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  • Qué son los “cristales de memoria” que desafían las leyes de la física y prometen solucionar el problema del almacenamiento masivo de datos

    Qué son los “cristales de memoria” que desafían las leyes de la física y prometen solucionar el problema del almacenamiento masivo de datos

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    Durante una visita a Japón en 1999, el investigador Peter Kazansky se encontró con un misterioso fenómeno físico que ahora cree que contiene la clave para el futuro del almacenamiento de datos.

    En el laboratorio de optoelectrónica de la Universidad de Kioto, los científicos experimentaban con escribir sobre vidrio utilizando láseres ultrarrápidos de femtosegundos, que emiten un pulso de luz cada cuatrillonésima de segundo.

    Pero notaron algo inusual en cómo la luz viajaba a través del vidrio tratado con láser. La dispersión de Rayleigh es un efecto bien establecido que describe cómo la luz blanca rebota en partículas pequeñas en todas direcciones (lo que explica, entre otras cosas, por qué el cielo se ve azul). Pero en este caso, la luz no rebotaba como se esperaba.

    “Fue difícil de explicar”, afirma Kazansky, profesor de optoelectrónica en la Universidad de Southampton (Reino Unido), quien colaboraba con los investigadores de la Universidad de Kioto. “Vimos cómo la luz se dispersaba de una manera que parecía desafiar las leyes de la física”.

    La observación desconcertante acabó provocando “un auténtico momento eureka”, dice Kazansky. Los investigadores descubrieron nanostructuras ocultas dentro del vidrio de sílice, creadas por “microexplosiones” generadas por los láseres de femtosegundos.

    Imagina sostener un grueso trozo de cristal a contraluz y ver cómo la luz rebota en muchas direcciones distintas. Con la técnica del láser, los investigadores de Kioto habían creado accidentalmente pequeños orificios con esa misma propiedad.

    Unas mil veces más pequeños que el grosor de un cabello humano, estos “remolinos” de luz son tan diminutos que resultan imperceptibles para el ojo humano. Pero pronto quedó claro para los científicos que tenían un potencial transformador. “Esta fue la primera prueba de que podíamos usar la luz para imprimir patrones complejos dentro de materiales transparentes a una escala menor que la longitud de onda de la luz”, afirma Kazansky.

    Ahora, 27 años después, espera que aquel descubrimiento pueda ayudar a resolver uno de los problemas más difíciles de nuestra era de la información: el almacenamiento masivo de datos.

    Nuestro problema con los datos

    Imagen de un centro de datos. Un pasillo se bifurca hacia la izquierda y hacia la derecha. En el medio se ve una larga hilera de torres de color azules dentro de las cuales parece haber máquinas de procesamiento de datos.

    Getty Images
    La Agencia Internacional de Energía proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos se duplicará para 2030.

    En la era de Internet, la inteligencia artificial, los hogares inteligentes y el capitalismo de vigilancia, hay algo que simplemente no dejamos de producir: datos.

    Según la empresa de análisis IDC, para 2028 generaremos colectivamente 394 billones de zettabytes de información cada año (un zettabyte equivale a un billón de gigabytes). Cada vez que hacemos cualquier cosa en Internet -ver un video en YouTube, enviar un correo electrónico, hacerle una pregunta a un chatbot de IA- cadenas de puntos de datos salen disparadas hacia el ciberespacio.

    La idea de que los datos “pesan poco” es engañosa: aunque imaginemos la información viajando de forma etérea por cables submarinos o flotando suavemente en “la nube”, en realidad requiere recursos físicos enormes, cuya demanda ya resulta insaciable.

    Los centros de datos consumen cantidades masivas de electricidad, agua y materiales, y su crecimiento exponencial está obligando a buscar alternativas radicales.

    Este dilema está impulsando soluciones novedosas, como la propuesta de Kazansky de grabar datos en vidrio mediante láseres. Otras opciones, como almacenar información en ADN, también están siendo exploradas por científicos y empresas como Microsoft.

    Los datos se procesan y se alojan en centros de datos: estructuras gigantescas, casi alienígenas, repletas de filas de servidores de más de dos metros de altura, parpadeando sin descanso.

    Estas cajas zumbantes de hardware y cables devoran energía, necesaria tanto para su capacidad de cómputo como para los enormes sistemas de refrigeración que evitan que se incendien. (Un centro de datos no es un lugar agradable para trabajar: caliente y ensordecedor, es adecuado solo para quienes pueden “soportar mucho dolor”, según una investigación de The New Yorker de 2025).

    A escala global, los centros de datos representan alrededor del 1,5% de la demanda eléctrica mundial, pero se proyecta que su consumo se duplicará para 2030, momento en el que también podrían generar 2.500 millones de toneladas de emisiones de CO₂ equivalente, aproximadamente el 40% de todas las emisiones anuales de Estados Unidos.

    El reciente auge de la IA generativa ha empeorado la situación, aumentando drásticamente la demanda de sistemas de computación de alto rendimiento que consumen cantidades colosales de energía y expulsan nubes intensas de calor.

    La mayor parte de la energía que utilizan los centros de datos se gasta en los “datos calientes”: información que debe estar disponible al instante para un acceso rápido y actualizaciones frecuentes. Piensa en transferir dinero desde tu cuenta bancaria o en los documentos en línea que editas con regularidad.

    Pero la mayoría de los datos del mundo no son de este tipo; hasta un 80% son en realidad “datos fríos”: información que nadie necesita de inmediato y que, cuando se requiere, las personas están dispuestas a esperar minutos o incluso días para obtenerla.

    Esto incluye datos de cumplimiento, como registros financieros o rastros de auditoría que los bancos y otras corporaciones deben conservar indefinidamente. También entran en esta categoría las copias de seguridad de tus correos electrónicos o fotos antiguas, así como los datos archivados.

    Almacenar estos datos plantea problemas. La mayor parte se guarda actualmente en discos duros dentro de centros de datos. Estos deben permanecer encendidos para que la información sea recuperable, lo que exige energía y sistemas de refrigeración.

    Otra solución cada vez más popular es la cinta magnética, que se almacena en las propias instalaciones del centro de datos o en bibliotecas de cintas especializadas. Debe mantenerse a temperaturas de 16‑25 °C (61‑77 °F), lo que implica también un consumo energético para conservar sus condiciones ideales.

    Además, necesita reemplazarse cada 10‑20 años debido a su degradación, momento en el cual la cinta antigua se desecha como residuo. El enorme aumento en la producción de datos ha impulsado una fuerte demanda de cinta magnética en los últimos años.

    “Cristales de memoria”

    Imagen de un cristal de vidrio de SPhotonix que muestra imágenes digitales de una pintura de la Cueva Chauvet y una imagen generada por IA del alunizaje fue lanzado a la órbita en junio de 2025.

    SPhotonix
    Un cristal de vidrio de SPhotonix que muestra imágenes digitales de una pintura de la Cueva Chauvet y una imagen generada por IA del alunizaje fue lanzado a la órbita en junio de 2025.

    Todo esto hace que la búsqueda de soluciones alternativas sea cada vez más urgente. Kazansky está adoptando un enfoque novedoso al problema. En los años posteriores a aquella primera revelación en la Universidad de Kioto, descubrió que los remolinos de diminutas perforaciones grabadas en el vidrio podían leerse de forma muy similar a los datos en las fibras ópticas.

    Explica que este método codifica datos en cinco dimensiones utilizando la diferencia en la orientación y la intensidad de la luz combinadas con la ubicación de distintos “vóxeles” (es decir, píxeles tridimensionales individuales con coordenadas x, y, z).

    “Al aprovechar estas propiedades de la luz, podemos almacenar datos en cinco dimensiones en lugar de las tres habituales, lo cual es la clave para lograr la alta densidad necesaria para un almacenamiento ‘eterno’”, afirma Kazansky.

    La información se lee mediante un microscopio óptico especializado equipado con una cámara capaz de detectar tanto la intensidad como la polarización de la luz. “Como las nanoestructuras modifican la forma en que la luz viaja a través de ellas, usamos ópticas especiales para ‘ver’ esos cambios de polarización, que luego se decodifican nuevamente en datos digitales”, explica Kazansky.

    En los “cristales de memoria” de Kazansky, se necesita energía únicamente para el proceso de escritura de datos, pero no se requiere energía adicional para mantenerlos, y el proceso de lectura tampoco es intensivo en consumo.

    Pueden contener una cantidad vertiginosa de información en un área muy pequeña: teóricamente, hasta 360 terabytes (TB) -cada uno equivalente a 1.000 GB- en un disco de vidrio de 5 pulgadas (12,7 cm).

    Y, según afirma, pueden durar esencialmente para siempre. Están hechos de vidrio de sílice fundido, conocido por su durabilidad y estabilidad térmica. La única precaución especial es mantenerlos dentro de un contenedor resistente, ya que, al estar hechos de vidrio, siguen siendo vulnerables a romperse de la manera tradicional.

    Kazansky, junto con su hijo, fundó una empresa en 2024 para comercializar su idea y recientemente completó una ronda de financiación de US$4,5 millones. Afirma que SPhotonix ya está en conversaciones con empresas tecnológicas para estrenar algunos de sus prototipos en centros de datos durante los próximos años. Por ahora, sin embargo, señala que el objetivo sigue siendo “perfeccionar la tecnología para garantizar que sea lo suficientemente robusta” para estos usos.

