Esa es la pena de cárcel a la que fue condenado este lunes Ismael “El Mayo” Zambada, el capo del narcotráfico que durante décadas lideró el poderoso cartel de Sinaloa junto a su socio Joaquín “El Chapo” Guzmán.
La condena fue dictada por el juez federal de distrito Brian Cogan en un tribunal federal de Brooklyn.
Zambada, de 76 años, fue detenido por las autoridades federales de EE.UU. en julio de 2024, y en agosto de 2025 se declaró culpable de los cargos de tráfico de drogas que enfrentaba en un tribunal de Nueva York, luego de un acuerdo con la Fiscalía que allanó el camino para esta sentencia.
En esa ocasión también admitió haber sobornado a policías, mandos militares y políticos mexicanos durante tres décadas para facilitar sus actividades criminales.
Previamente, Zambada había sido condenado a pagar una enorme multa reparatoria de US$15.000 millones.
Una detención “bajo engaño”
Zambada fue detenido por las autoridades federales de EE.UU. cerca de El Paso, Texas, el 25 de julio de 2024.
El veterano narcotraficante alega que fue llevado contra su voluntad a territorio estadounidense a través de un engaño de uno de los hijos de “El Chapo”.
Hasta antes de eso, nunca había sido detenido, a diferencia de su socio Joaquín Guzmán, quien fue capturado dos veces en México y que actualmente cumple una condena de cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad estadounidense.
Según las autoridades de EE.UU., el día que fue capturado Zambada se presentó junto a Joaquín Guzmán López, hijo de su antiguo socio El Chapo Guzmán, ante las autoridades federales estadounidenses.
Después se supo que Guzmán López había engañado al “Mayo” Zambada para que se subiera a un avión en México y cruzaran la frontera juntos para “visitar unos proyectos inmobiliarios”.
Una vez en EE.UU., el hijo del “Chapo” lo entregó a las autoridades. En ese momento se ofrecían US$15 millones de recompensa por Zambada.
Confesión criminal
Las autoridades estadounidenses ofrecían una recompensa de US$15 millones por la captura de Zambada.
En la audiencia en la que se declaró culpable, Zambada leyó una declaración en la que aseguró que su vida en el tráfico de drogas se inició en 1969, cuando tenía 19 años.
Admitió que bajo su liderazgo en el cartel de Sinaloa fueron traficados más de 1,5 millones de kilogramos de cocaína, lo que le generó cientos de millones de dólares al año.
“Reconozco el gran daño que las drogas ilegales han causado a los pueblos de Estados Unidos, México y otros lugares”, dijo.
Luego mencionó que su cartel sobornó a policías, mandos militares y políticos para proteger a su organización en sus actividades delictivas, indicó Reuters.
También reconoció haber ordenado a sicarios que asesinaran a sus rivales.
Antes de entrar en el mundo del narcotráfico en los años 70, Zambada fue durante un corto tiempo repartidor de muebles en las calles de Culiacán, luego empezó como traficante en el cartel de Guadalajara, pionero en la industria comerciando opio, marihuana y, al final, cocaína.
Posteriormente trabajó en el cartel de Juárez, primero como mando medio y después como líder, cada vez más cerca de Amado Carrillo, el llamado “Señor de los Cielos”.
Desde ahí se cree que creó su red de contactos en Colombia, país donde hizo grandes amigos y socios productores de cocaína.
A medida que otros capos fueron muriendo o cayendo, Zambada se hizo más poderoso. Pocas veces tuvo problema con traicionar a un aliado.
Y si algo lo diferencia de los otros es que siempre mantuvo un perfil bajo. No hay casi imágenes de él.
Durante sus años de reinado se llegó a reportar se practicó cirugías para cambiar de apariencia. Que tenía muchas mujeres e hijos. Poco más.
Pasó décadas de un lado a otro entre las montañas del noroccidente de México. Era inusual que durmiera dos noches seguidas en el mismo sitio.
Así se fue forjando una leyenda en torno a su habilidad para mantenerse fuera del alcance de las autoridades que llegó a ser registrada en una canción en su honor de Los Tucanes de Tijuana.
“Lo buscan por todos lados y el hombre no está ni escondido”, dice el corrido.
“La ley quiere detenerlo, los contras quieren matarlo, pero nadie lo ha logrado, se les aparece el diablo”, agrega.
La sentencia de este lunes, sin embargo, parece poner punto final a esa leyenda.
*Con reportería de Daniel Pardo y Darío Brooks.
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Andy Burnham asume este lunes como el séptimo primer ministro de Reino Unido en una década.
Andy Burnham asume este lunes como el séptimo primer ministro de Reino Unido en un período de solo 10 años, tras la renuncia de Keir Starmer que estuvo dos años en el cargo.
Burnham, antiguo alcalde del Gran Mánchester, ganó un escaño en el Parlamento Británico en las elecciones extraordinarias del pasado junio, con el objetivo de disputarle el liderazgo a Starmer, que había perdido la confianza del Partido Laborista.
Alcanzó el poder sin competencia alguna, tras recibir el apoyo de 379 parlamentarios laboristas, lo que hizo innecesario una elección interna del partido.
El próximo mandatario de Reino Unido ha prometido cambiar la dirección política del laborismo a la vez que llevará las riendas de todo el país.
Sin embargo, debe estar consciente de que el puesto puede ser efímero, teniendo en cuenta lo sucedido en la última década: cinco de sus seis antecesores renunciaron al cargo antes de completar sus mandatos y solo uno fue derrotado en las urnas tras un breve período en el poder.
Por si alguien tiene dudas, esto no es lo habitual en la política británica. Si aún no está convencido, considere lo siguiente: desde que se creó el cargo de primer ministro en el siglo XVIII, la duración media de los mandatos de quienes lo han ocupado ha sido de unos cinco años.
Sin embargo, en la última década, esa cifra se ha reducido a apenas 18 meses.
