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  • La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

    La inusual estructura de Rolex: la empresa de lujo que no pertenece a ningún multimillonario

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    Logo de Rolex con su corona, en verde y amarillo

    Getty Images
    Una palabra que no significaba nada se convirtió en una cuyo significado no requería explicación.

    Cuando Shakira quiso expresar en una canción su dolor por una traición amorosa, se valió de una comparación que no necesitaba explicación: “Cambiaste un Rolex por un Casio”.

    La segunda marca quizás podría haber sido otra, pero la primera sólo podía ser esa: bastaba invocarla para que su audiencia global la entendiera de inmediato como sinónimo de lo más valioso que alguien puede poseer… y perder.

    Pocas marcas en la historia han logrado ese nivel de penetración cultural.

    Ya sea un reloj de pulsera Rolex, grande, robusto, de oro pulido e incrustado de diamantes -que declara éxito a los cuatro vientos-, o un modelo más discreto, que susurra refinación, todos hablan el mismo idioma.

    Y aunque hay otras piezas de relojería en el mercado de lujo que marcan el tiempo con una precisión respaldada por una ingeniería muy sofisticada, Rolex ha sido el líder indisputable desde hace más de medio siglo.

    El más reciente informe Swiss Watcher 2025 de Morgan Stanley y LuxeConsult, que examinó las 50 principales marcas, lo confirma.

    Rolex aparece a la cabeza con una cuota de mercado minorista implícita de 33%; el segundo en la lista -Richemont, con sus relojes Cartier- tiene el 9%.

    El informe estima que se vendieron 1.150.000 relojes Rolex el año pasado, lo que se traduce en ingresos estimados de unos US$14.800 millones, una cantidad difícil de imaginar y, en este caso, difícil de confirmar pues la centenaria relojería es singular.

    Rolex no pertenece a ningún multimillonario, ni cotiza en bolsa, ni responde a accionistas.

    Es propiedad de una fundación.

    Esa estructura inusual, que sus admiradores -desde entusiastas y coleccionistas hasta vendedores especializados- presentan como un modelo casi virtuoso de capitalismo con conciencia, es compleja e intrigante.

    Detrás de ella hay un hombre llamado Hans Wilsdorf.

    ¿Cómo encaminó el éxito de la marca y se aseguró de que perdurara?

    Un huérfano bávaro con una visión

    Wilsdorf nació en 1881 en Baviera, Alemania y, tras perder a su madre siendo niño, y a su padre cuando tenía 12 años, sus tíos vendieron el negocio familiar y lo enviaron a un internado.

    Con una educación sólida y la capacidad de hablar tres idiomas – alemán, francés e inglés- Wilsdorf llegó a Suiza a los 19 años a trabajar para una empresa exportadora de relojes de bolsillo.

    En 1905, con 24 años, fundó junto a su cuñado Alfred Davis la empresa Wilsdorf & Davis en Londres, importando mecanismos suizos y tres años más tarde registró la marca Rolex, una palabra inventada, fácil de pronunciar en cualquier idioma y lo suficientemente corta para caber en una esfera.

    Había llegado en el momento en que la industria apostaba por el reloj de pulsera, y se unió a esa tendencia con una obsesión particular: demostrar que esos pequeños mecanismos amarrados a la muñeca podían alcanzar la precisión de los grandes cronómetros marinos, el máximo estándar de exactitud de la época.

    Así como Omega, Longines y Zenith, Rolex participó en competencias de cronometría, pues la precisión no era solo un atributo técnico: era el argumento de venta.

    Pero se necesitaba más para sobresalir.

    En la sucesión de innovaciones que transformaron la relojería, Rolex no siempre fue el primero en concebir una idea, pero sí a menudo en llevarla a su forma definitiva y grabarlo en la memoria colectiva.

    En 1926, lanzó el Oyster, el primer reloj de pulsera herméticamente sellado y resistente al agua.

    Para demostrarlo, Wilsdorf no se limitó a afirmarlo: convenció a la nadadora Mercedes Gleitze para que llevara un Oyster atado al cuello durante su “nado de vindicación” del Canal de la Mancha.

    Gleitze había sido la primera persona en cruzar el Canal, pero otra mujer reclamó haberlo hecho en menos tiempo, una afirmación que resultó ser una farsa, pero que obligó a Gleitze a repetir la travesía para reivindicar su hazaña.

    La controversia garantizaba cobertura mediática gratis.

    Aunque Gleitze tuvo que abandonar el nado por el frío extremo, el reloj funcionaba perfectamente, como reportó el diario británico Times.

    Un mes después, Rolex compraría la portada completa del diario Daily Mail con el titular: “El reloj que desafió el Canal”.

    La legendaria casa de subastas Sotheby’s describiría esa colaboración, casi un siglo después, como “el nacimiento del patrocinio deportivo moderno”: la primera vez que la resistencia física de un atleta fue usada para validar la ingeniería de un producto.

    Imagen que muestra una foto de Gleitze y sobre ella, el reloj.

    Getty Images
    La travesía de Gleitze demostró que Rolex había inventado el primer reloj de pulsera práctico, impermeable y a prueba de polvo del mundo. En noviembre de 2025, se vendió en subasta de Sotheby’s por US$1.730.000.

    En los años 50, Rolex y su agencia de publicidad J. Walter Thompson protagonizaron un audaz golpe de marketing en un evento que tenía al mundo en vilo: la conquista del Everest.

    La relojería británica Smiths, proveedora histórica de la Armada Real y la Casa Real, era la patrocinadora oficial de la expedición que lo logró en 1953, y cuando Edmund Hillary llegó a la cumbre, llevaba un Smiths De Luxe en la muñeca.

    Pero eso no impidió que Rolex se adueñara de la historia: le había dado relojes a los miembros de la expedición y al regreso, en Calcuta, el distribuidor local le regaló a Edmund Hillary un Explorer prototipo grabado, y repartió relojes al equipo.

    Para cuando llegaron a Londres los escaladores eran embajadores oficiales de Rolex, y poco se habló de los relojes Smiths.

    En 1960, en vez de disputar las alturas, se probó en las profundidades: un reloj experimental Rolex fue fijado al exterior del batiscafo Trieste durante su descenso al fondo de la fosa de las Marianas.

    Jacques Piccard, el oceanógrafo que comandó el descenso, envió un telegrama a Ginebra: “Feliz de anunciarles que su reloj funciona igual de bien a 11.000 metros que en la superficie”.

    Cada hazaña terminaba en un anuncio, reforzando el eslogan asociado con la marca: “una corona para cada éxito”.

    La línea entre la publicidad y las demostraciones reales de rendimiento era difusa, y la estrategia rindió fruto: desde 1953, Rolex creció a un ritmo promedio del 8% anual durante casi cuatro décadas.

    El mercadeo era solo la mitad de la ecuación. La otra, la resumió Wilsdorf en una carta de sus primeros años: “No es con precios bajos sino, al contrario, con mayor calidad que no solo podemos sostener el mercado, sino ampliarlo”.

    Un símbolo a prueba del tiempo

    Wilsdorf murió en 1960, pero estaba por venir la transformación más radical de Rolex: de reloj de precisión a símbolo global de estatus.

    De la mano de aquella agencia de publicidad que había ayudado a cimentar el vínculo entre Rolex y la conquista humana de lo imposible en el Everest, J. Walter Thompson, la estrategia evolucionó con precisión quirúrgica a lo largo de las décadas.

    Detalle de la corona de 5 puntas que es parte del logo de Rolex en las 12 de un reloj.

    Getty Images
    Le pusieron la corona en 1931.

    Los anuncios ya venían centrándose no en los relojes en sí, sino en los hombres poderosos que los lucían: Rolex era símbolo de éxito personal.

    “Los hombres que guían el destino del mundo usan relojes Rolex”, rezaba un anuncio de 1959.

    Cuando la sociedad pasó de admirar a líderes mundiales o a los militares, y los deportistas, aventureros y emprendedores se convirtieron en los nuevos héroes, Rolex se asoció a profesionales de élite.

    La crisis del cuarzo en los años 70 -cuando los relojes japoneses de batería amenazaron con hacer obsoletos los mecanismos mecánicos suizos-, que para muchas marcas un golpe letal, para Rolex fue una oportunidad.

    Mientras competidores como Omega fabricaban relojes de cuarzo baratos, Rolex reencuadró su mecanismo mecánico como virtud: no era tecnología antigua, sino artesanía atemporal.

    La decisión consolidó su posición como el reloj de lujo por excelencia, que ha mantenido por más de medio siglo.

    En los 80, cuando los símbolos de estatus se volvieron culturalmente dominantes, Rolex giró hacia la opulencia: el modelo Day-Date se convirtió en “el reloj presidencial”, usado por líderes mundiales.

    El resultado fue lo que los expertos en marcas llaman una trampa aspiracional perfecta: un objeto que quienes no pueden permitírselo desean, y quienes pueden permitírselo necesitan para señalar que lo han logrado.

    El mensaje constante, como señala en el libro La fabrique de l’excellence: histoire de Rolex el historiador Pierre-Yves Donzé, era destilado, sencillo y poderoso: Rolex es un producto excepcional, desarrollado por un empresario excepcional (Hans Wilsdorf) para personas excepcionales.

    Ese temple y claridad de visión se debe en gran medida a la Fundación Hans Wilsdorf, lo que nos lleva de vuelta a su creador.

    La corona y sus sombras

    Tras la muerte de su esposa en 1945, Wilsdorf creó la fundación que lleva su nombre, y a su muerte, le legó todas sus acciones.

    Su objetivo primario –según sus estatutos– es “garantizar la salvaguarda, el mantenimiento y la rentabilidad de los bienes que se le confían”.

    “De ser posible”, añaden, apoyar iniciativas sociales, educativas, culturales y humanitarias principalmente en Ginebra, así como contribuir a la protección de los animales y el medio ambiente a nivel global.

    Todo se ha cumplido, sin duda, aunque de nada hay registro exacto.

    El puente iluminado

    Getty Images
    El puente Hans Wilsdorf, galardonado con varios premios de arquitectura, es la obra más evidente de la fundación en Ginebra.

    Si bien sus fines filantrópicos están subordinados a la disponibilidad de recursos que sobren, estos han permitido beneficiar a tantos personas y proyectos que es imposible enumerarlos.

    En la ciudad, la huella de la fundación es omnipresente: desde la preservación y reinvención del histórico cine Le Plaza, hasta el apoyo a la modernización de la Escuela Profesional de Ginebra, la renovación del Asilo de Ancianos de Champel, la restauración de la Biblioteca de la Ciudad y la conservación del Jardín Botánico de Ginebra, son muchos los proyectos que quizás no habrían visto la luz sin el respaldo de Rolex.

    Además de lo que se ve, la fundación se centra en apoyar a individuos, condonando deudas, ayudando a pagar alquileres u otorgando becas.

    Y se reporta que las miles de solicitudes que reciben se revisan con rapidez y sin trámites burocráticos excesivos.

    Todo esto le confiere un poder tan vasto que en Ginebra algunos lo describen como un “Estado dentro de un Estado”, como señala Dan Crivello en el blog especializado Coronet.

    El modelo que lo hace posible, sin embargo, no es exclusivo de Rolex.

    Rolex no es la única empresa con esta estructura. Carlsberg, Robert Bosch, Bertelsmann, Novo Nordisk e IKEA, entre otras, son también propiedad de fundaciones.

    Pero Rolex tiene dos particularidades: su fundación posee el 100% de las acciones, en una estructura que la ley suiza hace permanente, es decir que nadie puede venderla, sacarla a bolsa ni transferirla a manos privadas.

    Y opera en la industria del lujo, donde donde la mayoría de sus competidores pertenecen a conglomerados bursátiles o a familias accionistas. En ese mundo, Rolex es una anomalía.

