indicios de que lo que ella ansía sean límites personales. Solo necesita volver a su verdadera pasión: informar.
Que no es exactamente el tipo de trabajo que se deja en la oficina.
Ha sido divertido ver El diablo viste a la moda recientemente y darme cuenta de que la lección que creía que Andy había aprendido sobre el equilibrio saludable entre la vida laboral y personal no está ahí en absoluto. De hecho, en la nueva secuela El diablo viste a la moda 2, ambientada 20 años después de la primera película, está claro que Andy se aferró a algunas de sus lecciones de Runway. Tiene una vida personal sana. Pero también trabaja muchas horas y ha tomado decisiones que otras podrían no tomar. Ahora me identifico con ella al principio de la secuela. Las dos trabajamos en periódicos y vivimos en apartamentos de Brooklyn en los que a veces hay que convencer al lavabo para que eche agua limpia. Las dos estamos mucho más seguras de nosotras mismas y vamos mucho mejor vestidas que en 2006.
Y las dos hemos tenido que darnos cuenta de que existe una especie de tercera opción entre la toxicidad omnipresente de la era #girlboss y simplemente tratar un trabajo como un mal necesario, algo a lo que tienes que entrar y salir para poder pagar el resto de tu vida. Nadie se hace rico haciendo periodismo —El diablo viste a la moda 2 es, sobre todo, una película sobre cómo los medios de comunicación están en una espiral de muerte–, pero en la madurez tiendes a aprender lo que realmente te importa, y a veces, acumular dinero extra no es una de esas cosas.
Miranda sigue estancada en su obsesión por los cuerpos excesivamente delgados, y sigue tratando a los subordinados como si no merecieran su atención. Pero incluso ella se ha ablandado un poco, con la edad pero también con un poco de intervención de recursos humanos, gracias a una generación Z menos servil.
Y cuando Andy vuelve a Runway, sabe lo que quiere y lo que le importa. Puede ver lo bueno de lo que aprendió de Miranda y Nigel, a la vez que es amable con los ayudantes y busca el tipo de historias que cree que importan. Es gracioso verlo, pero es cierto: de algún modo, Andy ha cumplido una de las viejas afirmaciones de Miranda que antaño la horrorizaban: que Andy le recuerda a Miranda a sí misma. Y es que amar tu trabajo no tiene por qué significar convertirte en Miranda Priestly. Puede significar ser Andy Sachs.
Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005.
Los que llegamos a la madurez junto con la protagonista ahora podemos ver que amar tu trabajo no tiene por qué significar convertirte en Miranda Priestly. Puede significar ser Andy Sachs.
Cuando la adaptación cinematográfica de la novela de Lauren Weisberger El diablo viste de Prada se estrenó en los cines en junio de 2006, fui directamente de un largo día en la oficina a verla sola porque todos mis conocidos estaban ocupados en el trabajo. También como todos mis conocidos, yo tenía mi primer trabajo de adulto, y el trabajo –hacerlo, pensar en él, planificar su futuro– ocupaba la mayor parte de mis horas de vigilia.
Tenía 22 años, más o menos la misma edad que la heroína de la película, Andy Sachs. Las dos vivíamos y trabajábamos en Nueva York, y las dos teníamos un dominio excepcionalmente vacilante de la alta costura, pero ahí acababan las similitudes, al menos de manera superficial. Ella aspiraba a ser escritora en The New Yorker, pero de momento era la ayudante junior de Miranda Priestly (Meryl Streep), la pesadilla de editora de la lustrosa revista de moda Runway; yo era analista de negocios en un gran banco de inversiones, buscaba únicamente mi propio café y ni una sola vez me había planteado seriamente una carrera periodística.
Mientras presenciaba la evolución de Andy, de abrumada empleada recién contratada a hipercompetente asistente de confianza, y luego a aspirante a un puesto en un periódico con un corte de pelo mucho mejor, vi en ella un ejemplo a seguir. La película me encantó, y la he visto decenas de veces en los últimos 20 años, pero con el tiempo he llegado a verla de otra manera, y no solo porque yo también haya cambiado.
