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  • La carrera por esculpir al ‘dios viviente’ de Argentina

    La carrera por esculpir al ‘dios viviente’ de Argentina

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    Había que enderezar el dedo de Lionel Messi. Aún había que esculpir los músculos de sus piernas y luego vestirlos con el pantalón corto de la selección argentina. Y hacía falta una red para tapar la boca de Messi y evitar que las palomas anidaran dentro, dijo Aldo Beroisa, el artista, mientras contemplaba su colosal escultura, aún sin terminar, del ídolo del fútbol argentino.

    Mientras Messi, el capitán de la selección argentina, persigue el ambicioso objetivo de llevar a su equipo a un segundo título consecutivo en la Copa Mundial, Beroisa se ha enfrentado a otro reto monumental: construir una gigantesca estatua del ídolo del fútbol en medio del desierto patagónico.

    Beroisa, con los tobillos hinchados por una caída reciente que sufrió al correr entre las piernas de Messi para terminar la obra antes del torneo de este año, aseguró que lograrían terminarla y añadió que el jugador lo merecía.

    Desde hace más de un año, Beroisa –extrabajador ferroviario y artista local cuyo currículum incluye varias estatuas de dinosaurios y de Jesús– ha cortado y soldado viejas tuberías de petróleo en medio del polvo del desierto para darles forma y crear el esqueleto de acero de Messi.

    Ha desafiado los implacables vientos patagónicos que pulverizaron la barba de Messi y la gravedad terrestre que en su día le rompió el brazo al jugador y que casi le rompe el cuello a él mismo, todo ello para rendir un homenaje descomunal a la leyenda del fútbol de su país.

    Los vecinos cuentan que las autoridades les dijeron que más les valía marcharse. La localidad estaba demasiado apartada y aislada en un desierto inhóspito sin ningún motivo para seguir adelante. A Beroisa lo despidieron de la empresa ferroviaria estatal, que también había sido privatizada.

    En lugar de rendirse, los vecinos organizaron protestas, se resistieron y se quedaron. Beroisa, técnico ferroviario de formación pero, en el fondo, un apasionado del Renacimiento italiano, cogió un cincel. Empezó con maniquíes para tiendas de ropa y figuritas religiosas. Luego vino un dinosaurio a tamaño real para el museo local. Después llegaron los encargos públicos.

    Aunque el miedo de su mujer a volar echó por tierra su sueño de ver la Capilla Sixtina, Beroisa estudió fotografías de La piedad de Miguel Ángel para plasmar los pliegues de la túnica de una estatua de Cristo de 15 metros de altura, situada en una carretera descolorida por el sol por la que circulan sobre todo camiones cisterna.

    Cuando un responsable deportivo local sugirió hace más de un año construir una estatua de Messi a tamaño real, Beroisa propuso hacerla más grande para que estuviera a la altura de la fama mundial de la estrella. La ciudad de Calcuta, en la India, ya tenía una estatua de Messi de 21 metros. Beroisa propuso hacer la suya 5 metros más alta.

    El alcalde, Ramón Rioseco, estuvo de acuerdo, y dijo que esa obra sería su Capilla Sixtina.

    Rioseco dijo que sabía que crear la escultura no iba a ser tarea fácil. A casi nadie le llamaría la atención un error en los rasgos de una figura religiosa de otro milenio, pero no se podía estropear el rostro del dios viviente de Argentina.

    Rioseco dijo que uno puede intentar plasmar el aspecto de Cristo o el de los apóstoles en La última cena, pues está abierto a la interpretación. Pero añadió que con Messi no se puede cometer ningún error.

    Agregó que era plenamente consciente de las expectativas.

    Emma Bubola es una reportera del Times que cubre Argentina. Reside en Buenos Aires.

  • Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

    Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

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    Los bomberos están usando la luz de sus teléfonos porque hay escasez de linternas, y un hospital desbordado en la zona del desastre está funcionando sin agua corriente, dijo un médico.

    Los terremotos que sacudieron Venezuela esta semana pusieron de manifiesto la fragilidad del sistema médico de urgencias del país, después de que años de colapso económico, deterioro institucional y emigración masiva vaciaran los hospitales, los servicios de ambulancia y las operaciones de rescate, según médicos, personal de emergencias y grupos humanitarios.

    En el estado costero de La Guaira, el más afectado, dos de los tres hospitales públicos quedaron fuera de servicio, lo que dejó al único hospital operativo desbordado y sin suministros médicos básicos, según Jaime Lorenzo, director de la organización sin fines de lucro Médicos Unidos de Venezuela.

    El hospital está funcionando sin agua corriente, lo que obliga al personal a lavarse las manos y limpiar los suelos manchados de sangre con agua almacenada y suero intravenoso, dijo Lorenzo.

    En Caracas, el techo de uno de los principales hospitales de traumatología de la ciudad se derrumbó parcialmente durante los dos terremotos del miércoles. El personal pidió a través de las redes sociales a los pacientes que no acudieran a menos que se tratara de una emergencia que pusiera en peligro la vida.

    La situación va más allá de los hospitales. Venezuela solo cuenta con tres ambulancias públicas en funcionamiento que dan servicio al área metropolitana de Caracas, dijo Lorenzo. Calculó que, tras los terremotos, aproximadamente el 90 por ciento de los pacientes de La Guaira llegaron en la parte trasera de camionetas de la policía.

    Los cortes de electricidad y las fallas en las telecomunicaciones han complicado aún más la respuesta. Con las redes de telefonía móvil fuera de servicio, los hospitales a menudo no reciben avisos previos de los pacientes que van a llegar, y solo se enteran de la gravedad de las lesiones cuando los heridos llegan.

    El personal de emergencias ha tenido que recurrir a sistemas de radio y a la conexión a internet por satélite de Starlink para comunicarse, ya que los terremotos dejaron fuera de servicio gran parte de la red comercial de telefonía móvil.

    Lorenzo contó que los bomberos buscan en los edificios derrumbados con la luz de sus teléfonos porque no hay linternas suficientes. Los equipos de rescate tienen tan pocas palas que algunos han tenido que excavar el hormigón con sus propias manos, dijo.

    La escasez ha obligado a la gente común a asumir gran parte de las labores de rescate.

    Jacobo Vidarte, especialista en gestión de emergencias en Venezuela, dijo que, según los protocolos internacionales de búsqueda y rescate urbano, los vecinos son los primeros en intervenir ante una emergencia antes de que lleguen los equipos de rescate profesionales.

    Pero en Venezuela, los voluntarios –que a veces carecen de entrenamiento y del equipo adecuado– constituyen aproximadamente el 70 por ciento de quienes participan en la respuesta ante desastres, ya que el país cuenta con muy pocos equipos, dijo Vidarte.

    Estas deficiencias ya existían mucho antes de los terremotos.

    Los expertos dijeron que los sistemas de emergencias y de salud de Venezuela se han deteriorado después de más de 25 años de falta crónica de inversión y de planificación a largo plazo.

    La crisis económica del país aceleró un éxodo masivo de bomberos, enfermeros y médicos con experiencia, a medida que los sueldos del sector público se desplomaban. El equipamiento quedó en mal estado y los hospitales se enfrentaban a una escasez crónica de electricidad, agua corriente y suministros médicos.

    Más del 60 por ciento de los venezolanos carecía de acceso regular a la atención de la salud antes de los terremotos, según un informe de una plataforma humanitaria independiente, Hum Venezuela.

    Los expertos dicen que Venezuela aún cuenta con personal médico y de emergencias cualificado y comprometido, pero no es suficiente, como tampoco lo son los recursos y el equipo especializado necesarios para hacer frente a un desastre de esta magnitud.

    Lorenzo dijo que sus sueldos son tan bajos que tienen que pagar para ir a trabajar.

    Durante años, el gobierno también ha puesto al frente de muchas instituciones a personas designadas por motivos políticos en lugar de a expertos técnicos, dijo Josué Araque, geógrafo de la Universidad de los Andes que estudia el riesgo de desastres.

    Las instituciones científicas de Venezuela, añadió, llevan mucho tiempo identificando los riesgos sísmicos y elaborando recomendaciones, pero los gobiernos no han sabido plasmar ese trabajo en políticas públicas.

    Las organizaciones humanitarias internacionales afirman que los años de aislamiento político también complicaron la respuesta.

    Phil Gelman, director para Latinoamérica de GOAL, una organización humanitaria que lleva a cabo programas de salud en Venezuela, dijo que grupos como el suyo pasaron años trabajando de forma discreta en el país debido a la relación hostil del gobierno con la sociedad civil, lo que limitó las relaciones institucionales en las que suelen apoyarse durante los desastres.

    Gelman dijo que trabajaban en la sombra y que esa situación no se puede resolver de un día para otro.

    Janeth Márquez, directora de la oficina en Venezuela de la organización benéfica católica Cáritas, dijo que la respuesta del país se ha visto afectada por años de escasa coordinación entre los organismos gubernamentales y las organizaciones sin fines de lucro.

    Márquez dijo que no fueron los terremotos los que colapsaron el sistema de salud, sino que ya estaba colapsado.

    Carlos Alvarado, ministro de Salud de Venezuela, dijo en televisión que el gobierno había movilizado a más de 5000 profesionales de la salud y había integrado hospitales militares, públicos y privados en una respuesta unificada.

    “Hemos logrado atender de manera óptima a los pacientes”, dijo.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

    Genevieve Glatsky es una reportera del Times radicada en Bogotá.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

  • La economía de Venezuela parecía renacer. Entonces golpearon los terremotos

    La economía de Venezuela parecía renacer. Entonces golpearon los terremotos

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    El gobierno venezolano, falto de liquidez y que ya luchaba por controlar la tasa de inflación más alta del mundo, ahora debe encontrar la manera de organizar una enorme respuesta ante el desastre.

