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  • Cómo Rusia intenta ocultar los efectos de la guerra

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    Ahora que Ucrania lleva la guerra a territorio ruso, autoridades y medios estatales minimizan el impacto, generando confusión y frustración entre los ciudadanos.

    La guerra en Ucrania es considerada una “operación militar especial”, a pesar de ser el mayor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

    Por toda Rusia, las autoridades atribuyen la escasez de combustible a “labores de mantenimiento no programadas en las refinerías” sin especificar la causa, mientras los drones ucranianos atacan las instalaciones de refinación de combustible del país.

    Asimismo, el gobernador del banco central ruso ha hablado de la “transformación estructural de la economía”, un eufemismo para referirse al gasto militar que se ha disparado y ha reorientado la economía en torno al complejo militar-industrial.

    Por años, el presidente Vladimir Putin ha aislado a la sociedad rusa de las consecuencias de su guerra en Ucrania, utilizando eufemismos como escudo psicológico. Pero a medida que la guerra se va haciendo cada vez más presente en casa, la discrepancia entre la retórica y la realidad se convierte en una fuente de frustración para los ciudadanos rusos.

    Durante días, Putin no mencionó los ataques con drones de largo alcance del 18 de junio contra Moscú, cuando Ucrania atacó con casi 200 drones. Tampoco hizo ningún comentario cuando los ucranianos prometieron convertir Crimea –la península que Rusia anexó ilegalmente en 2014– en una isla, bombardeándola con drones y misiles.

    Cuando apareció el martes pasado por primera vez desde los ataques del 18 de junio, los más grandes de la guerra, aprovechó el momento para culpar a Occidente.

    “Estos drones, estos ataques contra infraestructuras civiles… ¿para qué sirven? Para desestabilizar a la sociedad, para crear incertidumbre sobre las acciones de las fuerzas armadas rusas”, dijo Putin. En ese momento no habló de la escasez de combustible en al menos 56 regiones, según Mediazona, un medio de comunicación ruso independiente.

    El domingo, Putin sí reconoció la escasez de combustible. En una reunión con altos ejecutivos y funcionarios, dijo que había que poner en marcha “medidas sistémicas que estén a la altura de los retos actuales”, y añadió que un equipo estaba trabajando sin descanso para garantizar el suministro, sobre todo para la agricultura.

    Pero Putin no ha encargado públicamente a ningún funcionario que prepare refugios o sistemas de alerta temprana por si hay futuros ataques.

    En los suburbios moscovitas de Kotelniki y Lyubertsy –ambos atacados por drones a mediados de junio–, las autoridades dijeron que no revelarían la ubicación de los refugios antiaéreos ni usarían sirenas porque, técnicamente, el país no se encontraba en estado de guerra. Solo harían pública esta información en caso de un “período de movilización y en tiempos de guerra”.

    El administrador de Lyubertsy sugirió que la gente consultara un PDF publicado en un sitio del gobierno con instrucciones prácticas sobre qué hacer en caso de un ataque con drones.

    El jefe de la República de Bashkortostán, una región de cuatro millones de habitantes situada entre el río Volga y los montes Urales –donde Ucrania ha atacado refinerías–, dijo que su gobierno había decidido no activar siempre las sirenas para no estresar a la gente, y mencionó el aumento del consumo de antidepresivos en Rusia.

    Tras un ataque con drones en la región de Yaroslavl a finales de marzo, en el que un niño murió y tres adultos resultaron heridos, un periódico local informó que el Ministerio de Desarrollo Regional no había activado los sistemas de alarma con sirenas “para evitar el pánico y más heridos”.

    Las autoridades rusas dijeron que derribaron 213 drones ucranianos el sábado por la noche, y Kiev dijo que lanzó un ataque contra una importante refinería en la región de Krasnodar en el que murió una persona. Durante ese mismo periodo, Rusia atacó Ucrania con ocho misiles y 142 drones.

    En las redes sociales, la gente se ha mostrado consternada por las declaraciones oficiales sobre por qué no se usan las sirenas durante los ataques con drones o por qué no se están habilitando refugios. Otros se han quejado de que, aunque algunas personas reciben alertas por mensaje de texto, a veces llegan demasiado tarde, si es que llegan.

    Minimizar el peligro y recurrir a eufemismos para hablar de los ataques con drones y las dificultades económicas es una “demostración de obediencia” hacia Putin y su régimen, dijo Aleksandra Arkhipova, profesora e investigadora de ciencias sociales en la École Normale Supérieure de París.

    Ella ha recopilado una lista de nuevos términos y eufemismos relacionados con la guerra, como “trueno” en lugar de “explosión”, “privado de la vida” en lugar de “asesinado” y “objetivo aéreo” en lugar de “dron”.

    “A las autoridades políticas rusas ahora mismo les importan mucho las imágenes que salen en las noticias”, dijo Arkhipova. No quieren “provocar un pánico generalizado que pueda ser transmitido por la televisión local y luego en las noticias nacionales, con multitudes llorando y corriendo por las calles”.

    En las noticias, los recientes ataques contra Moscú apenas tuvieron presencia, en consonancia con la postura del Estado. El Canal Uno, el principal altavoz cultural y político del Kremlin, emitió un breve reportaje la mañana de los ataques del 18 de junio y luego guardó silencio hasta que Putin hizo comentarios varios días después. Durante los noticieros vespertinos del 18 de junio, tanto en el Canal Uno como en Rossiya 1 o NTV, “no se dijo ni una sola palabra” sobre los atentados, según el canal de Telegram Agentstvo News.

    Los funcionarios y los medios estatales usan expresiones confusas y a veces engañosas para describir ciertos sucesos relacionados con la guerra, dijo Arkhipova. En los primeros días de la guerra, las tiendas que cerraron a causa de las sanciones occidentales mantuvieron durante meses –e incluso años– carteles en los que se indicaba que estaban “cerradas por razones técnicas”.

    La Agencia Federal de Transporte Aéreo de Rusia anunció recientemente un “ajuste de horarios” en el aeropuerto de Krasnodar, que está a unos 240 kilómetros de la línea del frente y en la trayectoria de los drones ucranianos. En el aeropuerto de Sochi, las autoridades no indican que los vuelos se retrasen por la llegada de drones, sino que el aeropuerto opera según el “horario real”, un término confuso que pretende distinguir entre las dos columnas de salidas y llegadas previstas: “hora programada” y “hora real”.

    Cuando los aeropuertos de Moscú se cierran temporalmente por ataques de drones ucranianos, el término que se usa hace referencia a la aceptación de vuelos “por acuerdo”. A los viajeros se les dice que su vuelo se retrasa por una demora en el vuelo de llegada, en lugar de porque la ciudad está siendo atacada con drones.

    Arkhipova llama a esta técnica lingüística “neutralización”. Se trata de una ambigüedad intencionada, dijo, y añade: “La gente puede entender que algo está pasando, pero no queda muy claro qué es exactamente”.

    Los rusos se quejan de cómo la falta de información afecta a sus vidas.

    Maria, una joven de 25 años de Riazán, a 193 kilómetros de Moscú, recuerda haberse quedado atrapada en un taxi en un embotellamiento que hizo que su trayecto hasta el centro de la ciudad tardara más del doble de lo habitual. Consultó las noticias, pero no mencionaban nada sobre el tráfico. Al final, el conductor le dijo que había habido un ataque con drones y que las autoridades estaban retirando los escombros de la carretera.

    “Los drones se han convertido en una especie de tabú”, dijo Maria, que pidió que no se revelara su apellido por miedo a represalias. A raíz de esa experiencia, dijo, ha dejado de seguir las noticias.

    La desconexión entre lo que los rusos ven cada vez más con sus propios ojos y lo que les decían las autoridades es “un problema” para el Kremlin, dijo Tatiana Stanovaya, investigadora principal del Carnegie Russia Eurasia Center. Pero, según ella, es poco probable que eso desestabilice su control del poder.

    Con el tiempo, dijo, si los ataques continúan, es probable que el Kremlin intente utilizarlos para “alimentar el creciente sentimiento antioccidental y antiucraniano, y darle a Putin una razón para justificar la escalada”.

    Oleg Matsnev, Milana Mazaeva y Alina Lobzina colaboraron con reportería.

    Valerie Hopkins cubre la guerra en Ucrania y la manera en que el conflicto está cambiando a Rusia, Ucrania, Europa y Estados Unidos. Está radicada en Moscú.

