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“¿Ahora estamos en la Unión Soviética?”, preguntó una mujer rusa, atónita y frustrada por las esperas para cargar combustible.
Alyona Sadovnikova vivió por primera vez la escasez de gasolina a mediados de junio, cuando se detuvo en una gasolinera y le dijeron que solo atendían a clientes con cupones de racionamiento.
“Me quedé horrorizada: ¿ahora estamos en la Unión Soviética, donde tenías que conseguir cupones para comprar salchichas?”, dijo en una entrevista telefónica.
Apenas unos días después, Sadovnikova estaba esperando 18 horas para abastecerse en la ciudad de Irkutsk, en el este de Siberia, a más de 4820 kilómetros de la frontera con Ucrania.
Mientras Ucrania intensifica sus ataques contra las infraestructuras petroleras rusas, incluso algunas situadas en lo más profundo del territorio ruso, las refinerías de todo el país se han visto obligadas a cerrar para hacer reparaciones importantes.
Esto ha provocado una escasez de gasolina que muchos ciudadanos rusos no habían visto en toda su vida. Empezó en mayo en la Crimea ocupada por Rusia y desde entonces se ha extendido al resto de Rusia e incluso a Siberia.
La situación es tan grave que esta semana las autoridades rusas dijeron que están en conversaciones para estudiar la posibilidad de importar crudo, una sorprendente admisión para el tercer mayor productor de petróleo del mundo. El viernes, las autoridades de la ciudad de Novorossiysk, en el mar Negro –donde se encuentra la mayor terminal de exportación de petróleo de Rusia–, anunciaron que suspendían la venta de gasolina para usuarios particulares.
Las largas filas para cargar combustible son uno de los ejemplos más claros y tangibles de cómo la guerra con Ucrania afecta la vida cotidiana en Rusia, y representan un reto para el presidente Vladimir Putin, que ha hecho todo lo posible por sofocar cualquier oposición a la guerra. La frustración es tan grande que se han producido peleas a puñetazos entre conductores exasperados que llevan horas esperando en la fila.
“La escasez de gasolina ya no solo es un problema económico: es una prueba para la capacidad gubernamental de gestionar una crisis aguda que afecta de lleno la normalidad cotidiana”, dijo Ilya Grashchenkov, analista político radicado en Moscú, en una nota de investigación.
Solo dos regiones rusas, la poco poblada Chukotka, en el Lejano Oriente, y Kalmukia, en el sur, no han sufrido escasez de combustible ni restricciones en la venta, según un recuento elaborado por varios medios de comunicación independientes de Rusia. Las largas filas en las gasolineras se han convertido en algo habitual, y han surgido páginas web colaborativas para hacer un seguimiento del suministro en cada estación de servicio. Hasta un 20 por ciento de los taxistas del país están optando por quedarse en casa debido a la congestión en las gasolineras, según informó el periódico ruso Kommersant.
Las regiones más pobladas alrededor de la capital rusa parecían ser las más vulnerables a la escasez. La refinería de Moscú y una importante refinería en Tartaristán, a unos 960 kilómetros al este de la capital, que representan el 10 por ciento de la capacidad total de gasolina de Rusia, han cerrado, según se informa, después de los ataques ucranianos.
El miércoles por la tarde, una decena de conductores colapsaron la concurrida autopista de Moscú a San Petersburgo, formando una fila en una de las pocas gasolineras que aún contaban con combustible.
Es una imagen totalmente desconocida para los rusos que crecieron en un país con una producción petrolera en pleno auge.
Una generación mayor, que “vio las estanterías vacías en los supermercados” durante la caída de la Unión Soviética, está mentalmente más preparada, dijo Boris Nadezhdin, un político de la oposición de 63 años. “Pero para la gente de entre 20 y 30 años, esto es un auténtico shock”.
Aunque el gobierno había subsidiado a las petroleras para mantener la gasolina a un precio asequible, los precios no han dejado de subir. El precio medio por litro en la última semana de junio fue de 0,93 dólares, un 1,6 por ciento más que la semana anterior, según la Agencia de Estadística de Rusia.
En las gasolineras independientes de Grozni, la capital de Chechenia, los precios han subido de unos 70 rublos por litro (0,90 dólares) hasta 100 rublos (1,30 dólares), dijo un cliente, Said-Hasan, un hombre de 42 años que pidió que no se revelara su apellido por motivos de seguridad. Las gasolineras de la empresa estatal Rosneft han mantenido los precios bajos, pero se forman largas filas para cargar. Said-Hasan dijo que a principios de esta semana hizo un viaje corto en coche a la región vecina de Ingushetia para conseguir gasolina más barata, aunque no pudo repostar más de 30 litros debido al racionamiento.