    Los golpes no dejan de llegar.

    La economía de Venezuela empezó a desmoronarse hace más de una década, hasta tal punto que los hospitales quedaron sin casi nada, los apagones se hicieron constantes e incluso los productos más básicos desaparecieron de las estanterías de las tiendas.

    Pronto, millones de venezolanos huyeron del país, a menudo a pie, y se dispersaron por todo el hemisferio y más allá. Ante el vertiginoso declive de la nación, el ya de por sí represivo gobierno de Venezuela endureció aún más su mano, y robó unas elecciones y las esperanzas de cambio de la gente.

    Luego vinieron los ataques militares estadounidenses contra embarcaciones frente a las costas del país, un bloqueo parcial de su petróleo y una intervención inaudita: el gobierno de Donald Trump irrumpió en la capital, detuvo al líder autoritario de Venezuela y declaró que Estados Unidos gobernaría el país, convirtiéndolo de hecho en un Estado vasallo.

    Luego de todas esas crisis vertiginosas, Venezuela parecía por fin estar al borde de un renacimiento económico este año. El petróleo volvía a fluir, sus dirigentes estaban restableciendo los lazos con los prestamistas internacionales y los ejecutivos del sector energético acudían en masa a Caracas, la capital, para explorar posibles acuerdos.

    Pero entonces, los dos terremotos de esta semana lo han trastocado todo.

    El gobierno venezolano, falto de liquidez y que ya luchaba por controlar la tasa de inflación más alta del mundo, ahora debe encontrar la manera de organizar una enorme respuesta ante el desastre: retirar grandes cantidades de escombros, localizar y atender a innumerables supervivientes que se han quedado sin hogar y restablecer los servicios básicos en un país en crisis.

    “Este es un país que ya tenía enormes necesidades de reconstrucción”, dijo Francisco Rodríguez, un destacado economista venezolano. “Ahora, además de eso, tienen que reconstruir sin disponer de acceso inmediato a los recursos”.

    Es probable que la tragedia aumente las expectativas puestas en Estados Unidos, sobre todo porque el gobierno de Trump tomó el control de la industria petrolera venezolana tras destituir en enero al líder de Venezuela, Nicolás Maduro.

    El presidente Trump ha presentado la transformación de Venezuela en un Estado cliente rico en recursos, liderado por Delcy Rodríguez –la sucesora de Maduro elegida por Washington–, como un éxito tremendo. Pero incluso antes de que se produjeran los terremotos, la frustración iba en aumento en el país por la falta de mejoras en las condiciones de vida bajo el nuevo régimen estadounidense.

    Trump dice que Estados Unidos está “listo, dispuesto y capacitado para ayudar” al país tras los terremotos. Pero los venezolanos ya están criticando la respuesta de su gobierno ante la catástrofe, y han señalado que han sido los civiles quienes han liderado muchas de las labores de rescate en las zonas más afectadas.

    “Esto incrementa la presión sobre el gobierno de Delcy Rodríguez y sobre su tutor, el gobierno de los Estados Unidos, para que esto empiece a dar más resultados”, dijo Omar Zambrano, economista de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

    Mientras los venezolanos rebuscan entre los escombros, la conmoción causada por los terremotos es abrumadora. La cifra oficial de muertos ya ronda los mil y seguro que seguirá subiendo. Según el gobierno venezolano, unos 1400 edificios han sufrido daños, incluidos 13 hospitales, y como cientos de réplicas han sacudido lo que queda de los apartamentos, tiendas y oficinas, mucha gente está durmiendo a la intemperie. Las pérdidas económicas podrían oscilar entre menos de 10 millardos de dólares y hasta 100 millardos, según las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos.

    Para poner estas estimaciones en contexto, si las pérdidas finales se sitúan en torno a los 10 millardos de dólares, podrían suponer el 10 por ciento de la producción económica anual total de Venezuela.

    Si las pérdidas llegaran de alguna manera a los 100 millardos de dólares, eso es lo que Trump dijo que las petroleras internacionales tendrían que invertir para reactivar la industria petrolera venezolana a lo largo de varios años, lo que podría poner en conflicto los esfuerzos de recuperación con los objetivos de Trump para el sector petrolero del país.

    Sobre el terreno, las carreteras se han quedado destrozadas después de los terremotos, lo que complica aún más todo. Incluso el aeropuerto internacional cerca de Caracas está cerrado tras sufrir daños, lo que ha paralizado los viajes, el comercio y otros aspectos logísticos.

    Mucha gente en las zonas afectadas por los terremotos ha dejado de trabajar y se dedica simplemente a recoger los escombros o a participar en las búsquedas de supervivientes organizadas por la población.

    Antonieta Martínez, la dueña de una pequeña tienda de comestibles en la localidad costera de Morón, dijo que no le había quedado más remedio que cerrar temporalmente.

    “Lo que no hemos tenido es luz ni agua”, dijo Martínez, de 48 años, “aparte dos de mis empleados sufrieron en sus hogares porque las paredes se agrietaron y los pisos también”. Y añadió: “Se hace difícil trabajar así”.

    Los pequeños comercios de barrio, como el de Martínez, representan alrededor del 70 por ciento de la cadena de suministro en las zonas afectadas por los terremotos, lo que los convierte en una parte vital de cualquier recuperación económica, según José Gregorio Rodríguez, presidente de Consecomercio, una de las principales organizaciones empresariales de Venezuela.

    “Esta tragedia va a generar enormes enormes necesidades de gasto público para la reconstrucción que el Estado venezolano no está en capacidad de acometer, de hacer”, dijo Zambrano, el economista.

    Hasta ahora, el gobierno de Trump le ha ofrecido a Venezuela solo una pequeña parte de la ayuda que el país necesita tras los terremotos: 150 millones de dólares en ayuda combinada canalizada a través de organizaciones humanitarias y de las Naciones Unidas.

    El Departamento del Tesoro de Estados Unidos también ha concedido temporalmente una exención a las sanciones contra Venezuela para que su gobierno pueda realizar transacciones financieras relacionadas con la ayuda tras el terremoto, que de otro modo serían bloqueadas por Estados Unidos.

    Esta exención está vigente hasta el 23 de octubre y llega después de que el gobierno de Trump suavizara las sanciones contra la industria petrolera venezolana, que está intentando reactivar. El resto de sanciones estadounidenses contra Venezuela siguen vigentes.

    Un funcionario de alto rango del gobierno estadounidense, que no estaba autorizado a hablar públicamente, dijo que, dado que el terremoto aún es muy reciente y los equipos de rescate siguen trabajando, es demasiado pronto para especular sobre el alcance total de los daños y los recursos que se necesitarían para la recuperación del país.

    Los enfrentamientos que Venezuela ha tenido en el pasado con organizaciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional también están limitando las respuestas rápidas que los prestamistas internacionales pueden ofrecer justo después de una catástrofe, como hicieron con Ecuador tras el terremoto de 2016 que dejó cientos de muertos allí.

    El desastre, y sus secuelas, ponen de manifiesto un declive épico que lleva décadas gestándose.

    Molesto por la influencia de Estados Unidos, Hugo Chávez, el exdirigente de izquierda del país, forjó lazos con Irán, Rusia y Cuba tras llegar al poder en 1998. El momento le fue favorable: su país, rico en petróleo, obtuvo ganancias gracias al auge de los precios de las materias primas, lo que le permitió a Chávez destinar los ingresos a proyectos contra la pobreza y a alianzas internacionales destinadas a contrarrestar la influencia de Estados Unidos en Latinoamérica.

    Pero Chávez también destrozó los controles y equilibrios del sistema político venezolano, que antes era democrático, y consolidó su control del poder. Expulsó a sus oponentes de la función pública y acabó con la independencia judicial. Cuando murió en 2013, Venezuela estaba tremendamente polarizada.

    Maduro, el sucesor que él mismo eligió, no tuvo la misma suerte que Chávez en cuanto a la sincronía de sucesos.

    Poco después de que Maduro asumiera el cargo, una fuerte caída de los precios del petróleo devastó la economía. Pero en lugar de adoptar reformas para aliviar la crisis, Maduro redobló su empeño, y se lanzó a nuevas expropiaciones de empresas privadas. Se volvió incluso más autoritario que Chávez, encarcelando a opositores políticos y negándose a aceptar los resultados electorales.

    Al reprimir a la oposición y gestionar mal la economía, Maduro provocó una de las mayores contracciones económicas en tiempos de paz de la historia reciente, lo que llevó al éxodo de millones de personas. Para cuando las fuerzas estadounidenses detuvieron a Maduro en enero, muchos en ese país, ahora empobrecido, estaban sencillamente agotados por soportar una crisis tras otra.

    Maduro se enfrentó al FMI, al que veía como una herramienta de influencia de Estados Unidos. Venezuela retomó formalmente las relaciones con el FMI solo unas semanas después de la destitución de Maduro, y, por el momento, el país recibirá inicialmente 200 millones de dólares del FMI para los esfuerzos de reconstrucción.

    La capacidad de Venezuela para conseguir fondos adicionales ahora, del FMI y otros prestamistas, se enfrenta a mayores obstáculos porque recién está empezando una de las reestructuraciones de deuda soberana más grandes y complejas de la historia económica moderna.

