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  • Postales de la boda de Taylor Swift en Nueva York: fans, estrellas y más

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    Era una escena que no habría desentonado en una canción de Taylor Swift con tonos cinematográficos.

    Hacía un calor que rompía récords. Se desataron tormentas repentinas e intensas. La ciudad rebosaba de famosos provenientes de, aparentemente, todos los rincones de la vida pública –desde la actriz Mariska Hargitay hasta el músico Ed Sheeran, pasando por la modelo Gigi Hadid y el comediante Adam Sandler, que ofició la boda–, muchos de los cuales volaron desde todas partes del mundo para estar con Swift y su ahora marido, Travis Kelce, sin saber casi ningún detalle sobre el evento.

    Fue el espacio más público que uno se pueda imaginar, pero también fue la boda de famosos más privada que se recuerde en los últimos tiempos de tal magnitud, y estuvo completamente envuelta en el secreto. Manhattan estaba llena de marineros que habían venido para la Fleet Week, aficionados al fútbol de todo el mundo que habían venido a ver el Mundial y turistas que habían llegado para ver los veleros en el puerto con motivo del 4 de julio. El calor, que alcanzó los 37,7 grados Celsius, también le dio un toque de intensidad al día.

    El presidente lo comentó, y hasta vinieron niñas de los estados vecinos para verlo. Solo Taylor Swift, la mujer cuyas canciones han inspirado a fans de todas las edades y cuya vida sentimental el público ha seguido, criticado y admirado a lo largo de los años, podría celebrar una boda que inspirara una escena como esta.

    Fuera del Madison Garden, Zeinab Yassine, de 13 años, de Long Island, observaba con su madre una caravana de coches negros que llevaban a los invitados a la boda. Al poco rato, vio a Hargitay bajar la ventanilla para saludar a los fans.

    Por encima de todo, Yassine se alegraba por Swift y su entonces futuro marido, Travis Kelce.

    “Son muy lindos”, dijo. “Me alegro mucho de que por fin haya encontrado el amor”.

    Hay algo intangible que ocurre cuando se reúnen grupos de swifties, aunque sean desconocidos: un vínculo inmediato, una forma fácil de conectar hablando de canciones favoritas, álbumes y novios. Es como darte cuenta de que tienes un buen amigo en común con alguien a quien acabas de conocer. Excepto que, en este caso, ese amigo es una megaestrella a la que, técnicamente, no has conocido.

    Tammy Bogard, una dependienta de Dallas, dijo que había asistido a la Eras Tour en Londres, el primer concierto después de un intento fallido de atentado terrorista en Viena que obligó a Swift a cancelar sus conciertos allí. El concierto de Londres fue una experiencia muy emotiva para Bogard, de 54 años, quien dijo que por entonces solo era una fan en ciernes.

    Le impresionó el espectáculo, pero le conmovió aún más el público.

    “Son los demás swifties, eso es lo que no se le puede explicar a la gente”, dijo. Bogard volvió a ver la gira y ahora se considera una Swiftie de verdad, hasta el punto de regalarle a un periodista del Times una pulsera de la amistad, esos objetos de bisutería que los fans de la estrella se intercambian.

    Esa energía amistosa se notaba el viernes fuera del Garden, donde se congregaban multitudes de fans con la esperanza de ver así fuera fugazmente a Swift. En una barrera junto a la Séptima Avenida, un grupo de fans cantaba “Love Story” mientras las cámaras de los medios los grababan.

    La lista de famosos que se vio entrando al evento era impresionante: Benson Boone, Ethan Hawke, Jason Sudeikis. Cada uno tenía alguna conexión con una canción o con un capítulo de la vida de Swift o de Kelce. Boone fue su telonero de en la gira; Hawke protagonizó un video y Sudeikis es fan del equipo de Kelce, los Kansas City Chiefs.

    Poco después de las 7:30 p. m., su boda se hizo oficial cuando un cartel anunciaba la noticia fuera del pabellón: “JUST&T MARRIED”. Poco después, el cielo se abrió y empezó a llover a cántaros.

    Al poco tiempo, la Casa Blanca se pronunció con lo que pareció un desaire: una publicación en redes sociales con una versión retocada digitalmente del cartel que había fuera del Garden en la que se leía: “Trump es tu presidente”.

    Sus fans estaban eufóricos. Dos amigas del campamento, Gray O’Sullivan, de 18 años, y Frankie Root, de 19, vinieron juntas a ver el espectáculo. Root dijo que había estado en la Eras Tour y que era fan de Swift desde 2014, cuando salió su álbum 1989.

    “Ella sí me entiende”, dijo Root. “Cuando tengo un día difícil y la escucho, enseguida me siento mejor”.

    Sarah Mead y su hija de 10 años, Sunniva, que viven en Brooklyn, iban camino a ver a la Filarmónica de Nueva York y se pararon en el Garden con carteles hechos a mano que hacían referencia a las letras de Swift: “Cuando entre en el MSG, hará que todo el lugar brille”.

    “Esperamos que Taylor nos vea”, dijo Mead.

    Sin embargo, no todo el mundo compartía ese entusiasmo fuera del Garden,

    Tyler Guilizia, un chico de 23 años que buscaba un baño con su amigo, les preguntó a los policías que estaban delante del Garden: “¿Todo esto es por el concierto de Taylor Swift… eh, por su boda?”. Señaló con un gesto las hileras de barricadas.

    Muchas calles estaban cerradas alrededor de Penn Station, la concurrida estación de tren situada debajo del Garden, lo que molestó a un montón de peatones y viajeros, muchos de los cuales les gritaban a los policías para pedirles indicaciones y se marchaban enfadados.

    Los fans también bombardearon a los agentes con preguntas sobre la boda. Ellos no dieron detalles, pero una agente respondió cuando los fans le preguntaron cuál era su canción favorita.

    “‘Getaway Car’”, dijo, sonriendo.

    Eduardo Ramirez y Mamie Borres estaban en la Séptima Avenida mirando hacia el Garden mientras la lluvia amainaba el viernes por la noche. Borres, de 30 años, dijo que estaba delante del recinto cuando la pantalla de video mostró el anuncio de la boda.

    “No todo el mundo se dio cuenta enseguida”, dijo. Pero luego, se armó un revuelo de teléfonos y cámaras mientras los fans emocionados grababan el cartel, añadió.

    Poco después, empezaron a retumbar los truenos y cayó un aguacero, lo que la obligó a buscar refugio.

    Tras la tormenta, Borres, una maestra que vive en Alexandria Virginia, volvió a su puesto frente al recinto con la esperanza de ver, bueno, lo que fuera. Al oeste del estadio, la puesta de sol tiñó el cielo de magníficos tonos morados y anaranjados.

    Y por si uno pensaba que no hay una letra de Swift para cada ocasión, quizá podemos llevarte a su canción “End Game”.

    “Después de la tormenta, algo nació el 4 de Julio”.

    Sarah Lyon y Erin McCann colaboraron con reportería.

    Madison Malone Kircher es una reportera del Times que cubre la cultura de internet.

    Emma G. Fitzsimmons es corresponsal de políticas públicas para el Times y cubre la ciudad de Nueva York.

    Sarah Lyon y Erin McCann colaboraron con reportería.

  • Cómo el expansionismo en territorio y población de EE.UU. a lo largo de 250 años convirtió al país en una superpotencia pero con profundas divisiones

    Cómo el expansionismo en territorio y población de EE.UU. a lo largo de 250 años convirtió al país en una superpotencia pero con profundas divisiones

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    Una mujer con una sombrilla con los colores de la bandera de Estados Unidos, vestida con un sombrero estilo vaquero rojo, chaleco de lentejuelas rojo y azul, camisa blanca y unos lentes azules y rojos. Lleva en su mano dos pequeñas banderas de Estados Unidos.

    Ben Sklar/Getty Images
    Una mujer en Texas celebra el Día de la Independencia de Estados Unidos

    En los 250 años transcurridos desde que Estados Unidos declaró su independencia de Gran Bretaña, la nación ha pasado de ser un conjunto de asentamientos escasamente poblados y dispersos a lo largo de la costa atlántica a convertirse en una potencia mundial que se extiende por todo un continente y más allá.

    Partiendo de las 13 colonias originales, que abarcaban 1,1 millones de kilómetros cuadrados, su extensión geográfica se ha multiplicado por ocho, alcanzando aproximadamente casi 9,6 millones de kilómetros cuadrados.

    La población de Estados Unidos ha experimentado una expansión igualmente espectacular. En 1790, año del primer censo, había aproximadamente cuatro millones de habitantes, incluidos los esclavos. Para 2025, esta cifra había ascendido a 343 millones, lo que representa un aumento del 8.475%.

    Aunque el Estados Unidos actual resultaría prácticamente irreconocible para los fundadores de la nación de hace 250 años, las influencias culturales y políticas del país probablemente les resultarían familiares.

    En retrospectiva, es posible vincular muchas de las promesas políticas clave del presidente Donald Trump —como limitar la inmigración y ampliar el poder y el territorio de Estados Unidos— con las características distintivas y las divisiones que marcaron los inicios del país.

    El capitán Clark y sus hombres disparando a osos. Ilustración original: de *Journal of Voyages* de Peter Gass, publicado en 1811.

    Getty Images
    Un dibujo de 1811 representa la exploración de la frontera estadounidense realizada por Lewis y Clark.

    Los padres fundadores de Estados Unidos albergaban grandes esperanzas para su nueva nación. Sin embargo, su éxito estaba lejos de estar garantizado. Los acalorados debates sobre la esclavitud, la Constitución y el sistema económico y político generaron profundas divisiones en la población.

    Si bien el territorio nacional casi se duplicó tras la compra de Luisiana a Francia en 1803, cuando Estados Unidos entró nuevamente en guerra con Gran Bretaña en 1812, no había certeza alguna de que la nación lograría mantenerse unida.

    “Cualquiera que observara a las colonias tratando de crear esta nación pensaba: ‘Lo único que tenemos que hacer es quedarnos aquí, esperar a que se despedacen entre sí y luego volver para recoger los pedazos’”, señala Heather Cox Richardson, profesora de historia estadounidense en el Boston College y autora de Letters From an American (Cartas de una estadounidense) en Substack.

    Aunque el futuro de Estados Unidos era incierto en aquellos primeros años, ya se habían asentado las fuerzas que determinarían la trayectoria futura de la nación.

    Una pareja observa desde un muelle el desfile de barcos Sail4th 250 en el puerto de Nueva York, con motivo del 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos, el 4 de julio de 2026. Ambos van vestidos con camisetas que llevan la bandera de Estados Unidos, llevan gorras. Uno de ellos lleva una bandera de Estados Unidos en la mano.