    Oleg Matsnev, Milana Mazaeva y Alina Lobzina colaboraron con reportería.

  • Cómo funciona la alerta de Google que avisó a millones de personas en Venezuela sobre el doble terremoto que estaba ocurriendo

    Cómo funciona la alerta de Google que avisó a millones de personas en Venezuela sobre el doble terremoto que estaba ocurriendo

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    Una mujer con cara de angustia carga a un niño pequeño con una mano mientras sostiene su celular con la otra mano en una calle de Caracas, luego del doble terremoto del 24 de junio.

    Getty Images
    Los celulares alertaron a millones de venezolanos sobre lo que ocurría.

    La escena se repitió con pequeñas variaciones en hogares, comercios y empresas de toda Venezuela: una campanita repica con insistencia en el celular, las personas la oyen, miran la pantalla y, luego de una breve incertidumbre, abandonan el lugar para protegerse. Segundos más tarde, todo empieza a temblar.

    Así fue como el sistema de alerta de terremotos de Google avisó a millones de venezolanos sobre el doble terremoto que se produjo en ese país el pasado 24 de junio.

    El aviso de terremoto fue enviado a 11,4 millones de personas en Venezuela quienes, según el gigante tecnológico, dispusieron de un lapso que varió entre pocos segundos hasta dos minutos para reaccionar antes de sentir la arremetida del poderoso sismo de magnitud 7,2 que, segundos más tarde, fue seguido por otro de magnitud 7,5.

    En ese contexto, y dado que Venezuela no cuenta con un sistema nacional de alerta temprana para este tipo de evento, es probable que el sistema de Google haya ayudado a prevenir muertes y lesiones.

    ¿Cómo funciona?

    Millones de pequeños sismómetros

    En un fondo verde se ve un celular en cuya pantalla aparece el logo y el nombre de Android.

    Getty Images
    Las alertas se distribuyeron a través de un sistema de Android.

    En un artículo publicado en 2025 por Marc Stogaitis, ingeniero de software principal de Android, se explica cómo Google ha trabajado para desarrollar un sistema de alerta temprana de terremotos (EEW, por sus siglas en inglés) valiéndose de las mediciones que pueden obtener de la red global de teléfonos Android.

    “El acelerómetro de un teléfono Android -el mismo sensor que gira la pantalla cuando se coloca el dispositivo de lado- también puede detectar el movimiento del suelo provocado por un terremoto”, explica en el texto.

    Ese instrumento, según señala, sirve para detectar la onda P inicial de un terremoto y envía una señal al servidor de detección sísmica de Google.

    Al existir millones de teléfonos con Android alrededor del mundo, el sistema se alimenta con la información procedente de los aparatos ubicados en la zona afectada, lo que permite a Google estimar la ubicación, el alcance y la intensidad de los sismos. Y entonces envían las alertas a todos los aparatos Android en la zona afectada.

    La ventaja de que los acelerómetros midan las ondas P reside en que estas viajan a una velocidad mayor y son menos destructivas que las ondas secundarias -también llamadas ondas S- generadas por un sismo. Esto permite ganar un tiempo valioso.

    El único requisito es que los teléfonos que captan estas ondas tienen que estar inmóviles.

    De acuerdo con Google, el objetivo de este sistema es recolectar la información rápidamente y alertar a la mayor cantidad de posibles afectados antes de que lleguen las más destructivas ondas S.

    Dos tipos de alerta

    Android solamente envía notificaciones cuando se registran sismos de magnitud 4,5 o superiores y ofrece dos tipos de alertas:

    • Be aware (traducido como “Alerta de advertencia” o “Mantente alerta”), que previene sobre movimientos que se estiman como más suaves.
    • Take Action (traducido como “Tome medidas” o “tomar acción”, para cuando se estima que la sacudida va a ser mayor. En esos casos, la alerta se despliega en la pantalla del teléfono y emite un pitido.

    Los teléfonos deben tener conectividad bien por la red celular o por Wifi y deben tener activada tanto la localización como el EEW para recibir las alertas.

    Según Google, durante el doble terremoto en Venezuela fueron emitidas alertas de los dos tipos y alrededor de 1,4 millones de usuarios recibieron las advertencias más severas en las que se pide tomar medidas para protegerse.

    En su artículo en 2025, la compañía tecnológica dijo que su sistema de alerta de terremotos estaba disponible en un centenar de países. En muchos de estos, como Venezuela, carecen de un sistema propio de alerta de terremotos.

    Según Google, este sistema ha permitido multiplicar por 10 el número de personas en el mundo que cuentan con alertas tempranas de terremotos, pasando de 250 millones en 2019 a 2.500 millones en 2025.

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    BBC

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  • La cifra total de víctimas de los terremotos en Venezuela podría saberse en semanas

    La cifra total de víctimas de los terremotos en Venezuela podría saberse en semanas

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    Los expertos señalaron varios indicios de la letalidad de los dos terremotos, como el número de personas desaparecidas y la magnitud de los daños en los edificios.

    El recuento oficial de víctimas mortales tras los dos terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles ya ha ascendido a 1719 personas, según el último recuento de las autoridades locales. Pero esta cifra, ya de por sí alarmante, podría estar aún muy por debajo de la realidad.

    Según los expertos en gestión de catástrofes, a menudo toma varias semanas tener una visión completa tras desastres de esta magnitud, y varios indicios procedentes de Venezuela apuntan a que estos terremotos han sido especialmente mortíferos. “Tristemente, vamos a ver cómo sigue aumentando el número de víctimas mortales”, dijo Ilan Kelman, profesor de catástrofes y salud en el University College de Londres, en una entrevista el lunes.

    Emily So, profesora de ingeniería arquitectónica en la Universidad de Cambridge, también predijo un aumento significativo de la cifra de víctimas con el paso del tiempo, y citó el elevado número de personas desaparecidas, la magnitud de los daños visibles en los edificios y las dificultades de acceso a las zonas más afectadas, lo que ha entorpecido algunas operaciones de rescate. “Lamentablemente, hasta que no recuperen los cuerpos de entre los escombros, la cifra seguirá siendo baja”, dijo.

    Kelman advirtió que era difícil predecir con exactitud qué tan alta podría ser la cifra de víctimas, y añadió que había muchas posibilidades de que nunca se conociera el número total. Pero señaló que seguía siendo plausible una estimación preliminar de que el número final de víctimas podría superar las 10.000, una proyección compartida por el Servicio Geológico de Estados Unidos y calculada a partir de factores como la magnitud de los terremotos, la densidad de población y la infraestructura local.

    El largo retraso que se espera entre el desastre y el recuento final de bajas se debe a varios factores.

    La labor de recuperación de cuerpos es extremadamente lenta y no es una prioridad para la mayoría de los equipos de rescate: en los primeros días tras un desastre, su atención está en rescatar a los sobrevivientes. El tiempo que lleva registrar los escombros también se ve multiplicado por el número de edificios dañados o destruidos, con estimaciones que oscilan entre cientos y decenas de miles, dependiendo del método de investigación y los criterios utilizados.

    Además, otras víctimas seguirán falleciendo a causa de sus lesiones, en parte debido al sistema de salud de Venezuela, que ya está al límite de su capacidad, añadió Kelman. La respuesta se ha visto aún más entorpecida por los retrasos en la llegada de los equipos de rescate, debido al tráfico en la carretera principal que lleva al estado más afectado, La Guaira, así como por la falta de maquinaria pesada de elevación y la insuficiencia de suministros médicos.

    Incluso en operaciones de rescate bien organizadas, muchos supervivientes acaban siendo rescatados por amigos, familiares y vecinos sin formación, dijo So.

    “Pero la magnitud de los daños y los derrumbes totales de edificios pesados de hormigón reforzado hacen que esto sea difícil sin maquinaria”, añadió.

    En última instancia, Kelman atribuyó la magnitud del balance final a las normas de construcción deficientes. Según los ingenieros estructurales, muchos de los edificios que se derrumbaron estaban construidos con hormigón frágil sin el refuerzo de acero adecuado.

    “Ni un solo edificio debería haberse derrumbado en esos terremotos”, dijo, comparando su impacto con el de terremotos recientes en otros lugares que provocaron un número menor de víctimas mortales. “Tenemos todos los conocimientos, la ciencia y la ingeniería que necesitamos para construir en una zona sísmica sin que se produzca una catástrofe tras un terremoto”.