    Antes de los terremotos, se estimaba que el pasivo total de Venezuela rondaba los 240 millardos de dólares. Esta montaña de deuda, que incluye bonos impagados e indemnizaciones judiciales a empresas estadounidenses a las que se les nacionalizaron activos, dificulta aún más que Venezuela consiga incluso préstamos de emergencia.

    Aun así, hay algunos rayos de esperanza en medio de la destrucción y el caos. Un enorme complejo de refinerías en la península de Paraguaná, no muy lejos de los epicentros de los temblores, parece estar funcionando con normalidad, a pesar de los terremotos. Esto podría permitir que Venezuela siga exportando petróleo, el motor de su economía.

    La gigante petrolera estadounidense Chevron también dijo que sus operaciones en Venezuela siguen en marcha. Chevron representa aproximadamente una cuarta parte de la producción petrolera del país, lo que la convierte, con diferencia, en la empresa privada más importante para la economía venezolana.

    La producción y las exportaciones de petróleo habían ido aumentando en los meses previos al desastre. Eso llevó a pronosticar que Venezuela podría registrar un crecimiento de dos dígitos este año, lo que podría situar a la economía en una posición más sólida.

    Aun así, el auge aún no se ha materializado.

    Los gigantes petroleros extranjeros, escarmentados por las expropiaciones, se han mostrado reacios a comprometerse con nuevos proyectos de envergadura. La economía creció solo un 2,5 por ciento en el primer trimestre, su ritmo más lento en cinco años. Aún así, podría acabar creciendo hasta un 8 por ciento este año, si se pone en marcha la reconstrucción y los ingresos del petróleo impulsan la actividad, según estimó Rodríguez, el economista.

    Pero ese crecimiento estadístico también podría ocultar los enormes retos a los que se enfrenta Venezuela tras los terremotos.

    Esto se debe a lo que se conoce como la “paradoja de los desastres”. El derrumbe físico de los edificios no suele reflejarse en los cálculos del producto interior bruto porque estos ya se contabilizaron hace años o décadas, cuando se construyeron originalmente.

    En cambio, la producción económica de un país suele experimentar un fuerte aumento tras un desastre natural, debido al gasto que supone la reconstrucción. Pero la pérdida generalizada de vidas, la falta de hogar y el trauma que perdura durante años suelen quedar fuera de los cálculos económicos estrictos.

    “El Estado venezolano está en una posición superprecaria para atender las necesidades que van a surgir de esto”, dijo Zambrano.

    Tibisay Romero colaboró con la reportería desde Valencia, Venezuela.

    Simon Romero es corresponsal del Times en México, Centroamérica y el Caribe. Reside en Ciudad de México.

    Emma Bubola es una reportera del Times que cubre Argentina. Reside en Buenos Aires.

    Tibisay Romero colaboró con la reportería desde Valencia, Venezuela.

  • Funcionarios mexicanos se han convertido en informantes del gobierno de Trump

    Funcionarios mexicanos se han convertido en informantes del gobierno de Trump

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    La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha cuestionado las investigaciones estadounidenses sobre políticos mexicanos. Ahora, algunos quieren colaborar.

    El gobierno de Donald Trump ha intensificado sus investigaciones sobre el gobierno de México y, a medida que esos esfuerzos avanzan, algunos funcionarios electos del partido en el poder se han ofrecido de manera discreta a las autoridades estadounidenses como informantes contra otros integrantes del partido, según ocho personas que han participado en las conversaciones.

    Estas conversaciones se han producido en las semanas posteriores a que Estados Unidos acusara a 10 funcionarios mexicanos, tanto en funciones como retirados, al acusarlos de colaborar con uno de los cárteles del narcotráfico más poderosos del país. Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha hecho del cuestionamiento a esas investigaciones un grito de batalla para su partido político de izquierda, Morena, al calificar las acusaciones como una injerencia extranjera.

    Pero tras bastidores, las conversaciones entre algunos miembros de su partido y las autoridades estadounidenses podrían dar a Estados Unidos un impulso decisivo en un momento delicado de las relaciones entre los dos países, lo que profundizaría el enfrentamiento entre ellos.

    Al menos una decena de funcionarios electos en México –entre ellos gobernadores y miembros del Congreso, muchos de ellos del partido en el poder– se han puesto en contacto para hablar de compartir información sobre otros políticos, según diversas personas, y varios ya han iniciado conversaciones con Estados Unidos.

    Muchos de estos funcionarios buscan adelantarse a las investigaciones que temen que pronto puedan centrarse en ellos, dijeron las personas.

    Esta repentina ola de cooperación se desencadenó en parte por una iniciativa de la Administración de Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés) para contactar en privado a funcionarios mexicanos con la intención de convencerlos de que hablaran, según tres personas al tanto de estos esfuerzos.

    Más de una decena de personas hablaron con The New York Times para este artículo bajo condición de anonimato para comentar los esfuerzos de la DEA y las conversaciones confidenciales entre el gobierno de Estados Unidos y los funcionarios mexicanos.

    La DEA y el gobierno mexicano se negaron a hacer comentarios.

    Que políticos mexicanos ayuden en las investigaciones estadounidenses sobre sus colegas es una señal muy preocupante para el partido político dominante de México y su líder, Sheinbaum. Indica que las investigaciones estadounidenses sobre corrupción están tomando impulso, justo cuando Sheinbaum ha hecho de oponerse a ellas una de las apuestas centrales de su presidencia.

    Si los investigadores estadounidenses logran convencer a suficientes políticos de Morena para que actúen como informantes, podría desencadenarse una cascada de testigos que cooperen y de acusaciones que amenazarían con debilitar al partido. Después de una serie de derrotas electorales de los partidos de izquierda en toda Latinoamérica, Morena es el más importante que sigue en el poder además del partido de izquierda en Brasil.

    Algunos analistas mexicanos han pronosticado que las investigaciones del gobierno de Trump podrían dar al partido gobernante un tema en torno al cual unirse. Pero el hecho de que algunos políticos estén dispuestos a cooperar con las investigaciones estadounidenses, a pesar de la resistencia de Sheinbaum, indica que hay fisuras al interior.

    “El cierre de filas a que convoca la presidenta desde arriba no se corresponde desde abajo”, dijo Carlos Bravo Regidor, un destacado analista político mexicano. “Hay gente abajo que es parte de la propia escena que, lejos de cerrar filas con la presidenta, va corriendo a Estados Unidos para salvar su pellejo”.

    A menudo, a Sheinbaum se la ha considerado una modelo a seguir en cómo lidiar con el presidente Trump, pero ahora está en una situación cada vez más complicada que muestra los retos a los que se enfrentan los políticos de izquierda de la región. Trump, quien ejerce una enorme influencia sobre el destino de su país, quiere que delate a sus aliados políticos, mientras que el ala izquierda de su partido, que es su base de apoyo, quiere que se enfrente a Trump.

    En las últimas semanas ha optado por ponerse de lado de su partido y ha rechazado las exigencias de Estados Unidos de detener a Rubén Rocha Moya, el gobernador de Morena en el estado de Sinaloa, después de que fiscales estadounidenses lo acusaran de proteger al poderoso cártel de su estado a cambio de ayuda para ganar las elecciones.

    Sheinbaum dijo que los investigadores estadounidenses no han presentado pruebas que justifiquen su detención y que la exigencia implica una injerencia en los asuntos de México. También dijo que la fiscalía mexicana abriría sus propias investigaciones sobre los funcionarios acusados. Pero Sheinbaum ha acusado varias veces al gobierno de Trump de hacer política.

    “¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada?”, dijo en un encendido discurso el mes pasado. “¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones del 2026?”.

    “Ya no estamos hablando de cooperación”, añadió, “estamos hablando de injerencia”.

    La postura desafiante de Sheinbaum ha dividido a su gabinete entre funcionarios más pragmáticos, que abogan por una mayor cooperación con Washington, y colegas más inclinados hacia la izquierda, que afirman que el gobierno de Trump está sentando un precedente peligroso al procesar a un gobernador mexicano en funciones, según dos personas al tanto del debate interno.

    Estados Unidos es, por mucho, el mayor socio comercial de México, y ambos países están inmersos en negociaciones sobre un acuerdo comercial, cuya vigencia terminará pronto. Trump también ha amenazado con una intervención militar en México para combatir a los cárteles, algo a lo que Sheinbaum ha rechazado varias veces.

    Los políticos de Morena que ahora colaboran en las investigaciones se suman a una lista cada vez mayor de informantes mexicanos de alto nivel que han dado a las autoridades estadounidenses una visión con detalles extraordinarios del funcionamiento interno de los cárteles y sus vínculos con políticos mexicanos, según cuatro personas con conocimiento directo de las conversaciones con los informantes, entre las que se incluyen abogados y antiguos agentes de las fuerzas del orden estadounidenses.

    Dos de los 10 funcionarios mexicanos acusados en abril se encuentran ahora bajo custodia de Estados Unidos, y uno de ellos se entregó en la frontera. Los fiscales estadounidenses han obtenido información de dos líderes de cárteles encarcelados –hijos de Joaquín Guzmán Loera, el narcotraficante conocido como el Chapo– que se declararon culpables el año pasado de delitos relacionados con las drogas. Y en los últimos 18 meses, el gobierno de Sheinbaum ha enviado a Estados Unidos a 92 miembros de los cárteles mexicanos, varios de los cuales han empezado a hablar con las autoridades estadounidenses, según las cuatro personas con conocimiento directo de las conversaciones.

    Dijeron que entre los que han proporcionado información se encuentran altos mandos de los hijos del Chapo, uno de sus pilotos principales y uno de sus asesores más importantes.