¿A qué se debe esta extraordinaria rotación? Naturalmente, existen motivos particulares en cada uno de los seis casos.
De estos seis atecesores de Burnham, cinco dimitieron antes de cumplir todo su mandato.
David Cameron dimitió tras convocar y perder el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE) en 2016.
Theresa May también fue víctima del Brexit. Los diputados rechazaron reiteradamente su propuesta de acuerdo para la nueva relación con la UE, hasta que su posición se volvió insostenible.
Boris Johnson fue apartado del cargo debido, sobre todo, a cuestiones relacionadas con su carácter, integridad y criterio; sus propios compañeros conservadores consideraron que se había convertido más en un lastre que en el activo electoral que fue en su día.
Liz Truss cayó debido a la reacción de los mercados financieros ante sus planes de recortes fiscales, los cuales —a juicio de los inversores— carecían de los fondos necesarios para financiarlos.
El último conservador de la lista, Rishi Sunak, fue el único que perdió el puesto tras ser derrotado en unas elecciones, apartado por unos votantes hartos de catorce años de gobiernos conservadores.
En cuanto a la última víctima, Starmer, su salida se debió a la pérdida del apoyo de los diputados del Partido Laborista (en el gobierno), quienes consideraron que su profunda impopularidad suponía una amenaza considerable para esa organización polítIca.
Sin embargo, más allá de estas historias individuales de caída en desgracia, parece haber algo más profundo en Reino Unido que está tornando su política en una más brutal y encarnizada, y a sus votantes más polarizados e implacables.
¿Qué más está ocurriendo?
Un descontento más profundo
Las encuestas, los grupos de discusión y los testimonios anecdóticos sugieren que existe entre los votantes la sensación de que los políticos no están abordando tres causas fundamentales de descontento popular.
La primera es el estancamiento del nivel de vida. Este doloroso fenómeno se remonta a la crisis financiera mundial de 2008.
Así que, al analizar por qué Reino Unido ha tenido siete primeros ministros desde 2016, bien podríamos situar el punto de partida en aquel momento.
Para poner esto en contexto, cabe señalar que el nivel de vida no se estancaba de esta manera desde las guerras napoleónicas, a principios del siglo XIX.
Cuando la gente atraviesa dificultades económicas y siente que los gobiernos no cumplen esa promesa sagrada —aunque tácita— de que la siguiente generación vivirá mejor que la anterior, no es de extrañar que el ambiente sea tenso y hostil.
Un dato preocupante para cualquier político es que los sondeos indican que el pesimismo económico ha alcanzado su nivel más alto desde 1978, una época marcada por la elevada inflación y los conflictos laborales.
Las encuestas sugieren que entre los ciudadanos hay una profunda preocupación por lo que perciben como falta de cohesión social.
El segundo factor es la sensación de que nada funciona correctamente en Reino Unido. La percepción de que los servicios públicos —ya sea el transporte, la justicia o cualquier otro ámbito— no están dando la talla.
Esto es, por supuesto, consecuencia en parte del mismo bajo crecimiento económico que provoca el estancamiento del nivel de vida.
En este caso, la falta de crecimiento ha privado a los sucesivos gobiernos de los recursos necesarios para invertir en infraestructuras y en otros aspectos que la ciudadanía valora, como la educación y la sanidad.
El tercer factor es la preocupación generalizada por la cohesión social, o más bien por la falta de ella.
Las encuestas sugieren que más del 80% de la población considera que el país está dividido.
A su vez, muchas personas atribuyen esa sensación de división a los elevados niveles de inmigración de las últimas décadas y al fracaso —según la opinión de algunos— de ciertas comunidades ya establecidas a la hora de integrarse.
Además, con razón o sin ella, muchos votantes creen que los últimos primeros ministros simplemente no comprenden su indignación ante la forma en que, a su juicio, ha cambiado el país.
Dicho de otro modo: Reino Unido, al igual que otros países europeos, sigue lidiando con el desafío de cómo convivir en una sociedad multirracial, multiétnica, multicultural y plurinacional.
Quizás otro aspecto que ha cambiado —y en esto Reino Unido no es una excepción— es que la gente no solo está enfadada por diversas cuestiones, sino que muestra su malestar sin tapujos.
Ya sea por culpa de las redes sociales o de otros factores, la ciudadanía se exhibe abiertamente hostil hacia políticos concretos, incluidos los primeros ministros, de una manera que habría resultado impensable hace tan solo unos años.
¿Un país ingobernable?
¿Se ha vuelto el país, de algún modo, ingobernable? ¿Es esa la razón por la que tendrá ahora su séptimo primer ministro en diez años?
La mayoría de los políticos no llegarían tan lejos.
Sostienen que, si bien gobernar se ha vuelto más difícil en un mundo complejo y ante una población más fragmentada y dividida, no es imposible.
Sin embargo, dado que seis primeros ministros no han logrado disipar el manto de pesimismo que parece cernirse sobre el país desde la crisis financiera de 2008 y el referéndum del Brexit de 2016, es lógico que exista escepticismo sobre si el séptimo, Andy Burnham, correrá mejor suerte.
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La Copa del Mundo ya tiene un nuevo campeón: España.
De los 48 equipos originales, la gran final enfrentó a España y Argentina este domingo 19 de julio y los europeos se impusieron por 1-0 en el minuto 106.
A continuación puedes ver el camino que emprendieron los 48 equipos, rumbo al partido que coronó a la selección española.
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Entre el gol de Andrés Iniesta en 2010 y el de Ferran Torres en 2026 pasaron 16 años y decenas de futbolistas españoles por la selección.
Y lo que no cambió fue el estilo de juego asociativo, de posesión, en el que el colectivo prima sobre las individualidades, que dio a ambas generaciones los dos títulos mundialistas que tiene España en su palmarés.
La selección de Luis de la Fuente sumó la segunda estrella para La Roja tras vencer 1-0 a la Argentina de Lionel Messi en la final del Mundial 2026 en Nueva Jersey.
