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Las divisiones entre el presidente y su partido han limitado el discurso de los republicanos de cara a las elecciones de medio mandato y han dejado al Partido Republicano en una situación delicada.
A los demócratas del Congreso les inquietaba la posibilidad de ayudar a los republicanos a aprobar un importante proyecto de ley de vivienda que le daría al Partido Republicano una victoria en temas de asequibilidad –el enfoque de las campañas para las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos–, y que diluiría los ataques demócratas al aumento de los costos.
No tenían por qué haberse preocupado.
Justo cuando los republicanos señalaban la medida como prueba de que podían obtener grandes logros con su mayoría, el presidente Donald Trump frustró el gran momento de su partido al menospreciar la ley y al negarse a firmarla a menos de que le dieran un nuevo proyecto para imponer restricciones al voto.
Este fue el giro inesperado más reciente en una relación cada vez más tensa entre Trump y los miembros de su partido, que se quedaron sorprendidos y preguntándose si, por alguna razón, el presidente estaba intentando sabotear sus posibilidades electorales en noviembre y hacerles perder la mayoría. Y reflejó hasta qué punto Trump ha limitado su tan alardeada trifecta de gobierno, que ahora estaba prácticamente paralizada por sus exigencias y declaraciones veleidosas.
Frustrados y estancados, los senadores republicanos se dieron por vencidos el miércoles por la noche y tomarán un receso hasta mediados de julio, con lo que dejan pendientes varios asuntos importantes, como el destino del proyecto de ley de vivienda, la renovación de una medida clave de vigilancia antiterrorista y el nombramiento de un nuevo jefe de inteligencia.
Pero sí lograron resolver un asunto antes del receso. Después de ser criticados con dureza por Trump en una comida a puerta cerrada por permitir que se aprobara una resolución que reprendía su gestión de la guerra en Irán, los republicanos intentaron presentar una medida similar y luego la bloquearon, utilizando el pleno del Senado como escenario para tranquilizar al presidente.
Estas maniobras se han vuelto algo usual para los republicanos, que consumen el tiempo que esperaban usar para proteger sus mayorías a complacer a un presidente que los debilita cada vez con más frecuencia.
Eso fue lo que pasó la semana pasada, cuando Trump tomó por sorpresa a los republicanos del Senado al retirar a Jay Clayton, su candidato a director de Inteligencia Nacional, de una audiencia de confirmación, lo que trastocó las delicadas negociaciones para renovar un programa de vigilancia antiterrorista que había caducado y que ahora está en el limbo.
Se repitió algo similar cuando el Partido Republicano se apresuró a salvar su proyecto de ley de 70 millardos de dólares para la aplicación de la ley de inmigración después de que la agenda personal de Trump –concretamente, su proyecto del salón de baile de la Casa Blanca y su deseo de que un fondo federal pagara a los alborotadores del 6 de enero– amenazara con echarlo por tierra.
Si los republicanos del Senado pensaban que el almuerzo privado de esta semana ayudaría a aclarar la situación y trazar un camino a seguir, estaban muy equivocados. Trump aprovechó la ocasión para soltar una larga diatriba sobre cómo los republicanos del Senado le habían fallado, según varios senadores que asistieron a la reunión. Denigró a algunos por su nombre y no entabló un diálogo constructivo sobre cómo limar sus diferencias, dijo uno de los asistentes.
“El presidente terminó predicando la unidad, pero se pasó toda la hora hablando de cosas que no eran precisamente unificadoras”, dijo el senador John Cornyn, el republicano por Texas que experimentó la ira de Trump cuando el presidente apoyó al rival de Cornyn en las primarias republicanas al Senado del estado, lo que prácticamente aseguró la derrota del titular.