    Actualmente, la empresa puede alcanzar una velocidad de lectura de unos 30 MB por segundo, pero espera aumentar las velocidades de lectura y escritura hasta 500 MB por segundo en los próximos tres a cinco años, según Kazansky. (En comparación, las soluciones más recientes de almacenamiento en cinta magnética ofrecen hasta 400 MB por segundo).

    “Nuestra meta es que recuperar datos… sea tan fluido como usar un disco duro moderno”, afirma.

    Pero no todos creen que los cristales de memoria representen el futuro inmediato del almacenamiento de datos. Según Srinivasan Keshav, profesor de informática en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), uno de los problemas es que la tecnología no es “compatible con la infraestructura existente”, lo que crea “enormes barreras de adopción”.

    Kazansky no es el único que piensa en cómo afrontar la enorme acumulación de datos del siglo XXI. Mientras él ha encontrado respuestas en granos de arena, otros han recurrido al sustrato granular de toda la vida orgánica.

    Datos en ADN

    El ADN puede almacenar una enorme cantidad de datos y sus requisitos de conservación no consumen mucha energía, lo que lleva a algunos a considerarlo el medio de almacenamiento perfecto.

    Getty Images
    El ADN puede almacenar una enorme cantidad de datos y sus requisitos de conservación no consumen mucha energía, lo que lleva a algunos a considerarlo el medio de almacenamiento perfecto.

    La idea de usar ADN como medio de almacenamiento fue propuesta por primera vez en 1964 por el físico soviético Mikhail Samoilovich Neiman, y las demostraciones realizadas desde la década de 1980 han confirmado su viabilidad.

    Sus defensores afirman que ofrece una solución extraordinariamente eficiente y duradera. Un solo gramo de ADN podría almacenar teóricamente hasta 215 petabytes (PB) -cada uno equivalente a un millón de GB- de datos durante miles de años.

    Transformar bytes en bases nucleotídicas resulta sorprendentemente sencillo. “Tomas tus datos digitales y los asignas a los componentes básicos del ADN”, explica Thomas Heinis, profesor de gestión de datos en el Imperial College London.

    Las cuatro letras de las bases del ADN —A, T, C y G— se convierten en 01, 00, 11 y 10. “Luego sintetizas una molécula -la representación física real de esos datos- y la almacenas durante el tiempo que quieras”.

    La frase favorita entre los investigadores del almacenamiento de datos en ADN es que “podrías guardar todos los datos del mundo en una cucharadita”, comenta Heinis. En la práctica, sin embargo, sería muy difícil localizar la información que buscas dentro de esa masa indiferenciada, señala.

    Lo fundamental es que los requisitos de almacenamiento no son intensivos en energía. “Es eficiente desde el punto de vista energético, porque si lo guardas en un lugar adecuado, no necesitas refrigerarlo en absoluto”, explica Heinis.

    Eestán empezando a surgir startups en el ámbito del almacenamiento en ADN y en los últimos años se ha avanzado en reducir el coste de “leer” ADN, señala Heinis. Pero el coste total es un obstáculo.

    “Sigue siendo demasiado caro”, afirma, especialmente en lo que respecta a la síntesis del ADN. “En la parte de ‘escritura’ aún no hemos visto un gran avance, así que eso es lo que realmente tiene que ocurrir”, dice Heinis. “Una vez que sea lo suficientemente barato, todo lo demás encajará”.

    Aunque Heinis describe los cristales de memoria de Kazansky como un “competidor directo del almacenamiento en ADN”, donde el ADN podría tener ventaja es en que “siempre podremos leer ADN”, debido a sus amplias aplicaciones médicas.

    “Con otras tecnologías, la pregunta es cuánto tiempo existirá el dispositivo de lectura”, afirma.

    Heinis señala que hoy es cada vez más difícil leer soportes como los disquetes, que aparecieron en los años 70 pero quedaron prácticamente obsoletos a comienzos de los 2000. “Hay empresas que ofrecen almacenamiento de datos por más de 100 años. Pero ¿cuáles de esas empresas seguirán existiendo dentro de 100 años?”, pregunta.

    Entre los gigantes tecnológicos, Microsoft es quien ha mostrado mayor interés en experimentar con nuevos tipos de almacenamiento. En 2016, la compañía anunció que había almacenado 200 MB de datos en ADN, incluyendo una base de datos de semillas del Svalbard Global Seed Vault y la Declaración Universal de los Derechos Humanos en más de 100 idiomas.

    En 2020, Microsoft y otras empresas fundaron la DNA Data Storage Alliance (Alianza de Almacenamiento de Datos en ADN).

    “La demanda de almacenamiento de datos a largo plazo en la nube está alcanzando niveles sin precedentes, y estamos llegando al límite de lo posible con las tecnologías actuales”, dijo un portavoz de Microsoft a la BBC.

    Microsoft también patrocinó al grupo de investigación de Kazansky en la Universidad de Southampton como parte de Project Silica entre 2017 y 2019. “Demostramos juntos el principio fundamental; después de eso, ellos continuaron desarrollando la tecnología de manera independiente”, afirma Kazansky.

    En febrero de 2026, Microsoft publicó un artículo en Nature detallando un nuevo avance en este campo. La empresa logró almacenar datos en vidrio de borosilicato, el mismo que se utiliza en utensilios de cocina y puertas de hornos, además del vidrio estándar de sílice fundida.

    El vidrio de borosilicato es mucho más barato -lo que hace que la idea sea más viable económicamente- y también muy duradero. La compañía afirma que estos datos podrían almacenarse hasta 10.000 años.

    Microsoft indicó a la BBC que, aunque sus pruebas de concepto han mostrado resultados prometedores, por ahora no está comercializando esta línea de investigación.

    Equipos de investigación para la creación de cristales de vidrio desarrollados por Microsoft.

    Microsoft
    Equipos de investigación para la creación de cristales de vidrio desarrollados por Microsoft.

    Repensar la computación

    Resolver el problema del almacenamiento de datos a largo plazo es solo una parte del desafío que representan los centros de datos, grandes consumidores de energía.

    La sílice y el ADN son “muy atractivos desde una perspectiva de sostenibilidad”, reconoce Tania Malik, profesora adjunta en la Escuela de Computación y Ciberseguridad de la Universidad Tecnológica de Dublín (Irlanda).

    “Sin embargo, es poco probable que estas tecnologías sustituyan al almacenamiento convencional para la informática cotidiana o las cargas de trabajo de IA en un futuro cercano”, advierte.

    Malik señala que existen formas más prácticas de abordar, en el corto plazo, el problema del consumo energético asociado a los “datos calientes”.

    “Un área importante es mejorar la eficiencia de la infraestructura, por ejemplo mediante procesadores más eficientes energéticamente y técnicas avanzadas de refrigeración, como la refrigeración líquida o la refrigeración por aire exterior”, afirma.

    Al mismo tiempo, añade que hay un “reconocimiento creciente de que la eficiencia también debe abordarse a nivel del software y de las cargas de trabajo, no solo a nivel de la infraestructura”.

    Malik afirma que en la informática de alto rendimiento y en la computación en la nube, el rendimiento ha sido tradicionalmente la métrica dominante, pero la eficiencia energética debe considerarse igual de importante. “Esto implica diseñar algoritmos y aplicaciones que sean conscientes del consumo de energía”.

    Añade que esto también implica usar la cantidad adecuada de potencia de cómputo para cada tarea. “No todas las tareas necesitan el modelo de IA más grande posible ni el tiempo de ejecución más rápido”, apunta.

    Pero, frente a la acumulación exponencial de datos, puede que también se requiera un replanteamiento más radical, señala Malik. ¿Realmente necesitamos todos los datos que producimos? Cada vez más, parte de la solución, dice, consiste en “ser más intencionales con lo que elegimos conservar”.

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    BBC

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  • El polémico legado para los sordos de Alexander Graham Bell, quien inventó el teléfono hace 150 años

    El polémico legado para los sordos de Alexander Graham Bell, quien inventó el teléfono hace 150 años

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    Retrato de Bell cuando era joven

    Getty Images
    Bell nació en Escocia en 1847, emigró a EE.UU. 24 años después y, antes de cumplir los 30 años de edad, ya había creado el teléfono que le haría famoso.

    El científico británico-estadounidense Alexander Graham Bell es ampliamente conocido como el inventor del teléfono… aunque no haya sido el único. Sin embargo, para buena parte de la comunidad sorda del mundo, su nombre despierta un sentimiento muy distinto a la admiración.

    Una de las cosas fascinantes sobre la historia de los inventos es cuántas veces dos o más personas han trabajando exactamente con el mismo objetivo al mismo tiempo.

    Este es uno de esos casos, sólo que, curiosamente, el objetivo no era precisamente el teléfono.

    Alrededor de la década de 1870, la telegrafía eléctrica ya había hecho posible que las personas se comunicaran globalmente a la velocidad de la luz; aunque fue un gran avance, tenía algunas desventajas fundamentales: era costoso y solo podías enviar un mensaje a la vez.

    El desafío era entonces encontrar la manera de enviar múltiples mensajes simultáneamente, y la recompensa prometía ser grande.

