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Hay una campaña anti-Bezos en las calles de Nueva York donde han descrito el acto como la “Gala Amazon Prime” o el “Baile de Bezos”.
Sigue nuestra cobertura en directo de la alfombra roja de la Gala Met 2026, en inglés.
Quizá sea la fiesta más exclusiva del mundo, un espectáculo de moda y extravagancia que atrae a una lista secreta de famosos, cobra 100.000 dólares la entrada y despliega una alfombra por las escaleras de una de las instituciones culturales más antiguas de Manhattan.
Pero este año, la Gala del Met se enfrenta a fuertes dificultades, sobre todo por la decisión de nombrar presidentes honorarios a Jeff Bezos, fundador de Amazon y uno de los hombres más ricos del mundo, y a su esposa, Lauren Sánchez Bezos.
La oposición a los Bezos comenzó casi inmediatamente después de que fueran anunciados como patrocinadores económicos en febrero, y se produce en medio de un creciente sentimiento en contra de los ricos en todo Estados Unidos y en la ciudad de Nueva York, sede liberal del evento. Al parecer, la indignación cobró impulso después de que el nuevo alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, socialista democrático, declaró a mediados de abril que no acudiría a la gala, con lo que rompió con la tradición de muchos de sus predecesores, al afirmar que su prioridad es la “asequibilidad”.
Y en las semanas previas al acto del lunes, ha estallado una ávida campaña anti-Bezos en las calles de Nueva York, en el metro y en internet, donde los usuarios de las redes sociales han descrito el acto como la “Gala Amazon Prime” o el “Baile de Bezos”. Los tabloides se han llenado de noticias sobre estrellas nerviosas y fashionistas molestas, e incluso se rumora que algunos invitados han decididos mantenerse al margen.
Un grupo activista de guerrilla llamado Todo el mundo odia a Elon –en referencia a otro multimillonario polémico, Elon Musk– ha pedido que se boicotee el evento, con un ritmo constante de llamativas campañas por toda la ciudad, como la colocación de carteles en vagones de metro y paradas de autobús. El viernes, en alusión a las quejas de los trabajadores de Amazon por saltarse las pausas para ir al baño y tener que orinar en botellas, el grupo colocó cerca de 300 botellas de orina falsa en el interior del Museo Metropolitano de Arte.
Después, el domingo, en la víspera de la gala, el grupo proyectó entrevistas en video con trabajadores de Amazon sobre el Empire State Building, el Chrysler Building y el penthouse de los Bezos, cerca de Madison Square Park.
“Si te alcanza para comprar la Gala del Met, puedes pagar más impuestos”, decía una de las proyecciones emitida desde la parte trasera de una furgoneta, junto con una foto de un Bezos sonriente.
Algunas personas se detuvieron y sacaron fotos, mientras que otras simplemente se reían.
“¿Qué tiene que ver Jeff Bezos”, preguntó un transeúnte, Mayan Rajendran, “con la moda?”.
No es el único que se hace esa pregunta. Entre otros críticos se encuentran antiguos promotores como Blakely Thornton, un influente que el año pasado entrevistó a famosos en la alfombra roja. Este año, Thornton arremetió contra la gala en Instagram, al criticar la decisión de alinearse con Bezos, añadiendo en un mensaje de texto que preferiría que lo arrastren entre cristales rotos “que participar en este espectáculo de payasos orquestado por oligarcas”.
La gala, que data de 1948, sirve para recaudar fondos para el Instituto del Traje del Museo Metropolitano de Arte y marca la inauguración de su gran exposición de primavera, que este año se centra en el cuerpo vestido. La casa de moda Saint Laurent patrocina el catálogo de la exposición. Se sabe que los diseñadores pasan meses preparando atuendos para los afamados invitados, quienes suelen vestir de forma surrealista y espectacular.
Fern Mallis, creadora de la Semana de la Moda de Nueva York, calificó la Gala del Met de “el mayor baile del año”, cuya influencia ha superado con creces sus raíces como acontecimiento para filántropos y mecenas adinerados “que vivían cerca y amaban el museo” y a menudo iban acompañados por los diseñadores que los vestían.
Ahora, dijo, “se trata en realidad de los famosos, los músicos, los atletas y todos esos iconos culturales del momento”. Sin embargo, consideraba que gran parte de la lista de invitados estelares tenía poca relación con el propio museo. “Apuesto a que muchos de ellos ni siquiera han estado allí alguna vez”, dijo.