Repite así el Mundial logrado por el combinado entrenado por Vicente del Bosque en Sudáfrica 2010.
Ambas generaciones campeonas tienen en común el estilo de juego y caminos similares hasta la consecución del torneo con más pedigrí del fútbol mundial.
También trayectorias personales de sus estrellas y una media de edad similar, de alrededor de 26 años, combinando veteranía y juventud.
Trayectorias parecidas
El once titular de la España campeona de 2010 aglutinaba a algunos de los mejores jugadores en sus puestos en el mundo.
Iker Casillas en portería; Sergio Ramos, Carles Puyol y Gerard Piqué en defensa; Xabi Alonso, Andrés Iniesta y Xavi Hernández en el medio; David Villa y Fernando Torres en la delantera.
Eran nombres que contaban con un palmarés sobresaliente y que jugaban en el cénit de sus carreras, ganadores en la mayoría de casos de una Eurocopa con España y Ligas de Campeones con sus clubes respectivos como el Real Madrid, el FC Barcelona o el Liverpool, de los equipos más laureados del mundo.
Aquella generación logró dos Eurocopas, las de 2008 y 2012, además de la Copa del Mundo de Sudáfrica de 2010.
Varios de los jugadores de la selección campeona de 2010 acabaron siendo de los más laureados en la historia de España.
La que hoy celebra su segunda estrella mundialista va camino de lograr una trayectoria parecida, habiendo ganado la Eurocopa 2024 y ahora el Mundial.
Y muchos de sus jugadores, como en 2010, ya figuran también entre varios de los mejores del mundo y acumulan algunos de los títulos individuales y colectivos con más renombre.
Rodri Hernández, elegido mejor jugador del torneo, ha sido Balón de Oro y ha ganado una Liga de Campeones y varias Ligas Premier con el Manchester City.
Fabián Ruiz acaba de ganar la Liga de Campeones con el Paris Saint Germain.
Mikel Merino, Martin Zubimendi y David Raya vienen de conseguir la Premier con el Arsenal.
Marc Cucurella fue campeón del Mundial de Clubes con el Chelsea en 2025 y Lamine Yamal y Pau Cubarsí lograron dos ligas españolas consecutivas con el FC Barcelona y apenas tienen 19 años.
Es una generación que tiene mucho a su favor para seguir la estela de títulos de la de 2010 y llegar con ilusión a la Eurocopa de 2028.
Pasaron 16 años desde el gol de Iniesta que dio el primer Mundial a España, pero no el estilo de juego.
Mismo estilo, con evolución
Las Españas de De la Fuente y Del Bosque comparten estilo: el llamado “tiki-taka” que acumula posesión, triangulaciones, ataque en bloque y presión alta.
Es una seña de identidad que inició Luis Aragonés para La Roja en el título europeo de 2008 y que desde entonces se ganó la admiración mundial e inspiró a decenas de clubes y selecciones.
Sin embargo, De la Fuente ha sabido imprimirle un sello renovado después de que ese mismo estilo aplaudido fuese cuestionado por supuestamente priorizar el toque de balón sobre el ataque y la intención para ganar.
Esas fueron críticas comunes en la prensa española tras decepciones como las de la Eurocopa de 2016 y los Mundiales de 2018 y 2022, donde España quedó apeada en rondas tempranas.
Lamine Yamal representa a la regeneración y futuro de esta selección española.
Esta nueva generación ha recuperado ímpetu ofensivo gracias sobre todo a dos extremos desbordantes y rápidos como Nico Williams y el propio Yamal.
Williams es normalmente titular en los onces de De la Fuente, pero en este Mundial jugó un papel secundario por problemas físicos. Aún así, fue pieza clave en la final de este domingo al entrar desde el banquillo, generar profundidad en su banda y asistir a Ferran Torres para el gol definitivo.
Dieciséis años después de su primer Mundial, España repite título prácticamente con la misma fórmula.
Y por la corta edad de varias de sus estrellas, tiene mucho a su favor para aspirar a más en los próximos años.
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Describir un resultado como una “victoria para el fútbol” puede parecer un cliché manido, pero no encontrarás a muchos neutrales que discrepen con esa descripción de la victoria de España en la final del Mundial 2026.
Cuando Ferran Torres marcó el gol de la victoria en la prórroga y Rodri alzó el trofeo en Nueva Jersey, es difícil imaginar que muchos hayan sentido simpatía por Argentina.
España triunfó en una batalla de resistencia, tanto para jugadores como para espectadores, venció a los argentinos y ganó su segunda Copa del Mundo masculina.
Desde cualquier punto de vista futbolístico —y, según algunos, también moral— este fue el resultado correcto.
“No cabe duda de que ganó el equipo correcto”, declaró el excapitán de Inglaterra, Alan Shearer, a la BBC.
“De principio a fin, España controló la posesión. Fueron ellos quienes buscaron jugar al fútbol, crear ocasiones y desmarcarse a la espalda de la defensa”, agregó.
“Este es un resultado para el fútbol por la forma en que han jugado. España se lo merece”.
La Roja tuvo el 65% de la posesión, un promedio de goles esperados de 1,94 y 20 tiros a puerta, 11 de ellos entre los tres palos.
En el otro extremo, Unai Simón mantuvo su arco en 0 por séptima vez en ocho partidos, lo que le valió el Guante de Oro al mejor portero del torneo.
España recibió tan solo un gol en el Mundial de 2026, la menor cantidad de goles recibidos por cualquier equipo ganador.
España supera a Argentina en todos los aspectos
Ferran Torres es el segundo jugador en marcar el gol de la victoria en la prórroga para España en una final de la Copa del Mundo, después de Andrés Iniesta en 2010.
España es, incluso en el difícil de cuantificar mundo del fútbol internacional, claramente la selección más destacada del mundo.
Son campeones mundiales, olímpicos y europeos, además de campeones mundiales femeninos. El equipo masculino acumula 38 partidos invicto en todas las competencias, la racha más larga de cualquier equipo europeo en la historia.
