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  • Así cubre las turbulencias de América Latina una reportera del Times

    Así cubre las turbulencias de América Latina una reportera del Times

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    Frances Robles, corresponsal internacional de The New York Times compartió sus experiencias de más de 25 años cubriendo la región.

    Times Insider explica quiénes somos y qué hacemos, y ofrece una mirada entre bastidores sobre cómo se elabora nuestro periodismo.

    Cuando Frances Robles comenzó a cubrir América Latina y el Caribe hace más de 25 años, pronto descubrió que eran las pequeñas cosas las que podían hacerla tropezar cuando reportaba.

    Después de sufrir una intoxicación alimentaria mientras cubría un terremoto en Colombia en 1998, aprendió qué no comer cuando estaba de viaje. Y recibió una lección sobre la importancia de planificar con antelación cuando rentó un coche en Cuba y descubrió que todos eran de cambio manual, que ella no sabía conducir.

    “Me llamó la atención que la mayoría de las diferencias entre el periodismo extranjero y el local consistían en cuestiones logísticas básicas”, dijo Robles, que reside en el sur de Florida.

    Desde que se incorporó a The New York Times en 2013, Robles ha informado sobre el deterioro de la democracia en Nicaragua, el asesinato del presidente haitiano en 2021, la devastación causada por el huracán Melissa y las repercusiones de la captura por parte de Estados Unidos del líder venezolano a principios de este año.

    En una entrevista, compartió sus experiencias de sus años cubriendo América Latina. Estos son extractos editados de la conversación, que se llevó a cabo en inglés y fue traducida al español.

    ¿Cómo empezaste a cubrir América Latina?

    A finales de la década de 1990, empecé a viajar a América Latina para cubrir grandes noticias para The Miami Herald. La primera fue un terremoto en Colombia en 1998. En 1999, reporté sobre una gran batalla por la custodia entre los primos de Elián González en Miami –un niño que fue encontrado en el mar– y su padre en Cuba. Empezaba a viajar a la región cada vez con más frecuencia, y entonces Marty Baron, que luego se haría famoso por la película En primera plana, llegó a ser editor del Herald en 2000. Un día me dio una palmada en el hombro y me dijo: “Oye, quiero que te vayas a vivir a Managua”.

    Así que te mudaste a la capital de Nicaragua. ¿Cuánto tiempo estuviste allí?

    Solo estuve en Nicaragua poco más de un año. Cuando ocurrió el 11-S, todo el espacio extra del periódico se dedicaba a cubrir lo que estaba sucediendo en Nueva York o Afganistán. En 2002, me mudé a Bogotá, la capital de Colombia, y viví allí casi tres años. Fue una época de verdad muy intensa. En mi primera semana como jefa del buró del Herald en Colombia, el sábado asesinaron a un sacerdote en la misa; el domingo, un coche bomba mató a una decena de personas en una localidad a unas horas al sur de la capital; el martes, estallaron dos coches bomba en Bogotá; y el jueves, los rebeldes secuestraron a toda la legislatura estatal de Cali, el mismo día en que se produjo un intento de golpe a Hugo Chávez en Venezuela.

    ¿Fue un gran aprendizaje?

    Sin duda. Yo creí que hablaba español, pero aprendí muy pronto que preguntar cuándo es la hora de cenar no es lo mismo que escuchar el discurso de un jefe de Estado. Oía todas esas palabras que me resultaban desconocidas, como “ametralladora” y “alcaldía”. Tuve que estar rodeada de personas que hablaban español y verme obligada a hacerlo. Pero aprendí mucho, tenía que hacerlo.

    Has estado en situaciones peligrosas. ¿Qué precauciones tomas?

    Durante la mayor parte de mi carrera, me las iba arreglando sobre la marcha. En The New York Times no trabajamos así. Especialmente si voy a un lugar muy peligroso, como Haití, tengo que presentar un plan de seguridad. ¿Con quién me voy a reunir? ¿Dónde voy a quedarme? ¿Quién es el conductor? ¿Cómo luce? ¿Cuál es su número de matrícula? A veces, dependiendo del país, también cuento con un agente de seguridad –básicamente, un guardaespaldas– que me acompaña.

    Siempre digo que hace falta mucho valor para ser cobarde, porque muchos periodistas prefieren arriesgarse antes que decirle a su editor: “Oye, ese riesgo es una locura y no deberíamos hacerlo”. Pero yo nunca he sido de esas personas. Siempre he tenido un lema: no voy a morir por una noticia.

    ¿Qué cambios has observado durante el tiempo que llevas cubriendo la región?

    Sin duda, vemos cómo más países se deslizan hacia el autoritarismo. Hay países a los que antes podía viajar libremente y a los que ya no podemos ir. Por ejemplo, Nicaragua: volví en 2019 tras un gran levantamiento, y creo que me confié demasiado, al pensar: “He vivido en Nicaragua. Conozco este lugar”. Y acabé siendo atacada por simpatizantes del presidente, Daniel Ortega, en presencia de agentes de policía, que no hicieron nada para intervenir. Ahora no podemos ir allí para nada. Nicaragua no permite la entrada a los periodistas.

    ¿Qué temas vas a seguir este año?

    Para mí, la gran noticia va a ser Cuba. Tuvimos el ataque a Venezuela, y existe una sensación generalizada de que el presidente Donald Trump tiene ahora la mirada puesta en Cuba. Acaban de salir de una crisis migratoria, en la que más de un millón de personas salieron del país. Durante meses, el gobierno de Trump cortó los envíos de petróleo al país. Por lo general no hay luz. Las estanterías de las farmacias suelen estar vacías. Hay una sensación de que se está gestando una crisis, de que es un lugar que podría implosionar.

    ¿Hay algún tema sobre el que te gustaría haber tenido la oportunidad de informar más?

    Me gustaría poder volver a Nicaragua. Me parte el corazón no poder hacerlo. Me encanta su gente.

  • “Mi abuela le practicó la ablación a mi hija a mis espaldas cuando solo tenía 6 meses”: el ciclo sin fin de la mutilación genital en Colombia que una mujer lucha por terminar

    “Mi abuela le practicó la ablación a mi hija a mis espaldas cuando solo tenía 6 meses”: el ciclo sin fin de la mutilación genital en Colombia que una mujer lucha por terminar

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    Una niña no merece el dolor de la mutilación de su cuerpo.

    Mi hija tenía seis meses cuando mi abuela le hizo la práctica. Me enteré tarde.

    La recibí con fiebre, hinchada y sangrando.

    Confronté a mi abuela, quien respondió que era normal y que no podía decirle a nadie, pero mi expareja se enteró.

    Cuando vio así de mal a la niña, pensó que yo había dado permiso. Me pegó.

    Mi hija lloraba. Quisimos llevarla a un centro de salud, pero era lejos y llovía.

    Mi mamá la intentó aliviar con unas plantas. Ella es partera, pero se opone a la ablación y también confrontó a mi abuela.

    No hizo caso. Dijo que los hombres se burlan de las mujeres que tienen clítoris.

    La ablación en Colombia

    Carla Quiñonez* dice que su hija, hoy de cuatro años, sufre dolores e infecciones urinarias frecuentes. Son síntomas comunes de quienes sobreviven la mutilación genital femenina.

    Quiñonez, con 30 años, es una indígena emberá que trabaja para erradicar la ablación en Colombia, el único país donde se ha reconocido que aún se registra esta práctica en América Latina.

    La emberá viaja por territorios recónditos, imparte talleres, confronta a autoridades indígenas conservadoras, convive con amenazas por su labor.

    Junto a un equipo de compañeras y congresistas, su participación está siendo clave para que una ley contra la ablación pueda ser aprobada en las próximas semanas en Colombia.

    La ablación implica la resección parcial o total de los genitales externos femeninos y otras lesiones causadas a esos órganos por motivos no médicos.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 300 millones de niñas y mujeres vivas en la actualidad la han sufrido.

    La mayoría de países donde se practica se encuentra en las regiones occidental, oriental y nororiental de África y en algunos países de Medio Oriente y Asia.

    Una mujer en Gambia protesta contra la mutilación genital femenina en 2024.

    MUHAMADOU BITTAYE/AFP via Getty Images
    Una mujer en Gambia protesta contra la mutilación genital femenina en 2024.

    La ablación puede causar hemorragias, problemas urinarios, menstruales y en el parto. También quistes, infecciones, mayor riesgo de mortalidad neonatal y dificultades para experimentar placer sexual.

    Cómo llegó la práctica a Colombia, detectada entre comunidades indígenas emberá y afrocolombianas, es fuente de varias teorías sin respaldo confirmado.

    Lo que se sabe es que sucede en comunidades humildes, marginalizadas y aisladas, cuyos asentamientos muchas veces quedan a horas a pie de hospitales, escuelas y carreteras.

    Según datos facilitados por el Congreso colombiano, hasta octubre de 2025 fueron registrados 26 casos. En 2024 se reportaron 54 y en 2023, 91.

    La mayor incidencia se da en el departamento de Risaralda, en el noroccidente del país, donde vive la comunidad de Quiñonez.

    Autoridades, médicos y emberás en contra de la práctica aseguran que existe un subregistro de casos.

    “Las niñas mueren más que los niños”

    A prácticamente todas las niñas que nacen en ciertos territorios se lo hacen.

    A veces no alcanza llevar a una persona enferma al hospital por el aislamiento de los resguardos.

    Una niña con ablación, si se desangra, no llega. A mí siempre me extrañaba que las niñas mueren más que los niños al nacer.

    No lo entendí hasta muchos años después, cuando empecé a sensibilizarme con el tema y comprender que estaba mal.

    Vi morir a seis niñas sin motivo aparente.

    Recuerdo una primita mía a la que mi mamá le hizo el parto. Nació bien, pero a los tres días murió.

    Le pregunté a mi mamá y me dijo que había muerto del ‘jai’, un mal ancestral. No me dio más explicaciones.

    Ahora creo que todas esas niñas que murieron así, del ‘jai’, en realidad fue por complicaciones de la ablación.

    Ahora les queman el clítoris. Antes lo cortaban con un cuchillo. Mi abuela también se lo practicó a mi hermana. Casi muere.

    Ella sigue afectada en su cuerpo, pero es muy callada. No lo cuenta.

    Ya sea por normalizarlo, por vergüenza o por miedo, nos cuesta abrirnos.

    Una pediatra en primera línea de la ablación

    La OMS identifica cuatro tipos de mutilación genital femenina.

    En el primero se remueve parcial o totalmente el glande del clítoris, que es la cara externa y sensible. También se resecciona el prepucio o capuchón; un pliegue que rodea el glande.

    El segundo tipo incluye la resección de los labios menores, con o sin escisión de los mayores.

    El tercero, también llamado infibulación, presenta un estrechamiento de la abertura vaginal.

    El cuarto es cualquier otra lesión de los genitales femeninos.

    Los 4 tipos de mutilación genital femenina, según la OMS.

    Equipo de periodismo visual de BBC Mundo

    En el hospital San Jorge de Pereira, en Risaralda, la pediatra Diana Ramos Mosquera lidia a diario con muchos más casos de los detectados.

    Trabaja en el departamento que es epicentro del registro de casos oficiales, pero también de muchos otros excluidos de las cifras que define como “la punta del iceberg” del fenómeno.

    No es que piense que ahora se practica más, sino que hay más especialistas que exploran a las niñas cuando acuden por otras dolencias.

    “Cuando llegan mutiladas, vemos una cicatriz. A veces es difícil medir qué mutilación sufrieron”, le explica Ramos a BBC Mundo.

    “Por los relatos de emberas sabemos que suele producirse tras nacer con un cuchillo caliente. Vemos quemaduras; mutilaciones de tipo 1 y 2”, añade la pediatra.

    Recuerda una niña que llegó con el introito vaginal cerrado, por lo que probablemente no iba a tener por dónde menstruar o tener relaciones sexuales al madurar.

    “Se le tuvo que reconstruir”, cuenta Ramos.

    La pediatra Diana Ramos Mosquera en un retrato profesional.

    Cortesía de Diana Ramos / Foto de David Jiménez
    La pediatra Diana Ramos está investigando más sobre el fenómeno para mejorar la preparación de sus colegas sobre cómo lidiar con casos de ablación.

    Desde que esta especialista descubrió un caso hace cuatro años, visibiliza el fenómeno y concientiza a sus colegas. Denuncia que a su comunidad no se les forma lo suficiente sobre cómo identificar la ablación y qué hacer después.

    Considera la práctica como una forma de violencia sexual y de género, con consecuencias de por vida, que debe resolverse educando.

    “Hay madres que ni siquiera saben que a sus niñas las mutilaron. No puede justificarse, pero tampoco obviarse el lado cultural del asunto porque algunos miembros creen que no hacen mal”, reflexiona.

    “La cultura no mata”

    Con alrededor de 300.000 miembros, la Gran Nación Emberá es una de las comunidades indígenas más numerosas de Colombia, también con presencia en Ecuador y Panamá.

    Entre los grupos donde se practica la ablación, detectada entre emberás chamí, katío y dobidá, muchos miembros creen que ésta les identifica como parte de su cultura ancestral. La llaman “curación”.

    Abuelas y parteras, por ejemplo, temen que del clítoris crezca un pene si no lo cortan.

