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  • Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia

    Los hospitales de Venezuela colapsan ante la emergencia

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    Los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida.

    Había niños con la cara magullada y las piernas rotas. Un paciente se enfrentaba a su tercera noche en una camilla en el patio de un hospital, con el gotero de la vía intravenosa sujeto a la rama de un árbol. Una morgue diseñada para dos cuerpos estaba abarrotado con 30. Sin electricidad, los sistemas de refrigeración del depósito fallaron y el calor aceleró la descomposición. El hedor era insoportable.

    Dos días después de que dos terremotos históricos sacudieran Venezuela, los hospitales y las morgues de Caracas y La Guaira se vieron desbordados por pacientes, fallecidos y familiares que esperaban encontrar a sus seres queridos con vida. Los médicos, que llevan años trabajando en hospitales públicos con una financiación lamentablemente insuficiente, dijeron que nunca habían visto tanto sufrimiento de golpe.

    Las imágenes del viernes, tanto dentro como fuera de los hospitales de la región, dejaron al descubierto lo poco preparado que estaba el gobierno de Venezuela para este desastre. El sistema de salud del país ha sido una de las principales víctimas de una crisis económica y de la mala gestión crónica del gobierno que se remonta a más de una década.

    El viernes, los pacientes yacían al aire libre en los patios de los hospitales; los escombros rodeaban las clínicas. Y ante la falta de ayuda estatal, aparecieron ciudadanos y voluntarios médicos que traían agua, medicinas y suministros.

    También surgieron hospitales de campaña, como uno en la terminal de autobuses de la ciudad de Catia La Mar.

    En un hospital de Caracas conocido como Periférico de Catia, una niña de cinco años había llegado tras ser rescatada de entre los escombros. Mientras un médico le pasaba la sonda de ecografía por el abdomen, la niña no dejaba de repetir, casi en un susurro, que había habido un terremoto.

    Le temblaba la voz, igual que las manos. Otros miembros de su familia no tuvieron tanta suerte; su hermano de nueve años y su abuela, que estaban con ella cuando se derrumbó el edificio, habían fallecido, dijo una de las madrinas de la niña.

    Circularon por internet imágenes de niños que habían sido encontrados entre los escombros sin sus padres, entre ellos un bebé de seis meses con la cara enrojecida y arañada.

    En la morgue estatal de Bello Monte, se respiraba un ambiente de conmoción contenida. Decenas de familias habían acudido para intentar encontrar a sus seres queridos desaparecidos o identificar a personas de las que ya sabían que habían fallecido.

    De vez en cuando, el silencio se rompía con los sollozos de quienes veían llegar a otra familia con la confirmación de una muerte.

    Entre ellos estaba Stuart Pinto, de 49 años, que dijo que llevaba dos días sin dormir. Estaba esperando recibir el cuerpo de su hijo, Deyker Pinto, de 34 años, quien, según dijo, había quedado desmembrado durante el terremoto.

    Pinto había llorado el día anterior, dijo, pero ahora ya no le salían lágrimas. Dijo que solo quería recoger el cuerpo de su hijo para poder darle sepultura.

    En el Hospital José María Vargas de Caracas, algunos pacientes que ya estaban ingresados antes del terremoto dijeron que el interior del centro había sufrido graves daños.

    Fuera, la gente se agolpaba alrededor de las listas de pacientes, buscando a sus familiares.

    Como había tan pocas ambulancias disponibles, a las personas que habían sido rescatadas de entre los escombros las llevaban al Hospital Domingo Luciani en coches normales.

    Un coche entró a toda velocidad en el estacionamiento de la clínica con un cartel en la ventanilla que declaraba llevar heridos y decía “EMERGENCIA”. Al frenar en seco, los pasajeros salieron en tropel y empezaron a pedir ayuda. Un joven salió del coche, con cara de angustia, y gritó de dolor.

    De un segundo automóvil salió una mujer mayor, con aire perdido, y unos hombres con cascos rojos la guiaron hacia dentro para que la atendieran.

    Al norte de Caracas, en Catia La Mar, la Clínica Comunitaria Alfredo Machado había sobrevivido al terremoto, pero estaba rodeada de edificios derrumbados.

    Desde el miércoles por la noche, una clínica acostumbrada a las revisiones rutinarias de pacientes y a las urgencias cotidianas se había transformado en un centro de triaje para catástrofes.

    Pero a última hora de la tarde del viernes, su función había vuelto a cambiar. Los vehículos ya no traían enfermos ni heridos, sino que ahora llegaban con fallecidos.

    Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

    Julie Turkewitz es jefa del buró de los Andes, radicada en Bogotá, Colombia, cubre Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Perú.

    Adriana Loureiro Fernandezy Fabiola Ferrero colaboraron con la reportería desde Caracas y La Guaira.

  • En las ciudades afectadas en Venezuela, los habitantes se preguntaban dónde estaba el ejército

    En las ciudades afectadas en Venezuela, los habitantes se preguntaban dónde estaba el ejército

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    Muchas personas en La Guaira dijeron esta semana que se sentían abandonadas por el Estado y que los propios vecinos habían liderado muchas de las primeras labores de rescate.

    Cuando la presidenta Delcy Rodríguez anunció el viernes que iba a “militarizar” La Guaira, la zona más afectada por los dos terremotos de esta semana, algunos venezolanos esperaban que eso significara maquinaria pesada, misiones de rescate bien organizadas y ayuda rápida para la región devastada.

    En cambio, muchos se quedaron preguntándose qué se les había ordenado hacer a las fuerzas militares.

    En La Guaira, se veía a los militares, algunos con armas largas, sobre todo en las avenidas, ayudando a mantener el tráfico en movimiento y a alejar a la gente de ciertas zonas. En otras localidades del norte, como Catia La Mar, Los Corales y Caraballeda, también se veía a personal de seguridad dirigiendo el tráfico, patrullando las calles y transportando los cuerpos de las víctimas, pero sin ayudar a retirar los escombros ni a buscar supervivientes.

    Mientras tanto, muchos vecinos intentaban con desesperación rescatar a sus seres queridos y vecinos bajo los escombros, usando palas, picos y herramientas prestadas. Cuando encontraban a alguien herido, normalmente no era una ambulancia ni un vehículo oficial el que se lo llevaba rápidamente para recibir atención médica, sino el coche particular de algún familiar.

    Rodríguez dijo en su comunicado por la televisión estatal que el ejército estaba en las zonas afectadas para ayudar y que había despejado muchas carreteras. Pero no especificó qué supondría ese despliegue para la región, ni si los soldados patrullarían las calles o impondrían un toque de queda.

    Ante las críticas de los residentes, que dicen que las autoridades han hecho muy poco y con demasiada lentitud, el gobierno ha difundido sus esfuerzos a través de los canales oficiales, tanto en internet como en la tele, mostrando a bomberos que sacan a las víctimas de entre los escombros y a agentes de policía detrás de cintas amarillas.

    Pero mucha gente en La Guaira dijo esta semana que se sentía abandonada por el Estado y que los propios vecinos habían liderado muchas de las primeras labores de rescate, a menudo trabajando hasta bien entrada la noche.

    A medida que llegaban a Venezuela los recursos y el personal desde el extranjero, los usuarios de las redes sociales también se quejaron de que las fuerzas armadas venezolanas brillaban por su ausencia en la respuesta a la emergencia.

    En una entrevista televisada el jueves, la líder de la oposición venezolana María Corina Machado lamentó la “falta de capacidad de respuesta ante emergencias por parte del régimen”.

    “Hay zonas que ahora mismo no están recibiendo atención”, dijo en Newsmax. “Hay mucha gente atrapada bajo los escombros”.

    En las redes sociales, miembros de la oposición política expresaron su preocupación por que las fuerzas militares se hicieran con el control de los flujos de ayuda, una señal de la profunda desconfianza que algunos venezolanos sienten hacia la poderosa clase dominante militar del país.

    Las investigaciones de las Naciones Unidas han implicado a los servicios de seguridad e inteligencia del país en abusos sistemáticos de los derechos humanos que constituyen crímenes contra la humanidad, entre ellos detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y tortura de críticos, así como ejecuciones extrajudiciales.

  • Emily Blunt habla sobre ‘El día de la revelación’ y su nerviosismo frente a Spielberg

    Emily Blunt habla sobre ‘El día de la revelación’ y su nerviosismo frente a Spielberg

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    Los dos últimos años han sido buenos para Emily Blunt, quien obtuvo importantes nominaciones a premios por Oppenheimer y La Máquina, y coprotagonizó el éxito mundial El diablo viste a la moda 2. Sin embargo, para Blunt, de 43 años, pocos hitos profesionales pueden compararse con el hecho de que Steven Spielberg le ofreciera el papel protagonista en El día de la revelación, actualmente en cartelera.

