El presidente Donald Trump no dijo cómo conocía las opiniones de los soldados caídos, pero decidió hablar por ellos en un momento político peligroso, en el que los estadounidenses se han mostrado cada vez más críticos respecto a la guerra en Irán.
El miércoles, el presidente Donald Trump estuvo presente durante el retorno de cuatro jóvenes soldados del ejército que murieron recientemente en el extranjero, y antes de la ceremonia le dijo a los periodistas que cada uno de ellos había fallecido apoyando la letal guerra que él libraba con Irán.
“Todos ellos dijeron con mucha firmeza: ‘No podemos dejar que Irán tenga un arma nuclear’”, dijo Trump mientras viajaba a la Base de la Fuerza Aérea de Dover para asistir al traslado solemne. “No tendrán un arma nuclear. Así que vamos a honrarlos”.
Más tarde, Trump llevó a la afligida familia de un soldado a su mitin político en Georgia.
El presidente no dijo cómo conocía las opiniones de los soldados caídos, pero decidió hablar por ellos en un momento político peligroso. Los estadounidenses, incluidos los republicanos, se han mostrado cada vez más críticos respecto a la guerra en Irán, y las muertes de los miembros del ejército estadounidense fueron un sombrío y notable recordatorio de que el presidente no había logrado poner fin a una guerra que prometió que solo sería “una pequeña excursión”.
La excursión ha dejado al menos 18 militares muertos, una cifra que Trump ha intentado tanto defender como minimizar en los últimos días a medida que el conflicto se torna más sangriento.
En una publicación en redes sociales el martes, comparó el número de muertes de las tropas en la guerra de Irán con las cifras de muertes en otros conflictos, incluidas la guerra de Vietnam y la misión de un solo día que derrocó a Nicolás Maduro, el presidente venezolano, el invierno pasado.
Trump se ha enorgullecido de afirmar que la misión en Venezuela resultó en cero muertes, y ha señalado repetidamente que los conflictos en Vietnam, Afganistán e Irak causaron miles. Pero cuando viajó a Delaware el miércoles, Trump se encontró con un duro recordatorio del costo de cada baja.
Flanqueado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y otros altos mandos militares, incluido el general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto, Trump se acercó a la rampa trasera del avión de transporte C-17 que había llevado a los soldados a casa. Él y los demás inclinaron la cabeza por un momento.
Luego los hombres se alejaron del avión, formaron una fila cerca y miraron al frente mientras los soldados comenzaban a sacar del avión cada cajón cubierto con la bandera estadounidense. Varios funcionarios de la Casa Blanca estaban de pie detrás de Trump, incluida Karoline Leavitt, la secretaria de prensa, quien se puso la mano en el corazón. También se encontraba cerca Natalie Harp, la asesora que redacta muchas de las mordaces publicaciones del presidente en redes sociales e imprime artículos de noticias halagadores para que Trump los revise.
Una mujer lloraba desconsolada mientras el cuarto cajón era subido a una camioneta de traslado. En varios momentos, Trump se dio golpecitos en el muslo derecho con la mano derecha. Cuando todo terminó, el presidente subió a un vehículo blindado que lo llevó a su avión.
El presidente se mantiene firme en su afirmación de que los estadounidenses apoyan la guerra de Irán.
“Acaba de salir una encuesta: los estadounidenses no quieren precios altos de la gasolina, pero no están en contra de la guerra; eso acaba de quedar fuerte y claro”, dijo Trump ese mismo miércoles más temprano antes de viajar al traslado. No especificó de qué encuesta estaba hablando.
En realidad, durante meses los encuestadores han estado rastreando una creciente frustración por la guerra, incluso dentro del Partido Republicano. Según una encuesta de Washington Post-Ipsos publicada la semana pasada, solo el 29 por ciento de los estadounidenses apoya el conflicto. Esa encuesta también mostró que la mayoría de los estadounidenses no cree que sus perspectivas económicas vayan a mejorar.
Mientras defendía la guerra y elogiaba a los soldados que habían muerto en combate, Trump también dijo a los periodistas que asistir a los traslados solemnes era algo difícil para él.
“Es una de las cosas más difíciles de hacer como presidente”, dijo Trump, y agregó: “Tiene que hacerse”.
Las familias de los militares que murieron no han hablado sobre su apoyo a la guerra.
En cambio, el sargento Michael Emmanuel Swinton, de 30 años, quien murió mientras removía un dron iraní en Irak, fue descrito como un bromista, según su madre.
Isabella Gonzales, quien tenía 19 años cuando murió a causa de un misil iraní en la Base Aérea de Muwaffaq Salti la semana pasada en Jordania, fue simplemente descrita por su tío como una “soldado”.
El primer teniente Tyler James Feehan, de 25 años, también murió en ese ataque. Fue descrito como un mentor para otros.
“Creía profundamente en el poder del servicio militar, especialmente en lo que construye en una persona: disciplina, liderazgo, carácter”, dijo su familia en un comunicado. “Todos los que lo conocían lo querían”.
La familia está intentando recaudar fondos para una beca a nombre de Feehan.
La sargento Angel S. Rampersad, de 28 años, quien también se cree que murió durante ese ataque, fue llamada una “gigante amable” por su familia.
Trump ha emitido varias declaraciones furibundas en las que promete represalias contra Irán por estas muertes.
“Cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense, pagarán con creces por esa muerte. Esta directriz ha sido transmitida al secretario de Guerra, Pete Hegseth, y al presidente del Estado Mayor Conjunto, Daniel Caine”, escribió en las redes sociales el lunes.
El martes, el Comando Central de Estados Unidos dijo en las redes sociales que el ejército estadounidense había comenzado a atacar objetivos por undécimo día consecutivo, un esfuerzo destinado a sofocar las amenazas del ejército iraní contra los buques comerciales en el estrecho de Ormuz.
Mientras se preparaba para irse de Dover el miércoles, Trump invitó a varios miembros de la familia de Feehan a viajar con él a bordo del Air Force One. El mandatario se dirigía a un mitin político en Georgia, y un funcionario de la Casa Blanca dijo a los periodistas que había decidido llevarlos a su estado natal.
Para el miércoles por la tarde, Trump había cambiado la dificultad de presenciar un traslado solemne por un ambiente en el que se sentía más cómodo. Al subir al escenario en su mitin en Georgia, Trump disfrutó de los aplausos y se balanceó al ritmo de la canción “God Bless the USA” de Lee Greenwood.
La madre, el padre y el tío de Feehan estaban sentados entre el público mientras el presidente relataba el día, incluida la reacción de asombro de la familia — “‘¡Guau!’”, afirmó el presidente– cuando les ofreció viajar en su avión.
“Esta era una persona que iba a llegar a lo más alto”, dijo Trump a la afligida familia desde el escenario. “Habría sido general muy rápido”.
Katie Rogerses corresponsal del Times para la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Donald Trump.
“Putin ahora está más aislado del mundo que nunca”, proclamó el presidente Joe Biden en su discurso sobre el Estado de la Unión en marzo de 2022. Una semana antes, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenó que sus tanques entraran a Ucrania, lo que provocó que las naciones occidentales cortaran lazos con Rusia y dieran su apoyo a Kiev. La conmoción por la descarada apropiación de tierras de Putin repercutió en todo el planeta. Muchos esperaban que Rusia se convirtiera en una bestia negra.
Pero pronto los adversarios de Rusia se dieron cuenta de que el país no iba a ir a ninguna parte. Obligado a prepararse para una guerra larga, el Kremlin ordenó a sus diplomáticos, intelectuales y agentes asegurar el apoyo en el mundo no occidental. Muchos países fueron receptivos a los acercamientos rusos, y se negaron a ser obligados a tomar una decisión binaria entre Rusia y Occidente. Rusia pronto se convirtió en un caso singular: el país más sancionado del mundo, pero plenamente capaz de mantenerse a flote. El distanciamiento de Europa fue compensado por relaciones cada vez más estrechas con el sur global.
Para tratar de entender este giro de los acontecimientos, emprendí un viaje por el mundo. Al viajar a más de una decena de países, hablé con los políticos y las personas que apoyan a Rusia, y entrevisté a rusos que impulsan la agenda del Kremlin desde Moscú y a quienes operan en la periferia. La pregunta era sencilla: ¿cómo ha logrado Rusia gestionar el rechazo que recibe de Occidente? Lo que descubrí fue un testimonio de la implacable adaptación del país. Sin importar lo que haga Occidente, Rusia no cederá.
En Dubái, los éxitos de las maniobras económicas de Rusia eran inconfundibles. Tras la invasión, los Emiratos Árabes Unidos se convirtieron en el epicentro de la estrategia rusa en tiempos de guerra: un refugio para los ricos de Rusia que reubican sus negocios, un conducto para los comerciantes rusos que importan bienes chinos y un centro para los bancos rusos que liquidan pagos en monedas distintas al dólar. Para los buques petroleros en la sombra de Rusia, que transportan petróleo ruso a compradores dispuestos en toda Asia, los EAU se convirtieron en un lugar para cambiar de forma y camuflarse. En el inframundo de las empresas fantasma y los profesionales complacientes, Rusia logró eludir las sanciones occidentales.
Otras tramas rusas eran más siniestras. En la Zona Económica Especial de Alabuga, a unos 965 kilómetros al este de Moscú, se encuentra un centro para el ensamblaje de drones de origen iraní utilizados para bombardear Ucrania. Para este esfuerzo es central un programa pseudovocacional que ha tenido como objetivo a jóvenes mujeres africanas para que trabajen allí, en el que los administradores hacen falsas promesas de desarrollo profesional y una vida llena de amor y matrimonio. Extendida a través de las plataformas de redes sociales, la racha de reclutamiento representó solo un pequeño fragmento de las campañas de información de Moscú en África, las cuales ganaron puntos al presentar a Rusia como un antídoto contra el Occidente “neocolonial”.
En Viena y Nueva York, fui testigo de las formas más elevadas de las jugadas de poder de Rusia. En la Organización de Naciones Unidas, los diplomáticos rusos se esforzaron por acorralar a los países no occidentales para que apoyaran sus posturas, entre ellas las relativas a la guerra en Ucrania. Los diplomáticos rusos también usaron formatos más nuevos para cortejar amigos. Al presidir la alianza Brics en 2024, el Kremlin impresionó a sus socios con cientos de eventos, entre ellos un desfile de modas, un torneo deportivo y una gran cumbre en la ciudad de Kazán. Como un anfitrión formidable, Rusia dejó claro que no sería aislada.
