This post was originally published on this site.
El presidente de EE. UU. intenta aumentar la presión económica sobre Teherán, pero es poco probable que el gobierno iraní acepte negociar sin un acuerdo significativo y digno.
El presidente Donald Trump no deja de buscar la fórmula mágica que le dará la victoria en Irán.
Primero fue el ataque aéreo del pasado junio destinado, según dijo, a “aniquilar” el programa nuclear iraní. Luego desplegó la intensa campaña aérea de febrero llevada a cabo con Israel y planeada, dijo, para lograr un cambio de régimen y un levantamiento popular. Luego apostó por un bloqueo del transporte marítimo iraní para acabar con el dominio del país sobre el estrecho de Ormuz.
Ahora, en un nuevo esfuerzo por contrarrestar el control de Irán sobre el estrecho, Trump anunció un plan con pocos detalles para ayudar a guiar a los barcos varados ahí para que salgan. Irán respondió el martes con misiles y drones y, dados los riesgos, es poco probable que la mayoría de los petroleros se atrevan a cruzar el estrecho por ahora.
Pero la convicción de Trump de que estas tácticas provocarán la capitulación de Irán es profundamente errónea, según señalan funcionarios y analistas. Afirman que es una interpretación errónea de la estrategia, la psicología y la capacidad de adaptación de la República Islámica. El gobierno iraní cree que por ahora tiene la ventaja y que puede resistir la presión económica, como ha hecho en el pasado, más tiempo del que Trump puede tolerar el aumento de los precios de la energía provocado por la interrupción del tránsito a través del estrecho.
En todo caso, las posturas de Irán se han endurecido. Sin embargo, las tácticas de Trump no han cambiado.
“En cada momento en que la presión no ha dado el resultado esperado, ha buscado una nueva herramienta de coacción que creía que le daría mágicamente la victoria”, dijo Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group. “Siempre cree que está a una pequeña vuelta de tuerca”.
La presión puede funcionar con el tiempo, “pero la presión sin una puerta abierta es un ejercicio inútil”, dijo Vaez. “Trump no entiende que, independientemente de la presión, mientras no les des una salida digna y un acuerdo mutuamente beneficioso –no la capitulación ni la rendición–, no lograrás un acuerdo”.
Los expertos dudan que el tiempo esté a favor de Trump.
Estados Unidos “ciertamente puede hacer más daño a la economía iraní, pero ellos han resistido más presión que ninguna otra economía en la historia, y eso no ha producido el colapso del régimen ni posturas más razonables”, dijo Suzanne Maloney, especialista en Irán y directora del programa de política exterior de la Brookings Institution.
Maloney afirma que Irán es un Estado tan autoritario que no existen los incentivos políticos que podrían impulsar un acuerdo, y el régimen ya ejecuta a manifestantes con regularidad. Trump tampoco parece interesado por el momento en llegar a un acuerdo, pese al impacto económico derivado de los altos precios de la energía.
En cualquier caso, dijo, “dudo que el bloqueo tenga éxito en el plazo que necesitaríamos para la economía mundial y para las perspectivas de Trump en las elecciones intermedias”.
El martes, Trump dijo a los periodistas en Washington que el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz había sido “asombroso”, asegurando que “nadie va a desafiar el bloqueo”. También reiteró su afirmación de que “Irán quiere llegar a un acuerdo”, pero dijo que sus dirigentes estaban “jugando” al hablar con él y luego decir en televisión que no lo habían hecho.
El conflicto es una prueba de voluntades entre Irán y Estados Unidos. Cada bando tiene un conocimiento limitado del otro, pues rara vez han estado en la misma sala, dijo Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente y el Norte de África de Chatham House. “Tienen enfoques culturalmente muy diferentes de la negociación y hablan sin entenderse”, dijo.
“Creo que el presidente Trump en realidad no entiende lo que mueve a los iraníes”, añadió. “Ellos no toman decisiones en función de su PIB, porque si fuera así, habrían hecho un trato hace años”.