    “De niña, recuerdo lo mucho que me alteró y cómo me sentí exactamente igual que Elliott cuando E.T. se marchó”, dijo recientemente en una charla por video. “Recuerdo haber quedado completamente traumatizada por Tiburón y muy emocionada con Indiana Jones. Así que resulta algo muy surrealista que él quiera conocerte y trabajar contigo”.

    En El día de la revelación, Blunt interpreta a Margaret, una meteoróloga de Kansas City, Misuri, que aparentemente es poseída durante una transmisión e interrumpe su informe meteorológico para emitir unos inquietantes chasquido alienígenas. Su extraño comportamiento llama la atención de unos misteriosos agentes del gobierno quienes esperan descifrar su mensaje, y pronto Margaret se ve envuelta en una conspiración que se remonta a décadas atrás y que podría demostrar la existencia de vida extraterrestre en la Tierra.

    Sin embargo, Blunt no sabía nada de eso cuando Spielberg la invitó a su primera reunión.

    “Fue todo muy, muy secreto, y me encanta cuando ni siquiera tu agente sabe de qué trata la película”, dijo. Mientras Spielberg le describía el proyecto, Blunt apenas podía creer que le estuviera pidiendo protagonizar algo que él consideraba similar a E.T., el extraterrestre y Encuentros cercanos del tercer tipo, grandes éxitos de ciencia ficción destinados a plasmar lo que él sentía de niño al contemplar las estrellas.

    “Me pasé todo el rato diciendo ‘Mm-hmm’, e intentaba aparentar una serenidad imperturbable, cuando por dentro estaba muy nerviosa”, dijo.

    A continuación, se incluyen extractos editados de nuestra conversación.

    ¿Habías conocido alguna vez a Steven Spielberg antes de que te ofreciera esta película?

    Lo único que recuerdo es que estaba en el almuerzo de la AFI para Oppenheimer con [su director] Chris Nolan, y todo el mundo se acercaba a Chris sin cesar –actores, cineastas– hasta tal punto que él ya estaba tan acostumbrado que ni siquiera se levantaba. Y entonces vi que miró por encima de mi hombro y se puso de pie, ¡y era Steven!

    La gente ha calificado a Nolan como el heredero de Spielberg. Ahora que has trabajado con ambos, ¿en qué medida crees que se parecen?

    A ambos los encuentro increíblemente valientes, muy audaces, capaces de manejar un mundo mítico de enormes proporciones. Pero mira, uno es muy británico y el otro, para nada. Chris se parece a muchos miembros de mi familia, así que para mí era un terreno muy familiar. Aunque en realidad es muy tierno con los actores, hay una línea de comunicación directa y sin rodeos, como un rayo láser, sin suavizar los golpes. Los británicos no se emocionan con nada, en realidad, porque se percibe como una muestra de efusividad, así que, para mí, Chris es como un Blunt.

    Pero hay algo instintivo que ambos comparten. Aunque Steven lo muestra más abiertamente, a ambos les invade una especie de emoción, como si se sintieran conmovidos. Nunca se ve a ninguno de los dos con la cabeza entre las manos, preguntándose: “¿Cómo vamos a rodar esto?”, jamás.

    Spielberg es conocido por su ingeniosa dirección escénica. En su primera escena, Margaret no deja de cruzar la habitación de un lado a otro –mira una computadora portátil, prepara un pan tostado– y hay una precisión en todos esos movimientos que casi parece una coreografía.

    Él quería que Margaret estuviera en constante movimiento al principio –esa inquietud, esa incapacidad para afianzarse en algo–, por lo que siempre se está moviendo. Cuando lo ensayamos, él no tenía ninguna idea preconcebida de cómo rodarlo. Simplemente me dijo: “pensaba que podrías empezar aquí, y hagas lo que hagas, simplemente déjate llevar”.

    Así que lo vas haciendo, y él te observa. Lleva un puro apagado y se lleva la mano a la oreja –todos esos pequeños tics que me parecen tan adorables–; luego da una vuelta un momento y dice: “Bien, esto es lo que vamos a hacer”. Le gusta la espontaneidad. No creo que lo dirija todo con demasiada rigidez, y muchos directores se vuelven muy técnicos con la cámara. Pero es muy emocionante verlo construir la escena justo delante de ti.

    En tu investigación, ¿qué descubriste sobre la personalidad del meteorólogo estadounidense?

    Tienen esa forma de hacerte partícipe y hacerte sentir parte del tiempo, como si dijeran: “¿No es emocionante?”. En cierto modo, te convencen y lo hacen divertido, aunque vaya a ser una auténtica pesadilla. En cambio, en Inglaterra somos un poco más pesimistas con respecto al tiempo, probablemente porque la mayoría de las veces es malo.

    Hablé con una meteoróloga increíble –no quiero revelar su nombre, pero es muy conocida– y es una profesión muy exigente. Tienen que pensar con rapidez y agilidad, porque, independientemente de lo que haya ocurrido en el ciclo de noticias de esa mañana, el tiempo tiene que adaptarse. Además, se peinan y maquillan ellas mismas, y se encargan de su propio vestuario. La mujer con la que hablé dijo que era un trabajo de veinticuatro horas al día, y que, una vez que empezó a tener hijos, ya no pudo seguir haciéndolo.

    En esta película utilizas un acento estadounidense, a pesar de que Spielberg te ha rodeado de otros actores del Reino Unido, como Josh O’Connor y Colin Firth.

    ¡Era ridículo! Realmente fue la invasión británica en la película de Steven. Normalmente intento mantenerme en un término medio [con su acento estadounidense entre tomas], pero entonces aparece Josh O’Connor y se acabó.

    Y además tienes que hablar coreano y ruso con aparente fluidez. ¿Te resultó difícil dominarlos?

    Siempre me han gustado los idiomas. Me encantaba el español en el colegio y mi madre es una gran lingüista, así que, antes de convertirme en actriz, quería ser traductora de español para la ONU. Me gustaría poder hablar idiomas, pero es como si dijera que debería aprender a tocar bien el ukelele. Simplemente necesito hacerlo de verdad.

    ¿Cómo concebiste los chasquidos alienígenas que hace Margaret?

    Tengo un sinfín de notas de voz con diversos sonidos extraños que le enviaba a Steven Spielberg. Él quería realmente un caleidoscopio de ruidos e intentaba encontrarlo junto a mí. Luego, cuando tuvimos esa gama de sonidos –desde tarareos hasta cantar al estilo de Barry White–, nos metimos en la cabina de sonido y lo grabamos todo. Para entonces, él simplemente dijo: “creo que tiene que ser matemático y no aterrador. Extraño e inquietante, pero que no de miedo”.

    Tus personajes en películas recientes como La Máquina, Oppenheimer y El diablo viste a la moda 2 no siempre hacen lo correcto. Intuyo que te gusta esa ambigüedad, pero ¿es diferente cuando interpretas a quien es más claramente la ‘buena’?

    Sí. Sea cual sea su comportamiento, no tengo por qué estar de acuerdo con él, pero sí tengo que entenderlo. Aun así, hay una oscuridad que se va infiltrando poco a poco cuando interpretas a personajes como Dawn Staples [la novia de un luchador de artes marciales mixtas en La Máquina] y Kitty Oppenheimer, y no siempre es un lugar agradable para habitar mientras lo haces. En el caso de Margaret, la quería muchísimo y la admiraba, y la eché de menos cuando terminó la película.

    ¿Te suele pasar eso a menudo?

    A veces, no siempre. De hecho, la mayoría de las veces pienso: “Lo he superado”, y de vez en cuando se vive una experiencia de la que uno desea librarse cuanto antes. Pero lo único que he querido es seguir descubriendo diferentes personas que habitan en mí. Este trabajo me resulta muy terapéutico: permite sublimar las experiencias vividas en algo verdaderamente artístico.

    Al principio de tu carrera, dijiste que esperabas que El diablo viste a la moda te ayudara a romper con el estereotipo de las películas de época británicas. Al ver los papeles tan diferentes que has interpretado recientemente, ¿crees que fue la primera Prada la que te puso en ese camino?

    Ese personaje de El diablo viste a la moda, aunque sea una lunática y un completo desastre como persona, me abrió muchas puertas a la comedia y a papeles de carácter. Si uno es de Inglaterra y se te exige ponerte una cofia, salir en Foyle’s War o cumplir tu tiempo en la televisión británica de esa manera, eso me permitió que me vieran de una forma diferente. Y se lo agradecí mucho.