    Ryan MURPHY / AFP via Getty Images

    Colin Woodard, director del Nationhood Lab de la Universidad Salve Regina, divide a Estados Unidos en varias identidades distintas vinculadas a aquellas fracturas iniciales.

    La región septentrional, a la que Woodard denomina “Yankeeland” (Tierra de los Yanquis), tiene sus raíces en los primeros colonos puritanos que huyeron de la persecución religiosa en Europa; posteriormente, la llegada de colonos alemanes y escandinavos contribuyó a consolidar una mentalidad pluralista.

    Una franja central, que él llama “Gran Appalachia”, fue poblada inicialmente por escoceses e irlandeses de espíritu independiente. Su visión política —forjada en parte por la experiencia de la opresión inglesa en las islas británicas— se caracterizaba por una profunda desconfianza hacia la autoridad gubernamental.

    “Para ellos, la libertad significa maximizar la autonomía y la libertad del individuo; cualquier aumento del poder del Estado implica, axiomáticamente, que los individuos son menos libres”, afirma Woodard. “Es lo opuesto a la filosofía yanqui de la Gran Nueva Inglaterra”.

    Por otro lado, el “Deep South” (el Sur Profundo) estaba constituido por una clase terrateniente —algunos de cuyos miembros procedían de plantaciones esclavistas del Caribe— que conformó una “sociedad oligárquica y jerárquica”.

    Un mapa histórico de los Estados Unidos de 1928

    Getty Images
    Para 1828, Estados Unidos se había expandido hasta el Pacífico con la adquisición de Oregón.

    Si bien la identidad estadounidense se define por las culturas en competencia de quienes llegaron del extranjero, el primer siglo completo de existencia de Estados Unidos incluiría el intento concertado de borrar la cultura de los pueblos indígenas que ocuparon la tierra durante siglos antes de que los primeros europeos cruzaran el Atlántico.

    A medida que la nación continuó expandiéndose hacia el oeste, el movimiento adquirió una fuerza ideológica propia, ya que algunos estadounidenses creían que el “destino manifiesto” de la nación era expandirse no sólo al Pacífico sino a todo el hemisferio occidental.

    Este impulso expansionista llevó a estas culturas a una nueva confluencia y al conflicto. El oeste interior, con su paisaje inhóspito, se asemejaba más a las tierras salvajes de los Apalaches y atraía a personas que compartían esa misma mentalidad de individualismo recio. En la costa del Pacífico, tales valores chocaban con los de los comerciantes y marinos que se habían trasladado desde el noreste de Estados Unidos.

    En la era moderna, estas divisiones se hacen evidentes en el mapa electoral presidencial, con los “estados rojos” controlados por los republicanos y los “estados azules” por los demócratas. El noreste de EE. UU. y la costa oeste se consideran bastiones del liberalismo —y son mucho más partidarios de la intervención gubernamental en la vida cotidiana—, mientras que el sur estadounidense, desde Texas hasta Florida, y el oeste interior se han convertido en el baluarte del conservadurismo republicano.

    Si bien Estados Unidos dejó de expandirse geográficamente en gran medida hacia finales del siglo XIX, su población siguió creciendo de manera espectacular, en gran parte debido a la inmigración.

    “Uno de los elementos centrales de Estados Unidos es la inmigración”, afirma Richardson. “Lo que realmente nos une a todos es la idea de que podemos construir el futuro que deseamos”.

    Una primera etapa comenzó en la década de 1840 y se prolongó hasta 1889, llevando a las costas del país a unos 14 millones de personas, procedentes principalmente de naciones del norte y el oeste de Europa.

    En la siguiente etapa, más de 18 millones de migrantes provenientes del sur y el este de Europa llegaron entre 1890 y hasta la década de 1920.

    Cada etapa trajo consigo una reacción adversa, ya que a los estadounidenses les preocupaba que los recién llegados les arrebataran sus empleos y amenazaran su estilo de vida. Pronto surgieron cuotas y leyes restrictivas, como la Ley de Exclusión de los Chinos.

    La Ley de Inmigración de 1924 limitó la inmigración de manera tan drástica que dicho cambio se percibe claramente como una inflexión en el gráfico del crecimiento anual de la población estadounidense.

    La etapa migratoria más reciente comenzó en la década de 1960, cuando se levantaron aquellas restricciones. Desde entonces, más de 70 millones de personas han llegado a Estados Unidos —muchos de ellos procedentes de Asia y América Latina, incluidos unos 18 millones solo de México—.

    En 2024, el 14,8% de la población estadounidense había nacido en el extranjero, una cifra que igualaba el máximo histórico registrado en 1890, según el Migration Policy Institute. La inmigración representó el 84% del crecimiento total de la población de Estados Unidos.

    Según Woodard, las primeras etapas de migración —impulsadas principalmente por la industrialización— contribuyeron a fortalecer el poder político del norte de Estados Unidos.

    Y ese desequilibrio geográfico ayudó a avivar aún más las divisiones ideológicas.

    Personas observan fuegos artificiales durante la celebración anual del Día de la Independencia en la comunidad predominantemente latina de Bell Gardens el 2 de julio de 2026 en Bell Gardens, California.

    Mario Tama/Getty Images
    La comunidad mayoritariamente latina de Bell Gardens, en California, celebrando este 4 de julio.

    Los líderes sureños impulsaron la expansión territorial —y la de los estados esclavistas— para asegurarse de mantener el poder político a nivel nacional antes de consumar su ruptura definitiva, dando así inicio a la Guerra Civil.

    Sin embargo, las tendencias actuales han invertido esta división geográfica. Muchos inmigrantes —así como otras personas procedentes del norte— se sienten ahora atraídos por el sur, especialmente por las dinámicas economías de ciudades en Texas y Florida, si bien ahora la llegada de inmigrantes indocumentados en la frontera sur de Estados Unidos ha intensificado las tensiones.

    El conservadurismo populista de Trump puede entenderse, por tanto, como una respuesta al desplazamiento de los centros de poder en Estados Unidos.

    Tras regresar a la Casa Blanca, Trump ha cumplido su promesa de campaña de llevar a cabo deportaciones masivas.

    Al mismo tiempo, ha manifestado cierta nostalgia por la expansión territorial del siglo XIX, planteando ideas como la adquisición de Groenlandia, la recuperación del control sobre el Canal de Panamá y la incorporación de Canadá y Venezuela como el “estado número 51” de Estados Unidos.

    Su versión del expansionismo estadounidense es, por tanto, una especie de imagen especular de los últimos 250 años de historia. El país pasó su primer siglo expandiéndose territorialmente; luego dejó de intentar adquirir nuevos territorios y se centró —a veces con vacilaciones— en abrir la nación a los inmigrantes.

    Ahora, Trump ha cambiado el rumbo: pretende volver a ampliar las fronteras físicas de Estados Unidos y limitar el número de personas que el país admite.

    Trump y sus partidarios sostienen que el carácter de la nación estadounidense corre el riesgo de sufrir una transformación fundamental y permanente. “Ya no tendremos país”, es una frase recurrente de Trump al hablar de los peligros de la inmigración.

    “Eso no surge de la nada”, señala Woodard. “Nos enfrentamos a la gran pugna de la historia estadounidense: ¿somos una nación cívica consagrada a… una sociedad donde cada individuo pueda ser libre de manera igualitaria, universal y sostenible a lo largo del tiempo? ¿O somos un Estado que pertenece a un grupo concreto de personas, aquellas que son los verdaderos estadounidenses por sangre y ascendencia?”

    En la vasta escala de la historia universal, 250 años son apenas un instante, un destello, un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, para Estados Unidos, estos 250 años han sido transformadores, aunque las divisiones en el seno de la nación —y la inquietud por su futuro— hayan sido una constante persistente.

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    BBC

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  • ¿Cómo evitar accidentes en un feriado?

    ¿Cómo evitar accidentes en un feriado?

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    Los médicos comparten consejos para que celebres el 4 de julio sin peligros.

    Según datos del Centro de Investigación Pew, los días 4 y 5 de julio acuden más personas a los servicios de urgencias de Estados Unidos que en cualquier otro momento del año. Y este año, la ola de calor que afecta a gran parte del país puede empeorar aún más la situación.

    Así que los médicos de urgencias se están preparando.

    “Es nuestro feriado más concurrido”, dijo Lauren Siewny, directora médica del servicio de urgencias del Hospital de la Universidad de Duke. “Es una mezcla de calor, alcohol, deportes acuáticos, estar al aire libre, fuegos artificiales y viajes”.

    Lo que también distingue a este fin de semana, añadió Siewny, es que “muchas de las lesiones que vemos el 4 de julio se pueden prevenir, en comparación con otras cosas que vemos en el servicio de urgencias”.

    Así que preparémonos. Ya hemos publicado nuestros consejos para mantenerte a salvo con este calor. Y para el resto, he pedido consejo a los médicos de urgencias sobre cómo pasar este fin de semana sin problemas.

    No te acerques a un fuego artificial que no haya explotado

    Todos los médicos de urgencias sugirieron dejar los espectáculos pirotécnicos en manos de los profesionales. Según la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor, unos 13.000 estadounidenses resultaron heridos por fuegos artificiales el año pasado.

    Si insistes en encender fuegos artificiales tú mismo, ponte guantes resistentes al calor y protección ocular, y ten un cubo de agua a mano para apagar los fuegos artificiales después de usarlos, dijo Bernice Fokum, médica de urgencias de UChicago Medicine.

    Y nunca intentes volver a encender ni recoger fuegos artificiales que no se hayan encendido del todo, ya que esto puede provocar lesiones graves, como amputaciones o pérdida permanente de la visión, añadió Fokum. “A la gente le encanta acercarse a inspeccionar los cohetes, acercar la cara justo encima, agarrarlos e intentar volver a encenderlos”, dijo. Y luego los ve en el servicio de urgencias.

    Ten cuidado con las bengalas

    Hay quien piensa que las bengalas son juguetes relativamente inofensivos, dijo Siewny.

    Pero según la Comisión de Seguridad de Productos del Consumidor, las bengalas arden a más de 1000 grados Celsius. “Eso es suficiente para provocar una quemadura grave, algo que hemos visto en urgencias”, dijo Siewny.

    “He visto a varios niños con quemaduras en los pies por pisar bengalas”, dijo Benjamin Abella, jefe de medicina de urgencias del Mount Sinai Health System.

    Varios expertos recomendaron sujetar las bengalas con el brazo extendido, vigilar a los niños pequeños y tener a mano un cubo grande con agua.

