Expertos en derechos humanos de la ONU afirman que existen motivos razonables para creer que EE.UU. cometió crímenes de guerra en dos ataques contra territorio iraní que causaron la muerte de al menos 177 civiles.
Un nuevo informe de la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Irán señala que los ataques con misiles perpetrados en febrero contra una escuela primaria en Minab y un complejo deportivo en Lamerd fueron indiscriminados y provocaron víctimas civiles, además de daños a infraestructura de carácter civil.
EE.UU. ha negado previamente haber atacado Lamerd y asegura que continúa investigando lo ocurrido en Minab.
Un funcionario del Departamento de Estado afirmó que Washington no da credibilidad a las conclusiones del informe.
El documento también concluye que las autoridades iraníes cometieron crímenes de lesa humanidad durante la represión de las protestas antigubernamentales masivas de enero.
Los expertos señalaron que los asesinatos perpetrados por las fuerzas de seguridad se produjeron a una escala “extraordinaria y sin precedentes” en las 31 provincias del país.
Irán no se ha pronunciado por el momento sobre estos hallazgos, pero previamente ha rechazado las acusaciones de violaciones sistemáticas de derechos humanos.
“Los civiles en Irán se encuentran atrapados entre graves violaciones de los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad cometidos por su propio gobierno, y el conflicto mortal que mantiene el país con Estados Unidos e Israel”, advirtió la misión de investigación en un comunicado el jueves.
Para su último informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, los tres expertos independientes que integran la misión investigaron dos de los ataques más mortíferos contra civiles durante el conflicto.
Hallazgos de la misión
El 28 de febrero, cuando EE.UU. e Israel lanzaron su guerra contra Irán, misiles Tomahawk impactaron la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en la ciudad sureña de Minab, causando la muerte de al menos 156 personas, entre ellas 120 niños, según las autoridades locales.
Los expertos señalaron que la escuela se encontraba junto a un complejo naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), que también fue atacado ese día, pero subrayaron que el centro educativo era claramente identificable y que no había información que indicara un uso militar del mismo.
Interior de una escuela dañada en un ataque llevado a cabo por EE.UU. e Israel, en Minab.
Basándose en las pruebas recopiladas, los expertos afirmaron tener motivos razonables para creer que el ataque contra la escuela fue llevado a cabo por EE.UU.
Entre ellas, mencionan informes que apuntan a una investigación militar preliminar estadounidense que habría atribuido la responsabilidad a sus propias fuerzas, y el hecho de que EE.UU. es la única parte en el conflicto que dispone de misiles Tomahawk.
Añadieron que la escuela parecía haber sido el objetivo previsto del ataque y que los daños no fueron consecuencia de un impacto errático ni de daños colaterales del ataque al complejo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Sobrevivientes del ataque afirmaron que el centro fue alcanzado en dos ocasiones.
El ejército estadounidense aún no ha publicado las conclusiones de su investigación sobre el ataque en Minab, aunque el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha afirmado que “nunca atacaría objetivos civiles”.
Asimismo, el 28 de febrero, misiles de precisión (PrSM) dispersaron proyectiles de tungsteno sobre un complejo deportivo y una zona residencial en la ciudad de Lamerd, causando la muerte de al menos 21 civiles, entre ellos siete niños, según las autoridades locales.
Una vez más, los expertos señalaron que el complejo deportivo era claramente identificable y que no existía información que indicara un uso militar.
Concluyeron que existían motivos razonables para creer que el ataque fue llevado a cabo por EE.UU., señalando como base el hecho de que es la única parte en el conflicto que dispone de misiles PrSM.
El ejército estadounidense ha negado haber realizado ataques en Lamerd ese día y ha rechazado los informes que identifican el arma utilizada como un sistema PrSM.
En ambos incidentes, los expertos de la misión de investigación concluyen que existen “motivos razonables para creer” que EE.UU. cometió el crimen de guerra de lanzar ataques indiscriminados que causaron muertes o lesiones a civiles, así como daños a bienes civiles.
La represión contra las protestas en Irán
El informe de la misión de investigación también abarca la violenta represión ejercida por las autoridades iraníes contra las protestas masivas que tuvieron lugar en todo Irán en diciembre de 2025 y enero de 2026.
Los expertos afirmaron que se trataba de una escalada sin precedentes con respecto a las represiones anteriores, caracterizadas por el uso generalizado de la fuerza letal que provocó asesinatos en masa, heridos y detenciones masivas.
Citaron a testigos, trabajadores sanitarios y familiares de las víctimas, quienes afirmaron que el personal de seguridad se posicionó en azoteas y otros lugares elevados, disparando sus fusiles de asalto contra la multitud.
Los manifestantes también sufrieron heridas graves en la cabeza, el pecho y los ojos a causa de perdigones metálicos de escopeta, que les provocaron ceguera permanente.
Según los expertos, a medida que la represión se intensificaba, las fuerzas de seguridad atacaron centros sanitarios, golpearon y arrestaron a manifestantes heridos y detuvieron a algunos trabajadores sanitarios, lo que disuadió a las víctimas de buscar atención médica que les salvara la vida.
También constataron que las decenas de miles de personas detenidas durante las protestas fueron sometidas a torturas, aislamiento y se les negó el acceso a asistencia letrada.
Los expertos advirtieron que, desde entonces, el gobierno ha intensificado el uso de la pena de muerte contra los manifestantes, y que al menos 29 hombres han sido ejecutados tras juicios sumarios por cargos relacionados con los disturbios.
El informe de la misión de investigación señaló que no fue posible verificar de forma independiente el número de muertos durante la represión, pero afirmó que había motivos fundados para creer que era significativamente superior a la cifra oficial de 3.000, la mayoría de los cuales el gobierno identificó como miembros de las fuerzas de seguridad o transeúntes.
La agencia de noticias Hrana, con sede en EE.UU., ha confirmado el asesinato de más de 7.000 personas, casi todas ellas manifestantes.
Los expertos de la misión de investigación concluyeron que las autoridades iraníes habían cometido “numerosas violaciones graves de los derechos humanos” durante la represión, y que estas constituían “crímenes de lesa humanidad como asesinato, encarcelamiento y otras privaciones graves de la libertad física, tortura y otros actos inhumanos, cometidos en el marco de un ataque generalizado y sistemático dirigido contra la población civil”.
Las autoridades iraníes acusaron a EE.UU. e Israel de fomentar los disturbios y atribuyeron las muertes a lo que describieron como “terroristas” y “alborotadores”.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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El peso colombiano, una moneda marcada históricamente por la volatilidad y la devaluación, lleva en los últimos años una racha ascendente que este 2026 se ha acelerado, comportándose como una de las más fuertes del mundo frente al dólar estadounidense.
Solo este año se ha revaluado casi un 23% y, desde 2022, lo ha hecho un 38%. A fines de 2022, un dólar superaba los 5.000 pesos. Hoy ronda los 3.100 pesos.
Para muchos colombianos esto ha supuesto un aumento de su poder adquisitivo. Con menos pesos adquieren más dólares y más productos.
Para otros tantos es un reto, ya que productores nacionales y exportadores reciben menos dólares a cambio de sus bienes.
El economista José Antonio Ocampo, exministro de Hacienda de Colombia, recuerda pocos episodios tan marcados como este.
“Uno podría decir que el peso estaba demasiado devaluado, pero la magnitud de la revaluación de este año es excesiva”, le dice Ocampo a BBC Mundo.
Pero, ¿qué hay detrás de esta revaluación histórica del peso? ¿Y quiénes ganan y quiénes pierden?
¿Por qué está fuerte el peso?
Un peso fortalecido suele ir de la mano de un dólar barato y abundante en el país.
“Todo lo que traiga dólares a la economía hace que el dólar baje su precio y que el peso se revalúe. Ahora mismo hay mucha oferta de dólar en Colombia”, explica Oskar Nupia, economista de la Universidad de los Andes.
Los dólares entran por varías vías.
En 2025, por ejemplo, las remesas enviadas por colombianos en el exterior a sus familias superaron los US$13.000 millones, un aumento del 10,6% con respecto a 2024, según datos de Migración y del Banco de la República.
Eso supone un 3% del producto interior bruto colombiano.
“Es difícil cuantificar, pero también el ingreso de dólares del narcotráfico ha acentuado la revaluación del peso”, señala Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex).
De acuerdo a datos de la Universidad EAFIT, esa economía ilícita generó US$16.500 millones en 2024 en Colombia.
“Una cifra que habría superado los ingresos obtenidos por las exportaciones de petróleo, principal producto legal de exportación del país”, según el informe.
Díaz también resalta la debilidad del dólar a nivel internacional: “Eso lleva a que las demás monedas se aprecien”.
La bajada de la divisa estadounidense se ha visto acentuada por la incertidumbre en torno a las políticas de Donald Trump y por el flujo de inversiones a nivel global.
Ante la perspectiva de menores retornos y una mayor volatilidad en EE.UU, algunos dirigen sus recursos hacia otros mercados, potenciando monedas como el peso colombiano.
La tasa de interés en Colombia está ahora mismo fijada en un 12%, con una inflación del 6,4%.
Estos valores al alza, según Nupia y Díaz, amplifican el atractivo para inversionistas.
“Quien traiga dólares o preste dinero al gobierno obtiene ahora un rendimiento más alto. Eso aumenta el flujo de divisas y, por ende, la revaluación del peso”, coinciden los expertos.
Colombia, un país exportador de petróleo, también podría estar beneficiándose de los altos precios de dicha materia, encarecida a nivel mundial por la inestabilidad geopolítica y conflictos en Medio Oriente.
Aunque Nupia cree que, en el caso colombiano y debido a la estrategia de reducir la dependencia del petróleo que impulsó el expresidente Gustavo Petro, no ha habido una correlación tan directa con respecto al valor del peso.
¿A quién favorece y a quién perjudica un peso alto?
Colombia es uno de los principales exportadores de flores del mundo, un sector al que puede afectar la apreciación del peso.
En economía cuesta encontrar fórmulas con las que todos ganen y nadie pierda.
Ocampo opina que un peso fuerte, de hecho, le importa poco a un colombiano medio.
“Esto beneficia sobre todo a importadores y al sector financiero”, explica.
Mientras que Nupia cree que, desde el punto de vista del consumo, a la clase media le favorece un peso fuerte al poder comprar productos importados a un precio más barato.
China es el país que más productos exporta a Colombia, por encima de Estados Unidos, que es a su vez el principal importador de bienes colombianos.
“La clase media que compra productos chinos como ropa, calzados, electrodomésticos o autos lo adquiere todo a menor precio”, ejemplifica el economista.
“Si los equipos de transporte y maquinaria se abaratan, eso puede ayudar a modernizar la economía”, añade Díaz.
