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  • De Indiana a Idaho, la reacción contra la IA cobra fuerza

    De Indiana a Idaho, la reacción contra la IA cobra fuerza

    This post was originally published on this site.

    Cuando Michael Grayston, pastor evangélico de Austin, Texas, se enteró de que la relación de un amigo con una compañera de inteligencia artificial casi había destruido un matrimonio, vio un peligro moral que había que abordar.

    Cuando Jack Gardner, músico de Boise, Idaho, descubrió que la IA había hecho canciones con música protegida por derechos de autor, él y su esposa, Cathryn, profesora de la banda de una escuela primaria, crearon un grupo local para pedir una legislación sobre la IA.

    Cuando Bart y Amy Snyder, agricultores de Wolcott, Indiana, se enteraron de que se iba a construir un centro de datos a 300 metros de su casa, les preocupó que agotara los acuíferos locales e iniciaron una campaña para desbancar a tres funcionarios del condado que lo habían apoyado.

    Aunque ninguno de ellos había sido antes políticamente activo, pasaron a formar parte de un creciente movimiento nacional que enfrenta a la industria tecnológica y a sus multimillonarios con una coalición diversa de grupos de padres, líderes religiosos, ecologistas y antiguos activistas del Tea Party. Políticamente van desde el incendiario populista Steve Bannon hasta Bernie Sanders, el senador progresista de Vermont.

    Las razones por las que se oponen a la tecnología son tan variadas como sus orígenes. Sin embargo, a todos les preocupa que las empresas tecnológicas estén más centradas en sacar provecho de la IA que en cómo puede afectar a la gente común. También comparten la sensación de que todo ese dinero irá a parar a manos de los más ricos de Silicon Valley, mientras que las clases media y trabajadora cargarán con los costos.

    Muchos de estos críticos de la IA dicen que están lejos de ser luditas que solo tienen una mala reacción ante una tecnología nueva y aterradora. Creen que la gente de Washington, sobre todo el presidente Donald Trump, está protegiendo a Silicon Valley en lugar de reprimirlo. Quieren una regulación –o al menos un debate– antes de que la IA se afiance en la vida estadounidense.

    “Dado que la IA y la robótica van a afectar a todos los hombres, mujeres y niños de este país, cabría pensar que habría un debate masivo en el Congreso de Estados Unidos: ¿Qué significa esto? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo lo afrontamos?”, preguntó Sanders en una entrevista con The New York Times. “Ha habido un debate mu escaso, mínimo”.

    Un portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, dijo en un comunicado que “la política del gobierno de Trump es mantener el dominio de la Inteligencia Artificial estadounidense para proteger nuestra seguridad nacional y garantizar que sigamos siendo la primera economía del mundo”.

    El marco político de la Casa Blanca para la IA, publicado el mes pasado, pide a los servicios de IA que protejan a los niños. Este año, Trump también emitió una proclama que decía que las empresas tecnológicas “deben pagar el costo total de la energía y la infraestructura necesarias para construir y operar centros de datos”.

    Cuando OpenAI lanzó ChatGPT en 2022, el chatbot se convirtió en el producto de software de más rápido crecimiento en la historia, con 100 millones de usuarios en solo dos meses. La industria no tardó mucho en apostar su futuro por la nueva tecnología de IA, y gastó cientos de miles de millones de dólares en construir los enormes centros de datos necesarios para desarrollar la tecnología, que ahora están apareciendo por todo el mundo.

    Incluso en los primeros días del auge de la IA, líderes del sector como Elon Musk, Sam Altman de OpenAI y Dario Amodei de Anthropic advirtieron con frecuencia de que la IA suponía un riesgo para los puestos de trabajo y podría tener consecuencias imprevistas e incluso peligrosas.

    “Si esta tecnología sale mal, puede salir muy mal”, comentó Altman a los legisladores en 2023.

    Puede que el público se haya tomado esas advertencias a pecho. En una encuesta reciente de la Universidad Quinnipiac entre adultos estadounidenses, el 55 por ciento dijo que veía la IA como una fuerza perjudicial más que beneficiosa, una reacción sorprendentemente negativa ante una tecnología que se ha convertido en un motor de la economía.

    Bannon ha dicho que la negatividad refleja la preocupación por cómo se ha introducido la tecnología. “No hay claridad, no hay transparencia y, desde luego, no hay responsabilidad”, dijo en un pódcast, “La última invención”, en enero. “Por eso has visto no solo el interés, sino la ira creciente de la clase trabajadora”.

    La gente nueva en este movimiento está encontrando una serie de organizaciones ya establecidas con vínculos con el altruismo efectivo, una filosofía que, entre otras cosas, se preocupa por la seguridad de la IA. Dustin Moskovitz, cofundador de Facebook, y Pierre Omidyar, fundador de eBay, han financiado algunos de estos grupos.

    La reputación de la IA entre el público no se ha visto favorecida por la era de las redes sociales que la precedió. Las redes sociales, a pesar de su salvaje popularidad, han sido criticadas por aumentar la polarización política y empeorar la salud mental.

    En marzo, Meta y YouTube, propiedad de Google, fueron declaradas responsables por un jurado de Los Ángeles de crear un producto adictivo que perjudicó a un joven usuario. Las dos empresas, que juntas obtienen más de 50.000 millones de dólares de beneficios cada trimestre, fueron multadas con 6 millones de dólares. En otro juicio celebrado en Nuevo México, un jurado condenó a Meta a pagar 375 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios por no proteger a los jóvenes usuarios de los depredadores sexuales.

    Los recortes de empleo en la industria tecnológica están alimentando la percepción de que Silicon Valley está destripando su propia mano de obra con la IA antes de volcarla en el resto de la economía. Tan solo la semana pasada, Meta dijo que recortaría el 10 por ciento de sus puestos, mientras que Microsoft se dirigía a hasta el 7 por ciento de sus empleados veteranos en Estados Unidos con ofertas de compra. En todo el país, los puestos de trabajo en el sector tecnológico se redujeron en unos 150.000 entre 2022 y 2025, según datos de la Oficina del Censo.

    Amy Kremer, antigua dirigente del Tea Party, se ha convertido recientemente en presidenta de Humans First, un grupo conservador contrario a la Inteligencia Artificial. Se creó a partir del Centro para la Seguridad de la IA, que ha tenido vínculos con el altruismo eficaz. Dijo que el “monstruo de las redes sociales” y la falta de regulación la habían inspirado a involucrarse.

    “Esta es la batalla de nuestra vida”, afirmó.

    (El Times demandó a OpenAI y Microsoft, pues alegó infracción de los derechos de autor del contenido de noticias relacionadas con los sistemas de IA. Las dos empresas han negado las pretensiones de la demanda).

    Los líderes tecnológicos son muy conscientes de la reacción violenta. Los riesgos se hicieron patentes este mes, cuando un hombre opuesto a la IA lanzó un cóctel molotov a la puerta principal del complejo de Altman en San Francisco.

    No todos los ejecutivos tecnológicos han advertido que la IA podría ser peligrosa mientras construyen sus imperios de IA. Jensen Huang, director general de Nvidia, el fabricante de chips de IA y la empresa cotizada en bolsa más valiosa del mundo, ha insistido constantemente en las oportunidades de la IA. Huang afirma que la IA ayudará a las personas a hacer mejor su trabajo, no las sustituirá.

    “Se crearán más puestos de trabajo”, dijo en enero. “La vida será más asequible”.

    Hasta ahora, la respuesta más notable de la industria ha sido destinar cientos de millones de dólares a comités de acción superpolítica dirigidos a políticos que cuestionan la IA. La industria también ha restado importancia a la reacción como producto de la paranoia de los llamados catastrofistas de la IA, que temen que la tecnología pueda destruir a la humanidad, y de los NIMBY, o activistas que tienen una mentalidad de “no en mi patio trasero”.

    Pero estas etiquetas, habituales en Silicon Valley, son ajenas a muchas de las personas que se oponen a la IA. “Me han llamado muchas cosas a lo largo de los años que llevo trabajando en estos temas, pero fatalistas es algo nuevo”, dijo Sandy Bahr, directora de la Sección del Gran Cañón del Sierra Club.

    Tras oír hablar de un matrimonio dañado por un compañero de IA, Grayston, el pastor de Austin, organizó un debate de una hora en la Iglesia LifeFamily con el líder de una organización local sin ánimo de lucro dedicada a la educación sobre la IA, la Alianza para una Acción Segura contra la IA, que recibe donativos de algunas personas vinculadas al altruismo efectivo.

    Persuadido de que la tecnología tenía un lado oscuro, Grayston, de 42 años, ha hablado desde entonces de sus peligros en otras iglesias, ha escrito un artículo de opinión para un sitio de noticias religiosas dirigido por el medio conservador RealClearPolitics y ha ayudado a redactar material educativo sobre la IA para otros líderes religiosos.

    “No abogo por la absolución de la IA”, señaló Grayston. “Quiero una regulación con sentido común”.

    Los Snyder de Wolcott no sabían lo que era un centro de datos, aseguraron, hasta que descubrieron que se había aprobado uno en su patio trasero. Tras enterarse de que la instalación propuesta utilizaría más de 4 millones de litros de agua al día, Bart Snyder, de 59 años, temió que convirtiera en un cráter el estanque de su patio donde pesca lubinas. Presentó una demanda para detener el proyecto y financió una campaña para desbancar a los tres funcionarios que lo apoyaban.

    Los Snyder, que se autoproclaman “republicanos empedernidos” y apoyan a Trump, dijeron que lo mejor que les había aportado el proceso eran las relaciones que habían entablado con personas de distintas tendencias políticas.

