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Mientras trabajaba para el Departamento de Estado, entregó información ultrasecreta a sus contactos cubanos durante 30 años. Fue condenado a cadena perpetua.
Kendall Myers, quien tuvo una doble vida como empleado del Departamento de Estado y espía para Cuba -conocido como el Agente 202- y pasaba información sensible a sus superiores durante viajes al extranjero, a través de mensajes de radio de onda corta y en entregas de paquetes en los carritos de compra de los supermercados, murió el 12 de marzo en Springfield, Misuri. Tenía 88 años.
La causa de su muerte, en un centro médico penitenciario, fue cáncer, según dijo Amanda Myers Klein, su hija.
En el momento de su muerte, de la que no se informó ampliamente, Myers cumplía cadena perpetua por su condena por conspiración para cometer espionaje y dos cargos de fraude electrónico. Su esposa, Gwendolyn (Steingraber) Myers, su compañera en actividades clandestinas quien falleció en 2015, fue condenada a 81 meses -cerca de siete años- por conspirar para recopilar y transmitir información de defensa nacional. Se le conocía tanto como Agente 123 como E-634.
“No actuamos por ira hacia Estados Unidos ni por ningún pensamiento antiestadounidense”, dijo Myers, cuando suplicó clemencia para su esposa durante la audiencia de su sentencia en un tribunal federal de Washington en noviembre de 2009. “No pretendíamos hacer daño a ningún estadounidense en particular. Nuestro objetivo era ayudar al pueblo cubano a defender su revolución”.
También confiscaron 1,7 millones de dólares en activos, la suma del salario federal que Myers había ganado durante décadas.
En un recorrido de 30 años que coincidió con el ascenso de Myers en el Departamento de Estado a cargos que le dieron un acceso cada vez mayor a información confidencial de seguridad nacional, la pareja ayudó a Cuba en medio de las tensiones de la Guerra Fría entre Estados Unidos y el gobierno comunista de Fidel Castro.
James Olson, exjefe de contrainteligencia de la CIA, quien conoció el caso de los Myers pero no estuvo involucrado en la investigación, dijo que el daño causado por Myers a los intereses de Estados Unidos mientras estuvo en la Oficina de Inteligencia e Investigación del Departamento de Estado habría sido “devastador” debido a su acceso de alto secreto –información confidencial compartimentada– a informes, cables y otros tipos de inteligencia.
“Habría estado en condiciones de darles información en caliente sobre lo que ocurría en la comunidad de inteligencia del Departamento de Estado”, dijo Olson en una entrevista.
Myers copió, memorizó o robó archivos del Departamento de Estado y su esposa, empleada de un banco, los preparó para entregarlos a sus contactos. Se reunieron con agentes cubanos en Cuba, México, Argentina, Brasil, Ecuador y Trinidad y Tobago. En 1995, viajaron a Cuba con nombres falsos y se reunieron con Castro durante cuatro horas en la casa donde se alojaban.
“Fidel es simplemente maravilloso, simplemente maravilloso”, le dijo Myers en 2009 a un agente encubierto del FBI que participó en poner fin a las actividades clandestinas de la pareja. Myers calificó a Castro como un “increíble estadista”.
Según un relato del Times en 2009, aparentemente estaban motivados por la simpatía política hacia Cuba, no por el dinero. Se les reembolsó una radio de onda corta y otros equipos, pero por lo demás no recibieron remuneración.
“Sostengo que los espías ideológicos son los más difíciles de atrapar”, dijo Olson, “porque no hay gastos llamativos”.
En 1978, cuando Myers viajó por primera vez a Cuba –por invitación de un funcionario del gobierno cubano que había conocido a través del Departamento de Estado– visitó el Museo de la Revolución en La Habana.
“¡Cuba es tan emocionante!”, escribió en un diario que el FBI encontró en el apartamento de la pareja en Washington. “Enfrentarme paso a paso a las históricas intervenciones de Estados Unidos en los asuntos cubanos, incluyendo el asesinato sistemático y regular de líderes revolucionarios me dejó con un nudo en la garganta”.
