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La líder opositora exiliada se empeña en volver a un país desolado por los terremotos, lo que ha irritado a las autoridades estadounidenses, enfocadas en la recuperación y la estabilidad.
María Corina Machado, la líder venezolana galardonada con el Premio Nobel de la Paz que vive en el exilio, ha hecho un enérgico intento en la última semana por volver a su país, al decir al gobierno de Donald Trump y al pueblo venezolano que quiere ayudar en la recuperación tras los devastadores terremotos.
Pero el gobierno de Trump ha rechazado varias veces sus peticiones y le ha hecho saber a la dirigente opositora que se ha convertido en una distracción, lo que ha transformado meses de tensiones latentes en una ruptura abierta con la política más popular de Venezuela, según seis personas al tanto de las conversaciones.
Algunos funcionarios afirman ahora que no está claro si Machado podrá enmendar su relación con el gobierno de Trump.
Machado, que en su día fue una protegida muy elogiada por la clase dirigente republicana de Washington, lideró el grupo de la oposición cuyo candidato ganó con holgura las elecciones presidenciales de 2024, según observadores independientes, a pesar de la manipulación generalizada y la supresión de votantes por parte del gobierno. Las elecciones fueron amañadas por el autócrata Nicolás Maduro, que fue derrocado a principios de este año por fuerzas estadounidenses.
Pero Machado enfrenta a posibles represalias por parte de las fuerzas de seguridad venezolanas si regresa, y no ha logrado convencer a Trump de que tiene la influencia política necesaria para gobernar Venezuela, un país que él ha descrito en repetidas ocasiones como el mayor éxito de política exterior de su segundo mandato.
Ni siquiera el gesto inédito de Machado de regalarle a Trump su medalla del Nobel –a pesar de la oposición del comité del premio— ha sido suficiente para convencerlo. Tras vivir en la clandestinidad en Venezuela por miedo a que la detuvieran, se marchó el año pasado para recoger el Premio de la Paz y no ha vuelto.
Los dos terremotos que devastaron Venezuela el miércoles pasado fueron el punto de ruptura de una relación con Trump que llevaba meses deteriorándose. Machado ha usado la catástrofe para intentar volver a situarse en el centro de la vida política venezolana, redoblando sus esfuerzos por conseguir el apoyo de EE. UU. para regresar al país.
En cambio, el gobierno de Trump ha dado prioridad a la estabilidad y ha reforzado su alianza con los adversarios de Machado en el gobierno venezolano, figuras que permanecen del régimen de Maduro.
La Casa Blanca instó a Machado a que mantuviera la paciencia y, cuando la líder de la oposición hizo caso omiso de ese consejo, le comunicó estos últimos días que ahora estaba por su cuenta y que no contaba con el respaldo del gobierno de Estados Unidos, según siete personas al tanto de las conversaciones.
La pérdida del apoyo de Estados Unidos tiene consecuencias prácticas para Machado y el futuro político de Venezuela.
Al igual que millones de otros venezolanos que han emigrado, Machado no tiene un pasaporte venezolano válido, consecuencia de la discriminación que el gobierno lleva años ejerciendo contra los ciudadanos afines a la oposición. Por eso, Machado necesita que la comunidad internacional ejerza presión sobre los gobernantes de Venezuela para garantizar su entrada. Dado que Estados Unidos tiene hoy influencia sobre la presidenta interina, Delcy Rodríguez, está en una posición única para asegurar la entrada de Machado.
“Quiero volver a Venezuela para acompañarnos”, dijo Machado el lunes en un video dirigido a los venezolanos desde la ciudad de Panamá. “El régimen quiere bloquear mi regreso a Venezuela, y el de miles de compatriotas que queremos ir a ayudar”.
Los opositores de Machado en Washington y Venezuela han logrado convencer a altos cargos de la Casa Blanca de que su regreso implica el riesgo de agravar el ambiente ya de por sí tenso en el país tras los terremotos y de poner en peligro los esfuerzos conjuntos de ayuda humanitaria, dijeron personas al tanto de las conversaciones.
La Casa Blanca remitió las preguntas al Departamento de Estado y al gobierno de Venezuela, y la oficina de Machado no respondió a las solicitudes de comentarios. Un funcionario del Departamento de Estado se negó a hacer comentarios sobre Machado. El funcionario estadounidense elogió la respuesta del gobierno interino de Venezuela ante los terremotos y dijo que había accedido a todas las peticiones formuladas por el gobierno de Trump como parte de los esfuerzos de ayuda de EE. UU.
El enfrentamiento entre la Casa Blanca y Machado representa uno de los ejemplos más claros de cómo Trump está trastocando las posturas internacionales de Estados Unidos, antes inquebrantables, al otorgar poder a antiguos adversarios, abandonar a aliados y dar prioridad a los acuerdos comerciales.
La ruptura de la antigua alianza de Machado con el gobierno de Estados Unidos se produce tras meses de tensiones crecientes sobre cómo debería gobernarse Venezuela tras la caída de Maduro, su enemigo común.