    Leo Sands es corresponsal radicado en Londres del centro de noticias de último momento de The New York Times.

  • Lo que hay que saber sobre los terremotos de Venezuela y las labores de rescate

    Lo que hay que saber sobre los terremotos de Venezuela y las labores de rescate

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    Dos terremotos en el norte de Venezuela han dejado más de 1400 muertos y desencadenaron una angustiosa labor de rescate. Son la prueba más reciente para un país en plena crisis económica y política.

    La búsqueda cada vez más desesperada de sobrevivientes por parte de los equipos de rescate y la gente común entró en su cuarto día el domingo, después de que dos terremotos mortales dejaran una estela de destrucción en el norte de Venezuela la semana pasada.

    Más de 1400 personas han perdido la vida desde que ambos sismos sacudieran el territorio el miércoles, 3150 resultaron heridas y unas 12.700 personas fueron desplazadas, dijo Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, en un comunicado el domingo. Añadió que 774 edificios habían resultado dañados o destruidos.

    A medida que aumentaba el número de víctimas mortales, los equipos de rescate excavaban entre los escombros de ladrillo y hormigón con sus propias manos, mientras las autoridades venezolanas y los equipos de emergencia de todo el mundo se esforzaban por hacer frente a la magnitud del desastre.

    Se cree que hay muchas personas más desaparecidas y se sabe que decenas de ellas están atrapadas entre los escombros, dijo Rodríguez.

    Los equipos de rescate temían que se les acabara el tiempo para ayudar a los sobrevivientes que aún estaban bajo los escombros y para proporcionar ayuda básica en un país donde el sistema de salud se ha visto mermado por una depresión económica que ha durado ya una década.

    Esto es lo que hay que saber.

    ¿Qué magnitud tuvieron los terremotos?

    Los sismólogos localizaron los epicentros de los terremotos en el estado venezolano de Yaracuy, al oeste de Caracas. Los temblores se percibieron a más de 160 kilómetros de distancia.

    El primero se produjo a las 6:04 p. m., hora del este, del miércoles, con una magnitud de 7,2. El epicentro estuvo cerca de San Felipe, una ciudad de unos 220.000 habitantes.

    Unos 39 segundos después, un segundo terremoto, más fuerte, con una magnitud de 7,5, sacudió la zona cercana. Fue el terremoto más potente que ha azotado Venezuela desde 1900.

    Los científicos señalaron dos factores que hicieron que los terremotos fueran especialmente devastadores.

    Se produjeron en rápida sucesión, un “doblete” poco habitual, cuando la placa tectónica del Caribe chocó contra la Sudamericana. Además, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, los terremotos se produjeron a una profundidad relativamente baja, lo que los hizo especialmente peligrosos.

    Un terremoto de magnitud 4,8 sacudió el sábado la costa de Venezuela, solo unos días después de los dos terremotos, según el USGS. La región había registrado más de 430 réplicas desde que se produjeron los potentes terremotos del miércoles, dijo un funcionario del gobierno.

    ¿Cuántas personas han fallecido?

    El último recuento lo dio Rodríguez, el presidente de la Asamblea Nacional, el domingo por la tarde: al menos 1450 personas han fallecido y 3150 resultaron heridas.

    Los temblores más fuertes se sintieron en los estados del norte de Yaracuy, Carabobo, Aragua y La Guaira, donde se encuentran algunas de las regiones más pobladas de Venezuela.

    Según el USGS, muchas casas de esas zonas están construidas con mampostería de ladrillo sin refuerzo y bloques de adobe, lo que las hace especialmente vulnerables a los terremotos.

    En algunos barrios de Caracas, los edificios se derrumbaron y se fue la luz. Los testigos contaron que los edificios se sacudían con fuerza, las ventanas traqueteaban y las tuberías de agua se reventaban.

    Las fotos y los videos verificados por The New York Times muestran edificios de hormigón reducidos a escombros y otros con daños graves. En La Guaira, una ciudad portuaria, se derrumbaron edificios de hasta 10 pisos de altura.

    ¿Cómo están respondiendo los equipos de emergencia?

    Las frenéticas labores de rescate entraron en su cuarto día el domingo, y la probabilidad de encontrar supervivientes atrapados bajo los escombros disminuye con cada hora que pasa. Según los expertos, las posibilidades de encontrar supervivientes son mayores durante la ventana “de oro” de hasta 72 horas tras un terremoto.

    Las autoridades venezolanas han movilizado a cientos de efectivos de emergencia para buscar sobrevivientes, y el domingo por la mañana los equipos peinaban los escombros en el estado de La Guaira, azotado por el desastre, con linternas y excavadoras mecánicas.

    Las labores de emergencia se han visto dificultadas por el congestionamiento en la carretera principal que lleva a La Guaira, lo que ha retrasado la llegada de los equipos de rescate y el sábado llevó a las autoridades a restringir el acceso y solo permitir el paso de los vehículos oficiales y al personal autorizado.

    La presidenta Delcy Rodríguez dijo que más de 24 países habían enviado ayuda, incluidos 2741 trabajadores de emergencia.

    El sábado llegaron unidades especializadas de varios países, entre ellos Chile, Colombia, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, México, Panamá, España, Suiza y Estados Unidos.

    Estados Unidos hizo una contribución significativa al enviar a un general de división del Cuerpo de Infantes de la Marina para dirigir sus operaciones militares de socorro, que incluyen dos barcos, helicópteros y aviones de carga pesados para distribuir la ayuda. También se enviaron equipos civiles de búsqueda y rescate de California, Florida y Virginia.

    Un responsable de las Naciones Unidas dijo que se calculaba que se habían derrumbado 125 edificios. Jorge Rodríguez dijo el viernes que se había rescatado a 243 personas. El sábado se rescató a 33 personas de entre los escombros, añadió.

    ¿Podrá el sistema sanitario hacer frente a la situación?

    Muchos heridos estaban siendo atendidos en condiciones muy precarias.

    La frágil infraestructura de Venezuela –incluidos los sistemas ferroviario, eléctrico y de salud, que han sufrido años de corrupción y mala gestión– se vio gravemente afectada por los terremotos, lo que dificultó aún más las labores de respuesta.

    Jorge Rodríguez dijo en su informe del viernes que 13 hospitales habían sufrido daños.

    Muchos estaban desbordados con las víctimas de los terremotos. Un hospital de La Guaira, el estado más afectado, funcionaba sin agua corriente, dijo un médico. A algunos pacientes los atendían al aire libre, en tiendas de campaña o en instalaciones improvisadas montadas en lugares como las estaciones de autobuses.

    Más allá de las necesidades médicas inmediatas, UNICEF dijo durante el fin de semana que 1,8 millones de personas en Venezuela, entre ellas 680.000 niños, necesitaban ayuda humanitaria.

    ¿Cuál es la situación política actual en Venezuela?

    Venezuela se está recuperando con dificultad de años de crisis económica y de las devastadoras sanciones de Estados Unidos, y los terremotos implican un reto inmediato para Rodríguez.

    En una incursión en enero, las fuerzas estadounidenses capturaron y destituyeron al presidente autocrático del país, Nicolás Maduro, y lo trasladaron a Estados Unidos para que se enfrentara a cargos federales por tráfico de drogas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, eligió personalmente a Rodríguez como la sucesora de Maduro y prometió que el cambio “desataría la prosperidad” al reactivar la industria petrolera de Venezuela.

    Seis meses después, apenas se han visto señales de un cambio económico drástico bajo el mandato de Rodríguez, cuya popularidad cayó al 25 por ciento en mayo. Las arcas públicas siguen prácticamente vacías, lo que deja al gobierno sin recursos para financiar los servicios básicos.

    Aunque el gobierno de Trump ha concedido exenciones especiales a las sanciones para las empresas interesadas en hacer negocios en Venezuela, ninguna se ha comprometido públicamente a aportar capital significativo al país. La inflación anual está bajando, pero sigue siendo la más alta del mundo; la moneda ha seguido perdiendo valor y, aunque los salarios han subido, siguen siendo demasiado bajos para sacar a mucha gente de la miseria.

    Johnny Diaz y Víctor Manuel Ramos colaboraron con reportería.

    Leo Sands es corresponsal radicado en Londres del centro de noticias de último momento de The New York Times.