Y agregó: “La revolución es moral sin ser moralista. Fidel ha sacado al pueblo cubano de las condiciones degradantes y opresivas que caracterizaban a la Cuba prerrevolucionaria. Ha ayudado a los cubanos a salvar sus propias almas”.
Seis meses después del viaje, mientras Myers vivió brevemente en Dakota del Sur con Steingraber antes de su matrimonio, un agente del Servicio de Inteligencia cubano lo reclutó como espía.
La calidad –y la sensibilidad– de la información que él y su esposa proporcionaron a los cubanos mejoró a medida que ascendía en el Departamento de Estado. A partir de finales de la década de 1970, fue instructor en el Instituto del Servicio Exterior, la rama de formación de la agencia en Arlington, Virginia, y más tarde ocupó puestos en la oficina de inteligencia, llegando a ser analista principal de inteligencia de los países europeos de 2001 a 2007.
Su plan se desveló en 2009, cuando un agente encubierto del FBI se puso en contacto con él haciéndose pasar por un agente de la inteligencia cubana. Myers se había jubilado del Departamento de Estado dos años antes y, aunque él y su esposa seguían en contacto con la inteligencia cubana, su espionaje había disminuido considerablemente.
Sin embargo, los documentos judiciales dicen que el FBI había identificado, en algún momento, “mensajes de alta frecuencia” enviados por la inteligencia cubana a un contacto de los Myers. No obstante, el acercamiento del agente del FBI no despertó las sospechas de la pareja.
Al preguntarle si alguna vez había proporcionado a la inteligencia cubana información clasificada más que secreta, Myers dijo: “Oh, sí”.
Tras varios encuentros con el agente encubierto, los Myers fueron detenidos a principios de junio de 2009 y rápidamente imputados en un tribunal federal de Washington.
“Siempre entendieron que algún día se les podría pedir cuentas por esa conducta y siempre han estado dispuestos a aceptar toda la responsabilidad”, dijo Bradford Berenson, el abogado de los Myers, en un comunicado después de que la pareja se declarara culpable.
Walter Kendall Myers Jr. nació el 15 de abril de 1937 en Washington. Su padre, Walter Sr., era médico, y su madre, Carol (Grosvenor) Myers, era ama de casa. También era bisnieto de Alexander Graham Bell, el inventor que recibió la primera patente estadounidense para el teléfono, y nieto de Gilbert H. Grosvenor, antiguo presidente de la National Geographic Society.
En 1958 interrumpió sus estudios de historia en la Universidad de Brown para iniciar una estancia de cuatro años en el ejército, primero en la escuela de idiomas de Monterey, California, y después como intérprete de checo en Alemania hasta 1962.
Se graduó en Brown en 1963 y obtuvo un máster en 1966 y un doctorado en 1972 en la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados.
Myers impartió clases de estudios sobre Europa Occidental en la Johns Hopkins de 1971 a 1977, periodo que coincidió con su trabajo como instructor en el Instituto del Servicio Exterior.
Después de dos años, él y Steingraber se trasladaron a Dakota del Sur durante un año, donde promovieron la energía solar y cultivaron marihuana en su sótano. Se casaron en 1982.
Además de su hija, a Myers le sobrevive un hijo, Michael, ambos de su primer matrimonio con Maureen Walsh, que acabó en divorcio; tres hijastros, Jill Liebler y Bob y Brad Trebilcock; una hermana, Elsie Martin; tres hermanos, Gardiner, Martin y Aleck; y cuatro nietos.
Myers, cuya familia dijo que siguió dando clases a tiempo parcial en Johns Hopkins hasta su detención, se jubiló del Departamento de Estado en octubre de 2007, con lo que prácticamente puso fin a su aventura en el espionaje. Pero cuando fue contactado por el agente encubierto del FBI en 2009, se alegró de restablecer sus lazos con Cuba.
“Los hemos extrañado mucho”, le dijo al agente. “Han sido una parte muy importante de nuestras vidas, y nos hemos sentido incompletos”.





