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La decisión del presidente de poner en marcha nuevos proyectos empresariales, en lugar de eliminar posibles conflictos de intereses, va en contra de una tradición muy arraigada.
La esposa del presidente Lyndon B. Johnson era dueña de una emisora de radio que generaba ganancias. George W. Bush formaba parte del consejo de administración de una empresa petrolera mientras su padre estaba en la Casa Blanca. Y Hunter Biden recibía pagos de una empresa ucraniana de gas natural cuando su padre era vicepresidente.
Pero nunca antes en la historia de Estados Unidos ha habido alguien como Donald Trump, un presidente que, en su primer año de vuelta en el cargo, ha ganado unos 1,4 millardos de dólares en nuevos ingresos procedentes de negocios de criptomonedas que se beneficiaron directamente de sus acciones como presidente, según muestra un informe de declaración patrimonial hecho público el martes.
En total, los ingresos de Trump en 2025 se dispararon hasta al menos 2,2 millardos de dólares, en comparación con un mínimo de 622 millones de dólares en 2024, antes de que volviera al cargo.
“No tiene precedentes”, dijo Megan Gorman, abogada fiscal y autora del reciente libro All the Presidents’ Money, que analiza la historia de la riqueza presidencial a lo largo de los últimos 250 años.
Gorman y otros historiadores dijeron que, en general, a lo largo de la historia, los presidentes estadounidenses han tomado medidas para intentar distanciarse de los enredos empresariales que pudieran generar conflictos.
“El cargo público, en todo caso, era una fuente de deuda, no de ingresos”, dijo Lindsay Chervinsky, historiadora y directora ejecutiva de la Biblioteca Presidencial George Washington en Mount Vernon.
Trump y su familia han hecho justo lo contrario: han creado nuevas empresas que obtienen ganancias gracias a las medidas que Trump ha tomado desde que volvió a la Casa Blanca.
Entre ellas está el indulto que Trump concedió en octubre a Changpeng Zhao, el hombre más rico del mundo de las criptomonedas, fundador de la empresa Binance, que ha sido un socio comercial clave para la iniciativa de criptomonedas de la familia Trump. También se incluye la ley que Trump firmó el pasado mes de julio para promover un tipo de criptomoneda llamada criptomoneda estable, cuatro meses después de que la empresa respaldada por su familia lanzara su propia criptomoneda de este tipo.
En muchos sentidos, dijo Gorman, sus actos son “una traición al contrato social estadounidense: que quienes dirijan el país antepongan el bien del país al propio –una premisa que se remonta a George Washington”.
La Casa Blanca y la familia Trump han desestimado repetidamente cualquier pregunta sobre las ganancias económicas del presidente mientras ocupa el cargo, con el argumento de que los dos hijos mayores de Trump, Eric Trump y Donald Trump Jr., son quienes dirigen las operaciones empresariales de la familia y que, por lo tanto, no hay conflictos de intereses.
“El presidente Trump solo actúa en beneficio del pueblo estadounidense”, dijo Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, a finales de mayo cuando le preguntaron por las compras de acciones con fines de ganancia realizadas en nombre de Trump en empresas como Dell Technologies desde que volvió al cargo. “Por eso lo eligieron por abrumadora mayoría para este cargo, a pesar de los años de mentiras y acusaciones falsas contra él y sus negocios por parte de los medios de comunicación que difunden noticias falsas”.
La mayor parte de los nuevos ingresos de Trump proviene del sector de las criptomonedas, al que la familia se lanzó con fuerza a finales de 2024, justo cuando Trump estaba a punto de ser electo para un segundo mandato.
Trump fue cofundador de la empresa de criptomonedas de su familia, World Liberty Financial. Ese negocio ya le ha generado 799 millones de dólares al presidente, según muestra la declaración financiera hecha pública el martes, y una parte significativa de esa cantidad proviene de un pago del gobierno de los Emiratos Árabes Unidos, que compró una participación en la empresa.
Tres días antes de que Trump tomara posesión, ayudó por su cuenta a lanzar una “memecoin”, la $TRUMP, una especie de versión coleccionable de un token. Ese negocio le ha reportado otros 636 millones de dólares a Trump, según muestra la declaración, lo que equivale a algo más que la cantidad total de dinero que Trump ganó con todas sus demás operaciones empresariales en todo el mundo en 2024.
Su negocio de memecoins se benefició directamente de un comunicado de febrero de 2025 de la Comisión de Bolsa y Valores en el que se notificaba al sector que dichos tokens ya no estarían sujetos a la supervisión de la agencia, con lo que se revirtió la postura adoptada por el presidente de la agencia durante el gobierno de Joe Biden.
Los acuerdos inmobiliarios con un promotor con sede en Arabia Saudita, incluido uno en el que participa el gobierno saudí, también han aportado decenas de millones de dólares en nuevos ingresos a Trump y a sus hijos, al igual que los acuerdos inmobiliarios en otras partes del mundo, como Vietnam y Rumanía.