    Una de las líneas centrales de investigación en esos interrogatorios ha sido cómo los cárteles sobornaban a funcionarios mexicanos, dijeron estas personas. Las autoridades estadounidenses dijeron que erradicar la corrupción es clave para resolver el problema de los cárteles en México, y el mes pasado, un alto cargo del Departamento de Justicia de Estados Unidos instó a los fiscales federales a dar prioridad a las investigaciones de corrupción en México, incluso llegó ordenarles que utilizaran la legislación antiterrorista en esos casos.

    Derek Maltz, quien fue administrador interino de la DEA, dijo que los funcionarios de Morena que están colaborando y el grupo de narcotraficantes que ahora están bajo custodia de Estados Unidos aumentan la probabilidad de que las autoridades estadounidenses estén preparando casos importantes.

    “Estoy muy seguro de que habrá algunas personas de alto nivel que serán imputadas”, dijo.

    En general, Sheinbaum ha establecido una relación positiva con el gobierno de Trump, en gran parte gracias al aumento de la presencia militar mexicana a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México y a la ampliación significativa de la cooperación en materia de seguridad entre ambos países. Las autoridades mexicanas, basándose en parte en información de los servicios de inteligencia estadounidenses, mataron hace poco al principal capo de la droga de México, Rubén Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho.

    El gobierno de Sheinbaum también ha informado de una disminución de los delitos violentos en todo el país. Según datos del gobierno, los homicidios entre enero y mayo se redujeron un 63 por ciento respecto al mismo periodo de hace dos años.

    Pero iniciar procesos jurídicos contra funcionarios es mucho más complicado políticamente para Sheinbaum. Algunos de los personajes investigados por Estados Unidos no solo son miembros de su partido, sino también aliados cercanos de su predecesor y benefactor político, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, quien sigue siendo una figura legendaria en la política mexicana.

    Los críticos llevan mucho tiempo acusando a López Obrador y a algunos de sus hijos — que han ocupado cargos dentro de Morena– de corrupción. Las autoridades estadounidenses incluso indagaron esos señalamientos, aunque nunca abrieron una investigación formal.

    Pero esta semana, esas acusaciones han resurgido a raíz de la filtración de fragmentos de un libro de próxima publicación del exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. En el libro, Salazar escribió que, según le había contado un contacto común, López Obrador estaba preocupado por la captura por parte de autoridades estadounidenses de un líder de un cártel en 2024, por la información que el delincuente pudiera revelar. Salazar dijo más tarde que no tenía pruebas directas de que López Obrador estuviera vinculado a algún cártel.

    López Obrador y sus hijos han negado cualquier vínculo con los cárteles. Y Sheinbaum defendió esta semana a su predecesor, y dijo que si él tenía alguna preocupación sobre esa operación de 2024, era por “la injerencia y la violación de la soberanía de México”.

    Dos objetivos en las investigaciones por corrupción de Estados Unidos son los gobernadores de Morena de los estados de Sonora y Tamaulipas, Alfonso Durazo y Américo Villarreal Anaya, según cinco personas al tanto de las investigaciones que no estaban autorizadas a hablar de manera pública. Los gobernadores han negado acusaciones de estar vinculados al narcotráfico. Durazo “ha ejercido el servicio público con estricto apego a la ley” y no se le ha notificado que está siendo investigado, según indicó su portavoz, Paloma Terán, en un comunicado.

    López Obrador es aliado de ambos: Durazo fue su secretario de Seguridad y apoyó públicamente a Villarreal cuando se enfrentó a una serie de acusaciones de corrupción en 2022, que él negó.

    Las investigaciones sobre los gobernadores ya las había publicado antes el diario Los Angeles Times.

    Esta semana, el medio mexicano El Universal publicó un audio filtrado de otra gobernadora, Marina del Pilar, del estado de Baja California, en el que se revelaba que estaba concertando una reunión con las autoridades estadounidenses.

    “Estoy en la mejor disposición porque yo quiero resolver eso y aclarar cualquier cosa, pero sí me gustaría que fuera a través de mi abogado”, dijo en el fragmento de tres minutos.

    Del Pilar confirmó la autenticidad de la grabación y añadió que la reunión estaba relacionada con la revocación de su visado estadounidense, pero que nunca llegó a celebrarse. También dijo que tiene la conciencia tranquila: “Esos supuestos acuerdos en lo oscurito con las autoridades de Estados Unidos es una total mentira”.

    Emiliano Rodríguez Mega colaboró con reportería desde Ciudad de México.

    Este artículo se ha publicado en asociación con Puente News Collaborative, una redacción bilingüe sin ánimo de lucro que cubre noticias de México y de la frontera entre Estados Unidos y México.

    Alan Feuer cubre extremismo y violencia política para el Times, centrándose en los casos penales relacionados con el ataque del 6 de enero al Capitolio y contra el expresidente Donald Trump.

    Jack Nicas es el jefe de la oficina del Times en Ciudad de México y lidera la cobertura de México, Centroamérica y el Caribe.

    Emiliano Rodríguez Mega colaboró con reportería desde Ciudad de México.

  • En Venezuela, rescatistas y vecinos se esfuerzan por salvar a los sobrevivientes de los terremotos

    En Venezuela, rescatistas y vecinos se esfuerzan por salvar a los sobrevivientes de los terremotos

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    Ante las críticas de la población, que decía que no estaba haciendo lo suficiente para ayudar, el gobierno venezolano dijo que había enviado más de 100 máquinas pesadas para retirar escombros.

    El viernes, en el devastado norte de Venezuela, los sobrevivientes de los terremotos escarbaban entre montañas de ladrillos y hormigón con sus propias manos, pidiéndose silencio unos a otros para escuchar posibles señales de vida y rezando por llegar hasta las personas que seguían atrapadas bajo los escombros.

    En un pequeño hospital de La Guaira, el estado más afectado, Juan David Arsia, de 17 años, contó que había pasado 21 horas bajo los escombros. “Estaba allí con mi mamá y podía oírla gritar”, dijo. “Le gritaba: ‘No te rindas, mamá, ten fe, no te rindas!’”.

    Bajo los escombros, con una pierna fracturada, Arsia podía oír gritar a otras personas atrapadas, dijo, hasta que los sonidos cesaron a mitad de la noche. Horas más tarde, oyó a gente moviéndose por encima de los escombros y empezó a gritar pidiendo ayuda, lo que llevó a sus vecinos a sacarlos a él y a su madre de ahí.

    Los equipos de rescate de al menos 10 países acudieron a toda prisa a ayudar a Venezuela en las labores de búsqueda y rescate tras los devastadores terremotos consecutivos del miércoles, pero enfrentaron grandes obstáculos incluso para llegar a la zona del desastre. Los sismos, de magnitud 7,2 y 7,5, dañaron el aeropuerto internacional, abrieron grietas en las carreteras y desbordaron los ya mermados servicios de emergencia de Venezuela.

    La infraestructura del país ya estaba debilitada por la corrupción y una depresión económica que dura ya una década. Con poca maquinaria pesada para retirar los escombros y escasos suministros médicos para atender a los heridos, muchos sobrevivientes se vieron abandonados a su suerte.

    Muchos ni siquiera tenían un lugar seguro donde descansar, mientras cientos de réplicas sacudían el norte, lo que hacía temblar los restos de apartamentos, tiendas y oficinas. Ante la disyuntiva de entrar en edificios inestables o dormir en plazas públicas o junto a una autopista, muchos vecinos optaron por quedarse a la intemperie.

    Arsenia Beatriz Mayora, de 70 años, y diez miembros de su familia, se unieron a decenas de familias más en busca de refugio en un campo de béisbol de La Guaira, donde prácticamente no se veían señales de la ayuda del gobierno cuando una fotógrafa de The New York Times lo visitó el jueves por la tarde. La mayoría de los suministros que había allí habían sido llevados por ciudadanos en bicicletas y camiones. Mayora explicó que quedarse en su casa habría sido imposible, pues quedó completamente destruida; solamente quedó la fachada.

    Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, dijo el viernes que el número de muertos ya ascendía a 920, con más de 3360 heridos. Se cree que al menos 172 personas siguen atrapadas entre los escombros, añadió, y miles perdieron sus hogares.

    Rodríguez, hermano de la presidenta Delcy Rodríguez, añadió que más de 1400 edificios habían sufrido daños, entre ellos 13 hospitales y 25 centros comerciales.

    En una publicación en redes sociales el viernes, Rodríguez dijo que había hablado por teléfono con el presidente Donald Trump y con el secretario de Estado Marco Rubio, quienes habían “ratificado” el apoyo de Estados Unidos. Rodríguez fue nombrada para el cargo en enero, luego de que las fuerzas estadounidenses detuvieran a Nicolás Maduro, quien gobernó el país durante muchos años, para que enfrentara cargos en Estados Unidos. Desde entonces, Trump la ha reconocido como líder de Venezuela.

    Rodríguez ha anunciado que había decidido “militarizar” La Guaira, al norte de la capital, Caracas. No especificó qué implicaría eso ni si los soldados patrullarían las calles o impondrán un toque de queda. Dijo que los soldados estaban en La Guaira para ayudar y que los trabajadores habían despejado muchas carreteras de la zona.

    Después de un terremoto, las primeras 24 a 48 horas son cruciales para encontrar sobrevivientes, aunque es posible que la gente sobreviva más tiempo, dijo Jarone Lee, profesor titular de la Facultad de Medicina de Harvard. Otros expertos señalaron que existe un margen “dorado” de 72 horas durante el cual se pueden salvar la mayor cantidad de vidas.

    Hasta ahora, han llegado equipos de rescate de Colombia, Ecuador, República Dominicana, El Salvador, México, España, Suiza y otros países, dijo Pedro Infante, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela.

