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  • Opinión: Las mujeres están siendo borradas del relato estadounidense

    Opinión: Las mujeres están siendo borradas del relato estadounidense

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    El mensaje que definió al movimiento #MeToo fue “hay que creerles a las mujeres”. Ahora, hay uno nuevo: hay que borrar a las mujeres.

    El ataque del gobierno de Donald Trump a la diversidad, la igualdad y la inclusión ha hecho que el progreso para las mujeres retroceda décadas, y ahora las mujeres se enfrentan a una brecha salarial cada vez mayor y a una reducción de las protecciones laborales. Mientras tanto, los debates sobre las mujeres se han convertido en un tema controversial, un asunto tóxico con demasiada carga política como para abordarlo. Empresas, universidades, bufetes de abogados e instituciones culturales están eliminando las referencias a “mujer” y “género”, incluso en las circunstancias más inocentes.

    El gobierno de Trump ha definido a los programas de diversidad, equidad e inclusión (DEI, por su sigla en inglés) como “DEI ilegal”, a los que describen como “programas, iniciativas o políticas que discriminan, excluyen o dividen a las personas por motivos de raza o sexo”. Pero en la práctica, los aliados del presidente Trump han cuestionado si las mujeres merecen un lugar en el mundo laboral. Han culpado a las mujeres de los incendios forestales del año pasado en California y han tachado a Amy Coney Barrett, jueza conservadora de la Corte Suprema de Estados Unidos, de “contratación DEI” por una sentencia que no les gustó. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, está purgando al ejército de oficiales mujeres de alto rango después de quejarse de que las fuerzas armadas se habían vuelto “afeminadas“. Los nombres de las mujeres han desaparecido de museos, parques, monumentos e incluso del Cementerio Nacional de Arlington.

    Las organizaciones, aterrorizadas de ser el nuevo objetivo del gobierno, están cayendo en lo absurdo. Una investigadora enfocada en la salud materna eliminó las referencias a la discriminación por razón de sexo para obtener financiación federal. Una publicación médica especializada advirtió a los científicos que evitaran usar términos como “femenino” y “mujeres” en las solicitudes de subvención. Después de que el año pasado Ted Cruz, senador por Texas, divulgara una lista de subvenciones supuestamente “progres” de la Fundación Nacional de Ciencias, ProPublica descubrió que algunas fueron incluidas solo porque las descripciones de sus proyectos incluían palabras como “mujer”, como en el caso de una investigadora científica mujer, o “diversificar”, como en el caso de la biodiversidad de las plantas.

    Es una distorsión de la realidad. Por más de una década, reportando sobre las mujeres en el trabajo, mi bandeja de entrada había estado saturada de mensajes de compañías que presumían de su labor en defensa de sus empleadas. Pero la mayoría de las empresas con las que me puse en contacto para este ensayo me rogaron que no las mencionara. En un evento reciente sobre las mujeres en el trabajo, pregunté a una sala de ejecutivos de recursos humanos si sus empresas continuaban sus esfuerzos en materia de diversidad y todas las manos se alzaron. Cuando pregunté quién hablaría de ello públicamente, casi todas las manos bajaron con rapidez. Los ejecutivos dicen que no solo temen al gobierno, sino también a los activistas de derecha y a los trolls misóginos que podrían atacarlos.

    Hasta las empresas con un excelente historial en los ascensos de mujeres no quieren mencionarlo. En un artículo reciente de la Harvard Business Review, los sociólogos Frank Dobbin y Alexandra Kalev identificaron varias iniciativas a disposición de todos los empleados que, en realidad, pueden ser más eficaces que los programas de DEI para impulsar los resultados de los grupos marginados. Destacaron los éxitos de los programas formales de tutoría de IBM, la academia de formación de Walmart y las opciones de horarios favorables para las familia de Gap. Las tres empresas registraron aumentos en el porcentaje de mujeres y personas de color en puestos directivos.

    Eso sí, no pidas a IBM, Walmart o Gap que profundicen en esos resultados impresionantes. Lo hice. Todas se negaron.

    Puede parecer perfectamente razonable, incluso admirable, que las empresas mantengan la boca cerrada mientras avanzan con sus objetivos de diversidad. Al fin y al cabo, nadie quiere ser atacado. En años anteriores, demasiadas empresas exageraron, con mucha palabrería barata sobre la diversidad y poca acción. El problema es que al silenciar la conversación se corre el riesgo de deshacer años de progreso en un momento en que las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en los negocios y en la vida pública. Al borrar a las mujeres de los relatos empresariales, las injusticias contra ellas pasan desapercibidas.

    Ahora, incidentes que en el pasado habrían provocado la indignación pública se están enfrentando al silencio. El mes pasado, en un sorprendente giro, Estados Unidos se negó por primera vez en 70 años a firmar los principios anuales de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer de la ONU, un conjunto anodino de declaraciones que incluyen una reafirmación de sus “compromisos con la igualdad de género” y un llamamiento a derogar las “disposiciones discriminatorias por razón de género”. Un representante de Estados Unidos ante la ONU los tachó de “ideología de género”.

    Sospecho que no te enteraste de este repudio histórico. No es culpa tuya: apenas ha recibido atención pública.

    Las empresas incluso están recortando la financiación de los grupos de recursos para sus trabajadores –grupos de afinidad enfocados en las mujeres, las minorías étnicas y raciales o las comunidades LGBTQ–, a pesar de que muchos no están en el punto de mira del gobierno. En años anteriores, las empresas “presumían de lo que hacían”, me dijo Shelley Correll, socióloga de la Universidad de Stanford. Ahora, las empresas “cancelan grupos de recursos para empleados que no son ilegales”, afirma. Es “una reacción exagerada a lo que incluso Trump les pide que hagan”.

    Como resultado, el año pasado, un informe anual sobre la mujer en el lugar de trabajo concluyó que las mujeres tienen “menos apoyo profesional y menos oportunidades de progresar”. Uno de los defensores anteriores del avance profesional de las mujeres, el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, ahora dice que las empresas necesitan más “energía masculina”.

    Otros grupos marginados también han sido objeto de ataques. Tras el asesinato de George Floyd en 2020, las empresas se apresuraron a hacer declaraciones grandilocuentes y a prometer miles de millones de dólares para combatir la discriminación. La mayoría de esos esfuerzos, como las iniciativas para impulsar a las mujeres en el trabajo, resultaron ser lugares comunes triviales o simples fracasos.

    Borrar a las mujeres del relato de una nación ha sido una estrategia clave que los líderes autoritarios han usado por mucho tiempo para destruir las democracias. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan ha declarado que las mujeres no son iguales a los hombres. En Rusia, se han despenalizado algunas formas de violencia doméstica. Y en Hungría, el gobierno del primer ministro Viktor Orbán ha instado a las mujeres a enfocarse en la maternidad, no en su enorme brecha salarial. Una característica primordial del “manual del autócrata” es “invertir los avances en materia de igualdad de género y derechos de la mujer”, han escrito las académicas de Harvard Erica Chenoweth y Zoe Marks.

    En este momento, los derechos de las mujeres se están erosionando en Estados Unidos. El gobierno de Trump ha abogado por resucitar las familias “tradicionales” en las que la madre es ama de casa. JD Vance argumentó que tener más mujeres en el mundo laboral da como resultado “niños más infelices y menos sanos”. El gobierno demandó hace poco a un distribuidor de Coca-Cola por organizar un retiro para mujeres, alegando que discriminaba a los hombres. Los aliados de Trump han sugerido incluso despojar a las mujeres del derecho al voto.

    Cuando las mujeres se movilizan, los países tienen más probabilidades de ser democracias igualitarias. Por eso los autoritarios temen a las mujeres. El resto de nosotros no deberíamos.

    Joanne Lipman es profesora en la Universidad de Yale.

  • A pesar de las malas críticas, ‘Super Mario Galaxy: la película’ es un megahit

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    La secuela animada recaudó unos 373 millones de dólares en todo el mundo durante sus primeros cinco días en los cines. “A los niños les encanta la película”, dijo un analista de taquilla.

    Los críticos de cine no fueron rivales para Mario.

    A pesar de un torrente de críticas negativas (“gran decepción“, “más tonta que una piedra“, “verla es una tortura“), Super Mario Galaxy: la película, de Illumination Entertainment, recaudó unos 190 millones de dólares en su primer fin de semana desde su estreno el 1 de abril, según Comscore, que hace un seguimiento de los datos de asistencia al cine.

    Super Mario Galaxy: la película, una secuela de animación cuya producción costó unos 110 millones de dólares, recaudó otros 182 millones de dólares en el extranjero, para un total mundial de unos 373 millones de dólares en su primer fin de semana. Su predecesora en la franquicia, Super Mario Bros.: la película, recaudó 378 millones de dólares en todo el mundo en el mismo periodo de 2023 y acabó vendiendo 1400 millones de dólares en entradas.

    La taquilla en su conjunto ha estado en alza últimamente. La venta de entradas ascendió a 1800 millones de dólares en Norteamérica de enero a marzo, un 23 por ciento más que en el mismo periodo del año pasado, según David Gross, analista de taquilla. Entre los éxitos recientes figura Proyecto Fin del Mundo (Amazon MGM), que ha recaudado unos 217 millones de dólares en Norteamérica desde su estreno el 20 de marzo. Scream 7 (Paramount) vendió 120 millones de dólares en entradas a principios de año, un récord para la franquicia.

    Aun así, las ventas de entradas del primer trimestre de este año fueron aproximadamente un 33 por ciento inferiores a las del mismo periodo de años anteriores a la pandemia, dijo Gross.

    Puede que Super Mario Galaxy: la película, distribuida por Universal Pictures y basada en un videojuego de Nintendo, haya recibido reseñas negativas de los críticos, pero los fans fueron mucho más indulgentes. El público le dio una nota de A menos en las encuestas a pie de urna de CinemaScore, señaló Gross en un correo electrónico el sábado.

    “A los niños les encanta la película”, dijo.

    Las películas basadas en videojuegos no son nada nuevo. Tomb Raider: las aventuras de Lara Croft convirtió a Angelina Jolie en una estrella de acción de élite en 2001. Sin embargo, Hollywood empezó a confiar más en los juegos como material original hace unos cinco años. Las adaptaciones de cómics empezaban a perder fuerza, y los estudios necesitaban encontrar nuevas propiedades intelectuales que explotar.

    Los éxitos resultantes incluyen la serie de Sonic: la película de Paramount y Una película de Minecraft, que recaudó 960 millones de dólares en todo el mundo el año pasado para Warner Bros. y Legendary Entertainment.

    Super Mario Galaxy: la película tenía el sello clásico de la maquinaria “demasiado grande para fracasar” de Hollywood. Con la esperanza de obtener otro éxito de 1000 millones de dólares, Universal empezó a comercializar la secuela en noviembre, alineando una vertiginosa serie de colaboraciones (cereales Lucky Charms, Happy Meals de McDonald’s, desodorante Old Spice) y construyendo colosales anuncios inspirados en vitrales en Estados Unidos, Francia, España y Chile. El hermano corporativo de Universal, la NBC, incorporó la película a su cobertura de los Juegos Olímpicos de Invierno, y los parques temáticos de Universal también hicieron sonar los tambores de promoción.

    Brooks Barnes es el corresponsal principal del Times para Hollywood. Escribe sobre la industria del entretenimiento desde hace 25 años.

