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  • Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal y defensor del libre mercado, muere a los 100 años

    Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal y defensor del libre mercado, muere a los 100 años

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    Alan Greenspan, quien durante casi dos décadas como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos impulsó un largo periodo de prosperidad, superó varias crisis y fue una figura poderosa y controversial a la hora de confeccionar políticas favorables al mercado, murió el lunes en su casa de Washington. Tenía 100 años.

    La causa fue una complicación de la enfermedad de Parkinson, dijo su esposa, Andrea Mitchell, corresponsal jefa en Washington y corresponsal jefa de asuntos exteriores de NBC News.

    Greenspan, el legislador más destacado de su época y posiblemente el economista más reconocido de todos los tiempos, dirigió el banco central estadounidense durante cuatro presidentes de ambos partidos entre 1987 y 2006.

    Gran parte de su mandato coincidió con una racha de prosperidad en la que se erigió como la encarnación de una corriente triunfante del capitalismo estadounidense de la pos Guerra Fría: optimista, fiel en el poder de los mercados para mejorar el nivel de vida, cautivado por el poder de la tecnología y reacio a la regulación.

    Pero el sello ideológico que Greenspan impuso a la formulación de políticas acabó por asociarse también a las consecuencias destructivas de las fuerzas que surgieron bajo su mandato, entre ellas la desregulación a Wall Street y a los bancos, la pérdida de puestos de trabajo estadounidenses a causa del libre comercio y las persistentes preocupaciones sobre las burbujas en los precios de las acciones y la vivienda.

    Aunque Greenspan gestionó con destreza las tasas de interés para mantener la economía en marcha, se mostró receloso al momento de enfrentar un peligro que conocía bien: que el entorno de baja inflación y política monetaria expansiva que él mismo había ayudado a crear ponía en riesgo a Estados Unidos al impulsar auges de inversión insostenibles. Y siguió mostrándose reacio a actuar mientras los bancos y las empresas de inversión adoptaban nuevas y complejas técnicas de negociación que acabarían causando un enorme daño.

    En la Reserva Federal, conocida en inglés como la Fed, tuvo un éxito notable en lo que él consideraba la labor principal del responsable de un banco central: mantener controlada la inflación. También ayudó a Estados Unidos a enfrentar crisis periódicas, como la caída de la bolsa apenas unas semanas después de asumir el cargo, el colapso casi total de los mercados financieros asiáticos una década más tarde y las secuelas de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

    Solo después de que renunció a principios de 2006 –y sobre todo tras la crisis de Wall Street en 2008, el colapso casi total del mercado hipotecario y la profunda recesión posterior– su legado y su filosofía se vieron cuestionados de forma concertada.

    Para entonces, un grupo de críticos lo culpaba de no haber evitado la burbuja inmobiliaria al subir las tasas de interés. Otro lo acusaba de promover un fundamentalismo de libre mercado corrosivo que permitió que el sistema financiero funcionara sin control mientras adoptaba medidas cada vez más arriesgadas.

    Tras haber supervisado un periodo de enorme creación de riqueza, a menudo se le presentaba como uno de los responsables de la crisis de 2008 y de las sacudidas económicas y políticas que le siguieron.

    Su falta de un mayor enfoque en mantener la estabilidad del sistema financiero, una vez que había demostrado que podía contener la inflación, “fue el error más trascendental de Greenspan, uno que no tenía por qué haber cometido”, concluyó su biógrafo, Sebastian Mallaby.

    Su trayectoria –y el grado en que merece los elogios o las culpas que se le han atribuido– sigue siendo objeto de un intenso debate. No hay duda de que fue una figura clave durante un periodo de gran agitación en la economía y de profundas divisiones ideológicas sobre cómo gestionarla.

    En el apogeo de su fama, mientras la economía florecía a finales de la década de 1990, una simple frase suya podía hacer que los mercados se dispararan o se desplomaran, y su rostro, detrás de unos gruesos lentes, era tan conocido como el de cualquier estrella de cine.

    En público, solía hablar con una jerga enrevesada que incluso a sus colegas economistas les costaba descifrar.

    Entre bastidores en Washington, Greenspan era un maestro del juego del poder político. Formado por sus experiencias como asesor de políticas en la campaña presidencial de Richard Nixon en 1968 y su papel como economista en jefe del presidente Gerald Ford, se convirtió en un operador astuto que protegió hábilmente la independencia de la Reserva Federal mientras moldeaba las agendas de presidentes sucesivos y orientaba la legislación en el Capitolio.

    Su predecesor, Paul Volcker, había demostrado que el banco central podía resistir la presión política para bajar las tasas de interés mediante una estrategia monetaria restrictiva a finales de la década de 1970 e inicios de la década de 1980. En el proceso, Volcker dotó a la Fed de una enorme credibilidad en los mercados financieros y le dejó a Greenspan un amplio margen para dar forma a la política en Washington.

    Greenspan utilizó su influencia con astucia en cuestiones que, estrictamente hablando, iban más allá de su mandato en la Fed, interviniendo con frecuencia para influir en la política fiscal, el déficit presupuestario y el comercio. Aunque era un republicano con fuertes inclinaciones libertarias –en su juventud fue seguidor de Ayn Rand y fue nombrado para la Fed por el presidente Ronald Reagan–, se las arregló para enfurecer tanto a los republicanos como a los demócratas, incluso cuando consiguió que presidentes de ambos partidos lo volvieran a nombrar.

    Los aliados del presidente George Bush culparon en parte a Greenspan de que Bush perdiera la Casa Blanca frente a Bill Clinton en 1992, alegando que Greenspan había mantenido las tasas de interés demasiado altas justo cuando la economía salía de la recesión. Greenspan construyó vínculos estrechos con Clinton y su equipo, ayudando a impregnar al gobierno demócrata de una postura claramente favorable al mercado en materia de regulación financiera, y animando a Clinton desde el principio a adoptar la reducción del déficit, frente a las objeciones de los liberales.

    Pero en 2001, cuando Greenspan apoyó el gran paquete de recortes fiscales del presidente George W. Bush, los demócratas protestaron furiosamente diciendo que había traicionado sus convicciones sobre la reducción del déficit para ganarse el favor del nuevo gobierno republicano.

    La vida en Washington

    Alan Greenspan maniobraba en todos los frentes, cultivando aliados a ambos lados del espectro político, tanto en la Casa Blanca como en el Capitolio. Omnipresente en la vida social de Washington, era una figura afable, aunque reservada, que se codeaba en las fiestas con jueces de la Corte Suprema, ministros del gobierno y periodistas, luciendo una sonrisa divertida y ofreciendo un apretón de manos suave.

    Salió con Barbara Walters, de ABC News, a finales de la década de 1970. (“No me siento amenazado por una mujer poderosa”, escribió en su autobiografía). En 1997 se casó con Mitchell, quien, según él, nunca le perdonó del todo que hablara de política antimonopolio en su primera cita, muchos años antes; su boda la ofició la jueza Ruth Bader Ginsburg. Mitchell es la única sobreviviente directa de Greenspan.

    Era un ávido jugador de tenis; afición que adoptó en serio en la cancha de la Casa Blanca mientras trabajaba en el gobierno de Ford y siguió compitiendo con entusiasmo hasta bien entrados sus 80 años contra una sucesión de secretarios del Tesoro y altos cargos de ambos partidos.

    Evitaba las fórmulas y reglas en las que otros banqueros centrales a menudo confiaban, a favor de un enfoque más intuitivo basado en un análisis profundo de los datos sobre las decisiones que tomaban las empresas, los consumidores y los inversionistas. (Admitió que algunas de sus mejores ideas se le ocurrían mientras se relajaba en una bañera caliente).

    En la Fed, se dio cuenta de cómo una serie de fuerzas poderosas –entre las que destacaban los rápidos avances tecnológicos y el aumento de la competencia global– estaban alterando las perspectivas de inflación y, por lo tanto, la capacidad de la economía para crecer y crear empleo sin una presión al alza excesiva sobre los precios.

    Gracias a la tecnología –concluyó Greenspan a mediados de la década de 1990–, todo tipo de sectores podían producir más por menos. En términos económicos, estaban generando mejores ganancias de productividad.

    Basándose en esa convicción, Greenspan solía mantener las tasas de interés más bajas de lo que los modelos económicos tradicionales sugerían que debían estar. Como resultado, pudo permitir que la economía siguiera expandiéndose a un ritmo acelerado incluso cuando el desempleo descendía a niveles que generaciones anteriores de banqueros centrales habrían considerado señales de alerta de inflación y motivo para subir las tasas.

    Durante gran parte de su mandato como presidente de la Fed, sobre todo a finales de la década de 1990, Greenspan parecía tener razón. Sus políticas ayudaron a crear condiciones en las que los aumentos de precios eran insignificantes, la economía generaba millones de nuevos empleos, las empresas podían financiarse a tasas atractivas y el mercado bursátil estaba en auge.

    Sin embargo, las ganancias en productividad empezaron a menguar tras el cambio de siglo. Y aunque la política monetaria de Greenspan parecía haber vencido de forma notable al ciclo económico, tanto él como la Fed se enfrentaron a lo que resultaron ser fuerzas problemáticas y, en última instancia, disruptivas que no lograron comprender del todo, y mucho menos controlar.

    La venganza del riesgo

    El entorno de crédito barato en Estados Unidos coincidió con otros dos fenómenos. El primero fue la percepción entre los inversionistas de que la Reserva Federal de Greenspan siempre intervendría para contener los daños de las crisis financieras, limitando su riesgo y, posiblemente, fomentando la complacencia.

    El otro fue la aparición de una enorme reserva de ahorro global, generada en gran medida por el rápido crecimiento de China y otros países en desarrollo. Ese capital atravesaba fronteras en busca de oportunidades de inversión rentables, lo que a menudo hacía bajar las tasas de interés a largo plazo, como las de las hipotecas. Pero podía ser voluble, y se iba de nuevo cuando surgían problemas o se presentaban oportunidades en otros lugares.

    Al contribuir a impulsar primero el mercado bursátil y luego el inmobiliario en Estados Unidos, ese fondo de ahorro global hizo que muchos hogares fueran más ricos que nunca, al menos en el papel. También ayudó a elevar los precios de los activos hasta niveles que resultaron insostenibles tanto en Estados Unidos como en otros lugares, creando ciclos de auge y caída.

    Greenspan llevaba mucho tiempo interesado en la interacción entre la economía y los precios de los activos: acciones, bonos y viviendas. En 1996 provocó un revuelo financiero simplemente al plantear públicamente si la “exuberancia irracional” estaba creando burbujas.

    Se mostró reacio a intervenir para evitar o pinchar las burbujas cuando aparecieron durante su mandato, aunque en privado le preocupaba el problema. Greenspan solía decir en público que era prácticamente imposible evitar o desinflar las burbujas sin dañar la economía; en parte, según él, porque es difícil identificar una burbuja hasta que estalla.

    “No es para nada obvio”, dijo Greenspan en 2004, “que las burbujas, incluso si se identifican a tiempo, puedan evitarse a un costo menor que el de una contracción económica sustancial y una posible desestabilización financiera, precisamente los resultados que estaríamos intentando evitar”.

    El riesgo que representaban las burbujas se vio amplificado por el rápido crecimiento de instrumentos financieros nuevos y arriesgados. Aunque a Greenspan le preocupaba especialmente el mercado inmobiliario –intentó durante años, frente a la oposición bipartidista del Congreso, poner freno a Fannie Mae y Freddie Mac, las empresas autorizadas por el gobierno que impulsaron la titulización de hipotecas–, en general fue uno de los principales defensores de que los mercados financieros se autorregularan en la mayor medida posible.

    Su postura era que el mercado podía poner al descubierto y castigar los comportamientos de riesgo de forma mucho más eficaz que las regulaciones impuestas por los funcionarios del gobierno. Sus opiniones influyeron, entre otros, en altos cargos del gobierno de Clinton, que a menudo se ponían de su lado en los debates sobre la regulación financiera.

    La filosofía general de Greenspan, y su influencia, sobrevivieron al estallido de la burbuja de las acciones tecnológicas en 2000, que presagiaba el fin de lo que por entonces era la expansión económica más larga de la historia: 10 años, de 1991 a 2001.

