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  • Muere Edgar Morin, el filósofo francés que aportó “una nota de esperanza frente a un mundo que se deteriora”

    Muere Edgar Morin, el filósofo francés que aportó “una nota de esperanza frente a un mundo que se deteriora”

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    Edgar Morin con una bufanda rosada y una chaqueta oscura

    PASCAL GUYOT/AFP via Getty Images

    “Jamás hemos tenido tantos conocimientos múltiples sobre lo humano y jamás hemos sabido menos qué es el ser humano”.

    Así lo creía Edgar Morin, uno de los filósofos e intelectuales más destacados del siglo XX y de este también.

    Y es que su pensamiento y su obra siguen vigentes, no solo en los círculos académicos de su natal Francia, sino en bibliotecas, universidades y escuelas de decenas de países.

    El creador de la teoría del pensamiento complejo murió el viernes a los 104 años.

    “Hasta sus últimos días, Edgar Morin permaneció atento al mundo, a los demás y a los grandes retos humanos que alimentaron su pensamiento”, señaló en un comunicado su esposa, Sabah Abouessalam Morin.

    “Hoy, el vacío que deja es inmenso. Pero su valentía, su fidelidad a las personas y a las ideas, su exigencia moral y su esperanza siguen acompañándonos”.

    Cuando el sociólogo cumplió 100 años, la Unesco publicó un reportaje en el que resaltó su “singular pasión por cambiar el destino del planeta”.

    El intelectual humanista de izquierdas, que formó parte de la Resistencia contra el nazismo y criticó el estalinismo, se sumergió en los grandes debates relacionados con la globalización, la tecnología, la ciencia y la ecología.

    Y al hacerlo tendió puentes no solo entre disciplinas, sino entre personas.

    Un “Hiroshima interior”

    Nació como Edgar Nahoum en París, el 8 de julio de 1921, en el seno de una familia judía procedente de Tesalónica, Grecia.

    El periodista Nicolas Truong, consejero de redacción de la revista Philosophie, escribió en el periódico Le Monde un obituario sobre el filósofo en el que cuenta que los primeros minutos de su existencia “quedaron suspendidos entre la vida y la muerte”.

    Edgar Morin con la toga y birrete y una medalla de cinta azul y amarilla sostiene el título junto al rector Juan Tutuy Aspauza, quien también llevaba toga y birrete y una medalla con cinta roja y blanca.

    JACK RAMON/AFP via Getty Images
    En 2007, la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle, en Perú, le concedió a Morin el título Doctor Honoris Causa. Más de 30 universidades en otros países le dieron esa distinción.

    “Su madre, Luna, le había ocultado a su marido, Vidal, que desde el punto de vista médico el parto estaba contraindicado, debido a una afección cardíaca causada por la gripe española, que había contraído en 1917”.

    Ambos sobrevivieron, pero cuando se acercaba a los 10 años de edad, Luna murió de un ataque cardíaco.

    El filósofo describiría esa experiencia como un “Hiroshima interior”.

    Estudió Historia, Geografía y Derecho y se desempeñó como investigador en centros académicos franceses.

    Los críticos que coincidieron

    En 2021, la Unesco en Montevideo publicó el reportaje “Edgar Morin: 100 años de un maestro universal”, que escribió Analía Matyszczyk.

    En el texto, Martine Lani-Bayle, profesora emérita de Ciencias de la Educación por la Universidad de Nantes, contó que muchos de los críticos de Morin terminaron coincidiendo con él.

    “Morin se define como un desviado, marginal, a veces rechazado. Lo fue, al menos en Francia, y curiosamente lo siguió siendo hasta el lanzamiento de La Voie, en 2011. Recién a sus 90 años, hasta sus detractores se pusieron de acuerdo con sus ideas”.

    Y aunque por un tiempo no se le consideró una figura principal en la academia de su país, lo cierto es que su pensamiento llegaría a tener un gran impacto internacional.

    Enseñó en países como Chile y Estados Unidos y sus obras, entre ellas unos 40 libros, se tradujeron a distintos idiomas.

    Algunos de sus libros más conocidos son: “Introducción al pensamiento complejo”, “El método”, “Lecciones de la historia” y “La mente bien ordenada”.

    “Cuanto más conocemos al ser humano, menos lo comprendemos. Las disociaciones entre disciplinas lo fragmentan, lo despojan de vida, de carne, de complejidad, y ciertas ciencias supuestamente humanas llegan incluso a vaciar la noción de hombre”, escribió Morin en “El método”, según reseña la agencia de noticias francesa AFP.

    “Los siete saberes”

    Morin se convirtió en el supervisor científico del proyecto “La vía de los 7 saberes” de la Unesco, que se inspiró en su obra “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, publicada en 1999 por esa agencia de la ONU.

    “En América Latina y el Caribe, su incidencia en el pensamiento pedagógico y social ha sido de enorme trascendencia, con gran adhesión de comunidades de educadores y académicos de los países de la región”, señala la Unesco en el sitio dedicado al proyecto.

    En un video de 2018, publicado en ese sitio, el intelectual se mostró complacido de que los jóvenes fueran invitados a explorar “el universo del conocimiento complejo” a través de ese proyecto digital.

    “Hoy en día estamos condenados a un conocimiento ciego”, dijo.

    “A pesar de la multiplicación de informaciones y de los saberes sobre todo, no comprendemos para nada adónde nos conduce el mundo”.

    Para el filósofo, nos enfrentamos al problema de que en realidad lo que conocemos son “fragmentos separados de un rompecabezas”, nos cuesta ver que los elementos están asociados, no sabemos cómo vincularlos.

    “Opti-pesimismo”

    Una de las claves de que el pensamiento de Morin no perdiera vigencia con el tiempo es que nunca dejó de apostar por “la reforma, la metamorfosis, el diálogo respetuoso”, señaló la profesora Lani-Bayle.

    “Es un lúcido opti-pesimismo que aporta una nota de esperanza frente a un mundo que se deteriora”.

    Y es que Morin hizo un llamado ético por la cooperación y la fraternidad.

    Hay quienes creen que el filósofo francés fue necesario para ayudarnos a entender el mundo que nos rodea.

    Su legado queda y el recuerdo de quienes lo consideraron no solo un intelectual brillante, sino un ser humano que estuvo atento a lo que sucedía a su alrededor hasta el final.

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    BBC

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  • Donald y Doris Fisher, la pareja que no pudo encontrar un talle de jeans y terminó creando el gigante de la moda Gap

    Donald y Doris Fisher, la pareja que no pudo encontrar un talle de jeans y terminó creando el gigante de la moda Gap

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    Logo de Gap en una tienda, reflejado en el vidrio del edificio

    Getty Images
    Gap revolucionó la forma de comprar y vestir en el mundo… pero no siempre ha tenido viento en popa.

    Se acercaba el final de los años 60 y San Francisco era el epicentro de una nueva cultura juvenil que olía a incienso y sonaba a Grateful Dead, Janis Joplin y Jimi Hendrix.

    Donald y Doris Fisher ya tenían tres hijos. Él era un empresario de bienes raíces y ella, tras haber sido una de las primeras mujeres en obtener un título de economía de la Universidad de Stanford, se había dedicado al hogar, como solía ser la costumbre.

    Don se topó con un problema: no encontraba unos jeans Levi’s que le quedaran bien. Doris decidió ayudarlo a resolverlo.

    Así nació una de las marcas más influyentes del siglo XX, una que triunfó, cayó, luego llegó a su apogeo, se desplomó y ahora está conquistando una vez más a nuevas generaciones.

    Pero antes, volvamos a la época hippie.

    Los jeans Levi’s eran el símbolo cultural del momento. Lo que antes habían sido ropa de trabajo, en esa década, con figuras como James Dean y el rock and roll, se habían convertido en el uniforme de la rebeldía.

    Todo el mundo los quería, pero Don y Doris hicieron la investigación de mercado y encontraron un hueco enorme: ni siquiera los grandes almacenes solían tener todos los colores, tallas y estilos disponibles, y los más populares volaban de los estantes.

    Se les ocurrió abrir una tienda que tuviera absolutamente todo lo que Levi Strauss fabricaba, sin que nunca faltara nada.

    “No planeaba dedicarme al negocio de la ropa”, diría Don luego. “Solo quería evitar la pesadilla de comprar Levi’s y ofrecer una experiencia de compra fácil y bien organizada que atrajera a alguien como yo”.

    A Bud Robinson, el director de publicidad de Levi’s, le encantó la idea y acordaron algo inédito: reposición diaria de stock desde el almacén de Levi’s, para garantizar que nada se agotara.

    En agosto de 1969, los Fisher abrieron su primera tienda, con colores brillantes y música a todo volumen, una propuesta clarísima de quiénes eran su clientela: adolescentes y universitarios.

    Nada de eso existía en los grandes almacenes de la época, que apuntaban a los adultos.

    Sin saberlo, Don y Doris acababan de inventar el specialty retail, la tienda con identidad propia que decía tanto por cómo se veía como por lo que vendía.

    La llamaron The Gap, que en español significa “la brecha”, en referencia al gran tema de conversación del momento: la brecha generacional entre quienes habían vivido la guerra y los que nacieron después. Distintas experiencias, distintos valores, distintas libertades.

    The Gap estaba en Ocean Avenue, estratégicamente ubicada entre dos universidades y una escuela secundaria.

    La locación lo decía todo. La tienda que Doris, de 38 años, y Don, 41, habían creado era para los jóvenes, no para padres… aunque ellos trabajaban ahí y se vestían con esa ropa casual que los caracterizaría.

    Iguales en un mundo desigual

    Desde el primer momento, Doris y Don fueron socios al 50% y eso, en 1969, era extraordinario.

    “Francamente, siempre asumí que las mujeres ganaban lo mismo que los hombres, si hacían el mismo trabajo”, dijo ella años después. “Pero cuando empezamos con Gap, claro que no era así. Era una época en la que a mucha gente ni se le ocurría que las mujeres podían ser líderes”.

    Invirtieron US$63.000 en total: US$21.000 cada uno y el resto lo sacaron de las cuentas bancarias de sus tres hijos, prometiéndoles que se lo devolverían. Y vaya si lo hicieron.

    Al principio la tienda vendía jeans de hombre y discos de vinilo. Pronto descubrieron que “los pantalones vendían los discos y no al revés”, así que eliminaron la música y se concentraron en la ropa.

    También crearon algo que hoy parece obvio pero que era revolucionario en aquel entonces: ordenar los jeans por talla en lugar de por estilo, de modo que podías ir y ver todas las opciones de tu talla de un vistazo.

    Don, con ojo de inmobiliario más que de comerciante, diseñó panales de celdas en las paredes para aprovechar cada centímetro cuadrado.

    “Nunca había visto algo así”, dijo, “pero parecía tan lógico que me pregunté: ¿por qué no?”.

    Un año después, abrieron una segunda tienda en San José. En 1971, las ventas llegaban a US$2,5 millones.

    Y se expandieron rápido.

    Donald y Doris Fisher caminando frente a una de sus tiendas en 1969.

    Gap Inc.
    Don y Doris hacían todo juntos, desde manejar el negocio hasta comprar obras de arte.

    En su tercer aniversario ya tenían 25 tiendas en todo Estados Unidos. En 1974, lanzaron su propia línea de ropa y al año siguiente, con 50 locales, las ganancias netas llegaron a US$4,3 millones.

    Pero la historia de Gap no sería una lineal de éxito creciente y absoluto, sino más bien, una montaña rusa.

    Las vacas flacas

    El siguiente paso era salir a la bolsa, cosa que hicieron en 1976 a US$18 por acción.

    El problema fue que ese mismo mes, la Comisión Federal de Comercio acusó a Levi Strauss de fijar precios. Esas acusaciones contra el principal proveedor de Gap, su mayor socio comercial, no pintaban bien.

    La acción bajó a US$7,25 antes de que terminara el año.

    “Cuando las acciones se desplomaron, los inversores pidieron nuestras cabezas, acusándonos de irregularidades”, escribió Don en su autobiografía.

    Sospechaban que The Gap Stores Inc. sabía lo que se venía y vendieron antes de que se revelara la mala noticia. Hubo nueve demandas colectivas de inversores y una investigación de la Comisión de Bolsa y Valores.

    Aunque no encontraron ninguna acción delictiva, dijeron que Gap no había facilitado toda la información financiera relevante a sus inversores. Al final, la empresa tuvo que desembolsar US$5,8 millones.

    Pero se avecinaba un problema aún más difícil de resolver.

    A finales de los años 70 hubo un cambio cultural y esa onda casual dejó de estar de moda. Había llegado la era del power dressing: hombreras enormes, trajes estructurados, colores sobrios, siluetas “corporativas”.

    La base de clientes original (los baby boomers del verano del amor) ya era adulta y los grandes almacenes habían aprendido a competir.

    Don y Doris necesitaban adaptarse a los tiempos y hacer grandes cambios.

    Joan Collins vestida con uno de los típicos trajes de la época, con hombreras enormes en una chaqueta.

    Getty Images
    La moda de los 80 era todo menos casual, y quedó inmortalizada en series como “Dinastía”, en la que Joan Collins era la antagonista.

    Su primera apuesta fue comprar la empresa de ropa Banana Republic y luego Pottery Barn, un negocio de artículos para el hogar, pero lo vendieron dos años después absorbiendo US$14 millones en pérdidas.

    Don aprendió la lección: “Decidí que nunca más me metería en un negocio que no conociera”.

    El hombre que vistió a América

    La jugada más importante de esa época no fue ninguna adquisición. Fue una contratación.