    Aimee Ortiz cubre noticias de último momento y otros temas.

    Kieran Corcoran es editor de noticias de último momento y otros temas para el Times en Londres.

    Johnny Diaz y Víctor Manuel Ramos colaboraron con reportería.

  • ¿Hay alguien vivo? 12 horas con médicos venezolanos en la zona del desastre

    ¿Hay alguien vivo? 12 horas con médicos venezolanos en la zona del desastre

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    Un equipo médico partió de la capital para rescatar a la gente en la zona más afectada por el desastre, La Guaira. En cambio, lo que encontraron fue silencio entre las ruinas.

    Los médicos pensaban que iban a salvar vidas.

    Cuando llegaron al corazón de la zona de la catástrofe en Venezuela, les dijeron que se disponían a buscar a los fallecidos.

    El viernes, menos de 48 horas después de que dos fuertes terremotos sacudieron Venezuela, Zaira Medina, de 58 años, reunió a un equipo de médicos, donó suministros y partió hacia La Guaira, el estado cercano situado en la resplandeciente costa del país que había sido el más afectado por la catástrofe.

    “Me voy a la guerra”, les dijo al personal médico que dejaba atrás. Todos se reunieron a su alrededor. “Traten con cariño a la gente que venga aquí. Si hay algún niño, denle un abrazo”.

    Medina, directora del Hospital Pérez de León de Caracas, no sabía qué esperar. Pero tenía un destino, su casa en La Guaira, y un objetivo: rescatar a sus vecinos.

    Portofino Beach era el nombre del edificio de nueve plantas, de color arena. Aunque algunos residentes lo usaban como casa de vacaciones, para Medina y otros médicos era su hogar.

    Las plantas inferiores del edificio se habían deformado y derrumbado con el terremoto, dejando a los vecinos atrapados dentro y a la estructura inclinada peligrosamente hacia atrás. En algunos sitios, Portofino Beach ya no era más que un montón de barras de refuerzo, escombros y polvo.

    Acompañando a Medina en esta misión se encontraba su hija Gabriela Herrera, de 29 años, cirujana.

    El equipo se subió a media decena de vehículos. Llevaban batas quirúrgicas, zapatos deportivos y cascos ligeros.

    La carretera hacia La Guaira estaba abarrotada de autobuses, carros, camiones que transportaban ayuda y gente en motos con agua y herramientas de excavación rudimentarias, como palas y cuerdas. Tardaron cuatro horas en llegar desde el hospital hasta el bloque de apartamentos, un trayecto que normalmente solo toma una hora.

    Parte del equipo viajó en la parte trasera de una camioneta. Algunos, para intentar llegar más rápido, recorrieron parte del trayecto a pie bajo el calor. Al entrar en La Guaira, pasaron junto a una iglesia derruida, con la fachada parcialmente arrancada, lo que dejaba al descubierto su interior, oscuro como una boca abierta.

    Con tanto tráfico, los camiones de ayuda de la Cruz Roja se quedaron atascados en la carretera.

    Por fin, Medina llegó a la playa de Portofino. Un pequeño equipo de Protección Civil, el servicio nacional de emergencias, ya estaba allí revisando los escombros.

    Germán Ortiz era el jefe del equipo de Protección Civil sobre el terreno. Un olor a podrido envolvía el edificio: el de los cadáveres en descomposición.

    Hablando en voz baja, como si intentara no asustar a los sobrevivientes reunidos a su alrededor, les dijo a los médicos que su equipo no había oído ninguna voz desde el interior del edificio.

    Ahora, solo intentaban recuperar los cuerpos.

    Para dejar claro lo que quería decir, gritó: “¡Somos el equipo de rescate! Si hay alguien, ¡haga ruido!”.

    Silencio total.

    Lo intentó de nuevo.

    Nada.

    El equipo médico quería entrar en el edificio de todas formas. Ortiz dijo que no: no tenían los cascos ni el equipo adecuados.

    El grupo de Medina insistió. Ella creía que alguien debía de estar vivo ahí dentro.

    Ortiz cedió. El grupo podría trabajar en los alrededores del edificio, dijo, retirando escombros, en turnos que se irían rotando cada 20 minutos para evitar el agotamiento.

    Una excavadora amarilla estaba parada frente a Portofino Beach. Esa noche no se utilizó; Medina dijo más tarde que le costaba entender por qué.

    En un momento dado, se volvió hacia los rescatadores.

    Saben, les dijo, este es mi edificio.

    Un trabajador de Protección Civil la abrazó.

    Lo sé, dijo él. Estamos todos juntos en esto.

    Los médicos empezaron a peinar los escombros. Entonces cayó la noche. Sin luces potentes que les guiaran, la búsqueda se ralentizó y luego se detuvo.

    Sin ganas de rendirse, los médicos decidieron seguir adelante, para encontrar algún lugar donde pudieran ser útiles.

    Se subieron a los camiones, buscando edificios donde pudiera haber sobrevivientes. Cuando el tráfico les impedía avanzar, algunos se bajaron y empezaron a caminar.

    En algunos tramos, caminaron en una oscuridad casi total. Entonces se encontraron con un equipo de rescatistas colombianos y vieron movimiento.

    ¿Quizás alguien estaba vivo?

    Un hombre armado –¿policía? ¿militares? Nunca lo supieron con certeza– se adelantó para dar una explicación. Las personas que se movían en la oscuridad eran saqueadores, no sobrevivientes necesitados de ayuda.

    Entonces se produjo un forcejeo entre los rescatistas, y algunos pidieron silencio para poder oír a alguien que pudiera estar atrapado. Otros avisaron a sus compañeros: habían visto tres cadáveres entre los escombros.

    El cansancio se apoderó de todos. El equipo médico volvió a subirse a sus furgonetas.

    Tardaron horas en volver a casa. Llegaron a la capital a eso de las 4 a. m. Durante su expedición de 12 horas, los médicos no habían atendido a ningún paciente. Todas las personas a las que intentaron ayudar estaban fuera de su alcance o habían fallecido.

  • Encuentran olvidado en un cajón el primer hueso de un dinosaurio que habitaba en una Antártida cubierta de frondosos bosques

    Encuentran olvidado en un cajón el primer hueso de un dinosaurio que habitaba en una Antártida cubierta de frondosos bosques

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    Un hueso fosilizado de color marrón oscuro y moteado está sobre un mapa de la Antártida sobre una mesa. Está en una zona azul del mapa y detrás hay zonas de marrón y blanco. El hueso es una vértebra con una zona redonda, cóncava y circular orientada hacia la cámara, con un bulto que sobresale en el lado derecho. Un poco más atrás, un bulto más pequeño sobresale a la izquierda. Hay una hendidura entre ellos

    Tony Jolliffe/BBC News
    El fósil fue descubierto originalmente en1985, en la isla James Ross en la Antártida.

    Un aparentemente modesto fósil que estuvo olvidado dentro de un cajón durante 40 años resultó ser el primer hueso de dinosaurio descubierto en la Antártida.

    El espécimen fue excavado en 1985, pero el equipo que lo descubrió no estaba seguro de lo que era, así que lo almacenaron dentro de una colección geológica de la institución de investigación de la Antártida British Antarctic Survey (BAS, por sus siglas en inglés) en Cambridge.

    Ahora, el fósil ha sido analizado por paleontólogos que confirmaron que se trata de un hueso de la cola de un tipo de dinosaurio llamado titanosaurio, un grupo que incluía los dinosaurios más grandes jamás que pisaron la Tierra.

    El descubrimiento ayuda a revelar más sobre cómo vivieron estas bestias en una parte del mundo donde los registros fósiles son escasos.

    El doctor Mark Evans, el administrador de la colección en la BAS, recientemente encontró el fósil entre miles de especímenes traídos de sendas expediciones a la Antártida durante décadas.

    “Solo cuando empiezas a pensar ‘¿qué habrá en este cajón?’, que algunas veces encuentras algo y piensas, ‘¡ah!, esto se ve interesante’”, afirmó.

    El espécimen fue recolectado originalmente en la isla James Ross, y su descubrimiento se registró en el cuaderno de anotaciones de campo del doctor Mike Thomson.

    Al lado de un pequeño y prolijo boceto, con fecha del 9 de diciembre 1985, escribió “vértebra de un gran reptil”, anotando que medía unos 10cm de ancho.

    Evans comenta que el equipo que lo descubrió probablemente pensó que el fósil pertenecía a un reptil marino.