    Eso hace que Rolex no sólo sea inusual, sino el ejemplo más visible y rentable de este modelo, y el más debatido.

    Sus ventajas son reales: sin presión de accionistas, las decisiones son más largoplacistas; sin cotización en bolsa, la empresa es inmune a los vaivenes especulativos; con una fundación como propietaria, parte de las ganancias va a causas sociales.

    El historiador Donzé argumenta que esta estructura ha sido clave para que Rolex mantenga su independencia y coherencia de marca durante más de un siglo.

    Pero las sombras también son reales.

    Rolex no publica resultados detallados, no rinde cuentas a accionistas y apenas ofrece visibilidad sobre el alcance real de su actividad filantrópica.

    Analistas e historiadores del sector han señalado que esa opacidad no es un rasgo accesorio, sino estructural: le permite acumular capital, tomar decisiones a muy largo plazo y ejercer una influencia significativa sin los mecanismos habituales de supervisión.

    El resultado no es tanto una anomalía ética como institucional: una organización que, sin infringir las reglas, opera en gran medida al margen de ellas.

    Sin embargo, nada de eso ha empañado lo que Rolex representa para el mundo: esas sombras rara vez llegan al mostrador.

    Shakira no cantó sobre una fundación. Cantó sobre un reloj. Pero ese reloj lleva décadas siendo mucho más que un objeto: es el resultado de una construcción deliberada, inteligente, a veces opaca, de lo que significa el éxito.

    Y la empresa que lo fabrica ha logrado algo que muy pocas logran: que nadie necesite explicar qué significa cuando pronuncias su nombre.

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    BBC

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  • Opinión: Trump les da mala fama a los ancianos

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    El presidente Donald Trump les está dando mala fama a las personas mayores.

    Piénsalo. En junio cumplirá 80 años, y es el segundo presidente de la historia de Estados Unidos que alcanza esa edad en el cargo. Ahora mismo, el que ostenta el récord es Joe Biden. Pero si Trump llega al final del segundo mandato, superará a Biden como el presidente de mayor edad de la historia.

    Si quieres detenerte en el lado positivo de la edad y nuestros jefes ejecutivos, deberíamos empezar por Jimmy Carter, quien terminó su carrera en la Casa Blanca en 1981, pero trató de ser un ciudadano provechoso durante varias décadas. Vivió hasta los 100 años y ganó un Premio Nobel por su labor humanitaria en una etapa tardía de su vida. Ayudó a los pobres al trabajar en erradicar –y consiguiéndolo en gran medida– el gusano de Guinea y, aserrando y martillando, llamó la atención sobre la necesidad de viviendas para las personas de bajos ingresos. Podrías tener muchas opiniones sobre el éxito de Carter en la Casa Blanca, pero definitivamente resaltan sus proyectos después de la presidencia.

    En su exposición del Paseo de la Fama Presidencial en la Casa Blanca, Trump elogia los esfuerzos de Carter después de dejar la Casa Blanca, pero desprecia su mandato. Sin embargo, ese Paseo de la Fama es un excelente ejemplo de cómo, a sus casi 80 años, Trump sigue compitiendo vigorosamente por el título de ser el peor mandatario de la historia estadounidense. Cuando no está criticando a su predecesor inmediato, renombrando edificios con su nombre o convirtiendo la crisis de Irán en un desastre profundo, Trump ha estado amasando una fortuna para los miembros de su familia, a los que ha vinculado con unos beneficios estimados en más de 1400 millones de dólares procedentes de empresas que van desde las criptomonedas hasta la concesión de licencias para usar su nombre.

    ¿Quieres pensar un poco sobre si Trump va a fusionar el título de ser el mandatario “más viejo” con el de ser “el peor”? Mejor, no lo hagamos. Si nos centramos en eso, existe un grave peligro de que terminemos en una larga reflexión sobre el hecho de que aún nos quedan casi tres años más de la Casa Blanca de Trump. No le demos vueltas. De verdad.

    “¿Deberíamos hacerlo por cuarta vez?”, reflexionó nuestro presidente en un reciente viaje a Iowa.

    Esta, por supuesto, es la Teoría Trump de la Historia de Estados Unidos, en la que derrotó a Biden en 2020 e intentó provocar una revolución en el país –o, como mínimo, unos disturbios muy violentos– cuando los funcionarios públicos racionales declararon que había perdido.

    ¿Te imaginas a Trump postulándose de nuevo en 2028, cuando vaya camino de los 83 años? Cuando los jóvenes empiecen a temblar de terror, hay que recordarles que las personas mayores inteligentes están igualmente horrorizadas por gente poderosa que se niega a jubilarse en un momento racional. Además, en realidad no puede amenazarnos con eso (por favor, deja de comerte las uñas). Aún existe un límite de dos mandatos, establecido en la Constitución.

    A menos, claro está, que impulse una enmienda sobre la edad y se invente una leyenda según la cual los fundadores querían garantizar que cualquier hombre menor de 100 años tuviera derecho a postularse al cargo más alto. Y que recuerde a la gente sus gestas presidenciales caritativas, como indultar a los alborotadores del 6 de enero, a unos jugadores de fútbol americano y a muchos otros delincuentes.

    Como presidente, Trump ha llegado a la vejez como un héroe para todos los estadounidenses que admiran a figuras famosas que entran en la categoría de “negarse a dejar el poder”. Piénsenlo. (Solo por unos minutos). Derrotó a Hillary Clinton, a pesar de perder el voto popular. Se negó a admitir que Biden lo había vencido en la reelección e intentó dar un golpe de Estado. Fracasó en eso, pero logró recuperar la Casa Blanca en las siguientes elecciones, algo que Biden facilitó al tardarse en admitir que era demasiado viejo para postularse de nuevo.

    Y entonces, Trump anunció al mundo en un correo masivo que había completado el primer año de su nuevo mandato, durante el cual bien podría haber logrado “más que cualquier otro presidente en la historia del país”.

    Espero que quede claro, Abraham Lincoln, Franklin Roosevelt, George Washington…

    Bueno, hay muchas formas de hacer historia. ¿Van a considerar los estudiosos presidenciales del futuro a Trump como el peor? ¿Por debajo de James Buchanan, quien no logró detener la esclavitud ni la Guerra de Secesión? ¿O William Henry Harrison, quien rechazó los argumentos de que era demasiado mayor para postularse y murió un mes después de su investidura, dejando el país en manos del terrible John Tyler?

    Imaginemos cómo verían los demás presidentes de edad avanzada la llegada de Trump a sus filas. No podemos decir que les esté dando mala fama, ya que, como grupo, no tienen precisamente una reputación muy buena.

    Pero imagina una cena celestial de viejos presidentes a través de los tiempos. Ahí está Herbert Hoover, que recibe elogios por haber logrado vivir hasta los 90 años, de colegas que caritativamente ignoran su papel protagonista en la Gran Depresión.

    Ahí está Ronald Reagan, a quien le faltaban pocos días para cumplir 70 años cuando fue investido, sonriendo mientras contempla sus dos mandatos y luego 15 años como alegre jubilado. (Bueno, alegre en su mayor parte, hasta los últimos años, oscurecidos por el alzhéimer).

    “Comienzo ahora el viaje que me llevará al ocaso de mi vida”, dijo en una carta de despedida a la nación. “Sé que para Estados Unidos siempre habrá un brillante amanecer por delante”.

    De acuerdo, probablemente no se imaginaba a un presidente Trump en aquel momento. Pero volvamos a esa fiesta de los presidentes más longevos. Independientemente de cuánto acabaran viviendo, si los invitados a la fiesta tuvieran la edad que tenían cuando ocupaban el cargo, muchos apenas tendrían unos 60 años. John Adams terminó su único mandato con 65 años, triste por haber perdido la reelección frente a Thomas Jefferson, pero sin duda contento por haber disfrutado de 25 años tras su presidencia, en los que vería a su hijo llegar a la Casa Blanca. Y tal vez tuviera la premonición de que, dos siglos más tarde, se le rendiría homenaje con una serie biográfica de televisión.

    ¿Crees que alguna vez habrá una serie de televisión sobre Donald Trump? ¿De qué género sería? ¿Historia, humor o terror?

    Gail Collins, colaboradora de Opinión, trabajó para el Times durante 30 años, como integrante del consejo editorial, como editora de la página editorial y como columnista de Opinión desde 2007 hasta 2025.

  • Venezuela aprueba una nueva ley de minas: cuáles son las otras riquezas naturales que tiene el país además del petróleo

    Venezuela aprueba una nueva ley de minas: cuáles son las otras riquezas naturales que tiene el país además del petróleo

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    Un hombre acarrea una carreta cargada de carbón en una mina en el estado Táchira.

    JOHNNY PARRA/AFP via Getty Images
    El subsuelo venezolano no solo guarda vastos yacimientos de petróleo y de gas, sino de otros recursos minerales.

    Este artículo fue originalmente publicado el 11 de febrero de 2026, antes de la aprobación de la Ley de Minas, y actualizado para una mayor comprensión del tema.

    Una apertura de facto de la minería venezolana a las manos extranjeras.

    Eso es lo que supone la nueva Ley de Minas aprobada este jueves por la Asamblea Nacional de Venezuela, de mayoría oficialista.

    Tras la reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos y de la de aceleración de trámites, esta es la tercera norma que se aprueba en el contexto de la cooperación económica con EE.UU., que ejerce un tutelaje sobre Miraflores desde el 3 de enero, cuando capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores.

    En el caso de la reforma petrolera, ofrece garantías a la inversión privada y modifica el modelo estatista ideado por Hugo Chávez.

    Con la nueva Ley de Minas se pretende modernizar esa industria del país y atraer a empresas privadas para que exploten tanto el oro como los minerales esenciales que hay en Venezuela.

    Además, según la nueva legislación, se penaliza la extracción ilegal así como la degradación del medio ambiente, ambos grandes problemas especialmente en la zona conocida como el Arco Minero del Orinoco.

    Como indica un informe de International Crisis Group, “desde hace dos décadas hay extensa minería de oro ilícita en el sur de Venezuela” que, agrega, ha “crecido rápidamente en los últimos diez años, a medida que grupos criminales y guerrillas han tomado el control de amplias zonas de los estados Bolívar y Amazonas”.

    Y aunque Venezuela y el petróleo son casi sinónimos, en las entrañas del suelo del país sudamericano no solo hay crudo, sino también grandes yacimientos de distintos metales y minerales.

    Durante años, Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, achacaron sus malas relaciones con Estados Unidos al interés de Washington por apropiarse de esos recursos.

    “¿Cuál es la meta del gobierno actual de EE.UU.? Ya lo han dicho: agarrarse todo el petróleo de Venezuela, el oro, las tierras raras, las riquezas de Venezuela”, declaró Maduro en una entrevista difundida el 1 de enero, dos días antes de la inédita operación militar que Donald Trump ordenó ejecutar contra Venezuela y la cual terminó con su captura.

    Las primeras palabras del mandatario estadounidense luego de esos sucesos parecieron confirmar las sospechas.

    “Lo que necesitamos (de las autoridades interinas venezolanas) es acceso total. Acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo”, dijo Trump.

    En ese momento, para los analistas consultados por BBC Mundo y para el propio gobierno interino venezolano esas “otras cosas” que no especificó el mandatario estadounidense parecen incluir los también vastos yacimientos minerales del país.

    Un amplio inventario

    “En Venezuela no solamente existe el petróleo como recurso mineral importante, sino que también hay otros, una minoría de los cuales han comenzado a ser explotados”, le dijo a BBC Mundo el geólogo venezolano Gustavo Coronel.

    ¿Cuáles son esos minerales? “El hierro, la bauxita y el oro”, enumeró el experto, quien fue uno de los directivos fundadores de Petróleos de Venezuela (Pdvsa).