    “Ahora, no me importa de qué afiliación seas”, aclaró Bart Snyder. “Si estás en contra de los centros de datos, uniremos nuestras fuerzas”.

    En los locales de música de Boise donde toca la banda de rock de Gardner, Animus Gem, el bajista de 30 años es uno de los muchos artistas, músicos y escritores preocupados por cómo la tecnología, que se formó utilizando material protegido por derechos de autor, puede crear al instante canciones, imágenes y libros.

    Él y su esposa, Cathryn, crearon una filial local de PauseAI, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que pretende detener el desarrollo de la IA, que cuenta con cierta financiación de altruistas eficaces. Hicieron de Boise uno de los 30 grupos activos en ciudades a las que se amplió la organización el año pasado, frente a los cinco de 2025. Ahora tienen 10 voluntarios y 500 firmas en una petición para frenar la IA.

    “De verdad ha parecido un crecimiento exponencial”, comentó Cathryn Gardner. “La comunidad artística de Boise se ha mostrado realmente apasionada al respecto”.

    Un cartel expresa la oposición a un centro de datos de inteligencia artificial propuesto en los límites de la granja de Bart y Amy Snyder en Wolcott, Indiana, el sábado 25 de abril de 2026. (Luke Sharrett/The New York Times)

    Michael Grayston, pastor evangélico, durante un servicio en la Iglesia LifeFamily de Austin, Texas, el domingo 26 de abril de 2026. (Callaghan O’Hare/The New York Times)

  • De Indiana a Idaho, la reacción contra la IA cobra fuerza

    De Indiana a Idaho, la reacción contra la IA cobra fuerza

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    Cuando Michael Grayston, pastor evangélico de Austin, Texas, se enteró de que la relación de un amigo con una compañera de inteligencia artificial casi había destruido un matrimonio, vio un peligro moral que había que abordar.

    Cuando Jack Gardner, músico de Boise, Idaho, descubrió que la IA había hecho canciones con música protegida por derechos de autor, él y su esposa, Cathryn, profesora de la banda de una escuela primaria, crearon un grupo local para pedir una legislación sobre la IA.

    Cuando Bart y Amy Snyder, agricultores de Wolcott, Indiana, se enteraron de que se iba a construir un centro de datos a 300 metros de su casa, les preocupó que agotara los acuíferos locales e iniciaron una campaña para desbancar a tres funcionarios del condado que lo habían apoyado.

    Aunque ninguno de ellos había sido antes políticamente activo, pasaron a formar parte de un creciente movimiento nacional que enfrenta a la industria tecnológica y a sus multimillonarios con una coalición diversa de grupos de padres, líderes religiosos, ecologistas y antiguos activistas del Tea Party. Políticamente van desde el incendiario populista Steve Bannon hasta Bernie Sanders, el senador progresista de Vermont.

    Las razones por las que se oponen a la tecnología son tan variadas como sus orígenes. Sin embargo, a todos les preocupa que las empresas tecnológicas estén más centradas en sacar provecho de la IA que en cómo puede afectar a la gente común. También comparten la sensación de que todo ese dinero irá a parar a manos de los más ricos de Silicon Valley, mientras que las clases media y trabajadora cargarán con los costos.

    Muchos de estos críticos de la IA dicen que están lejos de ser luditas que solo tienen una mala reacción ante una tecnología nueva y aterradora. Creen que la gente de Washington, sobre todo el presidente Donald Trump, está protegiendo a Silicon Valley en lugar de reprimirlo. Quieren una regulación –o al menos un debate– antes de que la IA se afiance en la vida estadounidense.

    “Dado que la IA y la robótica van a afectar a todos los hombres, mujeres y niños de este país, cabría pensar que habría un debate masivo en el Congreso de Estados Unidos: ¿Qué significa esto? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo lo afrontamos?”, preguntó Sanders en una entrevista con The New York Times. “Ha habido un debate mu escaso, mínimo”.

    Un portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle, dijo en un comunicado que “la política del gobierno de Trump es mantener el dominio de la Inteligencia Artificial estadounidense para proteger nuestra seguridad nacional y garantizar que sigamos siendo la primera economía del mundo”.

    El marco político de la Casa Blanca para la IA, publicado el mes pasado, pide a los servicios de IA que protejan a los niños. Este año, Trump también emitió una proclama que decía que las empresas tecnológicas “deben pagar el costo total de la energía y la infraestructura necesarias para construir y operar centros de datos”.

    Cuando OpenAI lanzó ChatGPT en 2022, el chatbot se convirtió en el producto de software de más rápido crecimiento en la historia, con 100 millones de usuarios en solo dos meses. La industria no tardó mucho en apostar su futuro por la nueva tecnología de IA, y gastó cientos de miles de millones de dólares en construir los enormes centros de datos necesarios para desarrollar la tecnología, que ahora están apareciendo por todo el mundo.

    Incluso en los primeros días del auge de la IA, líderes del sector como Elon Musk, Sam Altman de OpenAI y Dario Amodei de Anthropic advirtieron con frecuencia de que la IA suponía un riesgo para los puestos de trabajo y podría tener consecuencias imprevistas e incluso peligrosas.

    “Si esta tecnología sale mal, puede salir muy mal”, comentó Altman a los legisladores en 2023.

    Puede que el público se haya tomado esas advertencias a pecho. En una encuesta reciente de la Universidad Quinnipiac entre adultos estadounidenses, el 55 por ciento dijo que veía la IA como una fuerza perjudicial más que beneficiosa, una reacción sorprendentemente negativa ante una tecnología que se ha convertido en un motor de la economía.

    Bannon ha dicho que la negatividad refleja la preocupación por cómo se ha introducido la tecnología. “No hay claridad, no hay transparencia y, desde luego, no hay responsabilidad”, dijo en un pódcast, “La última invención”, en enero. “Por eso has visto no solo el interés, sino la ira creciente de la clase trabajadora”.

    La gente nueva en este movimiento está encontrando una serie de organizaciones ya establecidas con vínculos con el altruismo efectivo, una filosofía que, entre otras cosas, se preocupa por la seguridad de la IA. Dustin Moskovitz, cofundador de Facebook, y Pierre Omidyar, fundador de eBay, han financiado algunos de estos grupos.

    La reputación de la IA entre el público no se ha visto favorecida por la era de las redes sociales que la precedió. Las redes sociales, a pesar de su salvaje popularidad, han sido criticadas por aumentar la polarización política y empeorar la salud mental.

    En marzo, Meta y YouTube, propiedad de Google, fueron declaradas responsables por un jurado de Los Ángeles de crear un producto adictivo que perjudicó a un joven usuario. Las dos empresas, que juntas obtienen más de 50.000 millones de dólares de beneficios cada trimestre, fueron multadas con 6 millones de dólares. En otro juicio celebrado en Nuevo México, un jurado condenó a Meta a pagar 375 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios por no proteger a los jóvenes usuarios de los depredadores sexuales.

    Los recortes de empleo en la industria tecnológica están alimentando la percepción de que Silicon Valley está destripando su propia mano de obra con la IA antes de volcarla en el resto de la economía. Tan solo la semana pasada, Meta dijo que recortaría el 10 por ciento de sus puestos, mientras que Microsoft se dirigía a hasta el 7 por ciento de sus empleados veteranos en Estados Unidos con ofertas de compra. En todo el país, los puestos de trabajo en el sector tecnológico se redujeron en unos 150.000 entre 2022 y 2025, según datos de la Oficina del Censo.

    Amy Kremer, antigua dirigente del Tea Party, se ha convertido recientemente en presidenta de Humans First, un grupo conservador contrario a la Inteligencia Artificial. Se creó a partir del Centro para la Seguridad de la IA, que ha tenido vínculos con el altruismo eficaz. Dijo que el “monstruo de las redes sociales” y la falta de regulación la habían inspirado a involucrarse.

    “Esta es la batalla de nuestra vida”, afirmó.

    (El Times demandó a OpenAI y Microsoft, pues alegó infracción de los derechos de autor del contenido de noticias relacionadas con los sistemas de IA. Las dos empresas han negado las pretensiones de la demanda).

    Los líderes tecnológicos son muy conscientes de la reacción violenta. Los riesgos se hicieron patentes este mes, cuando un hombre opuesto a la IA lanzó un cóctel molotov a la puerta principal del complejo de Altman en San Francisco.

    No todos los ejecutivos tecnológicos han advertido que la IA podría ser peligrosa mientras construyen sus imperios de IA. Jensen Huang, director general de Nvidia, el fabricante de chips de IA y la empresa cotizada en bolsa más valiosa del mundo, ha insistido constantemente en las oportunidades de la IA. Huang afirma que la IA ayudará a las personas a hacer mejor su trabajo, no las sustituirá.

    “Se crearán más puestos de trabajo”, dijo en enero. “La vida será más asequible”.

    Hasta ahora, la respuesta más notable de la industria ha sido destinar cientos de millones de dólares a comités de acción superpolítica dirigidos a políticos que cuestionan la IA. La industria también ha restado importancia a la reacción como producto de la paranoia de los llamados catastrofistas de la IA, que temen que la tecnología pueda destruir a la humanidad, y de los NIMBY, o activistas que tienen una mentalidad de “no en mi patio trasero”.

    Pero estas etiquetas, habituales en Silicon Valley, son ajenas a muchas de las personas que se oponen a la IA. “Me han llamado muchas cosas a lo largo de los años que llevo trabajando en estos temas, pero fatalistas es algo nuevo”, dijo Sandy Bahr, directora de la Sección del Gran Cañón del Sierra Club.