    Don y Doris (ya en sus 50, en un negocio de moda que muchos consideran un juego de jóvenes) tuvieron la humildad de reconocer que necesitaban a alguien que supiera más que ellos.

    Contrataron a Mickey Drexler, un ejecutivo de 39 años que terminaría siendo conocido como “el hombre que vistió a América”.

    Drexler bajó los precios para liquidar el stock viejo y gastó US$8 millones en remodelar 500 tiendas: todo blanco y pisos de madera pulida dos veces por semana.

    Además, redefinió la estética: “Nada de moda de alto riesgo, sino buen gusto y buen estilo, ni muy a la izquierda ni muy a la derecha”. Amplió los colores y los estilos para mujer, y lanzó Gap Kids y Baby Gap.

    Al principio el mercado no respondió bien y las acciones cayeron. Drexler se mantuvo. Tenía una visión.

    Se centró en lo más casual y moderno, cosas como la clásica camiseta de bolsillo que Mick Jagger lució una en el concierto Live Aid, en 1985.

    Fue un gran éxito.

    Mick Jagger cantando en Live Aid con una camiseta de Gap sencilla color azul oscuro

    Getty Images
    Mick Jagger fue uno de los muchos que adoptaron y legitimaronn ese estilo que se convertiría casi en un uniforme intergeneracional.

    También se expandieron fuera de Estados Unidos y renovaron Banana Republic.

    El plan de Drexter estaba funcionando.

    El diario The New York Times en su momento lo calificó como “una de las remontadas más extraordinarias en la historia del comercio minorista”.

    A finales de esa década, lanzaron el logotipo de Gap, con las letras en blanco, en mayúscula dentro de un cuadrado azul marino.

    La marca estaba lista para su apogeo: los años 90.

    La década dorada

    En 1991 Gap llegó a 950 tiendas con US$2.000 millones en ventas.

    Era la segunda marca de ropa más vendida de EE.UU., solo detrás de sus viejos socios, Levi’s, marca que dejaron de vender ese año, en una ruptura que se describió como un mutuo acuerdo.

    Pero Don escribió en su autobiografía: “Nos dejaron ellos primero”.

    “Entendí claramente cuánto temían a la etiqueta Gap como una competencia seria de la marca Levi’s”, continuó. Y tenían razón.

    Muchos consideran que la de los 90 fue una década de casi total dominación comercial e incluso cultural de Gap.

    Una prueba contundente fue su protagonismo en la celebración del centenario de la revista de Vogue en EE.UU.: en la portada aparecieron 10 supermodelos todas vestidas con ropa de Gap.

    Sharon Stone fue a los Oscar de 1996 con un buso negro de cuello alto de US$25 de Gap y volvió a hacerlo en 1998, esta vez con la famosa camisa blanca de Gap junto a una falda de Vera Wang.

    Y el programa Saturday Night Live los parodió con un sketch en el que Adam Sandler, David Spade y Chris Farley hacían de “Gap girls”. Don y Doris pensaron que era el mejor cumplido posible.

    The New York Times los describió así: “Tan ubicuos como McDonald’s, tan centralmente gestionados como la ex Unión Soviética y tan estadounidenses como Mickey Mouse”.

    Las modelos Christy Turlington, Linda Evangelista, Cindy Crawford, Karen Mulder, Elaine Irwin, Niki Taylor, Yasmeen Ghauri, Claudia Schiffer, Naomi Campbell y Tatjana Patitz, luciendo camisas blancas y jeans de Gap en una foto.

    Getty Images
    La portada de Vogue con supermodelos como Linda Evangelista, Cindy Crawford, Claudia Schiffer y Naomi Campbell luciendo camisas y jeans blancos de Gap.

    En 1994 lanzaron una marca de precios bajos para competir con el auge de las tiendas de descuento llamada Old Navy, que se convirtió en el primer retailer en superar los mil millones de dólares en menos de cuatro años.

    Para finales de los 90, las ganancias netas de Gap superaban los US$1.000 millones.

    Doris y Don aparecían separados en el ranking de Forbes: US$4.300 millones cada uno, aunque juntos en el puesto número 92 de los más ricos del mundo.

    Pero la moda es un negocio despiadado.

    El lado oscuro de la ubicuidad

    Resulta que, a veces, estar en todas partes juega en tu contra.

    La marca que había nacido en la rebeldía contracultural terminó siendo el símbolo de todo lo contrario: el consumismo corporativo, lo genérico, lo aburrido.

    Encima, surgieron denuncias sobre malas condiciones laborales en fábricas de países en desarrollo, incluyendo trabajo infantil.

    Gap respondió con medidas, pero el daño estaba hecho.

    Las ganancias cayeron de US$1.000 millones en 1999 a US$475 millones en 2002.

    Drexler fue removido ese año. El consejo dijo que renunció; él siempre sostuvo que lo echaron. “Don y yo estaríamos de acuerdo en que no terminó bien”, dijo, “pero tuvimos una racha increíble construyendo algo grande”.

    En 2003, Doris dejó su rol como directora de merchandising. Un año después, Don dejó la presidencia para que la tomara su hijo Bob. En 2009, Don murió.

    Manifestantes anti-G8 se quitan la ropa durante una protesta frente a la tienda Gap en Calgary, Alberta, Canadá, antes del inicio de la Cumbre del G8 de 2002.

    Getty Images
    A finales de los 90 y principios de los 2000, camisetas que parodiaban el logo de Gap reflejaron un rechazo cultural creciente hacia la marca y lo que representaba.

    Los números de Gap seguían siendo estratosféricos: US$15.000 millones en ventas, 134.000 empleados, más de 3.000 tiendas en 25 países… pero la marca estaba lejos de ser lo que fue en los 90.

    Durante más de dos décadas se convirtió en un pasado sin futuro y cerró el 80% de sus tiendas propias, llegando a menos de 500 en 2023.

    ¿Ave Fenix?

    Doris vivió lo suficiente para ver algo inesperado: el renacimiento.

    Gap empezó a recuperarse desde 2023, aunque el mundo tardó en notarlo.

    Lo que terminó de convencer a los medios, analistas y la industria de la moda fue la combinación de nueve trimestres consecutivos ganando cuota de mercado y ganancias operativas de US$1.100 millones en 2024, más del 80% por encima del año anterior.

    Pero, sobre todo, una serie de campañas que demostraron que la marca había vuelto a entender algo que sabía hacer en sus mejores años: conectar con la cultura del momento.

    Anne Hathaway en el evento de Alta Joyería de Bulgari celebrado en las Termas de Diocleciano el 20 de mayo de 2024 en Roma, Italia.

    Getty Images
    El vestido que lució Anne Hathaway en la celebración de los 140 años de Bulgari estaba inspirado en la película “Vacaciones en Roma” y causó sensación.

    El CEO Richard Dickson y el director creativo Zac Posen apostaron por campañas diseñadas para volverse virales.

    Katseye bailando “Milkshake” de Kelis en un anuncio que acumuló 20 millones de vistas en tres días. La cantante sudafricana Tyla protagonizando una recreación casi plano a plano del videoclip de “Back On 74” de Jungle (que ya había generado mil millones de vistas en TikTok) con ella y los bailarines vestidos con la colección de lino de Gap.

    Pero no todo fue correr detrás de los algoritmos: cuando Posen vistió a Anne Hathaway con un vestido camisero blanco de algodón para un evento de Bulgari en Roma y lo pusieron a la venta a US$158, se agotó en horas.

    A eso se suman colaboraciones con diseñadores de culto como Sandy Liang, cuya colección conjunta con toda la nostalgia de los 2000 desapareció de los estantes en minutos.

    El resultado: los millennials y la generación Z representan ahora la mayoría de sus compradores. Y el nombre “Gap”, que en 1969 hacía referencia a la brecha entre generaciones, hoy describe algo diferente: una marca que, curiosamente, logra hablarle a varias generaciones a la vez.

    En 2025, Time incluyó a Gap en su lista de las 100 empresas más influyentes del año.

    Joven pasa por delante de una tienda de Gap en Chongqing, China.

    Getty Images
    Los millennials y la generación Z representan ahora la mayoría de los compradores de Gap.

    Aún falta ver si el renacimiento se consolidará.

    Eso no lo verá Doris Fisher. Murió el 2 de mayo de 2026, a los 94 años.

    Legó una de las más importantes colecciones privadas de arte contemporáneo del mundo, con más de 1.100 obras que incluye a Calder, de Kooning, Warhol, Lichtenstein y Serra, y pueden ser admiradas en el Museo de Arte Moderno de San Francisco.

    Y dejó una empresa que, contra todo pronóstico, encontró la manera de volver a ser relevante.

    No está mal para alguien que empezó queriendo encontrar un par de Levi’s que le quedaran bien a su marido.

    Parte de este artículo es una adaptación del episodio “Doris Fisher: Don’t mind The Gap” de la serie de la BBC Good Bad Billionaire, que puedes escuchar en inglés aquí.

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  • Elecciones presidenciales en Colombia: la seguridad es el tema principal

    Elecciones presidenciales en Colombia: la seguridad es el tema principal

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    Las encuestas sugieren que la contienda será una decisión entre la izquierda, liderada por Iván Cepeda, que representa la continuidad de Petro, y la extrema derecha, cuyo candidato, Abelardo De La Espriella, ha suscitado comparaciones con Nayib Bukele.

    Los colombianos votarán el domingo en lo que, según los expertos, será una prueba crucial para la izquierda latinoamericana, en un momento en que los líderes de derecha están en ascenso en toda la región, en ocasiones con el impulso del presidente Donald Trump.

    A medida que se acerca el final de la campaña, las encuestas sugieren que la contienda se ha reducido a una clara decisión entre la izquierda y la extrema derecha. Por la izquierda está Iván Cepeda, un senador e intelectual que representa la continuidad de Gustavo Petro, el expresivo presidente que a menudo ha chocado con Trump y que está limitado a un solo mandato.

    La victoria de Cepeda mantendría a Colombia entre los principales países latinoamericanos que siguen gobernados por líderes de izquierda, como México y Brasil, que también se enfrenta a unas elecciones cruciales este año.

    Por la derecha está Abelardo De La Espriella, un abogado de hablar rápido que nunca ha ocupado un cargo electo y cuya retórica de mano dura, barba oscura recortada y promesas de construir 10 megacárceles han suscitado comparaciones con Nayib Bukele, el líder divisivo de El Salvador y aliado de Trump.

    Por detrás de ambos está Paloma Valencia, una senadora conservadora que, de ganar, se convertiría en la primera mujer presidenta de Colombia. Aunque cuenta con el apoyo de un expresidente influyente, Álvaro Uribe, y de otros políticos poderosos, Valencia, de 48 años, parece haber perdido terreno frente a De La Espriella en la recta final de la campaña.

    Las encuestas indican que ningún candidato tiene más del 50 por ciento de los votos necesarios para la victoria absoluta, y se espera que las elecciones se dirijan a una segunda vuelta en junio.

    Los principales candidatos representan las “direcciones radicalmente distintas que podría tomar el país”, dijo Michael Shifter, experto en Latinoamérica y expresidente de Diálogo Interamericano, un instituto de investigación de Washington. “Hay mucho en juego”.

    Colombia, la tercera nación más grande de Latinoamérica y el principal proveedor de cocaína del mundo, desempeñará un papel clave en la ofensiva del presidente Trump contra el narcotráfico.

    La elección se produce en un momento en el que Trump está adoptando una postura más firme en la región, prometiendo erradicar los cárteles y el crimen organizado como parte de una estrategia de seguridad nacional destinada a reafirmar el dominio estadounidense en el hemisferio.

    Trump ha intentado ampliar la presencia militar estadounidense y asegurarse aliados leales, respaldando a candidatos desde Argentina hasta Honduras.

    También se produce en un momento en que Colombia está convulsionada por lo que, según los analistas, es el mayor nivel de violencia desde que el gobierno firmó en 2016 un histórico acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, o FARC, desmantelando el mayor ejército rebelde de Latinoamérica.

    En medio de la enorme demanda mundial de cocaína y oro, han estallado guerras territoriales entre antiguos combatientes de las FARC, el grupo rebelde ELN y nuevos grupos, que han desplazado a miles de personas y han provocado una intensificación de los enfrentamientos con el ejército colombiano.

    Los grupos se han extendido a los vecinos países de Venezuela y Ecuador.

    Los detractores de Petro lo han culpado de la crisis, afirmando que su plan de “paz total”, que puso en pausa algunas acciones militares durante las conversaciones, permitió la expansión de los grupos armados.

    De La Espriella, de 47 años, ha aprovechado esas críticas, vinculando tanto a Petro como a Cepeda, defensor de los derechos humanos y negociador de paz, con el aumento de la violencia.

    El candidato de extrema derecha ha ganado multitudes de seguidores prácticamente de la noche a la mañana. Estos se autodenominan “Defensores de la Patria”, se visten de tigre –la mascota de su campaña– y le hacen el saludo militar en los mítines.

    “Esto no es una candidatura”, declaró De La Espriella a una revista colombiana esta semana. “Es un movimiento popular”.

    Sin embargo, se enfrenta a la fuerte oposición de un formidable movimiento popular de la izquierda.

    Petro, más allá de sus defectos como presidente, es un astuto operador político, dijo Shifter, y ha construido una amplia coalición capaz de movilizar votos a favor de Cepeda, de 63 años.

    En 2022, Petro viajó a los lugares más recónditos de Colombia, prometiendo representar a los grupos marginados, a los que llamó “los nadies”, desde grupos indígenas hasta comunidades negras del Pacífico.

