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  • La guerra llega a las gasolineras de Rusia

    This post was originally published on this site.

    “¿Ahora estamos en la Unión Soviética?”, preguntó una mujer rusa, atónita y frustrada por las esperas para cargar combustible.

    Alyona Sadovnikova vivió por primera vez la escasez de gasolina a mediados de junio, cuando se detuvo en una gasolinera y le dijeron que solo atendían a clientes con cupones de racionamiento.

    “Me quedé horrorizada: ¿ahora estamos en la Unión Soviética, donde tenías que conseguir cupones para comprar salchichas?”, dijo en una entrevista telefónica.

    Apenas unos días después, Sadovnikova estaba esperando 18 horas para abastecerse en la ciudad de Irkutsk, en el este de Siberia, a más de 4820 kilómetros de la frontera con Ucrania.

    Mientras Ucrania intensifica sus ataques contra las infraestructuras petroleras rusas, incluso algunas situadas en lo más profundo del territorio ruso, las refinerías de todo el país se han visto obligadas a cerrar para hacer reparaciones importantes.

    Esto ha provocado una escasez de gasolina que muchos ciudadanos rusos no habían visto en toda su vida. Empezó en mayo en la Crimea ocupada por Rusia y desde entonces se ha extendido al resto de Rusia e incluso a Siberia.

    La situación es tan grave que esta semana las autoridades rusas dijeron que están en conversaciones para estudiar la posibilidad de importar crudo, una sorprendente admisión para el tercer mayor productor de petróleo del mundo. El viernes, las autoridades de la ciudad de Novorossiysk, en el mar Negro –donde se encuentra la mayor terminal de exportación de petróleo de Rusia–, anunciaron que suspendían la venta de gasolina para usuarios particulares.

    Las largas filas para cargar combustible son uno de los ejemplos más claros y tangibles de cómo la guerra con Ucrania afecta la vida cotidiana en Rusia, y representan un reto para el presidente Vladimir Putin, que ha hecho todo lo posible por sofocar cualquier oposición a la guerra. La frustración es tan grande que se han producido peleas a puñetazos entre conductores exasperados que llevan horas esperando en la fila.

    “La escasez de gasolina ya no solo es un problema económico: es una prueba para la capacidad gubernamental de gestionar una crisis aguda que afecta de lleno la normalidad cotidiana”, dijo Ilya Grashchenkov, analista político radicado en Moscú, en una nota de investigación.

    Solo dos regiones rusas, la poco poblada Chukotka, en el Lejano Oriente, y Kalmukia, en el sur, no han sufrido escasez de combustible ni restricciones en la venta, según un recuento elaborado por varios medios de comunicación independientes de Rusia. Las largas filas en las gasolineras se han convertido en algo habitual, y han surgido páginas web colaborativas para hacer un seguimiento del suministro en cada estación de servicio. Hasta un 20 por ciento de los taxistas del país están optando por quedarse en casa debido a la congestión en las gasolineras, según informó el periódico ruso Kommersant.

    Las regiones más pobladas alrededor de la capital rusa parecían ser las más vulnerables a la escasez. La refinería de Moscú y una importante refinería en Tartaristán, a unos 960 kilómetros al este de la capital, que representan el 10 por ciento de la capacidad total de gasolina de Rusia, han cerrado, según se informa, después de los ataques ucranianos.

    El miércoles por la tarde, una decena de conductores colapsaron la concurrida autopista de Moscú a San Petersburgo, formando una fila en una de las pocas gasolineras que aún contaban con combustible.

    Es una imagen totalmente desconocida para los rusos que crecieron en un país con una producción petrolera en pleno auge.

    Una generación mayor, que “vio las estanterías vacías en los supermercados” durante la caída de la Unión Soviética, está mentalmente más preparada, dijo Boris Nadezhdin, un político de la oposición de 63 años. “Pero para la gente de entre 20 y 30 años, esto es un auténtico shock”.

    Aunque el gobierno había subsidiado a las petroleras para mantener la gasolina a un precio asequible, los precios no han dejado de subir. El precio medio por litro en la última semana de junio fue de 0,93 dólares, un 1,6 por ciento más que la semana anterior, según la Agencia de Estadística de Rusia.

    En las gasolineras independientes de Grozni, la capital de Chechenia, los precios han subido de unos 70 rublos por litro (0,90 dólares) hasta 100 rublos (1,30 dólares), dijo un cliente, Said-Hasan, un hombre de 42 años que pidió que no se revelara su apellido por motivos de seguridad. Las gasolineras de la empresa estatal Rosneft han mantenido los precios bajos, pero se forman largas filas para cargar. Said-Hasan dijo que a principios de esta semana hizo un viaje corto en coche a la región vecina de Ingushetia para conseguir gasolina más barata, aunque no pudo repostar más de 30 litros debido al racionamiento.

    Las gasolineras más pequeñas e independientes del sur están vacías, señalizadas con conos de tráfico y carteles de “Sin gasolina”, según Alexander, un conductor profesional de 33 años que viaja mucho por las regiones de Krasnodar y Rostov. Él también pidió que no se revelara su apellido.

    Al menos un tercio de las gasolineras de Krasnodar, la tercera región más grande de Rusia, han cerrado, según dijo el miércoles Evgeny Pergun, el vicegobernador de esa zona, ante la asamblea legislativa local.

    Algunos rusos han recurrido al humor para sobrellevar la situación. En una publicación que se ha vuelto viral, un bloguero ruso imaginaba que los usuarios de una popular aplicación para pedir taxis pronto podrían elegir un caballo entre las opciones de transporte.

    La escasez parece ser especialmente grave en el este de Siberia y el Lejano Oriente.

    Las filas en la región de Irkutsk han sido tan largas que las autoridades prometieron instalar baños portátiles a lo largo de las autopistas para atender a los conductores. Igor Kobzev, el gobernador local, declaró el domingo el estado de alerta máxima –un peldaño por debajo del estado de emergencia–.

    Junto con su marido y su bebé de 18 meses, Sadovnikova, la mujer de Irkutsk que trabaja en redes sociales, se unió a la fila en una gasolinera a las 11:00 p. m. del viernes pasado. No consiguió gasolina hasta las 5:00 p. m. del día siguiente. Usaron los baños de la gasolinera y la tienda para ir al baño y comprar algo de picar. Otras personas de la fila, dijo, se mostraron solidarias y compartieron comida y juguetes con su hijo.

    “Todo el asunto fue angustioso y agotador”, dijo Sadovnikova, de 26 años, y añadió que tuvo que pasar todo el día siguiente durmiendo por el estrés. “Estamos intentando ahorrar gasolina y esperamos que haya más suministros para cuando se nos vuelva a acabar”.

    Sadovnikova dijo que le molestaba que las autoridades de todo el país hayan estado acusando a los rusos de hacer acaparamiento, mientras todas las gasolineras independientes de su ciudad habían cerrado.

    En una conferencia celebrada el miércoles, el ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, insistió en que el país solo se enfrentaba a “escasez en algunas gasolineras concretas” que “se soluciona rápidamente”.

    Sin embargo, los datos del mercado muestran una realidad diferente.

    A mediados de junio, los ataques con drones ucranianos habían dejado fuera de combate aproximadamente un tercio de la capacidad de refinamiento de petróleo de Rusia –unos 2,2 millones de barriles al día–, según Ronald P. Smith, socio fundador de Emerging Markets Oil and Gas Consulting Partners, con sede en Texas. Otros analistas apuntaban a una disminución menor, de alrededor del 25 por ciento.

    “Para compensar ese hueco probablemente hará falta que varias plantas grandes vuelvan a poner en marcha su producción de gasolina”, dijo Smith en declaraciones enviadas por correo electrónico. “El tiempo que se tarde en arreglarlo, en realidad, depende de qué es lo que se haya visto afectado”, añadió.

    Además de estudiar la posibilidad de importar petróleo, el gobierno ruso también evalúa si va a permitir la producción y venta de una gasolina de menor calidad con mayor contenido en azufre, que se prohibió en Rusia en 2013, según informó el lunes el periódico Kommersant, citando una propuesta del gobierno.

    Las autoridades rusas suelen evitar dar a conocer la magnitud de los daños o las molestias que esto representa para los consumidores rusos.

    Putin, que rehuye a comentar las malas noticias, rompió el silencio el domingo cuando admitió en una entrevista con la televisión estatal que Rusia estaba sufriendo “cierto déficit” de combustible, “pero no crítico”. Los ataques ucranianos buscaban “sembrar la discordia en la sociedad rusa y obligar a Rusia a detener, aunque fuera por un breve momento, el avance de nuestros soldados en el frente”, dijo, tras convocar una reunión extraordinaria sobre la crisis del combustible.

    Muchos rusos culpan directamente al gobierno en general de los problemas del país, pero parecen excluir al propio Putin.

    Nadezhdin, la figura de la oposición, dijo que cree que eso va a cambiar. Comentó que cada vez veía a más rusos “dándose cuenta de que es precisamente Putin quien nos ha metido en esto con sus políticas”.

