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  • Trump pretende abolir las reservas atómicas de Irán, un problema que él ayudó a crear

    Trump pretende abolir las reservas atómicas de Irán, un problema que él ayudó a crear

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    El presidente Trump se retiró del acuerdo nuclear de la era Obama en 2018. Pero Irán respondió con una oleada de enriquecimiento que tensa las negociaciones actuales.

    Mientras el presidente Donald Trump lucha por negociar o intimidar para salir de la guerra que inició con Irán, se enfrenta al complicado legado de su decisión, hace ocho años, de cancelar lo que ha calificado de “horrible acuerdo unilateral”.

    Aquel acuerdo de la era de Barack Obama adolecía de defectos y omisiones. Habría expirado al cabo de 15 años, lo cual dejaría a Irán libre para fabricar todo el combustible nuclear que quisiera después de 2030. Pero una vez que Trump se retiró del acuerdo en 2018, los iraníes aceleraron el enriquecimiento mucho antes, con lo que se acercaron más que nunca a una bomba atómica.

    Ahora, los negociadores de Trump lidian con las consecuencias de esa decisión, que tomó a pesar de las objeciones de muchos de sus asesores de seguridad nacional de aquel entonces. Para subrayar los desafíos, el sábado Trump suspendió abruptamente una ronda de conversaciones nucleares con Irán en Pakistán.

    Últimamente, gran parte de la atención se ha enfocado en la media tonelada de uranio iraní enriquecido a un nivel ligeramente inferior al que se suele utilizar en las bombas atómicas. Se cree que la mayor parte está enterrada en un complejo de túneles que Trump bombardeó el pasado junio. Pero esos 440 kilos de combustible potencial para bombas representan solo una pequeña fracción del problema.

    En la actualidad, según los inspectores internacionales, Irán posee un total de 10 toneladas de uranio, con distintos niveles de enriquecimiento. Si se les purifica más, es suficiente para construir hasta 100 armas nucleares, más que el tamaño estimado del arsenal de Israel.

    Prácticamente todo ese alijo se acumuló en los años posteriores a que Trump abandonara el acuerdo de la era Obama. Ello se debe a que Teherán cumplió su promesa de enviar a Rusia 11 toneladas de su reserva total, alrededor del 97 por ciento. Los diseñadores de armas de Irán se quedaron con muy poco combustible nuclear para construir una sola bomba.

    Ahora, igualar o superar ese logro diplomático es uno de los retos más complejos a los que se enfrentan Trump y sus dos principales negociadores, su yerno Jared Kushner y su enviado especial, Steve Witkoff, cuyo viaje previsto a Pakistán para otra sesión de negociaciones fue cancelado en el último minuto por Trump. En el centro de las negociaciones está la exigencia estadounidense de que Irán detenga el enriquecimiento y entregue las reservas de combustible que ha acumulado en los últimos ocho años; Irán se resiste en ambos frentes.

    Trump es plenamente consciente de que cualquier acuerdo que logre negociar con los iraníes se comparará con lo que Obama consiguió hace más de una década. Aunque ambos países siguen intercambiando propuestas, y bien podrían quedarse con las manos vacías, Trump ya considera que su propio acuerdo, aún por negociar, es superior.

    “El ACUERDO que estamos haciendo con Irán será MUCHO MEJOR”, escribió Trump en sus redes sociales el lunes. El acuerdo de la era Obama “era un camino garantizado hacia un arma nuclear, lo que no sucederá, ni puede suceder, con el acuerdo en el que estamos trabajando”.

    Dados los objetivos a menudo cambiantes de Trump en el conflicto con Irán, Kushner y Witkoff se enfrentan a una abrumadora lista de temas de negociación, muchos de los cuales el equipo de Obama no abordó. Tienen que encontrar la manera de limitar la capacidad de Irán para reconstruir su arsenal de misiles. (El acuerdo de 2015 nunca abordó la capacidad de Irán en materia de misiles, y Teherán ignoró una resolución de las Naciones Unidas que imponía límites).

    Tienen que encontrar la manera de cumplir el mandato de Trump de proteger a los manifestantes contrarios al régimen, a quienes Trump prometió ayudar en enero cuando salieron a la calle. De hecho, dichas protestas fueron uno de los detonantes de la escalada militar estadounidense que, en última instancia, condujo al ataque del 28 de febrero.

    Y deben negociar la reapertura del estrecho de Ormuz, que los iraníes cerraron tras los ataques estadounidense-israelíes, una medida para la que Trump claramente no estaba preparado. Ahora Irán ha descubierto que unas pocas minas baratas y las amenazas a las embarcaciones le han dado una enorme influencia sobre la economía mundial, una presión que puede aumentar o disminuir de formas que las armas nucleares no pueden.

    Pero el destino del programa atómico es el eje central de las negociaciones. Al igual que en las conversaciones de 2015, los iraníes declaran que tienen un “derecho” a enriquecer en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, al que se niegan a renunciar. Sin embargo, esto aún deja margen para la “suspensión” de todos los esfuerzos nucleares durante un cierto número de años. (El vicepresidente JD Vance exigió 20 años cuando se reunió con sus interlocutores pakistaníes hace dos semanas, solo para que Trump declarara unos días después que el periodo adecuado era “ilimitado”).

    William Burns, el exjefe de la CIA que desempeñó un papel principal en las negociaciones de la era Obama, dijo el viernes en The New York Times que un buen acuerdo requeriría “inspecciones nucleares estrictas, una moratoria ampliada sobre el enriquecimiento de uranio y la exportación o dilución de las reservas existentes de uranio enriquecido de Teherán a cambio de un alivio tangible de las sanciones”.

    También pidió que el gobierno de Trump delimitara cada término. “A menos que las líneas se tracen con claridad y se controlen estrictamente”, dijo Burns, “los iraníes pintarán fuera de ellas”.

    Eso es exactamente lo que ocurrió cuando Trump abandonó el acuerdo de Obama en 2018 y no lo reemplazó con nada. En aquel momento, Irán no poseía ni una sola reserva de uranio suficiente para fabricar una bomba. Después, comenzó a enriquecer uranio sin control.

    En la guerra actual, Trump ha hablado públicamente de una posible redada para confiscar la media tonelada de material iraní casi apto para bombas, con el que se podrían fabricar unas 10 armas. Pero no ha hablado de la reserva total de 10 toneladas ni de la amenaza que supone para Estados Unidos y sus aliados.

    No se trata de un problema nuevo. En 2006, Irán empezó a enriquecer uranio a escala industrial. Aunque describió sus objetivos como pacíficos y de naturaleza civil, sus agresivas medidas convencieron a los expertos de que Teherán quería construir una bomba.

    Las alarmas sonaron con más fuerza en 2010, cuando Irán empezó a enriquecer uranio al 20 por ciento. Ese nivel de pureza marca la línea divisoria oficial entre usos civiles y militares. Irán dijo que quería ese combustible al 20 por ciento para un reactor de investigación de la Universidad de Teherán.

    El enriquecimiento al 20 por ciento alarmó al gobierno de Obama. Puso a los iraníes en el camino hacia el combustible de 90 por ciento utilizado para fabricar una cabeza nuclear lo suficientemente ligera y compacta como para caber en un misil. (Es posible fabricar un arma con combustible al 20 por ciento, pero sería tan grande y pesada que se necesitaría un camión, un barco o un avión para transportarla).

    En el pacto de la era Obama, se prohibía a los iraníes enriquecer combustible hasta un nivel de pureza superior al 3,67 por ciento, que es suficiente para alimentar reactores nucleares con fines civiles. El arsenal total del país se limitaba a unos 300 kilos. Se suponía que las restricciones se mantendrían durante 15 años, hasta 2030. Pero se permitió a los iraníes continuar con el enriquecimiento de bajo nivel, y construyeron centrifugadoras más eficientes.

    Esta laguna jurídica los preparó para lo que ocurrió después de que Trump anulara el acuerdo tres años más tarde y volviera a imponer sanciones económicas. Los iraníes respondieron sobrepasando todos esos límites.

    A principios de 2021, justo antes de que Trump dejara el cargo, Irán reinstauró su objetivo de elevar el nivel de enriquecimiento al 20 por ciento.

    Entonces, una misteriosa explosión dejó sin electricidad a Natanz, el principal complejo de enriquecimiento de Irán. Las autoridades iraníes lo atribuyeron a un sabotaje israelí y tomaron represalias al elevar parte de sus reservas al nivel del 60 por ciento, el mayor salto en la historia de su programa de enriquecimiento. Esto los dejó a un paso del máximo grado militar.

    Desde principios de 2021 hasta principios de 2025, el gobierno de Joe Biden intentó, sin éxito, negociar nuevos límites. Durante las negociaciones, Irán siguió enriqueciendo y amplió su reserva de combustible al 60 por ciento.

    Después, en junio de 2025, Trump bombardeó las plantas de enriquecimiento de Irán en Natanz y Fordo, así como los túneles de almacenamiento de uranio y otras instalaciones en Isfahán. Declaró que el programa nuclear había sido “eliminado”.