    Tras oír hablar de un matrimonio dañado por un compañero de IA, Grayston, el pastor de Austin, organizó un debate de una hora en la Iglesia LifeFamily con el líder de una organización local sin ánimo de lucro dedicada a la educación sobre la IA, la Alianza para una Acción Segura contra la IA, que recibe donativos de algunas personas vinculadas al altruismo efectivo.

    Persuadido de que la tecnología tenía un lado oscuro, Grayston, de 42 años, ha hablado desde entonces de sus peligros en otras iglesias, ha escrito un artículo de opinión para un sitio de noticias religiosas dirigido por el medio conservador RealClearPolitics y ha ayudado a redactar material educativo sobre la IA para otros líderes religiosos.

    “No abogo por la absolución de la IA”, señaló Grayston. “Quiero una regulación con sentido común”.

    Los Snyder de Wolcott no sabían lo que era un centro de datos, aseguraron, hasta que descubrieron que se había aprobado uno en su patio trasero. Tras enterarse de que la instalación propuesta utilizaría más de 4 millones de litros de agua al día, Bart Snyder, de 59 años, temió que convirtiera en un cráter el estanque de su patio donde pesca lubinas. Presentó una demanda para detener el proyecto y financió una campaña para desbancar a los tres funcionarios que lo apoyaban.

    Los Snyder, que se autoproclaman “republicanos empedernidos” y apoyan a Trump, dijeron que lo mejor que les había aportado el proceso eran las relaciones que habían entablado con personas de distintas tendencias políticas.

    “Ahora, no me importa de qué afiliación seas”, aclaró Bart Snyder. “Si estás en contra de los centros de datos, uniremos nuestras fuerzas”.

    En los locales de música de Boise donde toca la banda de rock de Gardner, Animus Gem, el bajista de 30 años es uno de los muchos artistas, músicos y escritores preocupados por cómo la tecnología, que se formó utilizando material protegido por derechos de autor, puede crear al instante canciones, imágenes y libros.

    Él y su esposa, Cathryn, crearon una filial local de PauseAI, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que pretende detener el desarrollo de la IA, que cuenta con cierta financiación de altruistas eficaces. Hicieron de Boise uno de los 30 grupos activos en ciudades a las que se amplió la organización el año pasado, frente a los cinco de 2025. Ahora tienen 10 voluntarios y 500 firmas en una petición para frenar la IA.

    “De verdad ha parecido un crecimiento exponencial”, comentó Cathryn Gardner. “La comunidad artística de Boise se ha mostrado realmente apasionada al respecto”.

    Un cartel expresa la oposición a un centro de datos de inteligencia artificial propuesto en los límites de la granja de Bart y Amy Snyder en Wolcott, Indiana, el sábado 25 de abril de 2026. (Luke Sharrett/The New York Times)

    Michael Grayston, pastor evangélico, durante un servicio en la Iglesia LifeFamily de Austin, Texas, el domingo 26 de abril de 2026. (Callaghan O’Hare/The New York Times)

  • Cuáles son las señales que hacen temer una crisis financiera como la de 2008 (y por qué ahora sería diferente)

    Cuáles son las señales que hacen temer una crisis financiera como la de 2008 (y por qué ahora sería diferente)

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    Una alcancía apoyada sobre unos bloques de madera que se desmoronan

    BBC/Getty Images

    El 15 de septiembre de 2008, Bobby Seagull llegó a su oficina en Canary Wharf, uno de los centros financieros de Londres, poco antes de las 6 de la mañana.

    Fue la última vez que tendría que preocuparse por llegar puntual. Era operador financiero en Lehman Brothers, un banco estadounidense que atravesaba una grave turbulencia.

    “Habíamos visto en las noticias del domingo desde Estados Unidos que estaban declarando la quiebra. No teníamos muy claro cuáles serían las implicaciones para nosotros en Reino Unido. Así que simplemente nos dijeron que acudiéramos como siempre”.

    Al principio fue un “caos”, cuenta Seagull. “No había comunicación directa con nuestros colegas estadounidenses. No respondían a las llamadas. Algunas personas empezaban a llevarse cosas, como cuadros de las paredes, diciendo: ‘Me deben acciones’”.

    Seagull tenía el presentimiento de que podía ocurrir un desastre y estaba bien preparado.

    “De hecho, compré un carrito de la compra el último día. Y, curiosamente, ese verano la gente ya percibía cierta inquietud. Vacié mi tarjeta para máquinas expendedoras, que tenía unas 300 libras (unos US$500), comprando chocolates, porque me di cuenta de que, si la máquina o el banco colapsaban, esa tarjeta dejaría de servir”.

    Seagull, junto con miles de compañeros, salió de allí con su carrera profesional metida en una caja de cartón.

    Fue una imagen definitoria de la crisis financiera global, que causó la quiebra de miles de empresas y que millones de personas perdieran sus empleos.

    Dio paso a una de las recesiones más largas y profundas desde la Segunda Guerra Mundial.

    Dos personas sostienen un cartel de Lehman Brothers

    Getty Images
    En 2008, el banco de inversión Lehman Brothers se declaró en quiebra en Estados Unidos.

    Ahora hay varias señales de alerta parpadeando en el panel de la economía mundial que llevan a algunos a preguntarse si estamos en las primeras etapas de otra crisis financiera.

    ¿Cómo podría ser la próxima crisis? Y, con las relaciones internacionales en 2026 en un estado más tenso que en 2008, ¿tendrán siquiera los responsables de política económica las herramientas para resolverla?

    Señal de alerta temprana

    Antes de la crisis que golpeó a la economía mundial en 2008, ya había señales de alerta en algunas partes del sistema financiero.

    En 2007, las inversiones en hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos comenzaron a deteriorarse a medida que los propietarios tenían dificultades para pagar.

    Fondos gestionados por Bear Stearns, BNP Paribas y otros bancos tuvieron que congelar la capacidad de los inversores para retirar su dinero o liquidar los fondos por completo.

    Estos problemas fueron señales de alerta temprana de lo que resultó ser una crisis financiera muy profunda.

    A medida que se extendía la incertidumbre, incluso los bancos dejaron de prestarse entre sí por temor a no recuperar su dinero, lo que provocó la llamada “restricción del crédito” (credit crunch, en inglés). Esto desencadenó una crisis financiera global.

    Una figura de la muerte personificada sostiene un globo terráqueo atravesado por una guadaña frente al Banco de Inglaterra durante una protesta el 13 de octubre de 2008 en Londres.

    Getty Images
    En 2008, una crisis sacudió la economía mundial.

    Volvamos al presente.

    Varios fondos que otorgan préstamos han declarado pérdidas o han restringido la capacidad de los inversionistas para retirar su dinero.

    BlackRock, Blackstone, Apollo Global Management y Blue Owl Capital han enfrentado solicitudes de retiro por miles de millones de dólares de fondos de crédito privado, instituciones que ofrecen una alternativa a la banca tradicional.

    Los reguladores bancarios y los veteranos del sector financiero reconocen las similitudes.

    Sarah Breeden es subgobernadora del Banco de Inglaterra, con responsabilidad específica en estabilidad financiera. Afirma que el nuevo mundo del crédito privado ha crecido rápidamente, aún no ha sido puesto a prueba por condiciones financieras adversas y es poco comprendido.

    “Hay ecos de la crisis financiera global en lo que estamos viendo ahora”, dice. “El crédito privado ha pasado de prácticamente nada a dos billones y medio de dólares en los últimos 15 a 20 años. Hay apalancamiento (dinero prestado), hay opacidad, hay complejidad y hay interconexiones con el resto del sistema financiero. Todo eso recuerda a lo que vimos en la crisis financiera global”.

    También le preocupa que gran parte del dinero prestado por los fondos de crédito privado haya sido a su vez financiado con deuda, creando capas de endeudamiento —o apalancamiento— que pueden amplificar cualquier pérdida.

    “Hay apalancamiento sobre apalancamiento sobre apalancamiento. Lo que queremos asegurarnos es de que todo el mundo comprenda cómo se acumula esa ‘tarta de capas’ de deuda”.

    Las colas frente a las sucursales de Northern Rock

    Getty Images
    En 2007 se formaron enormes colas en las sucursales de Northern Rock, ya que la gente intentaba retirar su dinero.

    Mohamed el Erian, principal asesor económico de la firma financiera alemana Allianz y exdirector ejecutivo de PIMCO, el mayor inversor en bonos del mundo, coincide en que se subestima el riesgo de otra crisis.

    “Hay ciertas similitudes con 2007 que me quitan el sueño. Esas similitudes son fragilidades claras en el sistema financiero que no se están valorando adecuadamente”.

    De hecho, afirma que fueron las restricciones impuestas a los bancos tras la crisis las que dieron origen a este nuevo mercado de crédito privado.

    Los bancos se vieron obligados por nuevas regulaciones a ser más prudentes, por lo que surgieron fondos que imitaban a los bancos para llenar ese vacío.

    “De repente, el sistema se inunda de acreedores privados dispuestos a prestar dinero a las empresas. Las empresas ven todo ese dinero disponible y, por supuesto, cuando hay demasiado dinero, la gente comete errores”.

    Plantea un escenario preocupante: “De pronto todos los que te prestan dinero quieren recuperarlo al mismo tiempo. Y lo siguiente que ocurre es que algo que empezó como una muy buena idea crece hasta convertirse en algo que pone en riesgo la estabilidad y, en lugar de beneficiar a la economía, amenaza con retirarle el suelo bajo los pies”.

    Pero Larry Fink, jefe del mayor gestor de activos del mundo, BlackRock, le dijo recientemente a la BBC que no está de acuerdo con que el crédito privado represente una amenaza para la economía mundial.

    Los problemas que afectan a algunos fondos representan una pequeña fracción del mercado total, afirma.