Este experto también señala como beneficiario de un peso fuerte al gobierno y su deuda: “Si el peso se aprecia, la deuda en dólares baja, pues necesita menos pesos para saldarla”.
Las importaciones a Colombia se abaratan con un peso fortalecido.
La otra cara de la moneda la sufren productores nacionales y exportadores.
Los primeros porque compiten con productos importados más baratos que podrían desplazar a los nacionales.
Los segundos porque reciben menos pesos por cada dólar y esto les perjudica.
La apreciación del peso colombiano frente al dólar reduce, por ejemplo, los ingresos en pesos que reciben los caficultores por sus exportaciones, a pesar de los altos precios internacionales del grano.
Estos sectores, además, enfrentan el reciente incremento del salario mínimo en Colombia, una reforma laboral que redujo horas de trabajo y aumentó recargos por horas extras y nocturnos, y el aumento en los precios de la energía y el transporte.
“Toda esa combinación es brutal para exportadores y productores, aunque hasta ahora los datos al respecto no son tan negativos”, señala Ocampo.
¿Cuánto durará el peso alto?
Un peso revaluado es inusual en Colombia.
“Tenemos más historia de devaluaciones que revaluaciones”, dice Nupia.
Díaz recuerda otros episodios similares de apreciación en los 90, cuando Colombia experimentó un boom petrolero al descubrir yacimientos que multiplicaron sus reservas y exportaciones.
O en 2003, durante el gobierno de Álvaro Uribe, cuando se trabajó para atraer capital extranjero y brindar garantías de seguridad con una política agresiva contra el crimen organizado y las guerrillas.
Los tres economistas consultados por BBC Mundo coinciden en que la inercia actual tiene pocos precedentes por su fortaleza y sostenibilidad en el tiempo.
Algunos planes económicos de De la Espriella llevan a los expertos a pensar que la fortaleza del peso podría mantenerse más de lo habitual.
Tampoco se vislumbra una depreciación inmediata, aunque es difícil de predecir.
“El gobierno tendrá que seguir endeudándose en dólares y la decisión más importante estará en manos del Banco de la República”, opina Ocampo.
Díaz pronostica que el ingreso de dólares va a continuar y que eso pospondrá una devaluación importante del peso.
El nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella, por ejemplo, planea revertir la política minero-energética de Petro y aumentar las explotaciones y exploraciones de gas y petróleo.
“Eso seguramente atraerá inversión extranjera a esos sectores y, si De la Espriella tiene éxito en su política de seguridad, más agresiva que la de Petro, podría llegar más capital foráneo a otros sectores”, dice Díaz.
“Le auguro más tiempo a esta coyuntura, más de lo que era tradicional en Colombia”, agrega.
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Una pesadilla industrial se estaba gestando al sur de Los Ángeles, en California.
A finales de mayo, un tanque de almacenamiento de productos químicos con más de 26.000 litros de material tóxico comenzó a calentarse rápidamente. El tanque pertenecía a GKN Aerospace, una empresa que suministra piezas a la industria aeronáutica, entre ellas ventanas de aeronaves.
A medida que aumentaba la temperatura dentro del reluciente tanque de almacenamiento metálico, los trabajadores se dieron cuenta de que tenían un problema. El tanque corría el riesgo de explotar, lo que podría esparcir sobre los barrios cercanos metacrilato de metilo (MMA), un compuesto irritante para la piel y los pulmones que se utiliza en la producción de plásticos.
Más de 50.000 residentes de Garden Grove fueron evacuados y los bomberos comenzaron a rociar agua sobre el tanque para intentar enfriarlo. En un momento dado, el recipiente “se abultó”, según el jefe de bomberos local.
Afortunadamente, no se produjo ninguna explosión. Meses después, en agosto, GKN y las autoridades locales anunciaron un programa de US$100 millones para compensar a los residentes evacuados durante el incidente.
Sin embargo, lo sucedido interrumpió la producción de ventanas de aviones en la planta y aún no se ha restablecido por completo.
Los bomberos rociaron con agua un tanque sobrecalentado en Los Ángeles en mayo.
Conmoción en la industria
Esto ha causado una pequeña conmoción en la industria de fabricación de aeronaves, ya que GKN es una de las pocas empresas en todo el mundo que fabrica ventanas para aviones, piezas de alta ingeniería y de vital importancia para la seguridad de las aeronaves.
La producción en la planta de GKN en Garden Grove se mantiene actualmente reducida, aproximadamente al 50% de su capacidad normal, según declaraciones públicas de su empresa matriz británica, Melrose Industries. El objetivo es restablecer la producción por completo para el 28 de septiembre. GKN declinó conceder una entrevista a la BBC.
“Son uno de los pocos en el puñado proveedores de ventanas críticas”, afirma Marisa García, analista del sector aeronáutico. “Uno de los puntos débiles de la cadena de suministro en la aviación es que hay muy pocas empresas cualificadas para realizar ciertas tareas y, cuando algo falla, desestabiliza por completo todo el sistema”.
Boeing ha declarado a la BBC que está “tomando medidas para mitigar cualquier impacto potencial”, y ha descrito la escasez de producción como una situación que afecta a “toda la industria”.
“Estamos apoyando a nuestro proveedor”, añadió un portavoz.
Una portavoz de Airbus afirmó: “Estamos siguiendo de cerca la situación y observamos avances positivos hacia la vuelta a la normalidad”.
Esto ocurre en un momento en el que las aerolíneas “no pueden conseguir aviones nuevos con la suficiente rapidez”, afirma Mike Stengel, de la consultora AeroDynamic Advisory. “Están conservando sus aviones durante más tiempo”.
Aunque solo existen unas pocas empresas fabricantes de ventanas para aeronaves, resulta difícil que surjan nuevos competidores debido a la estricta regulación del sector, según Stengel. “Cambiar de proveedor puede llevar tiempo”.
El experto dice que esto genera un “acto de equilibrio” entre los fabricantes de aviones y las empresas de las que dependen para el suministro de diversas piezas.
Ventanas cada vez más grandes
Para averiguar qué implica la fabricación de una ventana de avión, hablé con Jean-Eric Vermont, director general de la empresa francesa Saint-Gobain Aerospace.
“Nos centramos principalmente en aviones comerciales, aviones regionales y helicópteros”, afirma. Sin embargo, Vermont se niega a revelar la cuota de mercado que tiene su empresa en ventanas para aeronaves, o transparencias, como se las conoce en el sector.
Las ventanas ovaladas de la cabina de pasajeros al lado de los asientos, suelen estar hechas de materiales plásticos, explica Vermont. “Se parte de una lámina de acrílico”, explica. “Luego se corta a la medida para darle la forma”.
Un portavoz de Saint-Gobain confirmó a la BBC que la empresa no almacena ni procesa MMA como GKN, sino que compra láminas de MMA polimerizado o acrílico.
Según Vermont, los fabricantes de aeronaves encargan ventanas de cabina cada vez más grandes para ofrecer a los pasajeros una vista más amplia del exterior. Si bien es un argumento de venta, requiere pruebas adicionales para determinar si las ventanas más grandes son tan resistentes como las más pequeñas.
Saint-Gobain prueba sus ventanas sometiéndolas a presiones muchas veces superiores a las que serían normales en un avión que vuela a gran altitud.
Estas ventanas de cabina, fabricadas con acrílico, suelen estar compuestas de dos capas o láminas, y Saint-Gobain también realiza pruebas para confirmar si la ventana resistirá incluso si una de esas capas se daña.
A medida que las ventanas de los aviones se hacen más grandes, se vuelven más difíciles de fabricar.
Ventanas diferentes para la cabina de mando
Según Vermont, las ventanillas de la cabina de mando son “totalmente diferentes”.
Generalmente están hechas de vidrio, el cual se refuerza químicamente añadiéndole potasio. Esto implica sustituir iones de sodio, más pequeños, por iones de potasio, más grandes, lo que ayuda a completar la estructura molecular del vidrio. Esto permite que, al enfriarse durante su producción, se comprima formando una estructura extrafuerte y compacta.
Algunos de los aviones más modernos incorporan ventanas de cabina curvas para lograr una mayor aerodinámica, lo que mejora la eficiencia del combustible. Sin embargo, fabricar ventanas de cabina curvas es un desafío, ya que la más mínima distorsión o defecto resulta claramente visible para el piloto.
Los controles de calidad se utilizan para garantizar que no existan tales impedimentos en el producto final.
Según Vermont, todas las ventanas de los aviones deben ser resistentes a los impactos, pero las de la cabina de mando, situadas en la parte delantera del avión, son especialmente vulnerables a las colisiones con aves: “El problema no es la velocidad del ave, sino la velocidad del avión”.
Las ventanas de la cabina de mando son de un material distinto a las de los pasajeros.
Saint-Gobain utiliza simulaciones numéricas y “pruebas físicas representativas del impacto de un ave de gran tamaño” para probar sus ventanas frente a esta amenaza.
“Normalmente, si te encuentras con una granizada o si chocas con un ave lo suficientemente grande, la madera contrachapada exterior se agrietará”, dice Vermont. “La ventana de la cabina está diseñada para eso”.
Un vuelo de Londres a Londonderry se vio afectado recientemente por una ventanilla de la cabina de mando agrietada. Si bien se declaró una emergencia en pleno vuelo, el avión aterrizó sin problemas. “Pueden darse casos así”, afirma Vermont, aunque añade que las ventanillas de Saint-Gobain no han estado involucradas en ningún incidente recientemente.
“Obviamente, se trata de una superficie que interactúa con dos entornos muy diferentes”, afirma Stengel. “Por eso, estos productos requieren una ingeniería más avanzada”.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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El responsable de inteligencia artificial de Microsoft ha advertido que, sin salvaguardias adecuadas, el desarrollo de esta tecnología podría dar lugar a la aparición de una nueva “especie de silicio” capaz de competir con los humanos.
Mustafa Suleyman criticó que la empresa rival Anthropic está tratando a la IA como si fuera humana, un enfoque que calificó de “equivocado” y que, en su opinión, podría conducir a la creación de sistemas que la humanidad no pueda controlar.
En declaraciones al programa Today de la BBC, el directivo afirmó que es “razonable” que exista preocupación en torno a la inteligencia artificial, aunque subrayó que también hay “medidas muy prácticas que podemos tomar” para mantenerla bajo control.
Sus palabras se suman a una creciente serie de advertencias desde la propia industria tecnológica sobre los posibles riesgos asociados al rápido avance de la IA.
La BBC se ha puesto en contacto con Anthropic para solicitar comentarios.
