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  • Trump restringió a los visitantes. México ganó turistas

    Trump restringió a los visitantes. México ganó turistas

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    Aunque los críticos se preguntan si el Mundial beneficiará al turismo a largo plazo, las autoridades mexicanas creen que puede impulsar al país hasta convertirlo en el quinto destino más visitado del mundo.

    Los cinco países más visitados del mundo, según varios indicadores, son: Francia, España, Estados Unidos, Italia y Turquía.

    El país que ocupa el sexto puesto, México, ya es una potencia turística en constante crecimiento. Ahora espera que el fútbol –y un poco del “efecto Trump”– le ayude a colarse en ese grupo de élite.

    “Pusimos una meta muy ambiciosa”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum a principios de este año sobre el objetivo de su mandato de seis años, que termina en 2030.

    El mayor Mundial de fútbol de la historia –104 partidos, 48 países– la organizan conjuntamente Estados Unidos, Canadá y México, que acogerá su último partido el domingo, entre su selección y la de Inglaterra en Ciudad de México. Antes del torneo, las autoridades y los organizadores mexicanos calculaban que 5,5 millones de personas visitarían el país durante las seis semanas que dura el torneo, generando miles de millones de dólares en actividad económica.

    Algunos críticos han puesto en duda esas cifras, pero México, que ya está relativamente más abierto al turismo, ha facilitado la entrada a ciudadanos de ciertos países, pensando precisamente en el Mundial. La idea es: si no puedes ir a Estados Unidos debido a las políticas migratorias más estrictas de Donald Trump, ven aquí en su lugar.

    “México mantiene su postura de ser un país amigo del mundo”, dijo Gabriela Cuevas, la representante del gobierno mexicano para el Mundial.

    Desde que Trump asumió el cargo en enero de 2025, su gobierno ha complicado los viajes a Estados Unidos, con nuevas tasas elevadas, obstáculos para obtener visas y un discurso agresivo hacia ciertos países. Los viajes a Estados Unidos cayeron alrededor de un 6 por ciento el año pasado, lo que supuso una pérdida de cuatro millones de visitantes extranjeros, hasta los 68 millones. Fue el único de los seis países más visitados que experimentó un descenso, según cifras de una organización de turismo de la ONU.

    México, sin embargo, alcanzó nuevas cotas. El año pasado, este país de más de 130 millones de habitantes recibió una cifra récord de 48 millones de turistas que pernoctaron, lo que representa un aumento del 6 por ciento y supera su récord prepandémico de 45 millones en 2019. El turismo fue uno de los puntos positivos de una economía mexicana que últimamente ha flaqueado debido a sus propios problemas de crecimiento, un presupuesto inflado y la presión arancelaria de Trump.

    Y cuando Estados Unidos impuso restricciones a la selección iraní, México le permitió establecer su campamento base en Tijuana, cerca de la frontera.

    “Vas adonde te tratan bien”, dijo Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo de México, señalando que su país había registrado un aumento del 9 por ciento en las visitas de canadienses, que parecen estar boicoteando los viajes a Estados Unidos en medio de las tensiones con el gobierno de Trump.

    Por primera vez, la ruta internacional más transitada hacia México no partía de una ciudad estadounidense, sino de Canadá. El año pasado, el vuelo Toronto-Cancún superó al de Dallas-Cancún en el primer puesto, y los vuelos de Montreal a Cancún han aumentado considerablemente.

    El gobierno mexicano también ha intentado posicionar al país como destino para Latinoamérica durante el Mundial. Colombia, con 54 millones de habitantes, representa el tercer mercado turístico más importante para México. Durante la fase de grupos, la selección colombiana jugó dos de sus tres partidos en México. Justo antes del torneo, Rodríguez Zamora dijo que México había simplificado el proceso de entrada para los colombianos, y la tasa de rechazo bajó del 8 por ciento al 2 por ciento.

    En el reciente partido entre Colombia y Uzbekistán en Ciudad de México, casi todas las 81.000 personas del estadio animaban a Colombia. Y aunque algunos venían de Estados Unidos y Canadá, varios le contaron a The New York Times que habían viajado directamente desde Colombia.

    Erika Leon, de 47 años, y Orlando Pérez, de 57, dos amigos que trabajan en la banca en Bogotá, dijeron que les preocupaba tener que pasar por el escrutinio que otros colombianos habían descrito antes del Mundial, como horas de interrogatorios o la deportación. Pero León dijo que entrar fue fácil. “Todos fueron muy amables”, dijo.

    Ninguno de los dos tenía visa para Estados Unidos ni ganas de sacarse una. Ambos dijeron que preferían visitar México antes que Estados Unidos, donde el gobierno de Trump ha endurecido los requisitos para obtener o renovar visas de turista e inmigrante de varios países, llegando incluso a exigir a algunos visitantes el pago de una fianza de hasta 15.000 dólares para garantizar que no se queden más tiempo del permitido por su visa.

    La Casa Blanca dijo que Trump se centra en garantizar que el Mundial sea “una experiencia increíble para todos los aficionados y visitantes”, pero también “el más seguro de la historia”.

    Ahmed Ben Dahmen, de 32 años, un tunecino que trabaja en tecnologías de la información en Montreal, acudió a Monterrey, México, para ver a la selección de su país jugar sus dos primeros partidos y boicoteó el tercero, que se disputó en Estados Unidos.

    “Si el presidente Trump no quiere ver a tunecinos ni a colombianos, pues no vamos”, dijo, y añadió que estaba “contento” de mejor gastarse el dinero en México.

    Algunos aficionados dijeron que, sencillamente, el costo era menor. Aunque los altos precios de las entradas han sido un tema espinoso durante todo el torneo, los visitantes dijeron que se ahorraron dinero al viajar a México, donde el costo del alojamiento, la comida y el transporte es menor.

    Carlos Londoño Garcés, de 58 años, un abogado de Medellín, dijo que su entrada de 3000 dólares para ver a Colombia jugar en Miami costaba el doble que la que pagó por ver su primer partido en México.

    Para facilitar los viajes a México y subir en la clasificación mundial, Rodríguez Zamora, la secretaria de Turismo, dijo que el gobierno ha estado trabajando para digitalizar aún más el proceso de solicitud de visas. En febrero, México restableció un proceso de visa electrónica para los brasileños que permite a los visitantes que llegan en avión solicitarla por internet con antelación, a diferencia de Estados Unidos, que exige una visa física.

    Dijo que esperaba que los latinoamericanos cuyos equipos juegan en Estados Unidos se reunieran en cambio en las grandes y animadas fiestas para ver los partidos que se celebran por todo México.

    “Van a visitar a nosotros antes que llegar a Estados Unidos”, dijo Rodríguez Zamora. “El mercado latino está esperando vivir una fiesta y esa la va a encontrar en nuestro país”.

    No todo el mundo comparte su optimismo. Enrique de la Madrid, exsecretario de Turismo de México y miembro de un partido político de la oposición, calificó el Mundial como una oportunidad “extraordinaria”, pero un evento puntual. Señaló que el predecesor de Sheinbaum había acabado con un importante organismo de promoción turística. Dijo que el número de visitantes extranjeros que llegan a México en avión –que gastan más que los que cruzan la frontera por tierra– había bajado ligeramente el año pasado. Y varias ciudades sede del Mundial ya han rebajado sus expectativas en cuanto al número de hoteles y visitantes.

    Para desplazar a Italia o Turquía de la lista de los cinco primeros, dijo, México tendría que atraer a 12 millones de visitantes más al año. “No vamos a llegar al quinto lugar si no le ponemos el dinero y la estrategia que otros países le ponen”.

    La seguridad sigue siendo una preocupación. Después de que las fuerzas de seguridad mexicanas mataran a un importante líder de un cártel en febrero y los miembros del cártel respondieran con una breve oleada de violencia, el turismo sufrió un revés momentáneo. Las autoridades actuaron rápidamente para tranquilizar a los visitantes.

    Es cierto que algunas zonas de México son peligrosas, pero otras tienen tasas de homicidios más bajas que las de algunas ciudades estadounidenses que acogerán partidos del Mundial. Sheinbaum ha destacado en repetidas ocasiones la disminución de la tasa nacional de homicidios durante su gobierno.

    Rodríguez Zamora dijo que el gobierno seguirá trabajando en la seguridad y en la percepción que se tiene de ella. Espera que el Mundial ayude, especialmente con los visitantes extranjeros.

    “No vendrían si tuvieran una mala experiencia”, dijo. “Muy al contrario”.

    James Wagner cubre noticias y cultura en América Latina para el Times. Radica en Ciudad de México.

  • En busca de la película que define a Estados Unidos

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    La forma en que el mundo ve a Estados Unidos –y la forma en que el país se ve a sí mismo– se puede atribuir, al menos en parte, a Hollywood. Desde que existe el cine, este ha reafirmado las historias que nos contamos sobre nuestro carácter nacional: que tu posición en la vida no está determinada por tu origen, por ejemplo, y que todo es posible, incluyendo la justicia y riquezas incalculables, si tienes la determinación suficiente.

    Por supuesto, en los cines también se proyectan versiones más oscuras de esta historia. ¿Existe una película definitiva sobre nuestra nación? La respuesta sin duda varía, según la época y quien responda. Pero ahora que el país celebra su aniversario número 250 en un momento de profundas divisiones, es un buen momento para replantearnos esta pregunta.

    Por esa razón, le pregunté a 10 escritores qué películas escogerían para definir a Estados Unidos y por qué. Sus elecciones abarcaron desde éxitos de taquilla hasta películas independientes, desde comedias locales hasta un enigmático drama italiano, desde una reciente nominada al Óscar a la mejor película hasta un debut no muy conocido; en resumen, cintas tan variadas como el propio país.

    — Stephanie Goodman

    Killer of Sheep (1978)

    Puedes verla en streaming en Criterion Channel o alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    La obra maestra de Charles Burnett se desarrolla en el barrio de Watts, en Los Ángeles, a mediados de la década de 1970, una década después de los disturbios civiles que se vivieron allí. Filmada en blanco y negro, la cinta es al mismo tiempo un retrato expresionista de una familia pobre de la comunidad negra y del país en el que viven, con su idealismo y sus amargas verdades. En la visión de Burnett hay una belleza sublime, además de una comedia melancólica y un dolor que cala hasta los huesos. Aquí, cada pared llena de marcas y cada lote vacío hablan de promesas incumplidas, igual que el rostro demacrado del padre, quien trabaja en un matadero (Henry G. Sanders).

    Burnett es uno de los poetas más grandes del cine, pero también es un dialéctico con visión clara, algo que queda patente en una escena donde unos niños juegan en lo que parece una obra de construcción abandonada, un interludio con la canción “The House I Live In” de Paul Robeson de fondo. Esa canción, una oda al idealismo estadounidense que se hizo famosa gracias a Frank Sinatra, empieza con la pregunta “¿Qué es Estados Unidos para mí?”. Suena muy diferente cuando la canta Robeson, un activista por los derechos civiles cuya carrera se vio truncada durante la “cacería de brujas” anticomunista. Con un filme inolvidable Burnett evoca la historia de Estados Unidos, y también la enriquece.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Star Spangled to Death, de Ken Jacobs; In Jackson Heights, de Frederick Wiseman; y 13th de Ava DuVernay.

    — Manohla Dargis

    Petróleo sangriento (2007)

    Puedes verla en streaming en Paramount+.