Tuvieron un comienzo titubeante en este Mundial con un empate 0-0 contra Cabo Verde, lo que significa que en las dos ocasiones en que España ha ganado el título mundial no ha logrado ganar su primer partido, tras una derrota por 1-0 ante Suiza en 2010.
Pero desde entonces han estado entre los candidatos con más probabilidades de cononarse.
Y en la final, demostraron su calidad.
Solo se han registrado tres casos de un jugador que haya completado 100 o más pases en una final de la Copa del Mundo. Dos de ellos fueron jugadores españoles el domingo: Rodri con 101 y Pau Cubarsí con 121.
Y para muchos de estos futbolistas, esto podría ser solo el comienzo.
Cubarsí, de 19 años, fue nombrado mejor jugador joven del torneo, mientras que parece muy probable que Lamine Yamal, compañero suyo en el Barcelona, tenga sus mejores años por delante.
Con 19 años y seis días, Yamal se convirtió en el tercer jugador más joven en disputar una final de la Copa del Mundo, después de Pelé en 1958 y Giuseppe Bergomi en 1982. Actualmente es el tercer ganador más joven.
Argentina no logra arruinar la fiesta de España
A Argentina se la suele retratar como una pantomima de los villanos del fútbol internacional, en especial por los aficionados ingleses.
Al igual que en la semifinal contra Inglaterra, en la primera parte parecían más interesados en impedir que se desarrollara cualquier atisbo de fútbol que en jugar ellos mismos.
Leandro Paredes era el principal responsable de los sabotajes, con Enzo Fernández como compañero de tareas.
Aunque cuatro jugadores argentinos fueron amonestados, muchos considerarán que esto refuerza la teoría de que han recibido un trato indulgente por parte de los árbitros en este torneo.
Argentina hizo un total de 464 pases, en comparación con los 852 de España.
Pero, a diferencia de Inglaterra, España no se desmoronó en la segunda parte. Si hubieran ganado este partido mucho antes del gol de Torres en el minuto 106, pocas quejas habrían sido bienvenidas.
El argentino Emiliano Martínez tuvo que sacar 11 disparos al arco, la mayor cantidad de un portero en la historia de las finales de la Copa del Mundo.
Mientras tanto, en el otro extremo, quienes defendían el último campeonato mundial se convirtieron en el primer equipo en la historia de la Copa del Mundo en no tirar bajo los tres palos ni una sola vez en los 90 minutos de una final.
Su primer intento llegó a través de un acobardado Lionel Messi en el minuto 117.
Argentina perdió su título, y las escenas que siguieron al pitido final llevaron a muchos a sentir que también habían perdido su cordura.
“Comportamiento reprensible”
El capitán de Argentina, Lionel Messi, rompió en llanto durante la entrega del trofeo.
Fernández recibió primero una tarjeta amarilla por protestar, y luego una segunda por una marca tardía que provocó que Cubarsí diera una voltereta.
Tras el pitido final, Paredes se vio envuelto en altercados con Rodri, Gavi y Borja Iglesias, y también se vio a su compañero Nahuel Molina lanzando un puñetazo a un jugador español que pasaba por el campo.
“Es vergonzoso ver ese tipo de cosas después de que se haya jugado el partido”, dijo el comentarista de la BBC Wayne Rooney. “Alguien ha sido coronado campeón del mundo”.
“Paredes es mejor que eso”, afirmó.
El seleccionador argentino, Lionel Scaloni, intentó defender el desempeño de su equipo entre lágrimas en la rueda de prensa posterior al partido, pero admitió que había ganado el mejor equipo.
“Ellos nos han llevado a intentar llegar hasta el final con el partido abierto y no ha podido ser. Ellos fueron justos vencedores, esa es la realidad”, sostuvo el argentino.
Respecto a la expulsión de Enzo Fernández, Scaloni dijo: “Aun siendo ellos superiores, era un momento del partido que hasta el minuto 80-85 habían tenido situaciones, pero me hubiera gustado ver qué pasaba si quedábamos con 11” jugadores en el campo.
Argentina puede haber llevado la final del Mundial hasta la prórroga, la quinta de las últimas seis finales en extenderse, pero eso no pudo enmascarar su inferioridad.
“Argentina no puede quejarse en absoluto de lo sucedido”, opinó el exportero del seleccionado inglés Joe Hart a la BBC. “[Tuvieron] un comportamiento reprensible”, calificó.
“No creo que Rodri necesitara enfrentarse a ellos, pero uno lo entiende después de 120 minutos en los que te han provocado y te sientes perjudicado, y el árbitro te ha estado presionando”, afirmó Hart.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Periodistas de la BBC revisaron el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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Parece que Leo Messi le ha enseñado a llorar a los argentinos.
De emoción infinita por el título conseguido en Qatar 2022.
De dignidad suprema en la final de este domingo en New Jersey en la que la selección sudamericana perdió contra España.
Messi hizo historia en este Mundial. Aunque no se quedó con ningún título, con ninguna mención, con ninguna placa, marcó ocho goles, dio cuatro asistencias e hizo parte de 12 de las anotaciones que consiguió su selección en siete partidos.
Y este domingo lideró, a los 39 años, a Argentina a su segunda final mundial consecutiva, que además es la tercera en su trayectoria como jugador.
A la edad en la que la mayoría de las leyendas se retiran, Messi sigue escuchando ovaciones, como la que le brindó una de las tribunas del Metlife Stadium. Algo que después del paso de un tal Diego Armando Maradona parecía imposible para otro 10 que vistiese la misma camiseta.
Y lo que ha venido haciendo Messi en este Mundial es enseñar que el fútbol se puede vivir de otra manera a como lo vivió el famoso número 10 que lo precedió. Ha mostrado que en el fútbol se pueden manejar las emociones.
Lágrimas de ganador. Eso es Lionel Messi, uno de los grandes ganadores en la historia del fútbol, aunque haya sido derrotado este domingo.