En los últimos años, además, las protestas se han convertido en algo tan habitual como el torbellino carnavalesco que rodea al acto, con manifestaciones centradas en cuestiones como la guerra en Gaza o el cambio climático. En 2024, la gala suscitó las críticas de los legisladores por nombrar a TikTok como patrocinador, en un momento en que el gigante de las redes sociales se enfrentaba a una posible prohibición en Estados Unidos, en medio de acusaciones sobre sus enredos políticos con China.
Sin embargo, los manifestantes progresistas parecen haber encontrado en Bezos al objetivo perfecto: una figura emblemática cuyo giro político hacia la derecha, su fortuna de 250.000 millones de dólares y sus iniciativas antisindicales le han convertido en objeto de desprecio por parte de la izquierda.
“Obviamente, es uno de los grandes avatares de la acumulación infinita y rapaz de riqueza y de la explotación de los trabajadores a expensas del resto de nosotros”, dijo Micah Uetricht, director de Jacobin, una revista socialista.
“Así que hay que felicitarlos”, dijo de los organizadores de la Gala del Met. “Si buscaban hacer la peor elección posible, parece que lo han conseguido”.
La forma deshinibida en la que los Bezos han abrazado la vida de lujo, incluida una boda de 50 millones de dólares el verano pasado en Venecia, con un yate de 500 millones de dólares flotando cerca, tampoco ha ayudado a su imagen en algunos círculos.
“No se trata de una situación de riqueza discreta”, dijo Jon Reinish, un veterano estratega político demócrata. “Se trata de los ricos ruidosos. Y en un momento populista, eso crea tensión”.
Tanto el Met como los representantes de Bezos declinaron hacer comentarios.
Al mismo tiempo, la gala se enfrenta a otras incertidumbres, como la transición de funciones profesionales de Anna Wintour, editora histórica de Vogue, que ejerce un conocido y férreo control sobre el evento, desde la asignación de los asientos hasta los canapés.
El año pasado, Wintour, de 76 años, se apartóde su cargo de editora jefa de la edición de Vogue para Estados Unidos y nombró como sucesora a Chloe Malle. Wintour sigue ocupando un alto cargo en Condé Nast, la empresa matriz de Vogue, como directora de contenidos y directora editorial global de Vogue.
Como la editora de revista más famosa del mundo, a Wintour se le atribuye el mérito de haber transformado la gala, que pasó de ser una reunión de club social neoyorquina a un fenómeno mundial, atrayendo a una lista VIP de estrellas y generando una saludable fuente de ingresos para Condé Nast, dijo Amy Odell, periodista de moda quien escribió una biografía de Wintour, Anna: the Biography. De hecho, la gala, que se retransmite en exclusiva por Vogue, aporta a la empresa de medios de comunicación tantos dólares de publicidad, dijo Odell, que “no pueden no realizarla”.
El Instituto del Traje del Met depende económicamente de la gala. El lunes, Max Hollein, director y jefe ejecutivo del Met, anunció que la gala de este año había recaudado la cifra récord de 42 millones de dólares, superando la marca de 31 millones del año pasado y empequeñeciendo actos benéficos similares de otras instituciones.
El lugar que ocupa la gala en el calendario social neoyorquino y mundial –tradicionalmente el primer lunes de mayo– tampoco tiene parangón, con un inmenso poder para cimentar la importancia de las estrellas emergentes, tanto en la moda como en el mundo de los famosos. Wintour también ha argumentado que la gala –al atraer, por ejemplo, a invitados que se alojan en hoteles y contratar a múltiples proveedores entre bastidores– es, en última instancia, una inyección para la economía de la ciudad.
Mallis se hizo eco de ello. “Al fin y al cabo, es una enorme recaudación de fondos”, dijo Mallis, y añadió: “Y eso es algo muy positivo”.
La eventual salida de escena de Wintour, combinada con la noticia de la semana pasada de que la gala podría haber recaudado pronto suficiente dinero para que el Instituto del Traje no dependa de ella para su financiación anual, también ha suscitado dudas sobre el futuro del evento.
Las instituciones culturales llevan mucho tiempo cortejando a benefactores adinerados, incluso cuando han “aprovechado las manifestaciones públicas de filantropía para impulsar su imagen y su prestigio social”, dijo Rachel Feinberg, consultora que ha trabajado en galas en la ciudad de Nueva York.
