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Para mucha gente de la izquierda en el mundo, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, se ha convertido en un superhéroe progresista. No solo ha defendido posturas liberales en materia de migración, energías renovables y derechos civiles, sino que también se ha enfrentado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en temas como los aranceles, la captura del líder de Venezuela y ahora, lo más destacado de todo, la guerra en Irán.
Pero mientras los líderes del mundo liberal se reúnen para reconocer a Sánchez en una cumbre progresista internacional en Barcelona, se encuentran inmersos en un universo español alternativo en el que se considera, de manera generalizada, que Trump ha acudido al rescate de Sánchez al involucrarlo en disputas globales que desvían la atención de los problemas internos del líder español.
Lejos de ser una amenaza política, Trump es visto aquí como un salvavidas en un mar de escándalos y reveses que ayudan a la supervivencia política del escapista más consumado de Europa.
Sánchez, presidente socialista del Gobierno español desde 2018, en su país es más conocido por su disposición a decir y hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder. Sus partidarios liberales le aplauden por su destreza en el manejo de la daga política, una habilidad que, según afirman, escasea a nivel mundial y es necesaria para desafiar el ascenso de la derecha.
Carmen Calvo, exvicepresidenta del Gobierno de Sánchez dijo que en este momento vital, Sánchez tiene que ser un gran presidente. Con unas elecciones generales previstas para el próximo año, sus ayudantes declararon en entrevistas que hará todo lo posible, dentro de los límites legales, para mantenerse en el poder y evitar que el país caiga en manos de la extrema derecha, 50 años después del final de la dictadura de Francisco Franco. A la hora de hacer lo necesario para sobrevivir, Calvo lo describió como un líder muy flexible.
Pero para algunos, Sánchez ha sido demasiado flexible.
Ha incumplido su promesa de no llegar a acuerdos de amnistía con los partidos separatistas para asegurarse la mayoría parlamentaria. Ha gobernado sin presupuesto durante tres años, a pesar de que en una ocasión dijo que la incapacidad de aprobar un presupuesto debería desencadenar elecciones. Y, lo más peligroso, según sus críticos, ha buscado de manera estratégica confrontaciones con la creciente ultraderecha española, lo que ha contribuido a motivar a los exasperados liberales para que volvieran a votar por él, pero también otorgó a la ultraderecha una legitimidad que antes no tenía.
Pero la crítica que quizá más ha perseguido a Sánchez es su asociación con antiguos dirigentes del Partido Socialista caídos en desgracia, a los que sus enemigos han denominado la “Banda del Peugeot”.
En octubre de 2016, cuando Sánchez se embarcó en una campaña de primarias que inició su notable ascenso a la cima del Gobierno español, salió en su Peugeot negro con tres aliados políticos. Prometió alegremente en una publicación en las redes sociales tomar “mi coche para recorrer de nuevo todos los rincones de España y escuchar”.
El viaje por carretera se convirtió en un elemento central de la mitología política de Sánchez.
Sin embargo, una década después, con todos sus compañeros de viaje enfrentándose a acusaciones de corrupción y a constantes ataques de los conservadores, el viaje parece haberlo dejado mareado.
Uno de los acusados es José Luis Ábalos, exministro de Fomento y alto cargo del partido, quien actualmente está encarcelado y en juicio por recibir sobornos, entre otras acusaciones que él niega. Cuando los agentes allanaron su domicilio, dijeron que habían encontrado un disco duro externo, que contenía posibles pruebas, escondido en los pantalones de una mujer que había trabajado como actriz pornográfica y a quien Ábalos había pedido que paseara a su perro, según un informe policial revisado por The New York Times.
La mano derecha de Ábalos, Koldo García, exportero de discoteca y chofer convertido en intermediario del gobierno, está acusado de aceptar sobres llenos de sobornos para el ministro, y también está en la cárcel. También niega los cargos.
Santos Cerdán completa el grupo del Peugeot, quien sustituyó a Ábalos en 2021 como número dos del partido y fue el principal negociador de Sánchez en el acuerdo con los separatistas catalanes que le permitió formar gobierno. Cerdán está siendo investigado por la fiscalía por haber aceptado sobornos de una empresa constructora, acusación que él niega.
Ninguna de las acusaciones ha implicado personalmente a Sánchez, quien llegó al poder como un cruzado anticorrupción, aunque ha asumido cierta responsabilidad por confiar en sus antiguos socios.
“Perdón”, dijo Sánchez en una sombría conferencia de prensa celebrada el 2025 de junio.
Pero eso no puso fin a los problemas de Sánchez.
En diciembre, la reaparición de acusaciones de acoso sexual contra un alto cargo del partido, que este negó, amenazó con alejar a las mujeres votantes, fundamentales para las posibilidades de reelección de Sánchez. La semana pasada, un juez solicitó la imputación formal de la esposa de Sánchez, Begoña Gómez, en un caso de tráfico de influencias que lleva mucho tiempo en curso.