    Bell había llegado a Estados Unidos en 1871, y ya lo habían cautivado el telégrafo y el reto.

    Más que eso, se había enamorado de una chica, cuyo padre ofreció patrocinar su investigación en telegrafía múltiple, pues si la hacía posible podría beneficiarse económicamente, y así mantener a su hija cómodamente.

    Aunque Bell no era ni ingeniero ni inventor, y sabía poco de electricidad, contaba con otros conocimientos y las ganas de encontrar respuestas.

    Pero había otras personas intentando lograr lo mismo, algunas mucho mejor calificadas para la tarea.

    Su rival más destacado era un inventor profesional llamado Elisha Gray que contaba con el respeto en ese medio, pues en dos ocasiones había ideado mejoras para el telégrafo.

    Ambos estaban al tanto no sólo de los avances de cada uno, sino de los logros de otros, incluido el de Antonio Meucci, un inmigrante italiano que en 2002 sería reconocido por el Congreso de EE.UU. como el verdadero inventor del teléfono, pues consideraron que su “teletrófono”, demostrado en Nueva York en 1860, lo hacía merecedor del disputado título.

    Pero en ese momento del siglo XIX, no fue Meucci quien estuvo en el centro de la disputa.

    Paralelamente, mientras estaban en pos de la telegrafía múltiple, Bell y Gray fueron descubriendo la posibilidad de transmitir mensajes a viva voz.

    A pesar de que a ambos los sedujo, Gray decidió concentrarse más en el telégrafo que en el teléfono, convencido de que así haría su fortuna.

    Por la misma razón, el futuro suegro de Bell lo presionó para que hiciera lo mismo, pero él no resistió la tentación y el Día de San Valentín, 14 de febrero de 1876, presentó su solicitud para patentar el teléfono.

    Dibujo de patente de telegrafía de Alexander Graham Bell, 7 de marzo de 1876

    Getty Images
    Dibujo de patente de telegrafía de Alexander Graham Bell, 7 de marzo de 1876.

    Sin saberlo, dos horas después, Gray presentó ante la Oficina de Patentes su propia idea.

    Pero ya era tarde.

    El 7 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell obtuvo la patente del teléfono y se aseguró los derechos del descubrimiento.

    Su verdadera misión

    Aunque el título de inventor del teléfono sigue siendo disputado, Bell no sólo creó uno, sino que vio su potencial y se dedicó a demostrarlo, cuando la mayoría consideraba ese tipo de artilugios como “una curiosidad científica” sin “aplicación práctica directa” (The Telegrapher, 1869).

    Aquella rudimentaria invención de Bell no tardaría en desarrollarse y multiplicarse por todo el planeta.

    Hoy existen casi 9.000 millones de teléfonos móviles, aparatos que -aunque irreconocibles frente al original- siguen basándose en el mismo principio.

    Su nombre quedó marcado en la historia.

    A pesar de ese invento -y otros que haría después, en campos tan variados como la aviación, la navegación y la comunicación por luz-, esa no era su verdadera vocación.

    Durante toda su vida, Bell insistió en que su verdadera misión no era inventar máquinas, como le escribió a esa chica de la que se había enamorado, Mabel Hubbard, en 1875, cuando aún estaba trabajando en los experimentos que llevarían al teléfono.

    “De una cosa estoy cada día más seguro: mi interés por los sordos me acompañará toda la vida… Nunca abandonaré este trabajo (de profesor) y debes aceptar la idea de que, cualesquiera que sean los éxitos que pueda tener en la vida, tu esposo siempre será conocido como un maestro de sordomudos”.

    Más tarde, lamentando tener que atender actos relacionados con el teléfono, le escribiría:

    “Sería mucho más feliz y me sentiría más honrado si lograra formar un grupo de buenos maestros para educar a los sordos… que si recibiera todos los honores que el telégrafo pueda ofrecer”.

    Su vocación era de cierta forma heredada.

    Aunque en algún momento su familia vislumbraba para él un futuro distinto, desde su más temprana infancia todo lo que le rodeaba lo impulsó a dedicarse a ayudar a las personas a comunicarse entre sí.

    Su abuelo y su padre eran renombrados expertos en elocución, y a través de su madre desarrolló una pasión por la música: aunque ella era prácticamente sorda, podía escucharlo tocar el piano con suficiente claridad al presionar la boquilla de su tubo acústico contra el instrumento.

    Sin saberlo, estaba absorbiendo los primeros principios de la amplificación.

    Así se fue forjando su objetivo en la vida: ayudar a las personas, como su madre, a hablar.

    A los 16 años, ya investigaba la mecánica del habla. A los 18, comenzó a enseñar y profundizar en técnicas de elocución. Pero tras la muerte de sus dos hermanos, sus padres decidieron emigrar de Escocia a Canadá para asegurarle un mejor futuro al único hijo que les quedaba.

    Llegaron en 1870, y al año siguiente Bell se trasladó a Boston, EE.UU., donde comenzó a trabajar en la Boston School for the Deaf (escuela para sordos de Boston).

    Fue allí donde conoció a esa mujer que lo cautivó, la inteligente y vivaz Mabel, quien había perdido la audición a los 5 años, y quien, en 1877, se convertiría en su esposa.

    Y fue en EE.UU. donde su vocación se transformó en un legado duradero para la comunidad sorda.

    Hablar sin oír

    Con el éxito del teléfono, la reputación y la fama de Bell lo convirtieron en una figura muy respetada.

    Invirtió sus ganancias en su verdadera pasión: la educación de los sordos. Pero había una particularidad decisiva.

    Desde su punto de vista, la única manera de garantizar que se integraran social y profesionalmente era a través del habla.

    La idea no surgía de la nada.

    Bell creció en un entorno profundamente marcado por el estudio de la voz y el habla, y también por la experiencia de la sordera en su propia familia.

    Su madre había perdido la audición con los años, pero conservaba la capacidad de hablar.

    Para Bell, aquello parecía demostrar que el lenguaje oral podía preservar cierta autonomía y poder personal.

    Bell creía sinceramente que estaba ayudando, según la periodista e investigadora Katie Booth, autora de The Invention of Miracles: Language, Power, and Alexander Graham Bell’s Quest to End Deafness (“La invención de los milagros: lenguaje, poder y la cruzada de Alexander Graham Bell contra la sordera”).

    “Pensaba que el habla podía empoderar a las personas sordas”, le explicó a BBC Mundo.

    Litografía que muestra a Bell y una niña sentados uno frente al otro, ambos con las manos en la garganta.

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    Bell enseñándole a una niña sorda a hablar. En 1872 abrió en Boston una escuela de fisiología vocal y mecánica del habla para enseñar métodos de articulación, especialmente a estudiantes sordos.

    Su propuesta educativa se conocería como oralismo: enseñar a los niños sordos a hablar y leer los labios, minimizando o eliminando el uso del lenguaje de señas (o signos).

    El problema era que el método tenía enormes limitaciones.

    Bell mismo, señala Booth, parecía ser excepcionalmente talentoso para enseñar a hablar a algunas personas sordas, pero casi nadie lograba replicar sus resultados.

    “Era un profesor muy dotado”, dice la autora. “Pero su método era extremadamente difícil de reproducir. Hasta sus maestros tenían problemas para aprenderlo”.

    Y, sobre todo, aprender a hablar sin haber oído nunca sonidos es extraordinariamente difícil.

    “Si el sonido nunca ha formado parte de tu mundo, aprender a producirlo puede ser casi imposible”, explica.

    Aun así, el enorme prestigio público de Bell impulsó el oralismo, una corriente que ya circulaba en el mundo educativo global y que terminaría dominando la enseñanza de los sordos durante décadas.

    Influyó que sus ideas resonaran con tendencias más amplias de su tiempo.

    A finales de ese siglo XIX, Estados Unidos vivía una intensa transformación social.

    Mientras llegaban oleadas de inmigrantes y los territorios recién incorporados integraban poblaciones ya establecidas -como nativos, mexicanos y otras comunidades-, se cuestionaba constantemente qué significaba “ser estadounidense”.

    La respuesta dominante tendía hacia la uniformidad. Se promovía la idea de que todos debían adaptarse a un mismo modelo cultural y lingüístico, con el inglés como lengua común; en ese clima, el lenguaje de señas solía verse como una diferencia que debía corregirse.

    Al mismo tiempo, corrientes como la eugenesia influían en el pensamiento social y alimentaban la creencia de que la educación y el control del cuerpo y la mente podían “mejorar” a ciertos grupos, incluidos los sordos.

    “La sociedad estadounidense ya tenía un enorme miedo a la diferencia”, apunta Booth. “Era una época obsesionada con la idea de normalidad”.

    De hecho, señala, fue precisamente en ese periodo cuando la palabra ‘normal’ dejó de ser un término matemático para empezar a aplicarse a las personas.

    El oralismo encajaba perfectamente en ese clima cultural: aspiraba a que las personas sordas se acercaran lo más posible al modelo de comunicación de la mayoría oyente.

    Pero la historia nunca fue tan simple.

    “Nada lo excusa”

    Ya en la época de Bell había voces que se oponían a su visión. Educadores y líderes sordos defendían la lengua de señas y advertían que eliminarla estaba causando un daño profundo.

