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Advertencia: Esta historia contiene detalles de agresión sexual.
La voz que escuchó al otro lado del teléfono le revolvió el estómago a Yusron Azzahidi. Había llamado a su hermana después de que ella le enviara un mensaje diciendo que necesitaba hablar con él con urgencia. Pero no fue ella quien respondió, sino el antiguo director de su escuela. Estaba en la casa familiar de Yusron.
“Lo sabía. Sabía exactamente de qué quería hablar”, dice Yusron al evocar esa llamada del pasado febrero.
Ahmad Imanuddin Sumar, conocido por sus alumnos como Abah (“padre”), era el respetado director de un internado islámico en la isla indonesia de Lombok.
Y había descubierto que Yusron y otros excompañeros de escuela estaban recopilando testimonios de varias estudiantes que aseguraban haber sido víctimas de agresiones sexuales prepetradas por él.
La Comisión Nacional sobre la Violencia contra las Mujeres de Indonesia ha calificado los abusos sexuales en los internados islámicos como una emergencia nacional.
Sin embargo, según expertos legales, muchos casos nunca llegan a los tribunales porque las víctimas son persuadidas para que retiren sus denuncias o presionadas para que guarden silencio.
Y ahora Abah estaba llamando por teléfono a Yusron, haciéndole precisamente ese tipo de exigencia.
“Oculta la vergüenza de tu profesor. Todos cometemos errores, hijo mío”, sollozó.
Lo que no sabía era que Yusron estaba grabando cada una de sus palabras.
Una investigación que surgió por casualidad
Yusron comenzó a investigar a Abah un año antes, a raíz de una revelación que le hizo una noche su antigua compañera de clase Ziadatur Rahmah.
Ambos habían sido alumnos brillantes en la escuela Abu Barokat de Lombok. Ahora estaban en la universidad —Yusron en la capital, Yakarta, y Ziadatur en El Cairo, Egipto— y habían empezado a recordar por teléfono sus años escolares.
Una noche, Ziadatur, conocida por sus amigos como Zia, le contó a Yusron que Abah la había agredido sexualmente cuando tenía 16 años.
Ella necesitaba ir al baño durante la clase y Abah la interceptó en los jardines de la escuela y le pidió que lo acompañara a su casa, que estaba en el recinto escolar.
Una vez dentro, él le dijo que la amaba, le contó ella a Yusron.
“Me atrajo hacia él hasta que me senté en su regazo… Luego empezó a besarme… Me acariciaba y tocaba el cuerpo”, le contó más tarde al Servicio Mundial de la BBC, explicando que el hombre le dijo que hiciera lo mismo con él.
Por suerte, uno de los hijos del director empezó a golpear la puerta principal, que estaba cerrada con llave. Abah le hizo una señal para que se fuera y ella salió corriendo por la puerta trasera, narró.
Sin embargo, las consecuencias fueron devastadoras.
“Me sentía muy sucia, arruinada y perdida”, dijo.
Cuando Yusron escuchó el relato de Zia, no supo qué hacer. En su escuela les habían inculcado el lema: Sami’na wa ata’na (“Oímos y obedecemos”).
Sin embargo, tampoco podía dejar de pensar en ello.
Sugirió que él y Zia, junto con sus amigas de la escuela Wanda Hamidah y Mahima Eka, reunieran pruebas que corroboraran su testimonio.
Y poco a poco, mientras hablaban con antiguos compañeros de clase, surgieron otros relatos: los amigos compartieron sus descubrimientos entre sí a través de WhatsApp.
El caso más significativo provino de una amiga de Wanda. Recordó haber visto a una niña más joven llorando en el baño de la escuela durante su último año, a altas horas de la noche. Y que Abah había ido a buscarla, con la cara roja y jadeando.
Otras historias
Esta chica, Sukma Rohana, todavía estaba en la escuela y le contó a la BBC lo que había vivido.
Cuando tenía 17 años, Abah la invitó a rezar las oraciones de Año Nuevo, contó.
Al entrar en casa de Abah, él le tapó la boca y le dijo que se tumbara, antes de desnudarse de cintura para abajo.
“No paraba de hablar, diciendo que ya no podía controlarse”, dijo Sukma.
“Me estaba manoseando por encima de la ropa interior… Intentó violarme”, agregó.
Y entonces encontró la fuerza suficiente para darle una fuerte patada en el estómago y aprovechó la oportunidad para huir, relató.
Mientras corría, añadió, miró hacia atrás y vio su linterna buscándola.
A medida que surgían pruebas de este tipo, Yusron las coordinaba: hacía un seguimiento por teléfono con las estudiantes que presentaban las acusaciones y tomaba notas minuciosas.
El chico redactó un documento de siete páginas en el que detallaba los supuestos abusos sufridos por Sukma, Zia y otras cuatro exalumnas.
Wanda organizó una reunión con representantes de Nahdlatul Wathan Diniyah Islamiyah (NWDI), la poderosa organización que dirigía su escuela y cientos de otras, y que también financiaba algunos de los estudios de los alumnos en El Cairo.
La reunión salió bien, según contaron los amigos. Los representantes de NWDI les dijeron que les ayudarían a llevar el caso a la policía.
Pero tres semanas después, cuando Yusron recibió ese ominoso mensaje de texto de su hermana —y al devolver la llamada se encontró con Abah al otro lado del teléfono en su casa familiar— quedó claro que NWDI le había entregado los documentos que había escrito.