Y apuntaló sobre todo esa consigna de nunca rendirse. Nunca darse por perdedor.
En el Mundial 2026, Argentina tuvo que remontar el marcador en tres ocasiones: frente a Cabo Verde, que le empató el partido dos veces, frente a Egipto, que lo iba superando por dos goles, y frente a los ingleses, que en el minuto 84 parecía que le ganaban el cupo a la final por un gol.
Y las victorias las logró con las emociones en control. Sin delirios. Controlando la pelota.
“Es una locura cómo se están dando las cosas. Yo, sinceramente, antes de empezar el Mundial confiaba en este grupo y sabía que entre los cuatro (semifinalistas) íbamos a estar, que lo íbamos a pelear. Ahora estamos en la final”, dijo el astro a los medios tras el partido contra Inglaterra en las semifinales.
Es tan grande su figura y lo que hizo durante estas cinco semanas que duró el torneo que, con casi 40 años, pocos se atreverían a decir que este fue su último Mundial. Aunque él mismo haya descartado estar en otra Copa del Mundo.
Ahora, si esta fuera la escena final de su fascinante carrera, no podría terminar mejor.
Con las lágrimas que le vimos tras el silbato final y con el pueblo argentino coreando su nombre como si fuera el himno nacional.
Aunque el Balón de Oro que se entrega al mejor jugador del torneo se lo quedó -merecidamente- el capitán español Rodri, lo que hizo Messi en este Mundial quedará en los libros de historia.
Porque nadie estuvo en la cumbre del fútbol por tanto tiempo y con tanto criterio e hizo de la Copa del Mundo su casa.
Un Mundial inolvidable
El 18 de diciembre de 2022 en el estadio Lusail de Qatar, Messi obtendría el único título que le faltaba y el que deseaba por encima de todas las cosas: ser campeón del mundo con su país.
Lo consiguió. Él fue quien levantó la copa. Él fue quien la llevó a Buenos Aires en medio de la aglomeración más grande de argentinos jamás registrada.
Si se puede pensar un mejor momento para decir adiós es ese: 36 años, todo ganado a nivel clubes, una Copa América y después, un Mundial.
Frente a Inglaterra lideró a Argentina en una victoria que quedará en los libros de historia del fútbol.
Pero no. Messi quería más. No lo hizo con el afán de los niños, sino con la madurez pacífica que había encontrado en los último años. Paso a paso.
Primero fue por la Copa América de 2024. La disputó con la misma entrega de siempre y repitió el título de 2021.
Aunque ya no estaba en la élite del fútbol, su tránsito por su actual club, el Inter Miami, le daba ciertos beneficios: continuidad y competencia.
Entonces llegó el Mundial de 2026. Aunque Argentina siempre es Argentina y Messi es Messi, nadie esperaba lo que ocurrió durante los primeros seis partidos: un despliegue físico como si fuera un adolescente y una influencia en el juego casi similar a la de Maradona en el 86.
Solo que en ese Mundial, Diego tenía 25 años. Messi cumplió 39 precisamente durante esta Copa del Mundo.
Hat trick en su debut frente a Argelia. Doblete frente a Austria. Golazo de tiro libre ante los jordanos. Ante Cabo Verde marcó el primero.
Ante Egipto sacó varios trucos de la galera, cuando primero le hizo un centro hermoso al Cuti Romero para iniciar el descuento y después puso el empate, que hizo que Argentina terminara con un 3-2 a favor en una remontada increíble.
Pero su gesta mayor fue cuando no vinieron los goles. Frente a Inglaterra en las semifinales, Lionel demostró por qué es considerado una leyenda del fútbol: perdiendo por un gol, buscó todos los espacios posibles y consiguió las dos asistencias necesarias para poner a su selección en la final.
“Él es una genialidad deportiva. Mejora a todos los jugadores que están a su alrededor y por eso Argentina es lo que es por él. En el estadio, todos se convierten en Messi”, dice el periodista británico Barney Ronay en el diario The Guardian.
Dentro y fuera de la cancha. El liderazgo de Messi sobre sus compañeros fue uno de los factores que definieron a esta selección. Solo bastaba ver cómo lo esperaban para salir a la cancha a entrenar.
Hasta que el capitán no estuviera al frente, nadie se movía.
Entonces llegó a la final contra una España demasiado potente. Demasiado rigurosa y ordenada.
Y es verdad que perdió. Pero volvió a ser Messi y por eso lloró. Y por eso todos los argentinos lloraron.
Tal vez porque sea la última vez que van a presenciar a un prodigio de tal naturaleza vistiendo la camiseta albiceleste.
Retiro
Se lo preguntaron varias veces y la respuesta siempre fue la misma: no estará en el Mundial del 2030.
Será difícil llenar el vacío de uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.
“No, no, eso sí que no”, dijo cuando le sugirieron ser parte de la próxima Copa.
Lo cierto es que al finalizar el partido mayor -la primera derrota argentina en una final desde 2016, cuando perdieron con Chile la Copa América Centenario- lo que se comenzó a perfilar fue un fuerte sentimiento de orfandad. Inminente y desconcertante, coincidirán muchos de sus connacionales.
El nuevo mundo sin Lionel Messi, quien hace parte de la selección mayor desde 2005, 21 años atrás.
Entonces comienzan las evaluaciones sobre el legado. Lo de Lionel Messi en la selección son números millonarios: es su máximo anotador (127 goles), es la persona que más veces ha vestido la camiseta albiceleste (207 partidos).
Y es el argentino con mayor número de mundiales disputados (seis) y el mayor asistidor en una Copa del Mundo, con 12 asistencias, y segundo goleador histórico con 21 tantos.
Ganó cuatro títulos mayores con Argentina: un Mundial, dos Copas América y una Finalissima frente a Italia.