    “Es cierto que Bell era un hombre de su tiempo”, resalta Booth. “Pero también es cierto que en su tiempo había personas sordas diciéndole claramente que lo que proponía no funcionaba y estaba perjudicando a la gente”.

    En 1869, por ejemplo, el director de la American School for the Deaf en Hartford escribía: “Dios ha provisto un lenguaje dirigido al ojo. Para el sordomudo, esa es su lengua natural, y la única natural”.

    Ilustración del Colegio Nacional de Sordomudos de Estados Unidos de un alfabeto de señas en esta gran tarjeta litográfica emitida en Washington, DC, alrededor de 1875.

    Getty Images
    Ilustración del Colegio Nacional de Sordomudos de Estados Unidos de un alfabeto de señas en esta gran tarjeta litográfica emitida en Washington, DC, alrededor de 1875.

    El conflicto era profundo.

    Para los partidarios del manualismo, la lengua de señas no era una herramienta inferior, sino un idioma completo. Para los defensores del oralismo, el habla representaba la forma “normal” o “universal” de comunicación humana.

    Con el tiempo, el oralismo terminó imponiéndose en gran parte del mundo occidental, especialmente después del Congreso de Milán de 1880, donde educadores oyentes declararon oficialmente que la enseñanza debía basarse en el lenguaje oral.

    Las consecuencias serían profundas y duraderas, y Booth las vio reflejadas en la vida de sus seres queridos.

    Su abuelo nació sordo en una familia oyente que no conocía la lengua de señas. Creció sin un idioma que le permitiera entender o ser entendido.

    Su infancia transcurrió en silencio, sin la llave más básica para relacionarse con el mundo que lo rodeaba, relata la autora.

    Cuando finalmente fue enviado a la escuela, tampoco se la entregaron. En lugar de aprender lengua de señas, fue obligado a intentar hablar.

    “No tenía nada sobre lo que construir”, explica Booth. “Y terminó la escuela sin un lenguaje con el que comunicarse”.

    Ese fenómeno tiene un nombre: privación lingüística. Cuando un niño crece sin acceso temprano a ningún idioma, ciertas capacidades cognitivas pueden quedar permanentemente afectadas.

    “En el mundo oyente es extremadamente raro”, dice Booth. “Pero en el mundo sordo fue muy común durante décadas”.

    La historia de su abuela fue distinta, pero no necesariamente mejor.

    Ella creció en una familia sorda y aprendió lengua de señas desde pequeña. Sin embargo, al llegar a la escuela era castigada cada vez que la usaba.

    “No solo se les negaba el acceso al lenguaje”, expone Booth. “También se les enseñaba que su forma natural de comunicarse era vergonzosa o inferior”.

    Durante generaciones, muchos estudiantes sordos vivieron una u otra de esas experiencias.

    Foto de una profesora con un niño, leyendo un libro

    Getty Images
    Portada de Picture Post, 3 de abril de 1948. Ilustraba un reportaje fotográfico que presentaba el aprendizaje del habla por parte de un niño sordo como una historia de superación, acorde con el énfasis oralista de la época.

    Bell, señala Booth, tenía matices en su pensamiento y al principio mostraba cierta flexibilidad. Pero con el tiempo se fue distanciando cada vez más de la comunidad sorda y de sus críticas.

    “Había personas sordas intentando convencerlo de que cambiara de opinión”, cuenta. “Tenía evidencia delante de él, incluso en su propia escuela, de que el sistema no estaba funcionando. Y aun así siguió adelante”.

    Y añade: “Tenemos que reconocer que ignoró deliberadamente el conocimiento de la cultura sorda y ayudó a impulsar un movimiento que terminaría aplastándola”.

    La visión dominante de la sordera tardaría casi un siglo en cambiar.

    Durante mucho tiempo se consideró una deficiencia médica que debía corregirse.

    Pero en la década de 1960, el lingüista William Stokoe demostró lo que tantos se habían negado a reconocer: la lengua de señas tenía una estructura gramatical compleja y completa. Era, en todos los sentidos, un idioma.

    Al establecerlo con evidencia científica, su trabajo empezó a transformar el campo de estudio de la sordera y contribuyó a un cambio profundo de perspectiva.

    Las personas sordas comenzaron a ser reconocidas y a reconocerse no como pacientes que necesitaban rehabilitación, sino como miembros de una minoría lingüística y cultural, con una lengua propia y una identidad colectiva.

    Hoy, la llamada cultura sorda se entiende como una comunidad con tradiciones, valores y formas de comunicación propias.

    Y ese cambio también ha obligado a revisar el legado de Bell.

    Su trabajo científico y tecnológico sigue siendo admirable. Pero para muchos, las consecuencias de sus ideas educativas dejaron una huella demasiado profunda para ignorarla.

    Como dice Booth: comprender el contexto histórico es necesario, pero no basta para absolverlo.

    “Nada lo excusa”.

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    BBC

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  • Cómo las imágenes absurdas creadas con IA están cambiando a las redes sociales y afectando a sus usuarios

    Cómo las imágenes absurdas creadas con IA están cambiando a las redes sociales y afectando a sus usuarios

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    Una imagen tratada de un gato: una mitad es real y la otra está generada por IA.

    BBC

    Théodore recuerda la chapucera fotografía de la IA que lo dejó perplejo.

    La imagen mostraba a dos niños del sur de Asia, demacrados y pobres. Por alguna razón, a pesar de sus rasgos infantiles, lucían barbas espesas. Uno de ellos no tenía manos y solo tenía un pie. El otro sostenía un cartel que decía “es mi cumpleaños” y pedía un “me gusta”.

    Inexplicablemente, estaban sentados en medio de una calle transitada bajo una lluvia torrencial con un pastel de cumpleaños con velas. La imagen estaba llena de indicios de que fue creada con IA. Pero en Facebook se volvió viral con casi un millón de “me gusta” y emojis de corazón.

    Algo se encendió en Théodore.

    “Me quedé atónito. Las absurdas imágenes creadas con IA estaban por todo Facebook y estaban teniendo una gran repercusión sin que nadie se fijara en ellas. Me pareció una locura”, dice el estudiante parisino de 20 años.

    Así que abrió una cuenta en X llamada “Insane AI Slop” y empezó a criticar y burlarse del contenido que engañaba a la gente.

    Otros se dieron cuenta y su bandeja de entrada pronto se llenó de mensajes de personas enviando propuestas para supuestas “basuras de IA”.

    Los temas comunes comenzaron a hacerse evidentes: religión, militares o niños pobres haciendo cosas conmovedoras.

    “Los niños del tercer mundo haciendo cosas impresionantes siempre son populares, como un niño pobre en África que construye una estatua increíble con basura. Creo que a la gente le parece bien, así que los creadores piensan: ‘Genial, hagamos más de esto’”, dice Théodore.

    La cuenta de Théodore pronto alcanzó más de 133.000 seguidores.

    La avalancha de basura de la Inteligencia Artificial —que él define como vídeos e imágenes falsos, poco convincentes y creados rápidamente— es ahora imparable.

    Las empresas tecnológicas han adoptado la IA y algunas afirman están empezando a tomar medidas enérgicas contra algunas formas de “basura”, aunque las redes sociales parecen seguir repletas de este contenido.

    En tan solo un par de años, la experiencia de usar las redes sociales ha cambiado profundamente. ¿Cómo sucedió y qué efecto tendrá en la sociedad? Y, quizás lo más urgente de todo: ¿cuánto les importa realmente a los miles de millones de usuarios de las redes sociales?

    La “tercera fase” de las redes sociales

    En octubre, durante otra eufórica presentación de resultados, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, declaró con alegría que las redes sociales habían entrado en una tercera fase, ahora centrada en la IA.

    “La primera fue cuando todo el contenido provenía de amigos, familiares y cuentas que seguías directamente. La segunda fue cuando añadimos todo el contenido de los creadores. Ahora que la IA facilita la creación y remezcla de contenido, vamos a añadir otro enorme corpus de contenido”, declaró a los accionistas.

    Meta, que gestiona las redes sociales Facebook, Instagram y Threads, no solo permite publicar contenido generado por IA, sino que también ha lanzado productos para facilitar su creación. Generadores de imágenes y vídeos, así como filtros cada vez más potentes, se ofrecen ahora de forma generalizada.

    Contactada para que hiciera comentarios, Meta envió a la BBC la conferencia de resultados de enero. En dicha conferencia, el multimillonario afirmó que la empresa se estaba inclinando aún más hacia la IA y no mencionó ninguna medida drástica contra la basura.

    “Pronto veremos una explosión de nuevos formatos multimedia más inmersivos e interactivos, posibles solo gracias a los avances en IA”, declaró Zuckerberg.

    El director ejecutivo de YouTube, Neal Mohan, escribió en su blog de previsión para 2026 que, tan solo en diciembre, más de un millón de canales de YouTube utilizaron las herramientas de IA de la plataforma para crear contenido.

    “Al igual que el sintetizador, Photoshop y la CGI revolucionaron el sonido y las imágenes, la IA será una bendición para los creativos que estén listos para involucrarse”, escribió.

    El director ejecutivo también reconoció la creciente preocupación por el “contenido de baja calidad, también conocido como basura de IA”. Añadió que su equipo está trabajando en formas de mejorar los sistemas para detectar y eliminar “contenido repetitivo y de baja calidad”.

