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Donald Trump es el presidente de la mala mano.
Empecemos por lo pequeño. Persuadió a la FIFA para que anulara la suspensión de un partido del delantero estadounidense Folarin Balogun, después de lo cual la selección masculina de fútbol de Estados Unidos sufrió una humillante derrota de 4-1 ante Bélgica.
Cuando Trump anunció por primera vez los planes para renovar la Piscina Reflectante del Monumento a Lincoln, dijo que costaría 1,5 millones de dólares. El 15 de julio, The Associated Press informó que a pesar de esta promesa inicial, “la factura se disparó a más de 16 millones de dólares para junio. Trump había dicho que las reparaciones durarían un siglo, pero a los pocos días de la finalización inicial del proyecto el mes pasado, el agua fue invadida por una proliferación de algas y pedazos del nuevo recubrimiento parecían estarse despegando del fondo”.
Estos contratiempos son solo dos ejemplos del beso de la muerte de Trump, las derrotas y los reveses económicos que han llegado a caracterizar su segundo mandato en el cargo, incluyendo las pérdidas de empleos tras la imposición de aranceles de Trump, el aumento de la deuda nacional después de la aprobación de su ley conocida como One Big Beautiful Bill Act y el caos económico derivado de su guerra contra Irán.
Trump es uno de los presidentes más torpes –si no el más torpe– en la historia de la nación.
Le pedí a Matthew Dallek, un historiador político de la Universidad George Washington, su opinión sobre Trump en 2026. Respondió por correo electrónico:
Gobernando a través de teorías de conspiración, caprichos personales y pensamiento mágico, Trump ha ocupado su lugar como el presidente más consistentemente inepto de este siglo. En el país y en el extranjero, en muchas agencias del gabinete y subgabinete, la cultura del gobierno está dominada por la incompetencia.
El daño infligido por Trump no es resultado de la mala suerte o la interferencia maligna de adversarios extranjeros y nacionales –el destino común de los presidentes estadounidenses–. En la abrumadora mayoría de los casos, fue el propio Trump quien puso en marcha las políticas y acciones que terminaron fracasando.
Uno de los ejemplos más atroces, tal vez, es su decisión de unirse al bombardeo de Israel a las instalaciones nucleares en Irán el 21 de junio de 2025.
“Los ataques fueron un éxito militar espectacular”, declaró Trump en un discurso a la nación ese día. “Las instalaciones clave de enriquecimiento nuclear de Irán han sido completa y totalmente eliminadas”.
A pesar de estas afirmaciones de éxito hace 13 meses, Estados Unidos e Israel atacaron de nuevo este año, a partir del 28 de febrero, y la guerra contra Irán se encuentra en su quinto mes, con el conflicto intensificándose y los estadounidenses que, una vez más, comienzan a morir.
En su Substack, Popular Information, Judd Legum documentó 24 instancias entre el 17 de abril y el 13 de julio en las que Trump hizo alguna variación de la afirmación “de que el estrecho de Ormuz estaba ‘abierto’ o bajo control de Estados Unidos”.
Trump también les hizo saber a los iraníes que “les dieron una paliza” y se jactó de que fue una “victoria total y completa. 100 por ciento“.
Más importante que las falsas afirmaciones de victoria de Trump, la guerra contra Irán –una guerra de elección– ha infligido graves daños a Estados Unidos, incluyendo la muerte de al menos 17 miembros del personal militar estadounidense y más de 400 heridos.
Según el Iran War Energy Cost Tracker de la Universidad de Brown, los estadounidenses están pagando 71.300 millones de dólares más solo por gasolina y diésel. Los aumentos en los costos de combustible se traducen en costos promedio por hogar de 543,94 dólares en el momento en que escribo. Será más cuando leas esto.
Echemos un vistazo más de cerca a algunos de los logros de los que Trump se siente más orgulloso.
El 2 de abril de 2025, anunció el “Día de la Liberación”, su plan para imponer aranceles a los socios comerciales de Estados Unidos.
“Los empleos y las fábricas volverán con fuerza a nuestro país”, afirmó el presidente, y agregó: “Potenciaremos nuestra base industrial nacional”.
Entonces, ¿qué pasó en realidad?
Cuando Trump asumió el cargo por segunda vez en enero de 2025, el número total de hombres y mujeres empleados en el sector manufacturero era de 12.673.000, según la Reserva Federal. Para junio de 2026, la cifra había caído a 12.598.000, una pérdida de 75.000 empleos.
¿Qué hay de la ley de Trump conocida como One Big Beautiful Bill Act?
El 30 de junio de 2025, el título de un comunicado de prensa de la Casa Blanca afirmaba que “la One Big Beautiful Bill recorta el déficit y la deuda nacional mientras desata el crecimiento económico”.