    A pesar de un mandato marcado por los escándalos, una controvertida reforma del sistema de salud y un fuerte gasto, Petro es el primer dirigente político de izquierda de la historia de su país y sigue contando con una base leal que considera su presidencia como el inicio de una era progresista.

    “Gustavo Petro fue el taladro que empezó a abrir ese camino”, dijo Jackeline Muñoz, una ingeniera de sistemas que asistió a un mitin de campaña de Cepeda en Bogotá, la capital. Si gana la derecha, dijo, tenía el temor de que los pobres “se van a quedar otra vez en el anonimato”.

    En el periodo previo a las elecciones, Petro aumentó sustancialmente el salario mínimo, lo que reforzó el apoyo a la candidatura de Cepeda.

    Pero la violencia y la anarquía han eclipsado otras cuestiones.

    En el Chocó, una escarpada franja de la costa del Pacífico donde el apoyo a Petro está muy arraigado, los bloqueos por parte de grupos armados han dejado a las comunidades sin alimentos durante semanas.

    Los propietarios de negocios dicen que se han visto obligados a pagar cuotas periódicas a los grupos o a cerrar.

    Los residentes urbanos también se quejan de la extorsión desenfrenada.

    En Medellín, Juan Esteban Vélez dijo que hace poco tuvo que mudarse porque los miembros de las bandas le cobraban por “proteger” su coche estacionado.

    El calificó la seguridad como el tema central de las elecciones.

    “Sin seguridad no hay economía y no hay vida, no hay tranquilidad”, dijo.

    Tomando como referencia la represión de Bukele contra las bandas de su país, Vélez dijo que acogería con satisfacción una estrategia similar en Colombia, aunque supusiera detenciones masivas. (Bukele ha detenido a más de 80.000 personas y se enfrenta a acusaciones de cometer abusos contra los derechos humanos de los presos).

    Tanto De La Espriella como Valencia afirman que no negociarían con los grupos armados y que desplegarían más agresivamente al ejército y la policía de Colombia. De La Espriella se ha comprometido a recuperar el control de las zonas de conflicto en los 90 días siguientes a su toma de posesión.

    Algunos expertos afirman que el ejército ya está haciendo todo lo que puede.

    “De La Espriella ha actuado como si hubiera una perilla de presión militar y esta se pudiera girar e incrementar”, dijo Elizabeth Dickinson, subdirectora para América Latina del International Crisis Group. “El problema es que la perilla ya está al nivel máximo”.

    Cepeda se ha negado a rechazar de plano la “paz total”.

    “Habrá una política de paz”, dijo este año. “¿Tendrá la forma que tuvo en este gobierno? Muy probablemente no”.

    Ha dicho que su gobierno invertiría más en las zonas de conflicto, creando puestos de trabajo y apoyando a las escuelas para frenar el reclutamiento de niños por parte de los grupos armados.

    La propia campaña presidencial se ha visto empañada por la violencia. El año pasado un senador y posible aspirante a la presidencia, Miguel Uribe Turbay, recibió un disparo mortal en un mitin. La fiscalía afirma que el adolescente que disparó fue contratado por un grupo disidente de las FARC.

    En abril, una veintena de personas murieron y decenas resultaron heridas en un atentado con bomba perpetrado en una importante autopista y atribuido a excombatientes de las FARC.

    Dos colaboradores de la campaña de De La Espriella, entre ellos un exalcalde, fueron asesinados a tiros este mes por hombres enmascarados en motocicletas.

    De La Espriella, quien pronunció discursos de campaña desde una cabina blindada, ha dicho que recibió amenazas de muerte.

    Ha intentado vincular a Cepeda con el otrora grupo armado de izquierda responsable de muchas amenazas y atentados, calificándolo de “el heredero de Petro y las FARC”.

    El padre de Cepeda, senador y miembro del partido de izquierda, fue asesinado en 1994. Posteriormente, los tribunales colombianos hallaron pruebas de un esfuerzo respaldado por el Estado para exterminar al partido.

    El propio Cepeda fue dirigente de las juventudes comunistas y estudió en la Bulgaria comunista, lo que lo convirtió en un blanco fácil para la derecha. Ha dicho que vio los peligros del régimen soviético.

    De La Espriella, abogado penalista, también se ha enfrentado a preguntas sobre su pasado.

    Antes de entrar en política, vivía en Miami y representaba a colombianos ricos, entre ellos Alex Saab, magnate multimillonario y operador de Nicolás Maduro, exdirigente venezolano. Los fiscales estadounidenses acusaron a Saab de lavar millones de dólares destinados a los pobres de Venezuela.

    De La Espriella ha descalificado las preguntas sobre su relación con Saab como ataques de periodistas “activistas”.

    A medida que se calentaba la contienda, figuras tanto de la derecha como de la izquierda –incluido Petro– pronosticaron fraude electoral, sin aportar pruebas.

    Aunque el presidente Trump no ha apoyado a ningún candidato, los legisladores republicanos interesados en el ascenso de la derecha en Latinoamérica han instado a los colombianos a expulsar a la izquierda.

    Figuras del establishment en Colombia han hecho lo mismo. Sin embargo, según el analista Shifter, la influencia de estas voces podría ser limitada.

    “Se trata de unas elecciones populistas en dos bandos diferentes. Esto es indignación contra el establishment” y sus fracasos, dijo. “Ambos bandos están aprovechando eso”.

    Luis Ferré-Sadurní y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.

    Annie Correal es corresponsal para América Latina de The Times.

    Luis Ferré-Sadurní y Genevieve Glatsky colaboraron con reportería desde Bogotá.

  • Perderse entre tulipanes: un viaje en bicicleta por los Países Bajos

    Perderse entre tulipanes: un viaje en bicicleta por los Países Bajos

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    En los Países Bajos, cada cruce de las rutas ciclistas que entrecruzan las provincias de Holanda Septentrional y Holanda Meridional tiene un número. En una soleada mañana de abril, pedaleando hacia el sur desde la ciudad de Haarlem hasta los campos de tulipanes que salpican la campiña de fucsia, amarillo y rojo cardenal, pasé por los puntos de referencia 23 y 90.

    Y sin embargo, incluso con el respaldo de una aplicación GPS, en dos señales me equivoqué de camino, mis compañeros ciclistas se equivocaron de camino y pasarían horas antes de que nos reuniéramos.

    “Nosotros te damos mapas e indicaciones, tú tienes el GPS y tienes cerebro”, dijo Ben Eijkelhof, guía de Boat Bike Tours en la excursión ciclista de ocho días, principalmente por Holanda Meridional. “Eso es lo más importante”.

    Boat Bike Tours, una empresa neerlandesa, organizó el viaje desde un barco fluvial, un campamento base flotante que los ciclistas dejaban cada mañana, llevando un almuerzo empacado del buffet del desayuno, y al que regresaban cada tarde para cenar y pasar la noche.

    Los viajes en bicicleta autoguiados están entre los más económicos de la empresa (a partir de 799 euros, unos 927 dólares) y los menos estructurados, ofreciendo oportunidades de pequeños desvios a quienes, como yo, están interesados en merodear.

    La ruta “es un gran rompecabezas”, prometió Lenneke Mommersteeg, otra de las dos guías que supervisan el viaje, durante la orientación del primer día. “En una semana, vas a ver todo lo que aparece en una postal de los Países Bajos: los tulipanes, el queso, los molinos de viento”.

    Incluso más, si te equivocas de camino.

    Puesta en escena a bordo

    El viaje partió de Ámsterdam, donde los cruceros fluviales más caros atracan cerca de la estación central de ferrocarril, en el frenético corazón de la ciudad. A seis paradas de autobús de distancia, encontré el Arkona, con capacidad para 92 pasajeros, atracado en el tranquilo puerto de Minervahaven.

    Las 47 cabinas del Arkona ocupaban dos niveles. En la planta principal, un salón en la proa y un comedor en la popa delimitaban varias cabinas con ventanas del piso al techo.

    En un nivel inferior, mi cómoda litera doble tenía una ventana más pequeña justo sobre el nivel del agua, un par de camas individuales con edredón y un cuarto de baño de tamaño compacto. Los amplios armarios contenían alforjas para bicicletas equipadas con bombas de aire y kits de reparación de emergencia que podíamos sujetar a nuestras bicicletas durante la semana.

    Los portabicicletas ocupaban la mitad de la cubierta de observación al aire libre de la parte superior del barco. Encontré mi bicicleta híbrida neerlandesa Azor de siete velocidades entre la flota de bicicletas, en su mayoría eléctricas (mi costo de alquiler fue de 91 euros por semana; las bicicletas eléctricas cuestan 252 euros). Una rampa desde la cubierta bajaba cuando el barco estaba atracado, permitiendo a los ciclistas subir y bajar pedaleando.

    Seis días de pedaleo incluyeron rutas sugeridas que iban desde recorridos relativamente cortos de 19 kilómetros hasta recorridos más ambiciosos de 58 kilómetros. A veces, el barco nos esperaba al final de un recorrido de ida. Otras veces, hacíamos un circuito, pedaleando de regreso a un punto de atraque.

    En una orientación de llegada, se instruyó al grupo que buscara el pavimento rojo, que identifica los carriles pavimentados para bicicletas. Aprendimos palabras neerlandesas esenciales para el ciclismo, como “fietspad” (carril ciclista), “fietsen” (bicicletas) y mi favorita, “uitgezonderd”, que significa “excepto” y suele llevar el símbolo de una bicicleta en las calles de un solo sentido.

    Flores y cantos de pájaros

    Los Países Bajos se expandieron notoriamente reclamando tierras al mar, creando praderas de pantanos –conocidas como pólderes– drenadas por molinos de viento en un intrincado sistema de canales, esclusas y vías fluviales.

    Nuestro primer día de ciclismo nos presentó la fértil campiña llena de pequeñas granjas, floraciones primaverales y cantos de pájaros.

    Partí sola por senderos junto a canales bordeados de tupidas colzas amarillas y sobre puentes hacia el pueblo de Breukelen, que dio nombre a Brooklyn, Nueva York. Cuando llegué a una serie de lagos cercanos, donde ciclovías en las islas en forma de cinta dividían las vías fluviales, me encontré con los únicos ciclistas de habla inglesa que no iban en bicicletas eléctricas: un par de mujeres del oeste de Canadá. Formamos un trío al que apodé Team Real Bike.

    En Utrecht, las bicicletas estacionadas parecían bordear cada puente y canal. Guardamos la nuestra en un garaje subterráneo dedicado exclusivamente a las bicicletas (gratuito) para deambular por el centro medieval y almorzar junto a la imponente iglesia gótica Dom.

    A última hora de la tarde, el barco puso rumbo suroeste hacia Rotterdam a través de una esclusa que llevó a los pasajeros a la cubierta superior para ver cómo se cerraban tras nosotros unas enormes compuertas de hierro y cómo la cámara se llenaba lentamente de agua antes de que se abrieran las compuertas delanteras, liberándonos hacia una vía fluvial más alta.

    ‘Ámsterdam sin las multitudes’

    Al día siguiente, pedaleando desde Rotterdam, pasamos por algunos de los molinos de viento más altos de Holanda en la ciudad de Schiedam, famosa por su licor parecido a la ginebra, la jenever, antes de continuar hacia Delft. Mommersteeg describió Delft, hogar del pintor Johannes Vermeer y de la cerámica azul, como una “pequeña Ámsterdam, sin las multitudes”.

    A pesar de los dilemas de navegación –atribuimos cinco kilómetros más al día a errores de señalización–, llegamos a Delft con tiempo para hacer un picnic en la impresionante plaza principal, rodeada de edificios con hastiales y anclada por la antiquísima Nieuwe Kerk o Iglesia Nueva. A la vuelta de la esquina, la Oude Kerk o Iglesia Vieja, se inclinaba como la Torre de Pisa.

    En la ciudad, los ciclistas de Boat Bike nos reunimos para entrar en grupo (7 euros) en la fábrica de porcelana Royal Delft, conocida por sus característicos diseños azules y blancos en todo tipo de objetos, desde bandejas de colección hasta zuecos neerlandeses de recuerdo. Sentí un nuevo aprecio por el trabajo minucioso después de ver a un artista en una sala silenciosa pintar a mano un intrincado diseño floral en un jarrón.

    Molinos de viento y queso Gouda

    Dos tardes atracados en Rotterdam nos ofrecieron tiempo para explorar la ciudad moderna, reconstruida tras ser arrasada durante la Segunda Guerra Mundial. La segunda ciudad más grande del país supuso un alejamiento de las ciudades históricas y la campiña pastoral que llenaban los días.

    “Hoy pedalearán por el auténtico corazón verde de Holanda”, anunció Eijkelhof, esbozando la ruta del cuarto día desde Rotterdam mediante un autobús acuático de 35 minutos (5,60 euros con bicicleta) hasta la pequeña ciudad de Alblasserdam, puerta de entrada a Kinderdijk, un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con 19 molinos de viento del siglo XVIII conservados.

    Una isla en los canales de Kinderdijk era apenas lo suficientemente ancha para un carril ciclista, lo que nos permitió pedalear junto a la mayor concentración de molinos de viento del país. La mayoría de ellos, construidos hacia 1740, están habitados y en funcionamiento, y siguen bombeando agua en las tierras bajas.