    Si los rusos siguen viendo a Putin en la televisión soltando comentarios optimistas sobre el crecimiento económico mientras hacen fila para repostar combustible, dijo, “surgirán las sospechas”.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

  • La guerra llega a las gasolineras de Rusia

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    “¿Ahora estamos en la Unión Soviética?”, preguntó una mujer rusa, atónita y frustrada por las esperas para cargar combustible.

    Alyona Sadovnikova vivió por primera vez la escasez de gasolina a mediados de junio, cuando se detuvo en una gasolinera y le dijeron que solo atendían a clientes con cupones de racionamiento.

    “Me quedé horrorizada: ¿ahora estamos en la Unión Soviética, donde tenías que conseguir cupones para comprar salchichas?”, dijo en una entrevista telefónica.

    Apenas unos días después, Sadovnikova estaba esperando 18 horas para abastecerse en la ciudad de Irkutsk, en el este de Siberia, a más de 4820 kilómetros de la frontera con Ucrania.

    Mientras Ucrania intensifica sus ataques contra las infraestructuras petroleras rusas, incluso algunas situadas en lo más profundo del territorio ruso, las refinerías de todo el país se han visto obligadas a cerrar para hacer reparaciones importantes.

    Esto ha provocado una escasez de gasolina que muchos ciudadanos rusos no habían visto en toda su vida. Empezó en mayo en la Crimea ocupada por Rusia y desde entonces se ha extendido al resto de Rusia e incluso a Siberia.

    La situación es tan grave que esta semana las autoridades rusas dijeron que están en conversaciones para estudiar la posibilidad de importar crudo, una sorprendente admisión para el tercer mayor productor de petróleo del mundo. El viernes, las autoridades de la ciudad de Novorossiysk, en el mar Negro –donde se encuentra la mayor terminal de exportación de petróleo de Rusia–, anunciaron que suspendían la venta de gasolina para usuarios particulares.

    Las largas filas para cargar combustible son uno de los ejemplos más claros y tangibles de cómo la guerra con Ucrania afecta la vida cotidiana en Rusia, y representan un reto para el presidente Vladimir Putin, que ha hecho todo lo posible por sofocar cualquier oposición a la guerra. La frustración es tan grande que se han producido peleas a puñetazos entre conductores exasperados que llevan horas esperando en la fila.

    “La escasez de gasolina ya no solo es un problema económico: es una prueba para la capacidad gubernamental de gestionar una crisis aguda que afecta de lleno la normalidad cotidiana”, dijo Ilya Grashchenkov, analista político radicado en Moscú, en una nota de investigación.

    Solo dos regiones rusas, la poco poblada Chukotka, en el Lejano Oriente, y Kalmukia, en el sur, no han sufrido escasez de combustible ni restricciones en la venta, según un recuento elaborado por varios medios de comunicación independientes de Rusia. Las largas filas en las gasolineras se han convertido en algo habitual, y han surgido páginas web colaborativas para hacer un seguimiento del suministro en cada estación de servicio. Hasta un 20 por ciento de los taxistas del país están optando por quedarse en casa debido a la congestión en las gasolineras, según informó el periódico ruso Kommersant.

    Las regiones más pobladas alrededor de la capital rusa parecían ser las más vulnerables a la escasez. La refinería de Moscú y una importante refinería en Tartaristán, a unos 960 kilómetros al este de la capital, que representan el 10 por ciento de la capacidad total de gasolina de Rusia, han cerrado, según se informa, después de los ataques ucranianos.

    El miércoles por la tarde, una decena de conductores colapsaron la concurrida autopista de Moscú a San Petersburgo, formando una fila en una de las pocas gasolineras que aún contaban con combustible.

    Es una imagen totalmente desconocida para los rusos que crecieron en un país con una producción petrolera en pleno auge.

    Una generación mayor, que “vio las estanterías vacías en los supermercados” durante la caída de la Unión Soviética, está mentalmente más preparada, dijo Boris Nadezhdin, un político de la oposición de 63 años. “Pero para la gente de entre 20 y 30 años, esto es un auténtico shock”.

    Aunque el gobierno había subsidiado a las petroleras para mantener la gasolina a un precio asequible, los precios no han dejado de subir. El precio medio por litro en la última semana de junio fue de 0,93 dólares, un 1,6 por ciento más que la semana anterior, según la Agencia de Estadística de Rusia.

    En las gasolineras independientes de Grozni, la capital de Chechenia, los precios han subido de unos 70 rublos por litro (0,90 dólares) hasta 100 rublos (1,30 dólares), dijo un cliente, Said-Hasan, un hombre de 42 años que pidió que no se revelara su apellido por motivos de seguridad. Las gasolineras de la empresa estatal Rosneft han mantenido los precios bajos, pero se forman largas filas para cargar. Said-Hasan dijo que a principios de esta semana hizo un viaje corto en coche a la región vecina de Ingushetia para conseguir gasolina más barata, aunque no pudo repostar más de 30 litros debido al racionamiento.

    Las gasolineras más pequeñas e independientes del sur están vacías, señalizadas con conos de tráfico y carteles de “Sin gasolina”, según Alexander, un conductor profesional de 33 años que viaja mucho por las regiones de Krasnodar y Rostov. Él también pidió que no se revelara su apellido.

    Al menos un tercio de las gasolineras de Krasnodar, la tercera región más grande de Rusia, han cerrado, según dijo el miércoles Evgeny Pergun, el vicegobernador de esa zona, ante la asamblea legislativa local.

    Algunos rusos han recurrido al humor para sobrellevar la situación. En una publicación que se ha vuelto viral, un bloguero ruso imaginaba que los usuarios de una popular aplicación para pedir taxis pronto podrían elegir un caballo entre las opciones de transporte.

    La escasez parece ser especialmente grave en el este de Siberia y el Lejano Oriente.

    Las filas en la región de Irkutsk han sido tan largas que las autoridades prometieron instalar baños portátiles a lo largo de las autopistas para atender a los conductores. Igor Kobzev, el gobernador local, declaró el domingo el estado de alerta máxima –un peldaño por debajo del estado de emergencia–.

    Junto con su marido y su bebé de 18 meses, Sadovnikova, la mujer de Irkutsk que trabaja en redes sociales, se unió a la fila en una gasolinera a las 11:00 p. m. del viernes pasado. No consiguió gasolina hasta las 5:00 p. m. del día siguiente. Usaron los baños de la gasolinera y la tienda para ir al baño y comprar algo de picar. Otras personas de la fila, dijo, se mostraron solidarias y compartieron comida y juguetes con su hijo.

    “Todo el asunto fue angustioso y agotador”, dijo Sadovnikova, de 26 años, y añadió que tuvo que pasar todo el día siguiente durmiendo por el estrés. “Estamos intentando ahorrar gasolina y esperamos que haya más suministros para cuando se nos vuelva a acabar”.

    Sadovnikova dijo que le molestaba que las autoridades de todo el país hayan estado acusando a los rusos de hacer acaparamiento, mientras todas las gasolineras independientes de su ciudad habían cerrado.

    En una conferencia celebrada el miércoles, el ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, insistió en que el país solo se enfrentaba a “escasez en algunas gasolineras concretas” que “se soluciona rápidamente”.

    Sin embargo, los datos del mercado muestran una realidad diferente.

    A mediados de junio, los ataques con drones ucranianos habían dejado fuera de combate aproximadamente un tercio de la capacidad de refinamiento de petróleo de Rusia –unos 2,2 millones de barriles al día–, según Ronald P. Smith, socio fundador de Emerging Markets Oil and Gas Consulting Partners, con sede en Texas. Otros analistas apuntaban a una disminución menor, de alrededor del 25 por ciento.

    “Para compensar ese hueco probablemente hará falta que varias plantas grandes vuelvan a poner en marcha su producción de gasolina”, dijo Smith en declaraciones enviadas por correo electrónico. “El tiempo que se tarde en arreglarlo, en realidad, depende de qué es lo que se haya visto afectado”, añadió.

    Además de estudiar la posibilidad de importar petróleo, el gobierno ruso también evalúa si va a permitir la producción y venta de una gasolina de menor calidad con mayor contenido en azufre, que se prohibió en Rusia en 2013, según informó el lunes el periódico Kommersant, citando una propuesta del gobierno.

    Las autoridades rusas suelen evitar dar a conocer la magnitud de los daños o las molestias que esto representa para los consumidores rusos.

    Putin, que rehuye a comentar las malas noticias, rompió el silencio el domingo cuando admitió en una entrevista con la televisión estatal que Rusia estaba sufriendo “cierto déficit” de combustible, “pero no crítico”. Los ataques ucranianos buscaban “sembrar la discordia en la sociedad rusa y obligar a Rusia a detener, aunque fuera por un breve momento, el avance de nuestros soldados en el frente”, dijo, tras convocar una reunión extraordinaria sobre la crisis del combustible.

    Muchos rusos culpan directamente al gobierno en general de los problemas del país, pero parecen excluir al propio Putin.

    Nadezhdin, la figura de la oposición, dijo que cree que eso va a cambiar. Comentó que cada vez veía a más rusos “dándose cuenta de que es precisamente Putin quien nos ha metido en esto con sus políticas”.

