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Las autoridades han abierto una vía hacia la ciudadanía para quienes puedan demostrar que tienen un antepasado nacido en Canadá. Millones de personas podrían optar a ella.
Ellen Arthur, abogada de familia jubilada de 79 años residente en Lexington, Virginia, cuenta con décadas de experiencia desenterrando archivos personales para sus clientes. Sin embargo, encontrar un registro bautismal centenario conservado por una iglesia católica de Montreal, donde nació su madre, fue una experiencia sin precedentes.
Arthur se basa en ese viejo y polvoriento registro para solicitar la nacionalidad canadiense para sus dos hijos adultos.
Arthur, y sus hijos, forman parte de los miles de estadounidenses que se acogen a una nueva disposición de las normas de ciudadanía canadiense que entró en vigor en diciembre, según la cual las personas que pueden demostrar un antepasado directo nacido en Canadá –un abuelo, un bisabuelo o alguien incluso más antiguo– pueden convertirse oficialmente en canadienses.
Arthur ya tenía derecho a la nacionalidad por ser hija de una canadiense nacida en Canadá, pero no la había solicitado. Con la antigua política, conocida como la norma de la primera generación, sus hijos no habrían podido heredar la nacionalidad porque ni ella ni ellos habían nacido en Canadá.
Ahora, el acceso a ser canadiense puede, en teoría, remontarse generaciones atrás, si uno puede demostrar que es descendiente directo de alguien nacido en Canadá.
Y aunque el proceso es burocrático y el caso de Arthur se ha visto paralizado por contratiempos administrativos y de oficina, ya está atrayendo a posibles canadienses esperanzados, la mayoría de Estados Unidos.
El número de solicitudes aceptadas de ciudadanos estadounidenses para obtener la nacionalidad canadiense por descendencia aumentó casi un 50 por ciento en enero, en comparación con enero de 2025, de 1715 a 2470, según datos del Ministerio de Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá. Este fue el primer mes con datos disponibles desde la entrada en vigor de las nuevas normas.
Los cambios se produjeron a raíz de una campaña legal entablada por un pequeño número de familias residentes en el extranjero que no podían transmitir la ciudadanía canadiense debido a la estipulación de la primera generación. A raíz de una sentencia judicial, Canadá amplió la ciudadanía a los descendientes de canadienses nacidos fuera del país antes del 15 de diciembre de 2025.
Para los hijos nacidos o adoptados en el extranjero después del 15 de diciembre por un progenitor canadiense nacido en el extranjero, el progenitor debe haber vivido en Canadá al menos tres años antes del nacimiento o la adopción del hijo, para poder transmitirle la ciudadanía.
El cambio podría ampliar la ciudadanía canadiense a “potencialmente millones de personas de todo el mundo, muchas de las cuales nunca han vivido en Canadá y pueden tener solo un lejano vínculo ancestral con el país”, dijo Rick Lamanna, socio con sede en Toronto de Fragomen, empresa global de migración y reubicación.
Según Lamanna, la nueva política contrasta tanto con las de otras economías avanzadas que intentan limitar la migración, como con el importante endurecimiento de otras vías de inmigración por parte de Canadá.
En los dos últimos años, Canadá ha recortado drásticamente el número de estudiantes extranjeros, de trabajadores temporales y de residentes permanentes. Esto ya ha provocado una disminución de la población canadiense.
La política que amplía quién puede optar a la ciudadanía canadiense también contrasta marcadamente con el discurso en constante evolución sobre quién debería ser estadounidense en Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump quiere que se reduzca incluso la ciudadanía por derecho de nacimiento.
Entre las economías desarrolladas, Canadá ahora tiene una de las normas más inclusivas sobre la transmisión de la ciudadanía de generación en generación.
Hasta 2024, Italia ofrecía la ciudadanía por descendencia sin límite generacional, una vía que muchos estadounidenses utilizaban, pero desde entonces ha limitado la ciudadanía a las personas con un progenitor o abuelo italiano.