La realidad:
Justo antes de que Trump asumiera el cargo, la deuda de la nación era de 36,2 billones de dólares, según el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. La deuda es ahora de más de 39,5 billones de dólares, un aumento de 3,3 billones de dólares.
Le pregunté a académicos especializados en política y en la presidencia cómo creen que funciona la mente de Trump. La mayoría señaló su dependencia aparentemente exclusiva de su propio juicio mientras rechaza el consejo de los expertos.
“Muchos presidentes han cometido errores, pero ninguno ha cometido errores con tanta ligereza como el presidente Trump”, escribió por correo electrónico Michael Bailey, un politólogo de la Universidad de Georgetown, en respuesta a mi consulta:
Toma decisiones precipitadas e imprudentes; en el mejor de los casos, se basan en teorías de cantina sobre cómo funciona el mundo, y en el peor, están motivadas por intereses corruptos. Como él “simplemente sabe” que tiene razón sobre cómo funcionan los aranceles, ninguna evidencia lo hará cambiar de opinión.
A corto plazo, el país ha sido resiliente en muchos sentidos, pero él está corroyendo la capacidad del Estado, las normas democráticas y el propio sentido de una nación unida.
¿Cómo logró esto?
Sin embargo, Trump es bastante hábil como líder político, y combina su control sobre el electorado de las primarias republicanas con una disposición a exigir sin descanso obediencia total a sus objetivos personales.
Donald Moynihan, profesor de políticas públicas en la Universidad de Michigan, adoptó un enfoque distinto y clasificó los errores de juicio de Trump en categorías separadas:
Hay tres categorías de fracasos de Trump: desastres de mala gestión, desastres por diseño y desastres por codicia.
¿Cuáles son, hasta ahora, los logros de la segunda presidencia de Trump? Inflación persistente, crecimiento económico lento, una guerra impopular, una agresiva aplicación de las leyes de inmigración que ha indignado a muchos y la destrucción de la red de seguridad social para financiar un gran recorte de impuestos.
En su segundo mandato, argumentó Moynihan,
Trump ya no siente la necesidad de atenerse a los precedentes, las normas o los buenos consejos. Podemos ver esto a nivel superficial (la piscina reflectante) o en temas donde hay intereses extraordinarios en juego, como la guerra en Irán.
Trump ha perdido cualquier inhibición que tuviera al crear una burbuja donde está rodeado de aduladores.
Algunos de los efectos adversos de las políticas de Trump no son el resultado de un mal juicio, sino que son intencionales, sostuvo Moynihan, y no se equivoca:
Algunas de las fallas del segundo gobierno son por diseño. Más personas perderán el acceso a SNAP a medida que se implementen las políticas del One Big Beautiful Bill. Las restricciones de Medicaid entrarán en vigor para el próximo año, excluyendo de manera similar a millones de ciudadanos elegibles. La construcción de un estado policial migratorio también fue una característica de la One Big Beautiful Bill Act.
Muchas de las acciones más punitivas de Trump no son el resultado de un error de cálculo, sino de la fiel implementación de su visión.
Cuando los índices de favorabilidad de Trump son profundamente negativos, ¿cómo continúa saliéndose con la suya con lo que está haciendo, incluyendo seguir amasando al menos 2200 millones de dólares en gran parte a través de empresas de criptomonedas diseñadas para permitir el lucro proveniente de fuentes extranjeras y figuras nacionales que buscan favores especiales, incluyendo indultos penales?
Dallek, de nuevo:
Varios factores explican la durabilidad política de Trump. La economía de Estados Unidos ha evitado una recesión. El mercado bursátil está batiendo récords. El gasto de los consumidores y la IA han ayudado a impulsar el mercado laboral.
Pero más importante aún, continuó Dallek,
Trump se beneficia políticamente de una sensibilidad antisistema que se ha convertido quizás en la fuerza estructural más explosiva de la política estadounidense.
Millones de estadounidenses creen que un gobierno amañado necesita ser eviscerado, y Trump, el forastero por excelencia, gana el apoyo de algunos votantes como el único hombre lo suficientemente descarado como para hacer el trabajo.
Igualmente importante, argumentó Dallek:
A muchos votantes también les sigue gustando Trump porque ha hecho más que cualquier político desde la década de 1960 para desmantelar las normas culturales liberales y un orden legal basado en derechos. Trump le ha cumplido a su base conservadora cristiana. El caso Roe quedó revertido. Los derechos civiles y los derechos de voto han sido erosionados. El movimiento LGBTQ+ está a la defensiva. Y las iniciativas de DEI en instituciones públicas y privadas han retrocedido.
El historial de Trump en materia de conservadurismo social se lee, al menos para su base, como una lista de prioridades negadas por mucho tiempo y finalmente cumplidas. Son logros importantes a ojos de su base.
Otros académicos exponen argumentos similares.
