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En 2021, un loro discapacitado llamado Bruce saltó a los titulares de todo el mundo por crear su propio pico protésico. No se detuvo ahí: científicos informaron el lunes que Bruce se ha convertido en el macho alfa de su grupo.
Y lo logró aprendiendo a luchar en justas.
La nueva investigación, publicada en Current Biology, es una significativa adición a un pequeño pero creciente número de observaciones que demuestran cuán resistentes pueden ser los animales con discapacidades, dijo Alice Auersperg, bióloga cognitiva de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, quien no participó en el estudio.
“La relación entre innovación y discapacidad en los animales es importante y es muy poco estudiada”, dijo.
Bruce es un kea de 13 años, una especie que solo se encuentra en Nueva Zelanda. Estos loros del tamaño de una gaviota viven juntos en grupos, conocidos como circos, que pueden llegar a tener decenas de individuos.
Los loros kea se consideraban plagas hasta las últimas décadas, porque a veces atacan a las ovejas cuando escasea su alimento habitual. En la década de 1980, el gobierno neozelandés pagaba recompensas por las keas muertas, lo que contribuyó a reducir su número a menos de 5000 ejemplares.
Las recompensas han desaparecido, pero las keas siguen estando gravemente amenazadas. Estas curiosas aves resultan heridas al intentar robar comida de las trampas para ratas, por ejemplo. Eso es lo que los científicos sospechan que le pasó a Bruce cuando era joven. Cuando lo descubrieron en la naturaleza, le habían arrancado todo el pico superior.
La lesión de Bruce equivalía a una grave discapacidad. Los loros kea utilizan su pico superior, largo y ganchudo, para acicalarse y mantener su plumaje limpio y libre de parásitos peligrosos. También escarban con el pico en busca de semillas y otros alimentos en el suelo del bosque.
“Perderlo probablemente dificultaría mucho su supervivencia básica en la naturaleza”, dijo Auersperg.
Los investigadores llevaron a Bruce a la Reserva Natural de Willowbank, donde se unió a otra decena de keas que vivían en cautiverio. A medida que crecía, los científicos visitaban su circo para estudiar la inteligencia de las aves.
Las keas demostraron ser curiosas solucionadoras de problemas. Y parecían divertirse en el proceso.
“Son muy juguetonas todo el tiempo”, dijo Alex Taylor, director del Laboratorio de Mentes Animales de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Quieren jugar con tus cordones de zapatos, quieren robarte tus bolígrafos”.
Taylor observó una vez cómo dos loros kea se posaban en un tronco flotante. Juntos, descubrieron cómo convertirlo en un balancín. Se divirtieron.
Bruce intentó unirse con entusiasmo a los experimentos de los científicos. Pero sin un pico superior, le costaba realizar tareas sencillas como tirar de una cuerda.
Pero el loro encontró otra forma de impresionar. En 2021, los investigadores observaron que regularmente agarraba un guijarro, sujetándolo entre la lengua y el pico inferior, y después lo empujaba a través de su plumaje.
Después de observar esta desconcertante rutina varias veces, los investigadores se dieron cuenta de que Bruce había inventado una nueva forma de limpiarse las plumas.
Al parecer, Bruce inventó este truco por su cuenta. Ninguna de las demás keas de la reserva utilizaba guijarros para acicalarse, y nunca se había observado este comportamiento en la especie.
El año pasado, Bruce dio una segunda sorpresa.
Las keas macho pelean por el dominio. El que pierde cae al fondo de la jerarquía del circo y, como consecuencia, experimenta estrés. El macho alfa termina con los niveles de estrés más bajos.
Para medir el estrés entre las nueve keas macho de la reserva, Taylor y sus colegas analizaron ciertas hormonas en su sangre. Para su sorpresa, la kea macho con los niveles más bajos era Bruce.
“No esperábamos que estuviera en la cima de los machos”, dijo Alexander Grabham, zoólogo de la Universidad de Canterbury y autor del estudio.
La sorpresa llevó a Grabham y a sus colegas a observar más de cerca. Tras revisar los videos, observaron que Bruce había alcanzado la cima con un estilo novedoso de lucha entre keas.
Las keas macho suelen morderse mutuamente alrededor del cuello. Bruce no puede morder; en su lugar, ha aprendido a luchar como en una justa. Se abalanza sobre sus adversarios y les golpea con la parte inferior del pico.
Las justas resultaron ser una estrategia inteligente. Bruce siempre ganaba sus combates y los demás machos lo obedecían. Una ventaja de convertirse en el macho alfa: Bruce visitaba primero los comederos de pájaros.
“Nadie intentó nunca saltarle encima o desplazarlo”, dijo Grabham.
Tras disfrutar de la comida, Bruce permite que los machos de rango inferior acicalen sus plumas y limpien su pico inferior. “Y cuando Bruce haya terminado, dará una patada o un pequeño tirón para decir: ‘Bien, ya está, he terminado’”, dijo Grabham. “Para mí, eso es una señal de dominio”.
Hay algunas preguntas sobre el ascenso de Bruce que serán imposibles de responder. Por ejemplo, Grabham y sus colegas no pueden precisar cuándo descubrió Bruce cómo luchar al estilo de las justas y convertirse en el nuevo alfa.
“No hemos hecho un seguimiento de su dominio y estrés durante los últimos 12 años para conocer su trayectoria”, dijo Taylor. “No es algo que buscáramos realmente, así que no supimos relacionar las cosas”.
Sarah Turner, primatóloga de la Universidad Concordia de Montreal, quien no participó en el estudio, dijo que la investigación sobre otras especies respalda la idea de que los animales discapacitados a veces idean formas innovadoras de mantenerse con vida y prosperar.
En su propia investigación, Turner ha observado que los macacos japoneses con manos deformadas aprenden a caminar bípedos en vez de a cuatro patas. Y los machos con discapacidades parecen encajar fácilmente en la jerarquía social a veces alcanzan los rangos superiores.
Los seres humanos son responsables de muchas de las discapacidades de los animales, dijo Turner: desde malformaciones congénitas causadas por la contaminación hasta lesiones provocadas por trampas, electrocución y accidentes de tráfico.
Los científicos necesitan saber más sobre cómo se adaptan los animales a la discapacidad, añadió, a medida que los humanos ejercen más presión sobre el reino animal: “El mundo es ahora un laboratorio viviente”.
Carl Zimmer cubre noticias sobre ciencia para el Times y escribe la columna Orígenes.

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