    La propia BlackRock es una de varias firmas que han limitado los retiros de inversionistas inquietos de fondos de crédito privado.

    Pero Fink insiste en que no hay posibilidad de que se repita el trauma financiero de 2007-2008, ya que considera que las instituciones financieras actuales son más seguras.

    “No veo ninguna similitud en absoluto”, dice. “Ninguna”.

    Aun así, algunos han comparado lo que está ocurriendo en el crédito privado con una retirada lenta de depósitos de un banco.

    Puede que no se vean filas frente a sucursales de Northern Rock, como ocurrió en 2007, pero sí hay una fila de personas que quieren recuperar su dinero.

    El costo de la energía

    Otra forma en la que la historia podría estar repitiéndose es a través del aumento de los precios de la energía.

    Ese fue un factor que contribuyó a la crisis de 2008. El precio del crudo Brent pasó de alrededor de US$50 por barril a comienzos de 2007 a US$100 a finales de ese año, alcanzando finalmente un máximo de US$147 en julio de 2008.

    Este aumento estuvo impulsado por la fuerte demanda de una China en rápida expansión, pero también, en parte, por tensiones geopolíticas relacionadas con Irán.

    Hoy, los precios del petróleo han superado los US$100 por barril, con advertencias de que podrían subir aún más si no se logra una rápida resolución del conflicto con Irán, que en la práctica ha cerrado la arteria energética más importante del mundo a través del estrecho de Ormuz.

    Mapa que muestra la ubicación del estrecho de Ormuz en el golfo de Omán, una ruta clave para el transporte mundial de petróleo.

    BBC

    Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, ha calificado el cierre en curso del estrecho de Ormuz como “la mayor crisis de seguridad energética de la historia”, insistiendo en que es “más grave” que las anteriores crisis energéticas de 1973 (cuando algunos países árabes impusieron un embargo petrolero a Occidente), 1979 (provocada por la revolución iraní) y 2022 (Ucrania) “combinadas”.

    Ese nivel de pesimismo aún no se refleja en los precios actuales del petróleo.

    Aunque ha subido más de un 50% desde antes del conflicto con Irán, todavía está bastante por debajo de los niveles observados antes de la última crisis financiera, cuando el petróleo alcanzó los US$147 por barril (en términos actuales, cerca de US$190 por barril).

    Y los mercados bursátiles se encuentran actualmente en niveles máximos o cerca de ellos, nada comparable con el shock petrolero de 1973, que causó una caída del 40% en los mercados de valores de Estados Unidos desde su punto más alto hasta el más bajo.

    Sarah Breeden, del Banco de Inglaterra, vaticina que los mercados bursátiles cairán en algún momento, ya que no reflejan plenamente los numerosos riesgos actuales para la economía mundial.

    Pero, por ahora, los mercados parecen asumir que la paz acabará prevaleciendo, y muchas grandes empresas siguen obteniendo más beneficios de los que esperaban los inversores.

    Sin embargo, un shock energético forma parte de la lista de riesgos del Banco de Inglaterra que, según Breeden, podrían materializarse simultáneamente.

    “¿Qué ocurre si varios de estos riesgos se materializan al mismo tiempo?”, se pregunta.

    “Un gran shock macroeconómico, sumado a la pérdida de confianza en el crédito privado, al tiempo que se reajustan las valoraciones de la inteligencia artificial y de otros activos de riesgo… ¿qué pasa en ese escenario? ¿Y estamos preparados para afrontarlo?”.

    Inteligencia artificial

    Y ahí Breeden señala otro riesgo que se suma a este posible cóctel de crisis.

    Más de 2 billones de dólares han fluido hacia inversiones en inteligencia artificial, en lo que el cofundador de Microsoft Bill Gates califica como “frenesí” y que otros describen como una burbuja.

    Esto ha impulsado las valoraciones de unas pocas megaempresas hasta el punto de que el 37% del valor del principal índice bursátil de Estados Unidos, el S&P 500, está ahora concentrado en solo siete compañías (incluidas Nvidia, Microsoft, la matriz de Google -Alphabet Inc.- y Amazon, que también se encuentran entre las que más invierten en infraestructura de IA).

    Eso significa que los millones de personas que invierten en fondos indexados están destinando una gran parte de sus ahorros a la inteligencia artificial, lo quieran o no.

    Una fuerte venta masiva de acciones en estas empresas afectaría a los ahorradores —incluidos particulares y fondos de pensiones en Reino Unido— e, inevitablemente, sacudiría la confianza empresarial y del consumidor.

    El estallido de la burbuja puntocom, que alcanzó su punto máximo en marzo de 2000, contribuyó a desencadenar una recesión en 2001.

    El índice tecnológico Nasdaq cayó casi un 80% entre marzo de 2000 y octubre de 2002, destruyendo miles de millones en valor de mercado.

    Ese colapso de las empresas de internet, las enormes pérdidas de los inversores y los despidos generalizados en el sector tecnológico provocaron una desaceleración más amplia de la economía.

    Incendio financiero

    También está la cuestión de qué tan eficazmente podrían los responsables políticos contener un “incendio financiero”.

    En 2008, los gobiernos finalmente lograron controlar el caos inyectando miles de millones de dinero público en los principales bancos para evitar su colapso, y aumentando las garantías sobre los depósitos bancarios para evitar que los ahorradores retiraran su dinero.

    Al mismo tiempo, los principales bancos centrales recortaron las tasas de interés, incluido un raro recorte coordinado en el otoño boreal de ese año.

    Pero algunos temen que esas opciones ya no existan.

    En 2008, la deuda del gobierno de Reino Unido equivalía a menos del 50% del ingreso nacional. Hoy, esa cifra se acerca al 100%, tras grandes intervenciones en 2008 para rescatar bancos, el apoyo salarial durante la covid-19 y los subsidios energéticos en 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

    Por lo tanto, la capacidad del gobierno para endeudarse es mucho más limitada.

    Mohamed el Erian utiliza la analogía de un cuerpo de bomberos que se ha quedado sin agua.

    “Los gobiernos y los bancos centrales han tenido que responder a crisis tras crisis y, al hacerlo, han reducido su capacidad de respuesta”, advierte.

    Ese sentimiento es compartido por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que a principios de este mes afirmó que los múltiples desafíos económicos del mundo llegan en un momento en que “el margen de maniobra de las políticas se ha reducido”.

    También está el deterioro de las relaciones internacionales.

    En medio de la crisis de 2008, los líderes nacionales se reunieron en una serie de encuentros de emergencia, incluido uno crucial en Washington en noviembre de ese año, donde acordaron un plan para inyectar miles de millones en los bancos; y otro en Londres en abril de 2009.

    Gordon Brown, el entonces primer ministro británico que ayudó a liderar la respuesta internacional, ha afirmado que la fuerte cooperación global fue lo que evitó que la crisis se convirtiera en una depresión.

    La entonces canciller alemana, Angela Merkel (segunda por la derecha), estrecha la mano del rey saudí Abdullah Al Saud mientras se colocan para la foto de grupo en la inauguración de la Cumbre del G-20, celebrada el 15 de noviembre de 2008 en Washington.

    AFP via Getty Images
    En plena crisis de 2008, los líderes nacionales se reunieron en una serie de reuniones de emergencia, entre ellas una crucial celebrada en Washington en noviembre de 2008.

    Todo eso podría ser más difícil hoy, en medio de importantes desacuerdos entre los países ricos sobre la política comercial, la OTAN e incluso el estatus de Groenlandia.

    Al escribir a comienzos de este mes sobre los riesgos de una crisis financiera, el FMI advirtió que “la cooperación internacional es más débil” ahora que en años anteriores.

    La implicación, quizás, es que en una era de guerra en Europa, tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, y la política de “Estados Unidos primero” del presidente Donald Trump, será más difícil para los gobiernos dejar de lado sus diferencias y sentarse a una mesa de crisis como lo hicieron en 2008.

    Y Gordon Brown ha advertido repetidamente sobre los peligros de un enfoque aislacionista, de “nosotros contra ellos”, en los asuntos internacionales.

    Fragilidades financieras

    Sarah Breeden, sin embargo, ofrece una nota de optimismo, al argumentar que los bancos tienen más capacidad para absorber shocks que en 2008.

    Se tranquiliza con el hecho de que los bancos están “mucho más capitalizados ahora”; es decir, cuentan con mayores reservas de capital, en lugar de depender del dinero prestado.

    “No creo que, si hay tensiones, sean de la misma magnitud”, afirma.

    Mohamed el Erian coincide, hasta cierto punto.

    “No estamos exactamente en el escenario de 2008 porque no creo que el sistema bancario —y, por tanto, el dinero de los depositantes y el sistema de pagos— esté en riesgo. Pero sí estamos en un momento similar a 2008 en el sentido de que el sistema financiero podría agravar las fragilidades económicas que nos lleven a una recesión”.

    Y si eso ocurre, no tiene dudas sobre quiénes sufrirán más.

    “Las fragilidades económicas y financieras tienden a exponer a los segmentos más vulnerables de la población. Son los que tienen menor capacidad de resistencia y suelen ser los más golpeados”.

    Bobby Seagull, ahora profesor de matemáticas, afirma que los mercados financieros son hoy en día aún más complejos y que nunca se sabe muy bien qué sorpresas desagradables acechan bajo la superficie.

    “Es como si te pasaras instrumentos financieros de una persona a otra sin saber muy bien qué hay dentro. Y creo que lo preocupante es que, si ocurre algo, la situación se agrava muy rápidamente en los mercados financieros. Y ahí es donde no quieres ser la última persona que se queda con ese paquete”.

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    BBC

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  • Un magnate indio ofrece refugio a los hipopótamos de Pablo Escobar

    This post was originally published on this site.