Esto no incluye las iniciativas empresariales de los hijos de Trump, como las recientes inversiones en contratistas militares, en empresas de mercados de predicciones o en empresas que buscan millardos de dólares en ayudas federales para construir minas que suministren minerales críticos; todas ellas pueden generar nuevas ganancias para la familia Trump, pero no para Trump directamente.
Cuando Trump llegó a Washington para su primer mandato en 2017, él y su familia acordaron no cerrar ningún nuevo acuerdo de negocios internacional, conscientes de que eso podría dejarles expuestos a acusaciones de que se estaban beneficiando de la presencia de Trump en la Casa Blanca. Aun así, surgieron dudas sobre posibles conflictos de intereses, debido a las visitas de gobiernos extranjeros y a los gastos de los grupos de cabildeo en los hoteles de Trump y otros establecimientos de su familia.
Tras su reelección, la familia Trump no han mostrado empacho por su agresiva búsqueda de ganancias.
“Durante el primer mandato hicimos todo lo imaginable para evitar cualquier apariencia de irregularidad y, sinceramente, nos criticaron de todas formas”, dijo Eric Trump a finales de 2024, poco antes de las elecciones, y alegó que la presidencia le había costado a su padre “una auténtica fortuna”.
Eric Trump añadió: “No podemos quedarnos al margen para siempre, y yo no lo haré”.Los hijos de Trump sí se encargan de las operaciones empresariales y, legalmente, controlan los fideicomisos que se crearon tras la primera vez que Trump fue elegido presidente y que recaudan los ingresos de esas operaciones. Pero el presidente es el beneficiario de esos fideicomisos, así que sigue obteniendo ganancias de los negocios.
Por el contrario, la mayoría de los expresidentes de la era moderna han vendido las empresas de las que eran propietarios o en las que tenían participaciones, así como sus carteras de acciones personales. George W. Bush, por ejemplo, vendió su participación en el equipo de béisbol de los Texas Rangers antes de ser electo, mientras que Jimmy Carter cedió la gestión de su granja de cacahuetes a un fideicomisario independiente.
Los historiadores especializados en la presidencia dijeron que no han podido identificar a ningún otro presidente en la historia de Estados Unidos que se haya embarcado en nuevas iniciativas empresariales justo antes de mudarse a la Casa Blanca y que, además, haya seguido obteniendo ganancias personales de ellas durante su mandato.
En cambio, citaron ejemplos de esfuerzos para evitar posibles conflictos.
El presidente Warren G. Harding siguió siendo propietario de un periódico de Ohio mientras ocupó el cargo, pero este llevaba casi cuatro décadas en manos de su familia y, tras los cuestionamientos que surgieron sobre esa inversión, accedió a vender el periódico poco antes de su muerte en 1923.
Tras el asesinato del presidente John F. Kennedy y la llegada de Johnson a la Casa Blanca, su esposa, Lady Bird Johnson, transfirió sus emisoras de radio y televisión a un fideicomiso controlado por un abogado externo y un directivo de las emisoras, dijo Mark Updegrove, director ejecutivo de la Fundación LBJ e historiador especializado en presidentes.
“Los presidentes se han esforzado mucho por demostrar que no tienen ninguna relación con nada que pueda comprometer de alguna manera su toma de decisiones o aprovecharse de su ventaja pública”, dijo Jeffrey Engel, director del Centro de Historia Presidencial en la Universidad Metodista del Sur. “La Casa Blanca de Trump parece ir en la dirección opuesta: que si se hace tantas veces, la gente no pensará que haya nada raro en ello”.
Incluso cuando los hijos o hermanos de los presidentes han llevado a cabo negocios –de una escala relativamente menor en comparación con los que le han reportado directamente dinero a Trump en el último año–, estos episodios han generado una intensa atención mediática y una reacción negativa por parte del público.
Algunos ejemplos son Billy Beer, la marca que promocionaba el hermano de Carter, y James Roosevelt, el hijo de Franklin D. Roosevelt, que era copropietario de una aseguradora que vendía pólizas a empresas estadounidenses y organismos gubernamentales, aun cuando trabajaba como asesor de su padre.
Después de que The Saturday Evening Post y The New York Times publicaran artículos destacados sobre el negocio de seguros de James Roosevelt, el caso pasó a conocerse como el escándalo “Jimmy’s Got It”, y obligó al hijo del presidente a dejar su cargo en el gobierno.
Los historiadores dijeron que lo que está pasando con Trump y las acciones de su familia parece estar desconectado de este legado de sensibilidad ante este tipo de apariencias.
Un ejemplo claro: Jared Kushner es asesor de política exterior para Medio Oriente de Trump, su suegro, mientras que su empresa de capital riesgo ha recaudado millardos de dólares de fondos soberanos de esa región.
“Es la descarada franqueza de lo que están haciendo, casi con orgullo: sacar provecho económico del cargo”, dijo Updegrove. “Eso es lo que lo hace radicalmente diferente”.
Andrea Fuller y Ben Protess colaboraron con reportería.
Eric Lipton es un periodista de investigación que profundiza en una amplia gama de temas, desde el gasto del Pentágono hasta los productos químicos tóxicos.
Andrea Fuller y Ben Protess colaboraron con reportería.