  • Opinión: Este puede ser el acontecimiento médico más importante de la década

    Opinión: Este puede ser el acontecimiento médico más importante de la década

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    Cuando KJ Muldoon nació en el verano de 2024, a sus padres les dijeron que padecía una enfermedad tan rara que afecta a uno de cada 1,3 millones de recién nacidos. Su enfermedad, una grave deficiencia de una enzima conocida como CPS1, causaba que su pequeño cuerpo fuera incapaz de descomponer las proteínas de forma adecuada, lo que inundaba su sangre de toxinas que podían causarle daños cerebrales o la muerte. Un trasplante de hígado podría corregir el problema, pero KJ era demasiado joven y frágil para someterse a uno. Cada día que pasaba, aumentaba el riesgo de daño neurológico irreversible.

    Lo que ocurrió después puede convertirse en el acontecimiento médico más importante de la década. En solo seis meses, un equipo del Hospital Infantil de Filadelfia y Penn Medicine diseñó una terapia personalizada que podía corregir la única letra mal escrita en el ADN de KJ mediante una tecnología de edición de genes conocida como CRISPR. Para introducir la terapia en las células de KJ, los médicos se basaron en el mismo tipo de tecnología de ARNm detrás de las vacunas COVID-19. Recibió su primera dosis a los 6 meses. Un año después, KJ camina, habla y se desarrolla con normalidad en casa con su familia.

    Las llamamos enfermedades raras, por inusuales, pero el sufrimiento que causan no tiene nada de inusual. Unos 25 millones de estadounidenses, casi uno de cada 13, viven con enfermedades genéticas raras. Más de la mitad son niños, muchos de los cuales no llegarán a cumplir los cinco años. Las familias pasan años en busca de diagnósticos precisos, atraviesan por diagnósticos erróneos y se enfrentan a la ruina económica y el aislamiento. Y aunque los costos médicos directos de las enfermedades raras se estiman en 400 mil millones de dólares al año, los cuales rivalizan con los del cáncer y la enfermedad de Alzheimer, menos del cinco por ciento de ellas tienen tratamientos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés).

    ¿Por qué tan pocos? Porque la economía del desarrollo de fármacos va en contra de las poblaciones pequeñas de pacientes. Cuando una enfermedad afecta solo a unos cientos o miles de personas, es difícil organizar un ensayo clínico, y el rendimiento de la inversión suele ser insuficiente. Las enfermedades raras, en conjunto, son una de las mayores necesidades médicas no cubiertas del planeta.

    Lo que hace que este momento sea diferente es que por fin existe la tecnología para hacer algo al respecto. Los recientes avances en la ciencia del ARNm y la edición genética CRISPR significan que el enfoque que ayudó a KJ podría utilizarse para otros niños. La tecnología puede reprogramarse para diferentes enfermedades al introducir un breve tramo de código genético que indica a la maquinaria molecular exactamente dónde debe hacer su corrección. Se construye el sistema una vez y se puede reorientar hacia una nueva enfermedad al cambiar esa única pieza.

    Los médicos de KJ llegaron a extremos extraordinarios, incluso heroicos, para salvarlo. Reunieron a un equipo de múltiples instituciones, condensaron años de desarrollo del tratamiento en meses y consiguieron la autorización para administrar la terapia experimental a KJ una semana después de presentar la solicitud a la FDA. Pero ningún sistema de salud puede depender de actos heroicos para cada paciente. Aunque la tecnología existe, no hay una vía establecida para hacer por el próximo niño lo que se hizo por KJ, por no hablar de los miles de otros niños que podrían beneficiarse de este enfoque.

    Es importante ser honestos sobre lo que esta tecnología puede y no puede hacer hoy en día. Sabemos cómo empaquetar el ARNm en pequeñas burbujas de lípidos y hacerlo llegar al hígado, que es donde fallaban las células de KJ. Llegar a otros órganos –el cerebro, el corazón, los pulmones– sigue siendo un reto científico importante. Y para las afecciones causadas por una genética compleja y no por una sola letra mal escrita, el camino a seguir es más largo y difícil.

    Sin embargo, creo que el mayor obstáculo es estructural. Nuestra infraestructura reguladora y comercial se construyó para medicamentos superventas que tratan a millones de pacientes con la misma píldora. Nunca se diseñó para enfermedades para las que cada paciente puede necesitar una corrección hecha a medida para una mutación única. Pero ya tenemos un modelo para intervenciones individualizadas y de alto riesgo que corrigen defectos específicos en pacientes concretos. Lo llamamos cirugía. Pensemos en un cirujano que realiza una reparación de una válvula cardiaca. Nadie le pide a ese cirujano que realice un ensayo clínico antes de operar al siguiente paciente con una anatomía ligeramente distinta. La técnica está validada, el centro está acreditado y cada procedimiento se adapta a la persona. ¿Qué pasaría si empezáramos a pensar en la edición de genes con ARNm-CRISPR del mismo modo: como cirugía molecular, no como un producto farmacéutico?

    Hay señales prometedoras de que los reguladores y los científicos reconocen el problema. Recientemente, la FDA propuso un nuevo marco que aceleraría la aprobación de tratamientos individualizados para enfermedades raras, lo que le permitiría a los reguladores evaluar estas terapias con base en pruebas de cómo funcionan, en lugar de exigir ensayos clínicos tradicionales a gran escala. Los científicos también trabajan para crear la infraestructura que podría aprovechar estos cambios normativos. El Hospital Infantil de Filadelfia y Penn Medicine tienen previsto iniciar un ensayo que reutilizaría el tipo de editor genético que se usó con KJ para tratar a otros pacientes. Johns Hopkins, donde trabajo, se ha asociado con científicos de la Clínica Mayo y otros colaboradores para ayudar a fundar un grupo que pretende estandarizar la fabricación, compartir la ciencia reguladora y apoyar a los centros clínicos para ofrecer terapias personalizadas a escala.

    Pero nada de esto está garantizado. Una cuestión clave es cómo haría cumplir la FDA las normas de fabricación para los tratamientos individualizados. Si las normas son demasiado onerosas para cada tratamiento personalizado, la plataforma no podrá ampliarse. Incluso con el marco normativo adecuado, seguiría siendo necesaria una infraestructura comercial para utilizarla. Ninguna empresa farmacéutica va a construir una línea de producción para una enfermedad que afecta a 12 personas. Alguien tiene que construir el puente entre un avance académico puntual y un servicio clínico repetible, y ahora mismo hay poca financiación para ello.

    Los avances científicos radicalmente nuevos exigen un pensamiento radicalmente nuevo sobre cómo regulamos, fabricamos, pagamos y suministramos los tratamientos. Dentro de diez años, si siguen muriendo niños de enfermedades que sabemos cómo corregir, no será porque la ciencia no estaba preparada. Será porque nos faltó imaginación para construir un sistema digno de ella. La historia de KJ es un milagro. Pero no debe quedarse en un milagro. Debería convertirse en un modelo.

    Jeff Coller es uno de los fundadores de la Alianza para los Medicamentos de ARNm y Rare RepairX, un consorcio enfocado en la tecnología de edición de genes personalizada para enfermedades raras. También fundó Tevard Biosciences, una empresa que desarrolla tratamientos basados en el ARN para la distrofia muscular de Duchenne basados en una tecnología distinta de la descrita en este ensayo.

  • La inteligencia de EE. UU. muestra que China tiene un papel más activo en la guerra de Irán

    La inteligencia de EE. UU. muestra que China tiene un papel más activo en la guerra de Irán

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    China podría haber enviado misiles a Irán, y Pekín está permitiendo que empresas vendan a Teherán suministros que pueden usarse en la producción militar, según funcionarios estadounidenses.

    Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han obtenido información de que, en las últimas semanas, China podría haber enviado un cargamento de misiles portátiles a Irán para su conflicto con Estados Unidos e Israel, según funcionarios estadounidenses.

    Los funcionarios dijeron que la información de inteligencia no es concluyente respecto al envío del cargamento, y que no hay pruebas de que los misiles chinos ya se hayan utilizado contra las fuerzas estadounidenses o israelíes durante el conflicto.

    Pero incluso un debate en Pekín sobre el envío de misiles a Irán indica hasta qué punto China se considera implicada en el conflicto. Los servicios de inteligencia han evaluado que China está adoptando en secreto una postura activa en la guerra, al permitir que algunas empresas envíen a Irán productos químicos, combustible y componentes que pueden utilizarse en la producción militar para la guerra.

    Los misiles disparados desde el hombro, conocidos como MANPADS, son capaces de derribar aviones que vuelen a poca altura.

    Durante mucho tiempo, China se ha mostrado reacia a enviar material militar acabado a Irán, pero algunos funcionarios del gobierno quieren que Pekín permita que sus empresas suministren directamente a las fuerzas de seguridad iraníes durante el conflicto con Estados Unidos.

    Si el gobierno chino ha permitido el envío de misiles, sería una escalada significativa y un indicio de que al menos algunos dirigentes chinos trabajan activamente para provocar una derrota militar estadounidense en una guerra que ha asolado Medio Oriente.

    La información sobre el posible apoyo chino a Irán llega cuando los servicios de inteligencia estadounidenses han visto pruebas de que Rusia ha proporcionado al ejército iraní información satelital específica para ayudar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán a atacar barcos estadounidenses, junto con instalaciones militares y diplomáticas en todo Medio Oriente.

    En conjunto, el apoyo militar a Irán muestra cómo los poderosos adversarios de Estados Unidos han visto una oportunidad de aumentar los costos para Estados Unidos por el inicio de la guerra y, de manera potencial, entorpecer al ejército estadounidense en el conflicto.

    El apoyo chino a Irán llega en un momento delicado de las relaciones entre Estados Unidos y China. El presidente Donald Trump tiene previsto viajar el mes que viene a China para reunirse con el presidente chino Xi Jinping, en una cumbre que se espera aborde una serie de cuestiones comerciales, tecnológicas y militares. La cumbre estaba prevista inicialmente para marzo, pero se retrasó debido a la guerra en Irán.

    Las agencias de inteligencia estadounidenses han seguido de cerca el apoyo que Rusia y China han prestado a Irán durante la guerra. Los funcionarios estadounidenses han considerado que Rusia está más dispuesta a ayudar, al enviar ayuda alimentaria, suministros militares no letales e imágenes por satélite a Teherán. Sin embargo, Moscú parece haber descartado el suministro de material militar ofensivo o defensivo, por temor a provocar a Estados Unidos.

    En general, los funcionarios chinos han querido proteger, al menos públicamente, su imagen de parte neutral. Antiguos funcionarios afirman que Irán depende de China para obtener componentes para sus misiles y drones, pero Pekín puede argumentar que dichos componentes, por cruciales que sean, pueden utilizarse para fabricar mucho más que armamento. China también proporcionó información de inteligencia y suministró piezas de doble uso a Irán, del mismo modo que lo hizo con Rusia durante su guerra con Ucrania.

    Un reportaje de la CNN del sábado decía que China se preparaba para enviar un cargamento de misiles de hombro a Irán en las próximas semanas.

    Un portavoz de la embajada de China en Estados Unidos negó rotundamente que su gobierno hubiera enviado misiles a Irán durante la guerra.