    La economía se recuperó en menos de un año, a pesar del impacto financiero y psicológico de los atentados del 11 de septiembre. Greenspan hizo caso omiso de las advertencias de que el mercado inmobiliario se estaba convirtiendo en una burbuja durante la primera década del nuevo siglo y siguió manteniendo las tasas de interés en niveles relativamente bajos.

    Para cuando el mercado hipotecario comenzó a colapsar en 2007, desencadenando la crisis generalizada que condujo a la peor recesión desde la década de 1930, Greenspan ya había dejado el cargo. Enfrentó intensas críticas de que había fallado en su papel como regulador financiero y de que su política monetaria laxa había salido mal, destruyendo gran parte de la riqueza que había contribuido a crear.

    Una de las críticas más mordaces vino de John Taylor, de la Universidad de Stanford, uno de los economistas monetarios más destacados y creador de un enfoque ampliamente aceptado para determinar el nivel adecuado de las tasas de interés oficiales. En un artículo publicado en The Wall Street Journal a principios de 2009, Taylor atribuyó la culpa de la burbuja inmobiliaria directamente, si no exclusivamente, a la Fed de Greenspan, afirmando que había mantenido las tasas de interés demasiado bajas durante demasiado tiempo.

    “La Fed mantuvo su tasa de interés objetivo, sobre todo entre 2003 y 2005, muy por debajo de las directrices monetarias establecidas que indican en qué debe basarse una buena política según la experiencia histórica”, escribió Taylor. “Mantener las tasas de interés en la trayectoria que funcionó bien en las últimas dos décadas, en lugar de mantenerlas tan bajas, habría evitado el auge y la caída”.

    Ante ese tipo de críticas, Greenspan dedicó gran parte de su tiempo, tras dejar el cargo en febrero de 2006, a defender su legado. Conocido en el apogeo de su poder por términos como “maestro” y “oráculo”, confesó a finales de 2008 estar “en un estado de incredulidad y conmoción” ante el fracaso de las fuerzas del mercado a la hora de evitar la calamidad económica. Reconoció que su convicción de que los mercados estaban guiados por agentes racionales se había visto sacudida.

    Más aún que su manejo de la política de tasas de interés, su enfoque de laissez-faire en la regulación de mercados financieros cada vez más complejos e interconectados lo expuso a cuestionamientos posteriores.

    Los derivados y los mercados

    Las críticas se centraron especialmente en su actitud hacia los derivados. Estos instrumentos financieros, que permiten a las empresas y a los inversores diversificar el riesgo, fueron posteriormente culpados de propagar y acelerar las crisis financieras que sacudieron la economía en 2007 y 2008.

    Greenspan desempeñó un papel clave a finales de la década de 1990 al frenar los esfuerzos por regular con mayor rigor los derivados. En aquellos años era aliado cercano de la mayoría de los miembros del equipo económico de Clinton, incluidos el secretario del Tesoro, Robert Rubin, y Lawrence Summers, adjunto y sucesor de Rubin. (A los tres se les apodó “El comité para salvar el mundo” en una portada de la revista Time en 1999, tras hacer frente a una sucesión de crisis financieras).

    Junto a ellos, Greenspan trabajó para bloquear una propuesta presentada en 1998 por Brooksley Born, jefa de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas, que pedía mayor transparencia en el comercio de derivados y más colchones contra pérdidas.

    Greenspan y sus aliados sostuvieron que la regulación propuesta podría desestabilizar los mercados. A lo largo del debate, Greenspan argumentó que los mercados financieros, y las propias firmas de inversión, harían un mejor trabajo controlando el riesgo excesivo que el que el gobierno podría hacer jamás.

    Los riesgos de que instrumentos financieros como los derivados pudieran provocar pérdidas enormes en todo el sistema financiero ya se conocían bien incluso en aquel momento. La Fed estuvo profundamente involucrada en los esfuerzos del verano de 1998 para evitar que la quiebra de una firma llamada Long-Term Capital Management arrastrara a gran parte de Wall Street, cuando su uso de derivados y otros instrumentos sofisticados salió mal.

    No obstante, el colapso financiero de 2008 hizo poco por alterar su opinión de que los mercados son mejores que los gobiernos a la hora de regular el riesgo, a pesar del daño causado a economías enteras cuando los mercados fallaron.

    “Me parece innecesario restringir la negociación de algunos de los derivados más recientes y otros productos financieros innovadores de la última década”, escribió en una posdata a una versión actualizada de su autobiografía en 2008. “Los peores han fracasado; los inversores ya no los financian y es poco probable que lo hagan en el futuro”.

    De Juilliard a Ayn Rand

    Alan Greenspan nació el 6 de marzo de 1926 en la ciudad de Nueva York. Fue el único hijo de Herbert y Rose (Goldsmith) Greenspan. Sus padres se divorciaron cuando él tenía 5 años, y su madre lo crió en el barrio de Washington Heights, en Manhattan.

    Con el apoyo entusiasta de su madre, a quien le gustaba cantar, bailar y tocar el piano, se convirtió en un músico consumado durante su adolescencia. Tras graduarse de la escuela secundaria George Washington, ingresó a la Juilliard School y pasó varios años tocando el saxofón en una banda de swing.

    Durante las presentaciones de la banda, Greenspan aprovechaba los descansos para leer libros que había tomado prestados de la biblioteca. “Y un día saqué un libro sobre negocios, finanzas o algo relacionado con la bolsa”, dijo en una entrevista de 1989 con The New York Times Magazine, “y me pareció realmente fascinante”.

    Reconociendo que la economía podría resultar un campo más fructífero para él que la música, Greenspan dejó Juilliard e ingresó a la Universidad de Nueva York, donde obtuvo una licenciatura en 1948 y una maestría en 1950, ambas en economía. Empezó a cursar su doctorado en la Universidad de Columbia, donde estudió bajo la tutela de Arthur Burns, quien más tarde se convertiría en presidente de la Reserva Federal. Greenspan acabó obteniendo el doctorado en la Universidad de Nueva York en 1977.

    Greenspan se casó en 1952 con Joan Mitchell (más tarde Joan Mitchell Blumenthal), pintora y escritora; el matrimonio terminó al cabo de un año.

    Su especialidad era la previsión económica, basada más en el estudio intensivo de estadísticas complejas que en grandes teorías. Mientras construía su reputación profesional durante la década de 1950, Greenspan también desarrollaba una filosofía de libre mercado intensa, fuertemente influida por Rand, cuyas novelas defendían un capitalismo de laissez-faire basado en un “egoísmo racional”, es decir, la idea de que la sociedad funciona mejor cuando los individuos persiguen su propio interés.

    A través de su primera esposa, Greenspan conoció a Rand en 1952 y pronto pasó a formar parte de su círculo más cercano, donde pasaba horas debatiendo sobre las relaciones entre las personas, los gobiernos y los mercados. Greenspan, que había alcanzado la mayoría de edad durante el apogeo de la teoría keynesiana –que llegó a justificar la idea de un papel activo del gobierno en la economía, incluido el uso del gasto público para estimular el crecimiento y redistribuir rápidamente la riqueza–, vio cómo sus supuestos eran objeto de un ataque intelectual sostenido por parte de Rand.

    Con el tiempo, dijo Greenspan, Rand le enseñó que el capitalismo no solo era eficiente y práctico, sino también moral.

    “Lo que ella hizo por mí, que fue una experiencia extraordinaria, fue demostrarme –es decir, acorralándome sin piedad– que las posturas que yo defendía eran erróneas, fundamentalmente contradictorias”, dijo Greenspan en la entrevista de 1989 con Times Magazine. “Quedé realmente fascinado y, con los años, a medida que la conocí mejor y leí sus textos y conversé con ella, tuvo un efecto parecido al de un profesor universitario favorito”.

    En el bando republicano

    Greenspan se metió en política por primera vez en 1967, cuando se incorporó como asesor de la campaña presidencial de Nixon, una experiencia que lo expuso a las concesiones entre el principio ideológico y la victoria electoral. En 1974, poco antes de que Nixon renunciara por el escándalo de Watergate, Greenspan fue nombrado presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, cargo que asumió justo después de que Ford llegara a la presidencia, un período en el que el país enfrentaba no solo el impacto político de Watergate, sino también el impacto económico de los precios del petróleo en alza y la inflación galopante.

    Tras la derrota de Ford frente a Jimmy Carter en 1976, Greenspan siguió activo en la política republicana. En la convención republicana de 1980, desempeñó un papel clave en la negociación de un acuerdo que finalmente fracasó y que habría convertido a Ford en candidato a la vicepresidencia en la fórmula republicana junto a Reagan, como parte de un esquema de reparto del poder.

    Tras la elección de Reagan como presidente, a Greenspan se le encomendó la delicada tarea de encabezar una comisión para evitar que el sistema de Seguro Social se quedara sin fondos. En 1983, la comisión recomendó una combinación de recortes en las prestaciones y aumentos de impuestos. Dado el peligro real de que el Seguro Social pronto fuera incapaz de cumplir sus obligaciones, la mayoría de las recomendaciones fueron adoptadas por el Congreso, y la reputación de Greenspan en Washington se disparó.

    En los años siguientes, Greenspan fue una presencia habitual en Washington, asesorando al gobierno de Reagan, testificando ante el Congreso y formando parte de diversas comisiones.

    Ya en 1986 se especulaba en Washington y en Wall Street que Greenspan sucedería a Volcker como presidente de la Fed en caso de que este no fuera nominado para un tercer mandato de cuatro años en 1987. Cuando Volcker, cuya rigurosa estrategia antiinflacionaria provocó dos recesiones pero logró, en gran medida, romper un patrón de precios en espiral, decidió retirarse, el gobierno de Reagan consideró a Greenspan la elección obvia.

    El 3 de agosto de 1987, el Senado aprobó el nombramiento de Greenspan por 91 votos a favor y 2 en contra, y ocho días después tomó posesión como el decimotercer presidente de la Reserva Federal.

    La caída de 1987

    Greenspan asumió el cargo muy a la sombra de Volcker, y con mucha gente, tanto en Wall Street como en Washington, preguntándose si estaría a la altura del puesto. Su primera prueba llegó rápidamente, cuando la bolsa se desplomó el lunes 19 de octubre de 1987, cayendo 508 puntos, o un 22,6 por ciento, una caída incluso mayor que la del Viernes Negro de 1929.

    Hasta ese momento, la pregunta era si Greenspan mostraría la misma firmeza en la lucha contra la inflación que había demostrado Volcker; y, sobre todo, si sería capaz de resistir la presión de una Casa Blanca republicana para mantener la economía en marcha de cara a las elecciones de 1988.

    La caída del mercado obligó a Greenspan a pasar, al menos temporalmente, de una política monetaria restrictiva a una flexibilización abrupta. Inundó el sistema financiero con dinero, lubricándolo y evitando quiebras de corredurías y bancos. La economía finalmente no sufrió daños duraderos.

    Este episodio le valió a Greenspan un nuevo respeto. Durante los años siguientes, fue adquiriendo poco a poco dentro de la Fed el mismo tipo de influencia que Volcker había tenido en el apogeo de su poder a principios de la década de 1980, y los demás gobernadores de la Fed y los presidentes de los bancos de la Reserva Federal se mostraban reticentes a desafiar su autoridad o cuestionar su criterio.

    A finales de la década de 1990, Greenspan había logrado lo que la mayoría de los economistas consideraban estabilidad de precios: aumentos del Índice de Precios al Consumidor por debajo del 2 por ciento y un cambio psicológico entre empresas y consumidores, que ya no tenían en cuenta las expectativas inflacionarias en su planificación y se beneficiaron de la caída posterior de las tasas de interés a largo plazo.

    En cierta medida, la desaparición de la inflación se debió a la confluencia de factores favorables.

    Durante gran parte de la década de 1990, el dólar se mantuvo fuerte, lo que contenía el costo de las importaciones. La llegada de la atención médica gestionada ayudó a controlar los costos descontrolados de la atención médica. La debilidad económica en gran parte del resto del mundo mantuvo bajos los precios de las materias primas, especialmente del petróleo. Las enormes inversiones en tecnología estaban dando sus frutos en forma de mejores tasas de crecimiento de la productividad, quizás el indicador más importante del potencial de una economía para una expansión sostenible.