    Oficialmente, el gobierno estadounidense se mostró más circunspecto y afirmó que el programa había sufrido un “retroceso”. Pero si la “operación Martillo de Medianoche” realmente paralizó gran parte de la infraestructura atómica iraní, el gobierno de Trump dijo poco o nada sobre la supervivencia de las reservas de uranio enriquecido de Irán, que el Organismo Internacional de Energía Atómica ha estimado en 9,8 toneladas, con niveles de pureza que oscilan entre el 2 y el 60 por ciento.

    Uno de los pocos funcionarios que sí habló del tema fue Witkoff, quien calificó la reserva de “un paso hacia la fabricación de armas: es la única razón para tenerlo”. Irán, añadió, podría convertir su combustible más enriquecido en unas tres decenas de bombas.

    Aunque el debate público se ha enfocado en si un equipo de comandos estadounidense podría recuperar la media tonelada de uranio enriquecido al 60 por ciento de Irán, los expertos nucleares afirman que Teherán podría convertir las 10 toneladas completas en combustible para bombas, si logra activar nuevas centrifugadoras, probablemente subterráneas, para aumentar sus niveles de enriquecimiento.

    Edwin Lyman, experto nuclear de la Unión de Científicos Conscientes, dijo que la reserva iraní podría producir entre 35 y 55 armas, dependiendo de su habilidad para fabricar no solo el núcleo de combustible de la bomba, sino también piezas no nucleares como los detonadores que desencadenan las reacciones en cadena.

    Thomas Cochran, un experto en armas nucleares que escribió un influyente estudio sobre los niveles de enriquecimiento, llegó a la conclusión de que el arsenal de Irán era suficiente para fabricar entre 50 y 100 bombas si se enriquecía aún más.

    Para Estados Unidos, la ubicación de la reserva de 10 toneladas es una gran incertidumbre. Para Irán, es una herramienta de presión política.

    “Sí, muchos de sus principales científicos han muerto”, dijo Gary Samore, quien asesoró a la Casa Blanca de Obama sobre el programa nuclear iraní. “Pero aún tienen la capacidad industrial básica para producir armas nucleares si deciden hacerlo”.

    Irán tiene otra carta en el juego nuclear: la incertidumbre sobre la ubicación exacta de un nuevo complejo de enriquecimiento que Teherán estaba a punto de declarar en vísperas de la guerra de 12 días con Israel el pasado junio. El Organismo Internacional de Energía Atómica informó que una reunión informativa fijada para el 13 de junio de 2025 fue “cancelada debido al inicio de los ataques militares ese día”.

    Los analistas ahora creen que Irán podría haber instalado la planta en el laberinto de túneles montañosos que colindan con su extenso polígono industrial de Isfahán. Es cerca de donde se cree que Teherán almacena la mayor parte de sus reservas de uranio, lo que plantea la posibilidad de que Irán albergue un emplazamiento industrial profundamente enterrado que podría llevar a cabo nuevas rondas de enriquecimiento de combustible.

    “No podemos bombardear sus conocimientos”, dijo Matthew Bunn, especialista nuclear de Harvard. Y dado que una planta para enriquecer uranio puede ser “comparable en tamaño a una tienda de comestibles”, añadió, el terreno montañoso de Irán ofrece muchos lugares para ocultar un esfuerzo clandestino de fabricación de bombas.

    William J. Broad ha reportado sobre ciencia en el Times desde 1983. Vive en Nueva York.

    David E. Sanger cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido periodista del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.

  • Cómo las teorías conspirativas que rodean la muerte o desaparición de 10 científicos de renombre en EE.UU. están afectando a sus familias

    Cómo las teorías conspirativas que rodean la muerte o desaparición de 10 científicos de renombre en EE.UU. están afectando a sus familias

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    Las desapariciones o muertes de al menos 10 personas vinculadas a investigaciones de carácter sensible en Estados Unidos están generando escrutinio de detectives aficionados en internet y, ahora, de investigadores federales. Pero para los familiares en duelo, toda las especulaciones resultan “repugnantes”.

    Carl Grillmair se habría reído de las teorías conspirativas en torno a su asesinato, dice su viuda.

    “Me parece una absoluta insensatez”, asegura Louise Grillmair. “Quiero decir, ahí están los hechos, y son públicos”.

    Su esposo, de 67 años, fue abatido a tiros en su hogar en Llano, California, el pasado mes de febrero.

    El presunto asesino de Grillmair —un residente local de 29 años llamado Freddy Snyder— fue imputado por asesinato y robo con allanamiento de morada, y deberá comparecer ante el tribunal la próxima semana para la lectura de cargos.

    A pesar de la detención, la figura de Grillmair ocupa un lugar destacado en las teorías conspirativas que giran en torno a las muertes o desapariciones de cerca de 10 personas con vínculos a laboratorios de alto secreto o a trabajos de índole científica.

    A menudo se los agrupa bajo la etiqueta de “científicos desaparecidos”; no obstante, la lista incluye a una asistente administrativa, un general de la Fuerza Aérea, un ingeniero y un conserje, y abarca diversos campos, desde la investigación de exoplanetas hasta la industria farmacéutica.

    Detectives aficionados de internet han sugerido que los casos podrían estar vinculados, lo que incluso ha llevado al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes de EE.UU. y al FBI a anunciar investigaciones, a pesar de la existencia de otras explicaciones establecidas y de los intentos de los familiares por calmar la histeria.

    Venganza equivocada

    Un iPad con la imagen de Caltech

    Getty Images
    Grillmair trabajaba para el Instituto de Tecnología de California, Caltech.

    La esposa de Grillmair cree que su marido fue el objetivo de un plan de venganza equivocado.

    Meses antes del asesinato, un hombre se había “adentrado en [su propiedad] con un rifle”, alegando que estaba cazando coyotes. Ella relata que su esposo le había dicho al sospechoso que se dirigiera a una montaña cercana.

    El hombre también había estado causando disturbios en otras viviendas de la zona, añade ella, y uno de los residentes llamó al 911.

    Grillmair no fue quien realizó la llamada, pero su esposa cree que el hombre había culpado a su marido de ello, debido a que su comportamiento había estado “escalando”.

    El hombre regresó con un bate de béisbol dos semanas antes de que Grillmair fuera asesinado, pero se marchó sin causar más problemas ese día, comentó ella.

    Posteriormente, regresó el 16 de febrero y, presuntamente, disparó mortalmente a Grillmair, un astrónomo de renombre que trabajaba en el IPAC, el centro de datos y ciencia para la astronomía y las ciencias planetarias del Instituto Tecnológico de California (Caltech).

    “Creemos que [él] vino en busca de venganza, pensando que Carl había sido quien llamó al 911”, afirma Louise.

    Ella describe a su difunto esposo como “probablemente el hombre más amable que jamás haya pisado la faz de la Tierra”.

    Los escépticos han echado un jarro de agua fría sobre las descabelladas teorías que rodean estas muertes.

    “La fuerza laboral aeroespacial y nuclear de EE.UU. con autorización de top secret asciende a unas 700.000 personas”, escribió el 16 de abril en su blog de Substack Mick West, escritor científico, investigador y desmentidor de pseudociencias.

    “La mortalidad ordinaria a lo largo de un periodo de 22 meses predice unas 4.000 muertes, unos 70 homicidios y unos 180 suicidios. La lista en cuestión contiene 10 casos… Las muertes son reales. El dolor de las familias es real. El patrón, no”.

    Louise Grillmair, por su parte, comenta que —si bien su esposo “se habría reído” ante las especulaciones de que las muertes pudieran estar conectadas— también “probablemente habría recurrido a las estadísticas” para desmentir dichas teorías conspirativas.

    Supuestos secretos

    Una foto de William, que tiene el pelo blanco, gafas y una chaqueta con cuello.

    Oficina del alguacil de Bernalillo
    William Neil McCasland era un general retirado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

    La esposa del general retirado de la Fuerza Aérea William Neil McCasland —el de mayor rango y más alto perfil entre los desaparecidos— recurrió a Facebook la semana siguiente a su desaparición, el 27 de febrero, en su hogar en Nuevo México, para “despejar parte de la desinformación que circula”.

    Incluso en su llamada al 911 —realizada tres horas después de regresar a casa de una cita médica y descubrir que su esposo ya no estaba— Susan McCasland Wilkerson comentó que tenía “ciertos indicios de que él debió haber planeado no ser encontrado”.

    Le explicó al operador que él había apagado su teléfono y lo había dejado atrás, pero que se había llevado su arma, a pesar de que “por lo general no” porta ninguna.

    También señaló que su esposo había estado sufriendo recientemente de ansiedad, pérdida de memoria a corto plazo y falta de sueño; además, había estado “diciendo que, si su cerebro y su cuerpo seguían deteriorándose, no quería vivir de esa manera”.

    Una semana después, escribió en Facebook que, si bien McCasland tuvo acceso durante su carrera en la Fuerza Aérea a “ciertos programas e información altamente clasificados”, se había jubilado “hace casi 13 años y, desde entonces, solo ha contado con autorizaciones de seguridad muy comunes. Resulta bastante improbable que se lo hayan llevado para sonsacarle secretos ya muy obsoletos”.

