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Las residencias de ancianos y los centros de asistencia de Japón se enfrentan a una crisis desalentadora: una afluencia continua de pacientes ancianos y una escasez de trabajadores para atenderlos.
Algunos están recurriendo a una solución poco convencional: contratar a fisicoculturistas, practicantes de artes marciales mixtas y luchadores de sumo para que desempeñen funciones de cuidadores en un sector en el que los hombres escasean desde hace tiempo.
El inusual acuerdo ha dado trabajo estable a los atletas, que suelen tener carreras cortas y luchan por encontrar empleos bien pagados. También obtienen ventajas como alojamiento gratuito, cuotas de gimnasio y suplementos proteínicos.
Su participación ha contribuido a animar la vida en los centros de asistencia. En un centro, culturistas en camiseta de tirantes ayudan a los pacientes a lavarse los dientes y a hacer ejercicio. En otro, atletas de artes marciales mixtas se turnan para cocinarles a los residentes y ayudarlos a bañarse. En otro, luchadores de sumo retirados ayudan a cuidar a hombres rechazados en otros centros por su peso.
He aquí cómo los atletas de tres centros están cambiando la percepción de los cuidados en Japón.
Los fisicoculturistas
Una mañana reciente, en un centro de asistencia de Ichinomiya, ciudad del centro de Japón, un grupo de hombres y mujeres discapacitados jugaba y escuchaba la radio.
Entraron los cuidadores de guardia del día: un grupo de jóvenes fisicoculturistas de sonrisa radiante. Reciben un salario inicial de más de 1600 dólares al mes a cambio de trabajar seis horas al día en los centros de atención. También les pagan por hacer ejercicio en el gimnasio durante dos horas cada día.
“Siento que lo que me gusta hacer puede ser útil para la sociedad”, afirma Hokuto Tatsumi, de 27 años, que trabaja en el centro de Ichinomiya desde hace más de dos años. “Mis músculos ayudan a tranquilizar a los pacientes”.
Takuya Usui, un colega de 26 años, levantó a una paciente, Madoka Yamaguchi, de su silla de ruedas.
“¡Usted puede!”, le dijo. “¡Vamos!”.
Yamaguchi se rio. “Tiene una cara bonita, pero es muy estricto”, dijo.
Se burló de Usui. “Los machotes”, dijo mirando sus músculos, “no son mi tipo”.
Los culturistas fueron reclutados por Visionary, una de las varias empresas japonesas que se dirigen a los atletas con la esperanza de canalizar su fuerza y resistencia hacia funciones asistenciales. Yusuke Niwa, de 41 años, director general de Visionary, emplea ahora a más de 30 culturistas que trabajan por turnos en 25 centros.
“Tenemos que cambiar esta imagen anticuada”, afirmó. “Por eso contraté a fisicoculturistas: son muy fuertes, tienen buen aspecto y pueden ayudar a cambiar esta percepción”.
A medida que los fisicoculturistas adquieren experiencia en el sector, han aprendido a enfrentarse a las realidades inevitables del trabajo, como la muerte. Tras sufrir una serie de reveses de salud, Yamaguchi murió en febrero a los 65 años.
Usui dijo que le hubiera gustado pasar más tiempo con ella. Recordó cómo tejía portavasos para los miembros del personal; utilizaba la boca porque tenía las manos paralizadas.
“Pensé que si hubiera ido a verla antes, podría haber hablado con ella”, comentó. “Me di cuenta de que tengo que vivir cada día al máximo”.
Los atletas de artes marciales mixtas
En una residencia de ancianos de la prefectura de Kochi, en el sur de Japón, algunos jóvenes llevan una doble vida como cuidadores y luchadores de artes marciales mixtas. Trabajan durante el día y entrenan por la noche.
Mamiya Matsuura, de 36 años, que inició el programa en 2022, dijo que la llegada de atletas de élite –algunos con tatuajes, otros con el pelo teñido– ha aportado vitalidad y entusiasmo. La residencia, que su familia gestiona desde hace años, tiene actualmente unos 50 residentes y emplea a 10 luchadores, que viven y se entrenan en las instalaciones.
El rápido envejecimiento de la población japonesa ha puesto a prueba las residencias de ancianos como la de Kochi. En los últimos años se ha producido un fuerte aumento del número de pacientes ancianos. Una de cada seis personas en Japón tiene ahora 75 años o más. Al mismo tiempo, hay escasez de trabajadores, y Japón, que tiene límites estrictos a la inmigración, se ha resistido durante mucho tiempo a contratar a un gran número de cuidadores del extranjero.
Los hombres se han resistido tradicionalmente a desempeñar funciones de cuidadores: más del 70 por ciento de los cuidadores son mujeres, según datos del gobierno. En Kochi, los luchadores están desafiando los estereotipos.
“Hay mucha testosterona en la sala”, afirma Matsuura. “Pero cuando se trata de cuidar a los ancianos, los luchadores son muy tiernos y muy cariñosos”.
Los residentes han empezado a tratar a los luchadores como nietos, aseguró.
“Hay un brillo en sus ojos”, dijo.
Los luchadores de sumo
No lejos del ring nacional de sumo de Tokio, un equipo de luchadores de sumo retirados atiende a los residentes del Servicio de Día de Hanasaki. Los luchadores son capaces de levantar rápidamente a los residentes de las sillas de ruedas y colocarlos en las camas, y de moverlos con agilidad.
Los luchadores aprendieron en el ring de sumo a ser “muy rápidos para anticiparse a lo que viene a continuación”, dice Shuji Nakaita, de 44 años, que trabaja en el centro. La misma habilidad es importante en los centros asistenciales, dijo. Una mayor sensibilidad ayuda a los luchadores a anticiparse a las necesidades de los pacientes y a responder con rapidez.
Aunque las funciones de cuidador se consideran un trabajo agotador en Japón, él dijo que le resultaba gratificante.
“Aquí”, dijo, “somos como una familia”.
Hokuto Tatsumi, a la izquierda, y Takuya Usui, cuidan de ancianos en Atto Life Care, en Ichinomiya, Japón, el 4 de diciembre de 2025. (Chang W. Lee/The New York Times)
Takuya Usui, culturista, hace ejercicio con un paciente en Atto Life Care, en Ichinomiya, Japón, 4 de diciembre de 2025. (Chang W. Lee/The New York Times)

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