En Sudáfrica, hubo poca necesidad de persuasión. Cuando Rusia invadió Ucrania, el Congreso Nacional Africano o CNA –la fuerza política dominante del país, que lideró la lucha contra el apartheid– culpó a las naciones occidentales por la guerra. Al reunirme con veteranos del CNA, vi cómo la gratitud por el apoyo soviético durante la lucha contra el apartheid se combinaba con la antipatía hacia un Occidente que, para ellos, parecía tanto hipócrita como hiperdominante. El resultado fue una postura instintivamente prorrusa que tendía a desestimar la identidad y agencia distintivas de Ucrania.
También conocí a individuos cuya afinidad por Rusia era más idiosincrática. La periodista Paula Slier creció en un próspero suburbio de Johannesburgo en la década de 1980, inmune al tipo de sentimiento prorruso que cultivaba la clandestinidad del CNA. Después de unirse por capricho a Russia Today, un canal de noticias financiado por el Estado, en 2005, ella internalizó lentamente su cultura de noticias. Incluso cuando la propaganda del canal se volvió más estridente con los años, Slier siguió considerando que su trabajo era necesario y correcto. En la guerra de información mundial, me dijo, Rusia era el “desfavorecido”.
Otros se han alineado con Rusia más por interés propio que por afecto. En Georgia, el partido gobernante, Sueño Georgiano, siguió el ejemplo de Rusia al reprimir a la sociedad civil. Antes de las elecciones parlamentarias en octubre de 2024, Sueño Georgiano advirtió que el “partido de la guerra global” –sus oponentes políticos y sus partidarios occidentales– buscaba arrastrar a Georgia a un conflicto con Rusia, tal como había ocurrido en Ucrania. El objetivo de Sueño Georgiano era sencillo: afianzar el propio control del partido en el poder. En el proceso, impulsó la agenda de Putin de desacreditar la democracia de estilo occidental y fortalecer a los compañeros de ruta en la región.
Si Rusia podía contar con cómplices tanto conversos como circunstanciales, su guerra contra Ucrania también generó nuevos, e incluso improbables, opositores. Los jóvenes kazajos urbanos con los que me relacioné en Almaty estaban preocupados de que su país, que comparte con Rusia la segunda frontera más larga del mundo, pudiera convertirse en la próxima víctima de la agresión de Putin. Estos kazajos lideraron los esfuerzos de “descolonización” de Rusia, abogando por el uso del idioma kazajo por encima del ruso en la vida cotidiana, junto con un ajuste de cuentas con las horribles dimensiones de las políticas imperiales rusas y soviéticas en su país.
En Armenia, los habitantes locales se sentían abandonados por Rusia, en lugar de temerosos de su intromisión. En septiembre de 2023, con el Kremlin preocupado por Ucrania, las fuerzas de paz rusas se mantuvieron al margen mientras Azerbaiyán tomaba el control del territorio en disputa de Nagorno Karabaj. Azat Adamyan, dueño de un pub al que conocí en Ereván, estaba entre las decenas de miles de desplazados del enclave. El retrato de Putin ya no cuelga en su pub, que fue reabierto en la capital armenia. Otros armenios de Karabaj culparon al gobierno armenio –el cual desde entonces se ha apresurado a diversificar a sus socios extranjeros– de su difícil situación. De cualquier manera, el prestigio de Rusia sufrió un golpe.
La historia de Armenia insinúa un fenómeno más amplio, que el éxito del Kremlin en asegurar apoyo no ha logrado ocultar: el poder mundial de Rusia se erosiona de manera constante. Sentí esto con más fuerza durante mis viajes a Medio Oriente a principios de 2025. En Majdal Shams, un pueblo fronterizo en los Altos del Golán ocupados por Israel, me senté con drusos locales que celebraban el reciente derrocamiento de Bashar al Asad en la vecina Siria, una gran derrota para el Kremlin, que apoyó a la dinastía al Asad durante décadas hasta que fue incapaz de proteger a su cliente.
El regreso de Trump a la Casa Blanca en general ha empeorado la difícil situación de Rusia. Sus promesas de campaña de una política exterior antiintervencionista han dado paso a operaciones militares de Estados Unidos contra Irán y Venezuela, ambos socios de Rusia. Habiéndose jactado de que podría resolver la guerra de Ucrania “en 24 horas” –y sugerido que podría hacerlo cediendo a las demandas rusas– Trump desde entonces se ha cansado del conflicto, distraído por las réplicas de su apuesta militar en el golfo Pérsico. Mientras tanto, la perspectiva de una nueva relación bilateral sigue sin cumplirse.
Sin la intercesión de Trump, Rusia debe seguir luchando en Ucrania. El costo está aumentando: un estimado de 1,4 millones de bajas rusas en el campo de batalla, drones ucranianos que ahora llegan hasta las profundidades de Rusia y una economía que se tambalea. Sin embargo, tras haber sometido a todo el país a las necesidades de su calamitosa guerra, Putin comprende que su resultado determinará la reputación mundial de Rusia. “Nuestros amigos, vecinos y nuestros adversarios y enemigos siguen muy de cerca cómo se desarrolla”, recordó hace poco su ministro de Asuntos Exteriores, Sergey Lavrov, ante una reunión de la élite en Moscú.
A pesar de todo el peligro de la guerra, Putin ha apostado por aguantar más que Occidente. En un mundo que alberga un pozo de admiradores y seguidores aparentemente inagotable, junto con innumerables cómplices y facilitadores, es posible que su apuesta aún rinda frutos.
Hanna Notte es la directora del Programa de No Proliferación de Eurasia en el Centro James Martin para Estudios de No Proliferación en Monterey, California, y autora del libro próximo publicarse We Shall Outlast Them: putin’s Global Campaign to Defeat the West, del cual se adaptó este ensayo.
Una reciente publicación en las redes sociales de Sanae Takaichi ha provocado un debate en el país sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal.
El lunes fue el Día del Mar en Japón, un feriado nacional en el que muchas personas escapan del calor del verano nadando, surfeando y descansando en la playa. Pero no la primera ministra Sanae Takaichi.
Takaichi pasó el fin de semana largo releyendo documentos de políticas y lidiando con una acumulación de miles de correos electrónicos, según una publicación en redes sociales del martes. Escribió que logró conseguir “cinco horas completas de sueño por primera vez en mucho tiempo”, mucho mejor que las “cero a tres horas” a las que dijo estar acostumbrada. Y dijo que dedicó su limitado tiempo libre a planchar ropa interior, coser faldas deshilachadas y reforzar botones flojos de chaquetas.
Con sus comentarios, Takaichi parecía ansiosa por presentarse como una líder con los pies en la tierra que no deja de trabajar en beneficio de los ciudadanos de Japón. En cambio, su publicación, que ha sido vista más de 31 millones de veces, ha desatado un debate nacional sobre el equilibrio entre la vida laboral y personal y los peligros de la falta de sueño.
Toru Kunishige, un legislador de la oposición, advirtió que la falta prolongada de sueño “afecta el juicio –de manera muy parecida a un estado de ebriedad– y podría representar un riesgo para el manejo de crisis nacionales”.
Hiroyuki Konishi, otro crítico de Takaichi en el Parlamento, pidió su renuncia y dijo: “El verdadero trabajo de la primera ministra es establecer direcciones políticas y dar instrucciones, no examinar minuciosamente hasta el último detalle de un documento”.
Yuichiro Tamaki, líder de un partido conservador populista, describió a Takaichi como trabajadora, pero agregó que “descansar también es un trabajo”.
La oficina de Takaichi no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.
Algunos comentaristas argumentaron que Takaichi, la primera mujer en desempeñarse como primera ministra en Japón, debería recibir más apoyo en su cargo. Mientras que los líderes anteriores solían depender de sus esposas para obtener ayuda en el hogar, Takaichi parecía estar encargándose de más tareas domésticas, según Yoko Iwama, profesora del Instituto Nacional de Posgrado en Estudios Políticos en Tokio.
“Establecer un sistema de apoyo que le permita a una primera ministra japonesa concentrarse completamente en sus deberes –sin tener que ocuparse personalmente de las tareas del hogar– contribuiría al avance de las mujeres en la sociedad”, escribió Iwama en Nikkei, un destacado periódico de negocios.
Takaichi ha estado trabajando a toda marcha recientemente para lograr la aprobación de sus prioridades legislativas antes de que el Parlamento inicie su receso de verano el sábado. También está lidiando con continuos problemas económicos –el yen ha alcanzado su nivel más bajo en 39 años– y un reciente descenso en su popularidad, aunque sus índices de aprobación se mantienen relativamente altos.
En su publicación, Takaichi escribió extensamente sobre su reciente carga de trabajo. Dijo que desde principios de julio, “desde temprano en la mañana hasta altas horas de la noche”, se había recluido los fines de semana en su residencia y estuvo “examinando detenidamente gruesas pilas de documentos”.
También compartió detalles personales y dijo que era “pésima para planchar y me toma una eternidad”. Pero, dijo, después de su sesión de planchado en el feriado, “aseguré suficientes pañuelos y ropa interior para que me duren hasta el final del periodo de sesiones”.
“¡A partir de mañana puedo volver a la carga y darlo todo!”, escribió.
Los aliados de Takaichi han salido en su defensa y la han elogiado por ofrecer una visión sincera de las presiones que implica equilibrar el trabajo con los compromisos personales.
Ayano Kunimitsu, viceministra de Relaciones Exteriores, dijo que Takaichi, al igual que otros políticos, enfrentaba presiones para encargarse de las tareas domésticas por sí misma.
“Cada persona tiene sus propias circunstancias e historias tras bambalinas”, escribió Kunimitsu en X. “Les agradecería que pudieran entenderlo”.
Japón tiene fama de tener largas jornadas laborales, con días que en algunas corporaciones superan las 12 horas. En los negocios y en el gobierno, los trabajadores enfrentan presiones para quedarse en la oficina hasta que los superiores se hayan retirado por el día y para registrar cantidades excesivas de horas extras, lo cual se considera una señal de lealtad y diligencia.
En los últimos años, ha habido casos muy sonados en Japón de karoshi, o “muerte por exceso de trabajo“. El problema acaparó la atención en 2016, cuando Matsuri Takahashi, una empleada de Dentsu, el gigante de la publicidad, se suicidó tras registrar más de 100 horas extras al mes. Su muerte impulsó al gobierno a imponer un límite de 45 horas extras al mes, lo que algunos expertos dicen que ha ayudado a relajar la cultura laboral, en especial para los jóvenes.
Desde que incursionó en la política en la década de 1990, Takaichi, que aspira a ser una líder transformadora, ha hecho de su ética de trabajo una parte central de su identidad. Al asumir el cargo de primera ministra el año pasado, prometió “trabajar, trabajar, trabajar, trabajar y trabajar”. Ha utilizado hábilmente las redes sociales para destacar su apretada agenda, y en enero escribió una extensa publicación sobre cómo lidió con problemas geopolíticos mientras se mudaba a la residencia oficial de la primera ministra durante la temporada de fiestas.