    Los economistas también le dieron a Greenspan un crédito considerable. Diseñó una serie de aumentos de tasas desde 1994 que buscaban sofocar las presiones inflacionarias antes de que pudieran arraigarse, y, de hecho, antes de que estuviera completamente claro que la inflación era un peligro.

    Su estrategia preventiva enfureció a muchos liberales, que creían que sacrificaba el crecimiento del empleo y de los salarios en una lucha contra un enemigo ilusorio. Al dejar claro que no toleraría la inflación, Greenspan convenció a todos los principales actores de la economía –Wall Street, los sindicatos, los productores, los minoristas– de que ya no tenían por qué dar por hecho que los salarios y los precios subirían.

    Así, los ajustes por costo de vida en los contratos sindicales disminuyeron. Los productores dejaron de intentar imponer aumentos de precios. Los inversores exigieron una menor “prima de inflación”. Lo más importante, concluyó Greenspan, es que el cambio en la mentalidad inflacionista le dio más margen para mantener bajas las tasas de interés oficiales mientras la economía vivía un auge en la segunda mitad de la década de 1990.

    Con la inflación en gran medida bajo control, Greenspan, a partir de mediados de la década de 1990, enfrentó cada vez más desafíos derivados de un sistema financiero global cada vez más complejo.

    En el extranjero, hubo crisis en México, en las economías emergentes asiáticas y en Rusia que, en distintos momentos, amenazaron no solo a los inversores y a las instituciones financieras, sino también al sustento de los trabajadores estadounidenses, que vieron cómo sus empleos y ahorros se veían afectados por decisiones políticas tomadas en capitales y salas de juntas lejanas.

    Dentro de la Fed, había debates sobre la deflación, un declive crónico de precios y salarios que parecía haber azotado al antaño poderoso Japón.

    Con la economía nacional en pleno auge, Greenspan optó por eludir las preocupaciones sobre los peligros de un sistema financiero cada vez más complejo y los riesgos de que los precios de las acciones, y luego de la vivienda, pudieran colapsar y arrastrar a la economía con ellos.

    El estallido de una burbuja inmobiliaria, dijo Greenspan en 2003, cuando crecía la preocupación precisamente por tal resultado, era “muy improbable”.

    El 31 de enero de 2006, a los 79 años, Greenspan diseñó un pequeño aumento de las tasas de interés en una sesión de fijación de política de la Reserva Federal, su último acto en el cargo. Unas horas más tarde, el Senado confirmó a su sucesor, Ben Bernanke. Greenspan se marchó con un recuerdo –su silla de la enorme sala de juntas del banco central– y con lo que, en aquel momento, parecía ser la certeza de un legado seguro.

    Richard W. Stevenson, jefe del buró en Washington, lleva cuatro décadas como reportero y editor del Times.

  • Opinión: La razón secreta por la que los jefes quieren que todos vuelvan a la oficina

    Opinión: La razón secreta por la que los jefes quieren que todos vuelvan a la oficina

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    Cuando terminó la pandemia, mucha gente que había estado trabajando desde casa dio por hecho que se les permitiría mantener esa modalidad al menos unos días a la semana. Pero hoy en día, en Estados Unidos, un tercio de las empresas ha obligado a todo el mundo a volver a la oficina a tiempo completo y ha prohibido el trabajo remoto e híbrido.

    Algunos directivos dicen que insisten en el trabajo presencial a tiempo completo porque aumenta la productividad, a pesar de que hay pruebas claras de que no es así. Otros afirman que se trata de la colaboración, la creatividad o la cultura. Nuestra nueva investigación revela que la resistencia a cualquier tipo de trabajo remoto quizá se deba a algo totalmente distinto: el ego.

    En casos concretos, puede haber buenas razones para que los equipos trabajen juntos en persona. Sin embargo, por regla general, resulta que obligar a la gente a volver a la oficina a tiempo completo es una maniobra de poder y estatus. Es una estrategia característica de los líderes que muestran rasgos narcisistas. Ven cualquier tipo de trabajo a distancia como una amenaza para su autoridad y la admiración que les profesan. Quieren que los adoren en el altar de la oficina.

    Durante los últimos seis años, hemos estudiado por qué algunos líderes aún apoyan el trabajo remoto, mientras que otros se resisten a él. Encuestamos a miles de ejecutivos, mandos intermedios y supervisores de primera línea sobre una serie de rasgos de personalidad. Cuando más tarde les preguntamos por su postura respecto al trabajo híbrido y a distancia, sus respuestas no se correspondían con el grado de confianza que tenían en sus empleados ni con lo mucho que les gustaba estar rodeados de gente. El único rasgo que predecía de forma constante las objeciones al teletrabajo era el narcisismo: la tendencia a ser egocéntrico y a sentirse con derecho a todo. Cuanto más alta era la opinión que los líderes tenían de sí mismos, más ansiaban el poder y el estatus, y más a favor estaban de las órdenes de vuelta a la oficina.

    Ese patrón se mantuvo entre directores ejecutivos de las empresas de la lista Fortune 500. Como no podíamos medir directamente el tamaño de sus egos, evaluamos factores que muchos estudios anteriores han identificado como indicadores fiables del narcisismo: el tamaño de sus paquetes salariales, sus firmas y sus fotos en los informes de la empresa. (No, probablemente los directores ejecutivos no supervisen directamente el diseño de las páginas, pero sus subordinados tienen que averiguar qué le va a gustar al jefe y qué no). Exigir una remuneración desmesurada y proyectar una imagen fuera de proporción transmite un mensaje sacado directo del manual de Ron Burgundy: Soy alguien importante. Descubrimos que, cuanto más alta era la puntuación de los directores ejecutivos en este índice, más propensos eran a buscar poder y estatus, y se convertían en presidentes de sus propias empresas y formaban parte de los consejos de administración de otras. Estos fueron los directores ejecutivos que hicieron las declaraciones más negativas sobre el trabajo remoto y el híbrido durante los dos primeros años de la pandemia.

    La conexión entre los rasgos de personalidad narcisista y el deseo de que la gente trabaje en la oficina a tiempo completo no es una coincidencia, sino una relación causal. En un experimento, pedimos a líderes que reflexionaran sobre el papel que desempeñó un ego audaz y asertivo en el éxito de Steve Jobs como director ejecutivo de Apple y de Larry Ellison como director ejecutivo de Oracle. Después de participar en ese ejercicio, los líderes se mostraron más propensos a oponerse al trabajo remoto.

    Nada de esto quiere decir que los líderes que rechazan el trabajo a distancia sean necesariamente ególatras. Hay muchos factores que influyen en las políticas de flexibilidad en el trabajo. Pero nuestros datos sí muestran que, en general, a los líderes egocéntricos les cuesta aceptar que los empleados elijan por sí mismos dónde trabajar. Los psicólogos han señalado desde hace tiempo que el narcisismo es como una droga: hace que la gente ansíe un suministro constante de atención y reconocimiento. El teletrabajo priva a los líderes de ello.

    Cuando la gente no está en la oficina, es más difícil mandar y controlar. Los líderes no pueden intimidar al merodear por los cubículos ni dar portazos. No pueden imponer su dominio al convocar a la gente a una sala de reuniones y dar puñetazos en la mesa. Ni siquiera pueden establecer contacto visual directo para intimidar a la gente con la mirada.

    El trabajo remoto también impide que los líderes se deleiten con la reverencia de los empleados. En lugar de destacar en la oficina principal, los líderes se pierden en un mar de cuadraditos iguales en una pantalla. En lugar de una atención absorta, en línea se encuentran con aburrimiento, cansancio e interrupciones de parejas, hijos y mascotas. En lugar de recibir una lluvia de gratificación inmediata, se topan con expresiones faciales entrecortadas y respuestas tardías. Las palabras de ánimo aduladoras de los empleados simplemente no surten el mismo efecto si se dicen por Slack.

    Los líderes egocéntricos suelen responder a estas amenazas endureciendo su control. Afirman que la gente holgazanea desde casa en lugar de trabajar desde ahí. Amenazan con despedir a quienes no estén en la oficina cinco días a la semana.

    Hay pruebas contundentes de que obligar a la gente a acudir a la oficina todos los días es contraproducente. Estudios realizados en más de 450 empresas y con más de tres millones de empleados lo muestran: las órdenes de regresar a la oficina no aumentan los beneficios económicos. Solo consiguen motivar a los mejores empleados a renunciar, reducir la satisfacción de los que se quedan y disuadir a nuevos talentos de incorporarse. Los experimentos en empresas tecnológicas y organizaciones sin ánimo de lucro demuestran que dejar que la gente trabaje desde casa parte de la semana aumenta la felicidad y reduce la rotación de personal en un tercio, sin que haya costo para el rendimiento. En muchos casos, esos empleados incluso rinden más, porque no tienen que perder tiempo en desplazamientos y no se distraen con las interrupciones de la oficina.

    Los beneficios de las políticas de oficina flexibles tienen sus límites. Las investigaciones sugieren que trabajar desde casa más de la mitad de la semana puede generar aislamiento: es más difícil crear vínculos y fomentar la cultura de equipo. También resulta más complicado fomentar los encuentros creativos, el aprendizaje informal y la tutoría. Pero no hacen falta cinco días a la semana para lograr estos objetivos. De hecho, resulta que la gente es más colaborativa y creativa cuando trabaja a distancia parte de la semana. Pueden aprovechar uno o dos días en casa para centrarse en el trabajo individual en profundidad y reservar el resto de la semana para la comunicación y la resolución de problemas en colectivo. Está bien documentado que pasar demasiado tiempo juntos fomenta el pensamiento de grupo (por no hablar de los gérmenes). Cuando pasamos algo de tiempo separados, en realidad generamos ideas más innovadoras y tomamos decisiones más acertadas.

    El trabajo híbrido plantea sus propios retos para los líderes. No es divertido intentar motivar a través de un video grabado o dirigir una sesión de lluvia de ideas en una pizarra digital. Pero para mantener una ventaja competitiva en un mundo cada vez más flexible, es hora de que los líderes dejen a un lado sus egos y dominen el arte de gestionar a distancia. Las pruebas respaldan unas cuantas pautas básicas.

    Uno: la coordinación es clave. Los equipos necesitan días fijos en los que todos estén presentes, sobre todo para dar la bienvenida a los recién llegados y orientar a los más jóvenes. En Microsoft, los nuevos empleados que pasaban al menos un par de días al mes con su jefe y sus equipos estaban más satisfechos con sus primeras experiencias, lo que a su vez significaba que tenían más probabilidades de quedarse durante el siguiente año y medio.

    Dos: la intensidad vence a la frecuencia. La empresa de software Atlassian ha descubierto que pasar unos días con tu equipo en una reunión trimestral bien organizada contribuye más a la conexión y al sentido de pertenencia que los desplazamientos diarios a la oficina.

    Tercero: el trabajo híbrido no es una solución única para todos. Cada trabajo requiere una cantidad diferente de tiempo presencial. Lo mismo ocurre con las personas; por ejemplo, la flexibilidad resulta especialmente importante para atraer y retener a las mujeres. Y necesitas reunirte más a menudo si tu plantilla funciona como un equipo de baloncesto que se pasa el balón de un lado a otro, en lugar de como un equipo de gimnasia cuyos miembros realizan sus propias pruebas individuales. (Esto explica por qué a los equipos que trabajan totalmente a distancia les cuesta patentar nuevas tecnologías, pero las personas que examinan las solicitudes de patente son más productivas cuando pueden trabajar desde donde quieran).

    Cuarto: a la mayoría de la gente le importa más cuándo trabaja que dónde. Si pueden elegir el horario, están más dispuestos a dejar que los jefes elijan el lugar.

    Las políticas de la organización no deberían ser proyectos de vanidad. La responsabilidad de los líderes no es amoldar el mundo a sus necesidades, sino adaptarse a las necesidades del mundo, aunque eso signifique aprender a vivir sin la emoción de un público en directo.

    Adam Grant, colaborador de la sección de Opinión, es psicólogo organizacional en la Facultad Wharton de la Universidad de Pensilvania. Es autor de Think Again y presentador del pódcast de TED Re:Thinking. Marissa Shandell es doctoranda en Wharton y estudia las fuerzas que impulsan a las personas a dar lo mejor de sí mismas en el trabajo; además, es la autora de @researchdoodles en Instagram. Courtney Elliott es doctoranda en Wharton y estudia cómo el trabajo remoto, las redes sociales y la tecnología influyen en las relaciones laborales.

