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Algunos estadounidenses que viven en el extranjero se han dado cuenta de que no pueden reproducir en EE. UU. el mismo estilo de vida cómodo que han tenido en otros países.
Nino Trentinella disfruta de los lujos de una vida de clase media alta en Tiflis, la capital de Georgia, donde vive desde hace más de dos años.
Trentinella, de 46 años, quien creció en Baltimore tras emigrar de Tiflis cuando era niña, ha estado trabajando a distancia como migrante, ya que optó por llevar una vida nómada. Gana menos de 40.000 dólares al año como educadora independiente especializada en arte, y sobre todo trabaja con niños. Tiene una ama de llaves que va a su casa dos veces por semana, toma taxis casi todos los días y come en restaurantes locales con regularidad. Su esposo gana anualmente unos ingresos variables de cinco cifras.
Trentinella, quien es ciudadana estadounidense, y su marido se benefician de la exclusión de ingresos obtenidos en el extranjero, según la cual los primeros 130.000 dólares ganados por estadounidenses en el extranjero (para el ejercicio fiscal 2025), más una parte de los costos de vivienda, están exentos de impuestos en Estados Unidos. Además, solo paga el 1 por ciento de impuestos locales gracias a las leyes fiscales de Georgia que benefician a los trabajadores a distancia.
Este estilo de vida sería inalcanzable para alguien en su posición y salario en Estados Unidos, dijo. Incluso como trabajadora independiente, pudo tomarse seis meses de baja por maternidad y contratar ayuda doméstica, algo que pocos de sus amigos que trabajan en el mundo empresarial estadounidense pueden hacer.
“Teníamos una cocinera”, dijo Trentinella. “Venía a casa y nos preparaba la comida unas cuantas veces a la semana. Teníamos un ama de llaves”.
A Trentinella le gustaría volver con el tiempo a Estados Unidos para darle más oportunidades a su hijo mayor y jubilarse cerca de su familia. Pero el costo de regresar parece demasiado alto.
El nomadismo digital aumentó su popularidad en 2020, cuando la pandemia normalizó el trabajo a distancia. Desde las elecciones presidenciales de 2024, se ha disparado el interés de los ciudadanos de Estados Unidos en mudarse al extranjero, y el año pasado los estadounidenses se marcharon en cifras récord, muchos de ellos en busca de un costo de vida más bajo.
Unos 5,5 millones de estadounidenses viven en el extranjero, según la Asociación de Estadounidenses Residentes en el Extranjero, un grupo no partidista de ciudadanos fuera del país. Muchos de los que planean volver a casa se dan cuenta de que no pueden mantener el mismo estilo de vida cómodo que han llevado en el extranjero. Como consecuencia, han hecho planes para seguir viviendo fuera de Estados Unidos, o han hecho cambios radicales en su vida.
Una de las principales preocupaciones es contar con suficiente dinero para jubilarse con comodidad. Como trabajadora independiente, Trentinella describió sus perspectivas de jubilación como “un poco raras” y no ha empezado a ahorrar en serio.
“No tengo ninguna prestación”, dijo. “Todo sale de mi bolsillo. En cierto modo, es más fácil cuando una empresa lo hace por ti”.
Trentinella está buscando fuentes de ingresos alternativas para mantener a su familia en su vejez.
Otra preocupación es el elevado costo del cuidado de la salud en Estados Unidos. Trentinella dijo que contaba con un seguro médico francés, donde vivió brevemente y de donde es originario su compañero. Dijo que muchos otros migrantes estadounidenses locales disfrutaban de servicios baratos y rápidos, y pagaban de su bolsillo algo menos de 40 dólares por tratamientos rutinarios como análisis de sangre.
Ahorrar mediante el arbitraje geográfico
Corey O’Flanagan, editor de video, tiene unos ingresos anuales de seis cifras junto con su pareja. Dijo que gastaba unos 70.000 dólares al año dividiendo su tiempo entre el sudeste asiático, el sur de Europa y los Balcanes, y calculó que mantener su estilo de vida actual le costaría 120.000 dólares al año en su natal Denver.
O’Flanagan, de 43 años, dijo que se mantenía dentro de su presupuesto independientemente de dónde viajara y, por lo tanto, derrochaba más en cosas como comer fuera en lugares con costos bajos como Malasia o Tailandia y menos en zonas de mayor costo como Italia o España. Le gustan los lujos, como los masajes, en los que dijo que no se plantearía gastar en Estados Unidos.
“Creo que comer fuera es importante: no cocinamos en casa”, dijo O’Flanagan. “Diría que el 80 por ciento de lo que hacemos en Estados Unidos tiene que ver con comestibles, y comeremos fuera de vez en cuando. Cuando estamos en el sudeste asiático, casi tiene más sentido comer fuera que ir a comprar víveres”.
O’Flanagan lleva tres años viviendo un estilo de vida nómada y empezó a pensar seriamente en su jubilación a los 38 años. Dijo que había conseguido ahorrar una cantidad de seis cifras para la jubilación y que también había acumulado un fondo de emergencia de 50.000 dólares.
Ha podido ahorrar mucho más rápido al hacer lo que se conoce como arbitraje geográfico: trabajar para clientes estadounidenses y australianos mientras vive en países de bajo costo como Vietnam.