Las gasolineras más pequeñas e independientes del sur están vacías, señalizadas con conos de tráfico y carteles de “Sin gasolina”, según Alexander, un conductor profesional de 33 años que viaja mucho por las regiones de Krasnodar y Rostov. Él también pidió que no se revelara su apellido.
Al menos un tercio de las gasolineras de Krasnodar, la tercera región más grande de Rusia, han cerrado, según dijo el miércoles Evgeny Pergun, el vicegobernador de esa zona, ante la asamblea legislativa local.
Algunos rusos han recurrido al humor para sobrellevar la situación. En una publicación que se ha vuelto viral, un bloguero ruso imaginaba que los usuarios de una popular aplicación para pedir taxis pronto podrían elegir un caballo entre las opciones de transporte.
La escasez parece ser especialmente grave en el este de Siberia y el Lejano Oriente.
Las filas en la región de Irkutsk han sido tan largas que las autoridades prometieron instalar baños portátiles a lo largo de las autopistas para atender a los conductores. Igor Kobzev, el gobernador local, declaró el domingo el estado de alerta máxima –un peldaño por debajo del estado de emergencia–.
Junto con su marido y su bebé de 18 meses, Sadovnikova, la mujer de Irkutsk que trabaja en redes sociales, se unió a la fila en una gasolinera a las 11:00 p. m. del viernes pasado. No consiguió gasolina hasta las 5:00 p. m. del día siguiente. Usaron los baños de la gasolinera y la tienda para ir al baño y comprar algo de picar. Otras personas de la fila, dijo, se mostraron solidarias y compartieron comida y juguetes con su hijo.
“Todo el asunto fue angustioso y agotador”, dijo Sadovnikova, de 26 años, y añadió que tuvo que pasar todo el día siguiente durmiendo por el estrés. “Estamos intentando ahorrar gasolina y esperamos que haya más suministros para cuando se nos vuelva a acabar”.
Sadovnikova dijo que le molestaba que las autoridades de todo el país hayan estado acusando a los rusos de hacer acaparamiento, mientras todas las gasolineras independientes de su ciudad habían cerrado.
En una conferencia celebrada el miércoles, el ministro de Energía de Rusia, Alexander Novak, insistió en que el país solo se enfrentaba a “escasez en algunas gasolineras concretas” que “se soluciona rápidamente”.
Sin embargo, los datos del mercado muestran una realidad diferente.
A mediados de junio, los ataques con drones ucranianos habían dejado fuera de combate aproximadamente un tercio de la capacidad de refinamiento de petróleo de Rusia –unos 2,2 millones de barriles al día–, según Ronald P. Smith, socio fundador de Emerging Markets Oil and Gas Consulting Partners, con sede en Texas. Otros analistas apuntaban a una disminución menor, de alrededor del 25 por ciento.
“Para compensar ese hueco probablemente hará falta que varias plantas grandes vuelvan a poner en marcha su producción de gasolina”, dijo Smith en declaraciones enviadas por correo electrónico. “El tiempo que se tarde en arreglarlo, en realidad, depende de qué es lo que se haya visto afectado”, añadió.
Además de estudiar la posibilidad de importar petróleo, el gobierno ruso también evalúa si va a permitir la producción y venta de una gasolina de menor calidad con mayor contenido en azufre, que se prohibió en Rusia en 2013, según informó el lunes el periódico Kommersant, citando una propuesta del gobierno.
Las autoridades rusas suelen evitar dar a conocer la magnitud de los daños o las molestias que esto representa para los consumidores rusos.
Putin, que rehuye a comentar las malas noticias, rompió el silencio el domingo cuando admitió en una entrevista con la televisión estatal que Rusia estaba sufriendo “cierto déficit” de combustible, “pero no crítico”. Los ataques ucranianos buscaban “sembrar la discordia en la sociedad rusa y obligar a Rusia a detener, aunque fuera por un breve momento, el avance de nuestros soldados en el frente”, dijo, tras convocar una reunión extraordinaria sobre la crisis del combustible.
Muchos rusos culpan directamente al gobierno en general de los problemas del país, pero parecen excluir al propio Putin.
Nadezhdin, la figura de la oposición, dijo que cree que eso va a cambiar. Comentó que cada vez veía a más rusos “dándose cuenta de que es precisamente Putin quien nos ha metido en esto con sus políticas”.
Si los rusos siguen viendo a Putin en la televisión soltando comentarios optimistas sobre el crecimiento económico mientras hacen fila para repostar combustible, dijo, “surgirán las sospechas”.
Milana Mazaeva colaboró con reportería.
Milana Mazaeva colaboró con reportería.