    El gobierno de Trump dijo que también estaba movilizando ayuda para un país sobre el que ahora ejerce un control significativo, y un funcionario venezolano afirmó que ya había más de 300 rescatistas estadounidenses en el país.

    Hace menos de seis meses, las fuerzas estadounidenses irrumpieron en Caracas, capturaron al líder autocrático de Venezuela, Nicolás Maduro, y lo llevaron a Nueva York para que enfrentara cargos de narcotráfico. Desde entonces, el gobierno de Trump ha respaldado al gobierno interino dirigido por Rodríguez y ha allanado el camino para que las empresas energéticas estadounidenses extraigan petróleo venezolano.

    El jueves, el general de división Kevin Jarrard, del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, aterrizó en Caracas para coordinar los esfuerzos de ayuda del ejército estadounidense, informó el Comando Sur de Estados Unidos. El ejército señaló que estaba desplegando recursos significativos, como aviones de transporte, buques de la Marina y helicópteros, para ayudar a los equipos de búsqueda y rescate y distribuir la ayuda.

    El Departamento de Estado de Estados Unidos señaló que destinaría 150 millones de dólares a organizaciones humanitarias en Venezuela, y el Departamento del Tesoro anunció que había suspendido temporalmente las sanciones contra Venezuela para ayudar a su gobierno a realizar transacciones financieras relacionadas con la ayuda tras el terremoto.

    En medio de las críticas de los venezolanos, que lo acusaban de no hacer lo suficiente para ayudar, el gobierno venezolano dijo que había enviado más de 100 máquinas pesadas para retirar los escombros. Carlos Alvarado, ministro de Salud de Venezuela, dijo que el gobierno también había movilizado a más de 5000 profesionales de la salud.

    Sin embargo, la magnitud del sufrimiento y devastación en el país era abrumadora.

    El viernes por la mañana, las familias que buscaban a sus seres queridos abarrotaron una morgue estatal de Caracas, llamada Bello Monte. El ambiente era de conmoción. Algunas personas lloraban, pero la mayoría estaba callada, con la mirada perdida y los rostros pálidos. De vez en cuando, fuertes sollozos rompían el silencio, cuando alguien confirmaba una muerte.

    Stuart Pinto, de 49 años, esperaba para recibir el cuerpo de su hijo, Deyker Pinto, de 34. El cuerpo mutilado de su hijo había sido trasladado primero al Hospital Vargas –donde Pinto pudo identificarlo– y luego a Bello Monte. Pinto dijo que había llorado el día anterior, pero que ya no tenía más lágrimas. Solo quería darle sepultura a su hijo en el cementerio para poder hacer su duelo, dijo.

    Como había pocas ambulancias disponibles, el viernes algunos habitantes de Caracas estaban llevando en sus coches a los sobrevivientes del terremoto al hospital. Cuando uno de los coches frenó en seco, los pasajeros salieron en tropel y empezaron a pedir ayuda. Un joven salió con cara de angustia y gritó de dolor. De otro vehículo salió una mujer que parecía desorientada. Ella fue acompañada al interior por unos hombres con cascos rojos.

    Afuera del hospital había dos listas pegadas con cinta adhesiva en una pared. Una tenía los nombres de los heridos con tinta negra. La otra, en rojo, registraba a los fallecidos.

    Isayen Herrera, Max Bearak, Frances Robles, María Victoria Fermín, Alan Rappeport, Zane Irwin y Michael Levenson colaboraron con reportería.

    Julie Turkewitz es la jefa de la corresponsalía del Times en los Andes, con sede en Bogotá, y cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

    Luis Ferré-Sadurní es reportero del Times y cubre la migración.

    Isayen Herrera, Max Bearak, Frances Robles, María Victoria Fermín, Alan Rappeport, Zane Irwin y Michael Levenson colaboraron con reportería.

  • Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia

    Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia

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    Los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida.

    Había niños con la cara magullada y las piernas rotas. Un paciente se enfrentaba a su tercera noche en una camilla en el patio de un hospital, con el gotero de la vía intravenosa sujeto a la rama de un árbol. Una morgue diseñada para dos cuerpos estaba abarrotado con 30. Sin electricidad, los sistemas de refrigeración del depósito fallaron y el calor aceleró la descomposición. El hedor era insoportable.

    Dos días después de que dos terremotos históricos sacudieran Venezuela, los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida. Los médicos, que llevan años trabajando en hospitales públicos con una financiación lamentablemente insuficiente, dijeron que nunca habían visto tanto sufrimiento de golpe.

    Las imágenes del viernes, tanto dentro como fuera de los hospitales de la región, dejaron al descubierto lo poco preparado que estaba el gobierno de Venezuela para este desastre. El sistema de salud del país ha sido una de las principales víctimas de una crisis económica y de la mala gestión crónica del gobierno que se remonta a más de una década.

    El viernes, los pacientes yacían al aire libre en los patios de los hospitales; los escombros rodeaban las clínicas. Y ante la falta de ayuda estatal, aparecieron ciudadanos y voluntarios médicos que traían agua, medicinas y suministros.

    También surgieron hospitales de campaña, como uno en la terminal de autobuses de la ciudad de Catia La Mar.

    En un hospital de Caracas conocido como Periférico de Catia, una niña de cinco años había llegado tras ser rescatada de entre los escombros. Mientras un médico le pasaba la sonda de ecografía por el abdomen, la niña no dejaba de repetir, casi en un susurro, que había habido un terremoto.

    Le temblaba la voz, igual que las manos. Otros miembros de su familia no tuvieron tanta suerte; su hermano de nueve años y su abuela, que estaban con ella cuando se derrumbó el edificio, habían fallecido, dijo una de las madrinas de la niña.

    Circularon por internet imágenes de niños que habían sido encontrados entre los escombros sin sus padres, entre ellos un bebé de seis meses con la cara enrojecida y arañada.

    En la morgue estatal de Bello Monte, se respiraba un ambiente de conmoción contenida. Decenas de familias habían acudido para intentar encontrar a sus seres queridos desaparecidos o identificar a personas de las que ya sabían que habían fallecido.

    De vez en cuando, el silencio se rompía con los sollozos de quienes veían llegar a otra familia con la confirmación de una muerte.

    Entre ellos estaba Stuart Pinto, de 49 años, que dijo que llevaba dos días sin dormir. Estaba esperando recibir el cuerpo de su hijo, Deyker Pinto, de 34 años, quien, según dijo, había quedado desmembrado durante el terremoto.

    Pinto había llorado el día anterior, dijo, pero ahora ya no le salían lágrimas. Dijo que solo quería recoger el cuerpo de su hijo para poder darle sepultura.

    En el Hospital José María Vargas de Caracas, algunos pacientes que ya estaban ingresados antes del terremoto dijeron que el interior del centro había sufrido graves daños.

    Fuera, la gente se agolpaba alrededor de las listas de pacientes, buscando a sus familiares.

    Como había tan pocas ambulancias disponibles, a las personas que habían sido rescatadas de entre los escombros las llevaban al Hospital Domingo Luciani en coches normales.

    Un coche entró a toda velocidad en el estacionamiento de la clínica con un cartel en la ventanilla que declaraba llevar heridos y decía “EMERGENCIA”. Al frenar en seco, los pasajeros salieron en tropel y empezaron a pedir ayuda. Un joven salió del coche, con cara de angustia, y gritó de dolor.

    De un segundo automóvil salió una mujer mayor, con aire perdido, y unos hombres con cascos rojos la guiaron hacia dentro para que la atendieran.

    Al norte de Caracas, en Catia La Mar, la Clínica Comunitaria Alfredo Machado había sobrevivido al terremoto, pero estaba rodeada de edificios derrumbados.

    Desde el miércoles por la noche, una clínica acostumbrada a las revisiones rutinarias de pacientes y a las urgencias cotidianas se había transformado en un centro de triaje para catástrofes.

    Pero a última hora de la tarde del viernes, su función había vuelto a cambiar. Los vehículos ya no traían enfermos ni heridos, sino que ahora llegaban con fallecidos.

    Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

    Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, radicada en Bogotá, Colombia, cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

    Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

  • En las ciudades afectadas en Venezuela, los habitantes se preguntaban dónde estaba el ejército

    En las ciudades afectadas en Venezuela, los habitantes se preguntaban dónde estaba el ejército

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    Muchas personas en La Guaira dijeron esta semana que se sentían abandonadas por el Estado y que los propios vecinos habían liderado muchas de las primeras labores de rescate.

    Cuando la presidenta Delcy Rodríguez anunció el viernes que iba a “militarizar” La Guaira, la zona más afectada por los dos terremotos de esta semana, algunos venezolanos esperaban que eso significara maquinaria pesada, misiones de rescate bien organizadas y ayuda rápida para la región devastada.

    En cambio, muchos se quedaron preguntándose qué se les había ordenado hacer a las fuerzas militares.

    En La Guaira, se veía a los militares, algunos con armas largas, sobre todo en las avenidas, ayudando a mantener el tráfico en movimiento y a alejar a la gente de ciertas zonas. En otras localidades del norte, como Catia La Mar, Los Corales y Caraballeda, también se veía a personal de seguridad dirigiendo el tráfico, patrullando las calles y transportando los cuerpos de las víctimas, pero sin ayudar a retirar los escombros ni a buscar supervivientes.

    Mientras tanto, muchos vecinos intentaban con desesperación rescatar a sus seres queridos y vecinos bajo los escombros, usando palas, picos y herramientas prestadas. Cuando encontraban a alguien herido, normalmente no era una ambulancia ni un vehículo oficial el que se lo llevaba rápidamente para recibir atención médica, sino el coche particular de algún familiar.