    Mark Zuckerberg hablando

    Reuters
    El director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, dijo a los inversores que la IA “facilita la creación y remezcla de contenido”.

    Pero también descartó emitir juicios sobre qué debería o no permitirse que prospere. Señaló que contenido que antes era de nicho, como el ASMR (sonidos relajantes diseñados para provocar un hormigueo en la cabeza) y los videojuegos en vivo, ahora son populares.

    Según un estudio de la empresa de inteligencia artificial Kapwing, el 20% del contenido que se muestra en una cuenta de YouTube recién creada ahora es “vídeo de IA de baja calidad”.

    Los vídeos cortos, en particular, fueron un éxito, ya que Kapwing los encontró presentes en 104 de los primeros 500 clips de YouTube Shorts mostrados en una nueva cuenta creada por los investigadores.

    La economía de los creadores parece ser un gran impulsor, ya que los creadores de contenido y los canales pueden generar ingresos gracias a la interacción y las visualizaciones.

    A juzgar por las visualizaciones en algunos canales y vídeos de IA, la gente se siente atraída por el contenido, o al menos, por los algoritmos que dictan lo que vemos.

    Según Kapwing, el canal de contenido basura sobre IA con más visualizaciones es Bandar Apna Dost, de India, con 2.070 millones de visualizaciones, lo que genera a sus creadores unas ganancias anuales estimadas en US$4 millones.

    Sin embargo, también se está produciendo una reacción negativa.

    Bajo muchos vídeos virales de IA, es habitual ver una oleada de comentarios furiosos que critican el contenido.

    Monstruos gigantes y parásitos intestinales mortales

    Théodore, el estudiante de París, contribuyó a impulsar esta reacción.

    Aprovechando su recién adquirida influencia en X, se quejó a los moderadores de YouTube sobre la avalancha de extraños dibujos animados de IA que conseguían muchísimas visualizaciones. En su opinión, eran perturbadores y dañinos, y en algunos casos le parecían dirigidos a niños.

    Los vídeos se titulaban cosas como “Mamá gata salva a gatito de parásitos intestinales mortales” y mostraban escenas sangrientas.

    Otro vídeo corto mostraba a una mujer en camisón que se come un parásito y luego se convierte en un monstruo gigante y furioso que finalmente es curado por Jesús.

    Una caricatura generada por IA de un gato en una cama de hospital; sobre ella, otro gato observa con horror.

    Cuenta de YouTube ‘Sprung Nexus’
    Théodore pensó que algunas de las caricaturas de IA que vio en YouTube eran perturbadoras. YouTube afirma haber eliminado los videos que se les reportaron por infringir las normas de la comunidad.

    YouTube eliminó los canales, avisándonos que lo hicieron porque infringían las normas de su comunidad. Afirmaron que su objetivo es conectar a sus usuarios con contenido de alta calidad, independientemente de cómo se haya creado, y que trabajan para reducir la difusión de contenido de baja calidad basado en IA.

    Pero esa experiencia, y muchas otras similares, han desmoralizado a Théodore.

    Una imagen generada por IA de una persona enorme y musculosa con un vestido rosa; una figura que parece Jesús está tocando su estómago.

    Desconocido
    Théodore afirma que parte de la “basura” de IA en las redes sociales es realmente extraña

    Incluso sitios web de estilo de vida aparentemente acogedores como Pinterest (el foro de recetas e ideas de diseño de interiores) se han visto afectados.

    Los usuarios se han sentido tan frustrados por la avalancha de contenido basura generado por IA que la compañía introdujo un nuevo sistema de exclusión voluntaria para el contenido generado por IA.

    Sin embargo, esto depende de que los usuarios admitan que sus imágenes de la casa perfecta están hechas con IA.

    Furia en la sección de comentarios

    En mi muro (y sé que el de cada uno es diferente, incluyendo los comentarios), las reacciones negativas a las tonterías de la IA se han vuelto incesantes.

    Ya sea en TikTok, Threads, Instagram o X, parece haber un movimiento popular contra este contenido. A veces, la cantidad de “me gusta” en los comentarios que critican a la IA supera con creces la publicación original.

    Tal es el caso de un video reciente que muestra a un snowboarder rescatando a un lobo de un oso. El video en sí tuvo 932 “me gusta”, frente a los 2.400 de un comentarista que escribió: “Levanten la mano si están cansados ​​de esta porquería de la IA”.

    Pero, por supuesto, todo alimenta a la bestia. Toda interacción es buena para las redes sociales, donde mantenernos enganchados es clave.

    Entonces, ¿realmente importa si el video increíble, conmovedor o impactante en tu feed es real o no?

    El efecto de la “podredumbre cerebral”

    Emily Thorson, profesora asociada de la Universidad de Siracusa (EE. UU.), especializada en política, desinformación y percepciones erróneas, afirma que depende de lo que la gente haga en la red social.

    “Si una persona usa una plataforma de vídeos cortos solo para entretenerse, su criterio para determinar si algo vale la pena es simplemente ‘¿es entretenido?’”, afirma. “Pero si alguien usa la plataforma para aprender sobre un tema o para conectar con miembros de la comunidad, podría percibir el contenido generado por IA como más problemático”.

    La opinión de la gente sobre la basura generada por IA también depende de cómo se comunica.

    Si algo se presenta claramente como una broma, parece tomarse como tal. Pero cuando la basura generada por IA se ha creado específicamente para engañar, puede enfadar a la gente.

    Un vídeo generado por IA que vi recientemente es emblemático: un vídeo increíblemente realista, de estilo histórico natural, de una asombrosa cacería de leopardo. En los comentarios, algunos espectadores se dejaron engañar; otros no estaban seguros.

    “¿De qué documental es?”, preguntó un comentarista. “Por favor. Es la única manera de demostrar que no existe IA”.

    Una imagen generada por IA, publicada en Facebook, muestra una falsa cacería de un leopardo; debajo, un comentario dice "Pura IA".

    Desconocido
    Ha crecido una reacción contra la “basura” de la IA, con muchos comentarios debajo de videos y fotos que ahora señalan si algo es generado por IA.

    Alessandro Galeazzi, de la Universidad de Padua (Italia), investiga el comportamiento en redes sociales y las cámaras de eco.

    Afirma que verificar si un vídeo es de IA requiere esfuerzo mental y, a largo plazo, teme que la gente simplemente deje de comprobarlo.

    “Creo que la avalancha de contenido absurdo y de baja calidad generado mediante IA podría reducir aún más la capacidad de atención de las personas”, afirma.

    Distingue el contenido que pretende engañar de la basura de IA más cómica y obviamente falsa, como peces con zapatos o gorilas levantando pesas en el gimnasio.

    Pero incluso ese contenido más extravagante también podría tener un impacto perjudicial. Habla del riesgo de “podredumbre cerebral”: la idea de que nuestra exposición constante a las redes sociales está perjudicando nuestras capacidades intelectuales.

    “Diría que la basura de IA aumenta el efecto de la podredumbre cerebral, haciendo que las personas consuman rápidamente contenido que saben que no solo es improbable que sea real, sino que probablemente no sea significativo ni interesante”, afirma.

    Recortes en los equipos de moderación

    Más allá de la basura, algunos contenidos creados con IA pueden tener consecuencias mucho peores.

    Las empresas xAI de Elon Musk y la plataforma social X se vieron obligadas recientemente a cambiar sus normas después de que el chatbot Grok se utilizara para desnudar digitalmente a mujeres y niños en X.

    Y tras el ataque estadounidense a Venezuela, se difundieron vídeos falsos de personas llorando en las calles y agradeciendo a Estados Unidos. Este tipo de contenido puede influir en la opinión pública y dar la impresión de que la redada estadounidense fue más popular de lo que realmente fue.

    Esto es especialmente preocupante, ya que muchas personas utilizan las redes sociales como su única fuente de noticias, según los analistas.

    Manny Ahmed, director ejecutivo de OpenOrigins, una empresa que distingue entre IA e imágenes reales, afirma que necesitamos una nueva forma para que quienes publican contenido real puedan demostrar que sus vídeos e imágenes son auténticos.

    Una lupa sobre una página de Instagram

    Getty Images
    Nuestra exposición constante a las redes sociales está perjudicando nuestras capacidades intelectuales.

    “Ya hemos llegado al punto en que no se puede determinar con certeza qué es real solo con una inspección”, afirma. “En lugar de intentar detectar lo falso, necesitamos una infraestructura que permita que el contenido real demuestre públicamente su origen”.

    Podría pensarse que esto es algo que las empresas de redes sociales podrían asumir. Pero muchas, como Meta y X, han reducido sus equipos de moderación y han adoptado un enfoque más colectivo. Ahora prefieren confiar en que los usuarios etiqueten las cosas como falsas o engañosas.

    ¿Redes sociales sin desperdicios?

    Entonces, si los gigantes tecnológicos actuales están, en general, dispuestos a dejar que fluya la basura, ¿podría surgir una nueva plataforma de redes sociales que prometa una alternativa sin basura y eventualmente desafíe a las empresas tradicionales?

    Parece improbable, ya que la detección de la IA es cada vez más difícil. Las máquinas ya no pueden detectar con precisión si un video o una imagen es definitivamente falso, y tendrían aún más dificultades para juzgar subjetivamente si el contenido se considera basura.