    “China nunca ha proporcionado armas a ninguna de las partes en conflicto; la información en cuestión es falsa”, dijo Liu Pengyu, el portavoz. “Como importante país responsable, China cumple sistemáticamente sus obligaciones internacionales. Instamos al lado estadounidense a que se abstenga de hacer acusaciones infundadas, establecer conexiones de forma maliciosa y de recurrir al sensacionalismo; esperamos que las partes pertinentes hagan más para ayudar a rebajar las tensiones”.

    China depende en gran medida del petróleo que pasa por el estrecho de Ormuz, y está ansiosa por no hacer nada que prolongue la guerra, según funcionarios estadounidenses. Al mismo tiempo, al menos algunos funcionarios chinos están interesados en apoyar a Teherán en una guerra que se considera que debilita la posición y la fuerza de Estados Unidos.

    China es el mayor socio comercial de Irán y el mayor comprador de petróleo iraní. Según un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad entre Estados Unidos y China, grupo fundado por el Congreso para examinar los vínculos bilaterales de Estados Unidos con China, “las compras chinas representan aproximadamente el 90 por ciento del petróleo exportado por Irán, lo que proporciona decenas de miles de millones de dólares en ingresos anuales que sostienen el presupuesto gubernamental y las actividades militares de Irán”.

    Sin embargo, los expertos sobre China han señalado que la retórica pública de China durante la guerra de Irán ha sido neutral en su mayoría, posiblemente debido a los profundos lazos económicos que China mantiene con las naciones árabes del golfo Pérsico las cuales han sido atacadas por Irán durante el conflicto.

    “En todo caso, retóricamente se están alineando más con sus socios del Golfo que con Irán”, dijo Henrietta Levin, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “La relación económica, tecnológica y energética con el Golfo es, en muchos sentidos, estratégicamente más importante para China que cualquier relación que mantenga con Irán”.

    Anton Troianovski colaboró con reportería desde Washington.

    Mark Mazzetti es un periodista de investigación con sede en Washington D. C., especializado en seguridad nacional, inteligencia y asuntos exteriores. Ha escrito un libro sobre la CIA.

    Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo durante más de tres décadas.

    Julian E. Barnes cubre las noticias relacionadas con las agencias de inteligencia estadounidenses y los asuntos de seguridad internacional para el Times. Lleva más de dos décadas reportando sobre temas de seguridad.

    Anton Troianovski colaboró con reportería desde Washington.

  • ¿Qué es exactamente la medicina de la longevidad?

    ¿Qué es exactamente la medicina de la longevidad?

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    Este campo está lleno de oportunidades y charlatanería. He aquí cómo navegarlo según expertos.

    La medicina de la longevidad es un brebaje confuso de nobles intenciones, cuidados de vanguardia y costoso aceite de serpiente.

    Eso se debe en parte a que actualmente no existe una certificación ni directrices oficiales para practicar la medicina de la longevidad (también llamada geromedicina) en Estados Unidos. Prácticamente cualquier persona con un título de medicina puede autoproclamarse médico de la longevidad; sea testigo de todos los tipos de médicos influentes que se posicionan como expertos en las redes sociales.

    Y aunque hay doctores que trabajan de buena fe para ayudar a la gente a vivir más tiempo y de forma más saludable, y científicos que buscan tratamientos para ralentizar potencialmente el proceso de envejecimiento, también hay clínicas y empresas que comercializan cualquier cosa en nombre de la longevidad. Eso incluye suplementos, exploraciones e infusiones que tienen pocas pruebas que respalden su uso.

    La medicina de la longevidad “requiere de mucho escrutinio”, dijo Bobby Mukkamala, presidente de la Asociación Médica Americana. ¿Los tratamientos que ofrecen las clínicas “se basan en algo que está totalmente justificado que funcione, o es algo que aún no se ha demostrado?”.

    Hemos preguntado a nueve médicos especializados en longevidad y a otros expertos en salud sobre las formas más prometedoras en que la medicina de la longevidad puede ayudar a la gente, y en qué aspectos las modas se han adelantado a la ciencia -y pueden estar haciendo más mal que bien.

    ¿La medicina de la longevidad bien hecha?

    Los expertos dijeron que la mejor versión puede conseguir actualmente algunas cosas: dedicar a las personas más tiempo y atención de lo que permite el sistema típico de atención primaria, ofrecer planes más personalizados y cambiar la prioridad a la prevención de la enfermedad en vez de tratarla luego de que aparezca.

    “Creo que en el mejor de los casos, la medicina de la longevidad es lo que la medicina realmente buena siempre ha aspirado a ser, pero rara vez ha tenido las herramientas para ofrecer”, dijo Jordan Shlain, fundador de la práctica médica de conserjería Private Medical.

    Un primer paso típico en muchas clínicas de longevidad es someterse a un chequeo exhaustivo, que a menudo incluye cosas como una evaluación de la forma física, un análisis de sangre, la secuenciación del genoma y escáneres corporales. Algunos de ellos, como un panel metabólico, son estándar y se utilizan regularmente en las consultas de atención primaria. Otros se han utilizado históricamente en la atención especializada pero se están generalizando, como las pruebas de lipoproteína (a) y apolipoproteína B, dos biomarcadores relacionados con la salud cardiovascular.

    Para los defensores de este campo, estas pruebas son una forma de recopilar datos sobre el riesgo de una persona de padecer diversas afecciones médicas y elaborar un plan para intervenir antes.

    “Cuando pensamos en la atención primaria en estos momentos, seguimos reaccionando a una información que es, cito, ‘después del hecho’”, dijo Nicole Sirotin, directora ejecutiva del Instituto para una Vida más Sana de Abu Dhabi. (Aunque hay muchas clínicas de longevidad con sede en Estados Unidos, gran parte del trabajo para hacer crecer y normalizar el campo se está llevando a cabo en otros países).

    Sirotin citó como ejemplo la gestión del azúcar en sangre. En la atención primaria tradicional, un médico probablemente no prescribiría medicación o cambios en el estilo de vida hasta que los niveles de glucosa de una persona la calificaran de prediabética. Con un enfoque de medicina de la longevidad, un proveedor podría recomendar tratamientos similares si el nivel de azúcar en sangre de un paciente presentara una tendencia alta, aunque no alcanzara el umbral de la prediabetes.

    Eso significa que un resultado normal de una prueba, a menudo visto como un indicio de salud en la atención tradicional, podría no considerarse suficientemente bueno en una clínica de longevidad. Andrea Maier, codirectora de la Academia para la Longevidad Saludable de la Universidad Nacional de Singapur, dijo que considera los análisis de sangre normales como algo en lo que puede trabajar con un paciente para mejorar.

    “Queremos que las personas normales lleguen a ser óptimas”, dijo Maier. Porque para las personas con resultados limítrofes, “dentro de 10 años es muy probable que sean anormales, así que ¿por qué íbamos a esperar?”.

    Además, las recomendaciones sobre comportamientos de estilo de vida que te ayuden a vivir más tiempo -como seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio con regularidad y dormir entre siete y ocho horas por noche- pueden ser más acertadas. Por ejemplo, un médico podría recomendar alimentos específicos para comer o evitar en función de las lecturas del monitor continuo de glucosa de una persona, en lugar de aconsejarle de forma general que limite el azúcar y coma más fibra. Pero aunque un enfoque a medida podría ser beneficioso en teoría, los expertos dijeron que apenas hay investigaciones que demuestran que conduce a mejores resultados que seguir las directrices estándar.

    Los cuidados de la medicina de la longevidad pueden costarte -y muy rara vez los cubre el seguro. Algunas clínicas de Estados Unidos funcionan con un modelo de pago por servicio, y las pruebas y tratamientos deben pagarse de tu bolsillo. En otros consultorios, una cuota anual puede ascender a cinco o seis cifras.

    Los críticos afirman que lo que la gente está pagando en última instancia no son conocimientos secretos ni tratamientos notablemente mejores, sino más tiempo y atención por parte de un proveedor.

    Con la atención primaria, “tienen que verte en 10 o 15 minutos y sacarte por la puerta”, dijo Jessica Knurick, una dietista que ha mostrado sus dudas sobre la medicina de la longevidad. Si pagas 100.000 dólares al año por ver a un médico de la longevidad, solo por tener ese tipo de acceso, “aunque hagan exactamente lo mismo, va a ser una experiencia completamente diferente”.

    James Kirkland, director del Centro de Terapéutica Geriátrica Avanzada del Cedars-Sinai de California, se mostró de acuerdo en que “todavía no hay mucho” en términos de resultados de salud que un paciente pueda obtener de una clínica de longevidad que no pueda recibir de una buena atención primaria.

    Añadió que está entusiasmado con el potencial de la geromedicina (su término preferido) en los próximos cinco a diez años, pero ahora mismo, dijo, “hay mucho que se está haciendo que es algo arriesgado y está poco basado en pruebas.”

    Tratamientos no probados con un “barniz de rigor”

    La falta de estandarización en la medicina de la longevidad ha dejado mucho espacio para las falsas promesas y la pseudociencia.

    Se sabe que las clínicas ofrecen todo tipo de tratamientos no probados y potencialmente peligrosos, como péptidos, terapia con células madre y terapia de intercambio plasmático.

    “Tenemos, en este momento, personas que murieron por células madre, personas que tuvieron reacciones tóxicas muy graves por infusiones de diferentes péptidos“, dijo Evelyne Bischof, directora médica del Centro de Longevidad Sheba de Israel. “Así que hay riesgos, hay daños”, dijo.

    Luego están las formas más sutiles en que las clínicas de longevidad se apartan de la ciencia. Por ejemplo, varios de los expertos discreparon de algunas de las pruebas ofrecidas, incluidas las de edad biológica, afirmando que no son lo bastante precisas como para ser utilizadas a nivel individual.

    “Son útiles a nivel poblacional”, dijo Kirkland. “Pero hay una tremenda variación entre individuos y del día a día en sus lecturas”.

    Otros tratamientos, como los suplementos o los fármacos recetados fuera de indicación, se están estudiando en ensayos clínicos y existen algunas pruebas -principalmente de animales- que apoyan su uso. Pero muchos de los expertos siguieron instando a la cautela.

    “La medicina de la longevidad puede ser una especie de charlatanería, rebautizada”, dijo Shlain: “Los biomarcadores le dan un barniz de rigor, y los suplementos le dan ingresos, y el paciente no obtiene ni longevidad ni conversaciones honestas sobre las cosas”.

    Aunque los expertos se mostraron preocupados por la oferta de aceite de serpiente, también se mostraron optimistas sobre el futuro. Existen esfuerzos mundiales incipientes para legitimar la medicina de la longevidad mediante la creación de normas gubernamentales de autorización para las clínicas. Y hay ensayos clínicos en curso que algún día podrían conducir a medicamentos capaces de influir en las causas profundas del envejecimiento, el objetivo último del campo.

    “En cierto modo, la geromedicina es ahora mismo un campo sin medicamentos específicos, pero llegarán”, dijo Eric Verdin, presidente y director ejecutivo del Instituto Buck de Investigación sobre el Envejecimiento. Pero ahora mismo, añadió, puede que estemos “un poco por delante de nuestros esquís en términos de visión”.

    Dana G. Smith es periodista del Times y cubre salud personal, en particular el envejecimiento y la salud cerebral.