    Si los rusos siguen viendo a Putin en la televisión soltando comentarios optimistas sobre el crecimiento económico mientras hacen fila para repostar combustible, dijo, “surgirán las sospechas”.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

    Milana Mazaeva colaboró con reportería.

  • Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

    Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

    This post was originally published on this site.

    En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de “Dios y patria”. Aplaudimos a los aviones de combate que dejan una estela de humo rojo, blanco y azul. Nos encantan las bandas marciales. Cada año, el 4 de julio, en todo el territorio estadounidense, convertimos el atracón de perros calientes en una forma de amor competitivo por nuestro país mientras celebramos la independencia de nuestra nación de un rey.

    Antes, esta fiesta se volvía una pasarela de pantalones de mezclilla de corte clásico y tops cortos, y todo el mundo tenía un aspecto un poco ridículo, pero el ambiente era cordial y acogedor. Todo el mundo disfrutaba lucir el lábaro estadounidense en la parrillada nacional.

    Era un poco kitsch y un poco bobo. Pero también me hacía sentir eufórica y orgullosa, sobre todo en Washington, adonde me mudé hace más de 30 años para trabajar en The Washington Post. La ciudad se reveló como un lugar a menudo ineficiente, pero también idealista, lleno de personas ambiciosas y superdotadas que elegían el servicio público en lugar de las riquezas de Wall Street o Silicon Valley. En concreto, las mujeres que conocí y a las que empecé a considerar mis amigas destacaban en campos que yo apenas podía comprender: la lucha contra el terrorismo, la ayuda y el desarrollo internacionales, la banca mundial.

    Durante uno de mis primeros veranos aquí, una amiga que cubría la Casa Blanca de Bill Clinton me invitó a acompañarla para ver los fuegos artificiales del 4 de julio desde los jardines de la residencia oficial. La explosión de color fue gloriosa. Dondequiera que te hubieras sentado para ver los fuegos, contemplarlos sobre la capital del país era algo especial, no porque el espectáculo fuera inmenso, sino porque era aquí. No hay nada como ver cohetes y bengalas rojos, blancos y azules con la Casa Blanca, el Monumento a Washington y la Explanada Nacional como telón de fondo.

    Vuelve a ser el 4 de julio; esta vez, el punto álgido de un año entero de celebraciones por el 250.º aniversario de la nación. Las conocidas guirnaldas rojas, blancas y azules cuelgan de las ventanas de los monumentales edificios federales de Washington, así como de sus encantadoras casas adosadas. Banderas del tamaño de piscinas de entrenamiento cubren edificios enteros, y los visitantes de la capital se envuelven en el equivalente de “The Star-Spangled Banner”. La habitual avalancha de turistas se ha convertido en un espectáculo casi caricaturesco de visitantes festivos, que compiten entre sí con camisetas que gritan “USA”, bermudas con rayas como las de la bandera y gorras de béisbol con lentejuelas en forma de estrella.

    Pero este año, apenas puedo soportar ver el rojo, el blanco y el azul. Cuando se combinan en una exhibición exagerada de entusiasmo nacionalista, esos colores me parten el corazón.

    Las banderas de los edificios federales son impresionantes, pero cuelgan junto a pancartas con la cara ceñuda del presidente Donald Trump. El presidente se pasó buena parte de la primavera enfocado en limpiar y reparar fuentes que llevaban mucho tiempo inactivas en algunas de las plazas y parques más emblemáticos de Washington, incluida la fuente conmemorativa de Cristóbal Colón, frente a la estación Union.

    La escultura de granito blanco, que antes tenía el color de un cenicero sucio, ahora resplandece. Es una maravilla ver cómo baila el agua en una fuente que llevaba casi 20 años seca. Pero ese placer viene acompañado de la certeza de que las reparaciones las ha orquestado un gobierno que se ve más a sí mismo como un régimen que como guardián de una democracia.

    La imagen desenfadada del “azul de la bandera estadounidense” se ha asociado ahora con el desastre apestoso y pantanoso en que el presidente ha convertido el estanque reflectante, que antes era elegante pero temperamental. Ahora está vallado, como tantas otras cosas en Washington en este momento, desde el parque Lafayette hasta gran parte de la Explanada Nacional.

    Y hace solo unas semanas, el presidente organizó un combate de la Ultimate Fighting Championship en el jardín sur para celebrar su cumpleaños, y convirtió las majestuosas salas públicas de la Casa Blanca en un vestuario glorificado.

    Todo esto está al servicio de la visión que tiene de Estados Unidos un solo hombre.

    La estética del patriotismo en la capital del país ya no tiene nada que ver con cestas de picnic, neveras portátiles a rebosar ni bolsas de lona de LL Bean. Se ha esfumado esa idea inspiradora de que todo el mundo es bienvenido al patio trasero de la nación: amigos, familia y también los recién llegados. Cuando la gente se reúna en la Explanada Nacional para ver los fuegos artificiales, el espectáculo se clasificará como “Evento Nacional de Seguridad Especial”, similar a una toma de posesión o al discurso sobre el Estado de la Unión. Con el aumento de la vigilancia, los visitantes tendrán que llevar un documento de identidad oficial y pasar por detectores de metales. El Servicio Secreto ha prohibido las neveras portátiles, las sillas de jardín y los frisbis. Puede que no tengamos un atuendo tradicional, aparte de pantalones de mezclilla y camiseta, pero ahora sí que tenemos la tradición de llevar nuestras cosas a los eventos públicos en bolsas de plástico transparentes, sacar fotos de nuestros monumentos más bonitos a través de un laberinto de vallas que no se pueden escalar y encontrarnos, prácticamente en cada esquina, con un despliegue de seguridad que incluye a alguaciles federales, policía de parques, Policía Metropolitana, agentes de la Administración de Control de Drogas, el Servicio Secreto y la Guardia Nacional. Hasta los perros están en patrullaje.

    Podría ser tentador decir que se trata de circunstancias inusuales, de sucesos excepcionales. Pero así es como se ve Washington incluso en los días tranquilos. Las barricadas no desaparecen del todo. Las que quedan están entreabiertas solo un poquito para permitir un paso a regañadientes, pero pueden cerrarse de golpe en cualquier momento.

    La sede federal de Washington tiene un aspecto inquietante mientras el país celebra su cumpleaños. Parece a la defensiva y paranoica. En los últimos meses, la Policía del Capitolio ha instalado controles en la calle que separa mi casa de mi ferretería. Dupont Circle, el lugar emblemático que da nombre al barrio de alrededor –con sus profundas raíces en la historia LGBTQ–, fue vallado por la Policía de Parques Nacionales durante el desfile del orgullo en la capital el 20 de junio.

    Solo unos días antes, mientras las cámaras de televisión enfocaban al público repartido por el césped con motivo de la inauguración del Centro Presidencial Obama en Chicago el 18 de junio, me fijé en lo acogedora que parecía la escena. La multitud era diversa en cuanto a raza, edad y género. No se veía mucho rojo, blanco y azul entre esa multitud de Chicago. En el césped del Midway Plaisance de Chicago, donde se celebró la fiesta oficial para ver la inauguración del centro, unas mujeres llevaban una bandera del Juneteenth y los vecinos lucían una mezcla variopinta de camisetas y mezclilla. El público escuchó a Jennifer Hudson cantar el himno nacional, a Christina Aguilera interpretar “What a Wonderful World” —a sugerencia del presidente Barack Obama– y a John Legend y Common ofrecer una versión de “Glory”, su himno a la justicia social.

    Cuatro expresidentes estuvieron sentados en el escenario con cortesía y cordialidad. Michelle Obama habló con franqueza sobre los obstáculos que se habían interpuesto en el camino de su esposo.

    “Ocho años en el crisol, y ni una sola vez te derretiste por el calor, ni una sola vez dejaste que te endureciera”, dijo. “Y hacerlo todo siendo el primero, con la vara más alta que eso conlleva”.

    Estas son instantáneas del tipo de celebración que, en mi opinión, se merece el 250.º aniversario del país, imágenes que transmiten cordialidad, tranquilidad, orgullo y dignidad. Muestran expresiones de patriotismo más reflexivas, generosas e inclusivas que casi cualquier cosa de la Gran Feria Estatal Estadounidense en la Explanada Nacional, o que la promesa de Trump de que los fuegos artificiales de este año batirán un récord mundial Guinness al lanzar más de 860.000 cohetes. Pero antes de que empiece la fiesta pirotécnica, el presidente va a dar un discurso. Y si se mantiene fiel a su estilo, hablará y hablará y hablará.

    Quiero disfrutar de las vistas y los sonidos de los fuegos artificiales sobre la capital del país igual que lo hice cuando vine por primera vez a Washington. Tal y como lo hice hace solo unos años.

    Como espero volver a hacerlo. Algún día.

    Robin Givhan es una crítica de moda ganadora del Premio Pulitzer y antigua crítica sénior de The Washington Post.

  • Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

    Opinión: Trump me arruinó el 4 de julio

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    En lo que respecta al patriotismo, los estadounidenses nunca hemos sido muy sutiles. Nos encantan las banderas enormes, las parrilladas gigantes y cualquier diorama, funda para cerveza o disfraz para mascotas con motivos de “Dios y patria”. Aplaudimos a los aviones de combate que dejan una estela de humo rojo, blanco y azul. Nos encantan las bandas marciales. Cada año, el 4 de julio, en todo el territorio estadounidense, convertimos el atracón de perros calientes en una forma de amor competitivo por nuestro país mientras celebramos la independencia de nuestra nación de un rey.

    Antes, esta fiesta se volvía una pasarela de pantalones de mezclilla de corte clásico y tops cortos, y todo el mundo tenía un aspecto un poco ridículo, pero el ambiente era cordial y acogedor. Todo el mundo disfrutaba lucir el lábaro estadounidense en la parrillada nacional.

    Era un poco kitsch y un poco bobo. Pero también me hacía sentir eufórica y orgullosa, sobre todo en Washington, adonde me mudé hace más de 30 años para trabajar en The Washington Post. La ciudad se reveló como un lugar a menudo ineficiente, pero también idealista, lleno de personas ambiciosas y superdotadas que elegían el servicio público en lugar de las riquezas de Wall Street o Silicon Valley. En concreto, las mujeres que conocí y a las que empecé a considerar mis amigas destacaban en campos que yo apenas podía comprender: la lucha contra el terrorismo, la ayuda y el desarrollo internacionales, la banca mundial.

    Durante uno de mis primeros veranos aquí, una amiga que cubría la Casa Blanca de Bill Clinton me invitó a acompañarla para ver los fuegos artificiales del 4 de julio desde los jardines de la residencia oficial. La explosión de color fue gloriosa. Dondequiera que te hubieras sentado para ver los fuegos, contemplarlos sobre la capital del país era algo especial, no porque el espectáculo fuera inmenso, sino porque era aquí. No hay nada como ver cohetes y bengalas rojos, blancos y azules con la Casa Blanca, el Monumento a Washington y la Explanada Nacional como telón de fondo.

    Vuelve a ser el 4 de julio; esta vez, el punto álgido de un año entero de celebraciones por el 250.º aniversario de la nación. Las conocidas guirnaldas rojas, blancas y azules cuelgan de las ventanas de los monumentales edificios federales de Washington, así como de sus encantadoras casas adosadas. Banderas del tamaño de piscinas de entrenamiento cubren edificios enteros, y los visitantes de la capital se envuelven en el equivalente de “The Star-Spangled Banner”. La habitual avalancha de turistas se ha convertido en un espectáculo casi caricaturesco de visitantes festivos, que compiten entre sí con camisetas que gritan “USA”, bermudas con rayas como las de la bandera y gorras de béisbol con lentejuelas en forma de estrella.

    Pero este año, apenas puedo soportar ver el rojo, el blanco y el azul. Cuando se combinan en una exhibición exagerada de entusiasmo nacionalista, esos colores me parten el corazón.

    Las banderas de los edificios federales son impresionantes, pero cuelgan junto a pancartas con la cara ceñuda del presidente Donald Trump. El presidente se pasó buena parte de la primavera enfocado en limpiar y reparar fuentes que llevaban mucho tiempo inactivas en algunas de las plazas y parques más emblemáticos de Washington, incluida la fuente conmemorativa de Cristóbal Colón, frente a la estación Union.

    La escultura de granito blanco, que antes tenía el color de un cenicero sucio, ahora resplandece. Es una maravilla ver cómo baila el agua en una fuente que llevaba casi 20 años seca. Pero ese placer viene acompañado de la certeza de que las reparaciones las ha orquestado un gobierno que se ve más a sí mismo como un régimen que como guardián de una democracia.

    La imagen desenfadada del “azul de la bandera estadounidense” se ha asociado ahora con el desastre apestoso y pantanoso en que el presidente ha convertido el estanque reflectante, que antes era elegante pero temperamental. Ahora está vallado, como tantas otras cosas en Washington en este momento, desde el parque Lafayette hasta gran parte de la Explanada Nacional.

    Y hace solo unas semanas, el presidente organizó un combate de la Ultimate Fighting Championship en el jardín sur para celebrar su cumpleaños, y convirtió las majestuosas salas públicas de la Casa Blanca en un vestuario glorificado.

    Todo esto está al servicio de la visión que tiene de Estados Unidos un solo hombre.

    La estética del patriotismo en la capital del país ya no tiene nada que ver con cestas de picnic, neveras portátiles a rebosar ni bolsas de lona de LL Bean. Se ha esfumado esa idea inspiradora de que todo el mundo es bienvenido al patio trasero de la nación: amigos, familia y también los recién llegados. Cuando la gente se reúna en la Explanada Nacional para ver los fuegos artificiales, el espectáculo se clasificará como “Evento Nacional de Seguridad Especial”, similar a una toma de posesión o al discurso sobre el Estado de la Unión. Con el aumento de la vigilancia, los visitantes tendrán que llevar un documento de identidad oficial y pasar por detectores de metales. El Servicio Secreto ha prohibido las neveras portátiles, las sillas de jardín y los frisbis. Puede que no tengamos un atuendo tradicional, aparte de pantalones de mezclilla y camiseta, pero ahora sí que tenemos la tradición de llevar nuestras cosas a los eventos públicos en bolsas de plástico transparentes, sacar fotos de nuestros monumentos más bonitos a través de un laberinto de vallas que no se pueden escalar y encontrarnos, prácticamente en cada esquina, con un despliegue de seguridad que incluye a alguaciles federales, policía de parques, Policía Metropolitana, agentes de la Administración de Control de Drogas, el Servicio Secreto y la Guardia Nacional. Hasta los perros están en patrullaje.

    Podría ser tentador decir que se trata de circunstancias inusuales, de sucesos excepcionales. Pero así es como se ve Washington incluso en los días tranquilos. Las barricadas no desaparecen del todo. Las que quedan están entreabiertas solo un poquito para permitir un paso a regañadientes, pero pueden cerrarse de golpe en cualquier momento.

    La sede federal de Washington tiene un aspecto inquietante mientras el país celebra su cumpleaños. Parece a la defensiva y paranoica. En los últimos meses, la Policía del Capitolio ha instalado controles en la calle que separa mi casa de mi ferretería. Dupont Circle, el lugar emblemático que da nombre al barrio de alrededor –con sus profundas raíces en la historia LGBTQ–, fue vallado por la Policía de Parques Nacionales durante el desfile del orgullo en la capital el 20 de junio.

    Solo unos días antes, mientras las cámaras de televisión enfocaban al público repartido por el césped con motivo de la inauguración del Centro Presidencial Obama en Chicago el 18 de junio, me fijé en lo acogedora que parecía la escena. La multitud era diversa en cuanto a raza, edad y género. No se veía mucho rojo, blanco y azul entre esa multitud de Chicago. En el césped del Midway Plaisance de Chicago, donde se celebró la fiesta oficial para ver la inauguración del centro, unas mujeres llevaban una bandera del Juneteenth y los vecinos lucían una mezcla variopinta de camisetas y mezclilla. El público escuchó a Jennifer Hudson cantar el himno nacional, a Christina Aguilera interpretar “What a Wonderful World” —a sugerencia del presidente Barack Obama– y a John Legend y Common ofrecer una versión de “Glory”, su himno a la justicia social.

    Cuatro expresidentes estuvieron sentados en el escenario con cortesía y cordialidad. Michelle Obama habló con franqueza sobre los obstáculos que se habían interpuesto en el camino de su esposo.

    “Ocho años en el crisol, y ni una sola vez te derretiste por el calor, ni una sola vez dejaste que te endureciera”, dijo. “Y hacerlo todo siendo el primero, con la vara más alta que eso conlleva”.

    Estas son instantáneas del tipo de celebración que, en mi opinión, se merece el 250.º aniversario del país, imágenes que transmiten cordialidad, tranquilidad, orgullo y dignidad. Muestran expresiones de patriotismo más reflexivas, generosas e inclusivas que casi cualquier cosa de la Gran Feria Estatal Estadounidense en la Explanada Nacional, o que la promesa de Trump de que los fuegos artificiales de este año batirán un récord mundial Guinness al lanzar más de 860.000 cohetes. Pero antes de que empiece la fiesta pirotécnica, el presidente va a dar un discurso. Y si se mantiene fiel a su estilo, hablará y hablará y hablará.

    Quiero disfrutar de las vistas y los sonidos de los fuegos artificiales sobre la capital del país igual que lo hice cuando vine por primera vez a Washington. Tal y como lo hice hace solo unos años.

    Como espero volver a hacerlo. Algún día.

    Robin Givhan es una crítica de moda ganadora del Premio Pulitzer y antigua crítica sénior de The Washington Post.

  • Quiénes fueron las “madres fundadoras”, clave en la formación de Estados Unidos hace 250 años

    Quiénes fueron las “madres fundadoras”, clave en la formación de Estados Unidos hace 250 años

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    Silueta de una persona con los brazos levantados detrás de una bandera de Estados Unidos iluminada por la luz del atardecer.

    Getty Images
    ¿Hubo también “madres fundadoras” en Estados Unidos?

    En 1916, en la Convención Nacional Republicana en Chicago, el por entonces senador por Ohio, Warren Harding, dijo una frase que agruparía a los creadores de Estados Unidos.