Brandon Rottinghaus, un politólogo de la Universidad de Houston, escribió por correo electrónico:
Lo que distingue a Trump es que muchos de sus seguidores lo evalúan menos por los resultados tradicionales de sus políticas y más por si está librando las batallas políticas y culturales que a ellos les importan. En el entorno polarizado de hoy, la identidad política suele pesar más que el éxito o el fracaso medible de las políticas.
Aunque los presidentes suelen prometer de más y cumplir de menos, “lo que distingue a Trump”, dijo Rottinghaus, “es su disposición a perseguir políticas de alto riesgo y alta visibilidad con relativamente poca preocupación por el consenso de los expertos o la precaución institucional. Eso aumenta tanto la recompensa potencial como el potencial de fracasos costosos”.
Como resultado, Rottinghaus sostuvo que es importante usar dos criterios distintos para evaluar la presidencia de Trump:
Según las medidas convencionales de implementación de políticas, varias iniciativas de la Casa Blanca de Trump no han alcanzado sus objetivos declarados.
Según medidas políticas –mantener la atención, dominar el ciclo de noticias y reformar el Partido Republicano– ha tenido un éxito notable.
En aspectos clave, la polarización juega a favor de Trump. Rottinghaus escribió:
Los partidistas juzgan cada vez más a los presidentes en relación con el partido de oposición en lugar de con un estándar de desempeño objetivo. Muchos partidarios de Trump ven las críticas a sus políticas a través de un lente de desconfianza hacia los medios tradicionales, la academia y las instituciones políticas.
Como resultado, la cobertura negativa a menudo refuerza en lugar de debilitar el apoyo. Los votantes evalúan frecuentemente a los presidentes tanto por su identidad y valores como por los resultados de sus políticas. Sus partidarios pueden tolerar costos económicos si creen que Trump está promoviendo prioridades como la aplicación de las leyes de inmigración, los nombramientos judiciales o los temas culturales.
¿Están basadas las políticas y decisiones de Trump en un conjunto de creencias que se prestan a consecuencias adversas?
George C. Edwards III, un politólogo emérito de la Universidad de Texas A&M, escribió:
Donald Trump no es el primer presidente en tomar malas decisiones, pero ha mostrado una facilidad particular para tomarlas.
Parte de suposiciones erróneas sobre la naturaleza de los problemas (la balanza comercial es un problema, pero el cambio climático no lo es; los inmigrantes indocumentados de mucho tiempo son perjudiciales para el país, pero reducir drásticamente la investigación en salud no lo es; las energías renovables deben desalentarse y los combustibles fósiles son el futuro de la energía) y la naturaleza de las soluciones (los aranceles reactivarán las industrias y no elevarán los precios, atacar a Irán lo obligará a ceder rápidamente, la retribución contra sus oponentes es apropiada, el gobierno necesita menos expertos).
Trump, continuó Edwards,
se niega a evaluar, y mucho menos corregir, sus malentendidos mediante una deliberación y un asesoramiento minuciosos. No lee y desdeña la pericia.
En lugar de una reflexión cuidadosa e informada, actúa impulsivamente y se guía por su instinto, en el cual tiene gran confianza. No debería. Semejante enfoque es propenso al desastre.
¿El resultado?
Edwards:
Estas malas decisiones han, entre otras consecuencias, vaciado al gobierno, socavado el estado de derecho, debilitado la economía, degradado el medioambiente, dañado nuestras alianzas internacionales y envalentonado a Irán.
Mientras tanto, continuó Edwards, el presidente es implacable en culpar a otros por los fracasos de su gestión, y las anteojeras partidistas lo protegen de que su base de seguidores le atribuya responsabilidad.
H.W. Brands, un historiador de la Universidad de Texas en Austin, resumió sucintamente el carácter distractor de la presidencia de Trump en un correo electrónico:
Donald Trump tiene un extraño carisma único entre los presidentes. Se parece más al líder de una secta que al de un partido, en el sentido de que cuanto peor les va a sus seguidores, más tercamente se aferran a él.
Los demócratas lo han ayudado al adoptar políticas, sobre todo en temas culturales, que los hacen parecer irremediablemente desconectados de los estadounidenses comunes.
Demasiado cierto. El problema es que vamos a tener que convivir con este hombre en la Casa Blanca durante los próximos dos años y medio. Peor aún, lo que Trump destruye con un chasquido de dedos tardará años en repararse, excepto en aquellos casos en los que ha roto algo más allá de toda restauración.
Fotografía de origen vía la Biblioteca del Congreso.
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Thomas B. Edsall colabora con la sección de Opinión del Times desde 2011. Sus ensayos sobre tendencias estratégicas y demográficas en la política estadounidense aparecen todos los martes. Anteriormente, cubrió la política para The Washington Post.