    Por su parte, Emiliano Terán Mantovani, sociólogo de la Universidad Central de Venezuela (UCV) agregó a la lista “los diamantes, el coltán, el níquel, el cobre y el carbón”. Terán Mantovani es un investigador especializado en los impactos en América Latina del llamado “extractivismo” (la explotación y exportación de grandes volúmenes de recursos naturales con escaso procesamiento).

    Las autoridades, entretanto, han asegurado que en el país hay al menos 50 minerales y estiman que unos 15 pueden ser explotados comercialmente.

    Según el Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP), organismo adscrito a la Vicepresidencia venezolana, el país tiene la octava reserva mundial de hierro, con 14.721 millones de toneladas métricas, y posee más de 321 millones de toneladas de bauxita, que es la materia prima para obtener aluminio metálico, con el cual se fabrican aviones, automóviles y otros productos.

    En lo que se refiere al oro, el CIIP asegura que el país alberga entre 2.200 y 8.000 toneladas, lo que convertiría a Venezuela en la segunda reserva mundial de este metal precioso. No obstante, los expertos consultados por BBC Mundo advirtieron que esos datos no han sido verificados independientemente.

    “Nadie sabe, ni siquiera el gobierno, a cuánto ascienden las reservas probadas de oro, porque la explotación ha sido muy desorganizada y no se han realizado más estudios”, afirmó Coronel.

    La mayoría de los yacimientos de estos minerales se ubican al sureste del país, en particular en la región de Guayana, conformada por los estados Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro, y algunos de ellos son explotados desde hace varias décadas.

    Sin embargo, en otras partes del país como en la península de La Guajira, en el occidental estado Zulia, fronterizo con Colombia, hay depósitos de carbón; mientras que los de cobre están esparcidos por el centro-norte y el nororiente.

    Delcy Rodríguez.

    Jesus Vargas/Getty Images
    Este mes, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, afirmó que el oro “mantiene el servicio exterior” y financia “a los deportistas venezolanos”.

    El misterio de las tierras raras

    En los últimos años, las autoridades venezolanas han asegurado que en el país hay depósitos de las llamadas tierras raras —esos 17 elementos químicos tan demandados actualmente para fabricar baterías, pantallas, imanes y otros equipos tecnológicos—, una afirmación que los expertos respaldan.

    “En el año 1971 se hizo un levantamiento aeromagnético y se detectó la presencia de tierras raras en el cerro Impacto, ubicado entre los estados Bolívar y Amazonas”, aseguró Coronel.

    El torio —un elemento altamente radioactivo y muy apreciado en la industria nuclear— fue identificado junto con el niobio y el tantalio, se lee en un informe del Servicio Geológico de EE. UU. (USGS, por sus siglas en inglés) fechado en 1990.

    No obstante, el organismo estadounidense no incluye al país sudamericano entre aquellos que poseen depósitos de tierras raras por falta de datos. ¿La razón? Décadas después de los primeros hallazgos, todavía se desconoce qué tan importantes son estos yacimientos.

    “Esos minerales están en una zona de difícil acceso, con abundante vegetación y están cubiertos por una enorme cantidad de sedimentos, por lo cual se requiere de excavaciones y perforaciones que afectarían seriamente el medio ambiente”, explicó Coronel.

    Unos trabajadores venezolanos en un tren cargado de mineral de hierro en el estado Bolívar.

    Gamma-Rapho via Getty Images
    Las autoridades venezolanas aseguran que el país tiene las octavas reservas de hierro del mundo, mineral fundamental para sectores como la industria y la construcción.

    Por su parte, las autoridades han asegurado que los depósitos de estos elementos, así como de coltán —un mineral crítico, también muy demandado por la industria tecnológica civil y militar—, son grandes.

    “Las reservas (de coltán) en Venezuela pudieran, en una evaluación muy preliminar, aproximarse a los US$100.000 millones”, aseveró Chávez durante un discurso en el Parlamento en 2010.

    No obstante, no fue sino ocho años después cuando se conoció la primera exportación del llamado “oro azul”.

    En 2018, el entonces ministro de Desarrollo Minero, Víctor Cano, anunció que cinco toneladas de coltán, por un valor de US$330.000, fueron vendidas a Italia.

    Desde entonces, no se ha informado de nuevos envíos de este mineral al exterior, al menos de manera formal, pero reportes de organizaciones ambientalistas y de medios locales apuntan a un creciente contrabando del mineral.

    El plan B

    Aunque la tradición minera venezolana se remonta a tiempos de la colonia, nunca fue un motor de la economía venezolana, pese a su potencial.

    No obstante, esto cambió a partir de la segunda mitad de la década pasada.

    “Debido a la caída de la producción petrolera, Maduro decretó en 2016 el Arco Minero del Orinoco para explotar los minerales de la zona, en particular el oro, que ha tomado protagonismo debido a que sus elevados precios internacionales”, recordó Terán.

    El Arco Minero es una vasta zona de más de 110.000 kilómetros cuadrados, equivalente al 12% del territorio venezolano, ubicada al norte de los estados Amazonas, Bolívar y el sur de Delta Amacuro, cerca de la Faja Petrolífera del Orinoco, donde están el grueso de las reservas de crudo venezolanas.

    El Arco fue dividido en cuatro bloques dependiendo de la preponderancia de yacimientos minerales que contienen.

    “Se esperaba que unas 150 empresas participaran en la explotación del Arco, pero la falta de seguridad jurídica, la agudización de la crisis política y las sanciones internacionales lo frustraron”, explicó el experto.

    El sector minero también fue objeto de expropiaciones durante el gobierno de Chávez y algunas de esas disputas siguen en tribunales internacionales.

    Mapa del Arco Minero del Orinoco.

    BBC

    “A partir de allí, el gobierno recurrió a la pequeña minería para recabar el oro, actividad que no siempre respeta el medioambiente ni a las comunidades indígenas”, agregó Terán.

    Y como si lo anterior no fuera suficiente, el experto denunció que “el crimen organizado se expandió en la zona gracias a su asociación a sectores militares que se han enriquecido con el negocio minero”.

    Las autoridades, por su parte, han reconocido que en la zona se han producido hechos irregulares. “Se llevan el oro, el coltán, los diamantes”, admitió Maduro el 5 de enero de 2018. No obstante, los funcionarios aseguran que estos son casos aislados y aseguran que sus responsables son perseguidos.

    Un militar venezolano ve desde un helicóptero una zona devastada por la minería ilegal en el estado Amazonas.

    Yuri CORTEZ / AFP via Getty Images
    El impulso minero forzado por el colapso petrolero se ha desarrollado sin consideración ambiental y ha devastado extensas zonas del sur de Venezuela.

    Pese los obstáculos, la explotación de oro ha aumentado de manera constante en los últimos años, llegando a cifras sin precedentes de entre 40 y 50 toneladas al año, lo cual representa entre US$2.700 y US$3.300 millones, según fuentes nacionales e internacionales.

    Sin embargo, solo una pequeña porción de esos fondos ha terminado en las arcas públicas.

    “Al Banco Central de Venezuela (BCV) apenas estaría ingresando 8% del oro explotado por concepto de regalías y 6% por autorizar las exportaciones, mientras las organizaciones criminales se estarían quedando con alrededor de 20% y las alianzas estratégicas vinculadas a la élite política con 66%”, denunció la organización Transparencia Venezuela en un informe publicado en 2024.

    Las autoridades han sido muy opacas en cuanto a la producción de oro y no informan cuánto ingresa al BCV por este concepto. Este mes, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, afirmó que el oro “mantiene el servicio exterior” (embajadas y consulados) y financia “a los deportistas venezolanos” que asisten a competencias internacionales, al tiempo que reveló que en 2025 se extrajeron 9,5 toneladas del metal.

    Un venezolano extrayendo oro en una mina en el estado Bolívar.

    JUAN BARRETO/AFP via Getty Images
    La explotación del oro se ha convertido en una importante fuente de ingresos para el Estado venezolano ante la caída de la producción petrolera.

    Las minas están en la mira

    Más allá de la petición de Trump de “acceso total”, otros funcionarios estadounidenses han dejado en claro el interés de Washington por los otros recursos naturales venezolanos.

    “Tienen hierro y todos los minerales críticos, tienen una gran historia minera que se ha oxidado, pero el presidente Trump va a arreglarlo y recuperarlo”, anunció el secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, horas después de la captura de Maduro y Flores.

    A lo anterior hay que sumarle que la bauxita, el níquel, el cobre y el carbón —que también posee Venezuela— fueron incorporados en noviembre de 2025 a la lista de minerales críticos fundamentales para la economía de EE. UU. que elabora el USGS, el Servicio Geológico de ese país.

    “Los minerales críticos sustentan industrias por valor de billones de dólares, y la dependencia de las importaciones pone en riesgo sectores clave”, advirtió Ned Mamula, director del USGS.

    Los expertos dieron por hecho que el interés de Washington no se limitará al petróleo, pues la administración estadounidense ha dejado en claro que quiere diversificar su cadena de materias primas.

    “El oro es parte del interés de EE.UU. en esta nueva situación. No es desconocido que el presidente Trump tiene una especial predilección por el oro como lo prueba la decoración de su oficina en la Casa Blanca”, apuntó Coronel.

    Militares venezolanos custodían un cargamento de lingotes de oro que va ser llevado al Banco Central de Venezuela, en 2018.

    Manaure Quintero/Bloomberg via Getty Images
    Venezuela ha estado produciendo entre 30 y 50 toneladas de oro anuales en los últimos año, según organizaciones nacionales e internacionales.

    No obstante, el geólogo expresó preocupación por cómo puedan explotarse algunos minerales.

    “Un gobierno democrático seguramente dejaría intacta la zona del cerro Impacto, ya que existe el riesgo de un desastre ecológico. Pero temo que ahora algunos países que necesitan desesperadamente esos minerales podrían presionar para abrir la zona a la exploración, y uno de ellos es, obviamente, EE. UU.”, dijo.

    Terán también expresó inquietud por las apetencias de Washington.

    “No está de más decir que aquí no hay ningún miramiento ambiental ni preocupación por la democracia o los derechos humanos; lo que estamos viendo son señales de unos acuerdos bastante subordinados que ponen en peligro la idea de soberanía que tuvimos”, advirtió.

    Sin embargo, firmas especializadas como GlobalData Energy han expresado dudas sobre la capacidad de Venezuela para convertirse en un suministrador confiable de minerales para EE. UU. a corto plazo.

    ¿Por qué? Por la carencia de infraestructura moderna en el país, de estudios confiables sobre sus reservas y, sobre todo, de un marco jurídico estable, se lee en un informe publicado recientemente.

    raya gris

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  • Cómo las crisis políticas llevaron a Perú a tener una “economía zombi” y acabaron con el mito de su crecimiento sin límites

    Cómo las crisis políticas llevaron a Perú a tener una “economía zombi” y acabaron con el mito de su crecimiento sin límites

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    Dos operarios con cascos. Tras ellos ondea una bandera peruana.

    Ernesto Benavides / Getty
    Los expertos creen que la economía peruana podría crecer más.

    Perú ha sido durante años un ejemplo de manejo macroeconómico.

    Pese a la inestabilidad política permanente y los constantes cambios de presidente en los últimos años, el país ha logrado mantener saneadas sus cuentas públicas, atraer inversiones extranjeras significativas, seguir creciendo y mantener el valor de su moneda.

    La aparente impermeabilidad de su economía a los vaivenes de su política es admirada y envidiada en otros países de América Latina castigados por las turbulencias financieras y ha contribuido a prolongar el relato de éxito que el país comenzó a escribir a principios de siglo, cuando tras agresivas reformas económicas superó la grave crisis que sufría y se sentaron las bases de décadas de expansión del PIB.

    Pero los especialistas advierten que no es oro todo lo que reluce y, pese a sus indicadores positivos, los peruanos sí pagan un precio por la inestabilidad política y sus permanentes cambios de gobierno.