    Desde Kinderdijk pedaleamos unos 21 kilómetros hasta Gouda, otra ciudad encantadora rodeada de canales, conocida por su queso –compré un Gouda añejo premiado en Gouds Kaashuis, en la plaza principal- y sus stroopwafels, galletas de barquillo rellenas de jarabe (con muestras gratis en Kamphuisen Siroopwafels).

    Detrás de la plaza principal, contemplamos las impresionantes vidrieras de la Iglesia de San Juan de Gouda (11 euros) –entre sus 72 vidrieras clásicas y contemporáneas se incluye una alegoría del mal de la posguerra representada como un campo de concentración nazi– y vimos ensayar a un solista del coro, que hizo gala de la resonante acústica del edificio.

    Con el objetivo de encontrarnos con el barco en el tranquilo pueblo de Nieuwpoort, nos perdimos otro giro en los pólderes y nos consolamos por el recorrido extendido con vistas de cigüeñas, avefrías septentrionales europeas con penachos rizados en la cabeza y vacas con pelaje largo de las tierras altas.

    Tulipanes y dunas

    Después de un quinto día rural que incluyó la degustación de quesos en una granja de quesos orgánicos y avistamientos frecuentes de cabritos, corderos y patitos, el barco se trasladó a Haarlem, al noroeste de Ámsterdam, para situarnos en posición de llegar a los campos de tulipanes al sur en el día seis.

    La temporada de tulipanes es una época breve y vibrante para visitar Holanda. Multitud de visitantes, a menudo en cruceros fluviales, se desplazan al popular jardín Keukenhof, donde una exposición floral de casi 500 acres abre durante unas siete semanas cada primavera (el próximo año, está programado que el jardín abrirá del 18 de marzo al 9 de mayo).

    Opté por recorrer los senderos junto al canal y los carriles del parque que permiten a los ciclistas acceder a los campos agrícolas en flor.

    Cosechados por sus bulbos, los enormes jardines irradiaban un color vibrante en tonos que iban del rosa vibrante al crema relajante. Algunas granjas vendían ramos de tulipanes a 6 euros en puestos sin personal junto a los diques. A lo largo de las orillas brotaban narcisos dispersos. Antes de que pudiera verlos, los jacintos se anunciaban con perfume floral.

    Al cabo de dos horas, en una versión neerlandesa del adagio “Todos los caminos conducen a Roma”, me reuní con los miembros perdidos del Team Real Bike en el extremo sur de los campos de flores. Allí giramos hacia el oeste, hacia el mar, dejando la maravilla sembrada de Holanda por las dunas cubiertas de césped del Parque Nacional de Zuid-Kennemerland, que nos protegían naturalmente de los vientos del mar del Norte.

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    Elaine Glusac es la columnista de Viajero frugal, que se especializa en consejos para ahorrar y viajes asequibles.

  • Lo que aprendí sobre el duelo mientras patinaba en Costco

    Lo que aprendí sobre el duelo mientras patinaba en Costco

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    Los Ángeles es la cuna del skateboarding moderno, una ciudad tan repleta de lugares para hacerlo que cada vez que salgo de casa para hacer un mandado o ir a una reunión examino el paisaje en busca de barandales y patios de colegio que reconozco de videos viejos. Pero cuatro años después de mudarme a la ciudad, aún no he patinado en ninguno de los lugares más emblemáticos: nunca he tocado los bordillos de la plaza Jkwon, nunca he hecho un ollie por los saltos de arena de Santa Mónica, nunca he rodado por el Juzgado de Los Ángeles Oeste.

    En lugar de eso, algunas mañanas a la semana me levanto temprano y me dirijo al estacionamiento de un Costco.

    Me atraen un par de bordillos paralelos diseñados para juntar carritos de compra. Los compradores que llegan a adquirir pollo rostizado y torres de papel higiénico no lo saben, pero los bordillos son mundialmente famosos.

    Su imagen se ha reproducido en calcomanías, camisetas y gráficos de skateboarding. Peregrinos vuelan desde todo Estados Unidos y Europa para patinar ahí, a veces tomando dimensiones para poder moldear réplicas en casa. En enero, cuando Nike lanzó una edición limitada de zapatillas de skate bajo la marca Kirkland de Costco, fue un guiño para los entendidos.

    Cuando les hablo de los bordillos a mis amigos normales, a menudo me preguntan si hay alguna característica unificadora que haga que todos los estacionamientos de Costco sean geniales para hacer skateboarding, o si los bordillos de este Costco en particular son de algún modo superespeciales. La respuesta a ambas preguntas es: en realidad, no.

    Los bordillos de mi Costco son de doble cara, es decir, tienen asfalto nivelado a ambos lados, lo que te permite realizar trucos de salto que son imposibles en aceras y jardineras. Pero sobre todo, el lugar es conocido porque la gente de Los Ángeles empezó a frecuentarlo. Cuando los videos se difundieron en las redes sociales, apareció más gente, y comenzó el ciclo de la fama del skate, hasta que un día los “bordillos de Costco” fueron reconocibles para los patinadores de todo el mundo.

    Debo señalar que tengo 48 años, lo que me sitúa en torno a la edad media de los asiduos que hacen skateboarding en el Costco por las mañanas. De vez en cuando conozco a alguien de entre 20 y 35 años, pero el ambiente general es más de centro de jubilados que de “lo más radical del skate“.

    Lo que me encanta del Costco es que es la expresión perfecta de cómo los patinadores pueden convertir incluso la forma más sosa de la arquitectura estadounidense –el estacionamiento de las grandes tiendas– en un animado espacio comunitario. En una época en la que la gente está sola y desconectada, un grupo de cuarentones y cincuentones se reúnen en torno a un terreno de bajo riesgo, reconectándose con viejos amigos y bromeando sobre trucos que ya no pueden hacer.

    Una mañana en agosto pasado, llegué al estacionamiento alrededor de las 7:30 y encontré a Jason Filipow, un asiduo de Costco de 55 años, limpiando piedritas con un soplador eléctrico. Filipow estaba allí con David Chaiken, de 59 años. La última vez que se habían visto fue casi 40 años antes, cuando ambos fueron detenidos mientras patinaban en una piscina municipal vacía de Carolina del Sur. Chaiken vive ahora en Texas y estaba en Los Ángeles para visitar a su hijo de 30 años. Habían organizado una sesión de reencuentro en el Costco a través de Instagram. Si no fuera por el skateboarding, probablemente nunca se habrían vuelto a cruzar.

    Chaiken tiene el pelo canoso, vértebras fusionadas, un manguito rotador reparado y dos placas metálicas en el brazo izquierdo. La mañana en que lo conocí llevaba una única codera en el lado izquierdo, el más golpeado; en el brazo derecho llevaba tatuada una taza de café debajo de las palabras “Mug Life”. Mientras Chaiken rodaba calentándose, Filipow frotaba cera en los bordillos, los rociaba con sellador, alisaba las gotas con un trapo, saltaba a la cuerda durante dos minutos y ponía a Eric B. & Rakim en una bocina portátil.

    Los lugares populares son donde se escribe la historia del skate. El Del Mar Skate Ranch, al norte de San Diego, fue donde un joven Tony Hawk aprendió a volar a principios de la década de 1980; una década más tarde, la plaza Embarcadero de San Francisco estableció el modelo para el skateboarding “callejero” centrado en lo urbano que es ahora la voz principal de este deporte. El Costco al que voy –cuya ubicación exacta en el condado de Los Ángeles no voy a revelar porque nadie que patine allí quiere arruinarlo– refleja cómo el skateboarding ahora se extiende hasta la edad madura. Es un lugar en el que la pérdida se hace patente y el mero hecho de presentarse ya es una victoria.

    Después de que Filipow completara su ritual de preparación, le pregunté si, como yo, sentía que el skateboarding tenía más sentido ahora que está más cerca del final que del principio.

    “Claro”, dijo. “Es esa sensación de que todavía es posible”.

    Entusiasmo por el bordillo

    Los bordillos son lo más cercano que tiene el skateboarding a un campo de entrenamiento universal. Son lo primero por lo que haces un ollie, la primera superficie lisa por la que te deslizas, el primer ángulo recto que pisas con tus ejes. Pregunta a casi cualquier skater dónde empezó, y la mayoría de las veces la respuesta es el bordillo delante de un colegio local, o detrás de algún restaurante Jack in the Box, o una sucursal del Departamento de Vehículos Motorizados, donde la pintura roja resbaladiza que indica “no estacionarse” es el equivalente skater a estar bañado en oro.

    Para mí fue un bordillo blanco detrás de un pequeño complejo de oficinas en Napa, California, donde fui a la preparatoria. Mis amigos apodaron al lugar “Crisis Solar” porque estaba iluminado por un poste de luz altísimo cuyo resplandor difuso nos recordaba al sol inestable de una mala película de ciencia ficción del mismo nombre.

    El líder de nuestro grupo, Víctor Ramos, era unos años mayor que nosotros y era el dueño de la tienda de skate donde pasábamos el rato. Entendía el trato: él dirigía el club, pero tenía que ser el adulto designado. En una época en la que todos parecían ser niños sin supervisión, Víctor dejaba que los chicos fueran chicos mientras nos apartaba de las drogas duras, la violencia y otras categorías de lo verdaderamente malo. Era el joven de 21 años que podía reírse de los adolescentes fumadores sin parecer un regañón, tanto una fuente de autoridad como alguien con quien podías relajarte en un bordillo.

    En California y en gran parte del resto del país, los bordillos suelen tener una base en ángulo que los ingenieros llaman “el talud”. El talud crea una pequeña rampa cuya finalidad es devolver las ruedas desviadas de vuelta a la calzada. También hace que los bordillos sean un gran obstáculo para el skateboarding: cuando se golpea con las ruedas de la patineta, el talud lanza al patinador a lo alto del bordillo y produce un fuerte golpe justo antes de que los ejes se impacten contra el concreto. Los skaters llaman a esto un “slappy“.

    Los slappies fueron popularizados a principios de la década de 1980 por patinadores que empezaron a golpear los bordillos con los mismos movimientos que utilizaban para deslizarse por los bordes de las piscinas. Para cuando yo me metí de lleno en este deporte, a principios de la década de 1990, se consideraban un truco retrógrado. Se suponía que los jóvenes debían hacer ollie, levantando las cuatro ruedas del suelo, y aterrizar encima del bordillo, no embestir contra ellos como hacían los tipos de 30 años.

    Los bordillos siguieron siendo un elemento central del skateboarding, pero como un elemento básico en el que descubrías nuevos trucos en el camino a bancas, bordes y barandales, dependiendo de qué tan arriesgado eras. Pasé los últimos años de la década de 1990 y la de 2000 persiguiendo ese camino antes de retroceder. A medida que mi tiempo libre y mi salto vertical disminuían, volví a los bordillos y me vi obligado a aprender slappies de adulto.

    Una tabla rosa neón con una calavera

    Resulta que no estaba solo. Hacia la mitad de mi treintena, las empresas de skate empezaron a sacar a la venta un montón de tablas con gráficos de principios de la década de 1980 y 1990. Las redes sociales se llenaron de cuentas dedicadas a los bordillos y a la nostalgia del skate, mientras que empresas como Tired Skateboards empezaron a dirigirse explícitamente a patinadores del tipo de los que usan plantillas ortopédicas y elásticos para los dedos de los pies.

    Según mi iPhone, hice mi primer slappy el 14 de diciembre de 2013 a las 2:44 p. m. Lo sé porque Victor lo grabó en la estación de North Berkeley del Transporte Rápido del Área de la Bahía (BART, por su sigla en inglés) poco después de que me mudara al norte de California tras una década en Nueva York. Tenía 36 años y recuerdo que me entrenó para hacer el truco. Ahora desearía tener las bromas fuera de cámara en lugar de la edición de ocho segundos que me envió por mensaje de texto después de que logré hacer uno.

    No habíamos hablado en 15 años, pero a la semana de mi regreso estábamos de vuelta filmando trucos. Solo que ahora éramos un par de yupis, una identidad predestinada para mí, pero un giro significativo para él.

    Víctor procedía de una familia de trabajadores agrícolas que emigró de México a Estados Unidos cuando era niño. La escasez definía su experiencia de un modo que no había definido la mía. La historia de su primera patineta, por ejemplo, fue un relato sinuoso de trueque vecinal que le consiguió una tabla rosa neón con una calavera. La mía es la de mi padre llevándome a una tienda de skate en mi cumpleaños y comprándome una tabla nueva después de que la señalé en un estante.

    Cuando volvimos a conectar, Victor trabajaba como diseñador gráfico en una empresa emergente de rápido crecimiento en un rascacielos del barrio de South of Market. Había vendido la tienda de Napa, se había mudado a San Francisco y se había pagado la universidad trabajando en restaurantes. Ahora ambos éramos profesionales responsables, pero los fines de semana patinábamos juntos, a menudo en el estacionamiento de la estación del BART de Rockridge, uno de los mejores lugares de bordillos del área de la bahía de San Francisco. Cuando la covid cerró sus oficinas en 2020, el número de usuarios del BART se desplomó y una proliferación de bordillos recién encerados invadió el estacionamiento de la estación.

    Al igual que el pan de masa madre y los entrenamientos de Pelotón, el skateboarding ayudó a personas de todo Estados Unidos a sobrellevar el zumbido de la vida de confinamiento. Las empresas de skate reportaron ventas que se duplicaron y triplicaron, mientras que las revistas especializadas documentaban una explosión de parques de skateboarding improvisados que surgieron en espacios que de pronto habían quedado vacíos. Una característica interesante de este repunte de la actividad fue la gran contribución de grupos que normalmente no se asocian con el skateboarding: mujeres jóvenes y hombres de mediana edad.