“Tus lágrimas son las nuestras, Capitán. Nos diste las alegrías más grandes de nuestras vidas. Gracias por la entrega, por la magia y por dar la vida hasta el último segundo. ¡Te amamos para siempre, Leo!”, escribió la Asociación del Fútbol Argentino, AFA, en su cuenta de Twitter a modo despedida.
A modo de agradecimiento.
Pero ¿cómo se le puede agradecer a un jugador que dio tanto?
Tal vez con muchas lágrimas.
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La victoria española sobre la selección argentina de fútbol en la final de la Copa del Mundo 2026 tuvo en vilo a los seguidores de ambos equipos.
En las dos capitales, Madrid y Buenos Aires, miles de personas se congregaron en las calles a ver el partido y vivirlo intensamente.
La tensión fue en aumento a medida que pasaban los minutos y España se acercaba peligrosamente al arco de “El Dibu” Martínez, quien emocionó a los argentinos con sus brillantes atajadas.
Pero fue el golazo de Ferran Torres el que disparó las alegrías de los españoles y rompió las esperanzas de los seguidores de Argentina.
La Copa del Mundo 2026 llegó a su fin con una intensa final, en la que la selección española dominó -en términos de posesión del balón y de tiros al arco- a una Argentina que nunca logró llegar a la portería contraria de manera convincente.
El único tanto del partido llegó en el minuto 106, cuando el español Nico Williams retrasó un centro desde la derecha para la llegada de Ferran Torres a rematar.
Se anularon dos goles más de España: uno en una jugada de Ferrán Torres que fue declarada fuera de juego, y otro anterior de Nico Williams, que se invalidó por una falta previa de Mikel Merino sobre Nicolás Otamendi.
El medio tiempo, el más largo de la historia de los Mundiales, nos dejó imágenes de Madonna, Justin Bieber, Rafael Dudamel y Shakira que parecían sacadas de un Superbowl.
Con este emocionante partido se acaba una Copa del Mundo única, la más grande en cuestión de países participantes -con 48-, ciudades en las que se jugó -16 en tres países- y 104 partidos.
Ferran Torres se convirtió en el héroe español al marcar el gol de la victoria.La afición argentina despidió a un Messi en lágrimas.Considerado como una de las grandes estrellas de la selección española, Lamine Yamal no logró marcar en el partido contra Argentina.Emiliano “el Dibu” Martínez tuvo una increíble presentación, salvando a Argentina en varias ocasiones.Fue Ferran Torres quien finalmente, al minuto 106, logró vencer el arco de Argentina.La final fue la primera en tener un medio tiempo con música, como el Superbowl estadounidense.La colombiana Shakira y el venezolano Gustavo Dudamel fueron parte clave del espectáculo de medio tiempo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le entregó la Copa a la selección de España. También asistieron al evento los líderes de las otras dos naciones anfitrionas, Claudia Sheinbaum (México) y Mark Carney (Canadá). La juventud de los jugadores de España hace que esta victoria se sienta como la primera de muchas.La imagen de un Messi devastado es una de las más impactantes del Mundial 2026.
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Ferran Torres, jugador del FC Barcelona, marcó tras pase de Nico Williams.
Hay historias que parecen nunca acabar.
La reciente de España en fútbol comenzó un 29 de junio de 2008 en Viena, Austria, cuando venció en la final de la Eurocopa a Alemania y deslumbró al mundo con su juego de posesión, de mimar la pelota, tratarla bien, tenerle paciencia al resultado.
Dieciocho años después cambió la generación, pero no el estilo.
Con ese venció en la final del Mundial de 2026 a Argentina por 1-0 en el estadio Metlife de Nueva Jersey en Estados Unidos con un gol de Ferran Torres en el 106′ del tiempo adicional.
Es el segundo Mundial en la historia de España. Desde aquella Eurocopa de 2008 ha acumulado el Mundial de 2010 y las Eurocopas de 2012 y 2024.
En este siglo XXI ninguna selección ha sido más laureada que la Roja.
Venció con merecimiento a la Argentina de Lionel Messi, a la que España borró del campo.
Los números clave de la final
Los números no mienten. Los europeos se llevan la dorada con un 65% de posesión, 20 remates y 12 entre palos por 2 tiros de los argentinos, ninguno al arco, y con un 51% de duelos ganados.
Ni en la pugna y el choque Argentina fue superior, esos atributos que tantos especialistas señalaron como algunas de las principales bazas de los de Messi para esta final.
El eterno 10 no tuvo su día, porque el colectivo español se adueñó del balón y el tiempo y jamás los soltó.
Sabor amargo para el que presumiblemente pudo ser el último partido mundialista de Messi, aunque nadie puede jurarlo después de su excelente torneo con ocho goles a sus 39 años.
Algunos dirán que el resultado fue hasta corto, vista la cantidad de ocasiones que fallaron los ibéricos y que convirtieron al meta ‘Dibu’ Martínez en el mejor jugador de los argentinos.
Puede decirse que la gesta argentina fue aguantar la furia roja hasta forzar la prórroga y sobrevivir el tiempo reglamentario, especialmente tras la expulsión de Enzo Fernández por doble amarilla en el 93′.
Tuvo incluso la posibilidad del empate casi al término en dos acciones protagonizadas por Giuliano Simeone, pero el Dios del fútbol, si existe, estaba del lado de España y una chance se fue a córner y la otra por encima de la portería.
Un recorrido incontestable
España se lleva el título tras un camino impecable.
Empató a cero contra la sorpresa Cabo Verde en el primer partido. Desde ahí no paró de crecer.
En el camino dejó fuera a varias de las favoritas, como la Portugal de Cristiano Ronaldo en octavos de final, la Bélgica de Thibaut Courtois en cuartos y la Francia de Kylian Mbappé, máximo goleador del torneo con 10 tantos, en semifinales.
España gana con 14 tantos a favor y solo uno en contra en todo el campeonato. Ningún equipo defendió mejor y por eso la Roja acaparó los reconocimientos individuales.