    “Eso de que la economía y la política peruanas van por cuerdas separadas es una verdad a medias. Hay un punto a partir del cual la economía sí es afectada por la política”, le dice a BBC Mundo Armando Mendoza, economista del Centro Peruano de Estudios Sociales.

    Para él, Perú tiene hace tiempo “una economía que marcha en piloto automático, que marcha en modo zombi”.

    Dado que este domingo están llamados a elegir a su nuevo presidente y Congreso, analizamos el impacto para los peruanos de la tormenta de los últimos años.

    Las bases de la fortaleza

    La economía peruana cuenta con algunas fortalezas estructurales de las que se han beneficiado a lo largo de los años.

    Es una economía abierta en la que en los últimos años los inversores han encontrado en general seguridad jurídica para invertir.

    Un hombre descarga dos bombonas de gas de un camión.

    Ernesto Benavides / Getty
    Los inversores aprecian que la peruana es una economía abierta

    Al contrario que en otros países de la región habituados a los problemas financieras, Perú tiene una moneda, el sol, que ha sido de las más estables de América Latina.

    Un factor clave ha sido la gestión del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) que, gracias a la autonomía que le concede la Constitución, se ha mantenido al margen de las disputas políticas y ha llevado a cabo una gestión guiada por criterios técnicos que los expertos reconocen como una de las claves fundamentales de la estabilidad macroeconómica del país.

    Una “oportunidad perdida”

    Durante las dos primeras décadas del siglo, Perú vio crecer su Producto Interno Bruto alrededor de un 4% cada año, superando en algunos años incluso la barrera del 10% de crecimiento interanual.

    Sin embargo, el ritmo de crecimiento se ha venido ralentizando desde 2018, cuando Pedro Pablo Kuczynski presentó su renuncia a la presidencia y dio comienzo la caótica sucesión de presidentes, que llega a ocho desde entonces.

    Si se dejan aparte los años de la pandemia, la economía peruana ha crecido un 2,3% en promedio desde 2022, lo que, según los expertos, se queda lejos de su potencial.

    “La economía peruana sigue creciendo, pero hay un coste de oportunidad perdida. Si tuviéramos políticas sostenidas, no estaríamos creciendo 3%; probablemente estaríamos creciendo a niveles de 5 o 6%”, indica Mendoza.

    En la misma línea, Diego Macera, director del Instituto Peruano de Economía y miembro del directorio del BCRP, le dijo a BBC Mundo que Perú debería haberse beneficiado más de la actual coyuntura de precios altos del oro y el cobre, dos de las materias primas que más exporta.

    “Con los precios internacionales como están y con la estabilidad macro que llevamos, no hay motivo por el que no pudiéramos estar creciendo por encima del 4,5% si hubiéramos tenido gobiernos medianamente predecibles y competentes”.

    Esto explica que, aunque el país haya vuelto a encadenar años de crecimiento económico, haya sido menor del esperado y aún no haya logrado volver a los niveles de pobreza (20% en 2019 frente a 27,6% en 2024) y empleo formal previos a la pandemia.

    Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el ingreso real formal no regresó hasta 2024 a los niveles de 2019.

    El ejemplo más claro del precio que pagan los peruanos por su inestabilidad política es 2023, año en que Pedro Castillo fue destituido y encarcelado por intento de golpe de Estado y se desataron protestas en todo el país.

    Ese año la economía se contrajo un 0,55%. “Fue un año donde clarísimamente el desbarajuste político afectó la marcha de la economía”, indica Mendoza.

    Dos personas gritan junto a una valla colocada por la Policía en el centro de Lima.

    Ernesto Benavides / Getty
    La economía se contrajo en 2023, cuando la caída de Pedro Castillo provocó meses de protestas.

    El precio del “carrusel político”

    Según Mendoza, cuando Perú entró en el “carrusel político” de los últimos años, “se hizo imposible tener políticas económicas sostenidas”.

    Macera recuerda que “los presidentes no han llegado en promedio a los dos años de duración en el cargo”. El actual, José María Balcázar, fue elegido por el Congreso el pasado 18 de febrero en sustitución de José Jerí, destituido después de poco más de cuatro meses en el cargo.

    Pero si los presidentes duran poco, menos aún lo hacen los ministros. “En promedio un ministro de Economía dura hoy 7 u 8 meses”, señala Macera.

    “Con esta volatilidad es bien complicado tener políticas de Estado medianamente consistentes y bien complicado para los actores privados tener claridad sobre quiénes son sus interlocutores dentro de los ministerios”, añade.

    El presidente de Perú, José María Balcázar, con la banda presidencial.

    Jorge Cerdán / Getty
    Los presidentes duran poco en Perú. El actual, José María Balcázar, llegó al cargo en febrero y tendrá que dejarlo en julio.

    Para sectores que requieren grandes inversiones y años de planificación, como la minería, uno de los principales motores económicos del país, tener certezas sobre las políticas que se seguirán en el país resulta clave a la hora de decidir y ejecutar inversiones.

    “¿Cómo puedes hacer un planeamiento si los ministros y sus equipos cambian cada pocos meses?”, se pregunta Macera.

    Este año, además, el ciclo electoral agrava la incertidumbre que se ha convertido en rutina en Perú, ya que coinciden en unos pocos meses las elecciones generales (para elegir al presidente y al Congreso) con las regionales y locales, en que votarán por alcaldes y gobernadores.

    A juzgar por el descontento de los votantes que reflejan las encuestas, es probable que decidan cambiar a la mayoría de los gobernantes del país.

    Todas las encuestas muestran que los peruanos ven la corrupción como uno de los principales problemas de su país.

    La vida política del Perú ha estado en los últimos años marcada por los escándalos que le han costado uno tras otro el cargo a casi todos los últimos mandatarios.

    Mendoza lamenta que “segmentos significativos del Estado han sido capturados y depredados por mafias”: “Ya no es solo la corrupción tradicional sino delincuencia vinculada al crimen común”.

    Y las actividades delictivas tienen un impacto económico.

    Según Macera, “hay una amplia agenda pendiente de combate a la minería ilegal, cuando estimamos que el año pasado hubo cerca de US$11.500 millones en exportaciones de oro ilegal, una cifra similar a lo que exportó la agroindustria peruana en 2014”.

    Qué puede pasar ahora

    Todas las previsiones están ahora al albur de lo que suceda con la guerra en Medio Oriente, que ya ha provocado un encarecimiento del petróleo y podría provocar una recesión mundial si no termina pronto.

    El Banco Central estima que el PIB peruano crecerá en 2026 un 2,9%, de nuevo un dato de crecimiento positivo que, de cumplirse las previsiones del banco, lo colocaría como la segunda economía de mayor crecimiento en la región, pero el escenario podría variar si el conflicto se prolonga.

    Perú sigue beneficiándose de los altos precios de los metales, la estabilidad de su moneda y la solidez de sus cuentas públicas y se espera que la inversión y el empleo formal sigan aumentando.

    El directorio del Banco Central también debe renovarse este año y esta será otra de las claves.

    “El Banco tiene gran independencia en sus operaciones, pero la elección de los miembros del directorio dependerá del nuevo presidente y el nuevo Congreso”, indica Macera.

    Espera que haya un consenso para mantener como presidente a Julio Velarde, que lleva 20 años al frente de la institución y es ampliamente visto como uno de los garantes de la solidez macroeconómica peruana.

    Pero eso, como casi todo en este año electoral, está por definir en Perú.

    Los dirigentes que salgan de las urnas tendrán el desafío de propiciar que la economía abandone su “modo zombi” y ponerla a trabajar a pleno rendimiento por la cohesión social y el progreso de los peruanos.

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  • Por qué el estrecho de Ormuz es estratégico y cómo Irán lo ha usado como herramienta de presión en la guerra con EE.UU. e Israel

    Por qué el estrecho de Ormuz es estratégico y cómo Irán lo ha usado como herramienta de presión en la guerra con EE.UU. e Israel

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    Imagen satelital del estrecho de Ormuz.

    GettyImage
    El estrecho de Ormuz, un accidente geográfico que se convirtió en un nudo clave de la geopolítica.

    Irán y EE.UU. acordaron este martes un cese al fuego temporal de dos semanas con la condición de que se habilite el paso seguro de los buques por el estrecho de Ormuz.

    Desde que Israel y EE.UU. lanzaron su ofensiva contra Irán el pasado 28 de febrero, Teherán bloqueó el paso por este sitio estratégico, donde se calcula que circula cerca del 20% del petróleo y el gas que se consumen en el mundo.

    La restricción causó un notorio aumento del precio de los combustibles a nivel global.

    La reapertura anunciada en la noche del martes por el momento sigue en entredicho, y la cuestión de quién tendrá el control del tránsito por el estrecho será seguramente uno de los puntos más contenciosos de las negociaciones que tendrán lugar en Islamabad desde el sábado entre Washington y Teherán.

    Irán advirtió este miércoles que el estrecho seguía cerrado y que los barcos que cruzaran sin autorización serían atacados y destruídos.

    Según la agencia de noticias Fars, afiliada a la Guardia Revolucionaria iraní, dos barcos petroleros cruzaron en las últimas horas con autorización de Irán, pero luego el tránsito fue detenido nuevamente, debido a los ataques de Israel a Líbano, que Teherán considera una ruptura del alto el fuego acordado con EE.UU.

    La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que los reportes de que el estrecho sigue cerrado son “inaceptables” y falsos.

    Afirmó que lo que se dice públicamente es distinto de lo que se dice en privado, y que este miércoles hubo un “repunte” en el tráfico.

    ¿Por qué es estratégico?

    Limitado al norte por Irán y al sur por Omán y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), el corredor de Ormuz, de tan solo unos 50 km de ancho en su entrada y salida, y con 33 km de ancho en su punto más estrecho, conecta el Golfo Pérsico con el mar Arábigo.

    Es lo suficientemente profundo como para que lo naveguen los buques petroleros y es utilizado por los países de la región que producen gas y petróleo, así como los países que compran el combustible.

    En 2025, cerca de 20 millones de barriles de petróleo y derivados pasaron a través del estrecho por día, de acuerdo a las estimaciones de la Oficina de Información Energética de EE.UU. (EIA). Ello representa un volumen de comercio de energía de aproximadamente US$600.000 millones al año.

    El petróleo no solo sale de Irán, sino también de países del Golfo como Irak, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y EAU.

    Cerca de 20% del gas licuado que se consume en el mundo también circula por el estrecho de Ormuz, la mayoría proveniente de Qatar.

    Se trata de gas convertido en líquido, que necesita 600 veces menos espacio para transportarse y se reconvierte en gas una vez llega a su destino para ser usado para calefacción y cocina, entre otros fines.

    En 2024, se logró exportar cerca de 263 millones de metros cúbicos a través del estrecho por día, de acuerdo al gobierno de EE.UU.

    Ormuz es también una ruta crucial para la exportación de fertilizantes que se producen en Medio Oriente, donde el gas natural es parte del proceso productivo. Cerca de un tercio del comercio mundial de fertilizantes pasa a través del estrecho.

    El estrecho es también un canal vital para las importaciones hacia Oriente Medio, incluidos alimentos, medicamentos y suministros tecnológicos.

    El paso de buques por el estrecho se ha visto paralizado en las últimas semanas.

    Getty Images
    El paso de buques por el estrecho se ha visto paralizado en las últimas semanas.

    ¿Cuál ha sido el impacto del cierre del estrecho y cómo lo bloqueó Irán de manera efectiva?

    Aproximadamente 3.000 barcos suelen navegar por el estrecho cada mes, pero esta cifra disminuyó drásticamente durante el reciente incremento de las hostilidades, con Irán amenazando con atacar a petroleros y otros buques.