Esta no es la primera vez que sus hábitos son objeto de escrutinio. En noviembre, atrajo críticas por convocar a sus asistentes a las 3 a. m. Más tarde explicó que la máquina de fax de su casa se había descompuesto y necesitaba la ayuda de su personal para trasladarse a otra oficina y así poder prepararse para una reunión.
Javier C. Hernández es el jefe de la corresponsalía de Tokio del Times, desde donde dirige la cobertura informativa sobre Japón. Ha informado desde Asia durante gran parte de la última década y anteriormente fue corresponsal para China en Pekín.
Hisako Ueno es periodista e investigadora radicada en Tokio, donde escribe sobre política, economía, trabajo, género y cultura japoneses.
Los tractocamiones retumban al pasar por el Puente del Comercio Mundial; los chirridos de los frenos de aire se intercalan con los rugidos de los motores. Del lado mexicano de la frontera, en los momentos de mayor actividad, una fila de camiones se extiende por más de un kilómetro y medio.
Los aranceles del presidente Donald Trump han reconfigurado la relación comercial de Estados Unidos con el mundo. A medida que los aranceles han entrado en vigor, las importaciones de países como China han caído a un ritmo constante. Como resultado, los fabricantes han buscado plantas de bajo costo más cerca de casa, impulsando un auge en el comercio entre Estados Unidos y México.
Laredo, Texas, ha sido uno de los beneficiados de este cambio. Al ser una ciudad fronteriza a orillas del río Bravo, conecta directamente las fábricas que rodean Monterrey, México, a unos 240 kilómetros de distancia, con la autopista interestatal 35, una arteria central en Estados Unidos, y otras carreteras que transportan productos mexicanos por todo el país. Aproximadamente el 40 por ciento del comercio entre Estados Unidos y México pasa por Laredo.
El futuro de ese comercio ahora está en duda, mientras Trump exige cambios al acuerdo comercial de América del Norte que ha entrelazado las economías de México, Canadá y Estados Unidos durante más de tres décadas. En las negociaciones de esta semana en Ciudad de México, los funcionarios estadounidenses presionarán para conseguir modificaciones importantes al acuerdo comercial que el presidente firmó durante su primer mandato –el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá– que reemplazó al TLCAN. En virtud de esos acuerdos, se ha permitido que los bienes circulen entre los países libres de aranceles, siempre y cuando sigan las reglas del pacto.
Trump ya ha adoptado un enfoque sumamente disruptivo respecto al comercio en América del Norte. Ha amenazado con desechar el T-MEC por completo a menos que Estados Unidos obtenga un acuerdo mejor, un escenario desastroso para las empresas que dependen de él. El 1 de julio, se negó a renovar el acuerdo, poniendo en marcha un plazo de 10 años para su expiración. Y el lunes, Trump firmó órdenes para imponer un arancel del 50 por ciento, a partir del próximo mes, a productos canadienses que van desde la madera contrachapada y el papel hasta el cemento y los palos de hockey, una medida que algunos interpretaron como un intento de obligar a Canadá a sentarse a negociar.
Las negociaciones con México han sido más fluidas, pero los funcionarios estadounidenses dicen que quieren ver grandes cambios en la relación. Desde que se firmó el T-MEC en 2018, el déficit comercial de bienes de Estados Unidos con México se ha más que duplicado, lo que irrita a Trump. Los funcionarios estadounidenses quieren que sus homólogos mexicanos adopten cambios en el pacto que obligarían a fabricar más productos en Estados Unidos y les darían a las empresas estadounidenses un mayor acceso al mercado mexicano. Aunque Trump ha impuesto aranceles a algunos bienes procedentes de México, incluidos el acero, el cobre y los tomates, la mayoría de los bienes del T-MEC siguen ingresando a Estados Unidos libres de aranceles.
Laredo aún le apuesta a la supervivencia del acuerdo. Está invirtiendo en nuevos almacenes y en la ampliación del Puente del Comercio Mundial y otros cruces fronterizos. Las importaciones de computadoras, automóviles, celulares, tractores y aires acondicionados pasan por el puerto desde México, y de regreso se envían piezas de automóviles, motores diésel, plásticos, cobre refinado y baterías como parte del comercio transfronterizo que se ha vuelto clave para una variedad de industrias, incluida la automotriz.
Laredo ha superado al Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago, al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York y al puerto de Los Ángeles para convertirse este año en el principal puerto de entrada del país por su valor en dólares.
“Ojalá siga en marcha y todo siga fluyendo”, dijo Don Booth, de 66 años, mientras caminaba por un enorme almacén que administra del lado estadounidense de la frontera. Unos ventiladores gigantes agitaban el aire caliente del almacén, que albergaba unos 6000 vehículos todoterreno de líneas elegantes fabricados en Monterrey, México, por Polaris, una empresa con sede en Minnesota.
Los tractocamiones esperaban en los andenes de carga que rodeaban la fábrica para transportar los vehículos de fabricación mexicana a los distribuidores por todo Estados Unidos. Otros camiones se llenarían con chasis, motores, neumáticos y amortiguadores fabricados en Estados Unidos, y se enviarían hacia el sur para abastecer la planta de la empresa en Monterrey.
Booth dijo que había visto cómo el negocio se desaceleraba a medida que Trump lanzaba amenazas arancelarias y las empresas intentaban reorganizarse. Dijo que tenía “cautela” sobre el efecto de los aranceles, pero que, en general, el negocio fluía bien. “México es un buen socio”, añadió.
Los defensores del acuerdo comercial de América del Norte argumentan que las importaciones mexicanas siguen siendo beneficiosas para Estados Unidos. Además de abastecer a los consumidores estadounidenses con los productos baratos y abundantes a los que están acostumbrados, México también es el mercado de exportación más grande de Estados Unidos después de la Unión Europea. Muchos artículos fabricados en fábricas mexicanas se elaboran con algodón, plásticos y petróleo producidos por trabajadores estadounidenses.
Otros defensores del pacto argumentan que tener acceso a la producción de bajo costo en México ayuda a que las empresas estadounidenses sean más competitivas frente a sus rivales de Asia o Europa.
No obstante, el acuerdo comercial también tiene muchos críticos que dicen que los salarios más bajos que se pagan en las fábricas mexicanas continúan socavando los empleos de manufactura en Estados Unidos.
En un informe técnico publicado en junio, el sindicato United Automobile Workers (UAW) calificó al T-MEC y a su predecesor, el TLCAN, de “desastre del libre comercio”. El sindicato propuso agregar un nuevo salario mínimo de manufactura para América del Norte y el requisito de que las empresas fabriquen automóviles en Estados Unidos si quieren venderlos allí.
“Si no se cumplen estos estándares, Estados Unidos debería retirarse del T-MEC”, dijo el sindicato.
A algunos les parece curioso que Trump critique el acuerdo que él mismo firmó. En ese momento, lo llamó una “victoria colosal” que pondría fin a “la pesadilla del TLCAN”.
Aunque el T-MEC mantuvo intacta gran parte de la estructura del TLCAN, también incluyó modificaciones destinadas a impulsar la manufactura en Estados Unidos. El T-MEC exigía que los fabricantes de automóviles produjeran más vehículos en América del Norte para tener derecho a los aranceles cero previstos en el pacto. También obligó a México a fortalecer su legislación laboral, entre otros cambios.
Pero los críticos argumentan que esos cambios no se materializaron por completo. El UAW dice que los fabricantes de automóviles simplemente ignoraron algunas de las reglas más complicadas, como el requisito de que los trabajadores que ganan al menos 16 dólares la hora fabriquen una mayor parte del contenido de un automóvil. En cambio, algunas empresas optaron por evadir las reglas del T-MEC pagando simplemente un arancel del 2,5 por ciento para importar automóviles. En México, sindicatos corruptos mantuvieron el control, y las reformas laborales solo fueron parciales, señala el UAW.
Otros argumentan que las importaciones desde México han experimentado un auge en parte debido a las acciones de Trump. En su primer mandato, los aranceles que el presidente impuso a China –el fabricante más grande del mundo– hicieron que las empresas se apresuraran a buscar otros lugares con mano de obra barata para poder seguir abasteciendo a los consumidores estadounidenses con productos económicos. En 2023, México superó a China como la principal fuente de importaciones de Estados Unidos.
En esta ocasión, los funcionarios estadounidenses han propuesto aumentar el requisito del T-MEC sobre qué porcentaje de un automóvil debe fabricarse en América del Norte del 75 al 82 por ciento. También han sugerido exigir que el 50 por ciento del contenido de un automóvil provenga de Estados Unidos.
Los funcionarios estadounidenses han propuesto nuevos requisitos de contenido para otros productos, como los dispositivos electrónicos. También están presionando a funcionarios mexicanos para que hagan más por impedir que mercancías chinas lleguen a Estados Unidos a través de México. Este año, México comenzó una importante reforma de su sistema de aduanas para rastrear mejor los componentes y las materias primas en las exportaciones a Estados Unidos.
El mes pasado, en una entrevista con The New York Times, Jamieson Greer, el representante comercial de Estados Unidos, afirmó que los funcionarios habían estado discutiendo nuevas reglas de origen para otras industrias, incluida la electrónica. Greer dijo que Estados Unidos y México estaban explorando la posibilidad de reducir el déficit comercial estadounidense con México y, al mismo tiempo, fomentar el regreso de la manufactura a América del Norte.
“¿Existen formas de ajustar las reglas de origen para que resulte más provechoso tener una mayor parte de tu cadena de suministro electrónico en Estados Unidos y México?”, preguntó.
Las compañías automotrices se han quejado de que estos requisitos son demasiado onerosos y que simplemente fomentarán más manufactura fuera de América del Norte. Los automóviles importados de Japón y Corea del Sur, por ejemplo, solo enfrentan un arancel del 15 por ciento al ingresar a Estados Unidos bajo los acuerdos alcanzados con el gobierno de Trump.
Parece poco probable que las negociaciones concluyan pronto. Aunque Estados Unidos y México han estado en conversaciones durante varios meses, las negociaciones de Estados Unidos con Canadá aún no han comenzado de manera oficial. México y Canadá han estado conversando por su cuenta, aunque sin llevar a cabo negociaciones formales.
Diego Marroquín Bitar, investigador del programa de las Américas en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo que el escenario más probable para el pacto comercial de América del Norte era una “extensión dolorosa”, en la cual las negociaciones se alargarían por muchos meses.
Dijo que la incertidumbre derivada de las negociaciones del T-MEC probablemente frenaría la inversión, incluso en fábricas.