Pero, añadió, esa dinámica se ha vuelto aún más difícil cuando “la mayoría de las donaciones individuales proceden de un grupo cada vez más reducido de personas extremadamente ricas”.
En los últimos años, los Bezos se han mostrado cada vez más activos en el mundo de la moda, incluso ocupando asientos de primera fila en los desfiles de moda y donando decenas de millones de dólares en subvenciones y becas dedicadas a tejidos sostenibles y otras iniciativas.
En el pasado, el Met se ha enfrentado a críticas por sus donantes, entre ellos integrantes de la familia Koch –patrocinadores políticos conservadores que también hacen grandes donaciones a instituciones culturales– y los Sackler, cuya empresa, Purdue Pharma, ya disuelta, fabricó el analgésico OxyContin, culpable de la crisis de los opiáceos. (El apellido Sackler se retiró de varias galerías del Met en 2021; a pesar de las protestas, la plaza situada frente al Met sigue llevando el nombre de David H. Koch, quien financió su rediseño y falleció en 2019).
La contraposición entre la opulencia que se muestra en la pantalla dividida de la gala y las dificultades económicas que atraviesan muchos habitantes de la ciudad de Nueva York, donde se calcula que 1 de cada 4 residentes vive en la pobreza, es evidente desde hace tiempo. Y aunque Bezos parece emblemático de quienes viven en la cima del espectro, incluso sus críticos dicen que el problema es mayor que este único multimillonario.
“Es fácil hacer de él un villano, cuando en realidad el villano es el sistema”, dijo Molly Gaebe, cofundadora de la Gala Anual de la Deuda, una recaudación de fondos de cuatro años de antigüedad, inspirada en la Gala del Met, para ayudar a aliviar las deudas médicas. “Estamos a favor de construir un sistema en el que los trabajadores puedan realmente permitirse vivir en las ciudades que hacen funcionar”.
Del mismo modo, el alcalde Mamdani ha hecho campaña activamente a favor de subir los impuestos a los ricos, una política que, según las encuestas, parece apoyar la mayoría de los neoyorquinos. La temprana y exitosa adopción de la causa de la asequibilidad por parte del alcalde contribuyó a que se convirtiera en un tema potente para los demócratas, que esperan que ayude a impulsar victorias en las elecciones intermedias de este otoño.
Los detractores de la participación de Bezos en la gala mencionan una larga lista de preocupaciones, como los importantes despidos y decisiones editoriales en The Washington Post, del que es propietario; las donaciones de Amazon al fondo de investidura del presidente; y el respaldo de Amazon a un documental de 40 millones de dólares sobre la primera dama, Melania Trump.
“La Gala del Met está brindando a Bezos exactamente el tipo de blanqueo de reputación y combustible para cohetes culturales que necesita para seguir destruyendo Estados Unidos”, dijo Cynthia Nixon, la actriz de La edad dorada y activista progresista que se presentó como candidata a gobernadora de Nueva York en 2018. “Me quito el sombrero ante el alcalde por no asistir”.
Mamdani no es el único alcalde que tiene dudas sobre el acto. El exalcalde Bill de Blasio, demócrata que gobernó la ciudad durante dos mandatos, evitó durante mucho tiempo la gala antes de asistir en 2021 como muestra de solidaridad, dijo, con una ciudad y una institución que se recuperaban de la pandemia de coronavirus.
En una entrevista, De Blasio dijo que la gala siempre había sido “un evento elitista”, señalando que “la sensación de que las élites viven una vida tan alejada del resto de nosotros, la sensación de que el sistema está amañado”, no se limita a los liberales como él. “Hay muchos partidarios de MAGA que podrían ver con incomodidad algo como la Gala del Met”, dijo.
Y a pesar de todo ello, el espectáculo continuará y es probable que atraiga la atención de todo tipo de comentaristas, en la alfombra roja y en internet. De hecho, Michael Gross, periodista y escritor que lleva mucho tiempo como cronista de las costumbres de los ricos, dijo que aunque los Bezos atrajeran a los manifestantes, probablemente la gala seguiría triunfando.
“Todos los ojos del mundo estarán puestos en ella”, dijo Gross. “Incluso los que la critican no pueden evitar sentirse fascinados”.
Vanessa Friedman colaboró con reportería.
Jesse McKinley es un reportero del Times que cubre política, cultura pop, estilos de vida y la intersección de las tres cosas.
Alisha Haridasani Gupta es reportera del Times y cubre estilo y cultura pop.
Vanessa Friedman colaboró con reportería.