    Pero, tan pronto lo vio, Evans se dio cuenta de que la vértebra se veía muy parecida a la de un dinosaurio. Y la fecha del descubrimiento significaba que se trataba del primer fósil de dinosaurio descubierto en ese continente.

    Una impresión artística de un titanosaurio marrón claro, con su cuello largo y cola larga. Está de pie sobre las cuatro patas entre unos helechos verdes de árboles.  Hay algunas espinas que recorren la parte baja de la espalda y la parte superior de la cola. Está girado hacia nosotros, pero su cuello está ligeramente torcido mientras su pequeña cabeza, con la boca cerrada, mira un poco a su alrededor hacia la izquierda

    Andrew McAfee/Carnegie Museum of Natural History
    Cuando los titanosaurios habitaron la Antártida hace 80 millones de años, la región habría estado cubierta de frondosos bosques.

    Llamó al profesor Paul Barret del Museo de Historia Natural en Londres (NHM) para confirmar su descubrimiento.

    “Aunque no parece llamar mucho la atención, en realidad tiene una forma muy característica”, expresó Barrett a la BBC, mientras sostenía el fósil en la mano.

    Señaló una depresión en un extremo del fósil y luego le dio la vuelta para revelar una protuberancia en el otro. Las vértebras se alinean para crear una serie de articulaciones esféricas que van desde la cabeza hasta la cola.

    “Tan pronto lo vi, supe con qué estábamos lidiando… era obvio que se trataba de un titanosaurio”, aseguró. “Esta es una combinación de características que son completamente singulares de este tipo de dinosaurios”.

    El cuello y la cabeza de un esqueleto de titanosaurio están dentro de la catedral de Peterborough. El cuello del esqueleto avanza, fuera de plano, hacia el cuerpo del animal alrededor de la izquierda de la imagen y la cabeza está en el lado derecho. Hay unos veinte arcos y ventanas de diferentes tamaños visibles tanto por encima como por debajo del esqueleto en distintos niveles. La boca del titanosaurio está ligeramente abierta y se ven sus dientes. La cuenca derecha del ojo del dinosaurio está iluminada y destaca en la foto

    Tony Jolliffe/BBC News
    Un molde de titanosaurio, cedido por el Museo de Historia Natural de Londres, está expuesto en la catedral de Peterborough, en el centro de Inglaterra.

    Hasta ahora, se han identificado más de 100 especies de titanosaurios alrededor del mundo.

    Todos son cuadrúpedos herbívoros, con cuellos muy largos que les servían para alcanzar las hojas de los árboles y colas muy largas que hacían contrapeso. Los titanosaurios más grandes medían más de 35 metros de largo y pesaban unas 60 toneladas.

    Por el tamaño de esta vértebra, los científicos estiman que el titanosaurio de la Antártida medía unos 7 metros de largo.

    “Tal vez era un dinosaurio joven, o tal vez uno genuinamente pequeño; uno que realmente saltaba la norma del resto del grupo como un adulto pequeño”, explicó Barrett.

    Se cree que este dinosaurio vivió hace 82 millones de años durante el período Cretácico Tardío, cuando la Antártida era muy diferente a lo que es hoy en día. Habría estado cubierta de un frondoso bosque, que proveía abundante alimento para la bestia herbívora.

    Un hombre calvo, con barba y bigote grises, y con una camisa de cuadros roja y azul, está mirando a la cámara. Sostiene las vértebras fosilizadas del Titanosaurio cerca de su pecho con ambas manos. Detrás de él hay tres niveles de estanterías gris claro con filas de cajas gris oscuro apiladas en columnas de tres. Cada uno tiene varias etiquetas amarillas y blancas con sus números de catálogo

    Tony Jolliffe/BBC News
    El Dr. Mark Evans localizó el fósil en las colecciones de geología del British Antarctic Survey.

    El fósil olvidado por tanto tiempo ahora ocupa un importante lugar en la historia de la exploración en la Antártida. Otros fósiles de dinosaurios se han encontrado en esta parte remota del mundo en los años posteriores a 1985, pero no son muchos.

    La Antártida es un lugar difícil para el trabajo de los paleontólogos y el hielo esconde el registro prehistórico en las rocas subyacente.

    “Demuestra que una región que ahora concebimos de hecho como inhabitable era en un entonces realmente muy habitable y tenía este gran elenco de personajes”, indicó Barrett.

    “Nos está ayudando a descifrar cómo encajaban en este ecosistema amplio en el mismo confín del mundo hace unos 80 millones de años”.

    []

    BBC

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  • Una búsqueda desesperada de los últimos sobrevivientes en Caracas

    Una búsqueda desesperada de los últimos sobrevivientes en Caracas

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    Los voluntarios de un barrio de clase media de Caracas usaron taladros, picos y mazos para romper el hormigón, intentando encontrar a alguien que necesitara ser rescatado.

    Un solo martillo neumático. Un par de picos. Hombres golpeando con todas sus fuerzas para atravesar varias plantas de hormigón e intentar llegar hasta los que aún están con vida.

    La escena del sábado por la noche en San Bernardino, un barrio de clase media de Caracas, puso de manifiesto tanto la grave escasez de maquinaria pesada necesaria para rescatar a los sobrevivientes tras los dos terremotos del miércoles como la movilización masiva de la comunidad que se ha producido para intentar suplir esa carencia.

    En la Residencia Rita, un edificio de apartamentos que se derrumbó cuando se produjeron los terremotos, encontrar a alguien con vida tres días después habría sido un milagro. Y, sin embargo, el sábado se reunieron cientos de personas para ayudar a localizar a los sobrevivientes.

    Se alinearon como bomberos, pasándose baldes de escombros a lo largo de la fila para intentar despejar el camino.

    “Esperanza siempre vamos a tener”, dijo María Alejandra Navarro, de 25 años, una periodista con formación en rescate que contó que había traído un equipo de 14 voluntarios al lugar.

    En comparación con la situación en La Guaira, el estado cercano más afectado por la catástrofe, las condiciones en la Residencia Rita parecían favorables para el rescate. Ya había vuelto la luz a la zona. Se puede acceder fácilmente al barrio en carro.

    Y, sin embargo, los vecinos que observaban la operación de rescate dijeron que no se había encontrado ni un solo sobreviviente desde el miércoles.

    Una gran excavadora estaba a la espera, y solo se utilizó brevemente durante la tarde.

    César Briceño, de 40 años, dueño de un gimnasio, dijo que pensaba usar su fuerza física y sus habilidades técnicas de escalada para ayudar. Había venido desde Barquisimeto, una ciudad a cinco horas de distancia. Tenía tres hijos, contó, y le motivaba la idea de reunir a las familias separadas entre los escombros. No sabía dónde dormiría esa noche, dijo. Probablemente en su vehículo.

    El objetivo era perforar, picar y martillear los techos y suelos que se habían derrumbado unos encima de otros. No había un líder claro de la operación. Los civiles trabajaban codo a codo con los bomberos y los miembros de Protección Civil, el servicio nacional de emergencias. Los miembros de la Guardia Nacional se mantenían en el perímetro.

    De repente, uno de los rescatadores levantó una mano enguantada de rojo.

    “¡Silencio!”, gritó.

    Habían encontrado algo… ¿a alguien?

    Dos mujeres con cascos de seguridad se abrazaron para celebrarlo.

    Un hombre rezaba: “Jesús, no nos abandones”.

    Muchos de los presentes, con mascarillas para protegerse del polvo tóxico, observaban expectantes.

    Falsa alarma. Los voluntarios siguieron trabajando. Cayó la noche. Los mazos golpeaban las superficies del edificio, intentando quebrarlas.

    Los rescatistas trabajaban por turnos y descansaban cuando estaban demasiado agotados. Varios se quejaban de que no podían trabajar: no había suficientes herramientas.

    Entonces, por fin, empezaron a gritar: ¡Bomberos!

    Un agujero en el hormigón dejó al descubierto a una persona: un cadáver. Los bomberos cortaron las barras de refuerzo que les bloqueaban el paso. Saltaron chispas. Subieron una bolsa para cadáveres por la montaña de escombros, metieron a la persona dentro y la llevaron a una ambulancia.

    Algunos del grupo inclinaron la cabeza en señal de respeto. Eran más de las 9 p. m. Pero aún quedaba mucho trabajo por hacer, así que los rescatadores siguieron adelante.