    Un despiadado magnate que construyó su fortuna desde cero y arrastra un historial de negocios turbios. Un predicador oportunista más interesado en el poder que en la santidad. Un país donde se puede amasar una riqueza fabulosa si estás dispuesto a pisotear a tu vecino. La épica cinta de 2007 Petróleo sangriento, de Paul Thomas Anderson, que le dio a Daniel Day-Lewis uno de los mejores papeles de su carrera, arremete contra el sueño americano, apropiándose del lenguaje cinematográfico de los grandes wésterns de Hollywood pero invirtiendo sus temas.

    En esta visión del Lejano Oeste estadounidense, el territorio produce un petróleo tan negro como la noche y exige sangre a cambio, mientras las dos fuerzas gemelas de la prosperidad estadounidense –capitalistas sin ataduras ni escrúpulos y estafadores que se apropian de la religión para sus propios fines– se precipitan hacia un desenlace explosivo. En esta gran tierra, sugiere Petróleo sangriento, puedes ganarte el mundo entero siempre y cuando estés dispuesto a perder también tu alma.

    — Alissa Wilkinson

    Dazed and Confused (1993)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    A pocos minutos de haber comenzado Dazed and Confused, mientras unos estudiantes de bachillerato texanos salen en tropel de las aulas para dar inicio a las vacaciones de verano de 1976, la maestra buena onda les grita algo sobre el inminente bicentenario del país: “No olviden qué están celebrando, que un puñado de hombres blancos aristocráticos y dueños de esclavos no querían pagar impuestos”.

    Ese hito nacional se queda en la mente de los adolescentes –“Hermano, este país fue fundado por gente que creía en los extraterrestres”, insiste el fumón mayor del grupo –, pero más que nada sirve como telón de fondo para una noche de desenfreno. A medida que los diversos grupos sociales se mezclan, surgen conflictos: entre las viejas costumbres y las nuevas corrientes culturales, entre el patriotismo y la rebelión, entre la libertad sin límites y el no tener adónde ir. Es en esta fricción donde el carácter típicamente estadounidense de la comedia dramática de 1993 de Richard Linklater resulta innegable.

    Como estudiante de segundo año de preparatoria, fascinada por ese retrato de la adolescencia estadounidense, yo veía ese VHS una y otra vez. Elige bien, parecía advertirme a mí, una hija de inmigrantes que estaba muy consciente de que quienes somos hoy marca el rumbo de quienes podremos llegar a ser; y si esa versión futura de nosotros cederá al pensamiento de grupo o se rebelará contra él para siempre.

    — Maya Salam

    Caracortada (1932)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Hablando de arquetipos estadounidenses: Caracortada, el paradigma del caos físico y la sensación que inquietó a los censores en 1932, fue financiada por un legendario magnate nacido en Texas (Howard Hughes) y dirigida por un gran cineasta de Hollywood (Howard Hawks) a partir de un guion escrito principalmente por un célebre periodista de Chicago (Ben Hecht), para un antiguo ídolo del teatro yidis de Nueva York (Paul Muni), quien interpreta una versión ficticia del hombre más infame del país en aquella época (Al Capone). Caracortada no fue la primera película de gánsteres de los estudios, pero sí la más violenta y estridente. En medio de un paisaje sonoro de chirridos de neumáticos, estruendosas ametralladoras y diálogos ágiles y cargados de jerga, este Capone de aire kabuki está flanqueado por dos chicas memorables, una ardiente (Ann Dvorak) y la otra fría (Karen Morley). Por cuestiones de derechos, el padrino del cine estadounidense de gánsteres permaneció inaccesible durante 33 años, lo que no hizo sino reforzar su estatus de culto. La vigencia cultural de la versión de 1983 de Brian De Palma da fe de su poder.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah; Una Eva y dos Adanes, de Billy Wilder; Pecadores, de Ryan Coogler.

    — J. Hoberman

    El proyecto Florida (2017)

    Puedes verla en streaming en HBO Max.

    ¿Existe una ciudad más estadounidense que Orlando, Florida? Sus atracciones prometen grandes sueños, mucha diversión, escapismo total, pero a menudo ocultan las tremendas dificultades de la clase trabajadora que se requieren para mantener vivos esos sueños. El director Sean Baker captura las complejidades de Orlando, y del propio Estados Unidos, en este drama bañado por el sol que se desarrolla al otro lado del mundo de Disney. Moteles baratos con nombres como Futureland Inn y Magic Castle son el hogar y el patio de juegos de facto de niños que pasan los días entre juegos y pequeñas travesuras, en medio de ese entorno venido a menos.

    Brooklynn Prince se luce en el papel de Moonee, una optimista niña de seis años que es el corazón y el alma de la película. Ella crea su propia magia mientras los adultos golpeados por la vida que la rodean (incluida su madre, interpretada por Bria Vinaite) intentan llegar a fin de mes. Baker, que tiene un fino oído para esa dicotomía, dirige la película con una visión épica y un enfoque íntimo. El resultado es a la vez encantador y desgarrador.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: El color púrpura, de Steven Spielberg; Estrella solitaria, de John Sayles; Nosotros, de Jordan Peele.

    — Mekado Murphy

    Nashville (1975)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Pocos cineastas han retratado a Estados Unidos, con todas sus complejidades y contradicciones, tan a fondo como Robert Altman. En sus mejores películas, enfrentó a las vacas sagradas, las instituciones anquilosadas, la mitología de la frontera y las nociones convencionales de heroísmo, siempre con un guiño cómplice y una risa apenas contenida. Hay algo intrínsecamente estadounidense en Nashville, su obra maestra de 1975: la forma en que busca algo grandioso, audaz y que lo abarque todo al entrelazar las historias de 24 personajes de diversos orígenes y estratos sociales a lo largo de unos días en la capital de la música country.

    La estructura indómita y poco convencional de la película se convirtió en uno de los sellos distintivos de Altman, porque le fascinaban las caóticas intersecciones de la vida real: cómo un marginado excéntrico puede terminar codeándose con una figura desdeñosa del establishment y salir victorioso. Es una película llena de música, desamor, patriotismo y violencia política; concentra toda la experiencia estadounidense en 160 minutos.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Del mismo barro, de Altman, la historia de un país impulsado por el sexo y las estafas; Nacido el 4 de julio, de Oliver Stone, que aborda lo que realmente significa amar a tu país (y servirle); y Mátalos suavemente, de Andrew Dominik, una de las críticas cinematográficas más mordaces y cínicas sobre nuestro país y nuestra época.

    — Jason Bailey

    Dirty Dancing (1987)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Dirty Dancing es un retrato de las divisiones de clase, el trabajo, la identidad, los derechos de las mujeres, la atención médica y mucho más, todo oculto bajo la superficie de un frívolo romance juvenil, y tiene todos los ingredientes necesarios para entender el Estados Unidos de la posguerra, aderezados con una banda sonora inolvidable.

    Ambientada en medio de la agitación social de la década de 1960 en un complejo turístico de los Catskills, la película narra el despertar (sexual y de otros tipos) que vive Baby, una joven huésped sobreprotegida –Jennifer Grey, en un papel que definió su carrera–, cuando conoce a Johnny, el rebelde profesor de baile interpretado por un Patrick Swayze que pasa buena parte de la película con el torso descubierto. (Fíjate en los apellidos de sus personajes: ella es Houseman y él, Castle; ella es judía y de buena posición económica, y él –a pesar de ese apellido de resonancias aspiracionales– no lo es. Su romance rompió tabúes en su época).

    Una trama tan franca sobre el aborto era una rareza en el cine; Eleanor Bergstein, la guionista, luchó para conservarla. El mensaje es que la cultura puede impulsar cambios sociales y políticos –¡nadie arrincona a Baby!–, sobre todo cuando esos cambios llegan al ritmo de bailarines y músicos (que, por cierto, son los únicos personajes de color de la película).

    — Melena Ryzik

    Zabriskie Point (1970)

    Ambientada en el verano de 1968 en el desierto de Mojave, Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni, es una hipnótica reflexión sobre los ideales estadounidenses contada a través de dos desconocidos que se convierten en amantes: un universitario que dejó los estudios y está huyendo, y una secretaria en un viaje de trabajo. Pasan una tarde de ensueño febril deambulando por el paisaje, hablando de las tensiones sociales y topándose con una orgía extremadamente polvorienta. (Después de todo, es Antonioni y es la década de 1960).

    “Hay mil facetas, no solo héroes y villanos”, le dice la secretaria (Daria Halprin) al chico que abandonó los estudios (Mark Frechette), y esta parece ser la visión que el director italiano tenía de Estados Unidos. Entre las hipnóticas escenas del Oeste estadounidense y la vibrante banda sonora de Pink Floyd y Jerry Garcia se intercalan momentos de intensa agitación social, crimen y codicia corporativa. El FBI investigó la película por considerarla anti-Estados Unidos, pero Antonioni crea una carta de amor de un forastero a Estados Unidos, a su gente y a todo lo que el país puede contener, con todos sus defectos.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Nomadland, de Chloé Zhao; The Sweet East, de Sean Price Williams; Buenos muchachos, de Martin Scorsese.

    — Amanda Webster

    Nothing but a Man (1964)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    El director Michael Roemer nació en Berlín en 1928. No sabía lo que era ser joven, negro y tener un empleo precario en la Alabama de antes de la Ley de Derechos Civiles, como Duff Anderson, el admirable pero autodestructivo protagonista de su primer largometraje. Lo que Roemer sí conocía –esa sensación de no ser bienvenido en tu propio país, el desgaste espiritual de una servidumbre de facto– lo volcó en su milagroso guion, que, siguiendo la tradición de Tocqueville y Gunnar Myrdal, le pone un espejo a Estados Unidos tal y como solo un extranjero puede hacerlo.

    Protagonizada por un inolvidable Ivan Dixon (en el papel de Duff), con un reparto secundario excepcional (Abbey Lincoln, Yaphet Kotto, Gloria Foster), Nothing but a Man cuenta una historia política en un tono íntimo. Sus personajes –inspirados en los viajes de investigación que Roemer realizó por todo el sur del país junto a Robert Young, su coguionista, director de fotografía y judío igual que él– no son más que seres humanos, para bien y para mal.

    — Reggie Ugwu

    El día de la revelación (2026)

    En cines.

    El mundo, como dice un malvado Colin Firth, está al borde del abismo. Agentes cuasigubernamentales actúan en las sombras. La paranoia y la desconfianza –a veces con buena razón– se respiran en el aire. La lucha por revelar la verdad es tan encarnizada como la lucha por ocultarla. Sí, El día de la revelación es una epopeya sobre la llegada de extraterrestres, pero en cuanto al tono, cuando los cardenales, los círculos en los campos y las persecuciones en coche dan paso a gente común que intenta salir adelante en una nación caótica, transmite la ansiedad y la incertidumbre que impregnan la vida estadounidense actual, la ajena a la ciencia ficción.

    Lo vi en la escena en la que Emily Blunt y Wyatt Russell paran en una tienda de conveniencia: aún no hemos llegado a las grandes secuencias de acción ni a las revelaciones, pero están rodeados de gente que se abastece frenéticamente, preparándose para una guerra que se avecina en segundo plano. Al final, cuando nuestros héroes por fin han revelado la verdad al público, el ambiente cambia a un optimismo vacilante y tentativo, y Blunt tiene la última palabra, que suena como un llamado a la comprensión: “Escuchen”.

