El planeta engullido a 1300 años luz de distancia pudo haber sido lanzado hacia la estrella por su vecina, una enana marrón que los científicos creen que también será devorada.
Una estrella a unos 1300 años luz de la Tierra muestra indicios de haber devorado uno de sus planetas, y ahora se está preparando para repetir el plato, según dos nuevos estudios.
Para muchos planetas, su destino cósmico es acabar un día tragados por sus propias estrellas, para luego fundirse lentamente en los elementos que los componen. Este proceso, conocido como engullimiento planetario, está destinado a suceder en nuestro propio sistema solar. Cuando el Sol se expanda hasta convertirse en una gigante roja dentro de varios millardos de años, envolverá a Mercurio, Venus y quizás incluso a la Tierra.
Por ahora, los astrónomos pueden ver ejemplos de engullimiento planetario en otros lugares porque deja rastros de elementos que quedan impresos en la luz de la estrella, como migajas cósmicas de galleta.
Eso es lo que vieron en el caso de la estrella hambrienta, a la que los investigadores llamaron TOI-5882: brilla con los restos semidigeridos de lo que probablemente fue un planeta. Y ese planeta podría haber sido lanzado hacia su destino por su vecina, un colosal objeto celeste llamado enana marrón que orbita muy cerca de la misma estrella, según un estudio publicado en The Astrophysical Journal.
Con una masa 22 veces mayor que la de Júpiter, la enana marrón podría alterar con facilidad las órbitas de los planetas vecinos. Pero recibirá su merecido cuando, inevitablemente, también sea devorada por su estrella, quizá antes de lo que se esperaba, según otro estudio publicado la semana pasada en The Astrophysical Journal Letters.
Los eventos de absorción pueden decirnos algo sobre la estrella y también sobre el exoplaneta, dijo Claudia Aguilera-Gómez, profesora del Instituto de Astrofísica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y autora del primer estudio. “Conecta estas dos partes de la astronomía que suelen estar separadas la mayor parte del tiempo”.
TOI-5882, que tiene una masa un 30 por ciento mayor que la del Sol, llamó la atención de los astrónomos el año pasado, en parte por la enana marrón que orbita a su alrededor. Este enorme objeto, conocido como TOI-5882-b, está muy cerca de la estrella y da una vuelta a la semana, a una distancia tan cercana que garantiza que acabará devorado en el futuro.
Pero cuando los astrónomos observaron el sistema más de cerca, descubrieron que la luz de la estrella TOI-5882 revelaba cantidades inusualmente altas de litio, un elemento mucho más abundante en los planetas que en las estrellas. ¿Un planeta ya había sucumbido?
Los científicos han detectado rastros de litio y otros componentes planetarios en muchas estrellas, lo que da pistas sobre que podrían haber devorado planetas en el pasado. Aunque es difícil demostrar de forma concluyente que estas huellas químicas procedan de planetas, TOI-5882 se encuentra en un “momento ideal” de su evolución que hace que otras explicaciones sean poco probables, según Melinda Soares-Furtado, profesora adjunta de astronomía y física en la Universidad de Wisconsin-Madison y autora de ambos estudios. Señaló que tanto las estrellas jóvenes como las muy viejas pueden estar enriquecidas de forma natural con litio, pero TOI-5882 no es ni recién nacida ni una estrella muy antigua, lo que pone en duda esta posibilidad.
Así que probablemente TOI-5882 se tragó uno de sus planetas. Sin embargo, quedaba otro misterio por resolver. La estrella aún no es una gigante roja, así que no se está expandiendo, y es poco probable que haya engullido un planeta de esa forma.
La presencia de la enana marrón ofrece una explicación alternativa, dijo Brooke Kotten, una estudiante de posgrado en astronomía de la Universidad de Míchigan que dirigió el primer estudio: con su masa, la influencia gravitatoria de TOI-5882-b podría haber lanzado un planeta desde su órbita hacia una trayectoria de colisión con la estrella, condenándolo a una muerte infernal.
