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LOS ÁNGELES — En una tarde reciente en Los Ángeles, el veterano agente de Hollywood Rob Kenneally se relajaba con su ritual habitual después del almuerzo: disparar unas cuantas rondas con su pistola de 9 mm junto a un par de amigos.
“Para mí es una actividad meditativa”, dijo Kenneally, quien en una etapa anterior de su carrera en la industria cinematográfica también trabajó a tiempo parcial como asistente de reserva del sheriff del condado de Los Ángeles. “Siempre ha sido una forma de despejar la mente tras un día de trabajo”.
Kenneally estaba sentado en un sillón de cuero oscuro en Range LA, un club de tiro exclusivo para socios ubicado en los límites del acomodado vecindario de Brentwood, que se ha convertido en un punto de encuentro para entusiastas de las armas, profesionales de la industria, actores y artistas. Kenneally, de 67 años, dice que se encuentra a menudo con personas con las que trabaja, y que varios de sus clientes toman clases con uno de los instructores de tiro del club.
“Por alguna razón, parece atraer a gente del mundo del entretenimiento”, afirmó.
Sin duda, eso se debe en parte a su ubicación. También se debe al ambiente del Range, cuyo interior se asemeja al de Equinox, la cadena de gimnasios de lujo que, casualmente tiene al lado. No muy lejos de donde estaba sentado Kenneally había una máquina de café con pantalla táctil, un dispensador de agua con sabores de la marca Bevi, una mesa de tejo, carteles vintage con temática vaquera y obras de arte colgadas en paredes de ladrillo expuesto.
Clubes de tiro de alto nivel similares (algunos de ellos exclusivos para socios) han comenzado a surgir en todo el país, entre ellos el Centennial Gun Club en el área metropolitana de Denver, el Frisco Gun Club en las afueras de Dallas, el XCAL en las afueras de Washington, D.C., y el Blackwood Club, en construcción en el condado de Bergen, Nueva Jersey. Además, el Range tiene en proyecto dos sucursales más, en South Bay y en el Valle de San Fernando.
Estas versiones elegantes y modernas de los campos de tiro sugieren que, si bien el control de armas sigue siendo un tema político polarizante en Estados Unidos, la cultura de las armas tiene atractivo para personas de todo el espectro político.
La exclusiva tienda de comestibles Erewhon ha prestado servicios de catering en eventos en Range LA; Philip Goglia, el famoso nutricionista de las celebridades, conocido por su trabajo con las Kardashian, es un miembro que visita el lugar con frecuencia; y no es raro ver un G-Wagon estacionado en la entrada. Los agentes de Hollywood se alejan de la línea de tiro para atender llamadas o asistir a almuerzos de negocios en los salones del club.
“Tenemos a gente de veintitantos años y a personas de 80; tenemos hombres y mujeres”, dijo Peter Diamond, quien abrió Range hace dos años junto con Eric Diamond, su hermano mayor. “Tenemos personas de todas las tendencias políticas y de todos los sectores”.
Explicó que mantienen una política estricta con respecto a los televisores en las instalaciones: nada de noticias. Nada de programas políticos.
Los socios de Range –unos 600, según los propietarios– pagan entre 3700 y 5400 dólares al año. Los miembros tienen acceso a una especie de tienda especializada, con un armero en el lugar, clases privadas y el uso de unas 40 armas de fuego, muchas de las cuales cuelgan de la pared detrás del mostrador de la recepción.
Los hermanos estiman que alrededor del 85 por ciento de sus miembros ya son propietarios de armas, pero el servicio de alquiler les permite probar nuevas armas de fuego, venir sin previo aviso o traer a un invitado. (La ley de California prohíbe portar armas a la vista en condados con al menos 200.000 habitantes, pero los residentes de condados menos poblados pueden solicitar una licencia para portar armas a la vista).
Esa tarde, un miembro joven y dos amigos estaban revisando las armas en alquiler. Tenían armas en casa, pero habían decidido pasar por ahí para practicar un rato en el campo de tiro.
Las paredes, revestidas con material insonorizante y kevlar balístico, reducen el ruido al mínimo, pero aún así se escucha un constante redoble de disparos en el vestíbulo, que cuenta con sillones, sofás y una mesa baja sobre la que hay libros de mesa de café como “Enciclopedia visual de armas pequeñas”.
Los hermanos tenían una visión particular en mente, que esperaban diferenciara su establecimiento de los pocos campos de tiro que hay en el área de Los Ángeles: “Le digo a la gente que somos un club que, da la casualidad, también es un campo de tiro”, dijo Peter Diamond, un afable hombre de 60 años que se sentaba detrás de un gran escritorio de madera decorado con cañones en miniatura de pólvora negra.
Sin embargo, como gerente general, no se le ve muy a menudo allí: prefiere recorrer el lugar como el dueño de un restaurante, viendo si los miembros necesitan algo y estrechando la mano a los clientes habituales. Por lo general, lleva en el bolsillo una pequeña pistola yugoslava Zastava de la década de 1970. (Tiene un permiso de porte oculto, al igual que muchos de sus miembros. California permite a los residentes portar armas de fuego con uno de estos permisos).
Él y Eric Diamond, de 65 años, quien aún mantiene su trabajo diario como director de operaciones de una empresa de gestión empresarial, decidieron abrir Range después de décadas de practicar tiro en otros lugares de Los Ángeles.
Ambos crecieron practicando tiro con su padre y en programas de tiro con rifle en campamentos de verano en Pensilvania y el norte del estado de Nueva York, pero la afición siempre fue algo más que una simple pasión para Peter, quien también coleccionaba armas de fuego antiguas. Tras varios cambios de carrera –incluidos 15 años en la industria cinematográfica como asistente de dirección y gerente de producción–, Peter dijo que “finalmente maduré y descubrí lo que quería hacer con mi vida”.
