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La historia se erige sobre el partido de cuartos de final entre Francia y su antiguo protectorado. Hoy en día, las selecciones nacionales se entremezclan con la variada nacionalidad de sus jugadores.
Cuando Francia se enfrente a Marruecos este jueves en Boston, se escribirá un nuevo capítulo de lo que se ha convertido en una trama secundaria y dramática de los Mundiales: un enfrentamiento poscolonial, cargado de historia, simbolismo y un poco de ajuste de cuentas.
Ambos países están unidos por el dominio colonial –Marruecos fue un protectorado de Francia de 1912 a 1956– y, posteriormente, por las oleadas de emigración a través del Mediterráneo en las décadas de 1960 y 1970. Unos 1,5 millones de personas de origen marroquí, en su mayoría musulmanas, viven ahora en Francia. Muchos han prosperado, pero otros han tenido que luchar por forjarse una identidad mientras la extrema derecha y otros nacionalistas cuestionaban su identidad francesa. Todo eso aviva una rivalidad futbolística tan feroz como cualquier otra del mundo.
La selección de Marruecos, invicta en 34 partidos, estará ansiosa por vengar su derrota por 2-0 en las semifinales del Mundial de 2022 ante Francia, la favorita para ganar el torneo de este año. Los enfrentamientos posteriores a ese partido provocaron decenas de detenciones en París, y las autoridades se preparan para más disturbios, gane quien gane el jueves. El ministro del Interior francés, Laurent Nuñez, dijo que se reforzará la seguridad en la capital.
La emoción por la revancha entre los Leones del Atlas de Marruecos y Les Bleus de Francia, como se conoce a ambos equipos, está por las nubes. Las banderas marroquíes y francesas ondean en los coches y cuelgan de las ventanas por todo París. A partir del jueves, dijo el ayuntamiento de la capital, se permitirá a los restaurantes y bares mantener abiertas sus terrazas al aire libre hasta las 2 a. m. para dar cabida a las multitudes que vean los partidos del Mundial.
Para algunos marroquíes franceses, el éxito de sus dos patrias les llena de un doble orgullo, dijo Yassine El Yattioui, un profesor de Relaciones internacionales en la Universidad de Salamanca, en España.
“Los franco-marroquíes”, dijo el profesor, que es marroquí francés, “se dicen a sí mismos: ‘mira nuestra patria, Francia: es una gran nación futbolística, un país que no deja de ganar títulos y de organizar grandes torneos’, mientras que ahora Marruecos es el equipo Cenicienta que se ha convertido en una potencia”.
Lo que hace que este partido sea tan llamativo, dijeron los historiadores y analistas deportivos, son los paralelismos entre las selecciones francesa y marroquí. Seis miembros de la selección marroquí nacieron en Francia. En una época en la que los futbolistas suelen jugar para países en los que no nacieron, eso no es nada raro. Pero ilustra la profundidad y la complejidad de los lazos entre Francia y su antiguo protectorado.
“En cierto modo, este partido es Francia contra Francia”, dijo Laurent Dubois, profesor de historia en la Universidad de Virginia y autor de Soccer Empire: the World Cup and the Future of France. “Muchos de los jugadores de la selección marroquí crecieron en Francia, en las afueras de París”.
La escuadra marroquí también cuenta con seis jugadores de España, tres de los Países Bajos y otros tres de Bélgica, además de uno de Canadá. Solo seis de los integrantes de la plantilla nacieron en Marruecos, lo que demuestra el talento que las comunidades de la diáspora pueden aportar a las selecciones africanas.
Para aquellos con doble nacionalidad que eligen jugar con Marruecos y no con países europeos, la decisión puede ser más pragmática que emocional, basada en el cálculo de que podría ser más fácil entrar en la selección y lograr minutos de juego en el campo.
“Lo más importante es que tomaron decisiones estratégicas”, dijo Stéphane Beaud, un sociólogo que acaba de publicar un libro sobre la estrella del fútbol francés Zinedine Zidane, aunque señaló que “Marruecos se ha convertido en una selección muy buena en los últimos 10 años”, acortando la brecha con Europa.
La selección francesa también refleja la red de vínculos entre Francia y África. Tres de sus jugadores nacieron en el extranjero, entre ellos su estrella en la banda, Michael Olise, que nació en el Reino Unido de padres con raíces en Argelia, Francia y Nigeria. Muchos otros proceden de familias de inmigrantes franceses, con raíces en países africanos como Argelia, Camerún, Malí o Senegal, aunque ninguno de los jugadores actuales se identifica como marroquí.
La diversidad de orígenes de la selección francesa la convirtió en su día en blanco de burlas racistas por parte de la extrema derecha. En 1996, el fundador del partido de extrema derecha Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, cuestionó la identidad francesa del equipo, afirmando que era “artificial traer jugadores del extranjero y llamarlos selección francesa”. Todos los miembros de aquel equipo, excepto uno, habían nacido en Francia.
Sin embargo, en este torneo, lo que más llama la atención es el número de jugadores que Francia ha aportado a las selecciones del Mundial: 99 en total, según Transfermarkt, una web alemana que recopila estadísticas sobre fútbol. La mayoría nacieron en París, lo que convierte a la ciudad en la cantera indiscutible de este deporte.
El gran éxito del fútbol francés –Les Bleus han ganado dos títulos de la Copa del Mundo en los últimos 28 años– ha hecho que sea más difícil atacar a la selección, según Dubois. Marine Le Pen, hija de Le Pen y candidata de extrema derecha a la presidencia, se enzarzó recientemente con su capitán y delantero estrella, Kylian Mbappé, después de que este advirtió de los peligros que supondría que la extrema derecha tomara el control de Francia.
Le Pen, que se ha esforzado por eliminar la mancha del racismo de su partido, mantuvo el tira y afloja con él a un nivel de burlas de vestuario. En lugar de cuestionar su identidad francesa, señaló en las redes sociales que Mbappé había dejado su club, el París Saint-Germain, para fichar por el Real Madrid, solo para ver cómo su antiguo equipo acababa ganando la Liga de Campeones.
Dubois señaló que ahora los comentarios racistas suelen dirigirse más bien a figuras políticas negras, como Bally Bagayoko, el alcalde de Saint-Denis, un barrio del norte de París. Bagayoko, nacido en Francia de padres de origen maliense, ha tenido que aguantar un aluvión de insultos desde que fue electo en marzo.
“La extrema derecha ha perdido la guerra cultural contra la selección francesa”, dijo Dubois. “Es casi como si el terreno hubiera cambiado”.
Aun así, el éxito de Francia en el campo no ha librado a su selección de uno que otro desahogo desagradable. Después de que Francia derrotó a Paraguay en un partido muy reñido la semana pasada, una senadora paraguaya, Celeste Amarilla, publicó un comentario racista contra Mbappé, describiéndolo como un “camerunés colonizado, fingiendo duro ser francés”.
Mbappé respondió que Amarilla era una “mujer despreciable” e “indigna” de su cargo. Añadió: “Tú no representas a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.
Mark Landler es el jefe de la corresponsalía en París del Times. Cubre Francia, así como la política exterior estadounidense en Europa y Medio Oriente. Es periodista desde hace más de tres décadas.
Giulia Imbert colaboró con la reportería.

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