    Una crisis de mediana edad superventas

    Dominar un truco en la patineta requiere concentración y, por un momento, te distrae de cualquier otra cosa que esté ocurriendo.

    Cuando empezó la pandemia, Ira Ingram acababa de cumplir 40 años. Ingram es un habitual de la escena del Costco, conocido por el apodo Curb Killer (Asesino de bordillos). Creció andando en patineta en el condado de Orange y pasó la adolescencia y sus veintes tirándose por escaleras y barandales, para luego redescubrir los bordillos cuando estaba cerca de los 40. Calvo, gordo (su propia descripción) y a punto de divorciarse, decidió pasar el confinamiento haciendo un video corto, que los skaters llaman una “parte”.

    La parte, llamada MID LIFE CRISIS (CRISIS DE MEDIANA EDAD), es una recopilación de trucos de bordillo interrumpidos por tomas descartadas del espectáculo de un hombre de 113 kilos estrellándose contra el concreto. La mitad fue filmada en Costco, y en una entrevista adjunta Ingram habla sobre cómo el skateboarding lo ayudó a atravesar uno de los momentos más oscuros de su vida. El deporte es su terapia; es su vínculo con amigos y la música. “Todo lo bueno en mi vida, puedes trazar una línea hasta el skateboarding“, dice en el video.

    MID LIFE CRISIS salió en agosto de 2021, más o menos al mismo tiempo que Heroin Skateboards empezó a vender una patineta “Curb Killer” con el nombre de Ingram en la parte superior. La tabla tiene una forma de huevo ancha que era popular a principios de la década de 1990. En la parte inferior hay unos gráficos de terror caricaturescos de un huevo con una máscara de hockey sujetando un machete ensangrentado que utiliza para mutilar un par de bordillos que, obviamente, son los de Costco.

    La Curb Killer se agotó en días y ayudó a transformar Heroin de una marca de nicho a una empresa de skate líder en ventas. Cinco años después, Heroin está vendiendo la Curb Killer 9. Ingram me pidió dejar en claro que, aunque es bueno en los bordillos, no es “un patinador profesional de verdad”. Ese es, de hecho, su atractivo. Patina como un tipo normal divirtiéndose, y eso te recuerda a estar con los amigos.

    ‘Algunas noticias’

    El viernes 31 de julio de 2020, conduje de Oakland a Napa para patinar en una pequeña rampa al aire libre en el patio trasero de un amigo. Víctor me había estado enviando mensajes de texto sobre unos misteriosos problemas estomacales, pero se decidió a salir y patinar con nosotros.

    Estacioné mi camioneta Volkswagen con dos asientos infantiles junto al Mini Cooper de Víctor. Mientras sacábamos las patinetas de nuestros respectivos maleteros, me contó algo extraordinario. La empresa emergente para la que trabajaba se había vendido por mil millones de dólares. Le pregunté sin rodeos cuánto dinero había ganado.

    Víctor parecía avergonzado por la repentina abundancia. Dijo que estaría “bastante bien”. Nunca supe el valor exacto de “bastante bien”, pero era más como comprarse una casa sin problemas que una vida de jets privados. Aun así, era una suma de las que cambian la vida, y la buena voluntad que sentí por Víctor era tan infinita y pura, tan libre de celos o envidia de estatus, que quise dar las gracias a quienquiera que comprara su empresa por permitirme experimentar algo así.

    Seis días después, Víctor envió un mensaje de grupo para poner al día a sus amigos sobre “algunas noticias”. Sus dolores de estómago habían empeorado tanto que había ido al hospital. Los médicos encontraron un tumor.

    “Entonces, cáncer de colon”, escribió.

    Ya había tenido una operación. Se estaba recuperando mientras esperaba los informes de patología, pero aquella mañana se había levantado a caminar, lo que le sentó bien. “Como una buena sesión”, escribió.

    Durante la sucesión de quimioterapias, operaciones y más quimioterapias, Víctor pasó de rodar sobre una patineta a colocar una silla de jardín frente a un bordillo para poder animar la sesión y filmar trucos. Ninguno de los tratamientos funcionó, y cualquier esperanza que tuviéramos al principio se vio frustrada por su delgadez. En mayo de 2022, Victor condujo hasta un parque de skate de Napa y dejó su patineta bajo un toldo junto a la rampa. Oficialmente, se había retirado.

    “Espero que algún niño la encuentre y la destroce”, le escribió a un amigo. “Pero es raro dejarla ir”.

    Al mes siguiente me mudé a Los Ángeles y me uní a un nuevo grupo en el Costco. Mientras Victor se desvanecía, las palabras “te quiero” empezaron a aparecer en nuestros mensajes, sustituyendo a las frases vulgares y jocosas que solíamos gritarnos cuando alguien se mostraba demasiado tímido en su patineta.

    Aquel otoño, cuando conduje hacia el norte para verlo por última vez, unos amigos me advirtieron que tal vez no estuviera lo bastante bien para recibir visitas. Me aconsejaron que la mejor oportunidad para despedirme era quedarme cerca de la casa de su infancia, donde estaba en cuidados paliativos. Así que me aposté en un bordillo y le envié un mensaje a Víctor diciéndole que estaba cerca y que podía pasar, si podía tolerarlo. Unos slappies después, me contestó el mensaje, y conduje hasta allí para charlar sobre skateboarding durante una hora. Cuando llegó la hora de irnos, nos abrazamos, nos apretamos más fuerte y, por primera vez en 30 años de amistad, lloramos abrazados.

    El último truco

    Hace poco estuve patinando en el Costco con Ira Ingram. Ahora tiene 46 años y paga el alquiler haciendo películas y publicando la revista Art Bar con su nueva esposa.

    Había sido una mañana épica: Jérémie Daclin, un exprofesional del skate de Lyon, Francia, estaba allí, como parte de unas vacaciones de slappies que Daclin se toma todos los años en California. Había salido el sol y el estacionamiento estaba inusualmente vacío, por lo que había menos coches que esquivar. La sesión se prolongó hasta bien entrada la mañana.

    Nuestro amigo Chris Fairbanks, un comediante de 51 años, empezó a probar un salto no comply sobre una jardinera. Imagínatelo como un salto largo en una patineta, solo que más difícil de lo que parece. Ingram estaba junto a su furgoneta (placa: CURBS) quejándose de los precios del gasóleo cuando vio que Fairbanks estaba cada vez más cerca de lograr el truco, así que se acercó y empezó a grabar.

    Durante los minutos siguientes cayeron en una rutina que todo patinador conoce, en la que el tipo que intenta el truco dice que lo logrará en el siguiente intento, y luego fracasa; el amigo que graba dice que solo puede grabar uno más, y luego se queda para otro más. Cada uno seguía animando al otro afirmando que se les acababa el tiempo para conseguirlo. Luego ocurrió, y Fairbanks se fue rodando entre aplausos.

    Cuando le pregunté más tarde, Fairbanks dijo que lo primero que pensó fue que podría ser la última vez que hiciera ese truco. Le sustituyeron la cadera en 2018 y necesita operarse la otra. En algún momento, dijo, volverá a casa después del skateboarding y se dará cuenta de que ha sido su última sesión. Pero no hoy.

    Conor Dougherty cubre la vivienda y el desarrollo urbano, con especial atención al aumento de los costos de las propiedades. Reside en Los Ángeles.

  • Paul McCartney ya no necesita hacer música. Pero le encanta

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    Con un nuevo disco que recupera sus raíces en Liverpool y los métodos analógicos de los Beatles, McCartney demuestra que la música nunca fue un trabajo: es una adicción.

    Para Paul McCartney, componer canciones no es solo un trabajo, un oficio y un desahogo emocional. Es una compulsión y un anhelo.

    “La gente pregunta: ‘¿Por qué sigues escribiendo canciones?’ Y es simplemente porque me encanta. Soy un adicto”, dijo en una entrevista en Boulevard Carroll, un laberinto de estudios de grabación y ensayo en el extremo oeste de Manhattan, donde McCartney, de 83 años, acababa de terminar una tarde de ensayo con su banda para el final de temporada de Saturday Night Live. “De un agujero negro sale leche y miel. Y la sensación es genial”.

    Por más prolífico que haya sido –con los Beatles, Wings y sus álbumes en solitario– McCartney no sigue ninguna disciplina ni rutina para componer. “Simplemente estaré en algún sitio, y con un poco de tiempo libre, y ahí está mi guitarra, o estaré cerca de un piano. Y el impulso me llevará”, dijo. “Cada vez que doy con algo, es como: oh, guau. Es una sensación increíble. Ya saben, todo lo creativo es algo grandioso. Yo digo que le gana al trabajo”.

    Incluso para un ensayo, McCartney iba impecablemente vestido. Lucía una chaqueta azul, una camisa negra con lunares rosados, pantalones negros, zapatos de suela blanca parecidos a pantuflas de kárate y calcetines con un diseño psicodélico de burbujas azules bajo una franja amarillo brillante.

    [Video: Watch on YouTube.]

    Unos días después, McCartney se presentaría en SNL, interpretando canciones antiguas y nuevas, entre ellas “Days We Left Behind” de su nuevo álbum, The Boys of Dungeon Lane. Luego, cinco días después, McCartney sería el invitado sorpresa final de “The Late Show with Stephen Colbert”, en el escenario del Teatro Ed Sullivan, donde los Beatles hicieron su debut en América del Norte en 1964. Como cierre musical para Colbert, cantó “Hello Goodbye“, de los Beatles.

    En persona, McCartney lleva sus seis décadas de fama con una gracia extraordinaria. Es afable y sin pretensiones, orgulloso pero no arrogante y sigue asombrado y encantado con su vida como músico. “Hoy me pregunto cómo acabé siendo compositor”, reflexiona. “Porque, ya sabes, solo soy un chico que fue a la escuela, fue con el orientador vocacional que me dijo, ya sabes, ‘No tienes cualificaciones y, no hay… no veo un gran futuro para ti’.

    “Así que tuve que aceptarlo y pensar: ‘Que te den, voy a hacer algo’. Y eso me hizo esforzarme más por tener éxito, porque se suponía que no iba a tener éxito. Así que escribir canciones fue una de las grandes cosas de mi crecimiento”.

    La primera canción que escribió fue un tema con sabor a rockabilly, “I Lost My Little Girl”. McCartney recordó: “Alguien me dijo más tarde: ‘Esa canción hablaba de la pérdida de tu madre’. La escribí a los 14 o 15 años, y ella había muerto hacía poco”. Aunque los Beatles no grabaron la canción, McCartney la estrenaría más tarde, en los años 70, con Wings. “Esto es algo interesante de las canciones”, dijo. “Sin saberlo, uno se adentra en cosas de las que quizá sería difícil hablar”.

    En The Boys of Dungeon Lane, muchas de las nuevas canciones de McCartney rememoran su infancia en Liverpool y los primeros días de los Beatles. En “Down South”, recuerda cómo conoció a John Lennon mientras hacían autostop hacia el sur, rumbo a Londres. Ringo Starr se une a McCartney para cantar y tocar la batería en “Home to Us“, sobre su poco glamurosa ciudad natal.

    McCartney grabó el álbum con Andrew Watt, un productor ganador de un Grammy que ha grabado con los Rolling Stones, Miley Cyrus, Lady Gaga, Iggy Pop y Pearl Jam. “Es increíble ver trabajar a Paul”, dijo Watt en una entrevista telefónica. “Se habla de las 10.000 horas de práctica: él tiene un millón de horas creando y grabando discos. Su capacidad para entender los micrófonos, para arreglar, componer y tocar cada instrumento es simplemente increíble. Y se divierte tanto cuando toca. Va saltando por la sala, pasando de un instrumento a otro, bailando, riendo. Es una experiencia realmente gozosa trabajar con él”.

    Chad Smith, el baterista de los Red Hot Chili Peppers que se incorporó tarde a la presentación de SNL, se mostró igualmente efusivo. “No tengo suficientes adjetivos para expresar lo increíble que fue”, dijo Smith en una entrevista telefónica. “No paraba de decir: ‘Solo hay que divertirse’. Ya saben, no tiene que seguir tocando si no quiere, y no tiene que grabar discos. Es muy inspirador ver esa energía. Le encanta de verdad”.

    Para McCartney, colaborar con Watt le abrió recuerdos. “Cuando trabajas con un productor más joven, me anima a desentrañar todas mis historias”, dijo McCartney. “Principalmente los Beatles, porque eso fue lo primero cuando éramos niños. Y ese tipo de recuerdos, creo que para la mayoría de la gente, son los más preciados”.

    The Boys of Dungeon Lane también se regodea en el eterno espíritu lúdico musical de McCartney. Su tema de apertura, “As You Lie There”, explota desde una acogedora reminiscencia hasta el grito de Little Richard que caracteriza a McCartney. “Never Know” se vuelve psicodélica, con voces de sílabas sin sentido en contrapunto y un majestuoso crescendo final. “Salesman Saint”, una canción sobre cómo los padres de McCartney sobrevivieron la Segunda Guerra Mundial en Liverpool “con risas y una canción”, transita por métricas cambiantes y de repente florece en los metales oscilantes de una big band.

    Últimamente los recuerdos de McCartney han vuelto a materializarse. El Salón de la Fama del Rock & Roll de Cleveland acaba de inaugurar una exposición dedicada a Wings, el exitoso grupo de McCartney de la década de 1970. McCartney aportó algunos trajes y objetos, pero no su bajo Höfner con forma de violín. “No puedo darles mi bajo, porque lo estoy usando hoy”, dijo.