En su entrrevista con el programa Today de la BBC, Suleyman advirtió este jueves sobre los riesgos de que las empresas continúen desarrollando sistemas de inteligencia artificial capaces de fijar sus propios objetivos, generar ingresos y poseer activos.
Advirtió que eso sería “sembrar esencialmente una nueva especie de silicio”, que “podría competir con los humanos por los recursos, más allá de cualquier preocupación o ‘afecto’ por la humanidad”.
Las declaraciones del directivo se producen después de que, a principios de esta semana, publicara un ensayo en el que cuestiona el enfoque de Anthropic para entrenar su modelo de IA, Claude, aunque elogió a su director ejecutivo, Dario Amodei, y a su equipo como “personas intelectualmente honestas”.
Dario Amodei es el director de la empresa de IA Anthropic, a la que Suleyman criticó por tratar a su IA como si fuera un ser humano.
En ese texto, Suleyman criticó a la empresa por atribuir cualidades humanas a sus sistemas —una práctica conocida como antropomorfización—, que, según argumentó, puede dar la impresión de que Claude tiene deseos, valores o una identidad propios.
También advirtió de que las empresas tecnológicas corren el riesgo de crear sistemas “imposibles” de controlar si tratan a la IA como si fuera un ser humano.
“Las IA no son conscientes”, escribió.
“No sienten, no experimentan ni sufren. No tienen preferencias innatas ni motivaciones propias”.
“Son máquinas diseñadas para completar secuencias, internamente vacías, que siguen instrucciones y persiguen objetivos definidos por humanos”.
“No debemos tomar decisiones a la ligera”
El directivo de Microsoft afirmó que es necesaria una mayor transparencia en torno a cómo se entrenan y evalúan los sistemas de inteligencia artificial.
Según explicó, esto implica un escrutinio independiente del comportamiento de los sistemas, así como el desarrollo de herramientas más eficaces para supervisarlos y mantenerlos bajo control.
“No debemos tomar decisiones a la ligera, sin ser plenamente conscientes de sus consecuencias, de las que luego podamos arrepentirnos profundamente”, escribió.
Por su parte, Wendy Hall, profesora de Informática en la Universidad de Southampton, calificó sus declaraciones como “el tipo de conversación que necesitamos tener a nivel internacional”.
La experta las contrastó con lo que describió como el “histrionismo” de algunas empresas de IA que, en su opinión, solo sirve para “asustar a todo el mundo”.
Superinteligencia “humanista”
El debate sobre cuánta autonomía deberían tener los sistemas de inteligencia artificial divide cada vez más a la industria.
En declaraciones a la BBC con motivo de una próxima cumbre sobre IA, Suleyman pidió mayor “alineación” para desarrollar tecnologías que permanezcan “subordinadas” a la humanidad.
La alineación es un campo que busca integrar principios y valores humanos en los sistemas de IA, con el objetivo de que su comportamiento se mantenga en consonancia con ellos.
“Creo que la buena noticia es que todos los seres humanos tenemos un interés común en garantizar que los sistemas que creamos y utilizamos en todo el mundo, en todas las naciones, sean seguros, controlables y estén subordinados a la humanidad”, afirmó.
“Todos deben estar alineados”.
Microsoft creó su propio equipo de superinteligencia en octubre de 2025.
Al igual que su rival Anthropic, está intensificando sus esfuerzos en el desarrollo de IA avanzada.
Las declaraciones de Suleyman reflejan el borrador inicial del Código de Conducta de Microsoft para una IA humanista, un “manual de capacitación” publicado esta semana que detalla cómo la empresa está desarrollando sus sistemas y plantea la idea de una “superinteligencia humanista”.
Según el documento, se trata de “una IA muy avanzada que siempre trabaja para las personas, se mantiene dentro de límites definidos y permanece bajo control humano”.
La visión de Microsoft sobre una IA “humanista” pone de relieve uno de los principales desafíos de esta tecnología: cómo hacerla más potente sin perder de vista los valores a los que está destinada a servir.
Información adicional de Henry Moore.
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Las tasas de interés en Estados Unidos han subido este miércoles por primera vez en más de tres años y podrían aumentar aún más en un intento por frenar el alza de los precios.
La Reserva Federal (Fed) elevó las tasas al rango de 3,75%-4% (desde el 3,5%-3,75%) en una decisión unánime, a pesar de la fuerte oposición del presidente Donald Trump, quien había pedido que se redujeran.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, afirmó que la medida se debió a que “la inflación es demasiado alta y lo ha sido durante demasiado tiempo”, añadiendo que se trataba de una decisión “seria” y “responsable”.
Sin embargo, Trump sostuvo que las tasas “deberían ser del 1% o menos, porque somos el mejor riesgo crediticio del mundo, con diferencia”.
Unas tasas de interés más altas encarecen el endeudamiento para quienes buscan obtener préstamos, hipotecas o tarjetas de crédito, pero pueden generar mejores rendimientos para los ahorros.
Durante una conferencia de prensa celebrada tras la decisión, Warsh señaló que, si bien existía “una actitud de optimismo” entre la cúpula de la Fed, la inflación seguía siendo un problema.
Al igual que muchos bancos centrales, la Fed tiene como objetivo mantener la inflación en un 2% o menos. Warsh destacó que la inflación en Estados Unidos se ha situado por encima de ese objetivo “durante más de cinco años”.
Esto ha contribuido a convertir la asequibilidad en una de las principales preocupaciones de los votantes estadounidenses, quienes han visto dispararse los precios del combustible debido al fuerte aumento del costo del petróleo desde el inicio de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Esta situación también ha elevado el costo de muchos bienes y servicios.
Trump lleva tiempo pidiendo que bajen las tasas de interés.
Una cuestión de equilibrio
Si bien la Reserva Federal “no puede influir en ningún precio individual —ya sea el del petróleo o el de los alimentos en el supermercado”—, señaló Warsh, el banco central sí puede trabajar para evitar que los aumentos de precios se propaguen por toda la economía.
Añadió que la fortaleza del mercado laboral y de la economía en general permitía a la Reserva Federal mantener su enfoque en la estabilidad de precios, y que los sectores de menores ingresos serían los más beneficiados por una inflación más baja.
Los bancos centrales suelen subir las tasas de interés cuando la inflación es elevada para desincentivar el gasto y fomentar el ahorro, con la esperanza de reducir así el ritmo de aumento de los precios.
Sin embargo, se trata de una cuestión de equilibrio, ya que unas tasas más altas también pueden llevar a las empresas a posponer sus inversiones y perjudicar el crecimiento económico.
¿Qué efecto tendrá el aumento de las tasas de interés?
Cuando se confirmó su nombramiento, los legisladores demócratas habían dicho que Warsh sería una “marioneta” de Trump, y muchos observadores de la Reserva Federal esperaban que cumpliera con las insistentes exigencias de Trump de recortar las tasas de interés.
Trump había criticado duramente al predecesor de Warsh, Jerome Powell, por no reducirlas.
Al preguntarle este miércoles sobre el mensaje que la subida de tipos enviaba a Trump, Warsh soltó una risita antes de decir: “No tengo nada que comentar sobre una conversación con el presidente”.
Poco después, Trump escribió en las redes sociales: “¡BAJEN LOS TIPOS DE INTERÉS PARA LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA, Y RÁPIDO!”.
Los demócratas del Congreso afirmaron que el aumento de las tasas encarecería los préstamos y que, en consecuencia, más estadounidenses se endeudarían.
“Esto hará que todo sea más caro”, declaró Chuck Schumer, líder demócrata del Senado. “Esto sucede porque Donald Trump no sabe gestionar la economía”, agregó.
El alza de la Reserva Federal representa el primer movimiento de tasas en cualquier dirección desde los recortes efectuados en diciembre de 2025. La última vez que se habían elevado fue en julio de 2023.
El incremento podría elevar las tasas hipotecarias para quienes compran viviendas y provocar que los estadounidenses paguen más por otros tipos de deuda.
Importantes bancos estadounidenses, como JP Morgan, KeyCorp y BNY, elevaron este miércoles su tasa preferencial de préstamo del 6,75% al 7%, lo que afectará a las tasas aplicadas a tarjetas de crédito y préstamos personales.
Los costos hipotecarios han aumentado durante el último año, aunque se mantienen por debajo de los máximos registrados en 2023. La tasa promedio para una hipoteca a tasa fija a 30 años se sitúa en el 6,76%, mientras que para una a 15 años es del 6,09%, según datos de Freddie Mac.
Muchos propietarios de viviendas en EE.UU. tienen hipotecas a tasa fija a 30 o 15 años, por lo que las variaciones en las tasas de interés no afectarán sus cuotas mensuales.
Sin embargo, unas tasas más altas podrían repercutir en quienes buscan obtener una nueva hipoteca o refinanciar la actual.
Expertos prevén futuras subidas de las tasas de interés.
¿Qué pasará con las tasas de interés?
Warsh prefirió no expresar su opinión sobre la futura evolución de las tasas de la Fed, pero la mayoría de sus colegas responsables de la política monetaria señalaron que prevén nuevos aumentos antes de finalizar el año, situando las tasas en un rango de entre el 4% y el 4,25%.
Una ligera mayoría también señaló que las tasas podrían subir aún más, situándose en el rango del 4,25% al 4,5% el próximo año, antes de que comiencen los recortes en 2028 y 2029.
Las previsiones apuntan a una moderación del aumento de los precios en los próximos años; se espera que la inflación —el indicador utilizado para medir el costo de la vida— descienda de forma constante hasta alcanzar el objetivo de la Reserva Federal para 2029.
La Reserva Federal de EE.UU. no es el único organismo que se enfrenta al aumento de la inflación derivado del conflicto en Irán: el Banco Central Europeo subió los tipos la semana pasada y el Banco de Inglaterra tiene previsto tomar su propia decisión este jueves.
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Para Donald Trump, las preocupaciones sobre los peligros de la inteligencia artificial —como la idea de que “los robots marcharán hacia nuestras ciudades y acabarán con todos nosotros”— son un engaño.
Es el tipo de lenguaje que el presidente de EE.UU. suele reservar para aquello que más desprecia: las teorías sobre el cambio climático provocado por el ser humano, las investigaciones sobre la injerencia rusa en las elecciones o los intentos de someterlo a un juicio político y destituirlo durante su primer mandato.
Presentándose como el “destapador de engaños”, el lunes publicó una serie de mensajes en redes sociales en los que respaldaba con vehemencia lo que calificó como “el mayor motor de desarrollo económico de la historia” y menospreciaba a quienes cuestionan los beneficios de esta tecnología.
El número de escépticos, sin embargo, ha aumentado en las últimas semanas por la inquietud que genera el carácter disruptivo de la IA —cuando no el temor a un peligro que podría amenazar a la civilización— entre algunos expertos del sector y políticos, incluidos miembros de su propio Partido Republicano.