Un año antes, en mi propia orientación para nuevos empleados, un directivo de alto nivel nos había exhortado a mí y a otros cien recién graduados: “Si quieren tener éxito en el trabajo”, dijo, alisándose la corbata, “conviértanse en la persona indispensable en su departamento”. Sean los primeros en llegar a la oficina y los últimos en irse, explicó. Nunca rechacen una tarea. Asuman que les tocará hacer el peor trabajo y nunca digan que no, y por Dios –la implicación era clara–, si no les gusta cómo los trata su jefe, no acudan a recursos humanos. Aguanten y sigan adelante.
El diablo viste a la moda mejoró la novela. Se deshizo del quejumbroso monólogo interior de Andy ante la indignidad de tener que recordar el pedido del almuerzo de su jefa y colgar su abrigo. Pero la película conservó todos los rasgos de la ansiedad femenina de mediados de los 2000, dilatados por el entorno de la revista. El elemento más atroz es su fijación con el tamaño corporal, el pesaje de las almendras, la declaración del director artístico Nigel (Stanley Tucci) de que “la celulitis es uno de los ingredientes principales de la sopa de maíz”. Cuando Andy, interpretada por la esbelta Anne Hathaway, le dice a Nigel que ha pasado de la talla 6 a la 4, él brinda por ella con champán, y el momento se interpreta como una aspiración, no como una ironía.
No importa que su pérdida de peso sea claramente producto de la ansiedad laboral: Andy está mejorando en su trabajo, y su figura cada vez más reducida es una señal. También lo son otros cambios en su vida. Lo más anticuado de El diablo viste a la moda es la seriedad con la que se toma los consejos que la alta directiva nos dio a los nuevos empleados del banco. Todavía faltaban siete años para Vayamos adelante de Sheryl Sandberg, y la fundadora de Nasty Gal, Sophia Amoruso, no popularizaría el término #girlboss hasta un año después. Pero Miranda Priestly era el prototipo, una jefa que caía mal porque subyugaba a sus subordinados, y por mucho que a Andy le molestara, también llegó a parecerse a ella.
En otra escena, Nigel y Andy están en Central Park, dirigiendo una sesión fotográfica de moda. “Mi vida personal pende de un hilo”, se queja Andy a Nigel.
“Eso es lo que pasa cuando empiezas a tener éxito en el trabajo, cariño”, le dice él. “Avísame cuando toda tu vida se esfume. Eso significa que es hora de un ascenso”.
En la página, las líneas suenan a arrepentimiento, pero en la pantalla son consejos vitales de un mentor, y Andy los asimila. El costo del trabajo, para Miranda y Nigel, es la vida. Es cierto que, al final de la película, Andy ha visto cómo Miranda traicionaba a un amigo, se ha dado cuenta con horror de que ella va por el mismo camino y ha decidido alejarse antes de que sea demasiado tarde. Pero no hay indicios de que lo que ella ansía sean límites personales. Solo necesita volver a su verdadera pasión: informar.
Que no es exactamente el tipo de trabajo que se deja en la oficina.
Ha sido divertido ver El diablo viste a la moda recientemente y darme cuenta de que la lección que creía que Andy había aprendido sobre el equilibrio saludable entre la vida laboral y personal no está ahí en absoluto. De hecho, en la nueva secuela El diablo viste a la moda 2, ambientada 20 años después de la primera película, está claro que Andy se aferró a algunas de sus lecciones de Runway. Tiene una vida personal sana. Pero también trabaja muchas horas y ha tomado decisiones que otras podrían no tomar. Ahora me identifico con ella al principio de la secuela. Las dos trabajamos en periódicos y vivimos en apartamentos de Brooklyn en los que a veces hay que convencer al lavabo para que eche agua limpia. Las dos estamos mucho más seguras de nosotras mismas y vamos mucho mejor vestidas que en 2006.