    En El diablo viste a la moda 2, cuando Miranda Priestly le dice a tu personaje, Emily: “No eres una visionaria, eres una vendedora”, es la frase más mordaz de la película. Si Meryl Streep me dijera eso a mí, me desintegraría.

    ¡Y me desintegré! Estábamos muy cerca, y entonces ella clava esos ojos verde menta en ti, y yo me encogí. Además, realmente saboreó la palabra “vendedora”. Pero es necesario que Emily reciba una reprimenda. Es fundamental que ese personaje reciba su merecido. Creo que esa escena tiene un aire muy griego.

    Últimamente ha habido algunos éxitos notables de taquilla, entre ellos El diablo viste a la moda 2 y las sorpresas de terror Obsesión y Backrooms: sin salida.

    ¿No es estupendo? Estoy encantada de que la gente convierta de nuevo ir al cine en todo un acontecimiento. Este verano ha sido muy emocionante para todos los que formamos parte de la industria.

    ¿Qué crees que aprenderá Hollywood de estos éxitos?

    En el caso de El diablo viste a la moda, parecía que tenía potencial para convertirse en un auténtico fenómeno debido al revuelo que se había generado a su alrededor, aunque no creo que pensáramos que llegaría a este extremo.

    Pero me encanta que aparezca algo como Proyecto Fin del Mundo y la gente se pregunte: “Un momento, ¿cuál es la fórmula para llenar las butacas?”. Creo que a la gente le tomó por sorpresa lo bien que le fue a esa película. Lo vivimos con Un lugar en silencio [en la que actuó junto a su marido, John Krasinski, quien la dirigió]: cuando esa película triunfó, muchos de nuestros amigos acudieron a los estudios después y les dijeron: “De acuerdo, necesitamos una como esa”.

    Entonces, ¿cuál es la fórmula? ¿Percibes que haya algún hilo conductor?

    No sé si hay otra fórmula más allá de una historia extraordinaria, y eso es lo que acabe pegando. Simplemente ocurre. Creo que si se consigue conmover a la gente y crear algo familiar pero nuevo, quizá esa sea la fórmula. Quizá eso sea lo que funciona.

    Kyle Buchanan es reportero de cultura pop y escribe The Projectionist, la columna de la temporada de premios del Times.

  • Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

    Los terremotos en Venezuela azotan a un sistema de salud que ya estaba en crisis

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    Los bomberos están usando la luz de sus teléfonos porque hay escasez de linternas, y un hospital desbordado en la zona del desastre está funcionando sin agua corriente, dijo un médico.

    Los terremotos que sacudieron Venezuela esta semana pusieron de manifiesto la fragilidad del sistema médico de urgencias del país, después de que años de colapso económico, deterioro institucional y emigración masiva vaciaran los hospitales, los servicios de ambulancia y las operaciones de rescate, según médicos, personal de emergencias y grupos humanitarios.

    En el estado costero de La Guaira, el más afectado, dos de los tres hospitales públicos quedaron fuera de servicio, lo que dejó al único hospital operativo desbordado y sin suministros médicos básicos, según Jaime Lorenzo, director de la organización sin fines de lucro Médicos Unidos de Venezuela.

    El hospital está funcionando sin agua corriente, lo que obliga al personal a lavarse las manos y limpiar los suelos manchados de sangre con agua almacenada y suero intravenoso, dijo Lorenzo.

    En Caracas, el techo de uno de los principales hospitales de traumatología de la ciudad se derrumbó parcialmente durante los dos terremotos del miércoles. El personal pidió a través de las redes sociales a los pacientes que no acudieran a menos que se tratara de una emergencia que pusiera en peligro la vida.

    La situación va más allá de los hospitales. Venezuela solo cuenta con tres ambulancias públicas en funcionamiento que dan servicio al área metropolitana de Caracas, dijo Lorenzo. Calculó que, tras los terremotos, aproximadamente el 90 por ciento de los pacientes de La Guaira llegaron en la parte trasera de camionetas de la policía.

    Los cortes de electricidad y las fallas en las telecomunicaciones han complicado aún más la respuesta. Con las redes de telefonía móvil fuera de servicio, los hospitales a menudo no reciben avisos previos de los pacientes que van a llegar, y solo se enteran de la gravedad de las lesiones cuando los heridos llegan.

    El personal de emergencias ha tenido que recurrir a sistemas de radio y a la conexión a internet por satélite de Starlink para comunicarse, ya que los terremotos dejaron fuera de servicio gran parte de la red comercial de telefonía móvil.

    Lorenzo contó que los bomberos buscan en los edificios derrumbados con la luz de sus teléfonos porque no hay linternas suficientes. Los equipos de rescate tienen tan pocas palas que algunos han tenido que excavar el hormigón con sus propias manos, dijo.

    La escasez ha obligado a la gente común a asumir gran parte de las labores de rescate.

    Jacobo Vidarte, especialista en gestión de emergencias en Venezuela, dijo que, según los protocolos internacionales de búsqueda y rescate urbano, los vecinos son los primeros en intervenir ante una emergencia antes de que lleguen los equipos de rescate profesionales.

    Pero en Venezuela, los voluntarios –que a veces carecen de entrenamiento y del equipo adecuado– constituyen aproximadamente el 70 por ciento de quienes participan en la respuesta ante desastres, ya que el país cuenta con muy pocos equipos, dijo Vidarte.

    Estas deficiencias ya existían mucho antes de los terremotos.

    Los expertos dijeron que los sistemas de emergencias y de salud de Venezuela se han deteriorado después de más de 25 años de falta crónica de inversión y de planificación a largo plazo.

    La crisis económica del país aceleró un éxodo masivo de bomberos, enfermeros y médicos con experiencia, a medida que los sueldos del sector público se desplomaban. El equipamiento quedó en mal estado y los hospitales se enfrentaban a una escasez crónica de electricidad, agua corriente y suministros médicos.

    Más del 60 por ciento de los venezolanos carecía de acceso regular a la atención de la salud antes de los terremotos, según un informe de una plataforma humanitaria independiente, Hum Venezuela.

    Los expertos dicen que Venezuela aún cuenta con personal médico y de emergencias cualificado y comprometido, pero no es suficiente, como tampoco lo son los recursos y el equipo especializado necesarios para hacer frente a un desastre de esta magnitud.

    Lorenzo dijo que sus sueldos son tan bajos que tienen que pagar para ir a trabajar.

    Durante años, el gobierno también ha puesto al frente de muchas instituciones a personas designadas por motivos políticos en lugar de a expertos técnicos, dijo José Araque, geógrafo de la Universidad de los Andes que estudia el riesgo de desastres.

    Las instituciones científicas de Venezuela, añadió, llevan mucho tiempo identificando los riesgos sísmicos y elaborando recomendaciones, pero los gobiernos no han sabido plasmar ese trabajo en políticas públicas.

    Las organizaciones humanitarias internacionales afirman que los años de aislamiento político también complicaron la respuesta.

    Phil Gelman, director para Latinoamérica de GOAL, una organización humanitaria que lleva a cabo programas de salud en Venezuela, dijo que grupos como el suyo pasaron años trabajando de forma discreta en el país debido a la relación hostil del gobierno con la sociedad civil, lo que limitó las relaciones institucionales en las que suelen apoyarse durante los desastres.

    Gelman dijo que trabajaban en la sombra y que esa situación no se puede resolver de un día para otro.

    Janeth Márquez, directora de la oficina en Venezuela de la organización benéfica católica Cáritas, dijo que la respuesta del país se ha visto afectada por años de escasa coordinación entre los organismos gubernamentales y las organizaciones sin fines de lucro.

    Márquez dijo que no fueron los terremotos los que colapsaron el sistema de salud, sino que ya estaba colapsado.

    Carlos Alvarado, ministro de Salud de Venezuela, dijo en televisión que el gobierno había movilizado a más de 5000 profesionales de la salud y había integrado hospitales militares, públicos y privados en una respuesta unificada.

    “Hemos logrado atender de manera óptima a los pacientes”, dijo.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

    Genevieve Glatsky es una reportera del Times radicada en Bogotá.

    Tibisay Romero colaboró con reportería desde Valencia.

  • Cómo comer pizza con un modelo

    Cómo comer pizza con un modelo

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    Pide las porciones, dóblalas por la mitad, coquetea con el modelo y espera que tu novio se ponga celoso.