    Y en una sociedad patriarcal, otros piensan que una mujer con un órgano que da placer tiende a ser promiscua y mala esposa.

    Es un ciclo sin fin y generacional que muchas otras mujeres quieren acabar.

    Juliana Domico, consejera de la Confederación Nacional de los Pueblos de la Gran Nación Emberá de Colombia, considera que la ablación es producto del desconocimiento anatómico y el machismo, no de la cultura.

    Juliana Domico, fotografiada en el centro de Bogotá.

    José Carlos Cueto / BBC Mundo
    Juliana Domico niega que la ablación forme parte de la cultura ancestral embera.

    Una de las teorías de cómo llegó la ablación a Colombia indica que ésta viajó con esclavos de algunos países africanos donde se practicaba y que fueron traídos al país en la época colonial.

    Eso quizá explicaría su prevalencia en Risaralda, Chocó y Valle del Cauca, departamentos colindantes o coincidentes con regiones afrocolombianas.

    La lideresa añade la teoría heredada de la oralidad embera.

    “Se cree que hace cientos de años nació una niña intersexual –una condición que puede manifiestarse con la presencia de genitales masculinos y femeninos en un individuo– y desde entonces se originó la fobia al clítoris”.

    Domico viaja para detectar casos en otros departamentos y clarificar la magnitud y el arraigo de la práctica.

    Disputa que sea parte de su cultura: “somos nuestra vestimenta, artesanías, danzas y habla, no una práctica que mata. La cultura no mata”.

    Amenazas y rechazos

    Ilustración de una mujer embera con la hija a cuestas mientras es juzgada y mirada por otros sectores de la sociedad.

    Equipo de Periodismo Visual de BBC Américas.
    Las víctimas de ablación reportan revictimización por parte de autoridades y médicosnen zonas urbanas del país.

    Mi expareja y yo rompimos después de que me pegara al enterarse de la ablación de mi hija.

    Se supone que el tema queda entre mujeres y que los hombres no saben, pero hay autoridades indígenas, masculinas, que ponen obstáculos a que se converse sobre ello.

    Me han amenazado por visibilizar y concientizar de que esto debe acabar.

    Con algunas mujeres, las parteras y más viejitas, también cuesta. Ha habido peleas, pero no se puede renunciar al diálogo.

    Es difícil porque muchas emberas no hablan español y a veces la conversación es solo con los hombres.

    Eso nos limita en la comunidad y en el contacto con los médicos.

    En los últimos años, cientos de emberás desplazados por la violencia viven en refugios de Bogotá. En estos también se han reportado casos de ablación, lo cual ha aumentado el estigma y la discriminación contra nosotros.

    Albergue con emberas en Bogotá en una fotografía tomada en 2022.

    Juancho Torres/Anadolu Agency via Getty Images
    Producto de la violencia en sus territorios, cientos de indígenas embera se han refugiado en Bogotá en años recientes.

    He tenido malas experiencias en los hospitales de la capital. Cuando llevo a mi hija por complicaciones de la ablación, siento que a veces ni saben qué es. Le ha pasado a otras mujeres.

    Una vez llevé a mi niña con fiebre por infección urinaria. Cuando la diagnosticaron, la enfermera me dijo que lo merecía por salvaje. Ni siquiera sabía mi historia.

    Hay gente que asume que no hablamos español y desconocemos qué es un derecho.

    Me amenazaron, incluso, con quitarme a la niña y llevarla con Bienestar Familiar.

    Desde entonces prefiero no llevar a mi hija al hospital. La trato con plantas y medicamentos. No me despego de ella.

    Una ley contra la ablación

    La ablación genital en Colombia no se mediatizó hasta 2007, cuando trascendió la muerte de una bebé tras ser mutilada.

    La tragedia propició un incipiente movimiento emberá y de las autoridades colombianas junto a otras agencias internacionales que buscan que la práctica se abandone.

    No fue sino hasta 19 años después y varias campañas de pedagogía entre las comunidades, que un proyecto de ley para prevenir, atender y erradicar el fenómeno fue aprobado en 2025 por la Cámara de Representantes. Aún está pendiente de convertirse en ley tras pasar por el Senado.

    El camino ha estado plagado de retos.

    “Por concentrarse los casos en ciertas comunidades, sobre todo en Risaralda, ha costado unificar una respuesta institucional”, le explica a BBC Mundo Carolina Giraldo, congresista de ese departamento que impulsa la ley.

    La congresista Carolina Giraldo, fotografiada en diciembre de 2025.

    José Carlos Cueto / BBC News Mundo
    Carolina Giraldo llegó al Congreso con una agenda pro derechos de la mujer.

    “Pero la conversación se aceleró después de reportarse mutilaciones en el Parque Nacional de Bogotá, cuando cientos de embera desplazados por la violencia acamparon allí durante meses”, añade Giraldo.

    La política también responsabiliza al complejo subregistro del fenómeno.

    “Por el aislamiento, ni siquiera se sabe cuántos niñas nacen, cuántas mueren y cuántas mueren por ablación. Solo se registran los casos que llegan a hospitales o instituciones”.

    Por último, entre legisladores y políticos se discute si la ley debe castigar o prevenir.

    Giraldo apuesta por lo segundo: “lo principal es salvar vidas. Si penalizamos a las abuelitas y parteras, es menos probable que lleven a las niñas al hospital. Morirán más”.

    “Cuando le cuente la verdad a mi hija”

    Cada vez más mujeres tienen ganas de cambiar las cosas, que reconocen que mutilar está mal.

    Algunas de ellas, sin educación, no hablan o escriben en español, pero entienden lo importante que es.

    Hablan entre ellas de que la ablación no debería existir.

    Fue también bonito ver una vez a una abuela reflexionar sobre la ‘curación’ tras haberlo hecho a sus nietas. Dijo que lo hacía sin maldad, que solo buscaba que los hombres no criticaran a sus nietas.

    Conversar sobre una vida distinta es difícil. Las mujeres sin clítoris no imaginan otro cuerpo. No recuerdan uno distinto.

    Es duro preguntarles cómo serían sus vidas de no haber sido mutiladas. Responden, casi con indiferencia, que sus vidas seguirían siendo ‘normales’.

    Igual de duro será el día que tenga que hablar con mi hija, pero es una conversación que no se puede rehuir.

    Todas merecemos conocer y hablar sin vergüenza de nuestros cuerpos.

    *Carla Quiñonez es un seudónimo para proteger la identidad del testimonio, quien podría estar sujeto a revictimizaciones y amenazas.

    *Con ilustraciones de Daniel Arce, del Equipo de Periodismo Visual de BBC Mundo.

    Línea gris.

    BBC

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  • Por qué cada vez más turistas evitan viajar a EE.UU.

    Por qué cada vez más turistas evitan viajar a EE.UU.

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    Los viajeros en los aeropuertos estadounidenses de todo el país experimentaron recientemente tiempos de espera de hasta cuatro horas, los más largos en los 24 años de historia de la Administración de Seguridad del Transporte (TSA, por sus siglas en inglés).

    Esto se debió a un cierre parcial del gobierno, que ya lleva siete semanas y es el más largo en la historia de Estados Unidos.

    El cierre dejó a los agentes de la TSA sin sueldo durante más de un mes, lo que provocó que miles de ellos se ausentaran del trabajo y que más de 500 renunciaran.

    Si bien una directiva presidencial firmada el 30 de marzo que busca reducir significativamente los tiempos de espera en los aeropuertos restableció el salario de los trabajadores de la TSA, los titulares y las fotos de largas colas son el último ejemplo de una serie de obstáculos que enfrenta el sector de viajes y turismo en EE.UU.

    Esta interrupción global del transporte no podría haber llegado en un peor momento. El país es coanfitrión de la Copa Mundial de la FIFA este verano, celebra el centenario de la Ruta 66 y conmemora su 250 aniversario de independencia en 2026.

    En un año normal, cualquiera de estos hitos sería motivo de celebración para la industria turística estadounidense. En cambio, el país se enfrenta a una combinación de mala imagen y políticas impopulares que provocaron una caída del 5,4% en su turismo en 2025, mientras que el resto del mundo experimentó un crecimiento del 4% en su turismo internacional, según el Barómetro Mundial del Turismo.

    Las visitas de canadienses a EE.UU. disminuyeron un 22% en 2025 en comparación con 2024, el mayor descenso registrado en cualquier mercado.

    Presencia de ICE en los aeropuertos

    La continua presencia de agentes del ICE en los aeropuertos estadounidenses tampoco contribuye a mejorar la imagen del país. Inicialmente desplegados para paliar la escasez de personal de la TSA, el Secretario de Transporte de EE.UU. declaró que los agentes permanecerán allí “el tiempo que sea necesario”.

    Dado que los agentes del ICE no están capacitados en seguridad aérea, algunos viajeros se muestran recelosos.

    Sandra Awodele, nacida en Nigeria pero ciudadana estadounidense naturalizada, afirmó estar en mayor alerta con la nueva presencia del ICE.

    “Dado que el ICE detiene a personas que pueden o no ser ciudadanas y se disculpa después si se equivocan, he tenido que cambiar mis planes de viaje varias veces si el aeropuerto al que llego tiene una fuerte presencia del ICE”, señaló.

    “Nunca he tenido ningún problema, pero ahora temo tenerlo debido a procedimientos y protocolos que desconozco. Eso me asusta”.

    Fila en un aeropuerto de EE.UU.

    Getty Images
    Un cierre parcial del gobierno ha provocado filas de varias horas en algunos aeropuertos estadounidenses.

    El despliegue de agentes del ICE en los aeropuertos es solo una de las muchas políticas en constante cambio que confunden a algunos viajeros internacionales.

    Una propuesta del gobierno de Trump, presentada en diciembre de 2025, exigiría a los visitantes de 42 países exentos de visado (incluidos Reino Unido y la mayor parte de Europa) presentar su historial de redes sociales de los últimos cinco años para poder entrar al país.

    La propuesta aún no se ha implementado, pero algunos viajeros creen que ya está en vigor.

    “La ley no ha cambiado, pero el ambiente sí”, dice Evan Oshan, abogado de derechos civiles y socio director de Oshan & Associates.

    “Cuando los funcionarios federales se sienten con la potestad de extralimitarse en sus funciones, eso constituye un cambio de política, aunque no requiera una ley del Congreso”.

    Largas filas y sentimiento antiestadounidense

    La combinación del sentimiento antiestadounidense provocado por algunas políticas del presidente Trump, junto con las largas esperas que algunos viajeros aún experimentan en muchos aeropuertos estadounidenses, ha llevado a algunos a plantearse si este es el momento adecuado para visitar el país.

    Johan Konst, director de una empresa de relaciones públicas en Ámsterdam, suele viajar a EE.UU. tres o cuatro veces al año para asistir a conferencias y reuniones. El comenta que aún planea ir, pero ahora es más selectivo con las fechas.

    “La situación actual parece tratar a Europa más como un adversario que como un aliado, ya sea por los aranceles, la retórica de la OTAN o el tono general hacia los países europeos”, declaró.

    “Ese cambio de dinámica es lo que hace que uno se sienta menos bienvenido, aunque ningún estadounidense me haya hecho sentir así personalmente”.

    Donald Trump a contraluz, haciendo declaraciones a los medios

    Getty Images
    Una ola de sentimiento antiestadounidense provocada por algunas de las políticas de Trump también está perjudicando los viajes a Estados Unidos.

    Konst comentó que esa sensación por sí sola ha sido suficiente para cambiar sus hábitos.

    “Ahora me fijo bien qué viajes son realmente necesarios y cuáles no”, dijo. “Soy más selectivo que antes, ya que también puedo trabajar a distancia”.

    Añadió que los vuelos de Ámsterdam a EE.UU. han estado notablemente más vacíos en los últimos meses. “He tenido una fila entera para mí solo varias veces seguidas”.

    Anita Shreider, residente en Alemania y directora de marketing de la plataforma de alquiler de bicicletas Bikes Booking, también planea un viaje a EE.UU. este año, combinando reuniones de negocios con visitas turísticas en Chicago y una excursión para admirar las secuoyas gigantes en la costa oeste. Sin embargo, reconoce comprender por qué algunos viajeros están optando por no ir.

    “Tengo conocidos que decidieron cancelar sus viajes de verano a EE.UU. porque no están de acuerdo con las acciones del país en el ámbito internacional”, comentó.

    Para quienes cancelaron, “no se trataba tanto de cambios políticos específicos, sino más bien de una inquietud general. Simplemente no se sentían cómodos viajando a EE.UU. en este momento”.

    Haz las cosas con tiempo

    Algunos operadores turísticos estadounidenses afirman que, una vez que llegan los visitantes internacionales, se sorprenden con lo que encuentran.

    “La gente llega esperando dificultades, pero en lugar de caos, se encuentran con un sistema que, si bien dista mucho de ser perfecto, es muy manejable”, declaró Paul Whitten, fundador e historiador de Nashville Adventures.

    “Tramita tu documentación con anticipación y deja tiempo suficiente para viajar. La diferencia entre un viaje estresante y uno estupendo suele radicar en la preparación, no en las políticas en sí”.

    Oshan coincide y recomienda a los viajeros internacionales llevar consigo documentación que acredite el propósito de su viaje y que conozcan sus derechos antes de abordar.