    “Deberíamos ser tan genuinamente estadounidenses hoy como cuando los padres fundadores lanzaron su desafío inmortal frente a las opresiones del viejo mundo y dedicaron una nueva república a la libertad y la justicia”, dijo, según reprodujo el historiador Richard B. Bernstein en su libro The founding fathers reconsidered (“Reconsiderando a los padres fundadores”).

    En ese momento, nadie le prestó mucha atención al término “padres fundadores”, pero con el paso de los años comenzó a utilizarse ampliamente para referirse a los creadores de la identidad nacional estadounidense, aquellos que eran un símbolo de la democracia constitucional, inmunes a la corrupción e íconos patrios.

    Los nombres que se incluyen en la lista de “padres fundadores” pueden variar dependiendo de los criterios que se usen para elegirlos. Algunos solo incluyen a quienes firmaron la Declaración de la Independencia y la Constitución de Estados Unidos. Otros consideran que fueron muchos más quienes fundaron la nación.

    “Como mínimo, la lista incluiría a los siete líderes clave nombrados por el historiador Richard B. Morris en su libro de 1973 Seven Who Shaped Our Destiny (‘Los siete que dieron forma a nuestro destino’): Benjamin Franklin, George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, John Jay, James Madison y Alexander Hamilton”, destaca Bernstein.

    Pero aunque los nombres del listado varíen, hay algo que se repite: todos son hombres.

    ¿Dónde están las mujeres que lucharon codo a codo para la fundación de Estados Unidos como país? ¿Hubo también “madres fundadoras”?

    “¡Por supuesto! Y tendemos a pensar en ellas como las esposas de los ‘padres fundadores’, pero hay muchas ‘madres fundadoras’ que no son necesariamente esposas de los padres fundadores”, señala Mary Beth Norton, profesora emérita del Departamento de Historia de la Universidad Cornell, en Nueva York.

    “Todavía hay gente que escribe la historia de la Revolución y no incluye a las mujeres. Yo lo llamo amnesia de género”, sostiene por su parte Carol Berkin, profesora de Historia retirada de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY).

    ¿Quiénes fueron las “madres fundadoras” de Estados Unidos?

    Las mujeres asumieron un papel activo en la Revolución de EE.UU. y no necesariamente junto a sus maridos.

    Pero no hay que pensar en sus roles como los logros o éxitos que obtenían los hombres y que quedaban plasmados en los libros de historia.

    Tampoco existe una lista oficial ni un número establecido de quiénes fueron esas mujeres. Y el término “madres fundadoras” tampoco fue acuñado por ningún político ni personalidad.

    “Las historiadoras las han llamado así para distinguirlas de sus maridos y para asegurarse de que sabemos que las mujeres también estaban allí cuando se fundó la nación”, aclara Mary Beth Norton.

    En BBC Mundo consultamos a cuatro de las más reconocidas historiadoras que estudiaron el rol de la mujer en la Revolución estadounidense y en la posterior creación de Estados Unidos en los siglos XVIII y XIX.

    Ellas ofrecieron datos, anécdotas y razones por las cuales ciertos nombres deberían estar incluidos en esta lista imaginaria de mujeres que fueron clave para la formación de la nación.

    Esta es una selección de esos nombres que las historiadoras coinciden en que vale la pena destacar.

    1. Martha Washington

    El nombre de Martha Washington (1731-1802) es tal vez el más fácil de agregar a la lista de “madres fundadoras” de Estados Unidos.

    Retrato ilustrado de una mujer sentada con un libro abierto sobre el regazo, vestida con ropa del siglo XVIII.

    Stock Montage/Getty Images
    Retrato de Martha Washington.

    No porque la historia la recuerde como una heroína o revolucionaria, sino porque sencillamente y no menos importante, Martha Washington fue la primera first lady, es decir, la primera primera dama del primer presidente de Estados Unidos, George Washington, quien ocupó el cargo entre 1789 y 1797.

    “Ella no era particularmente carismática. No le interesaba la política. Ella era leal a su esposo y por eso estaba en la escena política”, describe Carol Berkin, quien también es autora de Revolutionary Mothers: Women In The Struggle For America’s Independence (“Madres revolucionarias: mujeres en la lucha por la independencia de Estados Unidos”).

    Martha podría haberse quedado en casa mientras George salía a pelear en la Guerra de los Siete Años (1756-1763) y en la Guerra de Independencia de Estados Unidos (1775-1783). Sin embargo, en los meses de invierno cuando las batallas se suspendían, ella viajaba a los cuarteles para acompañar a su marido y mantener el espíritu de los soldados con su carácter sociable.

    Luego, al convertirse en primera dama, Martha Washington sería un modelo a seguir.

    “Ella ciertamente guio a todas las mujeres con el ejemplo. Incluso cuando Abigail Adams posteriormente asumió ese mismo rol, dijo que sería difícil llenar esos zapatos”, dice Flora Fraser, biógrafa y autora del libro The Washingtons (“Los Washington”).

    “Pienso que ella fue una ‘madre fundadora’ porque creó el rol de pareja del presidente”, destaca.

    2. Abigail Adams

    Abigail Adams (1744 – 1818) es otro de los nombres clave de esta lista.

    Retrato al óleo de una persona sentada con vestido y cofia de encaje, sobre un fondo oscuro.

    Heritage Images vía Getty Images
    Retrato de Abigail Smith Adams del pintor Gilbert Stuart.

    Fue la segunda primera dama de Estados Unidos. Acompañó a John Adams en su presidencia desde 1797 a 1801.

    “Ella es todo un nombre. Era una ferviente patriota, en muchos sentidos más ferviente incluso que su marido. Ella estuvo muy a favor de la independencia estadounidense”, asegura Mary Beth Norton.

    Se conserva una gran cantidad de correspondencia entre ambos donde se refleja la relación amorosa que tenían y las demandas que ella le hacia a él.

    Tal vez una de las cartas más famosas sea la del 31 de marzo de 1776 en la cual se destaca este párrafo traducido:

    “Anhelo saber que ha declarado la independencia y, por cierto, en el nuevo Código de Leyes que supongo que será necesario que haga, deseo que recuerde a las Damas y sea más generoso y favorable con ellas que sus antepasados. No ponga ese poder ilimitado en manos de los maridos. Recuerde que todos los hombres serían tiranos si pudieran. Si no se presta especial atención y cuidado a las Damas estamos decididas a fomentar una Rebelión, y no nos mantendremos sujetas a ninguna Ley en la que no tengamos voz o Representación”.

    Muchos malinterpretan estas palabras y creen que Abigail Adams estaba reclamando el derecho al voto femenino.

    “Lo que estaba pidiendo era una reforma de las leyes matrimoniales (…) debido a que en esa época, una vez que se casaban, las mujeres pasaban a estar bajo el control de sus maridos al igual que sus propiedades y ellos tenían la disposición de los hijos”, describe Norton.

    Estatua de bronce de dos figuras con vestimenta del siglo XVIII frente a un edificio histórico y árboles.

    Visions of America/Universal Images Group vía Getty Images
    Estatua de Abigail Adams y su hijo John Quincy Adams.

    En concreto, “Abigail no logró convencer a John. No funcionó. John se rió de ella”, dice la historiadora que es autora de Founding Mothers & Fathers: Gendered Power and the Forming of American Society (“Madres y padres fundadores: el poder de género y la formación de la sociedad estadounidense”).

    ¿Qué hubiera pasado si esa reforma se hubiera aprobado y las mujeres conseguían esa igualdad de derechos?

    “Personalmente, creo que si ella se hubiera salido con la suya y se hubieran reformado las leyes, eso habría dado forma a la vida de las mujeres mucho más que tener el voto”, opina Carol Berkin.

    Pero aunque Abigail perdió esa batalla con su marido, que casualmente era el presidente de Estados Unidos, no se quedaba callada.

    “Ella tenía una opinión sobre todo y John la escuchaba. Era su principal asesora política. Era ingeniosa, divertida y políticamente astuta. Habría sido mejor política que su marido, te lo aseguro”, sugiere la historiadora Berkin.

    3. Mercy Otis Warren

    Las especialistas coinciden en que Mercy Otis Warren (1728 – 1814) es una “madre fundadora” porque ella misma fue una de las primeras que escribió sobre los días de la Revolución en el país y era una patriota comprometida.

    “Fue una de las primeras historiadoras de la Revolución. Escribió obras de teatro y poemas en apoyo de la causa estadounidense que se publicaron durante la guerra”, afirma Norton.

    Durante el debate sobre la Constitución de Estados Unidos en 1788, publicó “Observaciones sobre la nueva constitución y sobre las convenciones Federales y estatales”, escrito bajo el seudónimo de “Un patriota de Columbia”.

    En ese folleto se oponía a la ratificación del documento y defendía la inclusión de una Declaración de Derechos.

    Grabado en blanco y negro de una persona con vestimenta y cofia del siglo XVIII, vista de medio cuerpo.

    Kean Collection/Getty Images
    Retrato de Mercy Otis Warren.