Su esposa niega las acusaciones, y Sánchez las ha denunciado como parte de una campaña de desprestigio, en la que las acusaciones de sus oponentes de derecha provocan investigaciones por parte de jueces conservadores afines, que luego se amplifican en los medios de comunicación conservadores. En una ocasión, Sánchez se planteó renunciar en respuesta a las acusaciones contra su esposa, lamentándose en público de que se dirigieran contra ella simplemente por ser su cónyuge (“Soy un hombre”, dijo, “profundamente enamorado”).
Los escándalos se produjeron en medio de una avalancha de otras malas noticias, como un apagón nacional de electricidad, una erosión de la mayoría parlamentaria de Sánchez, una crisis de vivienda e inundaciones mortales en Valencia, donde los habitantes enfurecidos de la zona lo obligaron a huir durante su visita al sitio.
A pesar de tener la economía de más rápido crecimiento de la Unión Europea, España se ha polarizado cada vez más, y gran parte de la animadversión se centra en Sánchez. Hay cánticos habituales, coreados por jóvenes de derecha, en cines, estadios de fútbol y clubes nocturnos llenos, que califican a Sánchez como un maldito.
En febrero, los partidarios del famoso y apuesto presidente del Gobierno observaron que tenía un aspecto terrible: la cara demacrada, los ojos hundidos. “Come un poquillo”, le gritó una mujer mayor con la que se encontró mientras le estrechaba la mano en la ciudad sureña de Jaén. “Que estás muy delgado“, añadió.
Para escapar de los problemas políticos en el pasado, Sánchez a menudo recurrió a la táctica del miedo. Durante años, según los analistas, se peleó con el partido nacionalista de derecha en ascenso Vox –el cual se opone a los derechos LGBTQ, es hostil al islam y quiere repatriar a los migrantes– sobre cuestiones culturalmente explosivas. Con ello, Sánchez pretendía despertar del letargo a los partidarios de la izquierda, pero también debilitar al Partido Popular, de tendencia conservadora, desviando hacia Vox a sus miembros de línea más dura.
La táctica funcionó en 2023, cuando Sánchez, prácticamente descartado, consiguió mantener el poder tras las elecciones nacionales. Pero desde entonces, y especialmente tras el estallido de los escándalos, los votantes liberales parecen menos motivados y más exasperados con Sánchez. A algunos antiguos aliados les preocupaba que, a largo plazo, su afán de supervivencia aumentara las probabilidades de que España se inclinara algún día hacia la extrema derecha.
Pero entonces apareció Trump, y lanzó insultos como si fueran salvavidas.
Mientras ambos se enredaban en un estira y afloja sobre aranceles, la OTAN, Palestina, Groenlandia y Venezuela, Sánchez parecía ganar fuerza con cada interacción, lo que le ayudaba a distraer la atención de sus crisis internas. Los asesores de Sánchez se encogieron de hombros ante las amenazas de Trump de imponer aranceles punitivos a España porque el país, como miembro del bloque comercial de la Unión Europea, es difícil de señalar de manera específica. Para Sánchez, las amenazas de Trump solo representaban ventajas.
Después, la guerra de Irán dio a Sánchez una plataforma aún mayor para enfrentarse a Trump. Fue, entre los líderes europeos, uno de los primeros y más estridentes críticos de los ataques de Trump a Irán. Acusó al presidente estadounidense de incumplir el derecho internacional. Negó a los bombarderos estadounidenses el derecho a utilizar las bases aéreas españolas para atacar a Irán. No le pareció bien la declaración de tregua por parte de Estados Unidos. “El Gobierno de España”, dijo, “no aplaudirá a quienes incendian el mundo solo porque se presenten con un cubo”.
Ahora, las cifras de Sánchez en las encuestas han subido, y parece estar disfrutando del momento.
El día de las recientes protestas anti-Trump en todo el mundo, publicó un video de sí mismo, con mejor aspecto, en bicicleta con una gorra de Make Science Great Again (Hagamos a la ciencia grandiosa de nuevo).
Parece estar recurriendo a nuevos aliados. El presidente chino, Xi Jinping, dijo que China y España estaban en “el lado correcto de la historia” cuando Sánchez visitó Pekín la semana pasada.
Y cuando el papa León XIV criticó recientemente a Trump, el presidente del Gobierno español se aseguró de seguir en la refriega, al respaldar al pontífice con una referencia bíblica que, según algunos, podría aplicarse también a Sánchez.
“Quien siembra vientos”, escribió, “recoge tempestades”.
Carlos Barragán y José Bautista colaboraron con reportería.
Jason Horowitz es el jefe de la oficina de Madrid del Times, y cubre España, Portugal y la forma de vida en toda Europa.
Carlos Barragán y José Bautista colaboraron con reportería.
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