    Hay algo en eso que también refleja quiénes somos como país.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Bonnie y Clyde, de Arthur Penn; Minari, de Lee Isaac Chung; Southland Tales, de Richard Kelly.

    — Andrew LaVallee

    Créditos de fotos y videos: Milestone Films (Killer of Sheep); Paramount Vantage (Petróleo sangriento); Gramercy Pictures (Dazed and Confused); United Artists (Caracortada); A24 (El proyecto Florida); Paramount Pictures, vía Everett Collection (Nashville); Great American Films (Dirty Dancing); MGM (Zabriskie Point); DuArt Film and Video, vía Everett Collection (Nothing But a Man); Universal Pictures y Amblin Entertainment (El día de la revelación)

    — Stephanie Goodman — Manohla Dargis — Alissa Wilkinson — Maya Salam — J. Hoberman — Mekado Murphy — Jason Bailey — Melena Ryzik — Amanda Webster — Reggie Ugwu — Andrew LaVallee

  • La guerra llega a las gasolineras de Rusia

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    “¿Ahora estamos en la Unión Soviética?”, preguntó una mujer rusa, atónita y frustrada por las esperas para cargar combustible.

    Alyona Sadovnikova vivió por primera vez la escasez de gasolina a mediados de junio, cuando se detuvo en una gasolinera y le dijeron que solo atendían a clientes con cupones de racionamiento.

    “Me quedé horrorizada: ¿ahora estamos en la Unión Soviética, donde tenías que conseguir cupones para comprar salchichas?”, dijo en una entrevista telefónica.

    Apenas unos días después, Sadovnikova estaba esperando 18 horas para abastecerse en la ciudad de Irkutsk, en el este de Siberia, a más de 4820 kilómetros de la frontera con Ucrania.

    Mientras Ucrania intensifica sus ataques contra las infraestructuras petroleras rusas, incluso algunas situadas en lo más profundo del territorio ruso, las refinerías de todo el país se han visto obligadas a cerrar para hacer reparaciones importantes.

    Esto ha provocado una escasez de gasolina que muchos ciudadanos rusos no habían visto en toda su vida. Empezó en mayo en la Crimea ocupada por Rusia y desde entonces se ha extendido al resto de Rusia e incluso a Siberia.

    La situación es tan grave que esta semana las autoridades rusas dijeron que están en conversaciones para estudiar la posibilidad de importar crudo, una sorprendente admisión para el tercer mayor productor de petróleo del mundo. El viernes, las autoridades de la ciudad de Novorossiysk, en el mar Negro –donde se encuentra la mayor terminal de exportación de petróleo de Rusia–, anunciaron que suspendían la venta de gasolina para usuarios particulares.

    Las largas filas para cargar combustible son uno de los ejemplos más claros y tangibles de cómo la guerra con Ucrania afecta la vida cotidiana en Rusia, y representan un reto para el presidente Vladimir Putin, que ha hecho todo lo posible por sofocar cualquier oposición a la guerra. La frustración es tan grande que se han producido peleas a puñetazos entre conductores exasperados que llevan horas esperando en la fila.

    “La escasez de gasolina ya no solo es un problema económico: es una prueba para la capacidad gubernamental de gestionar una crisis aguda que afecta de lleno la normalidad cotidiana”, dijo Ilya Grashchenkov, analista político radicado en Moscú, en una nota de investigación.

    Solo dos regiones rusas, la poco poblada Chukotka, en el Lejano Oriente, y Kalmukia, en el sur, no han sufrido escasez de combustible ni restricciones en la venta, según un recuento elaborado por varios medios de comunicación independientes de Rusia. Las largas filas en las gasolineras se han convertido en algo habitual, y han surgido páginas web colaborativas para hacer un seguimiento del suministro en cada estación de servicio. Hasta un 20 por ciento de los taxistas del país están optando por quedarse en casa debido a la congestión en las gasolineras, según informó el periódico ruso Kommersant.

    Las regiones más pobladas alrededor de la capital rusa parecían ser las más vulnerables a la escasez. La refinería de Moscú y una importante refinería en Tartaristán, a unos 960 kilómetros al este de la capital, que representan el 10 por ciento de la capacidad total de gasolina de Rusia, han cerrado, según se informa, después de los ataques ucranianos.

    El miércoles por la tarde, una decena de conductores colapsaron la concurrida autopista de Moscú a San Petersburgo, formando una fila en una de las pocas gasolineras que aún contaban con combustible.

    Es una imagen totalmente desconocida para los rusos que crecieron en un país con una producción petrolera en pleno auge.

    Una generación mayor, que “vio las estanterías vacías en los supermercados” durante la caída de la Unión Soviética, está mentalmente más preparada, dijo Boris Nadezhdin, un político de la oposición de 63 años. “Pero para la gente de entre 20 y 30 años, esto es un auténtico shock”.

    Aunque el gobierno había subsidiado a las petroleras para mantener la gasolina a un precio asequible, los precios no han dejado de subir. El precio medio por litro en la última semana de junio fue de 0,93 dólares, un 1,6 por ciento más que la semana anterior, según la Agencia de Estadística de Rusia.

    En las gasolineras independientes de Grozni, la capital de Chechenia, los precios han subido de unos 70 rublos por litro (0,90 dólares) hasta 100 rublos (1,30 dólares), dijo un cliente, Said-Hasan, un hombre de 42 años que pidió que no se revelara su apellido por motivos de seguridad. Las gasolineras de la empresa estatal Rosneft han mantenido los precios bajos, pero se forman largas filas para cargar. Said-Hasan dijo que a principios de esta semana hizo un viaje corto en coche a la región vecina de Ingushetia para conseguir gasolina más barata, aunque no pudo repostar más de 30 litros debido al racionamiento.

    Las gasolineras más pequeñas e independientes del sur están vacías, señalizadas con conos de tráfico y carteles de “Sin gasolina”, según Alexander, un conductor profesional de 33 años que viaja mucho por las regiones de Krasnodar y Rostov. Él también pidió que no se revelara su apellido.

    Al menos un tercio de las gasolineras de Krasnodar, la tercera región más grande de Rusia, han cerrado, según dijo el miércoles Evgeny Pergun, el vicegobernador de esa zona, ante la asamblea legislativa local.

    Algunos rusos han recurrido al humor para sobrellevar la situación. En una publicación que se ha vuelto viral, un bloguero ruso imaginaba que los usuarios de una popular aplicación para pedir taxis pronto podrían elegir un caballo entre las opciones de transporte.

    La escasez parece ser especialmente grave en el este de Siberia y el Lejano Oriente.

    Las filas en la región de Irkutsk han sido tan largas que las autoridades prometieron instalar baños portátiles a lo largo de las autopistas para atender a los conductores. Igor Kobzev, el gobernador local, declaró el domingo el estado de alerta máxima –un peldaño por debajo del estado de emergencia–.

    Junto con su marido y su bebé de 18 meses, Sadovnikova, la mujer de Irkutsk que trabaja en redes sociales, se unió a la fila en una gasolinera a las 11:00 p. m. del viernes pasado. No consiguió gasolina hasta las 5:00 p. m. del día siguiente. Usaron los baños de la gasolinera y la tienda para ir al baño y comprar algo de picar. Otras personas de la fila, dijo, se mostraron solidarias y compartieron comida y juguetes con su hijo.

    “Todo el asunto fue angustioso y agotador”, dijo Sadovnikova, de 26 años, y añadió que tuvo que pasar todo el día siguiente durmiendo por el estrés. “Estamos intentando ahorrar gasolina y esperamos que haya más suministros para cuando se nos vuelva a acabar”.

    Sadovnikova dijo que le molestaba que las autoridades de todo el país hayan estado acusando a los rusos de hacer acaparamiento, mientras todas las gasolineras independientes de su ciudad habían cerrado.

    En una conferencia celebrada el miércoles, el ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, insistió en que el país solo se enfrentaba a “escasez en algunas gasolineras concretas” que “se soluciona rápidamente”.

    Sin embargo, los datos del mercado muestran una realidad diferente.

    A mediados de junio, los ataques con drones ucranianos habían dejado fuera de combate aproximadamente un tercio de la capacidad de refinamiento de petróleo de Rusia –unos 2,2 millones de barriles al día–, según Ronald P. Smith, socio fundador de Emerging Markets Oil and Gas Consulting Partners, con sede en Texas. Otros analistas apuntaban a una disminución menor, de alrededor del 25 por ciento.

    “Para compensar ese hueco probablemente hará falta que varias plantas grandes vuelvan a poner en marcha su producción de gasolina”, dijo Smith en declaraciones enviadas por correo electrónico. “El tiempo que se tarde en arreglarlo, en realidad, depende de qué es lo que se haya visto afectado”, añadió.

    Además de estudiar la posibilidad de importar petróleo, el gobierno ruso también evalúa si va a permitir la producción y venta de una gasolina de menor calidad con mayor contenido en azufre, que se prohibió en Rusia en 2013, según informó el lunes el periódico Kommersant, citando una propuesta del gobierno.

    Las autoridades rusas suelen evitar dar a conocer la magnitud de los daños o las molestias que esto representa para los consumidores rusos.

    Putin, que rehuye a comentar las malas noticias, rompió el silencio el domingo cuando admitió en una entrevista con la televisión estatal que Rusia estaba sufriendo “cierto déficit” de combustible, “pero no crítico”. Los ataques ucranianos buscaban “sembrar la discordia en la sociedad rusa y obligar a Rusia a detener, aunque fuera por un breve momento, el avance de nuestros soldados en el frente”, dijo, tras convocar una reunión extraordinaria sobre la crisis del combustible.

    Muchos rusos culpan directamente al gobierno en general de los problemas del país, pero parecen excluir al propio Putin.

    Nadezhdin, la figura de la oposición, dijo que cree que eso va a cambiar. Comentó que cada vez veía a más rusos “dándose cuenta de que es precisamente Putin quien nos ha metido en esto con sus políticas”.

    Si los rusos siguen viendo a Putin en la televisión soltando comentarios optimistas sobre el crecimiento económico mientras hacen fila para repostar combustible, dijo, “surgirán las sospechas”.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

  • La guerra llega a las gasolineras de Rusia

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    “¿Ahora estamos en la Unión Soviética?”, preguntó una mujer rusa, atónita y frustrada por las esperas para cargar combustible.

    Alyona Sadovnikova vivió por primera vez la escasez de gasolina a mediados de junio, cuando se detuvo en una gasolinera y le dijeron que solo atendían a clientes con cupones de racionamiento.

    “Me quedé horrorizada: ¿ahora estamos en la Unión Soviética, donde tenías que conseguir cupones para comprar salchichas?”, dijo en una entrevista telefónica.

    Apenas unos días después, Sadovnikova estaba esperando 18 horas para abastecerse en la ciudad de Irkutsk, en el este de Siberia, a más de 4820 kilómetros de la frontera con Ucrania.

    Mientras Ucrania intensifica sus ataques contra las infraestructuras petroleras rusas, incluso algunas situadas en lo más profundo del territorio ruso, las refinerías de todo el país se han visto obligadas a cerrar para hacer reparaciones importantes.

    Esto ha provocado una escasez de gasolina que muchos ciudadanos rusos no habían visto en toda su vida. Empezó en mayo en la Crimea ocupada por Rusia y desde entonces se ha extendido al resto de Rusia e incluso a Siberia.