  • En las elecciones de Perú, 35 candidatos se disputan la presidencia

    En las elecciones de Perú, 35 candidatos se disputan la presidencia

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    Las elecciones presidenciales de este domingo son una de las contiendas más inciertas de los últimos años, marcadas por una extrema fragmentación del electorado.

    Los votantes de Perú acudirán a las urnas este domingo para unas elecciones presidenciales marcadas por una extrema fragmentación y la desconfianza en las instituciones del país, con un número récord de candidatos entre los que elegir: 35.

    No se espera que ningún candidato gane por mayoría absoluta, dado el gran número de aspirantes. Es probable que los dos candidatos más votados pasen a una segunda vuelta el 7 de junio, donde podrían surgir divisiones ideológicas más claras.

    Pocos esperan que las elecciones resuelvan la inestabilidad política que ha afectado a Perú durante años. Tres presidentes han pasado por el poder desde que los peruanos eligieron a uno por última vez en 2021.

    Aquella votación llevó al poder a un candidato outsider, Pedro Castillo, un maestro rural de izquierda que hizo campaña con la promesa combatir la desigualdad y reformar el modelo económico de Perú. Su presidencia pronto se desmoronó en medio de investigaciones por corrupción, una gestión caótica y promesas incumplidas.

    Poco más de un año después de asumir el cargo, con una moción de vacancia inminente, Castillo intentó disolver el Congreso y gobernar por decreto. En cambio, fue destituido y arrestado ese mismo día.

    Su vicepresidenta, Dina Boluarte, quien lo sucedió, resultó profundamente impopular. En octubre, con muchos peruanos furiosos por el aumento de la delincuencia y los escándalos políticos, fue sometida a un juicio político y destituida.

    Su sucesor, José Jerí, fue destituido apenas cuatro meses después, tras revelarse que había mantenido reuniones no reveladas con empresarios que estaban bajo investigación. Su sustituto, José María Balcázar, el actual presidente interino, no se presenta a las elecciones.

    El voto es obligatorio en Perú, un país de aproximadamente 34 millones de habitantes con unos 27 millones de votantes elegibles.

    ¿Por qué es importante esta elección?

    Perú, el cual cuenta con partidos políticos débiles y un electorado muy volátil, es conocido por sus elecciones impredecibles. Pero esta es una de las contiendas más inciertas de los últimos años.

    Ninguno de los 35 candidatos cuenta con un amplio respaldo, y alrededor del 20 por ciento de los votantes está indeciso, según las encuestas. Los analistas afirman que el voto no estará impulsado por la ideología.

    “Esto es muy volátil, muy contingente. Muy, muy del azar”, dijo Alberto Vergara, un politólogo peruano. “Nadie sabe por quién votar. Nadie se diferencia mucho del otro. Todos son bastante mediocres. Ninguno tiene un partido político. La gran mayoría son muy desconocidos”.

    ¿Quiénes son los principales candidatos?

    Keiko Fujimori, cuatro veces candidata presidencial e hija del expresidente Alberto Fujimori, se encuentra entre los principales contendientes, con un apoyo que oscila entre el 11 y el 14 por ciento, según encuestas recientes de Datum International y el Instituto de Estudios Peruanos.

    Es una figura que genera opiniones muy divididas: sus partidarios atribuyen al gobierno de su padre la estabilización de la economía y la derrota de las insurgencias violentas en la década de 1990, mientras que sus críticos lo asocian con el autoritarismo y la corrupción.

    Durante el mandato de Fujimori, este disolvió el Congreso y gobernó por decreto. Finalmente, se vio obligado a abandonar el poder a raíz de un escándalo de corrupción y, más tarde, fue condenado por crímenes de lesa humanidad por su papel en los asesinatos cometidos durante la lucha contra los insurgentes. Permaneció encarcelado hasta poco antes de su muerte en 2024.

    Su hija forma parte de un grupo de candidatos que, según encuestas recientes, cuentan con un apoyo que oscila alrededor del 10 por ciento. Entre ellos se encuentran Rafael López Aliaga, conocido como “Porky”, un empresario conservador y exalcalde de Lima, la capital, con posturas de línea dura en materia de delincuencia y temas sociales; Carlos Álvarez, un comediante que ha ganado popularidad con un mensaje antisistema; y Ricardo Belmont, un populista y expresentador de programas de entrevistas socialmente conservador que también fue alcalde de Lima y cuyo apoyo ha experimentado un repunte reciente.

    No ha habido un claro favorito en las encuestas. Esto es típico de las elecciones en Perú, donde es común que candidatos ajenos al sistema surjan en las últimas etapas.

    ¿Cuáles son los temas principales?

    Según las encuestas, la delincuencia y la corrupción son las principales preocupaciones de los votantes. Perú ha experimentado un aumento de los delitos violentos, impulsado por un drástico incremento de la extorsión, a menudo impuesta por bandas mediante incendios provocados, explosivos o asesinatos selectivos. La inquietud pública ha alimentado propuestas para medidas de seguridad más duras, y muchos candidatos piden que el ejército desempeñe un papel más importante.

    La crisis ha puesto de manifiesto profundas debilidades en la policía y en las instituciones estatales, lo que ha erosionado aún más la confianza, ya que, según los críticos, el Congreso ha debilitado los mecanismos de supervisión destinados a combatir la delincuencia.

    A nivel regional, se ha producido un giro hacia políticas conservadoras y centradas en el orden público en países como Argentina, Ecuador y Chile, impulsado por la preocupación por la delincuencia, la incertidumbre económica y la frustración con los gobernantes actuales. Estos temas han ganado terreno en Perú, pero las encuestas reflejan un electorado fragmentado y un sentimiento antisistema y en contra del Congreso, no un claro cambio ideológico, según los analistas.

    Verónica Mendoza, de 43 años, una vendedora de Juliaca, una ciudad en las tierras altas del sur de Perú, dijo que no había decidido a quién le daría su voto el domingo.

    “No estamos bien informados”, afirmó. “No han pasado a lo que yo he visto. La campaña poco se ha hecho”. Había apoyado Castillo, el presidente de izquierda, pero dijo que esta vez podría votar por Belmont, el populista conservador.

    Mitra Taj contribuyó con información desde Lima.

    Genevieve Glatsky es reportera del Times radicada en Bogotá.

    Mitra Taj contribuyó con información desde Lima.

  • ¿China o EE.UU.? Quién está ganando la carrera por dominar la tecnología de la IA

    ¿China o EE.UU.? Quién está ganando la carrera por dominar la tecnología de la IA

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    En la segunda mitad del siglo XX, la carrera por desarrollar armas nucleares ocupó a algunas de las mentes más brillantes de Estados Unidos y la Unión Soviética.

    Ahora, Estados Unidos se encuentra inmerso en una carrera de otro tipo con un adversario diferente: China. El objetivo es dominar la tecnología, específicamente la inteligencia artificial (IA).

    Es una batalla que se libra en laboratorios de investigación, campus universitarios y oficinas de empresas emergentes de vanguardia, bajo la atenta mirada de los líderes de algunas de las compañías más ricas del mundo y de las más altas esferas del gobierno.

    El costo asciende a billones de dólares estadounidenses.

    Cada bando tiene sus puntos fuertes, algo que Nick Wright, investigador de neurociencia cognitiva en la Universidad de Londres (UCL), resume acertadamente como la batalla entre “cerebros” y “cuerpos”.

    Tradicionalmente, Estados Unidos ha liderado el campo de la IA: el mundo de los chatbots, los microchips y los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM).

    China ha sido superior en el desarrollo de “cuerpos” de IA: robots (y, en particular, robots “humanoides” que se parecen asombrosamente a las personas).

    Pero ahora, con ambas partes ansiosas por evitar que su rival domine, esas ventajas podrían no durar para siempre, y la carrera podría transformarse aún más en los próximos años.

    La batalla por el dominio de los Grandes Modelos de Lenguaje (LLM)

    El 30 de noviembre de 2022, la empresa tecnológica californiana OpenAI lanzó su nuevo chatbot. En un comunicado de seis frases, la compañía anunció que había entrenado un nuevo modelo “que interactúa de forma conversacional”.

    Se llamaba ChatGPT. Inmediatamente, el mundo tecnológico quedó deslumbrado.

    “Podías entrar en cualquier red social y encontrar una avalancha de publicaciones de personas hablando de las diferentes maneras en que usaban este nuevo cuadro de texto que había aparecido en internet”, afirma Parmy Olson, columnista de Bloomberg y autora de Supremacy: AI, ChatGPT, and the race that will change the world.

    Fue el nacimiento del primer Gran Modelo de Lenguaje (LLM) de uso generalizado.

    Un LLM analiza grandes cantidades de texto y datos que ya existen en internet y los utiliza para aprender patrones en la forma en que se expresan las ideas.

    Ahora, los expertos coinciden en que, en lo que respecta a los llamados “cerebros” de IA, Estados Unidos lleva la delantera.

    OpenAI afirma que más de 900 millones de personas usan ChatGPT semanalmente, casi una de cada ocho personas en el planeta.

    Otras empresas tecnológicas estadounidenses, como Anthropic, Google y Perplexity, se apresuraron a seguirles el ritmo, invirtiendo miles de millones de dólares en la creación de sistemas LLM rivales.

    Estas empresas de IA saben que, si lo hacen bien, los sistemas LLM pueden empezar a asumir muchas de las funciones que actualmente desempeñan los humanos en las profesiones de cuello blanco, y que ese éxito comercial se traduce en grandes beneficios.

    ¿Cómo jugaron sus cartas los estadounidenses?

    Pero en Washington también se plantean otra cuestión: ¿cómo afectará todo esto a la carrera de Estados Unidos con China por la supremacía global?

    Según un alto funcionario estadounidense que habló con la BBC, la clave de la ventaja estratégica de Estados Unidos reside menos en la extraordinaria programación algorítmica y más en el hardware que impulsa la inmensa capacidad de procesamiento: en particular, los microchips.

    En pocas palabras, la mayoría de los chips informáticos de alta gama y gran potencia del mundo —los que utilizan las empresas de Silicon Valley para impulsar la creación de máquinas de aprendizaje automático— están controlados por Estados Unidos.

    De hecho, la mayoría de ellos son diseñados por una empresa con sede en California: Nvidia.

    En octubre, Nvidia se convirtió en la primera empresa del mundo en alcanzar una valoración de US$5 billones. Podría ser la empresa más valiosa de todos los tiempos, según Stephen Witt, autor de The Thinking Machine.

    Y Washington utiliza una estricta red de controles de exportación para impedir que China se apropie de esos potentes chips.

    Esta política se remonta a la década de 1950, cuando Estados Unidos bloqueó las exportaciones de electrónica avanzada a los países aliados de la Unión Soviética.

    Y se reforzó notablemente en 2022, bajo la presidencia de Joe Biden, a medida que se intensificaba la carrera por la inteligencia artificial.

    Christophe Fouquet, director ejecutivo de ASML Holding NV, sostiene una maqueta de una máquina de litografía de semiconductores.

    Bloomberg via Getty Images
    Estados Unidos se asegura de que las máquinas útiles fabricadas por la empresa holandesa ASML no lleguen a China.

    Estados Unidos puede ejercer su influencia en los controles de exportación, aunque la mayoría de esos potentes chips ni siquiera se fabriquen en EE.UU.

    De hecho, muchos se fabrican en Taiwán (un aliado de EE.UU.), por la Taiwan Semiconductor Manufacturing Corporation.