Este agente del caos, TOI-5882-b, junto con la huella de litio, sugiere que el planeta condenado –que podría haber sido una “super-Tierra” rocosa o un mundo con la masa de Neptuno– probablemente fue lanzado contra su estrella en algún momento durante los últimos mil millones de años. Su absorción por la estrella habría sido rápida, probablemente de unos días o semanas, aunque los rastros elementales de su muerte abrasadora podrían perdurar durante millardos de años.
“Los eventos de absorción ocurren muy rápido, por eso no los vemos en tiempo real”, dijo Kotten, que empezó este trabajo cuando era estudiante en la Universidad de Wisconsin-Madison.
Si el mundo perdido fue el aperitivo, la enana marrón, TOI-5882-b, es el plato principal.
Aunque las predicciones anteriores sugerían que la enana marrón podría ser engullida en unos 110 millones de años, la estrella podría acabar recibiendo un servicio más rápido, según el segundo estudio.
Un equipo de investigadores liderado por Ritvik Narayan, un estudiante de posgrado de astrofísica en el MIT, realizó modelos de la dinámica de las fuerzas de marea entre los planetas y el interior de las estrellas. Esta técnica reveló que es probable que la enana marrón entre en espiral hacia la estrella entre dos y seis veces más rápido de lo que se había estimado en un inicio.
“Quizá en los próximos 25 a 30 millones de años, se encuentre en una posición en la que pueda empezar a ser engullida”, dijo Narayan.
Los investigadores tienen pensado seguir buscando otros indicios de que TOI-5882 se está “comiendo” planetas. “Para mí, es como ser detective”, dijo Kotten. “Simplemente seguimos reuniendo pistas”.
Decenas de personas despidieron a al-Wahidi en su funeral en la mezquita de al-Omari, en Gaza.
El asesinato de Mohammed al-Wahidi, un trabajador palestino de una organización de ayuda, en un ataque aéreo israelí el martes, ha provocado una oleada de dolor en toda la Franja de Gaza, donde para muchos era una de las figuras del sector humanitario más reconocidas.
A las pocas horas de su muerte, las redes sociales se inundaron de fotografías y vídeos que documentaban su trabajo, junto con cientos de mensajes de condolencia de personas que decían haberlo conocido durante repartos de ayuda o mientras vivían en campamentos de desplazados.
Un misil israelí impactó contra el taxi en el que viajaba al-Wahidi por el barrio de Sabra. Murió junto con otras tres personas, entre ellas dos hermanos de ocho y diez años que pasaban por allí y otro hombre.
El ejército israelí afirmó haber atacado a un miembro de Hamás y estar al tanto de las denuncias de que personas ajenas al ataque habían muerto en el mismo.
Al-Wahidi, de 65 años, era profesor de inglés antes de la guerra, pero se convirtió en un alto funcionario del Comité Egipcio de Ayuda en Gaza, una organización respaldada por Egipto que ha desempeñado un papel destacado en las labores de ayuda humanitaria en el territorio palestino durante la guerra entre Israel y Hamás.
Durante más de dos años y medio ayudó a coordinar la asistencia alimentaria de emergencia, supervisó el establecimiento de campamentos para familias desplazadas y trabajó para hacer llegar ayuda a las comunidades afectadas por repetidas oleadas de desplazamientos.
Muchos habitantes de Gaza dicen que se convirtió en un rostro familiar en los refugios de todo el territorio porque prefería permanecer sobre el terreno en lugar de dirigir las operaciones desde una oficina.
Los voluntarios que trabajaron junto a él describen a un hombre que con frecuencia estaba presente en los puntos de distribución de ayuda, hablando directamente con las familias desplazadas y respondiendo a sus necesidades inmediatas.
En las últimas semanas, al-Wahidi se volvió una figura conocida para muchos tras ayudar a organizar proyecciones públicas de partidos del Mundial en la ciudad de Gaza, Deir al-Balah y la zona de al-Mawasi, en el sur de la Franja.
La iniciativa tenía como objetivo ofrecer a las familias, en particular a los niños, un breve respiro de la cruda realidad de la guerra.
