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A pesar de los riesgos económicos de la guerra, es probable que Pekín se mantenga al margen. No quiere verse envuelto en un conflicto al que se opone y sobre el que tiene poca influencia.
A medida que Estados Unidos impone un bloqueo a los puertos iraníes, aumenta la presión sobre Pekín para que presione a Teherán a aceptar condiciones que pongan fin a la guerra y a la crisis energética mundial. En realidad, es poco lo que Pekín puede o quiere hacer para presionar a su socio en Medio Oriente.
Esta semana, cuando una serie de dirigentes, entre ellos el príncipe heredero de Abu Dabi y el presidente del gobierno español, visitaron Pekín, el ineludible telón de fondo de todas las reuniones fue la cuestión de qué podía hacer China para ayudar a resolver la crisis. En estas conversaciones, el líder chino, Xi Jinping, condenó el incumplimiento del derecho internacional como un “retorno a la ley de la selva” –una indirecta no tan velada al presidente Donald Trump– y ofreció “una solución china” en forma de un plan de cuatro puntos para resolver la crisis.
Pero ese plan ofrece poco más que un llamamiento para que todos respeten el principio de soberanía y el derecho internacional. Refleja el modo en que China, aunque cada vez más preocupada por el impacto de la guerra en su economía, ha evitado involucrarse demasiado en la crisis. Eso incluye no comprometerse con su respuesta a los llamamientos de Teherán para que China garantice su seguridad, así como no utilizar su influencia como principal socio comercial de Irán para presionar al país a fin de que acepte las exigencias de Estados Unidos.
Pedir a China que presione a Irán es “malinterpretar la política exterior y la postura de China”, dijo Ding Long, profesor del Instituto de Estudios de Medio Oriente de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái. “Ayudar a Estados Unidos o a Israel no es la intención de China, porque China se opuso a esta guerra desde el principio”.
China, que durante mucho tiempo ha afirmado que no interfiere en los asuntos de otros países, quiere que se le considere un líder mundial en sus propios términos. A diferencia de Estados Unidos, que por largo tiempo ha mantenido su dominio mediante sus alianzas defensivas, China solo tiene un aliado con tratado, Corea del Norte.
Y los dirigentes chinos tienen pocos deseos de comprometerse en la defensa de otra nación y correr el riesgo de ser arrastrados a una costosa guerra que, en última instancia, socava la fortaleza de su propio país.
“Los dirigentes chinos tienden a considerar las intervenciones estadounidenses en Medio Oriente como un motor clave del declive de Estados Unidos y no tienen ningún interés en seguir ese modelo”, dijo Patricia Kim, investigadora principal del Centro John L. Thornton sobre China de la Institución Brookings.
Sí, la guerra en Irán también perjudica a China
China tiene mucho que perder si continúa el conflicto en Irán. El estrecho de Ormuz es una ruta crítica para la energía y las mercancías de China: aproximadamente un tercio de sus importaciones totales de crudo proceden del golfo Pérsico. En un momento en que China depende especialmente de las exportaciones para apuntalar su economía, el aumento de los costos de la energía recortará la demanda de productos chinos.
“Tienen reservas estratégicas, pero no van a durar para siempre”, dijo Yun Sun, académico del Centro Stimson de Washington, en referencia a las reservas de petróleo que China empezó a almacenar antes de que empezara la guerra. “No les gusta la inestabilidad. No les gusta una guerra que básicamente pende sobre su cabeza”, añadió.
Como señal de una preocupación cada vez mayor, funcionarios chinos emprendieron esta semana una intensa actividad diplomática después de que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán no llegaran a un acuerdo de paz.
El ministro de Relaciones Exteriores chino, Wang Yi, pidió a su homólogo de Pakistán, anfitrión de las conversaciones, que ayudara a mantener el “impulso ganado con mucho esfuerzo” del alto al fuego temporal alcanzado la semana pasada. Cuando habló con el ministro de Asuntos Exteriores iraní el miércoles, Wang dijo que China aún apoyaba a Irán, pero también instó a que se reabriera el estrecho de Ormuz, con el argumento de que la libertad de navegación debía “garantizarse también”.
Pero la distracción de Washington también es una oportunidad
En cierto modo, la guerra también beneficia a Pekín. Estados Unidos está inmerso en Medio Oriente en lugar de poner su atención en el Indopacífico o en disuadir las amenazas de China de apoderarse de Taiwán, el cual Pekín reclama como territorio propio.