    “Hay alguien a quien quiero que conozcas”, dijo mi madre. “Es modelo. Se llama Jason”.

    Tenía 20 años, estaba en casa durante las vacaciones de la universidad y la casa era nueva. Aproximadamente un mes después de que me graduara de la preparatoria, mi madre se mudó de Nueva Jersey a un apartamento en Manhattan.

    Este modelo tenía mi edad, me explicó mi madre. Era un chico encantador, un poco solitario. “Creo que echa de menos su casa”, dijo. “Le cociné espaguetis”.

    “¿Le cocinaste espaguetis a un modelo?”.

    Tenía una amiga que trabajaba en una agencia de modelos y Jason era uno de sus clientes. Yo tenía un novio que vivía en Nueva Jersey.

    Mi mejor amiga, Liz, se quedó a dormir esa noche, ilusionada con la visita del modelo. Ella todavía vivía en Nueva Jersey y yo la tenía que llevar de vuelta al día siguiente. Nos dimos emocionadas palmadas en los brazos y corrimos hacia el espejo a exprimirnos algunos granos.

    Mi madre gritó desde la diminuta cocina de nuestro nuevo apartamento: “Tiene una sesión de fotos para Calvin Klein. Se los advierto. Está guapísimo”.

    Me preguntaba si mi novio se pondría celoso, no porque él fuera celoso precisamente. Tal vez con alguien más lo habría estado, pero nuestra relación era a distancia y abierta. No había tiempo para posesiones ni reglas. Yo estudiaba en la universidad de Boston y él en una universidad local de Nueva Jersey.

    Hablábamos casi todas las noches y yo le contaba por teléfono mis ligues y aventuras de una noche. Le conté cómo me había enredado con un chico en un bar y cómo le había explicado al mismo chico: “La única razón por la que me estoy enredando contigo es porque te pareces a mi novio, que vive en Nueva Jersey”.

    Pero no era un intercambio justo, porque mi novio nunca me daba detalles de lo que él hacía. Le pregunté si había otras chicas, otros besos… ¿Alguien para pasar el rato?

    “Nunca”, afirmó.

    Nada más que sí había. Mis amigos me contaban que en tal o cual bar se había ligado a tal o cual chica. Yo seguía esperando a que él me lo dijera. No había nada que ocultar. Era la distancia lo que nos separaba, no otras mujeres, ¿verdad?

    Para su cumpleaños, le regalé una lámpara de lava morada. Llevábamos dos años juntos, con algunas interrupciones y nunca nos habíamos dicho “Te amo”. Esa noche no pude contener las palabras y prácticamente me derrumbé de rodillas cuando le dije que lo amaba.

    ¿Recuerdas la primera vez que le dijiste “Te amo” a alguien? El aire se te escapa de repente, como si alguien te golpeara en el estómago. Pero él no dijo nada. Le dije que lo amaba; él me abrazó y dijo: “Gracias”. Nos recostamos juntos en su cama, mientras las manchas moradas de la lámpara de lava proyectaban un resplandor sobre las paredes de su pequeño dormitorio.

    Ahora, mientras esperaba en el apartamento de mi madre, sonó el timbre.

    “¡Ya llegó el modelo!”, grité.

    “Tiene nombre”, exclamó mi madre.

    Jason era, sin duda, la persona más guapa que había visto en mi vida. Pelo rubio corto. Pómulos marcados. Mandíbula perfectamente delineada. Ojos azules.

    “Hola, mucho gusto”, dijo y “Oye, tu mamá ha sido muy amable conmigo” y “Oye, tu madre es genial”.

    Mi madre sonreía radiante desde un rincón.

    No sé qué nos hizo llevarlo a comer pizza. Quizá su aspecto era tan intimidante que tuvimos que bajarlo a nuestro nivel. Jason empezó a comer la pizza desde la punta, a pequeños bocados.

    “¿Qué te pasa?”, le dije. “Dóblala por la mitad y cómetela como una persona normal”.

    “¿Por qué tendría que doblar mi pizza a la mitad?”, preguntó Jason. Era de Arizona o California, lugares donde la pizza es algo secundario.

    “En Nueva Jersey, se reirían de ti por eso”, comentó Liz.

    A él le pareció divertidísimo y dobló la pizza, con la grasa chorreándole por la barbilla. Éramos dos chicas jóvenes, chicas normales, que pedimos no una, sino dos porciones de pizza cada una. No éramos el tipo de chicas a las que los modelos de Calvin Klein estaban acostumbrados a tener cerca.

    “Sería el hazmerreír de Nueva Jersey”, expresó. “¿Cuándo puedo ir a Jersey?”

    ¡Nunca! Quería decirle. ¡Eres demasiado guapo para Nueva Jersey!

    Pero entonces recordé que tenía que llevar a Liz a su casa.

    “Puedes ir ahora mismo, si quieres”. Mi corazón empezó a latir con fuerza porque se me ocurrió que Jason sería la excusa perfecta para poner celoso a mi novio. Podríamos aparecer en su puerta y presentar a Jason como mi nuevo amigo.

    “Seré tu guía”, dije riendo. “Podemos pasar delante de la casa de mi novio”.

    “¿La casa de tu novio?” preguntó. “Sí, claro. ¿Por qué no?”.

    Mientras conducíamos, le señalábamos los lugares emblemáticos. Ahí está el Giants Stadium. Ahí está el Tick Tock Diner. Ahí está Pizza 46. Jason iba sentado atrás y metía la cara entre los asientos delanteros.

    Me ponía nerviosa dejar a Liz. En cuanto ella saliera del auto, quedaríamos solo Jason y yo. Da seguridad tener a un lado a tu mejor amiga, el tipo de persona que podría hacerte entrar en razón. El tipo de persona que podría decir: “Vuelve a la ciudad. No pases por delante de la casa de tu novio”.

    Pero ella se bajó sin decir más y Jason se pasó al asiento delantero. Si daba media vuelta y lo llevaba a casa, la noche se acabaría. Uno no sale con modelos solitarios más de una vez porque nunca están solos por mucho tiempo. Después de esa noche, no volví a verlo hasta que apareció en un programa de televisión muy popular unos años más tarde.

    Así que conduje hasta el barrio común y corriente de mi novio, muy parecido al barrio en el que crecí. Meses más tarde, después de que él rompiera conmigo por otra chica, me dijo mi madre: “Estabas destinada a superarlo de una u otra manera”. Él no te hubiera podido seguir el ritmo. Lo habrías eclipsado”.

    Sin embargo, allí estaba yo, conduciendo por su calle, como loca, con ese modelo en mi auto. Era una chica más de Jersey, como todas esas chicas de Jersey antes de mí, sin nada especial, arrastrando a un tipo cualquiera para darle celos a mi novio. Estaba tratando a Jason, un chico muy amable, como si fuera un trofeo de caza.

    Arrojada por la vergüenza, cambié de opinión y aceleré, buscando un cruce para escapar.

    “¿No vamos a pasar por su casa?”, preguntó Jason. “¿No habíamos quedado con él?”

    “Deberíamos regresar”, le expliqué. “No puedo respirar aquí. ¿No hueles el río Passaic desde aquí?”

    Pero Jason tenía que ir al baño. Podría haberlo llevado al baño de un restaurante sobre la autopista de regreso a la ciudad. El Tick Tock estaba a cinco minutos de allí. En lugar de eso, le dije: “Mi padre vive a unos diez minutos de aquí. Podríamos ir a su casa”.

    “Genial”, expresó Jason. “Me encantan los papás”.

    Unos meses antes, cuando le pregunté a mi novio si quería conocer a mi padre, me dijo: “¿Por qué? No es que nos vayamos a casar ni nada por el estilo”. Para entonces, yo ya había iniciado los trámites para cambiarme de la Northeastern a la N.Y.U. para estar más cerca de él. Fantaseaba con casarme con él.

    Mi padre estaba viendo la tele en el cuarto de estar cuando llegamos. Jason le dio la mano a mi padre y luego se excusó para ir al baño.

    “¿Este es el novio?”, preguntó mi padre. Parecía impresionado.

    “No, papá”, le contesté. “Este no es mi novio”.

    Unos días más tarde, mientras aún estaba en Nueva York, vi a mi novio y le conté de Jason. Que habíamos vivido una aventura de locos. Que lo había llevado en coche hasta Nueva Jersey para que conociera a mi padre. De lo guapo que era. ¿Y no era curioso que fuera modelo de Calvin Klein?

    Su rostro se crispó un poco, pero no lo suficiente como para expresar celos. Ni ninguna otra emoción, por cierto.