    De acuerdo con las normas establecidas por Naciones Unidas, a los países se les permite ejercer control sobre sus mares territoriales hasta 12 millas náuticas (22 km) desde la costa.

    En su punto más estrecho, este paso marítimo se encuentra completamente en la zona de aguas territoriales de Irán y Omán.

    Drones, misiles, lanchas de ataque rápido y potencialmente minas iraníes representaron un serio desafío para los barcos que intentaban transitar por la vía marítima.

    La organización sin fines de lucro United Against Nuclear Iran afirmó que, hasta el 2 de abril, al menos 24 buques comerciales habían sido atacados.

    “Puedes ser atacado, no puedes conseguir un seguro o este se vuelve extremadamente caro”, declaró Arne Lohmann Rasmussen, analista principal de Global Risk Management, un proveedor de análisis del mercado energético, a CBS News, socio estadounidense de la BBC, en relación a este periodo de inestabilidad en la zona.

    Las economías de los países del Golfo, incluido Irán, dependen en gran medida de las exportaciones de energía.

    La interrupción en el estrecho también ha afectado gravemente a Asia, donde se estima que China por sí sola compra alrededor de 90 % del petróleo que Irán exporta al mercado mundial.

    La crisis de combustible sigue impactando la vida diaria en los países asiáticos. Los gobiernos han ordenado a los empleados trabajar desde casa y reducir la semana laboral, han declarado días festivos nacionales y cerrado universidades antes de tiempo para conservar los suministros.

    En África, Sudán del Sur y Mauricio anunciaron medidas para restringir el consumo de electricidad.

    En Europa, Eslovenia se convirtió en el primer Estado miembro de la UE (Unión Europea) en implementar el racionamiento de combustible.

    Mapa

    BBC

    ¿Cómo intentó EE.UU. reabrir el estrecho?

    EE.UU. no ha desplegado buques de guerra en el estrecho y ha limitado su respuesta militar a los ataques aéreos contra Irán, incluidos objetivos de su ejército.

    El 18 de marzo, por ejemplo, el ejército estadounidense informó que había bombardeado emplazamientos iraníes de misiles de crucero antibuque a lo largo del estrecho.

    Trump había pedido anteriormente a otros países, incluidos a aliados estadounidenses y China, que ayudaran a asegurar Ormuz enviando buques de guerra, pero su petición fue recibida con poco entusiasmo.

    Posteriormente, el mandatario declaró que EE.UU. en realidad no necesitaba esa ayuda.

    Washington ya ha utilizado anteriormente su poder militar para restablecer el flujo del tráfico marítimo a través del estrecho.

    A finales de la década de 1980, durante la guerra de ocho años entre Irán e Irak, los ataques contra las instalaciones petroleras escalaron hasta convertirse en una “guerra de petroleros”, en la que ambos países atacaban barcos neutrales para ejercer presión económica.

    Los petroleros kuwaitíes que transportaban crudo iraquí eran especialmente vulnerables. Finalmente, buques de guerra estadounidenses comenzaron a escoltarlos a través del Golfo, en lo que se convirtió en una de las mayores operaciones de guerra naval desde la II Guerra Mundial, según el Instituto Naval de EE.UU.

    ¿Lograron pasar barcos antes del alto el fuego?

    En un mensaje publicado por sus representantes ante las Naciones Unidas el 24 de marzo, Irán dijo que permitiría el paso de “buques no hostiles” por el estrecho de Ormuz, siempre que se coordinaran con “las autoridades iraníes competentes”.

    Aproximadamente 100 barcos atravesaron el estrecho de Ormuz entre el 1 y el 20 de marzo, según un análisis de BBC Verify publicado a principios de este mes.

    El 3 de abril, un buque portacontenedores francés, tres petroleros vinculados a Omán y un transportador japonés de gas cruzaron el estrecho.

    El barco francés pertenecía al grupo de transporte marítimo CMA CGM y, según informes, fue el primer buque occidental en atravesar Ormuz durante el actual contexto de conflicto.

    El tráfico diario se redujo aproximadamente un 95 % desde que comenzó la guerra con Irán el 28 de febrero, de acuerdo con el análisis de BBC Verify.

    Aproximadamente un tercio de los cruces recientes fueron realizados por barcos que tenían vínculos con Irán.

    Estrecho de Ormuz

    Getty Images
    El estrecho de Ormuz también es fundamental para las importaciones de los países del Golfo.

    Entre el 1 y el 15 de marzo, un total de 11 buques vinculados a China transitaron por el estrecho, informó el sitio estadounidense de noticias CNBC.

    Por su parte, el 31 de marzo Pekín expresó su “gratitud” después de que tres de sus barcos cruzaran el estrecho, incluidos dos portacontenedores pertenecientes al gigante naviero estatal Cosco.

    Al menos ocho cargueros de GLP con bandera india también han atravesado el estrecho de Ormuz.

    ¿Pueden los exportadores de energía evitar Ormuz?

    La amenaza de cierre persistente ha llevado, a lo largo de los años, a que los países exportadores de petróleo de la región del Golfo desarrollen rutas terrestres alternativas.

    Arabia Saudita opera el oleoducto de crudo Este‑Oeste, de 1.200 km de longitud, capaz de transportar hasta cinco millones de barriles de crudo al día, según el gobierno de EE.UU.

    En el pasado, también ha reconvertido temporalmente un gasoducto para este transporte.

    Soldado iraní participa en las recientes maniobras militares conjuntas con Rusia el pasado 19 de febrero.

    Getty Images
    Soldado iraní participa en maniobras militares conjuntas con Rusia el pasado 19 de febrero.

    Los Emiratos Árabes Unidos, en tanto, han conectado sus yacimientos petrolíferos del interior con el puerto de Fujairah, en el Golfo de Omán, mediante un oleoducto con una capacidad diaria de al menos 1,5 millones de barriles.

    El petróleo podría desviarse por esta infraestructura alternativa para evitar el tránsito por Ormuz, aunque la agencia de noticias Reuters informó que ello provocaría una caída del suministro de entre 8 y 10 millones de barriles diarios.

    Además, la carga de petróleo en Fujairah se ha visto interrumpida por ataques con drones.

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  • La pausa en la guerra con Irán es bienvenida, pero las cicatrices económicas perdurarán

    La pausa en la guerra con Irán es bienvenida, pero las cicatrices económicas perdurarán

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    Durante la mayor parte de las últimas seis semanas, el estrecho de Ormuz ha estado atascado.

    Aproximadamente 800 barcos han quedado atrapados en el Golfo, muchos de ellos transportando petróleo y gas, y no han podido ni querido salir a mar abierto.

    En ese lapso ha existido una relación directa entre el mayor atasco del mundo y el aumento de los precios de la gasolina y el diésel, el encarecimiento de los pasajes aéreos y el alza de las tasas hipotecarias en todo el planeta.

    Muchos países también dependen de estas aguas para obtener suministros significativos de otros productos petroquímicos elaborados en las refinerías de la región.

    Entre ellos se incluyen combustible para aviones, diésel, insumos para fertilizantes y productos industriales como el helio, esencial para la fabricación de microchips.

    La buena noticia es que el alto el fuego anunciado la noche del martes pone en pausa cualquier nueva escalada del conflicto y ofrece una vía hacia la desescalada y la paz.

    Por eso los mercados han reaccionado positivamente, con caídas del 15% en el precio de mercado del petróleo y el gas, y un repunte de las bolsas.

    Hay, sin embargo, muchas razones para la cautela respecto al impacto económico en este momento delicado.

    Una mujer con un hijab negro sostiene la bandera nacional de Irán mientras está de pie cerca de una valla publicitaria con la frase "El estrecho de Ormuz permanece cerrado" en la plaza Enqelab de Teherán, el 5 de abril de 2026.

    AFP vía Getty Images
    En el cartel, fotografiado el 5 de abril en Teherán, se lee “El estrecho de Ormuz permanece cerrado”.

    Las dudas sobre la reapertura del estrecho

    Existen distintas versiones sobre la base de las negociaciones por parte de Irán, Estados Unidos e Israel.

    La prueba clave será si efectivamente se producen negociaciones cara a cara.

    Luego está la situación física en el estrecho.

    ¿Fluirá el tráfico libremente, como sugiere el presidente de EE.UU., Donald Trump?

    ¿O lo hará “mediante la coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán y con las debidas consideraciones a las limitaciones técnicas”, como afirmó el canciller iraní?

    Esto es vital no solo para el petróleo y el gas, sino también para el combustible de aviación, el azufre, la urea y el diésel.

    Cuanto más dure el alto el fuego, más probable será que cualquier repunte de la inflación se disipe en los próximos meses.

    Esta situación también plantea una pregunta fundamental sobre cualquier paz.

    Irán ha creado ahora una nueva realidad en el Golfo. Ha establecido que puede controlar el principal cuello de botella marítimo, aun sin una marina ni una fuerza aérea.

    Incluso había comenzado a cobrar peajes. ¿Esto se mantendrá? ¿Lo aceptarán los países del Golfo?

    La sugerencia de Irán de que ahora coordinará conjuntamente con Omán el control del estrecho es extraordinaria.

    ¿Ha convertido la guerra al estrecho de Ormuz en la caseta de peaje más lucrativa del mundo, con muchos barcos pagando tarifas de tránsito de millones de dólares?

    Evidentemente, nada de esto estaba previsto antes de la guerra.

    Un buque transita por el estrecho de Ormuz el 8 de abril de 2026.

    Anadolu vía Getty Images
    Los barcos petroleros volvieron a verse cruzando el estrecho de Ormuz este miércoles.

    Impacto en la producción

    Es probable que la producción mundial de gas resulte afectada durante algunos años, tras los daños directos a la infraestructura, en su mayoría en Qatar.

    Harán falta semanas para reiniciar la producción y años para que vuelva a los niveles previos a la guerra.

    Será necesario un flujo sostenido de buques metaneros de gas natural licuado desde el Golfo, desde ahora hasta mitad de año, para contener los aumentos en las facturas, mientras Europa intenta reponer sus reservas de gas natural.

    Si el alto el fuego se mantiene, una menor inflación también ayudaría a evitar aumentos en las tasas de interés, y las tasas hipotecarias volverán a bajar en todo el mundo.

    La economía de esta guerra siempre ha sido un factor central, no un subproducto.

    Los iraníes han establecido una forma de influencia económica global en este estrecho y han demostrado su uso.

    Persiste mucha incertidumbre sobre la diplomacia subyacente, y más aún sobre el impacto en los precios, las tasas de interés y un crecimiento frágil.

    Los acontecimientos del martes podrían haber llevado el precio del petróleo a US$200 por barril, con todos los demás efectos en cadena tan pronto como esta misma semana.

    Ahora es posible vislumbrar un camino de regreso a entre US$60 y US$70 por barril, inflación contenida, precios más bajos de la gasolina y tasas de interés más tranquilas.

    Así que la ausencia de una nueva escalada supone un alivio claro para la economía mundial, mientras los ministros de Finanzas vuelan a Washington DC para reuniones clave del FMI.

    La profundidad de las cicatrices que dejará este conflicto —en el suministro de gas y en el control de una de las principales arterias económicas del mundo— sigue siendo una pregunta abierta.

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  • ¿Puede la economía de México depender menos de EE.UU. (y de la presión de Trump)?

    ¿Puede la economía de México depender menos de EE.UU. (y de la presión de Trump)?

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    80%. Esa es la cantidad de exportaciones mexicanas que van a Estados Unidos. O dicho de otra forma: ocho de cada diez dólares que México obtiene por sus exportaciones vienen de su vecino del norte.

    Para muchos eso es sinónimo de dependencia, y razón por la cual Washington —sobre todo con un presidente transaccional como Donald Trump— tiene un margen casi infinito para pedir concesiones a México.