    La situación es tan grave que esta semana las autoridades rusas dijeron que están en conversaciones para estudiar la posibilidad de importar crudo, una sorprendente admisión para el tercer mayor productor de petróleo del mundo. El viernes, las autoridades de la ciudad de Novorossiysk, en el mar Negro –donde se encuentra la mayor terminal de exportación de petróleo de Rusia–, anunciaron que suspendían la venta de gasolina para usuarios particulares.

    Las largas filas para cargar combustible son uno de los ejemplos más claros y tangibles de cómo la guerra con Ucrania afecta la vida cotidiana en Rusia, y representan un reto para el presidente Vladimir Putin, que ha hecho todo lo posible por sofocar cualquier oposición a la guerra. La frustración es tan grande que se han producido peleas a puñetazos entre conductores exasperados que llevan horas esperando en la fila.

    “La escasez de gasolina ya no solo es un problema económico: es una prueba para la capacidad gubernamental de gestionar una crisis aguda que afecta de lleno la normalidad cotidiana”, dijo Ilya Grashchenkov, analista político radicado en Moscú, en una nota de investigación.

    Solo dos regiones rusas, la poco poblada Chukotka, en el Lejano Oriente, y Kalmukia, en el sur, no han sufrido escasez de combustible ni restricciones en la venta, según un recuento elaborado por varios medios de comunicación independientes de Rusia. Las largas filas en las gasolineras se han convertido en algo habitual, y han surgido páginas web colaborativas para hacer un seguimiento del suministro en cada estación de servicio. Hasta un 20 por ciento de los taxistas del país están optando por quedarse en casa debido a la congestión en las gasolineras, según informó el periódico ruso Kommersant.

    Las regiones más pobladas alrededor de la capital rusa parecían ser las más vulnerables a la escasez. La refinería de Moscú y una importante refinería en Tartaristán, a unos 960 kilómetros al este de la capital, que representan el 10 por ciento de la capacidad total de gasolina de Rusia, han cerrado, según se informa, después de los ataques ucranianos.

    El miércoles por la tarde, una decena de conductores colapsaron la concurrida autopista de Moscú a San Petersburgo, formando una fila en una de las pocas gasolineras que aún contaban con combustible.

    Es una imagen totalmente desconocida para los rusos que crecieron en un país con una producción petrolera en pleno auge.

    Una generación mayor, que “vio las estanterías vacías en los supermercados” durante la caída de la Unión Soviética, está mentalmente más preparada, dijo Boris Nadezhdin, un político de la oposición de 63 años. “Pero para la gente de entre 20 y 30 años, esto es un auténtico shock”.

    Aunque el gobierno había subsidiado a las petroleras para mantener la gasolina a un precio asequible, los precios no han dejado de subir. El precio medio por litro en la última semana de junio fue de 0,93 dólares, un 1,6 por ciento más que la semana anterior, según la Agencia de Estadística de Rusia.

    En las gasolineras independientes de Grozni, la capital de Chechenia, los precios han subido de unos 70 rublos por litro (0,90 dólares) hasta 100 rublos (1,30 dólares), dijo un cliente, Said-Hasan, un hombre de 42 años que pidió que no se revelara su apellido por motivos de seguridad. Las gasolineras de la empresa estatal Rosneft han mantenido los precios bajos, pero se forman largas filas para cargar. Said-Hasan dijo que a principios de esta semana hizo un viaje corto en coche a la región vecina de Ingushetia para conseguir gasolina más barata, aunque no pudo repostar más de 30 litros debido al racionamiento.

    Las gasolineras más pequeñas e independientes del sur están vacías, señalizadas con conos de tráfico y carteles de “Sin gasolina”, según Alexander, un conductor profesional de 33 años que viaja mucho por las regiones de Krasnodar y Rostov. Él también pidió que no se revelara su apellido.

    Al menos un tercio de las gasolineras de Krasnodar, la tercera región más grande de Rusia, han cerrado, según dijo el miércoles Evgeny Pergun, el vicegobernador de esa zona, ante la asamblea legislativa local.

    Algunos rusos han recurrido al humor para sobrellevar la situación. En una publicación que se ha vuelto viral, un bloguero ruso imaginaba que los usuarios de una popular aplicación para pedir taxis pronto podrían elegir un caballo entre las opciones de transporte.

    La escasez parece ser especialmente grave en el este de Siberia y el Lejano Oriente.

    Las filas en la región de Irkutsk han sido tan largas que las autoridades prometieron instalar baños portátiles a lo largo de las autopistas para atender a los conductores. Igor Kobzev, el gobernador local, declaró el domingo el estado de alerta máxima –un peldaño por debajo del estado de emergencia–.

    Junto con su marido y su bebé de 18 meses, Sadovnikova, la mujer de Irkutsk que trabaja en redes sociales, se unió a la fila en una gasolinera a las 11:00 p. m. del viernes pasado. No consiguió gasolina hasta las 5:00 p. m. del día siguiente. Usaron los baños de la gasolinera y la tienda para ir al baño y comprar algo de picar. Otras personas de la fila, dijo, se mostraron solidarias y compartieron comida y juguetes con su hijo.

    “Todo el asunto fue angustioso y agotador”, dijo Sadovnikova, de 26 años, y añadió que tuvo que pasar todo el día siguiente durmiendo por el estrés. “Estamos intentando ahorrar gasolina y esperamos que haya más suministros para cuando se nos vuelva a acabar”.

    Sadovnikova dijo que le molestaba que las autoridades de todo el país hayan estado acusando a los rusos de hacer acaparamiento, mientras todas las gasolineras independientes de su ciudad habían cerrado.

    En una conferencia celebrada el miércoles, el ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, insistió en que el país solo se enfrentaba a “escasez en algunas gasolineras concretas” que “se soluciona rápidamente”.

    Sin embargo, los datos del mercado muestran una realidad diferente.

    A mediados de junio, los ataques con drones ucranianos habían dejado fuera de combate aproximadamente un tercio de la capacidad de refinamiento de petróleo de Rusia –unos 2,2 millones de barriles al día–, según Ronald P. Smith, socio fundador de Emerging Markets Oil and Gas Consulting Partners, con sede en Texas. Otros analistas apuntaban a una disminución menor, de alrededor del 25 por ciento.

    “Para compensar ese hueco probablemente hará falta que varias plantas grandes vuelvan a poner en marcha su producción de gasolina”, dijo Smith en declaraciones enviadas por correo electrónico. “El tiempo que se tarde en arreglarlo, en realidad, depende de qué es lo que se haya visto afectado”, añadió.

    Además de estudiar la posibilidad de importar petróleo, el gobierno ruso también evalúa si va a permitir la producción y venta de una gasolina de menor calidad con mayor contenido en azufre, que se prohibió en Rusia en 2013, según informó el lunes el periódico Kommersant, citando una propuesta del gobierno.

    Las autoridades rusas suelen evitar dar a conocer la magnitud de los daños o las molestias que esto representa para los consumidores rusos.

    Putin, que rehuye a comentar las malas noticias, rompió el silencio el domingo cuando admitió en una entrevista con la televisión estatal que Rusia estaba sufriendo “cierto déficit” de combustible, “pero no crítico”. Los ataques ucranianos buscaban “sembrar la discordia en la sociedad rusa y obligar a Rusia a detener, aunque fuera por un breve momento, el avance de nuestros soldados en el frente”, dijo, tras convocar una reunión extraordinaria sobre la crisis del combustible.

    Muchos rusos culpan directamente al gobierno en general de los problemas del país, pero parecen excluir al propio Putin.

    Nadezhdin, la figura de la oposición, dijo que cree que eso va a cambiar. Comentó que cada vez veía a más rusos “dándose cuenta de que es precisamente Putin quien nos ha metido en esto con sus políticas”.

    Si los rusos siguen viendo a Putin en la televisión soltando comentarios optimistas sobre el crecimiento económico mientras hacen fila para repostar combustible, dijo, “surgirán las sospechas”.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

  • Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

    Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

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    En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de “Dios y patria”. Aplaudimos a los aviones de combate que dejan una estela de humo rojo, blanco y azul. Nos encantan las bandas marciales. Cada año, el 4 de julio, en todo el territorio estadounidense, convertimos el atracón de perros calientes en una forma de amor competitivo por nuestro país mientras celebramos la independencia de nuestra nación de un rey.

    Antes, esta fiesta se volvía una pasarela de pantalones de mezclilla de corte clásico y tops cortos, y todo el mundo tenía un aspecto un poco ridículo, pero el ambiente era cordial y acogedor. Todo el mundo disfrutaba lucir el lábaro estadounidense en la parrillada nacional.

    Era un poco kitsch y un poco bobo. Pero también me hacía sentir eufórica y orgullosa, sobre todo en Washington, adonde me mudé hace más de 30 años para trabajar en The Washington Post. La ciudad se reveló como un lugar a menudo ineficiente, pero también idealista, lleno de personas ambiciosas y superdotadas que elegían el servicio público en lugar de las riquezas de Wall Street o Silicon Valley. En concreto, las mujeres que conocí y a las que empecé a considerar mis amigas destacaban en campos que yo apenas podía comprender: la lucha contra el terrorismo, la ayuda y el desarrollo internacionales, la banca mundial.

    Durante uno de mis primeros veranos aquí, una amiga que cubría la Casa Blanca de Bill Clinton me invitó a acompañarla para ver los fuegos artificiales del 4 de julio desde los jardines de la residencia oficial. La explosión de color fue gloriosa. Dondequiera que te hubieras sentado para ver los fuegos, contemplarlos sobre la capital del país era algo especial, no porque el espectáculo fuera inmenso, sino porque era aquí. No hay nada como ver cohetes y bengalas rojos, blancos y azules con la Casa Blanca, el Monumento a Washington y la Explanada Nacional como telón de fondo.

    Vuelve a ser el 4 de julio; esta vez, el punto álgido de un año entero de celebraciones por el 250.º aniversario de la nación. Las conocidas guirnaldas rojas, blancas y azules cuelgan de las ventanas de los monumentales edificios federales de Washington, así como de sus encantadoras casas adosadas. Banderas del tamaño de piscinas de entrenamiento cubren edificios enteros, y los visitantes de la capital se envuelven en el equivalente de “The Star-Spangled Banner”. La habitual avalancha de turistas se ha convertido en un espectáculo casi caricaturesco de visitantes festivos, que compiten entre sí con camisetas que gritan “USA”, bermudas con rayas como las de la bandera y gorras de béisbol con lentejuelas en forma de estrella.

    Pero este año, apenas puedo soportar ver el rojo, el blanco y el azul. Cuando se combinan en una exhibición exagerada de entusiasmo nacionalista, esos colores me parten el corazón.

    Las banderas de los edificios federales son impresionantes, pero cuelgan junto a pancartas con la cara ceñuda del presidente Donald Trump. El presidente se pasó buena parte de la primavera enfocado en limpiar y reparar fuentes que llevaban mucho tiempo inactivas en algunas de las plazas y parques más emblemáticos de Washington, incluida la fuente conmemorativa de Cristóbal Colón, frente a la estación Union.

    La escultura de granito blanco, que antes tenía el color de un cenicero sucio, ahora resplandece. Es una maravilla ver cómo baila el agua en una fuente que llevaba casi 20 años seca. Pero ese placer viene acompañado de la certeza de que las reparaciones las ha orquestado un gobierno que se ve más a sí mismo como un régimen que como guardián de una democracia.

