Su devoción por las canciones de amor lo llevó a la cárcel, pero no lo silenció

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La prisión no pudo conseguir que Nguyen Van Loc, perseguido por interpretar la vieja música romántica de Hanói durante la guerra de Vietnam, dejara de cantar.

Hace 58 años, fue a la cárcel por cantar sobre el amor en tiempos de guerra.

Un miércoles reciente por la noche, en la trastienda de una modesta casa de Hanói convertida en club musical, Nguyen Van Loc retomó las mismas canciones, con una sonrisa, vestido de blanco, y dando golpecitos a un micrófono para llamar la atención de una decena de amigos que bebían té de jengibre.

“Buenas noches”, dijo en vietnamita.

Acompañado por una guitarra, su balada inicial resonó a través de unos altavoces creados para un espacio más grande. Fotos en blanco y negro de sus compositores favoritos cubrían las paredes de paneles de madera. Lámparas de cristal de colores, colgadas boca abajo como flores secándose, iluminaban un escenario adornado con frases en dorado.

“En busca de recuerdos pasados”.

“En recuerdo de días que ya se fueron”.

Loc, de 81 años, es el último y más fiel intérprete vietnamita de la conmovedora música que definió a Hanói antes y poco después de la división del país en 1954. Con una melancolía sutil que él compara con la suave brisa sobre los arrozales, son canciones de artistas vietnamitas (incluidos muchos de sus amigos fallecidos) que abrevan tanto de la herencia musical oriental como de la occidental. Y, al igual que la historia de su vida, transmiten ondas de nostalgia, dolor, añoranza y las lecciones de las conexiones que se pierden cuando las sociedades se dividen y los dirigentes exigen obediencia cultural.

Los musicólogos han descrito el género como poesía vietnamita de ritmo lento, interpretada con melodías adaptadas de lugares como París, Detroit, Honolulú y La Habana. En opinión de Loc, la música merece elogios por su inventiva apolítica y su profundidad emocional.

“Es sobre el ser humano y el amor, el amor entre hombres y mujeres, el amor por tu ciudad natal, por el campo”, dijo Loc, un hombre menudo de ojos intensos que se suavizan cuando canta. “Me encanta esa música romántica con su fuerza de amor, suave como la seda”.

Durante la guerra de Vietnam, las autoridades comunistas de Vietnam del Norte temían que esa música apaciguara a la gente y la alejara de la lucha. Etiquetaron cualquier música que no fuera revolucionaria como Nhac vang, o “música amarilla”, tomando prestado un término chino para las canciones de amor del Shanghái de la década de 1930. Al intensificarse la guerra, los dirigentes de Hanói intentaron erradicar la escena musical.

“Se corrió la voz”, dijo Jason Gibbs, veterano investigador de la canción popular vietnamita. “Si siguen haciéndolo, se meterán en problemas”.

Loc simplemente se replegó más en las sombras.

“Todas las noches nos reuníamos en torno a una tetera, nos fumábamos unos cigarros y cantábamos unos para otros en un grupo pequeño”, dijo.

Entonces llegó la policía.

***

Nacido en el seno de una familia de clase media en 1945 en Hanói, hijo de un padre que había trabajado en la construcción para los franceses, la potencia colonial que gobernaba Vietnam, Loc se enamoró de la música de preguerra cuando era niño.

Su familia cayó en desgracia con el ascenso de los comunistas. Después del séptimo grado dejó la escuela para trabajar.

Durante un tiempo, la música mantuvo unido a su círculo social de Hanói. A mediados de la década de 1960, los revolucionarios de Vietnam empezaron a reprimir incluso los conciertos caseros.

Loc fue arrestado en marzo de 1968. Ocurrió dos meses después de que la ofensiva del Tet no lograra la victoria decisiva que el Norte anhelaba, a pesar de los ataques sorpresa coordinados contra las principales ciudades y bases militares estadounidenses. Él y sus dos compañeros de banda, junto con algunos otros músicos (incluido un cantante de bodas), fueron interrogados y luego detenidos.

Los relatos de los medios de comunicación estatales de la época insinúan que infringieron una nueva ley que se hizo pública hasta después de sus detenciones, la cual insistía en aplicar largas penas de prisión por delitos como “difundir la propaganda de guerra psicológica del enemigo” y fomentar “la depravada cultura del imperialismo”.

Loc, conversando a mediados de marzo mientras tomaba té verde en su pequeña casa en un callejón, describió el caso como una farsa.

“No tenían pruebas”, dijo. “Lo único que tenían eran rumores”.

Los músicos fueron enviados a la prisión de Hoa Lo, un infame centro de detención al que los soldados estadounidenses apodaron “el Hilton de Hanói”. Seis meses después, las autoridades les pidieron que tocaran en el gran Teatro de la Ópera de Hanói, para que los compositores sancionados por el gobierno de música “roja”, o revolucionaria, pudieran aprender lo que hacía tan popular a la música amarilla.

El grupo interpretó unas 10 canciones, que las autoridades grabaron con cuidado.

“Pensamos que habíamos acertado con la música, porque ahora querían escucharla”, dijo Loc. “Estábamos muy contentos”.

Pensaron que estaban a punto de salir en libertad.

Después de otros tres años en la cárcel, en su juicio de 1971, las grabaciones se convirtieron en pruebas.