    Si bien la CBP (Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU.) tiene amplia autoridad en la frontera, conservas tus derechos constitucionales una vez en territorio estadounidense”, afirmó.

    “Vale la pena hacer valer esos derechos y, cuando se violan, vale la pena emprender acciones legales”.

    Bandera estadounidense flameando

    Getty Images
    Algunos viajeros internacionales afirman que las recientes políticas estadounidenses los hacen sentir menos bienvenidos.

    Erik Hansen, jefe de relaciones gubernamentales de la Asociación de Viajes de Estados Unidos (el grupo de presión de la industria turística estadounidense), afirmó que el sector reconoce la necesidad de reducir la brecha entre los temores de los viajeros y su experiencia real.

    Sin embargo, también señaló que muchos aeropuertos han implementado procesos de aduanas acelerados que han reducido las colas para los pasajeros internacionales.

    Whitten coincide: “Las políticas se adaptan, pero a menudo no son indicadores de un cambio cultural masivo, al menos no de cambios radicales que afecten la experiencia diaria del viajero promedio”, declaró.

    “En definitiva, EE.UU. sigue siendo uno de los destinos más accesibles y acogedores del mundo”.

    Por ahora, la brecha entre la tranquilidad oficial y la inquietud de los viajeros persiste.

    Los funcionarios de la TSA han advertido que se necesitan entre cuatro y seis meses para capacitar a los nuevos agentes, lo que significa que la Copa Mundial podría comenzar antes de que la plantilla se recupere por completo.

    No se vislumbra como una solución al cierre del gobierno y la guerra entre EE.UU. e Israel con Irán, que alimenta la ansiedad y eleva los precios de los vuelos, no muestra señales de amainar.

    Para Konst, el atractivo de EE.UU. sigue siendo fuerte, incluso a medida que las señales a su alrededor se vuelven más complejas.

    “Sigo queriendo a EE.UU. y a su gente”, dijo. “Son solo las políticas las que me hacen replantearme si vuelo allí con la misma frecuencia que antes”.

    *Esta nota fue publicada en BBC Travel. Haz clic aquí si quieres leer la versión original (en inglés).

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  • Cuando liberan a los presos de El Salvador, ella está allí para recogerlos

    Cuando liberan a los presos de El Salvador, ella está allí para recogerlos

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    Sugey Amaya pasa la mayor parte de sus noches afuera de un cine que ha sido convertido en un centro de detención para personas que entran o salen del saturado sistema penitenciario de El Salvador.

    Mientras su madre cuida de sus hijos, ella espera a que los reclusos salgan del centro penitenciario, situado a las afueras de San Salvador, la capital.

    Amaya, de 29 años, se ha convertido en una figura habitual en el centro, conocido como El Penalito, donde recoge a hombres a quienes no se les permite marcharse a menos que alguien vaya a buscarlos.

    Como sucede con muchos salvadoreños, Amaya entró en contacto por primera vez con el sistema penitenciario hace cuatro años, cuando el gobierno de El Salvador declaró el estado de emergencia para tomar medidas drásticas contra las violentas pandillas del país, grupos como la MS-13 que aterrorizaban a los salvadoreños y se habían hecho famosos en todo el mundo.

    En virtud del régimen de excepción, declarado durante la presidencia de Nayib Bukele, se ordenó a las fuerzas de seguridad que llevaran a cabo detenciones masivas y, en cuestión de meses, decenas de miles de personas se encontraban bajo custodia.

    El año pasado, algunos funcionarios de policía dijeron que se habían visto sometidos a intensas presiones para cumplir las cuotas y que habían recurrido a pruebas poco sólidas para efectuar las detenciones. Dijeron que creían que las personas inocentes que eran detenidas serían puestas en libertad más tarde. Sin embargo, según las autoridades salvadoreñas, menos de 10.000 de las aproximadamente 90.000 personas encarceladas desde 2022 han sido puestas en libertad.

    Bukele ha atribuido a su represión el mérito de haber provocado un cambio asombroso en El Salvador, que pasó de ser uno de los países más peligrosos de América Latina a uno en el que la gente se sentía más segura, según los sondeos de opinión de Gallup.

    En la actualidad, el país tiene una de las tasas de encarcelamiento más elevadas del mundo, según Human Rights Watch, con aproximadamente el 2 por ciento de su población de seis millones de personas recluidas, es decir, 1 de cada 50 personas.

    Los salvadoreños afirman que sus vidas cambiaron con el régimen de excepción: podían administrar sus negocios sin sufrir extorsiones y comprar en las tiendas por la noche.

    Amaya se mudó en 2022 a una pequeña casa ubicada en las afueras de San Salvador que, según le habían dicho, había estado ocupada por miembros de una banda.

    Pero su querido hermano, la persona a quien estaba más unida, había desaparecido. Según dijo, Alexis Amaya fue detenido en julio de 2022 cuando se dirigía a su casa después de trabajar en una pizzería Papa John’s. En aquel momento él tenía 24 años.

    Amaya se enteró de que lo habían acusado de pertenecer a una pandilla y lo habían enviado a prisión, donde permanece: una historia común para muchas personas que pertenecen a las clases pobres de El Salvador.

    Muchas familias han visto cómo más de uno de sus hijos ha terminado en prisión bajo el régimen de excepción. Algunas no saben exactamente dónde se encuentran sus seres queridos: por lo general, a los presos no se les permite mantener contacto con sus familiares –ni llamadas telefónicas, ni visitas, ni cartas ni correos electrónicos–.

    Las detenciones masivas también han incrementado la población carcelaria por encima de la capacidad del gobierno para proporcionar incluso servicios básicos a los reclusos, según afirman los grupos de defensa de derechos humanos, desde la atención médica hasta la alimentación.

    Se sabe que las raciones de las prisiones son escasas, por lo que las familias que pueden permitírselo compran comida extra para garantizar la alimentación de sus seres queridos. En las tiendas cercanas a las prisiones, pueden comprar alimentos ricos en calorías para entregar a los guardias, junto con suministros básicos como papel higiénico o pasta de dientes.

    Algunos salvadoreños viajan horas para llegar a las prisiones donde están detenidos sus seres queridos con el único fin de comprarles comida. Muchas familias dicen que han vendido posesiones –una motocicleta, una vaca– para pagar los paquetes de comida y suministros.

    Cuando el hermano de Amaya desapareció en 2022, ella fue a El Penalito, el centro de detención de la capital, solo para que le dijeran que lo habían trasladado a una enorme prisión conocida como Mariona.

    Mientras Amaya buscaba frenéticamente información sobre su hermano, se enteró de que no se liberaba a los presos de El Penalito si no había nadie allí para recibirlos.

    El gobierno salvadoreño no respondió a las preguntas sobre la base legal para mantener a los presos detenidos, pero los grupos de derechos humanos afirman que Bukele ha concedido a las autoridades amplia discreción sobre las personas que pueden ser liberadas.

    Sin pensárselo demasiado, Amaya empezó a firmar por desconocidos, y luego los llevaba a un puesto de ropa de segunda mano para que se cambiaran las camisetas blancas, los pantalones cortos y las sandalias de caucho que les habían dado en la cárcel.

    Luego se aseguraba de que regresaran a sus casas.

    Esa rutina se convirtió en su vida.

    Los hombres salen de El Penalito con los papeles de su liberación enrollados en la mano, dijo. No tienen dinero. Muchos están desorientados tras pasar meses o años en prisión.

    Según contó, un hombre que había estado viviendo en Boston regresó a El Salvador para visitar a unos familiares cuando fue detenido y acusado de posesión de documentos falsos; llevaba casi dos años recluido.

    No le resultó fácil encontrar el camino a casa. Era más de medianoche cuando Amaya finalmente lo dejó en Apastepeque, una localidad situada a unos 65 kilómetros de la capital.

    A menudo, los hombres se sorprenden por su generosidad, dijo Amaya.

    Un hombre de 35 años que pidió que lo identificaran como Josué, su nombre de pila, salió de la cárcel a eso de las 3:00 a. m. de un verano de 2023 y no tenía familiares que lo recibieran.

    Cuando vio a Amaya –que mide 1,45 metros y pesa menos de 45 kilos–, le pareció como si se le hubiera aparecido “un ángel”, dijo.

    A veces, los reclusos no tienen adónde ir. Durante un tiempo, Amaya dejó que esos hombres pasaran la noche en su casa, hasta que unos familiares le advirtieron que podía ser arriesgado para ella y sus hijos.

    Nunca pregunta a los presos liberados cuándo o por qué estuvieron encarcelados. No le importa, dijo.

    “Veo el rostro de mi hermano en ellos”, dijo.

    La labor de Amaya se ha convertido en un trabajo a tiempo completo.

    Dijo que se las arregla con las donaciones que recibe de las familias de las personas que estuvieron presas. Los fondos cubren sus costos de viaje, la ropa que les compra a los hombres, y un bocadillo para comer de regreso a casa.

    También se ha hecho muy conocida entre las familias que viven lejos de las prisiones donde están recluidos sus seres queridos, incluso tan lejos como Estados Unidos.

    Algunos le envían dinero para comprar paquetes de comida para sus familiares porque no pueden entregarlos ellos mismos.

    En la actualidad, Amaya cursa estudios de derecho, un camino en el que, según dijo, se ha visto influida por todo lo que ha presenciado. Pero al anochecer, la mayoría de las noches, suele estar afuera de El Penalito.

    Ha perdido la cuenta de cuántos presos ha llevado a casa. En una bolsa lleva cientos de papelitos con nombres y números de preso.

    Representan los últimos cuatro años.

    Cuando los empleados de la prisión le preguntan por qué regresa una y otra vez, aunque nunca le digan el nombre de su hermano, Amaya responde siempre lo mismo.

    “A los que me quedan les pregunto: ¿de qué sector vienen ? ¿De qué celda viene? ¿Cómo los tratan ahí adentro? ¿Qué es lo que hacen dentro? Eso me ayuda a entender cuál es la realidad que vive mi hermano”, dijo.

    Y sigue teniendo fe en que, algún día, será Alexis quien salga.

    Annie Correal reporta desde Estados Unidos y América Latina para el Times.

  • Donde hasta las flores provocan miedo

    Donde hasta las flores provocan miedo

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    Donde hasta las flores provocan miedo

    El cartel rojo y dorado de la entrada principal de la Academia de los Servicios de Defensa de Birmania, una nación gobernada por decreto militar durante la mayor parte de su existencia, muestra su autoestima: “La élite triunfante del futuro”.

    Pero ya no hay ninguna élite, triunfante o no, que se pavonee por la ciudad. Los cadetes de esta y otras academias militares de Pyin Oo Lwin, en el centro de Birmania, están enclaustrados en sus campus, blanco de ataques ocasionales con cohetes por parte de los rebeldes de las colinas. La preocupación de los profesores es tal que fuentes militares afirman que elaboran planes para trasladar las academias a terrenos más seguros.

    Cuando los generales de Birmania dieron otro golpe de Estado hace cinco años, desencadenaron una guerra civil encarnizada. Destrozaron el país, y le legaron el conflicto más fracturado del planeta. Pero, sobre todo, los militares –aun cuando ahora se jactan de las apariencias de un gobierno civil— han creado un Estado guiado, gobernado y consumido por el miedo.

    Durante tres semanas de reportaje en Birmania, recorriendo el corazón central de la nación, el fotógrafo de The New York Times Daniel Berehulak y yo vimos cómo el terror llega para todos, y cómo ha desfigurado una nación que hace apenas una década parecía un contrapunto al crecimiento global del autoritarismo.

    Hoy, en Birmania, la población civil vive petrificada por la implacable campaña de bombardeos e incendios del ejército, que el año pasado convirtió a esta nación del sudeste asiático en la más afectada por los conflictos en el mundo, después de los territorios palestinos, según el observatorio de conflictos ACLED. Les aterra la ley de reclutamiento obligatorio que puede enviar a cualquier joven, hombre o mujer, al frente. Se ponen nerviosos cada vez que un soldado en un puesto de control les exige ver su teléfono, por temor a que un mensaje o meme sin importancia los lleve a prisión. Este es un país de miradas esquivas y preguntas sin respuesta. La gente habla en clave, o simplemente no habla.

    Los militares también están asustados, a pesar de haber derrocado a un gobierno electo en febrero de 2021 y de haber camuflado a sus altos mandos con ropa civil. La oleada de asesinatos cometidos por las fuerzas prodemocráticas que tomaron las armas después del golpe ha convertido en blanco de ataques a cualquiera que vista uniforme o sea visto como colaborador de los generales. Los oficiales del ejército que solían desfilar en público, seguidos por sus asistentes con maletines, prácticamente han desaparecido. Sus camarillas de negocios saben que también son vulnerables a las purgas por parte de los generales enfrentados. Algunos han huido a Dubai y a otros puertos de autoexilio.

    Desde finales de diciembre hasta finales de enero, la junta orquestó una serie de elecciones en las que ninguna oposición real pudo desafiar al partido representante de los militares. La principal fuerza democrática del país, que había derrotado dos veces al partido vinculado al ejército y gobernaba Birmania antes del golpe, había sido disuelta. Aun así, los generales estaban inquietos. Celebraron la votación en menos de la mitad del país y advirtieron a los funcionarios que votaran como muestra de patriotismo.