Los partidos de Egipto atrajeron a grandes multitudes, lo que refleja la popularidad que el equipo egipcio goza desde hace mucho tiempo entre muchos palestinos de Gaza, quienes comparten desde hace tiempo lazos culturales, emocionales y políticos con sus vecinos.
Vídeos de niños y familias reunidos alrededor de pantallas gigantes entre edificios destruidos se difundieron ampliamente en internet, ofreciendo escenas inusuales de celebración en medio del conflicto.
Al-Wahidi cayó muerto apenas unas horas antes de la proyección del partido de octavos de final de Egipto contra Argentina, lo que profundizó la sensación de pérdida entre muchos palestinos.
El riesgo para los trabajadores humanitarios
“No era simplemente un trabajador de un comité humanitario”, escribió el activista Mohammed Hmeid, quien documentó la labor de al-Wahidi. “Era una puerta a la esperanza que se abría cada día para las personas desplazadas y para quienes lo habían perdido todo”.
“Todos los que lo conocieron hablan de su amabilidad, integridad y generosidad”, añadió.
“En Gaza, ni siquiera quienes dedican su vida a ayudar a los demás se libran de las consecuencias. Pero las buenas acciones no se pueden matar. Perduran en el corazón de la gente”, dijo Hmeid.
La muerte de Al-Wahidi se produce en un momento en que los trabajadores humanitarios en Gaza siguen enfrentándose a grandes riesgos .
A finales de abril, la ONU había registrado la muerte de al menos 593 de ellos desde que comenzó la guerra, incluidos ocho desde que Israel y Hamás acordaron un alto el fuego hace 10 meses.
El ejército israelí lanzó una campaña en Gaza en respuesta al ataque sin precedentes liderado por Hamás contra el sur de Israel el 7 de octubre de 2023, en el que murieron alrededor de 1.200 personas y 251 fueron tomadas como rehenes.
Según el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, cuyas cifras son consideradas fiables por la ONU, al menos 73.118 personas han muerto en ataques israelíes en Gaza desde entonces.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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Kim Jong-un presume de la mejora de la situación en Corea del Norte.
Corea del Norte vive hace décadas lo que expertos internacionales llaman una crisis de subsistencia.
Según las cifras de Naciones Unidas, unos 11 millones de personas, un 45% de la población, está malnutrida en un país donde se reportan masivas violaciones de los derechos humanos.
Años de control estatal de la economía, aislamiento del exterior y abandono de los servicios públicos en beneficio de un opresivo aparato de seguridad han llevado a lo que el Alto Comisionado de la ONU Volker Türk ha descrito como una “crisis de derechos humanos”.
Kim jong-un, el tercero de la familia Kim que ha regido esta república comunista desde su fundación tras la Segunda Guerra Mundial, ha consolidado su poder en uno de los estados más cerrados y aislados del mundo.
En la pandemia de covid de 2020, las cosas se pusieron aún más difíciles.
El golpe económico que el coronavirus supuso para todo el mundo fue especialmente doloroso para una economía atrasada y poco conectada con el exterior.
En medio de denuncias de falta de alimentos y la presión de las sanciones internacionales contra su régimen, el líder al que la propaganda presenta como infalible aparecía compungido por televisión para pedir disculpas a sus compatriotas.
“Lo siento de veras”, dijo: “Mis esfuerzos y sinceridad no han sido suficientes para librar a nuestro pueblo de las dificultades”.
Pero las cosas parecen haber cambiado algo desde entonces.
La pandemia quedó atrás, la presión de las sanciones internacionales se relajó, Pyongyang siguió desarrollando su armamento nuclear y se alió con la Rusia de Putin y, por primera vez en décadas, la economía mostró síntomas positivos.
Así, el mensaje que Kim lanzó el pasado marzo al país desde su Asamblea legislativa tuvo un tono muy distinto.
Kim se jactó de que Corea del Norte ha experimentado “una transformación milagrosa” y proclamó: “El nuestro ya no es un país susceptible a las amenazas de otros”.
¿Cuánto ha mejorado realmente la situación económica de Corea del Norte?