“Las empresas no invierten por esperanza, invierten con base en la previsibilidad”, dijo.
El representante Henry Cuellar, demócrata por Texas, cuyo distrito incluye Laredo, afirmó que el comercio entre Estados Unidos y México había ido en aumento, pero que los aranceles, las redadas de inmigración y la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC estaban frenando la inversión local.
“Los inversionistas no saben, ‘¿Invertimos en esta bodega? ¿Hacemos esto? ¿No lo hacemos?’. Y esto tiene un efecto paralizante”, dijo Cuellar.
J. D. Gonzalez, un agente de aduanas en Laredo que está considerando postularse a la alcaldía de la ciudad, también dijo que los aranceles de Trump a algunos artículos, como el acero, el aluminio, el cobre y los tomates, habían desacelerado el comercio local, dejando más espacio vacío en los almacenes locales.
Gonzalez nació en Laredo y fue testigo de un auge en el comercio y la población de la ciudad después de la firma del TLCAN. En 2000, se inauguró el Puente del Comercio Mundial para aliviar la presión sobre un cruce fronterizo en el centro de la ciudad. Ahora, 18.000 camiones pueden cruzar a diario los puentes de Laredo.
Los habitantes locales se refieren a toda la región, ya sea de Estados Unidos o de México, como la frontera. Durante décadas, la gente cruzaba libremente el río Bravo de un lado a otro para trabajar, ir de compras, beber y cenar.
A medida que la violencia de los cárteles aumentó en Nuevo Laredo, la ciudad al otro lado de la frontera, en la década de 2000, las ciudades se volvieron más divididas. Aun así, muchos conductores de camiones todavía hacen múltiples viajes al día.
Laredo es, en esencia, “una gran parada de camiones”, dijo Gonzalez. “Todo pasa por aquí”.
“El T-MEC ha sido muy beneficioso para nuestra área”, dijo. “Somos más fuertes como continente que como países individuales”.
James Wagner colaboró con reportería.
Ana Swansoncubre comercio y economía internacional para el Times desde la corresponsalía en Washington. Ha sido periodista por más de una década.
Alejandra Gómez recorre con la mirada los tres pisos de su casa en el norte de Lima.
Mirsa Amasifen, su tía, observa desde la puerta. Estas dos mujeres simbolizan el esfuerzo generacional que supuso levantar el hogar.
“Construir el primer piso tomó diez años. El segundo seis. El tercero entre seis y ocho. En total, 25-30 años. Aquí hemos vivido tres generaciones”, cuentan Gómez y Amasifen.
Acabada en verde y amarillo, con ventanas de vidrio y puertas de hierro, la casa resalta en un barrio donde la norma son viviendas a medio hacer, con vigas en techos que apuntan a ninguna parte y fachadas en ladrillo opaco sin pintar.
La escena ocurre en Los Olivos, pero podría repetirse en casi la totalidad de los 43 distritos de la capital peruana y otras ciudades del país andino, donde la preocupación sobre el estado de decenas de miles de inmuebles se ha reavivado después de los mortales terremotos en Venezuela.
En Perú, incontables propiedades inacabadas dominan el paisaje, salvo los barrios de clase media y alta.
“Perú es un país que nunca termina de construirse”, reflexiona Wiley Ludeña, urbanista de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Pone como ejemplo a la capital. “Es como una ciudad informal gigante, como si fuese toda una barriada en obra permanente”, dice en referencia a los asentamientos informales en los que viven millones de ciudadanos y que quedaron integrados en esta urbe de más de 10 millones de habitantes.
Peruanos de a pie me repiten un motivo para las viviendas sin terminar: “Es rentable. Mientras estén en construcción, pagan menos impuestos”.
La realidad es más compleja. Detrás de este fenómeno se esconden pocos recursos, familias que crecen más rápido que los hogares, políticas que alientan más que resuelven y un peso abrumador de la autoconstrucción.
Se estima que 7 de cada 10 casas son autoconstruidas en Perú, uno de los índices más altos de América Latina, según el Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), un centro de investigación privado peruano.
Tras los sismos se que cobraron miles de vidas en Venezuela y destruyeron los hogares de otros tantos, los medios peruanos y expertos se preguntan qué pasaría si una tragedia así se produjera en Perú, donde la falta de asesoría técnica y la ausencia del Estado ha marcado el crecimiento urbano durante décadas.
La estética de la barriada
Las casas sin terminar y la prevalencia de esa estética se acentuó a partir de los años 60 del siglo pasado.
“La industrialización atrajo a millones de migrantes del campo a las ciudades, creando un déficit de vivienda”, señala Ludeña.
“Desde el gobierno se pensó en la autoconstrucción como una solución sin que el Estado proveyera de recursos económicos”, añade el urbanista.
Así llegó y más tarde completó su casa Amasifen en Lima. Vino de la sierra y se asentó en lo que entonces eran maizales y otras cosechas.
“Se pobló como invasión. Los vecinos cercaron sus terrenos. Las primeras casas eran de adobe. Luego, con el tiempo, se pudo utilizar el concreto”, cuenta.
Aunque nació como barriada, Los Olivos es hoy en su mayoría formal, pero los procesos de expansión y regularización continúan. También la aglomeración de proyectos inacabados.
En la mayoría de barrios de Lima es normal que se mezclen decenas de proyectos acabados y sin acabar. Es un paisaje común en otras ciudades peruanas.
“En un principio, las barriadas eran un paraíso. La gente construía y hasta hoy siguen construyendo según sus posibilidades económicas. Un año un piso, más tarde otro, luego la habitación, otro la fachada”, explica Ludeña.
Pero con el tiempo, dice el urbanista, se generó un “auténtico infierno urbano carente de servicios. Una ciudad enferma por el abandono estatal en asesorías técnicas”.
Esto se refleja en una estética de construcción inacabada que, a diferencia de otros países de la región donde también existe un notorio número de viviendas informales y autoconstruidas, en Perú es más visible y no se limita a las periferias o zonas rurales.
Falta de recursos
Said Sevilla cree que las medidas de los gobiernos para promover viviendas son populistas y no resuelven el problema real de la falta de recursos para poder tener viviendas dignas.
De acuerdo a datos de 2023 del Observatorio Nacional de Prospectiva de Perú, un 44,6% de los 34 millones de peruanos habita barrios marginales, asentamientos informales o viviendas inadecuadas. En 2007 esa cifra fue del 49,9%.
Tania Herrera, quien cuenta con un doctorado en geografía por la Université Paris Cité, en Francia, alerta que los números podrían estar subestimados y que es difícil cuantificar las familias que viven hacinadas a causa de espacios incompletos.
Said Sevilla, un estudiante de geografía de la Universidad Nacional de San Marcos que investiga el fenómeno, me guía por su barrio, mostrándome la prevalencia de casas inacabadas y las características que las definen.
“Mira esas columnas que sobresalen del techo. A veces es porque ya tienen plan para hacerle otro piso. Otras veces es porque la expectativa de seguir construyendo nunca termina y ya las dejan sobresaliendo para cuando reúnan dinero poder continuar”, apunta con el dedo.
“Fíjate que pocos pintan los laterales de la fachada. Aquí, en cualquier momento, el vecino construye más pisos al lado y entonces, ¿para qué pintar si no se va a ver?”, continúa Sevilla.
Muchos dejan columnas expuestas, esperando poder continuar la construcción en el futuro.
La falta de recursos es el factor más mencionado por los expertos para explicar el letargo constructivo.
La madre de Sevilla apenas ha podido armar su casa tras 35 años viviendo en ella.
“Como usted ve, es una casita precaria que no más está empezando. Mi prioridad ha sido que mis hijos estudien”, explica Leonor Palomino.
“Lo normal aquí es que cada casa tarde al menos dos o tres generaciones en terminarse”, dice Sevilla.
La profesora Herrera agrega que “es difícil encontrar viviendas autoconstruidas finalizadas porque la autoconstrucción misma hace que la casa sea susceptible a modificaciones constantes para adecuarla a las necesidades de la familia”.
La experta destaca que en los últimos años los problemas de vivienda y sobrepoblación han empujado también a un incremento del alquiler en casas populares.
Esto aumenta la presión para seguir construyendo.
“Si se necesita poner habitaciones o departamentos para alquilar, tumban una pared y ponen otra; ponen un baño y sacan otro. Modifican las casas constantemente”, explica Herrera.
Leonor Palomino también llegó a Lima en una oleada migratoria del campo a la ciudad.
El Estado y la vivienda
Ejemplo típico de barrio popular en Lima. Casas con pisos sin terminar, situadas al lado de propiedades con los laterales de las fachadas sin acabar.
Julio Calderón Cockburn, profesor especializado en la realidad social urbana en Perú y América Latina del Instituto Lincoln, señala que los gobiernos de la región suelen tener dos formas de solucionar los déficits de vivienda.
“Una preventiva, que promueve vivienda social antes de que ocurra la informalidad, y otra correctiva, que da títulos de propiedad y ofrece servicios una vez que la informalidad ya se dio”, dice Calderón.
El experto opina que el primero es el ideal y que países como Chile, México, Colombia o Brasil están a la vanguardia de esta corriente.
“Pero luego hay países como Perú, sin política de vivienda social, donde predomina la informalidad. Lo que ha habido son programas de bonos, créditos y subsidios a la demanda”, añade el profesor.
Es complicado que el sector informal acceda a estos bonos porque no cumple con los requisitos para acceder a créditos y bancarización.
“Esos programas sirven más a clases medias o medias-bajas, pero los de menos recursos se quedan fuera”, resalta Calderón.
La informalidad laboral afecta a un 47% de las personas ocupadas en América Latina. En Perú y Bolivia, otro país donde las obras inacabadas son comunes, la tasa supera el 70%, según la Organización Internacional del Trabajo.
Con frecuencia, los constructores burlan los límites de pisos permitidos. Es rentable pagar una multa si se le saca rédito al alquilar.
A pesar de que en 2021 una ley aprobada en el Congreso peruano estableció las bases para una mejor planificación urbana, asesoría técnica y regularización de propiedades, Calderón aclara que todavía no consigue solucionar los retos existentes.
Algunos se reproducen desde la propia clase política.
“En el Perú se ha dado por años un pacto de voto por suelo en el que los políticos no intervienen en invasiones ni en las condiciones en las que los peruanos construyen sus casas por puro clientelismo”, señala Herrera.
“En todo el país, gobiernos locales promueven barriadas y prometen títulos y formalizaciones a cambio de estabilidad y estatus quo”, añade.
Percepciones y riesgos
Calderón comparte la percepción de que muchos peruanos creen que dejando sus casas sin terminar se ahorran impuesto predial.
Es difícil de probar. Si preguntas a propietarios, lo normal es que lo nieguen.