    Asimismo, reconoció que McCasland había actuado como consultor ad honorem para la organización To The Stars —fundada por Tom DeLonge, líder de la banda Blink-182— en sus esfuerzos por investigar ovnis y otros asuntos relacionados.

    Sin embargo, su esposo “no poseía ningún conocimiento especial acerca de los cuerpos de seres extraterrestres ni de los restos del incidente de Roswell que se encuentran almacenados en la base Wright-Patt”, escribió Susan.

    Se refería a la Base de la Fuerza Aérea Wright-Patterson, en Ohio, la cual —según las leyendas sobre ovnis— podría ser el lugar de descanso final de restos extraterrestres provenientes de unos extraños escombros hallados por un ranchero en Roswell, Nuevo México, en 1947.

    Abordando con tono seco las teorías conspirativas, Susan escribió: “Llegados a este punto, y sin que haya absolutamente ninguna señal de él, tal vez la mejor hipótesis sea que los alienígenas lo teletransportaron a su nave nodriza”.

    “Sin embargo, no se ha reportado ningún avistamiento de una nave nodriza sobrevolando las montañas Sandia”.

    Casos distintos

    Un monumento en la escalera del profesor del MIT

    Getty Images
    Un homenaje al físico del MIT Nuno Loureiro.

    Ocho meses antes de la desaparición de McCasland —también en Nuevo México, pero a 220 km de distancia, en Taos—, una asistente administrativa del Laboratorio Nacional de Los Álamos desapareció.

    La familia de Melissa Casias también se pronunció sobre el caso en Facebook, indicando una vez más que su ser querido se había marchado deliberadamente. Sus comentarios sirvieron de poco para aplacar la obsesión de los teóricos con su caso.

    “Han sido las seis semanas más difíciles de nuestras vidas sin ti”, escribió su esposo, Mark Casias, en Facebook en agosto de 2025.

    “Sierra y yo empezamos a preocuparnos cada día más por ti; creemos que estás bien, pero no logramos entender por qué no te has puesto en contacto con nosotros”.

    Otros casos, como el de Grillmair, tenían explicaciones claras e inequívocas.

    El físico del MIT Nuno Loureiro fue asesinado por un excompañero de clase que también fue detenido por otros homicidios en la Universidad Brown; el sospechoso confesó los crímenes en grabaciones de video que las autoridades descubrieron posteriormente.

    Otro investigador desapareció de su hogar el mes después de haber perdido a ambos padres con apenas unas horas de diferencia; su padre sufrió un infarto mortal en sus brazos, justo después del fallecimiento de su madre.

    Su cuerpo fue hallado más tarde en un lago, y su esposa relató a los medios estadounidenses cuán desolado se había sentido su marido —hijo único— tras la muerte de sus padres.

    Otro científico falleció a los 59 años a causa de una “enfermedad cardiovascular arteriosclerótica”, según un informe forense de 2023.

    Louise Grillmair afirma que estas explicaciones no parecieron disuadir a los teóricos de la conspiración; de hecho, “muchos de ellos se han puesto en contacto” con ella para pedirle su opinión.

    “Les respondí: “Bueno, puedo ofrecerles algo mejor que una simple opinión””, comenta. “Tengo los hechos”.

    Estas especulaciones, añade, resultan “denigrantes para la memoria de los fallecidos”.

    Varias aplicaciones de redes sociales en un teléfono

    Getty Images
    Las redes sociales se han convertido en punto de encuentro clave para los que creen en teorías conspirativas

    Otros seres queridos contactados por la BBC calificaron dichas especulaciones de “terribles” y “repugnantes”, señalando que agravan el dolor de las familias; no obstante, optaron por no hacer declaraciones públicas, pues no deseaban dar más difusión a estas historias.

    En el caso de Louise Grillmair —quien conoció a su marido en una clase de astrofísica—, ella preferiría que el mundo conociera no solo su innovadora labor científica, sino también su carácter bondadoso y generoso.

    “Ayudaba a todo aquel que lo necesitaba”, relata. “Por ejemplo, sufrió dos accidentes automovilísticos bastante graves… y no creía en la vía judicial. Es decir, la culpa era de los otros conductores, pero él simplemente se negaba a demandarlos”.

    Su obituario recordaba a Grillmair como “un piloto entusiasta que pilotaba avionetas y planeadores de su propiedad, los cuales mantenía en su propia casa; aceptaba con alegría las invitaciones de quienes deseaban volar con él”.

    “Sus amigos y colegas recuerdan que amaba la vida al aire libre, conducir tractores y realizar reparaciones y trabajos de construcción en su hogar, donde también disponía de un pequeño observatorio con varios telescopios”.

    Su esposa añade que él “poseía un código moral muy elevado… y vivía conforme a sus principios”.

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    BBC

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  • Cómo la “cortina de hierro digital” está creando descontento contra el gobierno de Putin en Rusia

    Cómo la “cortina de hierro digital” está creando descontento contra el gobierno de Putin en Rusia

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    Una persona aparece a contra luz contra un cielo anaranjado brillante mientras mira su teléfono inteligente, con la silueta del Kremlin al fondo, durante la puesta de sol en la Plaza Roja de Moscú el 31 de marzo.

    AP

    Cerca del Kremlin, varias decenas de personas hacen cola frente a la sede de la administración presidencial. Han venido a presentar peticiones pidiendo al presidente Putin que ponga fin a la represión contra internet.

    Las autoridades rusas han intensificado el control del ciberespacio del país. El acceso a las aplicaciones de mensajería global se ha restringido y a menudo se producen interrupciones generalizadas, incluso cortes totales, del servicio de internet móvil.

    Presentar una petición al presidente es legal. Pero en un estado autoritario, esto es exponerse públicamente.

    Y la gente lo sabe.

    Desde el otro lado de la calle, agentes de seguridad filman a los peticionarios, y a nosotros también.

    “¿No tienes miedo?”, le pregunto a Yulia en la cola.

    “Mucho”, responde. “Estoy temblando”.

    Putin reconoció el bloqueo y lo describió como “trabajo operativo para prevenir ataques terroristas”, aunque afirma haber dado instrucciones para que se permita “funcionamiento ininterrumpido” de los servicios más esenciales de internet.

    Un hombre con una sudadera negra con capucha y vaqueros está repartiendo documentos a las personas que hacen cola frente a un edificio oficial cerca del Kremlin.

    BBC
    Los rusos pueden presentar una petición al presidente legalmente, pero exponerse públicamente conlleva un riesgo real.

    Yulia, dueña de una empresa de catering, explica cómo los intentos de censurar internet han afectado a su negocio.

    “Últimamente ha habido momentos en que nuestra página web no era accesible. No podíamos generar ingresos”, afirma.

    “Cada vez que bloquean internet oerdemos dinero especialmente si cortan Telegram o WhatsApp. Mi negocio depende completamente de internet. Sin acceso a internet, tal como está, no puede existir”.

    App de mensajería estatal

    Las autoridades rusas insisten en que las restricciones a las comunicaciones responden a una necesidad de seguridad pública. Afirman que los cortes de internet en la telefonía móvil desorientan a los drones de ataque ucranianos, aunque sus ataques han continuado incluso en zonas donde se ha cortado internet.

    Las autoridades acusan a las empresas de mensajería internacionales de ignorar las leyes rusas de protección de datos. El acceso a WhatsApp y Telegram se ha restringido considerablemente. Mientras tanto, los reguladores estatales están persiguiendo las VPN (redes privadas virtuales) utilizadas para eludir las restricciones.

    Como parte de la iniciativa para lograr una “internet soberana”, el gobierno está promoviendo una aplicación de mensajería rusa respaldada por el Estado llamada MAX.

    La ciudadanía se muestra recelosa.

    “Mucha gente piensa que esta aplicación de mensajería la creó el gobierno específicamente para controlar nuestros mensajes”, afirma el exdiputado Boris Nadezhdin, quien en su momento intentó competir contra Putin en las elecciones presidenciales.

    Además, en muchas partes de Rusia, los únicos sitios a los que se puede acceder a través del celular son los aprobados por el gobierno.

    Da la sensación de que se está construyendo una “cortina de hierro digital”.

    “La idea es aislar a Rusia del mundo exterior”, declara el columnista Andrei Kolesnikov, del medio opositor Novaya Gazeta, debido a la creencia de que “este mundo es tóxico para la mente de los rusos”.

    “Rusia siempre estuvo bloqueada, principalmente por Occidente, que era la fuente de las “ideas malas, revolucionarias y liberales”. Siempre ha sido así”.

    Sin embargo, los rusos están tan adaptados a la era digital y a internet que las restricciones y el bloqueo cibernético les resulta chocante.

    “Tiene menos que ver con la libertad de expresión y más con la costumbre”, cree la activista Yulia Grekova.