    Las elecciones, que culminaron con una victoria previsible para el partido afín a los militares y prepararon el terreno para la elección del líder de la junta, U Min Aung Hlaing, como presidente este mes, fueron un intento de demostrar al mundo que Birmania está abierta a los negocios. Los militares necesitan estabilidad e inversión extranjera para resucitar una economía en crisis. Sus medios de comunicación celebraron el retorno a lo que el ejército ha denominado una ideología política nacional única: “la democracia disciplinada”.

    Pero al viajar por Birmania a principios de este año, vimos que el miedo y la desesperación solo han hecho metástasis. El año pasado, más de 13.700 personas fueron asesinadas cuando el ejército intentó eliminar la resistencia a su dominio, según constató ACLED. Los ataques aéreos contra civiles han alcanzado una cifra récord, con aviones de combate, helicópteros, drones kamikazes e incluso parapentes empleados para matar. Entre los objetivos más comunes figuran escuelas, hospitales y lugares de culto.

    El 17 de enero, mientras la junta celebraba el manipulado regreso de Birmania a las urnas, dos aviones de combate arrojaron cientos de kilos de bombas sobre una escuela preescolar y un laberinto de refugios en una aldea de Anyar, como se denomina el árido corazón de la nación. Luego ametrallaron la aldea. Unos días después, caminamos entre los escombros, que crujían bajo nuestros pies. Al describir la destrucción en la calle frente a su casa –el estruendo de las explosiones que aún resuena en su cabeza, los débiles gritos de un niño moribundo–, Ko Myo San tragó saliva y parpadeó para contener las lágrimas.

    “Siempre tenemos miedo porque no sabemos cuándo nos atacarán”, dijo. “No sé cuándo acabará”.

    Entre las ruinas del centro preescolar yacían un par de caballitos mecedores, junto con un rompecabezas infantil con un espacio para una paloma, el ave de la paz.

    La ONU afirmó que el ejército de Birmania desencadenó más de 400 ataques aéreos durante el mes que duraron los comicios.

    “La profunda y generalizada desesperación infligida al pueblo de Birmania solo se ha agravado con las recientes elecciones organizadas por el ejército”, dijo Volker Türk, Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.

    En una entrevista, el general Zaw Min Tun, portavoz de la junta, dijo que los ataques aéreos del ejército iban dirigidos contra las milicias rebeldes, no contra civiles. Se refirió al bombardeo militar, en diciembre, de un hospital en el estado occidental de Rakhine, en el que murieron más de 30 civiles, según observadores internacionales de derechos humanos.

    “Tenemos información sólida de que ese hospital fue utilizado por los terroristas y que las personas que estaban hospitalizadas allí no eran civiles”, dijo.

    El horror no solo desciende de los cielos. Cuando el ejército recupera territorio de las fuerzas de la resistencia o sucumbe a las ofensivas rebeldes, sus soldados arrasan con las aldeas al rociar las casas con combustible. En Anyar, conocimos a residentes que lloraban por sus casas recién perdidas. Entre los restos quemados, los soldados suelen sembrar el suelo de minas terrestres. Birmania es el primer país del mundo en bajas por minas terrestres, según un grupo que hace campaña para poner fin a su uso, un arma que mata a civiles de forma desproporcionada.

    La miseria del corazón de Birmania, donde se concentra la mayoría étnica bamar de la nación, se agravó el año pasado por un terremoto que oficialmente causó la muerte de 4000 personas, pero lo más probable es que se cobrara muchas más vidas. En las zonas de Anyar consideradas partidarias de los rebeldes, la junta ha hecho poco por limpiar los daños, incluso un año después. Las antiguas pagodas de la antigua capital real de Ava, también conocida como Inwa, antaño atraían a turistas extranjeros. Ahora están abandonadas, sus estupas rotas y sus budas aplastados. Los habitantes intentan reconstruirlas, pero casi una cuarta parte del país padece hambre aguda.

    Desde el golpe de Estado de hace cinco años, al menos 30.800 personas han sido detenidas en relación con delitos políticos, según un grupo de defensa de los derechos de los presos. Los dictados orwellianos han prohibido el uso de aplicaciones de redes sociales occidentales (por temor a que la gente lea noticias veraces), que dos hombres viajen en motocicleta (por temor a que asesinen a figuras promilitares) y llevar flores en el pelo el día del cumpleaños de la líder civil encarcelada Daw Aung San Suu Kyi (por temor a que su popularidad perdure a través de las flores que eran su sello distintivo).

    El ejército se ha posicionado al margen del país que dice defender. Sus redes sociales están aisladas, sus familias separadas de la sociedad normal. Dentro del foso del palacio de la ciudad de Mandalay, antaño hogar de la familia real depuesta por los invasores británicos, una base militar rodea los edificios dorados, como si la proximidad a la grandeza otorgara un brillo dorado a Min Aung Hlaing, quien renunció a su cargo de comandante militar para convertirse en presidente. A los pocos visitantes que entran en el complejo del palacio se les advierte que no saquen fotos de los soldados, uno de los pocos lugares de la Birmania actual donde se les puede ver en su hábitat natural.

    A lo largo de los años, el ejército ha justificado sus repetidas tomas de poder como necesarias para evitar la fragmentación de un país multiétnico. Pero su golpe de Estado de 2021 fue el catalizador de la actual guerra civil y del reino del miedo.

    Incluso la élite triunfante del futuro debe saberlo. Las matrículas en la Academia de Servicios de Defensa, el equivalente birmano de West Point en Estados Unidos, se han desplomado. Antes del golpe, cada ingreso contaba con unos 500 cadetes. Hoy son menos de 100, según afirman instructores y miembros del personal. Al graduarse, los oficiales recién comisionados son enviados directamente al frente, sin un día de descanso. La mayoría de sus pupilos son reclutas.

    En las afueras de Mandalay, al anochecer en un pueblo ribereño, un puente derruido se inclinaba, vestigio del terremoto del año pasado. Alrededor del santuario de la aldea, solo las mujeres mayores y los niños pequeños salían a disfrutar de la brisa nocturna. Los aldeanos susurraban que habían secuestrado y reclutado a dos hombres cuando regresaban a casa borrachos por la noche. Dondequiera que fuéramos en Birmania, la ausencia de hombres jóvenes era evidente. Se cree que al menos dos millones de personas de Birmania han huido a la vecina Tailandia desde el golpe, muchas para evitar el reclutamiento.

    Los que se quedan se enfrentan al terror en cualquier momento. Más de 400 personas fueron acusadas de contravenir una ley de protección electoral. Entre las infracciones figuraba utilizar la palabra “revolución”. Un joven fue condenado a 49 años de cárcel por protestar contra las elecciones. Su hermano, Ko Win, quien pidió que se le identificara con un nombre abreviado por temor a los militares, fue liberado de prisión en noviembre. La tortura militar se manifestó de diversas formas: su cuerpo atado como un pájaro asado, botas militares pisoteándole la cara, cigarrillos quemándole la piel.

    “En aquella época, yo era una rana en su bolsillo”, dijo Ko Win, con la voz y las manos temblorosas, al recordar su vulnerabilidad. “Los jóvenes de Birmania no tenemos ninguna esperanza”.

    Hannah Beech es periodista del Times radicada en Bangkok, y lleva más de 25 años cubriendo Asia. Se centra en reportajes en profundidad y de investigación.

    Daniel Berehulak es un fotógrafo del Times, radicado en Ciudad de México.

  • ¿La Copa Mundial logrará que los turistas regresen a EE. UU.?

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    La Copa Mundial de este verano llevará a millones de amantes del fútbol a los estadios de toda Norteamérica. Pero que esté a la altura de las elevadas expectativas de los organizadores podría al final depender de aficionados como Brett Shields y John Milce, de Nueva Gales del Sur, Australia.

    Ambos son seguidores desde hace mucho tiempo de los Socceroos, la selección nacional masculina de fútbol de su país, y los dos han viajado antes a la Copa Mundial. Pero solo uno de ellos tiene previsto ir al torneo de este año, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México.

    Shields, de 59 años, sí irá. Ya tiene la debida autorización de viaje de visitas anteriores para ver a su hija, quien vive en San Francisco. Tiene previsto quedarse con ella y asistir a los partidos de los Socceroos allí y en Seattle.

    Milce, de 76 años, quien ha asistido a seis Copas del Mundo desde 1966, se quedará en casa. Dijo que había hecho comentarios en internet sobre las políticas del presidente Donald Trump y temía que le negaran la entrada en la frontera debido a los controles propuestos por el gobierno de revisar las redes sociales y a las medidas más amplias contra la inmigración.

    “No soy un hombre pobre, pero con los costos que ello suponía, era un riesgo muy grande”, dijo Milce.

    Cuando faltan menos de 60 días para el primer saque inicial, los dirigentes del turismo y la hostelería de las 11 ciudades anfitrionas estadounidenses están observando de cerca a los aficionados internacionales. Estados Unidos fue la única nación importante que registró un descenso del turismo internacional en 2025, y los indicios de una demanda mediocre han disparado la ansiedad.

    La empresa de investigación Tourism Economics prevé que más de 1,2 millones de visitantes internacionales viajen a Estados Unidos con motivo de la Copa Mundial. Eso incluye a casi 750.000 que de otro modo no habrían viajado, lo que supone un aumento aproximado de 1,1 puntos porcentuales en las llegadas internacionales.

    Aun así, la empresa actualizó este mes a la baja su previsión del ritmo de recuperación de la caída de turistas del año pasado. Las restricciones de los visados, el miedo a los agentes de migratorios (incluso en los partidos de la Copa Mundial), el aumento de los registros a los teléfonos en las fronteras y, para los aficionados, los costos desorbitados de las entradas para los partidos y el transporte son solo algunos de los obstáculos que ahuyentan a la gente.

    Shields dijo que si no tuviera ya su autorización de viaje y un lugar donde alojarse gratis, “dudo que viajara al Mundial en el clima actual”.

    Preocupaciones por la seguridad y prohibiciones de entrada

    La Copa Mundial, que atrajo a 3,4 millones de espectadores a Catar en 2022, es un éxito de taquilla prácticamente por definición, y los organizadores esperan que una gran parte de las reservas, tanto nacionales como internacionales, se produzcan en los dos últimos meses.

    La Asociación de Viajes de Estados Unidos dijo este mes que la Copa Mundial tiene “un potencial extraordinario para generar importantes beneficios económicos” en todo Estados Unidos, pero añadió que “las preocupaciones en materia de seguridad, las percepciones políticas y las barreras de entrada podrían limitar la capacidad de Estados Unidos para aprovechar plenamente la oportunidad”.

    En Seattle, el número de visitantes nacionales previstos para la Copa Mundial ha crecido un 30 por ciento desde 2024, dijo Michael Woody, director de participación de Visit Seattle. Al mismo tiempo, el número previsto de visitantes internacionales ha descendido un 17 por ciento, impulsado por un descenso especialmente marcado de visitantes canadienses.

    Los aficionados procedentes de países como Haití e Irán, que figuran en una lista de 19 países a cuyos ciudadanos Trump ha prohibido la entrada a Estados Unidos, no podrán asistir a los partidos de la fase de grupos de sus selecciones nacionales. Los seguidores de potencias futbolísticas como Costa de Marfil y Senegal, que están entre las 14 naciones africanas cuyos ciudadanos se enfrentan a estrictas restricciones de visado, podrían verse obligados a pagar fianzas de hasta 15.000 dólares para entrar al país.

    Adem Asha, de 32 años, ciudadano turco que vive en Eslovaquia, obtuvo un visado estadounidense el año pasado para ver a Lionel Messi, de Argentina, y a Cristiano Ronaldo, de Portugal, en lo que podría ser la última Copa Mundial de ambos. Pero a Asha, que nació en Siria, le preocupaba la posibilidad de que los agentes migratorios le presentaran dificultades. Esta primavera decidió cancelar su viaje, una conclusión que le dejó “decepcionado pero también aliviado”.

    “Realmente no me apetece ir allí, ni gastarme tanto dinero para ir, y que luego me rechacen en el puerto de entrada”, dijo Asha, quien dijo que no se planteó ir a Canadá ni a México porque los partidos que quería ver, y los demás sitios que esperaba visitar, estaban todos en Estados Unidos.

    Una apuesta por las reservas tardías

    Las ciudades anfitrionas estadounidenses están depositando sus esperanzas en los viajeros de última hora. Zane Harrington, portavoz de Visit Dallas, dijo que esperaba que “la mayoría” de los aficionados que acudieran a la ciudad reservaran sus estancias en los dos meses que quedaban antes del saque inicial, o incluso durante el torneo, a medida que los equipos fueran superando la fase de grupos.

    Martha Sheridan, directora ejecutiva de Meet Boston, la organización de mercadotecnia y turismo de la ciudad, dijo que la venta de entradas para los siete partidos del Gillette Stadium era “robusta”, y que se dividía aproximadamente en tercios entre los habitantes de Nueva Inglaterra, los visitantes nacionales del resto del país y los viajeros internacionales.

    Dijo que la demanda de hoteles en Boston en junio había aumentado un 11 por ciento en comparación con el mismo periodo del año pasado. Ese aumento fue menor de lo que su equipo esperaba ver a estas alturas cuando empezó a planificar 2024, añadió, pero se sentía “muy optimista” de que las reservaciones seguirían aumentando en las próximas semanas.