Erick Lau, especialista en derecho inmobiliario y urbanístico, cree que no es una motivación generalizada y que las propiedades incompletas responden más a las limitaciones económicas y otros factores.
“Es también un tema cultural que ya se volvió leyenda urbana. Creo, incluso, que hay una romantización de la estética rústica de vivienda informal que está dominando el paisaje”, reflexiona Lau.
Añade un efecto contagio y pragmatismo: “Si a mi alrededor no terminan de construir los costados y los dejan sin pintar, no voy a hacer un esfuerzo adicional. Así guardo armonía con el medio”.
Ante un preocupante aumento de extorsiones en zonas populares y barriadas en los últimos años, los expertos también creen que algunos inquilinos dejan las casas inacabadas para aparentar precariedad y protegerse.
San Juan de Lurigancho es el distrito más grande y poblado de Lima. Lo que describen los expertos es notoriamente visible aquí.
El fenómeno conlleva riesgos preocupantes que afloran en la conversación tras la tragedia en Venezuela.
“Las ciudades de la costa, como Lima, son susceptibles a sismos. Eventualmente, estas viviendas autoconstruidas y sin terminar pueden colapsar”, expresa Herrera.
La geógrafa recuerda unos datos de 2014 que indicaban que, en el caso de un terremoto de una magnitud superior a 7 en la escala Richter, solo en la Lima Metropolitana colapsarían más de un millón de hogares.
“Desde los 70 no tenemos un gran terremoto. Todo lo autoconstruido desde entonces se ha hecho en un periodo de silencio; viviendas sin asistencia técnica o seguimiento. Solo sabemos cómo son por fuera. No cocemos cómo están dentro”, dice Herrera.
Es común que quienes construyan sus casas recurran a familiares, amigos y vecinos buscando apoyo en vez de a especialistas.
Un artículo reciente del medio nacional peruano El Comercio cita un estudio de Grade que indica que el 71% de las 6,6 millones de viviendas en el país fueron autoconstruidas.
Y que, de esas, solo el 3% alcanza un nivel adecuado de calidad.
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Los hutíes de Yemen afirman haber atacado dos petroleros de Arabia Saudita en el mar Rojo, mientras Estados Unidos lanzaba su duodécima noche consecutiva de ataques contra Irán.
Los medios estatales iraníes informaron que dos personas murieron en los ataques estadounidenses del miércoles y que un petrolero se incendió tras una explosión en una ruta minada del estrecho de Ormuz.
Antes de esta última oleada de ataques, el presidente estadounidense, Donald Trump, había amenazado con destruir un puente o una central eléctrica de Irán si este atacaba algún barco en el estrecho. También amenazó con “ocuparse” de los hutíes si bloqueaban el mar Rojo.
De confirmarse, el ataque de los hutíes sería el primero desde que el grupo respaldado por Irán anunció un “embargo marítimo” contra Arabia Saudita.
Los hutíes identificaron a los petroleros como el Encelia y el Layla, aunque no se ha confirmado su responsabilidad en los hechos.
El portavoz militar del grupo, Yahya Saree, declaró que habían atacado los buques con drones y misiles por haber presuntamente violado su bloqueo naval.
Saree añadió que los hutíes se comprometían a proseguir sus operaciones navales y a seguir aplicando la ecuación de “asedio por asedio”.
Costa del estrecho de Bab el-Mandeb.
La agencia estatal de noticias saudita (SPA) confirmó a primera hora del jueves que el Encelia fue alcanzado “mientras navegaba por el mar Rojo”, lo que provocó un incendio en su proa.
Citando a una fuente oficial anónima de la Autoridad General de Transporte, describió el ataque como una violación del derecho internacional. Asimismo, informó que toda la tripulación se encontraba a salvo.
La organización de Operaciones de Comercio Marítimo de Reino Unido (UKMTO) comunicó que un “proyectil desconocido” impactó contra un petrolero saudita a unos 130 km de Al Shuqaiq en Arabia Saudita a las 20:00 GMT. El ataque causó un incendio, pero no hubo víctimas, según indicó el organismo.
El grupo británico de gestión de riesgos marítimos Vanguard también informó que el petrolero Encelia había sido alcanzado.
El ataque contra el Layla no ha sido confirmado.
Un edificio destruido en Teherán por un ataque estadounidense el 21 de julio.
En Irán
De otra parte, el Comando Central de EE. UU. (Centcom) comunicó a las 21:30 GMT que había lanzado ataques, bajo las órdenes de Trump, “para mermar aún más la capacidad de Irán de amenazar a marinos civiles y buques comerciales que transitan por aguas de la región”.
Los ataques tuvieron como objetivo “instalaciones militares iraníes, incluyendo infraestructura marítima, depósitos de misiles y drones, puestos de vigilancia costera y sistemas de defensa aérea”, señaló el organismo.
Kuwait, Jordania y Bahréin informaron poco después que respondieron a amenazas aéreas. El ejército iraní declaró haber atacado objetivos estadounidenses en los tres países, según la agencia AFP.
Los medios estatales iraníes informaron de la muerte de dos personas en ataques estadounidenses en el sur del país, cerca de la frontera con Irak.
Por otra parte, la Guardia Revolucionaria de Irán (IRGC) afirmó que el estrecho de Ormuz estaba “completamente cerrado” tras una explosión en el canal, según informaron medios estatales iraníes.
El IRGC afirmó haber impedido el paso de tres petroleros por el estrecho.
Un petrolero se incendió y otros dos dieron vuelta tras intentar atravesar una ruta minada al sur del estrecho, según medios estatales iraníes.
Esto luego de que Trump prometiera ese mismo miércoles atacar un puente o una central eléctrica de Irán si sus fuerzas atacaban barcos en el estrecho de Ormuz.
Posteriormente, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, advirtió que responderían “ojo por ojo” ante cualquier ataque contra el país.
El martes, Trump declaró a la prensa que “se ocuparía de los hutíes” si estos obstruían el mar Rojo, tal como habían amenazado con hacer.
Los hutíes ofrecieron pocos detalles sobre el “embargo marítimo” cuando lo anunciaron el lunes, pero un portavoz de prensa indicó que estaban cerrando el estrecho de Bab el-Mandeb -la puerta de entrada sur al mar Rojo- a los buques sauditas.
El mar Rojo ha cobrado una importancia crucial para los envíos de petróleo desde Arabia Saudita durante el conflicto entre Estados Unidos-Israel e Irán, que ha provocado el cierre efectivo del estrecho de Ormuz.
Ahora, la amenaza de los hutíes plantea el riesgo de nuevas perturbaciones en el transporte marítimo internacional. Las hostilidades en la región ya han causado fluctuaciones significativas en los precios mundiales del combustible.
Hasta la fecha, al menos siete petroleros se dieron la vuelta cerca de Yemen desde que se impuso el bloqueo. Saree afirmó que los hutíes habían “obligado a aproximadamente diez barcos a retirarse y regresar”.
Estas perturbaciones en el mar Rojo se producen en un momento en que las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán se encuentran prácticamente estancadas.
Ambos países firmaron un “memorando de entendimiento” en junio para detener las operaciones militares y reabrir el estrecho de Ormuz, así como para alcanzar un acuerdo que pusiera fin a la guerra en un plazo de 60 días.
Sin embargo, tres semanas después de la firma, Trump declaró terminado el alto el fuego tras los ataques iraníes contra buques en Ormuz y las consiguientes represalias estadounidenses.
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El expresidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores asistieron este miércoles 22 de julio a una nueva audiencia del proceso judicial que enfrentan en el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York.
El juez decidió que el juicio contra el exmandatario comience el 1 de junio de 2027.
Maduro está acusado de “terrorismo relacionado con el narcotráfico” por la justicia estadounidense después de que el pasado enero Washington lanzara una operación militar sobre Venezuela que se saldó en la captura del matrimonio y alrededor de 100 fallecidos, según el gobierno de Caracas.
Otro de los cargos a los que se enfrenta Maduro es el de presunto uso de su cargo para facilitar el contrabando de miles de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos.
Tanto él como su esposa se declaran inocentes y acusan a Estados Unidos de haberlos secuestrado.
Pero no es esta la única causa legal internacional contra Maduro y su gobierno, señalados por presuntas violaciones de derechos humanos.
La nueva causa en Estados Unidos
El pasado mayo, el Departamento de Justicia (DOJ) de Estados Unidos abrió una nueva investigación criminal, la segunda en el país, contra Maduro.
En este caso, en Miami, lugar donde está detenido desde mayo Álex Saab, presunto testaferro del exmandatario y parte de su ejecutivo como ministro de Industria hasta su reciente deposición por parte de la actual presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
La segunda investigación, según medios en Estados Unidos, está centrada en posibles delitos financieros.
Se abrió en marzo después de que fiscales federales en Miami recibieran órdenes para iniciar nuevas pesquisas criminales contra Maduro “en medio de preocupaciones de que el proceso pendiente en su contra (en Nueva York) sea débil” según publicó CBS News, socio de BBC en EE.UU.
Como explica a BBC Mundo Myriam Fernández Nevado, consultora internacional sobre derechos humanos y derechos de la infancia, frente a otros procesos que pueden ser más largos, Estados Unidos “prefiere asegurarse de que va a ser juzgado y a cumplir condena en una cárcel de máxima seguridad en su territorio antes que en otro lugar”.
Partidarios del expresidente venezolano Nicolás Maduro se manifiestan frente al tribunal federal de Manhattan antes de su audiencia judicial el 26 de marzo de 2026 en la ciudad de Nueva York.
Este segundo proceso lo lidera el fiscal Michael Berger, especializado en casos criminales internacionales, junto a agentes del FBI, Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, en inglés) y la sección de Investigación Criminal del IRS, el fisco estadounidense.
“Lo que está pasando en Estados Unidos, sea condenado o no, queda muy corto con relación a lo que se esperaba en términos de justicia y de rendición de cuentas con lo que ha pasado en esta última década en Venezuela”, dice a BBC Mundo Marta Valiñas, jurista internacional que espera que Maduro responda por presuntos delitos de violaciones a los derechos humanos.
Consultado en mayo por CBS, un abogado de Maduro declinó hacer comentarios sobre este proceso.
La causa argentina
En Argentina hay otro caso abierto desde 2023.
“Esta causa abierta en Argentina lo es bajo el principio de jurisdicción universal. Está basada en denuncias hechas por dos organizaciones, la Fundación de George y Amal Clooney (CFJ, en inglés) y el Foro Argentino para la Defensa de la Democracia (FADD)”, explica Valiñas, quien además fue hasta enero de 2026 presidenta de la Misión de Determinación de los Hechos para Venezuela de la ONU.
Las querellas se presentaron por separado, pero luego se unieron en una sola causa.