    ¿Cuándo debí haberme dado cuenta de que para él eso no tenía ninguna importancia? ¿Cuando le dije que lo amaba y él no me lo dijo de regreso? ¿O cuando me dijo que no necesitaba conocer a mi padre? ¿O cuando no me contó que se había ligado a otras chicas?

    La actitud de chica relajada funciona cuando estás comiendo pizza con un modelo. Jason me veía como una chica esquiva y segura de sí misma. Eso hizo que quisiera pasear conmigo en la noche y aventurarse a ir a los suburbios de Jersey.

    La actitud de chica relajada no funciona cuando intentas que tu novio se enamore de ti. Tal vez nunca fue mi novio, para empezar.

    “¿Así que ahora estás enamorada de este chico?” Preguntó mi novio con una sonrisa burlona.
    “No”, contesté. “En lo absoluto”.

    Cómo comer pizza con un modelo masculino. (Brian Rea/The New York Times)

  • Los datos de los dispositivos portátiles que realmente quiere tu doctor

    Los datos de los dispositivos portátiles que realmente quiere tu doctor

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    El secretario de salud, Robert F. Kennedy Jr., dijo que los dispositivos portátiles, como los relojes o los anillos inteligentes, eran una forma en la que la gente podía “tomar el control de su propia salud” y un elemento “clave” para el programa “Make America Healthy Again” (Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser sano).

    Estos dispositivos, a menudo denominados “ponibles”, pueden proporcionar un flujo de datos útiles, como el recuento de pasos, la frecuencia cardíaca, la calidad del sueño y las calorías quemadas. En los últimos años, las encuestas han revelado que alrededor del 40 por ciento de los estadounidenses utiliza algún tipo de dispositivo portátil y que los que más los utilizan son consumidores más jóvenes, más sanos y conscientes del acondicionamiento físico. “Mi idea es que todos los estadounidenses lleven un dispositivo portátil en un plazo de cuatro años”, expresó Kennedy en una audiencia del Congreso el año pasado.

    Sin embargo, muchos médicos se muestran escépticos y sostienen que solo algunos de los parámetros que proporcionan los dispositivos son clínicamente útiles; aún están determinando cuáles son y en qué contexto. El Dr. Zahi Fayad, director del Instituto de Ingeniería Biomédica e Imagen del Hospital Mount Sinai de Nueva York, dijo que estos dispositivos pueden ayudar a los médicos a monitorizar a los pacientes de forma remota y a detectar signos tempranos de enfermedad. No obstante, añadió que, por el momento, muchos de los datos de los dispositivos portátiles no cumplen con los estándares médicos y existen pocos datos que demuestren que su uso mejore la salud.

    Aun así, algunos pacientes, en busca de respuestas, llegan a la consulta médica con capturas de pantalla de los datos de sus dispositivos o con preguntas sobre lecturas confusas. Algunas empresas que comercializan dispositivos portátiles están comenzando a permitir a los usuarios consultar a médicos clínicos a través de sus aplicaciones.

    ¿Qué datos de los dispositivos portátiles son importantes para los médicos?

    Los doctores suelen recomendar algunos dispositivos portátiles, como el monitor continuo de glucosa, que cumplen con las normas de grado médico. Sin embargo, con los dispositivos portátiles que se pueden comprar en línea, los médicos solo se concentran en unos pocos parámetros que son médicamente significativos o reveladores.

    Por ejemplo, algunos dispositivos portátiles pueden detectar la fibrilación auricular, una anomalía del ritmo cardíaco potencialmente peligrosa, dijo la Dra. Erica Spatz, directora del programa de salud cardiovascular preventiva de la Facultad de Medicina de Yale. En un estudio sobre el Apple Watch, los investigadores compararon las notificaciones de pulso irregular con las lecturas simultáneas de un parche de electrocardiograma de grado médico y descubrieron que las alertas del reloj correspondían a fibrilación auricular el 84 por ciento de los casos.

    Otros parámetros, como el recuento de pasos, pueden indicar a los médicos el nivel de actividad o sedentarismo. Diversos estudios han relacionado dar unos 7.000 pasos al día con la disminución del riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y demencia.

    Los patrones básicos de sueño –a qué hora te acuestas, a qué hora te levantas y cuánto tiempo duermes en total– también pueden resultar útiles, ya que tanto la regularidad como la duración del sueño son importantes, dijo la Dra. Cheri Mah, especialista en medicina del sueño en California y profesora adjunta del Centro de Medicina del Sueño de Stanford. Los investigadores compararon tres populares dispositivos portátiles con un estudio del sueño de referencia y descubrieron que los dispositivos coincidían con el estudio en más del 90 por ciento de los casos a la hora de distinguir entre el sueño y la vigilia.

    Sin embargo, algunos parámetros, como la presión arterial, el oxígeno en la sangre y las fases del sueño, no se miden con precisión mediante los dispositivos portátiles, dijo Spatz. Otros, añadió, como el VO₂ máx. y la variabilidad de la frecuencia cardíaca, pueden ofrecer medidas aproximadas del acondicionamiento físico y la recuperación, pero aún no son útiles para tomar decisiones médicas.

    Muchos de los dispositivos portátiles también ofrecen puntuaciones de bienestar, que agrupan múltiples flujos de datos en una simple cifra, como la edad biológica, el estrés o la calidad del sueño. Cada empresa calcula estas puntuaciones de forma diferente, utilizando sus propios algoritmos patentados, dijo el Dr. Jag Singh, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard y antiguo catedrático de cardiología del Hospital General de Massachusetts. Por lo tanto, los médicos no pueden determinar qué miden estas puntuaciones realmente o si corresponden a resultados de salud reales.

    “Pueden resultar útiles a nivel de bienestar individual”, afirmó Singh, “pero no creo que sean útiles para el doctor”.

    Cómo utilizar correctamente los dispositivos portátiles

    La mejor forma de utilizar los dispositivos portátiles es fijarse en las tendencias a largo plazo en lugar de obsesionarse con las fluctuaciones diarias, expresó Fayad. Un cambio repentino puede ser relevante cuando coincide con ciertos síntomas como palpitaciones durante un pico de frecuencia cardíaca. En general, una lectura inusual es menos reveladora que un cambio sostenido a lo largo de semanas o meses. “El valor del dispositivo portátil no está en el número”, dijo. “Está en la trayectoria”.

    Según Singh, hay que aplicar la misma precaución al comparar tus datos con los de alguien más. Las personas tienen parámetros muy diferentes en cuanto a la variabilidad de la frecuencia cardíaca o el VO₂ máx., incluso cuando tienen niveles de acondicionamiento físico similares. Tu propia referencia es normalmente más útil que cualquier otro punto de referencia externo.

    Si un dispositivo portátil te motiva a aumentar el recuento de tus pasos o te ayuda a darte cuenta de que el alcohol empeora tu frecuencia cardíaca en reposo, eso puede ser útil, dijo Fayad. Pero si compruebas tus datos de forma compulsiva y te preocupas o te frustras, el dispositivo podría estar haciendo más daño que bien. Por ejemplo, los dispositivos portátiles pueden, en ocasiones, empeorar el sueño, dijo el Dr. Ezekiel J. Emanuel, experto en políticas sanitarias de la Universidad de Pensilvania y autor del libro “Eat Your Ice Cream” (Cómete el helado).

    Una encuesta reciente reveló que alrededor del 30 por ciento de las personas que realizaban un seguimiento del sueño corrían el riesgo de padecer ortosomnia, una fijación poco saludable por conseguir el sueño perfecto. Emanuel dijo que la mejor guía es qué tan descansado te sientes en la mañana.

    Si la ansiedad por los datos de los dispositivos portátiles supone un problema, una solución podría ser dejar de dar seguimiento a los datos. Otra podría ser utilizar un dispositivo portátil para fines específicos y a corto plazo, como aumentar los niveles de actividad o la regularidad del sueño y luego, guardarlo, dijo Spatz.

    Los dispositivos portátiles han facilitado más que nunca el seguimiento del funcionamiento interno del cuerpo. Pero se necesitan más investigaciones y mejores herramientas para integrar esos datos, situarlos en contexto e indicar a los médicos qué aspectos, si es que hay alguno, merecen una intervención.

    “Ayudan a contar una historia”, dijo Spatz, “pero todavía no descubrimos cómo utilizarlos”.