    Mercy Otis Warren también pertenecía a un grupo de élite. Estaba casada con James Warren, un político destacado de Massachusetts.

    “Era amiga de Abigail y John Adams, y él recibió consejos políticos de ella, pero luego se le vuelve en contra cuando sus políticas difieren. Creo que es una persona importante que la gente realmente debería conocer”, analiza Cassandra Good, profesora asistente de Historia en la Universidad Marymount, Virginia.

    Para la historiadora Carol Berkin, Mercy Otis Warren “escribió la propaganda más importante en la década de 1770 para la resistencia contra Gran Bretaña”.

    “Ella le dio un idioma, por así decirlo, al público estadounidense, escribiendo la historia de la revolución en varios volúmenes. Fue una mujer realmente fascinante, defensora de la igualdad y la educación femenina”, afirma.

    4. Judith Sargent Murray

    Judith Sargent Murray (1751-1820) “en muchos sentidos es la primera feminista estadounidense”, dice Mary Beth Norton.

    Ella es otra de las mujeres privilegiadas que surgió de una familia acomodada y que recibió una buena educación.

    “Escribió numerosos ensayos bajo seudónimos, lo cual era muy común en ese momento en las publicaciones estadounidenses, que se sumaron a los primeros argumentos a favor del feminismo, de la educación igualitaria, de que las mujeres puedan controlar su propia familia y fortuna y no dejar que sus bienes familiares vayan a manos de sus maridos”, resume Norton.

    Uno de esos ensayos es On the Equality of the Sexes (“Sobre la igualdad de sexos”), escrito en la década de 1790 en el que Murray plantea el argumento de la igualdad espiritual e intelectual entre hombres y mujeres.

    “Creo que definitivamente merece ser llamada ‘madre fundadora’, aunque no asumió un papel tan destacado en la Revolución misma. Era un poco más joven, pero fue muy importante como fundadora del feminismo estadounidense”, señala Norton.

    Retrato al óleo de una persona sentada con vestido claro y manto oscuro, sosteniendo un abanico floral sobre el regazo.

    John Singleton Copley / Dominio público
    Retrato de Judith Sargent Murray del artista John Singleton Copley.

    La historiadora Carol Berkin coincide y dice que Judith Sargent Murray es una de las principales teóricas de los derechos de la mujer.

    “Ella argumentó que las mujeres eran intelectualmente iguales a los hombres y perfectamente capaces de hacer cualquier cosa que un hombre pudiera hacer. Sin embargo, seguía pensando que la actividad principal de las mujeres estaba en el hogar”, describe.

    “Judith Sargent Murray insistió en que las mujeres fueran educadas y que la razón por la que las mujeres parecían menos inteligentes que los hombres era porque nunca recibieron educación formal”, resume Berkin.

    5. Elizabeth Powel

    Elizabeth Powel (1743-1830) fue una mujer de la alta sociedad de Filadelfia que sabía relacionarse con el poder.

    Las historiadoras la destacan como una “madre fundadora” por sus lazos con los nombres más prominentes de la época y por su influencia en ellos.

    Ella era la esposa de Samuel Powel quien fuera alcalde de Filadelfia y era amiga de George Washington, a quien le escribió una carta diciéndole que no podía renunciar después de un período presidencial y que necesitaba postularse nuevamente.

    “También es quien supuestamente después de la Convención Constitucional, le preguntó a Benjamin Franklin con qué tipo de gobierno terminamos. Y él dijo: ‘A republic, if you can keep it‘ (‘Una república, si podemos mantenerla’), relata la profesora Cassandra Good.

    Retrato pictórico inacabado de una persona con cabello empolvado y vestido claro, sobre un fondo oscuro.

    Mount Vernon Ladies’ Association
    Retrato de Elizabeth Powel a sus 50 años en la colección de Mount Vernon.

    “Esa línea se repite una y otra vez (en la historia de EE.UU.), pero no se menciona que fuera una respuesta a Elizabeth Powel. Ella más tarde dijo que no recordaba haber hecho esa pregunta porque hablaba con ellos todos los días como si estuvieran pasando el rato en su casa”, añade Good.

    La historiadora Flora Fraser concuerda. “Yo diría que es una ‘madre fundadora’. Ella mantenía correspondencia con Washington y se puede ver en ella que se sentía absolutamente en igualdad de condiciones con él”, opina.

    “Elizabeth Powel es un emblema de la libertad y su voz estaba en el centro de la revolución”, añade Fraser.

    6. Phillis Wheatley

    El nombre de Phillis Wheatley (1753-1784) es tal vez el menos pensado en esta lista de “madres fundadoras” en una sociedad dominada por una elite blanca y de dinero.

    Phillis Wheatley nació en África Occidental, fue vendida como esclava a los 7 años y transportada a América del Norte.

    Fue esclavizada por la familia Wheatley de Boston, con la que aprendió a leer y escribir.

    Pero Phillis Wheatley supo explotar su talento y fue la primera autora afroestadounidense que escribió poesía y publicó un libro.

    “Realmente se convirtió en una de las principales poetas de la Revolución Estadounidense. George Washington leía toda su poesía e intentó que los periódicos de Virginia la publicaran”, cuenta Carol Berkin.

    Grabado histórico de una persona sentada escribiendo con una pluma en una mesa, dentro de un marco ovalado.

    Stock Montage/Getty Images
    Pintura de la poeta afroestadounidense Phillis Wheatley.

    Aunque la historiadora advierte que su poesía no encajaría bien con los valores actuales de la sociedad.

    “Una de las cosas que dijo, y que la convierte en una figura controvertida, es que insistió en que los afroestadounidenses eran afortunados por haber sido traídos a América del Norte, incluso como esclavos”, describe Berkin.

    “Esto generó un gran debate pero yo diría que fue una especie de licencia poética sobre las oportunidades que tuvo tras haber sido traída a este maravilloso país de la libertad”, agrega.

    Phillis Wheatley se casó y se mudó a Inglaterra, donde murió en la pobreza.

    “Ella es alguien que todos los niños de la escuela conocen ahora. Está a la misma altura de los ‘padres fundadores’, a pesar de que era una niña en ese momento”, opina Berkin.

    Fraser coincide en que es “una ‘madre fundadora’ porque es una de las primeras mujeres afroestadounidenses en incursionar en la literatura y tener una voz en la Revolución”.

    “En el siglo XIX eso era poco común en el mundo anglófono, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña”, analiza.

    Más “madres fundadoras”

    Y la lista sigue.

    Se pueden incluir nombres de mujeres que colaboraron de manera clave con la Revolución como Esther De Berdt Reed (1746-1780), quien decidió iniciar una colecta entre la alta sociedad de Filadelfia para los soldados “para mostrarles que las mujeres estadounidenses estaban con ellos en el esfuerzo de guerra”, destaca Mary Beth Norton.

    También está la historia de Betsy Ross y la creación de la primera bandera estadounidense.

    “Se supone que fue ella, pero no hay una primera bandera de la que sepamos. Fue su nieto quien planteó esta idea en la celebración del centenario de la Revolución en 1876, pero nadie puede saberlo con certeza”, añade Norton.

    Algunas de las historiadoras sostienen que hubo “madres fundadoras” que eran nativas americanas como Molly Brant (1736-1796), líder de la tribu Mohawk en Nueva York y Canadá durante la Revolución Estadounidense que estaba encargada de las negociaciones diplomáticas con los británicos.

    O Elizabeth Freeman (1744-1829) de Massachusetts, también conocida como Bet, Mum Bett​ or MumBet, quien fue la primera afroestadounidense que presentó una demanda para lograr su libertad y la ganó.

    “No solo ganó su libertad, sino que básicamente la corte en Massachusetts dijo, sí, ya no puede haber esclavitud. Así que fueron sus acciones las que ayudaron a poner fin a la esclavitud allí”, explica Cassandra Good.

    Pequeño retrato enmarcado de una persona con vestido azul y cofia blanca, exhibido sobre una mesa.

    The Boston Globe vía Getty Images
    La legislatura de Massachusetts homenajeó a Elizabeth Freeman en la Cámara de Representantes en 2014. Mamá Bett fue la primera esclava liberada bajo la constitución del estado después de que ella demandó por su libertad en 1781.

    Y también están las mujeres que fueron clave para que la Revolución y la fundación del país fueran posibles y de las que no se sabe su identidad.

    “Existen un montón de historias sobre mujeres que fueron mensajeras de los militares, niñas de 14 años que arriesgaron sus vidas, mujeres que se dedicaron al sabotaje para evitar que el ejército británico encontrara las armas que estaban escondidas o que quemaron sus propias cosechas para que el ejército británico no pudiera alimentarse”, enumera Carol Berkin.

    “Ellas también compartieron el sacrificio y sostuvieron el patriotismo de los soldados comunes. Y aunque no conocemos los nombres de muchas de ellas, también son ‘madres fundadoras’”, concluyó.

    *Este artículo fue publicado originalmente el 4 de julio de 2021.

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    BBC

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  • ¡A octavos de final! Colombia se permite soñar en el Mundial tras una corta pero merecida victoria ante Ghana en que remató 20 veces

    ¡A octavos de final! Colombia se permite soñar en el Mundial tras una corta pero merecida victoria ante Ghana en que remató 20 veces

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    Jhon Arias celebra el primer gol de Colombia.