    En Londres, el edificio de la antigua sede de Apple, en el número 3 de Savile Row, reabrirá sus puertas como museo. Los fans podrán visitar el estudio del sótano reconstruido donde los Beatles grabaron “Let It Be” y la azotea donde la banda dio su última breve actuación.

    “Museo implica polvo”, dijo McCartney. “No creo que vaya a ser así. Creo que va a estar muy animado”.

    Dungeon Lane, que se menciona en “Days We Left Behind”, es una carretera de Liverpool que conduce a la orilla del río Mersey, donde McCartney disfrutaba observando aves. También era donde merodeaban los delincuentes del barrio, que en una oportunidad le robaron el reloj.

    “Cuando escribes algo, se convierte en una metáfora de más de lo que estás poniendo en papel”, dijo, y citó la letra de la canción. “‘Algunos sentirán el dolor, pero algunos estaban destinados a más’. Algunos estaban destinados a más’ somos nosotros, los que logramos salir”.

    Sin embargo, continuó: “Conozco a montones de chicos de Dungeon Lane que no lo lograron. Ya saben, muchos de mis amigos son los que no tuvieron grandes carreras exitosas”.

    La canción también menciona el número 20 de Forthlin Road en Liverpool, la casa –hoy propiedad del National Trust británico– donde McCartney y Lennon empezaron a escribir juntos. “Casi siempre nos sentábamos juntos con dos guitarras acústicas y nos lanzábamos ideas el uno en el otro”, dijo McCartney. “Mirando atrás, no podría haber encontrado un mejor compañero”.

    Y añadió: “John tenía un filo mucho más duro, que me gustaba mucho. Cuando trabajábamos juntos, era muy inspirador, muy útil tener ese tipo de filo. Y creo que posiblemente para él era bueno tener algo menos duro, algo quizá un poco más romántico. Es mi forma de ser, ¿sabes? Soy ese tipo de persona. Me gustan ciertas cosas que algunas personas podrían ver y decir: ‘Dios mío, qué cursi’”.

    Pero a veces también se ha sentido incomprendido. “Es curioso cómo te encasillan”, dijo. “Que te llamen el guapo de los Beatles era casi el peor insulto que podían hacerme. De verdad no me gustaba. Era como decir: ‘No, no, no, soy más que eso’. Pero también es cierto que si escribo una canción, me gusta que tenga ese tipo de elemento amoroso. Pero para compensarlo, a menudo encuentro que se cuela algo un poco más realista. Me gusta la mezcla de las dos cosas”.

    Su don melódico puede ocultar sus momentos más oscuros. Cuando le pregunté por sus canciones menos conocidas, citó “Daytime Nightime Suffering” y “Arrow Through Me“, dos canciones de Wings de la década de 1970 que no solo están llenas de giros musicales, sino que también albergan pensamientos perturbadores.

    McCartney revisitó sus antiguos métodos de estudio mientras grababa el nuevo álbum. Durante una reorganización corporativa de EMI, el sello discográfico de toda la vida de los Beatles, sus contadores decidieron vender el equipamiento del estudio de Abbey Road. McCartney compró muchos de los instrumentos, entre ellos el Mellotron que usó en “Strawberry Fields”, el piano espineta que tocó en “Because” y una grabadora de cinta Studer de cuatro pistas que podría ser la utilizada para grabar Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, aunque McCartney no ha podido documentar si es exactamente la misma máquina.

    Sigue utilizando ese equipamiento de época. Una nueva canción, “We Two” –un tema entrañable sobre el amor, la compañía y el apoyo y respeto mutuos– fue grabada íntegramente en cinta con la Studer. La tecnología informática actual ofrece un número infinito de pistas que pueden retocarse en cualquier momento. Pero al grabar Sgt. Pepper, los Beatles tuvieron que mezclar varios instrumentos en una pista inmutable, una y otra vez. “Realmente utilizamos el proceso que utilizó en los Beatles, como al cien por ciento”, dijo Watt, hasta el punto de una edición final cortando la cinta con una cuchilla de afeitar.

    “We Two” termina con el sonido de una cinta rebobinándose, un sonido desaparecido en la era digital. “Lo pusimos porque nadie escucha eso ya”, dijo McCartney. “Antes se escuchaba en todos los discos que grababas”.

    Cuando McCartney empezó a componer con Lennon, no tenían forma de grabar canciones en curso. Pero razonaron: “Si no puedes recordarla, ¿cómo esperas que la gente la recuerde?”. dijo McCartney. “Así que esa se convirtió en nuestra regla”.

    Ahora, por supuesto, puede capturar ideas musicales en un teléfono móvil. Sacó su iPhone y se desplazó por todas las grabaciones, decenas de páginas de posibilidades. “‘L.A. Melody’, ¿qué era esto?”, dijo, mientras unos majestuosos acordes de piano salían del diminuto altavoz.

    Reprodujo otra: un bucle de Mellotron tambaleante con acordes de guitarra cargados de reverberación y el comienzo de una letra. Era una de las que él llamaba sus “canciones verdes”, que algún día podrían poblar un álbum.

    “Cuando estábamos haciendo el álbum, separamos las cosas en tres categorías”, dijo. “Una eran las canciones rojas, que eran las que íbamos a utilizar, y esas son más o menos las que formaron parte del álbum. Luego están las canciones azules, que son las que podrían haberse incluido en el álbum, pero se dejaron de lado. Y luego están las verdes, que son las experimentales. Tengo total libertad, y esas canciones acaban gustándome de verdad”.

    A McCartney ya no le preocupa hacer éxitos. “Al intentar ser creativo, está bien si a mucha gente le gusta”, dijo. “Pero no es lo único que importa. No es ni de lejos tan importante para mí como lo es para algunas personas. Me gusta la libertad. Y si la libertad lleva a un éxito, genial. Si la libertad lleva solo a que yo lo disfrute, probablemente aún mejor”.

    Lo que le importa ahora es simplemente hacer música. “La música es un mundo mágico”, dijo McCartney. “Científicamente, no es más que un conjunto de frecuencias. ¿Cómo pueden esas frecuencias afectar tu corazón? Lo entiendo si tiene letra, a veces uno piensa: ah, sí. Pero si es solo una melodía, ¿cómo puede hacerte llorar? Eso es magia. Me encanta”.

    Al terminar la entrevista, McCartney se quedó parado en el umbral, observando cómo dos empleados del estudio se apresuraban en direcciones opuestas. Sonrió. “Hello goodbye”, dijo.

    Jon Pareles, corresponsal cultural del Times, fue crítico jefe de música pop durante 37 años. Estudió música, tocó en grupos de rock, jazz y música clásica y fue locutor de radio universitaria. Anteriormente fue editor en Rolling Stone y The Village Voice.

  • Un suplemento de longevidad podría estar basado en un principio erróneo

    Un suplemento de longevidad podría estar basado en un principio erróneo

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    Una nueva investigación plantea que la idea que impulsó el consumo de NAD+ como suplemento contra el envejecimiento puede no ser precisa.

    Gwyneth Paltrow lo ha probado. También Kendall Jenner y Hailey Bieber. Y para que no pienses que este producto es solo para mujeres, debes saber que influentes como Andrew Huberman, Bryan Johnson y Gary Brecka también han respaldado su uso.

    La nicotinamida adenina dinucleótido, o NAD+, ha sido uno de los suplementos antienvejecimiento más populares durante varios años. Lo venden las empresas de suplementos de moda, así como gigantes minoristas como Walgreens y Walmart.

    La molécula es crítica para el metabolismo celular y otros procesos biológicos fundamentales, y tanto los científicos como las empresas de suplementos han afirmado que sus niveles disminuyen con la edad. La idea de que tomar un suplemento de NAD+ podría ayudar a envejecer de forma saludable se hizo popular, a pesar de que las pruebas que demuestran un beneficio en humanos son escasas.

    Además, una nueva investigación sugiere que parte de la idea que contribuyó a alimentar el floreciente mercado de estos suplementos puede ser errónea. Un estudio publicado este mes en Nature Metabolism demostró que los niveles sanguíneos de NAD+ en realidad no disminuyen con la edad. Otro estudio reciente, que se publicó como documento de prepublicación en febrero y aún no ha sido revisado por pares, llegó a la misma conclusión.

    “Se ha convertido en una especie de dogma que los niveles de NAD+ disminuyen con la edad de forma generalizada y que eso contribuye al deterioro funcional asociado a la edad”, dijo Matt Kaeberlein, profesor asociado de la Universidad de Washington, quien ha estudiado el NAD+, pero no participó en la nueva investigación. “Esto debería hacer que la gente se cuestione cuánto de eso es real”.

    En el estudio más reciente, los investigadores analizaron muestras de sangre de siete conjuntos de datos, que incluían a más de 300 personas en total. Algunos de los datos comparaban adultos jóvenes y mayores; otros procedían de individuos frágiles y de atletas de élite. El estudio demostró que la suplementación podía aumentar los niveles de NAD+, pero no halló pruebas de que disminuyeran con la edad.

    Riekelt Houtkooper, catedrático de metabolismo traslacional del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, quien dirigió la investigación, dijo que su equipo inicialmente realizó el estudio porque esperaba desarrollar una prueba de biomarcadores para ayudar a las personas a decidir si debían tomar un suplemento de NAD+. Dijo que estaban “muy decepcionados con los resultados”.

    No todos están desanimados por los hallazgos. Joseph Baur, profesor de fisiología de la Universidad de Pensilvania, quien no participó en la investigación, dijo que aunque era valioso saber qué ocurre con los niveles de NAD+ en sangre, en lo que respecta a la teoría fundamental sobre el NAD+ y el envejecimiento, “no creo que cambie las cosas de forma importante”.

    Esto se debe a que un puñado de otros estudios en humanos han descubierto que los niveles de NAD+ descienden en determinados tejidos, incluidos los músculos y el cerebro, dijo Baur. (Houtkooper publicó uno de estos estudios en 2022). Baur reconoció, sin embargo, que esta investigación es aún “preliminar”.

    Según Baur, una cuestión mayor es si el declive relacionado con la edad que se produce en los tejidos es suficiente para causar deterioro. Los expertos saben que unos niveles extremadamente bajos de NAD+ provocan graves problemas de salud. Pero el envejecimiento normal está relacionado con un descenso mucho menor: según algunas estimaciones, de alrededor del 30 por ciento. Y un estudio publicado el año pasado que se realizó en ratones reveló que reducir los niveles de NAD+ en el músculo hasta en un 85 por ciento no parecía afectar su funcionamiento.

    Andrew Shao, vicepresidente sénior de asuntos reguladores y científicos globales de Niagen Bioscience, que vende suplementos de NAD+, dijo que, para él, el nuevo estudio “cambia muy poco”. Al igual que Baur, opina que es más importante la investigación que demuestra que el NAD+ disminuye en los tejidos.

    La teoría de que el NAD+ disminuye con la edad surgió hace unos 20 años, dijo Kaeberlein, a partir de estudios en levaduras, gusanos y ratones que demostraban que aumentar los niveles de la molécula podía mejorar la longevidad. Pero los científicos no pudieron estudiar si se producía un descenso en los seres humanos hasta hace poco, porque analizar los niveles sanguíneos de NAD+ es técnicamente muy complicado, añadió.

    Sin embargo, la teoría se hizo popular y “superó a los datos reales”, dijo Kaeberlein. “Hay personas de alto nivel que escriben artículos de revisión, hablan en conferencias y hoy en día salen en pódcast presentando lo que yo consideraría modelos en fase inicial como si fueran hechos probados”.

    “Y en cuanto entró en el ámbito de los suplementos”, continuó, “la necesidad de datos se esfumó, y todo se convirtió en un ejercicio de mercadotecnia”.

    Shao reconoció que “el mensaje a los consumidores y las recomendaciones difundidas por los influentes allá fuera probablemente se han simplificado demasiado”. Y añadió: “Cuando decimos que los niveles de NAD+ disminuyen con la edad, probablemente tengamos que hacer algo de pedagogía” para aclarar que lo que demuestran las pruebas es que eso ocurre en los tejidos, no en la sangre.

    Houtkooper no ha renunciado al potencial terapéutico del NAD+, aunque dijo que no creía que hubiera ninguna razón para que las personas normales y sanas lo tomaran como suplemento. En lugar de centrarse en el envejecimiento general, investiga si podría ser beneficioso para personas con enfermedades genéticas inusuales que afectan al metabolismo celular.

    “Todavía hay muchas posibilidades en el campo del NAD+”, dijo Houtkooper. Pero añadió: “Creo que en los últimos 15 años, más o menos, se ha exagerado increíblemente”.

    Dana G. Smith es una reportera del Times que cubre la salud personal, en particular el envejecimiento y la salud del cerebro.

  • Opinión: Lo que 370.000 ensayos universitarios nos dicen sobre los efectos de la IA en la creatividad

    Opinión: Lo que 370.000 ensayos universitarios nos dicen sobre los efectos de la IA en la creatividad

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    Soy una gran aficionada a la tecnología. He delegado felizmente mi razonamiento espacial a Google Maps. Utilizo la inteligencia artificial para buscar artículos, investigar, corregir mis errores gramaticales y preparar recetas de última hora para las noches entre semana.