Aunque los riesgos económicos son altos para Irán, Trump parece haber calculado mal cuán graves son. Parece estar apostando a que la capacidad de Irán para almacenar el petróleo que está produciendo pero no puede exportar se agotará pronto, lo que obligará a Teherán a hacer concesiones importantes.
“Si no mueven su petróleo, toda su infraestructura petrolífera va a explotar”, dijo Trump a finales del mes pasado. Y añadió: “Dicen que solo les quedan unos tres días antes de que eso ocurra”.
Esa fue una clara exageración. Los expertos en petróleo creen que a Irán le quedan al menos varias semanas antes de que tenga que dejar de bombear. Irán, que en abril exportaba unos 1,81 millones de barriles de petróleo, puede reducir su producción mientras sigue almacenando petróleo en petroleros vacíos o antiguos, que pueden contener aproximadamente dos millones de barriles cada uno, y transportar a Pakistán parte del crudo por carretera y ferrocarril.
Durante el primer mandato de Trump, Irán redujo la producción a unos 200.000 barriles diarios sin daños significativos para su infraestructura petrolera.
“Irán no está particularmente cerca de empezar siquiera” a cerrar sus pozos, dijo Brett Erickson, de Obsidian Risk Advisors. Las sanciones y el bloqueo tendrán algún efecto, pero “no hay ningún escenario viable en el que produzcan el resultado necesario en un plazo factible” para Trump, dijo, una de las razones por las que el presidente está probando su nuevo plan para romper el bloqueo de Irán.
Incluso si la guerra terminara hoy, dijo Erickson, “pasarán varios meses antes de que las cosas vuelvan a la normalidad”.
En el pasado, las fuertes sanciones estadounidenses e internacionales impuestas a la economía y la industria petrolera de Irán obligaron al país a negociar. Años de conversaciones condujeron finalmente al acuerdo nuclear iraní de 2015, cuando Irán aceptó la imposición de límites estrictos a su programa de enriquecimiento nuclear durante más de una década a cambio del levantamiento de la mayoría de esas duras sanciones económicas.
Irán cumplió el acuerdo. Pero Trump, en su primer mandato, lo abandonó en 2018 y volvió a imponer sanciones económicas severas en una política denominada de “máxima presión”, para obligar a Irán a negociar un acuerdo más restrictivo. A pesar de las graves dificultades económicas y de la decisión de Irán de reducir drásticamente su producción de petróleo, no hubo un nuevo acuerdo nuclear.
Un año más tarde, después de que los signatarios europeos no lograran sortear las sanciones estadounidenses, Irán empezó a incumplir los límites de enriquecimiento. Desde entonces, Irán ha producido suficiente uranio altamente enriquecido, casi apto para armas, como para construir unas 10 armas nucleares, si decidiera hacerlo. Se cree que ese arsenal de alrededor de 440 kilogramos está intacto, e Irán afirma que no negociará nada sobre su programa nuclear hasta que terminen las hostilidades actuales y tenga garantías de que no se reanudarán.
Las conversaciones discretas con los estadounidenses continúan porque el régimen ve este momento de estancamiento como una oportunidad para resolver su conflicto de larga data con Estados Unidos. Pero eso es distinto a ceder bajo la coerción.
Irán quiere un acuerdo, pero sus dirigentes creen que rendirse a la presión solo abre las puertas a más presión en el futuro, dijo Vaez. Por eso, Irán quiere mantener su control sobre el estrecho y cobrar peajes para financiar la reconstrucción, sin confiar en que ningún presidente estadounidense vaya a conceder alivio de sanciones. “No quieren sobrevivir a una guerra caliente para congelarse en una paz fría”, dijo.
Steven Erlanger es el corresponsal diplomático jefe en Europa, y está radicado en Berlín. Ha reportado desde más de 120 países, incluidos Tailandia, Francia, Israel, Alemania y la ex Unión Soviética.








