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El vecindario de Hay el Sellom, en los suburbios del sur de Beirut, en Líbano, es casi irreconocible.
Lo que antes fue una comunidad alegre y densamente poblada es ahora un panorama de concreto derrumbado, metal retorcido y cables expuestos. Las casas han sido reducidas a capas de escombros. Escaleras que no conducen a ninguna parte. Los sonidos de la vida cotidiana han sido reemplazados por el silencio.
A pesar de los repetidos ataques israelíes desde el inicio de la guerra en Irán contra otras partes de los suburbios sureños de Beirut, donde Hezbolá ejerce su dominio, los residentes afirman que este vecindario se mantuvo en calma hasta la tarde del 8 de abril.
Los suburbios en el sur de Beirut han sido sometidos a repetidas órdenes de evacuación y ataques aéreos de Israel desde el inicio de la guerra, pero sus residentes contaron a la BBC que pocos abandonaron Hay el Sellom, pues no tienen a dónde más ir. También dijeron que este vecindario se había mantenido en relativa calma.
Ese miércoles, Abbas, el hijo de Mohammed, dormía en casa cuando el edificio fue objeto de un ataque aéreo israelí. “Los tres pisos arriba del mío cayeron encima de una habitación”, indica Mohammed. “Todos se vinieron abajo… sobre él”.
Fue parte de una oleada de ataques mortíferos que empezó a las 14:15, hora local, y que alcanzó unos 100 objetivos a lo largo de Líbano en tan solo 10 minutos, según Israel.
La destrucción causada en este breve espacio de tiempo sobrepasó la de cualquier otro día en esta guerra. Los objetivos incluyeron centros de comando y sitios militares de Hezbolá, pero entre las bajas hubo muchísimos civiles libaneses.
La cifra de muertos del día llegó a 361, según las autoridades libanesas, con más de 1.000 heridos.
“Esta es la segunda casa que he perdido”
En las semanas posteriores al ataque, la BBC visitó algunas de las zonas afectadas para descifrar lo que sucedió ese día. Nos encontramos con Mohammed en las ruinas de su apartamento.
“Esta es la segunda casa que he perdido”, expresa. “En la última guerra (en 2024) perdí una casa. Y en esta guerra perdí otra”.
“Desearía que fuese sólo mi casa lo que perdí, y que mi hijo hubiese sobrevivido. Estos ladrillos se pueden reconstruir. Pero nada me devolverá a mi hijo”.
Insiste en que todos los que murieron eran residentes del edificio. “Si pensara que hubiese apenas 1% de probabilidad de que alguien de Hezbolá viviera aquí, no me hubiera quedado”, asegura. “Nunca hubiera arriesgado la vida de mi hijo”.
“Tal vez, ya que tengo 45 años, no me hubiera preocupado del riesgo para mí mismo, pero a un joven con toda su vida por delante no lo habría metido a vivir en un edificio de saber que alguien (de Hezbolá) estuviera ahí”.
Tras la muerte de su hijo, Mohammed manifestó sus simpatías por Hezbolá en una entrevista con medios locales, pidiéndole que defendiera a Líbano. Ese es un sentimiento repetido por muchas personas con las que hablamos en las zonas que han sido consistentemente atacadas por Israel.
Hezbolá -un grupo miliciano y partido político respaldado por Irán y basado en Líbano- lanzó cohetes hacia Israel el pasado 2 de marzo, en respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. Lo que siguió fue que Israel ocupó amplias zonas del sur de Líbano y lanzó ataques en un intento por destruir la cúpula de Hezbolá.
A primera hora del 8 de abril se anunció un cese el fuego temporal entre EE.UU. e Irán, una pausa en una guerra regional más amplia que ya había transformado a Medio Oriente.
Aunque Israel afirmó que Líbano no estaría incluido en ese acuerdo, la población en la zona estaba cautelosamente esperanzada, hasta que empezó la embestida.
“Todo quedó en silencio”
Al analizar videos, mensajes en las redes sociales e imágenes satelitales verificados, y compararlos con los testimonios de testigos presenciales, hemos identificado por los menos cinco ataques que impactaron Hay el Sellom en rápida sucesión.
Algunos medios israelíes reportaron que Ali Mohammed Ghulam Dahini, alq ue señalaron como altomando de Hezbolá, fue alcanzado en el vecindario. También encontramos un afiche de homenaje que lo describe como un combatiente de este grupo miliciano.
Le preguntamos a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) si Dehini era el objetivo, pero no respondieron la pregunta y tampoco aportaron información específica sobre quién o qué había sido el objetivo en Hay el Sellom.
Lo que está claro es la magnitud de las bajas de civiles. El Ministerio de Salud de Líbano informó a la BBC que más de 80 personas murieron en este vecindario. Nuestro análisis muestra que por los menos 15 de los muertos eran niños.
Las calles estrechas que atraviesan los abigarrados edificios en Hay el Sellom frenaron los intentos de rescate. Los residentes describen cómo muchas personas quedaron atrapadas entre los escombros, pidiendo a gritos socorro, enviando mensajes y esperando que pudieran ayudarles.
Uno de los primeros en llegar a un hospital cercano fue Ghassan Jawad. Estaba dormido cuando el edificio se desplomó encima de él y de su familia.