Nada de esto ha disuadido a Trump. Su reciente ofensiva en redes sociales no es más que el último intento de contrarrestar, a fuerza de voluntad, el creciente escepticismo hacia la IA.
La nueva batalla de Trump
Ya sea que el presidente considere la batalla por la IA como algo crucial para su legado económico, como un frente clave en la lucha global por el poder o como otra conspiración de sus enemigos en su contra, lo cierto es que al involucrarse de lleno en la disputa ha situado el tema en el centro de la política estadounidense, incluso a riesgo de enemistarse con aliados de muchos años.
“Creemos que esta podría ser una gran tecnología, pero no vamos a darles carta blanca a estos tipos”, declaró el martes Steve Bannon, exasesor de Trump, durante una conferencia de corte “humanista” sobre los peligros de la IA.
Poco antes de la intervención de Bannon, el senador por Vermont Bernie Sanders, de ideología socialista democrática, dijo ante la misma audiencia que los responsables políticos de Washington no habían abordado las “consecuencias potencialmente catastróficas” de una IA sin regulación.
Bernie Sanders es uno de los políticos estadounidenses más críticos hacia la IA.
“El Congreso, tanto bajo control demócrata como republicano, se ha quedado completamente dormido al volante”, afirmó, “y ahora tenemos un presidente cuya ignorancia sobre este tema es verdaderamente vergonzosa”.
Sin embargo, según Trump lo que hace falta no es debate ni nuevas políticas, sino confianza en su autoridad y en su criterio.
“El único control o ‘salvaguarda’ que necesita la IA es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE (¡con un alto coeficiente intelectual!), y EE.UU. cuenta con ello de sobra”, escribió.
Y agregó que “ya disponemos de amplias facultades penales y regulatorias sobre estas empresas”.
El deseo de centralizar la autoridad en la presidencia es un tema recurrente de Trump en su segundo mandato.
Si decide que algo es positivo, considera que debería tener la autoridad para permitirlo; si lo juzga negativo, cree que debería poder ponerle fin mediante una orden presidencial unilateral.
Su postura es similar a la que mantiene respecto a la inmigración y el comercio: considera que él, como presidente, debería tener la facultad exclusiva de decidir quién puede entrar y permanecer en el país, así como cuándo y dónde imponer aranceles.
A diferencia de los aranceles y la inmigración, temas que han interesado a Trump durante décadas, el auge de la inteligencia artificial es un fenómeno reciente.
Pero, si no se trata de un interés arraigado desde hace años en el presidente, ¿qué podría explicar su disposición a intervenir activamente en este asunto?
La economía más pujante con la IA como motor
A Trump le gusta destacar constantemente que Estados Unidos es el país con la economía más pujante del mundo.
Muchos economistas señalan que la inversión en tecnología de IA —incluidas las infraestructuras y los equipos— ha sido el motor de la economía estadounidense durante varios años.
Según un informe reciente de la firma de análisis ING, la inversión tecnológica representó más de un tercio de toda la expansión económica de EE.UU. en el segundo trimestre de 2026.
La carrera de la IA ha impulsado los índices de Wall Street en los últimos años.
El mercado bursátil vive un auge y gran parte de ese incremento en el valor de las empresas —y, por extensión, del fuerte crecimiento de los fondos de jubilación de muchos estadounidenses— puede atribuirse a la enorme inversión en chips, centros de datos y otras infraestructuras que sustentan la IA.
Cualquier cosa que amenace este crecimiento —que Trump considera un sello distintivo de su presidencia y una clave de su legado político— despierta rápidamente su recelo.
Trump también percibe la expansión de la IA como una competencia industrial a gran escala entre las dos mayores economías del mundo: Estados Unidos y China.
En la lógica de suma cero del poder global, si China lleva ventaja, Estados Unidos se queda atrás.
“Llevamos ventaja a China en IA”, declaró Trump el sábado, “y, francamente, quiero que siga siendo así, porque quien gana en IA, gana la partida”.
El presidente suele defender una postura habitual entre los conservadores: que sus rivales de izquierda se oponen al libre mercado y a las libertades económicas, recurriendo al alarmismo para justificar una mayor intervención y control por parte del Estado.
Sin embargo, Trump —que aboga por la participación estatal estadounidense en el capital de US Steel y del fabricante de semiconductores Intel, y no tiene reparos en elegir ganadores y perdedores en la economía— dista mucho de ser un conservador tradicional partidario de un Estado reducido.
Las opiniones de los líderes tecnológicos y su cercanía a Trump
Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, ha respaldado los llamados a moderar el desarrollo de la IA, mientras que Donald Trump ha restado importancia a las advertencias sobre sus riesgos.
Los estrechos vínculos de Trump con destacados magnates de la tecnología y emprendedores de inteligencia artificial desde el inicio de su segundo mandato también podrían ayudar a explicar su entusiasmo por la IA.
El empresario tecnológico David Sacks, copresidente del Consejo de Asesores en Ciencia y Tecnología del presidente y su “zar” informal de la IA, lo apoya desde hace años.
El escepticismo expresado públicamente por Sacks respecto a la regulación de la IA coincide con los comentarios recientes del presidente.
“Creo que esto se está convirtiendo en una reacción de pánico”, declaró este fin de semana en una entrevista con CBS News.
Y agregó: “Estamos en plena campaña electoral [para los comicios de mitad de mandato] y hay incentivos para que los actores políticos intenten amplificar el miedo”.
Elon Musk, pese a su turbulenta relación con Trump, ha influido en el rumbo de esta administración.
Mark Zuckerberg (Facebook), Jeff Bezos (Amazon), Sam Altman (OpenAI) y Tim Cook (Apple) ocuparon lugares destacados durante la toma de posesión de Trump.
Mark Zuckerberg defiende que cada empresa asuma la seguridad de sus sistemas de IA y se distancia de los llamados a ralentizar su desarrollo de forma coordinada.
Estos hombres, junto con el director de Anthropic, Dario Amodei, mantienen posturas diversas sobre la necesidad de una mayor regulación de la IA y cuentan con distintos niveles de acceso e influencia sobre Trump.
En el caso de Amodei, sus discrepancias sobre el uso sin restricciones de los modelos de IA de Anthropic por parte del Pentágono podrían haber predispuesto a Trump en contra de sus llamados a ralentizar el desarrollo de la IA.
“Este es el principal debate de toda la industria, y lo ha sido desde el principio”, afirmó Matt Calkins, director de la empresa tecnológica Appian.
“Sabíamos que en algún momento trascendería al ámbito político; era inevitable”.
El rumbo que tomará el debate político a partir de ahora es una incógnita.
Dada la resistencia de Trump, es poco probable que el Congreso —pese a las promesas de nuevas audiencias y propuestas de regulación— apruebe una nueva legislación que el presidente esté dispuesto a promulgar.
El martes, el presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, pareció dar marcha atrás en su disposición inicial a considerar medidas legislativas y optó por hacerse eco de la retórica de Trump, que califica de “engaño” los temores sobre la IA.
Ante la proximidad de las elecciones legislativas de mitad de mandato, los candidatos —tanto republicanos como demócratas— temen enfrentarse a una opinión pública que, según los sondeos, se muestra escéptica respecto a los beneficios prometidos de los avances en IA.
Sin embargo, los republicanos también temen contrariar a Trump en un asunto que se ha convertido en un tema clave para el presidente.
Aunque la ciudadanía empieza a prestar atención, Calkins señala que el tema aún no se ha convertido en dinamita política, lo que implica que adoptar una determinada postura o discurso conlleva pocos riesgos.
No obstante, podría estar cerca el momento en el que las advertencias sobre la IA se materialicen en un desastre de gran repercusión.
“Es posible que futuros acontecimientos sacudan a la opinión pública; en ese caso, las posturas —y las palabras— podrían dejar de salir tan baratas”, alegó.
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Sam Altman, el director ejecutivo de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, señaló que la población debería confiar más en las compañías de inteligencia artificial para garantizar que esta tecnología sea segura, en medio de la creciente preocupación pública por sus riesgos.
“El mundo debería confiar en que vamos a hacer lo correcto porque es lo correcto y porque comprendemos la magnitud de esto”, afirmó Altman durante una conferencia en San Francisco.
Altman reconoció que la preocupación de la gente respecto a la inteligencia artificial está justificada, dado que las capacidades de estas herramientas han avanzado con gran rapidez.
Los críticos sostienen que no se puede confiar en que las empresas se autorregulen.
Entre quienes reclaman una mayor supervisión de la IA figuran personajes de ambos espectros ideológicos como el senador progresista Bernie Sanders y Steve Bannon, exasesor y seguidor del presidente estadounidense Donald Trump.
El propio Trump ha criticado los llamados a imponer mayores salvaguardias a esta tecnología en rápida evolución, calificando de “engaño” los temores sobre la seguridad de la IA.
Según Trump, las únicas “barandillas de protección” necesarias para la inteligencia artificial son un presidente “fuerte e inteligente”.
En los últimos días ha surgido una gran preocupación por los alcances de la Inteligencia Artificial.
Las declaraciones de Altman se produjeron durante una intervención en la conferencia anual organizada por la empresa de software Salesforce.
“No hace falta tanta imaginación como antes para imaginar cómo esto podría salir mal”, reconoció y admitió:
“Creo que el mundo tiene razón al tener miedo”.
A alta velocidad
Los propios líderes de la industria de la IA han admitido que podría resultar difícil regular una tecnología que cambia a tal velocidad.
En una entrevista concedida a Axios y publicada el 3 de septiembre, Altman señaló que esperaba que el Congreso estableciera un “marco básico” para la IA avanzada tras su comparecencia de 2023, pero eso aún no ha ocurrido.
Asimismo, sugirió que los legisladores han tenido dificultades para seguir el ritmo de la tecnología y regular sin “ralentizar la innovación”.
Es poco probable que el Congreso de Estados Unidos apruebe en el corto plazo una nueva legislación sobre seguridad en IA, a pesar de que los legisladores regresaron de su receso de verano el lunes.
No existe consenso dentro de ninguno de los dos grandes partidos estadounidenses sobre cómo debería llevarse a cabo una regulación, y además la Cámara de Representantes volverá a entrar en receso al final de esta semana de cara a las elecciones legislativas de mediados de mandato de principios de noviembre.
Las declaraciones de Altman del martes fueron las primeras que realizó públicamente desde que se viralizara la semana pasada una publicación de un investigador que abandonó la empresa de IA Anthropic.
El investigador afirmó que la inteligencia artificial podría “matar a todos los seres humanos” antes de que termine la década si no se establecen controles.