La situación en Corea del Norte
Es difícil saber lo que pasa en Corea del Norte.
El régimen persigue ferozmente toda filtración de información del exterior y los medios de comunicación tienen que tratar de entender lo que pasa en el país a través de los testimonios de los norcoreanos que logran desertar, los informes de inteligencia extranjeros, especialmente los de Corea del Sur, y lo que cuentan los pocos occidentales a los que se ha permitido visitar el país, siempre bajo estricta vigilancia de sus autoridades.
Sin embargo, esas fuentes indican una reciente mejora de una economía estancada durante décadas.
De acuerdo con las estimaciones del Banco Central de Corea del Sur, el Producto Interno Bruto de Corea del Norte creció un 3,7% en 2024, su mayor expansión en ocho años, y los expertos creen que la economía norcoreana se encuentra en su mejor momento desde que Kim Jong-un heredó el poder.
Stephen Haggard, investigador especializado en la economía norcoreana de la Universidad de California, San Diego, en Estados Unidos, le dijo a BBC Mundo que “el régimen es más rico que nunca”.
Las exportaciones de armas a Rusia para su guerra en Ucrania, el comercio con China, un mayor control de los mercados informales, unidos al menor celo en la aplicación de las sanciones internacionales, han contribuido a llenar los cofres del régimen de Kim.
Aunque los analistas subrayan que duras condiciones de vida siguen marcando el día de la población lejos de la élite dirigente y de la capital, Pyongyang.
En ella sí se aprecian los signos de la mejoría.
Quienes la han visitado recientemente cuentan que ahora hay más calles iluminadas y en los edificios altos en los que antes no funcionaban los ascensores por falta de electricidad ahora lo hacen al menos unas horas al día.
El análisis de las imágenes por satélite que lleva a cabo el Grupo de Observación de la Tierra de la Escuela de Minas de Colorado, un equipo de investigación centrado en el estudio de la iluminación eléctrica desde el espacio, ha mostrado un aumento sostenido de la iluminación eléctrica de la ciudad de Pyongyang en los últimos años.
Los pocos occidentales que han podido entrar en Corea del Norte han confirmado cambios que indican mayores consumo y riqueza, como la proliferación de teléfonos celulares, autos eléctricos importados y aplicaciones de comida a domicilio o transporte.
El agente de viajes australiano Rowan Beard contó al Wall Street Journal que en su última visita a Pyongyang después de algunos años sin ir se sorprendió cuando su intérprete pidió un taxi a través de una aplicación telefónica y este llegó en pocos minutos. “Todo esto era completamente nuevo. Me quedé alucinado”, dijo Beard.
Otro indicio de una recuperación de la economía, aunque sea limitada, es el hecho de que el régimen ha podido completar algunos de los proyectos de los que Kim Jong-un ha hecho bandera, como la construcción de grandes complejos turísticos como el de Wonsan Kalma, en la provincia costera de Kangwon.
Kim también ha anunciado iniciativas ambiciosas, como la que ha bautizado como 20×10, que promete la construcción de 20 fábricas por todo el país en diez años para promover el desarrollo lejos de Pyongyang.
La falta de información dificulta conocer las condiciones de vida en Corea del Norte.
El régimen también ha logrado consolidarse de facto como un estado nuclear.
Ni las sanciones ni la aproximación negociadora de Donald Trump en su primera presidencia han convencido a Kim de que desista de dotarse de armas nucleares, lo que parece considerar crucial para asegurar la supervivencia de su régimen frente a “amenazas” exteriores como Estados Unidos.
Pyongyang ha adquirido así una nueva generación de misiles y los analistas occidentales creen que trabaja en el desarrollo de submarinos de propulsión nuclear y misiles balísticos intercontinentales capaces de alcanzar el territorio continental estadounidense.
Los expertos señalan que el gasto en el aparato policial lastra el desarrollo socioeconómico en Corea del Norte.
La dura vida de los norcoreanos
Los norcoreanos están acostumbrados a las dificultades.