    Pero hace poco he trazado un límite claro: nada de inteligencia artificial para escribir. No me refiero a informes de gastos o correos electrónicos rutinarios. Me refiero a la escritura real, y a la lluvia de ideas creativa que la precede para explorar diferentes perspectivas o desarrollar ideas novedosas. Cada vez más, muchas personas con las que hablo –desde estudiantes a profesores y compañeros– me dicen que les parece bien utilizar chatbots de IA para la lluvia de ideas, siempre y cuando ellos hagan el “trabajo real” de escribir.

    Pero esto malinterpreta algo crítico: la lluvia de ideas es el trabajo fundamental de la escritura. Como investigadora que estudia los efectos de la IA en la educación, he llegado a la conclusión de que estas herramientas solo mejoran la escritura de manera superficial. Su impacto más significativo y alarmante radica en que constriñen nuestra gama completa de pensamientos y nuestra capacidad de generar ideas originales y útiles, lo que llamamos pensamiento creativo. Esto parece ser especialmente cierto para los estudiantes. Las frases fluidas, las transiciones elegantes y el rico vocabulario de la IA dan la ilusión de una creatividad e individualidad expansivas. Sin embargo, las ideas subyacentes a menudo convergen en unas pocas categorías homogeneizadas.

    La erosión del pensamiento creativo significa que los jóvenes tendrán dificultades para navegar por la incertidumbre. Los trabajadores se esforzarán por adaptarse a un mercado laboral cambiante. Y la sociedad se perderá las nuevas ideas que pueden resolver problemas complejos y mejorar la vida.

    Durante los últimos ocho años, el neurocientífico Adam Green, de la Universidad de Georgetown, ha dirigido un equipo nacional de investigación que rastrea la gama de ideas novedosas que los estudiantes de bachillerato que aspiran a la universidad presentan en sus ensayos de solicitud, antes y después de la introducción de ChatGPT. En un estudio, él y su equipo examinaron las declaraciones personales de más de 370.000 estudiantes, y descubrieron que después de que ChatGPT estuviera disponible, sus ensayos empezaron a utilizar un lenguaje diverso y expresivo, pero carecían de ideas verdaderamente creativas. Y este encubrimiento lingüístico funcionó: los ensayos posteriores a ChatGPT fueron calificados como más “creativos” por los jueces humanos, incluso si el contenido de los ensayos ya trataba temas conocidos.

    En otro estudio, el equipo descubrió que los ensayos escritos por humanos ofrecían hasta ocho veces más ideas nuevas que las producidas por la IA.

    Otro experimento realizado por otro equipo de investigación comparó relatos cortos escritos por humanos con otros escritos con ayuda de la IA. Como en el caso de los ensayos de estudiantes del estudio de Green, las obras asistidas por IA tenían un vocabulario más interesante y su lectura resultaba más agradable, pero las líneas argumentales subyacentes eran más homogéneas. Las ideas distintivas y extravagantes –con personajes sorprendentes o escenarios inusuales– suelen dejarse de lado cuando interviene la IA.

    Por primera vez en la historia de la humanidad, disponemos de una tecnología que puede generar palabras independientemente de los pensamientos que representan. Cuando un chatbot escribe, está prediciendo la siguiente palabra que tiene más probabilidades de formar una “buena” frase o redacción, con base en el texto con el que ha sido entrenado. Puede identificar patrones de palabras sofisticados y creativos, independientemente de si las ideas que los sostienen representan algo nuevo.

    Cuando los adolescentes escriben sus propios ensayos, el trabajo refleja sus pensamientos y personalidades, sus intentos de dar sentido a sus experiencias. Cuando buscamos palabras, exploramos las mismas redes cerebrales que forman conexiones entre ideas. Un estudiante que escribe: “Siempre pensaré en aprender a nadar cuando vea volar una cometa”, está conectando experiencias personales únicas en su vida, lo que hasta hace poco era una clara señal de pensamiento verdaderamente creativo.

    Otra forma en que la interacción de la IA puede reducir las ideas es mediante el poder de la sugestión. Una vez que un chatbot sugiere una dirección, los humanos tienden a adoptarla. La naturaleza conversacional de la IA puede dificultar la distinción entre el pensamiento del usuario y el del bot, lo que facilita que la gente adopte como propias las perspectivas generadas por la IA. Es fácil comprender cómo un adolescente impresionable podría renunciar a escribir un ensayo poco convencional –sobre, por ejemplo, qué se siente al tocar jazz o cocinar con tu abuela– en favor de lo que la IA le sugiera.

    Y lo que es aún más problemático, la investigación de Green demuestra que la IA tiene el mayor impacto homogeneizador sobre los alumnos que están más lejos de la media y tienen perspectivas únicas, incluidos los alumnos neurodivergentes y los pertenecientes a minorías raciales y lingüísticas.

    Esto no quiere decir que la IA nunca pueda apoyar la creatividad humana. Los trabajadores con un profundo conocimiento de su oficio pueden utilizar la IA para agilizar las tareas técnicas o administrativas con el fin de centrarse en las partes de su trabajo en las que habita la originalidad: por ejemplo, que los profesores tengan más tiempo para idear lecciones atractivas y los ilustradores dediquen más atención al desarrollo de conceptos visuales. La IA da a los especialistas el tiempo que necesitan para hacer lo que mejor saben hacer los humanos: aportar ideas para resolver problemas de forma creativa.

    La capacidad de nuestra especie para concebir ideas inesperadas y originales es algo que hay que proteger y cultivar. Esto es especialmente cierto para los adolescentes de hoy. Un mundo en el que florece el pensamiento creativo es un mundo que tiene más posibilidades de enfrentar los cambios que traerá la IA.

    Rebecca Winthrop es autora de The Disengaged Teen: Helping Kids Learn Better, Feel Better, and Live Better. Escribe el boletín Winthrop’s World of Education.

  • Lo que el precio de una sola taza de café dice sobre la agitación económica actual

    Lo que el precio de una sola taza de café dice sobre la agitación económica actual

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    Ilustración cpn varios vasos de café desechables grises para llevar, con tapa, sobre fondo rojo

    BBC

    Son las 9 de la mañana en Kew Bridge, en el oeste de Londres, y turistas, corredores y personas que pasean a sus perros hacen cola en el carrito de café italiano vintage Dear Coco.

    Ofrece un café de alta calidad elaborado con granos de arábica, preparado en una costosa máquina La Marzocco, y el precio lo refleja: US$6 por un latte helado, US$5,50 por un latte y US$5,25 por un flat white.

    Ese precio antes habría parecido excesivamente alto, pero en gran parte de Reino Unido se ha superado con creces el umbral de los US$5 por café, incluso en cadenas que no usan granos de la más alta calidad.

    Un café grande en el centro de Londres, servido con una leche vegetal como la de soja o almendras, ahora ronda casi US$7.

    A principios de este mes, en Estados Unidos, el director ejecutivo de Starbucks, Brian Niccol, fue objeto de críticas por sugerir que una bebida de US$9 en uno de sus establecimientos era un lujo asequible. Alguna gente, afirmó: “Piensa: Cuesta menos de US$10 y obtengo una experiencia realmente prémium”.

    El hombre que trabaja en el puesto callejero Dear Coco no está de acuerdo.

    “Nos importa muchísimo mantener el precio de un flat white por debajo de los US$5 el mayor tiempo posible; creemos que hay un umbral psicológico muy importante en torno a esa cifra”, me dice Anthony Duckworth.

    Tiene relativa suerte; aunque paga impuestos por venta ambulante, no tiene que pagar alquiler y tasas comerciales desorbitados.

    Aun así, evitar subir los precios es “cada vez es más difícil, porque todos los eslabones de la cadena de suministro se han encarecido”.

    El café no es solo un ritual matutino que se repite en todo el mundo: de hecho, es una ventana a la economía global moderna.

    Ya sea un latte -espresso y leche vaporizada- o cualquier otro, arroja luz sobre todo, desde la inflación del precio de las materias primas hasta el caos comercial; desde los conflictos geopolíticos y el cambio climático hasta los gustos culturales de la Generación Z.

    Nos enseña sobre la creciente demanda de la clase media china y las consecuencias económicas, aún latentes, de la Guerra de Vietnam.

    Todo está ahí, en cada taza espumosa.

    Problemas en la industria

    El viaje del café moderno comenzó en Turín, en el norte de Italia, en una estación de tren en 1895.

    Se desarrollaron máquinas de café a vapor para atender a los viajeros con poco tiempo, a menudo en el tren expreso de Milán; una teoría explica el origen del nombre “espresso”.

    Fue el comienzo del consumo masivo de lo que originalmente había sido una bebida de lujo.

    Cerca de la circunvalación de Turín, en una estructura de vidrio y acero, hablo con Giuseppe Lavazza, cuyo bisabuelo fundó la marca de café que lleva su apellido hace 131 años.

    “El secreto para sobrevivir es tener una empresa preparada para adaptarse”, me dice mientras sostiene lo que espera sea su próxima gran innovación: una galleta de café, llamada tabli, con la que espera satisfacer la creciente demanda del mercado del café en casa, sin necesidad de cápsulas metálicas que generan dudas medioambientales.

    Foto de la cara de Giuseppe Lavazza en primer plano, y en el fondo se ve que está en una de sus cafeterías

    BBC
    Giuseppe Lavazza afirma que, a pesar de los altos precios, la demanda de café se ha mantenido sólida.

    En los últimos años, su sector ha sufrido serios contratiempos, que han afectado a los dos granos de café más importantes del mundo.

    En un extremo del mercado, los granos de arábica, conocidos por su dulzura y aroma, se recolectan a mano en altitudes frescas de Brasil, Etiopía y Kenia; es un proceso minucioso, incluso más complejo que la cosecha de uvas para el mejor champán.

    En el otro extremo, los granos de robusta, conocidos por su alto contenido de cafeína, se cosechan en masa mediante maquinaria. Vietnam ha monopolizado el mercado de robusta desde su salida de la guerra en la década de 1970.

    La presión climática

    Hace dos años, una confluencia de fenómenos climáticos elevó el precio de ambos tipos de grano a máximos de varias décadas.

    A principios de 2024, Vietnam sufrió la peor sequía en décadas (las precipitaciones se desplomaron un 30%); luego, a finales del año pasado, un tifón durante la cosecha también afectó la producción.

    Y en Brasil, los agricultores aún luchan por recuperarse de una fuerte helada en 2021 que dañó la cosecha de arábica.

    Como resultado de esto, el precio del café arábica alcanzó un máximo el año pasado, superando los US$4 por libra de granos verdes, frente a los aproximadamente US$1,20 históricos.

    Actualmente se sitúa en US$3,08. El precio del café robusta llegó a los US$2,59 antes de estabilizarse en torno a los US$1,56.

    Ambos tipos de café cuestan ahora considerablemente más que antes de 2020.

    Lavazza califica los últimos años como una época sin precedentes en cuanto a complejidad y dificultades. Y afirma que es poco probable que los precios bajen pronto.

    “Desafortunadamente, tenemos que esperar al menos un par de años, porque necesitamos que lleguen al mercado dos grandes cosechas de Brasil y Vietnam que podrían generar una situación de mercado diferente”.

    Gráfico que muestra el precio de una bolsa de café molido tostado en Estados Unidos, que aumentó de 4,30 dólares en 2020 a 6,32 dólares en 2024 y a 9,61 dólares en 2026, junto con una ilustración roja de una bolsa de café con granos esparcidos y la fuente etiquetada como "análisis de la BBC".

    BBC

    Lavazza también señala la especulación en los mercados financieros.

    Cada mañana, a las 4:30, miles de caficultores vietnamitas consultan sus teléfonos inteligentes para ver los precios (y las previsiones de precios futuros) del café robusta. Se ha convertido en un ritual diario.

    La oficina en Hanói del Servicio Agrícola Exterior del gobierno estadounidense afirma que, gracias a la facilidad de acceso a la información de precios en línea, muchos agricultores optan por almacenar sus granos de café tras la cosecha, en lugar de venderlos, con la esperanza de que los precios sigan subiendo.

    En esencia, están especulando con el mercado.

    Todas las miradas están puestas en la cosecha de julio en Brasil.

    Algunos analistas prevén una cosecha abundante de grano arábica, lo que debería hacer bajar los precios. Por otro lado, la posibilidad de un “súper El Niño” pronosticado para este otoño -un calentamiento del océano Pacífico que ocurre cada pocos años- podría generar mayor inestabilidad.

    Y, por supuesto, existe otra fuente de perturbación, más conocida, en los mercados del café.

    Guerras comerciales

    Una curiosidad de los aranceles del “Día de la Liberación” de Donald Trump, anunciados el año pasado, fue que los países productores de café se vieron gravemente afectados.

    Vietnam enfrentó un arancel del 46%, Indonesia del 32% y Brasil del 50% (tras un aumento inicial del 10%). Casualmente, la región cafetera también fue la zona arancelaria.

    Esto provocó el caos en los mercados mundiales del café.

    Las exportaciones brasileñas a Estados Unidos se desplomaron, reduciéndose a menos de la mitad el verano pasado.

    Además, los precios de los granos procedentes de países con aranceles más bajos (como Colombia) también subieron, debido a la prisa de los proveedores estadounidenses por importarlos.

    Y los consumidores de café estadounidenses lo han notado.

    Los precios del café tostado en EE.UU. aumentaron un 17% en el año que finalizó en marzo, mientras que el café instantáneo subió un 25%, una cifra cercana a un récord, con un aumento mayor que el del precio de la gasolina (de hecho, fue el artículo que más subió en toda la cesta de la inflación, con la excepción del fueloil).

    Una bolsa de café molido que costaba US$4,30 en 2020 ya costaba US$6,32 en 2024, y ahora cuesta US$9,61 y se encamina a los US$10.