Después de que las fuerzas estadounidenses arrestaron a Maduro en enero, el gobierno de Trump optó por un enfoque gradualista. Estados Unidos ha reconocido al vicepresidente del autócrata derrocado, Rodríguez, como nuevo líder. El gobierno de Trump quiere que el país se abra a los inversores estadounidenses, con la intención de convocar elecciones libres en una fecha posterior aún por determinar.
Machado, por el contrario, ha presionado para que haya una transición política de inmediato, argumentando que las elecciones presidenciales amañadas le dieron el mandato para gobernar.
Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, llevan meses aconsejando personalmente a Machado que posponga su regreso. Los funcionarios estadounidenses han esgrimido argumentos relacionados con la seguridad personal de la líder opositora, alegando que no pueden garantizar su integridad.
En privado, algunos funcionarios estadounidenses y personas cercanas a la Casa Blanca dijeron que el regreso de Machado complicaría mucho la alianza cada vez más cercana del gobierno de Trump con Rodríguez. Trump ha calificado repetidamente esa relación como un gran éxito.
Estas diferencias estratégicas, según personas al tanto de las conversaciones, llegaron a un punto de ruptura tras los dos terremotos del miércoles, que se cobraron la vida de al menos 1900 personas y devastaron zonas de la costa del país.
Tras el desastre, Machado ha intensificado de forma notable sus esfuerzos por volver a participar en la vida política de Venezuela. Ha escrito personalmente a varias personas del gobierno de EE. UU., entre ellas el Departamento de Estado y el Congreso, pidiéndoles apoyo para facilitar su regreso, según una persona que conoce el asunto.
Esta persona dijo que esta iniciativa tuvo una respuesta tibia, y que algunos funcionarios se mostraron molestos por lo que percibieron como la impaciencia de Machado y su aparente deseo de aprovechar la situación para obtener beneficios políticos.
En Panamá, Machado ha hecho declaraciones públicas cada vez más contundentes anunciando su inminente regreso. En un discurso el lunes afirmó “el régimen cerró el espacio aéreo de nuestro país para intentar impedírmelo”, refiriéndose a su regreso.
Sin embargo, los datos de seguimiento de vuelos mostraron que los aeropuertos provinciales de Venezuela recibieron vuelos comerciales en las horas previas y posteriores a su declaración. (El principal aeropuerto de Venezuela, cerca de la capital, Caracas, ha estado cerrado a todo tráfico comercial tras el terremoto debido a los daños generalizados).
Las afirmaciones de Machado sobre su inminente retorno han avivado intensos debates dentro del gobierno venezolano sobre cómo reaccionar si se presenta en la frontera, según personas cercanas al gobierno.
Algunos funcionarios han argumentado que rechazarla de forma pública perjudicaría los esfuerzos de Rodríguez por dar una nueva imagen al partido gobernante –profundamente impopular– como un movimiento más inclusivo y tolerante.
A otros miembros del círculo de poder, sin embargo, les preocupa que el regreso de Machado pueda desestabilizar su posición y desencadenar un nuevo periodo de conflictos en un país que lleva décadas pasando de una crisis política violenta a otra.
El gobierno de Rodríguez ya ha sido muy criticado por su respuesta lenta e insuficiente ante la catástrofe y acusado de aprovechar la tragedia con fines propagandísticos. Los vecinos, cada vez más enfadados, han abucheado y, en algunos casos, han echado a los funcionarios que acuden a los edificios destruidos por los terremotos.
El regreso de Machado probablemente avivaría aún más el descontento, según han argumentado algunas personas cercanas a Rodríguez.
Este argumento ha encontrado adeptos al interior del gobierno de Trump, que ha redoblado su apoyo a Rodríguez tras el terremoto. Antes de que se produjera la catástrofe, Trump afirmó en repetidas ocasiones que la intervención de EE. UU. había traído una riqueza sin precedentes e incluso una felicidad generalizada a Venezuela, donde la gente tachaba esas afirmaciones de tonterías. Los terremotos se perfilan como el mayor desafío que enfrenta EE. UU. desde que se implicó en el país.
Machado sigue contando con el apoyo de varios funcionarios del Departamento de Estado, entre ellos Chris Landau, el subsecretario de Estado, y de miembros republicanos del Congreso, según personas familiarizadas con el asunto. Pero su decisión de intensificar su campaña para regresar ha dañado gravemente su relación con los funcionarios estadounidenses que, en última instancia, toman las decisiones en el gobierno de Trump, dijo esa persona.
Adriana Loureiro Fernandez colaboró con reportería desde La Guaira, Venezuela.
Anatoly Kurmanaev cubre Venezuela y su gobierno interino.
Tyler Pager es uno de los corresponsales del Times para la Casa Blanca y cubre al presidente Trump y su gobierno.
Adriana Loureiro Fernandez colaboró con reportería desde La Guaira, Venezuela.