Entre 1994 y 1998 vivieron una gran crisis humanitaria conocida en el ámbito académico como la “Gran Hambruna; o la “Ardua Marcha”, para la propaganda estatal.
Aunque su gobierno nunca lo reconoció, se estima que cientos de miles de personas murieron por inanición y enfermedades relacionadas en una catástrofe provocada por la combinación de la pérdida del apoyo de la URSS, la mala gestión económica y desastres naturales.
Entonces y ahora los norcoreanos viven bajo lo que organismos internacionales y activistas describen como un estado policial que viola los derechos humanos.
Las denuncias de los desertores que logran escapar a Corea del Sur hablan de que las autoridades disparan a matar a quienes lo intentan e imponen severos castigos que pueden llegar hasta la muerte por cosas como escuchar K-pop o ver series surcoreanas.
Toda forma de disidencia o desobediencia puede ser castigada con la muerte por fusilamiento, como la sufrida por Jang Song-thaek, el propio tío de Kim jong-un a quien este ordenó ejecutar en 2013.
Kim Jong-un ha prometido impulsar el desarrollo lejos de la capital.
En la pandemia, el control se endureció y se extendió al mercado informal de importación de productos chinos, dejando a muchos norcoreanos sin la última forma de subsistencia que les quedaba.
“Lo más difícil del gobierno de Kim Jong-un es que no nos estaba permitido ganar dinero”, le dijo a The New York Times Kim Yu-mi, una norcoreana que logró escapar a Corea del Sur.
Jongkyu Lee, experto en Corea del Norte del Instituto para el Desarrollo de Corea, un centro de análisis en Seúl, le dijo a BBC Mundo que con el control de los mercados informales “las autoridades parecen perseguir una estrategia para poner todas las actividades comerciales bajo una mayor supervisión del Estado y dentro de un esquema económico que lo pone en el centro”.
“El problema es que un mayor control del Estado no se ha traducido en una mejora de las condiciones de vida”, añadió Jongkyu.
El papel de Rusia y China
El entendimiento con Rusia ha sido una de las claves de los brotes verdes recientes en la economía de Corea del Norte.
Cuando en febrero de 2022 el presidente Vladímir Putin lanzó la invasión rusa de Ucrania, Kim jong-un vio en la guerra una oportunidad.
Trump no ha vuelto a intentar negociar con Kim tras el fracaso de su intento en su primera presidencia.
Lejos del foco principal de Estados Unidos —Donald Trump no ha retomado en su segunda presidencia los intentos de negociación con Kim—, el líder norcoreano acudió en auxilio de Putin con la expectativa de recibir a cambio el suyo.
Según diversos informes de inteligencia occidentales, Corea del Norte ha enviado alrededor de 15.000 soldados a combatir con Rusia en Ucrania o trabajar en la industria rusa para suplir la escasez de recursos humanos resultado del esfuerzo bélico.
El acuerdo con Putin hizo que las fábricas norcoreanas salieran de su letargo y empezaran a producir munición y armas para Rusia.
Como muestra de su sintonía, Rusia y Corea del Norte firmaron en junio de 2024 un Tratado de Asociación Estratégica Integral que incluye una cláusula de defensa mutua.
La llegada de dinero, armas y tecnología rusa en los últimos años ha permitido a Kim fortalecer su poder militar y resucitar algunos sectores productivos abandonados durante décadas.
“La reciente expansión de la cooperación militar con Moscú ha dado un claro impulso a industrias como la minería, la industria pesada, la fabricación de maquinaria y la química, y el aumento de la demanda de municiones y materiales parece haber estimulado la producción en industrias controlada por el Estado, contribuyendo a una notoria recuperación en el sector formal de la economía”, indica Jongkyu.
Pero el analista surcoreano ve límites a lo que Putin puede hacer por Kim.
“Rusia podría aliviar algunas de las ataduras económicas inmediatas de Corea del Norte, pero su capacidad para sostener un desarrollo económico amplio es mucho más limitado que el de China”, señaló.
Putin y Kim firmaron en 2024 un Tratado de Asociación Estratégica Integral.