    “La gente se ha acostumbrado a pagar y pedir taxis con el móvil. Se pasan el día en el autobús chateando con sus amigos. Son muy pocas las personas que no usan internet móvil para trabajar, acceder a servicios públicos y mantenerse en contacto con la familia. Por eso hay tanta indignación. A todos nos afecta”, añade.

    Anuncio de Max, el servicio de mensajería autorizado por el estado. Muestra siete pantallas de teléfono sobre un fondo azul y morado.

    MAX
    El Kremlin está animando a los rusos a utilizar un servicio de mensajería aprobado por el Estado llamado MAX, pero muchos temen que se utilice para la vigilancia.

    Hablo con Yulia Grekova en la ciudad de Vladimir, a 190 km de Moscú. Recientemente intentó organizar una manifestación contra las restricciones a internet.

    “Solicitamos permiso a las autoridades locales y propusimos varias opciones de lugar. Nos respondieron que no era posible, ya que en la fecha solicitada estarían limpiando las calles en los 11 lugares que propusimos”.

    “El ayuntamiento ofreció un lugar y una hora alternativos. Pero luego dijeron que tampoco era posible, debido al peligro de un ataque con drones [ucranianos]”.

    Después, Yulia recibió la visita de la policía y una advertencia para que no protestara.

    “Vinieron a mi trabajo. Un coche patrulla y tres personas. Me grabaron firmando la advertencia oficial del fiscal”. Me sentía como una especie de terrorista.

    Solicitudes similares para protestas públicas fueron rechazadas en decenas de pueblos y ciudades rusas. En la región de Moscú, las autoridades locales citaron preocupaciones por el coronavirus. En Penza, los funcionarios afirmaron que una manifestación no podía realizarse debido a una clase magistral de patinaje sobre ruedas en el lugar solicitado.

    Volver al pasado

    En el centro de Vladimir, reviso mi teléfono. La aplicación para reservar taxis funciona y puedo acceder a los medios estatales. Pero las búsquedas en Google no funcionan. Y los sitios de noticias independientes no cargan.

    “Es mucho más difícil comunicarse”, dice María, que pasea con su bebé. “Queremos estar al tanto de las últimas noticias y tendencias. En cambio, nos estamos quedando atrás”.

    Sin embargo, cuanto más hablamos, menos parece interesarle a María la información actualizada.

    “Antes, cuando no había internet, el mundo parecía un lugar más brillante, porque sabíamos menos”, me dice.

    En cuanto a la guerra de Rusia contra Ucrania nos dice: “Intento evitar este tipo de noticias. No quiero llenarme la cabeza con eso. Estamos hartos de las noticias sobre personas que mueren”.

    “[Las restricciones de internet] crean problemas a diario”, dice Denis. “Hoy no pude pagar la gasolina. Y mi GPS está fallando”.

    “La gente está molesta”, me dice Alexander. “Sobre todo los pequeños empresarios. Pierden clientes cuando no pueden acceder a internet”.

    “Parece que estamos retrocediendo”, dice Yulia Grekova, “volviendo al pasado”.

    Un joven usa su teléfono móvil mientras está sentado en un banco de un parque en un día despejado en Vladimir.

    BBC
    El acceso a internet era limitado en la ciudad de Vladimir cuando la BBC la visitó.

    ¿La represión rusa contra internet supone un regreso al pasado?

    “No, no lo es”, me asegura el portavoz de Putin, Dmitry Peskov, de vuelta en Moscú.

    “En la situación actual, las consideraciones de seguridad exigen ciertas medidas”, continúa Peskov. “Éstas se están implementando y la mayoría de nuestros ciudadanos comprende su necesidad.

    “Es evidente que las restricciones a internet causan inconvenientes a mucha gente. Pero este es el periodo que estamos viviendo. Una vez que desaparezca la necesidad de estas medidas, los servicios se restablecerán por completo y volverán a la normalidad”.

    Pero las restricciones y la represión empiezan a sentirse como la nueva normalidad.

    “No creo que este régimen esté dispuesto a retroceder”, concluye el periodista Andrei Kolesnikov. “Solo pueden avanzar con más represión”.

    “Lo malo para las autoridades es la acumulación de descontento, y esto podría tener repercusiones en el futuro. No sabemos de qué forma. Pero es evidente que la irritación y el descontento se están acumulando”.

    Y están aflorando.

    Recientemente, la bloguera rusa Victoria Bonya publicó un “mensaje al presidente de Rusia” en Instagram. En él criticó duramente la represión de internet y otros controversiales temas en el país.

    El video se viralizó con decenas de millones de reproducciones. En su monólogo, Victoria Bonya no culpó directamente a Putin, pero dirigiéndose a él declaró: “Hay un muro enorme y grueso entre usted y nosotros, la gente común”.

    El jueves, el líder del Kremlin afirmó que no podía dejar de “prestar atención” a los problemas que los rusos han estado experimentando como resultado del corte de internet.

    Instruyó a las fuerzas del orden a mostrar “ingenio y profesionalismo” y a “tener en cuenta los intereses vitales de los ciudadanos”.

    Esto no representó un cambio de rumbo por parte de Putin. No hubo indicios de que se pusieran fin a las restricciones.

    Encuestas recientes en Rusia sugieren que su popularidad ha caído a su nivel más bajo desde la invasión rusa a gran escala de Ucrania en 2022.

    Pero no solo son solo las restricciones de internet las que alimentan el malestar público. Los rusos están preocupados por la economía y crece el cansancio ante la guerra en Ucrania.

    “La gente empieza a comprender que existe una conexión directa entre sus problemas cotidianos, como la sanidad, los precios de los alimentos y los problemas con internet, y la política de Vladimir Putin”, me comenta Boris Nadezhdin.

    “Y esta es una situación nueva en Rusia”.

    Yulia lleva un mono de trabajo y una redecilla para el pelo en una cocina industrial con paredes naranjas. Un hombre con gorro y delantal de chef camina detrás de ella.

    BBC
    La empresaria de catering Yulia afirma que su negocio depende de que los clientes tengan acceso a internet.

    Tras presentar su petición a la administración presidencial, Yulia ha vuelto al trabajo, horneando pan en su empresa de catering.

    Ha alzado la voz, pero no está segura de que vaya a marcar la diferencia. Ya está pensando en cómo adaptarse a las restricciones online. Los rusos, me cuenta, tienen mucha experiencia adaptándose a grandes cambios.

    “Mi bisabuelo era más rico que la media. En un pueblo soviético, eso se consideraba un pecado. Le confiscaron sus propiedades y lo trasladaron a Siberia. Pero su familia se adaptó”.

    “Mis padres vivieron el colapso de la Unión Soviética: se adaptaron a la economía de mercado. Ahora me toca a mí adaptarme. Después le tocará a mi hija”.

    ¿Cómo ve Yulia la evolución de la situación en Rusia?

    “El futuro ni siquiera se menciona en las conversaciones cotidianas con amigos y familiares”, explica. “Es como: ¿qué haremos dentro de tres días, dentro de una semana, dentro de un mes?

    “Nadie piensa más allá de un mes”.

    Como el pan que veo expandirse en el horno, en Rusia crece una profunda sensación de incertidumbre.

    Linea gris de separación

    BBC

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  • Cómo el retrato de una estrella del pop impulsó la carrera de una artista española

    Cómo el retrato de una estrella del pop impulsó la carrera de una artista española

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    El ruido de las pinceladas se detuvo cuando Nieves González, que pintaba su retrato más reciente en estilo barroco de una mujer con un chaleco inflado contemporáneo, hizo una pausa para charlar con una colega artista en el estudio que comparten en el sur de España.

    “Siempre estamos cotilleando”, dijo riendo González, con su jersey verde salpicado de pintura y la cara adornada con aretes en la nariz.

    Últimamente, buena parte de lo que se habla en el mundo del arte español ha girado en torno a González. El año pasado, la cantante británica Lily Allen reclutó a González, de 29 años, tras ver su página en Instagram para que la retratara para la portada de su álbum más reciente. El disco, West End Girl, se convirtió en un éxito, y también González, a quien el periódico Artnet calificó de “sensación artística de la noche a la mañana”.

    Su imagen de Allen, ataviada con una chaqueta acolchada de lunares, ha sido vista dos millones de veces en Spotify, en vallas publicitarias e incluso en el programa nocturno de Jimmy Fallon. En marzo, la National Portrait Gallery de Londres presentó el cuadro, que estará colgado en la misma sala que una obra de David Hockney, y la calificó de “una de las voces más convincentes de la pintura figurativa actual”.

    “Mi sueño”, dijo González mientras coloreaba rápidamente la chaqueta acolchada carmesí de su obra más reciente.

    Esas chaquetas son típicas de la obra de González, que presenta musas etéreas o bíblicas sentadas regiamente en paisajes naturales que evocan las obras de los antiguos maestros.

    Ella suele subvertir esa estética centenaria al vestir a sus sujetos con suntuosas chaquetas acolchadas rosas, azules y blancas, y también imprimiéndoles más agencia y energía de protagonistas.

    En junio expondrá en Los Ángeles, pero los coleccionistas se quejan de que todos los cuadros ya están vendidos. El galerista de González en Bilbao, Sergio García, describió su trayectoria como “¡vroom, vroom, vrooooom!”.