    Si estás cerca del agua, designa a un salvavidas

    Torben Becker, médico de urgencias de la red de salud de la Universidad de Florida, recomendó designar a alguien para que vigile a los niños (y a los adultos) si estás celebrando cerca de una masa de agua. El ahogamiento es la principal causa de muerte entre los niños de 1 a 4 años, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

    “Normalmente, cuando alguien se ahoga, no es como en las películas, donde la persona grita, agita los brazos y se hunde poco a poco en el agua para luego volver a salir”, dijo Becker. “Muchas veces, ocurre en silencio”.

    Pueden turnarse para vigilar el agua, dijo Fokum. Y quien esté vigilando no debería estar mirando el celular, añadió, “a menos que esté tomando fotos a los niños”.

    Cambia ese cepillo viejo de alambre para la parrilla

    Si tienes un cepillo viejo para la parrilla con cerdas de alambre, esos alambres pueden romperse y acabar en tu comida, explicó Siewny.

    Si te los tragas, pueden perforar tu tracto gastrointestinal, dijo, lo que podría provocar una infección y, a veces, requerir una intervención quirúrgica. Es una “lesión poco conocida”, dijo Siewny, pero es “algo que sí vemos cuando es temporada de parrilladas”.

    Así que, si tienes un cepillo de alambre para la parrilla, cámbialo al cabo de unos años, dijo Abella. Utilizar ese “cepillo medio podrido” que tienes desde hace décadas “probablemente no sea la mejor idea”, explicó. O puedes conseguir un modelo de madera, añadió.

    Y si usas una parrilla de carbón, echa líquido inflamable sobre las brasas antes de encenderlas, dijo Samuel Luber, profesor y jefe del departamento de medicina de urgencias de UTHealth Houston. Las lesiones causadas por el líquido inflamable representaron más de una cuarta parte de las quemaduras relacionadas con las parrilladas, según un estudio de 2025 publicado en The Journal of Burn Care & Research.

    Designa un conductor (y celébralo)

    Varios médicos me han dicho que suelen ver un aumento de los accidentes de tráfico el fin de semana del 4 de julio, y muchos tienen que ver con el alcohol.

    Así que, si bebes –aunque sea solo una copa, que es suficiente para afectar tu capacidad para hacer dos cosas a la vez–, no te pongas al volante. “Desde un punto de vista médico, sabemos que no existe una dosis segura de alcohol”, dijo Becker.

    Una buena estrategia, dijo Becker, es organizar el transporte con antelación, ya sea con un conductor designado, un Uber o un taxi. O también pueden reunir dinero para que un conductor de van los lleve a todos a casa, añadió.

    Si designas a un conductor sobrio, dale un trato especial por velar por tu seguridad, dijo Becker. Cuando una amiga mía organiza fiestas, le da al conductor designado una tarjeta de regalo y brinda por él durante la cena.

    Y si vas en coche, aunque sea un trayecto corto, ponte siempre el cinturón de seguridad, dijo Abella. “Llevo 25 años como médico de urgencias y no recuerdo haber visto nunca una muerte por accidente de tráfico en la que se llevara puesto el cinturón de seguridad”, dijo. “Puede que resultaran heridos, pero sobrevivieron”.

    Pensaré en las palabras de Abella el 4 de julio. No bebo alcohol, así que suelo ser la conductora designada. Siempre me da ilusión serlo, pero tampoco rechazaría una tarjeta de regalo.

    ¡Feliz 4 de julio a todos! ¡Manténganse frescos y seguros!

    Una peligrosa ‘cúpula de calor’ se está extendiendo por algunas zonas de Estados Unidos

    Los médicos de urgencias se están preparando para un doble golpe: el típico aumento de pacientes que atenderán este fin de semana festivo y una segunda oleada de personas que sufren por el calor extremo. Aquí tienes sus consejos para sobrellevar la ola de calor.

    Lee el artículo: Consejos para soportar una ‘cúpula de calor’

    Les preguntamos y nos respondieron: ¿cómo te preparas para dormir?

    El mes pasado les pedimos que nos contaran cuáles son los hábitos nocturnos que los ayudan a relajarse por la noche. Recibimos más de 1100 respuestas. Aquí tienes algunas de nuestras favoritas, desde aficiones tranquilas hasta pequeños caprichos.

    Lee el artículo: Los pequeños rituales que te preparan para dormir

    Jancee Dunn, que escribe el boletín semanal de la sección Well para el Times, ha cubierto salud y ciencia durante más de 20 años.

    Sigamos con la conversación. Sigue a Well en Instagram o escríbenos a well_newsletter@nytimes.com. Y si te perdiste nuestro reto de verano, aún estás a tiempo de empezar.

  • Taylor Swift y Travis Kelce, protagonistas de una boda real en EE. UU.

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    Según todas las fuentes, Taylor Swift y Travis Kelce se han casado. Tras un año de rumores, especulaciones y apuestas en los mercados de predicción sobre dónde celebraría la pareja el evento, no lo hicieron ni en la mansión junto al mar de Swift en Rhode Island, ni en su complejo de TriBeCa. Al final, han decidido casarse en el trabajo: en el recinto deportivo y de entretenimiento donde Swift actuó por primera vez a los 13 años.

    El enlace Swift-Kelce en el Madison Square Garden ha sido descrito como la versión estadounidense de una boda de la realeza. Al coincidir con el 250 aniversario de nuestro rompimiento con el Imperio Británico, merece la pena preguntarse qué significa eso.

    La idea de una “realeza americana” rechaza la existencia de una línea hereditaria de figuras simbólicas, pero toma prestada la noción de que una persona, gracias a su belleza, romance, talento y esfuerzo, puede llegar a regentar a una multitud que la adora. Nuestra versión se desarrolla como una experiencia simulada inmersiva protagonizada por avatares de famosos. Las bodas reales pueden unir linajes o fusionar imperios, pero siempre actualizan y reafirman una identidad nacional. Esta boda real entre la estrella del pop y el futbolista, es un evento que trasciende fronteras y anuncia un poder cultural hegemónico.

    Sin duda, también se trata de una fiesta privada, la celebración del amor entre dos seres humanos. Este evento desdibuja la distinción entre lo público y lo personal, lo exclusivo y lo ubicuo. Aunque se llevó a cabo en el corazón de Midtown Manhattan, el sitio mismo donde convergen tres redes de ferrocarril, el festejo quedó protegido al interior de los muros fortificados de la arena.

    Swift ha actuado numerosas veces en el Garden, pero en años recientes sus conciertos se han llevado a cabo en el estadio MetLife en la cercana Nueva Jersey, un recinto que alberga el cuádruple de espectadores. Es, tal vez, una de las pocas personas en el planeta Tierra para quien este lugar puede representar una sede íntima y Kelce es otra de esas personas. Es demasiado pequeño incluso para un campo de fútbol americano, el escenario clave en el que llevaron a cabo la performance de su relación para el público, que observábamos a Swift mirar a Kelce desde el interior de una suite VIP de cristal.

    Al igual que la música de Swift se ha vuelto ineludible –suena en el aeropuerto, en el Starbucks, en el Starbucks del aeropuerto–, parece inevitable que prestemos atención a su boda. Como si estuviera predestinado. Los medios retransmitieron en directo el tedioso espectáculo de montacargas metiendo cajas en el edificio. Los coches negros avanzaron lentamente hacia el lugar, con jugadores de fútbol americano, mejores amigos del instituto y Mariska Hargitay a bordo. Los turistas se acercaron al recinto, los críticos se quejaron en X y el alcalde Mamdani aprovechó el interés para recordar a los neoyorquinos que se mantengan frescos en casa durante la ola de calor, estén o no en el Garden. Adam Sandler ofició la boda.

    Se pudo dar mil vueltas a los detalles o soñar con ellos, pero no se ignoraron. Cada primicia de TMZ, cada foto de los paparazzi, cada rumor filtrado se convirtió en un avance del próximo álbum, que inevitablemente irá desvelando las capas del ciclo de la prensa sensacionalista que acaba de terminar.

    Cuando un miembro de la realeza británica se casa, al público se le incluye en la ceremonia y se le invita a formarse en el trayecto que va hacia el Palacio de Buckingham o a sintonizar la emisión en directo con los interlocutores periodísticos. Si el pueblo estadounidense va a ser testigo de cualquier parte de esto será posiblemente porque Swift y Kelce ya lo han empaquetado y monetizado, ya sea a través de música, cine, pódcasts, artículos promocionales o experiencias de conciertos.

    Y eso sería lo adecuado, ya que a nuestros pseudorreyes no se les elige por su cuna, sino por sus ingresos. Los británicos son de cuna noble, y los nuestros se han hecho a sí mismos, con énfasis en el “yo”. Mientras que la monarquía siempre recurre a la tradición y a las insignias reales, Swift ha conseguido crear un universo que solo gira en torno a ella misma. Incluso sus idiosincracias más banales –su número de la suerte es el 13– se han colado en la cultura, aunque no tengan ningún sentido fuera del contexto de su propia persona. Su sueño americano se repite una y otra vez, ya sea cuando vuelve a grabar sus álbumes originales en una imitación de sí misma nota a nota u organiza la gira “Eras Tour”, que batió récords y recreó su vida y su carrera noche tras noche.

    Entre más personal se pone, más inmersiva se siente la experiencia de la celebridad. Lo cual no quiere decir que todo el mundo la adore. En una época de gran polarización, Swift se ha convertido en un símbolo de los debates sobre género y raza, persona y producto, amor y dinero. Tiene el poder de infundir orgullo o vergüenza, éxtasis o frustración. Es nuestra representante en el mundo de la fantasía, te guste o no. Nuestra chica de a pie.

    En su música, Swift lleva mucho tiempo imaginándose a sí misma entre la realeza y la nobleza. Canta sobre coronas, trofeos, joyas, tronos, palacios, damiselas, espadas, puertas, caballos, castillos y reinos. Los añade a su vision board junto a imágenes de una cultura estadounidense desenfrenada: la secundaria, los pantalones vaqueros, las gorras de béisbol, los Range Rover y las máquinas expendedoras.

    En “Love Story”, aquel primer éxito en el que se imaginó a sí misma en una fantasía al estilo de “Romeo y Julieta” (una que no termina en un suicidio doble, sino con un compromiso de boda), le dice a su pretendiente que se meta en el papel, cantando: “Tú serás el príncipe y yo seré la princesa”. Pero solo unas cuantas canciones más adelante, en “White Horse”, se lamenta: “No soy una princesa, esto no es un cuento de hadas, no soy la chica a la que vas a enamorar y subir cargando por la escalera”. Swift desmonta su fantasía tan pronto como la construye, devolviéndose a sí misma, una de las mujeres más ricas de Estados Unidos por mérito propio, para siempre a la condición de humilde soñadora.