    Pero esa no es la película completa: Estados Unidos, en muchos sentidos, también depende de México; pero menos: un 16% de sus exportaciones, por ejemplo, van para el vecino el sur.

    Entonces la palabra, quizá más que dependencia, es asimetría. Y engloba, en realidad, una discusión, no solo económica, que los mexicanos han dado hace décadas, incluso siglos.

    Pero ahora la agenda proteccionista de Donald Trump y la presión que ha ejercido sobre Claudia Sheinbaum en temas como migración y lucha contra las drogas —entrelazados como nunca con el tema comercial— han reflotado el dilema: ¿acaso México puede ser menos dependiente económicamente?

    Este año ocurren dos cosas que ponen de manifiesto esta relación tan difícil como fructífera: un Mundial de fútbol organizado por ambos países —y Canadá— y la revisión del Tratado de Libre Comercio (TMEC, antes TLCAN) que los tres países firmaron en 1994.

    El acuerdo representa una economía de casi US$31 billones en PIB nominal, es decir, cerca del 30% de la economía global. No hay bloque comercial tan grande en el mundo.

    Y, casi al tiempo que el Mundial, sus principios serán revisados y, se espera, renovados bajo las necesidades actuales de cada país. ¿Será una oportunidad para equilibrar la balanza?

    Carney, Sheinbaum y Trump

    Getty Images
    Carney, Sheinbaum y Trump en la única foto, en el sorteo del Mundial, que hay de los tres. ¿Habrá otra en la renovación del TMEC?

    Una dependencia profunda

    Es difícil establecer el inicio de la asimetría entre México y Estados Unidos: ¿fue a mediados del siglo XIX, cuando EE.UU. ganó guerras por el control del territorio? ¿Fue en el siglo XX, a medida que EE.UU. se convirtió en la primera potencia mundial? ¿O fue en los últimos 30 años, con la vigencia del tratado comercial?

    También se puede establecer en los episodios en que México fue una plataforma para la expansión económica de la potencia incipiente: durante el Porfiriato (1876–1911), por ejemplo, que los estadounidenses llegaron a controlar ferrocarriles, minas, pozos petroleros y tierras agrícolas; o durante la Segunda Guerra Mundial, que EE.UU. llevó vía tratado a millones de trabajadores mexicanos a sus campos; o durante el auge de las maquilas, a partir de 1965, cuando ambos países acordaron desarrollar industrialmente la frontera.

    La relación, entonces, es de fondo. Y no es solo comercial: las remesas que millones de mexicanos mandan desde EE. UU. superaron en 2025 los US$61.000 millones, más de lo que aportan el turismo y la inversión extranjera (aunque bajó 4% con respecto a 2024), y una parte significativa de la deuda externa mexicana está denominada en dólares.

    Y así como es difícil establecer el origen de la dependencia, también lo es resumir en una sola frase o evento la reacción que esta relación ha generado entre los mexicanos: la Revolución Mexicana en 1910, la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas en 1938, el movimiento estudiantil de 1968 y el levantamiento zapatista en 1994 fueron todos eventos históricos trascendentales que tenían de fondo una crítica a la supuesta sumisión de las élites mexicanas a sus homólogos del norte.

    De hecho, la Cuarta Transformación, el movimiento que inauguró Andrés Manuel López Obrador y heredó Claudia Sheinbaum, tiene como pilares el nacionalismo y la defensa de la soberanía en base a lo que llaman “el humanismo mexicano”.

    Sin embargo, en los últimos años México se ha hecho incluso más dependiente económicamente de EE.UU. debido a la llegada masiva de empresas de todo el mundo que quieren estar más cerca de la potencia en un fenómeno conocido como nearshoring.

    El resultado, entonces, es una paradoja para México: las mismas tensiones geopolíticas que hacen urgente diversificar están atrayendo inversiones que profundizan la integración con EE.UU..

    Y, en todo caso, será Sheinbaum quien, sin perder la perspectiva de toda esta atribulada historia, tendrá que negociar las nuevas pautas del TMEC con el presidente más coercitivo y proteccionista de la historia reciente estadounidense.

    ¿Habrá espacio para reequilibrar?

    Protestas contra el TLCAN

    Getty Images
    Desde su origen, en 1994, el TLC ha generado molestias en ambos países.

    En busca de un Plan México

    Para los expertos consultados por BBC Mundo para este reportaje el margen es pequeño, pero las posibilidades abundan.

    Viri Ríos, una reconocida politóloga, ha argumentado en sus columnas que México debería “orientar su economía a dominar en áreas en las que EE.UU. cojea y que le son críticas para desarrollar tecnología propia”, como en la fabricación de precursores químicos para medicamentos, la refinación de litio y otros minerales raros y la producción de alimentos costosos, como aguacate y tomate.

    “En la medida en que México logre volver a EE.UU. dependiente de ciertos productos desarrollados en México, van a perder margen y van a respetar el desarrollo de México”, le dijo a BBC Mundo. “Lo mismo que con China: EE.UU. quiere destruir la economía china, pero no lo hace porque depende de ella”.

    Canadá, de hecho, también envía a EE.UU. cerca del 80% de sus exportaciones, pero lo hace con productos de alto valor: energía, minerales críticos y manufactura avanzada. Por eso es menos sensible ante los caprichos de Washington.

    frontera EEUU Mexico

    Getty Images

    “Por supuesto que depender menos de ellos sería deseable”, dice Pedro Tello Villagrán, economista y consultor. “Estamos atados al ciclo económico de EE.UU. y eso nos arrastra a la baja”.

    Su propuesta, distinta a la de Ríos, es desarrollar la economía mirando hacia dentro más que hacia afuera:

    “Si diversificas las fuentes de crecimiento, reduces la vulnerabilidad ante la caída de la fuente que predomina (…) México se ha mantenido a flote solo gracias a un motor, el exportador, y podría fortalecer otras fuentes, como el consumo interno y los servicios, la inversión productiva y las finanzas públicas”.

    Ese es, de alguna manera, el objetivo del Plan México que propone Sheinbaum y una buena parte del empresariado. Sus principios generales son fortalecer el mercado nacional, sustituir importaciones y desarrollar los mercados regionales. Y espera generar US$277.000 millones en inversión y 1,5 millones de empleos nuevos.

    “El Plan México dice todo lo correcto”, señala Ríos. “Lo leo y pienso que, después de que se dijo que ‘la mejor política industrial es no tener política industrial’, finalmente alguien entendió”.

    “Pero el problema es cómo se implementa. Y qué se define en las negociaciones del TMEC”, añade.

    Firma TMEC Peña Nieto, Trumo, Troudeau

    Getty Images
    En 2018, Trump firmó la renovación del TMEC. Desde entonces ya era escéptico.

    Negociar, producir, diversificar

    El economista Antonio Ortiz Mena le ha dedicado su vida académica al tema: ha sido negociador por parte de México, hizo un doctorado en San Diego, en la frontera, y hoy es profesor en la universidad de Georgetown, en Washington.

    Y propone una agenda en tres frentes: asegurar una revisión exitosa del TMEC que evite restricciones comerciales unilaterales; aumentar la producción mexicana de bienes que se importan de EE.UU. (granos, carne, energía); y diversificar mercados hacia la Unión Europea, Japón y, eventualmente, India y Corea del Sur.

    “A mediano plazo, el acuerdo con la UE y el TIPAT van a generar oportunidades reales”, dice.

    El acuerdo entre México y la Unión Europea, pendiente de firmarse en mayo, abriría nuevos destinos para exportaciones mexicanas. Y el TIPAT —Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, del que México forma parte— hace lo propio con Asia en el Pacífico.

    “No se puede olvidar que, más que dependencia, hay interdependencia”, dice Ortiz Mena. “Si EE.UU. no coloca el maíz, el trigo, la res y el pollo en México, no tiene dónde colocarlos”.

    En su primer mandato, Trump renovó el TMEC a regañadientes por el riesgo político y económico que implicaba cancelarlo.

    Pero ahora, en su segundo mandato, tiene una agenda más ambiciosa, más impredecible y más proteccionista.

    Sheinbaum tiene muchos frentes que cuidar en su relación con Trump. Y este, que suscita una tensión entre su discurso nacionalista y la economía, es quizá el más sensible de todos.

    Protestas migrantes mexicanos

    Getty Images
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    BBC

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  • Apple cumple 50 años: 3 productos del gigante tecnológico que cambiaron nuestras vidas (y 3 que fracasaron)

    Apple cumple 50 años: 3 productos del gigante tecnológico que cambiaron nuestras vidas (y 3 que fracasaron)

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    Logo de Apple en una de sus tiendas

    Getty Images

    Pocas empresas han logrado definir el uso de la tecnología en la vida cotidiana con tanta contundencia como Apple.

    La compañía, que celebró a comienzos de mes su 50 aniversario, fue fundada por dos Steves en un garaje de San Francisco, Estados Unidos. Y, a lo largo de su historia, ha cosechado éxitos rotundos y algunos fracasos notables.

    Hoy en día, casi una de cada tres personas en el planeta posee un producto Apple, un éxito que, según Emma Wall, estratega jefe de inversiones de la empresa de servicios financieros Hargreaves Lansdown, se debe tanto al marketing de la compañía como a su hardware.

    “Vendieron un sueño”, afirmó, y añadieron algo que era “bastante novedoso en aquel entonces: la idea de que la marca era tan importante como la línea de productos”.

    Podría decirse que la racha de éxitos de Apple se ha ralentizado desde la muerte de su visionario cofundador, Steve Jobs, ya que la compañía se centra más en perfeccionar su tecnología actual.

    Ken Segall, director creativo de Jobs durante 12 años, declaró a la BBC que el actual director ejecutivo de Apple, Tim Cook, ha hecho un trabajo extraordinario adaptándose a los nuevos tiempos y manteniendo la rentabilidad de la empresa.

    Sin embargo, añadió que muchos puristas de Apple aún no se sienten tan entusiasmados con la etapa actual de la compañía porque “recuerdan que la Apple de antaño era la de Steve Jobs”.

    Mientras la compañía cumple medio siglo de existencia, pedimos a analistas y expertos en tecnología que repasaran algunas de las formas más significativas en que transformó el mundo tecnológico, y algunas en las que, sin duda, no alcanzaron su máximo potencial (o, sencillamente, fueron un fracaso).

    iPod (éxito)

    Aunque no fue el primer reproductor de música digital portátil cuando se lanzó en 2001, el iPod es uno de los productos más emblemáticos de Apple, según Craig Pickerill de The Apple Geek. No solo por lo que fue, sino por lo que cambió.

    Publicidad de iPod

    Getty Images
    Aunque no fue el primer reproductor de música portatil, su diseño representó un cambio inmenso.

    “Los reproductores de MP3 eran aparatosos, el almacenamiento era limitado y gestionar la biblioteca musical resultaba una tarea tediosa”, afirmó.

    “El iPod lo cambió todo casi de la noche a la mañana”.

    El diseño distinguió al dispositivo e introdujo la biblioteca iTunes, allanando el camino para que la descarga legal de música digital se popularizara.

    Lanzado en 2007, el iPod Touch fue diseñado por el mismo equipo que posteriormente inventó el iPhone, el cual rápidamente eclipsó al iPod.

    “Sin el iPod, Apple probablemente habría carecido tanto de la solidez financiera como de la madurez operativa necesarias para afrontar la complejidad de la industria de los teléfonos inteligentes”, afirmó Francisco Jerónimo, analista tecnológico de la firma de investigación de mercado IDC.

    iPhone (éxito)

    Cada año se venden más de 200 millones de iPhones, con un promedio de venta en el mundo de siete unidades por segundo.

    Para Ben Wood, de CCS Insight, una empresa de investigación de mercado, es el “Hotel California de los smartphones”: una vez que tienes uno, es muy improbable que abandones el ecosistema de Apple por un dispositivo Android de la competencia.