  • En una morgue en Caracas, familias y autoridades intentan identificar a más de 100 víctimas

    En una morgue en Caracas, familias y autoridades intentan identificar a más de 100 víctimas

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    El proceso resulta difícil porque muchas personas quedaron gravemente aplastadas bajo los edificios derrumbados.

    El domingo, una decena de personas se reunió frente a una morgue estatal en Caracas; buscaban familiares que están desaparecidos desde el devastador doblete sísmico del miércoles. Dentro, las autoridades mostraban en las pantallas de las computadoras fotos de víctimas sin identificar mientras las familias intentaban reconocer a sus seres queridos.

    Muchos de los que estaban en la morgue, conocida como el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses de Venezuela, buscaban a familiares que se creía que estaban en el estado costeño de La Guaira, muy afectado por el desastre, donde el cierre de carreteras había impedido que esos familiares llegaran a la zona.

    La morgue está recibiendo entre 40 y 80 cadáveres al día, según dos médicos forenses de la morgue que pidieron permanecer en el anonimato porque no estaban autorizados a hablar públicamente. Dijeron que entre las víctimas había personas rescatadas con vida de edificios derrumbados, pero que luego fallecieron en los hospitales, así como víctimas traídas desde La Guaira por sus familiares.

    En La Guaira, las autoridades están procesando unos 750 cadáveres al día, según los médicos, y unos 50 trabajadores forenses se desplazan a diario desde Caracas para ayudar con el trabajo. Hasta el domingo, la cifra oficial de fallecidos en Venezuela era de 1450, pero es probable que se trate de un recuento muy por debajo de la realidad.

    Identificar a las víctimas ha resultado especialmente difícil porque muchas quedaron gravemente aplastadas bajo los edificios derrumbados, según los dos médicos y un tercero que trabaja en un centro de La Guaira. Los especialistas forenses están utilizando técnicas de recuperación de huellas dactilares, mientras que los familiares identifican a sus seres queridos por rasgos distintivos como tatuajes, lunares e incluso la manicura.

    En la morgue de Caracas, el domingo por la tarde seguían sin reclamar 150 cuerpos, incluidos 130 que aún no habían sido identificados. Los dos médicos de la morgue de Caracas dijeron que el centro había estado ofreciendo cremaciones gratuitas a las familias afectadas y que las autoridades no han descartado recurrir a fosas comunes si el número de fallecidos sigue aumentando.

    La Sociedad Venezolana de Infectología publicó el domingo unas directrices en las que desaconseja el uso de fosas comunes, alegando que dificulta la identificación, puede prolongar la angustia de las familias de los fallecidos y resulta innecesario desde el punto de vista de la salud pública.

    Fuera de la morgue, los vecinos han ido dejando sacos de cal en una iniciativa popular para ayudar a secar los cuerpos en descomposición. Pero los médicos forenses dijeron que no pueden usarla porque los protocolos internacionales prohíben aplicar cal a los restos humanos, ya que puede dañar los tejidos y dificultar la identificación.

  • Cuánto tiempo se puede sobrevivir bajo los escombros tras un terremoto y qué factores dan esperanza a los rescatistas

    Cuánto tiempo se puede sobrevivir bajo los escombros tras un terremoto y qué factores dan esperanza a los rescatistas

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    El pasado miércoles por la tarde, dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron Venezuela con un minuto de diferencia; el segundo fue el más fuerte que ha azotado el país desde 1900.

    Al menos 250 edificios han sufrido graves daños y muchos de ellos se han derrumbado. Equipos internacionales de rescate han llegado a Venezuela para ayudar en la búsqueda de sobrevivientes atrapados bajo una enorme cantidad de escombros.

    Pero, ¿cuánto tiempo se puede sobrevivir bajo los escombros?

    Esto depende de varios factores, explicaron expertos a la BBC. La posición del sobreviviente cuando se ve atrapado en el derrumbe, el acceso a aire y agua, el clima, las condiciones meteorológicas y el estado físico de la persona atrapada influyen en el tiempo que puede sobrevivir.

    La mayoría de los rescates se producen en las primeras 24 horas tras un desastre, pero ha habido casos de rescates entre los escombros que se han llevado a cabo mucho tiempo después.

    Naciones Unidas suele suspender los esfuerzos de búsqueda y rescate entre cinco y siete días después de una catástrofe. Esta decisión se toma luego de que no se haya logrado sacar a ninguna persona con vida tras uno o dos días del desastre.

    Entonces, ¿cuáles son los factores que pueden mantener con vida a las víctimas?

    Conciencia y preparación

    Abdulalim Muaini se aferra a una cuerda mientras los equipos de rescate intentan sacarlo de entre los escombros, tras el mortífero terremoto ocurrido en Hatay (Turquía) el 8 de febrero de 2023.

    Reuters
    Abdulalim Muaini fue rescatado de entre los escombros en Hatay (Turquía).

    Si bien no es fácil predecir cuándo se producirá un terremoto o un derrumbe repentino de un edificio, la postura que adoptes en caso de emergencia es clave para tu supervivencia, según los expertos.

    Un lugar bien elegido puede brindarte protección física bajo los escombros y ayudarte a tener acceso al aire.

    “Ser capaz de adoptar la postura de ‘agacharse, cubrirse y sujetarse’ crearía un espacio de supervivencia, una bolsa de aire”, afirma Murat Harun Ongoren, coordinador de AKUT (Asociación Turca de Búsqueda y Rescate), la mayor organización de ayuda y rescate de la sociedad civil de Turquía.

    Un grupo de personas busca sobrevivientes mientras otros intentan rescatar sus pertenencias en un edificio derrumbado.

    Getty Images
    Estar preparado es clave para la supervivencia.

    Agacharse, cubrirse y sujetarse significa: arrodillarse en el suelo, cubrirse debajo de una mesa o algo resistente y sujetarse con fuerza hasta que cesen los temblores.

    “La educación, la formación y la concienciación sobre las medidas de emergencia (antes de que ocurra un desastre como un terremoto) son importantes y con frecuencia se ignoran”, añade.

    “Y eso determinará tu esperanza de vida bajo los escombros”.

    La doctora Jetri Regmi, funcionaria técnica del Programa Mundial de Emergencias Sanitarias de la OMS, también destaca la importancia de la preparación.

    “Ponerse a cubierto en un lugar seguro, como debajo de un escritorio o una mesa resistentes, mejoraría las probabilidades de supervivencia. No hay certezas, ya que cada emergencia es diferente, pero los esfuerzos iniciales de búsqueda y rescate dependen de la capacidad de preparación de las comunidades locales”, afirma.

    Acceso al aire y al agua

    El suministro de aire y agua es clave para mantenerse con vida cuando se queda atrapado bajo un edificio derrumbado. Sin embargo, esto depende del nivel de las lesiones: la pérdida de sangre reduce las probabilidades de sobrevivir más de 24 horas.

    Por lo tanto, si el sobreviviente no sufre una lesión grave y tiene aire para respirar (una bolsa de aire en un espacio adecuado), lo siguiente es mantenerse hidratado, de acuerdo con los expertos.

    Según el profesor Richard Edward Moon, experto en cuidados intensivos de la Universidad de Duke (EE.UU.), “la falta de agua y oxígeno es un problema fundamental para la supervivencia”.

    “Cada adulto pierde hasta 1,2 litros de agua cada día”, afirma.

    “Se trata de la orina, la exhalación, el vapor de agua y el sudor. Cuando se pierden ocho litros o más es cuando una persona entra en estado de gravedad”.

    Algunas estimaciones sugieren que las personas pueden sobrevivir sin agua entre tres y siete días.

    Equipos de rescate buscan un edificio derrumbado: uno con una chaqueta naranja de alta visibilidad, otro con pantalones negros y otro con una chaqueta verde de alta visibilidad.

    Getty Images
    El aire y el agua son la clave para mantenerse con vida, dicen los expertos.

    Grado de lesiones

    Si una persona ha sufrido un traumatismo craneal u otras lesiones graves y tiene poco espacio para respirar, hay pocas posibilidades de sobrevivir al día siguiente de un desastre.

    Ser capaz de evaluar el grado de la lesión es crucial, según la doctora Regmi.