    Las variedades de café más baratas han sido las más afectadas, perjudicando a los estadounidenses de menores ingresos.

    Las exportaciones brasileñas se desviaron a Europa, y Alemania superó a Estados Unidos como el mayor importador de granos de café brasileños a lo largo de 2025, lo que amortiguó en cierta medida la situación de los consumidores de café europeos.

    Ante el enfado de los votantes estadounidenses por el aumento de precios en los supermercados, en noviembre del año pasado Trump firmó una orden ejecutiva que permitía que los granos de café (junto con otros alimentos como los plátanos y la carne de res) quedaran exentos de sus aranceles generalizados.

    Para muchos, el tema del café pareció poner al descubierto una falla en la política arancelaria de la Casa Blanca.

    Trump afirmó haber impuesto aranceles a países que estaban “engañando a Estados Unidos”, pero podría decirse que el dominio de Vietnam en la producción de café es simplemente el resultado de lo que los economistas denominan su “ventaja comparativa” (principalmente su clima y sus bajos costos laborales), y no el resultado de un engaño.

    Trump también dijo que los aranceles ayudarían a repatriar industria, pero eso es en gran medida irrelevante en el caso del café, que requiere un clima subtropical.

    Fue necesario un colapso de las importaciones y un aumento vertiginoso de los precios para que se aprendiera una lección muy predecible.

    El caos en el transporte marítimo mundial también influye.

    Los barcos que transportan granos vietnamitas a Europa ahora tienen que rodear el extremo sur de África para evitar la amenaza de los milicianos hutíes en el estrecho de Bab el-Mandeb, en el extremo sur del mar Rojo, entre Yemen y el Cuerno de África.

    Ese trayecto es aproximadamente 6.500 km más largo que antes de 2024.

    Mapa mundial que muestra las rutas de transporte marítimo del café desde Vietnam hasta Reino Unido, con una línea discontinua que marca la ruta habitual a través del Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb, y una línea continua más larga que rodea el extremo sur de África para evitar el Mar Rojo.

    BBC

    Las nuevas normas de la UE contra la deforestación, que entrarán en vigor entre 2026 y 2027, también están teniendo repercusiones.

    Para exportar café a Europa, los proveedores vietnamitas y brasileños pronto deberán facilitar las coordenadas GPS de sus plantaciones.

    Los funcionarios de la UE utilizarán imágenes satelitales para comprobar que los granos no procedan de terrenos que fueron bosques en los últimos cinco años.

    La implementación de esta política se ha retrasado repetidamente, pero el costo para los agricultores ya se está haciendo notar.

    Café prémium

    Pero lo realmente interesante de la actual crisis del café es que, hasta ahora, los consumidores siguen pagando precios elevados. La demanda es lo que los economistas denominan inelástica, lo que significa que no responde a las señales de los precios.

    “Hemos comprobado que, a pesar de los altos precios, a la gente le encanta tomar café”, afirma Lavazza en Turín. “No observamos una disminución significativa en el volumen de ventas en los países más importantes”.

    En una época de precios más altos, afirma, es importante reconocer que existen “diferentes maneras de abordar el café”, como aumentar la producción de las bebidas frías, cada vez más de moda.

    En general, la creciente popularidad de las bebidas frías entre los jóvenes podría considerarse un ejemplo de la llamada “premiumización”, en la que las empresas hacen que sus productos parezcan más sofisticados para justificar precios más altos.

    Un anuncio antiguo de café

    Getty Images
    El marketing del café ha evolucionado desde que las primeras máquinas de vapor aparecieron para servir a los viajeros en los ferrocarriles italianos a finales del siglo XIX.

    Otro ejemplo es la cadena antes conocida como Blank Street Coffee, fundada en Nueva York y desarrollada por antiguos inversores de capital riesgo.

    Los baristas, que venden elaboradas mezclas de frutas y pasteles, deben conectar con los clientes como “embajadores de la marca”. Esta experiencia cuidadosamente seleccionada sirve para justificar precios más elevados.

    Algunas cafeterías se han vuelto tan sofisticadas que han dejado de ofrecer café. En su lugar, el matcha se ha popularizado entre los clientes más jóvenes.

    Su brillante color verde esmeralda ha atraído a la generación de TikTok, y su menor contenido de cafeína resulta ideal para quienes se preocupan por su salud y desean dormir bien.

    Blank Street renovó su imagen el año pasado, eliminando la palabra “café” de su nombre y adoptando un tono verde.

    Y China muestra un atisbo de hacia dónde podría dirigirse todo esto.

    Luckin Coffee, fundada en Pekín, compite con Starbucks por el título de la cadena de cafeterías más grande del mundo.

    Luckin se desarrolló como una empresa tecnológica con datos sorprendentemente detallados sobre cómo cambian las preferencias de los clientes a lo largo del día y según las condiciones climáticas.

    Clientes sentados afuera de una cafetería Blank Street en Londres

    Getty Images
    Cadenas de cafeterías como Blank Street han adoptado la “premiumización”, vendiendo tanto experiencia como café.

    También saben con exactitud cuándo los teléfonos de sus clientes están dentro del alcance de un quiosco.

    Su café se prepara de forma personalizada, permitiendo a los clientes elegir el nivel de azúcar y la proporción de café y leche, con recomendaciones diferentes según la presencia de sol o lluvia.

    Sus cafeterías no están diseñadas para sentarse, sino para la entrega rápida de cafeína, solicitada mediante aplicaciones. Luckin se está expandiendo por Estados Unidos.

    En el otro extremo del mercado, la cadena británica Greggs ha logrado mantener los precios bajos gracias a la automatización.

    La panadería utiliza máquinas suizas de café de grano a taza para preparar parte de su oferta. Un café con leche normal cuesta alrededor de US$3, mucho menos que en otras cafeterías de Reino Unido. Actualmente es el mayor proveedor de café del país.

    En esencia, es una historia dividida en dos partes.

    Por un lado, existe un tsunami en las cadenas de suministro, que incluye problemas climáticos y tensiones geopolíticas, lo que está provocando un aumento de los precios.

    Pero, por otro lado, existe un público amante del café que está encantado de pagar los costos adicionales.

    El alza de los precios de las materias primas tiene una gran importancia en los supermercados, pero no tanto en las cafeterías, que ahora se dedican a vender experiencias, en lugar de bebidas.

    Y los precios seguirán altos, incluso si las cosechas en Brasil y Vietnam se normalizan y el precio del café en grano baja un poco.

    Es muy probable que ese latte grande de US$7 halla llegado para quedarse.

    línea

    BBC

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  • Un golpe de suerte: cómo un desconocido farmacéutico británico inventó por casualidad los fósforos de madera hace 200 años

    Un golpe de suerte: cómo un desconocido farmacéutico británico inventó por casualidad los fósforos de madera hace 200 años

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    Una llama surge de un fósforo

    Getty

    En 1826, la humanidad se benefició de un golpe de suerte —quizás de torpeza— que cambiaría para siempre la forma en que generamos luz y calor.

    El farmacéutico experimental inglés John Walker estaba mezclando sustancias químicas para fabricar explosivos cuando, accidentalmente, un palo impregnado con la mezcla golpeó una piedra frente a su chimenea y se incendió espontáneamente.

    Walker nació en 1781 en Stockton-on-Tees, Durham, ciudad portuaria de la época de la Revolución Industrial.

    La fuerza impulsora de la ciudad, la máquina de vapor de James Watt, debutó comercialmente en 1776. Y el primer ferrocarril público con locomotoras de vapor llegó a Stockton en 1825.

    Cuatro años después, la “Rocket” de George Stephenson demostró que las locomotoras de vapor podían arrastrar trenes de pasajeros a 50 km/h.

    Pronto, los viajes que antes duraban 12 días a caballo se completaban en tan solo ocho horas.

    Sin embargo, para encender los fuegos que producían esta energía, la gente seguía luchando con pedernal y acero o esforzándose por mantener las brasas encendidas permanentemente.

    Así fue hasta que el invento accidental de Walker revolucionó la producción, la aplicación y la portabilidad del fuego.

    Una caja de madera abierta se encuentra junto a una balanza de cristal y cuatro pesas.

    Preston Park Museum
    Se cree que Walker utilizó estas balanzas para sus experimentos.

    Cirujano de formación, Walker se volvió farmacéutico, desilusionado por la crudeza de los quirófanos del siglo XVIII.

    Hacia 1826, dedicaba la mayor parte de su tiempo a elaborar medicamentos, no solo para humanos, sino también para caballos, vacas e incluso gallinas, según Alan Middleton, autor de A Tale of Hope and Despair: North of England Match Co West Hartlepool 1932-1954.

    Pero, lo que es crucial, Walker también experimentaba con compuestos químicos.

    Luces “de fricción”

    “Walker era un hombre inteligente y muy amable, y algunos dicen que incluso era un rebelde”, afirma Middleton.

    “Una de sus pasiones era la química, y mezclaba sustancias químicas para fabricar cápsulas fulminantes [los dispositivos que permitían disparar armas] para sus amigos granjeros”.

    “Un día, estaba mezclando una sustancia y la dejó secar. Una vez seca, simplemente golpeó un trozo de madera contra el hogar, y se encendió”.

    “Fue un momento de genialidad, algo que nadie más en el mundo había logrado antes”.

    “Se dio cuenta del potencial comercial de esto. Esto ocurrió en algún momento de 1826; no sabemos la fecha exacta, pero la primera venta fue en abril de 1827”.

    “Las llamó cerillas de fricción, y al principio se vendían por cientos en latas”.

    Las “luces de fricción” de Walker eran varillas de madera muy finas y planas, con un extremo sumergido en una pasta de clorato de potasio, sulfuro de antimonio, goma arábiga y agua.

    Al rozar la cerilla con un trozo de papel de lija doblado, estallaba en una llama.

    Un palo de madera muy fino y plano, con un extremo sumergido en una pasta, reposa junto a una lata redonda abierta y su tapa.

    Preston Park Museum
    El Museo Preston Park, en Stockton, exhibe piezas muy similares a las Luces de Fricción de Walker.

    Walker mantuvo su fórmula en secreto, pero nunca la patentó. Su producto era asequible y el inventor pudo satisfacer la demanda en Stockton.

    Sin embargo, según la revista Pharmaceutical Journal, “las cerillas de Walker no eran perfectas. El recubrimiento de azufre incandescente a veces se desprendía de la varilla, con el riesgo de dañar el suelo o la ropa del usuario”.

    En 1829, Samuel Jones, de Londres, lanzó sus propias “Lucifers”, una copia exacta de las Luces de Fricción de Walker, que se convirtieron en las primeras cerillas producidas en masa.

    Y pronto, según le dijo a la BBC Derek Judd, presidente de la British Matchbox Label and Bookmatch Society (BML&BS), otros comenzaron a mejorar la fórmula.

    El tamaño y la forma de la caja de cerillas también tuvieron cambios, pero no fue hasta 1844, con una versión sueca, que se popularizó la caja de cerillas moderna.

    “Esa fue la primera caja de cerillas que se patentó”, afirma Judd.

    Una mujer tamil vestida con un sari rosa está sentada en el suelo, empaquetando cientos de cajas de cerillas

    Getty
    En muchas zonas, como Tamil Nadu, en el sur de la India, los fósforos todavía se producen en casa.

    De las casas a las fábricas

    En muchas zonas, la fabricación de cerillas se convirtió en una actividad artesanal. Se producían en casa, proporcionando a las familias un ingreso extra, aunque algo arriesgado.

    “Las mujeres y los niños que vivían cerca de la fábrica producían cajas a destajo [se les pagaba por la cantidad producida, en lugar de un salario]”, explica Judd. “Luego llegaron las máquinas y se convirtió en un negocio multimillonario”.

    Aunque otro invento, el encendedor, provocó posteriormente un marcado declive.

    “El negocio en sí se ha reducido con los años”, afirma Judd. “Algunas empresas han desaparecido”.

    Los fósforos siguen siendo un artículo común en todo el mundo y, aunque continúan siendo un elemento esencial, ahora también se han convertido en un accesorio de moda, comenta Middleton, con paquetes personalizados que se venden hasta por US$250.

    Sin embargo, su inventor sigue siendo desconocido, y tanto Middleton como Judd coinciden en que Walker, 200 años después, merece un mayor reconocimiento.

    “Walker fue una figura histórica que no quiso seguir los pasos de su invento”, concluye Judd. “Si lo hubiera hecho, podría haber sido muy conocido.”

    Un escaparate verde y dorado con las palabras "J Walker", "químico" y "farmacéutico"

    Ayuntamiento de Stockton
    Las celebraciones del 200 aniversario de Stockton comienzan el 29 de mayo, día del cumpleaños de Walker.

    Afortunadamente, los habitantes de Stockton comparten este sentimiento.

    Muchos esperan que las celebraciones del 200 aniversario, que comenzaron el 29 de mayo, día del cumpleaños de Walker, le den finalmente a este extraordinario inventor local el reconocimiento que merece.

    “Esperamos que, gracias a los eventos que tendrán lugar este año y el próximo, más personas conozcan su papel en el desarrollo del fósforo que todos conocemos hoy en día”, afirma la concejala Lisa Evans.

    “La invención de la cerilla de fricción permitió crear una llama al instante, con poco esfuerzo. Esto hizo que las tareas cotidianas, tanto en el ámbito industrial como en el doméstico, fueran mucho más fáciles y rápidas.

    “La chispa que creó sigue inspirando a la gente hoy en día”, sentencia.

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    BBC

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