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Dos décadas después, la serie recupera su esencia y demuestra que algunas dinámicas familiares –y frustraciones– nunca cambian.
El título de la reposición de Disney+ de Malcolm el de en medio retoma su subtítulo —La vida sigue siendo injusta— inspirado en una línea del tema musical de “They Might Be Giants” (interpretado aquí por Drama Dolls). Sin embargo, el regreso de la serie después de dos décadas evoca otra frase de la canción: “¿Puedes repetir la pregunta?”.
La pregunta, repetida por muchísimas reposiciones de comedias en la era del streaming, es: ¿Por qué?
¿Por qué esto? ¿Por qué ahora? ¿Por qué? Este epílogo de cuatro episodios, que llega el viernes, está lleno de afecto por el caótico y disfuncional clan que lo protagoniza. Pero, como ocurre con la mayoría de sus compañeros, su historia no ofrece mucha más respuesta que: porque podíamos, y la mayoría del reparto estaba disponible.
La serie original de Malcolm, creada por Linwood Boomer, era la historia de una familia (de apellido no revelado oficialmente) con más hijos que dinero y más conflictos que cualquier otra cosa. La madre, Lois (Jane Kaczmarek), podía ser una feroz defensora o una temible ejecutora; el padre, Hal (Bryan Cranston, antes de Breaking Bad), era el bonachón cariñoso de la serie. Malcolm (Frankie Muniz), un niño prodigio, narraba la historia en un monólogo agitado dirigido a la cámara.
Malcolm tenía un ritmo ska frenético y un marcado gusto por el humor físico. (El segmento “anteriormente” al inicio de La vida sigue siendo injusta, uno de sus momentos más divertidos, es una sucesión desbordada de puñetazos y patadas en la entrepierna).
Pero también tenía profundidad en sus personajes. Lois y Hal tenían una relación refrescantemente intensa y apasionada que no giraba únicamente en torno a sus hijos. Y para ser una comedia disparatada, la serie tenía un sentido psicológicamente astuto de las dinámicas individuales y las complejas historias entre Hal, Malcolm y sus hermanos Francis (Christopher Kennedy Masterson), Reese (Justin Berfield) y Dewey (Erik Per Sullivan).
En La vida sigue siendo injusta, la familia es un poco más grande, pero sigue siendo la misma. Hay otros dos integrantes, Jamie (Anthony Timpano), nacido durante la serie original y que ahora sirve en la Guardia Costera, y Kelly (Vaughan Murrae), una persona no binaria cuyo nacimiento se insinuó mediante una prueba de embarazo positiva en el final de la serie.
Malcolm, por su parte, es un padre soltero que se ha distanciado de sus padres por años para mantener la cordura. Su hija adolescente, Leah (Keeley Karsten), heredó su cerebro, su ansiedad y su afición a romper la cuarta pared. (A veces, la nueva serie parece un piloto a medias de un programa derivado centrado en ella).
Sin embargo, su paz neurótica se ve amenazada cuando Malcolm recibe una invitación para la fiesta del 40 aniversario de Hal y Lois. Este acontecimiento extravagante y militarmente planeado impulsa la trama, preparando a varios miembros de la familia y personajes del pasado para enfrentamientos espectaculares, como las piezas de un elaborado dominó.
Hay mucha historia de la familia y de la propia serie que abordar en cuatro breves episodios, y la tensión se nota. Muy pronto, la serie limitada establece subtramas de comedia de situación –una subtrama de venganza, una subtrama de “alguien se droga accidentalmente”– y crea motivos para que reaparezcan los favoritos de los seguidores. Pocos recuerdos de Malcolm quedan sin referencia, pero esta nueva temporada nunca tiene la oportunidad de convertirse en algo propio.
También resulta extraño intentar recrear la dinámica de una comedia infantil con personajes adultos. Los hermanos a menudo parecen menos adultos que simplemente agrandados en versiones adultas de sus seres reconocibles. (El actor original de Dewey fue sustituido por el actor Caleb Ellsworth-Clark, quien aparece sobre todo por video a distancia, caracterizado como un adulto disfrazado de Dewey).
Muniz interpreta a Malcolm con el mismo frenesí y las mismas expresiones faciales exageradas, que lo hacían parecer divertido y agobiado de niño, pero desquiciado de adulto. Los personajes tienen ahora más libertad para decir groserías, por si sirve de algo.
Algunos de los nuevos miembros del reparto son encantadores cuando tienen uno o dos segundos de protagonismo, sobre todo Karsten y Murrae. Y los episodios muestran los arrebatos explosivos de Kaczmarek y las acrobacias cómicas de Cranston, últimamente eclipsadas por su éxito en dramas en televisión y teatro. ¿Puedes enojarte del todo con una serie con una secuencia fantástica que permite a Bryan Cranston golpear a otro Bryan Cranston con un bolo de boliche y una tostadora? No, no puedes.
Pero las reposiciones de comedias de situación suelen tener éxito como obras originales cuando pueden abordar cómo el tiempo cambia a las personas, de una manera divertida, pero significativa. King of the Hill lo hizo, al igual que Party Down; la ineficaz reposición de Scrubs al menos lo intenta. Eso es lo que significa tener una historia que merezca la pena volver a contar.
El tema de La vida sigue siendo injusta, como sugiere el subtítulo, es que la dinámica familiar permanece inmutable, incluso cuando la familia crece. Las personas a las que quieres te vuelven loco como lo hacían hace 20 años, y probablemente lo harán dentro de 20 años más. Es una postura perfectamente razonable para una comedia de situación. Pero también es un argumento para dejar que el original se mantenga.
Dicho esto, quizá lo mejor de la serie sea su brevedad: es una reunión breve y agridulce que no intenta superar al original. ¿Es suficiente para satisfacer a alguien que no sea un superfan?
Sí, no, quizá, no lo sé. ¿Puedes repetir la pregunta? Sin duda, otra comedia que regresa lo hará pronto.
James Poniewozik es el crítico jefe de televisión del Times. Escribe reseñas y ensayos enfocados en la televisión.
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