Existen algunos precedentes de este tipo de clubes de tiro de lujo, señaló David Yamane, autor del libro “Gun Curious: A Liberal Professor’s Surprising Journey Inside America’s Gun Culture”, al establecer una comparación con establecimientos exclusivos del siglo XIX como el Boone and Crockett Club, que Theodore Roosevelt ayudó a fundar. A menudo centrados en la caza, “no se trataba solo de si podías permitirte afiliarte, sino de si eras el tipo de persona adecuada”, dijo Yamane.
Los modernos “guntry clubs”, como él los llama, son una señal de que, a medida que la cultura de las armas en Estados Unidos ha evolucionado, se ha ido pareciendo cada vez más a otras culturas de consumo modernas, señaló Yamane, quien es profesor de sociología en la Universidad de Wake Forest. “Creo que muchos de estos guntry clubs me recuerdan cómo se ve el capitalismo de consumo tardío”.
“Una pistola de 6000 dólares no es necesariamente 10 veces mejor que una de 600 dólares”, agregó, “así que la compras por algo más que solo su funcionalidad”.
Los hermanos Diamond son conscientes de que los miembros del Range a menudo “pertenecen a un club gastronómico, un club de golf, un club de tenis y tal vez a un club de fumadores”, dijo Eric Diamond, citando al Brentwood Country Club y al Riviera Country Club, ubicados en las cercanías. “Nos dirigimos a un grupo demográfico específico desde el punto de vista económico”.
El personal, compuesto por ocho personas, se encarga del registro en recepción, el mantenimiento básico de las armas, la capacitación y la seguridad en el campo de tiro, pero al contratar personal, Peter dijo que él y su hermano “no querían un grupo de fanáticos de las armas”.
“Somos un negocio basado en la hospitalidad”, dijo. “Quiero personal de recepción de hotel. A alguien se le puede enseñar la mecánica de la industria de las armas. No puedo enseñarle a alguien a ser afable, amable y cortés”.
En el campo de tiro, Jonathan Gomez, el armero del lugar, estaba instalando el kit de gatillo mejorado de un miembro para una pistola Sig Sauer P365. Al principio, dijo, lo sorprendieron los tipos de armas con las que disparaban los miembros. “Definitivamente es un tipo diferente de propietario de armas”, dijo Gomez, de 27 años, un hombre con lentes y varios tatuajes que le cubrían el brazo izquierdo. Al decir “diferente”, aclaró que se refería a que las armas son más caras aquí que en un campo de tiro típico.
Muchos socios disparan pistolas Staccato, dijo, las cuales en California pueden costar hasta 6000 dólares dependiendo del modelo. Otra marca de armas de fuego popular y más exclusiva es la local Taran Tactical Innovations, cuya popularidad ha crecido desde que ayudó a surtir el arsenal de John Wick. Una pistola Pit Viper de Taran Tactical Innovations puede costar casi 9000 dólares. El Range cuenta con una variedad de armas Staccato y Taran Tactical disponibles para alquilar.
“Es algo así como los relojes o los zapatos”, continuó Gomez. “La gente tiene sus colecciones. Tienen cosas más bonitas que pueden presumir aquí”.
Puede que algunos disfruten de su costoso armamento, pero a los miembros de Range les atrae el lugar por varias razones.
Jodi Ladge, asistente médica en neurocirugía, dijo que originalmente había comprado un arma para su protección hace unos dos años, preocupada por “la situación en Los Ángeles”, pero que ahora participa en competencias de tiro.
Ladge, quien lleva puesto su cinturón de armas –en el que guarda sus cargadores de repuesto, la funda, los guantes de tiro y un botiquín de primeros auxilios–, ha sido miembro de Range por más de un año. Estaba con dos amigos que había conocido en el club, planificando el almuerzo.
“Nunca pensé que haría esto”, dijo. Pero es una forma ideal de relajarse, especialmente con el ambiente del Range. “Lo único en lo que puedes pensar cuando estás disparando es en disparar”, comentó.
Al igual que Kenneally, Leonard Konopelski, un diseñador gráfico que usa unos lentes artísticos de color azul real, dijo que el tiro le resultaba terapéutico. “Vengo aquí para tratar de relajar mi cuerpo”, dijo Konopelski, de 83 años.
Dispara en el Range unos tres días a la semana y considera que su pistola es un instrumento de precisión, como una cámara Leica. Konopelski, quien se interesó por primera vez en el tiro cuando era un niño en Polonia y más tarde durante su capacitación militar obligatoria, dijo que le gustaba que Range fuera un lugar al que pudiera acudir fácilmente como miembro.
A media tarde, el piso de concreto de las 16 pistas de tiro estaba cubierto de casquillos usados. En un momento de calma, el campo de tiro fue declarado “apagado”, y un empleado recogió los casquillos con un pequeño carrito cilíndrico que recordaba a los que se usan en las canchas de tenis. En la sala de espera, un miembro atendió una llamada por Zoom, mientras otro tomaba un refrigerio. Pronto, los casquillos se volverían a amontonar.
Un espacio comunitario en The Range LA, en Los Ángeles, el 22 de mayo de 2026. Está equipado con sillones de cuero y libros de mesa de centro. (David Fouts/The New York Times)
Eric, a la izquierda, y Peter Diamond en una de las cabinas de tiro de The Range LA en Los Ángeles, el 22 de mayo de 2026. (David Fouts/The New York Times)