“Si esto se filtra a los medios… estaré destruido”, se oye decir a Abah en la grabación que Yusron le hizo.
El director le ruega a Yusron que mienta por él, proporcionándole una serie de posibles coartadas para retractarse de su documento de prueba.
Luego llamó a Zia y ejerció una presión similar. Al igual que Yusron, ella grabó la llamada. En ella, Abah admite haberla maltratado, pero le ruega que guarde silencio.
Por su parte, Sukma nos contó que la llamaron a la casa de Abah y allí la esperaban dos policías y un abogado de NWDI.
Según su relato, la obligaron a firmar un documento en el que declaraba que todas sus acusaciones eran mentiras. Su versión está respaldada por una grabación secreta que realizó posteriormente al confrontar a la esposa de Abah, Hurmiati.
En el audio se puede oír a Hurmiati diciéndole que respete su “acuerdo” de que no pasó nada, al tiempo que le dice: “¿Quieres que esto te persiga el resto de tu vida? ¿Quieres que perjudique tus posibilidades de casarte?”.
Esta presión llegó al extremo de que Abah les pidió a los padres de Yusron que viajaran a Yakarta para buscarlo en la universidad.
No lo encontraron —estaba escondido en un hotel—, pero la situación fue demasiado para la madre de Yusron. Le dijo a su hijo que el estrés la estaba matando.
Así, Yusron, a regañadientes, interrumpió su investigación.
Mientras tanto, él y Zia se estaban acercando poco a poco. Su amistad se había convertido en una relación a distancia, y hablaban con frecuencia por teléfono.
“Y pude ver que realmente lo estaba pasando mal… Decía cosas como: ‘¿Por qué sigo pensando en lo que hizo (Abah)?’”, comentó.
Yusron se debatía entre ayudar a la chica de la que se estaba enamorando y la promesa que le había hecho a su madre.
Ocho meses después, Yusron supo de un grupo que buscaba concienciar sobre el abuso sexual en las escuelas islámicas.
Lo había fundado una joven llamada Ayu Masruroh, quien había ayudado a su amiga a obtener justicia tras haber sido agredida sexualmente en otra escuela por un profesor llamado Moch Subchi Azal Tsani.
Ayu publicaba activamente en las redes sociales sobre la necesidad de alzar la voz.
Esto inspiró a Zia a publicar un mensaje en Instagram, pidiendo a cualquier estudiante indonesia que hubiera sufrido abusos que se pusiera en contacto con ella.
De vuelta a la batalla
Y pronto descubriría que, a pesar de las promesas de Abah, al parecer había vuelto a cometer una falta.
Una compañera de la escuela de Zia se puso en contacto con ella y le reveló que también había sido víctima de abuso sexual por parte de Abah.
El presunto abuso tuvo lugar casi un año después de las promesas que el director hizo a Zia y Yusron.
“Me hizo darme cuenta de que (Abah) no había cambiado en absoluto… todo lo que dijo sobre dejarlo… todo eran mentiras”, reflexionó Zia.
Finalmente, los padres de Yusron accedieron a que él ayudara a Zia y Sukma a continuar su búsqueda de justicia.
Pero, esta vez, los amigos decidieron hacer las cosas de otra manera.
Se pusieron en contacto con Ayu, quien fue clara: debían contratar a un abogado. Les presentó a alguien con experiencia en la representación de víctimas de abuso sexual.
Este les aconsejó que el caso de Sukma era el más sólido para asegurar un enjuiciamiento.
La BBC contactó a Abah y Hurmiati para obtener su versión respecto a las acusaciones en su contra, pero no respondieron.
NWDI dijo que sigue investigando internamente las acusaciones y negó haber intentado encubrir denuncias de abuso sexual.
Por el contrario, afirmaron tener “el deber de proteger a la organización para que no se vea empañada por las supuestas acciones de algunos individuos”.
Sukma presentó su denuncia contra Abah ante la policía en febrero del año pasado, pero todavía está esperando que tomen medidas y Abah sigue en su puesto.
“No quiero que lo que me pasó a mí le pase a ninguna otra estudiante. Quiero justicia”, declaró a la BBC.
La investigación acercó aún más a Zia y Yusron.
El pasado mes de febrero, tras tres años de intercambiar mensajes y hablar por teléfono, Yusron decidió mudarse a El Cairo para estar con ella.
Un nuevo comienzo
“Estaba agotado. Yakarta había sido muy intensa, porque estuve lidiando con el caso policial todo el tiempo. Así que cuando vi a Zia… fue como una medicina”, le dijo a la BBC.
Zia recordó que estaba tan contenta que “empezó a hablar sin parar”.
“Fue entonces cuando supe que hablaba en serio. Había viajado hasta Egipto por mí. Confío en él. Por eso estoy con él”, expresó.
Se trata de una relación de confianza basada, en parte, en su búsqueda compartida de justicia. El mes pasado, la pareja contrajo matrimonio.
Su abogado, Joko Jumadi, dice que le ha impresionado el coraje y la precisión de los estudiantes.
Según contó, las grabaciones que recogieron en secreto capturan la presión para guardar silencio en tiempo real y son de un valor incalculable.
“Se mencionan varias víctimas, reconocidas por ellas mismas. Son pruebas fundamentales”, subrayó.
En los últimos tres años, Joko y su equipo han gestionado 20 casos de abuso sexual relacionados con internados islámicos en su provincia natal de Nusa Tenggara Occidental, y él cree que esto es “solo la punta del iceberg”.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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