  • Keir Starmer renuncia como primer ministro del Reino Unido. ¿Qué sigue ahora?

    Keir Starmer renuncia como primer ministro del Reino Unido. ¿Qué sigue ahora?

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    Su salida allana el camino para que Andy Burnham, un popular exalcalde del Partido Laborista, se convierta en el séptimo primer ministro del país en una década.

    Intentó con desesperación evitar este momento por meses.

    Pero el lunes, Keir Starmer anunció finalmente su dimisión como primer ministro del Reino Unido, con lo que cede ante una sublevación que llevaba tiempo gestándose en su Partido Laborista. Es muy probable que esta decisión allane el camino para que Andy Burnham, un popular exalcalde, se convierta en el próximo líder del país.

    Starmer, quien el viernes había prometido que “no me iré” del cargo, dijo que solo permanecería en el puesto hasta que se eligiera a un nuevo líder del partido. Su decisión de marcharse dará paso al séptimo primer ministro del Reino Unido en una década, prolongando así el periodo de convulsión política que vive el país desde que se votó a favor de salir de la Unión Europea en 2016.

    “Todas las decisiones que he tomado han sido pensando primero en el país que amo. Por eso voy a renunciar como líder del Partido Laborista”, dijo Starmer frente al número 10 de Downing Street. Se le quebró la voz de la emoción al agradecer a su esposa, Victoria, por ser “un pilar a mi lado”.

    Su salida marcará un hito amargo para un partido que protagonizó un resurgimiento notable en 2024 después de casi una década y media en el ostracismo político. Con Starmer al frente del Partido Laborista, el partido obtuvo una amplia mayoría parlamentaria y concluyó con 14 años de gobierno del Partido Conservador y a su impopular agenda de austeridad fiscal.

    Pero, en lo que fue una señal inquietante para Starmer en ese momento, su Partido Laborista obtuvo un porcentaje de voto del 34 por ciento, el más bajo de la historia, en esas elecciones generales, lo que llevó a muchos analistas a calificar el triunfo como una “victoria aplastante sin cariño“, lo que hizo que su posición fuera intrínsecamente frágil desde el principio.

    Durante su mandato, Starmer aumentó el gasto militar, incrementó la inversión en el Servicio Nacional de Salud y redujo la migración ilegal. Pero subió algunos impuestos para financiar el gasto público y fue vacilante en cuanto a los cambios en las prestaciones sociales y los subsidios a la calefacción doméstica. Su mandato se caracterizó cada vez más por un declive político, lo que lo hizo parecer débil, indeciso y sin control sobre su propio partido.

    Su reputación resultó aún más dañada este año por las revelaciones sobre su decisión de nombrar a Peter Mandelson embajador en Estados Unidos, a pesar de los vínculos de Mandelson con el delincuente sexual condenado Jeffrey Epstein. Las devastadoras derrotas del Partido Laborista en las elecciones municipales de mayo fueron la gota que derramó el vaso para muchos en el partido.

    A la espera entre bastidores estaba Burnham, quien apenas había ocultado su ambición de sustituir a Starmer por casi todo un año. Pero no fue hasta el mes pasado cuando se abrió claramente el camino hacia Downing Street, cuando el diputado laborista por Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, Josh Simons, dijo que renunciaría con el único propósito de permitir que Burnham entrara en el Parlamento y se enfrentara a Starmer.

    La victoria de Burnham la semana pasada en esas elecciones especiales dio un nuevo impulso a su candidatura para convertirse en primer ministro. Su posición en el partido se reforzó por su triunfo contundente frente al candidato de Reform UK, el partido populista de derecha liderado por Nigel Farage, que lleva más de un año liderando las encuestas.

    Burnham dijo el lunes en las redes sociales que intentaría de manera formal sustituir a Starmer, y calificó la próxima transición de poder como “un proceso positivo de renovación para nuestro partido y nuestro país”. Poco después, recibió el apoyo de Wes Streeting, exsecretario de Salud y otro posible rival en la contienda por el liderazgo del Partido Laborista, lo que significa que el partido probablemente evitará un enfrentamiento encarnizado.

    “Podríamos pasarnos el verano exagerando pequeñas diferencias, o podemos arremangarnos y ayudarle a llevar a cabo el cambio que nuestro partido y nuestro país necesitan”, escribió Streeting en un comunicado, refiriéndose a Burnham.

    Burnham viajó el lunes en tren desde Mánchester a Londres, donde le dieron tratamiento de celebridad: equipos de televisión en helicópteros grabaron su llegada. Su ceremonia oficial de toma de posesión como diputado por Makerfield fue el broche final a un mes extraordinario de hábiles maniobras políticas que parece que van a culminar con su ascenso al cargo de primer ministro.

    “La gente quiere ver avances en el crecimiento económico, el costo de la vida, los servicios públicos, la vivienda y las oportunidades para la próxima generación”, escribió Burnham el lunes en las redes sociales.

    No quedó claro de inmediato cuándo Starmer podría dejar el cargo. Dijo que el plazo para presentar candidaturas oficiales para sustituirlo se abriría el 9 de julio y se cerraría cuando el Parlamento entrara en el receso de verano, normalmente una o dos semanas después. Para septiembre se elegiría entonces a un nuevo líder laborista, que se convertiría en primer ministro. Pero si Burnham es el único candidato, podría asumir el cargo tan pronto como julio.

    Muchos miembros del Partido Laborista tienen la esperanza de que Burnham sea el nuevo comienzo que el partido necesita, lo que le permitiría revertir algunos de los bajos índices de popularidad que han lastrado a Starmer. Durante su breve campaña, Burnham habló reiteradamente de la necesidad de un cambio.

    En un discurso al día siguiente de su victoria, prometió bajar los costos del agua y la energía, recortar las tarifas ferroviarias, acabar con la economía del goteo y promover la reindustrialización, sobre todo en el norte de Inglaterra.

    Pero si Burnham asume el cargo de primer ministro, como se espera, heredará muchos de los mismos retos que a Starmer le resultaron tan difíciles de superar.

    La economía ha estado estancada en los últimos dos años, en parte debido a la guerra de Rusia en Ucrania y, más recientemente, a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Según los analistas, el Reino Unido sigue padeciendo las secuelas económicas del brexit. Eso, junto con una inflación persistente, ha obligado a tomar decisiones difíciles en materia de impuestos y gasto público que han molestado a muchos votantes británicos.

    El próximo primer ministro tendrá que decidir si acepta el presupuesto previsto por Starmer para el gasto militar durante los próximos tres años, que derivó en la dimisión del ministro de Defensa del país hace poco menos de dos semanas. Pero un aumento del gasto en las fuerzas armadas probablemente significaría recortes en los servicios públicos o un alza en los impuestos, o ambas cosas.

    Además, el líder del Partido Laborista británico tendrá que lidiar con la presencia constante de Reform y de un nuevo partido de extrema derecha, Restore Britain. Las encuestas sugieren que Starmer ha hecho poco por detener el auge de una ideología nativista y antiinmigrante en algunas partes del país, a pesar de que las cifras de migración han caído abruptamente en los últimos dos años.

    Burnham no es un político sin experiencia. Fue diputado durante una década en una etapa anterior de su carrera, llegó a ser ministro de Cultura y, más tarde, de Salud. Y como alcalde de Mánchester, volvió a poner el sistema de transporte de la zona bajo control público, aumentó la oferta de viviendas asequibles e impulsó un aumento de la inversión privada.

    Se ha comprometido a respetar las promesas electorales del Partido Laborista para 2024. Pero Burnham aún no ha detallado las prioridades concretas que intentaría si llega a ser primer ministro.

    [En la gráfica se ve el tiempo que sirvieron en el cargo los primeros ministros de los últimos años del Reino Unido. En rojo, se registra el tiempo antes de la renuncia y en amarillo, el tiempo que permanecieron en el puesto después de su renuncia].

    El lunes, muchos líderes del partido dijeron que era momento de centrarse en el legado de Starmer. David Lammy, el viceprimer ministro, lo describió como “un buen hombre: con principios, decente” y, tras el discurso de renuncia de Starmer, afirmó: “Esta mañana, en su dimisión, hemos visto el carácter de este hombre”.

    Starmer era una presencia usual en la escena internacional y un firme defensor de Ucrania en la guerra contra Rusia. Mark Carney, el primer ministro de Canadá, dijo en las redes sociales que “ha sido un privilegio trabajar junto a sir Keir Starmer mientras lideraba los esfuerzos internacionales para apoyar a Ucrania a través de la Coalición de los Dispuestos”.

    En sus primeros días en el cargo, Starmer se esforzó mucho por forjar una buena relación personal con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y apostó con acierto a que eso daría lugar a acuerdos comerciales beneficiosos.

    Pero esa relación se deterioró este año, cuando Starmer se negó a permitir que las fuerzas estadounidenses utilizaran las bases militares británicas para la guerra de Trump contra Irán. Starmer declaró con orgullo que no cedería en este asunto, incluso cuando el presidente lo acusó en las redes sociales de cobardía.

    Al final, Starmer pareció aceptar la realidad política que conlleva ser uno de los primeros ministros menos populares de la historia moderna del Reino Unido.

    “Haré todo lo que pueda para garantizar un traspaso de poderes ordenado”, dijo el lunes. “También daré a mi sucesor todo mi apoyo, sin reservas, sabiendo que heredará un Reino Unido mucho más fuerte y justo que el que yo heredé hace dos años”.

    Michael D. Shear es el corresponsal jefe en el Reino Unido de The New York Times, y se encarga de cubrir la política y la cultura británicas, así como la diplomacia en todo el mundo.

  • 5 alimentos que contienen fibra y proteína

    5 alimentos que contienen fibra y proteína

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    Ahora que la proteína se roba los reflectores, podría parecer que es el nutriente principal al que prestar atención cuando se trata de la buena salud. Pero, dicen los expertos en nutrición, la fibra también merece que le hagamos caso.

    Si bien la mayoría de estadounidenses ingieren suficiente proteína, no cumplen con lo recomendado en cuanto a fibra, es decir 25 gramos al día para las mujeres y 38 gramos para los hombres.

    Son pocos los alimentos que ofrecen ambos nutrientes, dijo Cheryl Anderson, profesora y decana de Salud Pública en la Universidad de California, San Diego. Los productos de origen animal, como la carne, el pollo y el pescado, son altos en proteína, pero a menudo no contienen fibra. Y los alimentos altos en fibra, como las frutas y verduras por lo general ofrecen poca proteína.

    Los alimentos ideales que contienen ambos nutrientes ofrecen un doble beneficio, dijo Anderson. No solo suelen ser saciantes y económicos, dijo, pero, además, con un solo bocado, ofrecen tanto las ventajas de las proteínas –como el mantenimiento muscular– como las de la fibra, entre ellas una mejor salud intestinal y un menor riesgo de padecer enfermedades crónicas.

    Cada día solo dispones de una cantidad limitada de calorías para consumir, dijo Penny Kris-Etherton, profesora emérita de Ciencias de la nutrición en la Universidad Estatal de Pensilvania. Por eso, incluir alimentos ricos en fibra y proteínas puede ayudarte a cubrir tus necesidades nutricionales sin sobrepasar tus objetivos calóricos.

    He aquí cinco grupos de alimentos que ofrecen ambas.

    Frijoles, lentejas y otras legumbres

    Las legumbres –que son semillas secas y comestibles de la familia de las leguminosas– incluyen garbanzos, lentejas, arvejas secas y frijoles secos, como los pintos, las rojas y los negros. Encabezan la lista por su contenido relativamente alto en proteínas y fibra.

    Una ración de media taza de lentejas cocidas, por ejemplo, tiene unos nueve gramos de proteína y ocho gramos de fibra. La misma cantidad de frijoles negros cocidos aporta unos 7,5 gramos de cada nutriente.

    Las investigaciones han revelado que las personas que comen legumbres con regularidad suelen tener un peso corporal saludable, una presión arterial más baja, niveles de colesterol más bajos y un menor riesgo de padecer enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2.