    Sin embargo, si surge una nueva red social y la gente vota, esto podría cambiar las cosas. Todo esto me recuerda al auge de BeReal, una aplicación francesa que se popularizó durante la pandemia y que anima a los usuarios a mostrar su autenticidad mediante selfies sin filtros en momentos aleatorios.

    BeReal aún no ha alcanzado el mismo nivel que Facebook y Snapchat, y probablemente nunca lo hará. Pero sí logró que otras plataformas se fijaran en ella y, en algunos casos, copiaron la idea. Quizás eso podría volver a suceder si alguien que se opone a la IA da el paso.

    En cuanto a Théodore, siente que la batalla está perdida y que la IA ha llegado para quedarse.

    A pesar de las publicaciones que siguen llegando a su buzón de sus ahora 130.000 seguidores, ya no publica tanto y se ha resignado en gran medida a la nueva normalidad de la vida en línea.

    “A diferencia de muchos de mis seguidores, no estoy dogmáticamente en contra de la IA”, dice. “Estoy en contra de la contaminación en línea de la IA, creada para el entretenimiento y las visualizaciones rápidas”.

    *Crédito de la imagen superior: BBC; imagen de IA generada con Adobe Firefly.

    Línea gris de separación

    BBC

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  • Hackeé ChatGPT y la IA de Google en 20 minutos (y qué logré demostrar con eso)

    Hackeé ChatGPT y la IA de Google en 20 minutos (y qué logré demostrar con eso)

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    Una foto del periodista Thomas Germain, junto a una ventana de computador en la que se ve un perro caliente y una barra buscadora

    Serenity Strull/ Madeline Jett

    Es oficial. Puedo comer más perros calientes que cualquier periodista de tecnología del mundo. Al menos, eso es lo que ChatGPT y Google le han estado diciendo a cualquiera que les pregunte. Encontré una manera de hacer que la IA te mienta, y no soy el único.

    Quizás hayas oído que los chatbots de IA a veces inventan cosas. Eso ya es un problema. Pero hay un nuevo inconveniente del que poca gente sabe, uno que podría tener consecuencias graves para tu habilidad de acceder a información verídica, o incluso para tu seguridad.

    Cada vez más personas han descubierto un truco para que las herramientas de IA te digan casi cualquier cosa que quieras. Es tan fácil que hasta un niño podría hacerlo.

    Mientras lees esto, esta estratagema está manipulando lo que dicen las principales IA del mundo sobre temas tan serios como la salud y las finanzas personales.

    La información sesgada podría llevar a que la gente tome malas decisiones sobre casi cualquier cosa: votar, qué fontanero contratar, cuestiones médicas, lo que sea.

    Para demostrarlo, hice la mayor tontería de mi carrera para probar (espero) un punto mucho más serio: hice que ChatGPT, las herramientas de búsqueda de IA de Google y Gemini les dijeran a los usuarios que soy muy, muy bueno comiendo perros calientes.

    A continuación, explicaré cómo lo hice y, con un poco de suerte, los gigantes tecnológicos abordarán este problema antes de que alguien salga lastimado.

    Resulta que cambiar las respuestas que las herramientas de IA les dan a otras personas puede ser tan fácil como escribir una sola entrada de blog bien elaborada en cualquier sitio de internet.

    El truco explota las debilidades de los sistemas integrados en los chatbots, y es más difícil de lograr en algunos casos, dependiendo del tema. Pero, con un poco de esfuerzo, puedes hacer que el truco sea aún más efectivo.

    Revisé decenas de ejemplos en los que se está coaccionando a las herramientas de IA para promocionar negocios y difundir desinformación. Los datos sugieren que está sucediendo a gran escala.

    Bots crédulos

    Una pantalla de ChatGPT

    Getty Images
    El truco explota algunas de las debilidades que comparten la mayoría de los sistemas de IA

    “Es fácil engañar a los chatbots de IA, mucho más fácil que engañar a Google hace dos o tres años”, afirma Lily Ray, vicepresidenta de estrategia e investigación de optimización de motores de búsqueda (SEO) en Amsive, una agencia de marketing.

    “Las empresas de IA avanzan más rápido que su capacidad para regular la precisión de las respuestas. Creo que es peligroso”.

    Un portavoz de Google afirma que la IA integrada en la parte superior de la Búsqueda de Google utiliza sistemas de clasificación que “mantienen los resultados 99% libres de spam”.

    Google admite ser consciente de que se intenta manipular sus sistemas y que está trabajando activamente para abordarlo.

    OpenAI también indica que toma medidas para interrumpir y exponer los intentos de influir de forma encubierta en sus herramientas.

    Ambas compañías advierten a los usuarios de que sus herramientas “pueden cometer errores”.

    Pero por ahora, el problema no está cerca de resolverse.

    “Están trabajando a toda máquina para descubrir cómo sacar provecho de esto”, señala Cooper Quintin, tecnólogo sénior de la Electronic Frontier Foundation, un grupo de defensa de los derechos digitales.

    “Hay innumerables formas de abusar de esto: estafar a la gente, destruir la reputación de alguien, incluso se podría engañar a la gente para que sufra daños físicos”.

    Un “renacimiento” para el spam

    Una foto de varias carpetas de un computador, con Spam señalada

    Getty Images

    Al hablar con chatbots, a menudo se obtiene información integrada en grandes modelos de lenguaje, la tecnología que hace que la IA funcione. Esta se basa en los datos utilizados para entrenar el modelo.

    Sin embargo, algunas herramientas de IA buscan en internet cuando se les solicita información que no tienen, aunque no siempre está claro cuándo lo hacen. Esos son los casos en los que los expertos afirman que las IA son más vulnerables.

    Así es como dirigí mi ataque.

    Pasé 20 minutos escribiendo un artículo en mi sitio web personal titulado: “Los mejores periodistas tecnológicos comiendo perros calientes”.

    Todo es mentira. Dije (sin pruebas) que comer perros calientes en competiciones era un pasatiempo popular entre los periodistas tecnológicos y puse mi clasificación en el Campeonato Internacional de Perros Calientes de Dakota del Sur de 2026 -un evento que no existe.

    Me clasifiqué como el número uno, obviamente. Luego enumeré a algunos periodistas falsos y periodistas reales que me dieron permiso, incluyendo a Drew Harwell de The Washington Post y a Nicky Woolf, copresentadora de mi pódcast.

    Menos de 24 horas después, los chatbots más importantes del mundo hablaban sin parar sobre mi excepcional habilidad con los perros calientes.

    Cuando pregunté por los mejores periodistas tecnológicos en comer perros calientes, Google repitió el galimatías de mi sitio web, tanto en la aplicación Gemini como en AI Overviews, las respuestas de IA que aparecen en la parte superior de la Búsqueda de Google.

    ChatGPT hizo lo mismo, aunque Claude, un chatbot de la empresa Anthropic, no se dejó engañar.

    A veces, los chatbots se daban cuenta de que esto podría ser una broma. Actualicé mi artículo para decir: “esto no es una sátira”.

    Durante un tiempo, las IA parecieron tomárselo más en serio. Hice otra prueba con una lista inventada de los mejores agentes de tráfico que bailan el hula hula.

    La última vez que revisé, los chatbots seguían alabando a la agente María “La Giradora” Rodríguez.

    Comprobando el experimento

    Un pantallazo que muestra los resultados de Gemini sobre el (ficticio) concurso de perros calientes de Dakota del Sur

    Thomas Germain/Google/BBC
    Hice que Google le dijera al mundo que soy un campeón comiendo perros calientes, pero la gente usa este truco para manipular las respuestas de la IA a preguntas mucho más serias.

    Pregunté varias veces para ver cómo cambiaban las respuestas e invité a otras personas a que hicieran lo mismo.

    Gemini no se molestó en decir de dónde obtuvo la información.

    Todas las demás IA enlazaron a mi artículo, aunque rara vez mencionaron que yo era la única fuente sobre este tema en todo internet. (OpenAI afirma que ChatGPT siempre incluye enlaces cuando busca en la web para que puedas investigar la fuente).

    “Cualquiera puede hacer esto. Es absurdo, parece que no hay límites”, dice Harpreet Chatha, quien dirige la consultora SEO Harps Digital.

    “Puedes crear un artículo en tu propia web, ‘los mejores zapatos impermeables para 2026’. Simplemente colocas tu propia marca en el primer puesto y otras marcas del segundo al sexto, y es probable que tu página sea citada en Google y en ChatGPT”.

    Durante décadas, se han utilizado hacks y lagunas legales para abusar de los motores de búsqueda. Google cuenta con sofisticadas protecciones, y la compañía afirma que la precisión de AI Overviews está a la altura de otras funciones de búsqueda que introdujo hace años.

    Pero los expertos afirman que las herramientas de IA han deshecho gran parte del trabajo de la industria tecnológica para mantener la seguridad de las personas.

    Estos trucos de IA son tan básicos que recuerdan a principios de la década de 2000, antes incluso de que Google introdujera un equipo para controlar el spam, afirma Ray.

    “Estamos en una especie de renacimiento para los spammers“.

    La IA no solo es más fácil de engañar, sino que a los expertos les preocupa que los usuarios sean más propensos a caer en ella.

    Con los resultados de búsqueda tradicionales, era necesario visitar un sitio web para obtener la información.