La reciente visita —la primera en siete años— del presidente chino, Xi Jinping, ha sido interpretada como otro ejemplo de recuperación del peso económico y geopolítico de la Corea del Norte de Kim y un intento de contrarrestar su acercamiento a Putin.
China apoyó en 2017 el endurecimiento de las sanciones impulsado por Estados Unidos en la ONU para frenar el desarrollo del arsenal nuclear de Pyongyang, pero Xi evitó esta vez pedir la “desnuclearización” de la península coreana, alejándose de la que ha sido durante años la posición oficial de Pekín y relajando la presión sobre Kim.
En realidad, la confianza en la efectividad de las sanciones empezó a disiparse tras el fracaso de la cumbre de Hanói de 2019 entre Trump y Kim.
“La visión de China empezó a cambiar con base en que las sanciones no parecían estar funcionando, una visión compartida por algunos en Estados Unidos”, le dijo Haggard a BBC Mundo.
Xi apostó en Pyongyang por llevar la relación bilateral “a otro nivel” y reforzar la cooperación económica.
“La trayectoria económica de Corea del Norte a largo plazo seguirá dependiendo probablemente de su relación con China”, concluye Jongkyu.
Hasta dónde puede llegar la economía de Corea del Norte
Expertos internacionales señalan que en los años de dificultades, Pyongyang ha desarrollado mecanismos para nutrir sus arcas que sigue utilizando, como exacciones de las remesas enviadas por los norcoreanos que trabajan en China y la acción de un ejército invisible de piratas informáticos que ha logrado hacerse con un ingente capital en criptodivisas.
Según un informe de Chainalysys, una empresa estadounidense que investiga el uso ilícito de criptomonedas en todo el mundo, el régimen de Pyongyang alcanzó la cifra récord de US$2.000 millones robados en 2025 en el ecosistema cripto, al que lleva años recurriendo para esquivar las sanciones y financiar sus programas armamentísticos.
Pero estos subterfugios no han servido para aliviar significativamente la situación humanitaria en el país.
A la espera de ver cuán beneficiosa es para Kim la renovada cooperación con China que parece anunciar la reciente visita de Xi Jinping, la pregunta es el verdadero alcance de la bonanza que predica ahora el discurso triunfalista del régimen.
Y, sobre todo, si se beneficiarán de ella sus compatriotas alejados de la capital Pyongyang y sus élites.
No debe olvidarse el punto de partida: el Producto Interno Bruto norcoreano alcanza apenas un 1% del de Estados Unidos.
Y la “transformación milagrosa” de la que presume Kim deberá superar no pocos obstáculos.
Haggard dice que “hay indicios de que el régimen está invirtiendo en desarrollo rural y vivienda. Pero las brechas entre Pyongyang y el resto del país sigue siendo muy grandes. Y en cualquier caso, queda la cuestión de si este boom no es en sí mismo frágil. ¿Cuenta el proyecto 20×10 con financiación suficiente? ¿De dónde va a salir la tecnología necesaria? Y además esta la cuestión más amplia de cuánto afectará el gasto militar y si causará efectos adversos a largo plazo”.
Jongkyu también es escéptico:
“La situación actual se parece más a un modelo de crecimiento provocado por la guerra que a un modelo sostenible de crecimiento. Aunque la demanda militar puede sostener la producción a corto plazo, su sostenibilidad a largo plazo sigue siendo dudosa”.
El analista hace además otra prevención clave: “Los beneficios aún no han sido compartidos por los ciudadanos de a pie”.
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“Francia es uno de los favoritos más claros para un Mundial que he visto en mi vida”.
El exdelantero del Arsenal Ian Wright no es el único que cree que los hombres de Didier Deschamps son el equipo a batir, ya que expertos, aficionados y casas de apuestas dan por hecho que Francia se alzará con el título.
¿Y quién podría culparlos?
Seis partidos jugados, seis ganados. 16 goles a favor, dos en contra. Y solo en dos partidos del torneo no marcaron tres o más goles.