    Para algunos, el ascenso de González refleja la renovada vitalidad cultural de su país. Para otros, su uso de la moda abombada contemporánea dentro de una estética barroca española centenaria habla de la negociación del pasado y el presente. Para sus amigos, lo que González realmente grita es autenticidad del sur de España.

    Enérgica y locuaz, aplaude con deleite sus manjares andaluces favoritos. Mientras paseábamos por las calles de Granada, parecía conocer y hablar con todo el mundo. Charlaba con amigos en las esquinas, saludaba a las mujeres de la floristería, del salón de manicura o de la tienda de discos.

    “En un año seré la reina de la ciudad”, bromeaba, y después añadió que en realidad siempre se perdía.

    Envió besos a su abuelo cuando este la llamó desde casa, y susurraba “hashtag arte contemporáneo” delante de las galerías de arte para turistas. En un momento dado, llamó a su novio “amor” para tranquilizarlo, después de que él protestara porque ella se burlaba mucho de él por parecerse a un fraile rechoncho que aparecía en un calendario que ella había colgado en su estudio. Dijo que lo único que deseaba era comprar una casa de campo con él a las afueras de Huelva, su pequeña ciudad minera natal.

    “La gente me pregunta: ‘Bueno, ¿cuál es tu objetivo, llegar a ser qué?’”, dijo en su estudio. “Creo que ya he conseguido mi objetivo: vivir de mi arte”.

    Se apartó de su lienzo para consultar una imagen en una vieja computadora portátil que le habían regalado cuando cumplió 18 años.

    En lugar de pintar modelos vivos o fotografías, González utiliza un sistema de inteligencia artificial en esa portátil para generar imágenes digitales compuestas. Estas amalgamas proceden de una combinación de retratos barrocos, sus propios bocetos y, en su serie más reciente, fotografías de pasarela de un desfile de moda al que Hermès la invitó en París.

    Esos collages digitales, que ella llama “frankensteins”, sirven de inspiración para sus retratos pintados.

    Aunque las modelos son imaginarias, dijo, a veces ve un vestigio de su propio rostro en los retratos acabados.

    No hace mucho, dijo, la idea de vivir de estos retratos parecía imposible. “Pero aquí estamos”, dijo. “Es como un sueño que siempre he tenido, pero multiplicado por 50”.

    González nació y creció en una familia de clase trabajadora de Huelva. Empezó a pintar cuando era muy pequeña, dijo, después de que su madre cediera a sus súplicas y le comprara un juego de pintura basado en la serie Los girasoles de Vincent van Gogh.

    “No sé por qué aquel día dijo que sí”, dijo González.

    El amarillo se convirtió en su color favorito, “el favorito de los locos”, dijo. A los 17 años se matriculó en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, la ciudad de los artistas Diego Velázquez y, durante un tiempo, Francisco de Zurbarán, ambos de gran influencia para ella. Recibió una educación pictórica clásica y ganó dinero extra vendiendo sus retratos a extranjeros en un mercado de arte de Sevilla y pintando caricaturas de los invitados a bodas en Huelva.

    Después de obtener su maestría en arte en Sevilla, se encontró trabajando en una tienda de cosméticos en Huelva y buscó una salida. Tenía amigos italianos y se le daban los idiomas, así que probó suerte en Italia, donde trabajó como niñera de “dos demonios” en el norte del país antes de escapar al sur, a Aquila, donde, con el tiempo, le ofrecieron un trabajo como ayudante de dentista. “Yo”, dijo, “que no sé nada de dientes”.

    Se dio cuenta de que si podía conseguir un trabajo en un país e idioma extranjeros haciendo algo de lo que no sabía nada, quizá debería volver a casa y probar a hacer lo que mejor sabía hacer. Se dio un año de plazo para intentar convertirse en pintora.

    De vuelta en Huelva, daba clases de arte mientras trabajaba en retratos. Dibujó una copia de la obra de un maestro barroco en una hora para la inauguración del nuevo museo de Huelva. Las galerías empezaron a exponer sus obras. Su página de Instagram, llena de sus retratos, empezó a ganar seguidores.

    El año pasado se trasladó a Granada con su novio, Agus Díaz Vázquez, también artista. Solía almorzar en el húmedo estudio en un sótano, con un fuerte olor a pintura, que compartía con sus compañeros artistas, un grupo bromista que disfrutaba ganándole a ella en las partidas de cartas.

    Un día recibió allí un mensaje inesperado.

    Leith Clark, la directora creativa del álbum de Allen, había encontrado la página de González. Le envió las obras a Allen, incluida una de una figura santa con una chaqueta acolchonada azul que sostenía un cisne, y le preguntó qué opinaba.

    “Lo sabes cuando lo sabes”, dijo Seb Chew, productor y colaborador cercano de Allen, quien participó en el proceso. “Nunca había visto nada igual”.

    El equipo de Allen se puso en contacto con González, sin mencionar para quién trabajaba. Pero la pintora estaba ocupada con su trabajo, no entendió lo que querían e ignoró el mensaje. El equipo de Allen recalcó entonces que buscaban la portada de un álbum para una “persona muy famosa”.

    González no tardó en comunicarse con Allen mediante una videollamada, aceptó el encargo y se encerró en el estudio durante semanas, pintando al son de música flamenca. González dijo que el equipo de Allen le había dado fotografías para trabajar, pero relativamente pocas instrucciones, pues confiaban en que transmitiría la sensación de fuerza e independencia que buscaban.

    González utilizó esa licencia creativa para vestir a Allen con una chaqueta acolchonada de lunares que la música, en realidad, nunca se había puesto. Una vez publicado, el álbum no tardó en aparecer en los titulares por las letras que, según ha dicho la cantante, contienen detalles sobre su separación del actor estadounidense David Harbour.

    La publicidad también dio frutos para González.

    Pronto, sus amigos del estudio empezaron a burlarse de su estatus de celebridad local. Empezaron a burlarse de González llamándola Britney Spears. “Ay, Britney”, decía una compañera cada vez que González se quejaba de las nuevas exigencias sobre su tiempo.

    González no conoció en persona a la verdadera estrella del pop, Allen, hasta el mes pasado, durante la presentación oficial del retrato en Londres. González dijo que hicieron buenas migas, pero esta vez se mordió la lengua.

    “¿Te imaginas”, dijo, con los ojos desorbitados ante la posibilidad, “cotillear con ella?”.

    Carlos Barragán colaboró con reportería.

    Jason Horowitz es el jefe del buró en Madrid del Times; cubre España, Portugal y cómo vive la gente en Europa.

    Carlos Barragán colaboró con reportería.

  • “En segundos todos estábamos bajo la mesa”: el testimonio del periodista de la BBC que estaba en la cena de corresponsales con Trump cuando ocurrió el tiroteo

    “En segundos todos estábamos bajo la mesa”: el testimonio del periodista de la BBC que estaba en la cena de corresponsales con Trump cuando ocurrió el tiroteo

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    El corresponsal de la BBC Gary O'Donoghue

    BBC
    El corresponsal de la BBC Gary O’Donoghue se encontraba en el salón cuando ocurrió el tiroteo.

    Acababa de dejar los cubiertos sobre la mesa y casi no noté los estruendos que provenían de algún punto frente a mí, en dirección a la entrada principal del salón de eventos del Washington Hilton.

    Tuve una especie de reacción auditiva de incredulidad.

    A los pocos instantes pensé: es el sonido sordo de impacto que producen las armas semiautomáticas.

    Como persona ciega, me concentro en los sonidos, y oí el estallido de cristales rotos.

    Entonces sentí que la cabeza de mi colega Daniel —con quien acababa de hablar— rozaba la mía al pasar, y me di cuenta de que se estaba lanzando al suelo.

    Así que lo imité.

    Estaba de rodillas, bajo el mantel, casi seguro de la situación ante la que me encontraba: otro sábado por la noche, otro evento presidencial y en medio de otro tiroteo.

    Yo estaba en Butler, Pensilvania, en julio de 2024 cuando el presidente estuvo a escasos centímetros de perder la vida.

    Los momentos posteriores estuvieron plagados de gritos y gente corriendo.

    Esta vez fue diferente ya que, en cuestión de segundos, estábamos todos bajo la mesa.

    Otro colega me contó que, al oír los disparos, vio a decenas de personas entrar corriendo al salón de eventos desde el pasillo exterior.

    Durante los cinco o diez minutos que permanecimos bajo la mesa, todos aguardábamos a ver si algún tirador había entrado también en la sala y estaba a punto de abrir fuego contra las 2.500 personas que asistían a la cena.

    Un compañero me relató cómo había visto al Servicio Secreto, situado en el escenario a nuestras espaldas, evacuar apresuradamente al presidente Trump, a la primera dama Melania Trump y al vicepresidente J.D. Vance.

    Otros agentes permanecían de pie, con sus cascos y chalecos antibalas, apuntando con sus armas hacia la multitud para detectar si existían más amenazas.