    En las últimas semanas, la FIFA liberó bloques de miles de habitaciones de hotel en los tres países anfitriones, mientras que los comités locales de organización redujeron el número de festivales de aficionados en lugares como Nueva Jersey, San Francisco y Seattle, lo que alimentó el debate sobre si la demanda estaba cumpliendo las expectativas.

    Sin embargo, Jamie Lane, economista jefe y vicepresidente senior de análisis de AirDNA, una empresa que recopila y analiza datos sobre alquileres a corto plazo, dijo que era una práctica habitual que los organizadores de grandes eventos redujeran sus bloques de habitaciones mientras hacían los últimos preparativos para la contratación de personal y patrocinios, y que los cambios no eran un signo de una baja demanda.

    Un portavoz de la FIFA dijo que los cambios en los festivales de hinchas no se habían realizado en respuesta a la demanda, y señaló que algunos de los eventos se celebrarán ahora en varios vecindarios en lugar de en un gran emplazamiento central.

    Un acontecimiento más grande y menos predecible

    Los datos publicados este mes por AirDNA muestran un aumento en las reservas de alquileres a corto plazo, en distintos grados, en todas las ciudades anfitrionas. Las reservaciones en los días de los partidos de la fase de grupos fueron las que más aumentaron en Monterrey, México, con un incremento promedio del 564 por ciento en comparación con las mismas fechas del año pasado.

    Las reservas aumentaron un 209 por ciento en Ciudad de México, un 171 por ciento en Kansas City, un 152 por ciento en Miami y un 52 por ciento en Toronto, según AirDNA.

    Una serie de factores, como qué equipos compiten y hasta qué punto las ciudades regulan los alquileres de corta duración, influyen en esas cifras. En San Francisco, donde las reservas de alquileres de corta duración aumentaron un 28 por ciento en los días de partido de la fase de grupos, Anna Marie Presutti, directora ejecutiva de la Asociación de Viajes de San Francisco, dijo que pensaba que la demanda no había aumentado todo lo posible porque la guerra en Irán está complicando los viajes de los aficionados de Jordania y Catar, dos equipos que juegan allí.

    En Nueva York, donde los alquileres a corto plazo están estrictamente restringidos, las reservas hoteleras durante el Mundial son “más o menos las mismas” que en el mismo periodo del año pasado, dijo Vijay Dandapani, director ejecutivo de la Asociación Hotelera de Nueva York.

    Los viajeros internacionales suelen quedarse más tiempo y gastar más dinero que los estadounidenses, lo que les confiere un impacto económico superior. Un análisis publicado por Airbnb en febrero arrojó que los no estadounidenses que venían a Estados Unidos para la Copa del Mundo planeaban visitar más destinos y viajar tres noches más, en promedio, que los estadounidenses.

    Sylvia Weiler, presidenta de destinos globales en la empresa de datos y mercadeo de viajes Sojern, dijo que la renovada estructura de esta Copa del Mundo –repartida en tres países y con la participación de 48 equipos, una cifra récord– hacía difícil prever cómo se desarrollarían las pautas de viaje a medida que se acercaba el torneo.

    “Hablamos de lo que se esperaba”, dijo Weiler. “Yo añadiría siempre una ligera salvedad, porque no sabíamos qué esperar”.

    Gabe Castro-Root es reportero de viajes y miembro de la generación 2025-26 del Times Fellowship, un programa para periodistas al comienzo de sus carreras.

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  • “A un joven le pegaron tanto que se desmayó”: cómo la policía de Grecia utiliza migrantes enmascarados para expulsar a otros migrantes en su frontera con Turquía

    “A un joven le pegaron tanto que se desmayó”: cómo la policía de Grecia utiliza migrantes enmascarados para expulsar a otros migrantes en su frontera con Turquía

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    Una imagen borrosa y dividida en dos que muestra fotogramas de un video en el que aparecen hombres vestidos de negro y con pasamontañas que les ocultan todo el rostro excepto los ojos. Uno de los hombres parece sostener un cuchillo, pero la imagen es borrosa. Corren por un camino de tierra y la gente huye de ellos.

    Facilitada a la BBC

    La policía griega ha estado reclutando a migrantes para que expulsen violentamente a otros migrantes a través de su frontera terrestre con Turquía, según numerosas pruebas reveladas por la BBC.

    Hemos tenido acceso a documentos internos de la policía en los que los agentes describen cómo el reclutamiento de los denominados “mercenarios” fue ordenado y supervisado por oficiales de alto rango.

    Nuestras investigaciones revelan denuncias de brutalidad, con testigos que informan de que se ha desnudado, robado, golpeado e incluso agredido sexualmente a migrantes. Según diversas informaciones, se ha recurrido de manera extraoficial a mercenarios en la frontera, al menos, desde 2020.

    El primer ministro griego declaró a la BBC que “desconocía por completo” las acusaciones sobre el uso de migrantes para las devoluciones forzosas, mientras que las autoridades del país no han respondido a nuestras solicitudes detalladas por escrito para que se pronunciaran al respecto.

    Las devoluciones forzosas —la expulsión de migrantes y solicitantes de asilo al otro lado de la frontera sin el debido proceso— se consideran generalmente ilegales según el derecho internacional.

    En 2022, la organización periodística Lighthouse Reports, con sede en los Países Bajos, informó que en Grecia se estaban llevando a cabo estas prácticas a cargo de hombres enmascarados extranjeros.

    Nuestra propia investigación —llevada a cabo en colaboración con el Consolidated Rescue Group (CRG)— comenzó el otoño pasado, cuando nos enviaron un video inquietante en el que supuestamente se veía a migrantes siendo maltratados por mercenarios.

    Nos lo facilitó un traficante, que afirmaba haberse enfadado con sus socios. No hemos podido verificar el contenido, pero coincide con los testimonios que hemos recopilado de otras fuentes independientes.

    Desde entonces, hemos recopilado información de migrantes, antiguos mercenarios, fuentes policiales, documentos oficiales y transcripciones filtradas:

    • Un guardia fronterizo declaró en una vista disciplinaria que disponían de información, que habían comunicado a sus superiores, según la cual unos mercenarios habían estado violando a migrantes mujeres.
    • Dos migrantes y un exmercenario afirman haber presenciado actos de violencia extrema por parte tanto de mercenarios como de la policía griega, incluyendo casos de personas golpeadas hasta quedar inconscientes.
    • Una migrante cuenta que un hombre enmascarado le quitó el pañal a su hija en busca de objetos de valor.

    Migrantes contra migrantes

    Grecia ha recibido a más de un millón de migrantes desde 2015, principalmente a través de travesías marítimas, pero también por su frontera terrestre con Turquía.

    Esta frontera se extiende a lo largo de 200km por el río Evros. Marca el límite exterior de la Unión Europea y separa la región griega de Evros del territorio turco de Tracia Oriental.

    Los refugiados o migrantes ilegales que cruzan el río hacia Grecia entran en una zona restringida fuertemente militarizada, salpicada de torres de vigilancia.

    Una fuente policial de la región nos contó que se ha recurrido a mercenarios para repeler a cientos de personas cada semana.

    “No hay ningún soldado, agente de policía o agente de Frontex (la agencia fronteriza de la UE) destinado aquí en Evros que no sepa que se están produciendo devoluciones”, añadieron.

    Hemos descubierto que los propios mercenarios son migrantes -reclutados en países como Pakistán, Siria y Afganistán- y que pueden ser recompensados con dinero en efectivo y teléfonos móviles saqueados a otros migrantes, así como con documentos que, en la práctica, les permiten el paso por Grecia.

    La BBC ha tenido acceso a unas imágenes del 22 de junio de 2023 en las que se ve cómo un grupo de migrantes, que acababa de cruzar a Evros y quería solicitar asilo, fue emboscado por hombres enmascarados.

    Un informe sobre este incidente elaborado por la Oficina de Derechos Fundamentales, un organismo de investigación independiente al interior de Frontex, concluyó que, según las pruebas disponibles, entre 10 y 20 “nacionales de terceros países” habían actuado siguiendo instrucciones de agentes griegos.

    Según el informe, sometieron a los migrantes a abusos físicos y verbales, incluyendo “amenazas de muerte y violación, registros corporales intrusivos y sexualizados”, así como palizas, apuñalamientos, inmovilizaciones y robo de efectos personales.

    El informe señala que los migrantes fueron posteriormente trasladados por la fuerza de regreso a Turquía, en violación de la legislación de la UE en materia de derechos humanos.

    Las autoridades griegas han negado que se encontrara a ningún migrante de este grupo en la zona ese día.

    Este es solo uno de los varios informes de la Oficina de Derechos Fundamentales que investigan las denuncias de devoluciones forzosas en las que han participado hombres extranjeros enmascarados en los últimos años.

    “Nuestros hallazgos podrían constituir una violación de los derechos humanos extremadamente grave”, afirma María Gavouneli, presidenta de la Comisión Griega de Derechos Humanos (GNCHR). La propia organización ha registrado más de 100 casos de presuntas devoluciones forzosas en Evros, que se remontan a 2020.

    Aunque afirma que los casos han ido disminuyendo, decenas de estos presuntos incidentes han afectado a ciudadanos de terceros países no griegos, el más reciente en octubre de 2025.

    Migrantes en un centro de acogida en la isla griega de Creta.

    Gene Medi/NurPhoto via Getty Images
    Grecia ha recibido a más de un millón de migrantes desde 2015, principalmente a través de travesías marítimas, como estas personas que llegaron a la isla de Creta.

    En una breve conversación con la BBC en marzo, el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, afirmó que no tenía conocimiento de las acusaciones sobre el uso de mercenarios.

    Sin embargo, señaló que Grecia estaba protegiendo sus fronteras y añadió que los líderes europeos habían dejado claro que no repetirían los “errores” del pasado al permitir una “afluencia masiva” de migrantes y refugiados.

    Frontex ha rechazado cualquier sugerencia de que haga la vista gorda ante las violaciones de derechos, afirmando que ayuda a garantizar que las fronteras se gestionen de forma legal, al tiempo que apoya a los países que se encuentran bajo presión.

    “No podíamos respirar”

    Hemos hablado con dos migrantes sirios que afirman haber sido devueltos a la fuerza a Turquía, cruzando el río Evros.

    Amal (nombre ficticio) nos mostró videos y documentación de su familia en Grecia, donde habían solicitado asilo.

    Según cuenta, su familia fue detenida inesperadamente por la policía en 2025 mientras caminaban por la ciudad de Orestiada, en el norte de Evros.

    Fueron entregados a dos hombres enmascarados que les exigieron que entregaran sus teléfonos y documentos de identidad antes de llevarlos a la frontera en una furgoneta blanca sin ventanas.

    El registro posterior en el río fue mucho peor, cuenta.

    “Mi hija llevaba un pañal y se lo quitaron”, dice Amal. “Gritaba de miedo”.

    A continuación, cuenta, los hombres enmascarados, que ahora eran unos siete, los condujeron a ellos y a otras veinte personas por un camino, utilizando palos para mantenerlos en fila.

    Amal aparece completamente recortada contra la luz, sentada en el interior junto a un gran ventanal con cortinas transparentes, con la mirada puesta en un paisaje urbano difuminado.

    BBC News
    Amal cuenta que las acciones de los mercenarios dejaron a su hija “gritando de miedo”.

    “Mientras caminábamos, había un joven… le pegaron tanto que se desmayó”.

    Cuenta que sus hijas, que presenciaron lo ocurrido, “estaban en estado de shock, aterrorizadas, llorando”.

    Cuando nos reunimos con ellas en Turquía, la hija menor de Amal está visiblemente traumatizada.

    Otro migrante sirio, Ahmad, nos ha contado que la policía griega le golpeó hasta dejarlo inconsciente, tras ser detenido en Evros.

    Cuenta que al día siguiente se encontraba entre las docenas de migrantes que fueron subidos a un camión: “Debido al hacinamiento y al olor, la gente se asfixiaba. No podíamos respirar”.

    Ahmad denuncia que la policía llevó a los migrantes al río Evros y los alineó en grupos. A continuación, fueron entregados a cinco o seis mercenarios que desnudaron a los hombres y los registraron antes de golpear con palos a cualquiera que intentara esconder dinero.

    Según cuenta, subieron a los migrantes a unas lanchas neumáticas y remaron hasta la mitad del río. Afirma que los mercenarios no se atrevieron a seguir adelante por miedo a que los guardias fronterizos turcos les dispararan.

    Si los migrantes no saltaban de la embarcación, afirma, los echaban por la borda: “La corriente podía arrastrar a la gente. A ellos no les importaba en absoluto”.

    Tanto Amal como Ahmad emprendieron viajes peligrosos e ilegales para llegar a Grecia, pero Ahmad sostiene que él, al igual que otros, no tuvo otra opción.

    “Me estaba muriendo lentamente en Siria”, dice. “La gente no abandonaba sus hogares sin motivo: habían sufrido la peor tortura, opresión e injusticia”.

    “Barqueros ilegales”

    Las acusaciones de que la policía griega utilizó mercenarios se plantearon en una vista disciplinaria celebrada en 2024, cuyos extractos han sido consultados por la BBC.

    Cinco guardias fronterizos están a la espera de juicio por cargos de corrupción (que ellos niegan). En los extractos que hemos visto, algunos reconocieron abiertamente el uso de mercenarios, o como ellos los llamaban, “barqueros”.