    Estados Unidos se asegura de que muy pocos de esos chips de alta gama fabricados en Taiwán terminen en China.

    Lo hace mediante su “regla de productos extranjeros directos”, que obliga a las empresas extranjeras a cumplir con las normas estadounidenses si los productos que exportan contienen componentes estadounidenses o derivan de tecnología estadounidense.

    La fábrica de microchips taiwanesa es casi visible desde China continental. Es fácil entender por qué la isla podría ser un objetivo tentador para Pekín.

    Entonces, ¿por qué las fábricas chinas no empiezan a producir esos potentes chips por sí mismas? No es tan sencillo.

    Para fabricar chips de alta gama, se necesita una máquina de impresión ultravioleta. Solo una empresa en el mundo fabrica esas máquinas: ASML, con sede en una pequeña ciudad de los Países Bajos.

    Estados Unidos utiliza la misma táctica (su “regla de productos extranjeros directos”) para impedir que esa empresa neerlandesa envíe esas valiosas máquinas a China.

    Esta política proteccionista parecía haber tenido bastante éxito al ayudar a Estados Unidos a mantener su ventaja en el ámbito de la inteligencia artificial.

    Pero ahora, China contraatacó.

    El contraataque de DeepSeek

    En enero de 2025, la misma semana en que Donald Trump asumió la presidencia por segunda vez, rodeado de magnates tecnológicos multimillonarios, China lanzó su propio chatbot con IA: DeepSeek.

    Para el usuario, la experiencia es muy similar a la de ChatGPT. Puede responder preguntas, escribir código y su uso es gratuito.

    Curiosamente, se estima que DeepSeek costó una fracción de lo que supuso crear sistemas de inteligencia artificial estadounidenses como ChatGPT y Claude.

    Causó un gran revuelo. El 27 de enero de 2025, Nvidia sufrió la mayor pérdida de valor de mercado en un solo día en la historia de la bolsa estadounidense: alrededor de US$600.000 millones.

    “Fue tremendamente desconcertante para Washington”, afirma Karen Hao, periodista especializada en IA.

    Ella cree que la política estadounidense de control de exportaciones pudo haber sido contraproducente: los desarrolladores chinos tuvieron que prescindir de los potentes chips, lo que los obligó a ser creativos.

    “Al final, esto aceleró la autosuficiencia de China”, afirma.

    La aplicación DeepSeek se muestra con el mensaje: "¿En qué puedo ayudarte hoy?".

    Reuters
    DeepSeek demostró que China también puede crear “cerebros” de IA.

    La característica distintiva de DeepSeek es que, en aquel entonces, tenía capacidades similares a las de modelos estadounidenses como OpenAI y Anthropic, pero utilizando una cantidad mucho menor de chips para su entrenamiento.

    En Pekín, mientras tanto, reinaba un optimismo palpable, afirma Selina Xu, investigadora que trabaja en políticas de IA en China en la oficina del exdirector de Google Eric Schmidt.

    “Todos intentaban descifrar cómo lo había logrado DeepSeek. Y realmente eso ha sido un catalizador muy positivo para el ecosistema de IA chino”.

    También puso de manifiesto una marcada diferencia en la forma como operan ambos países.

    En Estados Unidos, las empresas de IA protegen celosamente su propiedad intelectual, mientras que en China se ha adoptado un enfoque más abierto.

    Para acelerar la adopción y la innovación, las empresas chinas suelen publicar su código en línea, permitiendo que desarrolladores de otras compañías lo consulten.

    “Esto significa que las empresas tecnológicas chinas, al crear un nuevo modelo de IA, no tienen que empezar desde cero”, explica Olson. “Pueden simplemente tomar ese modelo, desarrollarlo y mejorarlo”.

    Como resultado, la carrera por los “cerebros” de IA ya no es tan clara.

    Estados Unidos creía que los LLM eran una herramienta poderosa en su arsenal; ahora, China también puede fabricarlos.

    “Los modelos estadounidenses de código cerrado probablemente sean mejores, pero quizás no por mucho”, dice Selina Xu. “El modelo chino, tal vez sea solo un 90% tan bueno, pero es un 10% más caro”.

    La ventaja de China en la guerra de la robótica

    Y en lo que respecta a los “cuerpos” de IA —el mundo de los drones y la robótica— China históricamente ha tenido ventaja.

    Desde la década de 2010, el gobierno chino aumentó drásticamente su apoyo al desarrollo de la robótica. Financió la investigación y proporcionó a los fabricantes de robots miles de millones de dólares en subsidios.

    Se estima que ahora hay alrededor de dos millones de robots en funcionamiento en China, más que en el resto del mundo juntos.

    Olson afirma que gran parte de este éxito se debe a que China es una economía manufacturera. “Tienen toda esa experiencia en la fabricación de productos electrónicos, la aprovechan y así surgen increíbles empresas emergentes de robótica”.

    Los visitantes internacionales a Shenzhen o Shanghái suelen sorprenderse por la profunda integración de los robots en la vida cotidiana, comenta Xu; por ejemplo, las entregas de comida a domicilio con drones.

    Una mujer recoge la compra entregada por un robot de reparto de Zhen Robotics en un complejo residencial.

    AFP via Getty Images
    Los repartos de comestibles mediante robots han avanzado rápidamente en China.

    China ha destacado especialmente en los llamados robots “humanoides”: máquinas diseñadas para parecerse y comportarse como personas.

    El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEI), un centro de investigación estadounidense bipartidista, ha informado sobre una “fábrica oscura” de autos en Chongqing, en el sur del país.

    La planta cuenta con 2.000 robots y vehículos autónomos que, según afirman, pueden entregar un auto nuevo cada minuto. Se la denomina fábrica oscura porque está totalmente automatizada y, en teoría, puede operar en la oscuridad sin presencia humana.

    Pekín es consciente del rápido envejecimiento de la población del país, afirma Xu. El gobierno cree que los humanoides pueden cubrir el vacío que deja la jubilación de los trabajadores humanos, especialmente en el sector de los cuidados.

    “Se espera que para 2035, el número de personas [en China] mayores de 60 años supere la población total de Estados Unidos”, añade.

    China no solo está construyendo robots para su enorme población, sino que también representa actualmente el 90% de todas las exportaciones de robots humanoides.

    El fantasma en la máquina

    Pero hay un inconveniente.

    China lidera el mundo en la construcción de cuerpos robóticos. Sin embargo, cada uno de esos cuerpos aún necesita un cerebro: un sistema operativo, o software, que les indique a las distintas partes metálicas qué hacer.

    Si el robot solo tiene que hacer una tarea repetitiva, como la que podría realizar en la fábrica de automóviles de Chongqing, solo necesita un cerebro robótico relativamente simple. China puede fabricarlo por sí misma.

    Pero para que un robot realice muchas tareas variadas y complejas, necesita un cerebro inteligente impulsado por una forma diferente de IA, llamada IA agéntica.

    Este es un programa de IA que se comporta más como un agente independiente, ejecutando tareas que constan de múltiples pasos.

    Así que, en lo que respecta a esos cerebros de alto rendimiento, Estados Unidos sigue teniendo ventaja.

    “Estados Unidos… definitivamente sigue a la cabeza en lo que respecta a cerebros robóticos”, señala Wright, el investigador de la UCL.

    “Esos son los chips y el software de IA que ayudan al robot a realizar tareas concretas. Y lo que hay que tener en cuenta es que aproximadamente el 80% del valor de un robot reside en su cerebro”.

    Sobre perros robot y drones

    Tanto Estados Unidos como China compiten por combinar robots con IA agéntica, y una empresa estadounidense ha demostrado que ya no son solo las empresas chinas las que pueden crear robots exitosos.

    Y quién gane importa: es una tecnología que podría resultar emocionante y aterradora a la vez.

    Boston Dynamics, una empresa de ingeniería estadounidense, ya la utiliza. Su robot con forma de perro, Spot, se ha convertido en un ícono en línea entre los aficionados a la tecnología, con millones de visitas en YouTube.

    El perro robot cuenta con potentes “ojos” (una cámara de alta tecnología con imágenes térmicas) y “oídos” (monitoreo acústico).

    Spot, el perro robot de Boston Dynamics, en el centro del escenario.

    Web Summit via Getty Images
    Spot utiliza IA agéntica para realizar inspecciones.

    Spot ahora puede realizar inspecciones en los almacenes de la empresa, detectando problemas como el sobrecalentamiento de equipos, fugas o derrames de gas, antes de enviar esa información al proveedor de software de IA industrial, IFS.

    La IA analiza los resultados y toma decisiones —posiblemente sin intervención humana— para resolver el problema.

    Por otro lado, Wright afirma que ya podemos observar la combinación de robótica e IA en el campo de batalla.

    El pasado verano boreal, Ucrania comenzó a desplegar el Gogol-M, un dron nodriza capaz de volar cientos de kilómetros dentro de Rusia antes de lanzar dos drones de ataque más pequeños.

    Sin control humano, estos drones utilizaron su IA para escanear el terreno, determinar objetivos, dirigirse hacia ellos y detonar explosivos.

    ¿Quién ganará?

    Es difícil predecir quién se alzará con la victoria cuando desconocemos el resultado final, afirma Greg Slabaugh, profesor de visión artificial e IA en la Universidad Queen Mary de Londres.

    “Es improbable que la ‘victoria’ sea un momento puntual, como el alunizaje”, añade.

    “En cambio, lo que importa es la ventaja sostenida: quién lidera en capacidad, quién integra la IA de forma más eficaz en su economía y quién establece los estándares globales”.

    Con tecnologías como la electricidad y la informática, el profesor Slabaugh explica que importaba menos quién construyó primero los sistemas y más quién los implementó de forma más eficaz en toda la economía: “Lo mismo podría ocurrir con la IA”.

    Desconocemos adónde nos llevará la IA. Las grandes empresas tecnológicas estadounidenses quieren lanzarse a ese futuro incierto sin restricciones; el Partido Comunista Chino, en cambio, quiere que el Estado supervise la investigación.

    Una visión promete una versión hiperactiva del capitalismo de consumo; la otra, un mundo donde el Estado determina qué se puede o no se puede hacer con esta tecnología.

    “Cada bando tiene más posibilidades de ganar en su propio terreno”, indica Mari Sako, de la Escuela de Negocios Said de la Universidad de Oxford.

    “Cuando dos jugadores compiten con reglas diferentes, sospecho que el que busca atraer a un público más amplio —usuarios, adoptadores, etc.— tiene más probabilidades de imponerse”.

    Y hay mucho en juego. Todavía no está claro si Estados Unidos o China saldrán fortalecidos del siglo XXI. La carrera por la IA bien podría ser decisiva.

    Información adicional: Ben Carter

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    BBC

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  • La extraordinaria vida de Richard Burton, el explorador inglés que hablaba 26 lenguas y logró infiltrarse en La Meca, ciudad prohibida para los no musulmanes

    La extraordinaria vida de Richard Burton, el explorador inglés que hablaba 26 lenguas y logró infiltrarse en La Meca, ciudad prohibida para los no musulmanes

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    Richard Burton vestido de árabe.

    Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images

    Hay biografías que parecen no caber en una sola vida.

    La del explorador, espía, diplomático, militar, traductor e investigador antropológico británico Richard Burton da la impresión de estirarse más allá del espacio y el tiempo para intentar albergar todas las hazañas y controversias de sus 79 años de vida.