    Hakan Akgun/Anadolu via Getty Images
    Jhon Arias anotó el primer tanto para Colombia en el minuto 14.

    En Bogotá rara vez se escucha el silencio. Tráfico, lluvia, música. Sonidos que no cesan, salvo cuando juega Colombia y la ciudad entra en letargo y se paraliza, a la espera de volver a bullir con un gol cafetero.

    Ante Ghana fue solo uno, pero pudieron ser más, porque el combinado de Néstor Lorenzo dominó con autoridad el partido para llevárselo por 1-0 y avanzar a octavos de final del Mundial, donde les espera Suiza.

    Un gol tempranero de Jhon Arias en el minuto 14 dio el triunfo a los colombianos, que completaron su cuarto partido, invictos, y con un saldo destacable de cinco tantos a favor y uno en contra.

    Colombia dominó el partido sin discusión. Tuvo la pelota más del 60% del tiempo y remató 20 veces, ocho entre los tres palos, por ocho tiros y ninguno al arco de los ghaneses.

    Camilo Vargas, el meta colombiano, tendrá pocas noches tan tranquilas como la de este 3 de julio en Kansas, Estados Unidos.

    Hasta el momento Colombia se ha enfrentado a Uzbekistán, RD Congo, Portugal y Ghana.

    Suiza parece asequible en un lado del cuadro donde Argentina y Egipto se disputarán el otro tiquete a cuartos de final que jugarían los cafeteros de avanzar.

    Queda mucho por remar, pero los cafeteros han demostrado calidad, dinamismo y fiabilidad.

    El torneo, además, viene lleno de sorpresas. Apenas unas horas antes del partido, Cabo Verde llevó a Argentina a la prórroga y casi les cuesta un disgusto.

    Colombia da motivos para ilusionarse.

    Dominio desde el comienzo

    Jugadores colombianos celebran el único gol de Jhon Arias en el minuto 14.

    Getty Images
    Los colombianos pudieron irse con más de un gol de un partido que dominaron por completo.

    Colombia intimidó desde el himno, cuando decenas de miles de gargantas estremecieron el Estadio Kansas City, haciéndose sentir más que los ghaneses en un escenario con alrededor de 70.000 asistentes en las gradas.

    A más de 4.400 kilómetros de distancia, en Bogotá, incontables capitalinos vestidos con la casaca amarilla se pusieron también en modo de partido desde el alba, para luego reunirse entre amigos y familias en departamentos, tienditas y bares.

    Pitazo inicial a las 8.30 pm hora colombiana y Ghana empezó asustando. Un derechazo de Thomas Partey rozó el poste derecho del meta Vargas ante de cumplirse el primer minuto.

    El partido continuó accidentado.

    Sobre el minuto 5 el ariete colombiano Jhon Córdoba se retiró lesionado del partido. Luis Suárez lo sustituyó.

    Espejismo del lado ghanés. Apenas un par de minutos después el lateral derecho Marvin Senaya se resintió y fue reemplazado por Alidu Seidu.

    Los equipos no se resarcían de los cambios forzados cuando llegó el gol único del encuentro. Desde la derecha el recién ingresado Suárez sirvió un balón al segundo palo.

    Encontró solo, cómodo, a Jhon Arias. El ’11’ apenas puso el interior del pie para batir por bajo a Ati Zigi, quien corría hacia el palo contrario y el gol lo agarró a contrapié.

    Ahí se creció Colombia. Movió la pelota con criterio. Cuando no la tenía, presionó arriba.

    No dejó respirar a Ghana, que apenas intimidó en la primera mitad y, cuando pareció animarse, una contra colombiana casi acabó con gol de Luis Díaz, quien remató contra el lateral de la red con todo para marcar.

    A punto estuvo de irse con una renta mayor al descanso Colombia cuando el lateral izquierdo Johan Mojica recibió un centro desde la derecha, como en el gol de Arias, para cabecear una pelota que sacó Ati Zigi sobre la línea.

    Aluvión sin premio

    La segunda parte arrancó con sorpresas en el plantel. James Rodríguez, una de las estrellas del equipo, se quedó en el banquillo.

    Pero en juego Colombia carburó igual que acabó la primera mitad, volcada sobre el área rival.

    Antes del 57′ Luis Díaz marcó un gol, anulado en fuera de juego por medio cuerpo, y falló un mano a mano ante el portero con un remate que le salió demasiado centrado.

    Entonces se sucedió el aluvión de ocasiones. Ghana apenas pudo hacerse con la pelota e intimidar el arco rival.

    Para destacar en el segundo tiempo la actuación de Juan Quintero. Ingresó en el 73′ y maravilló con su zurda de oro.

    A punto estuvo de colar un golazo con un zurdazo desde fuera del área que no entró por poco.

    Los colombianos convirtieron en héroe en Ati Zigi, que atajó todo lo que pudo ante un ataque incontenible.

    Difícil predecir el sino de esta selección mientras se aprietan las tuercas y las más grandes se crucen por el camino.

    Fácil de asegurar que merecerá ver cada partido. Así de divertidos han sido los cafeteros desde que debutaron en el torneo.

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    BBC

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  • ¿Por qué Adam Sandler ofició la boda de Swift y Kelce?

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    El actor desempeñó un papel especial (y para algunos sorprendente) en la unión.

    Aunque la noticia de que Taylor Swift y Travis Kelce ya están oficialmente casados quizá no haya sido una sorpresa –después de semanas de expectación y de que se filtraran pistas sobre el evento–, lo más sorprendente puede que haya sido quién ofició la ceremonia: Adam Sandler.

    Una representante de Swift confirmó en un comunicado que en la ceremonia, celebrada en el Madison Square Garden, estuvieron presentes Austin Swift, el hermano de Taylor, que hizo de “padrino de honor” de Swift, y Jason Kelce, que fue el padrino del novio. El comunicado también decñia que Sandler había oficiado la ceremonia, describiéndolo como un amigo.

    Ciertamente, hay vínculos: Kelce apareció junto a Sandler, el actor y comediante, en un cameo el año pasado en Happy Gilmore 2, la secuela del éxito de Sandler de 1996 sobre un inusual héroe del golf de clase trabajadora. Kelce, un destacado ala cerrada de los Kansas City Chiefs, había publicado en Instagram sobre la experiencia, junto con una serie de fotos de él y Sandler en el estadio.

    “Amigo, ¡esta vida es una locura!”, escribió Kelce. “Me sigue pareciendo tan surrealista haber tenido esta oportunidad”.

    Sandler también fue invitado a New Heights, el pódcast que Kelce copresenta con su hermano, a principios de 2025. “Esto es icónico”, dijo Kelce, ataviado con una gorra de Happy Gilmore, sobre la aparición de Sandler.

    También hubo indicios de la participación del comediante en la boda: el jueves se vio a Sandler en el Garden, y el tabloide británico The Sun pilló a la estrella descargando un portatrajes antes de una pequeña cena de ensayo celebrada en un teatro dentro del recinto.

    Swift también hizo referencia a la película Happy Gilmore en una entrevista el año pasado con Zane Lowe, un DJ, y dijo que el personaje de Happy Gilmore había inspirado en parte la letra de una canción de amor, “Wish Li$t”, de su último álbum.

    “No sé si has visto la película Happy Gilmore, pero él tiene un lugar feliz en el que se refugia, una especie de utopía”, dijo Swift, y añadió: “Y en el estribillo de esa canción simplemente yo describo cuál es mi lugar feliz”.

  • Taylor Swift y Travis Kelce ya están casados

    Taylor Swift y Travis Kelce ya están casados

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    La pareja dio a conocer la noticia a través de un anuncio digital en el exterior del Madison Square Garden, así como con un comunicado de prensa de su publicista.

    Taylor Swift y Travis Kelce están casados, según un comunicado facilitado por una representante de Swift.

    El hermano de Swift, Austin, fungió de su “padrino de honor”, mientras que el hermano de Kelce, Jason, fue su padrino, según el comunicado enviado por correo electrónico por la representante, Tree Paine.

    “La ceremonia unió a ambas familias y la ofició su amigo Adam Sandler”, dijo el comunicado. Tanto Swift como Kelce lucieron atuendos de Christian Dior, diseñados por Jonathan Anderson. Swift también llevaba calzado de Christian Louboutin hechos a medida y joyas de Cartier.

    La boda también se anunció en una valla digital situada fuera del Madison Square Garden, donde Swift y Kelce celebraban un evento repleto de estrellas el viernes.

    “JusT&T Married”, se leía, un juego de palabras con las iniciales de Swift y Kelce para anunciar que estaban recién casados.

    Su boda se esperaba con gran expectación hacía meses, desde las especulaciones de la prensa sensacionalista sobre fechas y lugares hasta los mercados de predicción que aceptaban apuestas sobre los detalles del gran día. El evento, la unión de dos superestrellas en sus respectivos campos –la música y el deporte–, fue aclamado por algunos fans como una especie de boda real estadounidense.