    Un guardia declaró en la audiencia que en 2020 se le ordenó buscar barqueros para llevar a cabo las devoluciones, ya que la COVID-19 y las tensiones con las autoridades turcas hacían que fuera más peligroso que la policía realizara esa labor por sí misma.

    El guardia, procedente del norte de Evros, afirma que su superior mencionó que este sistema ya se estaba empleando en el sur de la región.

    Un policía griego mira unos monitores.

    Nicolas Economou/NurPhoto via Getty Images
    Grecia ha reforzado sus capacidades de vigilancia para hacer frente al aumento de los flujos de refugiados y migrantes procedentes de Turquía, con el apoyo de la tecnología y de la agencia fronteriza Frontex.

    Según los testimonios, los guardias se comunicaban a través de la aplicación de mensajería Viber utilizando una frase en clave para indicar los planes de una devolución: “X personas a la operación del Equipo Especial”.

    También afirmaron que había información de que estos “barqueros de migrantes ilegales” habían estado “llevando a los migrantes al bosque, violando a las mujeres y quitándoles el dinero”, algo que, según dicen, habían comunicado a sus superiores.

    Por otra parte, la BBC se ha reunido con una abogada que afirma haber presentado una demanda ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en nombre de una mujer afgana que alega haber sido violada por un hombre enmascarado que hablaba farsi, justo antes de una devolución en 2023.

    “Forzados”

    Ha habido versiones contradictorias sobre si los mercenarios de Evros son reclutados por voluntad propia o bajo coacción.

    Marwan (nombre ficticio), un marroquí con el que hablamos en París, insiste en que en 2020 no tuvo más remedio que aceptar y afirma que se sentía como un prisionero.

    Sacado de una celda llena de compañeros migrantes detenidos al intentar entrar en Evros, recuerda que un agente griego le preguntó: “Pareces un buen tipo y hablas algo de inglés. ¿Quieres trabajar conmigo?”.

    Marwan dice que “se sintió obligado a decir que sí” porque temía que, de lo contrario, le golpearían.

    Se encontró viviendo en una vieja celda con otros mercenarios, liderados por un afgano que, según él, guardaba rencor a los sirios y disfrutaba golpeándolos.

    Marwan afirma que pasó unas diez semanas trabajando en la frontera. Entre sus tareas se incluían llevar a la gente de vuelta a Turquía, comprobar que las embarcaciones no tuvieran pinchazos y quemar cualquier pertenencia que quedara de los migrantes para “destruir” pruebas.

    Según cuenta, su oficial de reclutamiento se pasaba por allí con regularidad para recoger teléfonos o euros. A los mercenarios se les permitía quedarse con la moneda árabe o turca.

    Este oficial incluso se ofrecía a llevar a los mercenarios a visitar prostitutas, afirma Marwan.

    Cree que su base estaba cerca de Soufli, un municipio en el centro de Evros: “Oí a los afganos decir Soufli muchas veces”.

    Marwan dice que la forma en que se trataba a los migrantes lo dejó “completamente destrozado”. Afirma que muchos de ellos estaban sedientos, hambrientos o tenían los pies en carne viva tras llegar a Evros.

    El marroquí insiste en que nunca golpeó a nadie, pero añade que fue testigo de frecuentes actos de violencia a manos tanto de los agentes griegos como de los mercenarios, siendo los peores los que tuvieron lugar junto al río Evros.

    Cuando le preguntamos por su complicidad en la supuesta operación, Marwan responde: “Lo siento profundamente… Me vi amenazado”.

    Otra prueba de que hay mercenarios migrantes operando en la región de Evros es una foto que nos han mostrado en la que aparece un grupo de hombres enmascarados vestidos de civil dentro de una furgoneta. La foto la compartió el traficante que nos envió el video en el que se veía cómo maltrataban a los migrantes.

    No podemos afirmar con certeza que todos los hombres que aparecen en la imagen sean mercenarios, pero su forma de vestir llama la atención y la tecnología de reconocimiento facial indica una coincidencia media del 90% entre el individuo de la derecha y cuatro imágenes de un hombre sirio conocido como “Mike”.

    Según varias fuentes, se trata de un antiguo mercenario de alto rango. Cinco personas han confirmado la identidad de Mike a la BBC y se le menciona en documentos internos de la policía.

    Cuando nos pusimos en contacto con Mike a través de una cuenta en las redes sociales, no respondió personalmente, pero recibimos una carta de su abogado en la que nos advertía contra la publicación de su imagen y de acusaciones “sin fundamento”.

    Se han cambiado los nombres para proteger la identidad de las personas.

    Investigación adicional de Paul Brown, de BBC Verify, y Serene Muhammed, de BBC Arabic.

    Si tienes información que compartir sobre esta noticia, puedes ponerte en contacto con Jessica Parker o Kostas Kallergis, con total confidencialidad, en kostaskallergis@pm.me

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  • Mario Ríos Montt, prelado defensor de los derechos humanos, muere a los 94 años

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    Lideró la oficina de derechos humanos de la Iglesia católica en Guatemala incluso cuando su hermano, el ex dictador militar del país, era investigado por genocidio.

    Mario Ríos Montt, prelado que dirigió la oficina de derechos humanos de la Iglesia católica en Guatemala incluso cuando su hermano, el ex dictador militar del país, estaba siendo investigado por genocidio, murió el 5 de abril en Ciudad de Guatemala, la capital. Tenía 94 años.

    Su muerte, en la casa provincial de los padres vicentinos fue anunciada por el Arzobispado de Guatemala. Era obispo auxiliar emérito de la arquidiócesis de Santiago de Guatemala en el momento de su muerte, que ocurrió el Domingo de Resurrección, como la de su hermano mayor, el general Efraín Ríos Montt, acaecida ocho años antes en la misma fiesta católica.

    Todo separaba a los dos hermanos, que crecieron en la pobreza en una familia numerosa de la Guatemala rural. Durante años, su aguda divergencia se consideró emblemática de una escisión fundamental en la sociedad latinoamericana, entre una Iglesia que defendía los derechos humanos y un ejército que los pisoteaba.

    En público, los hermanos se negaban a hablar mal el uno del otro. Bajo esa superficie, habían defendido posturas radicalmente distintas.

    Durante años, el obispo Ríos Montt fue un proselitista discreto de los derechos humanos en su atribulado país, mismo que, a partir de 1960, fue azotado por una guerra civil de 36 años entre gobiernos militares o dominados por militares e insurgentes políticos de izquierda del campo. Murieron unas 200.000 personas, y se calcula que los militares fueron responsables de más del 90 por ciento de las muertes.

    La peor fase, un periodo denominado “La violencia” en Guatemala, se produjo durante los 17 meses de gobierno de su hermano mayor, quien llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1982. Bajo su mandato, se registraron unas 86.000 víctimas, muchas de ellas campesinos indígenas mayas de la etnia ixil. El ejército del general atacó o destruyó alrededor de 4000 aldeas y caseríos, y quizá 1,2 millones de personas se vieron obligadas a exiliarse como consecuencia de su campaña antinsurgente de tierra arrasada.

    Antes de ser derrocado por su propio ministro de Defensa en 1983, el general Ríos Montt asestó un duro golpe a la insurgencia guerrillera. El presidente de Estados Unidos Ronald Reagan elogió su cruzada contra el comunismo y calificó las acusaciones de abusos contra los derechos humanos de “acusaciones falsas”.

    Cuando finalmente comenzó el ajuste de cuentas, años después –la guerra terminó en 1996 con un tratado de paz entre el gobierno y los rebeldes–, los dos hermanos estaban más enfrentados que nunca.

    Para su sorpresa, el modesto obispo fue nombrado director de la oficina de derechos humanos de la Iglesia de Guatemala. Su nombramiento se produjo en 1998, justo después de que las autoridades eclesiásticas publicaran un informe condenatorio de las atrocidades cometidas por los militares.

    Su predecesor en la oficina de derechos humanos, el obispo Juan José Gerardi, había muerto apaleado con una losa de hormigón en el garaje de una casa parroquial de la iglesia, dos días después de presentar el informe “Guatemala: ¡Nunca Más!”, el 24 de abril. Tres oficiales del ejército fueron condenados por el asesinato del obispo Gerardi en 2001.

    El hermano del obispo Ríos Montt, Efraín, hizo una reaparición política en la década de 1990, primero como miembro del Congreso de Guatemala y luego como su presidente. No había perdido su popularidad entre algunos votantes como líder de mano dura contra la delincuencia.

    La oficina de derechos humanos de la Iglesia, seguida por un poder judicial y abogados de derechos humanos recién independizados, pronto realizaron las primeras investigaciones sobre la conducta de Efraín durante la guerra civil, mismas que desembocaron en su condena por genocidio en 2013. Fue sentenciado a 80 años de prisión. Ese mismo año, la condena fue anulada por un tecnicismo, pero los defensores de derechos humanos la consideraron una victoria. Al morir, siendo ya general retirado, estaba siendo juzgado nuevamente.

    En diciembre de 2000 en una conferencia de prensa, en la que anunció que era probable que se procesara a su hermano por las atrocidades de la guerra civil, el obispo Ríos Montt afirmó que lo que a él le interesaba era la verdad, pasara lo que pasara, y que la verdad era la verdad. Y agregó que el trabajo de la Iglesia era ese.

    El obispo Ríos Montt había asumido la labor del obispo Gerardi con un fervor que sorprendió a los observadores eclesiásticos, quienes lo habían conocido principalmente como administrador. “Sabía que era un momento de mucho riesgo”, dijo en una entrevista Nery Rodenas, quien trabajaba para él. Lo describió como una persona “muy clara de cuál debía ser el papel que debía jugar la oficina en aspectos sociales”.

    En una Iglesia que se había radicalizado por las agudas desigualdades del país y por la propia lucha guerrillera, el obispo Ríos Montt no destacaba como un estridente político de izquierda.

    “Era un hombre de Iglesia, un buen hombre, una persona normal”, dijo en una entrevista Ricardo Falla, antropólogo, activista y sacerdote jesuita y uno de los intelectuales más conocidos del país. “No era un teólogo de la liberación”, añadió el padre Falla, en referencia a la doctrina cristiana de influencia marxista que se extendió por la Iglesia latinoamericana en las décadas de 1970 y 1980.

    Pero al obispo Ríos Montt lo había transformado su experiencia en ese mismo periodo como obispo de la provincia costera de Escuintla, en el sur del país, pobre y desgarrada por las luchas entre los propietarios de las plantaciones de azúcar y los trabajadores en huelga.

    “Apoyó la huelga y estuvo con la gente”, dijo Alejandro Rodríguez, abogado de derechos humanos de Ciudad de Guatemala.

    Dos sacerdotes y dos seminaristas, defensores de los pobres, fueron asesinados en circunstancias turbias durante el mandato del obispo Ríos Montt. Por ello, “estaba realmente a favor de los derechos humanos y la justicia”, dijo Mario Trinidad, exsacerdote misionero en Escuintla y autor de Misioneros y resistencia en Guatemala (2024).

    El propio obispo Ríos Montt figuraba en un “Dossier de la Muerte” del gobierno, según un cable de la embajada estadounidense de junio de 1981 –después de los asesinatos y antes de que su hermano tomara el poder– descubierto por un investigador, Ben Parker.

    El gobierno de Guatemala, dijo el obispo al funcionario anónimo de la embajada, “simplemente no tiene la voluntad de cambiar” ni “la voluntad de hacer el bien”. Al gobierno, añadió, “le importan un bledo los humildes y los pobres”. El funcionario comentó sobre el obispo en el telegrama: “No temía por su propia seguridad, pues se sentía resignado a su destino”.

    El obispo Ríos Montt pasó gran parte del gobierno de su hermano en el exilio –en Costa Rica y luego en Italia– tras recibir una llamada telefónica del general en la que le comunicaba que su vida corría peligro. Regresó tras la destitución de su hermano. El papa Juan Pablo II lo nombró obispo auxiliar de Santiago de Guatemala en 1987. Se retiró en 2010.

    Mario Enrique Ríos Montt nació el 17 de marzo de 1932 en Huehuetenango, en el altiplano occidental de Guatemala, uno de los 12 hijos de Hermógenes Ríos y Consuelo Mont (como figuraba en su partida de nacimiento; la familia de su madre era de origen francés).

    Su padre era un comerciante acomodado que quebró durante la Depresión. De niño, Mario iba a misa todos los días; se decía que su hermano mayor era aficionado a los desfiles militares. Más tarde, Efraín se hizo cristiano evangélico.

    Mario estudió en el Seminario Nacional de Costa Rica y en 1959 se ordenó sacerdote en la Sociedad de San Vicente de Paúl, cuyo ministerio es el cuidado de los pobres. Tras servir como párroco en Ciudad de Guatemala y en El Salvador, en su capital, San Salvador, pasó un tiempo como misionero en Cuba.

    No se dispuso en un primer momento de información sobre sus supervivientes.

    Aunque el obispo Ríos Montt se mostró crítico con las fuerzas armadas en una entrevista concedida en 1999 a la televisión guatemalteca, en la que señaló que la historia de Guatemala estaba llena de injusticia e impunidad, quienes trabajaron más de cerca con él nunca lo oyeron hablar de su hermano.