    Colombia anunció un plan para aplicar la eutanasia a 80 hipopótamos descendientes de los importados hace 40 años. Ahora, un multimillonario dice que quiere llevarlos a India.

    No se les conoce ningún gusto por la hoja de coca. Pero los hambrientos hipopótamos del departamento colombiano de Antioquia han estado arrasando una buena parte de la flora pantanosa que bordea los cursos de agua de la cuenca del río Magdalena.

    La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Irene Vélez Torres, dijo que, si no se les controla, seguirán reproduciéndose y destruyendo el ecosistema local: son una especie invasora procedente de África, importada por Pablo Escobar, el capo de la droga más famoso del mundo.

    A mediados de este mes, Vélez hizo pública una propuesta para matar al menos a 80 de los animales a finales de este año, después de que un intento de esterilizar la manada, que ahora cuenta con unas 200 cabezas, resultara decepcionante.

    Y entonces apareció Anant Ambani, vástago de la familia más adinerada de Asia, con un patrimonio superior a 100.000 millones de dólares. Alarmado por la matanza proyectada, hizo que su propio parque privado de fauna salvaje en el oeste de India ofreciera a los hipopótamos un nuevo hogar, en un reflejo de la “creencia de que cada vida importa y de que compartimos la responsabilidad de proteger la vida siempre que sea posible”. Propuso una “translocación científicamente dirigida” de los animales a Vantara, en Jamnagar, parte del estado de Gujarat.

    Vantara es un santuario de vida salvaje de 1416 hectáreas en la costa de matorrales donde los Ambani han hecho una fortuna explotando la mayor refinería de petróleo del mundo. Sus detractores en India lo llaman zoológico. La organización de Ambani prefiere el término “centro de rescate, rehabilitación y conservación de animales”.

    El proyecto le es tan querido que los festejos previos a su boda en 2024, entre los más vistosos del mundo, culminaron en una área alejada de Jamnagar para que los invitados pudieran ver el recinto. Rihanna cantó, mientras que Mark Zuckerberg y otros ejecutivos y famosos de todo el mundo se unieron a la fiesta. El primer ministro de India, Narendra Modi, inauguró formalmente Vantara un año después, y en diciembre Lionel Messi fue llevado al lugar para que participara en un ritual hindú.

    Así pues, Vantara, cuyo nombre significa “estrella del bosque”, debería ser un hogar convenientemente repleto de estrellas para los hipopótamos trotamundos criados en un entorno relativamente llamativo.ed home for globe-trotting hippos reared in a relatively flashy milieu.

    Los hipopótamos fueron comprados en la década de 1980 por Escobar. Aprovechando las ganancias del tráfico de cocaína, creó su propio zoológico en una hacienda aislada. Los hipopótamos encontraron compañía en otros animales traídos de África, como cebras y un avestruz.

    Los hipopótamos son nativos de los humedales de África y de ningún otro lugar. Tras la muerte de Escobar en 1993, se dejó a su prole campar a sus anchas.

    Vélez, ministra colombiana y antigua activista medioambiental, había insistido en que matar a los hipopótamos sería el último recurso. Poco después de que se propusiera la orden, acudió a las redes sociales para explicar que se había hablado con otros seis países como posibles destinos de los hipopótamos.

    México parecía un posible destino, pero no podía importar criaturas salvajes debido a su observancia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Vélez también mencionó una intrigante reunión en la embajada de India en Bogotá.

    El gobierno indio tendría que implicarse en la misión de misericordia de Ambani, si quiere que salga adelante. Bajo el liderazgo de Modi, India ha demostrado su audacia para este tipo de empresas, no solo para salvar vidas, sino también con la idea de importar nuevas especies de hábitats lejanos.

    Los guepardos, antaño endémicos de India, fueron cazados hasta su extinción a principios del siglo XX. Con cierto aspaviento, Modi supervisó un experimento para llevar guepardos africanos de Namibia a centros de cría en India en 2022, aunque muchos de ellos han muerto.

    MK Ranjitsinh Jhala, expresidente del Wildlife Trust de India, dijo que, mientras se respeten las normas de la CITES, si Ambani “quiere tener un zoológico privado, no debería haber ninguna objeción”.

    Pero discrepó con la idea de que Vantara, con sus miles de animales exóticos, cuente como un proyecto legítimo de conservación. “Si se trata de que se le conceda un estatuto especial en virtud de la Ley de Protección de la Fauna Salvaje de India como centro de rescate”, dijo Jhala, “entonces al país le gustaría saber: ¿cuántos animales que él ha ‘rescatado’ en India han sido devueltos a la naturaleza, en India?”.

    Un portavoz de Vantara dijo que al menos algunos de los animales indios bajo su cuidado han sido devueltos a la naturaleza, a través de su programa de rehabilitación. Pero la mayoría de las criaturas criadas por manos humanas o transportadas desde sus hábitats nativos, nunca pueden ser liberadas, dijo. Simplemente necesitan un hogar tranquilo.

    Suhasini Raj colaboró con la reportería.

    Suhasini Raj colaboró con la reportería.

  • Un magnate indio ofrece refugio a los hipopótamos de Pablo Escobar

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    Colombia anunció un plan para aplicar la eutanasia a 80 hipopótamos descendientes de los importados hace 40 años. Ahora, un multimillonario dice que quiere llevarlos a India.

    No se les conoce ningún gusto por la hoja de coca. Pero los hambrientos hipopótamos del departamento colombiano de Antioquia han estado arrasando una buena parte de la flora pantanosa que bordea los cursos de agua de la cuenca del río Magdalena.

    La ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Irene Vélez Torres, dijo que, si no se les controla, seguirán reproduciéndose y destruyendo el ecosistema local: son una especie invasora procedente de África, importada por Pablo Escobar, el capo de la droga más famoso del mundo.

    A mediados de este mes, Vélez hizo pública una propuesta para matar al menos a 80 de los animales a finales de este año, después de que un intento de esterilizar la manada, que ahora cuenta con unas 200 cabezas, resultara decepcionante.

    Y entonces apareció Anant Ambani, vástago de la familia más adinerada de Asia, con un patrimonio superior a 100.000 millones de dólares. Alarmado por la matanza proyectada, hizo que su propio parque privado de fauna salvaje en el oeste de India ofreciera a los hipopótamos un nuevo hogar, en un reflejo de la “creencia de que cada vida importa y de que compartimos la responsabilidad de proteger la vida siempre que sea posible”. Propuso una “translocación científicamente dirigida” de los animales a Vantara, en Jamnagar, parte del estado de Gujarat.

    Vantara es un santuario de vida salvaje de 1416 hectáreas en la costa de matorrales donde los Ambani han hecho una fortuna explotando la mayor refinería de petróleo del mundo. Sus detractores en India lo llaman zoológico. La organización de Ambani prefiere el término “centro de rescate, rehabilitación y conservación de animales”.

    El proyecto le es tan querido que los festejos previos a su boda en 2024, entre los más vistosos del mundo, culminaron en una área alejada de Jamnagar para que los invitados pudieran ver el recinto. Rihanna cantó, mientras que Mark Zuckerberg y otros ejecutivos y famosos de todo el mundo se unieron a la fiesta. El primer ministro de India, Narendra Modi, inauguró formalmente Vantara un año después, y en diciembre Lionel Messi fue llevado al lugar para que participara en un ritual hindú.

    Así pues, Vantara, cuyo nombre significa “estrella del bosque”, debería ser un hogar convenientemente repleto de estrellas para los hipopótamos trotamundos criados en un entorno relativamente llamativo.ed home for globe-trotting hippos reared in a relatively flashy milieu.

    Los hipopótamos fueron comprados en la década de 1980 por Escobar. Aprovechando las ganancias del tráfico de cocaína, creó su propio zoológico en una hacienda aislada. Los hipopótamos encontraron compañía en otros animales traídos de África, como cebras y un avestruz.

    Los hipopótamos son nativos de los humedales de África y de ningún otro lugar. Tras la muerte de Escobar en 1993, se dejó a su prole campar a sus anchas.

    Vélez, ministra colombiana y antigua activista medioambiental, había insistido en que matar a los hipopótamos sería el último recurso. Poco después de que se propusiera la orden, acudió a las redes sociales para explicar que se había hablado con otros seis países como posibles destinos de los hipopótamos.

    México parecía un posible destino, pero no podía importar criaturas salvajes debido a su observancia de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Vélez también mencionó una intrigante reunión en la embajada de India en Bogotá.

    El gobierno indio tendría que implicarse en la misión de misericordia de Ambani, si quiere que salga adelante. Bajo el liderazgo de Modi, India ha demostrado su audacia para este tipo de empresas, no solo para salvar vidas, sino también con la idea de importar nuevas especies de hábitats lejanos.

    Los guepardos, antaño endémicos de India, fueron cazados hasta su extinción a principios del siglo XX. Con cierto aspaviento, Modi supervisó un experimento para llevar guepardos africanos de Namibia a centros de cría en India en 2022, aunque muchos de ellos han muerto.

    MK Ranjitsinh Jhala, expresidente del Wildlife Trust de India, dijo que, mientras se respeten las normas de la CITES, si Ambani “quiere tener un zoológico privado, no debería haber ninguna objeción”.

    Pero discrepó con la idea de que Vantara, con sus miles de animales exóticos, cuente como un proyecto legítimo de conservación. “Si se trata de que se le conceda un estatuto especial en virtud de la Ley de Protección de la Fauna Salvaje de India como centro de rescate”, dijo Jhala, “entonces al país le gustaría saber: ¿cuántos animales que él ha ‘rescatado’ en India han sido devueltos a la naturaleza, en India?”.