    Una gran revisión de literatura publicada en 2023 llegó incluso a concluir que, por cada 50 gramos adicionales de legumbres que la gente consumía al día, su riesgo de morir por cualquier causa durante los periodos de estudio se reducía en un 6 por ciento.

    Tofu, edamame y otros alimentos de soya

    La soya (como el edamame) y muchos productos elaborados a partir de ella (como el tofu, la leche de soya y el tempeh) son alimentos casi perfectos en cuanto a su valor nutricional, según Walter Willett, profesor de Epidemiología y Nutrición en la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard.

    Según él, contienen “cantidades generosas” de proteínas, además de grasas saludables, entre las que se incluyen los ácidos grasos omega-3 y omega-6, que son beneficiosos para el corazón.

    Una media taza de edamame sin cáscara aporta unos nueve gramos de proteína y cuatro gramos de fibra. El tofu crudo tiene unos 22 gramos de proteína y 3 gramos de fibra por ración de media taza.

    A diferencia de la leche de vaca, la leche de soya contiene fibra. Una taza de leche de soya, por ejemplo, aporta 1,5 gramos de fibra, además de sus ocho gramos de proteína.

    Frutos secos

    Los frutos secos son el alimento rico en fibra y proteínas favorito de Willett. Una ración de una onza de cacahuates o maní (unos 28 gramos), por ejemplo, aporta unos 7,5 gramos de proteína y 2,5 gramos de fibra. La misma cantidad de almendras contiene seis gramos de proteína y 3,5 gramos de fibra.

    El consumo de frutos secos se ha relacionado con numerosos beneficios para la salud, dijo Willett, entre ellos un peso corporal saludable y un menor riesgo de cáncer y enfermedades cardiovasculares.

    Los frutos secos contienen grasas beneficiosas, como las monoinsaturadas y poliinsaturadas, que ayudan a mejorar los niveles de colesterol y nos hacen sentir saciados; vitaminas y minerales, como las del grupo B, el magnesio y el potasio; y antioxidantes como la vitamina E.

    Semillas

    Aunque las semillas tienen beneficios para la salud similares a los de los frutos secos –sobre todo en lo que respecta a la salud cardíaca, dijo Willett–, ciertas semillas, como las de chía y las de linaza, suelen tener más fibra y ácidos grasos omega-3, que son buenos para el corazón.

    Las investigaciones sugieren que comer semillas con regularidad puede ayudar a mantener un peso saludable y un sistema inmunitario fuerte, además de proteger contra la inflamación, la diabetes tipo 2 y la hipertensión.

    Una ración de una onza de semillas de calabaza (unos 28 gramos) tiene unos 8,5 gramos de proteína y dos gramos de fibra; la misma cantidad de semillas de chía tiene casi cinco gramos de proteína y 10 gramos de fibra.

    Cereales integrales

    Un cereal se considera “integral” cuando contiene las tres partes del grano original: el salvado, el endospermo y el germen. Cereales como el farro, el arroz integral, la quinoa y la avena –así como los alimentos elaborados con harinas de grano entero, como el pan integral y las galletas saladasse consideran “cereales integrales”.

    Los cereales integrales se han relacionado con una amplia gama de beneficios para la salud, entre los que se incluyen una mejor salud intestinal y un menor riesgo de cáncer colorrectal, enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.

    La avena preparada con media taza de hojuelas de avena tiene unos seis gramos de proteína y cinco gramos de fibra. Una taza de quinoa cocida tiene unos ocho gramos de proteína y cinco gramos de fibra.

  • Cómo Starmer pasó de una victoria electoral aplastante a renunciar menos de dos años tras asumir como primer ministro de Reino Unido

    Cómo Starmer pasó de una victoria electoral aplastante a renunciar menos de dos años tras asumir como primer ministro de Reino Unido

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    El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, ha anunciado su dimisión como líder del Partido Laborista.

    Reuters
    El primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, dimitió como líder del Partido Laborista.

    Keir Starmer anunció su dimisión como líder del Partido Laborista, lo que marca el fin de su etapa como primer ministro de Reino Unido.

    En un discurso frente a su residencia de Downing Street, Starmer informó que permanecerá en el cargo hasta que su sucesor asuma el puesto.

    Su caída en desgracia ha sido dramática. Hace menos de dos años, celebraba una victoria aplastante en las elecciones generales y parecía destinado a dominar la política británica durante los siguientes años.

    Ahora, en lugar de inaugurar una “década de renovación nacional”, como había prometido, ha sido expulsado del poder por su propio partido.

    En un emotivo discurso de dimisión, Starmer dijo que dentro de su espacio político le habían preguntado si era “la persona más indicada para liderarnos en las próximas elecciones generales”.

    “He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta, y acepto esa respuesta de buena manera”, agregó.

    De la victoria a la dimisión

    La victoria electoral de Starmer en 2024 se vio favorecida por el enojo público contra el anterior gobierno conservador. Un malestar alimentada por las fiestas en Downing Street durante la pandemia y la turbulencia económica provocada por el “mini presupuesto” de la primera ministra conservadora Liz Truss.

    La estrategia de Starmer de presentar la estabilidad económica como la principal prioridad del Partido Laborista dio resultados.

    Su campaña electoral de 2024 se basó en un eslogan de una sola palabra: cambio. Y puso su propia imagen política –firme, competente y que encarna los más altos estándares morales– en un primer plano.

    Pero la victoria la alcanzó con un porcentaje históricamente bajo del voto nacional, y su popularidad entre el electorado se desplomó en cuestión de semanas, tras una serie de pasos en falso y cambios de rumbo en sus políticas.

    Starmer se había presentado como un líder sensato y pragmático que siempre actuaría en interés nacional: un hombre serio para tiempos serios.

    El líder laborista Keir Starmer celebra su victoria en las elecciones generales de 2024 con un discurso en la Tate Modern el 5 de julio de 2024 en Londres, Inglaterra.

    Getty Images
    Starmer logró una victoria aplastante en las elecciones de 2024.

    Pero al final, un creciente número de críticos entre sus propios diputados consideró que le faltaba una ideología clara y que, sencillamente, no era muy bueno en política. La queja más frecuente era que a Starmer le faltaba un propósito definido, que no sabía qué quería lograr con el poder.

    Starmer se incorporó tarde a la política, convirtiéndose en miembro del Parlamento a los 50 años tras una brillante carrera en el derecho.

    Sus oponentes afirmaban que carecía de las habilidades comunicativas necesarias para transmitir el mensaje del Partido Laborista. En una época en la que la autenticidad y la emoción dominan la política, el primer ministro podía parecer rígido e inexpresivo.

    Justo a su ministra de Hacienda, Rachel Reeves, pasaron sus primeros días en Downing Street advirtiendo que la magnitud de los problemas económicos que habían heredado de los conservadores era mucho mayor de lo que esperaban y que sería necesario subir los impuestos.

    Más tarde, Starmer admitió que aquello había sido un error y que deberían haber transmitido más esperanza a los votantes.

    El primer ministro británico, Keir Starmer, sale del número 10 de Downing Street para recibir al sultán de Omán en Londres el 6 de agosto de 2024.

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    Los críticos a Starmer sostienen que carece de habilidades comunicativas.

    Pero fue la decisión del gobierno, en julio de 2024, de suprimir los subsidios para combustible de invierno para 10 millones de pensionistas, lo que los encuestadores identificarían más tarde como el momento en que su popularidad comenzó a desplomarse.

    El año pasado dio un giro de 180 grados en esta política, momento en el que ya había establecido un patrón de revertir políticas que no habían sido bien recibidas por el público ni por sus propios diputados, cada vez más rebeldes.

    Apenas tres meses después de asumir el cargo de primer ministro, devolvió más de US$8.000 en regalos y atenciones que había recibido desde que se convirtió en primer ministro, incluidas entradas para ver a Taylor Swift.

    Si bien se ajustaban a las normas, las noticias sobre ministros que aceptaban obsequios por valor de miles de libras de donantes adinerados no fueron bien recibidas por la opinión pública.

    Una amistad improbable

    Aunque Starmer tuvo problemas en el ámbito interno, recibió elogios por su habilidad para desenvolverse en el ámbito internacional.

    Entabló una improbable amistad con el presidente estadounidense Donald Trump, además de desempeñar un papel destacado entre los países europeos en las negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania.

    Sin embargo, su enfoque en los asuntos internacionales y la frecuencia de sus viajes al extranjero también llevaron a los críticos a apodarlo “Keir, nunca presente aquí”.

    La relación especial entre Reino Unido y Estados Unidos se fue tensando cada vez más después de que Starmer se negara a involucrarse en la guerra con Irán, aunque las encuestas sugerían que la postura del primer ministro contaba con el respaldo de los votantes.

    El primer ministro británico, Keir Starmer, y el presidente estadounidense, Donald Trump, se dan la mano en una conferencia de prensa conjunta en el East Room de la Casa Blanca el 27 de febrero de 2025 en Washington, DC.

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    Starmer se reunió con Trump al cumplirse un mes del segundo mandato del republicano.

    En el ámbito nacional, Starmer se enfrentó a huelgas de médicos, mientras que el número de inmigrantes que llegaban a Reino Unido en pequeñas embarcaciones seguía aumentando.

    A pesar de haber hecho del crecimiento económico su máxima prioridad, este siguió siendo bajo y los efectos de las guerras en Ucrania e Irán intensificaron las presiones sobre el costo de vida que enfrenta el país.

    Este contexto tan complejo, así como los errores del gobierno, fueron aprovechados por el partido de derecha Reform UK, que superó al Partido Laborista en las encuestas en la primavera de 2025 y ha mantenido su ventaja desde entonces.

    El desastre de Mandelson

    Los rumores sobre el liderazgo de Starmer continuaron creciendo a medida que sus índices de popularidad alcanzaban mínimos históricos.

    En otoño, el gobierno se vio sacudido por el cese de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos debido a sus vínculos con el delincuente sexual Jeffrey Epstein, así como por la dimisión de la viceprimera ministra Angela Rayner por no pagar suficientes impuestos al comprar un piso.

    La polémica en torno al nombramiento de Mandelson se reavivó después de que la última tanda de documentos publicados por Estados Unidos como parte de los Archivos Epstein sacara a la luz nuevas pruebas sobre la profunda relación entre ambos.

    La indignación estalló cuando se supo que Mandelson había recibido la autorización de seguridad para el cargo, a pesar de las preocupaciones expresadas por los funcionarios encargados de la verificación de antecedentes.

    Aunque Starmer no fue informado de esto hasta abril, ello dio lugar a acusaciones de que había engañado al Parlamento cuando afirmó que se había seguido “el debido proceso” para el nombramiento del embajador.

    Esta saga también planteó nuevas dudas sobre el control que Starmer ejerce sobre el funcionamiento de Downing Street y sobre su criterio al nombrar a Mandelson en primer lugar.

    El primer ministro británico, Keir Starmer conversa con el embajador del Reino Unido en Estados Unidos, Peter Mandelson, durante una recepción de bienvenida en la residencia del embajador el 26 de febrero de 2025 en Washington D.C.

    Getty Images
    Starmer destituyó a Mandelson como embajador ante Estados Unidos.

    Aunque se mantuvo en el cargo durante varias semanas más, la autoridad del primer ministro se fue desvaneciendo. Algunas encuestas indicaban que era el primer ministro más impopular de la historia reciente.

    Ni a Starmer ni a su círculo íntimo les quedaba claro por qué era tan impopular entre los votantes.

    Jonathan Hinder, diputado laborista por Pendle y Clitheroe, declaró al Times: “La impresión que se obtiene al hablar con los votantes es que Keir, al mismo tiempo que no defiende nada, es increíblemente hipócrita. Su estilo encarna el procedimentalismo de recursos humanos que la gente no soporta en su lugar de trabajo”.

    Los resultados de las elecciones de mayo, en las que el Partido Laborista fue expulsado del poder en Gales, sufrió su peor resultado histórico en el Parlamento escocés y perdió casi 1.500 concejales en Inglaterra, fueron la gota que colmó el vaso para muchos de los diputados del partido.

    Más de 100 de ellos hicieron públicas sus peticiones para que dimitiera, y Wes Streeting renunció a su cargo como secretario de Salud, criticando la “deriva” del gobierno y su falta de “visión”.