    Luego está Kelce, su consorte. Después de componer un montón de canciones sobre sus relaciones con otros artistas comerciales (entre ellos Joe Jonas, Taylor Lautner, John Mayer, Jake Gyllenhaal, Harry Styles, Tom Hiddleston, Joe Alwyn y Matty Healy), Swift ha decidido casarse con un arquetipo estadounidense más contundente: el campeón del Super Bowl. Desde “Fifteen”, esa balada magistral que compuso cuando aún era una adolescente, ha cantado, con cierta ambivalencia, sobre andar de novia con el chico del equipo de fútbol americano. Su relación forja una alianza entre el grupo de chicas y el de chicos de la cultura pop, lo que enriquece a todas las partes.

    Después de que Kelce le pidió matrimonio a Swift, el precio de venta de las camisetas de él pareció dar saltos de júbilo. En el anuncio de su compromiso en Instagram ella escribió: “Tu maestra de inglés y tu maestro de educación física se van a casar”. Incluso cuando alcanza uno de los hitos de la adultez, Swift se regodea en el mundo adolescente, un mundo donde las reglas sociales son simplificadas, todos reciben una calificación y las fantasías de la infancia apenas empiezan a deteriorarse.

    La palabra clave en el pie de foto de Instagram fue “tu”, que da a entender que ella y Kelce nos pertenecen. Es todo un espectáculo parasocial; da un poco la sensación de que nuestras Barbies se han casado. Con esta boda, vimos a la estrella del pop adentrarse en uno de sus recursos líricos más recurrentes.

    La constante referencia a las bodas en su obra no refleja una obsesión personal por casarse, sino un uso inteligente de una idea con temas universalmente reconocibles: el romance, la ceremonia, el espectáculo y el aumento de la tensión. En “Fifteen”, se decía a sí misma: “En tu vida harás cosas más importantes que salir con el chico del equipo de fútbol”. Ahora ha conseguido que salir con el chico del equipo de fútbol se convierta en algo más importante que la propia relación. Esa teoría descabellada de los fans, difundida por la prensa del corazón el año pasado, de que casarse con Kelce podría acabar con la carrera musical de Swift era ridícula. Casarse con él solo aumenta su riqueza y su ambición.

    La celebración en el Madison Square Garden ha suscitado algunas quejas entre los espectadores de todo el país. Algunos lo ven como una afrenta a la santidad del matrimonio; algunos, como la capitulación definitiva de la vida privada ante las garras de la creación de contenido, otros como un derroche grotesco. Pero esto es Estados Unidos, donde incluso una boda normal y corriente –sobre todo para la generación de milénials a la que lidera Swift– se acepta, a veces a regañadientes, como una expresión mercantilizada del ser. Si ella es la reina de algo, es de eso.

    Amanda Hess es redactora del Times.

  • 6 cosas que quizá no sabías de Cabo Verde, el pequeño país que hizo historia en el Mundial 2026

    6 cosas que quizá no sabías de Cabo Verde, el pequeño país que hizo historia en el Mundial 2026

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    Aficionados de Cabo Verde con baderas y bandas del país en el Mundial 2026.

    Getty Images
    El país insular africano de poco más de medio millón de habitantes se midió con los grandes del fútbol en el Mundial de 2026.

    Cabo Verde quizás fue la segunda nación más pequeña del Mundial, pero sin duda causó un enorme impacto en este torneo.

    El país insular africano de poco más de medio millón de habitantes se midió con los grandes del fútbol en el Mundial de 2026.

    Y desde el inicio, los debutantes en el torneo se convirtieron en el centro de atención.

    Estuvo la heroica actuación del portero Vozinha, con la que lograron su primer punto en un Mundial frente a España.

    También vivieron la emoción de marcar sus primeros goles mundialistas contra Uruguay.

    Y hubo un golazo de Sidny Lopes Cabral, con el que estuvieron a punto de protagonizar la mayor sorpresa de la competición ante Argentina.

    El equipo caboverdiano nunca había participado en el mayor evento futbolístico del planeta, algo que se veía como un sueño inalcanzable en este pequeño archipiélago situado a más de 500 kilómetros de las costas de Senegal, en el extremo occidental de África.

    Y sus hazañaa en el torneo despertaron el interés mundial por este país con una joven pero fascinante historia.

    Rescatamos algunos de los elementos distintivos que, al margen del fútbol, hacen único a Cabo Verde.

    1. Lo poblaban los murciélagos hasta la llegada de Portugal

    Cidade Velha

    Getty Images
    Cidade Velha, fundada en 1462 en la isla de Santiago, fue la primera ciudad colonial europea en los trópicos y antigua capital de Cabo Verde. Conserva fortalezas, iglesias y plaza del siglo XVI, y es Patrimonio de la UNESCO.

    Con una superficie total de 4.000 km2, Cabo Verde consta de diez islas, de las que nueve están habitadas.

    Su única especie endémica es el murciélago orejudo gris, que desde tiempos ancestrales dominaba el archipiélago sin cruzarse con otros mamíferos hasta la llegada de los primeros humanos en el siglo XV.

    Tras tocar tierra en 1456, según los registros históricos, los portugueses fundaron Ribeira Grande en la isla sureña de Santiago. Esta villa hoy se llama Cidade Velha y está a escasos kilómetros de Praia, la capital y ciudad más poblada del país.

    Portugal denominó Cabo Verde a las islas por el punto más cercano de África continental: la península homónima donde hoy se emplaza Dakar en la costa central de Senegal.

    El archipiélago se divide en dos grupos: las islas de barlovento (Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia, São Nicolau, Sal y Boa Vista) y las de sotavento (Maio, Santiago, Fogo y Brava).

    De ellas, solo Santa Luzia permanece deshabitada y es una reserva natural.

    Mapa de Cabo Verde

    BBC
    Santiago, la isla que alberga la capital, Praia, es la más poblada con aproximadamente la mitad de habitantes del país.

    2. Canalizó el tráfico de esclavos entre África y América

    Por su ubicación estratégica entre África y América, Cabo Verde se consolidó en el siglo XVI como un nudo principal en el tráfico transatlántico de esclavos, que perduró por más de 300 años.

    Se estima que unos 3.000 esclavos procedentes del continente africano eran vendidos cada año en Cabo Verde con destino a Europa y América.

    Algunos de ellos se quedaron en el pequeño archipiélago para trabajar en las minas de sal y las incipientes plantaciones de algodón con destino a Portugal.

    La herencia del tráfico esclavista marcó de forma decisiva su demografía, con una población mayoritariamente mulata resultado de la mezcla entre africanos y europeos -sobre todo portugueses-, un patrón confirmado por estudios genéticos.

    Habitantes de Cabo Verde, según una ilustración de 1856.

    Getty Images
    Habitantes de Cabo Verde, según una ilustración de 1856.

    Así, aunque el idioma oficial es el portugués, sus habitantes también hablan el criollo caboverdiano (una mezcla del portugués y lenguas africanas) con nueve variantes, una por cada isla habitada.

    La herencia colonial también domina la religión: el 72,5% de la población es católica, según el anuario The World Factbook de la CIA.

    3. Solo tiene 500.000 habitantes, menos la mitad de los turistas que recibe en un año

    La amplia distancia entre islas, su reducido territorio -ocupa menos de una quinta parte de El Salvador, que es el país más pequeño de América Latina- y apenas un 11% de superficie cultivable entre extensos territorios de roca volcánica, entre otros factores, han limitado el crecimiento de la población de Cabo Verde durante los últimos cinco siglos y medio.

    El Banco Mundial estimó su población en 524.000 habitantes en 2024, menos de la mitad de los 1,2 millones de turistas que visitaron el archipiélago ese mismo año, según datos oficiales.

    El turismo es, de hecho, el principal motor económico de Cabo Verde con un peso de aproximadamente una cuarta parte del PIB, según varias fuentes, entre ellas el Departamento de Comercio de EE.UU.

    Los caboverdianos que permanecen en su país también son menos que los de la diáspora, dos millones según estimó el gobierno en 2023 -la mayoría en Portugal y Estados Unidos- aunque la cifra se ha puesto en duda por la falta de estudios exhaustivos.

    4. Es una de las democracias más estables de África

    Portugal transformó en 1951 el estatus de Cabo Verde de colonia a provincia de ultramar, un cambio que no satisfizo las crecientes aspiraciones de autonomía real de sus ciudadanos.

    En las décadas de 1950 y 1960, líderes locales como Amílcar Cabral se unieron a Guinea-Bisáu en una sangrienta guerra de liberación contra la metrópoli que culminó con la independencia el 5 de julio de 1975.

    Con motivo del centenario del nacimiento de Amilcar Cabral (1924-73) marcha de caboverdianos en Lisboa contra el racismo y los vestigios coloniales.

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    Con motivo del centenario del nacimiento de Amilcar Cabral (1924-73) en septiembre de 2024 tuvo lugar una marcha de caboverdianos en Lisboa contra el racismo y los vestigios coloniales.

    El país permaneció bajo un sistema de partido único hasta 1990, cuando surgió el Movimiento para la Democracia (MPD) y se abrió la puerta al multipartidismo con las primeras elecciones plurales en enero de 1991.

    Desde entonces, Cabo Verde ha mantenido una vida política pacífica y estable, con alternancia entre partidos en el poder y un sistema institucional que incluye presidente electo, primer ministro, Asamblea Nacional y un Tribunal Supremo de Justicia.

    La alternancia del poder se consolidó en 2021 cuando el actual presidente, el opositor de centroizquierda José Maria Neves, ganó las elecciones tras diez años de dominio del partido de centroderecha MPD.

    5. No hay ríos ni agua dulce, pero sí un peligroso volcán activo

    Con un clima extremadamente seco, el archipiélago no cuenta con ríos, lagos ni fuentes de agua dulce de importancia, por lo que el agua potable que llega a las viviendas procede en su totalidad de plantas desalinizadoras.

    Apenas llueve, las sequías son frecuentes y pueden prolongarse durante años, lo que afecta a la producción agrícola y ha provocado crisis alimentarias en el pasado.

    Las islas, formadas por actividad volcánica, presentan paisajes abruptos, áridos y en su mayoría inhóspitos para la agricultura: algunas son llanas y cubiertas de dunas, como Sal, Boa Vista y Maio, mientras otras destacan por sus acantilados y relieves escarpados, como Santo Antão o São Nicolau.

    El punto más alto del país es el Pico do Fogo, con 2.829 metros de altitud, el único volcán activo del archipiélago.

    Pico do Fogo

    Getty Images
    El Pico do Fogo ha registrado 28 erupciones desde el siglo XV.

    Su erupción más reciente, la más larga en dos siglos y medio, se produjo entre noviembre de 2014 y febrero de 2015 con importantes consecuencias: destruyó pueblos enteros, obligó a evacuar a un millar de habitantes y dejó más de US$50 millones en pérdidas.