    La imagen desenfadada del “azul de la bandera estadounidense” se ha asociado ahora con el desastre apestoso y pantanoso en que el presidente ha convertido el estanque reflectante, que antes era elegante pero temperamental. Ahora está vallado, como tantas otras cosas en Washington en este momento, desde el parque Lafayette hasta gran parte de la Explanada Nacional.

    Y hace solo unas semanas, el presidente organizó un combate de la Ultimate Fighting Championship en el jardín sur para celebrar su cumpleaños, y convirtió las majestuosas salas públicas de la Casa Blanca en un vestuario glorificado.

    Todo esto está al servicio de la visión que tiene de Estados Unidos un solo hombre.

    La estética del patriotismo en la capital del país ya no tiene nada que ver con cestas de picnic, neveras portátiles a rebosar ni bolsas de lona de LL Bean. Se ha esfumado esa idea inspiradora de que todo el mundo es bienvenido al patio trasero de la nación: amigos, familia y también los recién llegados. Cuando la gente se reúna en la Explanada Nacional para ver los fuegos artificiales, el espectáculo se clasificará como “Evento Nacional de Seguridad Especial”, similar a una toma de posesión o al discurso sobre el Estado de la Unión. Con el aumento de la vigilancia, los visitantes tendrán que llevar un documento de identidad oficial y pasar por detectores de metales. El Servicio Secreto ha prohibido las neveras portátiles, las sillas de jardín y los frisbis. Puede que no tengamos un atuendo tradicional, aparte de pantalones de mezclilla y camiseta, pero ahora sí que tenemos la tradición de llevar nuestras cosas a los eventos públicos en bolsas de plástico transparentes, sacar fotos de nuestros monumentos más bonitos a través de un laberinto de vallas que no se pueden escalar y encontrarnos, prácticamente en cada esquina, con un despliegue de seguridad que incluye a alguaciles federales, policía de parques, Policía Metropolitana, agentes de la Administración de Control de Drogas, el Servicio Secreto y la Guardia Nacional. Hasta los perros están en patrullaje.

    Podría ser tentador decir que se trata de circunstancias inusuales, de sucesos excepcionales. Pero así es como se ve Washington incluso en los días tranquilos. Las barricadas no desaparecen del todo. Las que quedan están entreabiertas solo un poquito para permitir un paso a regañadientes, pero pueden cerrarse de golpe en cualquier momento.

    La sede federal de Washington tiene un aspecto inquietante mientras el país celebra su cumpleaños. Parece a la defensiva y paranoica. En los últimos meses, la Policía del Capitolio ha instalado controles en la calle que separa mi casa de mi ferretería. Dupont Circle, el lugar emblemático que da nombre al barrio de alrededor –con sus profundas raíces en la historia LGBTQ–, fue vallado por la Policía de Parques Nacionales durante el desfile del orgullo en la capital el 20 de junio.

    Solo unos días antes, mientras las cámaras de televisión enfocaban al público repartido por el césped con motivo de la inauguración del Centro Presidencial Obama en Chicago el 18 de junio, me fijé en lo acogedora que parecía la escena. La multitud era diversa en cuanto a raza, edad y género. No se veía mucho rojo, blanco y azul entre esa multitud de Chicago. En el césped del Midway Plaisance de Chicago, donde se celebró la fiesta oficial para ver la inauguración del centro, unas mujeres llevaban una bandera del Juneteenth y los vecinos lucían una mezcla variopinta de camisetas y mezclilla. El público escuchó a Jennifer Hudson cantar el himno nacional, a Christina Aguilera interpretar “What a Wonderful World” —a sugerencia del presidente Barack Obama– y a John Legend y Common ofrecer una versión de “Glory”, su himno a la justicia social.

    Cuatro expresidentes estuvieron sentados en el escenario con cortesía y cordialidad. Michelle Obama habló con franqueza sobre los obstáculos que se habían interpuesto en el camino de su esposo.

    “Ocho años en el crisol, y ni una sola vez te derretiste por el calor, ni una sola vez dejaste que te endureciera”, dijo. “Y hacerlo todo siendo el primero, con la vara más alta que eso conlleva”.

    Estas son instantáneas del tipo de celebración que, en mi opinión, se merece el 250.º aniversario del país, imágenes que transmiten cordialidad, tranquilidad, orgullo y dignidad. Muestran expresiones de patriotismo más reflexivas, generosas e inclusivas que casi cualquier cosa de la Gran Feria Estatal Estadounidense en la Explanada Nacional, o que la promesa de Trump de que los fuegos artificiales de este año batirán un récord mundial Guinness al lanzar más de 860.000 cohetes. Pero antes de que empiece la fiesta pirotécnica, el presidente va a dar un discurso. Y si se mantiene fiel a su estilo, hablará y hablará y hablará.

    Quiero disfrutar de las vistas y los sonidos de los fuegos artificiales sobre la capital del país igual que lo hice cuando vine por primera vez a Washington. Tal y como lo hice hace solo unos años.

    Como espero volver a hacerlo. Algún día.

    Robin Givhan es una crítica de moda ganadora del Premio Pulitzer y antigua crítica sénior de The Washington Post.

  • Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

    Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

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    En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de “Dios y patria”. Aplaudimos a los aviones de combate que dejan una estela de humo rojo, blanco y azul. Nos encantan las bandas marciales. Cada año, el 4 de julio, en todo el territorio estadounidense, convertimos el atracón de perros calientes en una forma de amor competitivo por nuestro país mientras celebramos la independencia de nuestra nación de un rey.

    Antes, esta fiesta se volvía una pasarela de pantalones de mezclilla de corte clásico y tops cortos, y todo el mundo tenía un aspecto un poco ridículo, pero el ambiente era cordial y acogedor. Todo el mundo disfrutaba lucir el lábaro estadounidense en la parrillada nacional.

    Era un poco kitsch y un poco bobo. Pero también me hacía sentir eufórica y orgullosa, sobre todo en Washington, adonde me mudé hace más de 30 años para trabajar en The Washington Post. La ciudad se reveló como un lugar a menudo ineficiente, pero también idealista, lleno de personas ambiciosas y superdotadas que elegían el servicio público en lugar de las riquezas de Wall Street o Silicon Valley. En concreto, las mujeres que conocí y a las que empecé a considerar mis amigas destacaban en campos que yo apenas podía comprender: la lucha contra el terrorismo, la ayuda y el desarrollo internacionales, la banca mundial.

    Durante uno de mis primeros veranos aquí, una amiga que cubría la Casa Blanca de Bill Clinton me invitó a acompañarla para ver los fuegos artificiales del 4 de julio desde los jardines de la residencia oficial. La explosión de color fue gloriosa. Dondequiera que te hubieras sentado para ver los fuegos, contemplarlos sobre la capital del país era algo especial, no porque el espectáculo fuera inmenso, sino porque era aquí. No hay nada como ver cohetes y bengalas rojos, blancos y azules con la Casa Blanca, el Monumento a Washington y la Explanada Nacional como telón de fondo.

    Vuelve a ser el 4 de julio; esta vez, el punto álgido de un año entero de celebraciones por el 250.º aniversario de la nación. Las conocidas guirnaldas rojas, blancas y azules cuelgan de las ventanas de los monumentales edificios federales de Washington, así como de sus encantadoras casas adosadas. Banderas del tamaño de piscinas de entrenamiento cubren edificios enteros, y los visitantes de la capital se envuelven en el equivalente de “The Star-Spangled Banner”. La habitual avalancha de turistas se ha convertido en un espectáculo casi caricaturesco de visitantes festivos, que compiten entre sí con camisetas que gritan “USA”, bermudas con rayas como las de la bandera y gorras de béisbol con lentejuelas en forma de estrella.

    Pero este año, apenas puedo soportar ver el rojo, el blanco y el azul. Cuando se combinan en una exhibición exagerada de entusiasmo nacionalista, esos colores me parten el corazón.

    Las banderas de los edificios federales son impresionantes, pero cuelgan junto a pancartas con la cara ceñuda del presidente Donald Trump. El presidente se pasó buena parte de la primavera enfocado en limpiar y reparar fuentes que llevaban mucho tiempo inactivas en algunas de las plazas y parques más emblemáticos de Washington, incluida la fuente conmemorativa de Cristóbal Colón, frente a la estación Union.

    La escultura de granito blanco, que antes tenía el color de un cenicero sucio, ahora resplandece. Es una maravilla ver cómo baila el agua en una fuente que llevaba casi 20 años seca. Pero ese placer viene acompañado de la certeza de que las reparaciones las ha orquestado un gobierno que se ve más a sí mismo como un régimen que como guardián de una democracia.

    La imagen desenfadada del “azul de la bandera estadounidense” se ha asociado ahora con el desastre apestoso y pantanoso en que el presidente ha convertido el estanque reflectante, que antes era elegante pero temperamental. Ahora está vallado, como tantas otras cosas en Washington en este momento, desde el parque Lafayette hasta gran parte de la Explanada Nacional.

    Y hace solo unas semanas, el presidente organizó un combate de la Ultimate Fighting Championship en el jardín sur para celebrar su cumpleaños, y convirtió las majestuosas salas públicas de la Casa Blanca en un vestuario glorificado.

    Todo esto está al servicio de la visión que tiene de Estados Unidos un solo hombre.

    La estética del patriotismo en la capital del país ya no tiene nada que ver con cestas de picnic, neveras portátiles a rebosar ni bolsas de lona de LL Bean. Se ha esfumado esa idea inspiradora de que todo el mundo es bienvenido al patio trasero de la nación: amigos, familia y también los recién llegados. Cuando la gente se reúna en la Explanada Nacional para ver los fuegos artificiales, el espectáculo se clasificará como “Evento Nacional de Seguridad Especial”, similar a una toma de posesión o al discurso sobre el Estado de la Unión. Con el aumento de la vigilancia, los visitantes tendrán que llevar un documento de identidad oficial y pasar por detectores de metales. El Servicio Secreto ha prohibido las neveras portátiles, las sillas de jardín y los frisbis. Puede que no tengamos un atuendo tradicional, aparte de pantalones de mezclilla y camiseta, pero ahora sí que tenemos la tradición de llevar nuestras cosas a los eventos públicos en bolsas de plástico transparentes, sacar fotos de nuestros monumentos más bonitos a través de un laberinto de vallas que no se pueden escalar y encontrarnos, prácticamente en cada esquina, con un despliegue de seguridad que incluye a alguaciles federales, policía de parques, Policía Metropolitana, agentes de la Administración de Control de Drogas, el Servicio Secreto y la Guardia Nacional. Hasta los perros están en patrullaje.

    Podría ser tentador decir que se trata de circunstancias inusuales, de sucesos excepcionales. Pero así es como se ve Washington incluso en los días tranquilos. Las barricadas no desaparecen del todo. Las que quedan están entreabiertas solo un poquito para permitir un paso a regañadientes, pero pueden cerrarse de golpe en cualquier momento.

    La sede federal de Washington tiene un aspecto inquietante mientras el país celebra su cumpleaños. Parece a la defensiva y paranoica. En los últimos meses, la Policía del Capitolio ha instalado controles en la calle que separa mi casa de mi ferretería. Dupont Circle, el lugar emblemático que da nombre al barrio de alrededor –con sus profundas raíces en la historia LGBTQ–, fue vallado por la Policía de Parques Nacionales durante el desfile del orgullo en la capital el 20 de junio.