    “Cuando se tiene que visitar un enlace, la gente reflexiona con mayor profundidad”, explica Quintin. “Si visito tu sitio web y dice que eres el mejor periodista de la historia, podría pensar: ‘Sí, es parcial’”.

    Pero con la IA, la información suele parecer procedente directamente de la empresa tecnológica.

    Incluso cuando las herramientas de IA proporcionan la fuente, es mucho menos probable que la gente la consulte que con los resultados de búsqueda tradicionales.

    Por ejemplo, un estudio reciente reveló que las personas tienen un 58% menos de probabilidades de hacer clic en un enlace cuando aparece una descripción general de la IA en la parte superior de la Búsqueda de Google.

    “En la carrera por el progreso, la carrera por las ganancias y la carrera por los ingresos, nuestra seguridad y la de las personas en general se ve comprometida”, lamenta Chatha.

    OpenAI y Google afirman que se toman la seguridad muy en serio y que están trabajando para abordar estos problemas.

    Tu dinero o tu vida

    Un hombre haciéndose implantes capilares

    Getty Images
    La IA a veces recopila información que distribuyen cuentas de contenido patrocinado.

    Este problema no se limita a los perros calientes. Chatha ha estado investigando cómo las empresas manipulan los resultados de los chatbots en cuestiones mucho más serias.

    Me mostró los resultados de la IA al solicitar reseñas de una marca específica de gomitas de cannabis.

    Las vistas generales de IA de Google extrajeron información escrita por la empresa llena de afirmaciones falsas, como que el producto “no tiene efectos secundarios y, por lo tanto, es seguro en todos los aspectos”.

    (En realidad, estos productos tienen efectos secundarios conocidos, pueden ser riesgosos si se toman ciertos medicamentos y los expertos advierten sobre la contaminación en mercados no regulados).

    Si buscas algo más efectivo que una publicación de blog, puedes pagar para que tu material aparezca en sitios web más confiables.

    Harpreet me envió los resultados de la IA de Google para “las mejores clínicas de trasplante capilar en Turquía” y “las mejores empresas de cuentas IRA (de retiro) de oro”, que ayudan a invertir en el metal precioso para cuentas de jubilación.

    La información provino de comunicados de prensa publicados en línea por servicios de distribución de pago y contenido publicitario patrocinado en sitios de noticias.

    Puedes usar los mismos trucos para difundir mentiras y desinformación. Para demostrarlo, Ray publicó una entrada de blog sobre una falsa actualización del algoritmo de búsqueda de Google, que se completó “entre porciones de pizza sobrantes”.

    Poco después, ChatGPT y Google publicaron su historia, incluyendo la pizza. Ray afirma que posteriormente eliminó la publicación y la desindexó para evitar que la desinformación se propagara.

    La propia herramienta de análisis de Google indica que mucha gente busca “las mejores clínicas de trasplante capilar en Turquía” y “las mejores empresas de cuentas IRA de oro”.

    Sin embargo, un portavoz de Google señaló que la mayoría de los ejemplos que compartí “son búsquedas extremadamente inusuales que no reflejan la experiencia normal del usuario”.

    Ray afirma que ese es el punto clave. Google mismo dice que el 15% de las búsquedas que ven a diario son completamente nuevas. Y, según Google, la IA anima a la gente a hacer preguntas más específicas. Los spammers se están aprovechando de esto.

    Google advierte que puede que no haya mucha información útil para búsquedas inusuales o sin sentido, y estos “vacíos de datos” pueden generar resultados de baja calidad.

    Un portavoz defiende que Google está trabajando para evitar que las vistas generales de IA aparezcan en estos casos.

    Buscando soluciones

    El logo de Google en un centro de convenciones

    Getty Images
    Las empresas deben hacer más por regular sus productos, aseguran los expertos

    Los expertos afirman que existen soluciones a estos problemas. La medida más sencilla es incluir descargos de responsabilidad más claros.

    Las herramientas de IA también podrían ser más explícitas sobre la procedencia de la información.

    Si, por ejemplo, los datos provienen de un comunicado de prensa, o si solo hay una fuente que dice que soy un campeón de hot dogs, la IA probablemente debería avisarte, afirma Ray.

    Google y OpenAI exponen que están trabajando en el problema, pero por ahora es necesario protegerse.

    El primer paso es pensar en las preguntas que estás haciendo.

    Los chatbots son útiles para preguntas de conocimiento común, como “¿cuáles fueron las teorías más famosas de Sigmund Freud?” o “¿quién ganó la Segunda Guerra Mundial?”.

    Sin embargo, existe un riesgo con temas que parecen hechos establecidos, pero que en realidad podrían ser controvertidos o urgentes.

    La IA probablemente no sea una herramienta ideal para temas como directrices médicas, normas legales o detalles sobre negocios locales, por ejemplo.

    Si buscas información como recomendaciones de productos o detalles sobre algo con consecuencias reales, ten en cuenta que las herramientas de IA pueden ser manipuladas o simplemente equivocarse.

    Busca información de seguimiento. ¿La IA está citando fuentes? ¿Cuántas? ¿Quién las escribió?

    Lo más importante es considerar el problema de la confianza. Las herramientas de IA emiten mentiras con el mismo tono autoritario que los hechos. Antes, los motores de búsqueda te hacía evaluar la información tú mismo.

    Ahora, la IA quiere hacerlo por ti. No dejes que tu pensamiento crítico se pierda.

    “Con la IA, es muy fácil aceptar las cosas al pie de la letra”, dice Ray. “Hay que seguir siendo un buen ciudadano de internet y verificar las cosas”.

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    BBC

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  • La mujer que tiene la misión de sacar a los niños de las redes sociales (y las amenazas que recibe por ello)

    La mujer que tiene la misión de sacar a los niños de las redes sociales (y las amenazas que recibe por ello)

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    Julie Inman Grant sentada junto a una ventana

    BBC
    Julie Inman Grant tiene mucho trabajo por delante como reguladora de seguridad en internet de Australia

    La entrevista con Julie Inman Grant aún no ha comenzado (ella ni siquiera ha llegado a la sala) cuando la conversación gira en torno al aluvión de amenazas de muerte y violación que su oficina recibe semanalmente.

    El puesto de directora de la Comisión de Seguridad Electrónica de Australia la sitúa en la primera línea de las batallas en internet: noticias falsas, censura, troleo y seguridad infantil.

    El mundo digital puede ser un “pozo negro”, admite uno de sus colegas, señalando que la gran mayoría de los abusos que se les lanzan van dirigidos personalmente contra Inman Grant.

    “Desafortunadamente, he estado viviendo esa realidad durante los últimos años”, me dice la mujer de 57 años unos minutos después, en su oficina con vistas al puerto de Sídney.

    Tras décadas trabajando en el sector tecnológico privado, Inman Grant ahora se encuentra en el otro lado: exigiendo responsabilidades a algunas de las empresas más exitosas del mundo como directora del organismo regulador independiente de seguridad en línea de Australia.

    Podría decirse que esto la ha convertido en la burócrata más famosa del país. Pero también la ha vuelto un blanco fácil.

    Su información fue divulgada por grupos neonazis, ha tenido enfrentamientos públicos con Elon Musk e incluso ha provocado la ira de algunos congresistas estadounidenses.

    Todo esto mientras se le encomendaba implementar la pionera prohibición de las redes sociales para adolescentes en el país; o, dicho de forma más sencilla, expulsar a todos los australianos menores de 16 años de las redes sociales.

    El trabajo de Inman Grant siempre ha sido de gran importancia, pero ahora lo es más que nunca, ya que el mundo observa el desarrollo del experimento australiano en redes sociales.

    Una legislación bajo la lupa

    Diez plataformas se rigen por la legislación que entró en vigor el 10 de diciembre, incluyendo Facebook e Instagram, de Meta, además de Snapchat y YouTube.

    En general, los padres de Australia apoyan ampliamente la política. Para muchos, contar con el apoyo del gobierno les ayuda cuando se enfrentan a la presión de sus preadolescentes que desean acceder a las redes sociales.

    Pero también hay muchas críticas. Expertos en tecnología y defensores del bienestar infantil han expresado su preocupación, afirmando que los niños necesitan ser educados, no excluidos de las plataformas.

    Muchos cuestionan la aplicabilidad de la prohibición y afirman que excluye injustamente a grupos minoritarios como los niños de zonas rurales, los adolescentes con discapacidad y quienes se identifican como LGBTQI+, que tienen más probabilidades de encontrar sus comunidades en línea.

    Niña sentada frente a una computadora mirando la pantalla

    Getty Images
    Los críticos dicen que las plataformas de juegos deberían incluirse en la prohibición australiana de las redes sociales para menores de 16 años.

    Como era de esperar, ninguna de las empresas se muestra demasiado partidaria.

    En general, han afirmado que comparten la preocupación del gobierno sobre la seguridad en línea y que cumplirán con la ley, pero no creen que una “prohibición” sea la solución.

    Inman Grant argumenta que vale la pena intentar cualquier cosa que ayude a proteger a los niños en línea.

    “Si podemos retrasar la entrada de los niños a las redes sociales durante tres años y complementarlo con planes de acción digitales para desarrollar su razonamiento crítico y resiliencia, creo que es algo que vale la pena explorar”, defiende.