    “Es posible que las personas con lesiones en la columna vertebral, la cabeza o el pecho no sobrevivan hasta que puedan ser trasladadas a centros de traumatología”, afirma. La pérdida de sangre, las fracturas o las laceraciones de órganos aumentan las probabilidades de mortalidad.

    La atención médica después del rescate también es igualmente importante, según Regmi.

    “Incluso las personas que se salvaron de los escombros podían morir a causa del ‘síndrome de aplastamiento’. Esto ocurre con frecuencia en catástrofes, como los terremotos, y afecta a personas que han quedado atrapadas bajo mampostería caída o en movimiento”.

    El síndrome de aplastamiento ocurre cuando los músculos se dañan debido a la presión de los escombros y producen toxinas, según la funcionaria técnica de la OMS. Una vez que se retiran los escombros, la toxina se disemina por el cuerpo con graves consecuencias para la salud.

    Clima y condiciones meteorológicas

    El clima de la zona también determina cuánto tiempo pueden aguantar las víctimas.

    Para el profesor Moon, las condiciones invernales en Turquía, donde se produjeron dos devastadores terremotos en febrero de 2023, empeoraron mucho la situación.

    “Un adulto típico puede soportar temperaturas de hasta 21°C sin que el cuerpo pierda su capacidad de retener el calor. Pero cuando hace más frío, la situación es diferente”, afirma.

    En este punto, la temperatura corporal se ajusta a la temperatura ambiente.

    “La velocidad a la que se produzca la hipotermia dependerá de lo aislada que esté la persona o del refugio del que disponga. Pero, en última instancia, muchas de las personas menos afortunadas sufrirán hipotermia en estas circunstancias”, afirma el especialista en cuidados intensivos.

    En verano, por el contrario, si el espacio en el que está encerrada la víctima está demasiado caliente, la persona podría perder agua demasiado rápido, lo que reduciría sus posibilidades de supervivencia.

    Un hombre lleva a un perro negro rescatado entre los escombros de un edificio derrumbado tras dos terremotos en Caraballeda, estado de La Guaira, a unos 40 km al noreste de Caracas, el 25 de junio de 2026.

    Getty Images
    El bienestar mental y el autocontrol son factores clave para la supervivencia.

    Fortaleza mental

    Según los expertos, un factor que a menudo se subestima es el bienestar mental y el autocontrol.

    Mantener la fortaleza mental y centrar el pensamiento en la sobrevivencia también puede ser crucial para mantenerse con vida, advierten.

    “El miedo es nuestra reacción natural, pero no debemos entrar en pánico. Necesitamos ser fuertes mentalmente para poder sobrevivir”, dice el experto en rescates Ongoren.

    Esto requiere determinación.

    “Es importante tratar de evadir la sensación de miedo y tomar el control de uno mismo. ‘Está bien, ahora estoy aquí, necesito encontrar una manera de mantenerme con vida’ debería ser la motivación. Esto hará que grites menos y hagas menos movimientos. Tendrás que ahorrar energía controlando tus sentidos y el pánico”.

    Historias notables de supervivencia

    En 1995, después de un terremoto en Corea del Sur, un hombre fue rescatado de entre los escombros después de 10 días. Según se informó, sobrevivió bebiendo agua de lluvia y se comió una caja de cartón. Había jugado con un juguete infantil para mantener la mente activa.

    En mayo de 2013, sacaron a una mujer de las ruinas del edificio de una fábrica en Bangladesh, 17 días después de que se derrumbara.

    “Escuché las voces de los equipos de rescate durante varios días. Seguí golpeando los restos con palos y varillas para llamar su atención. Nadie me escuchó”, dijo tras ser rescatada.

    “Comí comida seca durante 15 días. Los dos últimos días no ingerí más que agua”.

    En Haití, tras el terremoto de enero de 2010 en el que murieron más de 220.000 personas, un hombre sobrevivió durante 12 días bajo las ruinas de una tienda que había sido saqueada. Más tarde, otro hombre fue hallado vivo tras permanecer 27 días entre los escombros tras el terremoto.

    En octubre de 2005, dos meses después del terremoto que azotó Cachemira, en Pakistán, una mujer de 40 años llamada Naqsha Bibi fue rescatada de su cocina.

    La encontraron con rigidez muscular y estaba tan débil que apenas podía hablar. En una entrevista con la BBC en 2005, su prima dijo: “Al principio pensamos que estaba muerta, pero abrió los ojos cuando la sacábamos”.

    Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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    BBC

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  • Para estos adolescentes, el fútbol lo es todo. Ahora, los cárteles quieren meterse al juego

    Para estos adolescentes, el fútbol lo es todo. Ahora, los cárteles quieren meterse al juego

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    El torneo de fútbol reunió a adolescentes de toda Celaya, una ciudad industrial en el centro de México, y les ofreció un respiro de la muerte y la violencia que se han vuelto habituales por aquí.

    Mientras los Ravens esperaban su próximo encuentro, algunos jugadores hacían estiramientos entre partido y partido y se tomaban un momento de silencio para concentrarse. Otros miraban con recelo a los rivales mientras estos se reunían alrededor de una bocina de la que salían a todo volumen narcocorridos, polkas y baladas con ritmo de vals que ensalzan las vidas de los capos de la droga mexicanos.

    “No me gusta, pero no puedo decirles que lo apaguen”, dijo su entrenadora, Sugey Milagros Salinas Grimaldi. “Son muy fieles a su forma de vida, y tengo que respetar eso”.

    Algunas de las canciones hablaban de sus propios seres queridos, que murieron de formas espantosas mientras traficaban drogas, una vía habitual para salir de la pobreza en Celaya. Apagar la música suponía el riesgo de ofender la memoria de sus difuntos, explicó Salinas.

    Salinas se esfuerza por mantener a los niños de Celaya, una de las ciudades más peligrosas del mundo, alejados de las calles y de los cárteles. Ha visto con preocupación cómo sus alumnos se unen a los delincuentes que se han infiltrado en el tejido social de la ciudad o desaparecen del mapa, pues caen en la adicción.

    Ahora, los cárteles están intentando controlar las ligas locales de fútbol por todos los medios necesarios, y han disparado a espectadores y matado o secuestrado a jugadores.

    Amenazan una de las últimas alegrías que le quedan a la ciudad y una de las pocas vías honestas y posibles para que los niños locales salgan de la pobreza. ¿Quién reclutará primero a estos adolescentes, Salinas o los cárteles?

    Lejos de las multitudes de los partidos del Mundial, muchas canchas de fútbol de la ciudad se han quedado en silencio. Aquí las multitudes han sido reemplazadas por cruces y monumentos con los nombres de las víctimas: jugadores, árbitros y espectadores que murieron a tiros.

    Cuando un cártel mató a 11 personas tras un partido en enero, los ayuntamientos suspendieron todos los eventos futbolísticos durante casi un mes. Cuando se reanudaron, muchos jugadores tenían demasiado miedo para volver.

    Pero no los Ravens.

    Los chicos jugaron con ganas y descargaron en la cancha el estrés acumulado durante semanas de encierro. Algunos de los jugadores se burlaban de sus rivales y los incitaban.

    “¡Expresen lo que tengan que expresar en la cancha!”, gritó Salinas, para animar al equipo a descargar sus frustraciones a través del deporte, no a puñetazos.

    En momentos como estos, Salinas se apoyaba en Juan Pablo, de 14 años, su jugador estrella y capitán del equipo. Juan Pablo venía de una familia de agricultores y era todo lo que ella quería que fueran sus otros jugadores: educado y respetuoso, con una asistencia escolar impecable.

    Él intentó animar a sus compañeros de equipo, y los instó a trabajar juntos.

    Pero otro jugador, Manuel, de 13 años, discutía con el árbitro y cuestionaba sus decisiones. Podría ser una estrella, pero sus emociones lo hacían enfadarse pronto y recibir tarjetas amarillas rápido.

    Manuel llevaba tiempo sin entrenar. Se había perdido dos meses de escuela para drogarse, un breve respiro de su difícil vida: un cártel había matado a uno de sus hermanos, su padre se había ahorcado y su madre trabajaba muchas horas, pero apenas llegaba a fin de mes.

    Salinas lo había sacado del equipo hasta que se recuperara. El torneo era la primera vez que jugaba en meses.

    Tanto Manuel como Juan Pablo deseaban demostrar sus habilidades, con la esperanza de que los buscadores de talentos jóvenes para los equipos profesionales de México se fijaran en ellos.