“De pronto me encontré bajo tierra”, cuenta. “Pensé que había muerto”. Recuerda el sonido de la gente gritando. “Empecé a rezar porque sabía que hasta aquí había llegado”.
Entonces, continúa, algo inesperado sucedió. “Mi gata empezó a escarbar. Hizo un pequeño hueco para que pudiera respirar”.
Después de unos 10 minutos, escuchó voces encima, a medida que los vecinos empezaron a escarbar en los escombros. “Trajeron martillos y barras metálicas”, cuenta. “Me sacaron”. Pero otros no sobrevivieron.
“Podía escuchar a la gente muriendo”, relata calladamente. “Escuché a mi madre rezando a mi lado… luego su voz paró”. Su madre, dos hermanas y sus hijos murieron todos. “Todo quedó en silencio”, dice. “Completamente en silencio”.
Ataque simultáneo
A poco más de seis kilómetros de distancia, en el centro de Beirut, otro vecindario también fue atacado, Corniche al Mazraa, una de las zonas más concurridas de la ciudad.
A las 14:15 la vida seguía su curso: clientes participaban en una clase de gimnasia, un restaurante preparaba la comida y un peluquero estaba en medio de un corte, como muestran las imáganes de varias cámaras de seguridad.
Entonces, sin previo aviso, llegaron las explosiones, matando a 16 personas, según el Ministerio de Salud libanés.
Fue la primera vez que este vecindario se convertía en objetivo en esta guerra.
Noha, una entrenadora física, daba una clase en el séptimo piso cuando dos bombas cayeron sobre el depósito de una compañía de confección, produciendo una poderosa explosión que dañó los edificios aledaños.
La mujer había observado con frecuencia y desde la distancia cómo eran atacados los barrios del sur de la capital libanesa, pero nunca pensó que esos ataques llegarían hasta el corazón de la ciudad. “Para nosotros, esto sucedió sin advertencia”, afirma.
“Miré hacia afuera y encontré que el mundo estaba negro. Encontré gente cubierta en sangre. Encontré gente en el piso”.
Noha cuestiona por qué atacaron la zona. “El objetivo fue civil. Definitivamente, un objetivo civil”, asegura. “Nosotros fuimos los agredidos”.
La BBC investigó si había evidencia de que hubiera un objetivo de Hezbolá en la zona, pero no pudo encontrarla. También preguntó a las FDI, pero no respondieron.
Hermanas muertas
La BBC ha identificado al menos otros cuatro ataques que ocurrieron dentro de un radio de 1,6km del gimnasio.
A lo largo del país, escenas similares tenían lugar en el mismo breve espacio de 10 minutos. Desde Hermel en el norte, a través del valle de Bekka hasta las aldeas en el sur más profundo, se reportaron ataques casi simultáneamente.
La ciudad sureña de Sidón fue una de las atacadas sin previo aviso, con bombas que aplastaron el complejo religioso de Al Zahraa, afiliado a Hezbolá.
Rahma, de 27 años, y Rayan, de 22, jóvenes mujeres de una familia forzada a huir de su hogar cerca de la frontera con Israel, estaban visitando una mezquita cuando se produjo el ataque.
“Dijeron que iban a rezar”, cuenta su madre, Kawkab. “Media hora después, el complejo recibió un impacto”. Ambas chicas murieron.
“Vinimos aquí por seguridad”, añade Kawkab.
El clérigo de Al Zahraa, el jeque Sadiq Naboulsi, también murió en el ataque. Tenía estrechos lazos ideológicos y familiares con Hezbolá, aunque no ostentaba un cargo oficial. Otro hombre muerto allí, Mohammed Ma’ani, era un alto funcionario de Hezbolá en la unidad de enlace y coordinación del grupo. Las FDI rehusaron confirmar si alguno de los dos hombres fueron objetivos intencionados.
Tampoco ha sido posible identificar siete de los otros nueve individuos muertos reportados en el lugar. Toda la evidencia disponible sugiere que eran civiles.
Las FDI informan que atacaron a 250 operativos de Hezbolá ese día pero no han aportado una lista completa de sus nombres. El Ministerio de Salud de Líbano disputa eso, señalando que la gran mayoría de los muertos eran civiles.
Cuando se les preguntó qué medidas toman para proteger a los civiles, las FDI indicaron que hacían “grandes esfuerzos para mitigar el daño a los individuos no involucrados”.
Las FDI también expresaron que la mayoría de los objetivos estaban ubicados “dentro del corazón de la población civil, como parte de la explotación cínica de Hezbolá de usar civiles libaneses como escudos humanos para proteger sus operaciones”.
Hezbolá lo niega, resaltando que Israel ataca objetivos civiles como una táctica de presión. El grupo, proscrito como organización terrorista por Reino Unido, EE.UU. y algunos países árabes, añadió que nunca quiso la guerra y que actuaba en defensa propia.
El 8 de abril, Israel asegura que atacó 100 objetivos en el lapso de 10 minutos, produciendo uno de los días más mortales de Líbano en décadas. Más de 360 personas murieron y más de 1.000 resultaron heridas ese día, afirma el gobierno libanés.
Israel llamó la operación “Oscuridad Eterna”. Para el pueblo libanés que la experimentó, se conoce como Miércoles Negro.
Con información adicional de Jasmin Dyer y Jake Tacchi.
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