    Un portavoz de Vantara dijo que al menos algunos de los animales indios bajo su cuidado han sido devueltos a la naturaleza, a través de su programa de rehabilitación. Pero la mayoría de las criaturas criadas por manos humanas o transportadas desde sus hábitats nativos, nunca pueden ser liberadas, dijo. Simplemente necesitan un hogar tranquilo.

    Suhasini Raj colaboró con la reportería.

    Suhasini Raj colaboró con la reportería.

  • La lista completa de invitados a la cena de Estado de Trump con Carlos y Camila

    La lista completa de invitados a la cena de Estado de Trump con Carlos y Camila

    This post was originally published on this site.

    Seis miembros de la Corte Suprema fueron invitados a la cena, junto con altos funcionarios del gobierno, multimillonarios y legisladores republicanos.

    Más de 100 invitados acudieron a la cena de Estado que el presidente Donald Trump ofreció el martes por la noche para el rey Carlos III del Reino Unido y a la reina Camila. La lista incluía a muchos aliados y amigos de Trump, altos funcionarios del gobierno, seis jueces de la Corte Suprema, legisladores republicanos, multimillonarios y otras figuras conservadoras.

    He aquí la lista completa de invitados facilitada por la Casa Blanca.

    • El presidente Donald Trump y Melania Trump, la primera dama

    • El rey Carlos III del Reino Unido y la reina Camila

    • Sir Clive Alderton, principal secretario privado del rey y la reina

    • El juez Samuel Alito Jr. y Martha-Ann Alito

    • Tobyn Andreae, director de comunicaciones de la casa real

    • Marc Andreessen, capitalista de riesgo, y Laura Arrillaga-Andreessen

    • Bret Baier, presentador de Fox News, y Amy Baier

    • John Barrasso, senador republicano por Wyoming

    • Maria Bartiromo, presentadora de Fox Business, y Jonathan Steinberg

    • Marc Benioff, director ejecutivo de Salesforce, y Lynne Benioff

    • Scott Bessent, secretario del Tesoro, y John Freeman

    • Jeff Bezos, fundador de Amazon, y Lauren Sánchez Bezos

    • James Blair, asesor de Trump, y Samantha Blair

    • Senay Bulbul, ministro consejero de la embajada británica en Washington

    • Doug Burgum, secretario del Interior, y Kathryn Burgum

    • El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto

    • Varun Chandra, asesor principal de negocios, inversiones y comercio del primer ministro

    • La jueza Amy Coney Barrett y Jesse Barrett

    • Tim Cook, director ejecutivo de Apple

    • Yvette Cooper, secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, de la Mancomunidad y de Desarrollo

    • Steve Daines, senador republicano por Montana

    • Sophie Densham, secretaria privada de la reina

    • Sean Duffy, secretario de Transportes, y Rachel Campos-Duffy

    • Ainsley Earhardt, presentadora de Fox News

    • David Ellison, director ejecutivo de Paramount

    • Pepe Fanjul, empresario, y Emilia Fanjul

    • Edward Forst, administrador de la Administración General de Servicios

    • El juez Neil M. Gorsuch y Marie Louise Gorsuch

    • Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur

    • Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, y Marlo Greer

    • Greg Gutfeld, presentador de Fox News, y Elena Mussa

    • Beau Harrison, asesor de la Casa Blanca, y Hayley Harrison

    • Pete Hegseth, secretario de Defensa, y Jennifer Hegseth

    • Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, y Lori Huang

    • Caroline Hurndall, secretaria particular principal del ministro de Asuntos Exteriores

    • Laura Ingraham, presentadora de Fox News

    • Otis Irwin

    • Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, y Kelly Johnson

    • Tham Kannalikham, diseñadora de interiores

    • El juez Brett Kavanaugh y Ashley Kavanaugh

    • Howard Kessler, empresario, y Michele Kessler

    • Viktor Knavs, padre de Melania Trump

    • Robert Kraft, propietario de los New England Patriots, y Dana Kraft

    • Harry Lopes

    • Juan Luciano, director ejecutivo de Archer Daniels Midland

    • Howard Lutnick, secretario de Comercio, y Allison Lutnick

    • Rory McIlroy, golfista profesional, y Erica Stoll

    • Stephen Miller, asesor del presidente, y Katie Miller

    • Brendan Nelson, presidente de Boeing Global

    • Meg O’Neill, directora ejecutiva de BP

    • John Paulson, gestor de fondos de cobertura, y Alina de Almeida

    • Isaac Perlmutter, exdirector ejecutivo de Marvel Entertainment, y Laura Perlmutter

    • Hervé Pierre, diseñador de moda

    • Keith Poole, editor jefe de The New York Post

    • Ruth Porat, presidenta y directora de inversiones de Alphabet y Google

    • Dina Powell McCormick, vicepresidenta de la junta y presidenta de Meta, y Dave McCormick, senador republicano por Pensilvania

    • Anthony Pratt, presidente de Visy/Pratt Industries, y Claudine Revere, fundadora de Relish Catering + Hospitality

    • Adam Riddle

    • Jim Risch, senador republicano por Idaho, y Vicki Risch

    • Don Robert, presidente del London Stock Exchange Group

    • El presidente de la corte John Roberts Jr. y Jane Roberts

    • John F. W. Rogers, vicepresidente ejecutivo de Goldman Sachs

    • James Roscoe, jefe adjunto de misión, Embajada Británica

    • Marco Rubio, secretario de Estado, y Jeanette Rubio

    • Christopher Ruddy, director ejecutivo de Newsmax Media

    • Theo Rycroft, subsecretario privado del rey

    • Dan Scavino, jefe adjunto de personal de la Casa Blanca, y Erin Scavino

    • Steve Schwarzman, director ejecutivo del Grupo Blackstone, y Christine Schwarzman

    • Suzanne Scott, directora ejecutiva de Fox News Media

    • Brian Sikes, director ejecutivo de Cargill

    • Warren Stephens, embajador de Estados Unidos en el Reino Unido, y Harriet Stephens.

    • El juez Clarence Thomas y Virginia Thomas

    • El teniente coronel Jonny Thompson, caballerizo del rey

    • John Thune, senador republicano por Dakota del Sur y líder de la mayoría, y Kimberley Thune

    • Eric Trump y Lara Trump

    • Ivanka Trump y Jared Kushner

    • Tiffany Trump y Michael Boulos

    • Christian Turner, embajador británico en Estados Unidos, y Claire Turner

    • El vicepresidente JD Vance y Usha Vance, la segunda dama

    • C. S. Venkatakrishnan, director ejecutivo de Barclays

    • Jesse Watters, presentador de Fox News, y Emma Watters

    • Steve Witkoff, enviado especial a Medio Oriente, y Lauren Olaya

  • La lista completa de invitados a la cena de Estado de Trump con Carlos y Camila

    La lista completa de invitados a la cena de Estado de Trump con Carlos y Camila

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    Seis miembros de la Corte Suprema fueron invitados a la cena, junto con altos funcionarios del gobierno, multimillonarios y legisladores republicanos.

    Más de 100 invitados acudieron a la cena de Estado que el presidente Donald Trump ofreció el martes por la noche para el rey Carlos III del Reino Unido y a la reina Camila. La lista incluía a muchos aliados y amigos de Trump, altos funcionarios del gobierno, seis jueces de la Corte Suprema, legisladores republicanos, multimillonarios y otras figuras conservadoras.

    He aquí la lista completa de invitados facilitada por la Casa Blanca.

    • El presidente Donald Trump y Melania Trump, la primera dama

    • El rey Carlos III del Reino Unido y la reina Camila

    • Sir Clive Alderton, principal secretario privado del rey y la reina

    • El juez Samuel Alito Jr. y Martha-Ann Alito

    • Tobyn Andreae, director de comunicaciones de la casa real

    • Marc Andreessen, capitalista de riesgo, y Laura Arrillaga-Andreessen

    • Bret Baier, presentador de Fox News, y Amy Baier

    • John Barrasso, senador republicano por Wyoming

    • Maria Bartiromo, presentadora de Fox Business, y Jonathan Steinberg

    • Marc Benioff, director ejecutivo de Salesforce, y Lynne Benioff

    • Scott Bessent, secretario del Tesoro, y John Freeman

    • Jeff Bezos, fundador de Amazon, y Lauren Sánchez Bezos

    • James Blair, asesor de Trump, y Samantha Blair

    • Senay Bulbul, ministro consejero de la embajada británica en Washington

    • Doug Burgum, secretario del Interior, y Kathryn Burgum

    • El general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto

    • Varun Chandra, asesor principal de negocios, inversiones y comercio del primer ministro

    • La jueza Amy Coney Barrett y Jesse Barrett

    • Tim Cook, director ejecutivo de Apple

    • Yvette Cooper, secretaria de Estado de Asuntos Exteriores, de la Mancomunidad y de Desarrollo

    • Steve Daines, senador republicano por Montana

    • Sophie Densham, secretaria privada de la reina

    • Sean Duffy, secretario de Transportes, y Rachel Campos-Duffy

    • Ainsley Earhardt, presentadora de Fox News

    • David Ellison, director ejecutivo de Paramount

    • Pepe Fanjul, empresario, y Emilia Fanjul

    • Edward Forst, administrador de la Administración General de Servicios

    • El juez Neil M. Gorsuch y Marie Louise Gorsuch

    • Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur

    • Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, y Marlo Greer

    • Greg Gutfeld, presentador de Fox News, y Elena Mussa

    • Beau Harrison, asesor de la Casa Blanca, y Hayley Harrison

    • Pete Hegseth, secretario de Defensa, y Jennifer Hegseth

    • Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, y Lori Huang

    • Caroline Hurndall, secretaria particular principal del ministro de Asuntos Exteriores