    Un deportista se coloca un Apple Watch en el tobillo, en Nueva York, el 30 de enero de 2025. (Hiroko Masuike/The New York Times)

  • Los venezolanos desplazados por los terremotos duermen a la intemperie

    Los venezolanos desplazados por los terremotos duermen a la intemperie

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    Dos terremotos consecutivos han dejado a miles de personas sin hogar. Muchos otros, que tienen demasiado miedo para dormir en sus casas, permanecen en la calle.

    Sin ningún sitio adónde ir, los venezolanos han montado tiendas de campaña en plazas públicas y al borde de autopistas muy transitadas. Las familias se han tumbado en colchones y sobre mantas finas, en zonas de césped y en bancos de hormigón. Otros se han ido a aparcamientos para dormir en sus coches.

    Muchos venezolanos pasaron su segunda noche seguida a la intemperie después de que los terremotos consecutivos del miércoles derrumbaran al menos 250 edificios y dejaran a casi 3000 familias sin hogar, según las autoridades venezolanas.

    “Aquí nos quedaremos, es mejor estar seguros y ha habido muchas réplicas”, dijo Aliria Álvarez, de 61 años, sentada en la acera frente a su edificio de apartamentos en Caracas, la capital, el jueves por la noche.

    La acompañaban cinco familiares y un vecino, todos demasiado asustados para dormir en sus apartamentos, ya que los trabajadores de gestión de emergencias les habían dicho que no era seguro quedarse allí hasta que se hubieran inspeccionado los daños.

    Se sentaron en sillas de plástico, junto a una tienda de campaña que habían montado, y se acurrucaron para pasar otra noche, aunque les costaba mucho conciliar el sueño.

    Mientras los equipos de rescate se esforzaban por extraer a las personas que seguían atrapadas entre los escombros tras los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, las autoridades venezolanas se enfrentaban a la necesidad de alojar a quienes habían perdido repentinamente sus hogares y de garantizar a los demás que sus casas eran seguras para volver.

    Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, dijo el jueves que el gobierno proporcionaría refugios temporales y pondría hoteles a disposición de aquellos cuyas viviendas fueron destruidas o gravemente dañadas, aunque no quedó claro a cuántas personas abarcaría esta medida.

    La alcaldesa de Caracas, Carmen Meléndez, también anunció que la ciudad había abierto al menos cuatro refugios de emergencia en canchas de baloncesto y estadios.

    Un campo de béisbol en La Guaira, la ciudad costera del norte más afectada por los terremotos, acogió a decenas de familias desplazadas, pero apenas se notaba la presencia del gobierno cuando una fotógrafa de The New York Times lo visitó el jueves por la tarde. La mayoría de los suministros donados para las familias sin hogar los llevaban ciudadanos en bicicleta y en camiones.

    Arsenia Beatriz Mayora, de 70 años, buscó refugio en el campo junto con 10 familiares que habían logrado escapar por poco antes de que su casa se derrumbara.

    “Se derrumbó completa”, dijo Mayora. “Quedó solo la fachada”.

    Yudith Granado, de 51 años, decidió dormir en un colchón fuera de su edificio de apartamentos con su marido y su hija el jueves. Les daba miedo entrar en su apartamento de la primera planta, donde se habían formado grietas en la puerta principal y a lo largo de una pared, salvo para darse una ducha rápida.

    “Ya nos pudimos bañar, pero con miedo y rapidito”, dijo.

    Granado contó que había enseñado videos de los daños a dos trabajadores de gestión de emergencias, quienes le dijeron que no podían ayudarla y que la familia tenía que esperar a que los bomberos inspeccionaran la vivienda.

    “Estamos esperando que nos den una respuesta”, dijo.

    Carlos David Carrasco, profesor universitario, recorrió el jueves por la noche cuatro plazas de Caracas donde se habían reunido más de 100 familias para pasar la noche, entre ellas mujeres embarazadas, niños, personas mayores y mascotas.

    Carrasco, de 33 años, publicó videos de los campamentos nocturnos en las redes sociales, dijo, para llamar la atención sobre la situación.

    Carrasco le dijo al Times en un mensaje de voz que, ya en el tercer día, la necesidad solo iba en aumento. Y añadió que está claro que, actualmente, el gobierno no tiene la capacidad de enfrentar la situación.

    Fabiola Ferrero colaboró con reportería desde La Guaira, Venezuela.

    Fabiola Ferrero colaboró con reportería desde La Guaira, Venezuela.

  • El Departamento del Tesoro de EE.UU. levanta algunas de las sanciones a Venezuela para que enfrente la tragedia

    El Departamento del Tesoro de EE.UU. levanta algunas de las sanciones a Venezuela para que enfrente la tragedia

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    El Departamento del Tesoro de Estados Unidos decidió suspender algunas sanciones a Venezuela para permitir operaciones relacionadas con las labores de ayuda tras el doble terremoto.

    Esto permitirá, por ejemplo, que se realicen transferencias bancarias al país, una vía esencial para enviar ayuda tras la catástrofe, que ha dejado cientos muertos y miles de heridos.

    En concreto, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) emitió un comunicado aclarando que estas operaciones, que antes no eran posibles bajo el Reglamento de Sanciones contra Venezuela (RSV), podrán realizarse hasta el 23 de octubre de este año.

    “Todas las transacciones relacionadas con las labores de socorro tras el terremoto en Venezuela, que de otro modo estarían prohibidas por el RSV, quedan autorizadas hasta las 12:01 a. m. (hora del este) del 23 de octubre de 2026”, indica textualmente el comunicado del organismo.

    Una mujer pasa por delante de un edificio que sufrió extensos daños.

    Getty Images
    La destrucción es extensa tanto en Caracas como en otras ciudades de la costa central del país. La Guaira es la zona más afectada.

    La OFAC explica que las instituciones financieras estadounidenses podrán ahora procesar pagos provenientes de terceros países siempre que el dinero se canalice a las labores de socorro.

    Y especifica que esta nueva directriz complementa otra ya existente, que autoriza a organizaciones no gubernamentales a interactuar con el Gobierno para “llevar a cabo proyectos humanitarios destinados a satisfacer necesidades humanas básicas”.

    Sin embargo, la medida no incluye el “desbloqueo de ningún bien congelado” conforme al VSR, “ni ninguna otra transacción o actividad prohibida por cualquier otra orden ejecutiva de EE.UU.” en los casos en que esta licencia general no se mencione expresamente.

    Este anuncio del gobierno de Trump se da a casi tres meses de la operación militar estadounidense que acabó con la captura en Caracas de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y la posterior juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada.

    Equipos de rescate y maquinaria pesada trabajan sobre los escombros de varios edificios en una zona de Caracas.

    EPA
    Equipos de rescate de todas partes del mundo están llegando a Venezuela para ayudar en las tareas.

    La Oficina de Control de Activos Extranjeros (“OFAC”) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos administra y aplica sanciones económicas y comerciales basadas en la política exterior y los objetivos de seguridad nacional de los Estados Unidos contra países y regímenes extranjeros específicos, terroristas, narcotraficantes internacionales, entre otras actividades consideradas como amenazas a la seguridad nacional, la política exterior o la economía estadounidense.

    Venezuela está sumida en una profunda crisis humanitaria agravada por la escasez, la mala gestión gubernamental y las sanciones. El país está prácticamente excluido del sistema bancario estadounidense, salvo para las actividades autorizadas por el Departamento del Tesoro y esto en la práctica significa que enviar dinero o comerciar con el país puede acarrear sanciones.

    El banco central venezolano, que fue sancionado en 2019, está excluido del sistema SWIFT en dólares para operaciones significativas.

    Estados Unidos está enviando equipos de búsqueda y rescate, además de US$150 millones en ayuda.

    Una mujer llora en una de las zonas más afectadas

    Reuters
    La escasez, la mala gestión gubernamental y las sanciones de EE.UU. se suman ahora a una nueva crisis, esta vez natural

    Las tensiones entre Venezuela y Estados Unidos comenzaron después de que Hugo Chávez llegara al poder en 1999, pero fue con el primer mandato de Donald Trump (2017-2021) cuando alcanzaron su punto más restrictivo.

    En abril de 2019, Trump impuso un embargo sobre el petróleo venezolano y congeló los activos del gobierno de Caracas en Estados Unidos. Y en su segundo mandato estrechó aún más el cerco revocando en 2025 las licencia a varias petroleras e imponiendo un impuesto del 25% a todas las importaciones de cualquier país que comprara petróleo o gas a Venezuela.

    Al mismo tiempo EE.UU. desplegó en el Caribe uno de sus dispositivos militares más potentes en décadas, concentrando una presencia naval y aérea sin precedentes en las aguas próximas a Venezuela. Un operativo que culminó con la captura de Nicolás Maduro.