    Rodríguez dijo en su comunicado por la televisión estatal que el ejército estaba en las zonas afectadas para ayudar y que había despejado muchas carreteras. Pero no especificó qué supondría ese despliegue para la región, ni si los soldados patrullarían las calles o impondrían un toque de queda.

    Ante las críticas de los residentes, que dicen que las autoridades han hecho muy poco y con demasiada lentitud, el gobierno ha difundido sus esfuerzos a través de los canales oficiales, tanto en internet como en la tele, mostrando a bomberos que sacan a las víctimas de entre los escombros y a agentes de policía detrás de cintas amarillas.

    Pero mucha gente en La Guaira dijo esta semana que se sentía abandonada por el Estado y que los propios vecinos habían liderado muchas de las primeras labores de rescate, a menudo trabajando hasta bien entrada la noche.

    A medida que llegaban a Venezuela los recursos y el personal desde el extranjero, los usuarios de las redes sociales también se quejaron de que las fuerzas armadas venezolanas brillaban por su ausencia en la respuesta a la emergencia.

    En una entrevista televisada el jueves, la líder de la oposición venezolana María Corina Machado lamentó la “falta de capacidad de respuesta ante emergencias por parte del régimen”.

    “Hay zonas que ahora mismo no están recibiendo atención”, dijo en Newsmax. “Hay mucha gente atrapada bajo los escombros”.

    En las redes sociales, miembros de la oposición política expresaron su preocupación por que las fuerzas militares se hicieran con el control de los flujos de ayuda, una señal de la profunda desconfianza que algunos venezolanos sienten hacia la poderosa clase dominante militar del país.

    Las investigaciones de las Naciones Unidas han implicado a los servicios de seguridad e inteligencia del país en abusos sistemáticos de los derechos humanos que constituyen crímenes contra la humanidad, entre ellos detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y tortura de críticos, así como ejecuciones extrajudiciales.

  • Emily Blunt habla sobre ‘El día de la revelación’ y su nerviosismo frente a Spielberg

    Emily Blunt habla sobre ‘El día de la revelación’ y su nerviosismo frente a Spielberg

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    Los dos últimos años han sido buenos para Emily Blunt, quien obtuvo importantes nominaciones a premios por Oppenheimer y La Máquina, y coprotagonizó el éxito mundial El diablo viste a la moda 2. Sin embargo, para Blunt, de 43 años, pocos hitos profesionales pueden compararse con el hecho de que Steven Spielberg le ofreciera el papel protagonista en El día de la revelación, actualmente en cartelera.

    “De niña, recuerdo lo mucho que me alteró y cómo me sentí exactamente igual que Elliott cuando E.T. se marchó”, dijo recientemente en una charla por video. “Recuerdo haber quedado completamente traumatizada por Tiburón y muy emocionada con Indiana Jones. Así que resulta algo muy surrealista que él quiera conocerte y trabajar contigo”.

    En El día de la revelación, Blunt interpreta a Margaret, una meteoróloga de Kansas City, Misuri, que aparentemente es poseída durante una transmisión e interrumpe su informe meteorológico para emitir unos inquietantes chasquido alienígenas. Su extraño comportamiento llama la atención de unos misteriosos agentes del gobierno quienes esperan descifrar su mensaje, y pronto Margaret se ve envuelta en una conspiración que se remonta a décadas atrás y que podría demostrar la existencia de vida extraterrestre en la Tierra.

    Sin embargo, Blunt no sabía nada de eso cuando Spielberg la invitó a su primera reunión.

    “Fue todo muy, muy secreto, y me encanta cuando ni siquiera tu agente sabe de qué trata la película”, dijo. Mientras Spielberg le describía el proyecto, Blunt apenas podía creer que le estuviera pidiendo protagonizar algo que él consideraba similar a E.T., el extraterrestre y Encuentros cercanos del tercer tipo, grandes éxitos de ciencia ficción destinados a plasmar lo que él sentía de niño al contemplar las estrellas.

    “Me pasé todo el rato diciendo ‘Mm-hmm’, e intentaba aparentar una serenidad imperturbable, cuando por dentro estaba muy nerviosa”, dijo.

    A continuación, se incluyen extractos editados de nuestra conversación.

    ¿Habías conocido alguna vez a Steven Spielberg antes de que te ofreciera esta película?

    Lo único que recuerdo es que estaba en el almuerzo de la AFI para Oppenheimer con [su director] Chris Nolan, y todo el mundo se acercaba a Chris sin cesar –actores, cineastas– hasta tal punto que él ya estaba tan acostumbrado que ni siquiera se levantaba. Y entonces vi que miró por encima de mi hombro y se puso de pie, ¡y era Steven!

    La gente ha calificado a Nolan como el heredero de Spielberg. Ahora que has trabajado con ambos, ¿en qué medida crees que se parecen?

    A ambos los encuentro increíblemente valientes, muy audaces, capaces de manejar un mundo mítico de enormes proporciones. Pero mira, uno es muy británico y el otro, para nada. Chris se parece a muchos miembros de mi familia, así que para mí era un terreno muy familiar. Aunque en realidad es muy tierno con los actores, hay una línea de comunicación directa y sin rodeos, como un rayo láser, sin suavizar los golpes. Los británicos no se emocionan con nada, en realidad, porque se percibe como una muestra de efusividad, así que, para mí, Chris es como un Blunt.

    Pero hay algo instintivo que ambos comparten. Aunque Steven lo muestra más abiertamente, a ambos les invade una especie de emoción, como si se sintieran conmovidos. Nunca se ve a ninguno de los dos con la cabeza entre las manos, preguntándose: “¿Cómo vamos a rodar esto?”, jamás.

    Spielberg es conocido por su ingeniosa dirección escénica. En su primera escena, Margaret no deja de cruzar la habitación de un lado a otro –mira una computadora portátil, prepara un pan tostado– y hay una precisión en todos esos movimientos que casi parece una coreografía.

    Él quería que Margaret estuviera en constante movimiento al principio –esa inquietud, esa incapacidad para afianzarse en algo–, por lo que siempre se está moviendo. Cuando lo ensayamos, él no tenía ninguna idea preconcebida de cómo rodarlo. Simplemente me dijo: “pensaba que podrías empezar aquí, y hagas lo que hagas, simplemente déjate llevar”.

    Así que lo vas haciendo, y él te observa. Lleva un puro apagado y se lleva la mano a la oreja –todos esos pequeños tics que me parecen tan adorables–; luego da una vuelta un momento y dice: “Bien, esto es lo que vamos a hacer”. Le gusta la espontaneidad. No creo que lo dirija todo con demasiada rigidez, y muchos directores se vuelven muy técnicos con la cámara. Pero es muy emocionante verlo construir la escena justo delante de ti.

    En tu investigación, ¿qué descubriste sobre la personalidad del meteorólogo estadounidense?

    Tienen esa forma de hacerte partícipe y hacerte sentir parte del tiempo, como si dijeran: “¿No es emocionante?”. En cierto modo, te convencen y lo hacen divertido, aunque vaya a ser una auténtica pesadilla. En cambio, en Inglaterra somos un poco más pesimistas con respecto al tiempo, probablemente porque la mayoría de las veces es malo.

    Hablé con una meteoróloga increíble –no quiero revelar su nombre, pero es muy conocida– y es una profesión muy exigente. Tienen que pensar con rapidez y agilidad, porque, independientemente de lo que haya ocurrido en el ciclo de noticias de esa mañana, el tiempo tiene que adaptarse. Además, se peinan y maquillan ellas mismas, y se encargan de su propio vestuario. La mujer con la que hablé dijo que era un trabajo de veinticuatro horas al día, y que, una vez que empezó a tener hijos, ya no pudo seguir haciéndolo.

    En esta película utilizas un acento estadounidense, a pesar de que Spielberg te ha rodeado de otros actores del Reino Unido, como Josh O’Connor y Colin Firth.

    ¡Era ridículo! Realmente fue la invasión británica en la película de Steven. Normalmente intento mantenerme en un término medio [con su acento estadounidense entre tomas], pero entonces aparece Josh O’Connor y se acabó.

    Y además tienes que hablar coreano y ruso con aparente fluidez. ¿Te resultó difícil dominarlos?

    Siempre me han gustado los idiomas. Me encantaba el español en el colegio y mi madre es una gran lingüista, así que, antes de convertirme en actriz, quería ser traductora de español para la ONU. Me gustaría poder hablar idiomas, pero es como si dijera que debería aprender a tocar bien el ukelele. Simplemente necesito hacerlo de verdad.

    ¿Cómo concebiste los chasquidos alienígenas que hace Margaret?

    Tengo un sinfín de notas de voz con diversos sonidos extraños que le enviaba a Steven Spielberg. Él quería realmente un caleidoscopio de ruidos e intentaba encontrarlo junto a mí. Luego, cuando tuvimos esa gama de sonidos –desde tarareos hasta cantar al estilo de Barry White–, nos metimos en la cabina de sonido y lo grabamos todo. Para entonces, él simplemente dijo: “creo que tiene que ser matemático y no aterrador. Extraño e inquietante, pero que no de miedo”.

    Tus personajes en películas recientes como La Máquina, Oppenheimer y El diablo viste a la moda 2 no siempre hacen lo correcto. Intuyo que te gusta esa ambigüedad, pero ¿es diferente cuando interpretas a quien es más claramente la ‘buena’?