    6. Tiene sus propios géneros musicales: la morna de Cesária Évora y el funaná

    Cesaria Évora

    Getty Images
    Cesária Évora es la artista más reconocida de la historia de Cabo Verde.

    La música autóctona es inseparable de la vida cotidiana en Cabo Verde y acompaña tanto a fiestas populares como celebraciones familiares.

    El género más representativo es la morna, reconocida en 2019 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

    De ritmo lento y tono melancólico, evoca el sentimiento de saudade, la nostalgia por la tierra o los seres queridos -especialmente entre la diáspora- con sonidos de guitarras, cavaquinho, violín y percusión ligera.

    La gran embajadora de la morna fue Cesária Évora (1941-2011), la “diva descalza” que llevó este género a algunos de los principales escenarios del mundo.

    El otro gran género autóctono de Cabo Verde, el funaná, presenta un ritmo rápido y bailable con notas de acordeón y ferrinho.

    * Este artículo fue publicado originalmente en octubre de 2025 y actualizado durante el Mundial de 2026.

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  • Mundial 2026: consulta cómo quedan los octavos de final (y con quiénes se cruzan los países de América Latina)

    Mundial 2026: consulta cómo quedan los octavos de final (y con quiénes se cruzan los países de América Latina)

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    Terminada la fase de grupos y los dieciseisavos de final, cada vez son menos los equipos que sueñan con ganar el Mundial 2026.

    De los 48 equipos originales, solo 16 disputan los octavos de final.

    A continuación puedes ver qué equipos siguen con esperanzas de llegar a la final y a quién tendrán que vencer para lograrlo.

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    BBC

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  • El adiós a Cabo Verde, el pequeño país liderado por Vozinha que el Mundial jamás olvidará

    El adiós a Cabo Verde, el pequeño país liderado por Vozinha que el Mundial jamás olvidará

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    Cabo Verde pudo haber sido la segunda nación más pequeña del Mundial, pero sin duda causó un enorme impacto en el torneo de 2026.

    Olvídate de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Erling Haaland y Harry Kane. Fueron los debutantes en el torneo quienes se convirtieron en el centro de atención.

    Estuvo la heroica actuación del portero Vozinha, con la que lograron su primer punto en un Mundial frente a España.

    Vivieron la emoción de marcar sus primeros goles mundialistas contra Uruguay.

    Y hubo un golazo de Sidny Lopes Cabral, con el que estuvieron a punto de protagonizar la mayor sorpresa de la competición ante Argentina.

    La aventura mundialista de Cabo Verde lo tuvo todo.

    Cuando sonó el silbido final de la prórroga en Miami el viernes por la noche, los jugadores de los “Tiburones Azules” se desplomaron sobre el césped tras una dolorosa derrota por 3-2 ante la vigente campeona, Argentina, en dieciseisavos de final.

    Pero se marchan de Estados Unidos sabiendo que se han ganado el corazón de muchos.

    “Cabo Verde perdió, pero ganó”, declaró el exinternacional escocés James McFadden en BBC Radio 5 Live.

    “Demostraron valentía, cohesión, unidad y una fe inquebrantable en lo que son y en lo que pueden hacer”.

    “La historia de este torneo es Cabo Verde. Eso es lo que quieres ver en un equipo de fútbol”.

    Llegaron al torneo ocupando el puesto 67 del ranking mundial, pero tres empates en la fase de grupos —incluido un 0-0 contra la campeona de Europa, España, en su debut— prepararon el escenario para la monumental tarea de intentar dar una de las mayores sorpresas jamás vistas en un Mundial.

    Contra Argentina, empezaron perdiendo tras un gol de Messi, pero lograron empatar 1-1 y forzar la prórroga. Luego volvieron a verse por detrás en el marcador, hasta que un impresionante disparo de Cabral igualó de nuevo la contienda. Sin embargo, no pudo ser: un cruel desvío de Diney Borges tras un cabezazo de Cristian Romero terminó dando el pase a Argentina.

    El exlateral derecho de Inglaterra Gary Neville comentó en el canal ITV que fue “una de las mejores actuaciones” que había visto jamás por parte de un equipo considerado inferior.

    “Están llorando porque se van a casa”, añadió. “No quieren irse a casa. Quieren quedarse aquí el resto de sus vidas”.

    “Quieren quedarse aquí para siempre. Es un momento que probablemente no volverá para algunos de estos jugadores. Es mágico, pero también triste”.

    jugadores y aficionados con la bandera de Cabo Verde detrás

    Getty Images
    Cabo Verde se marcha de Estados Unidos sabiendo que se han ganado el corazón de muchos.

    «Ya nadie pregunta dónde está Cabo Verde en el mapa»

    A pesar de la derrota, el seleccionador de Cabo Verde, Bubista, rebosaba orgullo después de que su equipo se quedara a solo 10 minutos de forzar una tanda de penaltis contra Argentina.

    «Demostramos que, aunque somos un país pequeño, podemos jugar contra los mejores equipos del mundo», afirmó. «Es un motivo de orgullo».

    «Hicimos historia para nuestro país. Pueden sentirse orgullosos de haberlo representado. Poder jugar como lo hicimos ante los campeones del mundo, y lograr empatar en dos ocasiones, es algo increíble».

    El defensa central del Shamrock Rovers, Roberto «Pico» Lopes —quien disputó los cuatro partidos de Cabo Verde en el Mundial—, declaró a BBC Sport: «Una de las mejores cosas que nos deja este Mundial es que ya nadie pregunta dónde está Cabo Verde en el mapa; eso, en sí mismo, ya es historia para nosotros. Nos hemos puesto en el mapa».

    «Somos una nación pequeña, pero con grandes corazones; demostramos lo que es posible: si crees en ello, puedes conseguirlo».

    La ampliación del Mundial a 48 equipos fue un tema muy debatido antes del inicio del torneo, pero Neville afirmó que “nunca más volverá a ser escéptico”.

    El exdelantero inglés Ian Wright, quien también comentó en el canal ITV, instó a la FIFA a contribuir a generar más momentos como el de Cabo Verde.

    “Eso es lo que idealmente esperas que suceda en todo el mundo, y por eso la FIFA debe esforzarse al máximo para garantizar que los fondos que recibe lleguen realmente a todos”, señaló Wright.

    “Esto demuestra a la gente que, si se les da la oportunidad, pueden llegar al escenario más importante sin importar lo pequeños que sean, y competir contra los campeones del mundo y contra uno de los mejores jugadores del planeta”.

    “Fue un esfuerzo épico por su parte, sin duda”.

    “¿Dónde había estado Vozinha?”

    La imagen de Vozinha entre lágrimas y, después, sosteniendo con orgullo la bandera de Cabo Verde en alto tras contener a España en el partido inaugural del grupo dio la vuelta al mundo, convirtiéndolo rápidamente en un héroe de culto.

    Sin embargo, su popularidad no se debe únicamente a esa fotografía o a sus emociones; su rendimiento lo ha elevado a la categoría de superestrella.

    A sus 40 años, se encuentra sin equipo tras finalizar su contrato con el Chaves, club de la segunda división portuguesa.

    Pero Neville no cree que el guardameta vaya a estar mucho tiempo sin equipo.

    Neville declaró en ITV: “Vozinha va a conseguir un buen club gracias a esto”.

    “Qué Mundial. Todo lo que él hace transmite calma y serenidad. ¿Dónde había estado? Deberíamos haberlo conocido antes”.

    Wright añadió que Vozinha desprendió un “aura de héroe” tras su actuación con Cabo Verde frente a Argentina.

    Con ocho paradas en Miami, Vozinha acumuló un total de 18 intervenciones en el Mundial de este año, situándose tercero en esta estadística, solo por detrás de Eloy Room, de Curazao (20), y Orlando Gill, de Paraguay (19), hasta ese momento.

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    BBC

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  • Estoy en terapia para superar la adicción que me hace pasar 14 horas al día con el celular

    Estoy en terapia para superar la adicción que me hace pasar 14 horas al día con el celular

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    El teléfono de Marios suena y se ilumina. Acaba de recibir un mensaje de WhatsApp mío pidiéndole que tengamos una charla inicial.

    Quiere responder de inmediato. El impulso, me dice más tarde, le resulta irresistible.

    Sin embargo, ahora mismo se encuentra en medio de una sesión de terapia sobre su adicción al teléfono. No puede responder.

    Él aguanta los nervios. Pero en cuanto termina la reunión, vuelve a su teléfono y, una hora más tarde, nos vemos en una videollamada.

    “Lo siento mucho”, le digo. “Lo último que quería hacer era interrumpir tu sesión”.

    “No te preocupes”, suspira Marios. “Esta es la sensación que he tenido durante muchos años: esta necesidad incontrolable de estar con el teléfono.

    “Es como llevar contigo a tu propio traficante de drogas.

    “Mi droga siempre está en mi bolsillo, parpadeando, emitiendo pitidos y recordándome que debo tomar una dosis”.

    Los datos de Marios.

    BBC/Marios
    Datos sobre el tiempo de pantalla de Marios.

    En un mal día, Marios, un entrenador personal del norte de Londres, puede pasar más de 14 horas mirando su pantalla (Instagram, según él, es su mayor enemigo). Pero ahora está probando un ciclo de 12 sesiones de terapia privada para tratar de frenar esta compulsión que, según él, está impulsada por la soledad.

    Con solo echar un vistazo a las estadísticas de mi tiempo de pantalla, me doy cuenta de que ayer miré el móvil 116 veces. Además, me pasé más de tres horas mirándolo boquiabierta.

    ¿Marios es adicto? ¿Soy yo adicta?

    Es difícil saberlo.

    Un hombre con bigote y barba oscuros con camisa azul, camiseta blanca y pantalones negros, sentado en un jardín, mirando su teléfono móvil.

    BBC/Emma Lynch
    Marios dice que su teléfono ayuda a mitigar la soledad que a veces siente.

    La adicción al teléfono todavía no existe como condición oficial, pero en una encuesta reciente realizada por Deloitte a 1.000 adultos, el 70% de los encuestados dijeron que pasaban demasiado tiempo con sus teléfonos.

    A medida que un número cada vez mayor de académicos advierte de que los smartphones están alterando la química de nuestro cerebro, los expertos en adicciones me han comentado que están atendiendo a más pacientes que dependen por completo de sus dispositivos.

    El año pasado, uno de cada tres pacientes tratados por drogodependencia en los centros de tratamiento de adicciones del Reino Unido (UKAT, por sus siglas en inglés), que atienden a 3.500 personas al año, también tenía una dependencia secundaria del teléfono. Esto representa un aumento con respecto a solo uno de cada 10 en 2019.

    Según UKAT, algunos pacientes llegan incluso a abandonar el tratamiento para su adicción principal porque se niegan a entregar su dispositivo al ingresar en la clínica.