    Sin embargo, desde entonces ha habido un levantamiento parcial de las sanciones, lo que parece confirmar la buena sintonía entre la Casa Blanca y el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez.

    Línea gris

    BBC

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  • Trump sigue dificultando la posición política de los republicanos de cara a las elecciones

    Trump sigue dificultando la posición política de los republicanos de cara a las elecciones

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    Las divisiones entre el presidente y su partido han limitado el discurso de los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato y han dejado al Partido Republicano en una situación delicada.

    A los demócratas del Congreso les inquietaba la posibilidad de ayudar a los republicanos a aprobar un importante proyecto de ley de vivienda que le daría al Partido Republicano una victoria en temas de asequibilidad –el enfoque de las campañas para las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos–, y que diluiría los ataques demócratas al aumento de los costos.

    No tenían por qué haberse preocupado.

    Justo cuando los republicanos señalaban la medida como prueba de que podían obtener grandes logros con su mayoría, el presidente Donald Trump frustró el gran momento de su partido al menospreciar la ley y al negarse a firmarla a menos de que le dieran un nuevo proyecto para imponer restricciones al voto.

    Este fue el giro inesperado más reciente en una relación cada vez más tensa entre Trump y los miembros de su partido, que se quedaron sorprendidos y preguntándose si, por alguna razón, el presidente estaba intentando sabotear sus posibilidades electorales en noviembre y hacerles perder la mayoría. Y reflejó hasta qué punto Trump ha limitado su tan alardeada trifecta de gobierno, que ahora estaba prácticamente paralizada por sus exigencias y declaraciones veleidosas.

    Frustrados y estancados, los senadores republicanos se dieron por vencidos el miércoles por la noche y tomarán un receso hasta mediados de julio, con lo que dejan pendientes varios asuntos importantes, como el destino del proyecto de ley de vivienda, la renovación de una medida clave de vigilancia antiterrorista y el nombramiento de un nuevo jefe de inteligencia.

    Pero sí lograron resolver un asunto antes del receso. Después de ser criticados con dureza por Trump en una comida a puerta cerrada por permitir que se aprobara una resolución que reprendía su gestión de la guerra en Irán, los republicanos intentaron presentar una medida similar y luego la bloquearon, utilizando el pleno del Senado como escenario para tranquilizar al presidente.

    Estas maniobras se han vuelto algo usual para los republicanos, que consumen el tiempo que esperaban usar para proteger sus mayorías a complacer a un presidente que los debilita cada vez con más frecuencia.

    Eso fue lo que pasó la semana pasada, cuando Trump tomó por sorpresa a los republicanos del Senado al retirar a Jay Clayton, su candidato a director de Inteligencia Nacional, de una audiencia de confirmación, lo que trastocó las delicadas negociaciones para renovar un programa de vigilancia antiterrorista que había caducado y que ahora está en el limbo.

    Se repitió algo similar cuando el Partido Republicano se apresuró a salvar su proyecto de ley de 70 millardos de dólares para la aplicación de la ley de inmigración después de que la agenda personal de Trump –concretamente, su proyecto del salón de baile de la Casa Blanca y su deseo de que un fondo federal pagara a los alborotadores del 6 de enero– amenazara con echarlo por tierra.

    Si los republicanos del Senado pensaban que el almuerzo privado de esta semana ayudaría a aclarar la situación y trazar un camino a seguir, estaban muy equivocados. Trump aprovechó la ocasión para soltar una larga diatriba sobre cómo los republicanos del Senado le habían fallado, según varios senadores que asistieron a la reunión. Denigró a algunos por su nombre y no entabló un diálogo constructivo sobre cómo limar sus diferencias, dijo uno de los asistentes.

    “El presidente terminó predicando la unidad, pero se pasó toda la hora hablando de cosas que no eran precisamente unificadoras”, dijo el senador John Cornyn, el republicano por Texas que experimentó la ira de Trump cuando el presidente apoyó al rival de Cornyn en las primarias republicanas al Senado del estado, lo que prácticamente aseguró la derrota del titular.

    La diatriba del presidente sí tuvo un efecto inmediato. Una discusión a gritos durante el almuerzo con el senador por Luisiana Bill Cassidy –otra de las víctimas electorales republicanas de Trump– sobre la guerra en Irán, hizo que a Cassidy le organizaran una sesión informativa en la Casa Blanca sobre el tema. Más tarde cambió su voto sobre la resolución de poderes bélicos, lo que ayudó a allanar el camino para que el Senado la bloqueara, justo un día después de que hubiera aprobado una similar.

    La votación de último momento fue sobre todo teatro político, pero parece que surtió el efecto deseado. El presidente no tardó en presentarla como una victoria y una validación de su gestión del conflicto, incluso cuando los republicanos expresaban cada vez más reservas al respecto.

    Estos acontecimientos fueron otro ejemplo más de cómo los republicanos del Congreso se han pasado gran parte del último año intentando contentar al presidente, solo para descubrir que este se vuelve rápido en su contra si no obtiene todo lo que exige.

    También fue una nota sorprendentemente discordante en un momento en el que los partidos suelen intentar demostrar que pueden sacar adelante iniciativas en el Capitolio y unirse en torno a un mensaje ganador que impulse a los votantes a acudir a las urnas.

    Se suponía que el proyecto de ley bipartidista sobre vivienda sería un punto de unión. Después de meses de dificultades para llegar a un acuerdo sobre cómo hacer que la compra de una vivienda estuviera al alcance de más estadounidenses, la Cámara de Representantes y el Senado finalmente aprobaron la ley esta semana. Tenían previsto destacar su victoria con una espectacular ceremonia de firma del proyecto de ley en el Salón de las Estatuas del Capitolio, una escena destinada a aparecer en los anuncios de campaña republicanos por todo Estados Unidos.

    Los demócratas también estaban de acuerdo, a pesar de su preocupación por los beneficios políticos que esto implicaría para los republicanos, que se encuentran en una situación delicada.

    Pero justo antes del evento, Trump anunció que no le interesaba firmar la ley, al menos no hasta que el Congreso aprobara la Ley SAVE America, una ley que impone nuevos requisitos y restricciones importantes al voto. Esta vuelta de tuerca abrió la posibilidad a que los demócratas se lanzaran contra el presidente por bloquear la prioridad de su propio partido.

    “Es absolutamente increíble”, dijo el senador por Nueva York Chuck Schumer, líder de la minoría. “Trump está huyendo de uno de los pocos logros que de verdad podrían ayudar al pueblo estadounidense”.

    Es posible que Trump aún firme la ley o deje que entre en vigor, pero ya le ha quitado mucho impacto político al restarle importancia, cuestionar sus beneficios y cancelar la ceremonia de firma.

    En la reunión de esta semana durante el almuerzo, Trump volvió a exigir que los republicanos del Senado hagan lo que sea necesario –incluso acabar con el filibusterismo u obstruccionismo parlamentario– para aprobar la ley electoral, a pesar de que el senador John Thune, republicano por Dakota del Sur y líder de la mayoría, le ha dicho varias veces que no hay votos suficientes para hacerlo. Ese conflicto está impulsando gran parte de la división con los republicanos del Senado, sin que se vea una solución en el panorama.

    A los republicanos del Senado les preocupan las peticiones de sus colegas de la Cámara de Representantes para que se embarquen en otro proyecto de ley solo republicano que proporcione nueva financiación al Pentágono y apruebe otras prioridades partidistas. Les preocupa verse obligados a realizar una serie de votaciones políticas arriesgadas justo antes de las elecciones, cuando el presidente podría volver a dejarlos descolocados en cualquier momento.

    Al terminar la sesión del Senado, Thune enumeró una lista de asuntos legislativos que el Senado podría abordar en las próximas semanas, entre ellos un proyecto de ley sobre el Pentágono y una ley agrícola. En su lista no aparecía el proyecto de ley electoral que el presidente desea tan desesperadamente.

    Carl Hulse es el corresponsal jefe en Washington, y escribe principalmente sobre el Congreso y las contiendas y asuntos políticos nacionales. Tiene casi cuatro décadas de experiencia informando en la capital de Estados Unidos.

  • Flight of the Conchords y el riesgo de los reencuentros

    Flight of the Conchords y el riesgo de los reencuentros

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    En la historia de la sátira musical, no hay nada que se parezca a Flight of the Conchords, el dúo de neozelandeses de modales amables y apacibles que lo parodian todo, desde David Bowie hasta el rap de gánsteres, con sutileza y un tipo de absurdo romántico tan pegadizo como hilarante.