Un pequeño grupo de ejecutivos y expertos del sector también respondió indicando que compartía esa evaluación, aunque sin explicar cómo habían llegado a esa conclusión ni de qué manera la IA podría llegar a provocar algo semejante.
Tras las declaraciones de Altman, Mark Zuckerberg escribió en X que todas las empresas de inteligencia artificial tienen tanto la capacidad como los incentivos necesarios para “adoptar sus propias medidas” en materia de seguridad.
“Los laboratorios afrontan una responsabilidad significativa si sus modelos causan daños, por lo que también tienen un fuerte incentivo para evitarlo”, añadió.
¿Alinearse con los humanos?
Según el director ejecutivo de Meta, “cualquier laboratorio que no se centre en la alineación quedará rezagado”.
La alineación es un campo de investigación que busca incorporar a la IA principios e ideas éticas humanas. En otras palabras, pretende mantenerla alineada con los valores de las personas.
Algunas figuras políticas han rechazado la idea de que las empresas de IA sean las responsables de autorregularse.
Bernie Sanders afirmó que las decisiones sobre inteligencia artificial han quedado en manos de “un puñado de las personas más ricas del mundo”, mientras que Steve Bannon sostuvo que el público no puede confiar en que los oligarcas tecnológicos se regulen a sí mismos.
Por su parte, Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, declaró en la misma conferencia el martes que deberían ser las empresas de IA quienes decidan si se lanzan nuevas versiones de la tecnología y no agentes externos.
“No necesitamos nuevas leyes ni regulaciones”, afirmó, añadiendo que no debería plantearse una “falsa disyuntiva” entre la velocidad de la innovación y la seguridad de los productos de IA.
Nvidia es actualmente la empresa más valiosa del mundo por capitalización bursátil, impulsada por el enorme crecimiento de la demanda de su hardware.
Huang también argumentó que la seguridad es un problema de ingeniería y que las compañías deberían hacer una pausa si pierden la confianza en un producto.
El senador progresista Bernie Sanders ha propuesto que la IA sea regulada por el gobierno.
Las recientes advertencias surgidas desde dentro de la propia industria han intensificado el escrutinio sobre el desarrollo de la inteligencia artificial, lo que llevó al director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, a pedir una desaceleración del ritmo de desarrollo de la IA y a instar a los gobiernos a regular el sector.
Su publicación fue respaldada por Altman; el cofundador de Google DeepMind, Demis Hassabis, y Elon Musk.
“La autorregulación es el camino”
Sin embargo, para el martes más líderes de la industria comenzaban a manifestar su apoyo a la autorregulación en lugar de una mayor intervención gubernamental.
Altman afirmó que las empresas de IA son capaces de regularse por sí mismas.
“Lo haremos bien”, aseguró,
“Si no logramos mantener la alineación y la seguridad por delante de las capacidades de esta tecnología, entonces es en ese momento en que debemos reducir el ritmo o detenernos”, añadió.
Pero Yoshua Bengio, uno de los pioneros de la inteligencia artificial moderna, escribió en la red social X que se necesitan “esfuerzos ambiciosos fuera del sector con ánimo de lucro” para “evitar los peores riesgos de la IA”.
Algunas voces de la industria han argumentado que el resurgimiento de los temores sobre la IA ha sido exagerado y que se está utilizando para generar expectativas y publicidad en torno al sector.
Durante la conferencia, Altman se dirigió a una audiencia compuesta por cientos de empresarios y les dijo que deberían utilizar herramientas de IA para apoyar su trabajo, pero que también las necesitaban para proteger sus negocios frente a posibles ciberataques impulsados por inteligencia artificial.
La idea de dejar que los ejecutivos de la IA se regulen completamente a sí mismos ha sido considerada por algunos miembros de la industria como una mala propuesta.
Jack Clark, ejecutivo y cofundador de Anthropic, le dijo a la BBC que “dejar que la Inteligencia Artificial se convierta en una industria totalmente no regulada, equivale a lanzar los dados frente a riesgos inmensos”.
Patrick Hillman, director de operaciones de Logical Intelligence, organización presidida por Yann LeCun, una de las figuras más influyentes del sector, señaló el martes la escasa confianza que la ciudadanía deposita en las empresas tecnológicas cuando afirman actuar en beneficio del interés público.
“La única institución en la que los estadounidenses podrían confiar menos hoy en día que en Washington es Silicon Valley. He trabajado y vivido en ambos lugares, y puedo asegurar que ambos se han ganado ese escepticismo”, señaló Hillman.
Organizaciones alrededor del mundo piden que se den muestras de que se puede controlar la Inteligencia Artificial.
“Si creen que lo que están construyendo es peligroso, que nos demuestren qué están dispuestos a dejar de hacer”, añadió.
Buscando acuerdos
Los dirigentes de OpenAI y Anthropic han señalado recientemente que están trabajando para alcanzar algún tipo de acuerdo sectorial sobre seguridad.
Durante una breve intervención en la conferencia del martes, Amodei afirmó que Anthropic mantiene actualmente “un diálogo con el resto de la industria” para comprometerse con mejores estándares de seguridad y mayores controles sobre las herramientas y el desarrollo de la IA.
También señaló que una de las mayores sorpresas del auge de la Inteligencia Artificial no ha sido el avance de la tecnología en sí, sino su impacto más amplio en la sociedad y la economía.
“No previmos que daría lugar a empresas que crecerían tan rápido ni que llegarían a convertirse tan rápidamente en elementos centrales de tantas actividades”, dijo Amodei.
La semana pasada, Chris Lehane, ejecutivo de OpenAI, afirmó que la compañía también está colaborando con otros laboratorios de IA “para impulsar estándares avanzados de inteligencia artificial, desarrollando ahora un esfuerzo voluntario, con o sin apoyo gubernamental”.
Entre esos laboratorios figuran Anthropic y Google DeepMind.
“Dado lo mucho que está en juego, no podemos permitir que la perfección sea enemiga de lo bueno”, escribió Lehane.
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“¿No sería maravilloso que Canadá fuera el estado número 28 de la Unión Europea en lugar del estado número 51 de los Estados Unidos?”, preguntó el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, este verano.
La pregunta era más bien irónica. El presidente estadounidense Donald Trump, que actualmente se encuentra inmerso en una creciente disputa arancelaria con Ottawa, ha declarado en varias ocasiones su ambición de convertir a Canadá en el estado número 51 de Estados Unidos, lo que ha hecho que muchos canadienses se sientan profundamente ofendidos.
Finlandia es uno de los 27 Estados miembros de la UE y un aliado cercano de Canadá, con el que comparte la condición de país ártico. Dejando a un lado el tono jocoso, el presidente Stubb dio en el clavo respecto al creciente interés por estrechar las relaciones entre la UE y Canadá. “¡Canadá tiene una mentalidad más europea que la mayoría de los europeos!”, es una respuesta jocosa que se escucha a menudo en Bruselas últimamente.
El domingo, el primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró a la prensa que Canadá busca una “alianza única” con la UE.
El detonante de este nuevo y ferviente fenómeno público es Donald Trump. Hace apenas unos días, el presidente estadounidense publicó en su sitio web Truth Social un mapa de Norteamérica que incluía Canadá y Groenlandia —territorio que forma parte de Dinamarca, país miembro de la UE—, todo ello superpuesto con la bandera de Estados Unidos.
Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá fracasaron a finales del mes pasado. Los países europeos, afectados por los aranceles impuestos por Trump, han seguido de cerca el desarrollo de la disputa con una mezcla de interés y, para muchos, admiración.
Mientras que la UE, liderada por la Comisión Europea, simplemente aceptó los nuevos aranceles generales de Trump sin oponer resistencia, Carney se ha enfrentado de forma destacada al presidente estadounidense, imponiendo rápidamente aranceles compensatorios a Estados Unidos.
En lo que respecta a estrechar lazos con la UE, Canadá parece estar, para algunos, incluso más interesada que uno de los vecinos más cercanos del bloque.
“En estos momentos, Canadá parece estar más interesado que Reino Unido en acercarse lo máximo posible a Bruselas, como Estado no miembro”, afirma Mark Lowen, director del centro de estudios Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.
“Es notable”, señala el experto.
Canadá se unió con éxito al fondo de defensa de la Unión Europea, la Acción de Seguridad para Europa (SAFE), a principios de este año. Reino Unido se mantuvo al margen tras una disputa sobre los costes y tensiones políticas. Una cumbre destinada a restablecer y mejorar las relaciones entre la UE y Reino Unido acaba de posponerse —una vez más— debido a las diferencias a ambos lados del Canal de la Mancha.
Carney, en cambio, ha sido invitado esta semana como orador especial a Estrasburgo, Francia, para escuchar el discurso anual sobre el Estado de la Unión que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronunciará el miércoles. Carney dará también un discurso en el Parlamento Europeo el jueves, un día después de que la presidenta Von der Leyen exponga las prioridades políticas y de política de la UE.
Funcionarios de ambas partes insisten en que esto es más que simple política, como me comentó un diplomático de la UE. Habló bajo condición de anonimato para poder abordar el tema con libertad. Se espera que tanto Carney como Von der Leyen mencionen planes para estrechar lazos.
“Tan estrechos como sea posible sin que Canadá se convierta en miembro de la UE”, me dijo el diplomático.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Canadá, muy por delante de la Unión Europea.
El “efecto Trump”
En los pasillos de Bruselas se rumorea sobre la posibilidad de firmar un “acuerdo de asociación especial” con Canadá.
Según me han dicho, el objetivo no oficial de ambas partes es reducir la dependencia de Washington en varias áreas clave:
Desarrollos digitales y tecnológicos, en los que Estados Unidos y China dominan.
Energía: Canadá es rico en gas natural licuado (GNL), que la UE necesita desde que redujo su dependencia energética de Rusia.
Materias primas y minerales críticos: Canadá los posee en abundancia.
Comercio y adquisiciones de defensa: Canadá ha estado comprando productos europeos últimamente, adquiriendo, por ejemplo, submarinos de ataque alemanes y aviones de alerta temprana aerotransportados de la empresa sueca Saab. Su postura parece ser: ¿por qué recompensar a Estados Unidos comprándole equipo estadounidense después de haber sido víctima de aranceles comerciales que alcanzan el 50% en algunos sectores?
Una encuesta de opinión realizada por Nanos en abril sugiere que más de cuatro de cada cinco canadienses están a favor de fortalecer los lazos con la UE.
Casi tres de cada cinco personas apoyan la adhesión de Canadá al bloque, aunque el artículo 49 de la Constitución de la UE parece imposibilitarlo. Sin ánimo de ser sarcásticos, la Unión Europea aún no es el Festival de Eurovisión, en el que Israel y Australia, Estados indiscutiblemente no europeos, han podido competir, aunque no sin polémica.