    Pero, ¿cuándo se pasa de ser alguien que envía mensajes con demasiado entusiasmo a necesitar ayuda profesional?

    Conduzco por el camino arbolado hacia Rainford Hall, donde enormes vidrieras que datan de la época jacobina y que dan a jardines bien cuidados me dan la bienvenida.

    Es un lugar poco habitual para tratar a personas con una adicción digital.

    Vidriera en la escalera de Rainford Hall.

    BBC
    Rainford Hall trata a personas con diferentes adicciones, pero cada vez son más las que necesitan ayuda por su dependencia del teléfono.

    Este centro de rehabilitación de la organización Steps Together (Pasos Juntos), en St. Helens, Merseyside, también acoge a personas que luchan contra otras adicciones (como las drogas, el alcohol y el juego), pero sus terapeutas están atendiendo a un número cada vez mayor de personas que no se pueden desconectar de sus dispositivos.

    “Puede afectar a cualquier persona de cualquier origen”, explica la terapeuta principal, Kelly Watson. “Todos tenemos teléfonos, todos tenemos circuitos cerebrales similares y muchos de nosotros podemos volvernos adictos”.

    Parte de nuestro cerebro funciona mediante un sistema de recompensas, afirma. Recibimos un mensaje, un “me gusta” en las redes sociales o incluso leemos información nueva en un sitio web y, a continuación, se libera dopamina (un mensajero químico del cerebro que regula el placer y la motivación).

    Con el tiempo, para algunos de nosotros, la necesidad de esa dosis se vuelve insoportable. Puede llegar a dominarnos, haciendo que horas —o incluso días— de nuestras vidas se pierdan en el mundo virtual, explica.

    James, que recibe tratamiento en otro centro de Steps Together en Leicester, sabe lo que se siente.

    Este hombre de 48 años buscó ayuda en un principio por su adicción al alcohol, pero pronto se hizo evidente que su dependencia digital también estaba fuera de control.

    Después de que James perdiera su trabajo, se pasaba el día sin parar navegando por las redes sociales, consultando páginas de noticias y obsesionándose con lo que ocurría en diferentes partes del mundo.

    Si publicaba algo en las redes sociales, se despertaba en mitad de la noche para comprobar si había algún “me gusta” o comentarios. Me cuenta que se sentía rehén del mundo digital.

    Pero ya no disfrutaba en absoluto usando el móvil. “Me daba pánico”, recuerda James. “Sentía como si me hubieran arrancado un pedazo del alma, pero no podía parar”.

    Watson explica que cuando los pacientes llegan por primera vez a Rainford Hall, están preocupados, confundidos y no quieren soltar sus teléfonos.

    “Dicen: ‘Pero lo necesito para trabajar, lo necesito para mantenerme en contacto con la familia’.

    “Puedo oír el miedo en su voz. Es su lugar seguro”.

    Muchos pasan al menos 28 días en el centro residencial, recibiendo terapia grupal e individual para tratar los problemas que provocan su adicción, a la vez que reciben ayuda para salir poco a poco de esa dependencia.

    Watson trabaja con ellos para reducir gradualmente el tiempo que pasan frente a la pantalla y descubrir qué pensamientos y sentimientos aparecen cuando no están con el dispositivo.

    “Ese suele ser el problema: la vida puede resultar agobiante, y al navegar por el móvil pueden desconectarse del mundo real”.

    Lejos del lujo de Rainford Hall, personas de todo el mundo se están uniendo para apoyarse mutuamente contra la adicción digital.

    Sesión de terapia grupal.

    Getty Images
    Las personas con adicción al teléfono pueden beneficiarse de la terapia grupal para ayudarles a reconectarse con otras personas.

    En 2017, varias personas preocupadas por su uso de la tecnología e Internet se unieron para crear Internet and Technology Addicts Anonymous (ITAA), una comunidad mundial inspirada en Alcohólicos Anónimos (AA).

    Jenny es una de sus miembros. En el apogeo de su adicción al teléfono, no dormía durante días. Apenas comía ni bebía de lo fuerte que era su dependencia.

    “Me perdí partes de mi vida”, explica la joven de 30 años, que no quiere que la BBC utilice su nombre real.

    No le importaba lo que apareciera en la pantalla (una película, una serie, un video corto) siempre y cuando estuviera viendo algo.

    “No me di cuenta de lo adicta que era hasta que tuve síndrome de abstinencia y tuve que pedirles a mis amigos y familiares que guardaran mis dispositivos bajo llave”, recuerda Jenny.

    “Fue tan grave que pensé que me iba a morir si no veía algo”.

    Si recaía, recurría a llevarse o a “pedir prestado sin permiso” una computadora portátil o un smartphone de su familia.

    Pero entonces le invadían la culpa y la vergüenza, y sentía la necesidad de ver más contenido en streaming para ahogar esos sentimientos.

    Tras años de “buscar ayuda”, se encontró con la ITAA y siguió sus 12 pasos. Ahora se está recuperando y no ha visto nada en streaming durante cinco años.

    Jenny dice que se siente cómoda teniendo un teléfono básico y conectándose a Internet para su trabajo. “Ahora tengo el control”, dice.

    Otro miembro de la ITAA, Tom, dice que su adicción lo llevó a lugares oscuros. Podría perder meses enteros de su vida por culpa del teléfono y otras pantallas.

    “Me pasaba 10 horas seguidas enganchado: podía estar escuchando música, viendo algo en YouTube, echando un vistazo a las redes sociales y jugando a un videojuego, todo al mismo tiempo”.

    “Después salía a dar un paseo de dos horas y volvía a darme un atracón. Esto podía prolongarse durante meses”.

    La adicción de Tom era tan abrumadora que lo llevó a perder su negocio y su propósito en la vida.

    “Empecé a tener pensamientos suicidas”, dice.

    “Vuelvo a sentir verdadera alegría en la vida. Juego mucho al pickle ball, salgo y voy al gimnasio”.

    Marios con una camiseta azul oscuro y pantalones cortos haciendo flexiones de bíceps con dos mancuernas.

    BBC/Emma Lynch
    A medida que reduce el tiempo que pasa frente a la pantalla, Marios dice que está empezando a encontrar alegría en la vida cotidiana.

    Hilda Burke, psicoterapeuta acreditada por la Asociación Británica de Asesoramiento y Psicoterapia (BACP), escribió recientemente un libro de apoyo llamado “Phone Addiction Workbook” (Manual Contra la adicción al Celular) después de ver que un número cada vez mayor de clientes acudían a ella con una dependencia digital.

    Si te preocupa pasar demasiado tiempo frente a la pantalla, te recomienda analizar tu propio comportamiento y reflexionar sobre lo que podría estar detrás de él.

    “Hazte preguntas como: ‘¿Qué pasó ese día? ¿Estaba esperando a que alguien me devolviera el mensaje?”.

    Con frecuencia, lo que causa nuestro malestar inicial es esperar la respuesta a un mensaje, explica Burke. Esto nos lleva a usar nuestro teléfono como distracción.

    “En lugar de conectarte a Internet, haz otra cosa para distraerte. Llama a un amigo, sal a correr, lee un libro.

    “Y trata de no sentirte culpable o avergonzado; en vez de eso, piensa en cómo podrías manejarlo la próxima vez”.

    Las compañías telefónicas también han introducido funciones que ayudan a las personas a controlar el tiempo que pasan frente a la pantalla y a restringir el acceso a determinadas aplicaciones, en un intento de contrarrestar el ciclo adictivo en el que muchos de nosotros quedamos atrapados.

    De vuelta en el norte de Londres, Marios tiene la esperanza de que su terapia le ayude a superar su adicción al móvil. Además, está a punto de dominar el español, gracias a varias aplicaciones que tiene en el móvil.

    “No todo es malo”, dice.

    Pero un segundo después, coge su teléfono por impulso. Tan pronto como lo toca, parece recordar su determinación. Golpea el teléfono, desafiantemente.

    “Cada día me propongo pasar menos tiempo y eso está marcando la diferencia”, dice Marios. “Y cada día empiezo poco a poco a volver a disfrutar de las cosas. Se puede conseguir, estoy seguro”.

    Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.

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  • Trump restringió a los visitantes. México ganó turistas

    Trump restringió a los visitantes. México ganó turistas

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    Aunque los críticos se preguntan si el Mundial beneficiará al turismo a largo plazo, las autoridades mexicanas creen que puede impulsar al país hasta convertirlo en el quinto destino más visitado del mundo.

    Los cinco países más visitados del mundo, según varios indicadores, son: Francia, España, Estados Unidos, Italia y Turquía.

    El país que ocupa el sexto puesto, México, ya es una potencia turística en constante crecimiento. Ahora espera que el fútbol –y un poco del “efecto Trump”– le ayude a colarse en ese grupo de élite.

    “Pusimos una meta muy ambiciosa”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum a principios de este año sobre el objetivo de su mandato de seis años, que termina en 2030.

    El mayor Mundial de fútbol de la historia –104 partidos, 48 países– la organizan conjuntamente Estados Unidos, Canadá y México, que acogerá su último partido el domingo, entre su selección y la de Inglaterra en Ciudad de México. Antes del torneo, las autoridades y los organizadores mexicanos calculaban que 5,5 millones de personas visitarían el país durante las seis semanas que dura el torneo, generando miles de millones de dólares en actividad económica.

    Algunos críticos han puesto en duda esas cifras, pero México, que ya está relativamente más abierto al turismo, ha facilitado la entrada a ciudadanos de ciertos países, pensando precisamente en el Mundial. La idea es: si no puedes ir a Estados Unidos debido a las políticas migratorias más estrictas de Donald Trump, ven aquí en su lugar.

    “México mantiene su postura de ser un país amigo del mundo”, dijo Gabriela Cuevas, la representante del gobierno mexicano para el Mundial.

    Desde que Trump asumió el cargo en enero de 2025, su gobierno ha complicado los viajes a Estados Unidos, con nuevas tasas elevadas, obstáculos para obtener visas y un discurso agresivo hacia ciertos países. Los viajes a Estados Unidos cayeron alrededor de un 6 por ciento el año pasado, lo que supuso una pérdida de cuatro millones de visitantes extranjeros, hasta los 68 millones. Fue el único de los seis países más visitados que experimentó un descenso, según cifras de una organización de turismo de la ONU.

    México, sin embargo, alcanzó nuevas cotas. El año pasado, este país de más de 130 millones de habitantes recibió una cifra récord de 48 millones de turistas que pernoctaron, lo que representa un aumento del 6 por ciento y supera su récord prepandémico de 45 millones en 2019. El turismo fue uno de los puntos positivos de una economía mexicana que últimamente ha flaqueado debido a sus propios problemas de crecimiento, un presupuesto inflado y la presión arancelaria de Trump.