    Sí. Sea cual sea su comportamiento, no tengo por qué estar de acuerdo con él, pero sí tengo que entenderlo. Aun así, hay una oscuridad que se va infiltrando poco a poco cuando interpretas a personajes como Dawn Staples [la novia de un luchador de artes marciales mixtas en La Máquina] y Kitty Oppenheimer, y no siempre es un lugar agradable para habitar mientras lo haces. En el caso de Margaret, la quería muchísimo y la admiraba, y la eché de menos cuando terminó la película.

    ¿Te suele pasar eso a menudo?

    A veces, no siempre. De hecho, la mayoría de las veces pienso: “Lo he superado”, y de vez en cuando se vive una experiencia de la que uno desea librarse cuanto antes. Pero lo único que he querido es seguir descubriendo diferentes personas que habitan en mí. Este trabajo me resulta muy terapéutico: permite sublimar las experiencias vividas en algo verdaderamente artístico.

    Al principio de tu carrera, dijiste que esperabas que El diablo viste a la moda te ayudara a romper con el estereotipo de las películas de época británicas. Al ver los papeles tan diferentes que has interpretado recientemente, ¿crees que fue la primera Prada la que te puso en ese camino?

    Ese personaje de El diablo viste a la moda, aunque sea una lunática y un completo desastre como persona, me abrió muchas puertas a la comedia y a papeles de carácter. Si uno es de Inglaterra y se te exige ponerte una cofia, salir en Foyle’s War o cumplir tu tiempo en la televisión británica de esa manera, eso me permitió que me vieran de una forma diferente. Y se lo agradecí mucho.

    En El diablo viste a la moda 2, cuando Miranda Priestly le dice a tu personaje, Emily: “No eres una visionaria, eres una vendedora”, es la frase más mordaz de la película. Si Meryl Streep me dijera eso a mí, me desintegraría.

    ¡Y me desintegré! Estábamos muy cerca, y entonces ella clava esos ojos verde menta en ti, y yo me encogí. Además, realmente saboreó la palabra “vendedora”. Pero es necesario que Emily reciba una reprimenda. Es fundamental que ese personaje reciba su merecido. Creo que esa escena tiene un aire muy griego.

    Últimamente ha habido algunos éxitos notables de taquilla, entre ellos El diablo viste a la moda 2 y las sorpresas de terror Obsesión y Backrooms: sin salida.

    ¿No es estupendo? Estoy encantada de que la gente convierta de nuevo ir al cine en todo un acontecimiento. Este verano ha sido muy emocionante para todos los que formamos parte de la industria.

    ¿Qué crees que aprenderá Hollywood de estos éxitos?

    En el caso de El diablo viste a la moda, parecía que tenía potencial para convertirse en un auténtico fenómeno debido al revuelo que se había generado a su alrededor, aunque no creo que pensáramos que llegaría a este extremo.

    Pero me encanta que aparezca algo como Proyecto Fin del Mundo y la gente se pregunte: “Un momento, ¿cuál es la fórmula para llenar las butacas?”. Creo que a la gente le tomó por sorpresa lo bien que le fue a esa película. Lo vivimos con Un lugar en silencio [en la que actuó junto a su marido, John Krasinski, quien la dirigió]: cuando esa película triunfó, muchos de nuestros amigos acudieron a los estudios después y les dijeron: “De acuerdo, necesitamos una como esa”.

    Entonces, ¿cuál es la fórmula? ¿Percibes que haya algún hilo conductor?

    No sé si hay otra fórmula más allá de una historia extraordinaria, y eso es lo que acabe pegando. Simplemente ocurre. Creo que si se consigue conmover a la gente y crear algo familiar pero nuevo, quizá esa sea la fórmula. Quizá eso sea lo que funciona.

    Kyle Buchanan es reportero de cultura pop y escribe The Projectionist, la columna de la temporada de premios del Times.

  • Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

    Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

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    Los bomberos están usando la luz de sus teléfonos porque hay escasez de linternas, y un hospital desbordado en la zona del desastre está funcionando sin agua corriente, dijo un médico.

    Los terremotos que sacudieron Venezuela esta semana pusieron de manifiesto la fragilidad del sistema médico de urgencias del país, después de que años de colapso económico, deterioro institucional y emigración masiva vaciaran los hospitales, los servicios de ambulancia y las operaciones de rescate, según médicos, personal de emergencias y grupos humanitarios.

    En el estado costero de La Guaira, el más afectado, dos de los tres hospitales públicos quedaron fuera de servicio, lo que dejó al único hospital operativo desbordado y sin suministros médicos básicos, según Jaime Lorenzo, director de la organización sin fines de lucro Médicos Unidos de Venezuela.

    El hospital está funcionando sin agua corriente, lo que obliga al personal a lavarse las manos y limpiar los suelos manchados de sangre con agua almacenada y suero intravenoso, dijo Lorenzo.

    En Caracas, el techo de uno de los principales hospitales de traumatología de la ciudad se derrumbó parcialmente durante los dos terremotos del miércoles. El personal pidió a través de las redes sociales a los pacientes que no acudieran a menos que se tratara de una emergencia que pusiera en peligro la vida.

    La situación va más allá de los hospitales. Venezuela solo cuenta con tres ambulancias públicas en funcionamiento que dan servicio al área metropolitana de Caracas, dijo Lorenzo. Calculó que, tras los terremotos, aproximadamente el 90 por ciento de los pacientes de La Guaira llegaron en la parte trasera de camionetas de la policía.

    Los cortes de electricidad y las fallas en las telecomunicaciones han complicado aún más la respuesta. Con las redes de telefonía móvil fuera de servicio, los hospitales a menudo no reciben avisos previos de los pacientes que van a llegar, y solo se enteran de la gravedad de las lesiones cuando los heridos llegan.

    El personal de emergencias ha tenido que recurrir a sistemas de radio y a la conexión a internet por satélite de Starlink para comunicarse, ya que los terremotos dejaron fuera de servicio gran parte de la red comercial de telefonía móvil.

    Lorenzo contó que los bomberos buscan en los edificios derrumbados con la luz de sus teléfonos porque no hay linternas suficientes. Los equipos de rescate tienen tan pocas palas que algunos han tenido que excavar el hormigón con sus propias manos, dijo.

    La escasez ha obligado a la gente común a asumir gran parte de las labores de rescate.

    Jacobo Vidarte, especialista en gestión de emergencias en Venezuela, dijo que, según los protocolos internacionales de búsqueda y rescate urbano, los vecinos son los primeros en intervenir ante una emergencia antes de que lleguen los equipos de rescate profesionales.

    Pero en Venezuela, los voluntarios –que a veces carecen de entrenamiento y del equipo adecuado– constituyen aproximadamente el 70 por ciento de quienes participan en la respuesta ante desastres, ya que el país cuenta con muy pocos equipos, dijo Vidarte.

    Estas deficiencias ya existían mucho antes de los terremotos.

    Los expertos dijeron que los sistemas de emergencias y de salud de Venezuela se han deteriorado después de más de 25 años de falta crónica de inversión y de planificación a largo plazo.

    La crisis económica del país aceleró un éxodo masivo de bomberos, enfermeros y médicos con experiencia, a medida que los sueldos del sector público se desplomaban. El equipamiento quedó en mal estado y los hospitales se enfrentaban a una escasez crónica de electricidad, agua corriente y suministros médicos.

    Más del 60 por ciento de los venezolanos carecía de acceso regular a la atención de la salud antes de los terremotos, según un informe de una plataforma humanitaria independiente, Hum Venezuela.

    Los expertos dicen que Venezuela aún cuenta con personal médico y de emergencias cualificado y comprometido, pero no es suficiente, como tampoco lo son los recursos y el equipo especializado necesarios para hacer frente a un desastre de esta magnitud.

    Lorenzo dijo que sus sueldos son tan bajos que tienen que pagar para ir a trabajar.

    Durante años, el gobierno también ha puesto al frente de muchas instituciones a personas designadas por motivos políticos en lugar de a expertos técnicos, dijo José Araque, geógrafo de la Universidad de los Andes que estudia el riesgo de desastres.

    Las instituciones científicas de Venezuela, añadió, llevan mucho tiempo identificando los riesgos sísmicos y elaborando recomendaciones, pero los gobiernos no han sabido plasmar ese trabajo en políticas públicas.

    Las organizaciones humanitarias internacionales afirman que los años de aislamiento político también complicaron la respuesta.

    Phil Gelman, director para Latinoamérica de GOAL, una organización humanitaria que lleva a cabo programas de salud en Venezuela, dijo que grupos como el suyo pasaron años trabajando de forma discreta en el país debido a la relación hostil del gobierno con la sociedad civil, lo que limitó las relaciones institucionales en las que suelen apoyarse durante los desastres.

    Gelman dijo que trabajaban en la sombra y que esa situación no se puede resolver de un día para otro.

    Janeth Márquez, directora de la oficina en Venezuela de la organización benéfica católica Cáritas, dijo que la respuesta del país se ha visto afectada por años de escasa coordinación entre los organismos gubernamentales y las organizaciones sin fines de lucro.

    Márquez dijo que no fueron los terremotos los que colapsaron el sistema de salud, sino que ya estaba colapsado.

    Carlos Alvarado, ministro de Salud de Venezuela, dijo en televisión que el gobierno había movilizado a más de 5000 profesionales de la salud y había integrado hospitales militares, públicos y privados en una respuesta unificada.

    “Hemos logrado atender de manera óptima a los pacientes”, dijo.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

    Genevieve Glatsky es una reportera del Times radicada en Bogotá.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

  • Cómo comer pizza con un modelo

    Cómo comer pizza con un modelo

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    Pide las porciones, dóblalas por la mitad, coquetea con el modelo y espera que tu novio se ponga celoso.