Volviendo al tema del comercio: los lazos entre Canadá y la UE no son nada nuevo. La UE ya es el segundo socio comercial más importante de Canadá, aunque muy por detrás de Estados Unidos, que compra alrededor del 70% de las exportaciones canadienses.
El acuerdo comercial integral sobre economía y comercio (CETA, por sus siglas en inglés), de gran alcance, se firmó hace poco menos de una década y se ha implementado provisionalmente, eliminando el 99% de los aranceles sobre las exportaciones de productos canadienses.
En privado, los funcionarios europeos admiten que este renovado acercamiento de alto nivel entre Ottawa y Bruselas tiene todo que ver con las acciones del segundo mandato de Trump.
Carney ha plantado cara a Trump, que aboga por anexionar Canadá a EE.UU y ha impuesto aranceles a los productos canadienses.
El presidente estadounidense es ya tristemente célebre entre los aliados de Estados Unidos por lo que consideran su imprevisibilidad y su tendencia a utilizar los lazos comerciales o de seguridad como moneda de cambio.
En Europa, que desde la Segunda Guerra Mundial ha considerado a Estados Unidos como su aliado más cercano en el extranjero, y en Canadá, cuya economía ha estado estrechamente ligada a la estadounidense durante décadas, crece la sensación de que ninguno puede seguir dependiendo plenamente de Washington. Creen que es hora de diversificar sus economías.
“El gobierno canadiense está comprometido con la diversificación comercial, duplicando el comercio al margen de Estados Unidos en los próximos 10 años, y estrechar lazos con la Unión Europea será fundamental para lograr ese objetivo”, declaró Mark Camilleri, presidente de la Asociación de Comercio e Inversión Canadá-UE (CEUTIA), a la BBC.
Una alianza aún más estrecha entre Canadá y la UE, que abarque muchos más sectores que el mero comercio, daría continuidad a la reciente tendencia de ambas partes a forjar nuevos acuerdos de asociación en todo el mundo. En el caso de Canadá, esto incluye un acuerdo sectorial con China, que generó cierta controversia internacional a principios de este año.
Fuentes internas de la UE atribuyen todo esto al “efecto Trump”.
Pero desvincularse por completo de Estados Unidos parecería poco realista, tanto para Canadá como para la UE.
Si se tienen en cuenta tanto los bienes como los servicios, Estados Unidos es el principal socio comercial de la UE en términos generales.
Canadá y Estados Unidos mantienen la mayor relación comercial bilateral del mundo, valorada en casi US$900.000 millones el año pasado. Esta cifra empequeñece los US$130.000 millones del comercio bilateral total entre la UE y Canadá durante el mismo período.
La gran mayoría de las exportaciones canadienses se dirigen a Estados Unidos.
Así pues, Ottawa podría firmar nuevos acuerdos comerciales, pero reemplazar a los clientes y las cadenas de suministro construidas en torno al enorme mercado estadounidense sería una tarea titánica.
Según tengo entendido, esta semana Carney y Von der Leyen defenderán con vehemencia un sistema global de comercio basado en normas.
“No se trata de intentar mantener vivo el pasado. Necesitamos forjar un nuevo futuro basado en normas, tanto en el comercio como en otros ámbitos. Con o sin Washington”, me dicen los diplomáticos.
Está prevista una cumbre UE-Canadá para finales del próximo mes. Tras ella, se espera que los grupos de trabajo comiencen la tarea, poco atractiva, de abordar los detalles legales y técnicos en las diferentes áreas en las que la UE y Canadá esperan estrechar sus lazos.
¿Se están convirtiendo realmente la UE y Canadá en mejores amigos?
Un punto de inflexión crucial para Europa en su actitud hacia Washington se produjo a principios de este año, cuando Trump se negó a descartar la posibilidad de arrebatar Groenlandia por la fuerza a Dinamarca, otro miembro de la OTAN.
Por aquella época, Carney —quien también fue gobernador del Banco de Inglaterra— pronunció un discurso en el Foro Económico Mundial de Davos en el que instó a los países medianos a permanecer unidos contra la coerción económica de las superpotencias mundiales. Europa reaccionó con rapidez y tomó nota.
Entonces, cabe preguntarse por qué los líderes europeos no han expresado con mayor firmeza su apoyo al primer ministro canadiense durante la actual escalada de tensiones comerciales con Estados Unidos.
Carney se ha mostrado desafiante, declarando que Canadá está “en guerra” con Estados Unidos por cuestiones comerciales.
Rápidamente impuso aranceles compensatorios a Estados Unidos en nombre de la “soberanía” canadiense.
Paolo Gentiloni, excomisario de Economía de la UE y ex primer ministro italiano, comentó en las redes sociales: “Este es un discurso que me gustaría escuchar en Europa”.
Sin embargo, en público, los líderes europeos han guardado un silencio prudente.
Aunque, al parecer, no se debe a una falta de apoyo a Mark Carney.
Según me han comentado, varios líderes europeos, como el presidente de Finlandia, pero también el presidente francés Emmanuel Macron y la primera ministra italiana Giorgia Meloni, en su día una auténtica admiradora de Trump, participan en conversaciones secretas con Carney sobre cómo estrechar las relaciones.
Pero, y este es un gran pero, ningún político europeo de renombre quiere arriesgarse a defender públicamente a Carney en estos momentos y que sus votantes les culpen de la posible ira del presidente estadounidense y de la imposición de nuevos aranceles punitivos.
En los próximos meses, todos los países grandes de la UE celebrarán elecciones clave. Las de Alemania tuvieron lugar hace poco más de una semana. Francia elegirá a su nuevo presidente entre abril y principios de mayo. Italia, España y Polonia aún no han fijado la fecha de sus elecciones parlamentarias.
Cuando se trata de aplaudir a Carney en estos momentos, los líderes europeos se escudan en las instituciones de la UE.
Según las normas de la UE, la Comisión Europea gestiona el comercio en nombre de los Estados miembros. Los presidentes de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo invitaron a Carney a Estrasburgo esta semana.
Pero algunos funcionarios con los que he hablado en Bruselas advierten que Carney también debería espabilar y no dejar pasar la oportunidad de la receptividad europea.
Puede que Bruselas sienta simpatía por Canadá y crea que Ottawa comparte muchos de los mismos valores y prioridades, pero aún existen voces influyentes en la UE, como la de Francia, que prefieren impedir que los países no miembros obtengan un acuerdo demasiado favorable.
Esto ocurre a pesar de la presión ejercida sobre la UE para que muestre mayor flexibilidad a la hora de dar cabida a sus aliados, teniendo en cuenta los tiempos turbulentos que vivimos.
Es un dilema al que también se enfrenta Reino Unido.
Tras abandonar el Parlamento Europeo, Carney viajará a Liverpool a finales de esta semana, para su primer encuentro cara a cara con el nuevo primer ministro británico, Andy Burnham.
Además de hablar sobre las relaciones entre Reino Unido y Canadá, quién sabe, ¿acabarán los dos hombres debatiendo también sobre la mejor manera de ganarse el favor de la UE?
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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ADVERTENCIA: Este artículo contiene referencias sobre violencia y suicidio.
“Le ofrecí 50.000 para que me matara a mí y a mi hijo, pero no quiso porque se trataba de un niño”.
“Quería saber de dónde viene este deseo de matar gente. Me gusta la sensación de ver sufrir a otra persona”.
Durante casi dos meses, un agricultor brasileño intercambió estos y otros mensajes con el asistente de inteligencia artificial ChatGPT, en lo que la policía describe como planes para matar a su hijo de 8 años, atacar a otras personas y luego quitarse la vida.
Y fueron precisamente estos mensajes, a los que tuvo acceso BBC News Brasil, los que llevaron al arresto del hombre.
En uno de los pocos casos conocidos de este tipo, el hombre, de 36 años, fue arrestado después de que OpenAI, el creador de ChatGPT, denunciara sus mensajes al FBI, que a su vez notificó a las autoridades brasileñas.
Su abogado afirma que le estaba “diciendo tonterías” a un chatbot y que no cometió ningún delito.
Este caso pone de relieve un reto creciente para la policía, los tribunales y las empresas de IA: ¿Qué debería ocurrir cuando los chatbots de IA identifican una amenaza potencial antes de que se haya cometido ningún delito?
“Todo lo que la plataforma nos proporcionó quedó corroborado”
El hombre, cuyo nombre la BBC no revela para proteger la identidad de su hijo, fue arrestado en la zona rural de São Gabriel da Palha el 19 de junio, tres días después de que la unidad de delitos cibernéticos del Ministerio de Justicia brasileño remitiera el caso al departamento de policía estatal.
“Priorizamos este caso debido a su gravedad y porque, supuestamente, el padre planeaba matar a su hijo antes del día 20”, declaró Brenno Andrade, jefe de la comisaría de delitos cibernéticos de Espírito Santo.
Según Andrade, el sospechoso tenía poco o ningún contacto con su hijo, más allá del pago de la manutención. Los investigadores creen que el resentimiento por esos pagos pudo haber sido uno de los motivos del presunto complot.
En los registros de su propiedad se encontraron cuatro botellas que contenían sustancias no identificadas y una cuerda amarrada con un nudo, lo que, según los agentes, podría indicar intenciones suicidas.
La policía también cree que el sospechoso habló con ChatGPT sobre posibles ataques contra escuelas, iglesias y agentes de policía.
Un mensaje, al que tuvo acceso la BBC, decía: “Si voy a un punto de venta de drogas y mato a unos cuatro delincuentes, me haría famoso en la ciudad. Después, solo tendría que matar a uno o dos policías y podría morir en paz”.
Otro mensaje decía: “Estoy pensando en comprar un arma de fuego y dispararle a la policía para que reaccionen y me maten. Eso sería genial y bueno para mí”.
Los investigadores afirman que el hombre investigó sustancias tóxicas, incluida la ricina, e intentó eludir las medidas de seguridad de ChatGPT reformulando las preguntas.
“Todo lo que la plataforma nos proporcionó fue corroborado cuando la policía llegó al lugar de los hechos”, dijo Andrade.
El hombre niega haber tenido la intención de hacerle daño a su hijo.
Después de 54 días bajo custodia, fue puesto en libertad el 13 de agosto debido a retrasos en la investigación. No se han presentado cargos, pero la investigación de la policía continúa.
El agricultor está sujeto a medidas de precaución, que incluyen vigilancia electrónica y la prohibición de contactar con su hijo o con la madre del niño.