Con Kylian Mbappé marcando goles a placer, y jugadores como Michael Olise, Ousmane Dembélé y Bradley Barcola formando un trío temible justo detrás, infundirían temor en todas las defensas del mundo.
Por no hablar de tener en reserva a actores de la calidad de Desire Doue y Rayan Cherki. Impresionante.
Con Francia confirmada como primera semifinalista tras derrotar a Marruecos por 2-0, los periodistas de BBC Sport dieron su opinión sobre si alguien puede vencer a los campeones de 2018 y subcampeones de 2022.
“Francia sí da oportunidades a los equipos”
Ian Dennis, reportero sénior de fútbol de BBC Radio 5 Live.
España es el equipo a batir y es mi favorito, incluso más que Francia. Me ha hecho cambiar de opinión después de ver a ambos equipos.
España tiene un mayor control, limita defensivamente a los rivales, a los que permite pocas ocasiones y aún no ha encajado ningún gol.
Vi todos los partidos de la fase de grupos en los que participó Francia, no tienen el mismo nivel de control que España y sí dan oportunidades a los equipos.
Senegal debería haber ido ganando al descanso, e incluso una Noruega mermada por las bajas generó momentos incómodos en la primera parte en Boston.
España debería estar al acecho en semifinales, lo que repetiría la semifinal de la Eurocopa 2024 que España ganó por 2-1.
“Los equipos creerán que Francia puede ser derrotada”
Phil McNulty, redactor jefe de fútbol de BBC Sport
Francia se ha mostrado como el equipo más impresionante del Mundial hasta el momento, con el despliegue de talento ofensivo liderado por Mbappé, Olise y Dembélé.
Sin embargo, son un rival al que se puede vencer y se enfrentarán a España, campeona de Europa y habitual en la competición, si la Roja supera a Bélgica en los cuartos de final.
Por muy buena que sea Francia, esto supondría una prueba de fuego para el equipo de Deschamps.
España acumula una impresionante racha de 35 partidos invicta en todas las competiciones y simplemente sabe cómo obtener resultados, como demostró con su gol de la victoria en el tiempo de descuento contra Portugal en octavos de final.
Y, si Francia logra vencer a España, podría enfrentarse en la final a Argentina o Inglaterra, actuales campeonas del mundo.
Francia es la favorita para ganar el Mundial, pero estos equipos sin duda creen que pueden derrotarla, y no olvidemos que este torneo ya ha demostrado que no hay resultados predecibles.
“España tiene todas las posibilidades”
Elizabeth Conway, periodista de BBC Sport
España tiene muchas posibilidades de vencer a Francia (siempre que gane a Bélgica en cuartos), aunque haya pasado algo desapercibida en este Mundial.
Esto se debe en gran parte a que su mayor estrella, Lamine Yamal, aún no ha alcanzado el nivel de otros atacantes destacados del torneo, ya que continúa su recuperación de una lesión.
Mientras que otros equipos han dependido de destellos de genialidad individual, España ha impresionado discretamente gracias a su sistema disciplinado y bien estructurado.
En su empate contra Cabo Verde y en las cuatro victorias posteriores, no han encajado ningún gol, gracias en gran parte a la impresionante pareja de centrales formada por el joven Pau Cubarsí y el veterano Aymeric Laporte.
El juego de España, basado en la amplitud del campo, crea espacios para Lamine Yamal y le permite generar ocasiones de gol, mientras que Rodri y Pedri dominan el centro del campo, controlando la posesión y marcando el ritmo del partido.
España también ha vencido a Francia en sus dos últimos encuentros. Si España aprovecha sus oportunidades de gol, puede derrotar a Francia.
“Los equipos más prometedores pueden quedarse cortos”
John Murray, comentarista principal de BBC Radio 5 Live.
Francia ha sido, con diferencia, el equipo más emocionante para los espectadores y ha desplegado el fútbol más atractivo.
Pero, a lo largo de los años, varios de esos equipos no han logrado el éxito en los Mundiales. El Brasil de 1982 es probablemente el mejor ejemplo, pero también se podría mencionar al explosivo equipo danés de 1986, a la Alemania de Jürgen Klinsmann en 2006 o a la selección brasileña que fue anfitriona en 2014.