    Los invitados buscan refugio cerca de una mesa tras escucharse disparos durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, celebrada en el hotel Washington Hilton de la capital estadounidense.

    Reuters
    Muchos de los invitados se agacharon y se refugiaron bajo las mesas tras escucharse los disparos durante la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

    Justo antes de la cena había visto al secretario de Salud, RFK Jr., en una pequeña sala contigua al salón de baile.

    Le pregunté si tenía ganas de que comenzara el evento y me respondió que tenía hambre y deseaba que empezara de una vez. Estaba sentado en una mesa no muy lejos de la mía.

    Y a unos 30 metros detrás de nosotros —hacia las puertas principales— el director del FBI, Kash Patel, se encontraba en el suelo junto al resto de nosotros, protegiendo a su novia, mientras un agente del Servicio Secreto cruzaba corriendo el salón de baile para acudir en su auxilio.

    De inmediato, la mente se dirige al qué, al porqué y —en este caso—, especialmente, al cómo.

    ¿Cómo es posible que, de nuevo, un hombre armado haya logrado acercarse al presidente?

    Cuatro agentes armados apuntan con sus pistolas.

    Getty Images
    Cuatro agentes armados apuntan con sus pistolas momentos después del suceso.

    Todas las calles alrededor del hotel Hilton habían permanecido cerradas durante horas, acordonadas por las fuerzas del orden.

    Sin embargo, la seguridad en el propio recinto no resultaba particularmente estricta.

    El hombre que custodiaba la entrada exterior apenas echó un vistazo superficial a mi entrada, desde una distancia que calculo en unos dos metros.

    Tomamos el ascensor para bajar al salón de eventos, donde un agente me pasó el detector de metales, aunque no mostró especial interés por los pitidos que provocaban los objetos que llevaba en el bolsillo interior de mi chaqueta.

    No me pidieron que vaciara mis pertenencias.

    En resumen, el dispositivo de seguridad parecía el de una cena habitual de los corresponsales de la Casa Blanca; una de esas a las que no asiste el presidente en ejercicio.

    Mientras permanecíamos retenidos en el salón de baile tras el tiroteo, intentábamos desesperadamente conseguir cobertura telefónica para transmitir la noticia y obtener más información.

    Procuré no pensar demasiado en la magnitud de lo que acababa de suceder.

    No obstante, sentí ese inconfundible escozor en los ojos; esa sensación que surge cuando la mente empieza a imaginar lo que podría haber ocurrido.

    Y también a preguntarse cuántas situaciones como esta tendrá uno que vivir en este país antes de que se le agote la suerte.

    línea

    BBC

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  • Trump habla sobre su estado mental después de una noche de caos

    Trump habla sobre su estado mental después de una noche de caos

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    La respuesta del presidente de Estados Unidos a la noche del sábado fue extraordinariamente serena para alguien que ha sobrevivido a dos intentos de asesinato.

    Eran las 10:31 p. m. del sábado cuando el presidente Donald Trump entró en la sala de prensa de la Casa Blanca, vestido aún con su esmoquin y corbata de moño, para hablar de lo que podría haber sido un nuevo atentado contra su vida.

    “Muchas gracias”, dijo. “Eso fue muy inesperado”.

    Momentos antes de aparecer, el presidente publicó imágenes de las cámaras de seguridad en las que se veía a un sospechoso corriendo a toda velocidad por los amplios salones del hotel Hilton de Washington. Allí es donde Trump asistía a la cena de corresponsales de la Casa Blanca cuando se produjeron disparos en el hotel. No había muchas cosas claras sobre lo que había ocurrido allí, a dos kilómetros de distancia.

    Pero el presidente quería hablar de ello.

    “Siempre es impresionante cuando pasa algo así”, dijo, de pie junto a la primera dama, el vicepresidente, el secretario de Defensa, el secretario de Estado, el fiscal general en funciones, el director del FBI y la secretaria de prensa, todos todavía con sus trajes de gala para la cena.

    Pero, en realidad, dijo, todo aquello no era más que el ejemplo más reciente de por qué necesita construir en la Casa Blanca su salón de baile de máxima seguridad, que ha sido legalmente cuestionado.

    “No quería decir esto”, dijo, “pero por eso debemos contar con todas las características de lo que estamos planeando en la Casa Blanca. En realidad es un salón más grande y mucho más seguro. Tiene… es a prueba de drones, tiene cristales a prueba de balas”.

    Y entonces le cedió la primera pregunta de la noche a Weijia Jiang, corresponsal de CBS News y presidenta de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, quien había estado sentada a su lado en la cena antes de que se desatara el caos.

    “Presidenta”, dijo, “solo quiero decirle que ha hecho un trabajo fantástico. Qué velada tan hermosa”. (Trump no suele hablar así a los periodistas que lo cubren).

    Ella le preguntó qué pasaba por su mente cuando se dio cuenta de que su vida podría haber estado en peligro otra vez. Contó la historia: estaba sentado con la primera dama a su otro lado cuando oyó un ruido que le pareció familiar y no amenazador. “Pensé que era una bandeja que se cayó”, dijo. “Lo he oído muchas veces, y era un ruido bastante fuerte, y venía de bastante lejos”.

    Su esposa no estaba tan segura, dijo.

    “Melania era muy consciente, creo, de lo que había pasado”, explicó. “Creo que supo inmediatamente lo que había pasado. Decía: ‘Ese es un mal ruido’”. Parecía bastante estoica detrás de él en la sala de reuniones. La única palabra que pronunció durante la rueda de prensa fue: “No”, después de que le preguntaran si quería decir algo. El presidente dijo que fue “una experiencia bastante traumática para ella”.

    Describió cómo se lo “llevaron rápidamente”, dio las gracias de manera efusiva a las fuerzas del orden y dijo que “no hubo mucho tiempo para pensar, porque en cuestión de segundos ya estábamos saliendo por la puerta”.

    En general, la respuesta de Trump desde el podio la noche del sábado fue extraordinariamente serena para alguien que ha sobrevivido a dos intentos de asesinato, y cuya esposa acababa de resguardarse debajo de una mesa mientras agentes armados corrían a toda prisa por el salón de baile a su alrededor.

    Quién sabe si el estado mental del presidente, su retórica, sus instintos políticos o su aparato de seguridad cambiarán en los próximos días o semanas. En la conferencia de prensa se reveló muy poco sobre las motivaciones del sospechoso.

    Aun así, Trump restó importancia a cualquier insinuación de que este susto pudiera alterar su forma de vida.

    “Me gusta no pensar en ello”, dijo. “Llevo una vida bastante normal, teniendo en cuenta, ya sabes, que es una vida peligrosa. Creo que lo llevo tan bien como se puede llevar”.

    Y añadió: “Para serte sincero, no soy un caso perdido”.

    Durante toda la semana había estado lanzando improperios contra los medios de comunicación presentes en la sala, pero ahora elogiaba a los reporteros que tenía delante, halagó su vestuario, utilizó un tono de voz educado y les agradeció su trabajo.

    “Han sido muy responsables en su cobertura”, dijo. “Voy a decir que he visto lo que ha salido. Han sido muy responsables”.

    Sin duda, este no era el mensaje que había planeado transmitir a los medios de comunicación esta noche. Dijo que iba a pronunciar lo que él mismo calificó como “el discurso más inapropiado jamás pronunciado”, y parecía un poco decepcionado porque le habían quitado esa oportunidad. Tan decepcionado que prometió que la cena se volvería a agendar para algún momento en los próximos 30 días.

    Pero entonces, necesitaría una reescritura, o al menos eso es lo que dijo por ahora.

    “No sé si alguna vez podré ser tan duro como iba a ser esta noche”, dijo. “Creo que probablemente voy a ser muy agradable. Seré muy aburrido la próxima vez, pero vamos a tener un gran evento”.

    Shawn McCreesh es un reportero del Times para la Casa Blanca que cubre el gobierno de Trump.

    Tyler Pager es corresponsal del Times en la Casa Blanca y reporta sobre el presidente Trump y su gobierno.

  • Tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca: esto es lo que sabemos

    Tiroteo en la cena de corresponsales de la Casa Blanca: esto es lo que sabemos

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    Un hombre que portaba varias armas intentó irrumpir en la cena a la que asistía el presidente Trump. La policía detuvo a un sospechoso.

    La cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, celebrada para conmemorar la libertad de prensa, se convirtió rápidamente en una situación de pánico el sábado por la noche, cuando un hombre que portaba varias armas evadió un control de seguridad en el hotel Hilton de Washington e intercambió disparos con agentes del orden antes de ser detenido.

    El presidente Donald Trump, que asistía a la cena por primera vez en un mandato, dijo que oyó un fuerte ruido hacia el fondo del salón de baile antes de que un agente del Servicio Secreto gritara: “Disparos”. Los agentes corrieron hacia el presidente y lo escoltaron a él y a la primera dama a la salida.

    El sospechoso fue identificado como Cole Tomas Allen, de 31 años, de Torrance, California, por agentes de la ley que hablaron bajo condición de anonimato para revelar la información. No revelaron un motivo.