    Solo unos días antes, mientras las cámaras de televisión enfocaban al público repartido por el césped con motivo de la inauguración del Centro Presidencial Obama en Chicago el 18 de junio, me fijé en lo acogedora que parecía la escena. La multitud era diversa en cuanto a raza, edad y género. No se veía mucho rojo, blanco y azul entre esa multitud de Chicago. En el césped del Midway Plaisance de Chicago, donde se celebró la fiesta oficial para ver la inauguración del centro, unas mujeres llevaban una bandera del Juneteenth y los vecinos lucían una mezcla variopinta de camisetas y mezclilla. El público escuchó a Jennifer Hudson cantar el himno nacional, a Christina Aguilera interpretar “What a Wonderful World” —a sugerencia del presidente Barack Obama– y a John Legend y Common ofrecer una versión de “Glory”, su himno a la justicia social.

    Cuatro expresidentes estuvieron sentados en el escenario con cortesía y cordialidad. Michelle Obama habló con franqueza sobre los obstáculos que se habían interpuesto en el camino de su esposo.

    “Ocho años en el crisol, y ni una sola vez te derretiste por el calor, ni una sola vez dejaste que te endureciera”, dijo. “Y hacerlo todo siendo el primero, con la vara más alta que eso conlleva”.

    Estas son instantáneas del tipo de celebración que, en mi opinión, se merece el 250.º aniversario del país, imágenes que transmiten cordialidad, tranquilidad, orgullo y dignidad. Muestran expresiones de patriotismo más reflexivas, generosas e inclusivas que casi cualquier cosa de la Gran Feria Estatal Estadounidense en la Explanada Nacional, o que la promesa de Trump de que los fuegos artificiales de este año batirán un récord mundial Guinness al lanzar más de 860.000 cohetes. Pero antes de que empiece la fiesta pirotécnica, el presidente va a dar un discurso. Y si se mantiene fiel a su estilo, hablará y hablará y hablará.

    Quiero disfrutar de las vistas y los sonidos de los fuegos artificiales sobre la capital del país igual que lo hice cuando vine por primera vez a Washington. Tal y como lo hice hace solo unos años.

    Como espero volver a hacerlo. Algún día.

    Robin Givhan es una crítica de moda ganadora del Premio Pulitzer y antigua crítica sénior de The Washington Post.

  • Quiénes fueron las “madres fundadoras”, clave en la formación de Estados Unidos hace 250 años

    Quiénes fueron las “madres fundadoras”, clave en la formación de Estados Unidos hace 250 años

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    Silueta de una persona con los brazos levantados detrás de una bandera de Estados Unidos iluminada por la luz del atardecer.

    Getty Images
    ¿Hubo también “madres fundadoras” en Estados Unidos?

    En 1916, en la Convención Nacional Republicana en Chicago, el por entonces senador por Ohio, Warren Harding, dijo una frase que agruparía a los creadores de Estados Unidos.

    “Deberíamos ser tan genuinamente estadounidenses hoy como cuando los padres fundadores lanzaron su desafío inmortal frente a las opresiones del viejo mundo y dedicaron una nueva república a la libertad y la justicia”, dijo, según reprodujo el historiador Richard B. Bernstein en su libro The founding fathers reconsidered (“Reconsiderando a los padres fundadores”).

    En ese momento, nadie le prestó mucha atención al término “padres fundadores”, pero con el paso de los años comenzó a utilizarse ampliamente para referirse a los creadores de la identidad nacional estadounidense, aquellos que eran un símbolo de la democracia constitucional, inmunes a la corrupción e íconos patrios.

    Los nombres que se incluyen en la lista de “padres fundadores” pueden variar dependiendo de los criterios que se usen para elegirlos. Algunos solo incluyen a quienes firmaron la Declaración de la Independencia y la Constitución de Estados Unidos. Otros consideran que fueron muchos más quienes fundaron la nación.

    “Como mínimo, la lista incluiría a los siete líderes clave nombrados por el historiador Richard B. Morris en su libro de 1973 Seven Who Shaped Our Destiny (‘Los siete que dieron forma a nuestro destino’): Benjamin Franklin, George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, John Jay, James Madison y Alexander Hamilton”, destaca Bernstein.

    Pero aunque los nombres del listado varíen, hay algo que se repite: todos son hombres.

    ¿Dónde están las mujeres que lucharon codo a codo para la fundación de Estados Unidos como país? ¿Hubo también “madres fundadoras”?

    “¡Por supuesto! Y tendemos a pensar en ellas como las esposas de los ‘padres fundadores’, pero hay muchas ‘madres fundadoras’ que no son necesariamente esposas de los padres fundadores”, señala Mary Beth Norton, profesora emérita del Departamento de Historia de la Universidad Cornell, en Nueva York.

    “Todavía hay gente que escribe la historia de la Revolución y no incluye a las mujeres. Yo lo llamo amnesia de género”, sostiene por su parte Carol Berkin, profesora de Historia retirada de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).

    ¿Quiénes fueron las “madres fundadoras” de Estados Unidos?

    Las mujeres asumieron un papel activo en la Revolución de EE.UU. y no necesariamente junto a sus maridos.

    Pero no hay que pensar en sus roles como los logros o éxitos que obtenían los hombres y que quedaban plasmados en los libros de historia.

    Tampoco existe una lista oficial ni un número establecido de quiénes fueron esas mujeres. Y el término “madres fundadoras” tampoco fue acuñado por ningún político ni personalidad.

    “Las historiadoras las han llamado así para distinguirlas de sus maridos y para asegurarse de que sabemos que las mujeres también estaban allí cuando se fundó la nación”, aclara Mary Beth Norton.

    En BBC Mundo consultamos a cuatro de las más reconocidas historiadoras que estudiaron el rol de la mujer en la Revolución estadounidense y en la posterior creación de Estados Unidos en los siglos XVIII y XIX.

    Ellas ofrecieron datos, anécdotas y razones por las cuales ciertos nombres deberían estar incluidos en esta lista imaginaria de mujeres que fueron clave para la formación de la nación.

    Esta es una selección de esos nombres que las historiadoras coinciden en que vale la pena destacar.

    1. Martha Washington

    El nombre de Martha Washington (1731-1802) es tal vez el más fácil de agregar a la lista de “madres fundadoras” de Estados Unidos.

    Retrato ilustrado de una mujer sentada con un libro abierto sobre el regazo, vestida con ropa del siglo XVIII.

    Stock Montage/Getty Images
    Retrato de Martha Washington.

    No porque la historia la recuerde como una heroína o revolucionaria, sino porque sencillamente y no menos importante, Martha Washington fue la primera first lady, es decir, la primera primera dama del primer presidente de Estados Unidos, George Washington, quien ocupó el cargo entre 1789 y 1797.

    “Ella no era particularmente carismática. No le interesaba la política. Ella era leal a su esposo y por eso estaba en la escena política”, describe Carol Berkin, quien también es autora de Revolutionary Mothers: Women In The Struggle For America’s Independence (“Madres revolucionarias: mujeres en la lucha por la independencia de Estados Unidos”).

    Martha podría haberse quedado en casa mientras George salía a pelear en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y en la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1775-1783). Sin embargo, en los meses de invierno cuando las batallas se suspendían, ella viajaba a los cuarteles para acompañar a su marido y mantener el espíritu de los soldados con su carácter sociable.

    Luego, al convertirse en primera dama, Martha Washington sería un modelo a seguir.

    “Ella ciertamente guio a todas las mujeres con el ejemplo. Incluso cuando Abigail Adams posteriormente asumió ese mismo rol, dijo que sería difícil llenar esos zapatos”, dice Flora Fraser, biógrafa y autora del libro The Washingtons (“Los Washington”).

    “Pienso que ella fue una ‘madre fundadora’ porque creó el rol de pareja del presidente”, destaca.

    2. Abigail Adams

    Abigail Adams (1744 – 1818) es otro de los nombres clave de esta lista.

    Retrato al óleo de una persona sentada con vestido y cofia de encaje, sobre un fondo oscuro.

    Heritage Images vía Getty Images
    Retrato de Abigail Smith Adams del pintor Gilbert Stuart.

    Fue la segunda primera dama de Estados Unidos. Acompañó a John Adams en su presidencia desde 1797 a 1801.

    “Ella es todo un nombre. Era una ferviente patriota, en muchos sentidos más ferviente incluso que su marido. Ella estuvo muy a favor de la independencia estadounidense”, asegura Mary Beth Norton.

    Se conserva una gran cantidad de correspondencia entre ambos donde se refleja la relación amorosa que tenían y las demandas que ella le hacia a él.

    Tal vez una de las cartas más famosas sea la del 31 de marzo de 1776 en la cual se destaca este párrafo traducido:

    “Anhelo saber que ha declarado la independencia y, por cierto, en el nuevo Código de Leyes que supongo que será necesario que haga, deseo que recuerde a las Damas y sea más generoso y favorable con ellas que sus antepasados. No ponga ese poder ilimitado en manos de los maridos. Recuerde que todos los hombres serían tiranos si pudieran. Si no se presta especial atención y cuidado a las Damas estamos decididas a fomentar una Rebelión, y no nos mantendremos sujetas a ninguna Ley en la que no tengamos voz o Representación”.

    Muchos malinterpretan estas palabras y creen que Abigail Adams estaba reclamando el derecho al voto femenino.

    “Lo que estaba pidiendo era una reforma de las leyes matrimoniales (…) debido a que en esa época, una vez que se casaban, las mujeres pasaban a estar bajo el control de sus maridos al igual que sus propiedades y ellos tenían la disposición de los hijos”, describe Norton.

    Estatua de bronce de dos figuras con vestimenta del siglo XVIII frente a un edificio histórico y árboles.

    Visions of America/Universal Images Group vía Getty Images
    Estatua de Abigail Adams y su hijo John Quincy Adams.

    En concreto, “Abigail no logró convencer a John. No funcionó. John se rió de ella”, dice la historiadora que es autora de Founding Mothers & Fathers: Gendered Power and the Forming of American Society (“Madres y padres fundadores: el poder de género y la formación de la sociedad estadounidense”).

    ¿Qué hubiera pasado si esa reforma se hubiera aprobado y las mujeres conseguían esa igualdad de derechos?

    “Personalmente, creo que si ella se hubiera salido con la suya y se hubieran reformado las leyes, eso habría dado forma a la vida de las mujeres mucho más que tener el voto”, opina Carol Berkin.

    Pero aunque Abigail perdió esa batalla con su marido, que casualmente era el presidente de Estados Unidos, no se quedaba callada.

    “Ella tenía una opinión sobre todo y John la escuchaba. Era su principal asesora política. Era ingeniosa, divertida y políticamente astuta. Habría sido mejor política que su marido, te lo aseguro”, sugiere la historiadora Berkin.

    3. Mercy Otis Warren

    Las especialistas coinciden en que Mercy Otis Warren (1728 – 1814) es una “madre fundadora” porque ella misma fue una de las primeras que escribió sobre los días de la Revolución en el país y era una patriota comprometida.

    “Fue una de las primeras historiadoras de la Revolución. Escribió obras de teatro y poemas en apoyo de la causa estadounidense que se publicaron durante la guerra”, afirma Norton.

    Durante el debate sobre la Constitución de Estados Unidos en 1788, publicó “Observaciones sobre la nueva constitución y sobre las convenciones Federales y estatales”, escrito bajo el seudónimo de “Un patriota de Columbia”.