    • Laura Ingraham, presentadora de Fox News

    • Otis Irwin

    • Mike Johnson, presidente de la Cámara de Representantes, y Kelly Johnson

    • Tham Kannalikham, diseñadora de interiores

    • El juez Brett Kavanaugh y Ashley Kavanaugh

    • Howard Kessler, empresario, y Michele Kessler

    • Viktor Knavs, padre de Melania Trump

    • Robert Kraft, propietario de los New England Patriots, y Dana Kraft

    • Harry Lopes

    • Juan Luciano, director ejecutivo de Archer Daniels Midland

    • Howard Lutnick, secretario de Comercio, y Allison Lutnick

    • Rory McIlroy, golfista profesional, y Erica Stoll

    • Stephen Miller, asesor del presidente, y Katie Miller

    • Brendan Nelson, presidente de Boeing Global

    • Meg O’Neill, directora ejecutiva de BP

    • John Paulson, gestor de fondos de cobertura, y Alina de Almeida

    • Isaac Perlmutter, exdirector ejecutivo de Marvel Entertainment, y Laura Perlmutter

    • Hervé Pierre, diseñador de moda

    • Keith Poole, editor jefe de The New York Post

    • Ruth Porat, presidenta y directora de inversiones de Alphabet y Google

    • Dina Powell McCormick, vicepresidenta de la junta y presidenta de Meta, y Dave McCormick, senador republicano por Pensilvania

    • Anthony Pratt, presidente de Visy/Pratt Industries, y Claudine Revere, fundadora de Relish Catering + Hospitality

    • Adam Riddle

    • Jim Risch, senador republicano por Idaho, y Vicki Risch

    • Don Robert, presidente del London Stock Exchange Group

    • El presidente de la corte John Roberts Jr. y Jane Roberts

    • John F. W. Rogers, vicepresidente ejecutivo de Goldman Sachs

    • James Roscoe, jefe adjunto de misión, Embajada Británica

    • Marco Rubio, secretario de Estado, y Jeanette Rubio

    • Christopher Ruddy, director ejecutivo de Newsmax Media

    • Theo Rycroft, subsecretario privado del rey

    • Dan Scavino, jefe adjunto de personal de la Casa Blanca, y Erin Scavino

    • Steve Schwarzman, director ejecutivo del Grupo Blackstone, y Christine Schwarzman

    • Suzanne Scott, directora ejecutiva de Fox News Media

    • Brian Sikes, director ejecutivo de Cargill

    • Warren Stephens, embajador de Estados Unidos en el Reino Unido, y Harriet Stephens.

    • El juez Clarence Thomas y Virginia Thomas

    • El teniente coronel Jonny Thompson, caballerizo del rey

    • John Thune, senador republicano por Dakota del Sur y líder de la mayoría, y Kimberley Thune

    • Eric Trump y Lara Trump

    • Ivanka Trump y Jared Kushner

    • Tiffany Trump y Michael Boulos

    • Christian Turner, embajador británico en Estados Unidos, y Claire Turner

    • El vicepresidente JD Vance y Usha Vance, la segunda dama

    • C. S. Venkatakrishnan, director ejecutivo de Barclays

    • Jesse Watters, presentador de Fox News, y Emma Watters

    • Steve Witkoff, enviado especial a Medio Oriente, y Lauren Olaya

  • El rey Carlos refutó de forma sutil a Trump

    El rey Carlos refutó de forma sutil a Trump

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    El rey Carlos III citó a Oscar Wilde cuando bromeó que los británicos tienen todo en común con Estados Unidos “excepto, por supuesto, el idioma”. El presidente Donald Trump dijo que la sombría lluvia de la mañana le recordaba un “hermoso día británico” y señaló que su madre pensaba que el joven príncipe Carlos era “tan lindo”. Ambos hablaron con poesía de los lazos que unen a sus países.

    Y, sin embargo, en el primer día completo de una visita de Estado enfocada en la historia compartida entre Estados Unidos y el Reino Unido, el rey intercaló algunas refutaciones muy sutiles a Trump. Carlos habló el martes del valor de la alianza transatlántica, de la importancia de los controles y equilibrios y de su pasión por el medio ambiente. Incluso habló de su época en la Marina Real, después de que Trump menospreciara las capacidades navales británicas en las últimas semanas.

    El rey incluyó sus réplicas en un discurso más bien desenfadado ante el Congreso, el martes por la tarde, y en unas palabras pronunciadas por la noche en un banquete oficial en la Casa Blanca.

    “Tengan la seguridad de que no estoy aquí como parte de una astuta acción de retaguardia”, dijo el rey a los legisladores por la tarde, en la que fue apenas la segunda ocasión que un monarca británico se dirigía al Congreso.

    Las apariciones públicas, en su mayoría disciplinadas y cuidadosas, tanto de Carlos como de Trump se produjeron en un momento funesto de las relaciones británico-estadounidenses, posiblemente en su punto más bajo en décadas a causa de la guerra en Irán y los mordaces ataques de Trump a la OTAN.

    Pero por un día (y quizá solo por un día), la relación especial que se ha desarrollado en los últimos 250 años pareció –al menos en apariencia– especial.

    De forma poco habitual en la era Trump, el presidente se ciñó principalmente a su guión durante los actos ceremoniales del día. No invitó a una horda de periodistas al Despacho Oval justo antes de su reunión para responder a preguntas sobre Irán, el salón de baile o Groenlandia en presencia de su dignatario extranjero visitante. No arremetió contra ningún aliado mundial.

    En un comentario aparentemente improvisado durante la cena de Estado, Trump se refirió a la guerra en Irán e insistió en que “Carlos está de acuerdo conmigo”. Fue un momento incómodo porque Carlos se mantiene deliberadamente al margen de tales asuntos relacionados con la guerra y la política.

    Sin embargo, en general, Trump se deshizo en elogios hacia el rey durante todo el día.

    “Antes de que proclamáramos nuestra independencia, los estadounidenses llevábamos dentro el más inusual de los dones: la valentía moral, y procedía de un pequeño pero poderoso reino al otro lado del mar”, dijo Trump el martes por la mañana al dar la bienvenida a Carlos a la Casa Blanca.

    Hay pocos indicios en la historia más reciente de que una era de buenos sentimientos vaya a durar mucho más allá de la partida del jet de la pareja real de las costas estadounidenses el jueves, sobre todo porque el conocido afecto de Trump por la realeza no se extiende al gobierno británico.

    Trump está furioso con el Reino Unido por su negativa a unirse a la lucha contra Irán, y su gobierno sigue acusando al gobierno británico de negar la libertad de expresión a las voces conservadoras. En Londres, el primer ministro Keir Starmer promete no dejarse arrastrar a otra guerra elegida por Estados Unidos, y se eriza ante la descripción que hace el presidente de los portaaviones británicos como nada más que “juguetes”.

    No es probable que esas diferencias se borren con la primera visita del rey a Estados Unidos como monarca británico. Por ley y tradición, se supone que el rey debe estar por encima de las disputas que a menudo atormentan a los dirigentes de ambos gobiernos.

    Trump fue invitado de la familia real a una cena de estado en el castillo de Windsor en septiembre, una experiencia que describió como “uno de los mayores honores de mi vida”. Meses después, tachó a Starmer de cobarde por no entrar en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

    “Eso no fue hace mucho tiempo y mira dónde estamos en términos de relación bilateral”, dijo Philippe Dickinson, director adjunto de la Iniciativa de Seguridad Transatlántica del Consejo Atlántico. “Puede ser citado como prueba por quienes van a argumentar que son palabras bonitas un día y olvidadas al día siguiente”.

    Carlos eligió cuidadosamente sus palabras durante sus declaraciones públicas.

    Durante su discurso ante el Congreso, pareció abordar -de forma indirecta– el escándalo de Jeffrey Epstein, que ha causado dolores de cabeza políticos al gobierno de Trump y ha provocado una ruptura en la familia real.

    “En nuestros dos países, es precisamente el hecho de que nuestras sociedades sean vibrantes, diversas y libres lo que nos da nuestra fuerza colectiva, entre otras cosas para apoyar a las víctimas de algunos de los males que, por desgracia, existen hoy en nuestras dos sociedades”, dijo Carlos.

    También se llevó una ovación de pie durante su discurso ante el Congreso cuando habló de cómo el concepto de controles y equilibrios en el gobierno estadounidense tiene sus raíces en la historia inglesa. Trump ha trabajado para ampliar significativamente el poder ejecutivo.

    Carlos dijo que la Sociedad Histórica de la Corte Suprema de Estados Unidos descubrió que la Carta Magna se citaba en al menos 160 casos de la Corte Suprema desde 1789, “sobre todo como fundamento del principio de que el poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios”.

    Habló de “las maravillas naturales” de Estados Unidos y de “nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar la naturaleza, nuestro bien más preciado e irremplazable”. Carlos es un ávido ecologista; Trump, por el contrario, se retiró del Acuerdo de París sobre el cambio climático, con lo que convirtió a Estados Unidos en el único país del mundo que ha abandonado el compromiso internacional de frenar el calentamiento global.

    El rey habló de su propio servicio en la Marina Real hace más de medio siglo, y repitió la afirmación de Starmer de que el Reino Unido se había “comprometido al mayor aumento sostenido del gasto en defensa desde la Guerra Fría”.

    También rebatió, con delicadeza, los ataques de Trump al Reino Unido y a la alianza de la OTAN por no unirse a la guerra en Irán. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el rey dijo a los legisladores: “Respondimos juntos al llamado, como lo ha hecho nuestro pueblo durante más de un siglo”.