    Trump ya ha sufrido atentados contra su vida en otras ocasiones. En julio de 2024, una bala le rozó la oreja en un intento de asesinato en un mitin de campaña en Butler, Pensilvania. Meses después, un agente federal disparó contra un hombre armado en el club de golf de Trump en Florida.

    ¿Qué ocurrió?

    Hacia las 8 p. m., minutos después del comienzo del acto, un hombre armado cruzó corriendo un control de seguridad del Washington Hilton, según un video de seguridad publicado por Trump.

    En el video, se ve a las fuerzas del orden que lo persiguen mientras agentes vestidos de esmoquin sacan sus armas y corren hacia el salón.

    Testigos que estaban en el interior dijeron que se oyó un fuerte ruido fuera de la sala. Los responsables del banquete gritaban y corrían hacia las escaleras mientras los asistentes se agachaban y se agazapaban contra las paredes.

    El hombre armado intercambió disparos con las autoridades antes de ser sometido por el Servicio Secreto. No ingresó al salón de baile, dijeron las autoridades.

    Los investigadores creen que disparó al menos una vez, dijo la policía de Washington. Los agentes seguían examinando las pruebas de balística y los casquillos de bala.

    Trump, la primera dama Melania Trump, el vicepresidente JD Vance y otros altos cargos fueron retirados del hotel hacia las 9:45 p. m.

    Esa misma noche, en una rueda de prensa posterior en la Casa Blanca, Trump dijo que un agente del Servicio Secreto había recibido un disparo, pero que estaba protegido por un chaleco antibalas. Fue trasladado a un hospital, dijeron las autoridades. No hubo más heridos, según Markwayne Mullin, secretario de Seguridad Nacional.

    ¿Quién es el sospechoso?

    Allen, el hombre que dos agentes de las fuerzas de seguridad dijeron que era el sospechoso detenido, llevaba cuchillos, una escopeta y una pistola, dijeron las autoridades, y se cree que se alojaba en el hotel. Las autoridades dijeron que creen que actuó solo, pero investigan si su objetivo era el presidente.

    Las cuentas de las redes sociales que parecen estar vinculadas a Allen lo describen como desarrollador independiente de juegos y profesor.

    ¿Qué es la cena de corresponsales de la Casa Blanca?

    Cada año, la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca organiza una cena para celebrar la libertad de prensa y la Primera Enmienda. Fundada en 1914, la asociación representa a casi 1000 periodistas que cubren la Casa Blanca.

    El acto atrae a cientos de periodistas, famosos y políticos de los dos principales partidos. Se celebra en el Washington Hilton desde hace décadas.

    “Gracias a Dios, él, la primera dama y quienquiera que asistiera a la WHCD estaban a salvo”, dijo en las redes sociales Weijia Jiang, presidenta de la asociación y corresponsal de CBS en la Casa Blanca, empleando la sigla del evento.

    Trump, quien ha mantenido una tensa relación con los medios de comunicación, había boicoteado el acto en ocasiones anteriores. El sábado asistió por primera vez durante cualquiera de sus mandatos. La última vez que asistió fue en 2011, cuando era una estrella de la telerrealidad.

    Dijo que la cena se volvería a agendar en el plazo de un mes.

    “Se trataba de un acto dedicado a la libertad de expresión que debía reunir a miembros de ambos partidos con miembros de la prensa. Y en cierto modo así fue”, dijo Trump el sábado. “Vi un salón totalmente unificado. Fue, en cierto modo, muy hermoso, algo muy bello de ver”.

    Jin Yu Young es reportera e investigadora del Times, y cubre Corea del Sur y las últimas noticias mundiales desde Seúl.

  • La Casa de la Moneda de EE. UU. compra oro de un cartel de Colombia y lo vende como ‘estadounidense’

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    A medida que los precios del metal se disparan, las salvaguardas de la industria se han roto.

    Cada año, la Casa de la Moneda de Estados Unidos vende más de mil millones de dólares en monedas de oro de inversión. Cada una lleva estampado un icono como el águila calva, que significa la garantía del gobierno, exigida por ley, de que el oro es 100 por ciento estadounidense.

    “Tener una moneda o medalla producida por la Casa de la Moneda es conectar con los principios fundacionales de nuestra nación”, declara la Casa de la Moneda.

    Pero una investigación de The New York Times ha descubierto que el programa gubernamental de venta de oro se basa en una mentira. En realidad, la Casa de la Moneda es el último eslabón de una cadena que lava oro extranjero, en gran parte extraído ilegalmente, para un mercado insaciable.

    La Casa de la Moneda compra oro procedente de una mina de un cartel de la droga colombiano. Fabrica monedas de la Dama de la Libertad con oro procedente de casas de empeño mexicanas y peruanas y de una mina congoleña que pertenece en parte al gobierno chino, según muestran los registros. Parte del oro de la Casa de la Moneda procede de una empresa en Honduras que excavó un cementerio indígena para extraer la mena que había debajo.

    Durante los últimos ocho años, el Clan del Golfo ha dirigido La Mandinga con una breve lista de normas, según nos dijeron un par de supervisores mineros. La más importante: nadie mina sin permiso del cartel, y todo el mundo paga.

    Cada mes, dijeron los supervisores, un hombre en moto recoge la parte del Clan, 400 dólares por cada equipo de cinco. Hay cientos de equipos, quizá mil, o más.

    Trabajan en minas al aire libre, y utilizan excavadoras y mangueras de alta presión para convertir en lodo las laderas de La Mandinga. Es imposible extraer las diminutas motas de oro de ese fango, así que los mineros lo mezclan con mercurio y lo revuelven a mano hasta que el mercurio se une al oro.

    Todo esto es ilegal, tóxico y destructivo para el medioambiente.

    Las autoridades colombianas realizan ocasionalmente ataques aéreos y redadas en las minas que dan dinero al Clan. Pero los mineros de La Mandinga aparentemente no tienen de qué preocuparse, a pesar de que su explotación linda directamente con una base militar. Operan con tal impunidad que, cuando sobrevolamos la zona con un dron en febrero, vimos que los trabajadores habían traspasado el perímetro de la base y estaban extrayendo oro en terreno militar.

    Al final del día, los trabajadores recogen sus grumos grises de mercurio y oro, cada uno del tamaño de una canica, y los envuelven en plástico. Se meten estas canicas en los bolsillos y conducen sus motocicletas por los caminos de tierra de La Mandinga hasta la cercana Caucasia.

    El oro de La Mandinga no tiene nada que hacer en Estados Unidos. El secretario de Estado Marco Rubio calificó al Clan de “organización criminal violenta y poderosa” el año pasado, cuando Estados Unidos designó al cartel como grupo terrorista.

    El Departamento del Tesoro mantiene a los líderes del Clan del Golfo en una lista negra financiera, que prohíbe a las empresas estadounidenses hacer negocios con ellos. Organizaciones gubernamentales y académicos llevan años documentando las actividades de extracción de oro del cartel en esta zona. (Un abogado colombiano del cartel no devolvió una llamada en busca de comentarios).

    Caucasia es un municipio con la fiebre del oro. Los negocios venden excavadoras, bombas y dragas de millones de dólares para la extracción ilegal en los lechos fluviales. Han surgido elegantes cafés y clubes de baile. Los mineros pueden vender oro en cualquiera de los cientos de compraventas. Según nos contaron dos comerciantes, cada mes el Clan también les exige 400 dólares.

    Alex Cuevas trabaja en una de esas tiendas. Uno a uno, los mineros le pasan canicas de mercurio y oro a través de una apertura en un compraventas de plexiglás. Le tiemblan las manos: un síntoma, dice, de envenenamiento prolongado por mercurio.

    Una auditoría completa de la cadena de suministro en Estados Unidos señalaría el riesgo del oro del Clan del Golfo. El oro colombiano se considera de alto riesgo según los estándares del sector, y el propio gobierno estadounidense ha documentado las operaciones del Clan en Caucasia, en particular.

    Pero durante dos décadas –un periodo que abarca casi todo el auge del oro posterior a los eventos del 11 de septiembre de 2001–, la Casa de la Moneda nunca preguntó a sus proveedores dónde compraban el oro, según descubrió en 2024 una auditoría del inspector general del Departamento del Tesoro.

    Si lo hubiera hecho, habría descubierto una cadena de suministro extraordinariamente transparente. Mediante bases de datos de importación y exportación y entrevistas con empresas intermediarias, descubrimos decenas de fuentes extranjeras en la cadena de suministro de oro de la Casa de la Moneda.

    Entre ellas había minas industriales en México y Perú. Algunos proveedores, como las casas de empeño, se especializan en joyas recicladas.

    Uno de los mayores proveedores desde hace mucho tiempo de la Casa de la Moneda, una refinería de Salt Lake City llamada Asahi USA, afirma abiertamente que su caldero contiene oro de muchos países distintos. Parte procede de Dillon Gage. Pero hay oro de todas partes. “Está mezclado”, dijo el director de refinado de la empresa, Paul Healey. “Y sale bien”. Healey dijo que la empresa investigaría nuestros hallazgos sobre el Clan del Golfo.