Los investigadores han declarado que están examinando el teléfono móvil del sospechoso y esperan los resultados de las pruebas forenses de los objetos incautados para determinar si tomó medidas concretas para llevar a cabo algún plan, incluyendo si contactó con un sicario, como supuestamente afirmó en conversaciones con ChatGPT.
Según dicen, esta evidencia podría ayudar a determinar si el sospechoso pasó de la planificación y preparación del delito a su ejecución.
En el derecho penal brasileño, normalmente un delito se considera cometido únicamente durante la fase de ejecución.
La defensa argumenta que no se tomó ninguna medida al respecto.
“Si hablar con la IA y decir tonterías es un delito, todo el mundo irá a la cárcel”, declaró el abogado defensor Pedro Paulo Pessi a BBC News Brasil.
El problema de la evidencia
Se cree que los casos de empresas de IA que denuncian a sus usuarios a la policía son raros.
En agosto, OpenAI denunció ante el FBI a un hombre de Florida de 25 años después de que este compartiera con el chatbot sus planes para violar y asesinar a su exnovia, según informaron medios estadounidenses.
Andrade, de la policía de Espírito Santo, dijo que el caso del agricultor era la primera alerta de este tipo generada por inteligencia artificial que recibía el estado y solo el tercer caso de este tipo en Brasil.
“Es otra vía para que la policía intente averiguar si la gente ha investigado delitos utilizando inteligencia artificial”, dijo Andrade.
Sin embargo, existen diversas dudas sobre el papel que desempeñan este tipo de avisos procedentes de empresas de IA en el proceso de investigación, incluyendo si los mensajes pueden utilizarse como prueba en un tribunal.
Según los investigadores, OpenAI proporcionó detalles del usuario y de los mensajes que envió, pero no las respuestas de ChatGPT.
“No recibimos las respuestas que se dieron”, dijo Andrade.
La abogada penalista Maíra Fernandes afirma que esto crea un problema probatorio porque el contexto de los mensajes es importante.
“No puede ser un pequeño fragmento, no puede ser una versión editada. Tiene que ser la conversación completa”, dijo.
Fernandes añadió que ver la conversación completa entre el sospechoso y ChatGPT podría ayudar a determinar si el chatbot simplemente reaccionó a lo que dijo el usuario o si influyó activamente en la conversación.
En un comunicado a BBC News Brasil, la empresa se negó a explicar por qué no se compartieron las respuestas de ChatGPT, limitándose a decir que podría notificar a las autoridades policiales cuando detecte un “riesgo creíble e inminente de daño a terceros”.
En abril de este año, Florida abrió una investigación penal contra OpenAI para determinar si su tecnología ChatGPT tuvo algo que ver con el asesinato de dos personas durante un tiroteo masivo en la Universidad Estatal de Florida el año pasado.
OpenAI refuta esas acusaciones, afirmando que ChatGPT proporcionó información que ya estaba disponible públicamente y que no fomentó ni promovió actividades ilegales.
“Obligación legal de actuar”
Fernandes dice que el hecho de que la presunta víctima en el caso brasileño fuera un menor identificable ayuda a explicar la alerta.
Sin embargo, advierte sobre el peligro de normalizar las investigaciones basándose únicamente en evaluaciones de IA.
“De lo contrario, cualquiera podría ser investigado porque la inteligencia artificial lo interpretó de esa manera”, dijo.
Argumenta que se necesitan medidas de protección para distinguir las amenazas reales de las expresiones de desahogo emocional, la fantasía o las declaraciones provocadoras.
Patricia Peck, profesora y especialista en derecho digital, asegura que el caso refleja un cambio más amplio en el papel de la IA, que pasa de ser una herramienta de generación de contenido a un sistema interactivo “capaz de identificar patrones asociados con comportamientos potencialmente peligrosos”.
Ella argumenta que, en determinadas circunstancias, las empresas de IA pueden tener la obligación legal de informar a las autoridades.
“Cuando una conversación deja de representar una intención meramente abstracta y comienza a indicar una amenaza concreta, con una víctima identificable, medios disponibles y un riesgo inminente, surge un deber ético y, en ciertas circunstancias, legal de actuar”, afirma.
Pero al igual que Fernandes, advierte sobre su uso excesivo.
“La ética aplicada a la IA no debería basarse en una lógica de ‘vigilarlo todo’, sino más bien en una lógica de ‘intervenir solo cuando el riesgo lo justifique’”.
“El reto consiste en evitar tanto la omisión como la vigilancia excesiva”.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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Las principales empresas petroleras estadounidenses no participan en el “mayor acuerdo petrolero de la historia” suscrito entre los gobiernos de EE.UU. y Venezuela.
Este acuerdo anunciado a finales de agosto contempla entregar a EE.UU. el “control mayoritario” de 17 yacimientos que representan unos 65.000 millones de barriles, equivalentes al 21,5% de todas las reservas probadas de petróleo venezolano y al 141% de las reservas estadounidenses.
Sin embargo, ni ExxonMobil -la mayor petrolera privada del mundo, con un valor en bolsa de US$654.000 millones-, ni ConocoPhillips (valorada en US$149.000 millones), ni ninguna de las otras grandes compañías de hidrocarburos estadounidenses participarán en este acuerdo.
Chevron, la única gran petrolera de EE.UU. con presencia en Venezuela, firmó un acuerdo aparte para expandir su producción hasta los 600.000 barriles diarios en los próximos cinco años, para lo cual invertirá unos US$7.000 millones, pero esos fondos procederán de las ganancias que obtiene en ese país.
Así, la explotación de los 17 yacimientos incluidos en el acuerdo estará en manos de North American Blue Energy Partners (Nabep), una compañía registrada en Barbados cuya trayectoria es casi desconocida incluso para los expertos petroleros y de la que no se tiene constancia de que opere o haya operado en otros países.
“Para poner este acuerdo en perspectiva, Nabep ‘controlará’ casi 5,4 veces las reservas de Petrobras en Brasil y 12 veces las reservas de Pemex en México”, explicó el abogado José Ignacio Hernández en un análisis publicado por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).
Como parte del acuerdo, el gobierno de EE.UU. tendrá una participación de 35% en Nabep, así como derecho preferencial a comprar a precio de coste 20% de su producción petrolera.
Según informó Nabep en una nota de prensa, se espera que el acuerdo implique una inversión de unos US$100.000 millones. Es el mismo monto que mencionó Trump cuando -tras la operación militar para detener a Maduro en Caracas en enero- se reunió en la Casa Blanca con las principales petroleras de EE.UU. para proponerles que invirtieran en la industria petrolera de Venezuela.
Ocho meses después, las grandes petroleras estadounidenses se mantienen al margen del “mayor acuerdo petrolero de la historia” y ninguna -ni siquiera Chevron- ha querido comprometer la inversión de recursos frescos en ese país.
Las mayores reservas para el mayor mercado
En teoría, un gran acuerdo petrolero entre Venezuela y EE.UU. tiene sentido dado que el primero tiene las mayores reservas probadas de crudo del mundo (más de 300.000 millones de barriles) y el segundo es el principal mercado consumidor de hidrocarburos del planeta.
Esto queda reforzado por factores económicos, geográficos e históricos que hacen de EE.UU. el mercado natural para el petróleo venezolano, según le explicó a BBC Mundo el economista José Toro Hardy, quien fue miembro de la directiva de la petrolera estatal venezolana PDVSA en la década de 1990.
La industria petrolera venezolana ha experimentado una debacle durante las últimas décadas y la producción de crudo cayó de un récord de más de 3 millones de barriles en 1998, antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, a poco más de un millón de la actualidad.
Para recuperar esa producción de 3 millones de barriles hace falta invertir unos US$100.000 millones durante unos 8 años, según dijo Luis Pacheco, académico no residente del Instituto Baker de la Universidad de Rice (EE.UU.), a BBC Mundo.
Pero Venezuela no dispone de esos recursos.
“El Estado venezolano no tiene la más mínima posibilidad de realizar las inversiones requeridas para reactivar la industria petrolera y, por lo tanto, es indispensable que vengan los inversionistas privados”, dice por su parte Toro Hardy.
El experto considera conveniente que esos inversores sean petroleras estadounidenses porque su país cuenta con una red de refinerías -algunas de ellas pertenecientes a Citgo, propiedad del Estado venezolano- que fueron “diseñadas como un traje a la medida para las características de los crudos venezolanos” que son pesados y cargados de azufre.
“Si en algún mercado el petróleo venezolano puede ser competitivo y podemos obtener el mayor precio es en EE.UU. Donde no podemos ser competitivos es en China porque está demasiado lejos. Un tanquero que sale de Venezuela, en 4 días está anclado frente a alguna de nuestras propias refinerías en EE.UU., pero ese mismo tanquero tardaría 45 días en llegar a China”, comenta.
Adicionalmente, apunta que las grandes petroleras estadounidenses tienen mucha experiencia trabajando en Venezuela. La Standard Oil of New Jersey, antecesora de ExxonMobil, comenzó a explotar crudo venezolano hace un siglo. Lo mismo ocurre con Chevron y su predecesora The Venezuelan Gulf Oil Company. En el caso de ConocoPhillips, comenzó a operar en el país sudamericano en la década de 1990, en el contexto del proceso de “apertura petrolera”.
“Inviable para la inversión”
Las estatizaciones de Chávez afectan la forma cómo las petroleras internacionales valoran la posibilidad de operar en Venezuela.
¿Por qué, entonces, a pesar de estos factores, las grandes petroleras de EE.UU. no forman parte del acuerdo impulsado por Donald Trump?
Parte de la respuesta puede encontrarse en el discurso que ofreció en enero Darren Woods, presidente y director ejecutivo de ExxonMobil, en la Casa Blanca.
Allí, Woods reconoció la oportunidad que ofrecen las grandes reservas de petróleo de Venezuela, pero consideró que las condiciones en ese país no lo hacían apto para la inversión.
“Si analizamos las estructuras jurídicas y comerciales, los marcos regulatorios, que existen hoy en Venezuela, el país es actualmente inviable para la inversión. Por lo tanto, se requieren cambios importantes en esos marcos comerciales y en el sistema legal; deben existir garantías permanentes para las inversiones y debe modificarse la legislación de hidrocarburos del país”, dijo.
Atendiendo a críticas como esta, en enero la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos con el objetivo de hacer más atractiva la inversión privada y así facilitar la recuperación de la industria petrolera.
BBC Mundo intentó contactar a ExxonMobil para conocer su valoración actual de las condiciones en Venezuela, así como sobre el acuerdo petrolero anunciado por Trump, pero al momento de publicar esta nota no habíamos recibido respuesta.
Ante una consulta similar, el director de Comunicaciones de ConocoPhillips, Dennis Nuss, dijo que ellos tienen gran experiencia desarrollando estos activos en Venezuela, donde siguen evaluando oportunidades.