“Sentía que me estaba quedando atrás para mi edad, así que me lo he tomado un poco más en serio”, dijo O’Flanagan.
Con sus ingresos actuales, dijo que no se sentiría cómodo jubilándose en Estados Unidos, ni siquiera visitando el país durante periodos prolongados.
“El cuidado de la salud en Estados Unidos nos asusta a los dos”, dijo O’Flanagan refiriéndose a sí mismo y a su esposa. “Mi esposa es inglesa, así que realmente la asusta mucho y yo me estoy dando cuenta de cuán malo es al utilizar los sistemas sanitarios de otros países”.
En Kuala Lumpur, Malasia, por ejemplo, él y su esposa pagaron 400 dólares cada uno por una serie de pruebas de salud preventivas, incluidas muestras de orina, análisis de sangre y una ecografía de todos sus órganos, junto con una consulta con un médico que duró más de una hora. Este tipo de exámenes profilácticos completos podría costar varios miles de dólares en Estados Unidos.
O’Flanagan dijo que su plan actual era jubilarse en el extranjero, pero quizá con la opción de volver a casa durante unos meses al año para visitar a su familia.
Peter Sengelmann, analista financiero colegiado especializado en migrantes estadounidenses de Creative Planning International, una empresa de gestión patrimonial, ha visto a personas cometer errores al intentar ahorrar para la jubilación en el extranjero.
Entre los escollos más comunes están las aportaciones a cuentas de jubilación de Estados Unidos para las que no reúnen los requisitos o el uso de dinero después de impuestos para financiar una cuenta de jubilación individual tradicional, lo que puede dar lugar a la tributación tanto de las aportaciones como de los retiros.
Si los migrantes estadounidenses pueden excluir totalmente lo que ganan de la tributación en Estados Unidos mediante la exclusión de ingresos en el extranjero, no reúnen los requisitos para hacer una aportación a una cuenta IRA o a una cuenta Roth IRA, que requieren ingresos imponibles.
Además, Sengelmann ha observado que, en general, los nómadas no tienen en cuenta los impuestos al vivir en otro país. Algunos no se dan cuenta, por ejemplo, de que “deben declarar y pagar impuestos locales sobre la renta o incluso contribuir a las pensiones locales o estatales”.
“La regla general que recordamos a la gente es que donde ganas el dinero es donde probablemente tendrás que pagar el impuesto sobre la renta”, dijo Sengelmann, “aunque los clientes de un nómada –y el dinero que les pagan– tengan su sede en Estados Unidos”.
Irse y volver
James Stanley comenzó su aventura nómada sin un plan financiero claro sobre cómo haría que las cosas funcionaran a largo plazo, e inicialmente gastó el dinero que ganaba haciendo trabajos estacionales como chef en Estados Unidos. A diferencia de muchos nómadas digitales, que han pasado años trabajando a distancia en industrias tecnológicas, Stanley planeó mudarse y después buscar ingresos a distancia.
Stanley, de 35 años, ganaba algo menos de 15.000 dólares al año mientras vivía en Ciudad de México, desde donde realizaba una mezcla de enseñanza de inglés por internet a niños chinos y escribía para fábricas de contenidos “produciendo mensajes no deseados”, dijo, o artículos para promocionar servicios y productos.
Aunque estos ingresos no serían sostenibles en su natal Chicago, le permitían vivir con solvencia en Ciudad de México.
“Soy muy minimalista: no necesito tanto para vivir”, dijo Stanley.
Alquilaba habitaciones grandes a sus amigos en zonas menos gentrificadas de Ciudad de México por 400 dólares al mes, pero al alcance de algunos de los lugares más populares de la ciudad. Gastaba menos de 10 dólares al día en comida y seguía una dieta rica en frutas y verduras.
Stanley dijo que era capaz de mantener 5000 dólares en ahorros líquidos, pero que no ahorraba dinero para la jubilación. No tenía seguro médico y, en cambio, pagaba varios cientos de dólares de su bolsillo cada vez que necesitaba tratamiento.
Dijo que su vida en México era feliz, pero que la falta de seguro médico a medida que envejecía y la imposibilidad de acumular ahorros lo aterrorizaban.
Aunque Stanley había tenido buenas experiencias visitando consultorios de bajo costo anexos a las farmacias y pagando 100 dólares por el tratamiento de dolencias de corta duración, como ataques de vértigo, tenía dudas sobre cómo navegar por la asistencia sanitaria en un país extranjero como individuo en una situación económica precaria.
“El trabajo a distancia no me convencía”, dijo Stanley. “Sabía que, tarde o temprano, me encontraría en una situación en la que tendría un problema de salud grave”.
Estas preocupaciones llegaron a su punto álgido tras un espasmo de espalda que lo dejó postrado en cama durante aproximadamente una semana el año pasado.
Hace unos meses, Stanley se mudó con sus padres a las afueras de Chicago. Está estudiando para obtener una licencia de seguros con el objetivo de iniciar una carrera en el sector y, más adelante, trabajar a distancia si puede.
¿Su objetivo? Volver a Latinoamérica con una base financiera más sólida, como un migrante estadounidense mejor situado.

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