La diatriba del presidente sí tuvo un efecto inmediato. Una discusión a gritos durante el almuerzo con el senador por Luisiana Bill Cassidy –otra de las víctimas electorales republicanas de Trump– sobre la guerra en Irán, hizo que a Cassidy le organizaran una sesión informativa en la Casa Blanca sobre el tema. Más tarde cambió su voto sobre la resolución de poderes bélicos, lo que ayudó a allanar el camino para que el Senado la bloqueara, justo un día después de que hubiera aprobado una similar.
La votación de último momento fue sobre todo teatro político, pero parece que surtió el efecto deseado. El presidente no tardó en presentarla como una victoria y una validación de su gestión del conflicto, incluso cuando los republicanos expresaban cada vez más reservas al respecto.
Estos acontecimientos fueron otro ejemplo más de cómo los republicanos del Congreso se han pasado gran parte del último año intentando contentar al presidente, solo para descubrir que este se vuelve rápido en su contra si no obtiene todo lo que exige.
También fue una nota sorprendentemente discordante en un momento en el que los partidos suelen intentar demostrar que pueden sacar adelante iniciativas en el Capitolio y unirse en torno a un mensaje ganador que impulse a los votantes a acudir a las urnas.
Se suponía que el proyecto de ley bipartidista sobre vivienda sería un punto de unión. Después de meses de dificultades para llegar a un acuerdo sobre cómo hacer que la compra de una vivienda estuviera al alcance de más estadounidenses, la Cámara de Representantes y el Senado finalmente aprobaron la ley esta semana. Tenían previsto destacar su victoria con una espectacular ceremonia de firma del proyecto de ley en el Salón de las Estatuas del Capitolio, una escena destinada a aparecer en los anuncios de campaña republicanos por todo Estados Unidos.
Los demócratas también estaban de acuerdo, a pesar de su preocupación por los beneficios políticos que esto implicaría para los republicanos, que se encuentran en una situación delicada.
Pero justo antes del evento, Trump anunció que no le interesaba firmar la ley, al menos no hasta que el Congreso aprobara la Ley SAVE America, una ley que impone nuevos requisitos y restricciones importantes al voto. Esta vuelta de tuerca abrió la posibilidad a que los demócratas se lanzaran contra el presidente por bloquear la prioridad de su propio partido.
“Es absolutamente increíble”, dijo el senador por Nueva York Chuck Schumer, líder de la minoría. “Trump está huyendo de uno de los pocos logros que de verdad podrían ayudar al pueblo estadounidense”.
Es posible que Trump aún firme la ley o deje que entre en vigor, pero ya le ha quitado mucho impacto político al restarle importancia, cuestionar sus beneficios y cancelar la ceremonia de firma.
En la reunión de esta semana durante el almuerzo, Trump volvió a exigir que los republicanos del Senado hagan lo que sea necesario –incluso acabar con el filibusterismo u obstruccionismo parlamentario– para aprobar la ley electoral, a pesar de que el senador John Thune, republicano por Dakota del Sur y líder de la mayoría, le ha dicho varias veces que no hay votos suficientes para hacerlo. Ese conflicto está impulsando gran parte de la división con los republicanos del Senado, sin que se vea una solución en el panorama.
A los republicanos del Senado les preocupan las peticiones de sus colegas de la Cámara de Representantes para que se embarquen en otro proyecto de ley solo republicano que proporcione nueva financiación al Pentágono y apruebe otras prioridades partidistas. Les preocupa verse obligados a realizar una serie de votaciones políticas arriesgadas justo antes de las elecciones, cuando el presidente podría volver a dejarlos descolocados en cualquier momento.
Al terminar la sesión del Senado, Thune enumeró una lista de asuntos legislativos que el Senado podría abordar en las próximas semanas, entre ellos un proyecto de ley sobre el Pentágono y una ley agrícola. En su lista no aparecía el proyecto de ley electoral que el presidente desea tan desesperadamente.
Carl Hulse es el corresponsal jefe en Washington, y escribe principalmente sobre el Congreso y las contiendas y asuntos políticos nacionales. Tiene casi cuatro décadas de experiencia informando en la capital de Estados Unidos.

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