Bajo el principio de jurisdicción universal, explica Valiñas, ni acusado ni víctimas deben tener nacionalidad argentina ni los hechos deben haberse cometido en ese país.
“Los tribunales de Argentina han aceptado la jurisdicción del caso y es en contra de varias personas, incluido Nicolás Maduro”, sostiene.
Además, la justicia de ese país solicitó a Estados Unidos la extradición del exmandatario en marzo. En concreto, un juez argentino libró un “exhorto internacional a los Estados Unidos de América a efectos de solicitar la extradición de Nicolás Maduro Moros” para ser indagado en el marco de una investigación por crímenes de lesa humanidad bajo el principio de “jurisdicción universal”.
Ya en 2024 habían solicitado su captura internacional.
Familiares de presos políticos participan en una protesta para exigir su liberación frente a la Defensoría del Pueblo en Caracas en mayo de 2026.
No hay un plazo establecido para que Estados Unidos responda a la extradición. Valiñas explica que “no es probable, dado el contexto actual, que se dé, pero existe la probabilidad con cambios de contexto internacional”.
En cualquier caso, señala, esta causa “contempla crímenes de lesa humanidad, que no prescriben”.
En concreto, la justicia argentina sostiene que existió un “plan sistemático de represión, desaparición forzada de personas, tortura, homicidios y persecución contra una porción de la población civil” en Venezuela desde 2014.
Cuando la justicia argentina libró la orden de captura contra Maduro en 2024, el entonces fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, criticó esa decisión calificándola de “írrita” bajo el argumento de que “violenta la jurisdicción de los Estados y las inmunidades y privilegios que gozan los presidentes y altos funcionarios”.
En este caso también se investiga al actual ministro del Interior, Diosdado Cabello.
No es la primera vez que la justicia argentina aplica este principio de jurisdicción internacional. En 2021 abrió una investigación sobre las acusaciones de crímenes por parte de militares birmanos contra la minoría musulmana y, en 2022, inició una investigación penal contra el presidente nicaragüense, Daniel Ortega.
La Corte Penal Internacional
De todos los procesos abiertos, este es el que puede llevar años, explican los expertos consultados por BBC Mundo.
Como cuenta Myram Fernández Nevado, la Corte Penal Internacional (CPI) solamente juzga determinados delitos: genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crímenes de agresión.
Entre los de lesa humanidad se contemplan actos como asesinato, esclavitud, tortura, violación, persecución a un grupo determinado de personas o desapariciones forzadas contra una población civil. Son crímenes que no prescriben.
A la vez, la CPI trabaja a través del principio de complementariedad, lo que significa que no reemplaza a los tribunales nacionales, que se espera que actúen primero.
“La CPI solo interviene cuando el Estado donde ocurren esos crímenes no tiene la voluntad o carece de la capacidad real para investigar y juzgar a los responsables”, detalla Fernández.
Rafael Uzcátegui, defensor de derechos humanos y director de Laboratorio de Paz en Venezuela, explica que en el caso venezolano se intentó agotar este principio. “Se llamó Memorandum de Entendimiento, lo firmó Maduro y el gobierno se comprometió a reestructurar el sistema de justicia, pero fueron usando recursos para ganar tiempo y simular cooperación con la CPI”, cuenta.
La actitud del gobierno de Maduro ante el proceso en la CPI fue cambiando con el tiempo. En 2021, el entonces presidente dijo que Venezuela como Estado no compartía la decisión de la CPI de seguir adelante con la investigación, pero que la respetaba.
Luego, en 2022, Venezuela solicitó postergar el proceso alegando que ya la justicia venezolana estaba investigando.
Finalmente, en 2025, la Asamblea Nacional controlada por el chavismo votó a favor de derogar la adhesión de Venezuela al Estatuto de Roma, acusando a la CPI de ser un instrumento del “imperialismo estadounidense”. Cabe destacar que EE.UU. no es parte del Estatuto de Roma ni de la CPI.
Para iniciar un caso ante la CPI primero se debe haber ratificado el Estatuto de Roma. Venezuela lo hizo en el año 2000 y sigue dentro, a pesar de que el año pasado trató de derogar esta adhesión.
También se puede iniciar una investigación a petición de uno o varios Estados miembros, por informes del Consejo de Seguridad de la ONU o por oficio del fiscal de la CPI “basándose en información que considera creíble”, dice Fernández.
Un miembro de la Guardia Nacional dispara su escopeta contra manifestantes durante enfrentamientos en Caracas en 2017.
En el caso de Venezuela, la investigación se basa, en parte, en investigaciones hechas por la Misión de la ONU sobre hechos ocurridos desde 2014 hasta ahora.
“Los informes de la Misión hablan sobre violaciones de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad que incluyen tortura, detenciones arbitrarias, muertes en protestas. Hay documentos oficiales, expedientes judiciales, testimonios de víctimas, testigos, familiares, declaraciones de miembros del gobierno, informes de ONGs”, detalla Valiñas.
A título personal, Valiñas asegura que “hay información que justifica una investigación penal por estos hechos”.
Pero, como explica Uzcátegui, “es un proceso que no es rápido, ya que la fiscalía de la CPI sigue investigando para hacer un caso sólido sobre personas concretas. Y nunca se sabe a ciencia cierta qué expediente está mejor”.
Aclara que suelen presentar un caso “cuando tienen pruebas sólidas más que suficientes y que depende de la calidad de las mismas”.
Es decir, que puede que la CPI presente un caso contra Maduro o contra persona de su gobierno, pero no hay certeza al respecto.
“Cuando lees los informes de la Misión, insisten en que Maduro sabía, daba órdenes, no hizo nada para evitar las violaciones. Aparece como el más alto en la cadena de mando. Es bastante probable que acabe siendo juzgado por crímenes de lesa humanidad”, opina Uzcátegui.
El problema es que, además de ser un proceso lento, en el estado actual de las cosas sería poco probable que la CPI pudiera juzgarlo, ya que, entre otras cosas, Estados Unidos, donde ahora está detenido el mandatario venezolano, no es firmante del Estatuto de Roma y no reconoce a la CPI.
Pero, como apunta Valiñas, no se trata solo de Maduro. “Hay varias personas cercanas a él parte del régimen, de las fuerzas armadas, del gobierno, que deben responder, deben ser investigadas”.
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La semana posterior a la muerte del financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein, Anya (nombre ficticio) abrió la puerta de su apartamento en Nueva York. Afuera estaba Mark, el hermano de Epstein, diciéndole que debía irse, según cuenta.
Anya había vivido durante años en uno de los varios apartamentos de la calle 66 Este de Manhattan que Jeffrey Epstein utilizaba para alojar a las mujeres de las que abusaba.
En un instante, Anya perdió su hogar, pero escapó de una pesadilla.
Mark Epstein niega haber estado al tanto de las actividades ilícitas de su hermano.
“Todavía me cuesta asimilar que fui víctima de abuso durante años”, dice Anya. “No te encadenaban a una puerta ni nada parecido. No te encerraban en un sótano. Las cadenas eran menos evidentes, pero estaban ahí”.
Epstein, que murió en 2019 mientras esperaba ser juzgado por tráfico sexual de menores, solía decir que su organización era “como una secta, y que él era el líder de la secta”, dice Anya.
La mujer le ofrece a la BBC un relato excepcional sobre su vida como una de las “asistentes” de Epstein, detallando cómo el financiero mantuvo el control sobre muchas de sus víctimas durante tanto tiempo.
La casa de Jeffrey Epstein en Palm Beach fue uno de los lugares en los que estuvo Anya.
Las asistentes eran un grupo de mujeres —unas 12 a la vez, según estima Anya— que vivían alojadas en casa de Epstein, trabajaban a todas horas a su entera disposición y eran víctimas de abusos sexuales por parte de él con regularidad.
Anya afirma que fueron objeto de elaborados engaños y promesas vacías de trabajo, antes de que él comenzara a controlar de forma coercitiva casi todos los aspectos de sus vidas, explotando cualquier vulnerabilidad que pudiera descubrir.
Según cuenta, él controlaba sus finanzas, les dictaba con quién se veían y las humillaba psicológicamente.
Anya asegura que él vigilaba sus cuerpos de forma obsesiva y la obligó a someterse a cirugías innecesarias que la desfiguraron.
Sarah Kellen, otra exasistente, confirma el relato de Anya sobre el control que ejercía Epstein.
A principios de este año, Kellen declaró ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos cómo Epstein se presentaba como el salvador de las asistentes.
“Era muy hábil para aniquilar tu capacidad de tomar tus propias decisiones y tener autonomía. Y eso te hacía cada vez más dependiente de él”, sostuvo.
Existe un sesgo que tiende a hacer creer a la gente que solo los niños son susceptibles a este tipo de coacción, pero “uno puede ser manipulado siendo adulto”, afirma Tara Quinn-Cirillo, psicóloga clínica que ha trabajado con víctimas de control coercitivo.
“Puedes ser vulnerable a esto”, añade.
“Un montaje completo”
Tras la condena de Jeffrey Epstein en 2008 por abuso de una adolescente —a quien llevaba a sus casas con la promesa de trabajar como masajista—, cambió de táctica.
Empezó a centrarse principalmente en mujeres adultas, sobre todo de Rusia o de países de Europa del Este.
Anya afirma que tanto ella como muchas de las otras mujeres reclutadas todavía parecían adolescentes, y para demostrarlo, mostró a la BBC fotos suyas de aquella época.
Anya creció en una Rusia que emergía del régimen comunista, con padres estrictos que le inculcaron que “la educación sería la clave del éxito”, cuenta.
Pero las oportunidades eran escasas y, armada con su título universitario, dejó Rusia para trabajar como modelo.
Trabajó en Europa para marcas de lujo como Fendi y Chanel. Tenía amigos, una red de apoyo y una familia a la que podía visitar cuando quisiera.
Cuando tenía poco más de 20 años, entró en la órbita de Epstein al visitar una agencia en París y conocer al cazatalentos de modelos Daniel Siad.
Éste elogió su inteligencia, “algo poco común en la industria del modelaje”, cuenta Anya, y le sugirió presentarla a un amigo suyo con contactos en el mundo de la moda: Epstein.
Anya afirma que el cazatalentos de modelos Daniel Siad la presentó a Epstein.
Anya dice que antes se preguntaba qué habría ocurrido si no hubiera pasado por la agencia ese día, pero ahora cree que fue captada de forma deliberada.
“Fue una trampa total”, apunta, y describe a Siad como “un traficante profesional”.
El nombre de Siad aparece miles de veces en los archivos de Epstein, la enorme colección de documentos sobre el financiero que el gobierno estadounidense publicó en enero.