    El aventurero más extravagante de la época dorada de la exploración victoriana hablaba 26 idiomas -40 contando los dialectos que también dominaba-, se infiltró tanto en La Meca como en burdeles masculinos de Karachi, buscó las fuentes del Nilo y tradujo las “Mil y una noches” y también el “Kama-sutra” para la pudorosa sociedad británica, convirtiéndolo en uno de los libros prohibidos más pirateados de la lengua inglesa.

    Pero Burton no solo viajó por el mundo para ampliar las fronteras del imperio británico, también exploró “otras cosas que habrían dado a la reina Victoria un infarto fulminante: dioses y religiones exóticas, drogas experimentales y, sobre todo, sexo y erotismo”, señala el escritor y académico británico Redmond O’Hanlon en su serie sobre exploradores decimonónicos.

    “Unos lo describen como un genio. Otros creen que fue un pervertido”.

    Nacido en Torquay, en el suroeste inglés en 1821, Burton se crio en distintos países de Europa, entre ellos Francia e Italia, donde se estableció con su familia. Dotado de una sorprendente capacidad para los idiomas -así como falta de modestia-, Burton aseguraba que aprendió latín con tres años y griego con cuatro.

    Fue admitido en el Trinity College de Oxford, donde Burton aprendió árabe, cetrería, perfeccionó la esgrima, se dejó crecer un “espléndido bigote” que le obligaron a afeitar, se aburrió, rompió reglas y fue finalmente expulsado en 1842 por asistir a unas carreras de relevos sin permiso.

    Cuando fue amonestado por las autoridades universitarias, él les reprochó que trataran a los estudiantes como niños, “hizo una ceremoniosa reverencia” y se marchó.

    Pero lo hizo con estilo: alquiló un coche de caballos con otro alumno infractor y se alejaron cabalgando por la calle principal de Oxford, tocando una trompeta de hojalata, despidiéndose de los amigos y besando las manos de las dependientas.

    Esta teatralidad y rebeldía lo acompañó toda su vida, y le valió un apodo: “Dick el rufián”.

    Richard Burton con un gran bigote y un libro.

    Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis via Getty Images
    Genio y figura.

    Él mismo se definía como “un vagabundo, un extraviado… un destello de luz, sin rumbo fijo” y, quizás por su infancia en Europa, lejos de su país de origen, se quejaba de que “Inglaterra es el único país donde nunca me siento en casa”.

    Distintas biografías lo describen como un hombre de superlativos y excesos, que frecuentaba tanto los burdeles como las bibliotecas, las tabernas y las drogas, con una gran cultura y una curiosidad infinita que lo impulsó a explorar las distintas sociedades por las que viajó.

    El informe de Karachi

    Una anécdota demuestra hasta qué punto Burton vivió intensamente y sin miedo a adentrarse en cuerpo y alma en todo aquello que le rodeaba.

    Tras abandonar Oxford, Burton se unió al ejército de la Compañía de las Indias Orientales, donde sirvió bajo el mando del despiadado general Charles Napier.

    Burton aprendió gran parte de las lenguas locales -como gujarati, punjabi, telugu, pastún, marathi e hindustaní- además del persa y el árabe, que ya dominaba, lo que lo convirtió en un importante activo para los servicios de inteligencia.

    Para camuflarse entre la población local y conseguir entrar allí donde el hombre blanco nunca podría poner el pie, Burton se dejó crecer el cabello hasta los hombros, así como una poblada barba larga. Se teñía además con henna manos y piernas y se hacía llamar “Mirza Abdullah”, afirmando que era un comerciante del golfo, de ascendencia arabo-persa para camuflar sus posibles errores de pronunciación.

    Al ser el único oficial británico que podía hablar sindi, la lengua de la región en la que se encontraba Karachi, Napier le encomendó en 1845 que investigara los burdeles homosexuales de la ciudad, con el objetivo de poner fin a la prostitución masculina.

    Acompañado de amistades locales que había conocido, “Mirza Abdullah” visitó noche tras otra distintos burdeles y desempeñó, al parecer, su trabajo con tal atención al detalle que, en la pudorosa sociedad victoriana, causó un gran revuelo, dañando su futuro en el ejército para siempre.

    El hecho de que reportara que gran parte de los clientes de estos lupanares eran soldados y oficiales británicos tampoco ayudó a su carrera, según algunas biografías.

    Destino La Meca

    Burton volvió entonces a Inglaterra, donde escribió varios libros sobre las costumbres de los diversos pueblos indios, pero el gusanillo de la aventura y la exploración no lo abandonó.

    Uno de sus grandes deseos había sido visitar La Meca y Medina, las ciudades santas y lugar de peregrinación de los musulmanes, cuya entrada estaba -y está- prohibida a los que no profesan esa fe. Por aquel entonces, el castigo para aquellos que violaban este veto era la muerte.

    Pero eso no acobardó a Burton, que pasó años estudiando “teología musulmana, aprendió gran parte del Corán de memoria y se convirtió en un ‘experto en la oración’”, según la exhaustiva biografía que de él escribió Thomas Wright, “La vida de Sir Richard Burton”, en 1909.

    Para camuflase esta vez adoptó la apariencia de un doctor pastún, haciéndose llamar “Sheij Abdullah” y asegurando que procedía de la zona de Afganistán. Se rapó la cabeza y se dejó otra vez crecer la barba. Incluso, según afirmó un amigo suyo, se hizo circuncidar, para dar aún más realismo al personaje.

    De esta forma, Burton viajó de Inglaterra a El Cairo en 1953, donde compró su atuendo de peregrino y ultimó sus preparativos para partir a la tierra santa del islam, no sin antes irse de borrachera con un capitán albanés al que acababa de conocer. Cuando se corrió la voz, Sheij Abdullah consideró que era mejor partir cuanto antes.

    Inició un viaje en camello hasta Suez a través de “una tierra yerma e infestada de bestias salvajes y hombres aún más salvajes”, relata la biografía escrita por Wright.

    En Suez conoció a algunos habitantes de Medina y La Meca, que iban a ser sus compañeros de viaje, entre ellos “Sa’ad el Demonio”, “un negro que llevaba dos cajas con ropa elegante para sus tres esposas de Medina”, y Sheij Hamid, “un ‘árabe larguirucho y apestoso de sudor’, que nunca rezaba sus oraciones porque le daba pereza sacar ropa limpia de su caja”.

    Este tipo de detalles anecdóticos hicieron de libro sobre el viaje, “Peregrinaje a Medina y La Meca”, un gran éxito en la Inglaterra tan prejuiciosa como ávida de exotismo.

    Tras una travesía en barco, arribó al puerto de Yambu y de ahí consiguió llegar hasta Medina después de ser atacados en el camino por beduinos.

    Visitó los lugares santos de la ciudad, y presenció la entrada en Medina de una “gran caravana procedente de Damasco, compuesta por 7.000 personas: grandes señores en magníficas literas verdes y doradas, enormes dromedarios sirios blancos, caballos y mulas ricamente enjaezados, devotos hajis (peregrinos), vendedores de sorbetes, aguadores y una multitud de camellos, ovejas y cabras”. Cómo no quedar seducido ante tal espectáculo.

    Se unió a una caravana hacia La Meca, a la que llegó el 11 de septiembre de 1853.

    Allí, como un miembro más de la umma, la comunidad islámica, completó todos los ritos religiosos: dio siete vueltas a la Kaaba, la construcción sagrada hacia la que los musulmanes orientan su oración, e incluso, generando un pequeño rifirrafe con unos persas a los que su criado Mohamed insultó llamando cerdos, se abrieron paso hasta lograr besar la Piedra Negra, la roca sagrada que se encuentra engarzada en una esquina de la Kaaba.

    “Mientras la besaba y frotaba mis manos y mi frente contra ella, la observé detenidamente y salí convencido de que se trataba de un aerolito”, escribió Burton.

    Burton, que tomó notas e hizo a escondidas bocetos de la Kaaba, pensó que, de todos los fieles que lloraban aferrándose a las cortinas que cubren el santo lugar, ninguno sentía una emoción más profunda que él, aun reconociendo que el suyo era “el éxtasis del orgullo satisfecho”.

    Es posible que Burton no fuera el primer occidental en entrar a La Meca, pero sí fue el primero en narrar con prolijidad los ritos y costumbres musulmanas, sin escatimar en detalles sobre su aventura, alimentando así su propia leyenda.

    En busca de las fuentes del Nilo

    Su libro fue un éxito, pero él, en lugar de regresar a Inglaterra para disfrutarlo, decidió viajar a otro lugar entonces prohibido a los no musulmanes: la ciudad de Harar, en el Cuerno de África.

    Llegó allí vestido esta vez de mercader turco, y logró que el amir (príncipe) de la ciudad le permitiera alojarse durante 10 días.

    Burton era arrojado, pero no un inconsciente, como señala Thomas Wright: “Cuando pensaba que se encontraba bajo el techo de un príncipe intolerante y sanguinario, cuyas sucias mazmorras resonaban con los gemidos de prisioneros encadenados y medio muertos de hambre, entre un pueblo que detestaba a los extranjeros, él, el único europeo que había cruzado jamás su inhóspito umbral, se sentía naturalmente incómodo”.

    Conquistado Harar en su lista de hazañas, Burton puso entonces sus ojos en las legendarias fuentes del Nilo, un misterio que corroía la curiosidad de muchos exploradores.

    Richard Burton.

    The Print Collector/Getty Images
    El ataque de nativos en Berbera le dejó una marcada cicatriz en el rostro.

    De las dos principales ramas que alimentaban el río, se sabía que el Nilo Azul tenía su origen en Etiopía, pero se desconocía dónde nacía el Nilo Blanco.

    Un primer intento de llegar a las fuentes se vio frustrado cuando su expedición, en la que también participaba el oficial inglés y explorador John Speke, fue atacada por unos 300 nativos en Berbera. Los guerreros mataron a algunos miembros del grupo e hirieron a Speke en el hombro y las piernas, y a Burton le clavaron una lanza en la cara que le dejó su característica y temible cicatriz en el rostro.

    Tras un viaje a Inglaterra para curarse, y su paso por la guerra de Crimea, adonde fue voluntario, -así de rica en vivencias fue su vida-, Burton retomó la aventura del Nilo.

    Partió desde la isla de Zanzíbar con Speke y 132 porteadores. En lugar de remontar el Nilo río arriba, Burton pensó que la forma más rápida de encontrar las fuentes sería atravesando el continente desde el Índico.

    La expedición sufrió todos los males posibles, atravesando selvas, cenagales y sufriendo las picaduras de todo tipo de insectos, por lo que Burton y Speke llegaron finalmente al lago Tanganika, que ningún hombre blanco conocía ni había visto hasta entonces, enfermos de malaria y medio ciegos.

    Speke se recuperó más rápido y, al comprobar ambos que el lago Tanganika no era la fuente del Nilo, emprendió el camino hacia otra gran masa de agua que, según los hombres, había a varias semanas de viaje hacia el norte, dejando a Burton atrás recuperándose.

    Speke llegó al hoy conocido como lago Victoria, que nombró en honor de la monarca británica, y concluyó que había resuelto el misterio.

    Pero su hallazgo le llevó a una agria confrontación con Burton, que no quiso creerle. La disputa se fue acrecentando una vez que regresaron a Inglaterra. Una segunda expedición de Speke al lago Victoria confirmó su teoría, manchando aún más la reputación de Burton.