    “Fue mi jefe inmediato durante muchos años y nunca me comentó nada, si estaba bien o mal lo que él había hecho”, dijo Rodenas.

    Eso no sorprendió a muchos analistas del país. “Tiene que ver con el pegamento que mantiene unida a América Latina”, dijo Virginia Garrard, profesora emérita de Historia en la Universidad de Texas y autora de un libro sobre el general Ríos Montt. “Es la sensación de que la sangre es más espesa que el agua”.

    Al mismo tiempo, el obispo Ríos Montt no guardó silencio sobre los crímenes que se cometieron durante la larga lucha interna del país.

    “Algunas personas solo quieren olvidar las cosas”, dijo en una entrevista con The Los Angeles Times en 1999. “Pero primero, no se puede hacer; y aunque se pudiera, eso no nos permitiría aprender de la experiencia”.

    Jody García colaboró con la reportería desde Ciudad de Guatemala.

    Adam Nossiter ha sido jefe de las corresponsalías del Times en Kabul, París, África Occidental y Nueva Orleáns y ahora es redactor de la sección Obituarios.

    Jody García colaboró con la reportería desde Ciudad de Guatemala.

  • “Irresponsable y peligroso”: la crítica de China al bloqueo impuesto por EE.UU. a los puertos de Irán

    “Irresponsable y peligroso”: la crítica de China al bloqueo impuesto por EE.UU. a los puertos de Irán

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    Un buque de carga en aguas del estrecho de Ormuz.

    Reuters
    La apertura del estrecho de Ormuz se ha vuelto crítica para la economía internacional.

    China ha calificado el bloqueo naval estadounidense de los puertos iraníes como “irresponsable y peligroso”.

    El Ministerio de Asuntos Exteriores chino afirmó que la medida “socavaría el ya frágil acuerdo de alto el fuego” y pondría en mayor peligro la seguridad de los barcos que transitan por el estrecho de Ormuz, una vía marítima crítica que Irán bloqueó en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel.

    El bloqueo estadounidense entró en vigor el lunes, un día después de que las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán fracasaran en Pakistán.

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dicho que la medida tiene como objetivo obligar a Irán a renunciar a sus ambiciones nucleares. Los analistas sostienen que el bloqueo también está diseñado para presionar a China, el mayor comprador de petróleo iraní, para que aliente a Teherán a abrir el estrecho.

    El embajador de Irán ante la ONU calificado el bloqueo naval estadounidense como una “grave violación” de la soberanía de Teherán.

    Hasta ahora, los buques chinos han estado entre los pocos que han logrado atravesar el estrecho. No está claro si tuvieron que pagar un peaje a Irán para hacerlo.

    De hacerse efectivo, el bloqueo de Estados Unidos podría interrumpir el suministro de China y tener consecuencias de gran alcance para su economía.

    Pekín pide un alto el fuego

    “China cree que solo logrando un alto el fuego integral y poniendo fin a la guerra podremos crear las condiciones para aliviar la situación en el estrecho”, afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Guo Jiakun.

    “China insta a todas las partes a respetar los acuerdos de alto el fuego, centrarse en la dirección general del diálogo y las conversaciones de paz, tomar acciones prácticas para promover el alivio de la situación regional y restablecer el tráfico normal en el estrecho lo antes posible”, añadió Guo.

    Guo también declaró en una rueda de prensa el martes que los reportes que indicaban que China se preparaba para entregar nuevos sistemas de defensa aérea a Irán eran “completamente inventados”.

    Trump ha amenazado con imponer un arancel del 50% a los productos de China si proporciona asistencia militar a Teherán.

    “Si Estados Unidos insiste en usar esto como excusa para imponer aranceles adicionales a China, China definitivamente tomará contramedidas firmes”, dijo Guo.

    Esto ocurre después de que el vicepresidente de EE. UU., JD Vance, acusara a Irán de “terrorismo económico” debido a su propio bloqueo del estrecho de Ormuz, tras haber atacado y amenazado con atacar a los buques que transitaban por allí desde el mes pasado.

    “Bueno, como demostró el presidente de Estados Unidos, en ese juego pueden participar dos”, dijo a Fox News. “Si los iraníes van a intentar participar en terrorismo económico, nosotros vamos a acatar el sencillo principio de que ningún barco iraní saldrá tampoco”.

    Estados Unidos ha anunciado que su ejército no impedirá que los barcos utilicen el estrecho para ir y venir de puertos que no sean iraníes. En su lugar, su objetivo es bloquear los puertos del iraníes en el golfo Pérsico con el despliegue de su Armada en el golfo de Omán y el océano Índico, en lugar de arriesgar sus buques cerca de la costa iraní.

    Sin embargo, los datos de navegación analizados por BBC Verify muestran que al menos cuatro barcos vinculados a Irán cruzaron el estrecho el martes. Mientras tanto, los precios del petróleo volvieron a caer por debajo de los 100 dólares por barril este martes.

    Un delicado y frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán sigue vigente desde el 8 de abril. Los principales puntos de discordia entre ambas partes incluyen el estatus del estrecho de Ormuz y la inclusión de el Líbano en el acuerdo.

    Israel sostiene que la tregua se aplica únicamente a Irán y ha continuado sus intensos ataques contra Hezbolá, matando a cientos de personas.

    Estados Unidos albergó este martes conversaciones directas entre funcionarios libaneses e israelíes, las primeras negociaciones de este tipo en décadas.

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    BBC

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  • Advirtió sobre los peligros de la IA. Ojalá su padre le hubiera hecho caso.

    Advirtió sobre los peligros de la IA. Ojalá su padre le hubiera hecho caso.

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    Ben Riley descubrió por accidente que su padre no había dicho la verdad sobre el cáncer que padecía.

    El verano pasado estaba sentado en la barra de la cocina de su casa en Austin, Texas, una luminosa casa de construcción nueva con paredes blancas y suelos de hormigón, cuando decidió echar un vistazo al portal MyChart de su padre. Recorrió sin rumbo las páginas de resultados de laboratorio y notas del médico en su laptop hasta que una frase llamó su atención.

    “Tenía claro que la ventana de tratamiento puede acabarse cuanto más lo posponga”, escribió el médico. “La progresión natural de su enfermedad es la muerte y el debilitamiento”.

    La nota no tenía sentido. Ben sabía que su padre, de 75 años, padecía leucemia linfocítica crónica (LLC), un tipo de cáncer de glóbulos blancos que suele ser de evolución lenta. Pero su padre, Joe Riley, le había asegurado a su familia que empezar el tratamiento no era urgente. Desde luego, no había transmitido la advertencia de su médico de que se dirigía hacia un plazo peligroso.

    Ben, presa del pánico, consultó rápidamente más registros. El oncólogo llevaba 10 meses recomendando el tratamiento. Sus súplicas parecían volverse más desesperadas en cada página. Pero Joe estaba convencido de que los fármacos harían más mal que bien.

    “Hablamos de que el tratamiento puede ralentizar y posiblemente detener la progresión de su LLC, lo que le dará más tiempo para estar con su familia, como tanto desea”, decía otra nota.

    “Me contestó que no piensa empezar el tratamiento aunque su enfermedad siga avanzando”.

    Ben sabía que no debía enfrentarse a su padre, un neurocientífico jubilado al que le erizaba el vello cuando alguien cuestionaba su juicio intelectual. Necesitaba más información, un plan, para persuadir a Joe, que –al parecer– se estaba muriendo de cáncer a miles de kilómetros, en Seattle.

    Estaba monitorizando con ansiedad el portal del paciente de su padre, intentando decidir qué hacer, cuando apareció un nuevo mensaje. Joe había enviado a su oncólogo una investigación que había realizado con inteligencia artificial, la prueba aparente de su decisión de rechazar el tratamiento.

    Dios mío, pensó Ben. No se le escapaba la morbosa ironía de la situación. Un año antes, había creado un boletín para ayudar a la gente a tomar mejores decisiones sobre cuándo y cómo utilizar la IA generativa. Escribió sobre cómo las herramientas habían sumido a la gente en espirales delirantes y habían ayudado a un adolescente a acabar con su vida. Ahora parecía que la IA había descarriado a su propio padre.

    Les envió un mensaje a sus dos hermanos: “Tenemos que hablar”.

    Ben, de 49,no se había interesado especialmente por la IA hasta hace unos años. A él, la tecnología le había parecido material para películas de ciencia ficción como “Her” y “Ex Machina”.

    Le interesaban más los humanos. Tras una breve temporada de trabajo en Wall Street y luego como abogado del Departamento de Justicia de California, Ben leyó un libro de un destacado científico cognitivo que le hizo cambiar la trayectoria de su carrera.

    Empezó a leer de manera voraz sobre temas que pudieran ayudarlo a comprender la mente humana –neurociencia, lingüística, filosofía, antropología– y se consideró un “científico cognitivo autodidacta”. En 2015, fundó una organización sin ánimo de lucro cuyo objetivo era formar a profesores en ciencia cognitiva para comprender mejor cómo pensaban y aprendían sus alumnos.

    Sin embargo, el auge de la IA generativa cambió su visión de la tecnología. Le ofreció una ventana a muchas de las cuestiones a las que había dedicado gran parte de su carrera: ¿Qué nos hace humanos? ¿Qué es el pensamiento humano?

    Decidió crear un boletín, Resonancia Cognitiva, que utilizaría la ciencia cognitiva para “explicar la IA al ciudadano promedio”.

    Su padre fue uno de sus primeros suscriptores.

    En ese momento, Joe ya conocía bien la IA. A Ben no le sorprendió. Su padre siempre había sido un pionero.

    Mientras otras familias aún escuchaban casetes, en su casa había un reproductor de CD. En los viajes por carretera, él y sus hermanos se sentaban en el asiento trasero del Dodge Caravan familiar a ver películas en un sistema de entretenimiento improvisado que Joe había construido.

    En casa tenían una Commodore Amiga, una computadora personal de bloques que Joe “trataba como a un niño”, decía Ben.

    Hasta que un día Ben volvió del colegio y la computadora había desaparecido. Las autoridades se la habían confiscado después de que Joe se infiltrara ilegalmente en la red telefónica para conectarse al “sistema electrónico de tableros de anuncios”, precursor del internet. Se negó a disculparse durante el juicio, recordó Ben, e insistió obstinado en que “la información quiere ser libre”.

    A finales de la década de 1970, Joe había sido un joven y prometedor neurocientífico de la Universidad de Stony Brook. Pero a mediados de sus 30, se sintió de repente debilitado por una misteriosa enfermedad crónica que, un buen día, lo hacía sentir como si tuviera gripe y, en un mal día, lo hacía sentir como si su sistema nervioso estuviera ardiendo. Los médicos especularon con que padecía algún tipo de encefalitis, pero no pudieron hacer mucho por ayudarlo.

    Como ya no podía seguir el ritmo de las exigencias de su trabajo, empezó a depender de los cheques de invalidez y a canalizar su insaciable curiosidad hacia otras actividades: un boletín sobre poesía sufí, una investigación exhaustiva sobre el asesinato de John F. Kennedy y la exploración de nuevas tecnologías.

    Así que, cuando la IA generativa empezó a ganar adeptos, Joe empezó a experimentar. Se convirtió en un punto de interés común para Ben y Joe.

    Debatían si los modelos podrían llegar a ser realmente sensibles o cómo los gobiernos controlarían la IA, y de vez en cuando discutían sobre los riesgos. Joe tendía al asombro, mientras que Ben se mostraba decididamente más escéptico: “¿No te preocupan los peligros tanto como a mí?”, le preguntó a su padre en un correo electrónico en 2023. Joe no parecía preocupado.

    Parecía estar en una “conversación constante” con la IA, dijo James Riley, el hermano pequeño de Ben. Le gustaba especialmente Perplexity, un motor de búsqueda impulsado por IA que se enorgullece de citar fuentes fiables y producir respuestas en las que “de verdad puedes confiar”, según el director general de la empresa. (El New York Times demandó a Perplexity en diciembre, y la acusó de infringir los derechos de autor del contenido de las noticias relacionadas con los sistemas de IA. La empresa ha negado las acusaciones).

    Joe utilizaba a menudo la función de voz a texto para murmurar preguntas a las aplicaciones de IA de su teléfono.

    “Papá, esto es mucha IA”, recuerda que le dijo James. Joe se lo tomaba como algo similar a Google.

    Joe le pidió consejo a Perplexity sobre su hipoteca. Lo utilizó para consultar los horarios de los partidos de los Seattle Mariners. Le dijo que resumiera la investigación científica de sus proyectos favoritos.

    Cuando le diagnosticaron cáncer en 2024, también empezó a preguntarle sobre eso.

    Su médico la describió como una situación en la que “todo se complica de golpe”.

    Joe acababa de terminar la radioterapia para un cáncer de pulmón en estadio inicial –que le habían diagnosticado de manera simultánea– cuando sus síntomas de LLC aumentaron: escalofríos, dolor muscular, agotamiento. Era hora de empezar el tratamiento, le dijo Eddie Marzbani, su oncólogo del Centro Oncológico Fred Hutch, a Joe en una cita en agosto de 2024.

    Lo bueno era que tenía buenas opciones. En la última década, una nueva clase de “fármacos milagrosos” había revolucionado tanto el tratamiento del linfoma que algunos investigadores estaban seguros de que la ciencia subyacente ganaría algún día un Premio Nobel.