El abogado de Siad dijo que no haría comentarios; anteriormente ya negó haber tenido conocimiento del peligro que representaba Epstein.
Se da la circunstancia de que Siad fue hallado muerto el lunes 20 de julio en París. Las autoridades abrieron una investigación para determinar las causas de la muerte.
Anya relata que conoció a Epstein en su espacioso apartamento de 18 habitaciones en París, decorado con fotografías de él posando con personalidades como Bill Clinton y otros líderes mundiales.
Dice que se sintió cómoda porque había otras dos mujeres presentes: una rusa y la otra, entonces novia de Epstein, originaria de Europa del Este.
Según cuenta Anya, Epstein le pidió que se desnudara para poder ver su cuerpo con fines de modelaje.
Mientras estaba en ropa interior, el financiero le dijo que “no estaba en forma” y que necesitaba “empezar a hacer ejercicio”, llamándola vaga.
Anya conoció a Epstein en su espacioso apartamento de París, cerca del Arco del Triunfo.
Anya asegura que comentarios como esos eran habituales en la industria del modelaje, y creyó sus afirmaciones de que, si trabajaba duro, le presentaría a las personas adecuadas.
La mujer cuenta que él le preguntó sobre su familia y sus intereses.
“Qué intentaba lograr en la vida, por qué me dedicaba al modelaje, todas las cosas que eran importantes para mí”, evoca.
“En el mundo de la moda no te hacen esas preguntas”, precisa.
Varias mujeres han declarado a la BBC que a Epstein le gustaba saber qué era importante para ellas para luego usar esa información en su contra.
También abordó sus preocupaciones directamente.
“Veo que eres inteligente y desconfiada”, recuerda ella que le dijo. “No quiero acostarme contigo”.
Anya dice que esto la tranquilizó aún más. “Me decía a mí misma: ‘Dios mío, este hombre es increíble. Me conoce a la perfección’”, comenta.
Promesas y engaños
Esto fue solo el comienzo de un proceso de manipulación que se desarrollaría a lo largo de muchos meses, en el que Anya fue embaucada con promesas vacías y un engaño prolongado.
Durante casi un año, Anya comenzó a entrenar “religiosamente” para conseguir el cuerpo que Epstein deseaba, según cuenta.
Lesley Groff, la asistente que administraba la agenda de Epstein, le enviaba correos electrónicos para informarle sobre su progreso, y Epstein presionaba a Anya para que le enviara fotos, diciéndole que no fuera “tímida” cuando insistía en que se desnudara.
Según Anya, Epstein finalmente organizó una reunión entre ella y Faith Kates, cofundadora de la agencia de modelos Next Management, tal como le había prometido.
La reunión duró menos de 30 minutos y le dijeron que Epstein le informaría del resultado.
Anya explica que el financiero le dijo que Next no quería contratarla porque “no era lo suficientemente buena para el mercado neoyorquino”, y Epstein añadió que estaba “fuera de forma”.
Anya cuenta que Epstein organizó una reunión con Faith Kates, cofundadora de Next Management.
Anya dice que estaba desolada. Epstein le pidió que lo visitara en Palm Beach, Florida, donde se encontraba en libertad condicional mientras cumplía sentencia.
Según ella, el financiero culpó de su condena a una chica que -decía- lo había engañado con una identificación falsa.
Anya tuvo que firmar un registro a cargo de un policía uniformado para poder verlo.
Epstein la acompañó a una habitación donde la agredió sexualmente por primera vez. Al menos otras dos mujeres han declarado que él las agredió sexualmente mientras cumplía su condena.
Tras la agresión, Epstein comenzó a bromear con las demás asistentes que aguardaban afuera, comentando que Anya era “muy tímida”. Según cuenta, todos se rieron de ella, y su reacción la hizo culparse a sí misma.
“Pensé que tal vez no había pasado nada malo. Quizás mi reacción era la equivocada”, plantea. “Tal vez sea por mi educación rusa, tal vez por lo estrictos que eran mis padres, pero sentía que había algo raro en mí, no en él”.
Anya dice que solo cuando se publicaron los archivos de Epstein se dio cuenta de lo que realmente había sucedido.
Los correos electrónicos sugerían que, a pesar de su reunión cara a cara con Faith Kates, la fundadora de la agencia la había rechazado un año antes.
“Pensé que tal vez no había pasado nada malo. Quizás mi reacción era la equivocada”, dice Anya.
Anya asegura que se dio cuenta de que Epstein la había estado engañando durante meses y la había preparado para fracasar, en un “proceso de captación extremadamente elaborado”.
Entonces, cuando estaba vulnerable, aislada y lejos de casa, Epstein atacó.
El tipo de preparación lenta y constante que describe Anya está diseñado para evitar activar la sensación de peligro del objetivo, “como los bombarderos furtivos están diseñados para pasar desapercibidos”, indica la psicóloga Quinn-Cirillo.
El abogado de Faith Kates declaró que cualquier afirmación de que su clienta tuviera conocimiento o participación en el presunto tráfico de personas de Epstein es falsa y difamatoria.
Sugerir que Epstein le comunicaría la decisión de la agencia a Anya es “inusual, falso y carece de fundamento”, subrayó el abogado.
La agencia tomó sus propias decisiones sobre qué modelos contratar y no buscó la aprobación de Epstein para dichas decisiones, continuó, añadiendo: “Obviamente, no hay nada inusual en que una modelo potencial sea considerada y rechazada por una agencia de modelos, incluso más de una vez”.
Next Management afirmó en un comunicado que la empresa no tenía ninguna relación con Epstein y que las supuestas acciones de Kate habían sido “solo suyas”.
“Ven a trabajar conmigo”
Epstein siguió ofreciéndole a Anya la posibilidad de trabajar como modelo, presentándola a Jean-Luc Brunel, fundador de la agencia MC2.
Epstein no le mencionó que era uno de los patrocinadores financieros de la empresa. (MC2 cerró sus oficinas en Miami y Nueva York, y el fundador de la sucursal aún activa en Israel ha declarado no tener ninguna relación con Epstein).
Según cuenta Anya, la agencia prácticamente no le ofrecía ningún trabajo.
En cambio, su agente le decía que iba a Palm Beach para una “contratación directa”, explica. Pero no consiguió ningún trabajo como modelo, solo más abusos por parte de Epstein.
Al cabo de un tiempo, Epstein le dijo que el modelaje no le funcionaba y que la industria estaba muerta.
Anya recuerda que él le dijo: “Ven a trabajar conmigo, te enseñaré un negocio de verdad. Viajarás y conocerás a gente importante de todo el mundo”.
Pero trabajar como asistente de Epstein no era lo que Anya imaginaba. Dice que Epstein no le enseñó nada sobre negocios.
En cambio, según cuenta, se la pasaba sentada esperando a que Epstein le diera algo que hacer, mientras le reprochaba por estar sin hacer nada.
A veces le asignaba tareas insignificantes: contestar el teléfono, acompañar a alguien a una sala de reuniones o anunciar a un invitado.
Sin embargo, las asistentes estaban disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana, dice Anya.
En una ocasión, Anya cuenta que salió a almorzar para encontrarse con alguien y Epstein “se volvió loco”, llamándola repetidamente e insistiendo en que nunca podría salir de la casa sin su permiso.
Anya dependía completamente de Epstein. Si enfermaba y necesitaba atención médica, él le decía: “Yo soy tu seguro médico”.
No tenía cuenta bancaria ni la documentación necesaria para alquilar una vivienda, pero afirma que Epstein la echó del apartamento de Manhattan varias veces, diciéndole que “buscara dónde quedarse”.
Ahora se da cuenta de que eran mecanismos de control muy efectivos.
Según cuenta, Epstein solo empezó a pagarle un modesto sueldo años después porque su visado así lo exigía.
Él solía decirle: “No te preocupes, siempre te apoyaré”. Los abusos sexuales continuaron con frecuencia durante todo este periodo, afirma Anya.
Sarah Kellen describió una situación similar ante los legisladores estadounidenses: “No tenía dinero, ni familia, ni educación, ni la sensación de merecer algo mejor”.
Mientras tanto, Epstein hacía alarde de su poder y sus contactos ante ella. “Jeffrey se aseguró de que supiera que desafiarlo me costaría la vida”, afirma.
“Nunca irás en mi contra”
En una ocasión, una asistente se escapó, recuerda Anya.
Cuenta que la mujer la llamó durante su huida, lo que le hizo temer que Epstein descubriera que habían estado en contacto, ya que él era dueño de sus teléfonos y monitoreaba sus llamadas.
Según Anya, Epstein contrató a un investigador privado para localizar a la asistente desaparecida. Explica que este le mostró un correo electrónico donde detallaba los gastos que, según sus cálculos, la mujer le debía: un total de US$700.000.
Anya asegura que el mensaje le quedó clarísimo: si te vas, me deberás dinero y te encontraré para recuperarlo.
Esto no era lo único que Epstein tenía para chantajear a las mujeres. Según Anya, también recopilaba material comprometedor y, casualmente, le recordaba que tenía fotos de ella desnuda.
En una ocasión, según cuenta, él reunió a sus asistentes para una sesión de fotos.
Epstein las animó a desnudarse y bailar, insistiendo en que lo grabaran.
Anya recuerda que él dijo: “Así sé que nunca irán en mi contra”, dando a entender que les sería difícil argumentar que no habían dado su consentimiento si él mostraba el video.
“Esa era su fuente de pruebas”, afirma.
Sarah Kellen declaró ante un comité del Congreso de EE.UU. que Epstein era experto en “destruir” el sentido de autonomía de sus asistentes.
El financiero también obligaba a sus asistentes a escribirle correos electrónicos que llamaba “cartas de gratitud”, en los que le daban las gracias efusivamente a su abusador.
“Tenía muchísimo miedo de no agradecerle lo suficiente”, dice Anya.
“Creo que, en parte, esas cartas de gratitud eran otro mecanismo con el que él decía: ‘¿cómo puedes ir en mi contra si me estás dando las gracias todo el tiempo?’”.
Según Anya, Epstein también ponía a las asistentes unas contra otras.
Por ejemplo, dejaba entrever que otra mujer estaba “enfadada” con ella por ser “inútil y perezosa”, pero él decía que la estaba “apoyando” como “su mayor defensor”, explica.
De esta forma, impedía que las mujeres entablaran relaciones reales entre sí, lo que facilitaba su control.
Mientras Anya nos habla, se levanta la blusa para mostrarnos varias cicatrices en el estómago. Luego nos enseña fotos antiguas de cuando era modelo, donde luce un pequeño tatuaje de su adolescencia.