    Un paso al costado

    Starmer se mantuvo firme, prometiendo medidas más contundentes y argumentando que el país estaba empezando a superar la crisis bajo su liderazgo, con la disminución de las listas de espera en el sistema de salud público, NHS, y la reducción de la migración legal y los cruces en pequeñas embarcaciones.

    Anunció planes para prohibir las redes sociales a los menores de 16 años, lo que se interpretó como un intento de asegurar un legado político, y sus partidarios señalaron iniciativas como la creación de más clubes de desayuno gratuitos en las escuelas como prueba de que el gobierno estaba abordando el problema del costo de la vida.

    Ante todo, advirtió sobre el peligro de sumir al país en el caos y la inestabilidad de una campaña por el liderazgo.

    Pero Streeting ya estaba haciendo campaña abiertamente para reemplazarlo. Un nuevo revés se produjo cuando su respetado secretario de Defensa, John Healey, dimitió en protesta por los planes de gasto.

    Sin embargo, fue el regreso de Andy Burnham al Parlamento de Westminster lo que supuso el golpe de gracia para el mandato de Starmer.

    Burnham, quien llevaba tiempo anhelando el puesto más alto de la política británica, se presentó a unas elecciones en Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, con el objetivo de volver a ser diputado para poder disputar el liderazgo del Partido Laborista.

    Su contundente victoria frente al candidato de Reform UK en una zona que acababa de votar por este partido en las elecciones locales fue vista por muchos diputados laboristas como prueba de que él era el hombre idóneo para liderar su partido en las próximas elecciones generales.

    En su discurso de dimisión, Starmer no mencionó a Burnham por su nombre y anunció que se abriría un proceso de selección para elegir al nuevo líder laborista. Queda por ver si surgen otros candidatos.

    De pie en el atril frente a la puerta de su residencia, dijo: “Recorrer esta calle hace dos años fue el momento de mayor orgullo de mi vida”.

    Prometió brindarle a su sucesor todo su apoyo, y solo al final de su discurso afloró la emoción que tan pocas veces se había visto durante su mandato.

    “Cuando deje el puesto más importante del país, dedicaré más tiempo al trabajo más importante: ser el mejor esposo posible para mi fantástica esposa, Vic, quien ha sido un pilar fundamental a mi lado en las buenas y en las malas, además de ser el mejor padre posible para mis hermosos hijos, que son mi orgullo y mi alegría.”

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    BBC

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  • Etan Patz: el trágico final del caso que se convirtió en símbolo de los niños desaparecidos en Estados Unidos

    Etan Patz: el trágico final del caso que se convirtió en símbolo de los niños desaparecidos en Estados Unidos

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    Un hombre sostiene un periódico en el que se ve una foto de Etan Patz y el titular en inglés "aún desaparecido"

    Reuters
    Etan Patz fue un niño que desapareció a los 6 años cuando iba camino a su escuela.

    El rostro de Etan Patz sonriendo y rodeado de su cabello liso obsesionó a los estadounidenses en la década de los 80.

    Y esto se debió al hecho de que fue uno de los primeros niños desaparecidos cuya foto fue colocada en los cartones de leche, en lo que para ese entonces era una novedosa manera de dar a conocer a nivel nacional casos de este tipo.

    Etan fue quizás el rostro que ayudó a lanzar el movimiento nacional para alertar sobre jóvenes desaparecidos.

    Su caso estremeció a millones de estadounidenses por las circunstancias en las que ocurrieron los hechos.

    Por primera vez sus padres permitían al niño de 6 años ir solo a la parada para que fuera recogido por el autobús escolar.

    Ocurrió en 1979, en el vecindario del barrio neoyorquino de Soho, cuando la zona era habitada por gente de clase media-baja.

    Etan Patz nunca abordó el autobús amarillo. Nadie lo vio. Jamás regresó a casa.

    Casi 5 décadas después de la desaparición, sus padres -Julie y Stanley Patz- viven el final del capítulo más terrible de sus vidas.

    Este lunes, la Corte Suprema de EE.UU. restableció la condena por asesinato dictada en 2017 contra un hombre por la desaparición de Etan.

    En un fallo de 6 votos a favor y 3 en contra, los magistrados accedieron a la petición del fiscal de distrito de Manhattan, Alvin Bragg, de revocar la decisión de un tribunal inferior que había anulado el veredicto del jurado según el cual Pedro Hernández —un exempleado de una tienda de delicatessen local— había secuestrado y asesinado a Patz.

    Culpable

    Hernández, del barrio Maple Shade, en Nueva Jersey, confesó en mayo de 2012 que había matado al pequeño.

    En febrero de 2017, después de deliberar durante nueve días, un jurado lo declaró culpable, y lo condenó a un mínimo de 25 años en prisión.

    Los abogados de defensa de Hernández aseguraron entonces que este era un hombre con trastornos psicológicos y que no podía diferenciar la realidad de la fantasía.

    La hija de Hernández declaró que su padre una vez habló sobre tener visiones de ángeles y demonios.

    Los fiscales, por su parte, sugirieron que Hernández simuló o exageró los síntomas de su supuesta enfermedad mental.

    Cuando fue arrestado en 2012, Hernández le dijo a la policía que engañó al niño ofreciéndole una bebida con el fin de estrangularlo hasta matarlo en el sótano de una bodega donde trabajaba, muy cerca de la parada de autobús.

    Luego -aseguró- introdujo su cuerpo en una bolsa y lo dejó tirado en un callejón lleno de desperdicios.

    El Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito, con sede en Manhattan, anuló la condena de Hernández en 2025, dictaminando que el juez de primera instancia había instruido incorrectamente al jurado y, por lo tanto, había influido en el veredicto en contra del acusado.

    Este lunes, la Corte Suprema dictaminó que la actuación del Segundo Circuito violó una ley federal de 1996 que limita la facultad de los tribunales federales para conceder amparo a los presos condenados en tribunales estatales.

    Un arrume de flores sobre el cual se apoya un periódico en el que se ve una foto de Etan

    Getty Images
    El caso de Etan inició un movimiento que transformó la respuesta de las autoridades cuando desaparece un niño.

    La pista que reveló todo

    A inicios de 2012, una nueva pista había reactivado el caso. La policía estuvo durante varios días rompiendo el piso de concreto de un sótano cerca de la parada de autobús a la que se dirigía Etan la mañana de su desaparición. Su cuerpo no fue hallado.

    Sin embargo, esta operación cubierta ampliamente por los medios de comunicación, hizo que alguien llamara al departamento de niños desaparecidos de la policía de Nueva York.

    La llamada telefónica llevó a las autoridades hasta Hernández, quien confesó.

    Según dijo en su momento el comisionado de la policía de Nueva York, Raymond W. Kelly, un familiar de Hernández fue el que hizo la llamada. En ella, les dijo a las autoridades que escuchó al presunto homicida decir una vez que él había matado a un niño en Manhattan.

    Una de las dificultades del juicio, fue probar que las afirmaciones de Hernández eran ciertas.

    “El hecho de que (Hernández) les haya contado eso a otros en el pasado y los detalles de lo que ha dicho en la confesión” hacen creíble la declaración, dijo Kelly a los periodistas en 2012.

    El cuerpo de Etan nunca ha sido recuperado.

    Un hombre sostiene un calendario con la cara de Etan (foto a blanco y negro).

    Getty Images
    Etan Patz desapareció en 1979.

    Símbolo

    El padre de Etan, Stanley Patz, se convirtió junto a su esposa en un activista en la causa de los niños desaparecidos.

    Muchas leyes para la protección de los niños se han aprobado a nivel nacional y local gracias a ese activismo.

    Por ejemplo, la llamada automática que los colegios hacen a los hogares cuando un niño no llega al salón de clases ha sido una de las tantas medidas que se han tomado para reaccionar a tiempo ante estos casos.

    La madre de Etan dijo en el momento de la desaparición que se enteró de que su hijo no había ido a la escuela ocho horas después, cuando no regresó a casa.

    En 1983 el presidente Ronald Reagan decidió declarar el 25 de mayo el Día Nacional de los Niños Desaparecidos en honor a Etan.

    *Esta nota se publicó originalmente en febrero de 2017 y fue actualizada con la noticia de la decisión de la Corte Suprema.

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    BBC

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  • ¿Reducir la inflamación podría tratar la depresión?

    ¿Reducir la inflamación podría tratar la depresión?

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    Alrededor del 25 por ciento de las personas con depresión presentan niveles elevados de proteínas inflamatorias en la sangre.

    La psiquiatría tiene una larga historia de tratar las enfermedades mentales con medicamentos que se desarrollaron para fines totalmente distintos.

    Fíjate en los medicamentos para la depresión: el primer antidepresivo se diseñó inicialmente para la tuberculosis. Uno de los tratamientos más recientes, la ketamina, empezó siendo un anestésico. Ahora, los científicos están investigando si los medicamentos antiinflamatorios podrían beneficiar a algunos pacientes. Un medicamento para la artritis reumatoide fue el tema central de un pequeño estudio publicado el mes pasado, que se basa en décadas de investigación sobre la relación entre la inflamación y la depresión.

    Aproximadamente el 25 por ciento de las personas con depresión tienen niveles elevados de proteínas inflamatorias en la sangre, y la inflamación parece aparecer antes que la depresión. En estudios en los que se administró a los participantes una sustancia para estimular la inflamación, estos experimentaron sentimientos de depresión y ansiedad poco después.

    Las personas con altos niveles de inflamación tienen menos probabilidades de beneficiarse de los antidepresivos tradicionales. “No creo que esto sea relevante para todas las personas con depresión”, dijo David Goldsmith, profesor asociado de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory. Pero la inflamación “puede ayudar a explicar por qué muchas personas no responden a los tratamientos de primera línea para la depresión, como los ISRS”, añadió.

    La inflamación también podría explicar la relación entre la depresión y ciertas afecciones físicas, como las enfermedades metabólicas o autoinmunes, dijo John Matthews, psiquiatra sénior del Instituto Benson-Henry de Medicina Mente-Cuerpo del Mass General Brigham. Lo mismo ocurre con los traumas infantiles o el estrés crónico, añadió. Aunque seguramente hay varios factores que contribuyen a aumentar el riesgo de depresión con estas experiencias, uno de ellos podría ser que aumentan la inflamación.

    Los expertos creen que la relación entre la depresión y la inflamación se debe a cómo las proteínas inflamatorias afectan al cerebro. Estas proteínas pueden provocar una disminución de los niveles de los neurotransmisores serotonina y dopamina, que son importantes para el estado de ánimo. También pueden alterar la actividad en algunas de las mismas áreas del cerebro que se ven afectadas por la depresión, incluidas las regiones que procesan la sensación de recompensa y la motivación.

    Las personas deprimidas con altos niveles de inflamación suelen presentar un subconjunto específico de síntomas, llamados síntomas somáticos, que reflejan algunos de estos cambios cerebrales. Entre ellos se incluyen la fatiga, la falta de apetito y los cambios en el sueño, así como una disminución de la motivación para buscar experiencias placenteras (lo que a veces se denomina anhedonia).

    “Hay ciertas características que diferencian a este grupo del resto de los casos de depresión”, dijo Golam Khandaker, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Bristol, en Inglaterra, y añadió que había empezado a llamar a este subgrupo “depresión inflamatoria”.

    En uno de los primeros estudios en los que se probó un medicamento antiinflamatorio para la depresión, a los participantes se les administró o bien un fármaco que se usa habitualmente para tratar la enfermedad de Crohn, o bien un placebo. Cuando los investigadores analizaron a los 60 pacientes en conjunto, el medicamento no dio mejores resultados que el placebo. Pero al limitar el análisis para incluir solo a los pacientes que presentaban los niveles iniciales más altos de inflamación, se observó una mayor mejoría en los síntomas de la depresión.

    Otros pocos estudios de menor envergadura han llegado a conclusiones similares: solo los participantes que presentaban signos de inflamación o antecedentes de trauma experimentaron beneficios significativos.