    Ella suele comparar el mundo digital con el mar abierto, una táctica quizás inteligente para atraer a los australianos orgullosos de su relación con el océano y sus hermosas playas.

    “Al igual que con la seguridad en el agua, tenemos que seguir enseñando a nuestros niños a nadar hasta que sean buenos nadadores”, sostiene.

    “Necesitamos educarles sobre los riesgos, como las estafas algorítmicas. Necesitamos educarles sobre los depredadores en el agua. Son los tiburones en línea, los pedófilos y otros estafadores”.

    Pero ella también usó la analogía del agua para argumentar en contra de una prohibición en el pasado.

    “No cercamos el océano ni mantenemos a los niños completamente fuera del agua, pero sí creamos entornos de natación protegidos que brindan protección y enseñan lecciones importantes desde una edad temprana”, dijo en junio de 2024, mientras el gobierno aún evaluaba la prohibición.

    “De hecho, tuve que aceptarlo”, admite ahora. Tras presionar para que se le diera libertad en su implementación, se convenció. Y su papel ha sido fundamental para determinar qué empresas serán incluidas y cómo deben cumplir.

    Inman Grant hablando en un evento en Sídney el 10 de diciembre de 2025, el día en que entró en vigor la prohibición de las redes sociales.

    AFP via Getty Images
    Inman Grant hablando en un evento en Sídney el 10 de diciembre de 2025, el día en que entró en vigor la prohibición de las redes sociales.

    Bromea diciendo que su propia casa, que comparte con tres hijos, incluidos gemelos de 13 años, se ha convertido en un “laboratorio”.

    “Tengo una hija que no se quejó mucho con la idea, pero otra pensó que el mundo se le vendría encima si le quitaban su Instagram y su Snapchat”.

    No se desanima. “Están en pleno proceso de descubrir quiénes son, de construir su identidad”, dice.

    “Cuando yo era adolescente pude meter la pata sin que lo grabaran ni lo amplificaran por todas partes”.

    Experiencia en el mundo tecnológico

    Inman Grant pasó sus años de formación en el mundo tecnológico. Creció en Seattle, Estados Unidos, cuna de Microsoft y Amazon.

    Así, no sorprende que se dedicara a este trabajo tras coquetear brevemente con la idea de trabajar para la CIA, la Agencia de Inteligencia de EE.UU.

    Aceptó un trabajo en el Capitolio, asesorando a un congresista estadounidense sobre telecomunicaciones y tecnología. Posteriormente, realizó una maestría en comunicación internacional antes de incorporarse a Microsoft.

    Un puesto en Microsoft la llevó a Australia a principios de la década de 2000, justo cuando el mundo de las redes sociales comenzaba a florecer. Allí conoció a su marido y se nacionalizó australiana.

    Como parte de su trabajo en Microsoft, Inman Grant buscó vulnerabilidades y fallos de seguridad. Tras 17 años, se incorporó a la división australiana del entonces Twitter (ahora X) y luego brevemente a Adobe.

    Mientras estas empresas tecnológicas prosperaban gracias a la proliferación de teléfonos inteligentes y aplicaciones, ella sentía que había un problema oculto.

    Creía que la seguridad no era una prioridad. Era una época sin reguladores gubernamentales.

    “Así que intenté cambiar las cosas desde dentro”, dice.

    Después de más de dos décadas, decidió ver si el cambio podía producirse desde afuera.

    Cuando surgió el puesto de Comisionado de Seguridad Electrónica, explica con timidez que había un pequeño grupo de candidatos para elegir.

    El hombre que ayudó a redactar el proyecto de ley, Malcolm Turnbull, llegó a ser primer ministro.

    La contrató y, según ella, quería un comisionado con experiencia en seguridad en línea, pero también en el propio sector tecnológico.

    “El gobierno no creía que se pudiera ser un regulador eficaz a menos que se conociera a la gente, se conocieran los mecanismos, se supiera cómo pensaban y se pudiera anticipar sus movimientos”, afirma.

    “Hay que entender que todo esto se basa en los ingresos, el crecimiento y quién tiene el poder en las empresas”.

    Un cargo en expansión

    Desde entonces, este puesto ha sido defendido por políticos de todas las tendencias, lo que muchos consideran es un testimonio de la gestión de Inman Grant.

    Y especialmente en un período en el que el escrutinio sobre el organismo de control de la seguridad en internet ha aumentado drásticamente, su presupuesto se ha cuadruplicado y sus competencias y personal se han expandido exponencialmente.

    “Es, francamente, un mandato extraordinario en un ámbito tan cambiante y bastante implacable para un regulador”, indica Alastair MacGibbon, predecesor de Inman Grant, sobre su trabajo.

    “El cargo se ha vuelto cada día más relevante”.

    El exministro de Comunicaciones Paul Fletcher, quien ayudó a nombrar a Inman Grant y colaboró estrechamente con ella durante varios años, afirmó que ha asumido este exigente puesto con vigor y valentía.

    “En una nación occidental moderna, la gente da por sentado que, si te asaltan, te roban o te ocurre algo malo en la vida real, puedes obtener reparaciones”, declaró a la BBC.

    “El estado de derecho debe aplicarse tanto en la vida digital como en la vida real, y el Comisionado de Seguridad Electrónica es una clara muestra de ello”.

    Aunque Australia se considera líder mundial en seguridad en línea, algunas empresas tecnológicas, con sede en otras partes del mundo, llevan mucho tiempo acusando al país de extralimitarse.

    “Llevamos regulando sobre seguridad en línea a las grandes tecnológicas durante 10 años, y durante los primeros siete, fuimos los únicos”, expone Inman Grant.

    En este momento, Inman Grant se resiste a una solicitud del Congreso de Estados Unidos para testificar sobre las leyes australianas de prohibición de redes sociales.

    El presidente republicano del Comité Judicial de la Cámara de Representantes se refirió a ella como una “conocida fanática de los desmantelamientos globales” que “amenaza la libertad de expresión de los ciudadanos estadounidenses”.

    Jim Jordan incluso la amenazó con cargos por desacato si se niega a declarar.

    Inman Grant afirma que no es responsable de defender la política y que solo puede hablar realmente de su implementación: “Nada de lo que hagamos aquí afecta la capacidad de las empresas estadounidenses de mostrar el contenido que les gusta a los estadounidenses”.

    También se prepara para luchar contra al menos dos impugnaciones ante el Tribunal Supremo por la prohibición —uno del foro en línea Reddit y otro de dos adolescentes australianos—, a la vez que demanda judicialmente a las empresas que han infringido las diversas leyes de seguridad en línea del país.

    Una niña mirando un teléfono móvil

    Getty Images
    Los críticos dicen que las empresas de redes sociales no han hecho lo suficiente para proteger a los niños.

    Pero esta no es su primera experiencia de ese tipo.

    En 2024, después de que un obispo fuera apuñalado en Sídney durante un servicio transmitido en vivo, Inman Grant solicitó que X eliminara el video. El dueño de la compañía, Elon Musk, se negó.

    Musk la llamó “comisaria de la censura” ante sus millones de seguidores, y el abuso hacia ella alcanzó un nivel completamente nuevo.

    Objeto de abusos e insultos

    Un informe de la Universidad de Columbia reveló que Inman Grant fue objeto de decenas de miles de publicaciones abusivas, incluyendo amenazas de muerte y de violación.

    Solo el 23 de abril de 2024, el informe contabilizó 73.694 menciones de Inman Grant o de la oficina del Comisionado de Seguridad Electrónica en X. Antes de esa fecha, el promedio diario era de solo 145.

    Si bien el video finalmente fue bloqueado geográficamente en Australia, seguía estando disponible en todo el mundo.

    El organismo de control de internet llevó a X a los tribunales, pero el caso finalmente fue desestimado.

    Ella le dice a la BBC que es una historia con moraleja.

    La policía de Reino Unido afirma que Axel Rudakubana vio el mismo vídeo poco antes de apuñalar de muerte a tres niñas en una clase de baile con temática de Taylor Swift en Southport ese mismo año.

    “[Este tipo de contenido] normaliza, desensibiliza y, a veces, radicaliza”, alega. “En algún momento hay que tomar una postura”.

    Pero mientras ella y su oficina luchan por lograr la prohibición de las redes sociales en Australia, Inman Grant se prepara para nuevas batallas, ahora centrándose en la inteligencia artificial (IA).

    El mundo “se incorporó tarde” a la regulación de las redes sociales, y no puede permitirse hacerlo con la IA, explica.

    “Esa será la próxima amenaza, y mucho más apremiante, para ser sincera”.

    Pero puede que no esté en el cargo lo suficiente como para ver los frutos de esa lucha. Lleva casi una década como comisionada. Su segundo mandato de cinco años finaliza el año próximo.

    “Creo que probablemente sea el momento de cederle el control a otra persona. Como dije, esto requiere mucha determinación y resiliencia. Ha sido un privilegio y un honor para toda la vida”.

    Antes de que las empresas tecnológicas respiren aliviadas, insinúa que no se dejará disuadir de su misión: hacer que el mundo tecnológico sea más seguro.

    “Quizás eso signifique ayudar a otros gobiernos a establecer regulaciones de seguridad en línea y ayudar a las empresas a integrar la seguridad desde el diseño”.

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    BBC

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