    La Casa de la Moneda ha dicho, en respuesta a auditorías internas, que su oro cuenta como estadounidense porque sus proveedores compensan cualquier oro extranjero con oro estadounidense. Si la Casa de la Moneda compra una tonelada de oro, por ejemplo, espera que el proveedor compre esa cantidad de oro estadounidense en algún momento.

    La legislación estadounidense no contempla este tipo de compensación. Y durante décadas, la Casa de la Moneda no ha hecho cumplir esa disposición, ni siquiera ha pedido a sus proveedores que la cumplan, según descubrió el inspector general del Tesoro.

    Aunque lo hubiera hecho, todo lo que hay en el gran caldero de Texas, incluido el oro del cartel, podría contar como estadounidense.

    Justin Scheck es un reportero del Times afincado en Londres.

  • La Mandinga, la mina de oro del Clan del Golfo que opera en una base militar colombiana

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    Fue durante mi tercera visita a La Mandinga, una mina de oro controlada por un cartel de la droga colombiano, cuando comprendí hasta qué punto habían fracasado las instituciones que se supone que deben impedir la minería ilegal.

    La mina colindaba con una base militar colombiana. ¿No les preocupaba operar tan cerca de las autoridades? Después de todo, la mina financiaba al tristemente célebre cartel del Clan del Golfo.

    Pero nada de eso. A mí, y a mis colegas, un minero nos dijo que la operación se había extendido incluso más allá de la línea del perímetro militar y que los trabajadores extraían oro directamente en la base.

    “Si quiere vuele el dron y mire”, dijo el minero.

    Así lo hicimos y las imágenes eran claras: mineros con mangueras de alta presión estaban destrozando una zona boscosa de la base, sede del Batallón Rifles 31, una unidad militar colombiana. Pudimos ver lo que parecía ser un límite, pero no había rastro de una cerca que separara la base de La Mandinga. Tras compartir las imágenes con los militares y solicitar comentarios, el comandante de la base, el coronel Daniel Echeverry, negó que se estuviera extrayendo oro en su base.

    Eso no tenía sentido. Los generadores diésel de una mina en funcionamiento son ensordecedores y, por las imágenes de satélite, pudimos ver que las minas se habían extendido hasta unos 137 metros de la piscina privada y las dependencias de la base.

    El coronel Echeverry me invitó a la base para hablar, así que fui. Me dijo que en los seis meses que llevaba al mando había tenido conocimiento de los mineros ilegales de al lado, pero señaló que el ejército dudaba en emprender acciones armadas contra civiles, aunque estuvieran cometiendo delitos. Sin embargo, insistió en que los mineros no estaban en la base.

    Como periodista, no me dedico a conducir a las autoridades al lugar de una actividad delictiva. Nunca quiero formar parte de la historia. Pero estaba frente a un coronel que negaba, oficialmente, lo que había visto con mis propios ojos.

    Así que le pregunté si podíamos dar un paseo.

    Podía oír los generadores a lo lejos. Al cabo de cinco minutos, el bosque se abrió a un panorama de tierra removida y pozos fangosos. Mineros con mangueras de alta presión estaban realizando una operación ilegal de extracción de oro a gran escala, tal como habíamos visto desde el cielo.

    El coronel Echeverry se quedó helado. “Esto es en terrenos de la base”, dijo y les ordenó a los mineros que se marcharan. “Esto es propiedad privada del Ministerio de Defensa, nosotros podemos dispararles por estar aquí”, gritó.

    No sé si los mineros habían estado trabajando allí subrepticiamente o si se habían puesto de acuerdo con alguien de la base. En cualquier caso, esperaba que se dispersaran.

    En lugar de eso, gritaron obscenidades y siguieron trabajando.

    Como estábamos en una base militar, los refuerzos estaban cerca.

    Llegaron soldados con bidones de gasolina. Rociaron el equipo minero y le prendieron fuego.

    “No, ya nos vamos, no queme el motor, no tienen por qué quemar los motores”, gritó un minero que trabajaba en calzoncillos. Maldijo a los soldados antes de agarrar su oro y salir corriendo.

    Algunos mineros sacaron machetes. Otros lanzaron piedras. Los soldados empezaron a cortar mangueras con motosierras.

    Los trabajadores intentaron rescatar su equipo y apagar las llamas con baldes de agua fangosa de los pozos dejados por la misma minería.

    Los mineros deben pagar al grupo armado ilegal Clan del Golfo un impuesto por el derecho a explotar La Mandinga. Estaba claro que, en lo que respecta a muchos de ellos, creían que ese derecho se extendía hasta el lugar donde nos encontrábamos, fuera o no propiedad militar.

    Un minero amenazó al coronel con un palo. Luego nos roció a los soldados y a mí con gasolina y gritó: “Nos vamos a prender todos, nos vamos a prender”.

    El coronel dijo que era hora de irse. Los soldados y yo nos retiramos.

    El coronel Echeverry parecía conmocionado. Supervisa a unos 800 hombres que se encargan de reprimir al clan y a otros grupos armados de la zona. El comercio del oro permite que esos grupos tengan un gran número de armas a su disposición y mantengan el control de la región.

    No había ido a La Mandinga para informar sobre la base militar. Fui porque me había enterado que el oro del Clan del Golfo estaba llegando a la Casa de la Moneda de Estados Unidos, a pesar de las leyes que exigen que la Casa de la Moneda solo compre oro extraído en Estados Unidos.

    Al principio, Echeverry tuvo ante mis hallazgos la misma reacción que habían mostrado muchos otros en la cadena de suministro de oro. Al igual que la Casa de la Moneda, sus proveedores y los exportadores que envían el oro a Estados Unidos, Echeverry había insistido en que era imposible que el oro ilícito circulara delante de sus narices.

    Cuando le mostré las pruebas, dijo, como todo el mundo, que estaba sorprendido y prometió tomar medidas enérgicas.

    Eso me dejó con una duda: para nosotros fue muy fácil localizar ese oro. ¿Quizá los demás ni siquiera lo estaban buscando?

  • Quién es el sospechoso del tiroteo en la cena de corresponsales donde estaba Trump

    Quién es el sospechoso del tiroteo en la cena de corresponsales donde estaba Trump

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    El hombre que la policía arrestó tras el tiroreo ocurrido el sábado por la noche en el hotel donde se celebraba la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca ya ha sido identificado, según pudo saber la cadena estadounidense CBS, socia de la BBC, tras consultar con fuentes policiales.

    Se trata de Cole Tomas Allen, de 31 años y originario de Torrance, en la región de Los Ángeles, California.

    Tras ser detenido por agentes de seguridad dentro del hotel Washington Hilton, declaró a las autoridades que quería disparar contra funcionarios de la administración Trump, según informaron dos fuentes a CBS.

    Citando a estas fuentes, CBS también indicó que se efectuaron entre cinco y ocho disparos durante el incidente. Un video de las cámaras de seguridad publicado por Trump muestra a una persona corriendo junto a los agentes de seguridad, quienes luego se dan la vuelta y lo persiguen.

    En una rueda de prensa nocturna, la policía informó que agentes de seguridad y el sospechoso intercambiaron disparos, sin precisar cuántos se efectuaron.

    El jefe interino de policía de Washington, Jeffery Carroll, declaró que el sospechoso no resultó herido por los disparos, pero fue trasladado al hospital para una evaluación.

    El sospechoso era huésped del hotel Washington Hilton, donde se celebraba la cena de corresponsales, indicó Carroll, añadiendo que estaba “armado con una escopeta, una pistola y varios cuchillos”.

    “Por el momento, todo parece indicar que se trata de un individuo solitario, un pistolero solitario”, afirmó el jefe de policía.

    Posteriormente, Trump publicó una fotografía en primer plano que muestra a un hombre sin camisa en el suelo, con las manos esposadas a la espalda y agentes del Servicio Secreto a su alrededor.

    Más tarde, aparecieron imágenes que mostraban a agentes del FBI y a la policía registrando una zona en una dirección de California que se cree está vinculada al presunto autor del tiroteo.

    El FBI realiza una redada cerca de la casa del sospechoso en Torrance, California.

    Reuters
    Agentes del FBI y la policía registraron una dirección en California vinculada al sospechoso.

    Allen trabajaba para una empresa de tutorías en Torrance llamada C2 Education, según confirmaron dos fuentes policiales a CBS. En diciembre de 2024, recibió el premio al “Profesor del Mes” de la empresa.

    Se desconoce si aún trabaja para la empresa. El Distrito Escolar Unificado de Torrance declaró a CBS que Allen nunca ha sido empleado de su distrito.

    El Instituto Tecnológico de California (Caltech) confirmó a CBS por correo electrónico que Allen se graduó de Caltech en 2017, pero no proporcionó más detalles.

    Jeanine Pirro, fiscal federal del estado de Washington, declaró que el sospechoso enfrenta dos cargos: uso de arma de fuego durante un delito violento y agresión a un agente federal con arma peligrosa.

    Añadió que será acusado formalmente el lunes ante un tribunal federal.

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    BBC

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