Rodri Hernández, clave para el equilibrio del equipo en la medular, fue elegido mejor jugador del torneo. Unai Simón fue seleccionado mejor portero y Pau Cubarsí, el defensor central de 19 años, el mejor jugador joven.
España completó la faena ante la vigente campeona, Argentina, que le sigue superando en pedigrí mundialista con tres doradas.
Rodri Hernández, capitán de la Roja, fue clave en la consecución del título.
El valor del equipo
España quizá no tiene nombres como Mbappé, Messi o Cristiano Ronaldo, pero tiene un colectivo brillante que funciona como un reloj.
Los 5 goles de Mikel Oyarzábal, la brújula de Rodri y Pedri, el dinamismo de Cucurella, los aportes desde el banquillo de Merino. Cuesta encontrar solistas en la orquesta.
Parte de ese mérito se debe al trabajo de Luis de la Fuente, un entrenador que no es mediático, pero que ha sabido renovar y devolver la gloria a esta selección.
De la Fuente comenzó a entrenar a la selección absoluta de España en 2022, después de la debacle de la Roja en el Mundial de Qatar, donde fue eliminada por Marruecos en penaltis.
Luis de la Fuente reemplazó en 2022 al exseleccionador Luis Enrique después de la debacle en Qatar.
Entonces la Roja sufría una sequía de 10 años, con las decepciones de haber quedado fuera del Mundial de Brasil 2014 en fase de grupos y del de 2018 ante Rusia en octavos de final.
En la prensa española se decía que el estilo de posesión y dominio del balón había quedado como fin y no como medio para el triunfo, con muchos partidos en los que la selección tocó y tocó sin ganar y a veces aburriendo.
Hubo incluso quienes pedían que España optara por cambiar de identidad.
De la Fuente jamás negoció el estilo, sino que lo pulió y le devolvió el sentido.
Para la memoria ya nos queda que la pelota nunca dejó de rodar en la final de 2026 en Nueva Jersey, salvo cuando Torres rompió la red y dibujó una segunda estrella sobre el escudo de la Roja.
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Ferrán Torres celebra el gol de la victoria frente a Argentina este domingo en Nueva York.
“Futebol é fantástico” (“El fútbol es fantástico”).
Esta expresión del delantero argentino Hernán Crespo a un canal brasileño hace ya algunos años podría ser la definición de lo que fue el Mundial 2026 celebrado en América del Norte y que finalizó este domingo con un segundo título para España, que venció a Argentina con un gol de Ferrán Torres en tiempo suplementario.
Durante el torneo, España desplegó un dominio del juego en toda la cancha, tal dominio que la magia de Lionel Messi no alcanzó para dar vuelta el resultado.
“Fantástico”.
Fue la culminación de 37 días donde pasó de todo: goles contra las leyes de la física, partidos inolvidables, escándalos, las nuevas pausas de hidratación, declaraciones asombrosas y héroes vestidos de futbolistas.
Aunque el Mundial también mostró el lado vergonzoso del fútbol, como por ejemplo el caso de la roja retirada al estadounidense Folarin Balogun o las restricciones de viaje a la selección de Irán.
Ha sido un Mundial que despide a una de sus máximas leyendas: Lionel Messi.
El astro argentino, que ya había logrado en Qatar 2022 su inscripción en los libros de gloria mundialista, decidió que esta Copa del Mundo no sería un acto jubilatorio, sino una gesta épica en la que condujo a su selección a una segunda final consecutiva.
También deja España consolidada y demuestra que el fútbol es un deporte de conjunto. No de individualidades, aunque de estas también haya.
Pero no fue solo eso: fue Vozinha y la gesta de Cabo Verde. El regreso al estadio Azteca de México, los seis mundiales de Ronaldo, Messi y Ochoa.
Los ocho goles de Messi y los 10 Mbappé. Los siete de Haaland. Los seis cada uno de Kane y Bellingham.
Los 48 equipos. Los tres países anfitriones.
Para examinar lo bueno, lo malo y hasta lo feo, BBC Mundo presenta nuestra mirada de lo más destacado de la Copa del Mundo FIFA 2026.
1. El juego colectivo de España
El campeón es un equipo con grandes individualidad pero que se destaca por el juego colectivo, la calma y la consistencia.
A pesar de tener a una estrella como Lamine Yamal o a un Balón de Oro como Rodri, “La Roja” tuvo un impresionante desempeño grupañ con el que venció a grandes favoritos como Francia y la propia Argentina.
El entrenador, Luis de la Fuente, merece en gran parte el crédito por lo que ha construido.
Es un equipo bien equilibrado, con experiencia y juventud. Tiene jugadores que se han formado en este sistema juntos y que conocen muy bien el juego del otro.
Ganaron al Eurocopa hace dos años, de modo que tenían una gran ventaja al saber cómo ganar un torneo importante.
Y eso es lo que demostraron este domingo.
2. Messi
Lionel Andrés Messi hizo historia definitiva. Marcó ocho goles, dio cuatro asistencias, participó en 12 de los goles que marcó su selección.
Por momentos fue el goleador histórico de los mundiales.
A la edad en que todas las leyendas se retiran, Messi sigue escuchando ovaciones. Y nos enseñó que el fútbol es emocional. Nunca habla de tácticas, de gestos, sino del grupo. De sentimientos.
“Es una locura cómo se están dando las cosas. Yo, sinceramente, antes de empezar el Mundial confiaba en este grupo y sabía que entre los cuatro íbamos a estar, que lo íbamos a pelear. Ahora estamos en la final”, dijo a los medios.
Es tan grande su figura y lo que hizo estas cinco semanas que, con casi 40 años, pocos se atreverían a decir que este fue su último Mundial. Sin embargo, si lo fuera, si esta fuera la escena final de su fascinante carrera, no podría terminar de mejor forma: en la final de una Copa del Mundo.
Nadie se ha retirado en tan alta cumbre. En un trono tan vivo.
Vozinha de Cabo Verde llora de emoción después de empatarle a España en el primer partido de ambas naciones.