    En ese folleto se oponía a la ratificación del documento y defendía la inclusión de una Declaración de Derechos.

    Grabado en blanco y negro de una persona con vestimenta y cofia del siglo XVIII, vista de medio cuerpo.

    Kean Collection/Getty Images
    Retrato de Mercy Otis Warren.

    Mercy Otis Warren también pertenecía a un grupo de élite. Estaba casada con James Warren, un político destacado de Massachusetts.

    “Era amiga de Abigail y John Adams, y él recibió consejos políticos de ella, pero luego se le vuelve en contra cuando sus políticas difieren. Creo que es una persona importante que la gente realmente debería conocer”, analiza Cassandra Good, profesora asistente de Historia en la Universidad Marymount, Virginia.

    Para la historiadora Carol Berkin, Mercy Otis Warren “escribió la propaganda más importante en la década de 1770 para la resistencia contra Gran Bretaña”.

    “Ella le dio un idioma, por así decirlo, al público estadounidense, escribiendo la historia de la revolución en varios volúmenes. Fue una mujer realmente fascinante, defensora de la igualdad y la educación femenina”, afirma.

    4. Judith Sargent Murray

    Judith Sargent Murray (1751-1820) “en muchos sentidos es la primera feminista estadounidense”, dice Mary Beth Norton.

    Ella es otra de las mujeres privilegiadas que surgió de una familia acomodada y que recibió una buena educación.

    “Escribió numerosos ensayos bajo seudónimos, lo cual era muy común en ese momento en las publicaciones estadounidenses, que se sumaron a los primeros argumentos a favor del feminismo, de la educación igualitaria, de que las mujeres puedan controlar su propia familia y fortuna y no dejar que sus bienes familiares vayan a manos de sus maridos”, resume Norton.

    Uno de esos ensayos es On the Equality of the Sexes (“Sobre la igualdad de sexos”), escrito en la década de 1790 en el que Murray plantea el argumento de la igualdad espiritual e intelectual entre hombres y mujeres.

    “Creo que definitivamente merece ser llamada ‘madre fundadora’, aunque no asumió un papel tan destacado en la Revolución misma. Era un poco más joven, pero fue muy importante como fundadora del feminismo estadounidense”, señala Norton.

    Retrato al óleo de una persona sentada con vestido claro y manto oscuro, sosteniendo un abanico floral sobre el regazo.

    John Singleton Copley / Dominio público
    Retrato de Judith Sargent Murray del artista John Singleton Copley.

    La historiadora Carol Berkin coincide y dice que Judith Sargent Murray es una de las principales teóricas de los derechos de la mujer.

    “Ella argumentó que las mujeres eran intelectualmente iguales a los hombres y perfectamente capaces de hacer cualquier cosa que un hombre pudiera hacer. Sin embargo, seguía pensando que la actividad principal de las mujeres estaba en el hogar”, describe.

    “Judith Sargent Murray insistió en que las mujeres fueran educadas y que la razón por la que las mujeres parecían menos inteligentes que los hombres era porque nunca recibieron educación formal”, resume Berkin.

    5. Elizabeth Powel

    Elizabeth Powel (1743-1830) fue una mujer de la alta sociedad de Filadelfia que sabía relacionarse con el poder.

    Las historiadoras la destacan como una “madre fundadora” por sus lazos con los nombres más prominentes de la época y por su influencia en ellos.

    Ella era la esposa de Samuel Powel quien fuera alcalde de Filadelfia y era amiga de George Washington, a quien le escribió una carta diciéndole que no podía renunciar después de un período presidencial y que necesitaba postularse nuevamente.

    “También es quien supuestamente después de la Convención Constitucional, le preguntó a Benjamin Franklin con qué tipo de gobierno terminamos. Y él dijo: ‘A republic, if you can keep it‘ (‘Una república, si podemos mantenerla’), relata la profesora Cassandra Good.

    Retrato pictórico inacabado de una persona con cabello empolvado y vestido claro, sobre un fondo oscuro.

    Mount Vernon Ladies’ Association
    Retrato de Elizabeth Powel a sus 50 años en la colección de Mount Vernon.

    “Esa línea se repite una y otra vez (en la historia de EE.UU.), pero no se menciona que fuera una respuesta a Elizabeth Powel. Ella más tarde dijo que no recordaba haber hecho esa pregunta porque hablaba con ellos todos los días como si estuvieran pasando el rato en su casa”, añade Good.

    La historiadora Flora Fraser concuerda. “Yo diría que es una ‘madre fundadora’. Ella mantenía correspondencia con Washington y se puede ver en ella que se sentía absolutamente en igualdad de condiciones con él”, opina.

    “Elizabeth Powel es un emblema de la libertad y su voz estaba en el centro de la revolución”, añade Fraser.

    6. Phillis Wheatley

    El nombre de Phillis Wheatley (1753-1784) es tal vez el menos pensado en esta lista de “madres fundadoras” en una sociedad dominada por una elite blanca y de dinero.

    Phillis Wheatley nació en África Occidental, fue vendida como esclava a los 7 años y transportada a América del Norte.

    Fue esclavizada por la familia Wheatley de Boston, con la que aprendió a leer y escribir.

    Pero Phillis Wheatley supo explotar su talento y fue la primera autora afroestadounidense que escribió poesía y publicó un libro.

    “Realmente se convirtió en una de las principales poetas de la Revolución Estadounidense. George Washington leía toda su poesía e intentó que los periódicos de Virginia la publicaran”, cuenta Carol Berkin.

    Grabado histórico de una persona sentada escribiendo con una pluma en una mesa, dentro de un marco ovalado.

    Stock Montage/Getty Images
    Pintura de la poeta afroestadounidense Phillis Wheatley.

    Aunque la historiadora advierte que su poesía no encajaría bien con los valores actuales de la sociedad.

    “Una de las cosas que dijo, y que la convierte en una figura controvertida, es que insistió en que los afroestadounidenses eran afortunados por haber sido traídos a América del Norte, incluso como esclavos”, describe Berkin.

    “Esto generó un gran debate pero yo diría que fue una especie de licencia poética sobre las oportunidades que tuvo tras haber sido traída a este maravilloso país de la libertad”, agrega.

    Phillis Wheatley se casó y se mudó a Inglaterra, donde murió en la pobreza.

    “Ella es alguien que todos los niños de la escuela conocen ahora. Está a la misma altura de los ‘padres fundadores’, a pesar de que era una niña en ese momento”, opina Berkin.

    Fraser coincide en que es “una ‘madre fundadora’ porque es una de las primeras mujeres afroestadounidenses en incursionar en la literatura y tener una voz en la Revolución”.

    “En el siglo XIX eso era poco común en el mundo anglófono, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña”, analiza.

    Más “madres fundadoras”

    Y la lista sigue.

    Se pueden incluir nombres de mujeres que colaboraron de manera clave con la Revolución como Esther De Berdt Reed (1746-1780), quien decidió iniciar una colecta entre la alta sociedad de Filadelfia para los soldados “para mostrarles que las mujeres estadounidenses estaban con ellos en el esfuerzo de guerra”, destaca Mary Beth Norton.

    También está la historia de Betsy Ross y la creación de la primera bandera estadounidense.

    “Se supone que fue ella, pero no hay una primera bandera de la que sepamos. Fue su nieto quien planteó esta idea en la celebración del centenario de la Revolución en 1876, pero nadie puede saberlo con certeza”, añade Norton.

    Algunas de las historiadoras sostienen que hubo “madres fundadoras” que eran nativas americanas como Molly Brant (1736-1796), líder de la tribu Mohawk en Nueva York y Canadá durante la Revolución Estadounidense que estaba encargada de las negociaciones diplomáticas con los británicos.

    O Elizabeth Freeman (1744-1829) de Massachusetts, también conocida como Bet, Mum Bett​ or MumBet, quien fue la primera afroestadounidense que presentó una demanda para lograr su libertad y la ganó.

    “No solo ganó su libertad, sino que básicamente la corte en Massachusetts dijo, sí, ya no puede haber esclavitud. Así que fueron sus acciones las que ayudaron a poner fin a la esclavitud allí”, explica Cassandra Good.

    Pequeño retrato enmarcado de una persona con vestido azul y cofia blanca, exhibido sobre una mesa.

    The Boston Globe vía Getty Images
    La legislatura de Massachusetts homenajeó a Elizabeth Freeman en la Cámara de Representantes en 2014. Mamá Bett fue la primera esclava liberada bajo la constitución del estado después de que ella demandó por su libertad en 1781.

    Y también están las mujeres que fueron clave para que la Revolución y la fundación del país fueran posibles y de las que no se sabe su identidad.

    “Existen un montón de historias sobre mujeres que fueron mensajeras de los militares, niñas de 14 años que arriesgaron sus vidas, mujeres que se dedicaron al sabotaje para evitar que el ejército británico encontrara las armas que estaban escondidas o que quemaron sus propias cosechas para que el ejército británico no pudiera alimentarse”, enumera Carol Berkin.

    “Ellas también compartieron el sacrificio y sostuvieron el patriotismo de los soldados comunes. Y aunque no conocemos los nombres de muchas de ellas, también son ‘madres fundadoras’”, concluyó.

    *Este artículo fue publicado originalmente el 4 de julio de 2021.

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    BBC

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  • ¡A octavos de final! Colombia se permite soñar en el Mundial tras una corta pero merecida victoria ante Ghana en que remató 20 veces

    ¡A octavos de final! Colombia se permite soñar en el Mundial tras una corta pero merecida victoria ante Ghana en que remató 20 veces

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    Jhon Arias celebra el primer gol de Colombia.

    Hakan Akgun/Anadolu via Getty Images
    Jhon Arias anotó el primer tanto para Colombia en el minuto 14.

    En Bogotá rara vez se escucha el silencio. Tráfico, lluvia, música. Sonidos que no cesan, salvo cuando juega Colombia y la ciudad entra en letargo y se paraliza, a la espera de volver a bullir con un gol cafetero.

    Ante Ghana fue solo uno, pero pudieron ser más, porque el combinado de Néstor Lorenzo dominó con autoridad el partido para llevárselo por 1-0 y avanzar a octavos de final del Mundial, donde les espera Suiza.

    Un gol tempranero de Jhon Arias en el minuto 14 dio el triunfo a los colombianos, que completaron su cuarto partido, invictos, y con un saldo destacable de cinco tantos a favor y uno en contra.

    Colombia dominó el partido sin discusión. Tuvo la pelota más del 60% del tiempo y remató 20 veces, ocho entre los tres palos, por ocho tiros y ninguno al arco de los ghaneses.

    Camilo Vargas, el meta colombiano, tendrá pocas noches tan tranquilas como la de este 3 de julio en Kansas, Estados Unidos.

    Hasta el momento Colombia se ha enfrentado a Uzbekistán, RD Congo, Portugal y Ghana.

    Suiza parece asequible en un lado del cuadro donde Argentina y Egipto se disputarán el otro tiquete a cuartos de final que jugarían los cafeteros de avanzar.

    Queda mucho por remar, pero los cafeteros han demostrado calidad, dinamismo y fiabilidad.

    El torneo, además, viene lleno de sorpresas. Apenas unas horas antes del partido, Cabo Verde llevó a Argentina a la prórroga y casi les cuesta un disgusto.

    Colombia da motivos para ilusionarse.

    Dominio desde el comienzo

    Jugadores colombianos celebran el único gol de Jhon Arias en el minuto 14.