Y las dos hemos tenido que darnos cuenta de que existe una especie de tercera opción entre la toxicidad omnipresente de la era #girlboss y simplemente tratar un trabajo como un mal necesario, algo a lo que tienes que entrar y salir para poder pagar el resto de tu vida. Nadie se hace rico haciendo periodismo —El diablo viste a la moda 2 es, sobre todo, una película sobre cómo los medios de comunicación están en una espiral de muerte–, pero en la madurez tiendes a aprender lo que realmente te importa, y a veces, acumular dinero extra no es una de esas cosas.
Miranda sigue estancada en su obsesión por los cuerpos excesivamente delgados, y sigue tratando a los subordinados como si no merecieran su atención. Pero incluso ella se ha ablandado un poco, con la edad pero también con un poco de intervención de recursos humanos, gracias a una generación Z menos servil.
Y cuando Andy vuelve a Runway, sabe lo que quiere y lo que le importa. Puede ver lo bueno de lo que aprendió de Miranda y Nigel, a la vez que es amable con los ayudantes y busca el tipo de historias que cree que importan. Es gracioso verlo, pero es cierto: de algún modo, Andy ha cumplido una de las viejas afirmaciones de Miranda que antaño la horrorizaban: que Andy le recuerda a Miranda a sí misma. Y es que amar tu trabajo no tiene por qué significar convertirte en Miranda Priestly. Puede significar ser Andy Sachs.
Alissa Wilkinson es crítica de cine del Times. Ha estado escribiendo sobre películas desde 2005.
Nuestra columnista de Pregúntale a la terapeuta, Lori Gottlieb, aconseja a una lectora que no quiere que le recuerden su soledad una vez más.
Una de mis amigas más queridas se casa el próximo verano. Será el segundo matrimonio tanto para mi amiga como para el novio, y todos tenemos más de 40 años. Es probable que la fecha coincida con mi escapada anual para ver a mi grupo de música favorito en una de mis ciudades favoritas, unas vacaciones que otra querida amiga y yo hemos hecho juntas durante años.
Creo que debería ir a la boda, porque le dolería a mi amiga si no voy y me sentiría culpable por no ir. Pero también me sentiría culpable por herir a mi otra amiga al faltar a nuestro fin de semana de conciertos, y resentida por perderme mi fin de semana favorito del año por una boda, un acontecimiento cargado psicológicamente para mí.
Soy soltera, y la soledad y el desamor han sido casi constantes en mi vida adulta. El año pasado viví una pesadilla en una ceremonia de renovación de votos en grupo. Fue doloroso escuchar múltiples demostraciones de amor y compromiso cuando mi propio viaje ha sido en solitario. Después de esa experiencia, me dije a mí misma que nunca iría a otra boda.
Sé que es mi problema y debo lidiar con él, y si la boda de mi amiga fuera cualquier otro fin de semana, me aguantaría y estaría allí. Pero en vista de que entra en conflicto con un fin de semana que espero con impaciencia todo el año, ¿cómo decido? ¿Y cómo se lo planteo a la novia, quien es comprensiva con mis vicisitudes de soltera?
De la terapeuta: Parece que estás lidiando con lo que significa estar presente para tu amiga que se va a casar, pero quiero que también consideres la otra cara de la moneda: lo que significa que ella se muestre a tu favor mientras luchas con la soltería.
Veamos primero la parte de ella. Muchas personas no comprenden el dolor de la soltería crónica, especialmente cómo puede activarse tan fácilmente tanto en la vida cotidiana (ver a una pareja caminar por la calle cogida de la mano, rellenar un formulario en el que se pide el estado civil o la información de contacto en caso de emergencia) como en ocasiones concretas (celebraciones de aniversarios, bodas).
Curiosamente, a muchas personas les resulta más fácil ser compasivas con una mujer que lucha contra la infertilidad y decide no asistir al baby shower de una amiga que con una mujer que lucha contra su soltería y decide no asistir a la boda de una amiga. Esto puede deberse a que la primera parece más concreta y con un plazo definido: si se está intentando activamente tener un bebé, se piensa erróneamente, se trata de una fase de la vida que se “resolverá”. (La pareja podría concebir con más intentos o con fecundación in vitro, o podrían adoptar).