    Steve Jobs  con un iPhone en la mano

    Getty Images
    “Un iPod, un teléfono y un comunicador de internet”: Steve Jobs presentó la primera edición al mundo en 2007.

    “Un iPod, un teléfono y un comunicador de internet. No son tres dispositivos separados, es uno solo”, dijo un radiante Steve Jobs al mostrar la primera versión del teléfono durante su presentación mundial en 2007.

    Como muchos productos revolucionarios de Apple, el iPhone no fue el primero de su tipo: otros teléfonos ya contaban con conexión a internet o pantallas táctiles.

    Pero la periodista tecnológica Kara Swisher sostiene que su “magnífica campaña de marketing” contribuyó a su éxito masivo.

    “Te hacía verlo no como un dispositivo tecnológico, sino como un símbolo de romance”, afirmó.

    Apple Watch (éxito)

    Para cuando se lanzó el Apple Watch en 2015, Jobs ya había fallecido de cáncer.

    Pero su sucesor, Tim Cook, llegó con un objetivo digno de su innovador predecesor: crear el mejor reloj del mundo.

    En términos de ingresos generados para Apple (aproximadamente US$15.000 millones) es difícil negar que el reloj inteligente más vendido del mundo haya logrado su objetivo.

    Apple Watch apoyado en una mesa

    Getty Images
    El sucesor de Jobs, Tim Cook, quería fabricar el mejor reloj del mundo.

    “Como empresa independiente, el Apple Watch se situaría cómodamente entre las 250 o 300 empresas más grandes de Estados Unidos”, afirmó Wood.

    Si bien el primer prototipo era relativamente básico, sus modelos posteriores también fueron pioneros en tecnología de salud portátil con funciones como la monitorización de ECG (técnica para registrar la actividad eléctrica del corazón de forma continua) y la detección de caídas, convirtiéndose en un motor clave de la tecnología de salud y bienestar.

    Según se informa, el dispositivo vende actualmente más unidades al año que toda la industria relojera suiza tradicional.

    Apple Lisa (fracaso)

    En cierto modo, el Apple Lisa, un ordenador personal lanzado en 1983 a un precio elevado de casi US$10.000, fue revolucionario.

    Fue uno de las primeras PC en incorporar una interfaz gráfica de usuario (GUI, por sus siglas en inglés) y un ratón.

    Computadora Apple Lisa

    Getty Images
    El Apple Lisa se lanzó en 1983 por casi US$10.000.

    Sin embargo, el analista tecnológico Paolo Pescatore afirmó que el ordenador, dirigido a usuarios empresariales, era “demasiado caro” y no logró tener éxito comercial.

    El fracaso, según Pescatore, demostró que “estar a la vanguardia no es suficiente si el producto está mal posicionado”.

    Apple aprendió de sus errores al lanzar el Macintosh original un año después, con un precio relativamente más asequible para el consumidor: US$2.495.

    Teclado “mariposa” (fracaso)

    El diseño de teclado tipo mariposa de Apple —un mecanismo introducido en 2015 para teclados de portátiles— fue un “error puntual en cuanto a fiabilidad”, afirmó Pickerill.

    El diseño para dispositivos como el MacBook Air incorporaba teclados con un interruptor de bisagra de doble cara, que recordaba a las alas de una mariposa.

    Manos sobre un teclado mariposa

    Getty Images

    Sin embargo, generó opiniones encontradas: algunos opinaban que el mecanismo dificultaba la escritura, dando la impresión de que Apple priorizaba la delgadez sobre la durabilidad, según Pickerell.

    En 2019, la compañía presentó un nuevo MacBook Pro de 16 pulgadas, sin el teclado tipo mariposa.

    Vision Pro (fracaso)

    Un fracaso notable mucho más reciente de Apple ha sido el visor Vision Pro, argumentó Wood.

    Wood afirmó que el primer gran producto nuevo lanzado por la empresa desde el Apple Watch, la gran apuesta de Apple por la realidad mixta, resultó ser demasiado “complicado” y carente de contenido para igualar el éxito de otros productos de Apple.

    Una persona prueba en la tienda de Apple unas gafas inteligentes.

    Getty Images
    La gran apuesta de Apple por la realidad mixta resultó, en última instancia, demasiado “complicada”.

    Según el portal de noticias tecnológicas The Information, la compañía redujo la producción del dispositivo, que cuesta unos US$3500, tan solo unos meses después de su lanzamiento, debido a la baja demanda y al elevado stock sin vender.

    Este tropiezo significa que Apple “probablemente será cautelosa a la hora de incursionar rápidamente en áreas relacionadas, como las gafas inteligentes”, afirmó Wood.

    Línea gris

    BBC

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  • Cómo el suministro de alimentos a Irán se ve afectado por el cierre del estrecho de Ormuz

    Cómo el suministro de alimentos a Irán se ve afectado por el cierre del estrecho de Ormuz

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    Con la escalada del conflicto militar de Estados Unidos e Israel con la República Islámica de Irán, parece que el pueblo iraní debe prepararse para afrontar una nueva forma de presión, una que no se sentirá a través de medios militares directos, sino a través de interrupciones en la cadena de suministro de alimentos.

    El cierre de las rutas marítimas, el aumento de los riesgos para el transporte marítimo y los daños a la infraestructura portuaria han generado preocupación sobre cómo será la situación del suministro de alimentos en las próximas semanas y meses.

    La estructura de suministro de alimentos de Irán depende en gran medida de las importaciones marítimas. Se estima que anualmente ingresan al país alrededor de 25 millones de toneladas de productos básicos como trigo, maíz, cebada, soja, aceite y azúcar, de las cuales más del 90% se transporta a través de puertos del sur, incluidos Imam Jomeini, Bandar Abbás, Bushehr y Chabahar.

    Esta concentración ha convertido a estos puertos en cuellos de botella vitales. Ahora, debido a los daños en la infraestructura, el aumento de los costos de los seguros y la cobertura limitada de los mismos, la eficiencia de estas rutas ha disminuido.

    Ante esta situación, puertos del norte como Anzali y Amirabad han sido usados para intentar paliar parte de la escasez, pero debido al ataque militar al puerto de Anzali y a la limitada capacidad y acceso, no pueden sustituir por completo la ruta del sur. Por consiguiente, se ha debatido más que antes el uso de rutas terrestres.

    Por supuesto, algunas evaluaciones indican que la situación aún no se ha vuelto crítica.

    Ishan Banu, experto del Instituto Kpler, declaró al servicio persa de la BBC que, a pesar de la interrupción en la cadena de suministro, Irán cuenta con reservas para varios meses gracias a las grandes importaciones de los últimos meses, y que la descarga de algunos cargamentos en el Golfo Pérsico continúa.

    Añadió que, con el fin de la temporada de exportación de maíz de Brasil, las importaciones de este producto han disminuido, pero Irán ha importado un gran volumen en los últimos seis meses.

    Samer Abdul Jabbar, director regional de la Organización Mundial de la Alimentación, también declaró a la BBC: “Debido a problemas con sus propios puertos y con Pakistán, Irán ha importado mercancías a través de Turquía, el Mar Caspio, la ruta del Cáucaso y por tierra, pero a largo plazo esto no satisface las necesidades del país”.

    Así pues, parece que la situación alimentaria en Irán no es crítica, al menos por ahora.

    El peso de las importaciones

    Un vendedor ambulante de comida en Irán.

    Getty Images

    En circunstancias normales, el suministro de bienes básicos en Irán se basa en una combinación de producción nacional e importaciones.

    Según datos oficiales de 2025, la producción de trigo superó los 12 millones de toneladas, mientras que el consumo anual se sitúa entre 15 y 16 millones de toneladas. Por este motivo, para compensar el déficit y mantener las reservas, se importaron aproximadamente 2,7 millones de toneladas, y se estima que la dependencia en este sector oscila entre el 20% y el 30%.

    Sin embargo, la dependencia en el ámbito de los insumos para la ganadería es mucho mayor. La producción interna de maíz es de menos de un millón de toneladas, mientras que la demanda del país se sitúa entre 8 y 10 millones de toneladas; es decir, existe una dependencia cercana al 90%.

    Esta situación es aún más grave en el caso de la soja y la harina de soja; la producción interna es insignificante y el consumo anual se sitúa entre 2 y 3,5 millones de toneladas, por lo que prácticamente toda la demanda se cubre mediante importaciones.

    En el sector del aceite comestible también existe una brecha considerable entre la producción y el consumo. La producción interna ronda el medio millón de toneladas, mientras que el consumo supera los 2 millones de toneladas, y esta diferencia se compensa mediante la importación de semillas oleaginosas; de modo que la dependencia en este ámbito se estima en alrededor de entre 80% y el 90%.

    En el caso del arroz, la situación es más equilibrada. La producción interna se sitúa entre 2,5 y 3,8 millones de toneladas y el consumo ronda entre 3 y 4 millones de toneladas; por lo tanto, las importaciones de alrededor de 1,25 millones de toneladas han mantenido la dependencia en el rango del 20% al 30%.

    La cebada también presenta una situación intermedia; la producción interna se sitúa entre 1,5 y 2 millones de toneladas y el consumo ronda entre 3 y 4 millones de toneladas, por lo que la dependencia de las importaciones se ubica entre el 50% y el 70%.

    Finalmente, en el sector del azúcar, la producción interna se sitúa entre 1,5 y 2 millones de toneladas y el consumo ronda entre 2,5 y 3 millones de toneladas. Esta diferencia se compensa mediante la importación de entre medio y un millón de toneladas, y la dependencia en este ámbito se estima en alrededor del 20% al 40%.

    Cómo el tráfico de barcos en el Golfo Pérsico afecta el suministro de alimentos

    Una embarcación con bandera iraní que transporta mercancías navega por el río Arvand en Jorramshahr el 17 de marzo de 2014; un río que marca la frontera entre Irán e Irak.

    Getty Images

    Con la intensificación de los ataques, el patrón de tránsito de los barcos en el golfo Pérsico ha cambiado de manera notable y esta ruta vital del comercio mundial se ha visto seriamente perturbada; una perturbación que algunos consideran cercana al punto de ‘parálisis’.

    Las grandes compañías de seguros marítimos, incluida Lloyd’s, han clasificado esta zona como de alto riesgo. Como resultado, los costos de seguro y transporte se han incrementado drásticamente, y en algunos casos el costo de trasladar cereales se ha triplicado.

    Mientras tanto, los puertos del sur de Irán -en especial Imam Jomeini y Bandar Abbás-, que desempeñan un papel fundamental en la importación de bienes esenciales, han perdido parte de su capacidad operativa debido a las amenazas de seguridad y al riesgo operativo. Algunas grandes navieras, como Maersk, también han limitado o suspendido sus actividades en estas rutas.

    Ishan Banu, experto del Instituto Kpler, dice que el puerto Imam Jomeini, como principal punto de entrada de cereales y de insumos para la ganadería, “se ha visto gravemente afectado y el paso de barcos por el estrecho de Ormuz se ha reducido al mínimo; tanto así que, la semana pasada, solo un barco logró cruzar y atracar en este puerto, mientras que muchas navieras, debido al alto riesgo y a los elevados costos del seguro, evitan entrar en la zona”.

    Banu advierte que incluso los puertos del norte, como Anzali, podrían verse afectados por estas condiciones.

    El experto considera que si los ataques se prolongan, las presiones aumentarán y el incremento múltiple de los costos del seguro -en algunos casos hasta diez veces- junto con los riesgos de seguridad, no solo disuadirán a las empresas, sino también a las tripulaciones de los barcos, de entrar en la zona.

    “Además, la interrupción del transporte de contenedores debido a la limitada accesibilidad a los puertos clave de la región ha complicado aún más la situación”, señala.