    Con medicamento, podría vivir años –si no una década– antes de que reapareciera la LLC.

    Joe respetaba a su médico, incluso le caía bien. Sin embargo, décadas de vivir con una enfermedad crónica habían convertido a Joe en un escéptico del sistema médico. Quería reflexionar al respecto.

    La siguiente vez que Marzbani vio a Joe, algo parecía haber cambiado.

    Volvió convencido de que había desarrollado la Transformación de Richter, una rara complicación que se produce cuando un cáncer relativamente dócil evoluciona de manera drástica y se convierte en otro más agresivo y castigador. Peor aún, estaba convencido de que el tratamiento que Marzbani le recomendó exacerbaría el síndrome de Richter y acortaría su vida.

    La seguridad de Joe dejó perplejo a Marzbani.

    “Realmente no tenía signos ni síntomas de ello”, dijo Marzbani en una entrevista con el Times. “Nada en cuanto a sus estudios de laboratorio que pudiera sugerirlo, nada basado en sus tomografías computarizadas”.

    Cada cita parecía caer en un ciclo predecible: Joe planteaba lo de Richter, Marzbani repasaba con detenimiento todas las razones por las que no lo tenía, y Joe accedía a irse a casa y reflexionar.

    Marzbani intentó todas las estrategias que se le ocurrieron para hacer cambiar de opinión a Joe. Le ofreció distintas opciones de tratamiento. Le explicó que los fármacos le permitirían pasar más tiempo con su familia, algo que sabía que Joe deseaba con desesperación.

    Finalmente, señaló el fallo en la lógica de Joe: sin tratamiento, la mayoría de los enfermos de Richter mueren a los seis meses de ser diagnosticados. “¡Si tuvieras Richter cuando me dijiste que tenías Richter, ya estarías muerto!”, alegó.

    Nada de eso parecía cambiar las cosas.

    Aunque Marzbani no lo sabía, Joe hacía preguntas rutinarias sobre su cáncer a varias herramientas de IA generativa, que a menudo tienen dificultades para dar consejos médicos precisos. Les pidió que enumeraran los primeros signos de Richter, interpretaran sus resultados de laboratorio y explicaran complicadas investigaciones sobre el tratamiento que le recomendaba su médico. Sabía que no debía confiar unilateralmente en la IA. A menudo leía los artículos científicos que citaban las herramientas y –lo mejor que podía sin formación médica– intentaba verificar que coincidieran con lo que decían las herramientas.

    Llegó a sentirse tan seguro de su comprensión de la ciencia que rechazar el tratamiento le pareció la opción más obvia.

    “El oncólogo habitual está un poco enfadado conmigo”, decía un mensaje de texto que Joe le envió a Ben por aquel entonces.

    “Puse en duda su diagnóstico inicial y me dio la razón”, añadió, aunque no fue así. “Por cierto, digan lo que digan sobre la Inteligencia Artificial, es asombroso lo mucho que se puede aprender tras una o dos semanas de uso de los programas de Inteligencia Artificial adecuados”.

    En el verano de 2025, Joe estaba mucho más enfermo. Había engordado 80 libras a causa de los esteroides que tomaba para controlar los síntomas. Se le habían inflamado los ganglios linfáticos de todo el cuerpo, incluido uno en el cuello que le provocaba dolor al mover la cabeza. El recuento de glóbulos blancos era 10 veces mayor que cuando Marzbani empezó a recomendarle el tratamiento, señal de que el cáncer se había extendido con rapidez.

    El margen de Joe para el tratamiento se estaba cerrando rápidamente. Cuanto más frágil estaba Joe, menos probable era que tolerara los medicamentos. Marzbani decidió enfrentarse a él.

    “¿Por qué crees esto?”, recordó que le preguntó a Joe durante una cita. “¿De dónde viene esto?”

    Joe le envió un informe de investigación que había generado con Perplexity.

    En las semanas siguientes después de ver ese informe en el historial médico de su padre, la preocupación de Ben se transformó en enfado. Dijo que tenía la sensación de que él y su padre vivían en realidades distintas, sin un “sentido compartido de lo que es verdadero y falso”.

    Después de cada visita al médico, Joe enviaba un mensaje de texto al chat del grupo familiar con información actualizada sobre el cáncer. Luego, Ben consultaba el portal del paciente para leer los detalles que omitía.

    Ben llamó al centro oncológico y le suplicó a una enfermera que añadiera más información a su historial: “Sé que no puede decir nada”, dijo. “Pero podemos ver su historial. Si hay cosas que necesitemos saber, las leeremos”.

    Ben y su hermano aún no se habían puesto de acuerdo en cuanto a cómo abordar a su padre: a James, consejero, le preocupaba que la confrontación lo alejara. Ben no creía que tuvieran tiempo para nada más.

    En lo único que estaban de acuerdo era en que Joe había demostrado ser un narrador poco fiable. Ahora necesitaban oírlo directamente: si su padre iba a rechazar el tratamiento, ¿cuánto tiempo le quedaba de vida?

    Así que una calurosa mañana de julio, Ben llamó a su padre y le pidió que firmara una renuncia que permitiera a Marzbani hablar con el resto de la familia.

    Cuando Joe se negó, Ben sintió desbordarse de rabia. Le gritó a su padre por basar decisiones de vida o muerte en el informe Perplexity, que podía estar “plagado de alucinaciones”. Entonces Ben le colgó.

    La llamada no hizo más que redoblar la apuesta de Joe.

    “Las pruebas son claras como el agua”, envió Joe un mensaje de texto a Ben poco después, y adjuntó uno de los documentos que Perplexity citaba en el informe, y añadiendo sarcásticamente: “Aquí está la ‘alucinación’”.

    Ben abrió el papel, que estaba plagado de jerga médica.

    “No voy a fingir que soy oncólogo”, replicó.

    A Ben todo aquel ejercicio le parecía ridículo. Él y su padre, dos personas que nunca habían estudiado medicina, discutían sobre la investigación del cáncer. Mientras tanto, su padre ignoraba los consejos de un verdadero experto.

    ¿Qué estoy haciendo?”, pensó. “Para esto tenemos médicos, médicos humanos“.

    Entonces se acordó de las advertencias de muchos chatbots que decían a los usuarios que comprobaran siempre los resultados. Sacó su computadora y, con “furia justificada”, envió un correo electrónico a dos destacados expertos en Richter cuyas investigaciones se citaban en el informe generado por la IA.

    “Pido disculpas por el correo tan inesperado”, escribió. “Pero el estado de mi padre está empeorando rápidamente y no sé cómo responder a su interpretación del resumen de la IA sobre la investigación oncológica”.

    Adjuntó el informe al correo electrónico, que David Bond abrió unas horas después desde su consultorio de Ohio. A primera vista, parecía un informe científico pulcro.

    No obstante, cuanto más lo leía Bond, más ilógico le parecía. El informe hacía afirmaciones autoritarias y, como prueba, citaba estudios que, en su opinión, estaban “solo periféricamente relacionados con el tema”. Hacía referencia a porcentajes que parecían completamente inventados. El resumen de la investigación de Bond era completamente irreconocible para él.

    En un comunicado, un portavoz de Perplexity dijo que la empresa seguía firme en su “compromiso de mejorar la precisión de los modelos de IA más vanguardistas del mundo”.

    Bond y el otro autor del estudio respondieron en cuestión de horas, y animaron a Joe a escuchar a su oncólogo. Aquella noche, Ben volvió a llamar a su padre y, desempolvando sus dotes de abogado, le expuso los hechos: tres médicos coincidían de forma independiente en que el informe de Perplexity lo engañó.

    “¿De verdad crees que sabes más que todos ellos por ese estúpido informe de la IA?”, Ben recordaba haberle preguntado.

    “Sí”, respondió Joe con firmeza.

    Ben empezó a preguntarse si era posible convencer a alguien de que la IA era falible, algo a lo que había dedicado gran parte de su nueva carrera. “Si no puedo convencer a mi padre, ¿podré convencer a alguien?”.

    Al final, fue el empeoramiento de la salud de Joe lo que finalmente lo empujó a probar el tratamiento.

    Tenía las piernas hinchadas y su piel era fina como el papel, lo cual dio paso a llagas que le cubrían las pantorrillas. A veces, sentarse le resultaba tan doloroso que gemía y gritaba.

    Cuando el corto trayecto entre su cama y el sillón reclinable marrón de la sala se le hizo demasiado agotador, empezó a dormir en el sillón. Cuidar de sí mismo se había vuelto casi imposible: en el fregadero había cacerolas con lentejas de hacía días y las moscas de la fruta pululaban por el departamento.

    Cuando tenía que salir de casa para una cita con el médico, subía las escaleras muy despacio y hacía muecas de dolor a cada paso.

    Cuando Joe recibió su primer tratamiento contra el cáncer en septiembre –más de un año después de que Marzbani se lo recomendara en un principio–, las células cancerosas llevaban tanto tiempo extendiéndose sin control que matarlas conmocionó su organismo, por lo que jadeaba y temblaba intensamente.

    Unos meses antes, Joe habría podido soportarlo. Pero ahora se sentía demasiado frágil. Tras unas cuantas infusiones, le dijo a su médico que necesitaba un descanso.

    Ben tomó un vuelo para ver a su padre una semana después.

    En aquella visita no hablaron en absoluto de IA. En lugar de eso, se sentaron en la sala y debatieron sobre mecánica cuántica. Ben limpió las barras de linóleo y colocó trampas para moscas. Mientras limpiaba, Joe dormía en su silla.

    Ben no lo despertó antes de irse. Garabateó una nota de despedida en un Post-it amarillo.

    “¡Te amo, papá! Gracias por una visita maravillosa”, escribió. “¡Evita tener abierto el bote de basura y venceremos a las moscas! Hablamos cuando vuelva”.

    Una semana antes de Navidad, Ben recibió una llamada de un policía compungido. Había encontrado a Joe durante un control de bienestar. La LLC figuraba como una de las causas oficiales de la muerte.

    Casi dos semanas después de la muerte de Joe, Ben estaba de vuelta en Austin, con un bote de plástico lleno de libros que había sacado del departamento de su padre sobre la barra de la cocina. Cerca había una tarjeta de condolencias de Marzbani: “Lo respetaba mucho y echaré de menos las bromas”.

    Ben se sentía especialmente pesimista sobre el estado de la IA. Tenía la sensación de que él y otros escépticos gritaban al vacío que fueran más despacio y pensaran detenidamente, mientras el resto del mundo avanzaba a toda velocidad. No solo estaba de luto por la muerte de su padre, sino que el año pasado también lo obligó a cuestionarse si su misión profesional –ayudar a la gente a tomar mejores decisiones sobre la IA– era inútil.

    Decidió que, aunque no sirviera de nada, iba a escribir sobre la muerte de su padre. Quería dejar constancia pública de quién era Joe Riley y de cómo lo había perjudicado la IA.

    Así que se sentó en su taburete rojo de charol y empezó a escribir. Las palabras le salían con facilidad. Mientras tecleaba, pensó en la muerte de Adam Raine –un adolescente sobre el que había escrito meses antes, que habló de sus planes de acabar con su propia vida con ChatGPT– y en la tragedia shakesperiana que lo había convertido en personaje de una historia similar. Un portavoz de Perplexity dijo que la empresa estaba “profundamente entristecida por la muerte de Riley”.

    Ben no intentó simplificar lo ocurrido: “No quiero exagerar”, escribió. “No creo que la IA matara a mi padre”.

    En un mundo en el que no existiera la IA, quizá Joe –que era escéptico con los médicos por defecto– habría rechazado el tratamiento de todos modos. También le había costado convencerlo para que probara el tratamiento contra el cáncer de pulmón.

    “Parte de lo que ocurría tenía que ver con la propia psicología de mi padre”, señaló Ben en una entrevista con el Times.

    Sin embargo, la IA tampoco estaba totalmente libre de culpa. Joe tomaba decisiones basadas en información errónea envuelta en un barniz de pericia científica. Era el tipo de información errónea que resultaba prácticamente imposible de detectar para un profano, incluso para alguien como Joe, que a todas luces era un usuario ideal.

    Conocía la tecnología, tenía una buena dosis de escepticismo y acceso a un médico que se preocupaba por su salud.

    Además, tenía un hijo que estaba desesperado, y mejor preparado que la mayoría, para hacerlo cambiar de opinión.

    “Siempre me preguntaré si mis esfuerzos llegaron demasiado tarde”, escribió Ben en su ensayo. “No puedo hacer nada para cambiar el pasado, por supuesto. Pero sí que puedo seguir trabajando para concientizar a los demás”.

    En los tres meses transcurridos desde que Ben publicó aquella publicación, cuatro grandes empresas tecnológicas han lanzado nuevas herramientas de salud para el consumidor y han animado a los usuarios a subir sus historiales y a acribillar a la IA con sus preguntas médicas. Perplexity era una de ellas.

    Ben Riley en su casa de Austin, Texas, el 25 de febrero de 2026. (Jordan Vonderhaar/The New York Times)

    Ben Riley muestra una foto de él con su padre, Joe Riley, en su casa en Austin, Texas, el 25 de febrero de 2026. (Jordan Vonderhaar/The New York Times)