    Para estos dos adolescentes es una carrera contra el reloj, en un deporte en el que la mayoría se retira a los 35 años.

    A los Ravens los unen pocas cosas más que la pobreza: algunos vienen de familias humildes de agricultores, otros de hogares con vínculos con el mundo del crimen. En la cancha, Salinas intenta que todos sean iguales. Ella misma financia el equipo, ya que no hay fondos públicos disponibles.

    Desde la banda, la madre de uno de los Ravens animaba al equipo. En un lado del cuello tenía tatuada una pistola con el año 1991 y en el otro un AK-47 con el nombre “Alexis”.

    “Me encantan las pistolas y nací en 1991”, explicó la madre, Mirian Mendoza. “Alexis era mi hermano”, dijo. “Murió de forma violenta”.

    El partido terminó. Los Ravens perdieron. Manuel se tiró al suelo llorando. Juan Pablo observaba con los ojos llenos de anhelo cómo el equipo ganador posaba con su trofeo.

    Juan Pablo se fue a casa. Debía considerar una oportunidad enorme: una invitación a las pruebas para el Chivas, el equipo profesional de Guadalajara. Solo necesitaba reunir 300 dólares para ir.

    Podría ser el comienzo de una nueva vida.

    Unos días después, apareció un letrero en las canchas donde se había celebrado el torneo.

    En él se leía que si jugaban ahí, tenían que pagar.

    El triángulo de las Bermudas de México

    Celaya y sus alrededores son una especie de puesto avanzado para el petróleo mexicano, que llega por oleoductos desde pozos lejanos y se refina en la zona. Aunque la refinería estatal trajo consigo puestos de trabajo, también atrajo a los cárteles, que compiten por desviar el petróleo para venderlo en el mercado negro. Este negocio ilícito se ha convertido en una importante fuente de ingresos para los cárteles y genera miles de millones de dólares al año, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

    Eso ha convertido a la zona en una de las más peligrosas de México, que ocupa el puesto 13 en el ranking mundial de homicidios.

    La gente de la zona dice que vive en el triángulo de las Bermudas. A menudo, quienes salen a trabajar desaparecen para siempre.

    Ahora la comunidad teme estar perdiéndose a sí misma. Por la noche, los niños se quedan encerrados en casa. Las fiestas acaban pronto, si es que llegan a celebrarse. Este año se han cancelado varias fiestas parroquiales tras las amenazas de extorsión de los cárteles.

    Era solo cuestión de tiempo que el fútbol se convirtiera en el siguiente objetivo.

    “Nos duele mucho”, dijo el alcalde de Celaya, Juan Miguel Ramírez Sánchez. “El deporte es una de las únicas formas de salvar a los niños de la violencia”.

    El primer episodio ocurrió en 2018, cuando mataron a un árbitro y a un jugador en la cancha. El año pasado, mataron a 13 jugadores en toda la zona metropolitana de Celaya. En lo que va de año, han matado a 14 jugadores y espectadores.

    El ataque más sangriento fue el de enero, cuando mataron a tiros a 11 personas tras un partido en Salamanca, a las afueras de Celaya. Los vecinos de la zona se refieren a ese episodio como “la masacre”.

    En los últimos años, los cárteles han creado equipos de fútbol para competir en las ligas menores con el fin de lavar dinero y ejercer control sobre las comunidades en las que viven y operan, según las autoridades.

    “También hacen dinero con las apuestas de la gente”, dijo el director general de Seguridad de Salamanca, Juan Pablo Ramírez Talavera, en una entrevista.

    “Este debería ser un deporte sano que una a la gente”, dijo. “Pero, en cambio, estas ligas amateur se han convertido en una máquina de hacer dinero”.

    Ramírez Talavera calculó que los grupos criminales gastan decenas de miles de dólares al mes solo en los partidos en Salamanca, una ciudad de unos 270.000 habitantes. Dijo que en todo el estado de Guanajuato operan hasta 20 cárteles y pandillas más pequeñas.

    Hace poco, los padres observaban cómo sus hijos, en edad de asistir a primaria, pateaban balones entre conos, hacían sprints y lanzaban disparos a la portería.

    Detrás de ellos, camionetas de la policía tenían encendidas sus luces para que se notara su presencia. Algunos agentes, en sus cuatrimotos, recorrían la cancha de un lado a otro, y cateaban a los hombres que estaban en los laterales para asegurarse de que no llevaran armas, drogas ni alcohol.

    ‘Quizá podría haber hecho más’

    El deterioro de la comunidad de Celaya ha sido muy doloroso para Salinas, la entrenadora de los Ravens.

    Durante su primer año como profesora, en 2021, mataron a tiros a uno de sus alumnos que tenía 12 años; era adicto a las drogas y no podía pagarle a quien se las vendía. La madre de Pedro, el estudiante, murió cuando él era más pequeño, y su padre lo había abandonado para migrar a Estados Unidos.

    El chico era casi feral, robaba comida y apenas se bañaba, dijo Salinas.

    “Siempre he llevado eso conmigo”, dijo Salinas, llorando mientras contaba cómo el resto de los profesores la animaba a no involucrarse. “Quizá podría haber hecho más por él”.

    Salinas contó que la llamaron a la escena del crimen poco después de que mataran a Pedro –solo otro cuerpo más en Celaya–.

    No pudo dormir durante semanas, pues la atormentaba pensar en cómo podría haberlo ayudado.

    Decidió crear un equipo de fútbol para darles a sus alumnos algo que les ilusionara y a lo que se comprometieran. Para formar parte del equipo, los alumnos deben asistir a clase con regularidad y comportarse bien tanto dentro como fuera de la cancha.

    Cuando le preguntaron por qué había llamado al equipo los Ravens, respondió sin dudar. “Porque son aves inteligentes; consiguen lo que quieren observando con atención”, dijo. “Como los niños de aquí, siempre están buscando oportunidades”.

    La historia de Pedro es la razón por la que Salinas le dedica tanto a Manuel, el compañero del equipo que perdió los estribos. La violencia y la pobreza siguen interponiéndose entre Manuel y el entrenamiento que necesita para alcanzar sus sueños.

    Poco después de que Manuel dejara las drogas y volviera a la escuela, se suspendieron todos los partidos y entrenamientos de fútbol durante casi un mes. También ha tenido que rechazar invitaciones para unirse a equipos más profesionales que los Ravens porque no tiene dinero para el autobús a los entrenamientos ni para pagar el uniforme.

    Un día, sentado en la habitación de su madre después de clases, Manuel estalló en llanto.

    “El fútbol me despeja la mente de los problemas de mi casa”, dijo Manuel, con la voz entrecortada por los sollozos. “Lo que tengo son ganas de ganar, de jugar bien. Pero lo que no tengo son oportunidades”.

    La madre de Manuel, María, observaba en silencio, preocupada. Sabe que el fútbol es un refugio frente a los cárteles que intentan reclutar a adolescentes.

    Conoce los peligros de primera mano, ya que pasó un año buscando por todo Celaya los restos de su hijo mayor. Lo encontraron en una fosa común junto a un molino de granos.

    “Siempre le digo que los amigos no existen. Ve a la escuela, juega fútbol, no te metas en problemas”, dijo ella.

    Pero la habitación de Manuel era un templo dedicado a la narcocultura que, según temen las generaciones mayores, está contaminando su comunidad.

    Las paredes de Manuel estaban cubiertas de luces de neón y un póster en el que aparecía Al Pacino como Scarface, flanqueado por dos de los capos de la droga más famosos de México. De las paredes colgaban chalecos antibalas y cascos Kevlar, que él juraba que solo eran decoración.

    Sobre su cajonera había casquillos de bala cuidadosamente ordenados. Algunos habían sido disparados.

    Al otro lado de la ciudad, Juan Pablo recibió malas noticias de Salinas. Sus entrenadores no habían podido reunir los 300 dólares que necesitaba para ir a la concentración de fútbol de las Chivas. Sus padres intentaban poner buena cara, pero también estaban destrozados.

    Juan Pablo podría ser la oportunidad de la familia para salir de la pobreza, de la casa tan pequeña en la que viven en la pequeña granja que gestionan en su patio trasero.

    “No me imagino no ser futbolista profesional”, dijo. “Pero supongo que podría ser mecánico”.

    Maria Abi-Habib es corresponsal de investigación con sede en Ciudad de México y cubre América Latina.