    Pero no fue la última aventura de este explorador.

    Cónsul y traductor

    Viajó a Estados Unidos para estudiar a los mormones en Salt Lake City, sobre los que escribió un libro, “La ciudad de los santos”.

    Se casó con una aristócrata y fue enviado como cónsul a Fernando Poo, la capital de la entonces colonia española Guinea Ecuatorial, desde donde lanzó más expediciones a distintos puntos de África, escribiendo al menos otros cinco libros más sobre las costumbres de los pueblos que conocía, así cómo sus fetichismos, canibalismo y rituales sexuales.

    Fue también cónsul en Santos, Brasil, donde tradujo a Luís de Camões, y luego en Damasco, hasta que, en 1872 aceptó el consulado de Trieste, en Italia, su último destino.

    Ilustración de "Las mil y una noches".

    Fine Art Images/Heritage Images via Getty Images
    “Las mil y una noches” se convirtió en un éxito de la literatura universal.

    Allí, lejos del exotismo que persiguió toda su vida, se dedicó a la literatura. Escribió sobre Islandia y los etruscos, tradujo a Catulo y a Giambattista Basile. Burton viajaba ahora con la imaginación y su propia erudición.

    Puede que fuera esa propia curiosidad desacomplejada, sobre todo en lo que a los aspectos más íntimos de las relaciones humanas se refería, la que finalmente le proporcionó los réditos para vivir una vejez acomodada.

    Arriesgándose a ser encarcelado, tradujo y publicó en secreto el “Kama-sutra”, trayendo a occidente la sabiduría sexual de los manuales orientales sobre el amor, así como una versión sin censurar de “Las mil y una noches”, que acompañó de ensayos sobre pornografía, homosexualidad o educación sexual para mujeres.

    “Traduzco un libro dudoso en mi vejez y de inmediato gano 16.000 guineas. Ahora que conozco los gustos de Inglaterra, nunca nos faltará dinero”, dijo, al parecer, a su esposa Isabel.

    Ella, católica practicante, no parecía estar tan cómoda con los gustos de su esposo.

    El día después de fallecer Burton, Isabel entró en el estudio de su marido y, temerosa de la reputación póstuma que perseguiría a su esposo en la pudorosa sociedad victoriana, quemó varios manuscritos.

    Entre ellos estaba una nueva traducción del manual amoroso árabe del siglo XV, “El jardín perfumado”, en la que había pasado los últimos 14 años trabajando y que incluía un último capítulo sobre homosexualidad que nunca antes había sido traducido.

    Hubo que esperar casi 100 años para que otra traducción pudiera ver la luz.

    Línea gris

    BBC

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  • La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

    La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

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    Logo de Rolex con su corona, en verde y amarillo

    Getty Images
    Una palabra que no significaba nada se convirtió en una cuyo significado no requería explicación.

    Cuando Shakira quiso expresar en una canción su dolor por una traición amorosa, se valió de una comparación que no necesitaba explicación: “Cambiaste un Rolex por un Casio”.

    La segunda marca quizás podría haber sido otra, pero la primera sólo podía ser esa: bastaba invocarla para que su audiencia global la entendiera de inmediato como sinónimo de lo más valioso que alguien puede poseer… y perder.

    Pocas marcas en la historia han logrado ese nivel de penetración cultural.

    Ya sea un reloj de pulsera Rolex, grande, robusto, de oro pulido e incrustado de diamantes -que declara éxito a los cuatro vientos-, o un modelo más discreto, que susurra refinación, todos hablan el mismo idioma.

    Y aunque hay otras piezas de relojería en el mercado de lujo que marcan el tiempo con una precisión respaldada por una ingeniería muy sofisticada, Rolex ha sido el líder indisputable desde hace más de medio siglo.

    El más reciente informe Swiss Watcher 2025 de Morgan Stanley y LuxeConsult, que examinó las 50 principales marcas, lo confirma.

    Rolex aparece a la cabeza con una cuota de mercado minorista implícita de 33%; el segundo en la lista -Richemont, con sus relojes Cartier- tiene el 9%.

    El informe estima que se vendieron 1.150.000 relojes Rolex el año pasado, lo que se traduce en ingresos estimados de unos US$14.800 millones, una cantidad difícil de imaginar y, en este caso, difícil de confirmar pues la centenaria relojería es singular.

    Rolex no pertenece a ningún multimillonario, ni cotiza en bolsa, ni responde a accionistas.

    Es propiedad de una fundación.

    Esa estructura inusual, que sus admiradores -desde entusiastas y coleccionistas hasta vendedores especializados- presentan como un modelo casi virtuoso de capitalismo con conciencia, es compleja e intrigante.

    Detrás de ella hay un hombre llamado Hans Wilsdorf.

    ¿Cómo encaminó el éxito de la marca y se aseguró de que perdurara?

    Un huérfano bávaro con una visión

    Wilsdorf nació en 1881 en Baviera, Alemania y, tras perder a su madre siendo niño, y a su padre cuando tenía 12 años, sus tíos vendieron el negocio familiar y lo enviaron a un internado.

    Con una educación sólida y la capacidad de hablar tres idiomas – alemán, francés e inglés- Wilsdorf llegó a Suiza a los 19 años a trabajar para una empresa exportadora de relojes de bolsillo.

    En 1905, con 24 años, fundó junto a su cuñado Alfred Davis la empresa Wilsdorf & Davis en Londres, importando mecanismos suizos y tres años más tarde registró la marca Rolex, una palabra inventada, fácil de pronunciar en cualquier idioma y lo suficientemente corta para caber en una esfera.

    Había llegado en el momento en que la industria apostaba por el reloj de pulsera, y se unió a esa tendencia con una obsesión particular: demostrar que esos pequeños mecanismos amarrados a la muñeca podían alcanzar la precisión de los grandes cronómetros marinos, el máximo estándar de exactitud de la época.

    Así como Omega, Longines y Zenith, Rolex participó en competencias de cronometría, pues la precisión no era solo un atributo técnico: era el argumento de venta.

    Pero se necesitaba más para sobresalir.

    En la sucesión de innovaciones que transformaron la relojería, Rolex no siempre fue el primero en concebir una idea, pero sí a menudo en llevarla a su forma definitiva y grabarlo en la memoria colectiva.

    En 1926, lanzó el Oyster, el primer reloj de pulsera herméticamente sellado y resistente al agua.

    Para demostrarlo, Wilsdorf no se limitó a afirmarlo: convenció a la nadadora Mercedes Gleitze para que llevara un Oyster atado al cuello durante su “nado de vindicación” del Canal de la Mancha.

    Gleitze había sido la primera persona en cruzar el Canal, pero otra mujer reclamó haberlo hecho en menos tiempo, una afirmación que resultó ser una farsa, pero que obligó a Gleitze a repetir la travesía para reivindicar su hazaña.

    La controversia garantizaba cobertura mediática gratis.

    Aunque Gleitze tuvo que abandonar el nado por el frío extremo, el reloj funcionaba perfectamente, como reportó el diario británico Times.

    Un mes después, Rolex compraría la portada completa del diario Daily Mail con el titular: “El reloj que desafió el Canal”.

    La legendaria casa de subastas Sotheby’s describiría esa colaboración, casi un siglo después, como “el nacimiento del patrocinio deportivo moderno”: la primera vez que la resistencia física de un atleta fue usada para validar la ingeniería de un producto.

    Imagen que muestra una foto de Gleitze y sobre ella, el reloj.

    Getty Images
    La travesía de Gleitze demostró que Rolex había inventado el primer reloj de pulsera práctico, impermeable y a prueba de polvo del mundo. En noviembre de 2025, se vendió en subasta de Sotheby’s por US$1.730.000.

    En los años 50, Rolex y su agencia de publicidad J. Walter Thompson protagonizaron un audaz golpe de marketing en un evento que tenía al mundo en vilo: la conquista del Everest.

    La relojería británica Smiths, proveedora histórica de la Armada Real y la Casa Real, era la patrocinadora oficial de la expedición que lo logró en 1953, y cuando Edmund Hillary llegó a la cumbre, llevaba un Smiths De Luxe en la muñeca.

    Pero eso no impidió que Rolex se adueñara de la historia: le había dado relojes a los miembros de la expedición y al regreso, en Calcuta, el distribuidor local le regaló a Edmund Hillary un Explorer prototipo grabado, y repartió relojes al equipo.

    Para cuando llegaron a Londres los escaladores eran embajadores oficiales de Rolex, y poco se habló de los relojes Smiths.

    En 1960, en vez de disputar las alturas, se probó en las profundidades: un reloj experimental Rolex fue fijado al exterior del batiscafo Trieste durante su descenso al fondo de la fosa de las Marianas.

    Jacques Piccard, el oceanógrafo que comandó el descenso, envió un telegrama a Ginebra: “Feliz de anunciarles que su reloj funciona igual de bien a 11.000 metros que en la superficie”.

    Cada hazaña terminaba en un anuncio, reforzando el eslogan asociado con la marca: “una corona para cada éxito”.

    La línea entre la publicidad y las demostraciones reales de rendimiento era difusa, y la estrategia rindió fruto: desde 1953, Rolex creció a un ritmo promedio del 8% anual durante casi cuatro décadas.

    El mercadeo era solo la mitad de la ecuación. La otra, la resumió Wilsdorf en una carta de sus primeros años: “No es con precios bajos sino, al contrario, con mayor calidad que no solo podemos sostener el mercado, sino ampliarlo”.

    Un símbolo a prueba del tiempo

    Wilsdorf murió en 1960, pero estaba por venir la transformación más radical de Rolex: de reloj de precisión a símbolo global de estatus.

    De la mano de aquella agencia de publicidad que había ayudado a cimentar el vínculo entre Rolex y la conquista humana de lo imposible en el Everest, J. Walter Thompson, la estrategia evolucionó con precisión quirúrgica a lo largo de las décadas.

    Detalle de la corona de 5 puntas que es parte del logo de Rolex en las 12 de un reloj.

    Getty Images
    Le pusieron la corona en 1931.

    Los anuncios ya venían centrándose no en los relojes en sí, sino en los hombres poderosos que los lucían: Rolex era símbolo de éxito personal.

    “Los hombres que guían el destino del mundo usan relojes Rolex”, rezaba un anuncio de 1959.

    Cuando la sociedad pasó de admirar a líderes mundiales o a los militares, y los deportistas, aventureros y emprendedores se convirtieron en los nuevos héroes, Rolex se asoció a profesionales de élite.

    La crisis del cuarzo en los años 70 -cuando los relojes japoneses de batería amenazaron con hacer obsoletos los mecanismos mecánicos suizos-, que para muchas marcas un golpe letal, para Rolex fue una oportunidad.

    Mientras competidores como Omega fabricaban relojes de cuarzo baratos, Rolex reencuadró su mecanismo mecánico como virtud: no era tecnología antigua, sino artesanía atemporal.

    La decisión consolidó su posición como el reloj de lujo por excelencia, que ha mantenido por más de medio siglo.

    En los 80, cuando los símbolos de estatus se volvieron culturalmente dominantes, Rolex giró hacia la opulencia: el modelo Day-Date se convirtió en “el reloj presidencial”, usado por líderes mundiales.