    Getty Images
    Los colombianos pudieron irse con más de un gol de un partido que dominaron por completo.

    Colombia intimidó desde el himno, cuando decenas de miles de gargantas estremecieron el Estadio Kansas City, haciéndose sentir más que los ghaneses en un escenario con alrededor de 70.000 asistentes en las gradas.

    A más de 4.400 kilómetros de distancia, en Bogotá, incontables capitalinos vestidos con la casaca amarilla se pusieron también en modo de partido desde el alba, para luego reunirse entre amigos y familias en departamentos, tienditas y bares.

    Pitazo inicial a las 8.30 pm hora colombiana y Ghana empezó asustando. Un derechazo de Thomas Partey rozó el poste derecho del meta Vargas ante de cumplirse el primer minuto.

    El partido continuó accidentado.

    Sobre el minuto 5 el ariete colombiano Jhon Córdoba se retiró lesionado del partido. Luis Suárez lo sustituyó.

    Espejismo del lado ghanés. Apenas un par de minutos después el lateral derecho Marvin Senaya se resintió y fue reemplazado por Alidu Seidu.

    Los equipos no se resarcían de los cambios forzados cuando llegó el gol único del encuentro. Desde la derecha el recién ingresado Suárez sirvió un balón al segundo palo.

    Encontró solo, cómodo, a Jhon Arias. El ’11’ apenas puso el interior del pie para batir por bajo a Ati Zigi, quien corría hacia el palo contrario y el gol lo agarró a contrapié.

    Ahí se creció Colombia. Movió la pelota con criterio. Cuando no la tenía, presionó arriba.

    No dejó respirar a Ghana, que apenas intimidó en la primera mitad y, cuando pareció animarse, una contra colombiana casi acabó con gol de Luis Díaz, quien remató contra el lateral de la red con todo para marcar.

    A punto estuvo de irse con una renta mayor al descanso Colombia cuando el lateral izquierdo Johan Mojica recibió un centro desde la derecha, como en el gol de Arias, para cabecear una pelota que sacó Ati Zigi sobre la línea.

    Aluvión sin premio

    La segunda parte arrancó con sorpresas en el plantel. James Rodríguez, una de las estrellas del equipo, se quedó en el banquillo.

    Pero en juego Colombia carburó igual que acabó la primera mitad, volcada sobre el área rival.

    Antes del 57′ Luis Díaz marcó un gol, anulado en fuera de juego por medio cuerpo, y falló un mano a mano ante el portero con un remate que le salió demasiado centrado.

    Entonces se sucedió el aluvión de ocasiones. Ghana apenas pudo hacerse con la pelota e intimidar el arco rival.

    Para destacar en el segundo tiempo la actuación de Juan Quintero. Ingresó en el 73′ y maravilló con su zurda de oro.

    A punto estuvo de colar un golazo con un zurdazo desde fuera del área que no entró por poco.

    Los colombianos convirtieron en héroe en Ati Zigi, que atajó todo lo que pudo ante un ataque incontenible.

    Difícil predecir el sino de esta selección mientras se aprietan las tuercas y las más grandes se crucen por el camino.

    Fácil de asegurar que merecerá ver cada partido. Así de divertidos han sido los cafeteros desde que debutaron en el torneo.

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    BBC

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  • ¿Por qué Adam Sandler ofició la boda de Swift y Kelce?

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    El actor desempeñó un papel especial (y para algunos sorprendente) en la unión.

    Aunque la noticia de que Taylor Swift y Travis Kelce ya están oficialmente casados quizá no haya sido una sorpresa –después de semanas de expectación y de que se filtraran pistas sobre el evento–, lo más sorprendente puede que haya sido quién ofició la ceremonia: Adam Sandler.

    Una representante de Swift confirmó en un comunicado que en la ceremonia, celebrada en el Madison Square Garden, estuvieron presentes Austin Swift, el hermano de Taylor, que hizo de “padrino de honor” de Swift, y Jason Kelce, que fue el padrino del novio. El comunicado también decñia que Sandler había oficiado la ceremonia, describiéndolo como un amigo.

    Ciertamente, hay vínculos: Kelce apareció junto a Sandler, el actor y comediante, en un cameo el año pasado en Happy Gilmore 2, la secuela del éxito de Sandler de 1996 sobre un inusual héroe del golf de clase trabajadora. Kelce, un destacado ala cerrada de los Kansas City Chiefs, había publicado en Instagram sobre la experiencia, junto con una serie de fotos de él y Sandler en el estadio.

    “Amigo, ¡esta vida es una locura!”, escribió Kelce. “Me sigue pareciendo tan surrealista haber tenido esta oportunidad”.

    Sandler también fue invitado a New Heights, el pódcast que Kelce copresenta con su hermano, a principios de 2025. “Esto es icónico”, dijo Kelce, ataviado con una gorra de Happy Gilmore, sobre la aparición de Sandler.

    También hubo indicios de la participación del comediante en la boda: el jueves se vio a Sandler en el Garden, y el tabloide británico The Sun pilló a la estrella descargando un portatrajes antes de una pequeña cena de ensayo celebrada en un teatro dentro del recinto.

    Swift también hizo referencia a la película Happy Gilmore en una entrevista el año pasado con Zane Lowe, un DJ, y dijo que el personaje de Happy Gilmore había inspirado en parte la letra de una canción de amor, “Wish Li$t”, de su último álbum.

    “No sé si has visto la película Happy Gilmore, pero él tiene un lugar feliz en el que se refugia, una especie de utopía”, dijo Swift, y añadió: “Y en el estribillo de esa canción simplemente yo describo cuál es mi lugar feliz”.

  • Taylor Swift y Travis Kelce ya están casados

    Taylor Swift y Travis Kelce ya están casados

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    La pareja dio a conocer la noticia a través de un anuncio digital en el exterior del Madison Square Garden, así como con un comunicado de prensa de su publicista.

    Taylor Swift y Travis Kelce están casados, según un comunicado facilitado por una representante de Swift.

    El hermano de Swift, Austin, fungió de su “padrino de honor”, mientras que el hermano de Kelce, Jason, fue su padrino, según el comunicado enviado por correo electrónico por la representante, Tree Paine.

    “La ceremonia unió a ambas familias y la ofició su amigo Adam Sandler”, dijo el comunicado. Tanto Swift como Kelce lucieron atuendos de Christian Dior, diseñados por Jonathan Anderson. Swift también llevaba calzado de Christian Louboutin hechos a medida y joyas de Cartier.

    La boda también se anunció en una valla digital situada fuera del Madison Square Garden, donde Swift y Kelce celebraban un evento repleto de estrellas el viernes.

    “JusT&T Married”, se leía, un juego de palabras con las iniciales de Swift y Kelce para anunciar que estaban recién casados.

    Su boda se esperaba con gran expectación hacía meses, desde las especulaciones de la prensa sensacionalista sobre fechas y lugares hasta los mercados de predicción que aceptaban apuestas sobre los detalles del gran día. El evento, la unión de dos superestrellas en sus respectivos campos –la música y el deporte–, fue aclamado por algunos fans como una especie de boda real estadounidense.

    La relación de la pareja empezó con un encuentro fallido en 2023, después de que Kelce intentara, infructuosamente, darle su número a Swift en una parada de la gira “Eras Tour” en su ciudad natal, el Arrowhead Stadium de Kansas City, Misuri. Más tarde se lamentó de no haber podido contactar con Swift en un episodio de New Heights, el pódcast que presenta junto a su hermano, el exjugador de fútbol americano profesional Jason Kelce.

    Eso llamó la atención de Swift, y a ella le pareció adorable y “supermetalero” que Kelce la mencionara en ese episodio de julio, según contó a la revista Time.

    En una entrevista posterior en New Heights, Swift describió que Kelce había montado una “rabieta de hombre” cuando aquel primer encuentro no salió bien. “Fue un gesto romántico de locos decir simplemente: ‘Quiero salir contigo’”, añadió.

    La cantante y el deportista empezaron a salir poco después de la “rabieta de hombre” de Kelce, lejos de los reflectores.

    “De hecho, pasamos bastante tiempo juntos sin que nadie lo supiera”, explicó Swift a la revista Time sobre la relación, “y estoy agradecida por ello, porque así pudimos conocernos mejor”. Añadió: “Para cuando fui a ese primer partido, ya éramos pareja”.

    Swift se convirtió en una presencia habitual y muy fotografiada en el circuito de la NFL, incluso cuando hizo un viaje relámpago desde Tokio –donde estaba actuando en la gira “Eras Tour”– a Las Vegas para ver a Kelce y a sus compañeros ganar el Super Bowl en 2024. Kelce, por su parte, apareció en el escenario en junio de ese año en un concierto de Londres de la gira de Swift, luciendo un sombrero de copa para un número al estilo vodevil durante la sección Tortured Poets Department del espectáculo. (Algunos fans han especulado con que varias canciones de esos álbumes tratan sobre Kelce, incluida “The Alchemy”, una canción de amor salpicada de referencias al fútbol americano).

    La pareja anunció su compromiso el pasado agosto en Instagram con una serie de fotos acompañadas del pie de foto: “Tu profe de inglés y el profe de educación física se van a casar”, junto con un emoji de petardo. (O, en la jerga de los fans más avispados de Swift, un emoji de TNT, por trinitrotolueno, o Taylor ‘n’ Travis –¿captas?). La publicación también incluía un fragmento de la canción “So High School”, otro tema de The Tortured Poets Department, que los fans creen que trata sobre Kelce.

    En las fotos, Kelce aparece de rodillas ante Swift bajo un elaborado arco floral. Ambos llevan ropa de Ralph Lauren. En el dedo de Swift se ve lo que parece ser un diamante engastado en bisel sobre una alianza de oro amarillo.

    El anillo de compromiso, diseñado por Kindred Lubeck, de Artifex Fine Jewelry en Nueva York, cuenta con una piedra que se estima que tiene entre siete y nueve quilates y podría haber tenido un costo entre 250.000 y 500.000 dólares, según explicó Ann Grimmett, vicepresidenta de comercialización de Jared Jewelers, a The New York Times. Swift dijo en el programa de radio británico Heart Breakfast que le había enviado un video del trabajo de Lubeck a Kelce más de un año antes de que él le pidiera matrimonio. Le conmovió que Kelce hubiera prestado tanta atención.

    Las fotos desataron un frenesí en internet, ya que los fans especularon sin parar sobre cómo sería la boda de la pareja, analizando antiguas entrevistas con Kelce e incluso las letras de las canciones de Swift en busca de pistas.

    “La verdad es que no conozco a nadie que se haya casado en otoño”, dijo Kelce en un episodio de 2025 de New Heights. “Todas las bodas a las que he ido, y todas las de mis amigos, se celebran en verano”. En otro episodio, le contó a Jimmy Fallon que a la pareja le “encanta la música en vivo”.

    Al principio corrieron rumores de que la pareja se casaría en Rhode Island, donde Swift tiene una casa en el barrio de Watch Hill, en Westerly, conocida como Holiday House, que compró en 2013 por 17,75 millones de dólares en una operación que, según se dice, se pagó íntegramente en efectivo.

    La mansión aparece mucho en la canción de Swift “The Last Great American Dynasty”, que cuenta la historia de la propietaria original de la casa, la heredera del petróleo Rebekah Harkness. También se sabe que Swift organiza fiestas repletas de famosos en la finca, sobre todo para celebrar el 4 de julio.