3. 48 selecciones y la historia de Vozinha y la leyenda de Cabo Verde
El 10 de enero de 2017, la FIFA le informó al mundo entero que el Mundial de 2026 tendría 48 selecciones, 16 más de las que se clasificaban hasta ese momento.
Los ríos de tinta que se escribieron sobre la inconveniencia de ampliar el número de selecciones porque la competitividad del torneo se vería comprometida fueron incalculables. Muchos lo calificaron como el “peor error del mundo”.
Pero la realidad es que esa apertura trajo una semana más de fútbol, donde la calidad no se vio afectada sino, en cambio, se abrieron oportunidades y se vieron partidos de alta competitividad, como por ejemplo el Argentina contra Cabo Verde.
Cabo Verde, que se clasificó primeros en su grupo africano, fue la sensación. Un país de apenas 500.000 personas hizo retumbar el mundo de la pelota. En el primer partido, su portero Vozinha logró hacer siete atajadas clave frente a la posterior campeona del mundo, España.
Tampoco perdieron con Uruguay. Ni con Arabia Saudita.
Después, se clasificaron como mejores terceros. Una hazaña, teniendo en cuenta que era su primer mundial. El propio Vozinha lo resumió con una frase para el recuerdo: “Venimos de un país pequeño, pero de gran corazón. Después del Mundial, todo el mundo sabrá quién es Cabo Verde”.
Pero no felices con eso, frente a los entonces campeones del mundo remontaron en dos ocasiones y llevaron a Messi y a su banda al tiempo extra. Finalmente un gol del “Cuti” Romero los eliminó. Pero nadie los olvidó.
Infantino dijo que la propuesta ahora era ampliar los cupos en 64 selecciones.
Muchos analistas señalaron que se cruzó una línea roja por parte de la FIFA y de las autoridades locales de EE.UU.
4. Balogun, la roja y el caso Irán
Durante el partido de dieciseisavos de final entre EE.UU. y Bosnia Herzegovina, en San Francisco, ocurrió uno de los hechos más reprobables del Mundial: Folarin Balogun, goleador de la selección estadounidense hasta ese momento con tres anotaciones, le hizo una fuerte entrada al defensor bosnio Tarik Muharemovic.
El VAR vio la falta y se la mostró al juez brasileño Raphael Claus, quien decidió expulsar a Balogun. Finalmente el partido lo ganó EE.UU., que pasó a octavos y se iba a enfrentar a Bélgica.
Pero en medio ocurrió algo inédito: el Comité Disciplinario de la FIFA, pocas horas antes del juego entre EE.UU. y Bélgica, informó que la sanción de una fecha automática -que es el castigo habitual cuando se recibe una tarjeta roja- se dejaba en suspenso y Balogun estaba disponible para el encuentro de octavos.
El mundo del fútbol reaccionó enfurecido. La UEFA, el ente rector del fútbol europeo, advirtió: “La decisión de suspender, durante un periodo de prueba de un año, la aplicación de la suspensión automática de un partido tras la tarjeta roja mostrada al jugador Folarin Balogun cruzó una línea roja”.
Pero hubo una sorpresa aún mayor: el presidente de EE.UU., Donald Trump, admitió que había llamado al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que Balogun pudiera jugar contra el siguiente rival.
“Lo único que hice fue pedir una revisión porque no me parecía que fuera falta. No le dije qué hacer. No puedo decirle qué hacer”, se excusó Trump.
México acogió a la selección nacional de Irán durante la disputa del Mundial.
El escándalo siguió. Balogun jugó contra Bélgica, pero EE.UU. se marchó del Mundial con una goleada 4-1. El delantero después dijo que todo el ruido sobre la sanción había influido en el desempeño del equipo.
Pero no fue el único hecho polémico que mezcló política y fútbol. El caso de la selección de Irán también fue comentado ampliamente. Debido al conflicto armado entre ambas naciones, la selección de Irán, que debía disputar sus primeros tres partidos en EE.UU., no pudo dormir en suelo estadounidense.
Viajaba horas antes del encuentro desde México -país que acogió a los futbolistas- e inmediatamente después de acabar los partidos volaba de regreso.
“Esta es una Copa del Mundo desastrosa… jugadores profesionales no podemos jugar una competición en estas condiciones, no está bien ni es justo”, se quejó el capitán iraní, Mehdi Taremi.
Irán no logró clasificarse a la siguiente ronda del torneo, pero agradeció profundamente a México por su hospitalidad.
Las pausas de hidratación también fueron una fuente de polémica durante el Mundial.
5. Las pausas de hidratación
Otro invento de Infantino. Para esta Copa del Mundo la FIFA implementó las llamadas “pausas de hidratación”, una por cada tiempo y con una duración de tres minutos.
La principal razón que dio la organización fue que, como el torneo se disputaba durante el verano en el hemisferio norte, las temperaturas podrían afectar a los jugadores.
Y aunque cuatro de los escenarios donde se organizaron los encuentros tenían algún sistema de aire acondicionado, lo cierto es que en al menos 35 partidos se presentaron temperaturas superiores a los 26 grados centígrados, que es la máxima usualmente recomendada para practicar deporte.
Sin embargo, muchos vieron a estas nuevas pausas como una ventana comercial para que las cadenas de TV metieran más anuncios, y varios técnicos y jugadores expresaron su disconformidad con la medida, especialmente porque corta el ritmo y la intensidad del juego. El público acabó abuchéandolas.
“Suelen ser molestas, especialmente cuando acabas de tener dos o tres buenas situaciones y sientes que tu ritmo se está interrumpiendo”, le dijo el delantero alemán Kai Havertz al diario británico The Guardian.
Hasta el momento la FIFA no ha confirmado si continuará aplicando las pausas de hidratación en otros torneos, como por ejemplo el Mundial Femenino que se disputará en 2027, pero ha defendido la medida “como un beneficio para los jugadores”.
Por ahora, otras entidades como la UEFA han descartado implementar pausas similares en el juego.
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