    Y cuando Estados Unidos impuso restricciones a la selección iraní, México le permitió establecer su campamento base en Tijuana, cerca de la frontera.

    “Vas adonde te tratan bien”, dijo Josefina Rodríguez Zamora, secretaria de Turismo de México, señalando que su país había registrado un aumento del 9 por ciento en las visitas de canadienses, que parecen estar boicoteando los viajes a Estados Unidos en medio de las tensiones con el gobierno de Trump.

    Por primera vez, la ruta internacional más transitada hacia México no partía de una ciudad estadounidense, sino de Canadá. El año pasado, el vuelo Toronto-Cancún superó al de Dallas-Cancún en el primer puesto, y los vuelos de Montreal a Cancún han aumentado considerablemente.

    El gobierno mexicano también ha intentado posicionar al país como destino para Latinoamérica durante el Mundial. Colombia, con 54 millones de habitantes, representa el tercer mercado turístico más importante para México. Durante la fase de grupos, la selección colombiana jugó dos de sus tres partidos en México. Justo antes del torneo, Rodríguez Zamora dijo que México había simplificado el proceso de entrada para los colombianos, y la tasa de rechazo bajó del 8 por ciento al 2 por ciento.

    En el reciente partido entre Colombia y Uzbekistán en Ciudad de México, casi todas las 81.000 personas del estadio animaban a Colombia. Y aunque algunos venían de Estados Unidos y Canadá, varios le contaron a The New York Times que habían viajado directamente desde Colombia.

    Erika Leon, de 47 años, y Orlando Pérez, de 57, dos amigos que trabajan en la banca en Bogotá, dijeron que les preocupaba tener que pasar por el escrutinio que otros colombianos habían descrito antes del Mundial, como horas de interrogatorios o la deportación. Pero León dijo que entrar fue fácil. “Todos fueron muy amables”, dijo.

    Ninguno de los dos tenía visa para Estados Unidos ni ganas de sacarse una. Ambos dijeron que preferían visitar México antes que Estados Unidos, donde el gobierno de Trump ha endurecido los requisitos para obtener o renovar visas de turista e inmigrante de varios países, llegando incluso a exigir a algunos visitantes el pago de una fianza de hasta 15.000 dólares para garantizar que no se queden más tiempo del permitido por su visa.

    La Casa Blanca dijo que Trump se centra en garantizar que el Mundial sea “una experiencia increíble para todos los aficionados y visitantes”, pero también “el más seguro de la historia”.

    Ahmed Ben Dahmen, de 32 años, un tunecino que trabaja en tecnologías de la información en Montreal, acudió a Monterrey, México, para ver a la selección de su país jugar sus dos primeros partidos y boicoteó el tercero, que se disputó en Estados Unidos.

    “Si el presidente Trump no quiere ver a tunecinos ni a colombianos, pues no vamos”, dijo, y añadió que estaba “contento” de mejor gastarse el dinero en México.

    Algunos aficionados dijeron que, sencillamente, el costo era menor. Aunque los altos precios de las entradas han sido un tema espinoso durante todo el torneo, los visitantes dijeron que se ahorraron dinero al viajar a México, donde el costo del alojamiento, la comida y el transporte es menor.

    Carlos Londoño Garcés, de 58 años, un abogado de Medellín, dijo que su entrada de 3000 dólares para ver a Colombia jugar en Miami costaba el doble que la que pagó por ver su primer partido en México.

    Para facilitar los viajes a México y subir en la clasificación mundial, Rodríguez Zamora, la secretaria de Turismo, dijo que el gobierno ha estado trabajando para digitalizar aún más el proceso de solicitud de visas. En febrero, México restableció un proceso de visa electrónica para los brasileños que permite a los visitantes que llegan en avión solicitarla por internet con antelación, a diferencia de Estados Unidos, que exige una visa física.

    Dijo que esperaba que los latinoamericanos cuyos equipos juegan en Estados Unidos se reunieran en cambio en las grandes y animadas fiestas para ver los partidos que se celebran por todo México.

    “Van a visitar a nosotros antes que llegar a Estados Unidos”, dijo Rodríguez Zamora. “El mercado latino está esperando vivir una fiesta y esa la va a encontrar en nuestro país”.

    No todo el mundo comparte su optimismo. Enrique de la Madrid, exsecretario de Turismo de México y miembro de un partido político de la oposición, calificó el Mundial como una oportunidad “extraordinaria”, pero un evento puntual. Señaló que el predecesor de Sheinbaum había acabado con un importante organismo de promoción turística. Dijo que el número de visitantes extranjeros que llegan a México en avión –que gastan más que los que cruzan la frontera por tierra– había bajado ligeramente el año pasado. Y varias ciudades sede del Mundial ya han rebajado sus expectativas en cuanto al número de hoteles y visitantes.

    Para desplazar a Italia o Turquía de la lista de los cinco primeros, dijo, México tendría que atraer a 12 millones de visitantes más al año. “No vamos a llegar al quinto lugar si no le ponemos el dinero y la estrategia que otros países le ponen”.

    La seguridad sigue siendo una preocupación. Después de que las fuerzas de seguridad mexicanas mataran a un importante líder de un cártel en febrero y los miembros del cártel respondieran con una breve oleada de violencia, el turismo sufrió un revés momentáneo. Las autoridades actuaron rápidamente para tranquilizar a los visitantes.

    Es cierto que algunas zonas de México son peligrosas, pero otras tienen tasas de homicidios más bajas que las de algunas ciudades estadounidenses que acogerán partidos del Mundial. Sheinbaum ha destacado en repetidas ocasiones la disminución de la tasa nacional de homicidios durante su gobierno.

    Rodríguez Zamora dijo que el gobierno seguirá trabajando en la seguridad y en la percepción que se tiene de ella. Espera que el Mundial ayude, especialmente con los visitantes extranjeros.

    “No vendrían si tuvieran una mala experiencia”, dijo. “Muy al contrario”.

    James Wagner cubre noticias y cultura en América Latina para el Times. Radica en Ciudad de México.

  • En busca de la película que define a Estados Unidos

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    La forma en que el mundo ve a Estados Unidos –y la forma en que el país se ve a sí mismo– se puede atribuir, al menos en parte, a Hollywood. Desde que existe el cine, este ha reafirmado las historias que nos contamos sobre nuestro carácter nacional: que tu posición en la vida no está determinada por tu origen, por ejemplo, y que todo es posible, incluyendo la justicia y riquezas incalculables, si tienes la determinación suficiente.

    Por supuesto, en los cines también se proyectan versiones más oscuras de esta historia. ¿Existe una película definitiva sobre nuestra nación? La respuesta sin duda varía, según la época y quien responda. Pero ahora que el país celebra su aniversario número 250 en un momento de profundas divisiones, es un buen momento para replantearnos esta pregunta.

    Por esa razón, le pregunté a 10 escritores qué películas escogerían para definir a Estados Unidos y por qué. Sus elecciones abarcaron desde éxitos de taquilla hasta películas independientes, desde comedias locales hasta un enigmático drama italiano, desde una reciente nominada al Óscar a la mejor película hasta un debut no muy conocido; en resumen, cintas tan variadas como el propio país.

    — Stephanie Goodman

    Killer of Sheep (1978)

    Puedes verla en streaming en Criterion Channel o alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    La obra maestra de Charles Burnett se desarrolla en el barrio de Watts, en Los Ángeles, a mediados de la década de 1970, una década después de los disturbios civiles que se vivieron allí. Filmada en blanco y negro, la cinta es al mismo tiempo un retrato expresionista de una familia pobre de la comunidad negra y del país en el que viven, con su idealismo y sus amargas verdades. En la visión de Burnett hay una belleza sublime, además de una comedia melancólica y un dolor que cala hasta los huesos. Aquí, cada pared llena de marcas y cada lote vacío hablan de promesas incumplidas, igual que el rostro demacrado del padre, quien trabaja en un matadero (Henry G. Sanders).

    Burnett es uno de los poetas más grandes del cine, pero también es un dialéctico con visión clara, algo que queda patente en una escena donde unos niños juegan en lo que parece una obra de construcción abandonada, un interludio con la canción “The House I Live In” de Paul Robeson de fondo. Esa canción, una oda al idealismo estadounidense que se hizo famosa gracias a Frank Sinatra, empieza con la pregunta “¿Qué es Estados Unidos para mí?”. Suena muy diferente cuando la canta Robeson, un activista por los derechos civiles cuya carrera se vio truncada durante la “cacería de brujas” anticomunista. Con un filme inolvidable Burnett evoca la historia de Estados Unidos, y también la enriquece.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Star Spangled to Death, de Ken Jacobs; In Jackson Heights, de Frederick Wiseman; y 13th de Ava DuVernay.

    — Manohla Dargis

    Petróleo sangriento (2007)

    Puedes verla en streaming en Paramount+.

    Un despiadado magnate que construyó su fortuna desde cero y arrastra un historial de negocios turbios. Un predicador oportunista más interesado en el poder que en la santidad. Un país donde se puede amasar una riqueza fabulosa si estás dispuesto a pisotear a tu vecino. La épica cinta de 2007 Petróleo sangriento, de Paul Thomas Anderson, que le dio a Daniel Day-Lewis uno de los mejores papeles de su carrera, arremete contra el sueño americano, apropiándose del lenguaje cinematográfico de los grandes wésterns de Hollywood pero invirtiendo sus temas.

    En esta visión del Lejano Oeste estadounidense, el territorio produce un petróleo tan negro como la noche y exige sangre a cambio, mientras las dos fuerzas gemelas de la prosperidad estadounidense –capitalistas sin ataduras ni escrúpulos y estafadores que se apropian de la religión para sus propios fines– se precipitan hacia un desenlace explosivo. En esta gran tierra, sugiere Petróleo sangriento, puedes ganarte el mundo entero siempre y cuando estés dispuesto a perder también tu alma.

    — Alissa Wilkinson

    Dazed and Confused (1993)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    A pocos minutos de haber comenzado Dazed and Confused, mientras unos estudiantes de bachillerato texanos salen en tropel de las aulas para dar inicio a las vacaciones de verano de 1976, la maestra buena onda les grita algo sobre el inminente bicentenario del país: “No olviden qué están celebrando, que un puñado de hombres blancos aristocráticos y dueños de esclavos no querían pagar impuestos”.

    Ese hito nacional se queda en la mente de los adolescentes –“Hermano, este país fue fundado por gente que creía en los extraterrestres”, insiste el fumón mayor del grupo –, pero más que nada sirve como telón de fondo para una noche de desenfreno. A medida que los diversos grupos sociales se mezclan, surgen conflictos: entre las viejas costumbres y las nuevas corrientes culturales, entre el patriotismo y la rebelión, entre la libertad sin límites y el no tener adónde ir. Es en esta fricción donde el carácter típicamente estadounidense de la comedia dramática de 1993 de Richard Linklater resulta innegable.