En los últimos años, solo un grupo de países ha ampliado su ciudadanía a personas con ascendencia más lejana, entre ellos Portugal y Eslovaquia, pero con algunas limitaciones.
La carga de la prueba para ejercer esta nueva vía para convertirse en canadiense aún es significativa, dijo un portavoz del Ministerio de Inmigración canadiense, sobre todo porque podría requerir una profunda investigación de archivo y recuperar documentos que podrían tener más de un siglo de antigüedad.
“Si bien estos cambios recientes ampliaron el acceso a la ciudadanía canadiense por descendencia, en sí mismo tener una ascendencia canadiense lejana no hace que alguien sea automáticamente elegible”, dijo Matthew Krupovich, portavoz del Ministerio de Inmigración.
Los documentos que cumplen los requisitos para las autoridades canadienses pueden ser certificados de nacimiento, certificados de ciudadanía o naturalización, u otros registros oficiales que demuestren las relaciones familiares y el estatus de ciudadanía, pero no la información obtenida mediante pruebas genéticas.
Ya hay indicios de que las nuevas normas están estimulando una mayor demanda de registros históricos. Los Archivos de Nueva Escocia, por ejemplo, han registrado un fuerte aumento de las solicitudes de copias oficiales de registros históricos, de unos 260 requerimientos en todo 2024 a aproximadamente 1500 solo en los tres primeros meses de 2026, dijo John Macleod, director de los archivos.
Aun así, las cifras de las primeras semanas desde que entraron en vigor los cambios también ponen de relieve que la mayoría de las personas no consiguen obtener la nacionalidad. Entre el 15 de diciembre y el 31 de enero, las autoridades canadienses tramitaron unas 6280 solicitudes de prueba de ciudadanía. De ellas, 1480 fueron confirmadas como ciudadanos por ascendencia en virtud de las nuevas normas, dijo el Ministerio de Inmigración.
La motivación para obtener la nacionalidad canadiense varía de una persona a otra. Para Arthur, la situación política de Estados Unidos ha hecho que sienta que ya no reconoce a su país.
“Las normas y los valores que creía que teníamos –igualdad para todos, independientemente del color, la raza o el sexo– han desaparecido”, dijo Arthur. “Quiero que mis hijos tengan esa opción, que se trasladen a Canadá si este país continúa tomando un rumbo fascista”, añadió.
Arthur cree que a su edad puede ser demasiado mayor para mudarse, pero quiere que sus hijos puedan hacerlo. “En realidad intento allanarles el camino”, dijo.
Para otros, convertirse en canadiense consiste más en volver a conectar con sus raíces.
Unos 900.000 francocanadienses abandonaron Quebec entre 1840 y 1930 en busca de oportunidades de trabajo durante la rápida industrialización de Nueva Inglaterra.
A mediados del siglo XVIII, unos 10.000 colonos franceses, llamados acadianos, de las provincias atlánticas de Canadá fueron expulsados por negarse a prestar juramento de fidelidad al Reino Unido.
Así es como los antepasados de Michelle Beauregard-Castoro, de 55 años, acabaron en Luisiana.
Beauregard-Castoro, consultora de ayuda en catástrofes que ahora vive en Bay St. Louis, Misisipi, se sintió profundamente conectada con Canadá en el proceso de rastrear la historia de su familia.
“La conexión se rompió hace 300 años y es hora de volver a unirla”, dijo.
A menudo se pregunta cómo sería su familia si sus antepasados no hubieran sido expulsados por los británicos.
“Creo que es importante que la familia vuelva a Canadá”, dijo, “y si eso es mediante un pasaporte para mí, que así sea”.
Vjosa Isai es reportera del Times radicada en Toronto, donde cubre noticias de todo Canadá.
Matina Stevis-Gridneff es la jefa del buró del Times en Canadá, donde dirige la cobertura del país.
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