    El nuevo estudio, en el que se utilizó un medicamento para la artritis reumatoide, incluyó a 30 personas con depresión, todas ellas con altos niveles de inflamación. Los participantes que tomaron el medicamento experimentaron una pequeña reducción en sus puntuaciones en una evaluación de la depresión, sobre todo en las preguntas relacionadas con los síntomas somáticos. Pero el beneficio no fue estadísticamente significativo en comparación con las puntuaciones de quienes recibieron un placebo.

    Khandaker, que dirigió el ensayo, dijo que el estudio era una “prueba de concepto” y demasiado pequeño para obtener resultados significativos. En cambio, el objetivo era identificar qué síntomas de la depresión podrían responder al tratamiento y cuándo los pacientes podrían empezar a mejorar, con el fin de diseñar un futuro ensayo a mayor escala.

    A algunos científicos que trabajan en este tema les desconciertan los resultados contradictorios de los distintos estudios. “Es un panorama contradictorio y la verdad es que no sé muy bien a qué se debe”, dijo Michael Irwin, profesor de Psiquiatría y Ciencias Bioconductuales en la Facultad de Medicina David Geffen de la Universidad de California, Los Ángeles. Los estudios sobre el tratamiento “deberían funcionar”, añadió, “porque los datos experimentales que muestran que la inflamación es la causa de esta depresión son realmente bastante convincentes”.

    Goldsmith coincidió en que “existen pruebas” de que existe un subtipo inflamatorio de depresión. Pero añadió: “Creo que sigue siendo una incógnita cuál será, a la larga, el medicamento adecuado para combatir la inflamación”.

    Los expertos dijeron que era prematuro recetar medicamentos antiinflamatorios para la depresión. Pero algunos psiquiatras, entre ellos Khandaker, han empezado a analizar los niveles de proteínas inflamatorias en la sangre de los pacientes y a recomendar cambios en el estilo de vida, como hacer ejercicio y seguir una dieta, para ayudar a reducirlos.

    Puede que pase un tiempo antes de que la teoría de que la inflamación causa la depresión se generalice.

    Moira Rynn, catedrática de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, que no se especializa en investigación sobre psiquiatría inflamatoria, calificó la idea de “convincente”. Su clínica, que atiende a personas con depresión resistente al tratamiento, no suele tener en cuenta la inflamación a la hora de tratar a los pacientes, pero es algo que están barajando, dijo.

    “El reto”, añadió, “es que no está claro cómo tratarla, dado el estado actual de la información”.

    Dana G. Smith es una reportera del Times que cubre la salud personal, en particular el envejecimiento y la salud del cerebro.

  • El respaldo al jugador belga Jeremy Doku ante las críticas por irse temporalmente del Mundial para conocer a su recién nacido

    El respaldo al jugador belga Jeremy Doku ante las críticas por irse temporalmente del Mundial para conocer a su recién nacido

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    Jeremy Doku saluda a los seguidores vestido con la camiseta de Bélgica.

    Getty Images
    Jeremy Doku se incorporó al Manchester City procedente del Rennes en 2023.

    El extremo del Manchester City Jeremy Doku dejó claro que para él la familia es lo primero.

    El jugador fue padre este fin de semana y abandonó la concentración de Bélgica en el Mundial para estar presente en el nacimiento de su hijo.

    Doku viajó hasta Londres desde Estados Unidos tras ser informado poco antes del inicio del partido que enfrentó a su selección con Irán el domingo (0-0) en Los Ángeles que el nacimiento de su hijo era inminente, según informó un comunicado de la Real Asociación Belga de Fútbol.

    El jugador había sido descartado para el partido por una enfermedad respiratoria, pero recibió el permiso para viajar con un médico de la selección a acompañar a su mujer, Shireen, en el nacimiento de su hijo, Praise, “tras haber recibido una medicación ajustada durante varios días”.

    Pese a que se espera que el extremo regrese a la concentración belga este martes, su decisión de abandonarla para acudir al nacimiento de su hijo suscitó alguna crítica, a la que rápidamente han respondido numerosos mensajes de apoyo.

    La presentadora del canal de L’Equipe France Pierron lo criticó y dijo que un padre es “completamente inútil” en el nacimiento de su hijo, que describió como un momento “repugnante”.

    En un comunicado, L’Equipe pidió disculpas y afirmó que las declaraciones de Pierron están “muy alejadas” de sus valores.

    La presentadora también se disculpó, y medios franceses señalaron que no presentaría su programa el lunes.

    La reacción en el mundo del fútbol —y fuera de él— ha sido unánime.

    Jugadores, “como gladiadores en el Coliseo”

    Doku disputó 86 minutos en el empate 1-1 de Bélgica ante Egipto en su debut en el Grupo G, pero no participó en el empate 0-0 contra Irán debido a una enfermedad.

    En un principio el nacimiento estaba previsto para la segunda semana de julio, lo que habría implicado que Doku se pudiera perder los cuartos de final en caso de clasificación de Bélgica.

    “Si me preguntan qué quiero, mi respuesta es que nadie quiere perderse el nacimiento de su primer hijo”, le dijo Doku a Reuters sobre esa posibilidad, que ahora ya está descartada.

    El delantero de Inglaterra Ollie Watkins, que tiene dos hijos, apoyó a Doku.

    “Creo que alguien lo calificó de repugnante y, para empezar, no es forma de describir un nacimiento”, afirmó.

    “Vi por lo que tuvo que pasar mi esposa y fue relativamente sencillo, pero conozco familiares y amigos que no han tenido esa suerte”, añadió.

    “Dar la bienvenida a tu primer hijo al mundo es algo que solo ocurre una vez y es una bendición. Hay muchas ocasiones durante la temporada en las que estás lejos de la familia y los amigos, y es muy difícil, así que perderse eso sería duro y entiendo su punto de vista”.

    La Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA) de la Premier League, la liga inglesa, señaló que las exigencias que se imponen a los jugadores no deben hacerse a costa de “momentos familiares fundamentales”.

    “Aunque cada situación es diferente, creemos que se debe apoyar a los jugadores para que puedan equilibrar sus responsabilidades profesionales con acontecimientos importantes de su vida”, señaló un portavoz de la PFA.

    “Apoyar a los jugadores como personas, no solo como atletas, es una parte importante de crear un entorno profesional saludable”.

    El Instituto de la Paternidad, que promueve el papel activo de los hombres en el cuidado de sus hijos, también respaldó a Doku.

    “Esto me recuerda a los gladiadores en el Coliseo”, le dijo su director adjunto Jeremy Davies a BBC Sport.

    “Queremos que estos hombres sean figuras heroicas que existen para nuestro entretenimiento. Ganan mucho dinero, pero hay cosas que valen mucho más”.

    La regulación y los precedentes

    Las normas de la FIFA establecen que el permiso de maternidad para las futbolistas debe ser “un periodo mínimo de 14 semanas remuneradas”, de las cuales ocho deben disfrutarse después del parto.

    No existe una regulación específica sobre el permiso de paternidad, lo que obliga a los jugadores del fútbol masculino a gestionar sus responsabilidades por su cuenta.

    Un club llegó a tener un auto preparado fuera del estadio para un jugador cuya pareja estaba a punto de dar a luz, mientras que un entrenador de un equipo de la máxima categoría europea no viajó a un partido para acompañar a su esposa, que esperaba su segundo hijo.

    En lugar de estar en el banquillo, siguió el partido por televisión y transmitió instrucciones a su cuerpo técnico.

    “Llevaba un auricular conectado al banquillo y, diez minutos después de empezar el partido, ella comenzó con los dolores de parto”, explicó el entrenador, que ahora trabaja en la Championship.

    “Íbamos ganando 2-1 al descanso, pero el parto avanzaba. Llamé al hospital para decir que íbamos de camino, pero tuve que parar porque nos señalaron un penalti”, relató.

    “Marcamos, supe que habíamos ganado el partido y nos fuimos inmediatamente. Nuestra hija nació dos horas después.

    “Es menos habitual en los entrenadores porque suelen ser mayores, pero el fútbol no se detiene… hay que ganar el siguiente partido”, dijo.

    Doku no sería el primer jugador en anteponer el nacimiento de su hijo al fútbol.

    En 2018, Fabian Delph abandonó la concentración de Inglaterra en el Mundial de Rusia para regresar a Reino Unido y asistir al nacimiento de su hija.

    David Silva, por su parte, se perdió dos partidos del Manchester City tras el nacimiento prematuro de su hijo en 2018.

    Y el exguardameta del Manchester United David de Gea obtuvo un permiso prolongado durante la pandemia de covid, cuando su pareja Edurne dio a luz a su hija en 2021.

    Otros, sin embargo, no han podido estar presentes.

    Este mismo fin de semana, el defensa noruego Leo Østigård vio el nacimiento de su hijo por FaceTime mientras estaba concentrado con su selección en el Mundial.

    Rúben Neves vivió una situación similar en enero de 2021, al seguir el nacimiento de su tercer hijo en su teléfono desde el autobús del Wolverhampton tras una derrota por 1-0 ante el Crystal Palace.

    Su esposa había regresado a Portugal porque su médico se encontraba allí, pero los planes de Neves de reunirse con ella se vieron frustrados por las restricciones de viaje debidas a la pandemia.

    Las cosas realmente importantes

    Cuando Roy Keane era asistente del seleccionador de la República de Irlanda, bromeó diciendo que Robbie Keane debería estar disponible para jugar un partido contra Alemania tras el nacimiento de su hijo “a menos que esté dando el pecho”.

    El exentrenador del Brentford y del Tottenham Thomas Frank, que ahora comenta el Mundial para la BBC, ha gestionado situaciones similares.

    “El fútbol es lo más importante de las cosas que no son importantes, así que no lo es en un momento así”, opinó.

    “Ver a tu esposa o pareja dar a luz es una de las experiencias más importantes que vivirás, y creo que también es muy importante estar presente. Siempre ha sido una prioridad para mí decírselo a mis jugadores. Les decía: ‘Depende de ti, pero te recomiendo que estés allí’”.

    Frank afirmó que si Doku regresa a casa para el nacimiento de su hijo sería “lo correcto”, y añadió: “Cuando vuelva, estará en lo más alto”.

    Qué ha pasado en otros deportes

    Jamie Smith lleva un bate bajo el brazo en un partido.

    Getty Images
    La estrella inglesa del cricket Jamie Smith se perdió un partido para el nacimiento de su hija.

    La semana pasada, el jugador de críquet Jamie Smith se perdió la derrota de Inglaterra en un partido frente a Nueva Zelanda tras el nacimiento de su hija.

    El jugador de baloncesto Anthony Edwards abandonó un partido en el descanso en 2024 para poder asistir al nacimiento de su hija.

    Y la leyenda del tenis británico, el escocés Andy Murray, dijo en 2016 que abandonaría el Abierto de Australia antes de tiempo si su esposa, Kim, se ponía de parto.

    “Me sentiría mucho más decepcionado ganando el Abierto de Australia y no estando en el nacimiento de mi hijo”, afirmó en aquel momento.

    Pero el jugador inglés de dardos Rob Cross se perdió el nacimiento de su tercer hijo en 2017 para poder clasificarse para el torneo World Matchplay.

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    BBC

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  • Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal y defensor del libre mercado, muere a los 100 años

    Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal y defensor del libre mercado, muere a los 100 años

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    Alan Greenspan, quien durante casi dos décadas como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos impulsó un largo periodo de prosperidad, superó varias crisis y fue una figura poderosa y controversial a la hora de confeccionar políticas favorables al mercado, murió el lunes en su casa de Washington. Tenía 100 años.

    La causa fue una complicación de la enfermedad de Parkinson, dijo su esposa, Andrea Mitchell, corresponsal jefa en Washington y corresponsal jefa de asuntos exteriores de NBC News.

    Greenspan, el legislador más destacado de su época y posiblemente el economista más reconocido de todos los tiempos, dirigió el banco central estadounidense durante cuatro presidentes de ambos partidos entre 1987 y 2006.

    Gran parte de su mandato coincidió con una racha de prosperidad en la que se erigió como la encarnación de una corriente triunfante del capitalismo estadounidense de la pos Guerra Fría: optimista, fiel en el poder de los mercados para mejorar el nivel de vida, cautivado por el poder de la tecnología y reacio a la regulación.