    Como estudiante de segundo año de preparatoria, fascinada por ese retrato de la adolescencia estadounidense, yo veía ese VHS una y otra vez. Elige bien, parecía advertirme a mí, una hija de inmigrantes que estaba muy consciente de que quienes somos hoy marca el rumbo de quienes podremos llegar a ser; y si esa versión futura de nosotros cederá al pensamiento de grupo o se rebelará contra él para siempre.

    — Maya Salam

    Caracortada (1932)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Hablando de arquetipos estadounidenses: Caracortada, el paradigma del caos físico y la sensación que inquietó a los censores en 1932, fue financiada por un legendario magnate nacido en Texas (Howard Hughes) y dirigida por un gran cineasta de Hollywood (Howard Hawks) a partir de un guion escrito principalmente por un célebre periodista de Chicago (Ben Hecht), para un antiguo ídolo del teatro yidis de Nueva York (Paul Muni), quien interpreta una versión ficticia del hombre más infame del país en aquella época (Al Capone). Caracortada no fue la primera película de gánsteres de los estudios, pero sí la más violenta y estridente. En medio de un paisaje sonoro de chirridos de neumáticos, estruendosas ametralladoras y diálogos ágiles y cargados de jerga, este Capone de aire kabuki está flanqueado por dos chicas memorables, una ardiente (Ann Dvorak) y la otra fría (Karen Morley). Por cuestiones de derechos, el padrino del cine estadounidense de gánsteres permaneció inaccesible durante 33 años, lo que no hizo sino reforzar su estatus de culto. La vigencia cultural de la versión de 1983 de Brian De Palma da fe de su poder.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: La pandilla salvaje, de Sam Peckinpah; Una Eva y dos Adanes, de Billy Wilder; Pecadores, de Ryan Coogler.

    — J. Hoberman

    El proyecto Florida (2017)

    Puedes verla en streaming en HBO Max.

    ¿Existe una ciudad más estadounidense que Orlando, Florida? Sus atracciones prometen grandes sueños, mucha diversión, escapismo total, pero a menudo ocultan las tremendas dificultades de la clase trabajadora que se requieren para mantener vivos esos sueños. El director Sean Baker captura las complejidades de Orlando, y del propio Estados Unidos, en este drama bañado por el sol que se desarrolla al otro lado del mundo de Disney. Moteles baratos con nombres como Futureland Inn y Magic Castle son el hogar y el patio de juegos de facto de niños que pasan los días entre juegos y pequeñas travesuras, en medio de ese entorno venido a menos.

    Brooklynn Prince se luce en el papel de Moonee, una optimista niña de seis años que es el corazón y el alma de la película. Ella crea su propia magia mientras los adultos golpeados por la vida que la rodean (incluida su madre, interpretada por Bria Vinaite) intentan llegar a fin de mes. Baker, que tiene un fino oído para esa dicotomía, dirige la película con una visión épica y un enfoque íntimo. El resultado es a la vez encantador y desgarrador.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: El color púrpura, de Steven Spielberg; Estrella solitaria, de John Sayles; Nosotros, de Jordan Peele.

    — Mekado Murphy

    Nashville (1975)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Pocos cineastas han retratado a Estados Unidos, con todas sus complejidades y contradicciones, tan a fondo como Robert Altman. En sus mejores películas, enfrentó a las vacas sagradas, las instituciones anquilosadas, la mitología de la frontera y las nociones convencionales de heroísmo, siempre con un guiño cómplice y una risa apenas contenida. Hay algo intrínsecamente estadounidense en Nashville, su obra maestra de 1975: la forma en que busca algo grandioso, audaz y que lo abarque todo al entrelazar las historias de 24 personajes de diversos orígenes y estratos sociales a lo largo de unos días en la capital de la música country.

    La estructura indómita y poco convencional de la película se convirtió en uno de los sellos distintivos de Altman, porque le fascinaban las caóticas intersecciones de la vida real: cómo un marginado excéntrico puede terminar codeándose con una figura desdeñosa del establishment y salir victorioso. Es una película llena de música, desamor, patriotismo y violencia política; concentra toda la experiencia estadounidense en 160 minutos.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Del mismo barro, de Altman, la historia de un país impulsado por el sexo y las estafas; Nacido el 4 de julio, de Oliver Stone, que aborda lo que realmente significa amar a tu país (y servirle); y Mátalos suavemente, de Andrew Dominik, una de las críticas cinematográficas más mordaces y cínicas sobre nuestro país y nuestra época.

    — Jason Bailey

    Dirty Dancing (1987)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    Dirty Dancing es un retrato de las divisiones de clase, el trabajo, la identidad, los derechos de las mujeres, la atención médica y mucho más, todo oculto bajo la superficie de un frívolo romance juvenil, y tiene todos los ingredientes necesarios para entender el Estados Unidos de la posguerra, aderezados con una banda sonora inolvidable.

    Ambientada en medio de la agitación social de la década de 1960 en un complejo turístico de los Catskills, la película narra el despertar (sexual y de otros tipos) que vive Baby, una joven huésped sobreprotegida –Jennifer Grey, en un papel que definió su carrera–, cuando conoce a Johnny, el rebelde profesor de baile interpretado por un Patrick Swayze que pasa buena parte de la película con el torso descubierto. (Fíjate en los apellidos de sus personajes: ella es Houseman y él, Castle; ella es judía y de buena posición económica, y él –a pesar de ese apellido de resonancias aspiracionales– no lo es. Su romance rompió tabúes en su época).

    Una trama tan franca sobre el aborto era una rareza en el cine; Eleanor Bergstein, la guionista, luchó para conservarla. El mensaje es que la cultura puede impulsar cambios sociales y políticos –¡nadie arrincona a Baby!–, sobre todo cuando esos cambios llegan al ritmo de bailarines y músicos (que, por cierto, son los únicos personajes de color de la película).

    — Melena Ryzik

    Zabriskie Point (1970)

    Ambientada en el verano de 1968 en el desierto de Mojave, Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni, es una hipnótica reflexión sobre los ideales estadounidenses contada a través de dos desconocidos que se convierten en amantes: un universitario que dejó los estudios y está huyendo, y una secretaria en un viaje de trabajo. Pasan una tarde de ensueño febril deambulando por el paisaje, hablando de las tensiones sociales y topándose con una orgía extremadamente polvorienta. (Después de todo, es Antonioni y es la década de 1960).

    “Hay mil facetas, no solo héroes y villanos”, le dice la secretaria (Daria Halprin) al chico que abandonó los estudios (Mark Frechette), y esta parece ser la visión que el director italiano tenía de Estados Unidos. Entre las hipnóticas escenas del Oeste estadounidense y la vibrante banda sonora de Pink Floyd y Jerry Garcia se intercalan momentos de intensa agitación social, crimen y codicia corporativa. El FBI investigó la película por considerarla anti-Estados Unidos, pero Antonioni crea una carta de amor de un forastero a Estados Unidos, a su gente y a todo lo que el país puede contener, con todos sus defectos.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Nomadland, de Chloé Zhao; The Sweet East, de Sean Price Williams; Buenos muchachos, de Martin Scorsese.

    — Amanda Webster

    Nothing but a Man (1964)

    Puedes alquilarla en la mayoría de las plataformas principales.

    El director Michael Roemer nació en Berlín en 1928. No sabía lo que era ser joven, negro y tener un empleo precario en la Alabama de antes de la Ley de Derechos Civiles, como Duff Anderson, el admirable pero autodestructivo protagonista de su primer largometraje. Lo que Roemer sí conocía –esa sensación de no ser bienvenido en tu propio país, el desgaste espiritual de una servidumbre de facto– lo volcó en su milagroso guion, que, siguiendo la tradición de Tocqueville y Gunnar Myrdal, le pone un espejo a Estados Unidos tal y como solo un extranjero puede hacerlo.

    Protagonizada por un inolvidable Ivan Dixon (en el papel de Duff), con un reparto secundario excepcional (Abbey Lincoln, Yaphet Kotto, Gloria Foster), Nothing but a Man cuenta una historia política en un tono íntimo. Sus personajes –inspirados en los viajes de investigación que Roemer realizó por todo el sur del país junto a Robert Young, su coguionista, director de fotografía y judío igual que él– no son más que seres humanos, para bien y para mal.

    — Reggie Ugwu

    El día de la revelación (2026)

    En cines.

    El mundo, como dice un malvado Colin Firth, está al borde del abismo. Agentes cuasigubernamentales actúan en las sombras. La paranoia y la desconfianza –a veces con buena razón– se respiran en el aire. La lucha por revelar la verdad es tan encarnizada como la lucha por ocultarla. Sí, El día de la revelación es una epopeya sobre la llegada de extraterrestres, pero en cuanto al tono, cuando los cardenales, los círculos en los campos y las persecuciones en coche dan paso a gente común que intenta salir adelante en una nación caótica, transmite la ansiedad y la incertidumbre que impregnan la vida estadounidense actual, la ajena a la ciencia ficción.

    Lo vi en la escena en la que Emily Blunt y Wyatt Russell paran en una tienda de conveniencia: aún no hemos llegado a las grandes secuencias de acción ni a las revelaciones, pero están rodeados de gente que se abastece frenéticamente, preparándose para una guerra que se avecina en segundo plano. Al final, cuando nuestros héroes por fin han revelado la verdad al público, el ambiente cambia a un optimismo vacilante y tentativo, y Blunt tiene la última palabra, que suena como un llamado a la comprensión: “Escuchen”.

    Hay algo en eso que también refleja quiénes somos como país.

    Otras películas memorables sobre Estados Unidos: Bonnie y Clyde, de Arthur Penn; Minari, de Lee Isaac Chung; Southland Tales, de Richard Kelly.

    — Andrew LaVallee

    Créditos de fotos y videos: Milestone Films (Killer of Sheep); Paramount Vantage (Petróleo sangriento); Gramercy Pictures (Dazed and Confused); United Artists (Caracortada); A24 (El proyecto Florida); Paramount Pictures, vía Everett Collection (Nashville); Great American Films (Dirty Dancing); MGM (Zabriskie Point); DuArt Film and Video, vía Everett Collection (Nothing But a Man); Universal Pictures y Amblin Entertainment (El día de la revelación)

    — Stephanie Goodman — Manohla Dargis — Alissa Wilkinson — Maya Salam — J. Hoberman — Mekado Murphy — Jason Bailey — Melena Ryzik — Amanda Webster — Reggie Ugwu — Andrew LaVallee