    Y al comienzo de la cena de Estado de la noche, Carlos recordó cómo las dos naciones han tenido “momentos de dificultad” en el pasado, como en 1957, cuando la reina Isabel II visitó Estados Unidos tras la crisis del canal de Suez.

    “Es difícil imaginar que algo así ocurra hoy en día”, dijo Carlos, mientras algunos invitados a la cena se reían, lo que hizo que Trump se volviera y sonriera. “Pero no es difícil darse cuenta de lo importante que sigue siendo la relación, tanto en asuntos que se ven como en los que no”.

    Aunque no estaba claro si el llamado del rey bastaría para restañar las heridas de la relación transatlántica, Dickinson dijo que probablemente los británicos esperaban que la visita creara una vía de recuperación.

    “Por eso el gobierno valora a la familia real como un as diplomático en la mano”, dijo. “No es una varita mágica, pero ayuda”.

    Michael D. Shear es un corresponsal sénior del Times que cubre la política y la cultura del Reino Unido y la diplomacia de todo el mundo.

    Zolan Kanno-Youngs es corresponsal de la Casa Blanca para el Times, y cubre al presidente Trump y su gobierno.

  • El rey Carlos refutó de forma sutil a Trump

    El rey Carlos refutó de forma sutil a Trump

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    El rey Carlos III citó a Oscar Wilde cuando bromeó que los británicos tienen todo en común con Estados Unidos “excepto, por supuesto, el idioma”. El presidente Donald Trump dijo que la sombría lluvia de la mañana le recordaba un “hermoso día británico” y señaló que su madre pensaba que el joven príncipe Carlos era “tan lindo”. Ambos hablaron con poesía de los lazos que unen a sus países.

    Y, sin embargo, en el primer día completo de una visita de Estado enfocada en la historia compartida entre Estados Unidos y el Reino Unido, el rey intercaló algunas refutaciones muy sutiles a Trump. Carlos habló el martes del valor de la alianza transatlántica, de la importancia de los controles y equilibrios y de su pasión por el medio ambiente. Incluso habló de su época en la Marina Real, después de que Trump menospreciara las capacidades navales británicas en las últimas semanas.

    El rey incluyó sus réplicas en un discurso más bien desenfadado ante el Congreso, el martes por la tarde, y en unas palabras pronunciadas por la noche en un banquete oficial en la Casa Blanca.

    “Tengan la seguridad de que no estoy aquí como parte de una astuta acción de retaguardia”, dijo el rey a los legisladores por la tarde, en la que fue apenas la segunda ocasión que un monarca británico se dirigía al Congreso.

    Las apariciones públicas, en su mayoría disciplinadas y cuidadosas, tanto de Carlos como de Trump se produjeron en un momento funesto de las relaciones británico-estadounidenses, posiblemente en su punto más bajo en décadas a causa de la guerra en Irán y los mordaces ataques de Trump a la OTAN.

    Pero por un día (y quizá solo por un día), la relación especial que se ha desarrollado en los últimos 250 años pareció –al menos en apariencia– especial.

    De forma poco habitual en la era Trump, el presidente se ciñó principalmente a su guión durante los actos ceremoniales del día. No invitó a una horda de periodistas al Despacho Oval justo antes de su reunión para responder a preguntas sobre Irán, el salón de baile o Groenlandia en presencia de su dignatario extranjero visitante. No arremetió contra ningún aliado mundial.

    En un comentario aparentemente improvisado durante la cena de Estado, Trump se refirió a la guerra en Irán e insistió en que “Carlos está de acuerdo conmigo”. Fue un momento incómodo porque Carlos se mantiene deliberadamente al margen de tales asuntos relacionados con la guerra y la política.

    Sin embargo, en general, Trump se deshizo en elogios hacia el rey durante todo el día.

    “Antes de que proclamáramos nuestra independencia, los estadounidenses llevábamos dentro el más inusual de los dones: la valentía moral, y procedía de un pequeño pero poderoso reino al otro lado del mar”, dijo Trump el martes por la mañana al dar la bienvenida a Carlos a la Casa Blanca.

    Hay pocos indicios en la historia más reciente de que una era de buenos sentimientos vaya a durar mucho más allá de la partida del jet de la pareja real de las costas estadounidenses el jueves, sobre todo porque el conocido afecto de Trump por la realeza no se extiende al gobierno británico.

    Trump está furioso con el Reino Unido por su negativa a unirse a la lucha contra Irán, y su gobierno sigue acusando al gobierno británico de negar la libertad de expresión a las voces conservadoras. En Londres, el primer ministro Keir Starmer promete no dejarse arrastrar a otra guerra elegida por Estados Unidos, y se eriza ante la descripción que hace el presidente de los portaaviones británicos como nada más que “juguetes”.

    No es probable que esas diferencias se borren con la primera visita del rey a Estados Unidos como monarca británico. Por ley y tradición, se supone que el rey debe estar por encima de las disputas que a menudo atormentan a los dirigentes de ambos gobiernos.

    Trump fue invitado de la familia real a una cena de estado en el castillo de Windsor en septiembre, una experiencia que describió como “uno de los mayores honores de mi vida”. Meses después, tachó a Starmer de cobarde por no entrar en la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.

    “Eso no fue hace mucho tiempo y mira dónde estamos en términos de relación bilateral”, dijo Philippe Dickinson, director adjunto de la Iniciativa de Seguridad Transatlántica del Consejo Atlántico. “Puede ser citado como prueba por quienes van a argumentar que son palabras bonitas un día y olvidadas al día siguiente”.

    Carlos eligió cuidadosamente sus palabras durante sus declaraciones públicas.

    Durante su discurso ante el Congreso, pareció abordar -de forma indirecta– el escándalo de Jeffrey Epstein, que ha causado dolores de cabeza políticos al gobierno de Trump y ha provocado una ruptura en la familia real.

    “En nuestros dos países, es precisamente el hecho de que nuestras sociedades sean vibrantes, diversas y libres lo que nos da nuestra fuerza colectiva, entre otras cosas para apoyar a las víctimas de algunos de los males que, por desgracia, existen hoy en nuestras dos sociedades”, dijo Carlos.

    También se llevó una ovación de pie durante su discurso ante el Congreso cuando habló de cómo el concepto de controles y equilibrios en el gobierno estadounidense tiene sus raíces en la historia inglesa. Trump ha trabajado para ampliar significativamente el poder ejecutivo.

    Carlos dijo que la Sociedad Histórica de la Corte Suprema de Estados Unidos descubrió que la Carta Magna se citaba en al menos 160 casos de la Corte Suprema desde 1789, “sobre todo como fundamento del principio de que el poder ejecutivo está sujeto a controles y equilibrios”.

    Habló de “las maravillas naturales” de Estados Unidos y de “nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar la naturaleza, nuestro bien más preciado e irremplazable”. Carlos es un ávido ecologista; Trump, por el contrario, se retiró del Acuerdo de París sobre el cambio climático, con lo que convirtió a Estados Unidos en el único país del mundo que ha abandonado el compromiso internacional de frenar el calentamiento global.

    El rey habló de su propio servicio en la Marina Real hace más de medio siglo, y repitió la afirmación de Starmer de que el Reino Unido se había “comprometido al mayor aumento sostenido del gasto en defensa desde la Guerra Fría”.

    También rebatió, con delicadeza, los ataques de Trump al Reino Unido y a la alianza de la OTAN por no unirse a la guerra en Irán. Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el rey dijo a los legisladores: “Respondimos juntos al llamado, como lo ha hecho nuestro pueblo durante más de un siglo”.

    Y al comienzo de la cena de Estado de la noche, Carlos recordó cómo las dos naciones han tenido “momentos de dificultad” en el pasado, como en 1957, cuando la reina Isabel II visitó Estados Unidos tras la crisis del canal de Suez.

    “Es difícil imaginar que algo así ocurra hoy en día”, dijo Carlos, mientras algunos invitados a la cena se reían, lo que hizo que Trump se volviera y sonriera. “Pero no es difícil darse cuenta de lo importante que sigue siendo la relación, tanto en asuntos que se ven como en los que no”.

    Aunque no estaba claro si el llamado del rey bastaría para restañar las heridas de la relación transatlántica, Dickinson dijo que probablemente los británicos esperaban que la visita creara una vía de recuperación.

    “Por eso el gobierno valora a la familia real como un as diplomático en la mano”, dijo. “No es una varita mágica, pero ayuda”.

    Michael D. Shear es un corresponsal sénior del Times que cubre la política y la cultura del Reino Unido y la diplomacia de todo el mundo.

    Zolan Kanno-Youngs es corresponsal de la Casa Blanca para el Times, y cubre al presidente Trump y su gobierno.

  • En Video | “¿Son disparos?”: el minuto a minuto del caos en la cena en la que se atentó contra Trump

    En Video | “¿Son disparos?”: el minuto a minuto del caos en la cena en la que se atentó contra Trump

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    La que debía ser una de las noches más glamurosas terminó en caos en cuestión de segundos.

    Tras un estruendo durante la tradicional cena de corresponsales en la Casa Blanca el 25 de abril, el ambiente cambió en segundos: los agentes del Servicio Secreto armados entraron en la sala y cientos de invitados se refugiaron bajo las mesas.

    Entre ellos se encontraba Tom Bateman, corresponsal de la BBC en Washington.

    Aunque el motivo del ataque sigue sin estar claro, el sospechoso, Cole Tomas Allen, de 31 años, ha sido acusado de intentar asesinar al presidente Donald Trump y de dos delitos relacionados con armas de fuego.

    En este video, Bateman reconstruye paso a paso lo que ocurrió dentro del salón: desde los primeros instantes de incertidumbre hasta la evacuación del presidente y altos funcionarios.

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