    Aunque se están utilizando rutas alternativas como Chabahar o algunos puertos de la región, su capacidad es limitada y no pueden sustituir rápidamente a las rutas principales. Aun así, en el corto plazo todavía no se observan señales de una crisis inmediata, pero la continuación de los enfrentamientos podría plantear un serio desafío para el suministro de alimentos.

    ¿Un cerco económico?

    Petroleros y embarcaciones rápidas que han echado anclas cerca del estrecho de Ormuz.

    Getty Images
    Petroleros y embarcaciones rápidas que han echado anclas cerca del estrecho de Ormuz.

    No se ha formado un cerco completo, pero han ocurrido dos desarrollos importantes:

    En primer lugar, la interrupción del papel de los Emiratos Árabes Unidos como principal centro de comercio con Irán; de hecho, una parte considerable de las importaciones iraníes se realiza a través de los Emiratos, y con el inicio de los enfrentamientos, esta ruta se ha visto afectada.

    El segundo problema es la interrupción del transporte marítimo. El aumento del riesgo en el golfo Pérsico, los ataques a las infraestructuras portuarias y la retirada de las navieras y aseguradoras han provocado que, incluso sin un anuncio oficial, el flujo normal de importaciones se haya reducido drásticamente.

    Al mismo tiempo, las rutas alternativas no se han cerrado por completo, pero tienen una capacidad limitada. Parte de las importaciones puede realizarse por vías terrestres a través de Rusia y Turquía, o mediante rutas indirectas desde países vecinos. Además, en algunos casos, las redes no oficiales y la llamada ‘flota en la sombra’ pueden mantener parte del flujo de mercancías.

    Aun así, incluso estas opciones limitadas enfrentan obstáculos serios. Los puertos del norte, en el mar Caspio, aunque pueden absorber parte de las importaciones, no tienen la capacidad de sustituir a los puertos del sur debido a sus limitaciones de infraestructura, su escasa profundidad y su baja capacidad operativa. En consecuencia, cualquier interrupción en estas rutas puede poner bajo presión incluso este corredor ya de por sí limitado.

    En conjunto, aunque técnicamente existen vías para la entrada de mercancías, desde el punto de vista operativo -en términos de costos, capacidad y riesgo- estas rutas no pueden compensar la interrupción en el golfo Pérsico.

    Samer Abdul Jabbar también considera que, debido a la interrupción de las rutas marítimas y a la limitación del acceso a los puertos, ha aumentado el uso de largas rutas terrestres a través de Turquía, el Cáucaso Sur, el mar Caspio y Asia Central.

    Según él, aunque estas rutas son utilizables, son “lentas, complejas y limitadas”, y debido al cruce de múltiples fronteras y a su baja capacidad, no pueden sustituir plenamente a las rutas marítimas. Además, el aumento de los costos de transporte, del seguro y del combustible ya ha hecho que el proceso de abastecimiento y de reposición de reservas estratégicas sea más lento y más caro, reduciendo la capacidad de los países para enfrentar futuros shocks.

    De este modo, si esta situación continúa, no sería sorprendente un aumento en los precios de los alimentos, una reducción del poder adquisitivo y una mayor presión sobre los hogares más vulnerables.

    Una mujer camina por la acera llevando bolsas de la compra.

    Getty Images

    ¿Está en riesgo el suministro de alimentos en Irán?

    La perspectiva de la seguridad alimentaria de Irán, en caso de que la guerra continúe -especialmente a medio y largo plazo-, resulta preocupante. Las experiencias internacionales muestran que los conflictos prolongados van deteriorando las cadenas de suministro de alimentos de forma gradual pero profunda. En esta línea, el Programa Mundial de Alimentos también ha advertido que estos enfrentamientos, al agravar la pobreza y la inseguridad alimentaria, pueden tener consecuencias que trasciendan la región.

    Aun así, algunos responsables gubernamentales no consideran que la situación actual sea especialmente preocupante. El presidente de la Unión de Mayoristas de Alimentos de Teherán afirma que, por el momento, no existe escasez y que las reservas para los próximos meses ya están previstas.

    Por su parte, Mohammad Lahouti, miembro de la Cámara de Comercio de Irán, ha informado de medidas del gobierno para facilitar el comercio exterior y la liberación de mercancías, calificando estas acciones como pasos destinados a reducir la inquietud de los actores económicos y satisfacer las necesidades del mercado.

    Akbar Fathi, viceministro de Agricultura, también ha señalado que en los últimos meses se han realizado esfuerzos para reforzar las reservas estratégicas, y que parte de las necesidades alimentarias del país -especialmente en el ámbito de los productos proteicos y lácteos- se cubre mediante la producción interna. Según él, el apoyo a los productores y agricultores, incluso en condiciones de guerra, es una de las principales prioridades de las políticas públicas.

    Un hombre carga bolsas en ambas manos mientras camina dentro de un mercado de alimentos.

    Getty Images

    Con todo, la principal preocupación no está tanto en la “escasez material” como en el “aumento de los precios”.

    Los informes muestran que el precio de los alimentos ha crecido en promedio más de un 40%, y en productos como el arroz, el aceite y las legumbres este incremento ha sido aún mayor. Una de las causas principales es la interrupción en la importación de insumos como el maíz y la soja, que desempeñan un papel clave en la producción de carne y pollo.

    Sin embargo, a largo plazo, las preocupaciones parecen más serias.

    Según Samer Abdul Jabbar, las reservas estratégicas de cereales en muchos países son limitadas y suelen cubrir desde unos pocos meses hasta, como máximo, un año.

    “Al mismo tiempo, la interrupción de las rutas de transporte y el aumento de los costos de seguros y combustible han hecho que la reposición de estas reservas sea más lenta y más costosa”, dice.

    Por otro lado, la limitación en el acceso a fertilizantes químicos incrementa los costos de producción agrícola y puede afectar negativamente las cosechas futuras; un factor que, en última instancia, conduce a un aumento aún mayor en los precios de los alimentos.

    En tales condiciones, la presión económica y social va creciendo de forma gradual, y el riesgo de desigualdad en el acceso a los alimentos se intensifica. Este problema no se limita únicamente a Irán, pues los países con mayor dependencia de las importaciones son los más vulnerables.

    En conjunto, la amenaza que se perfila no es una crisis repentina, sino una especie de “erosión gradual” de la seguridad alimentaria; un proceso que comienza con el aumento de los precios, reduce progresivamente el acceso de distintos grupos sociales y, si continúa, puede acarrear consecuencias como desnutrición, descontento social y una mayor presión sobre la economía del país.

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  • La nadadora de 95 años que batió decenas de récords y sigue sumando más

    La nadadora de 95 años que batió decenas de récords y sigue sumando más

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    Retrato de Jane Asher sonriendo en una piscina

    BBC
    La trayectoria de Jane Asher ha sido reconocida por las autoridades británicas con condecoraciones como la Medalla del Imperio Británico, una de las más importantes del país.

    A sus 95 años, Jane Asher no es una abuela a la usanza.

    Además de estar atenta a sus cuatro hijos y a sus 11 nietos, de practicar taichi, pilates y pintar, la británica no para de acumular medallas y galardones en natación.

    “Este deporte simplemente te hace sentir bien y te mantiene saludable”, afirmó a la BBC.

    Tras haber conseguido en marzo su quinto récord mundial en las piscinas, Asher no parece tener intención de colgar la toalla.

    Ni siquiera el hecho de haber pasado por quirófano en los últimos años —y haber visto cómo le reemplazaban ambas caderas— ha logrado hacerle vislumbrar el final de su trayectoria deportiva.

    “Voy a seguir nadando todo el tiempo que pueda”, le dijo a Marathon Swims, el sitio web del maratón de natación que se celebra en Londres cada año.

    “Después de nadar, sales del agua y sientes que puedes ir a cualquier parte”, subrayó la atleta, quien forma parte del Salón de la Fama Internacional de la Natación y ha recibido la Medalla del Imperio Británico por su dedicación a este deporte.

    La nonagenaria nadadora tiene ahora en la mira intentar batir otro récord mundial en el próximo campeonato de Budapest (Hungría) y para ello sigue una rutina de entrenamientos que incluye sesiones de nado cuatro veces por semana.

    Una carrera inusual

    La carrera deportiva de Asher resulta cuando menos sorprendente, porque nada indicaba que la natación terminaría ocupando gran parte de su vida.

    “Nací en Rodesia del Norte (actual Zambia) y el agua de los ríos estaba llena de cocodrilos e hipopótamos, así que no nadé hasta que cumplí 7 años”, declaró a TNT Sports, un canal especializado en deportes hace unos años.

    Su primer encuentro con una piscina ocurrió cuando su familia se trasladó a Johannesburgo (Sudáfrica), luego de que la futura nadadora contrajera la malaria.

    Jane Asher dentro de su casa, junto a una escalera en la que se ven medallas colgadas

    BBC
    La nonagenaria nadadora lejos de pensar en retirarse está preparándose para una competencia en Budapest (Hungría).

    La familia materna de Asher tenía una especial relación con el agua por tener raíces en Cornualles, la famosa región costera inglesa.

    “A mi madre le encantaba nadar. Su madre le enseñó a nadar en Cornualles, en el mar. El amor por el agua fría lo llevo en la sangre”, contó.

    Con 22 años, la mujer se mudó a Reino Unido, donde comenzó a incursionar poco a poco en el mundo de los deportes.

    En la Universidad de Mánchester formó parte del equipo de natación, pero al graduarse y casarse dejó las competencias, aunque no se separó totalmente de las piscinas.

    “Empecé a competir porque enseñaba natación a niños de primaria y como algunos eran muy buenos pues dije: ‘deberíamos hacer algunas competencias’, pero algunos de ellos tenían miedo”, relató a BBC Sports en 2015.

    “‘Vengan y vamos a competir’”, les dijo a sus estudiantes para quitarles el temor y darles confianza.

    “Y resultó que lo hice muy bien, pese a tener 40 años y ser ellos unos niños. Alguien que me vio me dijo: ‘Sabes que hay competencias para adultos’”, evocó.

    “No es por las medallas”

    Sin embargo, Asher no comenzó a competir profesionalmente hasta la década de 1990, luego de que falleciera su esposo.

    “Cuando enseñas a otros a nadar en realidad no puedes entrenar mucho”, dijo.

    “Pero antes de morir mi esposo me dijo: ‘Ahora sí vas a poder hacer lo que te gusta’”, agregó.

    Poco después, Asher viajó a Estados Unidos y batió su primer récord máster —para nadadores mayores de 25 años— en estilo libre dentro de su categoría de edad.

    Desde entonces no ha dejado de acumular galardones, dando la sensación de que está intentando recuperar el tiempo perdido.

    Sin embargo, Asher aseguró que subirse a los podios y recibir reconocimientos no es lo que la impulsa.

    “No es por las medallas, ya no las colecciono porque no tengo dónde guardarlas”, declaró al canal TNT Sports hace cuatro años.

    Momento en que Asher se lanza a la piscina en una competencia.

    Mondadori Portfolio via Getty Images
    La nadadora nacida en África espera que otros adultos mayores sigan sus pasos y vean que nunca es tarde para comenzar a practicar su pasión.

    En la revista Swimming World se lee que ha ganado preseas doradas en los campeonatos nacionales de Reino Unido, Francia y los Países Bajos, al tiempo que ha establecido 52 récords mundiales en cuatro categorías de edad diferentes.

    “La natación es un mundo maravilloso. Los nadadores formamos una gran familia: puedes tener 18 años o 90, y en un minuto y 21 segundos ya hablas el mismo idioma”, explicó.

    Y tras asegurar que le avergüenza que la consideren una inspiración, Asher dijo que prefiere ser vista como una “persuasora”.

    “Espero que otros digan: ‘Bueno, si ella puede, yo también lo haré, lo intentaré’”, remató.

    * Con información de Gem O’Reilly.

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    BBC

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