    Pero el sello ideológico que Greenspan impuso a la formulación de políticas acabó por asociarse también a las consecuencias destructivas de las fuerzas que surgieron bajo su mandato, entre ellas la desregulación a Wall Street y a los bancos, la pérdida de puestos de trabajo estadounidenses a causa del libre comercio y las persistentes preocupaciones sobre las burbujas en los precios de las acciones y la vivienda.

    Aunque Greenspan gestionó con destreza los tipos de interés para mantener la economía en marcha, se mostró receloso al momento de enfrentar un peligro que conocía bien: que el entorno de baja inflación y política monetaria expansiva que él mismo había ayudado a crear ponía en riesgo a Estados Unidos al impulsar auges de inversión insostenibles. Y siguió mostrándose reacio a actuar mientras los bancos y las empresas de inversión adoptaban nuevas y complejas técnicas de negociación que acabarían causando un enorme daño.

    En la Reserva Federal, conocida en inglés como la Fed, tuvo un éxito notable en lo que él consideraba la principal labor de un responsable de banco central: mantener controlada la inflación. También ayudó a Estados Unidos a enfrentar crisis periódicas, como la caída de la bolsa apenas unas semanas después de asumir el cargo, el colapso casi total de los mercados financieros asiáticos una década más tarde y las secuelas de los atentados terroristas del 11 de septiembre.

    Solo después de que renunció a principios de 2006 –y sobre todo tras la crisis de Wall Street en 2008, el colapso casi total del mercado hipotecario y la profunda recesión posterior– su legado y su filosofía se vieron cuestionados de forma concertada.

    Para entonces, un grupo de críticos lo culpaba de no haber evitado la burbuja inmobiliaria subiendo los tipos de interés. Otro lo acusaba de promover un fundamentalismo de libre mercado corrosivo que dejó que el sistema financiero funcionara sin control mientras adoptaba medidas cada vez más arriesgadas.

    Tras haber supervisado un periodo de enorme creación de riqueza, a menudo se le presentaba como uno de los responsables de la crisis de 2008 y de las sacudidas económicas y políticas que le siguieron.

    Este obituario se actualizará pronto. Mientras tanto, se puede leer completo en inglés aquí.

  • Trump acaba de conseguir un aliado en Colombia para su guerra antidroga

    Trump acaba de conseguir un aliado en Colombia para su guerra antidroga

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    La relación de Estados Unidos con Colombia iba en deterioro.

    Hace apenas cinco meses, el presidente Donald Trump amenazó con emprender una acción militar contra el país. Llamó a su presidente de izquierda “un hombre enfermo” y lo acusó de dirigir “fábricas de cocaína”. La alianza de décadas con el tercer país más poblado de Latinoamérica –un actor clave en la guerra antidroga de Estados Unidos– parecía estar brevemente a punto de desmoronarse.

    Entonces llegaron las elecciones presidenciales del domingo en Colombia.

    Con la aparente victoria de Abelardo de la Espriella, un candidato de derecha sin experiencia política respaldado por Trump que ha prometido acabar con los narcotraficantes mediante la fuerza militar, Colombia está a punto de volver a ganarse definitivamente el favor de Trump.

    El triunfo de De la Espriella, el más reciente episodio en una ola de resurgimiento conservador y descontento contra los gobernantes en funciones que recorre Latinoamérica, le da a Trump un aliado clave de la derecha en su intento por ampliar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental.

    Esto ha demostrado, una vez más, que el inusual respaldo de un presidente estadounidense en unas elecciones latinoamericanas puede ayudar a impulsar una ola populista. Y todo ello en una región marcada por décadas de intervención de Washington, pero también harta de la violencia relacionada con las drogas.

    Ahora, Trump tendrá un aliado entusiasta al mando de Colombia, el mayor productor mundial de cocaína y un actor clave en la batalla cada vez más militarizada del presidente de Estados Unidos contra el narcotráfico.

    La presidencia de De la Espriella plantea la posibilidad de que las fuerzas estadounidenses se involucren más profundamente en la lucha contra las organizaciones de drogas ilegales de Colombia, mientras Trump clama por enviar soldados estadounidenses a combatir a los cárteles en lugares como México. Aunque De la Espriella se ha pronunciado con firmeza a favor de preservar la soberanía de Colombia y ha descartado una “incursión” liderada por Estados Unidos, apoya un mayor intercambio de inteligencia y apoyo operativo.

    Esta nueva iniciativa ha sido bien recibida por muchos colombianos desilusionados, pero ha suscitado inquietud entre los críticos, que temen que un enfoque puramente militar provoque más derramamiento de sangre sin lograr reducir de forma significativa los flujos de droga.

    El presidente saliente de Colombia, el izquierdista Gustavo Petro, se enzarzó abiertamente con Trump, incluso cuando muchos de sus vecinos sudamericanos se han alineado con él.

    Después de derrocar al expresidente Nicolás Maduro en enero, Estados Unidos ahora tiene una influencia desmesurada sobre Venezuela, donde la semana pasada mató al líder de una banda transnacional en una operación conjunta. El Pentágono ha iniciado recientemente operaciones militares conjuntas contra las pandillas de narcotraficantes en Ecuador, el mayor centro de tránsito de cocaína del mundo. Y Bolivia ha vuelto a dar la bienvenida a agentes antidroga estadounidenses en su territorio por primera vez tras dos décadas de gobiernos de izquierda.

    De la Espriella “probablemente acabará siendo el mejor aliado de Estados Unidos en Latinoamérica”, dijo en una entrevista el senador Bernie Moreno, por Ohio, un republicano nacido en Colombia.

    Trump parecía eufórico por su victoria: “¡Ganó, EN GRANDE!”, escribió en Truth Social el domingo por la noche.

    Siguiendo el ejemplo de El Salvador, De la Espriella ha prometido construir megacárceles en zonas remotas y ha pedido un ataque militar sin cuartel contra los grupos de narcotraficantes, lo que ha suscitado la preocupación de que su enfoque de mano dura pueda mermar las libertades civiles y provocar bajas entre la población civil.

    “No existe libertad sin seguridad”, dijo durante su discurso de victoria el domingo. “No existe democracia sin autoridad”.

    De la Espriella ha elogiado los ataques conjuntos en Ecuador como un posible modelo a seguir. Quiere que Colombia se una a una coalición creada recientemente entre Estados Unidos y otros países latinoamericanos para combatir a los cárteles.

    Además, De la Espriella ha aplaudido los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones sospechosas de traficar drogas, los cuales han causado la muerte de más de 200 personas en aguas sudamericanas y, según diversos expertos jurídicos, constituyen ejecuciones ilegales y extrajudiciales. De la Espriella dijo que su propio ejército derribaría aviones y embarcaciones que transportaran drogas frente a las costas de Colombia.

    “El gobierno estadounidense buscará un enfoque centrado en la acción”, dijo Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia entre 2014 y 2019. “No se centra en la aplicación de la ley ni en lograr resultados judiciales, como era cada vez más la política de Estados Unidos y Colombia”.

    Estados Unidos ayudó a reforzar el ejército colombiano al invertir casi 15 millardos de dólares en el país durante más de 20 años, para comprar helicópteros de combate, equipos de inteligencia y ayudar a las regiones rurales a dejar de depender de la coca, la planta que se mezcla con productos químicos para fabricar cocaína.

    Aunque dichos fondos ayudaron a debilitar al que en su día fue el mayor ejército guerrillero de Colombia, que obtenía ganancias con las drogas, no lograron desarticular el tráfico mundial de cocaína a largo plazo, según los expertos.

    La producción de cocaína, impulsada por la demanda mundial, ha alcanzado ahora máximos históricos. Las redes de contrabando transportan la cocaína en lanchas rápidas, submarinos o contenedores de carga hacia México, Estados Unidos y Europa. Y los grupos que controlan el tráfico de drogas se han fortalecido durante la última década.

    De la Espriella se ganó el apoyo de los colombianos, preocupados por el deterioro de la situación de seguridad bajo el mandato de Petro.

    Petro, cuya política antidroga se centraba en incautar cocaína e incentivar a los agricultores para que sustituyeran la coca por cultivos legales, se resistió en gran medida a la presión de Trump para que adoptara medidas más duras. Eso llevó a Trump a acusarlo de permitir que el narcotráfico prosperara y a imponerle sanciones económicas.

    Se espera que eso cambie con De la Espriella, un abogado penalista sin experiencia previa en el gobierno que, según los resultados oficiales preliminares, venció al que iba a ser el sucesor de Petro en una de las elecciones más reñidas de la historia de Colombia.

    “Probablemente, el tono general será el de una relación mucho más positiva, en la que Estados Unidos exija o pida cosas, y Abelardo esté dispuesto a dárselas”, dijo Kyle Johnson, cofundador de la Conflict Responses Foundation, un grupo de investigación sin fines de lucro de Colombia.

    Por un lado, De la Espriella se ha comprometido a utilizar aviones para aplicar herbicida a miles de hectáreas con el fin de eliminar las plantas de coca, una táctica que Trump ha impulsado después de que Colombia abandonara la fumigación aérea en 2015 por motivos de salud y una prohibición judicial.

    También podría haber un cambio en la política de extradición de Colombia.

    Petro, escéptico respecto a las extradiciones, solía enviar sobre todo a traficantes de nivel bajo y medio a Estados Unidos para ser interrogados, procesados y para reunir pruebas contra el contrabando transnacional.

    De la Espriella podría complacer a Trump al darle prioridad a la captura de narcotraficantes de alto rango o extraditar a aquellos imputados por Estados Unidos que se encuentran en cárceles colombianas, según los analistas.

    Pero Whitaker, el exembajador, advirtió que dar prioridad a los líderes del narcotráfico sin abordar las estructuras financieras subyacentes de los grupos solía ser una solución rápida para un problema más complejo.

    “Si eliminas a los mandos superiores, hay gente por debajo que, en realidad, es bastante capaz”, dijo. “La organización no se debilita”.

    Es probable que Trump vuelva a certificar a Colombia como socio en la lucha contra las drogas después de que, en septiembre, revocara la certificación por primera vez en casi 30 años. El retiro de la certificación puso en peligro millones de dólares en ayuda antinarcóticos para Colombia y deterioró las relaciones diplomáticas.

    Los analistas también dijeron que era probable que Estados Unidos proporcionara información de inteligencia y apoyo operativo al ejército colombiano, que ha sufrido una elevada rotación de personal bajo el mandato de Petro.

    “Esa es un área donde el trabajo conjunto sería absolutamente fundamental”, dijo Carolina Barco, exembajadora de Colombia en Estados Unidos entre 2006 y 2010.

    De la Espriella ha hablado con grandilocuencia sobre hacer valer el poderío militar, con drones e inteligencia artificial, pero ha dado pocos detalles y ya se ha echado atrás en su promesa más ambiciosa.

    Dijo que recuperaría el control territorial de los grupos armados en regiones con escasa presencia del gobierno en un plazo de 90 días, un lapso que también incluyó en su plataforma, pero que la mayoría de los analistas consideraron poco realista.

    En una entrevista reciente, se retractó de ese plazo de 90 días, alegando que se trataba de una “noticia falsa”, y en su lugar dijo que capturaría o mataría a 10 líderes del narcotráfico en un plazo de 90 días.

    Los críticos de De la Espriella han calificado su enfoque militarista de cortoplacista, después de décadas de intentos fallidos, tanto por parte de Estados Unidos como de Colombia, de eliminar por completo la producción de droga. Les preocupa que esta táctica pueda dar lugar a abusos contra los derechos humanos y fragmentar a los grupos del narcotráfico, lo que provocaría más violencia sin frenar la demanda de cocaína.

    Johnson, el analista de seguridad, dijo que el apoyo de De la Espriella a los ataques letales de Trump contra embarcaciones –que no han demostrado frenar el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos– no era más que teatro político.

    “No es eficaz para combatir el narcotráfico, pero sí para enviar un mensaje y decir que se está luchando contra las drogas, contra estos terroristas, y que se protege al pueblo estadounidense”, dijo.

    Genevieve Glatsky colaboró con reportería desde Barranquilla, Colombia. Annie Correal desde Bogotá, y Patricia Mazzei desde Miami.

    Genevieve Glatsky colaboró con reportería desde Barranquilla, Colombia. Annie Correal desde Bogotá, y Patricia Mazzei desde Miami.