Y si se enfrentaran a España en semifinales, sin duda podría imaginar un escenario en el que los vigentes campeones de Europa salieran victoriosos.
“El temor es que Francia tenga varias marchas más”
Neil Johnston, periodista de BBC Sport
Va a hacer falta algo realmente especial para impedir que este coloso de Les Bleus llegue a su tercera final consecutiva de la Copa del Mundo.
Francia ha superado una interrupción de dos horas por una tormenta en Filadelfia, la ausencia de Deschamps en un partido (regresó a casa para el funeral de su madre), las “artes oscuras” de Paraguay para alcanzar los cuartos de final y a la emergente selección marroquí para alcanzar las semifinales.
Ha sido un auténtico placer verlos jugar, sobre todo contra Suecia en dieciseisavos de final, donde consiguieron 25 remates. El temor de sus rivales es que aún tengan un par de marchas más que no hemos visto en este Mundial.
No se trata solo de Mbappé, Olise y Dembélé. Les Bleus aún no han estado por debajo en el marcador en todo el torneo.
Solo han encajado dos goles en cinco partidos: cuando ganaban a Senegal por 3-0 y cuando iban ganando 2-0 contra Noruega, con William Saliba del Arsenal y Dayot Upamecano, compañero de Olise en el Bayern de Múnich, liderando la defensa.
¿Quién puede detener a Francia? Se enfrentarán a España o Bélgica en semifinales. España, que aún no ha encajado ningún gol, puede ser una prueba de fuego.
Les Bleus se vieron frustrados por Paraguay antes de encontrar la manera de ganar, pero sospecho que el equipo de Deschamps tendrá demasiada potencia ofensiva para España, mientras que la profundidad de su banquillo es impresionante.
“Los leones ingleses pueden detener a Les Bleus”
Alex Howell, reportero de BBC Sport para Inglaterra
Francia ha parecido la favorita del torneo desde el principio de esta Copa del Mundo.
Tienen un equipo excelente, pero no es perfecto.
Al final, será una final del Mundial entre Francia e Inglaterra, y los Tres Leones serán el equipo que consiga detener a Les Bleus.
El centro del campo inglés, formado por Declan Rice, Elliot Andersen y Jude Bellingham, tiene la capacidad de imponerse físicamente al centro del campo francés.
El equipo de Thomas Tuchel también ha demostrado tener la capacidad de adaptación necesaria para afrontar situaciones difíciles, tras su impresionante victoria por 3-2 sobre México en Ciudad de México.
Para vencer a Francia, Inglaterra tendrá que ofrecer una actuación llena de garra, y si lo consiguen, habrán alcanzado el mayor éxito en la historia de este deporte.
¿Podría ser que la mayor fortaleza de Francia sea en realidad un defecto?
John Bennett, Servicio Mundial de la BBC
Es un intento desesperado por encontrar puntos débiles a Francia, porque a veces uno se queda boquiabierto de asombro cuando sus cuatro delanteros están en plena forma.
Pero ¿podría su mayor fortaleza convertirse también en una debilidad cuando se enfrenten a otro de los favoritos?
El cambio de Olise a la posición de mediapunta ha hecho que Francia sea mucho más peligrosa.
Sin embargo, contra un equipo de élite, ¿podrían verse superados en el centro del campo en las situaciones sin balón cuando tienen a un futbolista tan ofensivo jugando por delante de dos centrocampistas?
¿Repliega Olise lo suficiente o estará dispuesto a ejercer la presión constante necesaria en el centro del campo cuando Francia se enfrente a un equipo que no les permita dominar la posesión?
En una posible semifinal contra España, una selección española que adora la posesión del balón pondría eso sin duda a prueba.
Este artículo fue escrito originalmente en inglés y usamos una herramienta de inteligencia artificial para traducirlo. Un periodista de la BBC revisó el texto antes de su publicación. Más información sobre cómo usamos IA.
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La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidatade extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.