Y China ha podido utilizar las acciones militares de Estados Unidos como una forma de presentarse, por contraste, como una nación pacífica que defiende la estabilidad mundial. La guerra también significa que más países, frustrados con Trump, se están volviendo hacia China como un socio más predecible.
“Creo que es bueno y malo a partes iguales”, dijo Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái. Dijo que, aunque el aumento de los costos de la energía perjudica a la economía china, el descontento con Washington está empujando a los países a estrechar lazos con China, lo que contribuye a ampliar la influencia mundial de Pekín.
“Demuestra que China es –al menos en nuestra opinión– un país más responsable que Estados Unidos”, dijo. “Somos más dignos de confianza, más racionales y más pacíficos”.
China no quiere ser culpada si fracasan las conversaciones de paz
Cuando los funcionarios iraníes atribuyeron a China el mérito de haber contribuido a impulsar el acuerdo de alto al fuego la semana pasada, Pekín no confirmó ni negó su papel. Una portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores dijo solo que China estaba “trabajando activamente” para poner fin a la crisis.
Esta evasiva da a entender que Pekín, receloso ante la posibilidad de que fracasara el alto al fuego, solo desempeñó un papel indirecto en las conversaciones, según algunos analistas, y como mucho animó a las partes a sentarse a la mesa. (Es posible que Irán esté exagerando el papel de China en un esfuerzo por presionar a Pekín para que se implique más en cualquier acuerdo con Estados Unidos, según Sun).
“Creo que es muy poco probable que China desempeñara un papel activo en ese intento de mediación. Los riesgos son elevados. Teme que le echen la culpa”, dijo Sarah Beran, socia de Macro Advisory Partners, quien fue directora de asuntos de China y Taiwán en el Consejo de Seguridad Nacional del presidente Joe Biden.
China sostiene que todos los países tienen derecho a gobernarse a sí mismos sin intromisiones externas y se posiciona como una potencia que no intimida a los demás. (Sin embargo, cuando se trata de lo que considera intereses propios de China –como sus reivindicaciones sobre Taiwán y en el mar de la China Meridional–, China ha utilizado prohibiciones comerciales, aranceles y ha enviado a su ejército y a la Guardia Costera para presionar a otros países).
Además, China carece de poderío militar para imponer su voluntad
Parte de la reticencia de China a implicarse más en la crisis de Medio Oriente es también una cuestión de capacidad.
El ejército chino, en rápida expansión, no dispone de una red extensa de bases en el extranjero como Estados Unidos, aunque su marina tiene estacionada una fuerza antipiratería en el golfo de Adén desde 2008. Hasta ahora, no se ha desplegado para salvaguardar los buques chinos, una medida que, según los expertos, sería improbable a menos que los barcos chinos sufrieran un ataque directo.
“No cabe duda de que China puede desempeñar un papel, pero este sigue siendo limitado”, dijo Xin, de la Universidad de Fudan.
“Si Irán necesita garantías de seguridad, es muy difícil que China se las proporcione”, dijo. “Si Estados Unidos quiere que Irán abandone su programa nuclear, China no tiene forma de obligar a Irán a renunciar a él”.
Aunque Pekín está deseoso de impulsar la paz, también se ve limitado por prioridades contrapuestas. Necesita gestionar las repercusiones económicas de la crisis energética, recomponer su relación con Washington antes de una cumbre entre Xi y Trump y mantener sus vínculos tanto con Irán como con los Estados del Golfo, que han sido atacados por Teherán.
A medida que la perspectiva de una victoria rápida sobre Irán por parte de Estados Unidos e Israel parece menos probable, el cálculo de Pekín ha cambiado.
“Si Estados Unidos hubiera salido victorioso en una o dos semanas, los chinos se habrían alineado”, dijo Sun.
Ahora, la estrategia actual de China es buscar un alto al fuego lo antes posible, dijo, e intentar “maximizar el papel de China, aunque sea indirecto, en la mediación para que China gane más credibilidad”.
Pei Wu y Berry Wang colaboraron con reportería.
Lily Kuo es corresponsal de China para el Times desde Taipéi.
David Pierson cubre la política exterior china y la participación económica y cultural de China en el mundo. Lleva más de dos décadas trabajando como periodista.
Pei Wu y Berry Wang colaboraron con reportería.

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