Epstein quería que se lo quitara y un médico fue a su casa, recuerda ella. Pero él no quería que se sometiera a un tratamiento láser porque tardaría demasiado, así que sugirió que el médico le extirpara la piel tatuada.
“Solo a mí se me podría ocurrir eso”, recuerda que dijo Epstein.
Ella afirma que se sometió a la cirugía, la cual le dejó cicatrices.
Un año después, él insistió en que se la volvieran a realizar porque no le gustaron los resultados.
“Ecosistema del abuso”
Anya dice, con los ojos llenos de lágrimas, que lo “más vergonzoso” de su tiempo con Epstein fue tener que reclutar a otras mujeres.
Según cuenta, cada asistente tenía que traer al menos a otra asistente, y Epstein les dijo que reclutaran a mujeres jóvenes como ella.
“Fuera una o diez, ya eras cómplice”.
Anya dice que decidió hablar ahora para ayudar a la gente a entender cómo las mujeres cayeron en las redes de Epstein y para explicar cómo la red traficó con personas adultas como ella, así como con menores de edad.
“Construyó todo un ecosistema del abuso que estaba a su servicio”, sostiene. “Cuando personas como Bill Gates vienen a cenar a su casa y le dan la mano, uno piensa: ‘¿quién soy yo para cuestionarlo? ¿Quién soy yo para denunciarlo?’. Eso legitimó el abuso”.
Tanto Anya como Sarah Kellen recibieron posteriormente una indemnización del Fondo de Compensación para las Víctimas de Epstein, que se creó para proporcionar ayuda financiera a las sobrevivientes e implicaba compartir pruebas que corroboraran los abusos sufridos.
“Mientras él estaba vivo no hablé con nadie sobre esto”, dice Anya.
Ahora espera que su testimonio pueda ayudar al menos a una mujer a escapar de una relación abusiva.
“No soy especial en absoluto”, indica. “Simplemente logré encontrar la fuerza interior para perseverar y sobrevivir. Si yo pude hacerlo, tú también puedes”.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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El cofundador de Hugging Face, la empresa tecnológica emergente que fue hackeada después de que uno de los modelos más avanzados de inteligencia artificial de OpenAI se rebeló, afirmó el jueves que el incidente es una “señal de alarma” para la industria.
Thomas Wolf comentó en el programa de radio Newsday de la BBC que “este será uno de los tipos de ataques más comunes que veremos”, pero que la mayoría de las empresas no son conscientes de que las “reglas del juego han cambiado”.
La BBC se comunicó con OpenAI para que comentara, pero no ha recibido respuesta.
La compañía creadora de ChatGPT expresó el martes que sus modelos de IA escaparon de un entorno de pruebas “seguro” durante un ensayo y lanzaron un ciberataque. La firma señaló que fue un incidente “sin precedentes” y que estaba realizando una investigación junto a Hugging Face.
Los agentes de IA tienen la capacidad de operar de forma independiente para realizar tareas después de recibir instrucciones de humanos.
Wolf comentó que al comienzo, Hugging Face no tenía idea de dónde se había originado cuando empezaron a surgir señales del ataque a mediados de julio, pero que la compañía había logrado contenerlo.
Hugging Face es uno de los mayores centros del mundo de código abierto para compartir modelos de IA y es usado frecuentemente por desarrolladores e investigadores tecnológicos.
17.000 ataques
Wolf manifestó que el ataque fue “diferente” a los habituales que Hugging Face enfrenta con frecuencia y que OpenAI informó a la compañía con prontitud de que sus modelos estaban detrás del hackeo.
En “muy poco tiempo” hubo 17.000 ataques contra la red de Hugging Face desde diferentes direcciones IP (sigla en inglés de protocolo de internet), indicó Wolf, quien también es jefe de ciencia de la empresa.
El empresario resaltó que era una advertencia para otras compañías de que deben fortalecer sus defensas de ciberseguridad para contrarrestar estos incidentes.
El hackeo es “preocupante” porque sugiere que los modelos de OpenAI ignoraron las salvaguardas típicas que evitarían que un programa de IA cometa un ciberataque, afirmó Nate Soares del instituto de investigación Machine Intelligence Research Institute.
“En cierto sentido, sabía que esta no era la intención de los creadores. Simplemente no le importó”, añadió.
Otras organizaciones también han tomado nota del incidente.
Un portavoz del gobierno británico dijo que el Instituto de Seguridad de IA del país estaba estudiando cómo el sistema de IA se comportó durante el incidente y que continuaba trabajando con OpenAI y otros laboratorios para fortalecer las salvaguardas.
Instaron a las organizaciones a redoblar sus medidas de ciberseguridad tomando pasos como inscribirse en el programa de certificación respaldado por el gobierno llamado Cyber Essentials.
El incidente sucede en un momento crucial para la industria después de que el gobierno de EE.UU. ordenó el mes pasado a la firma tecnológica Anthropic a restringir el acceso a sus modelos de IA por asuntos de seguridad nacional. El Departamento de Comercio levantó las restricciones unas semanas después.
Los conocedores de la industria también han alertado sobre el amplio uso de los modelos de código abierto en China, que permiten a cualquier persona instalar y personalizar las herramientas de IA lanzadas por los principales desarrolladores.
La empresa emergente china Moonshot AI publicó su modelo de código abierto Kimi K3 el 27 de julio. Desde su presentación la semana pasada, ha llamado la atención de la industria, con muchos viéndolo como un fuerte competidor de los principales sistemas de IA en Occidente.
Sin embargo, el miércoles, un asesor de la Casa Blanca acusó a Moonshot de un intento a “gran escala” de robar las capacidades de los principales modelos de IA de Estados Unidos.
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Anita LeBrun, abuela de cinco nietos, siempre ha disfrutado de una buena copa de pinot grigio y de la tradición familiar de comenzar la “hora feliz” a las 5 de la tarde en la casa que tienen a orillas de un lago.
Por eso, a sus 82 años, no daba crédito cuando se enteró el año pasado de que la residencia para mayores de Minnesota donde vive tenía prohibido servir bebidas por carecer de licencia.
LeBrun, conocida por su carácter sociable en el centro, llamado Amira Choice Champlin, aceptó convertirse en la imagen y la voz de una iniciativa para cambiar la ley.
Tras testificar en dos ocasiones ante la legislatura estatal, este mes brindó con el gobernador Tim Walz durante la firma simbólica del proyecto de ley -apodado la “hora feliz de los abuelos”- en el mismo centro que ella considera su hogar.
La normativa, que ya entró en vigor, permite a las residencias de ancianos y centros de vida asistida de Minnesota servir alcohol a los residentes y a sus invitados en eventos especiales sin necesidad de licencia, siempre y cuando se notifique previamente a las autoridades estatales.
“Me siento muy orgullosa, porque todo el mundo está entusiasmado con esto”, comenta LeBrun, añadiendo que a sus compañeros residentes las restricciones les parecían “ridículas”.
Anita LeBrun brindó por el cambio de ley junto al gobernador de Minnesota, Tim Walz, quien fue candidato a la vicepresidencia (a la derecha).
Las normas sobre el consumo de alcohol en residencias de ancianos o centros de vida asistida se determinan a nivel estatal, y muchos de estos centros en todo Estados Unidos promueven activamente las “horas felices” y otros eventos para fomentar la socialización.
A los residentes del centro donde vive LeBrun siempre se les ha permitido consumir alcohol en sus habitaciones y llevar sus propias bebidas a las actividades comunitarias, señaló Sara Luehmann, de Amira Choice.
Añadió que, dado que las personas mayores corren un mayor riesgo de caídas, el consumo de alcohol en eventos sociales se limitó a dos copas.
Durante la firma de la ley, el gobernador Walz declaró: “Envejecer no debería significar renunciar a las tradiciones y libertades de las que uno ha disfrutado toda la vida”.
“Esta ley elimina trámites burocráticos innecesarios para que las comunidades de mayores puedan dedicar menos tiempo a preocuparse por el papeleo y más a crear oportunidades para que los residentes celebren juntos cumpleaños, aniversarios, horas felices y momentos cotidianos”, afirmó Walz en la ceremonia.
La iniciativa de LeBrun para lograr un cambio surgió luego de que las autoridades locales se pusieran en contacto con Amira Choice, señalando que el centro había infringido la normativa al servir champán en un evento celebrado en abril de 2025, tras unas obras de renovación.
El centro recurrió a LeadingAge Minnesota -una organización sin ánimo de lucro que presta apoyo a los proveedores de servicios de atención a personas mayores- argumentando que tanto el costo de la licencia para vender alcohol como las condiciones asociadas a ella resultaban prohibitivos.
Sin embargo, las cuestiones económicas no fueron el único factor determinante, según señaló Erin Huppert, representante de LeadingAge.
“Este es su hogar”, afirmó refiriéndose a los residentes de Amira Choice. “Debería permitírseles consumir alcohol de forma legal, tal como podrían hacerlo si vivieran en una casa en la comunidad que ellos elijan”.
Huppert indicó que otros proveedores ya están planeando seguir los mismos pasos.
La estrella de TikTok Lillian Droniak, de 96 años, es más conocida como “Grandma Droniak” por sus 15,1 millones de seguidores.
El intento reciente de una residencia de ancianos de regular el consumo de alcohol acaparó titulares el mes pasado cuando Lillian Droniak, una estrella de TikTok de 96 años-conocida por sus 15,1 millones de seguidores como “Grandma Droniak”-, compartió desafiante una carta de los administradores de su residencia en Connecticut.
Según relató, la carta le advertía que dejara de organizar fiestas en su habitación y le comunicaba que no podía servir alcohol a otros residentes por motivos de seguridad.
El nieto de Lillian, Kevin Droniak, declaró a la BBC que ella recibió con agrado la noticia procedente de Minnesota.
“¡Que beban!”, dijo Droniak.
La nueva ley se firmó en el centro de vida asistida donde reside Anita LeBrun.
En Amira Choice, el personal y los residentes se preparan para una gran fiesta el próximo mes.
“Será una fiesta de todo el día para los residentes”, dijo Luehmann, quien añadió que LeBrun ha sido “la estrella entre los residentes” durante meses por haber logrado que se modificaran las normas.
La abuela, que testificó tanto ante la Cámara de Representantes como ante el Senado de Minnesota, ensayó su intervención por teléfono con sus hijas y frente al espejo.
“El hecho de que seamos mayores y vivamos en una residencia asistida no significa que debamos tener menos libertades que los demás”, declaró ante una comisión del Senado.
“A mis amigos y a mí nos encanta la ‘hora feliz’, igual que a muchos de ustedes”, les dijo.
“Mientras compartimos una copa, recordamos momentos de nuestra vida: el servicio militar, la crianza de la familia, la pérdida de un amigo y la celebración de la etapa dorada de nuestras vidas”.
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