    En la década de los 2000, Jemaine Clement, que ahora tiene 52 años, y Bret McKenzie, de 49, quienes comenzaron en la escena de la comedia alternativa antes de protagonizar una exitosa serie de HBO que llevaba el nombre de su grupo, estaban más de moda que Weird Al y tenían un tono mucho más suave que Spinal Tap o Lonely Island.

    A pesar de que solo rodaron dos temporadas antes de dar el salto a carreras en Hollywood, Flight of the Conchords se mantiene popular e influyente (Bo Burnham dijo que se inspiró en ellos al principio de su carrera), en parte porque sus videos tienen mucho éxito en las redes sociales. Clement, a quien actualmente se puede ver en Alice and Steve en Hulu, ha aparecido en numerosas películas y ha creado la serie de culto Lo que hacemos en las sombras, basada en la película que dirigió junto a Taika Waititi. McKenzie ganó un Oscar por componer una canción para los Muppets. Pero dicen que su agente les pregunta con frecuencia sobre la posibilidad de volver a Flight of the Conchords. Tras su último reencuentro, que dio lugar a un especial de HBO hace ocho años, dijeron que no en repetidas ocasiones, hasta este año.

    Tras empezar a tocar juntos de forma esporádica, volvieron a presentarse en lo que acabó siendo un concierto con todas las entradas agotadas en el Greek Theatre de Los Ángeles el mes pasado. Antes de esa presentación, ambos, vestidos con camisetas y con el aspecto de unos padres atléticos en el parque infantil, se reunieron conmigo en el club Largo. Parecían interesados en hacer una película de Flight of the Conchords, de la cual ha habido rumores durante mucho tiempo, si tuvieran el espacio y la idea adecuada. Pero hablaron de ello con cierta indiferencia propia de la generación X, con la que daban a entender que también era muy posible que nunca llegara a suceder.

    A continuación, se incluyen extractos editados de nuestra conversación:

    Han vuelto a tocar como Flight of the Conchords por primera vez en casi una década. ¿Qué ha cambiado?

    BRET McKENZIE: Yo bromeaba diciendo que las canciones son viejas, pero que ya se nos olvidaron, así que para nosotros son nuevas.

    JEMAINE CLEMENT: Esta es la primera vez que no hemos incluido ninguna canción nueva en nuestro repertorio. La única diferencia es que el público ya no se ríe igual, porque ya se saben el chiste.

    ¿Ha cambiado su relación con las canciones?

    McKENZIE: Parte de ello se siente un poco inquietante. Hay una canción, “Ladies of the World”, que me encanta, pero es muy diferente verla interpretada por jóvenes que por un par de hombres de mediana edad.

    CLEMENT: Antes había un verso que decía “Sweet 16 is not M16”. Desde luego, ya no se dice eso. Hemos cambiado esa frase.

    ¿Qué les inspiró a volver?

    CLEMENT: Hace ocho años, recuerdo haber dicho: “No quiero volver a hacer esto nunca más por la forma en que lo gestionó la dirección”.

    McKENZIE: Fue estresante porque lo grabamos, y eso mete mucha presión.

    CLEMENT: Queríamos trabajarlo en un local pequeño, pero nos ponían en recintos gigantes. Es difícil trabajar material ante 18.000 personas. No me parece bien.

    ¿Qué cambió?

    CLEMENT: Empecé a echarlo de menos.

    McKENZIE: Había gente que se me acercaba después de mis conciertos en solitario y me decía: “Nos encanta el espectáculo. Significa mucho para nosotros”. Les ayudó a superar momentos difíciles. La gente tiene una fuerte conexión emocional con la serie de televisión, y me di cuenta de que a la gente le encantaría vernos. En cierto modo, había perdido de vista eso.

    Volví a ver la segunda temporada, que se emitió en 2009, y algo que me llamó la atención esta vez es el tema de la migración ilegal. Al principio nos enteramos de que son indocumentados y, al final, los deportan a los dos. Ahora esto parece tener un carácter más político.

    CLEMENT: No fue algo especialmente intencionado.

    McKENZIE: Creo que solo fue una forma de ponerle fin a la serie. Era gracioso y ya.

    CLEMENT: Ahora quizá ya no es tan gracioso.

    En muchos dúos cómicos, gran parte de los chistes surgen del conflicto. Pero en la relación de ustedes se percibe una calidez y una amabilidad auténticas.

    CLEMENT: Cuando empezamos, muchos comediantes de Nueva Zelanda eran agresivos, gritones y provocadores. Para destacar, optamos por ser tranquilos y cordiales. Una de mis cosas favoritas era que, cuando alguien nos interrumpía, hablábamos de por qué eso había herido nuestros sentimientos.

    McKENZIE: Mucha de la comedia surge del conflicto y de menospreciarse mutuamente. Por eso, cuando nos levantábamos y decíamos cosas como: “Oh, muy bien hecho, Jemaine”, o “Buen trabajo, Bret”, la gente se reía simplemente porque era algo muy poco habitual.

    Su primer especial (y su gran salto a la fama en este país) fue en 2005, el mismo año en que otro grupo de comedia musical, Lonely Island, lanzó Lazy Sunday, que se convirtió en uno de los primeros videos virales.

    McKENZIE: Su producción era de gran calidad y nosotros nos preguntábamos: “¿Por qué nuestros videos no tienen tan buen aspecto?”.

    En un pódcast reciente, los chicos de Lonely Island hablaron de cuando los conocieron en el verano de 2008.

    McKENZIE: Rentaron una casa en el valle [de San Fernando] con una piscina enorme y una cancha de tenis para grabar su álbum.

    Ellos contaron una anécdota en la que Jemaine les dijo: “Ustedes van directamente al chiste. Nosotros, en cambio, solemos darle vueltas un rato”.

    CLEMENT: Sí, pero eso no es una crítica. Venimos de entornos diferentes. Ellos proceden de la televisión y nosotros de presentarnos en bares.

    McKENZIE: La diferencia está en el estribillo. Si puedes cambiar la imagen, como se hace en la televisión, puedes repetir el estribillo. Pero en un club de comedia, tienes que cambiarlo [la letra del estribillo]. En muchas de nuestras canciones, casi nada se repite. O, si se repite, lleva una pequeña improvisación. Porque el público, una vez que ha oído el chiste, se aburre al instante.

    CLEMENT: Lo mejor de Lonely Island son sus estribillos: dan ganas de cantarlos. Nosotros, en cierto modo, ni siquiera habíamos pensado en eso.

    McKENZIE: Pero no se podría hacer en vivo. Apuesto a que tendrían problemas. No funcionarían tan bien en un club de comedia.

    Ustedes dos se dedicaban a la sátira musical en el momento en que YouTube daba sus primeros pasos y ahora tanto su trabajo como el de Lonely Island gozan de gran popularidad allí, donde las nuevas generaciones los redescubren.

    CLEMENT: Parecía una evolución paralela en la que algo muy similar surgió de lugares distintos al mismo tiempo.

    McKENZIE: Los admirábamos un poco.

    CLEMENT: Ellos compraban temas a productores y nosotros creábamos los nuestros, intentando grabar todos los instrumentos. Eso nos estaba matando. HBO no pagaba por los temas.

    McKENZIE: El resultado es que el sonido es un poco más indie. Si estaban haciendo un tema de hip-hop, sonaba como un tema de hip-hop.

    CLEMENT: En nuestro caso, los ritmos eran sencillos y solo había un par de guitarras acústicas. La diferencia entre cómo imaginamos que sonamos y cómo sonamos realmente es, en gran medida, la base de nuestro humor.

    Dijeron que eso los estaba matando. ¿Es por eso por lo que abandonaron el programa?

    McKENZIE: El trabajo había terminado. Terminamos la segunda temporada, nos preguntaron si queríamos volver a hacerlo y dijimos que no.

    CLEMENT: Creo que en el estilo estadounidense de hacer las cosas, a eso le dicen renunciar.

    McKENZIE: Sí, era una locura. Era demasiado trabajo.

    CLEMENT: Solía pensar todos los días en cómo Dave Chappelle había renunciado [a su programa de Comedy Central]. Y yo me decía a mí mismo que siempre podía hacer lo que Chappelle.

    Ahora que han vuelto y han hecho algunos espectáculos, ¿van a seguir adelante?

    McKENZIE: Quizá dentro de otros ocho años. Aimee Mann vino al espectáculo el otro día y dijo que éramos como las cigarras.

    Jason Zinoman es crítico de la sección de Cultura del Times y escribe una columna sobre comedia.