    El resultado fue lo que los expertos en marcas llaman una trampa aspiracional perfecta: un objeto que quienes no pueden permitírselo desean, y quienes pueden permitírselo necesitan para señalar que lo han logrado.

    El mensaje constante, como señala en el libro La fabrique de l’excellence: histoire de Rolex el historiador Pierre-Yves Donzé, era destilado, sencillo y poderoso: Rolex es un producto excepcional, desarrollado por un empresario excepcional (Hans Wilsdorf) para personas excepcionales.

    Ese temple y claridad de visión se debe en gran medida a la Fundación Hans Wilsdorf, lo que nos lleva de vuelta a su creador.

    La corona y sus sombras

    Tras la muerte de su esposa en 1945, Wilsdorf creó la fundación que lleva su nombre, y a su muerte, le legó todas sus acciones.

    Su objetivo primario –según sus estatutos– es “garantizar la salvaguarda, el mantenimiento y la rentabilidad de los bienes que se le confían”.

    “De ser posible”, añaden, apoyar iniciativas sociales, educativas, culturales y humanitarias principalmente en Ginebra, así como contribuir a la protección de los animales y el medio ambiente a nivel global.

    Todo se ha cumplido, sin duda, aunque de nada hay registro exacto.

    El puente iluminado

    Getty Images
    El puente Hans Wilsdorf, galardonado con varios premios de arquitectura, es la obra más evidente de la fundación en Ginebra.

    Si bien sus fines filantrópicos están subordinados a la disponibilidad de recursos que sobren, estos han permitido beneficiar a tantos personas y proyectos que es imposible enumerarlos.

    En la ciudad, la huella de la fundación es omnipresente: desde la preservación y reinvención del histórico cine Le Plaza, hasta el apoyo a la modernización de la Escuela Profesional de Ginebra, la renovación del Asilo de Ancianos de Champel, la restauración de la Biblioteca de la Ciudad y la conservación del Jardín Botánico de Ginebra, son muchos los proyectos que quizás no habrían visto la luz sin el respaldo de Rolex.

    Además de lo que se ve, la fundación se centra en apoyar a individuos, condonando deudas, ayudando a pagar alquileres u otorgando becas.

    Y se reporta que las miles de solicitudes que reciben se revisan con rapidez y sin trámites burocráticos excesivos.

    Todo esto le confiere un poder tan vasto que en Ginebra algunos lo describen como un “Estado dentro de un Estado”, como señala Dan Crivello en el blog especializado Coronet.

    El modelo que lo hace posible, sin embargo, no es exclusivo de Rolex.

    Rolex no es la única empresa con esta estructura. Carlsberg, Robert Bosch, Bertelsmann, Novo Nordisk e IKEA, entre otras, son también propiedad de fundaciones.

    Pero Rolex tiene dos particularidades: su fundación posee el 100% de las acciones, en una estructura que la ley suiza hace permanente, es decir que nadie puede venderla, sacarla a bolsa ni transferirla a manos privadas.

    Y opera en la industria del lujo, donde donde la mayoría de sus competidores pertenecen a conglomerados bursátiles o a familias accionistas. En ese mundo, Rolex es una anomalía.

    Eso hace que Rolex no sólo sea inusual, sino el ejemplo más visible y rentable de este modelo, y el más debatido.

    Sus ventajas son reales: sin presión de accionistas, las decisiones son más largoplacistas; sin cotización en bolsa, la empresa es inmune a los vaivenes especulativos; con una fundación como propietaria, parte de las ganancias va a causas sociales.

    El historiador Donzé argumenta que esta estructura ha sido clave para que Rolex mantenga su independencia y coherencia de marca durante más de un siglo.

    Pero las sombras también son reales.

    Rolex no publica resultados detallados, no rinde cuentas a accionistas y apenas ofrece visibilidad sobre el alcance real de su actividad filantrópica.

    Analistas e historiadores del sector han señalado que esa opacidad no es un rasgo accesorio, sino estructural: le permite acumular capital, tomar decisiones a muy largo plazo y ejercer una influencia significativa sin los mecanismos habituales de supervisión.

    El resultado no es tanto una anomalía ética como institucional: una organización que, sin infringir las reglas, opera en gran medida al margen de ellas.

    Sin embargo, nada de eso ha empañado lo que Rolex representa para el mundo: esas sombras rara vez llegan al mostrador.

    Shakira no cantó sobre una fundación. Cantó sobre un reloj. Pero ese reloj lleva décadas siendo mucho más que un objeto: es el resultado de una construcción deliberada, inteligente, a veces opaca, de lo que significa el éxito.

    Y la empresa que lo fabrica ha logrado algo que muy pocas logran: que nadie necesite explicar qué significa cuando pronuncias su nombre.

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    BBC

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  • Opinión: Trump les da mala fama a los ancianos

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    El presidente Donald Trump les está dando mala fama a las personas mayores.

    Piénsalo. En junio cumplirá 80 años, y es el segundo presidente de la historia de Estados Unidos que alcanza esa edad en el cargo. Ahora mismo, el que ostenta el récord es Joe Biden. Pero si Trump llega al final del segundo mandato, superará a Biden como el presidente de mayor edad de la historia.

    Si quieres detenerte en el lado positivo de la edad y nuestros jefes ejecutivos, deberíamos empezar por Jimmy Carter, quien terminó su carrera en la Casa Blanca en 1981, pero trató de ser un ciudadano provechoso durante varias décadas. Vivió hasta los 100 años y ganó un Premio Nobel por su labor humanitaria en una etapa tardía de su vida. Ayudó a los pobres al trabajar en erradicar –y consiguiéndolo en gran medida– el gusano de Guinea y, aserrando y martillando, llamó la atención sobre la necesidad de viviendas para las personas de bajos ingresos. Podrías tener muchas opiniones sobre el éxito de Carter en la Casa Blanca, pero definitivamente resaltan sus proyectos después de la presidencia.

    En su exposición del Paseo de la Fama Presidencial en la Casa Blanca, Trump elogia los esfuerzos de Carter después de dejar la Casa Blanca, pero desprecia su mandato. Sin embargo, ese Paseo de la Fama es un excelente ejemplo de cómo, a sus casi 80 años, Trump sigue compitiendo vigorosamente por el título de ser el peor mandatario de la historia estadounidense. Cuando no está criticando a su predecesor inmediato, renombrando edificios con su nombre o convirtiendo la crisis de Irán en un desastre profundo, Trump ha estado amasando una fortuna para los miembros de su familia, a los que ha vinculado con unos beneficios estimados en más de 1400 millones de dólares procedentes de empresas que van desde las criptomonedas hasta la concesión de licencias para usar su nombre.

    ¿Quieres pensar un poco sobre si Trump va a fusionar el título de ser el mandatario “más viejo” con el de ser “el peor”? Mejor, no lo hagamos. Si nos centramos en eso, existe un grave peligro de que terminemos en una larga reflexión sobre el hecho de que aún nos quedan casi tres años más de la Casa Blanca de Trump. No le demos vueltas. De verdad.

    “¿Deberíamos hacerlo por cuarta vez?”, reflexionó nuestro presidente en un reciente viaje a Iowa.

    Esta, por supuesto, es la Teoría Trump de la Historia de Estados Unidos, en la que derrotó a Biden en 2020 e intentó provocar una revolución en el país –o, como mínimo, unos disturbios muy violentos– cuando los funcionarios públicos racionales declararon que había perdido.

    ¿Te imaginas a Trump postulándose de nuevo en 2028, cuando vaya camino de los 83 años? Cuando los jóvenes empiecen a temblar de terror, hay que recordarles que las personas mayores inteligentes están igualmente horrorizadas por gente poderosa que se niega a jubilarse en un momento racional. Además, en realidad no puede amenazarnos con eso (por favor, deja de comerte las uñas). Aún existe un límite de dos mandatos, establecido en la Constitución.

    A menos, claro está, que impulse una enmienda sobre la edad y se invente una leyenda según la cual los fundadores querían garantizar que cualquier hombre menor de 100 años tuviera derecho a postularse al cargo más alto. Y que recuerde a la gente sus gestas presidenciales caritativas, como indultar a los alborotadores del 6 de enero, a unos jugadores de fútbol americano y a muchos otros delincuentes.

    Como presidente, Trump ha llegado a la vejez como un héroe para todos los estadounidenses que admiran a figuras famosas que entran en la categoría de “negarse a dejar el poder”. Piénsenlo. (Solo por unos minutos). Derrotó a Hillary Clinton, a pesar de perder el voto popular. Se negó a admitir que Biden lo había vencido en la reelección e intentó dar un golpe de Estado. Fracasó en eso, pero logró recuperar la Casa Blanca en las siguientes elecciones, algo que Biden facilitó al tardarse en admitir que era demasiado viejo para postularse de nuevo.

    Y entonces, Trump anunció al mundo en un correo masivo que había completado el primer año de su nuevo mandato, durante el cual bien podría haber logrado “más que cualquier otro presidente en la historia del país”.

    Espero que quede claro, Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt, George Washington…

    Bueno, hay muchas formas de hacer historia. ¿Van a considerar los estudiosos presidenciales del futuro a Trump como el peor? ¿Por debajo de James Buchanan, quien no logró detener la esclavitud ni la Guerra de Secesión? ¿O William Henry Harrison, quien rechazó los argumentos de que era demasiado mayor para postularse y murió un mes después de su investidura, dejando el país en manos del terrible John Tyler?

    Imaginemos cómo verían los demás presidentes de edad avanzada la llegada de Trump a sus filas. No podemos decir que les esté dando mala fama, ya que, como grupo, no tienen precisamente una reputación muy buena.

    Pero imagina una cena celestial de viejos presidentes a través de los tiempos. Ahí está Herbert Hoover, que recibe elogios por haber logrado vivir hasta los 90 años, de colegas que caritativamente ignoran su papel protagonista en la Gran Depresión.

    Ahí está Ronald Reagan, a quien le faltaban pocos días para cumplir 70 años cuando fue investido, sonriendo mientras contempla sus dos mandatos y luego 15 años como alegre jubilado. (Bueno, alegre en su mayor parte, hasta los últimos años, oscurecidos por el alzhéimer).

    “Comienzo ahora el viaje que me llevará al ocaso de mi vida”, dijo en una carta de despedida a la nación. “Sé que para Estados Unidos siempre habrá un brillante amanecer por delante”.

    De acuerdo, probablemente no se imaginaba a un presidente Trump en aquel momento. Pero volvamos a esa fiesta de los presidentes más longevos. Independientemente de cuánto acabaran viviendo, si los invitados a la fiesta tuvieran la edad que tenían cuando ocupaban el cargo, muchos apenas tendrían unos 60 años. John Adams terminó su único mandato con 65 años, triste por haber perdido la reelección frente a Thomas Jefferson, pero sin duda contento por haber disfrutado de 25 años tras su presidencia, en los que vería a su hijo llegar a la Casa Blanca. Y tal vez tuviera la premonición de que, dos siglos más tarde, se le rendiría homenaje con una serie biográfica de televisión.

    ¿Crees que alguna vez habrá una serie de televisión sobre Donald Trump? ¿De qué género sería? ¿Historia, humor o terror?

    Gail Collins, colaboradora de Opinión, trabajó para el Times durante 30 años, como integrante del consejo editorial, como editora de la página editorial y como columnista de Opinión desde 2007 hasta 2025.