Sin embargo, lo que a algunas personas les cuesta comprender es la experiencia de décadas deseando encontrar pareja sin saber si alguna vez lo conseguirás. Podrían malinterpretar e incluso juzgar a alguien por faltar a la boda de un amigo cercano “solo porque está soltero”. Pero temer ver a otras personas, incluso a las que aprecias profundamente, proclamar su amor no te hace egoísta. Te hace humana. Esa ceremonia de renovación de votos que presenciaste fue dolorosa no porque envidies a los demás el amor que han encontrado, sino porque ilumina tu propio anhelo.
Parece que tu amiga tiene cierta comprensión de este anhelo, lo que hará más fácil mantener una conversación con ella sobre lo que decidas. Pero primero, para ayudarte a resolverlo, intenta replantear el dilema: piensa en él menos como “¿Asisto a la boda (por ella) o al concierto (por mí)?”, y más como “¿Qué tipo de presencia puedo ofrecer a mi amiga?”.
Por ejemplo, si vas a la boda, ¿irás como alguien que está realmente emocionada por celebrar la alegría de tu amiga, contenta de estar allí para presenciar este paso en su vida? Si es así, esa es una razón para ir. ¿O irías como alguien agobiado por el resentimiento y la pena, y asistirías por culpabilidad, físicamente presente pero emocionalmente ausente? En ese caso, puedes hacer todo lo correcto –hacer un brindis, aparecer en las fotos, incluso forzarte a entrar en la pista de baile en medio de lo que podría parecer un mar de parejas–, pero si lo estás pasando fatal, puede que ese no sea el tipo de presencia que honre a tu amiga.
En su lugar, considera cómo podrías celebrar la boda de tu amiga de un modo que resulte menos doloroso y más auténtico. Tal vez le escribas una carta hermosa y sincera que refleje su vínculo y elijas un regalo que te parezca personal y significativo. Tal vez la lleves a un almuerzo encantador o a una actividad que ambas disfruten y tengan una celebración privada sin todos los detonantes que te encontrarías en una boda. En otras palabras, hay diferentes formas de mostrarse y estar presente, y generalmente la que se sienta más genuina será la más deseada y apreciada.
En cuanto a la culpa, es probable que aparezca sin importar lo que decidas, pero la culpa no indica maldad. Se te permite necesitar alegría, se te permite protegerte y también puedes querer a tu amiga. Recuerda, tu tarea consiste en responder a esta pregunta con la mayor sinceridad posible: ¿Qué tipo de presencia puedo ofrecer a mi amiga? Luego toma una decisión que la respete y reconozca las circunstancias emocionales tan reales a las que te enfrentas.
Si decides no ir, puedes decirle la verdad: “Me alegro mucho por ti y quiero que sepas lo importante que eres para mí. Al mismo tiempo, sabes cómo lucho contra la soledad y el no haber encontrado pareja, y necesito cuidarme en torno a esto”. A continuación, explícale por qué este ritual anual de conciertos te parece tan importante para tu bienestar, cómo es para ti asistir a bodas y cómo te gustaría celebrar su matrimonio de una forma que te resulte significativa y más cómoda y auténtica.
Al ser sincera, le das la oportunidad de estar ahí para ti también, que es en definitiva de lo que tratan las amistades fuertes: de descubrir lo que significa cuidar el uno del otro, incluso cuando es difícil o imperfecto. A largo plazo, ese tipo de presencia le importará mucho más a ella –y a ti– que dónde se encuentre en un día concreto.
¿Quieres preguntar a la terapeuta? Si tienes una pregunta, envía un correo electrónico a askthetherapist@nytimes.com. Al enviar una consulta, aceptas nuestrascondiciones de envío a los lectores. Esta columna no sustituye al consejo médico profesional.
Lori Gottlieb es psicoterapeuta y autora del superventas Deberías hablar con alguien. Ofrece a los lectores consejos sobre las preguntas difíciles de la vida en la columna Pregúntale a la terapeuta