Loc dijo que el fiscal puso sus canciones a volumen bajo y a velocidad distorsionada, y luego puso música propagandística a todo volumen a través de un sistema de alta fidelidad, para demostrar por qué la música amarilla era débil y las canciones socialistas eran fuertes.

“Sentía cómo me subía el calor a las orejas y a la cara, porque eran tan engañosos”, dijo. “Nos atraparon. Nos engañaron. Sentí mucho odio”.

Se sirvió más té. En la pared colgaba un retrato xilográfico de Nguyen Van Cao, poeta, pintor y compositor que escribió el himno nacional de Vietnam en 1944 y fue incluido en la lista negra tras buscar la libertad de expresión en la década de 1950.

“Me condenaron a la pena más larga”, nos dijo Loc. “Diez años porque el tribunal dijo que los músicos solo tocaban las notas, pero yo cantaba las canciones”.

***

Los guardias lo llamaban el terco. En los campos de trabajos forzados de las profundidades de la selva, decían a los prisioneros que cantaran música revolucionaria a cambio de un trabajo más ligero y mejor comida. Algunos aceptaron. Loc siguió arrastrando ladrillos y comiendo una papilla aguada.

“Nunca podría cantar esa música, las canciones que incitan a la gente a matar”, dijo. “La música simplemente no se me quedaba grabada”.

Cuando no había nadie cerca, cantaba para conservar la cordura. Cavaba un agujero en el suelo con las manos y vertía las canciones que amaba en la tierra, expresándolas de manera secreta y breve. Luego volvía a tapar el agujero con tierra.

Después de que el Acuerdo de Paz de París de 1973 pusiera fin a los enfrentamientos con Estados Unidos, la condena de Loc fue reducida. Fue liberado el 27 de marzo de 1976, tras pasar ocho años como preso político.

La música siguió marcando su vida. Mantenía el bigote y el pelo perfectos, siempre listo para una presentación espontánea. Se casó con una mujer que lo había oído cantar a principios de la década de 1960, y tuvieron dos hijos.

Su hijo, Nguyen Quoc Linh, de 44 años, quien es jazzista y profesor, dijo que el sistema de sonido doméstico de la familia, con sus grabadoras de cinta y altavoces altos, era como un miembro más de la familia, siempre presente y ruidoso. Uno de sus primeros recuerdos: estar frente a los altavoces, absorto en la música, y orinarse accidentalmente.

“Me salvé de un regaño porque era muy pequeño”, dijo.

A finales de la década de 1980, la liberalización económica de Vietnam abrió un poco más el espacio para la expresión, y la música amarilla cobró vida propia en la diáspora vietnamita. Pero Loc seguía sin poder actuar libremente.

Intentó cantar en bares, pero la policía le denegó los permisos. A mediados de la década de 1990 abrió su propio café, solo para que le dijeran que la policía lo detendría si intentaba cantar allí.

Finalmente, en 2008, abrió un café donde podía subir al escenario. En 1971, les había dicho a las autoridades que siempre había querido impulsar el desarrollo musical con el resto del mundo. En lugar de ello, se convirtió en un preservador de las canciones de su juventud, y abrió varios cafés, uno tras otro. Todos cerraron. El último no pudo sobrevivir a la pandemia.

En el transcurso de ese tiempo, la música que amaba experimentó un leve renacimiento. En 2017, un grupo cultural invitó a Loc a volver a la Ópera de Hanói para un concierto en honor de la música amarilla.

Acompañado por su hijo en la guitarra, cantó dos canciones que habían sido utilizadas en su contra. Después le contó a su hijo sobre su aparición en 1968, y de por qué el regreso le provocó lágrimas.

“Para mí”, dijo Loc, “fue un poco una venganza personal: recuperar mi orgullo”.

***

En casa de un amigo en Hanói el mes pasado, Loc cantó unas cuantas canciones, alternando con otros intérpretes. Se movía por la sala como un orgulloso patriarca en una boda familiar.

En un momento dado, entre canciones, saludó a un admirador que se encontraba en Dubai y que participaba por videollamada debido a la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán.

Muchos consideran un triunfo la regularidad de estos espectáculos, que se celebran semanalmente, sin intervención policial.

Pero para Loc, la tristeza persiste. Justicia, dijo, sería una disculpa del gobierno por sus años en prisión y el acoso que le siguió. En 2017, lo invitaron a cantar en un salón de Ciudad Ho Chi Minh, pero cuando apareció una gran multitud, la policía se negó a dejarlo cantar y le desconectó el micrófono cuando intentó hablar.

Fue una señal, dijo, de que Vietnam finge ser más abierto de lo que es.

Pero la música persiste. A medida que su actuación se alargaba, su voz se fortalecía. Encantado (así es como describe cantar), cerraba los ojos en cada crescendo, y su voz daba fuerza a letras que dolerían más si las notas no sonaran tan dulces.

“Mi corazón sabe que amar es, un día, sufrir”, cantó. “¿Pero por qué sigo amando, sigo recordando?”.

Tung Ngo colaboró con la reportería.

Damien Cave dirige la nueva oficina del Times en Ho Chi Minh, Vietnam, y cubre los cambios de poder en Asia y el resto del mundo.

Tung Ngo colaboró con la reportería.

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