    “Hay alguien a quien quiero que conozcas”, dijo mi madre. “Es modelo. Se llama Jason”.

    Tenía 20 años, estaba en casa durante las vacaciones de la universidad y la casa era nueva. Aproximadamente un mes después de que me graduara de la preparatoria, mi madre se mudó de Nueva Jersey a un apartamento en Manhattan.

    Este modelo tenía mi edad, me explicó mi madre. Era un chico encantador, un poco solitario. “Creo que echa de menos su casa”, dijo. “Le cociné espaguetis”.

    “¿Le cocinaste espaguetis a un modelo?”.

    Tenía una amiga que trabajaba en una agencia de modelos y Jason era uno de sus clientes. Yo tenía un novio que vivía en Nueva Jersey.

    Mi mejor amiga, Liz, se quedó a dormir esa noche, ilusionada con la visita del modelo. Ella todavía vivía en Nueva Jersey y yo la tenía que llevar de vuelta al día siguiente. Nos dimos emocionadas palmadas en los brazos y corrimos hacia el espejo a exprimirnos algunos granos.

    Mi madre gritó desde la diminuta cocina de nuestro nuevo apartamento: “Tiene una sesión de fotos para Calvin Klein. Se los advierto. Está guapísimo”.

    Me preguntaba si mi novio se pondría celoso, no porque él fuera celoso precisamente. Tal vez con alguien más lo habría estado, pero nuestra relación era a distancia y abierta. No había tiempo para posesiones ni reglas. Yo estudiaba en la universidad de Boston y él en una universidad local de Nueva Jersey.

    Hablábamos casi todas las noches y yo le contaba por teléfono mis ligues y aventuras de una noche. Le conté cómo me había enredado con un chico en un bar y cómo le había explicado al mismo chico: “La única razón por la que me estoy enredando contigo es porque te pareces a mi novio, que vive en Nueva Jersey”.

    Pero no era un intercambio justo, porque mi novio nunca me daba detalles de lo que él hacía. Le pregunté si había otras chicas, otros besos… ¿Alguien para pasar el rato?

    “Nunca”, afirmó.

    Nada más que sí había. Mis amigos me contaban que en tal o cual bar se había ligado a tal o cual chica. Yo seguía esperando a que él me lo dijera. No había nada que ocultar. Era la distancia lo que nos separaba, no otras mujeres, ¿verdad?

    Para su cumpleaños, le regalé una lámpara de lava morada. Llevábamos dos años juntos, con algunas interrupciones y nunca nos habíamos dicho “Te amo”. Esa noche no pude contener las palabras y prácticamente me derrumbé de rodillas cuando le dije que lo amaba.

    ¿Recuerdas la primera vez que le dijiste “Te amo” a alguien? El aire se te escapa de repente, como si alguien te golpeara en el estómago. Pero él no dijo nada. Le dije que lo amaba; él me abrazó y dijo: “Gracias”. Nos recostamos juntos en su cama, mientras las manchas moradas de la lámpara de lava proyectaban un resplandor sobre las paredes de su pequeño dormitorio.

    Ahora, mientras esperaba en el apartamento de mi madre, sonó el timbre.

    “¡Ya llegó el modelo!”, grité.

    “Tiene nombre”, exclamó mi madre.

    Jason era, sin duda, la persona más guapa que había visto en mi vida. Pelo rubio corto. Pómulos marcados. Mandíbula perfectamente delineada. Ojos azules.

    “Hola, mucho gusto”, dijo y “Oye, tu mamá ha sido muy amable conmigo” y “Oye, tu madre es genial”.

    Mi madre sonreía radiante desde un rincón.

    No sé qué nos hizo llevarlo a comer pizza. Quizá su aspecto era tan intimidante que tuvimos que bajarlo a nuestro nivel. Jason empezó a comer la pizza desde la punta, a pequeños bocados.

    “¿Qué te pasa?”, le dije. “Dóblala por la mitad y cómetela como una persona normal”.

    “¿Por qué tendría que doblar mi pizza a la mitad?”, preguntó Jason. Era de Arizona o California, lugares donde la pizza es algo secundario.

    “En Nueva Jersey, se reirían de ti por eso”, comentó Liz.

    A él le pareció divertidísimo y dobló la pizza, con la grasa chorreándole por la barbilla. Éramos dos chicas jóvenes, chicas normales, que pedimos no una, sino dos porciones de pizza cada una. No éramos el tipo de chicas a las que los modelos de Calvin Klein estaban acostumbrados a tener cerca.

    “Sería el hazmerreír de Nueva Jersey”, expresó. “¿Cuándo puedo ir a Jersey?”

    ¡Nunca! Quería decirle. ¡Eres demasiado guapo para Nueva Jersey!

    Pero entonces recordé que tenía que llevar a Liz a su casa.

    “Puedes ir ahora mismo, si quieres”. Mi corazón empezó a latir con fuerza porque se me ocurrió que Jason sería la excusa perfecta para poner celoso a mi novio. Podríamos aparecer en su puerta y presentar a Jason como mi nuevo amigo.

    “Seré tu guía”, dije riendo. “Podemos pasar delante de la casa de mi novio”.

    “¿La casa de tu novio?” preguntó. “Sí, claro. ¿Por qué no?”.

    Mientras conducíamos, le señalábamos los lugares emblemáticos. Ahí está el Giants Stadium. Ahí está el Tick Tock Diner. Ahí está Pizza 46. Jason iba sentado atrás y metía la cara entre los asientos delanteros.

    Me ponía nerviosa dejar a Liz. En cuanto ella saliera del auto, quedaríamos solo Jason y yo. Da seguridad tener a un lado a tu mejor amiga, el tipo de persona que podría hacerte entrar en razón. El tipo de persona que podría decir: “Vuelve a la ciudad. No pases por delante de la casa de tu novio”.

    Pero ella se bajó sin decir más y Jason se pasó al asiento delantero. Si daba media vuelta y lo llevaba a casa, la noche se acabaría. Uno no sale con modelos solitarios más de una vez porque nunca están solos por mucho tiempo. Después de esa noche, no volví a verlo hasta que apareció en un programa de televisión muy popular unos años más tarde.

    Así que conduje hasta el barrio común y corriente de mi novio, muy parecido al barrio en el que crecí. Meses más tarde, después de que él rompiera conmigo por otra chica, me dijo mi madre: “Estabas destinada a superarlo de una u otra manera”. Él no te hubiera podido seguir el ritmo. Lo habrías eclipsado”.

    Sin embargo, allí estaba yo, conduciendo por su calle, como loca, con ese modelo en mi auto. Era una chica más de Jersey, como todas esas chicas de Jersey antes de mí, sin nada especial, arrastrando a un tipo cualquiera para darle celos a mi novio. Estaba tratando a Jason, un chico muy amable, como si fuera un trofeo de caza.

    Arrojada por la vergüenza, cambié de opinión y aceleré, buscando un cruce para escapar.

    “¿No vamos a pasar por su casa?”, preguntó Jason. “¿No habíamos quedado con él?”

    “Deberíamos regresar”, le expliqué. “No puedo respirar aquí. ¿No hueles el río Passaic desde aquí?”

    Pero Jason tenía que ir al baño. Podría haberlo llevado al baño de un restaurante sobre la autopista de regreso a la ciudad. El Tick Tock estaba a cinco minutos de allí. En lugar de eso, le dije: “Mi padre vive a unos diez minutos de aquí. Podríamos ir a su casa”.

    “Genial”, expresó Jason. “Me encantan los papás”.

    Unos meses antes, cuando le pregunté a mi novio si quería conocer a mi padre, me dijo: “¿Por qué? No es que nos vayamos a casar ni nada por el estilo”. Para entonces, yo ya había iniciado los trámites para cambiarme de la Northeastern a la N.Y.U. para estar más cerca de él. Fantaseaba con casarme con él.

    Mi padre estaba viendo la tele en el cuarto de estar cuando llegamos. Jason le dio la mano a mi padre y luego se excusó para ir al baño.

    “¿Este es el novio?”, preguntó mi padre. Parecía impresionado.

    “No, papá”, le contesté. “Este no es mi novio”.

    Unos días más tarde, mientras aún estaba en Nueva York, vi a mi novio y le conté de Jason. Que habíamos vivido una aventura de locos. Que lo había llevado en coche hasta Nueva Jersey para que conociera a mi padre. De lo guapo que era. ¿Y no era curioso que fuera modelo de Calvin Klein?

    Su rostro se crispó un poco, pero no lo suficiente como para expresar celos. Ni ninguna otra emoción, por cierto.

    ¿Cuándo debí haberme dado cuenta de que para él eso no tenía ninguna importancia? ¿Cuando le dije que lo amaba y él no me lo dijo de regreso? ¿O cuando me dijo que no necesitaba conocer a mi padre? ¿O cuando no me contó que se había ligado a otras chicas?

    La actitud de chica relajada funciona cuando estás comiendo pizza con un modelo. Jason me veía como una chica esquiva y segura de sí misma. Eso hizo que quisiera pasear conmigo en la noche y aventurarse a ir a los suburbios de Jersey.

    La actitud de chica relajada no funciona cuando intentas que tu novio se enamore de ti. Tal vez nunca fue mi novio, para empezar.

    “¿Así que ahora estás enamorada de este chico?” Preguntó mi novio con una sonrisa burlona.
    “No”, contesté. “En lo absoluto”.

    Cómo comer pizza con un modelo masculino. (Brian Rea/The New York Times)