“Como ocurre con cualquier inversión potencial, las decisiones estarán guiadas por una serie de factores, entre ellos la estabilidad económica y regulatoria, la seguridad, el respeto al Estado de derecho y la competitividad del mercado”, señaló.
Nuss advirtió, sin embargo, que cualquier decisión de seguir adelante “tendría que considerar mecanismos para recuperar la deuda pendiente”.
Esa deuda se originó en 2007, cuando el gobierno de Hugo Chávez inició una ola de nacionalizaciones y estableció que los grandes proyectos petroleros en la Faja del Orinoco, la participación de PDVSA debía ser de, al menos, 60%.
Entonces, ConocoPhillips y ExxonMobil decidieron abandonar el país y recurrir al arbitraje internacional.
En el caso de ConocoPhillips, un tribunal de arbitraje dictaminó en 2019 que Venezuela debe pagarle US$8.700 millones como compensación por las inversiones que le fueron expropiadas.
En cuanto a ExxonMobil, tras llevar su reclamo a diferentes instancias de arbitraje internacional, logró una decisión a su favor que obliga a Venezuela al pago de una indemnización en torno a los US$984,5 millones.
Se estima que de la indemnización a ExxonMobil Venezuela pagó, al menos, unos US$907 millones. En el caso de ConocoPhillips, la compañía sigue ejecutando laudos para intentar cobrar lo que se le adeuda.
Riesgo político
El futuro del acuerdo puede cambiar según evolucione la situación política en EE.UU. y en Venezuela.
Pero detrás de la decisión de estas grandes petroleras de no atender a la invitación que les hizo Trump en enero para invertir en Venezuela, más que viejas deudas hay un problema de riesgo político.
“ExxonMobil y ConocoPhillips tienen mucha más capacidad financiera, tecnológica y operativa que Nabep para desarrollar campos de esta magnitud. Por tanto, su ausencia no parece responder a una incapacidad para participar, sino a una decisión de no asumir, por ahora, determinados riesgos”, dice el economista venezolano y consultor empresarial Asdrúbal Oliveros a BBC Mundo.
Mario Braga, analista geopolítico especializado en América Latina de la consultora RANE, apunta que el acuerdo entre los gobiernos de Trump y Rodríguez implica un doble riesgo: uno de tipo político relacionado tanto con la situación en Venezuela como en Estados Unidos, y un riesgo más de tipo legal referido al acuerdo propiamente dicho.
“Hay unos riesgos políticos asociados a operar en Venezuela. Sabemos que hay un gobierno interino y que dentro del régimen existen distintas facciones que, en el futuro, podrían disputarse el poder”, señala Braga.
El experto indica que lo que ocurre en Venezuela ahora funciona gracias a una coincidencia de intereses temporales que no se sabe por cuánto tiempo estarán alineados.
“Por un lado, el gobierno de Trump está priorizando la estabilidad política, incluso por encima de una transición democrática, con el fin de garantizar un escenario lo suficientemente estable o que, al menos, que no represente una preocupación importante para los inversores”, dice.
“Por otro lado, en Venezuela, el gobierno de Delcy Rodríguez está priorizando la supervivencia del régimen. Saben que, si no hacen concesiones a Estados Unidos, corren riesgos. Maduro se convirtió en un ejemplo de lo que puede ocurrir”, agrega.
El experto advierte que en este caso el riesgo político aumenta en lugar de disminuir con el paso del tiempo pues cualquier cambio en Venezuela o en EE.UU. puede afectar la situación.
“Incluso si hay un cambio en EE.UU. después de que Trump deje la presidencia, o si hay una elección en Venezuela, esta alineación podría no ser tan fuerte, así que se trata de una situación en la que en dos o tres años el riesgo político aumenta. Y en el sector de hidrocarburos, estas inversiones no maduran sino hasta después de 10 o 15 años, por lo que para las grandes compañías -especialmente aquellas que fueron expropiadas en Venezuela- el apetito por correr riesgos no es tan alto”, comenta.
Inseguridad jurídica
Delcy Rodríguez llegó a la presidencia interina por ser vicepresidenta de Maduro, cuya última elección era cuestionada como “fraudulenta”.
Otro problema para la entrada de las grandes petroleras estadounidenses en este acuerdo reside en que tanto el pacto mismo como el contexto institucional de Venezuela parecen un campo minado legal, según los expertos.
Entre los elementos que se cuestionan se incluye la legitimidad del gobierno de Delcy Rodríguez para firmar un acuerdo que compromete 20% de las reservas petroleras de Venezuela.
Rodríguez era la vicepresidenta escogida por Nicolás Maduro, cuyas reelecciones en la presidencia en 2018 y 2024 fueron consideradas fraudulentas por EE.UU. y gran parte de la comunidad internacional.
Por otra parte, la reforma parcial a la Ley de Hidrocarburos fue aprobada por la Asamblea Nacional electa en 2025, en unos comicios en los que no participaron los principales partidos de oposición que exigían que se reconociera antes el triunfo de su candidato, Edmundo González Urrutia, en las presidenciales de 2024.
El artículo 138 de la Constitución de Venezuela establece que “toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos” lo que, según algunos juristas venezolanos, permitiría impugnar algunas decisiones de Rodríguez y de la Asamblea Nacional. Sin embargo, no hay un consenso sobre este asunto.
De vuelta al acuerdo, la concesión de los 17 yacimientos de petróleo se hizo sin que hubiera una licitación pública sobre la base de una llamada Ley Antibloqueo que se aprobó durante el gobierno de Maduro para -paradójicamente- evadir las sanciones impuestas por el gobierno de Estados Unidos.
“Existe cierta incertidumbre jurídica en torno a la forma en la que se estructuró este acuerdo. Si se examinan la Constitución venezolana e incluso la nueva Ley de Hidrocarburos aprobada a comienzos de este año, algunos elementos del acuerdo, como las concesiones por 100 años o la posibilidad de que la empresa o el gobierno de Estados Unidos ejerzan derechos de control sobre los campos petroleros, son disposiciones que entran en conflicto con la legislación vigente en Venezuela”, afirma Mario Braga.
Asdrúbal Oliveros también destaca las dudas sobre cómo se estructuró el acuerdo que otorga acceso a 17 yacimientos que concentran 65.000 millones de barriles de crudo, mientras el gobierno de EE.UU. obtiene derechos sobre 35% de la compañía a cargo y derecho preferencial para comprar parte de la producción.
“Es una arquitectura extraordinariamente particular y todavía existen interrogantes importantes sobre su base jurídica, sus términos económicos y la forma en que fueron adjudicados esos activos”, señala .
Otra fuente de riesgo para las grandes petroleras tiene que ver con la elección de Nabep como la compañía en el centro de la ejecución del acuerdo, pues su presidente ejecutivo, Alejandro Betancourt, ha estado vinculado con distintas investigaciones de casos de supuesta corrupción en Venezuela y en otros países, aunque -como han aclarado sus abogados- nunca ha sido formalmente acusado de ningún delito.
Las polémicas que han rodeado a Alejandro Betancourt también pueden impactar la decisión de las grandes empresas sobre si participan en el acuerdo petrolero.
“Podríamos preguntarnos hasta qué punto involucrarse con Nabep generaría riesgos de cumplimiento normativo y de reputación. Sabemos que Alejandro Betancourt ha sido una figura descrita como controvertida en los medios. Por eso, creo que para las grandes compañías petroleras esto es una preocupación importante: cuentan con departamentos de cumplimiento normativo muy sólidos y deben responder ante sus accionistas y los organismos reguladores. Entonces, eso se convierte en un factor de riesgo relevante”, señala Braga.
Todas estas dudas e incertidumbres pueden generar, según Asdrúbal Oliveros, una paradoja a medio plazo, pues considera que para explotar yacimientos con tanta capacidad es probable que Nabep necesite asociarse con compañías de escala mayor como ExxonMobil, ConocoPhillips u otras grandes petroleras internacionales que cuentan con el capital y la tecnología requeridos para un emprendimiento de esta escala.
“Esas empresas van a querer saber bajo qué reglas entran, cuáles son sus derechos sobre los proyectos, qué régimen fiscal tendrán, cómo se resolverán las controversias y qué ocurre si cambia el gobierno o la política estadounidense hacia Venezuela”, señala.
El gobierno de EE.UU. justificó su decisión de trabajar con Nabep debido a la capacidad que ha mostrado para aumentar la producción de petróleo en Venezuela en un tiempo relativamente breve.
Braga considera que trabajar con Nabep en lugar de con las grandes petroleras le reporta algunos beneficios a la Casa Blanca, pues le permite configurar y presentar un acuerdo en los términos que desea.
“Parece que el gobierno de Trump necesitaba encontrar un socio que fuera lo suficientemente flexible, por decirlo de alguna manera, para aceptar sus condiciones. Ese es el punto: la forma en la que la Casa Blanca anunció el acuerdo y la manera en que la administración Trump ha querido presentarlo dejan muy claro, desde el punto de vista comunicacional, que se trata de un acuerdo con términos favorables para el gobierno de EE.UU. y para el país en general”, dice el analista.
“Hablaron, por ejemplo, de reducir los precios del petróleo, aunque aumentar la producción requiere varios años. Da la impresión de que buscaban una estructura o un marco que les permitiera, al menos por ahora, sostener esa narrativa. Y creo que necesitaban encontrar a alguien que estuviera dispuesto a aceptar esas exigencias y condiciones clave”, agrega.
Así, realizar este acuerdo con Nabep le permitiría a Trump vender de cara a las elecciones de mitad de periodo en noviembre la idea de que ha logrado un triunfo en Venezuela y de que gracias a él los estadounidenses se beneficiarán de gasolina más barata en el futuro.
Si en lugar de trabajar con Nabep, se hubiera querido la participación de las grandes petroleras, tendrían que haber hecho las cosas en orden inverso al plan de tres pasos (estabilización, recuperación y transición política) de la Casa Blanca para Venezuela.
José Toro Hardy considera que las grandes petroleras estadounidenses tienen mucho interés en operar en el país sudamericano, pero para ello requieren de una seguridad jurídica que solo se consigue con un gobierno electo con el voto popular que cuente con legitimidad para firmar los acuerdos.
Apunta, además, que haría falta que haya absoluta separación de los poderes, respeto a los contratos legítimamente firmados y que no haya expropiaciones.
“El problema es que pareciera que Venezuela intenta poner la carreta delante de los caballos. Si nosotros primero reconstruyésemos la seguridad jurídica y después firmásemos los contratos, el éxito sería muy importante. El tema es que se están firmando contratos cuando todavía no hay seguridad jurídica”, concluye.
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