    La relación de la pareja empezó con un encuentro fallido en 2023, después de que Kelce intentara, infructuosamente, darle su número a Swift en una parada de la gira “Eras Tour” en su ciudad natal, el Arrowhead Stadium de Kansas City, Misuri. Más tarde se lamentó de no haber podido contactar con Swift en un episodio de New Heights, el pódcast que presenta junto a su hermano, el exjugador de fútbol americano profesional Jason Kelce.

    Eso llamó la atención de Swift, y a ella le pareció adorable y “supermetalero” que Kelce la mencionara en ese episodio de julio, según contó a la revista Time.

    En una entrevista posterior en New Heights, Swift describió que Kelce había montado una “rabieta de hombre” cuando aquel primer encuentro no salió bien. “Fue un gesto romántico de locos decir simplemente: ‘Quiero salir contigo’”, añadió.

    La cantante y el deportista empezaron a salir poco después de la “rabieta de hombre” de Kelce, lejos de los reflectores.

    “De hecho, pasamos bastante tiempo juntos sin que nadie lo supiera”, explicó Swift a la revista Time sobre la relación, “y estoy agradecida por ello, porque así pudimos conocernos mejor”. Añadió: “Para cuando fui a ese primer partido, ya éramos pareja”.

    Swift se convirtió en una presencia habitual y muy fotografiada en el circuito de la NFL, incluso cuando hizo un viaje relámpago desde Tokio –donde estaba actuando en la gira “Eras Tour”– a Las Vegas para ver a Kelce y a sus compañeros ganar el Super Bowl en 2024. Kelce, por su parte, apareció en el escenario en junio de ese año en un concierto de Londres de la gira de Swift, luciendo un sombrero de copa para un número al estilo vodevil durante la sección Tortured Poets Department del espectáculo. (Algunos fans han especulado con que varias canciones de esos álbumes tratan sobre Kelce, incluida “The Alchemy”, una canción de amor salpicada de referencias al fútbol americano).

    La pareja anunció su compromiso el pasado agosto en Instagram con una serie de fotos acompañadas del pie de foto: “Tu profe de inglés y el profe de educación física se van a casar”, junto con un emoji de petardo. (O, en la jerga de los fans más avispados de Swift, un emoji de TNT, por trinitrotolueno, o Taylor ‘n’ Travis –¿captas?). La publicación también incluía un fragmento de la canción “So High School”, otro tema de The Tortured Poets Department, que los fans creen que trata sobre Kelce.

    En las fotos, Kelce aparece de rodillas ante Swift bajo un elaborado arco floral. Ambos llevan ropa de Ralph Lauren. En el dedo de Swift se ve lo que parece ser un diamante engastado en bisel sobre una alianza de oro amarillo.

    El anillo de compromiso, diseñado por Kindred Lubeck, de Artifex Fine Jewelry en Nueva York, cuenta con una piedra que se estima que tiene entre siete y nueve quilates y podría haber tenido un costo entre 250.000 y 500.000 dólares, según explicó Ann Grimmett, vicepresidenta de comercialización de Jared Jewelers, a The New York Times. Swift dijo en el programa de radio británico Heart Breakfast que le había enviado un video del trabajo de Lubeck a Kelce más de un año antes de que él le pidiera matrimonio. Le conmovió que Kelce hubiera prestado tanta atención.

    Las fotos desataron un frenesí en internet, ya que los fans especularon sin parar sobre cómo sería la boda de la pareja, analizando antiguas entrevistas con Kelce e incluso las letras de las canciones de Swift en busca de pistas.

    “La verdad es que no conozco a nadie que se haya casado en otoño”, dijo Kelce en un episodio de 2025 de New Heights. “Todas las bodas a las que he ido, y todas las de mis amigos, se celebran en verano”. En otro episodio, le contó a Jimmy Fallon que a la pareja le “encanta la música en vivo”.

    Al principio corrieron rumores de que la pareja se casaría en Rhode Island, donde Swift tiene una casa en el barrio de Watch Hill, en Westerly, conocida como Holiday House, que compró en 2013 por 17,75 millones de dólares en una operación que, según se dice, se pagó íntegramente en efectivo.

    La mansión aparece mucho en la canción de Swift “The Last Great American Dynasty”, que cuenta la historia de la propietaria original de la casa, la heredera del petróleo Rebekah Harkness. También se sabe que Swift organiza fiestas repletas de famosos en la finca, sobre todo para celebrar el 4 de julio.

  • Dior viste de novia a Taylor Swift y se lleva el premio mayor

    Dior viste de novia a Taylor Swift y se lleva el premio mayor

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    La estrella del pop dijo “Sí, acepto” con un vestido diseñado por Jonathan Anderson, el director creativo de la casa francesa.

    Por fin se acaban las especulaciones. Antes de dar el “sí, acepto” a Travis Kelce, Taylor Swift dijo “sí, acepto” a un vestido… de Dior.

    Un comunicado facilitado por una representante de Swift confirmó que el diseñador de su vestido de novia es Jonathan Anderson, el relativamente nuevo director creativo de la casa francesa, quien, desde que se incorporó el año pasado, tiene la misión de revitalizar su imagen a nivel mundial. Crear el que podría ser el vestido más mediático del año –y que seguramente inspirará a un montón de imitadores– es una forma de lograrlo. Aún no se han publicado fotos del vestido.

    Es todo un logro para Anderson, sobre todo después de que Dua Lipa eligiera a Chanel, rival de Dior, para su reciente boda. Es una victoria para Delphine Arnault, la directora ejecutiva de Dior, que luchó por traer a Anderson a la marca. Y es la confirmación de que Swift, cuyo gusto se inclina más por los cuentos de hadas que por lo vanguardista, excéntrico o discreto, y que al parecer nunca se ha creído el esnobismo del mundo de la alta costura, estaba pensando tanto en la posteridad como en las princesas a la hora de organizar este evento en concreto.

    Conseguir que el nuevo diseñador de moda del momento, de una de las casas de alta costura con más historia de París, te diseñe el vestido, al igual que celebrar tu boda en un estadio gigante en pleno centro de una de las ciudades más bulliciosas del mundo, en uno de los fines de semana más ajetreados, es todo un alarde.

    Cabe destacar que esta es la primera vez que Swift luce un diseño de Anderson para Dior, aunque ya llevó un conjunto de corsé y cola de tartán de su predecesora, Maria Grazia Chiuri, en los MTV Video Music Awards de 2024 y, desde abril, ha estado luciendo una variedad de bolsos de Dior.

    Algunos habían especulado con que Ralph Lauren podría ser el diseñador elegido, en parte por su reputación como el diseñador “típicamente estadounidense”, y en parte porque la boda tuvo lugar el fin de semana del 4 de julio, y tanto Swift como Kelce habían lucido diseños de Lauren en su sesión de fotos de compromiso.

    Otros apostaban por Schiaparelli, ya que Swift había lucido un vestido blanco de esta diseñadora en los Grammy de 2024 –aunque eso, junto con el hecho de que tanto Lauren Sánchez Bezos como Dua Lipa habían llevado Schiaparelli en sus bodas, parecía descartar esa opción–. Vivienne Westwood también era una de las candidatas, de nuevo por los Grammy, y porque a Swift le encanta el romanticismo y el estilo histórico de un corsé y una falda con volantes, y ninguna marca lo hace mejor.

    Curiosamente, ni siquiera Vogue, en sus especulaciones sobre quién podría confeccionar el vestido, había mencionado a Dior, aunque The Hollywood Reporter barajó públicamente la marca como una posibilidad a principios de esta semana. En ese momento, Dior, como era de esperar, se negó a hacer comentarios.

    El comunicado de la representante de Swift describía el vestido como el “primer vestido de novia de alta costura de Anderson para una celebridad de renombre mundial”. Pero Anderson ya había diseñado vestidos de novia para clientes privados anteriormente. En junio, la modelo Ming Xi lució un vestido de alta costura de Dior de manga larga y cuello barco, con una espalda que se abría como las alas de un pájaro, para su boda con el empresario Mario Ho; mientras que, más tarde ese mismo mes, la influente brasileña Elisa Zarzur siguió sus pasos con un elaborado body de alta costura de Dior de encaje bordado, con otra espalda abierta y alada, bajo una gran falda de satén para su boda.

    Anderson también había cerrado su primer desfile de alta costura, celebrado en enero, con un vestido de novia: un modelo de un solo hombro, cubierto de cientos de pétalos translúcidos, como una mezcla entre Titania y un ángel de nieve. Quizá haya sido una especie de audición.

    Si es así, funcionó.

  • Argentina sobrevive en el Mundial ante un valiente Cabo Verde que llevó el partido a la prórroga e hizo sufrir a los de Messi hasta el último minuto

    Argentina sobrevive en el Mundial ante un valiente Cabo Verde que llevó el partido a la prórroga e hizo sufrir a los de Messi hasta el último minuto

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    Argentina logró su pase a octavos del Mundial tras una sufrida victoria 3-2 frente a Cabo Verde, la selección sorpresa del campeonato que puso a los de Messi contra las cuerdas llevando el partido a la prórroga.

    Más información en unos instantes.

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    BBC

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